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Tres Metros Sobre El Cielo

Tres Metros Sobre El Cielo

Аннотация

    En Roma, como en cualquier otra ciudad del mundo, los adolescentes quieren volar, buscan caminar `tres metros sobre el cielo`. Las chicas como Babi se esmeran en sus estudios, hablan del último grito en moda y se preparan para encontrar al amor de sus vidas: los chicos como Step prefieren la velocidad, la violencia, el riesgo y la camaradería de las bandas, pero todos ellos se implican en la vida como si cada segundo fuera el último.


Federico Moccia Tres Metros Sobre El Cielo

    ‘Cathia tiene el culo mas bello de Europa’. El graffiti rojo brilla en toda su desfachatez en una columna del puente de la calle Francia.
    Vecino, un águila real, esculpida hace tanto tiempo que seguramente habrá visto el culpable, pero nunca hablara. Un poco mas abajo, como una pequeña águila protegida por sus rapaces garras de mármol, esta sentado el.
    Cabellos cortos, casi nunca peinados, bajo detrás del cuello como un marino, una chaqueta Levi’s oscura.
    El cuello hacia arriba, una Marlboro en boca, los lentes Ray-Ban en sus ojos. Tiene un aire de duro, aunque si no lo estuviera deseando. Una sonrisa bellísima, pero son pocos los que han tenido la fortuna de apreciarla.
    Algunos carros en el fondo se paran amenazantes en el semáforo. Están allí, en línea como si fuera un desfile, si no fuera por su diversidad. Un 500, un New Beetle, un Micra, un auto americano no identificado, un viejo Punto.
    En una Mercedes 200, un flaco dedo con las uñas comidas le da un leve empujón a un CD. De las cornetas Pioneer laterales cobra vida de repente la voz de un grupo de rock.
    El automóvil vuelve andar siguiendo el flujo. Ella quiere saber ‘where is the love’ ¿pero existe de verdad? De una cosa esta segura, lo trataría de descubrir si no fuera por su hermana que de la parte trasera insiste en repetir: ‘Pon a Eros, anda, quiero escuchar Eros’.
    La Mercedes pasa justo cuando ese cigarrillo, casi terminado, cae a tierra, empujada por una última probada decidida y ayudada por un poco de viento. El baja de los escalones de mármol, se arregla un poco sus pantalones y sale en su moto Honda blu VF 750 custom. Como encantado se encuentra entre los carros. Su Adidas derecho cambia, ajusta y deja andar al motor potente que empuja como una onda en medio del tráfico.
    El sol esta saliendo, es una bella mañana. Ella esta yendo a la escuela, el no se ha ido a dormir todavía de la noche anterior. Un día como cualquier otro. Pero en el semáforo se encuentran uno al lado del otro, y entonces no será un día como cualquier otro.
    El semáforo en rojo.
    El la ve. La ventanilla esta abajo, una cola de cabellos rubios ceniza descubre por pedazos su cuello suave. Un perfil ligero pero decidido, sus ojos azules, dulces y serenos, escuchan soñadores y entrecerrados la canción. Tanta calma lo golpea.
    ‘Hey!’
    Ella se voltea hacia el, sorprendida. El sonríe, parado cerca de ella, en su moto, sus hombros anchos, sus manos ya rápidamente bronceadas para la mitad de abril.
    ‘¿Quieres venir a pasear conmigo?’
    ‘No, estoy yendo a la escuela.’
    ‘Bueno no vayas, haz como que vas y yo te voy a buscar ahí enfrente.’
    ‘Lo siento.’ ella hace una sonrisa falsa y forzada ‘Me he equivocado de respuesta, no me provoca ir a pasear contigo.’
    ‘Ve que conmigo te divertirás.’
    ‘Lo dudo.’
    ‘Resolveras todos tus problemas.
    ‘No tengo problemas.
    ‘Esta vez soy yo el que lo duda.’
    El semáforo en Verde.
    La Mercedes 200 avanza rápido dejando terminar la risa segura de el. El padre se gira hacia ella ‘Pero quien era ese? Un amigo tuyo?’.
    ‘No papa, solo un cretino’
    Cualquier segundo después la Honda regresa de nuevo. El se agarra a la ventanilla y con la derecha da un giro al acelerador, lo suficiente como para no hacer tanto esfuerzo, aunque con su fuerte brazo no habría tenido muchos problemas en esforzarse.
    El único que parece tener algún problema es el padre.
    ‘Pero que hace este inconsciente? Porque se acerca tanto?’
    ‘Tranquilizate papa, yo me ocupo’
    Se voltea decidida hacia el.
    ‘Escucha, no tienes nada mejor que hacer?’
    ‘No.’
    ‘Bueno, consíguelo.’
    ‘Ya conseguí algo que me gustaría.’
    ‘Y que será?’
    ‘Pasear contigo. Anda, te llevo por la Olimpica, corremos fuerte con la moto, después te ofrezco el desayuno y te regreso a la hora de la salida de la escuela. Te lo juro.’
    ‘Creo que tus juramentos valen bien poco.’
    ‘Cierto’ sonríe, ‘mira, ya que conoces tanto de mi, di la verdad, ya te gusto no?’
    Ella se rie y mueve la cabeza.
    ‘Bueno, ahora basta’ abre un libro que saca de su mochila Nike, ‘Debo pensar a mi verdadero y único problema.’
    ‘Cual?’
    ‘La interrogación de Latín.’
    ‘Creia que era el sexo.’
    Ella se voltea molesta. Esta vez no sonríe más, ni siquiera por pretender.
    ‘Levanta la mano de la ventanilla.’
    ‘Y donde quiere que la meta?’
    Ella oprime el botón. ‘No puedo decírtelo, esta mi padre’.
    La ventanilla eléctrica comienza a subir. El espera hasta el último instante, después quita la mano.
    ‘Nos vemos.’
    No da tiempo para escuchar su seco ‘No’. Se inclina ligeramente hacia la derecha. Agarra la curva, escala y consigue potencia desapareciendo veloz entre los carros. La Mercedes continúa su viaje, ahora mas tranquilo, hacia la escuela.
    ‘Sabes quien era ese?’ La cabeza de la hermana se pone repentinamente entre los dos asientos. ‘Lo llaman ‘10 con honores’’
    ‘Para mi es solo un idiota.’
    Después abre el libro de latín y comienza a repasar el ablativo absoluto. En un pedazo para de leer y mira afuera. Es verdaderamente eso su único problema? Cierto, no aquel que dice ese tipo. Y, sin embargo, no lo volvería a ver nunca más. Regresa a leer decidida. El carro va hacia la izquierda, hacia su escuela, La Falconieri.
    ‘Si, yo no tengo problemas y no lo volveré a ver mas.’
    No sabia, en realidad, de cuanto se estaba equivocando. Acerca de cada una de las cosas.

    La luna es alta y pálida entre las últimas ramas de un árbol. Los sonidos extrañamente lejanos. De una ventana llegan algunas notas de una música lenta y agradable. Un poco mas abajo, las líneas blancas del campo de tenis brillan derechas bajo la palidez lunar y el fondo de una piscina vacía espera tristemente el verano. En la primera planta del complejo, una muchacha rubia no muy alta, con los ojos azules y la piel suave, se mira indecisa en el espejo.
    ‘Te sirve la camiseta negra, elástica de la Onyx?’
    ‘No lo se.’
    ‘Y el pantalón azul?’ grita mas fuerte Babi de su habitación.
    ‘No lo se.’
    ‘Y la licra, te la quieres poner?’
    Daniela esta ahora parada en la puerta, mira a Babi con las gavetas de la ropa abiertas y las cosas regadas por todos lados.
    ‘Entonces me pondré esto…’
    Daniela avanza entre algunos zapatos deportivos Superga regados en el suelo, todos talla treinta y siete.
    ‘No! Eso no te lo pones porque lo estoy guardando.’
    ‘Igual me lo agarro.’
    Babi se lanza encima para recuperar lo que tiene la hermana en las manos agarradas a la cadera: ‘Lo siento, pero no me lo he puesto nunca. Te lo podrias poner primero y después me lo agrandas todo.’
    Daniela mira irónicamente a la hermana.
    ‘Que? Estas bromeando? Mira que tu te pusiste mi falda azul elástica el otro día y ahora para ver mis bellas curvas debes ser un adivino.’
    ‘Que entro yo en todo eso? Esa la agrando Chicco Brandelli’
    ‘Que?! Chicco ha probado a tocar y tu no me has dicho nada?’
    ‘Hay poco de contar.’
    ‘No creo, juzgando por mi falda.’
    ‘Es solo apariencia. Que dices de esta chaqueta azul y debajo la camisa rosa durazno?’
    ‘No cambies la conversación. Dime que paso.’
    ‘Ay, tu sabes como van estas cosas.’
    ‘No.’
    Babi mira a la hermana pequeña. Es cierto, no lo sabe. Aun no podría saberlo. Es muy redonda y no hay nada suficientemente bello en ella para convencer a alguno a agrandarle una falda.
    ‘Nada. Recuerda que la otra tarde le dije a mama que iría a estudiar donde Pallina?’
    ‘Si, entonces?’
    ‘Entonces, he ido al cine con Chicco Brandelli’
    ‘Aja?’
    ‘La película no era nada fascinante, y viendo mejor, el tampoco lo era.’
    ‘Si, pero llegando al punto. Como fue que se agrando la falda?’
    ‘Bueno, la película llevaba diez minutos y el se agitaba continuamente en la silla. Y yo pensé: es cierto que este cine es incomodo, pero según mi opinión Chicco quiere intentar algo. Y de hecho, poco después, se echa un poco para atrás y pasa su brazo detrás de mi espaldar. Escucha, que dices si me pongo el vestido, ese verde con los botones adelante?’
    ‘Continua!’
    ‘En fin, del espaldar bajo, lentamente, a la espalda.’
    ‘Y tu?’
    ‘Yo… nada. Fingía casi de no acordarme de el. Miraba la película, como concentrada. Después me ha llevado hacia el y me ha besado.’
    ‘Te beso Chicco Brandelli? Guau!’
    ‘Porque te emocionas tanto?’
    ‘Es un chico bello’
    ‘Si, pero muy creído… siempre esta arreglándose, mirándose en el espejo. Bueno, en el segundo tiempo había reconquistado de inmediato su posición. Me compro un Helado Cornetto Algida. El film se había mejorado un poco, quizás también gracias a la parte de arriba del Cornetto, esa con las nueces. Era fabulosa. Así me distraje y cuando me doy cuenta tiene las manos un poco muy abajo para mis gusto. He tratado de alejarme y el nada que dejaba, se agarro fuerte a tu falda azul. Y así es que se agrando’
    ‘Que puerco!’
    ‘Si, imagina que no quería saber nada de parar. Y después sabes que hizo?’
    ‘No, que hizo?’
    ‘Se desabotono el pantalón, me agarro la mano y me la llevaba hacia abajo. Si, sabes, hacia su coso…’
    ‘No! De verdad es un puerco! Y entonces?’
    ‘Entonces yo para calmarlo he debido sacrificar mi Cornetto. Lo agarre y se lo lance en sus pantalones abiertos, hubieras visto el salto que dio!’
    ‘Bravo Hermana! Ahora tiene mas que el corazón helado…’
    Comienzan a reír. Después Daniela, aprovechándose de la alegría que había en el ambiente, se aleja con el vestido verde de la hermana.
    Un poco más allá, en el estudio, en un suave mueble con diseño de cachemir, Claudio se prepara una pipa. Lo divierte ese proceso con el tabaco, pero en realidad es solo un compromiso. En la casa no le permiten fumar más sus Marlboro. La esposa, enérgica jugadora de tenis, y sus hijas, muy saludables, lo regañan con cada cigarrillo prendido, así que paso a fumar pipa. ‘Te da mas clase, te hace parecer mas reflexivo!’ le había dicho Raffaella. Y de hecho, el había reflexionado bien. Mejor tener ese pedazo de madera entre los labios y un paquete de Marlboro escondido en el bolsillo de la chaqueta que discutir con ella.
    Le da una probada a la pipa mientras hace una panorámica de los canales televisivos. Sabe ya donde pararse. Algunas chicas bajan de una escalera trasera cantando una estupida canción y mostrando sus firmes senos.
    ‘Claudio, estas listo?’
    Cambia rápido de canal. ‘Si tesoro.’
    Raffaella lo mira. Claudio se mantiene sentado en el mueble perdiendo un poco su seguridad.
    ‘Toma, cambia la corbata, toma esta vinotinto.’
    Raffaella deja la habitación sin posibilidad de discusión. Claudio se desata el nudo de su corbata preferida. Después oprime en el control el botón numero cinco. Pero en vez de las bellas chicas se debe contentar de una pobre ama de casa que, enmarcada dentro de un alfabeto, trata de volverse rica. Claudio se mete en el cuello la corbata vinotinto y dedica toda su atención al nuevo nudo.
    En el pequeño baño que separa los cuartos de las dos hermanas, Daniela esta exagerando con el delineador de ojos.
    Babi aparece cerca de ella.
    ‘Que te parece?’
    Tiene puesto un vestido de flores, rosado y ligero. La aprieta delicadamente en el pecho, dejando el resto libre de caer, como mejor le parece, en sus caderas.
    ‘Entonces, como estoy?’
    ‘Bien.’
    ‘Pero no buenisimo?’
    ‘Muy bien.’
    ‘Si, pero porque no dices buenisimo?’
    Daniela continúa a tratar de hacer derecha la línea que debería alargarle un poco los ojos.
    ‘Bueno, a mi no me gusta el color’
    ‘Si, pero aparte del color…’
    ‘No me gustan mucho las hombreras tan gruesas.’
    ‘Si, pero aparte de las hombreras…’
    ‘Bueno, tu lo sabes, a mi no me gustan las flores’
    ‘No, pero no les prestes atención’
    ‘Entonces si, estas buenisimo’
    Babi, para nada satisfecha y sin saber siquiera ella que cosa quería oír, agarra el frasco de perfume de Caronne comprado en un Duty-Free de regreso de las islas Maldivas.
    Saliendo se tropieza con Daniela.
    ‘Hey! Ten cuidado.’
    ‘Ten cuidado tu! Mira como te estas maquillando!’
    ‘Lo hago por Andrea.’
    ‘Andrea quien?’
    ‘Palombi. Lo conocí fuera de la Falconieri. Estaba hablando con Mara y Francesca, las del cuarto año. Cuando se fueron le dije que yo también estaba en la clase de ellas. Maquillada así, cuantos años me darías?’
    ‘Bueno, pareces mas grande. Al menos quince años.’
    ‘Pero yo tengo quince años!’
    ‘Suaviza un poco aquí…’ Babi se mete el índice en la boca, bañándolo, y después lo lleva al parpado de la hermana masajeándolo.
    ‘Eso, listo.’
    ‘Y ahora?’
    Babi mira a la hermana alzando la ceja.
    ‘Pareces a punto de cumplir dieciséis.’
    ‘Aun es muy poco!’
    ‘Chicas están listas?’
    Raffaella, en la puerta de la casa, introduce la alarma. Claudio y Daniela pasan veloces enfrente a ella, por último, llega Babi.
    Entran todos en el ascensor. La velada esta por iniciar. Claudio se arregla mejor el nudo de la corbata. Raffaella se pasa veloz varias veces la mano derecha debajo de sus cabellos. Babi se arregla la chaqueta oscura que tiene la espalda amplia. Daniela se mira simplemente en el espejo, encontrando la mirada de la mama.
    ‘No estarás muy maquillada tu?’
    Daniela trata de responder.
    ‘Dejalo así, estamos retrasados como siempre’. Y esta vez Raffaella se encuentra en el espejo la mirada de Claudio.
    ‘Pero yo las estaba esperando a ustedes, yo estaba listo a las ocho!’
    Pasan en silencio a través de los últimos pisos. En el ascensor entra el olor del estofado de la mujer del portero. Ese sabor de Sicilia se mezcla por un momento con aquella extraña compañía francesa de Caronne, Drakkar y Opium. Claudio sonríe. ‘Es la señora Terranova. Hace unos platos fabulosos.’
    ‘Le pone mucha cebolla’ es el juicio seguro de Raffaella, que de un tiempo para acá ha optado por la cocina francesa, con la preocupación de todos y la desesperación de la señora de servicio.
    La Mercedes se para enfrente al portón.
    Raffaella, con un ruido de joyería dorada, señal de recurrencias y navidades mas o menos felices, casi siempre costosas, sale adelante y las hijas detrás.
    ‘Se puede saber porque no acercan mas la moto Vespa al muro?’
    ‘Aun mas pegada al muro? Papa estas ciego’
    ‘Daniela, no te permito que le hables así a tu padre’
    ‘Escucha mama, mañana podemos ir en Vespa a la escuela?’
    ‘No, Babi, hace todavía mucho frió’
    ‘Pero tenemos el parabrisas’
    ‘Daniela…’
    ‘Pero mama, todas nuestras amigas…’
    ‘Las debo ver aun a todas estas amigas con la Vespa.’
    ‘Si es por eso, a Daniela le darán el Peugeot nuevo que en comparación, visto que te preocupa tanto, corre mas,’
    Fiore, el portero, alza la barra. La Mercedes espera, como todas las noches, el lento subir de ese largo hierro con rayas rojas.
    Claudio le da un saludo. Raffaella se preocupa solo de cerrar la discusión.
    ‘Si la próxima semana hace mas calor, veremos.’
    La Mercedes sale con un poco mas de esperanza en los asientos traseros y un rayón en su espejo lateral derecho.
    El portero regresa a ver su pequeña televisión.
    ‘Entonces, no me has dicho como estoy vestida así.’
    Daniela mira a la hermana. Tiene las hombreras muy largas y para sus gustos esta muy seria.
    ‘Buenisimo.’ Ha entendido perfectamente como actuar con ella.
    ‘No es cierto, tengo las hombreras muy largas y soy demasiado perfeccionista como dices tu. Eres una mentirosa, y sabes que te digo? Por esto serás castigada. Andrea ni siquiera te mirara. Quizás si lo hará, pero con todo ese delineador no te reconocerá y se ira con Giulia.’
    Daniela trata de responder, sobretodo con respecto a Giulia, su peor amiga. Pero Raffaella se entromete para terminar la discusión.
    ‘Muchachas, dejen de discutir, sino las regreso a la casa.’
    ‘Doy la vuelta?’ Claudio sonríe a la esposa, haciendo como si moviera el volante. Pero le basta una mirada para entender que no es el momento.

    El es ágil y veloz, oscuro como la noche. Luces y reflejos van y vienen en los pequeños espejos de su moto. Llega a la plaza, vuelve a correr apenas ve que por la derecha no viene ninguno, después se va hacia Vigna Stelluti a toda velocidad.
    ‘Tengo unas ganas de verlo, son dos días que no se nada de el.’
    Una bella muchacha de cabello marrón, ojos verdes y un buen posterior prisionero de unos pantalones Miss Sixty, sonríe a la amiga, una rubia alta como ella pero un poco más redonda.
    ‘Madda, sabes como es todo, aun si han estado juntos nunca quiere decir que ahora tienen una historia’
    Sentadas en sus motos, fuman cigarrillos muy fuertes, tratando de dar una imagen fuerte y algunos años de más.
    ‘Que importa, sus amigos me dijeron que el normalmente nunca llama a nadie.’
    ‘Porque, a ti te llamo?’
    ‘Si!’
    ‘Bueno, quizás se equivoco de numero.’
    ‘Dos veces?’
    Sonríe, feliz de haber puesto en su lugar a la amiga que, sin embargo, no pierde el ánimo.
    ‘De sus amigos no te puedes confiar. Has visto que hacen?’
    Cercano a ellas, con sus motos potentes como sus musculos, Pollo, Lucone, Hook, El Siciliano, Bunny, Schello e muchos otros aun. Nombres improbables de historias difíciles. No tienen un trabajo fijo. Algunos siquiera mucho dinero en los bolsillos, pero se divierten y son amigos. Esto basta. Aman pelear, y eso nunca falta. Parados allí, en Plaza Jacini, sentados en sus Harley, sus viejas 350 Four con piezas originales, o con los clásicos cuatro en uno, del ruido mas potente. Soñadas, suspiradas y al final, obtenidas, gracias a continuas plegarias, de sus padres. O quizás con el sacrificio de la billetera desafortunada de un joven descuidado que la dejo en la gaveta de cualquier escarabajo o en el bolsillo interno de un Henri Lloyd, en fin, demasiado fáciles de robar durante el receso.
    Como estatuas sonrientes, exhiben las peleas fáciles, las manos con cualquier rotura, recuerdo de una riña. John Milius los hubiera adorado.
    Las muchachas, mas silenciosas, sonríen, casi todas escapadas de casa, inventando un dormir tranquilo donde una amiga, que en en vez de eso, esta sentada ahí cerca con ella, hija de la misma mentira.
    Gloria, una chica con la licra azul oscuro y la camiseta del mismo color con pequeños corazones celeste, muestra una esplendida sonrisa.
    ‘Ayer me divertí un mundo con Dario. Hemos festejado seis meses que estamos juntos.’
    Seis meses, piensa Maddalena, a mi me bastaría uno solo…
    Madda suspira, después prosigue a soñar con las palabras de la amiga.
    ‘Fuimos a comer una pizza de Baffetto.’
    ‘En serio, yo también fui ayer’
    ‘A que hora?’
    ‘Behh… habrán sido las once.’
    Odia a esa amiga que interrumpe el cuento. Siempre hay alguien o alguna cosa que disturba tus sueños.
    ‘Ah, no, ya nos habíamos ido.’
    ‘Entonces, quieren escuchar el resto?’
    Un único ‘si’ sale de esas bocas de extraños sabores de brillo de frutas o rosados robados a vendedores distraídos o a baños maternos mas ricos que pequeñas perfumerías.
    ‘A un cierto punto llega el camarero y me lleva un ramo de rosas rojas enorme. Dario sonríe, mientras todas las muchachas de la pizzería me miran agitadas y un poco envidiosas’
    Casi se arrepiente de esa frase, notando a su alrededor aquellas similares miradas.
    ‘Nunca por Dario… Por las rosas!’
    Una repentina risa las une a todas de nuevo.
    ‘Después me beso en los labios, me agarro la mano y me dio esto.’
    Le muestra a las amigas un sutil anillo con una pequeña piedra celeste, de reflejos alegres, casi como los de sus ojos enamorados. Versos de sorpresa y un ‘Bellisimo!’ reciben ese simple anillo.
    ‘Después fuimos a mi casa y hemos estado juntos. Mis padres no estaban, estuvo fabuloso. Ha puesto el CD de Cremonini que me encanta. Después nos fuimos a la terraza con una cobija y miramos las estrellas.’
    ‘Habian muchas?’ Maddalena es, sin duda, la más romántica del grupo.
    ‘Muchisimas!’
    Un poco mas allá, una versión diferente.
    ‘Hey, anoche no supimos nada de ti…’
    Hook. Una benda en el ojo, fija. Sus cabellos alborotados, ligeramente claros en la punta le dan un aire de ángel, si no fuera por su fama infernal.
    ‘Entonces, se puede saber que hiciste anoche?’
    ‘Nada. Fui a comer en Baffetto con Gloria, y después, como no estaban los suyos, fuimos a su casa e hicimos cosas. Como siempre, nada especial…Han visto que han arreglando el Panda?’
    Dario trata de cambiar el tema. Pero Hook no para.
    ‘Cada tres, cuatro años arreglan todos los locales… entonces, porque no nos llamaste?’
    ‘Hemos salido sin pensarlo, así de repente.’
    ‘Que extraño, tu casi nunca haces algo así de repente.’
    El tono no promete nada de bueno. Los otros se dan cuenta. Pollo y Lucone dejan de jugar fútbol con una lata aplastada. Se acercan sonrientes. Schello le da una tirada mas larga al cigarrillo, y hace su guiño de burla usual.
    ‘Saben muchachos, ayer Gloria y Dario cumplían seis meses y el ha querido celebrarlo solo.’
    ‘No es cierto.’
    ‘Como no? Si te han visto come la pizza. Pero es cierto que quieres enseriarte?’
    ‘Si, dicen que te gusta hacer de florista.’
    ‘Guau!’ Todos divertidos comienzan a darle golpes por la espalda, mientras que Hook lo agarra con el brazo alrededor del cuello y con el puño cerrado le presiona fuerte la cabeza.
    ‘Que tierno…’
    ‘Ay! Sueltame…’
    Todos se le lanzan encima, riendo como locos, casi sofocándolo con sus fuertes musculos. Después Bunny, mostrando sus dos anchos dientes de enfrente que le han regalado ese apodo, grita de repente: ‘Busquemos a Gloria’
    Los Converse All Star celestes, con la pequeña estrella roja en el centro del círculo de goma por el tobillo, bajan de la Vespa y tocan rápidamente tierra. Gloria da solo dos pasos pero se vuelve rápidamente la presa del Siciliano. Los cabellos rubios de ella hacen un extraño contraste con los ojos oscuros del Siciliano, con su ceja cosida malamente, con esa nariz lesionada y suave, golpeada en el hueso por un bello derechazo, cualquier mes atrás, en la cantina Fiermonti.
    ‘Sueltame, anda, déjame.’
    Rápidamente Schello, Pollo y Bunny se ponen alrededor y fingen ayudarlo a lanzar en el aire a esos cincuenta y cinco kilos bien distribuidos, siempre pendientes de poner las manos en los puestos adecuados.
    ‘Paren, ya basta.’
    Las otras muchachas se avecinan al grupo.
    ‘Dejenla quieta.’
    ‘Se han ido solos a hacer cosas, en vez de festejar con nosotros? Bueno, entonces celebramos ahora, a nuestro modo.’
    Lanzan a Gloria de nuevo en el aire, riendo y bromeando.
    Dario, aun si es poco más pequeño que los otros y regala rosas, se hace su camino a empujones. Agarra a Gloria por la mano justo cuando va bajando, y se la monta en su espalda.
    ‘Ahora basta, paren.’
    ‘Y sino, que?’
    El Siciliano sonríe y se pone de frente a el, alargando las piernas. Sus jeans ligeramente más claros en sus gruesos muslos se tensan. Gloria, apoyada en la espalda de Dario, se agarra más fuerte. Hasta aquel momento había aguantado las lagrimas, ahora también la respiración.
    ‘Sino, que harás?’
    Dario mira al Siciliano a los ojos.
    ‘Que coño quieres? Siempre tienes que ser la molestia.’
    De los labios del Siciliano desaparece la sonrisa.
    ‘Que dijiste?’
    La rabia hace mover sus pectorales. Dario cierra los puños. Un dedo escondido entre el resto se ajusta con un sonido sordo. Gloria entrecierra los ojos, Schello se mantiene con el cigarrillo tembloroso en su boca abierta. Silencio. Repentinamente un rugido rompe el aire. La moto de Step llega haciendo ruido. Dobla en la curva y avanza veloz, frenando poco después en medio del grupo.
    ‘Bueno, que se hace de bueno?’
    Gloria finalmente suspira. El Siciliano mira a Dario.
    Una sonrisa ligera deja la discusión para otro momento.
    ‘Nada, Step, se habla mucho y no sucede nada.’
    ‘Tienen ganas de estirarse un poco?’
    El seguro de la moto cae como un cuchillo y se planta en el suelo. Step baja de la moto y se arregla la chaqueta.
    ‘Se aceptan concursantes.’
    Pasa cerca de Schello y, abrazándolo, le quita de la mano la Heineken que acaba de abrir.
    ‘Hola, Sche.’
    ‘Hola’
    Schello sonríe, feliz de ser su amigo, un poco menos de no tener más la cerveza.
    Cuando la cara de Step baja después de un largo trago, sus ojos encuentran a Maddalena.
    ‘Hola.’
    Los suaves labios de ella, ligeramente rosados y pálidos, se mueven apenas, pronunciando ese saludo en voz baja. Sus pequeños dientes blancos, todos pares, se iluminan mientras sus ojos verdes, bellísimos, tratan de transmitir todo su amor, inútilmente. Es mucho. Step se le acerca, mirándola a los ojos. Maddalena lo mira, incapaz de bajar la mirada, de moverse, de hacer cualquier cosa, de parar ese pequeño corazón, que como loco, hace un solo como si fuera Clapton.
    ‘Aguantame esto.’
    Se quita el reloj Daytona con la correa de acero y lo deja en sus manos. Maddalena mira como se aleja, después aprieta el reloj y se lo lleva cerca al oído. Siente el ligero sonido, el mismo que había escuchado cualquier día antes debajo de su almohada, mientras el dormía y ella se mantenía, pasando minutos en silencio, a mirarlo. En ese entonces, sin embargo, el tiempo parecía haberse parado.
    Step se sube en el techo encima de Lazzareschi pasando por el portón del cine Odeon.
    ‘Entonces, quien viene? Acaso quieren invitaciones escritas?’
    El Siciliano, Lucone y Pollo no se hacen rogar. Uno después del otro, como simios que en vez de pelo tienen chaquetas Avirex, escalan con facilidad el portón. Llegan todos al techo, por ultimo Schello, ya doblado en dos para recuperar el aliento.
    ‘Ay, ya yo estoy destruido, hago de arbitro.’ Y le da un trago a la Heineken que milagrosamente ha logrado no derramar en la fatigosa subida, para los demás un juego de muchachos, para el una empresa a la Messner.,
    El grupo se alinea en la penumbra de la noche.
    ‘Listos?’ Schello grita alzando la mano veloz. Un poco de cerveza le cae debajo a Valentina, una hermosa chica de cabellos marrones en una cola alta, que se envolvió hace poco con Gianlu, un tipo bajo hijo de un rico de corbata.
    ‘Coño!’ le sale de la boca, creando un gracioso contraste con su cara elegante. ‘Ten cuidado, no?’
    El resto se ríe, secándose las gotas de cerveza que les han caído también.
    Casi todos juntos, una decena de cuerpos musculosos y entrenados se preparan en el techo. Las manos adelante y paralelas, las caras tensas, los pechos anchos.
    ‘Ya! Uno!’ grita Schello, y todos los brazos se doblan, sin fatiga. Silenciosos y aun frescos, llegan al frío mármol y sin mucho tiempo regresan arriba. ‘Dos!’ abajo de nuevo, mas veloces y decididos. ‘Tres!’
    Aun, como al comenzar, mas fuertes que cuando comenzaron. ‘Cuatro!’ Sus caras, gestos casi irreales, sus narices, con pequeñas arrugas, bajan contemporáneamente. Bajan veloces, con facilidad, llegan casi hasta la tierra y de nuevo suben. ‘Cinco!’ grita Schello dando un ultimo trago a la lata y lanzándola en el aire. ‘Seis!’ Con exactitud la golpea. ‘Siete!’ La lata vuela en alto. Después, como lenta paloma, cae de lleno en la Vespa de Valentina.
    ‘Coño, eres de verdad un ridículo, yo me largo.’ Las amigas comienzan a reírse.
    Gianluca, su novio, para de hacer flexiones y baja del tejado.
    ‘No, anda Vale, no seas así.’
    La agarra con los brazos y trata de pararla, logrando con un beso suave interrumpir sus palabras.
    ‘Esta bien, pero dile algo a ese tipo.’
    ‘Ocho!’ Schello baila en el techo moviendo alegre las manos. ‘Muchachos, ya uno, con la excusa de que la novia se arrecho, ha parado. Pero la competencia continua’
    ‘Nueve!’ Todos ríen y, ligeramente mas calentados, bajan. Gianluca mira a Valentina.
    ‘Que se le puede decir a uno así?’ Agarra la cara entre sus manos. ‘Tesorito, perdónalo, no sabe lo que hace.’ Mostrando un discreto conocimiento religioso pero una pésima práctica, debido que apoyado en la vespa de Valentina comienza a besarla apasionadamente, en frente de las otras chicas.
    La voz gruesa del Siciliano con aquel acento particular de su región que, aparte de la piel oliva, le ha dado el sobrenombre, hace eco en la plaza.
    ‘Hey Sche! Aumenta un poco, me estoy durmiendo.’
    ‘Diez!’
    Step baja fácilmente. Su corta camiseta azul le cubre los brazos. Los musculos son anchos. En las venas su corazón suena potente, pero aun lento y tranquilo. No como entonces. Ese día su corazón joven había comenzado a batir veloz, como enloquecido.

    Dos años atrás. Zona Fleming.
    Una tarde cualquiera, si no fuera por su Vespa nueva ultimo modelo, rodando, todavía sin pintarla. Step la esta probando, pasa enfrente del Café Fleming cuando siente que lo llaman:
    ‘Stefano, Hola!’
    Annalisa, una linda rubia que conoció en el Piper, le viene de frente. Stefano se para.
    ‘Que haces por estas partes?’
    ‘Nada, fui a estudiar a casa de un amigo y ahora regreso a casa.’
    En un segundo. Alguno a sus espaldas le quita la gorra.
    ‘Te doy diez segundos para que te vayas de aquí.’
    Un tal Poppy, un tipo grueso y mas grande que el, esta de frente. Tiene su gorra en las manos. Esta de moda esa gorra. En Villa Flaminia la tienen todos. A colores, hecha a mano, de las agujas de alguna chica. Aquel se lo había regalado su madre, tomando el puesto de esa chica que todavía no tiene.
    ‘No escuchaste? Vete.’
    Annalisa mira alrededor y, entendiendo, se aleja. Stefano baja de la Vespa. El grupo de amigos se le avecina. Se pasan la gorra riendo, hasta que termina en manos de Poppy.
    ‘Devuelvemelo!’
    ‘Lo escucharon? Es un duro. Devuelvelo!’ lo imita haciendo reír a todos. ‘Sino que harás, eh? Me darás una cachetada? Anda, dámela pues.’
    Poppy se avecina con las manos abajo, llevando la cabeza hacia atrás. Con la mano libre le indica su mentón.
    ‘Dale, golpeame aquí.’
    Stefano lo mira. Por la rabia no puede ver nada más. Trata de golpearlo, pero apenas mueve el brazo lo bloquean desde atrás. Poppy pasa por los aires la gorra a uno cercano y le da un puño en el ojo derecho lastimándole la ceja. Después ese bastardo que lo había bloqueado desde atrás lo empuja adelante, hacia las rejas del Café Fleming que, viendo lo sucedido, cerro antes de lo previsto. Stefano se lastima el pecho en contra de la acera, dándose un gran golpe. Le llega rápido una descarga de puños en la espalda, hasta que alguno lo gira. Se encuentra atontado en contra de la acera. Trata de cubrirse, pero no lo logra. Poppy le pone las manos detrás del cuello y aguantándolo a los tubos de hierro de la reja lo mantiene firme. Comienza a darle golpes. Stefano trata de pararse como puede, pero esas manos lo bloquean, no logra quitárselos de encima. Siente la sangre bajar por su nariz y una voz femenina que grita:
    ‘Basta, Basta, paren, así lo masacran!’
    Debe ser Annalisa, piensa. Stefano trata de patear, pero las piernas no logran moverse. Siente solo el sonido de los golpes. Ya no le hacen tanto mal. Después llegan los adultos, algunos pasantes, la propietaria del bar. ‘Vayanse ya, larguense’ Alejan a esos muchachos tirandolos por las camisetas, por las chaquetas, quitándoselos de encima. Stefano se echa lentamente, apoya la espalda en la acera, termina sentado en un escalón. Su Vespa esta allí enfrente, en el suelo como el. Quizás la parte lateral se rayo. Pecado! Estaba siempre pendiente cuando salía del portón de no rayarla.
    ‘Estas mal, muchacho?’ Una bella señora se acerca a su cara. Stefano hace señal de no con la cabeza. La gorra de si madre esta ahí en la tierra. Annalisa se largo con los otros. Mama, sin embargo, tu gorra todavía la tengo.
    ‘Toma, Bebe.’ Alguno llega con un vaso de agua. ‘Tomalo lentamente. Que desgraciados, gentuza de la calle, pero yo se quienes fueron, siempre son los mismos. Esos ociosos que se sientan todos los días aquí al bar’
    Stefano bebe el último trago, agradece sonriendo un señor que esta cerca y agarra el vaso vacio. Desconocidos. Trata de alzarse, pero las piernas por un momento parecen ceder. Alguno se da cuenta y se lanza rápido a socorrerlo.
    ‘Muchacho, estas seguro de sentirte bien?’
    ‘Estoy bien, gracias. De verdad.’
    Stefano se limpia los pantalones. El polvo se va de las piernas. Se limpia la nariz con el suéter ahora arrugado y respira profundamente. Se pone la gorra de nuevo y enciende la Vespa. Un humo blanco y denso sale con gran ruido del tubo de escape. Esta golpeada. La parte lateral derecha vibra más de lo normal. Esta rayada. Después mete primera y mientras los últimos señores se alejan suelta lentamente la fricción. Sin voltearse sale por la bajada.
    Recuerdos.
    Un poco mas tarde en casa. Stefano abre lento la puerta y trata de llegar a su cuarto sin hacerse sentir, pasando por la sala. Pero el piso es traidor: chilla.
    ‘Eres tu, Stefano?’
    La sombra de su mama aparece en la puerta del estudio.
    ‘Si mama, voy a la cama.’
    La madre avanza un poco. ‘Estas seguro de sentirte bien?’
    ‘Si mama, estoy muy bien.’
    Stefano trata de llegar al corredor pero la mama es mas veloz que el. El interruptor de la sala se mueve, iluminándola. Stefano se para, como inmortalizado en una fotografía.
    ‘Dios mío! Giorgio, rápido, ven acá!’ El padre se apura, mientras la mano de la madre se acerca temerosa al ojo de Stefano.
    ‘Que te ha pasado?’
    ‘Nada, me caí de la Vespa.’ Stefano se aleja ‘Ay!, Mama me duele’
    El padre mira las otras heridas en los brazos, la ropa arrugada, el cabello sucio.
    ‘Di la verdad, te han golpeado?’
    Su padre siempre ha sido un tipo atento a los detalles. Stefano cuenta más o menos como han sido las cosas y naturalmente la madre, sin entender que a los dieciséis años pueden ya estar ciertas reglas: ‘Pero porque no le has dado la gorra? Te hubiera hecho otra…’
    Mientras el padre abandona los detalles para ir a algo aun más serio: ‘Stefano, di la verdad, la política no tiene nada que ver, verdad?’
    Fue llamado el medico de la familia, el cual le ha dado la clásica aspirina y lo mando a dormir. Antes de quedarse dormido, Stefano decide que ninguno le pondrá más las manos encima. Nunca más sin salir bien lastimado.
    En el escritorio de la secretaria esta una mujer con los cabellos rojos, la nariz un poco larga y los ojos sobresalientes. No es una belleza.
    ‘Hola, te vas a inscribir?’
    ‘Si.’
    ‘Bueno, si te puedes poner cómodo.’ Dice girando los ojos mientras toma una tarjeta debajo en las gavetas. No es para nada simpática.
    ‘Nombre?’
    ‘Stefano Mancini.’
    ‘Edad?’
    ‘Diecisiete, el 21 de Julio.’
    ‘Direccion?’
    ‘Francesco Benziacci, numero 39’ después añade “3.2.9.27.14’ prediciendo así la pregunta que seguía. La mujer alza la cara.
    ‘El teléfono, no? Solo para la tarjeta…’
    ‘No seria para ir a jugar videopoker.’
    Los ojos sobresalientes lo ven por un segundo, después terminan por llenar la tarjeta.
    ‘Son ciento cuarenta y cinco euros, cien para la inscripción y cuarenta y cinco cada mes’
    Stefano pone el dinero en el escritorio.
    La mujer los mete en una bolsa con cierre que pone en la primera gaveta, después de haber apoyado un sello en una almohadilla mojada de tinta le da un golpe preciso en la tarjeta. Budokan.
    ‘Se paga al inicio de cada mes. El vestidor esta en el piso de abajo. Cerramos en las noches a las nueve.’
    Stefano se guarda la billetera en el bolsillo, con la nueva tarjeta en el compartimiento latera y ciento cuarenta y cinco euros menos.
    ‘Toca, toca acá. Es hierro. Pero que digo, acero!’ Lucone, un tipo bajo y de cara simpática muestra unos bíceps gruesos pero poco definidos.
    ‘De que hablas todavía? Mira que si te doy un golpecito puedes desaparecer.’
    Pollo se da en la espalda, haciendo ruido. ‘Esto si es verdadero” sudor, fatiga, carne, esa que tienes tu es toda agua.’
    ‘Pero si eres un niño, eres minúsculo.’
    ‘Sin embargo, acabo de alzar ciento veinte! Cuanto coño haces tu?’
    ‘Rapido. Pero que, estas bromeando? Alzo dos como si nada, ve como lo hago eh?’
    Lucone se pone debajo de la balanza. Alarga los brazos, alza el asta y la lleva arriba, firme. Baja lentamente y mirando la balanza a pocos centímetros del mentón, le da un empujón, esforzando los pectorales. ‘Uno!’ Después siempre controlándolo, baja con la balanza, apoya en el pecho y la sube de nuevo. ‘Dos! Y si quieres lo puedo hacer con mas peso.’
    Pollo no se hace repetir dos veces: ‘En serio? Entonces prueba con esta.’
    Antes de que Lucone pueda poner la balanza en los sujetadores, mete una pequeña pieza lateral de dos kilos y medio, la balanza comienza a doblar hacia la derecha. ‘Hey! Que coño haces? Eres tonto…?’
    Lucone trata de mantenerlo, pero lentamente la balanza comienza a caer. Los musculos lo abandonan. La balanza le cae en el pecho, pesada.
    ‘Coño, quitamelo de encima, me esta ahogando.’
    Pollo ríe como un loco: ‘Lo que quieras, puedo hacerlo hasta con dos piezas. Entonces? Te puse una nada mas y ya estas así? Estas de verdad destruido, eh?, vamos súbela, anda, súbela…’ le grita casi en la cara. ‘Subela pues!’ y mas risas.
    ‘Me lo puedes quitar de encima, dale!’ Lucone se ha vuelto completamente morado, un poco por la rabia, otro poco porque de verdad se esta sofocando.
    Dos muchachos, mas pequeños, que estaban en una maquina cercana, se miran indecisos de que hacer. Viendo que Lucone comienza a toser y que haciendo esfuerzos bestiales no logra quitarse esa balanza de encima, deciden ayudarlo.
    Pollo esta echado en la tierra, boca abajo. Ríe como un loco, golpeando las manos en la madera del suelo. En un momento se gira de nuevo hacia Lucone con las lagrimas en los ojos, pero lo ve ahí, de pie enfrente a el. Los dos muchachos lo liberaron.
    ‘Oh! Como coño lo lograste?’
    Pollo se da rápido a la fuga, aun riendo y tropezando sobre una balanza. Lucone, tosiendo, lo persigue.
    ‘Parate, te golpeare, te masacrare. Te daré un puño en la cabeza y te haré ser mas enano de lo que eres.’
    Si persiguen furiosamente por todo el gimnasio. Girando alrededor de las maquinas, parándose detrás de columnas, volviendo a correr repentinamente. Pollo, en el intento de parar al amigo, le lanza encima algunas pesas. Esas piezas de goma caen al suelo pesadas, esquivadas por Lucone, que no se para por nada. Pollo va a las escaleras que dan hacia el vestidor femenino. Corriendo choca con una chica y termina contra la puerta, abriéndola. Todo el resto, desnudas, que se están cambiando para la lección de aeróbica, inician a gritar como locas. Lucone se para en los últimos escalones, extasiado de aquel panorama de suaves colinas, humanas y rosadas. Rápidamente Pollo mira hacia atrás
    ‘Coño, no lo creo, esto es el paraíso…’
    ‘Vayanse al infierno!’
    Una chica ligeramente mas cubierta que las otras va hacia la puerta cerrándola en su cara. Los dos amigos se mantienen un momento en silencio.
    ‘Viste la del fondo a la derecha, los senos que tenia?’
    ‘La primera a la derecha… el culo de ella lo pasas por alto?’
    Pollo agarrar al amigo bajo su brazo, moviendo la cabeza. ‘Cosas increíbles, eh?, Claro que no lo paso por alto, no soy homosexual como tu.’
    Así, después de esa breve pausa erótica, regresan a perseguirse.
    Stefano abre la hoja de su tarjeta, se la dio Francesco, el instructor del gimnasio.
    ‘Comienza con cuatro series de apertura, en aquel banco. Agarra los pesos de cinco kilos, te debes alargar y abrir un poco, muchacho. Primero ten una base gruesa, después podrás construir encima.’ Stefano no se lo hace repetir.
    Se extiende en la banca arqueada y comienza. Los hombros le duelen, ese peso parece enorme. Hace de los ejercicios laterales, baja a tocar la tierra y de nuevo arriba. Después detrás de la cabeza. De nuevo. Cuatro series de diez, cada día, cada semana. Después de las primeras semanas, ya esta mejor, los hombros no le duelen tanto, los brazos han ligeramente crecido. Comienza a crecerle el pecho, hasta las piernas se han reforzado. Cambia alimentación. En la mañana una merengada con proteínas en polvo, un huevo, leche, hígado de merluza. En el almuerzo poca pasta, un bistec en sangre, levadura de cerveza y granos. Las noches en el gimnasio. Siempre. Alternando los ejercicios, trabajando un día la parte de arriba y otro día la de abajo. Los musculos parecen enloquecer. Reposan, como buenos cristianos, solo el domingo. El lunes se comienza de nuevo. Cualquier kilo de mas, semana a semana, paso a paso, por esto lo apodaron Step. Se volvió amigo de Pollo, Lucone y todo el resto del gimnasio.
    Un día, pasados dos meses, llega el Siciliano.
    ‘Quien quiere hacer flexiones conmigo?’
    El Siciliano es uno de los primeros socios del Budokan. Es grueso y potente, nadie quiere competir con el.
    ‘Coño, nunca los invite a tener una pelea, solo he dicho para hacer flexiones.’
    Pollo y Lucone continúan a entrenarse en silencio.
    Con el Siciliano siempre terminas en pelea. Si pierdes te molesta hasta el infinito, si ganas, bueno, no se sabe que podría suceder. Nunca ha sucedido que alguien le haya ganado al Siciliano.
    ‘Entonces, no hay nadie en este gimnasio de mierda que quiera hacer alguna flexión conmigo?’
    El Siciliano mira alrededor.
    ‘Estoy yo.’
    Se voltea. Step esta frente a el, el Siciliano lo mira de la cabeza a los pies.
    ‘Ok. Vayamos para allá.’
    Entran en un pequeño cuarto. El Siciliano se quita la guardacamisa enseñando pectorales enormes y brazos bien proporcionados.
    ‘Entonces, estas listo?’
    ‘Cuando quieras.’
    El Siciliano se echa al suelo. Step de frente a el. Comienzan a hacer flexiones. Step resiste lo mas que puede. Al final, destruido, cae a tierra. El Siciliano hace otras cinco veloces, después se alza y le da una palmada a Step.
    ‘Bravo, Muchacho, no estas mal. Las ultimas las hiciste todas con esta.’ Y le da amigablemente un consejo. Step sonríe, no logro ganarle. Todos regresan a sus ejercicios. Step se masajea los músculos dolorosos de los brazos. Algo es seguro: El Siciliano es mucho mas fuerte que el, todavía es muy temprano.

    Aquel día. Solo ocho meses después.
    Poppy y sus amigos están enfrente del Café Fleming, ríen y bromean bebiendo cerveza. Alguno come la pizza roja, todavía humeante, lamiendo los ángulos laterales para parar el tomate que gotea. Algún otro fuma un cigarrillo. Algunas muchachas escuchan divertidas el cuento de un tipo que hace muchos gestos, hablando acerca de su tema principal: fue despedido, pero finalmente tuvo una satisfacción. Rompió todas las botellas del local, la primera en forma particular.
    ‘Saben que he hecho? Me había molestado tanto que le lance la botella en la cabeza.’
    También Annalisa esta ahí. La noche de la riña no había llamado a Stefano, no había sabido nada de ella. Pero no importa. Step no es un tipo que sufre por soledad. Hasta entonces no había tenido mas noticias de ninguno de ellos. Entonces, un poco preocupado, ese día, los fue a buscar.
    ‘Poppy, amigo, como estas?’
    Poppy mira a ese tipo desconocido que viene de frente. Tiene algo familiar, esos ojos, el color de los cabellos, la forma de la cara, pero no lo recuerda. Esta bien ejercitado, tiene brazos gruesos y un buen torso. Step, viendo su mirada intrigante, le sonríe, tratando de ponerlo cómodo.
    ‘De mucho tiempo que no nos vemos, eh? Como te va?’
    Step pasa el brazo detrás de la espalda de Poppy, amigablemente.
    El Siciliano, Pollo y Lucone, felices de acompañarlo, se meten en medio del grupo. Annalisa todavía sonríe, cuando se encuentra la mirada de Step. Es la única que lo reconoce. La sonrisa lentamente se va de sus labios. Step deja de mirarla y se dedica totalmente a su amigo Poppy que continua a mirarlo perplejo.
    ‘Disculpa, pero en este momento no me acuerdo.’
    ‘Como puede ser!’ Step le sonríe teniéndolo siempre abrazado, como dos viejos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo. ‘Me haces sentirme mal. Espera. Quizás te acuerdes de esto.’ Saca del pantalón de los jeans la gorra. Poppy mira esa vieja tela, después la cara sonriente del tipo que lo tiene abrazado. Sus ojos, esos cabellos. Claro. Era ese pequeño que amenazo hace mucho tiempo.
    ‘Coño…’ Poppy trata de quitarse el brazo de Step, pero la mano de el lo agarra fuerte por los cabellos, inmovilizándolo.
    ‘Memoria corta, eh? Adiós Poppy.’ Y se lo lleva hacia el y le da un golpe bestial que le aporrea la nariz. Poppy se dobla llevandose las manos a la cara. Step le da una patada en la cara, con toda su fuerza. Poppy salta hacia atrás y se golpea contra la acera con un ruido de hierro.
    Rápidamente Step esta encima de el, antes que se levante lo inmoviliza con una mano en la garganta. Con la derecha le da una serie de puños, golpeándolo desde lo alto hasta lo bajo, por la frente, por las cejas, lastimándole el labio.
    Da un paso atrás y le da una patada derecha en plena barriga quitándole el aliento.
    Alguno de los amigos de Poppy trata de intervenir pero el Siciliano lo bloquea rápido. ‘Bueno, calma, quédate en tu puesto eh?’
    Poppy esta en el suelo, Step lo llena de patadas en el cuello, en la barriga. Poppy trata de cerrarse, cubriéndose la cara, pero Step es imposible, golpea en donde consiga un espacio, después comienza a pisarlo arriba. Alza la pierna y le da una patada con el talón. Seco, con fuerza, en el oído, que se rompe rápido, en los musculos de las piernas, en sus caderas, casi saltándole encima, con todo tu peso. Poppy, chillando con cada golpe, moviéndose a gatas, pronuncia un piadoso: ‘Basta, basta, te lo ruego!’, casi tosiendo por la sangre que le salía de la nariz directamente hacia la garganta y escupiendo un poco de saliva que le sale del labio roto y sangrante.
    Step se para. Recupera el aliento saltando en sus piernas, mirando a su enemigo en la tierra, inmóvil, destruido. Después se gira y se lanza encima de un rubio que esta a sus espaldas. Es aquel que ocho meses antes lo había bloqueado de atrás. Lo golpea con el puño en plena boca, dándole con todo el peso de su cuerpo. Al tipo le saltan tres dientes. Dos terminan en el suelo. Step lo agarra por la espalda. Inmovilizándolo, comienza a llenarle la cara de puños. Después lo agarra por los cabellos y le bate la cabeza contra el suelo, con violencia. De repente dos brazos fuertes lo bloquean. Es Pollo. Por debajo de las costillas lo tira hacia arriba: ‘Anda Step, basta, vamos, lo estas masacrando.’
    Hasta el Siciliano y Lucone se le acercan. El Siciliano ya había tenido problemas con alguno de los otros.
    ‘Si, vamonos es mejor. Quizás cualquier estupido ha llamado la poli.’
    Step regresa a respirar normalmente, da un medio giro hacia los amigos de Poppy que lo miran en silencio. ‘Pedazos de mierda!’ y le escupe a uno que esta cerca con un vaso de Coca-Cola en mano, golpeándolo en plena cara. Pasa frente a Annalisa y le sonríe. Ella trata de devolver la sonrisa, un poco asustada, sin entender bien que hacer. Mueve apenas el labio superior y le sale una extraña mueca. Step y los otros se montan en sus motos y se alejan. Lucone maneja como un loco, con el Siciliano detrás, gritan ambos, yendo arriba y abajo, dueños de la calle. Después se acercan Pollo, con Step atrás.
    ‘Coño, esa rubia te la podías haber agarrado… estaba muy bien’
    ‘Si eres exagerado, Lucone. Siempre tienes que hacer todo al mismo tiempo. Con calma, no? Tienes que saber esperar. Hay un tiempo para todo.’
    Esa noche Step va a la casa de Annalisa y sigue el consejo de Lucone. Muchas veces. Ella se lamentaba no haberlo llamado antes, jura que le desagrada, que quería haberlo hecho, pero ha tenido tantas cosas que hacer. En los días siguientes Annalisa lo llama a seguido. Step esta tan ocupado que no consigue el tiempo siquiera para responder el teléfono.

    Una chica que vive cerca enciende una radio portátil que suena la clásica canción ‘Bambino’. ‘Cientonueve!’
    Schello, un poco ebrio, salta sobre el techo bailando en sus zapatos Clark de piel, sudados y sin lazos, trata de hacer un descanso. Va mal. ‘Yahooo!’ mueve las manos con fuerza. ‘Cientodiez!’
    ‘Atencion, damos el premio a los mas sudados. En el numero uno conseguimos al Siciliano. Vistosas manchas debajo de las axilas, parece una fuente. Ciento once!’
    Step, Hook y el Siciliano hacen un esfuerzo increíble. Llegan los tres abajo, emocionados, rojos y cansados.
    ‘En nuestro Hit Sudados el numero dos lo tiene Hook. Como pueden ver, la esplendida camiseta Ralph Lauren ha cambiado de color. Ahora es un verde descolorido, o mejor, verde podrido.’
    Schello, agitando los puños cerca del pecho, sigue con la cabeza el pedazo que el DJ de la radio ha anunciado como suceso del año: Tardes Negras. Da un giro y continua:
    ‘Cientodoce!’ y naturalmente el ultimo es Step… casi perfecto, ligeramente despeinado pero es tan corto que ni se nota’ Schello se inclina para verlo mejor, después se alza moviendo las manos en el aire.
    ‘Increible, he visto una gota de sudor, pero les aseguro, era una sola! Ciento trece!’
    Step sube, siente los ojos borrosos. Algunas gotas de sudor bajan por la frente esparciéndose en las pestañas como un colirio fastidioso. Cierra los ojos, siente los hombros adoloridos, los brazos tensos, las venas pulsantes, sigue empujando y lentamente sube de nuevo. ‘Siiii!’ Step mira al lado. El Siciliano también lo esta logrando. Estira completamente los brazos. Falta solo Hook.
    Step y el Siciliano miran a su amigo-enemigo subir cansado y chillando, centímetro a centímetro, segundo a segundo, mientras los gritos de abajo aumentan:
    ‘Hook, Hook, Hook…!’
    Hook, como paralizado, se detiene de repente, después temblando mueve la cabeza: ‘No, no lo lograre.’ Se mantiene por un momento inmóvil, y ese es su ultimo pensamiento. Cae de golpe, dando apenas tiempo de voltear la cabeza. Se golpea con todo el peso el pecho en el mármol.
    ‘Cientocatorce!’
    Step y el Siciliano bajan, veloces, esperando solo el fin de la flexión, después regresan a subir rápidos, como si hubieran conseguido una nueva fuerza, nueva energía. Son ellos solos corriendo hacia la meta. O primer lugar o nada.
    ‘Cientoquince!’ Vuelven a bajar.
    El ritmo aumenta. Como si hubiera entendido, Schello se pone serio.
    ‘Cientodieciseis!’ uno después del otro pronuncia solo los números. Veloz. Esperando que lleguen arriba para darles el sucesivo.
    ‘Cientodiecisiete!’ De nuevo abajo.
    ‘Cientodieciocho!’ Step aumenta aun, soplando.
    ‘Cientodiecinueve!’ Baja y de nuevo sube, rápidamente. El Siciliano lo sigue, esforzándose, gimiendo, cada vez mas rojo.
    ‘Cientoveinte, ciento veintiuno. Increíble, muchachos!’ Ninguno habla mas. Debajo solo reina el silencio de los grandes momentos.
    ‘Cientoveintidos.’ Solo la música de fondo. ‘Cientoveintitres…’
    Entonces el Siciliano se para a la mitad, comienza a gritar, como si alguna cosa dentro de el lo detuviera.
    Step, en lo alto de su flexión, lo mira. El siciliano es como inmóvil. Tiembla gritando, pero sus brazos no lo quieren escuchar, no lo escuchan más. Entonces da un ultimo grito, como una bestia herida que le hubieran arrancado un pedazo de carne. Su supremacía. E inexorablemente, lento comienza a caer. Ha perdido. Desde abajo se alza un grito. Alguno abre una cerveza: ‘Siii, aquí esta, el nuevo ganador es Step!’
    Schello se le avecina festejando, pero Step mueve la cabeza.
    Como una orden por aquel gesto, la plaza regresa a estar en silencio. Desde abajo, en la radio, casi una señal del destino: un pedazo de Springsteen, I’m going down. Step sonríe dentro de el, se lleva la mano derecha a la espalda y después baja, sobre una sola mano, gritando.
    Toca el mármol, lo mira con los ojos entrecerrados y de nuevo para arriba, temblando y empujando solo con su derecha, con toda su fuerza, con toda su rabia. Un grito de liberación sale de su garganta:
    ‘Siii!!’ Donde no había llegado la fuerza, llego su voluntad. Se mantiene inmóvil así, de nuevo arriba, con la frente hacia el cielo, como una estatua gritona, contra de la oscuridad de la noche, la belleza de las estrellas.
    ‘Yahooo!’ Schello grita como un loco. En la plaza todos explotan siguiendo ese grito, encienden las motos y las Vespas sonando las bocinas, gritando. Pollo comienza a patear la caseta postal.
    Lucone tira una botella de cerveza enfrente de una vitrina. Las ventanas de los edificios alrededor se abren. Una alarma lejana comienza a sonar. Viejos en camisas de noche salen a sus balcones gritando preocupados: ‘Que sucede?’ Alguno grita que hagan silencio. Una señora amenaza con llamar a la policía. Como por un hechizo, todas las motos se mueven. Pollo, Lucone y los otros se ponen a correr, saltando en sus asientos, mientras los tubos de escape dan humo blanco. Cualquier lata continua a hacer sonido rodando, las muchachas todas van a casa. Maddalena esta aun mas enamorada.
    Hook se acerca a Step. ‘Buen duelo, no?’
    ‘Nada malo.’
    Las otras motos también se acercan, ocupando toda la calle, sin importarle de cualquier maquina que suena pasándoles a lado velozmente. Schello se para encima de su vieja Vespa. ‘Se que hay una fiesta por Cassia. En el 1130. Es una residencia.’
    ‘Pero nos dejaran entrar?’
    Schello les asegura: ‘Conozco a una que esta allá.’
    ‘Quien es?’
    ‘Francesca.’
    ‘Pero, ustedes tuvieron algo?’
    ‘Si.’
    ‘Entonces no nos dejaran pasar.’
    Riendo, se montan casi todos al mismo tiempo. Frenando y acelerando giran a la izquierda. Algunos andan en una rueda, todos sin prestarle atención al semáforo. Después llegan la avenida Cassia a toda velocidad.

    Un apartamento caliente, ventanas con largos vidrios desde donde se ve la avenida Olímpica. Buenos cuadros en las paredes, de un tal Fantuzzi. Cuatro cornetas en los ángulos de la sala difunden un CD bien mezclado. La música se apodera de los muchachos que, hablando, se tropiezan casi todo el tiempo.
    ‘Dani, hey! Casi no te reconocía’
    ‘No me eches broma tu también, eh?’
    ‘Hablaba de la ropa, estas muy bien, en serio…’
    Daniela se mira la falda, Giulia ya la ha visto antes, se da cuenta del sarcasmo.
    ‘Giuliii!!’
    ‘Que te molesta? Te pareces la Bonopane, la gafa que vive en el 3B que en las mañanas llega toda desarreglada…’
    ‘Como logras ser así de simpática todo el tiempo, eh?’
    ‘Es por esto que somos amigas.’
    ‘Nunca dije que era tu amiga!’
    Giulia se pone de frente.
    ‘Un beso, hacemos las paces?’
    ‘Daniela sonríe. Se dirige hacia a ella cuando ve a sus espalda a Palombi.
    ‘Andrea!’
    Deja el cachete de Giulia y sigue derecho, esperando, antes o después, concentrar su boca en el.
    ‘Como estas?’
    Andrea se mantiene por un momento confuso.
    ‘Bien y tu?’
    ‘Buenisimo.’
    Se saludan con un beso apurado. Después el pasa a saludar a sus amigos. Giulia la alcanza y le sonríe.
    ‘No te preocupes, esta haciendo de celebridad.’
    Se quedan mirándolo un rato. Andrea habla con algunos chicos, después se voltea hacia ella, la mira de nuevo y al final sonríe. Finalmente ha entendido.
    ‘Caramba! Si que has exagerado… no te había reconocido.’
    Babi atraviesa la sala. Algunas chicas bailan entre ellas. En un lado, un aparente DJ, tratando de imitar a DJ Francesco, intenta un rap que tiene poco éxito. Una chica baila desenfrenada, lanzando los brazos en alto.
    Babi mueve la cabeza sonriendo.
    ‘Pallina!’
    La cara ligeramente redonda, enmarcado de largos cabellos castaños y un extraño copete lateral, se voltea.
    ‘Babi, Guauuu!’ Corre hacia ella y la abraza besándola, casi ahogándola. ‘Como estas?’
    ‘Buenisimo. Mi había dicho que no venias!’
    ‘Si, lo se, pero fuimos a una fiesta por la Olgiata, pero no sabes que fastidio era! Estaba con Dema, pero nos escapamos rápido de allí. Y estamos acá, porque, no estas feliz?’
    ‘Bromeas, muy feliz. Preparaste la lección de latín? Mira que mañana te interroga, solo faltas tu para terminar el ciclo.’
    ‘Si, lo se, he estudiado toda la tarde, después he debido salir con mi mama, fui al centro. Mira, compre esto, te gusta?’ Y dando una extraña pirueta, mas de bailarina que de modelo de traje, hace girar a un divertido sobretodo de corte azul’
    ‘Mucho…’
    ‘Dema me ha dicho que estoy muy bien…’
    ‘En serio? Tu sabes mi teoría, no?’
    ‘Todavía? Pero si somos amigas de una vida!’
    ‘Deja quieta mi teoría.’
    ‘Hola Babi.’ Un chico de aspecto simpático, con los rulos marrones y la piel clara se acerca.
    ‘Hola Dema, como estas?’
    ‘Buenisimo. Has visto que linda la ropa de Pallina?’
    ‘Si. A juzgar por mi teoría, le queda muy bien.’ Babi le sonríe. ‘Voy a saludar a Roberta, que todavía no la he felicitado.’ Se aleja. Dema se queda mirándola.
    ‘Que quería decir con eso de la teoría?’
    ‘Oh, nada, sabes como es ella… es la mujer de las miles teorías y ninguna practica, o casi.’
    Pallina se ríe, después mira mejor a Dema. Sus miradas se encuentran por un segundo. Esperemos que esta vez no tenga razón.
    ‘Anda, ven a bailar…’ Pallina baja tomada de la mano y llega al grupo.
    ‘Hola Roby, feliz cumpleaños!’
    ‘Oh, Babi, Hola!’ Se intercambian dos besos sinceros.
    ‘Te ha gustado el regalo?’
    ‘Bellisimo, en serio. Justo lo que necesitaba.’
    ‘Lo sabíamos… fue una idea mía. Después de todo, siempre saltabas la primera hora y tampoco es que vivieras muy lejos.’
    A sus espaldas llega Chicco Brandelli.
    ‘Que le has regalado?’
    Babi se gira sonriente, pero al verlo cambia la expresión.
    ‘Hola Chicco.’
    ‘Me regalaron un despertador bellísimo’
    ‘Ah, que lindo, en serio.’
    ‘Sabes, el también me hizo un regalo bellísimo.’
    ‘Ah si? Que cosa?’
    ‘Un cojin todo bordado. Ya lo puse en mi cama.’
    ‘Ten cuidado, seguramente te pedirá de probarlo.’ E dándole una sonrisa forzada a Brandelli se aleja hacia la terraza. Roberta la mira.
    ‘A mi el cojin me gusto muchísimo. De verdad…’
    En realidad le gustaría también probarlo con el.
    Chicco le sonríe. ‘Lo creo, discúlpame.’
    ‘Pero… dentro de poco sirven la pasta…’ le grita detrás Roberta tratando de pararlo de algún modo.
    En la terraza, de poltronas suaves, con cojines claros de flores, un techo de madera con luces tenues bien escondidas detrás de ramas de alguna planta. Un jazmín se enrolla alrededor de las otras plantas. Babi pasea en el suelo de cerámica. El fresco viento de la noche le agita los cabellos, le acaricia la piel quitándole un poco de su perfume y dejando solo algún leve escalofrío.
    ‘Que cosa debo hacer para que me perdones?’
    Babi sonriendo para si misma se cierra la chaqueta, cubriéndose.
    ‘Que cosa no debiste haber hecho para no molestarme.’
    Chicco se le acerca.
    ‘Es una noche tan bella… es tonto arruinarla peleando.’
    ‘A mi me gusta muchísimo pelear.’
    ‘Me he dado cuenta.’
    ‘Pero también me gusta hacer las paces… la verdad me gusta sobretodo eso. Sin embargo, contigo no se, pero no logro perdonarte.’
    ‘Es porque estas confundida. Un poco quieres estar conmigo, un poco no. Clásico! Una cosa típica de todas las mujeres.’
    ‘Eso, ese ‘todas’ es lo que te lo arruina.’
    ‘Me rindo… te gusto el film de la otra noche?’
    ‘Si solo me lo hubieses dejado ver!’
    ‘He dicho que me rindo. Bueno, entonces te mandare la película en cinta a tu casa. Así la ves tranquila, sola, sin nadie que te disturbe. Por cierto, sabes que me han dicho?’
    ‘Que?’
    ‘Que lo disfrutas mas cuando sabe a mantecado.’
    Babi riendo trata de golpearlo.
    ‘Puerco!’
    Chicco le para el brazo en el aire.
    ‘Para! Era un chiste. Paz?’
    Sus caras se acercan. Babi mira sus ojos: son muy bellos, casi como su sonrisa.
    ‘Paz.’ Se rinde.
    Chicco se le avecina y le da un leve beso en los labios. Esta volverse mas profundo cuando Babi se separa y regresa a ver afuera.
    ‘Que noche mas esplendida, mira la luna!’
    Chicco suspirando alza los ojos al cielo.
    Algunas nubes ligeramente navegan el azul oscuro del cielo. Acarician la luna, cubriéndose de luz, aclarándose por partes.
    ‘Es bella, verdad?’
    Chicco responde simplemente ‘Si’, sin apreciar verdaderamente toda la belleza de esa noche. Babi mira a lo lejos. Las casas, los techos, los prados a los bordes de la ciudad, las filas de altos pinos, una larga carretera, las luces de un automóvil, sonidos lejanos. Si solo pudiera ver mejor, si daría cuenta de esos muchachos que corren, riendo y sonando las cornetas. Quizás reconocería a aquel tipo de la moto. Es el mismo que había encontrado una mañana mientras iba a la escuela. Y que se estaba avecinando.
    Chicco la abraza y le toca los cabellos.
    ‘Estas bellísima esta noche.’
    ‘Esta noche?’
    ‘Siempre.’
    ‘Así esta mejor.’
    Babi se deja besar.

    Mucho mas lejos en la misma ciudad.
    En una perfecta camisa blanca, con pocos cabellos en la cabeza y gotas de sudor, un mesonero gordito pasa entre todos los invitados con una bandeja de plata. Cada tanto una mano sale de un grupo de personas y se adueña de un cóctel ligero con pedazos de fruta flotando adentro. Otra, mas veloz, coloca un vaso vacio. En el borde, marcas de labial. Se puede ver perfectamente donde la mujer ha bebido y que tipo de labios tiene. El mesonero piensa que seria divertido reconocer que mujer habrá sido tan solo por los vasos. Eróticas huellas digitales. Con este pensamiento vuelve a entrar en la cocina, donde olvida rápidamente esa fantasía a la Sherlock Colmes. La cocinera lo regaña recordándole de llevar la bandeja con los pasapalos fritos.
    ‘Querida, estas muy bien.’
    En la sala una mujer de cabellos muy colorados se gira hacia la amiga y le sonríe, siguiendo el juego.
    ‘Pero has hecho alguna cosa?’
    ‘Si, me he encontrado un amante.’
    ‘Ah si? Y que hace?’
    ‘El cirujano plástico.’
    Ríen las dos. Después agarrando una alcachofa frita, se mueven mas hacia un lado y le confiesa el secreto.
    ‘Me he inscrito en el gimnasio de Barbara Bouchet.’
    ‘Ah si? Como es?’
    ‘Fabulosa! Deberías venir.’
    ‘Lo haré seguramente.’
    Y queriendo preguntarle cuanto cuesta el mes, piensa que lo descubrirá por su cuenta, en el verdadero sentido de la palabra. Después se apodera de una mozzarella frita y la manda a la barriga serena, total después se lograría deshacer de ella.
    Claudio saca el paquete de Marlboro y se prende un cigarrillo. Deja salir el humo, saboreándolo hasta el fin.
    ‘Hey, tienes una corbata bellísima.’
    ‘Gracias.’
    ‘Te queda verdaderamente bien, en serio.’ Claudio muestra orgulloso su corbata vinotinto y después, por instinto, baja el cigarrillo escondiéndolo y busca a Raffaella. Mira alrededor, se encuentra con algunas caras recién llegadas, los saluda sonriendo, y después, al no encontrarla le da otra fumada mas tranquilo.
    ‘Muy bella, verdad? Es un regalo de Raffaella.’
    Una mesita baja de marfil, con aceitunas y pistachos reunidos en pequeños envases de plata. Una mano acompañada de uñas bien cuidadas deja caer las partes inservibles de un pistacho.
    ‘Estoy preocupada por mi hija.’
    ‘Porque?’
    Raffaella logra mostrarse bastante interesada, aquel intento de conservar la confianza de Marina.
    ‘Frecuenta un bueno para nada, uno que no hace nada, uno que esta siempre en la calle.’
    ‘Y de cuando se están viendo?’
    ‘Ayer han celebrado seis meses. Lo supe por mi hijo. Sabes que cosa ha hecho el, eh, sabes que cosa ha hecho?’
    Raffaella deja caer un pistacho muy cerrado. Ahora esta sinceramente interesada.
    ‘No, dime.’
    ‘La ha llevado a la pizzería. Pero te das cuenta? En una pizzería en la calle Vittorio’
    ‘Bueno, pero estos muchachos no trabajan, quizás los padres…’
    ‘Si, pero quien sabe de quien nace… le ha llevado doce rosas feas, pequeñas, de esas que apenas llegas a la casa y se caen los pétalos. Seguramente la habrá comprado en el semáforo. Esta mañana en la cocina le he preguntado: ‘Gloria, que es este horror?’. ‘Mama, no te atrevas a botarlas!’ Imaginate! Pero cuando regreso de la escuela no eran mas. Yo le dije que había sido Ziua, la señora de servicio filipina, entonces se ha puesto a gritar y se marcho lanzando la puerta.’
    ‘Acerca de estas historias no debes absolutamente obstaculizarla, sino es peor, que después Gloria se obstina. Déjala ser, veras que terminara por su cuenta. Y ha regresado?’
    ‘No, ha llamado diciendo que iba a dormir donde la Piristi, aquella linda muchacha rubia, un poco rellenita, la hija de Giovanna. El es el administrador de la Serfim, ella se ha arreglado toda. Justamente, se lo puede permitir.’
    ‘En serio? Pero si no se nota…’
    ‘Usan esta nueva técnica, te estiran desde atrás de las orejas. Es perfectamente invisible. Entonces, puede salir con Babi? Me daría tanto gusto.’
    ‘Pero claro, estas bromeando?, le diré que la llame.’
    Finalmente Raffaella se concede un pistacho. Esta mas abierto que los otros. Deja su cáscara por la boca de ella, y para el no es un intercambio conveniente.
    ‘Filippo? Raffaella ha dicho que convencerá a Babi de llevar a Gloria con su grupo.’
    ‘Ah, Buenísimo, te lo agradezco.’
    Filippo, un hombre joven, con la cara reposada, parece estar mas interesado también a los pistachos que a las vivencias de su hija. Se dobla hacia delante, apoderándose de aquel que Raffaella había ya elegido como su futura victima. Ella lo guarda sospechosa detrás de las orejas, buscando también en el alguna señal de aquella inesperada juventud.
    ‘Hola Claudio.’
    ‘Estas Bellísima.’
    Una sonrisa perfecta dice ‘Gracias’, y mirándolo se aleja con un vestido que costaría al menos ciento cincuenta euros. Lo habrá hecho a propósito? En su pensamiento lentamente ese vestido largo se desaparece e imagina que ropa intima llevara debajo, pero después le viene una duda: habrá alguna cosa que dejar a la imaginación? Justo en ese momento llega Raffaella. Claudio da una ultima probada al cigarrillo y la apaga veloz en el cenicero.
    ‘Dentro de un poco comenzamos a jugar. Te aconsejo, no hagas como siempre. Cuando no llega la carta, después de un poco que no logres Gin, retirate.’
    ‘Y si tiene mas bajo que yo?’
    ‘Retirate cuando tengas bajas.’
    Claudio sonríe compuesto. ‘Si querida, como quieras.’ El cigarrillo paso invisible.
    ‘Por cierto, te había dicho que no fumaras.’
    Equivocado.
    ‘Pero una sola, no me hace mal…’
    ‘Una o diez… es el olor lo que me fastidia.’
    Raffaella se va hacia la mesa verde. También el resto toman asiento. No hay nada que hacer, no se le escapa nada. Sentándose Raffaella mira bastante a la mujer del vestido de cincuenta y cinco euros. Por un momento Claudio tiene miedo que lea también el pensamiento.

    Roberta, eufórica por sus dieciocho años, por la fiesta que sale a la perfección, corre al intercomunicador.
    ‘Respondo yo.’ Pasando a un tipo que estaba por allí con un plato lleno de pizzas pequeñas.
    ‘Hola. Esta Francesca verdad?’
    ‘Francesca quien?’
    ‘Giacomini, una rubia.’
    ‘Ah si, que le debo decir?’
    ‘Nada, si me abres. Soy su hermano, le debo dejar las llaves.’
    Roberta oprime una vez el botón del intercomunicador, después para estar segura de haberlo abierto, lo presiona de nuevo. Va a la cocina, toma dos grandes Coca-Colas del refrigerador y se dirige hacia la sala. Encuentra una chica rubia que esta hablando con un chico con los cabellos llenos de gelatina y echados hacia atrás.
    ‘Francesca, esta subiendo tu hermano…’
    ‘Ah…’ es la única cosa que Francesca logra decir. ‘Gracias.’
    Y después de haberlo dicho se mantiene con la boca abierta. El muchacho a su lado pierde un poco su estaticidad y se concede un ligero estupor.
    ‘France’, pasa algo malo?’
    ‘No, no pasa nada malo, aparte del hecho que yo soy hija única.’
    ‘Eso, aquí es.’ El Siciliano y Hook leen de primeros la tarjeta en el timbre del cuarto piso. ‘Son los Micchi, no?’
    Schello suena el timbre.
    La puerta se abre casi de inmediato.
    Roberta se mantiene en la puerta, mira el grupo de chicos musculosos y despeinados. Están vestidos un poco casual, piensa tan amablemente.
    ‘Puedo hacer alguna cosa?’
    Schello se le para enfrente: ‘Buscamos a Francesca, soy su hermano.’
    Como por magia, Francesca aparece en la puerta, acompañada por el chico con quien hablaba.
    ‘Ah, aquí esta, tu hermano.’
    Roberta se aleja. Francesca mira preocupada el grupo.
    ‘Y quien seria mi hermano?’
    ‘Yo!’ Lucone alza la mano.
    Pollo también la alza ‘Yo también, somos gemelos, como en el film de Schwarzenegger. El es el gafo.’ Todos se ríen.
    ‘Nosotros también somos hermanos’ Uno después del otro alzan la mano. ‘Si, nos queremos mucho.’
    El acompañante de Francesca no esta entendiendo todo. Opta por una expresión que combina muy bien con su cabello.
    Francesca se dirige hacia Schello firme.
    ‘Pero como te ha venido a la mente de venir con toda esta gente, eh?’
    Pollo sonríe, arreglándose la chaqueta: el resultado es siempre pésimo.
    ‘Esta fiesta me parece un velorio, al menos la avivamos un poco, anda Francesca no te molestes.’
    ‘Y quien se esta molestando? Basta con que se vayan.’
    ‘Ah Sche’, ya me canse de esperar, Permiso?’ El Siciliano, sin esperar que Francesca se quite de la puerta, entra.
    El acompañante pegostoso de repente entiende todo: coleados. Y con un resplandor de inteligencia se aleja alcanzando a los verdaderos invitados en la sala. Francesca trata de pararlos.
    ‘No Schello, anda, no puedes entrar’
    ‘Disculpa, permiso, disculpa’
    Imposible, uno detrás del otro todos pasan: Hook, Lucone, Pollo, Bunny, Step y los otros.
    ‘Anda France’, no seas así, veras que no pasara nada.’
    Schello la toma bajo su brazo.
    ‘Y si pasa algo, como va a ser culpa? Es de tu hermano por haberse traído toda esta gente…’ Después, como si se preocupara que alguno entrara sin invitación, cierra la puerta.
    El Siciliano y Hook se lanzan literalmente en el buffet, devorando panes con salami, suaves, con la mantequilla regada en la parte superior, esa redonda, pero no la prueban, lo tragan directamente sin masticarla. Se ha vuelta casi una competencia. Y mas pizzas, sándwiches mezclados de pastas dulces y pequeños chocolates.
    Al final el Siciliano se ahoga. Hook le da golpes cada vez mas fuertes en la espalda, la ultima tan fuerte que el Siciliano comienza a toser, escupiendo pedazos de comida en lo que quedaba del Buffet. La mayor parte de los invitados que estaban cerca se meten inmediatamente a dieta. Schello comienza a reír como loco, Francesca a preocuparse seriamente.
    Bunny gira por el salón. Parece un cuidadoso coleccionista: agarra los objetos pequeños, se los lleva cercano a los ojos, revisa los números estampados y si son de plata se los mete en el bolsillo.
    Rápidamente lo fumadores son obligados a botar las cenizas en las plantas.
    Pollo, como buen profesional, busca rápido el cuarto de la madre. Lo encuentra. Ha sido sabiamente cerrado con llave. Pero la llave la han dejado puesta en la cerradura. Ingenuos. Pollo abre la puerta. Las carteras de las muchachas están todas en la cama, ordenadamente. Comienza a abrirlas, una después de la otra, sin mucho esfuerzo.
    Las billeteras esta casi todas llenas, es propiamente una bella fiesta: gente de clase, nada mas que decir. En el corredor Hook fastidia a una amiga de Pallina con miradas y comentarios fastidiosos. Un muchacho, un poco menos gelatinado que los otros, trata de darle un vago concepto de educación. Se lanza en una discusión verbal. Remediada al aire con un puño que fue mucho mas pesado que los comentarios que le tocaron a su chica. Hook no soporta los sermones. Su padre es abogado, ama las palabras al menos tanto como su hijo odia la idea de estudiar derecho.
    Pallina, quizás por la emoción, se acuerda de tener ella también problemas en la mente, disculpándose con el resto:
    ‘Se me ha corrido el rimel, voy al baño a arreglarme el maquillaje.’ Cosa que serviría mucho al tipo, que se aleja en silencio, con su chica en la mano y los cinco dedos de Hook estampados en la cara.
    Pollo lanza la ultima cartera en la cama.
    ‘Caramba! Que robo… tienes una cartera así, vas a una fiesta así, y te llevas solo diez euros? Pero de verdad que eres pobre!’
    Esta por marcharse cuando nota que en la silla vecina, apoyada en un cojin y escondida por una chaqueta esta una cartera. La agarra. Es una bella cartera elegante y pesada, de cuero y dos líneas atadas que la cierran. Debe estar bien rica, si la propietaria se preocupa tanto por esconderla. Pollo comienza a abrir el nudo de las dos piezas atadas, maldiciendo su vicio de comerse siempre las uñas. Uno puede sufrir de falta de afecto, esta bien, quizás de falta de dinero. Pero nunca de ambas cosas a la vez. Finalmente desata el nudo. Justo en ese momento se abre la puerta. Pollo esconde la cartera detrás de la espalda. Una chica de cabello oscuro, sonriente, entra tranquila. Cuando lo ve, se para.
    ‘Cierra la puerta.’
    Pallina obedece. Pollo saca la cartera de atrás y comienza a buscar dentro. Pallina asume una expresión disturbada. Pollo ve que lo esta mirando.
    ‘Entonces, se puede saber que quieres?.’
    ‘Mi cartera.’
    ‘Que esperas? Agarrala no?’
    Pollo indica la cama llena de carteras ya vaciadas.
    ‘No puedo.’
    ‘Porque?’
    ‘Porque un idiota la tiene en las manos.’
    ‘Ah.’ Pollo sonríe. Mira mejor a la muchacha. Es muy linda con los cabellos negro, un copete hacia atrás y la mueca de la boca ligeramente molesta. Naturalmente tiene una falda elegante. Pollo busca la billetera, la agarra.
    ‘Toma…’ le lanza la cartera. ‘Basta que la pidas…’
    Pallina agarra la bolsa en el aire. Y comienza también a buscar algo adentro.
    ‘Sabes que no se busca en las carteras de las señoritas, no te lo ha dicho tu madre?’
    ‘Nunca he hablado con mi madre. Hey, sin embargo, tu deberías tener una charla con la tuya.’
    ‘Porque?’
    ‘Bueno, no puede ser que te manda solo con cincuenta euros.’
    ‘Es mi semana.’
    Pollo se los mete en el bolsillo.
    ‘Era.’
    ‘Quiere decir que estaré a dieta.’
    ‘Entonces te hice un favor.’
    ‘Cretino!’
    Pallina consigue lo que buscaba, y después deja la cartera.
    ‘Cuando hayas terminado mete la billetera de nuevo. Gracias.’
    ‘Escucha, ahora que comienzas a estar a dieta, quizás mañana te invito a comer una pizza.’
    ‘No gracias, cuando yo pago quiero tener al menos la libertad de elegir con quien voy.’ Se va hacia la puerta.
    ‘Hey, espera un momento.’
    Pollo la alcanza.
    ‘Que has agarrado?’
    Pallina se lleva la mano hacia la espalda. ‘Nada que te deba interesar.’
    Pollo le agarra los brazos.
    ‘Eso lo diré yo. Enséñame.’
    ‘No, déjame ir. Ya agarraste el dinero, no? Que quieres ahora?’
    ‘Eso que tienes en tus manos.’
    Pollo trata de agarrarla. Pallina apoya su pecho en contra de el, alejando lo mas posible su pequeña mano cerrada.
    ‘Dejame, ve que sino me pongo a gritar.’
    ‘Y yo te agarro a nalgadas.’
    Pollo finalmente alcanza su pulso y lo lleva hacia el. Le agarra el brazo con el pequeño puño cerrado, decidido, enfrente.
    ‘Mira, si me lo abres te juro que no te hablare nunca mas…’
    ‘Entenderas, nunca habíamos hablado sino hasta hoy, no moriré…’
    Pollo agarra la pequeña suave mano de la chica y comienza a empujarle con las palmas los dedos hacia atrás. Pallina trata de resistir. Inútilmente. Con las lagrimas en los ojos, llevandose el peso hacia atrás para darle mas fuerza a sus dedos. ‘Te lo pido, sueltame.’ Pollo continúa sin darle ventaja. Al final, uno después del otro, los dedos se doblan, vencidos, revelando su secreto.
    En la mano de Pallina estaba la explicación de aquellos puntos rojos en la cara y del seno crecido. El motivo de ese nerviosismo que, una vez al mes, agarra antes o después a cada joven muchacha y que cuando no llega las pone aun más nerviosas o las hace ser mama. Pallina se queda allí, frente a el, en silencio, mortificada. Ha sido humillada. Pollo, sentándose en la cama, comienza una risa ensordecedora.
    ‘Entonces mañana no, que no te invito a cenar. Sino entonces después que haremos? Nos contamos chistes?!’
    ‘Ah no, eso no, no conozco tan estupidos como para hacerte reír! Y el resto de seguro que no los entenderías.’
    ‘Hey, fuerte la niña!’ Pollo queda herido.
    ‘De todas formas estoy segura que ya te divertí bastante.’
    ‘Porque?’
    Pallina se masajea los dedos. Pollo se da cuenta. ‘Me has hecho mal, no era eso lo que querías?’
    ‘Si apenas se pusieron rojos, no seas exagerada, dentro de un rato se te pasa.’
    ‘No hablaba de mi mano.’ Lo dice antes de ponerse a llorar.
    Pollo se queda allí, sin saber muy bien que hacer. Todo eso que le viene en mente es de poner de nuevo su billetera y sus cosas en la cartera. Claro, no de restituirle los cincuenta euros.
    El DJ, un tipo musical, con el cabello ligeramente más largo que el resto para resaltar su aspecto artístico, se agita controlando todo a tiempo. Sus manos se mueven adelante y atrás de los dos discos, mientras un audífono le da la posibilidad de escuchar antes lo que va a sonar y así evitar una vergüenza por una entrada equivocada.
    Step gira por la fiesta, se mira alrededor, escucha distraído estupidos discursos de chicas de dieciocho años: vestidos costosos vistos en vitrinas, motos no compradas por sus padres, noviazgos imposibles, cuernos asegurados, aspiraciones frustradas.
    De la ventana en el fondo del salón, esa que da a la terraza, entra un poco de viento. Las cortinas vuelan ligeramente mientras que se quedan atadas con la ventana. Se ven manos que las empujan tratando de abrir la ventana. Un buen chico elegante ha logrado empujarla mejor, consiguiendo el lugar y fuerza justa. Poco después, a sus espaldas aparece una chica. Ríe divertida de esa pequeña dificultad. La luz de la luna, que viene detrás, ilumina ligeramente su vestido volviéndolo por un momento transparente.
    Step se queda mirándola. La chica mueve los cabellos, sonríe al tipo. Muestra sus dientes blancos y bellísimos. Aun de lejos se puede sentir la intensidad de su mirada. Sus ojos azules, profundos y pulidos. Step se acuerda de ella, de su encuentro, ya se han visto. O quizás es mejor llamarlo un encontronazo. Los dos se dicen algo. La chica asienta con la cabeza y sigue al muchacho hacia la mesa de las bebidas. De repente, Step también tiene ganas de beber.
    Chicco Brandelli lleva a Babi a través de los invitados. Le toca apenas la espalda con la palma de la mano, probando a cada paso un poco de su perfume ligero. Babi saluda algunos amigos que han llegado mientras ella estaba en la terraza. Llegan a la mesa con las cosas de beber. Repentinamente un tipo se pone frente a Babi. Es Step.
    ‘Bueno, he visto que me has hecho caso, estas buscando como resuelves tu problema’ dice indicando con la cabeza a Brandelli ‘Entiendo que es solo un primer intento. Pero podría ser. Claro, si no has podido encontrar algo mejor…’
    Babi lo mira, desconcertada. Lo conoce, pero no le parece simpático. O si? Que ha sucedido con ese tipo?
    Step le refresca la memoria.
    ‘Te he acompañado a la escuela una mañana, hace unos días atrás.’
    ‘Imposible, yo voy a escuela siempre con mi papa.’
    ‘Tienes razón, digamos que te he escoltado. Estaba pegado a tu carro.’
    Babi recordando lo mira molesta.
    ‘Veo que finalmente te acuerdas.’
    ‘Cierto, eras ese tipo que decía un poco de idioteces. Nunca cambias, eh?’
    ‘Porque debería, soy perfecto.’ Step alarga los brazos mostrando su físico.
    Babi piensa que al menos desde ese punto de vista tiene razón.
    Es el resto lo que no cuadra. Comenzando desde su apariencia hasta su modo de comportarse.
    ‘Ves, no dices que no.’
    ‘Tampoco te respondo.’
    ‘Babi, te esta fastidiando?’ Brandelli tiene la mala idea de entrometerse. Step ni siquiera lo mira.
    ‘No, Chicco, Gracias.’
    ‘Entonces, si no te estoy fastidiando, te estoy agradando…’
    ‘Me eres completamente indiferente, aunque diría que me fastidias ligeramente, para ser precisa.’
    Chicco trata de cerrar esa discusión dirigiéndose a Babi.
    ‘Quieres algo de beber?’
    Step responde por ella.
    ‘Si, gracias, sírveme una Coca-Cola, esta bien?’
    Chicco no le presta atención. ‘Babi quieres algo?’
    Step por primera vez lo mira. ‘Si, una Coca, ya te lo dije, apurate.’
    Chicco se queda mirándolo con un vaso en la mano.
    ‘Apurate, no escuchas, gusano?’
    ‘Dejalo así.’ Babi interviene quitándole el vaso de la mano de Chicco. ‘Lo hago yo.’
    ‘Ves, cuando eres gentil te ves mucho mas linda.’
    Babi agarra la botella.
    ‘Toma, y cuidado a que no la derrames.’ Después lanza el vaso lleno de Coca-Cola en la cara a Step bañándolo completo.
    ‘Te dije que tuvieras cuidado, eres todo un niño eh?, no sabes siquiera beber.’
    Chicco comienza a reírse. Step le da un empujón tan fuerte que lo hace volar hacia un mesón bajo, lanzando todo lo que tenia arriba. Después agarra por los bordes el mantel que tiene encima las cosas de beber. Tira fuerte, tratando de hacer como algunos ilusionistas, pero el numero no le sale. Una decena de botellas se derraman volando por los muebles vecinos y encima de los invitados. Algunos vasos se rompen. Step se seca la cara.
    Babi lo guarda asqueada.
    ‘Eres de verdad una bestia.’
    ‘Tienes razón, tengo ganas de una bella ducha, estoy todo pegostoso. Es culpa tuya, así que la harás conmigo.’
    Step se dobla veloz agarrandola por las piernas y cargándola sobre su espalda. Babi se trata de liberar furiosamente.
    ‘Dejame tranquila, bajame! Ayúdenme!’
    Ninguno de los invitados interviene. Brandelli se alza y trata de pararlo. Step le da una patada en la barriga que lo hace terminar contra de un grupo de invitados. Schello ríe como un loco, baila con Lucone dándole golpes en la cabeza a esos que pasan. Alguno reacciona. Cercano al Dj se echa a reír. Roberta, preocupada, se para en la puerta, mirando estupefacta su salón devastado.
    ‘Disculpa, donde esta el baño?’
    Roberta, sin siquiera preocuparse de aquel tipo con una chica en sus espaldas, se lo indica.
    ‘Por allá.’
    Step le agradece y sigue la indicación. Llegan el Siciliano y Hook, cargados de huevos y tomates. Comienzan a lanzar a cuadros, paredes e invitados, sin hacer alguna distinción, lanzando con violencia, para lastimar. Brandelli va donde Roberta.
    ‘Donde esta el teléfono?’
    ‘Por allá.’ Roberta indica una dirección opuesta al baño. Le parece de ser un policía que trata de dirigir el trafico, o mejor el caos terrible que han comenzado en su salón. Sin embargo, no tiene la autoridad de darles una multa a todos y apresarlos. Alguno, mas tranquilo o mas villano que los otros, se avecina besándola.
    ‘Adios Roberta, muchas felicidades. Me lamento, pero nosotros nos vamos, eh?’
    ‘Por allá.’ Ahora molesta, indica la puerta de la casa de la cual, si no fuera suya, quisiera huir.
    ‘Paralo, te dije que me bajaras. Haré que me la pagues…’
    ‘Y quien me castigara? Esa especie de estampilla elegante que se la da de mesonero?’
    Step entra en el baño y abre la puerta corrediza de la ducha. Babi se agarra con las manos, tratando de pararlo.
    ‘No! Ayuda! Ayúdenme!’
    Step gira de nuevo, le agarra las manos liberándolas fácilmente.
    Babi decide cambiar táctica. Trata de hacerse la tierna.
    ‘Anda, esta bien, esta bien discúlpame. Ahora bajame, por favor.’
    ‘Que quieres decir por favor? Me tiraste la Coca-Cola en la cara y ahora me dices por favor?’
    ‘Esta bien, me he equivocado al lanzártela.’
    ‘Yo se que te equivocaste.’
    Step entra en la ducha, baja terminando directo debajo del chorro. ‘Pero ahora el daño esta hecho. A este punto me debo bañar, sino después dices que soy pegostoso también.’
    ‘Pero no, que importa.’ Un chorro de agua la golpea en plena cara, ahogándole casi las palabras en la boca. ‘Cretino!’ Babi se agita buscando de huirle al agua, pero Step la tiene firme haciéndola girar para bañarla toda. ‘Dejame, idiota, bajame!’
    ‘Esta muy caliente?’ Step, sin esperar respuesta, gira la manilla de temperatura que esta justo enfrente de su cara. Lo lleva todo hacia el azul. El agua se vuelve rápidamente fría. Babi grita.
    ‘Eso es lo que necesitas, una bella ducha helada para calmarte un poco. Sabes que esta muy bien darse duchas heladas y después hirvientes?’ Y regresa el termostato hacia el rojo. El agua comienza a humear. Babi grita aun mas fuerte.
    ‘Ay! Quema! Cierrala, cierrala!’
    ‘Mira que de verdad es bueno, abre los poros, facilita la circulación, llega mas sangre al cerebro, así se razona mejor y puedes entender que hay que comportarse bien con la gente… ser buenos y quizás servir una Coca-Cola, no tirarsela en la cara.’
    Schello entra en ese momento.
    ‘Rápido Step, vamonos. Uno ha llamado la policía.’
    ‘Como lo sabes?’
    ‘Lo he escuchado. Lucone me ha lanzado un huevo en la frente, fui a lavarme y lo encontré en el teléfono. Lo escuche con mis propios oídos.’
    Step cierra la ducha y pone a Babi en el suelo. Schello, mientras tanto, abre algunas gavetas alrededor del espejo. Consigue algunos anillos y cadenas, cosas de poco valor, pero se las mete en los bolsillos igualmente. Babi, con los cabellos en la cara, completamente bañados, esta apoyada en el muro de la ducha buscando recuperar el aliento. Step se quita la camiseta. Agarra una toalla y comienza a lavarse. Abdominales perfectos. Su piel, lisa y estirada, se mueve tensa entre los escalones de sus musculos.
    Step la mira sonriendo.
    ‘Te conviene secarte, sino puedes agarrar un resfriado.’
    Babi se quita con la mano los largos cabellos bañados que le cubren la cara. Descubre sus ojos. Están molestos y decididos. Step finge tener miedo.
    ‘Uy, hagamos como si no dije eso.’ Continua a friccionar sus cabellos. Babi se mantiene sentada en el suelo. Su traje bañado se ha vuelto transparente. Debajo del tejido de flores lila se ven bordados de un sostén claro, quizás combinado con sus panties. Step se da cuenta.
    ‘Entonces, quieres o no una toalla?’
    ‘Vete a lavarte el culo.’
    ‘Que palabras! Pero como, una chica tan buena como tu dice estas cosas? Recuerdame la próxima vez que tomemos una ducha juntos te debo lavar la boca con jabón. Esta claro? Recuerdamelo, eh?’
    Escurre la camisa y poniéndosela en los hombros sale del baño.
    Babi lo mira al alejarse. En su espalda todavía mojada, algunas pequeñas gotas de agua se deslizan entre los nervios y musculos sobresalientes y bien delineados. Babi agarra un champú que consigue en el suelo y se lo lanza. Sintiendo el ruido, Step baja la cabeza por instinto.
    ‘Ah, ya entiendo porque estas tan molesta, se me olvido lavarte con champú. Esta bien, pronto regreso.’
    ‘Vete! Ni lo intentes…’
    Babi cierra veloz la puerta transparente de la ducha. Step mira sus pequeñas manos aferradas al vidrio.
    ‘Toma!’ le lanza el champú por arriba, a través del vidrio abierto en lo alto de la ducha.
    ‘Yo se que te gusta hacerlo por ti misma… como muchas otras cosas… del resto!’ y después con una risa fuerte sale del baño.
    Con la palabra policía, en el salón hay una huida general. La pelea termina rápido. Lucone, el Siciliano y Hook, del pasado mas tormentoso, son los primeros a alcanzar la puerta. Algunos invitados se mantienen en la tierra sangrando. Roberta, en un lado, llora. Otros muchachos ven los energúmenos salir con sus plumas, los Henri Lloyd, cualquier Fay y chaquetas costosas. Bunny, con un extraño sonido a platería, se aleja mas pesado de lo normal. Corren por las escaleras, veloces, haciendo temblar el pasamanos donde se agarran para ayudarse en las curvas. Rompen vasijas costosas con sus elegantes aterrizajes. Vacían los buzones de las cartas con sus patadas precisas, derecha a derecha, gritando y, después de haber robado cualquier silla de moto, desaparecen en la noche.

    ‘Big’ Raffaella pone decidida las cartas sobre el mantel verde, mirando satisfecha a su adversaria. Una mujer con los lentes grandes, al menos como su lentitud.
    ‘Bajalas ya, mi querida…’
    Casi se le caen de las manos. Raffaella se apodera velozmente.
    ‘Esta la pones aquí, esta es así y esta ultima acá. Esta la pagas toda.’
    Hace una cuenta mental veloz, después escribe el resultado parcial en una hoja. Se alza y se pone detrás de la espalda de Claudio apoderándose también se su hielo, y después de cualquier descarto lo convence de intentarlo. También su compañero hace Gin. Raffaella marca feliz los puntos. Si no fuera por el Ander que Claudio se dejo hacer, le hubieran ganado también en la segunda mano. Toma las cartas y comienza a mezclarlas velozmente. La mujer de los lentes grandes ve sus cartas. Hasta en esto no fracasa. Es lentísima. Raffaella no soportaría perder, no tanto por el puntaje, porque esta bastante adelantada, sino porque repartir las cartas le tocaría a esa mujer. En las mesas cercanas, una cadena perdedora que lleva mucho tiempo convence a alguien de cambiarse, culpando así a todas esas cosas negativas de la mala suerte. Algún otro usa el cenicero, apenas vaciado por la dueña de la casa. Un abogado se sirve un whisky, exactamente justo hasta el final de los diseños del vidrio. La medida justa para ganar, manteniendose más o menos sobrios. Algunas parejas aparentemente mas enamoradas que otras se intercambian un saludo afectuoso antes de volver a prestar atención a las cartas en mano. En realidad es mas una especie de ritual mágico en vez que un desinteresado ‘te quiero’. Cualquier pareja se va, justificándose con tener que madrugar temprano o que los hijos no han llegado todavía. En realidad, o el ha estado mal últimamente o ella se ha fastidiado esa noche. Entre estos también se encuentran Marina y Filippo. Saludan a todos, agradeciendo a la dueña de la casa, mintiendo acerca de la esplendida velada. Marina besa a Raffaella después, con una sonrisa mas larga de lo normal, recuerda la promesa secreta con respecto a las hijas.
    Del portón 1130 de la calle Cassia sale un grupo de invitados. Comentando lo sucedido. Un muchacho parece tener mas cosas que contar que el resto. Seguramente tiene razón, a juzgar por su labio hinchado. Después de diversas, estupidas e inútiles preguntas, la policía se marcho de la casa de Roberta. La única que sabia algo era una tal Francesca, que viendo la fiesta destruirse se marcho rápidamente, llevándose con ella su cartera vacía y los nombres de los culpables.
    En el caos general, Palombi y Daniela, junto con el resto de los invitados, huyeron. Babi, completamente mojada, había perdido a su hermana. Compensándolo, Roberta le consiguió un pantalón que le quedan muy bien y un suéter de su hermano mayor que le queda casi dos veces su talla.
    ‘Deberias ir así mas seguido a las fiestas, te ves fascinante.’
    ‘Chicco, todavía tienes ganas de bromear?’ Los dos salen del portón. ‘Perdi a mi hermana y he arruinado el vestido Valentino.’
    Muestra un elegante empaque plástico con un nombre diferente de aquel del vestido mojado pero igualmente famoso.
    ‘Y como si no fuera suficiente, si mi mama ve que regreso a casa con los cabellos mojados, habrá problemas.’ Las mangas del suéter le cubren sus pequeñas manos. Babi se las remanga, tirandolas hasta el codo. Después de apenas un paso, bajan de nuevo desagradablemente.
    ‘Ese es, es el.’ Detrás de las cajas de limpieza Schello indica decidido a chico Brandelli. Step lo mira.
    ‘Estas seguro?’
    ‘Segurisimo. Lo he escuchado con mis orejas.’
    Step reconoce a la chica que esta con ese infame, aun si su disfraz es perfecto. No se olvida tan fácilmente a una mujer que insiste tanto para bañarse contigo.
    ‘Vamos a avisar a los demás.’
    Babi y Chicco van hacia una calle pequeña.
    ‘Ahora, tu porque no interviniste cuando ese idiota me metió bajo la ducha?’
    ‘Que iba a saber yo, en ese momento fui a llamar a la policía.’
    ‘Ah, fuiste tu?’
    ‘Si, la situación se estaba saliendo de control, todos golpeándose… has visto a Andrea Mannelli, el labio como se lo pusieron?’
    ‘Si, pobrecito.’
    ‘Pobrecito? Ese se casaría con ese labio, imaginate. Quien sabe que contara después. El solo contra todos, el héroe de la velada. Lo conozco como mis bolsillos. Aquí estamos, esta es.’
    Se paran de frente a un auto. Las flechas brillan mientras los seguros se sueltan al mismo tiempo. Es un tipo de alarma común, a diferencia de la BMW: ultimo modelo, nueva. Chicco le abre la puerta. Babi mira el interior perfecto, en madera oscura, los asientos de piel.
    ‘Te gusta?’
    ‘Mucho.’
    ‘La traje para ti. Sabia que te habría acompañado a casa esta noche.’
    ‘En serio?’
    ‘Cierto! En realidad todo fue estudiado. Aquel grupo de cretinos los llame yo. Imaginate, todo ese alboroto fue hecho solo para que pudiera estar yo a solas contigo.’
    ‘Bueno, entonces la historia de la ducha te la podías haber ahorrado, al menos hasta cuando la ropa estuviera a la altura de la situación, no?’
    Chicco ríe y cierra la puerta de Babi, después da la vuelta, se monta en el carro y sale.
    ‘En general, me he divertido esta noche. Si no hubiera sido por ellos, esa fiesta hubiera sido el usual velorio.’
    ‘No creo que Roberta piense lo mismo.’ Babi pone educadamente a sus pies el empaque plastificado. ‘Le han destruido la casa!’
    ‘Entenderas, que habrá, cualquier daño menor. Deberá repulir los muebles y mandar a la tintorería las cortinas.’
    Un sonido fuerte y sordo, duro, de hierro, rompe la atmósfera de elegancia y armonía en el interior del carro.
    ‘Que paso?’ Brandelli mira en el espejo lateral. De repente aparece la cara de Lucone. Se da cuenta de las risas. Detrás de el, Hook alza los pies y le da otro violento golpe al automóvil.
    ‘Son esos locos! Rápido acelera.’ Chicco acelera y comienza a correr. Las motos ligeramente agarran rápido velocidad y se mantienen al lado. Babi preocupada voltea a mirar detrás. Todos están allí, Bunny, Pollo, el Siciliano, Hook, con sus motos potentes, y en el medio esta Step. La chaqueta de cuero se infla abriéndose y mostrando su pecho desnudo. Step le sonríe. Babi vuelve a mirar al frente.
    ‘Chicco, corre lo vas rápido que puedas, tengo miedo!’
    Chicco no responde y continua a manejar continuamente empujando el acelerados, bajando por el final de la calle Cassia, en el frió de la noche. Pero la motos siguen ahí, a espaldas del carro, no se separan. Bunny acelera, Pollo extiende la pierna y con una patada golpea el faro posterior. El Siciliano da una patada a la puerta trasera izquierda, rayándola toda. Las motos se doblan a toda velocidad, alejándose y acercándose al carro, golpeándolo con fuerza. Sonidos sordos y no piadosos le llegan a los oídos de Chicco.
    ‘Coño, me la están destruyendo!’
    ‘Chicco no te atrevas a pararte, que después te destruyen a ti!’
    ‘No, pero les puedo decir alguna cosa.’ Oprime el botón de la ventanilla eléctrica, abriéndolo a la mitad. ‘Escuchen muchachos’ grita mientras trata de mantener la calma y sobretodo manejar bien.
    ‘Este carro es de mi padre y si…’ Un escupitajo lo golpea en plena cara.
    ‘Yahooo!, lo logre, cien puntos!’ Pollo salta detrás de Bunny, alzando los brazos al cielo en señal de victoria.
    Chicco, desesperado, se lava con un paño de tela mas costoso y verdadero que los guantes de Pollo. Babi mira asqueada aquella escupida obstinada, que se apega con dificultad a su cara, después oprime el botón cerrando la ventanilla antes de que la mira de Pollo busque disparar algo mas.
    ‘Trata de llegar al centro, quizás encontremos la policía.’
    Chicco lanza atrás el paño y continua a manejar. Comienzan a llegar los ruidos de carrocería golpeada y faros rotos. Cada uno de estos, piensa, son centenares de euros en daños y largos regaños de mi padre. Entonces, tomado por una rabia repentina, Chicco comienza a reír, como un loco, casi preso de una crisis histérica.
    ‘Quieren la guerra? Bien, la tendrán! Los golpeo a todos, los aplasto como ratas!’
    Le da un golpe al volante, el auto va a la derecha, después da un giro a la izquierda. Babi se agarra de la manecilla de la puerta, aterrorizada. Step y los demás, viendo el carro que moviéndose, se alejan frenando y acelerando contemporáneamente.
    Chicco mira en el espejo retrovisor. El grupo esta allí, detrás de el, siempre acechando.
    ‘Tienen miedo, eh? Bien, tomen esto!’ Presiona de repente el freno. Se siente el ABS. La maquina se para casi, aquellos con las motos a los lados la esquivan siguiendo derecho. Schello, que esta en el medio, trata de frenar, pero su Vespa con las ruedas lisas se mete en frente y termina contra el vidrio trasero. Schello cae a tierra. Chicco comienza a correr de nuevo a toda velocidad. Las motos, que se colocaron enfrente del auto se alejan por miedo a ser embestidos. Los otros se paran a socorrer al amigo.
    ‘Que hijo de perra!’ Schello se alza, tiene todos los pantalones rotos a la altura de la rodilla derecha. ‘Miren acá.’
    ‘Entenderas que con el salto que has dado te ha ido bien. Al menos solo tienes la rodilla raspada.’
    ‘Que carajo me importa la rodilla, aquel idiota me arruino los Levi’s, me los compre anteayer.’
    Todos ríen, divertidos y despreocupados, por el amigo, que no ha pedido la vida y mucho menos las ganas de bromear.
    ‘Yahooo, lo he jodido, les he ganado a esos bastardos!’
    Chicco golpea las manos felizmente sobre el volante. Mira de nuevo el espejo retrovisor. Solo un carro lejano. Se vuelve a asegurar. No hay nadie. ‘Idiotas, Idiotas!’ Salta en la silla. ‘Les di lo suyo!’
    Después se recuerda de Babi a su lado. ‘Como estas?’ Regresa a enseriarse mirándola preocupado.
    ‘Mejor, gracias.’ Babi se agarra de la manilla de la puerta arreglándose normal. ‘Pero ahora quiero irme a mi casa.’
    ‘Te llevo rápido.’
    Se para un momento en el Stop, después continua por el Puente Milvio. Chicco la mira de nuevo: los cabellos mojados le bajan por la espalda, sus ojos azules miran al frente todavía un poco asustados.
    ‘Lo siento por lo que paso. Te asustaste mucho?’
    ‘Bastante.’
    ‘Quieres tomar algo?’
    ‘No, gracias.’
    ‘Bueno, igual debo pararme un momento.’
    ‘Como quieras.’
    Chicco se para. Coloca el carro cerca de una fuente pequeña enfrente de una iglesia, se echa un poco de agua en la cara, quitándose los últimos posibles rastros de la saliva de Pollo. Después deja que el viento fresco de la noche le acaricie la cara mojada, relajándose. Cuando reabre los ojos, afronta la realidad. Su carro, o mejor dicho, el carro de su papa.
    ‘Hijos de…’ Susurra hacia su mismo, y fingiendo indiferencia le da un giro al carro, observa los daños, quita pedazos de faros rotos. Las puertas están todas llenas de golpes, el parachoques rayado. En algunos puntos se daño mucho la pintura. Hace una especie de cuenta mental. Por los mil euros. Si hubiera ido al programa ese donde se adivina el precio justo, no lo habrían seleccionado a el aun si estuviera en el publico. Le lanza una sonrisa a Babi, un poco forzada.
    ‘Bueno, hay que arreglarla un poco, tiene unas cuantas cositas.’
    No da tiempo a terminar la frase. Una moto azul marino oscura, con las luces apagadas lo ha seguido hasta allí, se para rugiendo a un paso de el. Chicco no logra siquiera girarse y viene empujado con violencia hacia el capo del carro. En la cuenta se añaden al menos otros quinientos euros. Step se le lanza encima con todo el peso de su cuerpo, dándole puñetadas en la cara, violentas, tratando de golpear la boca, lográndolo.
    Los labios comienzan rápido a sangrar.
    ‘Ayuda! Ayuda!’
    ‘Así la próxima vez aprendes a tener la boca cerrada, gusano, infame, pedazo de…’ Y mas puños, uno después del otro, golpeándole la cabeza contra el capo, haciendo siempre mas daño. Ahora, aparte del mecánico, el padre deberá pagar también un dentista.
    Babi baja del carro y, llevada por la rabia, comienza a golpear a Step con puños y patadas, dándole en la cabeza con el empaque plastificado del vestido.
    ‘Dejalo! Villano! Para!’
    Step se voltea y la aleja con un empujón violento. Babi va hacia atrás, tropieza con la acerca y pierde el equilibro terminando en tierra. Step se queda mirándola un momento. Chicco aprovecha y trata de entrar en el carro. Pero Step es mas veloz.
    Se lanza encima de la puerta bloqueándole el pecho. Chicco grita del dolor. Step lo agarra a golpes. Babi se alza del suelo adolorida. Comienza a gritar ella también buscando ayuda. Justo en ese momento pasa un carro. Son los Accado.
    ‘Filippo, mira! Que sucede? Pero esa es Babi, la hija de Raffaella!’
    Filippo frena y baja del carro, dejando la puerta abierta. Babi corre hacia el gritando:
    ‘Separenlos, rápido, se están masacrando!’
    Filippo se lanza hacia Step agarrandolo por detrás. ‘Quiero, déjalo tranquilo!’ Lo abraza, alejándolo de la puerta. Chicco finalmente libre de esa morsa, se masajea el pecho doloroso y entonces, aterrorizado, se monta en el carro y huye a toda velocidad.
    Step, buscando liberarse de los brazos del señor Accado, se dobla hacia delante y lanza con fuerza la cabeza hacia detrás. Lo golpea en plena cara. Los lentes del señor Accado vuelan rompiéndose, justo como su cavidad nasal que comienza a sangrar. Filippo asustado, con las manos en la nariz, perdiendo sangre, sin saber donde ir. Ahora, repentinamente miope de nuevo, casi llora por el dolor. Marina corre en ayuda de su marido.
    ‘Delincuente, desgraciado! No te acerques, no te atrevas a tocarlo!’
    Y quien quiere tocarlo! Quien se esperaba que fuera un viejo ese loco que le salto a las espaldas. Step mira en silencio esa mujer gritona.
    ‘Entendiste vándalo? Esto no termina aquí!’ Marina ayuda al marido a entrar al carro, después se sienta de conductora y se aleja con cualquier dificultad. La señora Accado maneja casi nunca, solo en casos excepcionales. Y ese lo es. No sucede todo el tiempo que el marido se pone a pelear en la calle.
    Babi se coloca enfrente de Step.
    ‘Eres una bestia, un animal, me das asco! No tienes respeto por nada ni nadie.’
    El la mira sonriendo. Babi mueve la cabeza.
    ‘No pongas esa cara de estupido.’
    ‘Se puede saber que quieres de mi?’
    ‘Nada, que puedo querer, que se le puede pedir a una bestia? Has golpeado a un señor, uno mas grande que tu.’
    ‘Primero, el me puso las manos encima, segundo, que coño sabia yo que era un señor? Tercero, peor para el que se mete en cosas que no le incumben.’
    ‘Ah si? Entonces uno que se mete en cosas que no le incumben tu lo golpeas en la cara, lo caes a puños! Cállate! Usaba lentes, ve…’ Agarra lo que queda de los lentes.
    ‘Se los rompiste, estas feliz? Sabes que es una ofensa golpear a alguien con lentes?’
    ‘Todavía? Ese cuento lo he oído desde que nací. Pero quien dijo esta cosa de los lentes?’ Step va hacia la moto, se monta. ‘Seguramente lo invento uno que usaba lentes villano, uno que tiene miedo de caerse a golpes, que por esto, usa lentes y cuenta estupideces.’ Step prende la moto.
    ‘Bueno, me despido.’ Babi mira alrededor. No pasa ninguno. La plaza esta desierta.
    ‘Como que te despides?’
    ‘Bueno como quieras, no me despido.’
    Babi suspira molesta.
    ‘Y yo, como regreso a casa?’
    ‘Y que coño se yo? Puedes hacer que te acompañe el amigo tuyo, no?’
    ‘Imposible, lo has asustado, hiciste que huyera.’
    ‘Ah, ahora es culpa mía.’
    ‘Y de quien mas? Anda, déjame subir.’ Babi va hacia la moto, alza las piernas de lado para montarse atrás. Step gira el manubrio. La moto se mueve ligeramente. Babi lo mira. Step se gira para observar su mirada. Babi trata de nuevo a montarse pero Step es mas veloz que ella y vuelve a adelantar la moto. ‘Anda, parate un momento. Pero que, eres cretino?’
    ‘Eh no, querida. Soy una bestia, un animal, te doy asco y ahora quieres montarte conmigo? Detrás de uno que no tiene respeto por nadie ni por nada? No, muy fácil! Se quiere coherencia en este mundo, coherencia.’
    Step la mira seriamente, como si le hubieran dado una cachetada.
    ‘De una así, nunca puedes aceptar un pasaje.’
    Babi entrecierra los ojos, esta vez por el odio que siente.
    Después se encamina segura por la calle Farnesina.
    ‘Tengo razón o no?’
    Babi no responde. Step ríe para si mismo, después acelera y la alcanza. Le camina a las espaldas, sentado en su moto. ‘Disculpa, yo lo hago por ti. Después te lamentas de haber aceptado. Es mejor que te quedes con tus ideas. Yo soy una bestia y tu caminas hacia tu casa, estas de acuerdo?’
    Babi no responde, atraviesa la calle, mirando derecho al frente. Se monta en la acera. Step hace lo mismo. Se alza en puntillas para no golpear la moto. ‘Cierto…’ continua a acompañarla con la moto.
    ‘Pero, sin embargo, si me pides disculpas, te arrepientes de lo que dijiste, y dices que te equivocaste… entonces no habría problema… yo te podría acompañar, porque en ese caso habría coherencia.’
    Babi atraviesa de nuevo la calle. Step la sigue. Acelera un poco acercándosele, con una mano le agarra el suéter.
    ‘Entonces? Es fácil, mira, repite conmigo: lo siento…’
    Babi le da un codazo, se libera de el y comienza a correr.
    ‘Hey, que modales!’ Step acelera y la alcanza poco después.
    ‘Entonces quieres caminar hasta tu casa? A propósito, donde vives? Lejos? Ah, entendí, quieres adelgazar. Si, de hecho tienes razón, no fue tarea fácil alzarte debajo de la ducha.’ Se le adelanta sonriéndole.
    ‘Y después, si quieres hacer otras cosas es mejor que pierdas cualquier kilito, no quisiera cansarme todos los días haciendo cosas así, eh? Porque yo ya se como eres. El clásico tipo de mujer que le gusta estar arriba, verdad? Entonces tienes que adelgazar a juro, sino con todo ese peso me aplastas.’
    Babi no puede mas. Agarra una botella que consigue en una esquina y se la lanza tratando de golpearlo. Step frena de golpe y baja de lado. La botella le pasa casi encima, pero la moto se apaga y cae de lado. Step alza el manubrio con fuerza, logrando pararla antes de que toque tierra. Babi comienza a correr. Step pierde un poco de tiempo encendiendo la moto.
    De una calle lateral sale, justo en ese momento, un tipo con una Golf viejo modelo. Mira a Babi correr sola y se le acerca.
    ‘Hey, rubia bella, necesitas la cola?’
    ‘Hey, horrible estupido, quieres un coñazo en la boca?’
    El tipo mira a Step que repentinamente se para entre los dos. Entiende que mejor se aleja. Se marcha moviendo la cabeza como indignado.
    Alza el brazo derecho, tratando de poner una actitud no muy definida, fingiendo ser superior para no admitir que se acobardo. Step mira como se aleja, después supera a Babi y se pone enfrente.
    ‘Dale, montate, basta con este juego.’
    Ella trata de seguir derecho. Step la acorrala con la moto hacia el muro. Babi trata de pasarle por detrás. Step la agarra por el suéter.
    ‘Te dije que te subieras!’
    La empuja molesto hacia el. Babi aleja la cara asustada. El mira esas ojos profundos que lo miran atemorizados. Lentamente la deja ir, después le sonríe.
    ‘Dale, te llevo a tu casa, sino esta noche terminara con que pelee con medio mundo.’
    En silencio, sin decir nada de donde vive, se monta detrás de el. La moto sale veloz, con rabia, adelantando al frente. Babi lo abraza por instinto. Sus manos terminan, sin quererlo, debajo de la chaqueta. Su piel es fresca, su cuerpo calido en el frió de la noche. Babi siente deslizarse debajo de sus dedos músculos bien delineados. Se alternan perfectamente a cada pequeños movimiento. El viento le corre por los cachetes, los cabellos mojados ondean en el aire. La moto se dobla, ella lo abraza mas fuerte y cierra los ojos. El corazón el comienza a batir fuerte. Se pregunta si es miedo. Siente el ruido de algunos carros. Están ahora en una calle mas grande, hace menos frió, voltea la cara y apoya su cara en su espalda, siempre sin mirar, dejándose llevar por ese subir y bajar, de ese sonido potente que siente debajo de ella. Después nada mas. Silencio.
    ‘Yo estaría así también toda la noche, bueno, quizás avanzaría, profundizaría, que se yo, conseguiría otras posiciones!’
    Babi abre los ojos y reconoce los negocios cerrados alrededor de ella, los mismo que ve todos los días desde hace seis años, desde que se mudaron a vivir allí. Baja de la moto. Step respira profundo.
    ‘Menos mal, me estabas triturando!’
    ‘Disculpa, tenia miedo, nunca había ido atrás en una moto!’
    ‘Siempre hay una primera vez para todo.’
    Justo en ese momento una Mercedes frena cerca de ellos. Raffaella sale del carro. No cree lo que ve.
    ‘Babi, te he dicho miles de veces que no quiero que vayas detrás en una moto. Y porque tienes los cabello mojados?’
    ‘Bueno… verdaderamente…’
    ‘Señora, permítame que le explique. Yo no quería traerla, es verdad? Dile a tu mama que no quería. Pero ella ha insistido tanto… lo que pasa es que caballero, uno con una bellísima BMW, pero toda dañada, huyo.’
    ‘Como que huyo?’
    ‘Si, la dejo en la calle! Imagine que tipo.’
    ‘Absurdo.’
    ‘De hecho! Pero yo lo he regañado por esto, si señora, no se preocupe.’ Step mira a Babi. ‘Verdad Babi?’
    Después, dejando que solo ella escuchara: ‘Sabes una cosa… Babi. Me gusta tu nombre.’
    ‘Mama, déjalo así, hablamos después.’
    Claudio baja la ventanilla del carro.
    ‘Hola Babi.’
    ‘Hola papa.’
    Step lo saluda también a el.
    ‘Buenas noches!’ Esta divertido por esta extraña reunión familiar. Raffaella, sin embargo, no se esta divirtiendo para nada.
    ‘Como te mojaste? Donde esta mi vestido Valentino?’
    Babi alza el brazo mostrando el empaque.
    ‘Aquí adentro.’
    ‘Y tu hermana? Se puede saber donde la dejaste?’
    Justo en ese momento llega Daniela. Baja del carro con Palombi que la acompaño.
    ‘Hola ma…’
    No da tiempo de terminar la frase. Raffaella le da una cachetada, en plena cara.
    ‘Así aprendes a no regresar con tu hermana.’
    ‘Mama, pero no sabes que paso. Llegaron unos alborotados y…’
    ‘Quedate callada.’
    Daniela se masajea en silencio el cachete. Palombi, siguiendo también la orden de Raffaella, se monta en el carro y se va.
    Step enciende la moto. Se acerca a Babi.
    ‘Ahora entiendo porque tienes este carácter. No es culpa tuya, es hereditario.’
    Después mete primera y con un ‘Adios’ simpático se aleja en la noche.
    Babi y Daniela se meten en el auto. La Mercedes entra en la residencia y pasa adelante del portero. Fiore se divirtió mucho mas a ver esos cinco minutos que todo el programa de televisión que pasaban a esa hora. Mas tarde, mientras se desvestían, Daniela se disculpa con la hermana por haberle arrugado la falda que le presto.
    ‘Fue Palombi, me beso!’ Pero su orgullo se detiene por el nacer de una sonora cachetada. Cuando se hacen confesiones a la hermana, hay que ver que los padres estén durmiendo. Raffaella, nerviosa, trata de dormir. Esa noche muchos dormirán mal, algunos pasaran la noche en el hospital, otros están viviendo una pesadilla. Entre estos, Chicco Brandelli. Piensa en todas las soluciones posibles, dejar el carro en la calle, llevarlo a escondidas al mecánico por la mañana, o botarlo lejos y denunciar el robo. A la final llega a la ultima solución posible. No hay solución. Deberá afrontar a su padre, igual que Roberta esa misma noche con los suyos. Babi esta en la cama, alterada por la velada. Piensa que la culpa de todo lo tiene ese estupido, ese idiota, ese animal, esa bestia, ese violento, ese maleducado, ese alborotado, ese ridículo. Después, pensándolo mejor, se acuerda que no se sabe siquiera como se llama.
    Dos rayos de sol atraviesan el cuarto. Entran largos por los bordes de la cama, por las puntas, en sus cabellos dorados, sobre sus brazos descubiertos. Con el toque de calor de un nuevo día Babi abre los ojos. El despertador no ha sonado todavía. Se pone encima la almohada, cubriéndose hasta el mentón. Se queda con los ojos aun cerrados, con las manos en la barriga, sin mover las piernas, inmóvil. Repentinamente, el despertador suena. Fastidioso e insistente. Babi se mueve en la cama, alarga los brazos, buscando el despertador a tantas en la mesita. Tropieza con Siddharta di Reese, un libro de la Yourcenar dejado a la mitad y con Baile de familia. Consigue el despertador, la apaga. Después prende la radio. Esta ya sintonizada en 103.10, y como todas las mañanas Branko están dando los horóscopos.
    ‘Geminis. Hoy también tendrás una situación estacionaria. La luna pasa por su signo. Sus influencias lo volverán particularmente nervioso.’
    Papa no se relaja normalmente, imaginate con las influencias de la luna!
    ‘Cancer. Por los nacidos en este signo…’ Deja correr sin prestarle atención a las palabras. Quien es cáncer? Pallina? No, nació en mayo. Mayo debe ser Tauro o Piscis. No, piscis es marzo.
    Lentamente cierra los ojos y se duerme un poco. Se deja lleva así, en esa especie de equilibrio entre dormir y estar despierta ligera y agradablemente, aun calida y atontada, regresando hace poco de quien sabe que mundo. Pero entonces, sin entender bien porque, se levanta de repente. Quizás un sonido lejano, un perfume diferente, una sensación de responsabilidad. Abre los ojos y va veloz hacia el despertador. Aun las siete y veinte. Menos mal. Han pasado apenas pocos segundos, pero quien sabe porque le han parecido eternos.
    ‘Virgo. Para aquellos nacidos en esta fecha…’
    Babi voltea hacia la radio particularmente interesada. Es su signo. Seis de septiembre, ‘…el pase de Venus traerá momentos particularmente felices en la vida de los enamorados.’ Enamorados! Imaginate, primero debo encontrar uno justo. No uno que escapa y me deja en la calle. Baja de la cama. Después siente ruidos en el cuarto de al lado, corre hacia el baño pero Daniela es mas veloz que ella y le cierra la puerta en la cara.
    ‘Anda Dani, déjame entrar, son ya las siete y media…’
    ‘Si, así te agarras todo el lavamanos como siempre. No esta vez.’
    ‘Anda no seas cretina, te doy espacio.’ Daniela abre la puerta. Babi entra.
    ‘Ya se que no te bastaron los golpes de anoche.’ Daniela le responde con una mueca, después se alternan lavándose por pedazos, un poco para cada una, sin vergüenza y sobretodo sin hablarse. En la mañana Babi, hasta que no ha tomado su café es intratable, igual que su madre. Daniela trata igual.
    ‘Que te parece aquel que te acompaño anoche? Te gusta?’
    Babi hace un sonido extraño. No puede responder, se esta lavando los dientes. Mira a la hermana a través del espejo con los ojos sobresalientes, después se enjuaga veloz la boca. ‘Me gusta? Pero que, estas bromeando? Estas loca? Como me puede gustar uno así? Una bestia. Sabes que hizo anoche? Con sus amigos ha destruido el carro de Brandelli, después se cayo a golpes con Chicco, después se paro el señor Accado que pasaba por ahí, tratando de dividirlos, y ese tipo, ese animal, lo golpeo también a el. Como puede gustarme uno que usa la cabeza para golpear a los demás en vez de pensar?’
    ‘Será, pero a todas nosotras nos gusta!’
    ‘A ustedes? Quienes son ustedes?’
    ‘A mi, Giuli, Giovanna, Stefania…’
    ‘Si, cuatro pequeñas estupidas que siguen el culto de esos así… el mito de los bravucones, los idiotas, mas bien. Tienen que entender que no hay nada de bueno en pasear destruyendo todo, hace siempre desorden, golpear a la gente…’
    ‘Tienen un montón de chicas lindas, las cambian como y cuando quieren el y sus amigos.’
    ‘Me imagino que tipo de chicas!’
    ‘No, también hay unas distinguidas. Piensa que la misma Gloria, la hija de los Accado, esta con Dario, uno de los amigos de Step.’
    ‘Step?’
    ‘Si, Stefano Manzini, aquel que te acompaño. Giulia y yo lo llamamos 10 con honores, pero todos le dicen Step.’
    ‘Step? Paso? Podrían todos lanzarse uno después del otro en el rió para lo que me importa. Dale, apurate, no quiero escuchar a papa gritando como siempre porque vamos tarde.’
    Babi regresa al cuarto y se comienza a vestir veloz.
    El uniforme esta ahí, en la silla. La preparo la noche anterior aun si habían llegado tarde. Ahora se convirtió en un habito. Se pone la camisa celeste, después se mete la falda.
    Step. Que nombre mas idiota. De hecho, le va perfecto. Babi va a la cocina.
    ‘Hola mama.’
    Babi besa a Raffaella en el cachete. Como cada mañana la golpea el sabor de leche de su crema Revlon.
    ‘Hola Babi.’
    Raffaella esta ahí bebiendo su café negro sin azúcar. Los ojos desmaquillados y aun somnolientos no están habituados a la luz. La cocina, de hecho, esta toda en la penumbra. Babi se sienta frente a ella. Llega Daniela que se sienta cerca. Babi se sirve café, después leche, y un poco de azúcar de dieta.
    También Daniela se sirve el café y después la leche, pero usa el azúcar normal. Cada uno con sus hábitos únicos, el mismo puesto, la misma taza.
    ‘Mama podrías comprar aquellos bizcochos de arroz y leche de Danone con sabor a chocolate. Buenísimos!’
    Daniela mira a Babi buscando una aprobación que no consigue.
    ‘A mi me debes traer los bizcochos integrales, que se están acabando.’
    ‘Si no lo escriben no compro nada.’
    Daniela se para y agrega a la lista del mercado que esta en un mesón cercano los bizcochos de cada una.
    ‘Daniela, te advierto que esta vez si dejas que se pierdan los pagaras tu.’
    ‘Pero mama porque me lo dices a mi?’
    ‘Porque los últimos yogurt de fruta que te gustaban tanto los tuve que botar.’
    ‘Buenos días a todas! Como están mis esplendidas mujeres?’ Claudio besa a sus dos hijas. Se sienta también en su puesto usual en la esquina de la mesa cerca de Raffaella.
    ‘Malisimo, no entiendo porque en las mañanas se deben hacer siempre conversaciones largas e inútiles. Hagamos una regla. De mañana no se habla.’
    Raffaella se sirve un poco mas de café, y se levanta.
    ‘Bueno, yo regreso a la cama. Las veo a las dos a la salida de la escuela. Por cierto, dile a Giovanna que hoy no quiero esperar. Dice mama que si no llega rápido, ella se va.’ Le da un beso en el cachete a Claudio y con un ‘Adios tesoro!’ se marcha.
    Claudio agarra la cafetera. La abre y mira adentro.
    ‘Pero es posible que nunca me dejen un poco de café?’
    Claudio deja la cafetera en su puesto.
    ‘Todas las mañanas es lo mismo. No es posible!’
    Babi agarra la cafetera. ‘Papa, te preparo uno?’
    ‘No hay mas tiempo, quiere decir que lo tomare afuera, como siempre. Pero porque no hacemos una cafetera mas grande?’
    Daniela pone las tazas en el lavaplatos. ‘Porque no la tenemos.’
    ‘Entonces comprémosla.’ Daniela le pone enfrente la lista del mercado.
    ‘Que pasa?’
    ‘Toma, escríbelo. Mama no quiere tener que acordarse de nada. Cualquier cosa que queramos, se anota.’
    Claudio agarra la hoja de las manos de Daniela. Lo lee, después escribe, debajo de ‘biscochos dietéticos’ con paréntesis ‘Babi’, ‘cafetera mas grande’ con paréntesis ‘Claudio que no logra nunca tomar un café.’
    ‘Listo!’ Cierra el lapicero y la lanza en la mesa. Después se alza tropezando con un taburete que cada mañana se encuentra con su pierna. ‘Estupidos estos taburetes!’ Sale de la puerta de la casa dejándola abierta. Babi y Daniela se miran.
    ‘Espero que maneje bien. Esta mañana me parece particularmente nervioso.’
    ‘Son las influencias de la luna. Hoy paso por su signo. Apurate en venir abajo.’
    ‘Si, apurate, apurate. Siempre termino yo acomodando las cosas.’
    ‘Y anoche la mesa quien la preparo?! Entonces?!…’
    Babi agarra el morral con los libros y sale. Pero Branko le viene a la mente. Después, mientras baja las escaleras, trata de recordar su horóscopo. Que decía la luna? Ah si. Atención a posibles encuentros.

    En el patio de la escuela, debajo de las hojas de una gran rama, sobre un largo muro de mármol blanco algunas chicas copian frenéticas las tareas.
    ‘Pero que dice aquí? Igual…?’
    ‘X menos uno! Pero no eres capaz siquiera a copiarte?’
    ‘Pero mira como escribes!’
    ‘También? No haces nunca nada en casa y te lamentas de cómo escribo? Pero ve que terca eres!’
    ‘Oh, llego la Catinelli.’
    Pallina cierra el cuaderno de matemática y corre a encontrarse con Catinelli junto a otras chicas, todas posibles candidatas de la interrogación de latín.
    ‘Vamos Ale, apurate que en un rato suena, danos la versión de latín.’ Las chicas esperan enfrente de Catinelli.
    ‘No, para nada.’
    ‘Como que para nada?’
    ‘Que, no escuchan? No quiero que me copien la versión. Esta bien? No entiendo porque no pueden traducirlas en casa por su cuenta, como todos.’
    Pallina se le acerca.
    ‘Anda Ale, no seas así. Disculpa, hoy la Giacci me interroga seguro y también a Festa.’
    Una chica del grupo con el uniforme mas desordenado que el resto, igual que sus tareas, asiente.
    ‘Danos la versión anda! Ella nos reprobara!’
    ‘Pallina no insistas.’
    ‘Que pasa Pallina? Que insistes?’
    ‘Ah hola Babi. Que Ale no nos quiere dar la versión. Tu la hiciste?’
    Por un momento la Catinelli no es el centro de atención.
    ‘No, solo la mitad. Pero se que no esta muy buena. Es que ya me interrogaron. Lo revise, hoy te debería tocar a te y a Silvia Festa, después vuelve a comenzar el ciclo. Pero normalmente interroga a quien tiene insuficiencia.’
    La Catinelli trata de alejarse. Pallina la hala por la chaqueta.
    ‘Escuchaste? Anda, no nos puedes dejar así, nos arruinas a todas!’
    ‘No entiendo porque no puedes hacer como la Giannetti. Ella después que la hace me llama y la revisamos juntas… así se prepara y el día después le va bien. A su manera, de que les sirve?’
    ‘Que te importa? De hecho el latín no sirve para nada. Bueno, vas a dar o no la versión?’
    ‘Ya te lo dije, no. Haz que la Giannetti te la de.’
    Pallina sopla. ‘Si, esa siempre llega de ultimo… en cinco minutos suena. Anda, al menos hoy… ultima vez, te lo prometo.’
    ‘Lo dices cada vez. No, esta vez no. No te la doy!’
    La Catinelli se aleja.
    ‘Pero que estupida. Es un monstruo. Por eso es así de ácida. No tiene a ninguno que la distraiga. Esta claro. Al menos nosotras nos divertidos y agradamos bastante.’ Silvia Festa se acerca a Pallina.
    ‘Si, pero creo que a mi mama no le agradara bastante el tres que me dará la Giacci por no haber hecho la versión.’
    ‘Toma, usen la mía.’ Babi saca del morral su cuaderno de latín y lo abre en la ultima pagina.
    ‘Al menos pueden decir que intentaron. La habrán hecho por la mitad pero es mejor que nada. Digan que se pararon en esperavisse. Es un verbo que no se de donde rayos viene. De hecho, lo he buscado por un cuarto de hora pero no logre encontrarlo. Después me moleste y merendé. Un yogurt ligero, sin azúcar, terrible. Casi tan ácido como la Catinelli.’ Todas ríen.
    Pallina agarra el cuaderno y lo apoya en el muro. Lo pone en medio de todas. ‘Es cierto, el estudio hace engordar. Siempre he dicho, si hubiera hecho la tarea de lingüística tendría cuatro kilos mas.’ Pallina comienza a copiar seguida de Silvia y las demás muchachas, todas posibles victimas de la terrible Giacci.
    De las grandes ventanas de la clase se ven prados poco lejanos. Algunos niños, vestidos iguales, juegan corriendo entre la hierba. Una maestra ayuda a alzar a uno que se ensucio de verde su delantal blanco. El sol pega en los pupitres. Babi mira distraída la clase. La Benucci ha resistido menos de lo normal. Esta allí, con las manos debajo del pupitre, tratando de traficar con su pizza roja. Pica un pedazo y con los dedos cubiertos de tomare se la lleva veloz a la boca. Después comienza a masticar, fingiendo indiferencia, con la boca cerrada, escuchando la lección como si nada sucediera. Babi presta por un momento atención a la explicación de la Giacci. Una joven mujer del ochocientos que no sabia para nada montar caballo ha decidido de probar de todas formas. Y se ha caído. Babi no escucho tan atentamente para saber si se hizo mal o no. La única cosa segura es que alguno, verdaderamente corto de ideas, ha tratado de hacer una especie de novela romántica.
    ‘Bien. Esta Oda, a Luigia Pallavicini caída del caballo, la traen para el lunes.’ La otra cosa segura es que la tendría que estudiar. La campana suena. La Giacci cierra el registro.
    ‘Voy a la sala de profesores a buscar el registro de latín. Las dejo solas. No hagan alboroto.’
    Las muchachas salen todas de sus pupitres. Tres de ellas antes que la profesora se marche logrando conseguir el permiso de ir al baño. En realidad solo una va por razones fisiológicas. Las otras dos entran en un único baño y se dividen felices el mismo vicio. Una agradable Merit en la cara de todos aquellos que la indican como el cigarrillo que hace mas daño. Regresa la Giacci. Todas las muchachas regresan a sus puestos. Escuchando atentas la explicación acerca de la métrica latina. Alguna marca los acentos y copia la frase escrita en la pizarra. Alguna otra, segura de ser interrogada, repasa la versión. La Benucci no logra resistir. Pica de nuevo la pizza. Dos chicas mas atrás mastican Vigorsol. Tratan de alejar el olor de la nicotina. Otra en el fondo de la clase sigue tranquila la lección. Su dolor de barriga se marcho.
    ‘Ahora para el próximo miércoles traen desde la pagina 242 a la 247: traducción y lectura en métrica con conocimientos perfectos de las reglas del acento.’
    Babi abre el diario y marca debajo del miércoles las tareas por hacer. Después, casi sin quererlo lo hojea, yendo para atrás. Paginas coloreadas y llenas de escrituras pasan por sus ojos. Fiestas, cumpleaños, frases simpáticas de Pallina, notas de las tareas en clase. Opiniones acerca de películas vistas en el cine, amores posibles, imposibles, pasados.
    ‘Marco T.Q.M.’ Se detiene. Mira esa escritura en rojo, ahí en el fondo de la pagina. Un pequeño corazón cerca. Noviembre. Si, era noviembre. Y ella estaba locamente enamorada.

    Noviembre. Un año antes.
    ‘Mama llego algo para mi?’
    ‘Si, hay una carta allá en la cocina. Te la puse en la mesa.’
    Babi corre rápido a la cocina, consigue la carta. Reconoce la letra y la abre feliz. Son cuatro meses que están juntos. Su historia mas larga. En realidad, prácticamente, su única historia. Lee la carta.
    Querida Babi,
    En este día tan importante (el descubrimiento de América? Mas grande! El primer hombre en la luna? Mucho mas grande! La inauguración del Gilda? Casi casi!)… Hey, pequeña. Estoy bromeando! Hoy son cuatro meses que estamos juntos y he decidido que para ti debe ser un día especial, feliz, bellísimo, romántico. Estas lista? Agarra la Vespa en el garaje y sal. Porque ha iniciado tu ‘busqueda del tesoro’. ‘Tesoro’ en el sentido del amor. Justo lo que siento por ti. Marco.
    P.D. El primer mensaje es: ‘hay una villa adonde vas, pero de noche nunca jamás, I on the left y el árbol tree, I en ingles, eso si. Si tu comienzas a buscar, alguna cosa vas a encontrar, estas lista? Ya!’
    Babi cierra la carta y piensa. La villa es Villa Glori, donde siempre voy a correr. En ingles? Pero por quien me toma? Es fácil, es el tercer árbol apenas entrando a la izquierda.
    ‘Mama, voy a salir.’
    ‘Donde vas?’
    ‘Debo llevar algo donde Pallina.’
    Babi se mete la chaqueta.
    ‘A que hora regresas?’
    ‘A la cena. Estudiare donde ella.’
    Raffaella aparece en la puerta.
    ‘Te aconsejo, no llegues tarde!’
    ‘Cualquier cosa te llamo.’
    Babi sale veloz, después se para en la puerta y gira hacia atrás. Besa rápidamente a su mama en el cachete y se marcha. Llegando al patio abre lentamente, sin hacer ruido, la abertura del garaje. Saca afuera la Vespa, después, sin prenderla, va por la bajada. Justo cuando da la curva, mira arriba. Raffaella esta asomada al balcón, sus miradas se encuentran.
    ‘Mama, en autobús tardo mucho.’
    ‘Llevate al menos una bufanda.’
    ‘Subire el cuello de la chaqueta, no tengo frió, de verdad. Chao.’
    Babi mete segunda. La Vespa da una pequeña frenada, después se enciende de golpe y sale adelante con el motor encendido.
    Babi baja la cabeza pasando por un pelo debajo de la barra que Fiore ha alzado a tiempo. Recorre toda la calle Francia y llega a la Villa Glori. Aguanta la moto y entra corriendo en la villa. Algunas mujeres llevan sus niños de paseo. Cualquier atlético chico trota. Babi se avecina al tercer árbol a la izquierda. Abajo, cerca de las raíces, hay un pequeño montón de hojas reunidas. Lo quita. Debajo se escondió un empaque de plástico. Lo agarra. Cómplice y feliz regresa a su vespa. La abre. Dentro hay una bellísima bufanda de cachemir azul y un papel:
    De seguro no tenias una, nunca te he visto alguna, tus amígdalas siempre están rojas, y no hay momento que no tosas. Bien cubierta ahora vas, al centro de la RAI. Allí en las piedras hay un caballo, te esta esperando, cero fallos.
    Babi se monta en la Vespa y sonríe divertida de ese romántico juego. Se mete la bufanda en el cuello. Esta caliente y suave. Un buen regalo. Es útil, debido al frió que hace. Mama tiene razón. Marco es de verdad un tesoro. Claro que fue un poco imprudente. Y si la hubiera encontrado alguien mas? Menos mal que llego a tiempo.
    Enciende la Vespa y va a toda velocidad hacia Plaza Mazzini. Se para enfrente del pequeño patio delimitado por una alta puerta eléctrica. Babi baja de la Vespa y entra. El guardia la mira curioso. Después dedica toda su atención a un señor con una maletilla deseoso de información. Babi se aprovecha. Se avecina al caballo. Sobre su panza con un lazo blanco esta una flecha que indica hacia abajo. Piensa que Marco esta loco. Mira mejor. Hay otro paquete. Lo agarra. El guardia no se da cuenta de nada. Esta vez consigue un par de lentes. Esos bellísimos Ray-Ban, ultimo modelo, esos pequeños rectangulares. Naturalmente hay otro papel. La próxima pista es una dirección. Via Cola de Rienzo 48. La Vespa sale a toda velocidad. Un poco por el cambio que le hizo Daniela, igual que muchos otros, para hacerla correr mas fuerte y un poco también por la creciente curiosidad.
    Babi llega a la nueva dirección. Es un negocio. Lo mira sorprendida. Es un negocio de ropa intima. Sus simples modelos de algodón blanco siempre se los había comprado su madre. Babi entra indecisa. Se mira alrededor. Una joven vendedora esta detrás de un escaparate metiendo los trajes de corte gris que acaban de llegar. Babi lee el final de su papel. Si tu nombre dirás, nuevas cosas usaras.
    La vendedora la ve y se le acerca.
    ‘Puedo ayudarla?’
    ‘Creo que si, soy Babi Gervasi.’
    ‘Ah, claro.’ La vendedora le da una sonrisa simpática. ‘La estábamos esperando.’ Va detrás de la caja. ‘Estos son para ti. Elija el que mas le gusta.’ Saca tres combinaciones de ropa intima en el mostrador. Todos son de corte. El primero es entero, negro con diseños transparentes y sutiles hombros. El segundo es de dos piezas, rosa pálido, con diseños transparentes ligeramente mas claros. El ultimo es color ciruela, con las hombreras suaves y las panties ligeramente cortas. Babi las mira. Repara en todos sin tener el coraje de alzar la cabeza. Esta apenada. La vendedora, notándolo, trata de ayudarla.
    ‘Creo que este es el mejor para usted.’ Agarra el pedazo de arriba de la combinación rosa pálido mostrándolo. ‘Tiene una piel tan clara, le quedara bien.’
    Babi alza tímidamente los ojos. ‘Si, yo también lo creo. Entonces agarro este, gracias.’ Babi se aleja del mostrador esperando que la vendedora gentil lo meta en un paquete, mira alrededor el negocio. Un frió maniquí viste un traje muy sexy. Babi se lo imagina puesto. Le parece natural, después de esa dramática elección.
    ‘Señorita?’ Babi se voltea hacia la chica. ‘Bueno, el muchacho que vino, que creo que es su novio…’
    ‘Si, de alguna manera.’
    ‘Me ha dicho que, después de haber elegido, debía ponérselo.’
    ‘Pero… verdaderamente…’
    ‘Si no me ha prohibido absolutamente darle el próximo papel. Ha dicho así…’
    ‘Si, entiendo. Gracias.’
    Babi agarra la ropa y va hacia el vestidor. La vendedora a través de la tienda le da una bolsa del negocio. ‘Tenga, aquí adentro puede meter el viejo.’ Babi se cambia. Después se mira en el espejo. La joven tenia razón. Aquellas dos piezas le quedan buenísimo. Un pensamiento le atraviesa la mente. Que dirá mi madre cuando vea estas cosas entre la ropa de lavar? Debo decir que fue Pallina que me dio el regalo, así, para echarme broma. Quizás junto con Cristina o alguna otra. Babi se viste y sale del vestidor. La vendedora se confía. Sin mirar adentro de la bolsa, le da el nuevo papel. La joven soñadora, mira como se marcha. Es bastante linda para que alguno haga aquel juego con ella también. Sin embargo, esa tarde con su novio se dará cuenta que no el no es así de fantasioso. Seguramente deberá apurarse. Ciertas locuras son verdaderamente divertidas solo a cierta edad.
    Babi se pone un poco a pensar cual es la nueva pista. Al final va a los Dos Pinos. En el jardín cerca de su escuela hay un banco donde siempre se besa con Marco. Allí abajo hay una bolsa con un billete de la lotería Agnado y un nuevo mensaje. La búsqueda continua. Va a una pequeña joyería en el centro y le obligan a cantar una canción enfrente a algunos clientes. Una vendedora le da bellísimos zarcillos turquesas y otro papel. En Benetton la espera una chaqueta con una falda vinotinto. El próximo mensaje la lleva a un negocio en Via Veneto donde, resolviendo un rompecabezas, recibe un par de bellísimos zapatos de piel combinados con el vestido. De ahí la búsqueda la lleva a Viña Stelluti. La vieja floristería antes de la plaza a la derecha le da una bella orquídea y otro mensaje. En Euclide ahí vecino le fue pagado su postre preferido. Mientras Babi come una de esos pasteles con crema y pedazos de fruta encima, la cajera le da el ultimo papel: tu postre predilecto, ya te lo gastaste, hay algo que faltaste… o quizás ya te parece estresante? Si no puedes vivir sin ‘I’ ve donde empezaste.
    Babi come el ultimo pedazo del pastel, aquel del medio, con el pedazo de la uva. Se limpia la boca, después se marcha. Enciende la Vespa y baja por la Viña Stelluti. Si su madre la viera en ese momento, no la reconocería. Tiene un bellísimo traje vinotinto, elegantes zapatos de piel, los Ray-Ban pequeños, esplendidos zarcillos turquesa, una orquídea entre los cabellos y en el bolsillo una riqueza potencial, el billete de la lotería. Raffaella, si la viera, estaría feliz. Ahora Babi tiene también una calida bufanda de cachemir alrededor del cuello.
    Babi gira en plaza Euclide y se para enfrente de la reja de Villa Glori. Justo donde inicio la búsqueda del tesoro. Reconoce el GT azul oscuro. Comienza a correr. Marco esta allí, apoyado al árbol. Babi corre a su encuentro y lo abraza. Marco saca de detrás de la espalda una rosa que tenia escondida hasta ese momento.
    ‘Ten tesoro. Feliz mesiversario.’
    Babi mira feliz la rosa. Después lanza de nuevo sus brazos a su cuello y lo besa con pasión. Esta de verdad enamorada. Como no podría estarlo después de todo esto? Marco la alega ligeramente, siempre agarrandola por la espalda.
    ‘Dejame ver… estas bellísima así. Eres muy elegante. Pero quien te eligió todas estas bellas cosas?’
    Marco le arregla la bufanda azul alrededor el cuello. Babi lo mira sonriendo con sus grandes ojos azules.
    ‘Tu, tesoro.’
    Marco la abraza. Van hacia la salida.
    ‘Puedes dejar la Vespa aquí?’
    ‘Porque, a donde vamos?’
    ‘A agarrar un aperitivo y después a comer algo.’
    ‘Debo avisarle a mi madre.’
    Babi se monta en el GT. Marco gentilmente se ocupa de meter el candado a la rueda anterior de la Vespa. Después se monta en el carro y se aleja veloz en el trafico de la noche. Babi telefona a su mama. Están jugando a las cartas en casa de los Bonelli. Raffaella es tan concentrada con las cartas que escucha distraída el cuento de Babi. Se va a comer una pizza. Esta Marco pero naturalmente hay un grupo de amigas. La Vespa la deja donde Pallina, la iría a buscar el día después, Marco le ha regalado una bufanda. Justo la ultima noticia es la que alegra a Raffaella. Babi tiene permiso de ir.
    Comen en el Matriciano, una pizzería-restaurante en la vía Gracchi in Prati, muy famosa porque van actores y personajes notables.
    Hablan de la búsqueda del tesoro. Babi le dice cuanto se divirtió. Cuanto le gusto todo, cuanto serian envidiosas sus amigas. Marco habla poco, pero no logra esconder lo orgulloso que esta de la idea.
    Se burla del hecho que fue a Villa Glori, preocupado que ella no hubiera entendido algún mensaje y nunca hubiera llegado. Babi se hace la ofendida. Marco le sonríe. Babi se toca los cabellos. El la acaricia la mano. Entra un notorio actor con una bella chica aun no famosa. Se volverá rápido, al menos en alguna novela o reality, juzgando por su comportamiento. Un mesonero saluda al actor y le consigue rápido un puesto. Babi lo mira. Se gira varias veces a mirarlo y le dice a Marco. El le sirve de beber fingiendo suficiencia y desinterés a esa noticia. La mayor parte de las personas del loca se comportan como Marco. Algunos no resistiendo se voltean a mirar al actor. Algún otro lo saluda, orgulloso de poder demostrar que es su amigo. El actor regresa los saludos, después le confía a la bella chica que no sabe quien será esa gente. Ella ríe mas o menos honestamente. Quizás se convertirá de verdad una discreta actriz. Muchos continúan a comer fingiendo como si lo vieran todos los días. En realidad no se entiende muy bien porque el Matriciano es tan famoso. La gente va para encontrarse a personajes famosos, pero cuando estos llegan todos fingen de no verlos.
    Mas tarde dan un breve paseo en el centro. Entran en Giolitti y piden un helado. Babi casi pelea con el camarero para tener doble sirop. Marco paga un adicional tratando de contentarla. Después, discutiendo todavía del helado, del camarero, de Giolitti y del doble sirop casi no se dan cuenta de terminar en casa de Marco. Abren la puerta lento para no despertar a los padres. Caminan en las puntas de los pies hasta su cuarto. Cierran la puerta y con un poco de tranquilidad prenden la radio. La tienen baja. Un tierno beso la lleva a la cama. En Tele Radio Stereo una calida voz femenina anuncia otro disco romántico. Un poco de luna entra por la ventana. En esa mágica penumbra, Babi se deja acariciar. Lentamente Marco se apodera del vestido que le ha regalado. Ella se queda en ropa intima. El la besa entre el cuello y la espalda, acariciándole los cabellos, le toca el seno, el pequeño abdomen liso. Después se la lleva encima y la mira.
    Babi esta allí, encima de el. Tímida y ligeramente asustada, lo mira. Marco le sonríe. Sus dientes blancos aparecen en la penumbra.
    ‘Estaba segura que elegirías este. Estas bellísima.’
    Babi abre los labios. Marco se inclina hacia ella besándola. Ella, casi inmóvil, delicada y suave, responde su beso. Esa noche en Tele Radio Stereo pasaron las mas bellas canciones compuestas en el mundo. O al menos así les parece a ellos. Marco es dulce y tierno e insiste a largas para tener algo mas. Pero no sirve de nada. Tiene solo el placer y la fortuna de ver como ella esta sin la parte de arriba, nada mas. Mas tarde la lleva a casa. La acompaña hasta su puerta y la besa tiernamente escondiendo esa extraña rabia. Después regresa manejando veloz en la noche. Se recuerda esa canción de Battisti que hablaba de una chica igual a una torta de vainilla decorada. Una chica feliz de no ser comida.
    ‘Practicamente igual a ella, y yo solo he probado solo una cucharadita.’ Después piensa en toda la búsqueda del tesoro, en cuanto ha gastado. El tiempo que tardo por hacer esas frases que rimaran. Los lugares que eligió y todo el resto. Entonces gira y decide de ir al Gilda. Otro pensamiento le quita hasta el ultimo escrúpulo. Aparte de todo el resto, Babi logro tener su helado con doble sirop.

    Los recuerdos…
    De repente hay un extraño silencio. La clase esta como inmóvil, en el aire. Babi mira las chicas alrededor de ella, sus amigas. Simpáticas, antipáticas, flacas, gordas, bellas, feas, tiernas. Pallina. Alguna hojea veloz el libro, otra releen preocupadas la lección. Una, particularmente nerviosa, se masajea los ojos y la frente. Alguna otra baja la cabeza tratando de esconderse. Es el momento de las interrogaciones. La Giacci pasa su índice castigador por el registro. Es toda una escena. Ya sabe donde pararse. ‘Giannetti!’ Una chica se alza dejando en el pupitre sus esperanzas y un poco de su color. ‘Festa.’ También Silvia agarra su cuaderno. Logro copiar la versión por un pelo. Avanza entre dos filas de pupitres, y después va a la cátedra y deja el cuaderno. Se para también cercano a la puerta, de lado a la Giannetti. Las dos se miran desconsoladas, tratando de hacer fuerza en aquella dramática suerte común. La Giacci alza la cabeza del registro y mira alrededor. Algunas chicas sostienen su mirada para mostrar que están seguras y tranquilas. Una farsante preparada sopla vistosamente, casi ofreciéndose. Todos los corazones saltan un poco acelerando.
    ‘Lombardi.’
    Pallina se alza. Mira a Babi. Parece darle el último adiós. Después se dirige hacia la cátedra, ya condenada a la insuficiencia. Pallina agarra puesto entre la Giannetti y Silvia Festa, que le sonríe. Después le susurra ‘Tratemos de ayudarnos’ que hace caer a Pallina en la incomodidad total. La primera a ser interrogada es la Giannetti. Traduce un pedazo de la versión, equivocándose en algún acento. Trata desesperadamente algunas palabras que en italiano rinden bastante. No consigue nunca de que verbo viene un difícil pasado pretérito. Adivina por suerte el participio futuro, pero no le llega nunca el gerundio. Silvia Festa duda en la primera parte de la traducción, la más fácil. No adivina un verbo, no se acerca siquiera. Admite prácticamente de haber copiar la versión. Cuenta después una extraña historia de su madre que no esta bien, como ella del resto, en ese momento. No se sabe como, declina perfectamente un nombre de la tercera. Pallina se queda muda. Le ha tocado la tercera parte de la versión. La mas difícil. La lee veloz sin equivocar un acento. Pero allí se detiene. Trata una traducción de la primera frase. Pero un adjetivo en el lugar equivocado le esta dando una interpretación muy fantasiosa. Babi mira preocupada a la amiga. Pallina no sabe que hacer. Desde su puesto Babi abre el libro. Lee el pedazo de la versión. Revisa la frase traducida correctamente en el cuaderno de la compañera cómplice. Después con un ligero susurro llama la atención de Pallina. La Giacci con aires de suficiencia fastidiada mira afuera de la ventana, esperando respuestas que no llegan.
    Babi se extiende en el pupitre y escondida por la de adelante, sugiere a su amiga del alma la perfecta traducción del pedazo. Pallina le manda un beso con la mano, después repite a voz alta, en el orden exacto, todo aquello que Babi apenas le ha sugerido. La Giacci, escuchando las palabras justas en el orden correcto, se voltea hacia la clase. Es todo muy perfecto para que sea solo suerte. En la clase todo se vuelve normal. Todas las muchachas regresan a su puesto, inmóviles. Babi, sentada correctamente, mira a la Giacci con ojos ingenuos e inocentes. Pallina casi tentando a la suerte sonríe. ‘Me disculpa profesora, pero estaba confundida y me bloquee, pero le pasa hasta a los mejores, no?’ Después de la traducción normal comienzan las preguntas acerca de los verbos, y acerca de eso se siente mas segura. Lo peor había pasado. La Giacci sonríe. ‘Muy bien Lombarda. Escuche, traduzca ahora una otro pedazo, hasta la palabra habendam.’ Pallina recae en la inseguridad total. Lo peor esta por venir. Afortunadamente la Giacci regresa a mirar afuera. Babi lee la traducción de la nueva frase, después espera algún segundo. Esta todo tranquilo. Se extiende en el bando para soplarle de nuevo a la amiga. Pallina mira una ultima vez a la profesora. Después mira hacia Babi lista para repetir el juego. Pero justo en ese momento la profesora se gira lentamente. Mira enfrente al escritorio y agarra a Babi in fraganti. Con la mano alrededor de la boca. Babi, casi advirtiendo la sensación de ser descubierta, se voltea de golpe. La ve. Sus miradas se cruzan a través de las espaldas de algunas compañeras inmóviles. La Giacci sonríe satisfecha.
    ‘Ah, muy bien. Tenemos una chica verdaderamente preparada en esta clase. Gervasi, viendo que sabe todo, venga aquí a traducir el resto de la versión.’
    Pallina sintiéndose culpable interrumpe a la Giacci.
    ‘Profesora, lo siento, es mi culpa, yo fui la que pidió las explicaciones.’
    ‘Muy bien Lombardi, lo aprecio. Es muy noble de su parte. Nadie le discute que no sabia absolutamente nada. Pero ahora quiero escuchar a Gervasi. Venga, venga por favor.’
    Babi se alza pero se mantiene en su puesto.
    ‘Profesora, no estoy preparada.’
    ‘Esta bien, vengase igual, venga.’
    ‘No veo porque debería ir allá a decirle la misma cosa. No estoy preparada. Me disculpa, no pude estudiar. Pongame un nota que no preparada.’
    ‘Buenisimo entonces le pondré dos, esta feliz?’
    ‘Casi como la Catinelli cuando raspa en las versiones!’ En la clase todos ríen. La Giacci bate la mano en el registro.
    ‘Silencio. Gervasi traiga el diario: quiero ver si será feliz también de la nota que deberá hacer firmar. Y sobretodo me hará saber que tan feliz será su madre.’ Babi lleva el diario a la profesora que escribe algo veloz y con rabia. Después cierra el diario y se lo devuelve.
    ‘Mañana lo quiero ver firmado.’ Babi piensa que hay cosas peores en la vida, pero quizás es mejor no darle mucha publicidad a ese pensamiento. Regresa en silencio a su puesto. Silvia Festa logra un cinco. Es demasiado para su pobre interrogación. Pero quizás fueron premiadas las excusas. También en esas debe tratar de mejorar. Con todos esos inventos tarde o temprano su mama morirá.
    Pallina regresa al pupitre con un bello cuatro, que de noble no tiene nada. La Giannetti logra tener por un pelo la suficiencia. La Giacci escribiendo su nota le dedica también un proverbio latino. La Giannetti hace una mueca extraña disculpándose por no saber bien que decir. En realidad, no ha entendido nada. Mas tarde, su compañera de pupitre, la Catinelli, le traduce eso también. Es la historia macabra de uno con un solo ojo que es feliz de vivir en un lugar llego de ciegos. Babi abre el diario. Va al final, en las últimas páginas. Cerca al elenco alfabético de sus compañeras ha puesto las hojas donde marca todas las que han sido interrogadas. Pone las ultimas rayas en la hoja de latino a Giannetti, Lombardi y Festa. Con la de Silvia termina el segundo giro de interrogaciones. Después Babi mete una raya cerca de su nombre. La primera interrogada del nuevo ciclo. Nada mal comenzar con un dos. Por suerte las otras notas son altas. El promedio de matemática le da todavía un seis. Cierra el diario. Una compañera de la fila lateral le lanza un papelito a su pupitre. Babi lo esconde rápido. La Giacci esta eligiendo la nueva versión para la próxima semana. Babi lee el papel.
    Increíble! Fuertísimo! Estoy orgullosa de tener una amiga así. Eres la mejor. P.
    Babi sonríe, entiende rápido por que esta la P. Gira hacia Pallina y la mira. Es muy simpática. Mete el papel en el diario. De repente se recuerda de la nota. Va rápido a leerla.
    A la gentil señora Gervasi. Su hija ha venido a la lección de latín completamente no preparada. Como si no bastara, al ser interrogada, ha respondido de forma impertinente. Deseo hacerle saber de su comportamiento. Cordialmente, profesora A. Giacci.
    Babi cierra el diario. Mira a la profesora. Es de verdad una idiota. Después piensa en su madre. Una nota, probablemente la castigara. Le dará un sermón largísimo. Y quien sabe que otra cosa. De una cosa esta segura. Su mama no le dirá ‘Fuerte Babi, eres la mejor.’

    Un perro lobo corre veloz en la playa con un bastón en la boca. Dobla las piernas y rápido la regresa, casi deslizando en la arena, alzándose entre las olas de la orilla. Alcanza a Step. Se deja quitar el bastón de la boca babeando un poco. Después se acuesta, con la cabeza doblada entre las piernas delanteras, unidas, cercanas al suelo. Step hace como si fuera a tirar el bastón a la derecha. El perro se pone atento, pero después se da cuenta que seria inútil. Step lo engaña de nuevo.
    Al final lanza el bastón lejos, en el agua. El perro sale. Se lanza al mar sin dudas. Con la cabeza alzada avanza entre cualquier pequeña onda y leves corrientes. El pedazo de madera flota un poco mas allá. Step se sienta a mirar. Es un bello día. No hay nadie todavía. De repente, un fuerte sonido. Una gran luz. El perro desaparece. El agua también, el mar, las montañas lejanas, las colinas a la derecha, la arena.
    ‘Que rayos sucede?’
    Step gira en la cama cubriéndose la cara con la almohada.
    ‘Que coño es esta invasión?’ Pollo después de subir las persianas abre la ventana.
    ‘Mama mía, que olor! Mejor que abramos un poco. Ten, te trajo sándwiches.’ Pollo lanza la bolsa verde que dice Euclide en la cama. Step se alza y se estira un poco.
    ‘Quien te abrió, Maria?’
    ‘Si, esta haciendo el café.’
    ‘Pero que hora es?’
    ‘Las diez.’
    Step finalmente se para de la cama.
    ‘Pero no me podías dejar dormir un poco mas?’
    Step va al baño. Agarra la tapa del inodoro que lanza contra la cerámica haciendo un rumor seco. En el cuarto, Pollo abre el periódico ‘Corriere dello Sport’ y alza un poco la voz.
    ‘Me debes acompañar a retirar la moto donde Sergio. Me ha llamado diciendo que esta lista. Ah, has visto que la Lazio ha confirmado a Stani, el defensor del Manchester. Muy bueno ese Jaap.’
    Pollo comienza a leer un articulo, después, sintiendo que Step no termina:
    ‘Pero que, te bebiste un río?’
    Step presiona la manija para bajarla.
    Regresa en el cuarto, agarrando el paquete de Euclide.
    ‘Te lo justifico solo porque llegaste con estos.’
    Después va a la cocina seguido por Pollo. La cafetera humeando fue puesta en una tabla de madera. Cerca esta una jarra con la leche calentada y un cartón normal azul con leche fría entera.
    Maria, la señora de la limpieza, es una pequeña mujer de casi cincuenta años. Sale de la cuartito cerca donde apenas ha terminado de planchar.
    ‘Maria ves a este?’ Step indica a Pollo. ‘Cualquiera que haga o diga, en esta casa el no debe entrar antes de las once.’ Maria lo mira un poco preocupada.
    ‘Le he dicho que usted quería dormir. Pero sabe que me respondió? Que si no abría derribaba la puerta.’ Step mira a Pollo.
    ‘Le has dicho así a Maria?’
    ‘Bueno de verdad…’ Pollo sonríe. Step finge estar molesto.
    ‘Le has dicho eso? Me asustas a Maria…?’ Step agarra en el aire el cuello de Pollo llevándoselo debajo del brazo e inmovilizándole la cabeza. ‘Le has dicho así, eh? Haces de nazi aquí en mi casa y te buscas problemas.’ Agarra la llama de la leche hirviente y se la acerca a la cara.
    Pollo siente el calor y grita exagerando. ‘Ay Step, quema… anda coño, me duele.’ Step lo aprieta un poco mas.
    ‘Ah, dices puras groserías, ahora estas loco. Dile disculpas a Maria rápido. Adelante, pidele perdón.’ Maria mira preocupada la escena. Step avecina aun mas la llama a la cara de Pollo.
    ‘Ay, me quemaste. Discúlpame Maria, disculpa.’ Maria se siente culpable de todo lo que esta sucediendo.
    ‘Step déjalo. Me equivoque. No dijo que tiraba la puerta. Soy yo la que entendió mal. Eso, dijo que pasaba mas tarde. Si, ahora recuerdo, ha dicho justo así.’ Step suelta a Pollo. Los dos amigos se miran. Después comienzan a reír. Maria los ve sin entender muy bien. A un cierto punto Step para.
    ‘Esta bien Maria. Gracias. Este tipo necesitaba una lección. Puedes ir para allá. Veras que de hoy en adelante se comportara mejor.’
    Maria mira arrepentida a Pollo. Con un guiño trata de hacerle entender que no quería que llegara a tanto. Después agarra las cosas apenas planchadas y las lleva hacia los cuartos. Step divertido la mira alejarse. Después se voltea donde Pollo. ‘Pero que, eres tonto? Me aterrorizas a la camarera?’
    ‘Pero ella no me quería abrir.’
    ‘Bueno, tu pides por favor no? Que haces, le dices que vas a tumbar la puerta? La próxima vez te quemo en serio esa cara que tienes.’
    ‘Entonces déjame las llaves, no?’
    ‘Si, para cuando no este me pules la casa.’
    ‘Que, estas bromeando? De verdad piensas que podría hacer una cosa así?’
    ‘No, la verdad no. Lo dudo pero es mejor no darte la posibilidad.’
    ‘Que infame eres, regrésame rápido mis sándwiches.’
    Step sonríe y desaparece uno inmediatamente devorándolo. Pollo abre el periódico y se hace el ofendido. Step se sirve el café. Después le echa café caliente y un poco del frió. Después mira a Pollo. ‘Quieres un poco de café?’
    ‘Si, gracias.’ Responde con seriedad. No esta todavía dispuesto a ceder del todo. Step le echa un poco en una taza.
    ‘Anda, me baño y te acompaño a buscar la moto.’ Pollo bebe un poco del café.
    ‘Hay solo un pequeño problema. Me faltan doscientos euros.’
    ‘Pero como, con todas las cosas que agarraste anoche?’
    ‘Tenia un saco de deudas. Debí pagar la comida, la tintorería y después debía restituirle dinero a Furio, el del Toto.’
    ‘Como carajo juegas siempre en el Toto Nero si no tienes nunca un euro.’
    ‘Es por eso, tengo a la suerte. Aunque guarde ciento cincuenta euros para la moto, Sergio llamo y dijo que tuvo que cambiar el otro pistón, cojines y el resto. Después cambio de aceite completo y otras cosas que no recuerdo. Moraleja: cuatrocientos euros. La moto me sirve. Esta noche es la carrera, debería subirla al menos a cien. Tu que haces, vienes?’
    ‘No lo se. Mientras tanto busquemos doscientos euros.’
    ‘Ya. Sino no se va a ninguna parte.’
    ‘Tu no vas a ninguna parte.’ Step le sonríe, después va al cuarto de Paolo, su hermano. Comienza a hurgar en las chaquetas. Abre las gavetas del armario. Después pasa a las mesitas de noche. Pollo esta en la puerta y lo ve. Mira alrededor. Step se da cuenta.
    ‘Que rayos haces ahí parado. Te la das de palo en mi casa? Dale, dame una mano.’
    Pollo no se lo hace repetir dos veces. Va hacia la otra parte de la cama. Abre la gaveta de la otra mesita de noche.
    ‘Tipo prudente tu hermano, no?’ Pollo mira a Step. Tiene en la mano una caja de condones y una sonrisa estupida en la cara.
    ‘Muy prudente! Tan prudente que no deja mas ni medio euro olvidado.’
    ‘Bueno, tendría razones. Después de todas las veces que lo limpiamos…’ Pollo se mete tres preservativos en el bolsillo antes de regresar la caja a su lugar. Es optimista. Step trata de conseguir algún escondite posible.
    ‘Nada que hacer, no hay nada por ningún lado. Yo no tengo ni un euro para prestarte.’ Por la puerta pasa Maria con algunas camisetas y suéteres de Step en la mano derecha y camisas de Paolo perfectamente planchadas en la izquierda.
    Pollo le indica con la cabeza. ‘Y a ella? Podemos pedirle?’
    ‘Pero como! Le debo todavía el dinero de los periódicos de la semana pasada.’
    ‘Entonces como hacemos?’
    ‘Estoy pensando. El Siciliano y los demás son mas pobres que nosotros, así que ni hablar. Mi mama esta de viaje.’
    ‘A donde?’
    ‘A las islas canarias creo, o a Seychelles. Igual si estuviera aquí no seria el caso.’ Pollo asiente. Sabe perfectamente como es la relación de Step con su mama.
    ‘Y tu padre? No te los puede prestar?’ Step agarra una camisa apenas planchada y la lanza en la cama donde ya ha preparado los boxers y los jeans.
    ‘Si, voy hoy a comer con el. Me ha llamado ayer diciendo que debe hablar conmigo. Ya se que me va a decir. Me preguntara que intención tengo acerca de la universidad y el resto. Y yo que hago? En vez de responderle le digo: papa dame doscientos euros que debo retirar la moto de Pollo, eh? Diría que no. Maria!’ La mujer aparece en la puerta. ‘Disculpa, donde esta la chaqueta azul oscuro?’
    ‘Cual, Stefano?’
    ‘Es como aquella verde militar, solo que azul marino, la compre el otro día. Es como la de los policias.’
    ‘Ah, ya se cual es, la metí en el armario de su hermano. Pensé que era suyo.’ Step sonríe. Paolo con una chaqueta del genero. Seria todo un show. El y su ropa. Step va al corredor. Abre el armario. Ahí esta su chaqueta. Fácil de encontrar. Es el único entre tantas chaquetas a cuadros y trajes grises.
    Step se aprovecha y comienza a revisar la ropa del hermano, nada que hacer. Después regresa al cuarto. Pollo esta en su cama. Tiene la billetera abierta. Revisa sus finanzas esperando un milagro que no le llego. Lo cierra disgustado. ‘Entonces?’
    ‘Se feliz. He conseguido la solución.’
    ‘Y esa seria?’
    ‘El dinero me lo dará mi hermano.’
    ‘Y porque debería dártelos?’
    ‘Porque lo chantajeare’
    Pollo esta mas tranquilo. ‘Ah, claro!’ Lógicamente para el, chantajear a un hermano es la cosa mas natural del mundo. Al final se arrepiente ser hijo único.

    Paolo, el hermano de Step, esta en su oficina. Vestido elegantemente, sentado en un escritorio, revisando algunas cuentas del señor Forte, uno de los clientes mas importantes de la agencia de finanzas. Paolo ha estudiado en la Bocconi. Graduado con honores, regreso de Milán y consiguió rápido un optimo puesto como agente financiero. No para nada es un Bocconiano. En realidad, el padre con todos sus contactos, lo recomendó. Pero mantener el puesto y tener el aprecio de todo el piso lo logro por su cuenta. Es también cierto que en esa agencia nunca han repudiado a alguien.
    Una joven secretaria con una camisa de seda color crema, quizás un poco muy transparente para ese mundo de tasas y fiscales, donde la transparencia no es algo visto diariamente, entra en la oficina de Paolo.
    ‘Doctor?’
    ‘Si, dígame.’ Paolo deja de revisar las cartas para dedicarse enteramente al sostén de la secretaria y rápido después a eso que tiene que decirle.
    ‘Esta su hermano con un amigo. Lo dejo entrar?’
    Paolo no da tiempo a inventar una excusa. Step y Pollo entran en su oficina.
    ‘Claro que me deja entrar. Coño, soy su hermano! Sangre de su sangre, señorita. Nosotros nos dividimos todo. Ha entendido? Todo.’ Step toca el brazo de la secretaria insinuando así a la eventual pero remota posibilidad que a Paolo esa joven y bella muchacha aparte de papeles y lista de llamadas le este pasando otra cosa. ‘Entonces aquí yo puedo entrar siempre, verdad Pa?’
    Paolo asienta.
    ‘Cierto.’ La secretaria mira a Step, estando habituada a tratar con señores mas ancianos y con corbata, lo trata con respeto.
    ‘Disculpe, no lo sabia.’
    ‘Bien, ahora lo sabes.’ Step le sonríe. La secretaria se mira el brazo agarrado por Step.
    ‘Puedo irme ahora?’
    Paolo, que gracias a los nuevos lentes no se había dado cuenta de nada, le da el permiso. ‘Claro, gracias, puede irse señorita.’
    Quedando solos, Pollo y Step se sientan en dos poltronas giratorias de piel enfrente al escritorio de Paolo. Step se agarra duro. Después da un empujón con el pie.
    ‘Elijes bien tus secretarias.’ Step da un giro completo y vuelve de frente con el hermano. ‘Di la verdad, te la agarraste no? O lo hiciste o has estado tentado a hacerlo y ella no. En este caso, deberías despedirla, que importa.’
    Paolo lo mira molesto. ‘Step, es posible que te deba repetir siempre lo mismo? Cuando vienes acá podrías decir menos groserías, hacer menos alboroto? Aquí yo trabajo. Todos me conocen.’
    ‘Porque, que hice? He hecho algo Pollo? Dile tu que yo no he hecho nada.’
    Pollo mira a Pollo tratando de hacer la cara mas convincente que pudiera. ‘Es cierto, no ha hecho nada.’
    Paolo suspira.
    ‘Es inútil hablar con ustedes dos, es fatiga gastada. Como anoche. Te he pedido miles de veces que cuando regreses tarde vayas lento, y tu nada. Siempre haces un gran alboroto.’
    ‘No Pa’, disculpa. Ayer regrese y tenia hambre. Que hacia, no comía? Me prepare un bistec nada mas.’
    Paolo le da una sonrisa irónica a su hermano.
    ‘No es que no quiera que no comas. El problema es como lo haces, como haces todo… siempre haciendo ruido, batiendo las puertas, el refrigerador, despreocupado del hecho que soy yo el que duerme, que me debo parar temprano! Y a ti que te importa? Te paras cuando te parece… saliendo del tema, se que hoy vas a comer con papa.’
    Step se sienta mejor.
    ‘Si, porque? Han hablado de mi?’
    ‘No, me lo dijo hoy. Me llamo antes. Imaginate de que hablaríamos de ti, yo no se nada de ti ahora.’ Paolo mira mejor a su hermano. ‘Solo se que te vistes siempre mal, con esas chaquetas oscuras, los jeans, los zapatos deportivos. Pareces el propio gangster.’
    ‘Pero yo soy un gangster.’
    ‘Step, deja tus idioteces. Ahora porque viniste acá? En serio… hay algún problema?’
    Step mira a Pollo, después al hermano.
    ‘Ningun problema, pero me debes dar trescientos euros.’
    ‘Trescientos euros? Pero que, estas loco? Y que, yo el dinero lo consigo así rápido?’
    ‘Esta bien, entonces doscientos.’
    ‘Ni hablar, no te doy nada.’
    ‘Ah si?’ Step se inclina hacia su escritorio. Paolo asustado se echa para atrás. Step le sonríe. ‘Hey hermano, calma, nunca te haría nada, lo sabes.’ Después descuelga el intercomunicador conectado con la secretaria. ‘Señorita, puede venir un momento?’
    La secretaria no le hace caso a la diferencia de voces.
    ‘Voy rápido.’
    Step se sienta cómodo en el sofá, después sonríe a Paolo.
    ‘Entonces querido hermanito, si no me das rápido los doscientos euros, cuando llegue tu secretaria yo le quitare la ropa interior.’
    ‘Que…?’ Paolo no tiene tiempo de decir algo mas. La puerta se abre. La secretaria entra.
    ‘Si, doctor?’
    Paolo trata de salvarse. ‘Nada señorita, puede irse.’ Step se alza.
    ‘No, señorita, disculpe, espere un momento.’ Step va cerca de la secretaria. La chica se queda mirando a todos los tres en silencio sin entender bien que hacer. Esa situación es un poco diferente a esas labores que debe siempre realizar. La secretaria mira interrogativa a Step.
    ‘Que sucede?’ Step la mira sonriente.
    ‘Quisiera saber cuanto cuestan la ropa intima que lleva puesta…’
    La secretaria lo mira apenada. ‘Pero la verdad…’
    Paolo se levanta.
    ‘Step ahora basta! Señorita se puede ir…’ Step la aguanta con un brazo.
    ‘Espere solo un segundo, disculpe. Paolo? Dale a Pollo eso que debes y después la señorita se podrá ir!’ Paolo agarra la billetera del bolsillo interno de la chaqueta, saca algunos billetes de cincuenta euros y se los pone con rabia en la mano a Pollo. El los cuenta, le hace una señal a Step que todo esta bien. Step deja ir la secretaria sonriéndole… ‘Gracias señorita, es lo máximo de la eficiencia. Sin usted no hubiéramos sabido que hacer.’
    La secretaria se aleja molesta. No es completamente estupida, y sobretodo no la divierte para nada ir diciendo cuando cuesta su lencería intima. Paolo se levanta de la silla y le da la vuelta al escritorio.
    ‘Bueno, ya tienen el dinero. Ahora fuera de aquí que me molestaron.’ Hace por empujarlos pero después lo piensa. Es mejor golpearlos verbalmente. ‘Step, continua así, terminaras en problemas como siempre.’
    Step mira al hermano. ‘Bromeas? Que problemas? Yo no estoy nunca en problemas. Yo y los problemas somos dos cosas que nunca nos hemos encontrado. El dinero se lo debo prestar a un amigo mío, uno que tiene un pequeño problema, todo aquí.’ Pollo le sonríe con gratitud al amigo. ‘Y después Paolo, que imagen tendrá Pollo? Son solo doscientos euros. Pareciera que te hubiera pedido no se que. Estas haciéndolo una historia infinita.’
    Paolo se sienta en el bordo del escritorio.
    ‘No se como, pero contigo termino siempre yo en la ruina…’
    ‘No digas así, quizás es por estar en esta oficina, a tratar todo ese dinero, te viene una especie de enfermedad y no logras dar, prestar cosas.’
    ‘Entonces se trata de un préstamo?’
    ‘Cierto, yo siempre te he restituido todo, no?’ Paolo hace una cara poco convencida. Las cosas nunca son así. Step hace como si no se acordara. ‘Entonces que te preocupa? Te restituiré siempre todo. Aparte, deberías salir un poco, divertirte. Estas tan pálido… porque no vienes a dar un giro en moto conmigo?’
    Paolo en un exceso de simpatía se quita los lentes.
    ‘Que? Estas bromeando? Nunca. Eso es la muerte. A propósito de la muerte… visto que ha estado bien cerca. Anoche fui al Tartarughino y sabes a quien me encontré?’
    Step escucha distraído. En el Tartarughino nunca podría ir alguno que le interese. Sin embargo, decide de hacer feliz al hermano. En el fondo le ha dado doscientos euros.
    ‘No, quien estaba?’
    ‘Giovanni Ambrosini.’
    Step tiene una especie de sobresalto. Un golpe en el corazón. Rápido la rabia se apodera de el, pero la esconde perfectamente.
    ‘Ah si?’
    Paolo continua con su cuento.
    ‘Estaba con una bella mujer, una mas grande que el. Cuando me vio se preocupo. Parecía aterrorizado. Según yo, tenia miedo que estuvieras tu. Después, cuando vio que no estabas, se tranquilizo. Me ha sonreído y todo. Si así puedes definir a cierta mueca. La mandíbula nunca regreso a su lugar. Y eso lo sabes mejor que yo. Pero se puede saber porque lo has masacrado de ese modo, nunca me lo has dicho…’
    Es cierto, piensa Step. El no lo sabe. Nunca lo ha sabido. Step agarra a Pollo bajo el brazo y va a la salida. En la puerta se da la vuelta. Mira al hermano. Esta sentado en su escritorio. Con esos lentes redondos, los cabellos con un corte costoso perfectamente peinados, vestido de manera impecable con la camisa planchada justo como el mismo le enseño a Maria. No, nunca lo ha sabido. Step le sonríe.
    ‘Quieres saber porque le hice eso a Ambrosini?’
    Paolo asiente.
    ‘Si, quisiera.’
    ‘Porque siempre me decía que me vistiera mejor.’
    Salen justo como entraron. Arrogantes y divertidos. Con ese caminar seguro, un poco de duros. Pasan al lado de la secretaria. Step le dice algo. Ella se queda mirándolo. Después se meten en el ascensor. Llegan a planta baja. Step saluda el portero.
    ‘Hola Martinelli. Ofrécenos dos cigarrillos, anda.’
    Martinelli tira fuera del bolsillo de la chaqueta un paquete suave de cigarrillos baratos. Hace un control con la mano alzando algunos cigarros. Pollo y Step saquean el paquete. Agarran mas de lo debido. Después, sin esperar que el portero las encienta, se alejan. Martinelli mira a Step. Es muy diferente que el hermano. El doctor siempre dice gracias por cualquier cosa.
    En ese momento el intercomunicador vecino suena. Martinelli mira el la pantalla. Es de la oficina del hermano de Step. Martinelli descuelga el auricular.
    ‘Alo doctor Manzini, que desea?’
    ‘Puede subir un momento donde estoy, por favor?’
    ‘Claro, llego pronto.’
    ‘Gracias.’
    Martinelli agarra el ascensor y sube al cuarto piso. Paolo esta allí esperándolo en la puerta de la oficina.
    ‘Entre Martinelli.’ Paolo lo hace acomodarse, después cierra la puerta. El portero se mantiene allí enfrente a el, de pie, ligeramente en desacato. Paolo se sienta. ‘Martinelli, pongase cómodo.’ Martinelli ocupa puesto en el sofá enfrente de Paolo, sentándose con respeto, casi en la punta, preocupado de ocupar mucho espacio. Paolo cruza las manos. Le sonríe. Martinelli se lo devuelve, pero sigue extrañado. Quiere saber el porque del encuentro. Ha hecho algo mal? Se ha equivocado? Paolo suspira. Parece decidido a revelarle el misterio. ‘Escuche Martinelli, usted me debe hacer un favor.’ Martinelli sonríe mas relajado, se tranquiliza y ocupa mas puesto en la silla.
    ‘Me dice doctor, hago todo lo que desee si se puede.’
    Paolo se apoya en el espaldar.
    ‘No deje entrar mas a mi hermano.’
    Martinelli abre los ojos grande.
    ‘Que doctor? De verdad no lo dejo pasar? Y que le digo? Si ese se molesta se necesitaría a Tyson en la puerta.’ Paolo mira mejor aquel señor tranquilo, con sus grises vestidos combinados con el color de los cabellos y de toda su existencia. Imagina Martinelli paralizando a Step en el portón: ‘Me disculpa, he tenido las ordenes. Usted no puede entrar’. La discusión. Step que se altera. Martinelli que alza la voz. Step que se rebela. Martinelli que lo empuja. Step que lo agarra por la chaqueta, lo bate contra el muro y después seguramente el resto, como un guión…
    ‘Tienes razón, Martinelli. Fue una mala idea. Déjalo así, me ocupare yo. Hablare en casa’ Martinelli se alza.
    ‘Cualquier otra cosa doctor, la hago seguro. Pero esta…’
    ‘No, no, tiene razón. Me que equivocado yo a pedírselo. Gracias, de todas formas.’ Martinelli sale de la oficina, agarra el ascensor y regresa a planta baja. Se las vio feas. Y quien para a ese energúmeno? Saca el paquete afuera. Decide de festejar con un cigarrillo el peligro del que se salvo. Menos mal que el doctor es un tipo comprensivo. No como su hermano. Step le ha robado medio paquete y siquiera ha dicho gracias. Ni una vez.
    Y después dicen que ser portero es un trabajo tranquilo. Martinelli suspira, después se enciende una MS.
    En el cuarto piso Paolo mira afuera de la ventana. Siente un extraña sensación de satisfacción. Le salvo la vida a Martinelli. Regresa a sentarse. Bueno, sin exagerar. Le ha ahorrado un saco de problemas. Entra la secretaria con algunos fascículos.
    ‘Tenga, estos son los que me pidió…’
    ‘Gracias Señorita.’
    La secretaria lo mira un momento.
    ‘Es un tipo extraño su hermano. No se asemejan mucho ustedes dos.’
    Paolo se quita los lentes, en el tentativo en vano de ser mas fascinante.
    ‘Es un cumplido?’
    La secretaria miente.
    ‘En cierto sentido si. Espero que usted no vaya preguntándole a las muchachas cuanto cuestan sus cosas intimas…’
    Paolo sonríe avergonzado.
    ‘Oh no, claro que no.’
    Sin los lentes ve poco, pero aun así, sus ojos terminan inevitablemente en la camiseta transparente. La secretaria se da cuenta pero no hace nada.
    ‘Ah, su hermano me dijo que le dijera que usted es muy bueno conmigo, que no debió haber pagado y dejarlo hacer lo que dijo.’ La secretaria se vuelve extrañamente insistente. ‘Si puedo preguntar… que cosa doctor?’
    Paolo mira la secretaria. Su bello cuerpo. Esa falda perfecta e impecable que cubre sus piernas fuertes. Quizás si hermano tenía la razón. Imagina a la secretaria medio desnuda con Step que le quita las panties. Se excita.
    ‘Nada señorita, era solo un chiste.’
    La secretaria se va ligeramente decepcionada. Paolo hace tiempo de colocarse los lentes y poner los ojos en el posterior que se aleja mas o menos profesionalmente.
    Diablos! Debí dejar que lo hiciera. Si Step no le hubiera restituido ese dinero, seria estado el peor negocio de los ultimos años. No, no el peor. Aquel lo ha hecho el señor Forte. Ha confiado sus graves problemas fiscales a un agente de finanzas que tiene aun por resolver los problemas familiares. No se puede pasar una mañana discutiendo con el hermano y al final pagarle para que no le quite la ropa interior a la secretaria.
    Con un sentimiento de culpa, Paolo regresa a la cuenta del señor Forte.

    En una pequeña calle estrecha, dentro de un simple garaje, esta Sergio, el mecánico. Viste una braga azul marino con un rectángulo blanco, verde y rojo de la Castrol en la espalda. No se entiende si fue patrocinado por las carreras que hizo años antes o por todo el aceite que le cambia a las motos. El hecho es que cada vez que le lleven una moto, por cualquier problema que tenga, el, después de haberla probado, siempre termina de la misma manera: ‘Hay que hacerle cualquier trabajito y después un buen cambio completo del aceite.’ Mariolino, su asistente, es un chico de aires despistados. Para el, Sergio es un genio, un ídolo. Un dios de las motos. Cuando trabajan, Mariolino siempre pone el CD de Battisti. ‘Yo, tu, nosotros, todos’. Cuando en esa canción llega el pedazo que dice ‘aquel gran genio de mi amigo, el siempre sabe que hacer, el sabría como ajustar todo’ a Mariolino le sale una grande sonrisa. ‘Caramba, si esa canción habla justo de ti.’ Sergio continua a trabajar, después se lleva una mano a los cabellos, volviéndolos mas grasosos.
    ‘Cierto, nunca podría hablar de ti. Tu con una herramienta en mano haces solo daños mas que milagros.’
    Un viejo Free azul oscuro empujado por un joven tímido con lentes se para en el garaje. Se acercan los dos. El Free tiene la rueda posterior espichada. El joven se quita los lentes y se lava la cara sudada. Sergio agarra la moto. Decidido y seguro quita el cobertor. Parece un cirujano si no fuera porque no usa guantes y tiene las manos sucias de aceite. Igual, un buen cirujano nunca elegiría a un ayudante como Mariolino. El muchacho esta enfrente. Mira preocupado ese lento mecánico tocando su Free. Como el familiar de un paciente, preocupado no de cuanto sea grave la enfermedad, sino mas materialmente, de cuanto podría costarle toda la operación.
    ‘Hay que cambiar unas piezas, no es un chiste.’
    La moto de Step frena enfrente del garaje. Un ultimo rugir da a entender que es VF 750 no tiene necesidad de ser reparada. Sergio se lava las manos con un trapo.
    ‘Hola Step, que pasa? Algún problema?’ Step sonríe. Mueve la mano afectuosamente sobre el asiento de su Honda.
    ‘Esta moto no conoce esa palabra. Vinimos a retirar la moto de Pollo.’ Pollo se acerco a su moto. El viejo Kawa 550. La trágica ‘casa de muertos.’
    ‘Todo esta bien. Debí cambiar los pistones y todo lo que detenía al motor. Pero algunas piezas las agarre usadas.’ Sergio habla de otros trabajos costosos. ‘Y entonces le hicimos un cambio completo de aceite.’ Pollo lo mira. Con el no se juega. Sergio ni lo intenta. ‘Pero eso no te lo meto en la cuenta. Es un regalo.’
    Un año antes, Sergio tuvo una violenta discusión y ahora había aprendido a tratar con ellos dos.
    Es primavera. Step le lleva su Honda apenas comprada para realizar un control. ‘También mira la cubierta lateral que vibra…’
    Cualquier día después, Step regresa donde Sergio para retirar la moto. Paga el precio sin hacer discusiones, incluido el cambio de aceite completo. Pero cuando prueba la moto, la cubierta vibra todavía. Step regresa con Pollo y se lo hace saber. Sergio le asegura que la ajusto. ‘Si quieres te la reviso de nuevo, solo que debes buscar otra cita y naturalmente, pagar el trabajo.’ Como si eso no bastara, Sergio comete un grave error. Se acerca a Step, le da una palmada en la espalda, y se aleja de una mala forma.
    ‘Y quien sabe como tu uses esa moto. Por eso es que debes tener la cubierta dañada de nuevo.’
    Step no aguanta mas. Su moto, junto con Pollo, es la única cosa que conserva de verdad. Y aparte, odia esos que te hablan tocándote.
    ‘Te equivocas. Es muy fácil dañar las piezas laterales de una moto. Mira eh…’
    Step va al fondo a una fila de motos enfrente del garaje. Le da una patada violenta a la primera. Una Honda 1000, roja y pesada se cae sobre esa que tiene al lado. Una 500 Custom conservada perfectamente. También esta cae, sobre una Suzuki 750 y poco mas abajo aun, sobre un SH 50 blanco y ligero. Motos costosas y modernas, motocicletas nuevas y modelos pasados se baten uno sobre el otro con un sonido metálico terrible, terminando en el suelo, empujados por esa onda de destrucción, como un pequeño gran domino, jugado a alto precio.
    Sergio trata de detenerlo. Es todo inútil. Hasta el último Peugeot cae a tierra lateralmente, arruinándose el lado. Sergio se queda estupefacto. Step le sonríe. ‘Viste que fácil es?’ Después, antes de que Sergio pudiera decir algo, Step continua: ‘Si no me ajustas rápido la moto, te prendo en fuego tu garaje.’ Después de menos de una hora, la cubierta esta bien. No vibro nunca mas. Step, naturalmente, no pago nada.
    El joven espera silencioso en una esquina, mirando preocupado su Free a motor abierto. Sergio entra para tomar el Kawa de Pollo.
    ‘Esta bien muchacho. Déjame la moto. Veamos que puedo hacerle.’ Esta ultima expresión preocupa aun mas al chico. Piensa justamente que su Free esta en una fase terminal.
    ‘Cuando puedo buscarla?’
    ‘Mañana mismo.’ El joven de lentes se alegra con esta noticia. Sonríe y se aleja estúpidamente feliz. Sergio le da las llaves a pollo. El Kawasaki regresa a rugir. El humo sale potente del tubo de escape. Los giros son veloces. Pollo acelera dos o tres veces, después sonríe feliz. Step lo mira. Es de verdad un niño. Pollo sonríe un poco menos cuando Sergio le da la cuenta. Pero se la esperaba. Lo ha arreglado, y cambiar pistones y todo el resto no es un chiste. Pollo le paga. Sergio se mete el dinero en el bolsillo. Naturalmente, no emite factura.
    ‘Te aconsejo Pollo, espera un tiempo. Ve lento.’ Pollo deja el acelerador.
    ‘Es cierto, no lo había pensado. Todo este alboroto no sirve para nada.’
    Pollo mira a Step.
    ‘Pero tu si puedes…’
    Step, entendiendo a donde quiere llegar, detiene rápido al amigo.
    ‘Frena. Mi moto no se toca. Te presto todo lo que quieras pero la moto no. Una vez por todas, simplemente quédate mirando.’
    ‘Si, y que hago?’
    ‘Haces de fanático para mi. Yo corro esta noche.’
    Sergio lo mira con un sentimiento de envidia.
    ‘En serio van a la Serra?’
    ‘Vienes no? Si quieres vamos juntos.’
    ‘No puedo. A propósito, todavía esta Siga allí?’
    ‘Como no, esta siempre allí.’
    ‘Bueno, mandale saludos. Tengo que hacer cosas de motos.’
    ‘Bueno, como quieras. Si cambias de idea sabes donde encontrarnos.’
    Pollo y Step se despiden, después meten primera. Pollo acelera un poco para calentar bien el motor. Después escuchando el sonido profundo y seguro se dobla y acelera alzándola. Step lo sigue, alza la rueda de adelante y acelerando se aleja con el amigo en la calle principal. Sergio entra en el garaje. Mira las viejas fotos que pego en el muro. Su moto, las carreras. Era imbatible. Ahora son otros tiempos, pasaron tantos años, es tarde. Recuerda algo que un amigo una vez dijo: ‘Crecer quiere decir nunca mas llegar a doscientos kilómetros por hora.’ Es cierto. Ha crecido. Ahora tiene responsabilidades. Una familia y también un hijo. Sergio se acerca a la vieja radio en el mesón, negro de aceite. Mete el CD de nuevo. Solo tiene esa. Son años que escucha la misma canción.
    Probablemente mi papa y mi mama, quien sabe, no me querían, quizás otro hijo, piensa Sergio.
    Después mira a Mariolino. Esta ahí, doblado en la moto abierta en medio del garaje. No es solo cosa de genética, piensa Sergio. Mariolino se voltea hacia el.
    ‘Hey pero que tiene este Free?’
    ‘Marioli, no ves que ese muchacho es un gafo? La metió donde no debía y bloqueo la rueda. Este Free no tiene nada, sube la cubierta y hazle un buen cambio de aceite. Después ve por que parte esta el obstáculo.’
    Mariolino se dobla sobre el Free. Tarda cualquier minuto antes de subir la cubierta. Sergio mueve la cabeza. Es cierto, cuando tienes un hijo no vas mas a doscientos por hora. Cuando tu hijo es Mariolino, no vas mas a ninguna parte. Sergio agarra la chaqueta y se la pone encima de la braga. Decide de arriesgarse y salir igual. ‘Regreso en un rato.’
    Mariolino lo mira preocupado.
    ‘Donde vas papa?’
    ‘A comprar lo mejor de Battisti. Salio hoy. Es hora de cambiar de música.’

    En la Plaza Euclide, enfrente a la salida de la escuela Falconiere, diversos carros se paran en doble fila. Detrás de ellos, otros automóviles, llenos de familiares o encargados de los hijos que van a esa escuela, se aferran a la bocina: el usual terrible concierto postmoderno.
    Algunos chicos con sus Peugeot y los SH 50 se paran enfrente de la escalera. También llega Raffaella en ese momento. Consigue un pequeño espacio vacío al otro lado de la calle, de frente a la gasolinera que queda antes de la iglesia, y se estaciona con su carro Peugeot 205 cuatro puertas. Palombi la reconoce. Memorias de la noche anterior, decide que es mejor alejarse.
    Alcanza el grupo de chicas a los pies de las escaleras. Conversación del día: la fiesta de Roberta y los desastrosos. Cualquier chico cuenta su propia versión de los hechos. Debe ser cierta juzgando por las señales de golpes que ha recibido. Si fuera porque otro fue el que se los hubiera dado, el resto podría bien ser inventado. Brandelli se une al grupo.
    ‘Hola Chicco, como te va?’
    ‘Bien.’ Miente rápidamente. Su amigo, sin embargo, le cree. Ahora Chicco se ha convertido un experto en mentiras. Ha probado todos tipos de mentiras esa mañana cuando su padre vio como quedo la BMW. Que pecado que su padre no sea tan ingenuo como el amigo. No ha creído para nada la historia del robo. Cuando Chicco decidió contarle la verdad, su padre se molesto bastante. De hecho, pensándolo bien toda la historia es absurda. Esos tipos son absurdos, piensa Chicco. Destruirme el carro de esa forma. Aun si mi papa no cree, haré que lo haga. Conseguiré esos ladrones, descubriré sus nombres y los denunciare. Eso haré! Bien! Tarde o temprano los encontrare, estoy seguro.
    Chicco se detiene. Sus deseos desaparecen inmediatamente. El no sigue pareciendo feliz. Step y Pollo aparecen a toda velocidad con las motos doblando cerca. Superan en velocidad a un carro. Después se paran a cualquier metro de Brandelli. Chicco, antes de que Step lo reconozco, se voltea en si mismo. Se monta en la Vespa, el único medio que ahora tiene a disposición y se aleja veloz. Step se enciende una de los cigarrillos que le quitaron a Martinelli y se voltea hacia Pollo.
    ‘Pero estas seguro que es aquí?’
    ‘Como no. Lo leí en su agenda. Hablamos anoche que saldríamos a almorzar hoy.’
    ‘Que agallas las tuyas. No tienes ni un euro. Y todavía haces de galán?’
    ‘Pero que quieres? Te lleve el desayuno. Ahora cállate!’
    ‘Si, dos míseros sándwiches.’
    ‘Ah, míseros? Cada día dos sándwiches, al final del mes hacen una cifra. Pero no te preocupes, me ha invitado ella, no pago.’
    ‘Que loco! Has conseguido una rica que invita. Como es?’
    ‘Linda. Me parece bastante simpática. Un poco extraña quizás.’
    ‘Algo de extraño debe tener para decidir de ir a almorzar contigo e invitar. O es extraña, o es muy tonta!’ Step comienza a reírse.
    La campana de la ultima hora suena. De lo alto de la escalera salen algunas chicas. Son todas mas o menos uniformadas. Rubias, morenas, castañas. Bajan saltando, como en una carrera, solas o en grupo. Charlando. Alguna alegre por el interrogatorio que le fue bien. Alguna otra molesta por la fea nota que saco en la tarea. Algunas esperanzadas miran abajo al chico apenas conquistado o a aquel que le ha terminado esperando una reconciliación. Otras, menos lindas, miran si esta ese bello, ese que le gusta a todas, los galanes. Aquel que seguramente se volverá novio con una de otra clase. Algunas chicas que fueron a la escuela en moto se encienden un cigarrillo. Daniela baja rápido los ultimos escalones y corre a encontrarse con Palombi. Raffaella mira a su hija y suena la bocina. Le hace seña de ir rápido al carro. Daniela asienta con la cabeza. Se acerca a Palombi y le da un beso rápido en el cachete. ‘Chao, esta mi mama, debo irme. Nos hablamos hoy en la tarde? Me debes llamar a mi casa porque el celular no agarra allá…’
    ‘Esta bien. Como va el cachete?’
    ‘Mejor, mucho mejor! Me voy porque no quiero tener una recaída.’
    Salen las otras clases. Al final es el chance del ultimo año. Babi y Pallina aparecieron en la escalera. Pollo le da un golpe a Step. ‘Ahí esta, es ella.’ Step mira arriba. Ve algunas chicas mas grandes que bajan por las escaleras. Entre estas, reconoce a Babi. Se voltea hacia Pollo.
    ‘Cual es?’
    ‘Aquella con los cabellos negros recogidos, la pequeñita.’ Step vuelve a mirar arriba. Debe ser la chica al lado de Babi.
    No sabe porque, pero le gusta saber que no es Babi la tipa extraña que lleva a Pollo a almorzar, e invitándolo.
    ‘Es linda, yo conozco a la que esta al lado.’
    ‘En serio? Y como?’
    ‘Nos bañamos anoche.’
    ‘Pero que coño dices…’
    ‘Te lo juro. Pregúntaselo.’
    ‘Te parece que es momento? Que hago, voy allá y le digo: disculpa, tu ayer te bañaste con Step? Deja de decir cosas!’
    ‘Entonces se lo pregunto yo.’
    Pallina esta viendo con Babi los muchos modos posibles de presentarle la nota a Raffaella, cuando ve a Pollo.
    ‘Oh, no!’
    Babi se gira hacia ella. ‘Que pasa?’
    ‘Esta el que ayer me quito el dinero de la semana.’
    ‘Cual es?’
    ‘Ese de ahí abajo.’ Pallina indica a Pollo. Babi mira en esa dirección. Pollo esta en pies y cerca de el, sentado en su moto, esta Step.
    ‘Oh, No!’
    Pallina mira preocupada a la amiga. ‘Que pasa? El te robo a ti también?’
    ‘No, el amigo suyo, el que esta al lado, me metió en la ducha ayer.’
    Pallina asiente, como si fuera normal que los tipos roben sus carteras y las metan bajo la ducha.
    ‘Ah, entiendo, pero no me lo habías dicho!’
    ‘Esperaba olvidarlo. Vamos.’
    Bajan decididas las ultimas escaleras. Pollo va hacia Pallina. Babi los deja rápido y se dirige hacia Step.
    ‘Que haces acá? Se puede saber que viniste a hacer acá?’
    ‘Hey, calma! Primero que todo esto es un lugar publico, y solo he venido a acompañar a Pollo que va a almorzar con ella.’
    ‘Se da el caso que ‘ella’ es mi mejor amiga. Y que Pollo es un ladrón, debido a que le robo su dinero.’
    Step imita sus palabras: ‘Se da el caso que Pollo es mi mejor amigo y no es un ladrón. Fue ella quien lo invito a almorzar, y ella paga. Hey, pero porque siempre eres así ácida? Que pasa, estas molesta porque no te llevo a almorzar? Yo te llevo si quieres. Solo basta que pagues tu…!’
    ‘Escucha…’
    ‘Entonces hacemos así: mañana tu traes el dinero, piensas en un buen lugar y yo quizás te vengo a buscar… esta bien?’
    ‘Si, nunca iría contigo.’
    ‘Bueno, ayer te regresaste conmigo y me apretabas también.’
    ‘Cretino.’
    ‘Dale, montate que te acompaño.’
    ‘Estupido.’
    ‘Es posible que solo sepas decir palabrotas? Una buena chica como tu con el uniforme de la Falconieri, toda educada y se comporta así! No esta bien, no!’
    ‘Pendejo.’
    Pollo se acerca a tiempo para escuchar el ultimo cumplido.
    ‘Veo que están haciendo amistad. Entonces, vienen a almorzar con nosotros?’
    Babi mira sorprendida a la amiga.
    ‘Pallina, no puedo creer! Vas a almorzar con ese ladrón?’
    ‘Bueno, al menos los recupero, paga el!’
    Step mira a Pollo: ‘Que infame…! Me dijiste que pagaba ella.’
    Pollo sonríe al amigo. ‘Bueno, es cierto. Tu sabes que yo nunca miento. Ayer le quite el dinero y pago con eso. Por eso, en cierto sentido, paga ella. Que hacen entonces, vienen o no?’
    Step con aire arrogante mira a Babi: ‘Lo lamento pero debo ir a comer con mi papa. No te sientas mal. Entonces, vamos mañana?’
    Babi trata de controlarse. ‘Nunca!’
    Pallina se monta detrás de Pollo. Babi la mira molesta, se siente traicionada. Pallina trata de calmarla: ‘Nos vemos mas tarde, voy a tu casa!’
    Babi hace para irse. Step la para.
    ‘Ah, espera. No quiero parecer mentiroso. Dile, por favor. Es cierto que ayer nos duchamos juntos?’
    Babi se libera.
    ‘Anda a joder a alguien mas!’
    Step le sonríe a Pollo.
    ‘Es su manera de decir que si!’
    Pollo mueve la cabeza y sale con Pallina. Step se queda mirando a Babi mientras cruza la calle. Camina decidida. Un carro frena para no adelantarse mucho. El conductor suena la bocina. Babi, sin voltearse, se mete en el carro.
    ‘Hola mama!’
    Babi besa a Raffaella.
    ‘Te fue bien en la escuela?’
    ‘Buenisimo.’ Miente. Tener dos en latín y una nota en el diario no es muy buenísimo que se diga.
    ‘Pallina no viene?’
    ‘No, regresa por su cuenta.’ Babi piensa en Pallina que va a comer con ese tipo, Pollo. Absurdo. Raffaella suena la bocina impaciente.
    ‘Pero que hace Giovanna? Daniela te dije que le dijeras.’
    ‘Ahí esta, ya llega.’
    Giovanna, una chica rubia con un aire aburrido, atraviesa lentamente la calle y se monta en el carro.
    ‘Me disculpa señora.’ Raffaella no dice nada. Mete primero y adelanta. La violencia de ese arranque es bastante elocuente. Daniela mira por la ventana. Su amiga Giulia esta enfrente de la escuela y habla con Palombi. Daniela se molesta.
    ‘No es posible! Cada vez que me gusta alguien, Giulia esta ahí, se pone a hablar y se hace la tonta. Mira que loca. Siempre lo hace a propósito. Primero ella odiaba a Palombi, ahora ve como le habla.’
    Giulia ve pasar la Peugeot. Saluda a Daniela y le hace una señal con la mano que en la tarde la llamaría. Daniela la mira con odio y no le responde. Después se gira hacia la hermana.
    ‘Babi, Step te vino a buscar a ti?’
    ‘No.’
    ‘Como no, vi que hablaban.’
    ‘Paso por casualidad.’
    ‘Bueno, podías regresarte con el. Ahí esta!’
    Justo en ese momento Step pasa a toda velocidad con su moto cerca del carro. Raffaella se asusta de golpe. Inutilmente. Step nunca le daría. Calcula la distancia siempre al milímetro.
    La Honda 750 se dobla dos o tres veces entre los otros carros. Después Step, con los Ray-Ban oscuros en los ojos, gira ligeramente la cabeza y sonríe. Esta seguro que Babi lo esta mirando. De hecho, no se equivoca. Step acelera y sin pararse en el semáforo rojo va hacia la calle Siacci a toda velocidad. Un carro que viene a su derecha suena la bocina. Un oficial no le da tiempo de leer la placa. La moto desaparece superando otros carros. Raffaella se para en el semáforo y se voltea hacia Babi.
    ‘Si solo te atreves a montarte con ese tipo no se que te hago. Es un cretino. Viste como maneja? Mira Babi, no estoy bromeando, no quiero que lo hagas.’
    Su mama tiene razón. Step maneja como un loco.
    Sin embargo, la noche anterior detrás de el, en la noche, con los ojos cerrados, en silencio, ella no había tenido miedo. De hecho, esa carrera le había gustado. Babi abre la bolsa del mercado y le quita un suave pedazo de pizza blanca. No se puede aguantar por siempre. Después, en un momento de atrevimiento total, decide que es el momento justo.
    ‘Mama, hoy me dieron una nota.’

    Step se sirve una cerveza, después enciende la televisión. Pone el canal diez. En MTV esta el viejo video de Aerosmith: Love in an elevator. Steven Tyler se encuentra con una mujer espacial en un ascensor. Tyler, con una cara diez veces mejor que Mick Jagger, aprecia justamente a la chica. Step piensa en su padre sentado frente a el. Quien sabe si la apreciaría también el. El padre agarra el control de la mesa y apaga la televisión. Su padre es como Paolo, no sabe apreciar las cosas bellas.
    ‘No nos vemos desde hace tres semanas y te pones a ver la tele. Hablemos, no?’
    ‘Esta bien, hablemos. De que quieres hablar?’
    ‘Quiero saber que has decidido hacer…’
    ‘No lo se.’
    ‘Que quieres decir con que no lo sabes?’
    ‘Es simple… quiero decir que aun no lo se.’
    La señora entra con el primer plato. Pone la pasta en el centro de la mesa. Step mira la tele apagada. Quien sabe si Steven Tyler ya ha hecho el salto mortal al final del video. Cincuenta y cinco años y todavía esta así. Un físico excepcional. Una fuerza de la naturaleza. Mira a su papa. Tiene dificultad hasta para poner los espaguetis en el plato. Step se lo imagina unos años mas joven haciendo un salto mortal. Imposible. Es más fácil que Paolo se enrede con su secretaria.
    El padre le pasa la pasta. Tiene encima pan rallado y anchoas. Step se sirve. Recuerda las veces que la había comido en esa mesa, en esa casa, con Paolo y su madre. Normalmente, en un pequeño platito de porcelana venia servido un poco de condimento. Paolo y su padre no lo querían, siempre le quedaba a el. Su madre le echaba un poco en la pasta con una cucharilla. Al final le sonreía y vaciaba el plato echándole todo. Era su pasta preferida. Quien sabe si su padre lo hizo a propósito. Decide no preguntarle. Aquel día el platillo no estaba. Aunque muchas otras cosas no están tampoco. Su padre se limpia educadamente la boca con la servilleta.
    ‘Viste, mande a hacer la pasta que te gusta. Como quedo?’
    ‘Buena. Gracias papa. Quedo buenísima.’
    No esta mal, de hecho.
    ‘La única cosa es que debería ser quizás un poco mas condimentada. Puedo tomar otra cerveza?’
    El padre llama a la señora.
    ‘No es por ser fastidioso, pero porque no te inscribes en la universidad?’
    ‘No lo se. Estoy pensándolo. Y debería decidir la facultad.’
    ‘Puedes elegir leyes o economía, como tu hermano. Una vez que te gradúes te puedo ayudar a conseguir un puesto.’
    Step se imagina vestido como su hermano, en su oficina, con toda esa papelería. Con su secretaria. Esa ultima idea le gusta por un segundo. Después lo piensa mejor. En el fondo puede siempre invitarla a salir y no tener que trabajar.
    ‘No lo se. No me siento atraído.
    ‘Porque dices así? En la escuela ibas bien. No deberías tener problemas. En la prueba de aptitud sacaste setenta, lo que esta muy bien.’
    Step bebe la cerveza apenas llegada. Hubiera salido mucho mejor, si no fuera por todos esos problemas que tenia. Después de lo que paso nunca mas abrió un libro. Nunca mas estudio.
    ‘Papa, no es ese el problema. No lo se, ya te lo dije. Quizás después de este verano. Ahora no quiero ni pensador.’
    ‘Que quieres hacer ahora entonces? Vas a dar vueltas haciendo desorden. Siempre en la calle y regresas tarde. Paolo me lo dijo.’
    ‘Pero que te dijo Paolo si el no sabe nada!’
    ‘No, pero lo se yo. Quizás era mejor si hubieses hecho un año militar, que al menos te arreglaba un poco.
    ‘Si, solo me faltaba el año militar.’
    ‘Bueno, logre exonerártelo para dejarte estar en la calle, de nuevo cayéndote a golpes, era mejor si ibas.’
    ‘Pero quien te dice que me caigo a golpes… papa, pero estas terco!’
    ‘No, estoy asustado. Recuerdas lo que dijo el abogado después del proceso? Su hijo debe estar atento. Después de este momento, cualquier denuncia, alguna otra cosa que sucede, elimina automáticamente la decisión del juez.’
    ‘Claro que me acuerdo, me lo repetiste al menos veinte veces. Por cierto, has vuelto a ver el abogado?’
    ‘Lo vi la otra semana. Le pague la ultima parte de su comisión.’
    Lo dice con un tono pesado como para subrayar que seguramente fue costosa. En esto es igual a Paolo. Siempre cuentan el dinero. Step decide no hacerle caso.
    ‘Todavía usa esa corbata extraña?’
    ‘No, ha logrado conseguir una mas fea todavía.’
    El padre sonríe. Es mejor ser el simpático. Con Step ser duro no sirve de nada.
    ‘Pero en serio, me parece imposible. Con todo el dinero que le hemos dado…’ Step se corrige. ‘Disculpa papa, que le has dado, se podría comprar una bella corbata.’
    ‘Si es por eso podría cambiar todo el guardarropa.’
    La señora se lleva los platos y regresa con el segundo. Es un bistec en sangre. Por suerte no esta atada a ningún recuerdo. Mira a su padre. Esta ahí, doblado en el plato cortando la carne. Tranquilo. No como ese día. Tanto tiempo atrás, ese horrible día.
    La misma habitación. El padre camina para arriba y para abajo, veloz, agitado.
    ‘Como ‘porque si! porque me provoco’? Pero entonces tu eres una bestia, un animal, uno que no razone. Yo tengo por hijo a un violento, un loco, un criminal. Has arruinado a ese muchacho. Te das cuenta? Podrías haberlo matado. O no te das cuenta de esto tampoco?’
    Step esta sentado con la miraba baja sin responder. El abocado interviene:
    ‘Señor Mancini, ahora lo que paso, paso. Es inútil gritarle al muchacho. Yo creo que hay motivos, aun escondidos, ha habido.’
    ‘Esta bien, abogado. Entonces dígame usted: que debemos hacer?’
    ‘Para organizarlos para la defensa, para poder responder en el tribunal, debemos descubrirlos.’
    Step alza la cabeza. Pero que cosa dice? Que sabe? El abogado mira a Step con comprensión. Después se le acerca.
    ‘Stefano, algo tuvo que suceder. Un problema pasado. Una discusión. Una frase que este muchacho dijo, alguna cosa que ha hecho… si, que desencadeno tu rabia?’
    Step mira el abogado. Tiene un terrible corbata gris con el fondo laminado. Después se gira hacia su madre. Esta allí, sentada en una silla en la esquina del salón. Esta elegante como siempre. Fuma tranquila un cigarrillo. Step baja de nuevo la mirada. El abogado lo mira. Se mantiene un momento a reflexionar en silencio. Después mira a la madre de Step y le sonríe de forma diplomática.
    ‘Señora, usted sabe si su hijo ha tenido algún problema con este muchacho? Si alguna vez tuvieron una discusión?’
    ‘No abogado, no creo. No sabia que se conocían.’
    ‘Señora, Stefano ira al tribunal. Fue denunciado. Habrá un juez, una sentencia. Con las lesiones que el muchacho reporto, será severa. Si nosotros no tenemos nada con que refutar… una prueba, algo, una mínima razón, su hijo terminara en problemas. Problemas serios.’
    Step esta con la cabeza baja. Se mira las rodillas. Sus jeans. Después entrecierra los ojos. Oh Dios, mama, porque no hablas? Porque no me ayudas? Yo te quiero tanto. Te pido, no me dejes así. Con las palabras de la mama, Step tiene un sobresalto en el corazón.
    ‘Lo siento abogado, no tengo nada que decirle. No se nada. Le parece que, si tuviera algo que decir, si pudiera ayudar a mi hijo, no lo haría? Y ahora discúlpeme, debo irme.’ La madre de Step se alza. El abogado la mira salir de la habitación. Después se voltea por la ultima vez a Step.
    ‘Stefano, estas seguro que no tienes nada que decir?’
    Step ni le responde. Sin mirarlo se levanta y va a la ventana. Mira afuera. Aquel ultimo piso enfrente al suyo. Piensa en su madre. En ese momento la odia, tanto como la ha amado. Después cierra los ojos. Una lagrima baja por su cara. No logra pararla y sufre como nunca lo había hecho, por su madre, por lo que no esta haciendo, por lo que hizo.
    ‘Stefano, toma, quieres el café?’ Step deja de mirar fuera de la ventana y se voltea. De nuevo esa habitación. Ahora. Su padre esta ahí tranquilo, con la taza en mano.
    ‘Gracias papa.’ Lo bebe veloz. ‘Ahora debo irme. Hablamos la Próxima semana.’
    ‘Esta bien. Pensaras en lo de la universidad?’
    Step en la salida se pone la chaqueta.
    ‘Lo pensare.’
    ‘Llama cada tanto a tu madre. Ha dicho que no sabe de ti desde hace tiempo!’
    ‘Pero papa, no tengo tiempo nunca.’
    ‘Pero que se necesita, es una llamada.’
    ‘Esta bien, la llamare.’ Step sale rápido. El padre se queda solo en el salón, se acerca a la ventana y mira afuera. En el ultimo piso en ese edificio frente al suyo, las ventanas están cerradas. Giovanni Ambrosini cambio de casa, de un día para otro, justo como cambiaron sus vidas. Como pudo tener problemas con su hijo?
    Step prende el ultimo cigarrillo de Martinelli en el ascensor. Se mira en el espejo. Se marcho. Esos almuerzos lo destruyen. Llega a planta baja. Cuando las puertas de acero se abren, Step que meditaba tiene un susto.
    La señora Mentarini, una inquilina del edificio con los cabellos mal cortados y la nariz extraña esta ahí, enfrente de el.
    ‘Hola Stefano, como estas? Tanto tiempo sin verte.’
    Y por suerte. Piensa Step. Un monstruo así, verlo muy seguido hace daño. Después se recuerda de Steven Tyler y de la mujer bestial que entra en su ascensor. A el, en vez, le toca la señora Mentarini. Injusticias del mundo. Se aleja sin despedirse. En el patio bota el cigarrillo. Corre rápido, lanza los pies y tirando las manos al suelo se va hacia adelanto. No hay comparación. El salto mortal lo hace mucho mejor el. También Tyler tiene cincuenta y cinco años y el solo diecinueve. Quien sabe que hará dentro de treinta años. Una cosa es segura: no el agente de finanzas.

    Pallina, con un mono Adidas y un suéter azulado igual que el elástico que le aguanta el audífono, corre casi flotando sobre zapatos Nike claros.
    ‘Entonces, no me vas a preguntar como me fue?’
    Babi, con un mono oscuro bajo con la escritura ‘Baila’ y una camiseta rosada como la cola que tiene en los cabellos, mira a la amiga.
    ‘Como te fue?’
    ‘No, si me lo preguntas así, entonces no te cuento.’
    ‘Entonces no me lo cuentes.’
    Continúan a correr en silencio, siempre al mismo ritmo.
    Después Pallina no puede mas.
    ‘Esta bien, al ver que te aguantas tanto, igual te lo digo. Me divertí un montón. No sabes donde me llevo.’
    ‘No, no lo se.’
    ‘Anda, no seas antipática!’
    ‘No me agradan ciertas amistades, eso es todo.’
    ‘Hey, pero salimos una sola vez, que pasa con eso?’
    ‘Puede ser como quieras, basta que sea la ultima!’
    Pallina se queda en silencio. Un chico con el mono impecable las supera. Las mira a las dos. Después, revisa un cronometro que tiene en la mano y aumenta su caminar, desapareciendo después en una callecita.
    ‘Bueno, entonces me llevo a comer en un lugar buenísimo. Es cerca de la calle Cola di Rienzo, creo que se llama Vía Crescenzio, una transversal de esas. El lugar es la Pirámide.’
    Babi no muestra interés particular.
    Pallina continua a contar, un poco mas emocionada. ‘La cosa divertidísima es esta: en cada mesa hay un teléfono.’
    ‘Hasta este punto no me parece muy interesante.’
    ‘Pero que fastidiosa eres! Este teléfono tiene un número que va del 0 al 20’
    ‘Y tu como lo sabes?’
    ‘Esta en el menú.’
    ‘Ah, porque se come también! Pensaba que te había llevado a una cabina telefónica.’
    ‘Escucha, si quieres que te cuente cierra esa boca ácida.’
    ‘Que cosa?’ Babi la mira fingiendo estupor. ‘Acida yo? Pero si soy la mas cortejada de las Falconieri! Viste ese que paso antes como me miraba? Que creías, que tenia los ojos fuera por ti?’
    ‘Claro!’
    ‘Pero se dio cuenta que estábamos en grupo y no ataco.’
    ‘Aquí lo único que ataca es mi sudor, y no me halaga mucho. Nos podemos sentar en ese banquito y hablar normalmente?’
    ‘Ni hablar. Yo corro. Debo perder al menos dos kilos. Si quieres venir conmigo, bien, sino me pongo el Sony. Tengo el ultimo CD de U2 adentro.’
    ‘Sony? Desde cuando lo tienes?’
    ‘Desde ayer!’
    Babi se alza el suéter mostrando el walkman mp3 de Sony aguantado en la cintura. Pallina no cree sus ojos.
    ‘Con CD y radio. Pero donde lo conseguiste? Aquí en Italia no se consigue.’
    ‘Me lo trajo una tía que regreso ayer de Bangkok.’
    ‘Fabuloso.’
    ‘Como ves, pensé en ti.’
    Babi muestra a Pallina dos audífonos.
    ‘Si pensaras en mi de verdad hubieras hecho que te trajeran dos.’
    ‘Siempre hablas así! Yo le pedí dos. Pero mi tía se quedo sin dinero y agarro uno nada más. Que te importa! Esto tiene dos audífonos y siempre corremos juntas.’
    Pallina sonríe a la amiga. ‘Tienes razón.’
    Babi la mira seria. ‘Lo se! Pero quieres terminar o no esta historia del teléfono que se come?’
    Babi y Pallina se miran, después se echan a reír. Dos chicas pasan al lado. Viéndolas así alegres las saludan divertidas. Su coraje, sin embargo, no fue premiado. Pallina regresa a contar.
    ‘Entonces, cada teléfono responde a un numero, pero ninguno sabe cual. Es decir, tu presionas un numero de 0 a 20, te responde otra mesa, pero no sabes cual es. Por ejemplo, tu presionas el 18 y te responde uno que quizás esta en la otra habitación. Puedes hablar, contar chistes, describirte inventando ser mucho mas bella que eres, o en mi caso, mucho menos. Esta claro no?’
    Babi mira a la amiga alzando la ceja.
    Pallina hace como si no le hubiera prestado atención. ‘Si estas sola o con las amigas puedes agarrar citas, dártelas de cretina. Entiendes? Divertido, no?’
    Babi sonríe.
    ‘Si, me parece muy divertido. Es muy gracioso.’ Pallina cambia de expresión.
    ‘Claro, no cuando te llama un maleducado…’
    ‘Porque, que sucedió?’
    ‘Bueno, a cierto punto llega la pasta. Los dos pedimos pasta corta con una salsa divina. No sabes que buenas estaban, calientísimas, de hecho. Teníamos que soplar para enfriarlas y mientras tanto hablaba con Pollo. Suena el teléfono. Pollo va a responder pero yo soy mas rápida que es, agarro el teléfono y digo: Aquí la secretaria del doctor Pollo. Siempre tan simpática yo.’ Pallina hace una mueca. Babi sonríe.
    La historia comienza a interesarle.
    ‘Bueno, continua!’
    ‘Bueno, este entupido en la otra parte del teléfono no sabes que me dijo.’
    ‘Que te dijo?’
    ‘Me dijo: Secretaria del señor Pollo. Que tal si te lo hago a sentir hasta el fondo.’
    ‘Tierno, muy ingles.’
    ‘Si, muy entupido. Yo agarro y le cuelgo el teléfono y seguramente me puse roja. Pollo me preguntó que me habían dicho en el teléfono, y no le respondí. Me molestaba. Me daba pena. Entonces sabes que hizo? Me agarro por el brazo y me dio una vuelta por el local. Pensó que cuando el tonto me viera reaccionaria…’
    ‘Si, esta bien, pero como iba a saber que eras tu la chica que respondió?’
    ‘Lo sabia, lo sabia…’
    ‘Porque lo sabría?’
    ‘Porque era la única chica en el restaurante.’
    Babi niega con la cabeza.
    ‘Bonito lugar donde van a comer. La única chica en ese lugar con maniacos llamando por teléfono para decir cosas estupidas… entonces, que paso después?’
    ‘Sucede que uno viéndome se echa a reír. Pollo lo agarra, le bate la cara en el plato y le echa la cerveza en la cabeza!’
    ‘Bien hecho, así aprende a no decir eso!’
    ‘Quizás la lección no la aprendió tanto.’
    ‘Porque?’
    ‘Porque cuando Pollo fue a pagar…’
    ‘Ah claro… con tu dinero…’
    ‘Ajaa… un tipo bajo se me acerca y me dice: que haces, te vas? No te ofendiste verdad? Yo estaba bromeando. El entupido era este! El pobrecito del principio no tenia nada que ver…’
    ‘Se lo dijiste a Pollo?’
    ‘Bromeas? Así golpeaba a ese también?’
    ‘No, que se había equivocado! Estos se comportan como jueces. Castigan, golpean y para mas cometen errores. Lo trágico fue que te divertiste.’
    Babi ahora esta verdaderamente seria. Pallina se da cuenta. Por un momento corren en silencio, recuperando el aliento. Después Pallina habla de nuevo. Esta vez también esta seria.
    ‘No se si me divertí. Solo se que tuve una sensación nueva, que nunca había probado antes. Me sentí tranquila y segura. Si, Pollo fue allí, golpeo a ese equivocado, pero me defendió, entiendes, me protegió.’
    ‘Ah si? Que bello. Pero dime una cosa… quien te protege de el?’
    ‘Que fastidiosa eres… me proteges tu, no?’
    ‘Olvidalo. A ese ni a su amigo los quiero ver, absolutamente.’
    ‘Entonces no nos veremos tampoco nosotras.’
    ‘Y porque no?’
    ‘Porque somos pareja.’
    Babi se para de golpe.
    ‘No, esto no me lo puedes hacer!’ Pallina continua a correr. Sin voltearse hace señal a la amiga de seguirla.
    ‘Dale, dale, fuerza, corre, no seas así. Se que estas feliz. Quizás muy muy en el fondo, pero eres feliz.’
    Babi vuelve a correr. Alarga mas el paso alcanzándola.
    ‘Pallina, te ruego, dime que es una broma.’
    ‘Para nada, me gusta un montón.’
    ‘Como te puede gustar un montón?’
    ‘No lo se, me gusta y basta.’
    ‘Pero te robo el dinero.’
    ‘Me lo restituyo, me ofreció la comida.’
    ‘Pero que dices, es como si lo pagaras tu!’
    ‘Mejor, así ando con el porque quiero y no porque debo. Como siempre, cuando sales con un chico y te ofrece pizza y todo eso, después te parece casi una obligación besarlo. Esta fue una libertad elegida!’
    Babi se queda callada por un momento, después se acuerda de otra cosa.
    ‘Le dijiste a Dema?’
    ‘No se lo he dicho.’
    ‘Se lo debes decir!’
    ‘Debo, debo. Se lo diré cuando quiera…’
    ‘No, dile rápido. Si lo sabe de alguien mas estará muy mal. Esta enamorado de ti.’
    ‘Tu todavía con esta historia. No es cierto.’
    ‘Es muy cierto, y lo sabes. Así que cuando regreses a casa lo llamas y le dices.’
    ‘Si quiero lo llamo, sino no.’
    ‘Sabes que te digo, estoy feliz que mi tía me trajo solo un Sony, no te lo mereces.’ Babi comienza a correr más rápido. Pallina rechina los dientes y decide no terminar la discusión. ‘Bueno, si quiero, el Sony me lo puede regalar Pollo.’
    ‘Ah claro, me lo quita a mi.’
    Pallina se ríe. Babi se la da de molesta un poco mas. Pallina le da un pequeño empujón.
    ‘Anda, no peleemos. Se que eres una amiga. Hoy te sacrificaste para salvarme de la interrogación. Como tomo tu mama la historia de la nota?’
    ‘Mejor que como yo tome la de Pollo!’
    ‘La ves muy trágica?’
    ‘Dramatica.’
    ‘Escucha, tu no lo conoces bien. Es uno lleno de problemas. No tiene dinero, su papa lo trata mal. Y es muy simpático, conmigo es tierno, en serio.’
    ‘No te importa que no lo sea con los demás?’
    ‘Quizás mejorara.’
    Babi piensa que todo es inútil. Cuando Pallina se mete una cosa en la cabeza, esa es.
    ‘Esta bien, basta. Ya veremos.’
    ‘Aja, así me gustas.’ Pallina sonríe. ‘Te prometo que cuando regrese a casa llamo a Dema.’
    Bueno, al menos Babi consiguió algo.
    Babi y Pallina continúan corriendo, en silencio, para recuperar el aliento un poco. Pasan por el parque donde se hace gimnástica. Los niños suben y bajan, gritando. Madres preocupadas lo siguen de cerca listas para socorrerlos en aquel lanzamiento Kamikaze. Un bello muchacho alto y rubio y una chica un poco mas baja tratan de hacer ejercicios en las barras. Babi y Pallina corriendo le pasan cerca corriendo. El chico mirándolas deja de hacer ejercicio.
    ‘Babi!’
    Babi se para. Es marco. Hace mas de ocho meses que no se ven. Pallina también se para. Babi se vuelve roja. Esta apenada. Pero el corazón extrañamente no le comienza a latir veloz como normalmente. Marco la besa en el cachete. ‘Como estas?’
    Babi logro conseguir el control.
    ‘Bien y tu?’
    ‘Buenisimo. Te presento a Giorgia.’ Marco la indica la chica. Babi le da la mano y raramente no se olvida rápido de su nombre como pasa siempre cuando te presentan a alguien. Pallina también la saluda, pero se ve claro que quisiera evitar ese encuentro. Marco comienza a hablar. Lo mismo de siempre. Frases ya escuchadas. Te he llamado. No supe nada mas de ti. Vi a una amiga tuya o un amigo. Que estas haciendo? Ah, claro tienes la prueba de aptitud. Te aconsejo, saca 100 y honores. Tratando de ser simpático. Babi no escucha casi. Recuerda todos los momentos pasados con el, el amor que probo, la desilusión, las lagrimas. Que sufrimiento. Por uno así. Lo mira mejor. Engordo. Tiene los cabellos sucios. Le parecen menos. Que mirada muerta. Parece privada de vida. Como pudo gustarle tanto? Una mirada a la chica. No merece siquiera ser tomada en consideración. Terrible, la indiferencia. Se saludan así. Después de haber hablado por cinco minutos y no haberse dicho nada. Aquel mágico puente se perdió. Babi comienza a correr. Se pregunta donde termino todo el amor que existía. Como puede no sentirlo mas? Parecía entonces tan grande. Se mete el audífono del Sony. Los U2 cantan su nuevo sencillo. Babi alza el volumen. Mira a Pallina. Ella le sonríe con afecto. Su mechón baila en el viento. Le pasa un audífono. Se lo merece. En el fondo, Babi no lo sabe, pero fue ella quien la salvo.

    El año antes.
    ‘Babi, Babi!’ Daniela toca la puerta del baño gritando. Pero Babi no la escucha. Esta bajo la ducha y como si no bastara la radio cercana suena a todo volumen una canción del año precedente de los U2. A la final Babi escucha algo. Como un golpe fuerte que no va al tiempo del ritmo del baterista. Cierra el agua, después todavía goteando, estira el brazo bajando el volumen.
    ‘Que pasa?’
    Daniela desde afuera suspira.
    ‘Finalmente, llevo una hora tocando. Pallina al teléfono.’
    ‘Dile que estoy bajo la ducha, la llamo yo en cinco minutos.’
    ‘Dijo que es urgente!’
    Babi suspira.
    ‘Esta bien! Dani, me traes el teléfono?’
    ‘Listo!.’ Babi abre la puerta. Daniela esta allí con el inalámbrico en mano.
    ‘No hables mucho, espero una llamada de Giulia.’
    Babi se seca la oreja antes de apoyarla en el teléfono.
    ‘Que es tan urgente?’
    ‘Nada, te quería saludar! Que haces?’
    ‘Estaba bañándome. No se como, pero siempre me llamas cuando estoy bajo el agua.’
    ‘No vas a salir con Marco?’
    ‘No, esta noche iba a casa de un amigo suyo a repasar. Tiene un examen en dos días. Biología.’
    Pallina se queda un segundo en silencio. Decide no decir nada.
    ‘Buenisimo, te paso buscando en diez minutos.’
    Babi agarra una toalla pequeña y se seca los cabellos.
    ‘No puedo.’
    ‘Anda ven, comemos una pizza.’
    ‘Y si me llama Marco? El apago su teléfono, debe estudiar… el!’
    ‘Dile a Dani que llame mas tarde, quizás te encuentra en tu teléfono. Anda, regresamos rápido!’
    Babi trata de replicar. Pero todas sus excusas – cansancio, tareas no terminadas y un increíble deseo de quedarse en casa con pijamas enfrente de la televisión – son inútiles. Poco después esta sentada en la Vespa detrás de Pallina que maneja despreocupada en el trafico de las nueve.
    Babi tiene los cabellos aun mojados, un suéter azul con el escrito California y la actitud molesta.
    ‘Haras que me pase algo.’
    ‘Pero si hace calor esta noche!’
    ‘Hablaba de tu forma de manejar!’
    Pallina sigue y agarra a la derecha en el Puente Milvio.
    Babi se acerca a la cara de Pallina para que la escuche.
    ‘Que calle estas tomando?’
    ‘Porque?’
    ‘No vamos a Baffetto?’
    ‘No.’
    ‘Que paso?’
    ‘Cada tanto hay que cambiar. Babi, eres una metódica. Siempre vas a Baffetto, siempre sacas ocho en latín, siempre todo igual! A propósito, con quien estas ahora?’
    ‘Como que con quien? Con Marco no?’
    Babi mira sorprendida a la amiga. No sabe porque, pero esta segura que a ella no le cae bien Marco.
    ‘Ves Babi, hasta ahí eres fastidiosa. Debes cambiar.’
    ‘Bromeas? Estoy ilusionada.’
    ‘No exageres…’
    ‘No, Pallina, en serio. Lo quiero muchísimo!’
    ‘Como te puede gustar tanto si apenas tienen cinco meses?’
    ‘Lo se, pero estoy enamorada, quizás es porque mi primer historia importante.’
    Pallina sube las calles con rabia. Si, tu primera historia importante y es con ese gusano, piensa Pallina. Después mete tercera y va hacia Plaza Mazzini. Después va a segunda y dobla a la derecha. Babi le aprieta la cintura mientras a toda velocidad van por la tercera transversal, la calle Nueva Florentina. Fabio, el hijo del propietario, esta en la puerta. Cuando las ve, las saluda yendo a su encuentro. Es muy apegado a ellas dos. En realidad le atrae Babi, aunque siempre lo ha escondido. Fabio las acomoda en la fila de las mesas a la derecha, apenas entrando, cerca de la caja. De ahí se puede ver todo el local. Un camarero les lleva rápido dos menú para comer. Pero Pallina ya sabe que agarrar.
    ‘Aquí hacen un calzone fabuloso! Esta todo: queso con el huevo, mozzarella, y pedazos de jamón. Una cosa increíble!’
    Babi revisa en el menú si hay algo con menos grasa para su dieta. Pero Pallina la convence.
    ‘Entonces dos calzones y dos cervezas claras medianas.’
    Babi mira preocupada a la amiga.
    ‘También la cerveza? Quieres hacerme engordar.’
    ‘Entiende, por una vez! Esta noche debemos celebrar!’
    ‘Que cosa?’
    ‘Bueno, hace tiempo que no salíamos solas.’
    Babi piensa que es cierto. Últimamente las pocas veces que ha salido siempre ha sido con Marco. Le gusta estar ahí en ese momento, con su amiga. Pallina esta revisando los bolsillos de su chaqueta. Al final saca un gancho con corazones de piedra dura de colores, se recoge el cabello y los aguanta con el gancho.
    Su bella cara redonda aparece en toda su claridad. Babi le sonríe.
    ‘Esta bello ese gancho. Te queda muy bien.’
    ‘Te gusta? Lo compre en la Plaza Carli de Bruscoli.’
    ‘Te molesta si compro uno también? Quizás un poco diferente. Tenia uno parecido pero se me perdió.’
    ‘Bromeas, estoy habituada a ser copiada. Soy una chica que marca tendencia. Sabes que cuando voy a los negocios me dan la ropa gratis? Basta que me la ponga. Desde mañana lo decido, me pediré que me den un sueldo!’
    Ríen. En ese momento llegan las cervezas. Babi las mira. Son enormes.
    ‘Esta es la mediana? Y si fuera la grande?’
    Pallina sube el vaso.
    ‘Anda, no inventes cosas.’ Lo choca con fuerza contra el de Babi. Un poco de cerveza cae afuera salpicando en el mantel.
    ‘Por nuestra libertad.’
    Babi la corrige: ‘Momentáneamente…’
    Pallina le da una pequeña sonrisa como para decir: concedido. Después beben las dos. Babi es la primera a ceder. Al llegar a un cuarto del vaso, para de beber. Pallina continúa bebiendo tomándose poco más de media cerveza.
    ‘Ahhh.’ Pallina deja el vaso en la mesa. ‘Esta si que la necesitaba.’
    Y se limpia la boca rozándola violentamente con la servilleta. Cada tanto le gusta asumir ese aire de dura. Babi abre la canasta de los panecitos. Saca uno ligeramente caliente y lo parte. Después mira alrededor del local. Grupos de chicas hablando divertidas, haciendo pequeños triángulos de pizzas con tomares. Chicos refinados se obstinan de comer con el tenedor las aceitunas. Una joven pareja habla divertida esperando ser servidos. Ella es una bella chica de cabellos oscuros, no muy largos. El le sirve gentilmente de beber. Esta de espaldas. Babi no sabe porque, pero le parece conocido. Un camarero le pasa cerca. El chico lo para. Le pregunta que ha pasado con sus pizzas. Babi lo mira a la cara. Es Marzo. El pan se le rompe entre las manos mientras algo mas se rompe adentro. Recuerdos, emociones, momentos bellísimos, frases dulces susurradas comienzan a girar en un vértice de ilusión. Babi suspira. Pallina se da cuenta.
    ‘Que pasa?’
    Babi no puede hablar. Le indica el fondo del lugar. Pallina se voltea. El camarero se aleja de una mesa. Pallina lo ve. Marco esta allí, le sonríe a una chica sentada frente a el. Le acaricia la mano, confiado de la llegada de las pizzas y sobretodo de lo siguiente en la velada. Pallina se voltea de nuevo hacia Babi.
    ‘Que hijo de perra. Más que una frase común. Los hombres son de verdad todos iguales! Examen de biología no? Se esta preparando par anatomía!’ Babi en silencio dobla la cabeza hacia abajo. Una lagrima ingenua desliza por sus cachetes. Se para un momento sobre el mentón indecisa, después, empujada por el dolor, da un salto al vacío.
    Pallina mira lamentada a la amiga.
    ‘Disculpa, no quise.’
    Se saca del bolsillo del pantalón una bandana colorada y se la pasa.
    ‘Toma, no es la indicada para la situación, quizás muy alegre, pero es mejor que nada.’
    Babi cae en una risa extraña acompañada por un poco de llanto. Después se limpia las lagrimas y la nariz. Sus ojos limpios, ligeramente enrojecidos, vuelven a mirar a su amiga. Babi se ríe de nuevo. En realidad suena como un sollozo. Pallina le acaricia la barbilla, quitando otra lagrima indecisa.
    ‘Anda no seas así, no se lo merece ese gusano. Cuando va a conseguir una como tu? Es el que debería llorar. No sabe lo que perdió. Ahora esta maldecido a tener salir con chicas como esa.’
    Pallina se voltea una vez mas a mirar a la mesa de Marco. También lo hace Babi. Le da una puntada en el estomago. La búsqueda del tesoro. Las caminatas en Villa Glori, los besos en el atardecer, mirarse a los ojos y decirse te amo. Imágenes dulcemente ligeras desaparecen rotas por un viento de tristeza. Babi trata de sonreír.
    ‘Bueno, tan fea no me parece.’
    Pallina mueve la cabeza. Babi es increíble, hasta en esta situación no puede dejar se ser sincera. Babi agarra la cerveza y da un sorbo largo. Después deja el vaso en la mesa y se limpia violentamente la boca con la servilleta igual que como Pallina hizo.
    ‘Dios, como lo odio.’
    ‘Eso! Así me gustas. Debemos castigarlo!’ Pallina golpea el vaso de la amiga, después las dos terminan con la cerveza en un único y ultimo trago. Babi, ligeramente confundida, no habituada a beber y a todo el resto, sonríe decidida a la amiga.
    ‘Tienes razón, se las haré pagar! Tengo una idea. Vayamos donde Fabio!’
    Marco ríe divertido sirviéndole a la chica del frió vino Galestro. Sabe divertir a una chica casi lo mismo que como no sabe elegir un buen vino.
    Esa noche la Nueva Florentina puede estar orgullosa. Nunca había tenido un mesonero tan lindo. Una mesonera, para ser exactos. Babi avanza entre las mesas con las pizzas en mano. No tiene dudas. Esa de la mozzarella sin aliños es para Marco. Cuantas veces la escucho ordenarlas. Cuantas veces con amor le hizo probar un pedazo, llevándolo a su boca.
    Otra puntada. Decide no pensar. Se voltea. Fabio y Pallina están cerca de la caja. Le sonríen apoyándola desde lejos. Babi toma fuerzas. Esta molesta. La cerveza era buena y la esta ayudando a llegar a la mesa de Marco.
    ‘Esta es para ella.’
    Pone la pizza blanca de jamón con poco aceite a la chica que la mira sorprendida.
    ‘Y esta es para ti, gusano!’ Marco no le da tiempo de sorprenderse. La mozzarella sin aliños le cae en la cabeza con todo el tomate, mientras que la masa caliente, quemándolo se transforma en un incomodo sombrero. Fabio y Pallina comienzan a reír en un aplauso, seguidos por todo el restaurante. Babi, ligeramente ebria, se inclina agradeciendo. Después se aleja con Pallina bajo el brazo seguida por divertidos comentarios de los presentes y la mirada estupida de la acompañante.
    Regresan en la Vespa en silencio. Babi se aguanta abrazada fuerte a Pallina. Pero no es miedo. Por la calle hay mucho menos tráfico. Con la cabeza apoyada en la espalda de la amiga mira los árboles desfilar frente a ella, las luces rojas y blancas de carros a lo lejos. Un autobús naranja le pasa cerca. Cierra los ojos. Un escalofrío la toma de sorpresa, después la abandona. Siente frío y calor y se siente sola. Siempre en silencio llegan debajo de su casa. Babi baja de la Vespa.
    ‘Gracias Pallina.’
    ‘De que? No he hecho nada.’
    Babi le sonríe. ‘La cerveza estaba buenísima. Mañana en la escuela te brindo la merienda. Debemos festejar.’
    ‘Festejar que?’
    ‘La libertad completa.’ Pallina la abraza. Babi cierra los ojos. Se le sale un sollozo, después se separa y se aleja. Pallina la mira subir las escaleras corriendo y desaparecer dentro del portón. Después enciende la Vespa y se aleja en la noche. Mas tarde Babi, mientras se quita la ropa, saca el dinero de los bolsillos de los jeans. Cuando mete la mano para ver que hay todavía algo más ahí, queda sorprendida. Entre tantas lagrimas, sale una sonrisa. El gancho de Pallina con los corazones de colores esta ahí. Se lo metió ella, cuando estaban abrazadas.
    Un pequeño regalo para animarla, para hacerla sonreír. Lo ha logrado. Pallina es verdaderamente una amiga. Marco, sin embargo, fue verdaderamente un idiota. Babi sonríe poniéndose el pijama. En toda esta tragedia piensa que hay algo de divertido. Si hubiéramos ido como siempre a Baffetto nunca lo hubiéramos atrapado. Babi se lava los dientes. Que extraño, justo esta noche, decidimos ir a la Nueva Fiorentina. Babi se mete bajo las sabanas. Si, Marco fue un idiota, y espero que lo sea por toda su vida.
    Pallina gira a la derecha. Decide pasar saludando a su amigo Dema.
    Un gato atraviesa la calle. No mira si es negro o no. Pallina no cree en la suerte. Ella prefiere miles de veces la pizza de Baffetto que el calzone de la Nueva Fiorentina. No la cambiaria por nada en el mundo. Pero esa noche, cuando Fabio la llamo diciéndole que ahí estaba el novio de Babi con otra, no tuvo dudas. Era la ocasión que esperaba desde hace tiempo. Supo muchas historias acerca de las aventuras de Marco. No pueden ser solo rumores. Pero si se las hubiera contado, estaba segura que Babi no le hubiera creído. O quizás si. Y ahí se hubiera arruinado una amistad. Mejor echarle la culpa al destino. Pallina llama a Dema por el intercomunicador. Le responde una voz somnolienta.
    ‘Si, quien es?’
    ‘Pallina. Todo esta hecho.’
    ‘Lo atraparon?’
    ‘In fraganti! Como una rata con el queso en la boca o mejor como un gusano con la pizza en la cabeza.’
    ‘Porque, que sucedió?’
    ‘Si bajas te cuento.’
    ‘Y como lo tomo Babi?’
    ‘Malito…’
    ‘Espera, me visto y bajo.’
    Pallina se peina hacia atrás los cabellos. Solo por un momento extraña su gancho de cabello. Pobre Babi, pero mejor así. Quizás sufriría un poco, pero mejor ahora que después. Cuando hubiera estado más enamorada. Rápido regresara a estar alegre. Y la sonrisa de una amiga vale mucho más que un gancho, mucho más que una pizza margarita. Aun si es de Baffetto.

    Bajo la ducha Babi se peina los cabellos llenos de crema. El 103.10 de la radio transmite los últimos éxitos americanos. Anastacia subió al tercer puesto. Babi tira la cabeza hacia atrás llevada por ese lento correr debajo de la ducha. Una cascada de agua ligera se lleva la crema, deslizando por su cara, tocándole sus gestos, la suave piel.
    Alguno toca a la puerta.
    ‘Babi… te quieren en el teléfono.’
    Es Daniela.
    ‘Ya voy.’ Agarra rápido una toalla y va a la puerta. Daniela le da el inalámbrico.
    ‘Habla rápido que espero la llamada de Andrea.’ Babi se encierra de nuevo en el baño y se sienta en el suave cobertor del inodoro.
    La voz de Pallina es sorprendente.
    ‘Estabas bajo la ducha?’
    ‘Naturalmente, ni no entonces no habrías llamado! Que es tan urgente?’
    ‘Me llamo Pollo hace diez segundos. Dijo que le fue buenísimo conmigo. Se disculpo por lo que paso en el restaurante y dice que me quiere ver. Me pidió que esta noche fuera con el a las carreras.’
    ‘Que carreras?’
    ‘Esta noche van unos cuantos a la avenida La Olímpica con las motos y compiten. Velocidad, sobre una sola rueda en dos. Recuerdas, que Francesca contó que fue. Dijo que es genial. Ella fue una groupie…!’
    ‘Groupie?’
    ‘Si, esas que van detrás las llaman así porque se montan con una correa y se amarran así al que maneja. La regla es que deben estar de espaldas.’
    ‘Volteados de espaldas? Pallina pero que, te volviste cretina? Casi me lamento haberme sacrificado por ti…’
    ‘Sacrificada como?’
    ‘Como que como? La nota y todo eso!’
    ‘La estas haciendo fastidiosa esa historia de la nota!’
    ‘Mientras tanto estoy castigada y no puedo salir hasta el lunes.’
    ‘Esta bien, si nunca te pedí que vinieras conmigo. Solo quería un consejo. Que dices, voy?’
    ‘Ir a ver a esos que corren es aun mas estupido que ir a correr con la moto. Haz como te parezca.’
    ‘Quizás tienes razón. A propósito. Le dije a Dema que soy novia de Pollo. Estas contenta?’
    ‘Yo? A mí que me importa. Es tu amigo. Solo te dije que, según yo, si se enterara por otro, se iba a poner mal!’
    ‘Si, entendí. Pero estuvo bien. Hasta me pareció feliz. Viste que te equivocaste. No es cierto que esta enamorado de mi.’
    Babi se acerca al espejo. Con la toalla quita un poco de vapor. Aparece su imagen con el teléfono en mano y la cara molesta. A veces Pallina es tan estresante.
    ‘Bueno, mejor así no?’
    ‘Sabes que te digo, Babi? Me convenciste. No voy a las carreras.’
    ‘Así es! Después hablamos.’
    Babi sale del baño. Pasa frente a Daniela y le regresa el teléfono. Daniela no dice anda, pero parece molesta, como si quisiera decir que la hermana tardo mucho con el teléfono. Babi va a su cuarto y se seca los cabellos. Entra Daniela con el teléfono. ‘Es Dema. Es inútil decir que va lo mismo que antes.’
    ‘Hola Dema, como estas?’
    ‘Malisimo.’
    Babi escucha en silencio. Parece casi ‘una emoción para siempre’, la canción de Eros, fuera escrita para el. ‘Quisiera poder recordarte así…’ pero en que modo, si no tiene nada que recordar? Babi renuncia a decirle. También porque Dema le hace miles preguntes.
    ‘Pero como, después de todo el tiempo que he pasado tras ella, va a salir con este? Y quien es ese?’
    ‘Se llama Pollo, no se nada mas.’
    ‘Pollo? Que nombre! Que espera conseguir? Es un violento, uno de los ladrones que vinieron la otra noche a la fiesta de Roberta! Bella gente, y Pallina esta enamorada!
    ‘Bah, enamorada Dema… le gustara!’
    ‘No, no, enamorada. Me lo dijo ella!’
    ‘Sabes cuantas cosas dice Pallina no? La conoces mejor que yo. Esta noche, por ejemplo, quería ir a ver las carreras en la Olímpica… cinco segundos después cambio de idea. Viste como es? Quizás dentro de un poco se dará cuenta del error que hizo y se arrepiente. Arriba, Dema, veras que saldrá así.’
    Dema se queda en silencio. Ha creído sus palabras o quizás ha querido creerlas. Pobrecito, piensa Babi. Y menos mal q no estaba enamorado!
    ‘Si, quizás tienes razón. Tal vez todo salga así.’
    ‘Ya veras, Dema, es cuestión de tiempo.’
    ‘Si, esperemos solo que no se tarde mucho.’ Después trata de parecer más animado. ‘Babi, te lo pido, no le digas a Pallina de esta llamada!’
    ‘Claro, y anímate, ok?’
    ‘Si, gracias.’ Cortan.
    Entra Daniela.
    ‘No lo creo, Pallina es novia de Pollo, que loco! Y Dema naturalmente esta destruido!’
    ‘Si, pobrecito, esta detrás de ella desde hace una vida.’
    ‘No tiene esperanzas! Es el clásico amigo de las chicas.’
    Después de esta dura opinión Daniela se aleja con el teléfono, pero no le da tiempo a salir del cuarto y vuelve a sonar.
    ‘Alo. Si, hola, ya te la paso. Babi te pido, no tardes una hora.’
    ‘Quien es?’
    ‘Pallina.’
    ‘Tratare!’ Babi agarra el teléfono.
    ‘Ya terminaste con Pollo?’
    ‘No!’
    ‘Mala suerte…’
    ‘Con quien hablabas que salía ocupado?’
    ‘Con Dema, esta mal.’
    ‘No!’
    ‘Si, lo tomo malísimo! Pobrecito, me dijo que no te dijera, haz como que no sabes nada, ok?’
    ‘Quizás no debí decirle que estaba con Pollo.’
    ‘Pero que dices Pallina, si se enteraba después iba a ser peor.’
    ‘Podría esperar a decirle al final.’
    ‘Al final de que? Podrías no haberte hecho novia y ya.’
    ‘No toquemos este tema. Entonces, he decidido que en la vida es mucho mas divertido ser cretino…’
    ‘Aja, entonces…?’
    ‘Entonces, voy a las carreras.’
    Babi mueve la cabeza. Los cabellos ahora se están secando solos.
    ‘Bien, diviértete.’
    ‘Me llamo Pollo y me viene a buscar en un rato. Pero que dices, según tu debería ir y divertirme o hacerme de la que mira las carreras y se fastidia un poco?’
    Esto es mucho. Babi explota.
    ‘Escucha Pallina. Ve a las carreras, súbete a las motos, corre con ellas, ten algo con todos los violentos de este mundo pero, te ruego, no te vuelvas actriz.’
    Pallina comienza a reír.
    ‘Tienes razón. Escucha, me debes hacer un último favor. No se a que hora regresare de las carreras, le dije a mi madre que voy a dormir en tu casa.’
    ‘Y si llama tu mama?’
    ‘Ella nunca me llama… y por cierto, debes dejarme las llaves debajo de la alfombra de la puerta. En el puesto de siempre.’
    ‘Esta bien.’
    ‘No te olvides! Pobre Dema! Según tu, debo hacer algo?’
    ‘Pallina me parece que por hoy has hecho bastante.’
    Babi apaga el teléfono. Daniela casi se lo quita de las manos.
    ‘Por suerte te pedí que te quedaras poco, eh.’
    ‘Que puedo hacer! Escuchaste lo que ha pasado, no? Te lo pido, no le digas a nadie de Pollo y Pallina.’
    ‘A quien quieres que se lo diga?’
    El teléfono suena de nuevo. Es Giulia.
    ‘Se puede saber quien se cayo dentro del teléfono?’
    ‘Hola Giuli. Lo siento, era mi hermana.’
    Daniela va a su cuarto. Espera apenas que se cierre la puerta, después no resiste.
    ‘Giulia no sabes la noticia. Pallina es novia de Pollo!’
    ‘No!’
    ‘Si! Dema esta mal, pero te pido, no le digas a nadie!’
    ‘No claro, imaginate.’ Giulia escucha el resto de la historia, ya pensando que le dirían más tarde Giovanna y Stefania.
    Babi sale de su cuarto. Tiene una camisa rosa pastel, abajo un pijama azul y en los pies pantuflas. Después de la ducha se recupero de la fatiga de trotar, pero no esta feliz del todo. Aquella noche la dieta no le permite más que una mísera manzana verde. Atraviesa el corredor. Justo en ese momento siente girar las llaves en la cerradura de la puerta. Su padre.
    ‘Papa!’ Babi corre a encontrarlo.
    ‘Babi.’
    Su padre esta molesto. Babi se para.
    ‘Que paso? No me digas que no metí bien la Vespa, que no pudiste entrar en el garaje…’
    ‘Que me importa la Vespa! Hoy vinieron los Accado a verme.’
    Con esas palabras Babi palidece. Como no lo pensó antes? Debía haberle contado todo lo que paso a sus padres.
    Raffaella, que apenas había terminado de lavar dos manzanas blancas preparando así la cena, llega a la sala.
    ‘Que quieren de ti los Accado? Que paso? Que tiene que ver Babi con todo?’
    Claudio mira a su hija.
    ‘No lo se. Dile tu Babi, que tienes q ver?’
    ‘Yo? Yo no tengo que ver con nada!’
    Daniela aparece en la puerta.

    ‘Es cierto. Ella no tiene nada que ver!’ Raffaella se voltea hacia Daniela.
    ‘Quedate callada, nadie te pregunto.’
    Claudio agarra a Babi por un brazo.
    ‘Quizás no será culpa tuya, pero el que estaba conmigo si tiene que ver! Accado esta en el hospital. Tiene el seto nasal fracturado en dos puntos. El hueso le ha entrado, el medico le dijo que bastaba medio centímetro mas para que le entrara en el cerebro.’
    Babi se queda en silencio. Claudio la mira. Su hija se sorprende.
    Le suelta el brazo. ‘Quizás no has entendido Babi, medio centímetro mas y Accado moría…’
    Babi esta aterrada. El hambre se le paso. Ahora no quiere siquiera la manzana. Raffaella mira preocupada a la hija, después, mirándola así de sorprendida asume un tono calmado y tranquilo.
    ‘Babi, por favor, puedes contarme que paso?’
    Babi alza los ojos. Son claros y miedosos. Es como si la viera por la primera vez esa noche. Comienza con un ‘nada mama’ y sigue adelante contándoles todo. La fiesta, los desastrosos, Chicco que llamo a la policía, ellos que hicieron como que huían pero que los esperaban abajo escondidos. El seguimiento, la BMW destruida. Chicco que se para, aquel muchacho con la moto azul que lo golpeo, Accado que interfiere y que ese muchacho también lo ha golpeado a el.
    ‘Pero como, y Accado te dejo con ese vándalo? Con ese violento y no te saco de ahí?’
    Raffaella esta estupefacta. Babi no sabe que responder.
    ‘Quizás pensó que era un amigo mío, que se yo. Se solo que después de los golpes escaparon todos y quede sola con el.’
    Claudio mueve la cabeza.
    ‘Claro que Accado escapo. Podía morir desangrado con esa nariz rota. Igual ya todo acabara con ese muchacho. Filippo lo denuncio. Hoy vinieron a mi oficina a contarme toda la historia. Dijeron que procederán por vías legales. Quieren saber el nombre y apellido de ese muchacho. Como se llama?’
    ‘Step.’
    Claudio mira perplejo a Babi.
    ‘Como Step?’
    ‘Step. Así se llama. Al menos, siempre escuche que le dijeran así.’
    ‘Que, es americano?’
    Daniela interviene.
    ‘Como va a ser americano papa! Es un apodo.’
    Claudio mira a las hijas.
    ‘Pero este muchacho tendrá también un nombre?’
    Babi le sonríe.
    ‘Claro que lo tendrá, pero yo no lo se.’
    Claudio pierde de nuevo la paciencia.
    ‘Y como yo les digo a los Accado que mi hija sale a pasear con uno que no sabe como se llama.’
    ‘Yo no paseo con el. Estaba con Chicco… ya te lo dije.’
    Raffaella interviene.
    ‘Si, pero después regresaste a casa en moto con el.’
    ‘Mama, si Chicco y los Accado habían escapado, como regresaba? Estaba ahí en la calle, de noche? Que hacia, regresaba a casa sola? Lo intente. Pero después de un rato se paro un loco con una Golf a fastidiarme, y me deje acompañar.’
    Claudio no cree lo que oye.
    ‘Entonces a este Step le debemos agradecer entonces!’
    Raffaella mira molesta a sus hijas.
    ‘No podemos dar esa imagen. Entendieron? Quiero saber rápido el nombre del muchacho. Esta claro?’ Babi se acuerda de esa mañana cuando hablaba con Daniela. Era muy temprano, ella tenia sueño todavía, pero no tiene dudas.
    ‘Dani, tu sabes como se llama. Dile!’
    Daniela mira a Babi alterada. Pero que, esta loca? Decirlo? Denunciar a Step? Recuerda eso que le hicieron a Brandelli y muchas otras historias que ha escuchado. Le destruirían la Vespa, la golpearían. Escribirían cosas terribles en los muros de la escuela con su nombre y cosas que ni siquiera había hecho todavía. Denunciarlo?
    En un solo segundo pierde la memoria.
    ‘Mama, yo solo se que se llama Step.’
    Babi arremete contra la hermana.
    ‘Mentirosa! Eres una mentirosa! Yo no lo recuerdo, pero esta mañana me dijiste como se llamaba. Tu y tus amigas lo conocen muy bien.’
    ‘Pero que dices?’
    ‘Eres mala, no lo dices porque tienes miedo. Tu sabes como se llama.’
    ‘No, no lo se.’
    ‘Si que lo sabes!’
    Babi de repente se detiene. Es como si algo en su mente se hubiera abierto, aclarado. Lo recuerda.
    ‘Stefano Mancini. Eso es su nombre. Lo llaman Step.’
    Después mira a la hermana y cita sus palabras: ‘Yo y mis amigas le decimos 10 con honores.’
    ‘Así es Babi.’ Claudio saca del bolsillo una libreta donde siempre anota todo. Escribe el nombre antes de que se le olvide. Mientras escribe esta nerviosa. Leyó algo que debió haber hecho, pero ya es muy tarde.
    Daniela mira a la hermana.
    ‘Te sientes orgullosa no? No entiendes que te harán? Te destruirán la Vespa. Te golpearan, escribirán acerca de ti en los muros de las escuela.’
    ‘Ve, la Vespa ya esta destruida. En los muros dudo que escriban algo, también porque no creo que alguno de ellos sepa escribir. Y si me quieren lastimar, mi papa me protegerá, verdad?’
    Babi se gira hacia el. Claudio piensa en Accado, imagina el dolor que debe ser que te fracturen la nariz.
    ‘Claro Babi, aquí estoy yo.’
    Se pregunta cuando será verdad esa afirmación. Quizás poco. Pero sirvió en el momento. Babi, ahora más tranquila, va a la cocina. Agarra su manzana verde y la lava de nuevo. Después, teniéndola agarrada en el vacío por la ramita que le sobresale, comienza a girarla. Cada giro, una letra. Cuando la ramita se suelta, esa, aquella es la inicial de alguien que piensa en ti. A, B, C, D. La rama se suelta con un sonido seco.
    Salio la D. Quien conoce que inicie por D? Nadie, no le viene a la mente nadie. Por suerte no salio la S. Es difícil que esa ramita resista tanto. Pero aun si hubiese salio esa letra no se habría preocupado tanto tampoco. No tiene miedo. Babi pasa frente a su madre. Le sonríe. Raffaella la mira alejarse. Esta orgullosa de su hija. Babi si que salio como ella. No como Daniela. El miedo que tiene se justifica. Daniela es toda como su padre. Claudio pone su traje gris en la cama.
    ‘Tesoro, me compraste la cafetera grande?’
    ‘No, me olvide.’
    Raffaella se encierra en el baño. Pero como, piensa Claudio, lo anote en la lista del mercado. Decide no decir nada, justificando así aun más el carácter de Daniela. Claudio, elige una camisa, la echa en la cama. Después lanza también su corbata preferida. Quien sabe, quizás esta noche podrá ponérsela.
    Los padres salen, aconsejándoles como cada noche de no abrirle a nadie. Pronto después Babi baja en pijama y sin hacerse ver, esconde las llaves de la casa bajo la alfombra de la puerta. Quien sabe donde esta Pallina en ese momento. En la carrera de motos en la Olímpica. Quizás contenta.
    Daniela esta en el corredor. Habla con Andrea Palombi en el teléfono mientras con un lapicero garabatea sus nombres y algunos corazones en una hoja. Andrea, escuchando que Daniela no le responde, se intriga.
    ‘Danie, pero que estas haciendo?’
    ‘Nada.’
    ‘Como que nada? Siento sonidos.’
    ‘Estoy escribiendo.’
    ‘Ah, y que escribes?’
    ‘Nada…’ miente. ‘Estoy haciendo dibujos.’
    ‘Ah, entiendo. Y tu dibujas cuando hablas conmigo?’
    ‘No, te escucho. Entendí todo.’
    ‘Entonces repite.’
    Daniela suspira.
    ‘El lunes, miércoles y viernes vas al gimnasio y el martes y jueves a ingles.’
    ‘A que hora?’
    Daniela piensa un momento.
    ‘A las cinco.’
    ‘A las seis. Ves que no escuchas?’
    ‘Claro que si, es que no lo recuerdo. Entendiste porque antes no podía hablar?’
    ‘Si porque estaban tus padres y se estaban despidiendo.’
    ‘Exacto: te decía si, aja, ehm. Y tu no entendías!’
    ‘Como puedo entender si no me lo dices?’
    ‘Como puedo decírtelo si ellos estaban enfrente mío? Pero si eres terco! Tengo una idea: debemos decidir una palabra convencional para cuando no podamos hablar.’
    ‘Como…?’
    ‘Que se yo, pensemos…’
    ‘Podemos decir el nombre de mi escuela de ingles.’
    ‘Cual es?’
    ‘Viste que no me escuchabas! British.’
    ‘Si, British me gusta.’
    Babi pasa en ese momento y se para frente a la hermana.
    ‘Es posible que siempre estas en el teléfono?’
    Daniela no le responde. Decide usar rápido la nueva palabra.
    ‘British.’
    Andrea se mantiene por un momento perplejo. ‘Que pasa, no puedes hablar?’
    ‘Claro! Si no porque diría British? Así, de la nada. Entonces no lo habíamos decidido así?’
    ‘Esta bien, pero como se yo que ahora no puedes hablar?’
    ‘Eh no, lo debes saber. Dije British.’
    ‘Si, pero pensé que quizás estabas probando como sonaba.’
    Su discusión que no era precisamente algo como metafísica fue interrumpida de repente por la voz de una señorita de Telecom.
    ‘Atencion. Llamada local urgente para el numero…’
    Daniela y Andrea se quedan en silencio. Escuchan las primeras cifras que decidirían a cual de los dos es el que lo están buscando. ‘3… 2…’
    Daniela cubre la voz de la señorita. ‘Es para mi. Debe ser Giulia!’
    ‘Hablamos después?’
    ‘Si, te llamo cuando termine. British!’ Andrea ríe. En ese caso quiere decir algo más o menos como ‘te quiero mucho’.
    ‘Yo también.’ Cuelgan. Babi mira a la hermana. Extraño que haya terminado así rápido.
    ‘Han hecho una llamada loca urgente.’
    ‘Me parecía! Es muy extraño que tú termines solo porque yo te lo dije. Serán papa y mama molestos que deben decir algo y siempre consiguen ocupada la línea.’
    ‘Como va a ser! Seguramente es Giulia. Habíamos quedado en que hablaríamos después.’
    Se mantienen esperando en silencio cerca del teléfono. Listas para alzarlo en el primer timbrazo. Como dos participantes en un quiz televisivo donde debes presionar primero el botón y dar la respuesta exacta. El teléfono suena. Daniela es más veloz.
    ‘Giulia?’ Respuesta equivocada. ‘Ah, discúlpeme, si ya se la paso. Es para ti.’ Babi le quita el auricular de las manos de Daniela.
    ‘Si, Alo?’
    Ese sentimiento de satisfacción se vuelve rápido una pena grave. Es la madre de Pallina. Daniela sonríe. ‘No tardes tanto, ok?’
    Babi trata de darle con una patada. Daniela la esquiva.
    Babi se concentra en la llamada. ‘Ah, si señora, buenas noches.’ Escucha a la madre de Pallina. Naturalmente quiere a su hija. ‘Verdaderamente esta durmiendo.’ Después, arriesgando como nunca: ‘Quiere que la despierte?’ Babi entrecierra los ojos y aprieta los dientes esperando la respuesta.
    ‘No, no te preocupes. Te lo puedo decir a ti.’
    Ya paso todo.
    ‘Mañana en la mañana logre hacer la cita para el análisis de sangre. Así que debes decirle que no coma nada desde que se levante y que la vengo a buscar yo a las siete. Entrara a la segunda hora, si no se hace muy tarde.’ Babi ahora esta relajada.
    ‘Si, de todas formas a la primera hora es religión…’ Babi piensa que esa materia para su amiga es del todo inútil. El alma de Pallina, entre mentiras y novios violentos, ya se perdió completamente.
    ‘Por favor Babi, no dejes que coma.’
    ‘No señora, no se preocupe.’
    Babi cuelga. Daniela le pasa cerca lista para adueñarse de nuevo del teléfono.
    ‘Te fue bien verdad?’
    ‘Le fue bien a Pallina. Si la atrapa ya es su problema. Yo que entro en todo?’ Babi prueba rápido a llamar al teléfono de Pallina. Nada que hacer: esta apagado. Es cierto. Esta durmiendo en mi casa y aquí no agarra. Que teléfono usar? Pero de que me preocupo? A lo mas se arriesga es ella. No me debo ni preocupar.
    Babi se hace una manzanilla. Dos pedazos de limón, una bolsa de azúcar dietética y se echa en el sofá. Las piernas dobladas hacia adentro, los pies metidos bajo un cojin, donde hace mas calor. Daniela naturalmente vuelve a llamar a Andrea. Le cuenta la historia de Pallina, la llamada de la madre, la mentira de Babi y tantas otras cosas que para los dos son divertidísimas. En la televisión de la sala hay muchos cambios de canal. Una transmisión de la civilizacion antigua, una historia de amor más contemporánea, un quiz muy difícil. Babi se queda un momento en el sofá pensando. No. Esta respuesta no la sabe. La voz de Daniela llega desde el corredor, alegre y divertida. Palabras de amor se confunden dulces entre risas frescas. Babi apaga la tele. Pallina debería regresar antes de las siete.
    ‘Buenas noches Dani.’
    Daniela sonríe a la hermana.
    ‘Buenas noches.’
    Babi no intenta siquiera de repetirle a la hermana de no ocupar tanto el teléfono. De que serviría? Se lava los dientes. Coloca en la silla el uniforme para el día siguiente, prepara el morral y se mete en la cama. Reza un poco mirando el suelo. Se encuentra distraída. Apaga la luz. Gira en la cama tratando de dormir un poco. No puede. Y si Pallina iría directo hacia la escuela? Ella es capaz de todo. Quizás amanece y hace que Pollo la lleve a Falconieri cuando su mama la viene a buscar acá. Tonta Pallina! Sale de la cama y se viste veloz. Se mete un suéter y un par de jeans, después va el cuarto de Daniela y agarra los zapatos Superga azules. Pasa frente a la hermana. Todavía en el teléfono.
    ‘Voy a avisarle a Pallina.’
    Daniela la mira emocionada.
    ‘Vas a la Serra? Quiero ir yo también!’
    ‘A la Serra? Yo voy a la Olímpica. Donde hacen las carreras.’
    ‘Eh! Se llama la Serra.’
    ‘Y porque?’
    ‘Por todas las flores que esta a los lados de la calle! Por esos que murieron.’
    Babi se pasa la mano por la frente.
    ‘Solo faltaba esto… La Serra!’
    Agarra la chaqueta poniéndoselo en el corredor y trata de salir. Daniela la para.
    ‘Te lo pido, Babi, llevame contigo!’
    ‘Que pasa, todas están locas ahora? Tú, Pallina y yo que vamos a la Serra. También podríamos hacer una carrera en moto no?’
    ‘Si te pones una correa fuerte te eligen ellos y te llevan detrás, anda llevate la mía, imaginate que divertido, ser la groupie…’
    Babi piensa en que estaría durmiendo ahorita. Todo es inútil. Se sube el cierre de la chaqueta. Le parece estar frente a un conductor de programas con un quiz todo para ella. Que vas a hacer allá? Porque vas a la Serra, entre ramos de flores para esos que murieron? En esa calle donde grupos de desencadenados en moto arriesgan tener el mismo fin? La respuesta le parece fácil. Va a avisarle a Pallina de regresar antes de las siete. Esa Pallina que ama estar en los lugares más absurdos, que no sabe nada de latín. La Pallina que ella ama soplarle las respuestas aun si esto le cuesta una nota. Si, ella va sobretodo por Pallina. O al menos esto es lo que ella misma quiere creer.
    ‘Daniela, no lo repito mas. Cuelga ese teléfono.’ Después sale corriendo, con un gancho entre los cabellos y el corazón que extrañamente le late fuerte.

    A los bordes de esa gran calle de amplia curva hay mucha gente. Algunas Jeep Patrol con las puertas abiertas disparan música a todo volumen. Muchachos con cabellos rubios teñidos, con camisetas y gorras americanas, pretenden ser surfistas y en poses de estatuas se pasan, felices, una cerveza. Un poco más allá, cerca de un Maggiolone descubierto, otro grupo, un poco más realista, se aproxima para fumarse una marihuana. Mas adelante, algunos señores en busca de una velada emocionante, están cerca de un Jaguar. Cerca de ellos, otra pareja de amigos miran divertidos esa absurda carrocería. Motos que van sobre una sola rueda, motos que corren veloces rugiendo, frenando y acelerando, chicos que pasan de pie sobre los pedales mirando si hay gente conocida, otros que saludan amigos.
    Babi con su Vespa arreglada afronta la dulce subida. Al llegar arriba, se queda sin palabras. Bocinas diversas, agudas y profundas, suenas como enloquecidas. Motores fuertes se responden rugiendo. Luces de faros, colorados de maneras diversas, iluminan la calle como si fueran una enorme discoteca.
    En una pequeña parte hay un kiosco móvil que vende bebidas y panes calientes. Esta haciendo muchos negocios. Babi se para ahí frente y mete el seguro a la Vespa. Lo cierra. Una Free sobre una sola rueda le pasa tan cercano que Babi casi pierde el equilibrio. Un chico de quince años máximo deja caer de nuevo la rueda del frente riendo alocadamente. Frena haciendo un gran ruido y vuelve a ir por el sentido inverso. Se alza de nuevo con las piernas fuera de su puesto, ligeramente desequilibrado.
    Babi mira distraída todo. Después se pone a caminar, tropieza con un tipo con los cabellos peinados, una chaqueta negra de piel y un zarcillo en el oído derecho. Parece tener un gran susto.
    ‘Mira por donde vas, no?’
    Babi se disculpa. Ahora mucho más se pregunta que esta haciendo en ese lugar. A un cierto punto ve a Gloria, la hija de los Accado. Esta ahí, sentada en el suelo, sobre una chaqueta de jeans. Cerca de ella esta Dario, su novio. Babi se les acerca.
    ‘Hola Gloria.’
    ‘Hola, como estas?’
    ‘Bien.’
    ‘Conoces a Dario?’
    ‘Si, ya nos hemos visto.’
    Se intercambian una sonrisa tratando de recordar donde y cuando.
    ‘Escucha, lo siento por lo que paso a tu papa.’
    ‘Ah si? A mi no me importa de verdad. El esta bien. Así aprende a meterse en sus propios asuntos. Siempre se entromete, siempre quiere salirse con la suya. Finalmente consiguió alguien que lo metiera en su puesto.’
    ‘Pero es tu padre!’
    ‘Si pero también es una gran ladilla.’
    Dario prendió un cigarrillo.
    ‘Estoy de acuerdo. Dile a Step gracias de mi parte. Sabes que nunca me deja subir a su casa? Debo siempre esperar abajo para salir con Gloria. No es que me importa no verlo. Es una cuestión de principios, no?’
    Babi piensa que principios serán esos. Dario le pasa el cigarrillo a Gloria.
    ‘Claro, si se la hubiera dado yo la golpiza, hubieran sido muchos problemas.’
    Dario se comienza a reír.
    Gloria fuma, después mira a Babi sonriendo.
    ‘Y que, ahora eres algo de Step?’
    ‘Yo? Estas loca? Me despido, debo conseguir a Pallina.’
    Se aleja. Se ha equivocado. Los dos son unos locos. Una hija feliz porque su papa fue golpeado. Su novio molesto porque no lo hizo el. Cosas increíbles. Sobre una pequeña escalera, detrás de una red, esta Pollo. Esta sentado sobre una gruesa moto y habla alegremente con una chica que tiene abrazada entre las piernas. La chica tiene un gorro azul con la visera y escrito NY al frente. Los cabellos negros recogidos le salen del gorro entre la visera y el final. Tiene puesta una chaqueta con los bordes blancos plastificados como típica porrista americana. La correa que se usa para ser groupie, un par de pantalones azul oscuros y los zapatos combinados la hacen ver un poco más italiana. Esa loca desencadenada que ríe y mueve divertida la cabeza y besa cada tanto a Pollo, es Pallina. Babi se les acerca. Pallina la ve.
    ‘Hola, que sorpresa!’ Va a su encuentro y la abraza. ‘Que feliz estoy, viniste!’
    ‘Yo para nada. De hecho, quiero irme lo mas rápido posible!’
    ‘A propósito, que haces acá? No es de cretinos venir a las carreras?’
    ‘Si, eres una cretina. Llamo tu mama!’
    ‘No…? Y que le dijiste?’
    ‘Que dormías.’
    ‘Y te creyó?’
    ‘Si.’
    Pallina suelta un suspiro. ‘Menos mal!’
    ‘Si, pero dijo que mañana en la mañana te buscaba rápido, que debes hacer los análisis y saltar la primer ahora.’
    Pallina da un salto de alegría.
    ‘Siiii!’ Su entusiasmo dura poco. ‘Pero mañana tenemos religión a primera hora, no?’
    ‘Si.’
    ‘Que mal, no puedo hacer los análisis el viernes que toca italiano?’
    ‘Bueno, igual te pasara buscando a las siete, así que trata de regresar pronto ok?’
    ‘Pero quédate!’ Pallina agarra Babi bajo su brazo y la lleva hacia Pollo. ‘A que hora termina esto?’
    Pollo sonríe a Babi que lo saluda forzada.
    ‘Rápido, a lo mas dos horas y termina todo. Después iremos a comer una buena pizza, esta bien?’
    Pallina mira entusiasmada a la amiga.
    ‘Anda, no te hagas la muerta!’ Dice mientras Pollo sonríe y prende un cigarrillo. ‘Sabes que aquí esta Step… será feliz de verte.’
    ‘Si, pero no lo seré yo! Pallina, yo regreso a casa. Trata de llegar rápido. No quiero tener problemas con tu mama por tu culpa!’
    Babi mira una placa en el suelo por el borde de la calle. Esta sobre una madera, y en el centro esta la foto de un muchacho cerca de un circulo mitad negro, mitad blanco. El símbolo de la vida. Esa misma vida que el muchacho no tiene más. Y después una escritura: ‘Era veloz y fuerte, pero con el, el señor no se comporto como un verdadero señor. No le quiso dar la revancha. Los amigos.’
    ‘Bellos amigos que son! Y también se la dan de poetas! Prefiero estar sola que tener amigos como ustedes que me ayudan a triturarme.’
    ‘Que rayos vienes a hacer acá si nada te parece bien?’ Dice Pollo botando el cigarro.
    Después, su voz. ‘Es posible que no puedes estar de acuerdo con alguno? Tienes un carácter de verdad.’
    Es Step. Parado frente a ella con su sonrisa arrogante.
    ‘Se da el caso que yo estoy de acuerdo con todos. En mi vida nunca existieron discusiones, quizás porque siempre frecuente un cierto tipo de gente. Últimamente mis conocidos han empeorado, quizás por la culpa de alguien…’ Mira directo a Pallina que alza los ojos al cielo suspirando.
    ‘Lo se, de cualquier forma que lo pongas, siempre es mi culpa.’
    ‘Ah porque, acaso no vine acá solo para avisarte?’
    ‘Ah entonces, no viniste por mi?’ Step se para enfrente. ‘Estaba seguro que habías venido para verme correr…’
    Se acerca peligrosamente su cara a la de ella. Babi lo esquiva superándolo.
    ‘Pero si ni sabia que estabas.’ Se ruboriza.
    ‘Lo sabia, lo sabia. Te pusiste toda roja. Viste, no debes decir mentiras, no eres capaz.’
    Babi se queda en silencio. Se molesta con ese maldito rubor y su corazón que, desobediente, le late veloz. Step lentamente se le acerca. Su cara esta de nuevo muy cerca de la de Babi. Le sonríe.
    ‘No entiendo porque te preocupas tanto. Tienes miedo de decirlo?’
    ‘Miedo? Miedo yo? De quien? De ti? Tú no me das miedo. Me das risa. Quieres saber algo? Yo esta noche te denuncie.’ Esta vez es ella que se acerca a la cara de Step. ‘Entendiste? Le dije que fuiste tú que golpeaste al señor Accado. Aquel que le diste el cabezazo. Dije tu nombre. Imaginate que tanto miedo te tengo…’
    Pollo baja de la moto y se dirige veloz hacia Babi.
    ‘Idiota…’
    Step lo detiene.
    ‘Calma Pollo, calma.’
    ‘Como que calma, Step? Ella te arruino! Después de todo lo que paso, otra denuncia y te quitan todo el resto. Vas directamente a prisión, a la cárcel.’
    Babi se queda estupefacta. Esto no lo sabía. Step tranquiliza al amigo.
    ‘No te preocupes Pollo, no sucederá. No terminare en prisión. Quizás iré a lo mas a un tribunal.’ Después, volteado hacia Babi: ‘Aquello que cuenta es lo que se dice en el proceso, cuando tu serás llamada a dar el testimonio en contra de mi. Ese día no dirás mi nombre. Estoy seguro. Dirás que no fue yo. Que no tengo nada que ver.’
    Babi lo mira como si fuera un duelo.
    ‘Ah si? Y estas tan seguro?’
    ‘Claro.’
    ‘Piensas que me das miedo?’
    ‘Absolutamente no. Ese día, cuando iremos al tribunal, estarás tan loca por mi que harías cualquier cosa por salvarme.’
    Babi se queda un momento en silencio, después explota en una risa.
    ‘El loco serás tu que te convences de eso. Yo ese día diré tu nombre. Te lo juro.’
    Step le sonríe seguro.
    ‘No jures.’
    Un pitazo largo y seguro. Todos se voltean. Es Siga. En el centro de la calle esta un hombre bajo como de treinta y cinco años. Tiene una chaqueta de piel negra. Es respetado por todos. Alza los brazos. Es la señal. La primera carrera, la de las groupies. Step se voltea hacia ella.
    ‘Quieres venir detrás mío?’
    ‘Viste, es cierto. Estas loco.’
    ‘No, la verdad es otra. Tienes miedo.’
    ‘No tengo miedo!’
    ‘Entonces haz que Pallina te preste su correa, no?’
    ‘No apoyo las carreras de idiotas.’
    Una moto azul oscuro se para enfrente. Es Maddalena. Saluda a Pallina con una sonrisa, después ve a Babi. Las dos chicas se miran fríamente. Maddalena se sube la chaqueta.
    ‘Me llevas Step?’ Muestra la correa apropiada.
    ‘Claro pequeña. Ponle seguro a tu moto.’
    Maddalena le lanza una mirada de satisfacción a Babi, después le pasa al lado para ponerle el candado a su moto. Step se acerca a Babi.
    ‘Que malo, te hubieras divertido. A veces el miedo es una cosa fea. No te deja vivir los momentos más bellos. Es una especie de maldición si no sabes vencerla.’
    ‘Ya te lo dije, no tengo miedo. Anda a correr si te divierte tanto.’
    ‘Vas a apoyarme?’
    ‘Me voy a casa.’
    ‘No puedes, después de que pita nadie puede moverse.’
    Pallina se le acerca.
    ‘Si, es así. Anda Babi. Quédate aquí conmigo. Así vemos esta carrera y nos vamos juntas después.’
    Babi asiente. Step se le acerca y con un movimiento ágil le quita la bandana que tiene en la cintura. Babi no tiene tiempo de pararlo.
    ‘Devuelvela!’
    Trata de agarrarla. Step la tiene en alto con la mano. Babi trata de golpearlo en plena cara, pero Step es más veloz. Le para la mano en el aire y la aprieta fuerte. Los ojos azules de Babi se ponen claros. La esta lastimando. Orgullosa como es, no dice nada. Step se da cuenta. Deja de apretarla.
    ‘No lo hagas nunca mas.’
    Después la suelta y se monta en la moto.
    En ese momento llega Maddalena y se monta detrás de el. Se pone al contrario como dice el reglamento y se ata a el con la correa. La moto sale justo a tiempo cuando ella logra cerrar la correa en el último hueco. Maddalena lleva las manos hacia atrás y se las lleva a los lados. Después alza la cara. Babi esta ahí viéndola. Las dos chicas intercambian una última mirada.
    Después Step alza la moto, Maddalena cierra los ojos aguantándose de el. La cinta los aguanta. Step cae en dos ruedas y acelera para ponerse en el centro de la calle, listo para la carrera. Alza el brazo derecho. En su muñeca, resplandeciente y alegre, esta la bandana de Babi.
    De repente, tres motos aparecidas de la nada, van al centro de la calle. Todos tienen detrás a una chica sentada al contrario. Las groupies miran alrededor. Una locura de chicas y chicos están frente a ellos. Las miran divertidos. Algunas las conocen y gritan sus nombres. Otros le saludan con la mano buscando tener su atención. Pero las groupies no le responden. Todas tienen las manos detrás y se aprietan al conductor por el miedo de soltarse en la salida. Siga reúne las apuestas. Los señores del Jaguar apuestan más que todos. Uno de ellos apuesta a Step. Otro de ellos apuesta al de al lado con la moto de colores. Siga recoge el dinero y se lo mete en el bolsillo de enfrente de la chaqueta, con cierre. Después alza el brazo derecho y se mete el pito en la boca. Hay un momento de silencio. Las chicos en las motos están todos mirando al frente, listos para salir. Las groupies están sentadas detrás, de espaldas. Tienen los ojos cerrados. Todas menos una. Maddalena quiere saborear el momento. Adora las carreras. Las motos corriendo. Tres pies izquierdos empujan el pedal hacia abajo. Con un único rumor suenan al mismo tiempo. Están listas. Siga baja el brazo y pita. Las motos salen de frente, casi inmediatamente sobre una sola rueda, veloces y rugiendo. Las groupies se sujetan fuertes a sus hombres. Volteadas con la cara hacia el suelo, ven la calle correr bajo de ellas, dura y terrible. Con la respiración aguantada, el corazón a dos mil, el estomago en la garganta. Corren detrás a cien, ciento veinte, ciento cuarenta. El primero a la derecha rompe. Baja la rueda de enfrente, tocando tierra con un golpe fuerte, empujando los amortiguadores. La moto tiembla, pero no pasa nada. Aquel que esta cerca acelera más. La moto sube de nuevo, la chica, sintendose casi vertical, grita. El chico, asustado, quizás también porque es su novia, suelta el acelerador frenando. La moto baja delicadamente. Una bestia de Kawasaki como de trescientos kilos baja con dulzura como si le hubiesen ordenado, baja el frente, tocando el suelo, como un pequeño avión sin alas.
    Step sigue en la competencia, jugando con el freno y el acelerador. Su moto, proyectada siempre a la misma altura, parece inmóvil, sostenida por un hilo transparente en la penumbra de la noche. Vuela así, aguantado de las estrellas. Maddalena mira la calle correr, las rayas blancas casi invisibles se mezclan una con la otra y aquel gris asfalto parece un mar que suave, liso, sin ondas, navega silencioso bajo ella. Step llega de primero entre los gritos de alegría de los amigos presente y la felicidad del señor que apostó por el, no tanto por el dinero ganado, sino por haberle ganado a su amigo que lo llevo a ese lugar.
    Dario, Schello y cualquier otro amigo se precipitan a darle cumplidos. Una mano hermana no bien diferenciada en medio del grupo le ofrece una cerveza aun fría. Step la agarra al vuelo, le da un trago largo, después se la masa a Maddalena.
    ‘Fuiste muy buena, nunca te moviste. Eres la groupie perfecta.’
    Maddalena bebe un poco, después baja de la moto y le sonríe.
    ‘Hay momentos en que hay que quedarse quietos y otros en que hay que saber moverse. Estoy aprendiendo no?’
    Step le sonríe. Es increíble.
    ‘Si, estas aprendiendo.’
    La mira alejarse. También tiene un cuerpo hermoso. Llega Pollo que se monta detrás en su moto.
    ‘Anda, vamos donde Siga. Vamos a ver cuanto ganaste!’
    ‘No mucho, me daban de favorito!’
    ‘Coño, ya no eres una buena jugada. Debes perder alguna carrera, así dejas de ser favorito. Quizás también haces una bella caída y después jugamos todo en la última donde ganas. Clásico no? Como las películas americanas.’
    ‘Si, pero la caída la hago con tu moto!’
    ‘Entonces no! Apenas la arregle.’
    ‘Step! Step!’ El se voltea. Es Pallina desde encima del muro cerca de la red llamándolo. ‘Increible! Eres el mejor.’
    Step le sonríe. Después ve a Babi que esta al lado. Alza el brazo derecho mostrando la bandana azul.
    ‘Fue solo suerte!’ Grita Babi desde lejos.
    Step mete la primera, y con Pollo detrás hace espacio entre la gente y se aleja para retirar el merecido premio.
    Frente a Babi y Pallina se para Maddalena. Tiene una chica rubia, un poco rellena detrás de la moto. Su amiga tiene los pies sobre los pedales y esta levantada, pero la rueda posterior esta igual casi pegando del suelo. Maddalena mastica una menta Vigorsol con la boca abierta.
    ‘No fue solo suerte. Es sobretodo coraje, valor. Se puede saber que hacen dos tontas como ustedes en un lugar como este?’
    La tipa rellena de atrás sonríe.
    ‘Y sobretodo como salen sin uniforme? No son dos de esas idiotas de la Falconieri? Dicen que son todas unas refinaditas!’
    Pallina se ajusta la gorra.
    ‘Escucha cretina! Pero que tienes contra nosotras? Si hay algo que te molesta dilo y ya. No le des tantos rodeos.’
    Maddalena apaga la moto.
    ‘Pasa que tienes la correa para correr y no te lo puedes permitir.’
    ‘Y quien lo dice?’
    ‘Entonces porque no corriste?’
    ‘No compitió mi novio. Yo solo corro con Pollo. Por que, si no lo sabias…’ Pallina se voltea a la chica detrás de Maddalena. ‘…pero yo, estoy con Pollo.’
    La chica hace una mueca. Se esta sonrojando. Pallina lo dijo a propósito. Sabe que esta interesada en el.
    Maddalena señala a Babi.
    ‘Y ella? Ella que hace acá? No lleva siquiera la correa. Que, no sabes que este lugar esta reservado a las groupies? O corres o te vas.’
    Babi se voltea hacia Pallina suspirando.
    ‘Solo faltaba la estupida de turno.’
    Maddalena se da cuenta.
    ‘Que has dicho?’
    Babi le sonríe.
    ‘Dije que estoy esperando mi turno.’
    Maddalena se queda quieta. Quizás de verdad no lo escucho. Babi abre la chaqueta de Pallina.
    ‘Rápido, dame esta correa.’
    ‘Que? Estas bromeando?’
    ‘No, anda, dámela. Si es tan emocionante ser groupie entonces quiero probar.’ La abre. Pallina la para.
    ‘Mira que si te la pones y te eligen, debes correr. Una vez vino aquí una chica que se puso la correa por casualidad, porque le gustaba. Bueno, la hicieron montarse en la moto y debió correr a la fuerza.’
    Babi la mira curiosa.
    ‘Bueno? Como termino todo?’
    ‘Bien, no le paso nada, no se cayo. Pero tú la conoces. Es Giovanna Bardini, la de la segunda sección E.’
    ‘Pero quien, esa nerd? Entonces lo pueden hacer todos!’
    Pallina le pasa la correa.
    ‘Si, pero no se si no lo notaste… Giovanna de ahí en adelante nunca mas volvió a usar una correa de ese tipo.’
    Babi la mira. Pallina hace una mueca graciosa. Después comienzan las dos a reír. En realidad, tratan solo de dramatizar el momento. Maddalena y la amiga las miran fastidiadas.
    Babi se mete la correa y dice con sarcasmo.
    ‘Wow, que increíble! Ahora también soy una groupie.’
    Un tipo atemorizante pasa con la moto enfrente. Tiene la parte baja de los cabellos completamente rapadas y un cuello grueso le sale de una chaqueta verde militar con detalles naranjas.
    ‘Dale groupie, tu allá arriba. Montate detrás.’
    Babi se señala incrédula.
    ‘Quien, yo?’
    ‘Quien mas? Anda, muevete que pronto comienza.’
    ‘Hola Madda.’ El tipo, aparte de su aspecto terrible, tiene también otro punto en su contra. Es un amigo de Maddalena.
    Babi se acerca a Pallina.
    ‘Bueno, adiós, yo voy. Después te cuento como es.’
    ‘Si, claro.’
    Pallina esta frente a ella, preocupada.
    ‘Mira Babi… lo siento.’
    ‘Pero no, que dices. Pienso que es bien ser la groupie y quiero probar. Tu no entras en nada.’
    Pallina la abraza y le dije al oído: ‘Eres la mejor.’
    Babi le sonríe, después se dirige hacia el tipo con la moto. Por un momento se acuerda de esa frase. La escucho justo esa mañana y le provoco una bella nota. Da mala suerte? Maldición a Pallina, a las groupies y a cuando se mete en la cabeza de ser la mejor.
    El tipo acelera sin problema de gastar la gasolina. Babi tiene algún problema para montarse en la moto de espalda. El tipo la ayuda. Babi se ajusta la cinta. El tipo la agarra, se la pone al nivel del corazón y se la regresa a la mano. Babi llega con suerte a ajustarlo en el último hueco. Es más o menos gordo. Y como si no bastara, Maddalena le da una palmada con fuerza a la chaqueta del tipo.
    ‘Dale, acelera todo. Estoy segura que ganas!’ Después sonríe a Babi: ‘Veras como te diviertes aquí detrás. Danilo corre de maravilla.’
    Babi no da tiempo de responderle. El tipo acelera y va adelante. Danilo! Eso es lo que significa la D que esta en su moto. D. Como Danilo. O peor, como destino. La moto frena. Babi por el frenazo termina golpeándose contra la espalda de Danilo.
    ‘Calma, niña.’
    La voz calida y profunda del tipo que debería, según el, tranquilizarla tiene el efecto contrario. Dios mío, piensa Babi.
    ‘Calma, niña.’ Debe ser una pesadilla despierta. Esta correa que me aprieta por el corazón. Yo este tipo de correas nunca me las puse, ni siquiera cuando estaban de moda. Debe ser un castigo. Un tipo con una venda en el ojo y una moto amarilla esta a su izquierda. Hook. Lo ha visto alguna vez en Plaza Euclide. Detrás de el hay una chica con los cabellos rizados y un rubor muy pesado. Esta feliz de ser la groupie. La chica la saluda. Babi no responde. Tiene la garganta seca. Se voltea a la otra parte. Un bello chico alto, con los cabellos largos y un pequeño arete en la oreja, se para a su derecha. Tiene la cubierta de la moto pintado con aerógrafo. Tiene un horizonte con un grueso sol en el centro, con ondas sobre una playa. Un tipo que surfea. Seguramente el surf es menos peligroso que ser la groupie. Abajo tiene una escritura: ‘El baila…’ Babi se inclina hacia delante pero no puede leer más. El resto de la escritura esta cubierta por los pantalones del tipo. El chico saca afuera del bolsillo un pedazo de papel. Se alza sobre sus piernas acercándose al espejo. Lo gira hacia lo alto mirando hacia arriba. La luna aparece reflejada adentro. Babi mira la cubierta. Ahora si puede leer todo: ‘El Bailarín’. Claro, ha escuchado de el. Dicen que se droga. El Bailarín abre la bolsita de papel sobre el espejito. La redonda blancura de la luna se cubrió del blanco de un polvo menos inocente. El bailarín se inclina hacia delante. Si apoya sobre un billete de diez euros enrollado y aspira. La luna regresa de repente a reflejarse. El bailarín pasa el dedo sobre el espejo, recoge los últimos pedazos de esa felicidad artificial y se la pasa por los dientes. Sonríe sin algún motivo real. Químicamente feliz. Se enciende un cigarrillo. La chica detrás de el tiene los cabellos recogidos por un pañuelo y parece no haberse dado cuenta de nada. Sin embargo, se deja ofrecer el cigarrillo. No es valido. No se puede correr drogados. No es deportivo. Si después le hacen el antidoping lo descubren. Pero que estoy diciendo? Esto no es una carrera de caballos! No hay nada legal. Si puedes drogarte. Se va a ciento cincuenta por hora sobre una sola rueda con una pobrecita detrás.
    Yo soy esa pobrecita.
    Le provoca llorar. Maldición Pallina! Step apenas se mete sus ciento cincuenta euros en el bolsillo cuando Pollo le da un codazo.
    ‘Hey, mira quien esta ahí.’ Pollo indica las motos que van a salir. ‘Esa que esta detrás de la moto de Danilo no es la amiga de Pallina?’
    Step se acerca acelerando. No es posible. Es Babi.
    ‘Es cierto.’ Agita el brazo con la bandana y grita su nombre.
    ‘Babi!’ Siente que la llama. Es Step. Lo reconoce, allá en el fondo justo frente a ella. La esta saludando. ‘Tiene mi bandana.’ Susurra casi a si misma. ‘Te lo pido Step, hazme bajar, ayúdame. Step, Step!’ Después suelta la mano para decirle que se acerque. En ese momento, Siga pita. El publico grita. Las motos salen al frente acelerando. Babi se vuelve a agarrar rápido a Danilo, aterrorizada. Todas las tres motos suben en una rueda. Babi se consigue a si misma con la cabeza hacia abajo. Le parece estar casi por tierra. Ve el asfalto correr veloz bajo ella. Trata de gritar mientras la moto ruge y el viento le desordena los cabellos. No le sale nada. La correa le aprieta fuerte la barriga. Le provoca vomitar. Cierra los ojos. Es aun peor. Siente que se desmayara. La moto continua a correr sobre una sola rueda. La rueda enfrente baja un poco. Danilo acelera más. La moto se alza de nuevo, Babi se encuentra más cercana al asfalto. Cree que se caerá. Un toque al freno y la moto regresa ligeramente abajo. Va mejor. Babi mira alrededor. La gente ahora es solo un grupo lejano, coloreado, ligeramente borroso. Todo alrededor, silencio. Solo el viento y el sonido de las otras motos. El bailarín esta ahí a su derecha detrás de ellos. Sus cabellos largos están tensos en el viento y la rueda delantera casi inmóvil en el aire. Hook esta ligeramente mas lejos.
    Danilo esta ganando. Ella esta ganando. Maddalena tiene razón. ‘Corre de maravilla.’ Babi esta exaltada. Siente un sonido a su derecha. Se voltea. El bailarín acelero mas subiendo. La moto se alza mucho. Un golpe seco al freno. La rueda del frente cae muy veloz. La moto trata de alzarse de nuevo, El bailarín la trata de aguantar. El manubrio se le fuga de las manos. La moto va a la izquierda, yendo de lado, y de nuevo a la derecha. El bailarín y la chica detrás, atados juntos, vienen desarmados de ese caballo con motor, hecho de pistones y cilindros enloquecidos. Terminan en el suelo todavía atados. Después su cinta se rompe, deslizan así, aun cercanos, por poco, girando y dando vueltas de un lado a otro de la calle. La moto, ahora libre, continua veloz su carrera. Después cae lateralmente, desliza sobre el asfalto, chilla y da muchas mas vueltas. Al final da una especie de giro, vuela cerca de Babi, alta en la penumbra de la noche. Salta hacia el cielo, llega al menos a cinco metros, con el faro todavía prendido ilumina todo alrededor, hace un arco luminoso. Después, con un último giro, cae golpeando y destrozándose, dejando atrás miles pedazos de acero y de la cubierta pintada. Sutiles llamas de fuego cada vez más débiles la acompañan hasta el final de su carrera. Hook y Danilo se detienen. El grupo lejano se queda en silencio por un momento, después todos salen. En manada de Vespas, SH 50, Peugeot robadas, motos de pequeños o grandes cilindros, Yamaha, Suzuki, Kawasaki, Honda.
    Un ejército de motociclistas avanza rápido. Todos corren al lugar del incidente. El bailarín se alzo. Se aguanta sobre una sola pierna. La otra sale fuera del jeans roto, herida y fracturada, perdiendo sangre por la rodilla. Un visible abultamiento debajo de la chaqueta arriba muestra que el hombro se le salio, mientras que por el frente la sangre oscura le desciende por el cuello. El Bailarina mira su moto destruida. Se dobla y acaricia la cubierta. Una parte de la playa se rompió. El surfista desapareció, transportado por la onda mucho mas dura del asfalto destructor.
    La chica esta tirada en el suelo. El brazo derecho se sacude descompuesto lateralmente. Esta roto. Llora por el susto, sollozando fuerte. Babi se libera de la correa. Baja de la moto. Los primeros pasos son inseguros. No logra dominar sus piernas por la emoción. Entra en el grupo. No conoce a ninguno. Siente los lamentos de la chica tirada por tierra. Busca a Pallina. En un momento escucha otro pitazo. Más largo. Que es? Comienza otra competencia terrible? No entiende. Todos comienzan a correr en todas las direcciones. La gente la tropieza. Las motos le pasan por al lado. Escucha las sirenas. No muy lejos aparecen los carros. Sobre sus techos de colores azules brillantes. La policía. Solo faltaba esta. Debe alcanzar su vespa. Alrededor están muchachos que escapan. Alguno grita, otros se tropiezan peligrosamente. Una chica con la moto cae a pocos metros de ella. Babi se pone a correr. Otros carros de la municipal se paran alrededor. Ahí esta. Ve su vespa parada frente a ella, a pocos metros de distancia. Esta a salvo. De repente, algo la para. Alguien la agarra por los cabellos. Es un oficial. La empuja con fuerza haciéndola caer al suelo, halándola con violencia desde atrás por los cabellos. Babi grita del dolor, tirada en el asfalto, mientras algunos mechones se despegan. En un momento, el policía la suelta. Un golpe en plena barriga ha hecho que se doblara en dos abandonando la presa. Es Step. El policía trata de responder. Step le da un empujón violento que lo hace terminar en el suelo. Después ayuda a Babi a alzarse, la hace subir en su moto detrás de el y sale acelerando. El policía se recupera, se monta en un carro cerca con un colega al volante y parten a su persecución. Step pasa fácilmente entre la gente y las motos paradas de la municipal. Algunos fotógrafos avisados de esa redada llegaron al lugar y toman fotos. Step se levanta sobre una rueda y acelera. Supera otro policía que con la señal roja le hace señas de pararse. Alrededor, flash enloquecidos. Step apaga las luces y se baja hacia el manubrio. El carro de la municipal con el oficial golpeado supera lateralmente el grupo y, con la sirena chillando, esta rápido detrás.
    ‘Cubre la placa con el pie.’
    ‘Que?’
    ‘Cubre el ultimo numero de la placa con el pie.’
    Babi tira hacia atrás la pierna derecha tratando de cubrir la placa. Se desliza dos veces.
    ‘No lo logro.’
    ‘Dejalo así. Es posible que no sabes hacer nada?’
    ‘Se da el caso que nunca he tenido que escapar en una moto. Seguramente hubiera querido evitarlo hoy también.’
    ‘Preferias que te hubiera dejado en manos de ese policía que quería tu cráneo?’
    Step acelera y gira a la derecha. La rueda detrás se desliza ligeramente marcándose en el asfalto. Babi se aprieta a el y grita:
    ‘Frena!’
    ‘Estas bromeando? Si ellos me atrapan me quitan la moto.’
    El carro de la municipal se pone detrás de ellos persiguiéndolos en la calle. Step vuela rápido por la bajada. Ciento treinta, ciento cincuenta, ciento ochenta… se siente la sirena sonar lejos. Se están acercando. Babi piensa lo que le dijo su madre:
    ‘No te atrevas a montarte atrás de ese muchacho. Mira como maneja… es peligroso.’ Tiene razón. Las madres siempre tienen razón. Sobretodo la suya.
    ‘Frena. No quiero morir. Ya me lo imagino mañana lo que leeré en los periódicos. Joven chica muere en una persecución con la municipal. Frena, te lo pido.’
    ‘Pero si mueres como vas a leer los periódicos?’
    ‘Step pararte! Tengo miedo! Ellos quizás disparen.’
    Step acelera de nuevo y se voltea repentinamente a izquierda. Se meten en una calle que tiene un campo semidesierto. Hay algunas villas con un muro alto y una cerca. Tienen algún segundo. Step frena.
    ‘Apurate, baja. Esperame aquí y no te muevas. Te paso a buscar apenas no los tenga detrás…’
    Babi baja volando de la moto. Step sale de nuevo a toda velocidad. Babi se pega al muro cercano de la entrada de la villa, escondiéndose. Justo a tiempo. El carro de la municipal pasa justo en ese momento. Pasa rápido frente a la villa y prosigue a perseguir la moto. Babi se tapa las orejas y cierra los ojos para no escuchar el sonido chillón de la sirena. La maquina desaparece lejos, detrás de aquel pequeño farolito rojo. Es la moto de Step que con las luces apagadas, ahora solo, corre veloz en la oscuridad de la noche.

    Pollo se para con la moto frente a la residencia de Babi. Pallina baja y va a donde el portero. ‘Hola, ha regresado Babi?’
    Fiore, medio somnoliento, duda un poco a reconocerla.
    ‘Ah, hola Pallina. No, la vi salir en la Vespa, pero todavía no ha regresado.’
    Pallina regresa donde Pollo: ‘Para nada.’
    ‘No te preocupes, si esta con Step esta bien. Veras que dentro de un poco estará acá. Quieres que te acompañe?’
    ‘No, voy arriba. Quizás esta en problemas y llama a la casa. Mejor que este alguno que pueda responderla.’ Pollo prende la moto.
    ‘El primero que sepa algo, llama.’
    Pallina lo besa, después se va. Pasa debajo de la barra y se aleja hacia la subida del complejo. Cuando esta a mitad del camino se voltea. Pollo la saluda. Pallina le manda un beso con la mano, después desaparece por la izquierda y sube las escaleras. Pollo mete primera y se aleja. Pallina alza la alfombra. Las llaves están allí, como acordaron. Tarda un poco encontrando la correcta para la puerta. Sube al primer piso y abre lentamente la puerta. Del corredor llega una voz. La reconoce. Es Daniela. Esta hablando por teléfono.
    ‘Dani, donde están tus papas?’
    ‘Pallina, que haces aquí?’
    ‘Responde, donde están?’
    ‘Salieron.’
    ‘Bien! Cuelga, rápido. Debes dejar libre el teléfono.’
    ‘Pero estoy hablando con Andrea. Y Babi donde esta? Fue a buscarte.’
    ‘Por eso debes trancar. Quizás Babi llama. La ultima vez que la vi estaba en la moto con Step perseguida por la municipal.’
    ‘No?!’
    ‘Si!’
    ‘Que asombrosa es mi hermana.’

    El polvo lentamente desapareció. Nubes densas y grises vuelan en lo alto, en el cielo sin luna. Todo alrededor es silencioso. Ni una luz. Solo un pequeño faro lejano pegado al alto muro de una casa. Babi se pega al muro. La golpea el olor fuerte de fertilizante esparcido en el campo. Una brisa ligerea mueve las hojas de los árboles. Se siente sola y perdida. Esta vez es cierto. Tiene miedo. A la derecha, lejos, siente un galopar de caballos. Sementales perdidos en un campo oscuro. Se dirige hacia el pequeño faro. Camina lenta, a lo largo del muro, con la mano apoyada al mismo, atenta a donde mete los pies, entre pedazos de hierba alta y salvaje. Habrá culebras? Un viejo recuerdo del libro de ciencia la tranquiliza. Las culebras no salen de noche. Pero las ratas si. Alrededor debe estar lleno. Las ratas muerden. Leyendas urbanaza. Recuerda algún amigo de un amigo, que lo mordió una rata. Murió en poco tiempo de Lepto algo. Terrible. Maldición a Pallina. De repente un sonido a su izquierda. Babi se para. Silencio. Después una rama rota. De golpe algo se mueve veloz hacia ella, corriendo, asomándose entre las ramas. Babi esta aterrorizada. La mancha oscura frente a ella deja ver un un gran perro de cabello oscuro. Babi mira el can que avanza veloz ladrando en la noche. Babi se voltea y comienza a correr. Casi resbala con unas piedras. Regresa a correr, arranca en la oscuridad, corriendo al frente, sin ver donde va. El perro esta detrás. Avanza amenazante, gana terreno. Ladra feroz. Babi alcanza la cerca. Hay una fisura en lo alto. Mete la mano, después la otra, al final consigue un apoyo para los pies. Derecha, izquierda y arriba, logra subir. Salta en la oscuridad, evitando por un segundo esos dientes blancos y afilados. El perro termina contra la cerca. Rebota con un golpe sordo. Comienza a correr hacia el frente y atrás ladrando, tratando inútilmente el modo de alcanzar su pesa. Babi se alza. Se golpeo las manos y rodillas cayendo hacia delante en la oscuridad. Se metió en algo calido y suave. Es fango. Se le mete lentamente por toda la chaqueta y los jeans. Sobre las manos adoloridas. Trata de moverse. Las piernas están hundidas hasta la rodilla. El perro corre lejos a lo largo de la cerca. Babi espero que no haya una entrada. Lo puede oír ladrando, ahora mas feroz porque no logra alcanzarla. Bueno, mejor este fango que sus mordidas. Después, de repente, un olor acre, ligeramente dulce, le pega de golpe. Acerca la mano sucia a su cara. La huele. El campo por un momento parece envolverla y hacerla suya. Oh no! Estiércol! El cambio no es tan conveniente.

    Pallina sale a la puerta, la acompaña lento para no dejar que cierre. Después toma las llaves del bolsillo, se inclina, alza el tapete y las pone en el lugar establecido. Babi todavía no ha llamado. Pero al menos así no debe tocar para entrar. En ese momento siente el sonido de un carro. De la curva del patio sale una Mercedes 200. Los padres de Babi. Pallina deja caer el tapete y se mete en la puerta. Deja que cierre de golpe a su espalda. Corre rápido hacia el corredor.
    ‘Dani rápido, llegaron tus papas.’
    Daniela esta frente al refrigerador, presa del hambre usual de las dos de la madrugada. Pero esta vez deberá ayunar. Dieta forzada. Lanza la puerta del frigorífico. Corre a su cuarto y se encierra dentro. Pallina entra en el cuarto de Babi y se mete en la cama toda vestida. El corazón le late fuerte. Se pone a escuchar. Siente el sonido del portón del garaje que cierra. Es cosa de minutos. Después en la oscuridad del cuarto ve el uniforme en la silla. Babi lo preparo antes de salir, en caso de no regresar temprano. Como es precisa, pobre Babi. Esta vez esta en problemas. Si Pallina supiera donde termino Babi, no perdería la oportunidad de echarle broma. Esta vez esta de verdad metida en la mierda, aun si es de caballo.
    Pallina se sube las sabanas hasta el mentón y se voltea hacia el muro, mientras una llave gira ruidosa el cerrojo de la puerta de la casa.

    Step va por la avenida del río Tevere, supera dos o tres carros, después mete la tercera y acelera. La municipal la tiene siempre detrás. Si alcanza la plaza Trilussa, lo lograra. Del espejo ve el carro que se acerca peligroso. Dos carros frente a el. Step acelera. Tercera. La moto chilla al avanzar. Pasa rápido entre las puertas. Una de los dos automóviles frena asustado. El otro continúa su camino en medio de la calle. El conductor, ebrio, no se dio cuenta de nada. La municipal para siempre a la derecha. Las ruedas suben sonando sobre el borde de la acera. Step ve la plaza Trilussa frente a el. Acelera de nuevo. Corta la calle por la derecha y se dirige a la izquierda. El conductor ebrio frena de golpe. Step se mete en una pequeña calle frente a la fuente que une otras calles. Pasa en medio de bajas columnas de mármol. La policía municipal frena bloqueada frente a las columnas. No puede pasar. Step acelera. Lo logro. Los dos policías bajan del carro. Les da solo tiempo de ver una pareja de enamorados y un grupo de chicos que suben veloces sobre la pequeña acera dándole paso a ese loco con la moto de faros apagados. Step continúa a correr veloz por un rato. Después mira en el espejo. Detrás de el esta todo tranquilo. Solo algún carro lejano. El trafico de la noche. Ya no lo sigue nadie. Prende las luces. Falta solo que lo pararan por eso.

    Claudio abre el frigorífero y se sirve un vaso de agua. Raffaella va hacia los cuartos de dormir. Antes de ir a dormir siempre les da el beso de las buenas noches a sus hijas, un poco por hábito, pero también para estar segura que han regresado. Esa noche no debían siquiera salir. Pero uno nunca sabe. Es mejor revisar. Entra en el cuarto de Daniela. Camina sin hacer ruido, atenta a no tropezar con el tapete. Pone una mano sobre la cama. La otra la apoya en la pared. Después se dobla al frente, lentamente, y con los labios le toca el cachete. Duerme. Raffaella se aleja en la punta de sus pies. Cierra lento la puerta. Daniela se voltea lentamente. Se alza apoyándose en un codo. Ahora viene lo bueno.
    Raffaella baja silenciosa la manilla y abre la puerta de Babi. Pallina esta en la cama. Ve el reflejo de luz del corredor que lentamente se plasma alargándose sobre las paredes. El corazón le comienza a latir veloz. Y ahora, si me descubren que les cuento? Pallina se mantiene inmóvil de espaldas, tratando de no respirar. Siente el sonido de un collar: debe ser la mama de Babi. Pallina reconoce su perfume. Es ella. Mantiene la respiración, después siente el beso de ella tocándole la cara. Es el beso suave y afectuoso de una madre. Es cierto. Las mamas son todas iguales. Preocupadas y buenas. Pero también para ellas las hijas son idénticas? Espera que si. Raffaella arregla el cubrecama, la tapa delicadamente con el borde de la sabana. Repentinamente se detiene. Pallina se queda inmóvil, en espera. Descubrió algo? La reconoció? Siente un ligero sonido. Raffaella estaba inclinada. Puede sentir la respiración calida cerca, demasiado cerca. Después nota los pasos ligeros que se alejan. La débil luz del corredor desaparece. Silencio. Pallina se gira lentamente. La puerta esta cerrada. Finalmente respira. Ya paso.
    Se inclina hacia el frente. Porque la mama de Babi se inclino? Que estaba haciendo? En la oscuridad del cuarto sus ojos acostumbrados a la penumbra consiguen rápido la respuesta. A los pies de la cama, perfectamente unidas, están las pantuflas de Babi. Raffaella las arreglo en su puesto, ordenadamente. Listas para acoger a los pies de su hija en la mañana, cuando aun están calientes de sueño. Pallina se pregunta si su mama haría lo mismo. No. Ni lo pensaría. Alguna noche se quedo despierta esperando su beso. Una inútil espera. Su madre y su padre regresaron tardes. Los escucho charlar, pasar frente a su puerta y seguir de largo. Después el sonido. La puerta del cuarto de ellos cerrándose. Y con esa, sus esperanzas desvanecían. Bueno, son madres diferentes. Siente escalofríos extraños por todo el cuerpo. No, no quisiera a Raffaella como mama de todas formas. Después de todo no le gusta su perfume. Es muy dulce.

    Step desemboca en la calle. Llegando frente al portón donde la dejo, frena alzando una nube de polvo. Mira alrededor. Babi no esta allí. Suena la bocina. Ninguna respuesta. Apaga la moto. Trata de llamarla. ‘Babi.’
    Nada. Desapareció. Va a encender la moto, cuando siente un movimiento a la derecha. Viene de detrás de la cerca.
    ‘Estoy aquí.’
    Step mira entre las tablas de madera oscura. ‘Donde?’
    ‘Aquí!’ Una mano sale en un espacio libre entre una tabla y otra.
    ‘Pero que haces ahí atrás?’
    Step mira sus grandes ojos azules. Brillan solitarios sobre su mano, en el espacio. Están iluminados por la débil luz de la luna y parecen asustados.
    ‘Babi, sal de ahí.’
    ‘No puedo, tengo miedo!’
    ‘Miedo? De que?’
    ‘Hay un perro enorme ahí atrás, y no tiene cadena.’
    ‘Pero donde? Aquí no hay ningún perro.’
    ‘Estaba antes.’
    ‘Bueno, ahora ya no esta.’
    ‘Igual no puedo salir.’
    ‘Y porque?’
    ‘Me da pena.’
    ‘Pero que te da pena?’
    ‘De nada, no quiero decirte.’
    ‘Te la das de cretina ahora? Bueno, ya me moleste. Ahora enciendo la moto y me voy.’
    Step prende la moto. Babi bate las manos entre las tablas.
    ‘No, espera!’
    Step apaga de nuevo la moto.
    ‘Entonces?’
    ‘Ya salgo, pero prométeme que no te reirás.’
    Step mira hacia esos ojos azules, después se pone la mano derecha en el corazón.
    ‘Lo prometo.’
    ‘Lo prometiste, no?’
    ‘Si, ya te lo dije…’
    ‘Seguro?’
    ‘Seguro.’
    Babi mete las manos entre las fisuras, preocupada que ninguna astilla la lastime. Un ‘Ay’ ahogado. Step sonríe. No fue tan cuidadosa después de todo. Babi esta en la cima de la reja, se desliza y comienza a bajar. Al final da un salto. Step gira el manubrio de la moto hacia ella iluminándola con el faro.
    ‘Pero que hiciste?’
    ‘Para escapar del perro tuve que saltar la cerca y me caí.’
    ‘Te ensuciaste toda de fango?’
    ‘Quizás… es estiércol.’
    Step arranca a reír.
    ‘Dios mío, estiércol… no, no es posible. No puedo.’
    No logra parar la risa.
    ‘Me dijiste que no te reirías. Lo prometiste.’
    ‘Si, pero esto es demasiado. Estiércol! No puedo creerlo. Tú en el estiércol. Es muy bello. Es el máximo!’
    ‘Yo sabia que no me podía confiar. Tus promesas no valen nada.’
    Babi se acerca a la moto. Step deja de reír.
    ‘Para! Quieta. Que haces?’
    ‘Como que hago? Subo.’
    ‘Pero que, estas loca? Quieres subir en mi moto así?’
    ‘Claro, sino que hago, me desnudo?’
    ‘Ah, no se. Pero sobre mi moto así de sucia no subes. Menos con estiércol!’ Step comienza a reír de nuevo. ‘Es que no puedo…’
    Babi lo mira exhausta.
    ‘Pero que, estas bromeando?’
    ‘Absolutamente no. Si quieres te doy mi chaqueta y así te cubres. Pero quitate esa ropa de encima. Si no, juro que detrás de mi no subes.’
    Babi suspira. Esta enloquecida por la rabia. Lo supera pasándole cerca. Step se tapa la nariz, exagerando.
    ‘Dios… es insoportable…’
    Babi le da un golpe, después va detrás de la moto, cerca del faro trasero.
    ‘Mira, Step. Te juro que si, mientras me desnudo tu te volteas, te salto encima con todo el estiércol que tengo.’
    Step se mantiene mirando hacia el frente.
    ‘De acuerdo. Avísame cuando te deba pasar la chaqueta.’
    ‘Mira que lo digo en serio. No soy como tu. Yo mantengo mis promesas.’
    Babi revisa una ultima vez que Step no se voltee, después se quita el suéter lentamente, teniendo cuidado a no ensuciarse. Debajo no tiene casi nada. Se arrepiente de no haberse puesto una camiseta por haberse vestido tan rápido. Mira de nuevo a Sep. ‘No te voltees!’
    ‘Y quien se esta moviendo?’
    Babi se dobla hacia delante. Se quita los zapatos. Basta un momento. Step es rapidísimo. Ajusta el espejo lateral izquierdo inclinándolo hacia ella, cuadrando su imagen. Babi se alza de nuevo. No se dio cuenta de nada. Lo mira de nuevo. Bien. No se ha volteado. En realidad Step, sin ser visto, la esta mirando. Esta reflejada en su espejo. Tiene un sostén de encaje transparente y la piel de gallina por todos los dos brazos. Step sonríe.
    ‘Te quieres mover, cuanto falta?’
    ‘Casi termino, pero no te voltees!’
    ‘Te dije que no lo haré, deja el sermón, apurate.’
    Babi se desabotona los jeans. Después, lentamente, tratando de ensuciarse lo menos posible, se dobla de frente acompañándolos hasta los pies, ahora desnudos sobre ese frío asfalto lleno de polvo. Step inclina abajo el espejo siguiéndola con la mirada. Los jeans bajan lentamente mostrando sus piernas lisas y pálidas en esa pobre luz nocturna. Step canta ‘You can leave your hat on.’ Imitando la voz de Joe Cocker.
    ‘Podrias dedicarte a ser stripper…’
    Babi se gira de golpe. Sus ojos iluminados por el débil faro rojo encuentran la mirada divertida de Step que sonríe malicioso por el espejo.
    ‘Nunca me voltee, no?’
    Babi se libera rápida de los jeans y salta detrás de el sobre la moto en ropa intima.
    ‘Horrible infame, eres un bastardo! Un puerco!’ Lo llena de puños. Sobre los hombres, en el cuello, en la espalda, en la cabeza. Step se dobla hacia delante tratando de alejarse como pueda.
    ‘Ay, basta! Que hice malo? Solo di una miradita, nunca me voltee no? Mantuve mi palabra… Ay! Mira que sino no te doy la chaqueta.’
    ‘Que? No me la darás? Entonces yo agarro mis jeans y te los planto en tu cara, quieres ver?’
    Babi comienza a quitarle la chaqueta por las mangas.
    ‘Esta bien. Esta bien. Basta! Calmate. No le hagas así. Eso, ya te lo doy.’
    Step se lo deja quitar. Después prende la moto. Babi le da un último golpe.
    ‘Puerco!’ Después se pone veloz la chaqueta tratando de cubrirse lo más posible. Los resultados son escasos. Las dos piernas se mantienen afuera, incluido el borde de las panties.
    ‘Hey… sabes que no estas para nada mal? Deberías lavarte un poco mas a seguido… pero tienes de verdad un lindo culo… en serio.’
    Ella trata de golpearlo en la cabeza. Step baja de golpe riendo. Mete primera y parte. Después hace como si estuviera oliendo el aire.
    ‘Hey, pero no hueles ese olor extraño?’
    ‘Cretino! Maneja!’
    ‘Parece estiércol…’
    En ese momento de un arbusto a la derecha, un poco mas adelante, sale el perro. Corre hacia ellos ladrando. Step lo alumbra con la moto. El perro se mantiene por un momento mareado por el faro. Sus ojos rojos brillan rabiosos en la noche. Los dientes aparecen chillando, blancos y afilados.
    Basta solo ese momento. Step acelera hacia delante. El perro sale rápido tras ellos. Toca por un pelo la moto saltando de lado con la boca abierta. Babi grita. Sube las piernas desnudas y se aguanta con fuerza a Step abrazándolo por la cintura con ellas. El perro la falla por un segundo. La moto acelera. Primera. Segunda. Tercera. Acelerando al máximo. Se aleja en la noche. El perro la persigue con rabia. Después, lentamente pierde terreno. Al final se para y se queda ladrando a lo lejos. Al rato viene lentamente envuelto de una nube de polvo y desaparece así como apareció. La moto continua su carrera en el húmedo frío de los campos verdes. Babi todavía tiene las piernas agarradas a la cintura de Step. Lentamente la moto baja la velocidad. Step le acaricia la pierna.
    ‘Por un pelo, no? Sino después estas bellas cosas iban a ver un feo final! Era cierta entonces la historia del perro…’
    Babi le quita la mano de la pierna y la hace caer de lado.
    ‘No me toques.’ Se echa hacia atrás en la silla, metiendo los pies de nuevo abajo y se cierra la chaqueta. Step le pone de nuevo la mano en la pierna. ‘Te dije que no me tocaras con esa mano!’ Babi se la quita. Step sonríe y cambia de mano. Babi le quita también la mano derecha.
    ‘Ni con esta puedo?’
    ‘No se que es peor, el perro que corría detrás o el puerco que tengo adelante!’ Step ríe, agita la cabeza y acelera.
    Babi cierra la chaqueta. Que frío! Que velada! Que alboroto! Maldición a Pallina. Vuelan en la noche. Al final llegan sanos y salvos a su complejo. Step se para frente a la barra. Babi se voltea hacia frío. Lo saluda. El portero la reconoce y alza la barra. La moto pasa apenas es posible, sin esperar que la barra termine su recorrido hacia lo alto. Fiore no puede hacer menos que echar un ojo a las bellas piernas de Babi que salen friolentas de debajo de la chaqueta. Que cosas le toca ver. En sus tiempos, ninguna chica salía con minifaldas de ese tipo. Babi ve la cerradura del garaje pasada. Los suyos ya habían regresado. Un peligro menos. Que cosa les podría inventar si la hubieran atrapado en ese momento en la moto detrás de Step y sobretodo en ropa intima? Prefiere no pensarlo, no tiene tanta imaginación. Baja de la moto. Trata de cubrirse lo más que puede con la chaqueta. Nada que hacer. Todavía deja entrever el borde de las panties.
    ‘Bueno, gracias por todo. Escucha, la chaqueta te la lanzo desde la ventana.’
    Step le mira las piernas. Babi la baja un poco, logra que la cubra un poco mas pero el resultado es todavía escaso. Step sonríe.
    ‘Quizás nos veamos alguna otra vez. Veo que tienes argumentos muy interesantes.’
    ‘Ya te dije que eres un puerco, verdad?’
    ‘Si, me parece que si… entonces te vengo a buscar mañana en la noche.’
    ‘No creo que pueda. No lograría pasar otra velada como esta.’
    ‘Porque, no te divertiste?’
    ‘Muchisimo! Yo siempre hago la groupie, cada noche. Me dejo perseguir por la policía un poco, bajo volando en medio de un campo perdido, me dejo arrinconar por un perro rabioso y para terminar, me lanzo en el estiércol. Nado un poco ahí y después regreso a mi casa en ropa interior.’
    ‘Con mi chaqueta encima.’
    ‘Ah claro… lo olvidaba.’
    ‘Y sobretodo no me has dicho una cosa…’
    ‘Que cosa?’
    ‘Que hiciste todo eso conmigo.’
    Babi lo mira. Que tipo. Tiene una sonrisa bellísima. Lastima que este tan mal. Se refiere a su carácter. Acerca del físico no tiene nada que decir. Ella decide sonreírle. No es un gran esfuerzo del todo.
    ‘Si, tienes razón. Bueno, me despido.’
    Babi hace para irse. Step le agarra la mano. Esta vez con dulzura. Babi se resiste un poco, pero después se deja llevar. Step la lleva hacia el, acercándola a la moto. La mira. Tiene los cabellos largos, despeinados, llevados hacia atrás por el frío viento de la noche. Su piel es blanca, helada. Los ojos intensos, buenos. Es bella. Step deja deslizar una mano debajo de la chaqueta. Babi abre más los ojos, ligeramente asustada, emocionada. Siente su mano subir, extrañamente no la siente fría. Por lo alto de la espalda. Se para en la cerradura del sostén. Babi lleva veloz su mano hacia detrás. Se la quita de encima. Step le sonríe. ‘Eres una buena groupie sabes? Eres valiente, mucho. Es cierto que no me tienes miedo. Me denunciaras?’
    Babi asienta. ‘Si.’ Susurra.
    ‘En serio?’
    Babi vuelve a asentar con la cabeza. Step la besa en el cuello, muchas veces, delicadamente.
    ‘Lo juras?’
    Babi asienta de nuevo, después cierra los ojos. Step continúa a besarla. Va a la cara, le toca las mejillas frescas, las orejas frías. Un soplo calido y provocante le da un escalofrío mas abajo. Step se le acerca al borde rosado de los labios. Babi suspira temblante. Después abre la boca, lista a aceptar su beso. En ese momento, Step se separa. Babi se mantiene un momento así, con la boca abierta, los ojos cerrados, soñadores. Después los abre de repente. Step esta frente a ella con los brazos cruzados. Sonríe. Niega con la cabeza.
    ‘Ay Babi, Babi. Así no va. Soy un puerco, un animal, una bestia, un violento. Dices, dices, pero a la final siempre quedas conmigo… y te hubieras dejado besar. Viste como haces? Eres incoherente!’
    Babi se vuelve roja de la rabia.
    ‘Eres de verdad un estupido!’
    Comienza a golpearlo con una descarga de puños. Step trata de protegerse mientras ríe. ‘Sabes que me recordaste antes? Un pez rojo que tenia cuando era pequeño. Estabas ahí con la boca abierta, igual que el cuando le cambiaba el agua y se me salía afuera en el lavandero…’ Babi lo centra con una cachetada.
    ‘Ayyy!’ Step se toca la mejilla divertido. ‘Mira que estas equivocada, con la violencia no se obtiene nada. Lo dices siempre tú! No es que si me golpeas te beso. Quizás lo haría, si me prometieras que no me denunciaras…’
    ‘Yo te denuncio como sea. Veras! Terminaras en la cárcel, te lo juro.’
    ‘Ya te dije que no debes jurar… en la vida nunca se puede decir…’
    Babi se aleja veloz. La chaqueta le sube descubriendo un buen trasero cubierto por pequeñas panties claras. Trata de cubrirse como puede mientras mete la llame equivocada en la cerradura.
    ‘Hey, la chaqueta la quiero ahora.’
    Babi lo mira con rabia. Se quita la chaqueta y lo lanza al suelo. Se queda en sostén y panties, en el frío, con lágrimas en los ojos. Step la mira complacido. Tiene un bello físico, para nada malo. Recoge la chaqueta y se lo mete. Babi maldice esas llaves. Donde termino esa del portón? Step se prende un cigarrillo. Quizás ha hecho mal en no besarla. Bueno, será para otra vez. Babi finalmente adivina la llave, abre el portón y entra. Step va detrás de ella.
    ‘Pecesito, no me vas a dar el beso de las buenas noches?’
    Babi le lanza el portón en la cara. A través del vidrio, Step no puede escuchar lo que dice, pero lo lee fácilmente en sus labios. Le aconseja, mejor dicho, le ordena de ir a lavarse cierta parte. Step la mira alejarse. Claro, si ese lugar seria tan bello como el que tiene ella, no le molestaría hacerlo.
    Babi abre lentamente la puerta de la casa, entra y la cierra sin hacer ruido. Camina en la punta de los pies en el corredor y se mete en su cuarto. Esta a salvo! Pallina prende la pequeña luz de la mesita de noche.
    ‘Babi eres tu! Menos mal, estaba tan preocupada! Pero que haces así sucia? Te desnudo Step?’
    Babi agarra la camisa de noche de la gaveta.
    ‘Termine en el estiércol!’
    Pallina huele el aire.
    ‘Es cierto, se siente. No sabes que miedo tuve cuando vi esa moto cayendo. Por un momento pensé que habías sido tú. Eres increíble. En serio. Les enseñamos a esas dos gafas. Hey, y que le paso a mi correa?’
    Babi le da una mirada fría.
    ‘Pallina, no quiero escuchar mas de correas, de groupies, de Pollo, de carreras y de historias de este tipo. Claro? Es mejor para ti si te callas, sino te tiro fuera de mi cama a patadas y te hago dormir en el suelo. Mejor, te saco de la casa!’
    ‘No te atreverías!’
    ‘Quieres probar?’
    Pallina la mira. Decide que no es el momento de ponerla a prueba. Babi va hacia el baño.
    ‘Babi.’
    ‘Que pasa?’
    ‘Di la verdad. Te divertiste bastante con Step, no?’
    Babi suspira. Nada que hacer, es irreparable.

    Step sube el portón, atraviesa el jardín sin hacer sonido. Después se acerca a la ventana. La cerradura fue alzada. Quizás no ha regresado todavía. Toca con los dedos el vidrio. Las cortinas claras se abren. En la oscuridad aparece la cara sonriente de Maddalena. Deja ir las cortinas y abre rápido la ventana.
    ‘Hola, que andabas haciendo?’
    ‘Me persiguió la policía.’
    ‘Todo bien?’
    ‘Si, todo esta bien. Espero que no hayan agarrado la placa.’
    ‘Apagaste las luces?’
    ‘Claro.’
    Maddalena se aleja. Step escala ágilmente el muro y entra en su cuarto.
    ‘Ve lento. Mis papas regresaron hace rato.’
    Maddalena cierra la puerta con llave, después salta en su cama y se mete bajo las sabanas.
    ‘Brrr… que frío hace!’ Le sonríe. Se quita la camisa de noche por la cabeza y la deja caer a los pies de Step. La débil luz de la luna entra por la ventana. Sus pequeños senos perfectos se ven claros en la oscuridad. Step se quita la chaqueta. Por un momento le parece oler el aroma del campo. Es extraño, le parece que esta mezclado a un perfume extraño. No le hace mucho caso. Se desnuda y entra en la cama. Se acuesta cerca de ella. Maddalena lo abraza fuerte. Step desliza rápido la mano, le acaricia la espalda, las caderas. Se para entre sus piernas. Maddalena suspira a su toque y lo besa. Step pone sus piernas entre las suyas. Maddalena lo para. Se acerca a la mesita de noche. Busca tocando el stereo. Presiona REW. Esta regresando una cinta. Un sonido seco le avisa que llego al principio. Maddalena presiona PLAY.
    ‘Listo.’
    Regresa entre sus brazos.
    ‘Así mejor.’ Lo besa con pasión. De la cinta del stereo salen bajas las notas de la canción ‘Me casare contigo porque’. La voz de Eros acompaña dulcemente sus suspiros.
    Es cierto, quizás ella es la mujer mas adecuada para el. Maddalena sonríe. Susurra entre el fresco rumor de las sabanas:
    ‘Esta es una de las veces en las cuales es mejor saber moverse, cierto?’
    ‘Cierto.’
    Step le besa el seno. Esta seguro. Madda es la mujer mas adecuada para el. Después, de repente, se recuerda que era ese extraño perfume que tenia la chaqueta. Es perfume Caronne. Se acuerda también a quien pertenece. Por un momento, en la oscuridad de ese cuarto, ya no esta tan seguro.

    Un sonido insistente. El despertador.
    Pallina lo apaga. Se desliza fuera de la cama sin hacer ruido y se viste. Mira a Babi. Apenas se movió y duerme todavía tranquila boca arriba. Pallina se acerca al pequeño estante de madera pegado al muro. U2, All Saints, Robbie Williams, Elisa, Tiziano Ferro, Cremonini, Madonna. Quiere algo especial. Ahí esta. Controla el volumen y lo baja. Apenas toca la tecla play. Alex Britti dulcemente comienza a cantar. El volumen es justo. Babi abre los ojos. Se voltea sobre la almohada terminando boca abajo. Pallina le sonríe.
    ‘Hola.’
    Babi se voltea de la otra parte. Su voz llega un poco ahogada.
    ‘Que hora es?’
    ‘Las siete menos cinco.’
    Pallina se le acerca y la besa en una mejilla.
    ‘Paz?’
    ‘Minimo quiero un helado cornetto de chocolate de Lazzareschi.’
    ‘No hay tiempo, dentro de poco mi mama estará aquí, debo ir a hacerme el análisis.’
    ‘Entonces no hay paz.’
    ‘Anoche fuiste de verdad increíble.’
    ‘Ya te dije que no quería escuchar nada mas de eso.’
    Pallina alarga los brazos.
    ‘Okey, como quieras. Hey, que cosa le digo a tu madre si la encuentro mientras salgo?’
    ‘Buenos días.’
    Babi le sonríe y se echa encima el cubrecama. Pallina agarra el morral con el cuaderno y se lo pone en la espalda. Esta feliz, hicieron las paces. Babi es muy buena, y ahora también es una groupie.
    Pallina cierre lento la puerta detrás de ella, atraviesa en la punta de los pies el corredor. La puerta de la casa todavía esta cerrada con llave. Abre la cerradura, y justo cuando va a salir siente una voz detrás de ella.
    ‘Pallina!’
    Es Raffaella, en un pijama rosa, la cara sin maquillar, ligeramente hinchado y sobretodo somnoliento. Pallina decide seguir el consejo de Babi y con un ‘Buenos días señora’ se va hacia las escaleras. Sale por el portón. Su mama no ha llegado todavía. Se sienta en un muro mientras espera. El sol sale frente a ella, el gasolinera levanta las cadenas de las bombas, algunos señores salen rápidos del kiosco de periódicos frente, llevándose bajo el brazo el peso de noticias mas o menos catastróficas.
    En la luz del día no le quedan dudas. No quisiera a Raffaella como madre, absolutamente, aun si es mas puntual que la suya.
    Babi entra en el baño. Encuentra su cara en el espejo. No es de las mejores. Hacer la groupie no te hacer ser mas bonita, al menos no a ella. Abre el agua fría, la deja correr por un momento, después se lava con fuerza la cara.
    Daniela aparece detrás de ella.
    ‘Cuentame todo! Como te fue? Como es la Serra? Es de verdad tan divertida como dicen? Encontraste alguna amiga mía?’
    Babi abre el tubo de la pasta de dientes, comienza a empujarlo desde el fondo tratando de hacer el doblez que Daniela le hizo justo a la mitad.
    ‘Es una idiotez. Un grupo de idiotas que arriesga inutilmente la vida y cada tanto alguno la pierde.’
    ‘Si, pero hay tanta gente? Que hacen? Donde se va después? Has visto a las groupies? Que valentía no? Yo nunca podría ser una!’
    ‘Yo lo fui…’
    ‘En serio? Fuiste una groupie? Guau! Mi hermana es una groupie.’
    ‘Oh, no es así gran cosa, te aseguro, y ahora déjame prepararme.’
    ‘Siempre haces así! Contigo no hay satisfacción. Que ventaja hay de tener una hermana mayor si no te cuenta nada? Igual ya hemos decidido Andrea y yo que la próxima semana vamos nosotros! Y si quiero, también hago de groupie!’ Daniela sale del baño. Babi sonríe a si misma, termina de lavarse los dientes y agarra el cepillo. Nada que hacer. Daniela se ha vengado a distancia. Algunos largos cabellos negros están pegados inmovibles y enredados en el cepillo. Babi los recoge con la mano y los bota en el inodoro. Después baja el agua y comienza a peinarse.
    Daniela aparece detrás de la puerta.
    ‘Donde metiste los zapatos Superga que te preste anoche?’
    ‘Los bote.’
    ‘Como que los botaste? Mis Superga nuevos…?’
    ‘Escuchaste bien, los bote. Terminaron en estiércol y estaban arruinados, los tuve que botar. También porque sino Step no me traía a la casa.’
    ‘Terminaste en estiércol, después Step te trajo acá? Y cuando fuiste la groupie?’
    ‘Antes.’
    ‘Detrás de Step?’
    ‘No.’
    Daniela con los pies desnudos sigue a Babi hasta su cuarto.
    ‘Bueno Babi, me cuentas como fue todo?’
    ‘Escucha Dani, hagamos un pacto, si tu de hoy en adelante limpias el cepillo después de que te peines, yo dentro de unos días te cuento todo. Esta bien?’
    Dani bufa.
    ‘De acuerdo.’
    Después regresa a su cuarto. Babi se pone el uniforme. No le contaría nunca, lo sabe. Daniela quizás habría limpiado el cepillo por los primeros días y después se le olvidaría. Es más ingeniosa que ella.
    Raffaella entra al cuarto de Babi.
    ‘Pallina durmió aquí?’
    ‘Si mama.’
    ‘Y donde?’
    ‘En mi cama.’
    ‘Pero como es posible? Cuando yo vine anoche a besarte estabas solo tu.’
    ‘Llego mas tarde. No podía estar en su casa porque la mama hacia una cena.’
    ‘Y donde estaba antes?’
    ‘No lo se.’
    ‘Babi, no quiero ser responsable también de ella. Piensa que le hubiera sucedido algo y su madre supiera que estaba en otro lado en vez de acá…’
    ‘Tienes razón mama.’
    ‘La próxima vez que ella venga a dormir quiero saberlo con tiempo.’
    ‘Pero yo te lo dije, antes de que tu salieras anoche, no recuerdas?’
    Raffaella se para un momento a pensar.
    ‘No, no lo recuerdo.’
    Babi le sonríe ingenuamente como diciendo ‘y yo que puedo hacer?’. De igual forma sabe perfectamente que no lo podría recordar. Nunca se lo dijo.
    ‘No quisiera nunca tener por hija a una como Pallina. Siempre saliendo de noche haciendo quien sabe que. No me gusta esa chica, terminara mal, veras.’
    ‘Pero mama, ella no hace nada malo, le gusta divertirse pero te aseguro que es buena.’
    ‘Lo se, pero te prefiero a ti.’
    Raffaella le sonríe y la acaricia la quijada, después sale del cuarto. Babi sonríe. Sabe como engañarla. Lleva ya un tiempo diciéndole muchas mentiras. Decide que debería dejar de hacerlo. Pobre Pallina, aun cuando no tiene nada que ver resulta culpable. Decide perdonarla. Claro, hay que resolver el problema de Pollo, aunque todo a su tiempo. Se mete la falda. Se para frente al espejo, se lleva el cabello hacia atrás, descubriendo su cara y lo aguanta con dos pequeños ganchos laterales. Se mantiene así, mirándose, mientras la canción ‘Ladron Feliz’ sale del stereo. Babi se acuerda de cuanto se parece a su madre. No, aun si supiera todo lo que ella había hecho, Raffaella no la cambiaria nunca por Pallina, tienen muchas cosas similares entre ellas. Uno de esos raros casos donde, sin saberlo, todos están de acuerdo.
    El sol se filtra alegre por la ventana de la cocina. Babi termina de comer sus biscochos integrales y bebe la última gota de café que dejo en la taza. Daniela cava hasta el fondo. Su cucharilla se agita nerviosa en la caja plástica del pequeño biscocho, tratando de agarrar hasta el último pedazo de chocolate escondido. Raffaella ha comprado casi todo lo que le escribieron en la lista. Claudio esta feliz. Quizás por un horóscopo positivo, de seguro es por el anhelado café, que finalmente logro beber. También se ha ahorrado de comprar una cafetera grande.
    ‘Babi, hoy es un día bellísimo. Hay mucho sol afuera… no debe hacer mucho frío. Hable antes con tu mama y estamos de acuerdo. Aun si te pusieron la nota y eso… hoy pueden ir a la escuela en Vespa!’
    ‘Gracias papa, eres muy bueno. Pero sabes, después de lo que hablamos el otro día pensé bien, y quizás tienes razón. Por la mañana ir juntos tú, Daniela y yo se volvió casi un ritual, un amuleto de suerte. Y también es un buen momento: podemos hablar de todo, comenzar juntos el día. Es mejor así, no?’
    Daniela no cree lo que esta escuchando.
    ‘Babi, disculpa, vayamos en Vespa. Con papa hablamos siempre, podemos estar en las noches durante la cena, la mañana del domingo.’
    Babi le agarra el brazo apretándolo con mucha fuerza.
    ‘Pero Dani, es mejor así, en serio, vayamos con el.’
    Se lo aprieta de nuevo. ‘Y claro recuerda que te he dije anoche, no me siento bien. Desde la próxima semana quizás iremos en Vespa, que hará aun mas calor.’ Esta última indirecta no le deja mas dudas. Es un mensaje. Daniela es una chica intuitiva, más o menos.
    ‘Si papa, Babi tiene razón, vamos contigo!’
    Claudio bebe feliz el último trago del café. Es bello tener dos hijas así. No pasa todo el tiempo sentirse así de querido.
    ‘Bien muchachas, entonces salgamos, sino se hace tarde la escuela.’ Claudio va en el garaje a agarrar el carro mientras Babi y Daniela se paraban frente al portón a esperarlo.
    ‘Lograste entender, finalmente! Acaso tenia que partirte el brazo?’
    ‘Me lo podías decir antes, no?’
    ‘Que iba a saber yo que justamente hoy nos dan el permiso de ir en Vespa?’
    ‘Pero porque no la quieres usar?’
    ‘Facil, porque no esta.’
    ‘No esta la Vespa? Y donde esta? Pero no saliste con ella anoche?’
    ‘Si.’
    ‘Entonces? Terminaste en el estiércol con la Vespa y la dejaste botada también?’
    ‘No, la deje en la Serra y cuando regresamos no estaba.’
    ‘No te creo!’
    ‘Creelo.’
    ‘No lo quiero creer! Mi Vespa.’
    ‘Si es por eso, a mi fue que la regalaron.’
    ‘Si, pero quien la mando a arreglar? Quien le cambio unas partes? El próximo año papa y mama te comprarían el carro y seria mía. No lo puedo creer.’
    Claudio se para ahí enfrente. Baja la ventanilla eléctrica.
    ‘Babi, donde esta la Vespa? No esta en el garaje.’
    Daniela cierra los ojos. Ahora debe creerlo a juro.
    ‘Nada papa, la metí detrás por el patio. Te da tanto fastidio cuando sales. Pienso que esta mejor dejarla afuera.’
    ‘Bromeas, metela rápido adentro. Y si te la roban? Mira que tu mama y yo no tenemos intención de comprártela de nuevo. Apurate y metela adentro. Toma, estas son las llaves.’
    Daniela se monta detrás mientras Babi se aleja hacia el garaje fingiendo de buscar en el mazo la llave correcta. Al llegar al patio Babi se pone a pensar. Y ahora que hago? Al menos esta noche debo tener la Vespa. Si no, debo conseguir otra solución. Maldición a Pallina, es ella que me puso en este enredo, y es ella la que me debe sacar. Babi siente el sonido de la Mercedes que llega en retroceso. Corre hacia el garaje. Se inclina sobre la cerradura. Apenas a tiempo. La Mercedes sale por la esquina y se detiene frente a ella. Babi pretende que esta cerrando el garaje y se dirige sonriente al carro.
    ‘Listo, la puse en su lugar.’ Babi logro que le saliera bien, pero quizás es mejor conseguir la Vespa lo más rápido que pudiera. Mientras sube al carro se siente observada. Mira arriba. Tiene razón.
    El chico que vive en el segundo piso esta extrañado. Debe haber visto todo. En realidad, no ha visto nada, y es por eso que tiene una actitud perpleja. Ella le sonríe tratando de relajarlo. El intercambia la sonrisa, pero entiende perfectamente que hay algo que no esta claro.
    La Mercedes se aleja. Babi regresa las llaves al padre y le sonríe.
    ‘La pegaste bien al muro?’
    ‘Pegadisima. No te puede fastidiar.’ Babi se voltea hacia Daniela. Esta sentada con los brazos cruzados. Esta molesta.
    ‘Anda Daniela, vamos la próxima semana a la escuela con la Vespa!’
    ‘Espero que sea así.’
    La Mercedes se para a la salida del complejo frente a la barra que lentamente comienza a alzarse. Claudio saluda al portero que le hace la señal de pararse un momento. Sale de la vigilancia con un paquete en la mano.
    ‘Buenos días doctor, disculpe, dejaron este paquete para Babi.’
    Babi lo agarra curiosa. La Mercedes marcha dulcemente, mientras la ventanilla se cierra. Daniela se inclina hacia delante, llevada por la curiosidad. También Claudio echa una ojeada para ver que es.
    Babi sonríe.
    ‘Quien quiere un pedazo? Es un cornetto de chocolate de Lazares Chi.’
    Babi agarra el corneto y comienza a comerlo.
    ‘Papa?’ Claudio niega con la cabeza.
    ‘Dani?’
    ‘No, gracias.’ Quizás esperaba que en ese paquete hubieran noticias de la Vespa de ‘ellas’.
    ‘Mejor así, me lo como todo yo. No saben que se pierden…’ Pallina de verdad es un tesoro, sabe siempre como hacerse perdonar. Ahora debe solo encontrar la Vespa antes de las ocho.

    En la entrada de la escuela las chicas charlan alegres esperando el sonido de la campana. Babi y Daniela bajan del carro y saludan al padre. La Mercedes se aleja en el tráfico de Plaza Euclide. Rápido un grupo de chicas corren hacia ellas.
    ‘Babi, es cierto que ayer fuiste a la Serra e hiciste la groupie?’
    ‘Es cierto que huiste fugando de la municipal?’
    ‘Un policía te agarro por los cabellos, Step lo golpeo y escaparon en su moto?’
    ‘Es cierto que murieron dos muchachos?’ Daniela escucha incrédula. La Vespa no fue sacrificada inútilmente. Aquella es la verdadera gloria. Babi no cree sus orejas. Como hacen para saber todo? No completamente todo. La historia del estiércol, por suerte, permaneció secreta. El sonido de la campana la salva.
    Mientras sube las escaleras, responde vagamente a algunas preguntas de las amigas más simpáticas. Aquel día es una celebridad. Daniela la saluda con afecto.
    ‘Chao Babi, nos vemos en el receso!’ Increíble. Desde que van a la escuela juntas nunca se lo había dicho. Mira a Daniela alejarse rodeada de algunas amigas. Todas le caminan alrededor haciéndole miles preguntas. También ella esta regocijándose de su momento de notoriedad. Es justo, al final ella le había botado sus zapatos Superga. Espera solo que no cuente acerca del estiércol.
    Un joven pastor que viene de una parroquia cercana se sienta en la cátedra. Es la primera hora, la de religión. La diversión preferida de todas es meterlo en dificultad con preguntas acerca del sexo y relaciones prematrimoniales. Narran desinhibidas ejemplos precisos y hechos sucedidos a tremendas y fantasmales amigas, que casi siempre, son ellas mismas. Prácticamente, esa hora de religión se transformo en una verdadera hora de educación sexual, la única materia en la cual todo el salón habría tenido la suficiencia completa.
    El pastor trata de esquivar una pregunta bien precisa acerca de su vida privada antes de tomar los votos. Abre la Biblia cortando así el gran interés que se genero alrededor de sus improbables pecados. Babi revisa el diario. La próxima hora es griego.
    La Giacci interroga. Esta por cerrar el último trimestre antes de los exámenes de aptitud. Al terminar las materias no habría más interrogaciones. Revisa las marcas que tiene. Faltan solo tres para completar el ciclo. Quienes serian las ‘afortunadas’. Babi lee los nombres. Esta de nuevo Silvia Festa. Pobrecita, bella semana que le ha tocado. Babi se voltea hacia ella. Esta con las manos en las mejillas y mira al frente. Babi la llama con un susurro. Silvia se da cuenta.
    ‘Que pasa?’
    ‘Pendiente que hoy la Giacci te interroga en griego.’
    ‘Lo se.’ Silvia le sonríe, después mueve de la espalda de la compañera de frente el libro que ha apoyado en ella. El de gramática griega. ‘Estoy repasando.’ Babi le sonríe. Para lo que le serviría de todas formas. Quizás era mejor si hubiera prestado atención a religión. En realidad, solo un milagro la salvaría. La campana suena. El joven pastor se aleja. Lleva consigo un maletín de piel suave oscura y también unas ultimas dudas. Su forma de caminar es una sincera confesión. Si de joven ha cometido pecados, ellas, las chicas en general, no tuvieron la culpa.
    ‘Hola Babi!’
    ‘Pallina, como estas?’
    Pallina pone el morral sobre el pupitre de Babi.
    ‘Bien, con un litro de sangre menos!’
    ‘Es cierto. Como te fue en los análisis?’
    Pallina se arremanga la camisa azul del uniforme mostrando su pálido brazo. ‘Mira aquí!’ Le indica una inyección de la punta ligeramente enrojecida de sangre.
    ‘Esto no es nada. No sabes cuanto tardo ese medico para conseguirme la vena. Dos horas. Me ha pinchado todo alrededor y mas puyas bajo el brazo, decía el que para hacer salir la vena. Según yo, solo para hacerme mal, me odia. Siempre me ha odiado ese doctor. Después comenzó a decir que no iba a parar nunca. Clásico, para no hacerme pensar en la inyección. Me dice que tengo venas reales, la sangre azul, que debo ser una princesa! Y después ya! Me mete completamente esa aguja en el brazo. Pero yo le hice ver quien era la princesa. Le dispare un ‘Hijo de puta’…’
    ‘Pallina!’
    ‘Eres mas gentil. Mi mama me dio una cachetada en la boca. No se quien me lastimo mas, ella o el doctor que odio. Cuando tienes miedo del dolor físico solo quieres silencio alrededor de ti, pero ellos nunca lo entienden. Imaginate que cuando estábamos saliendo se la dio de chistoso con mi madre.’ Pallina imita el tono. ‘ ‘Una cosa es segura señora, con estas venas su hija difícilmente se podrá drogar.’ Pésimo, me dio ganas de vomitar. La única cosa positiva de todo esto fue que después, mi madre me llevo a desayunar en Euclide. Me comí un pastel fabuloso! Por cierto, recibiste mi paquete?’
    ‘Si, gracias!’
    ‘No, porque ese portero tuyo tiene la cara de uno que siempre debe saber lo que hay en los paquetes que dejas. Es peor que una maquina de rayos x… se ve que todavía estoy alborotada por los análisis, no?’
    ‘Bastante.’
    ‘Entonces no se comió tu cornetto?’
    ‘No.’ Dice Babi sonriendo.
    ‘Me perdonaste?’
    ‘Casi.’
    ‘Como que casi? Que, debo dejarte dos?’
    ‘No, debes conseguirme mi Vespa antes de las ocho.’
    ‘Tu Vespa? Y como hago? Quien sabe donde termino. Quien la tiene? Quien la agarro? Como se yo?’
    ‘Que se yo? Tú siempre sabes todo. Estas bien metida en el ambiente. Eres la
    ‘mujer’ de Pollo. Una cosa es segura, cuando mi papa llegue esta noche a las ocho, la Vespa debe estar en el garaje…’
    ‘Lombardi!’ La Giacci esta en la puerta. ‘Vaya a su puesto, por favor.’
    ‘Si, discúlpeme profesora, estaba preguntando que habían hecho en la hora de religión.’
    ‘Lo dudo… igual vaya a sentarse.’ La Giacci va a la cátedra. Pallina agarra el morral. Babi la para. ‘Tengo una idea. No se necesita conseguir mi Vespa, al menos no tan rápido.’
    Pallina sonríe.
    ‘Menos mal. Era imposible! Pero como haremos? Cuando tu padre regrese y no consiga la Vespa que dirás?’
    ‘Mi papa si conseguirá la Vespa en el garaje.’
    ‘Y como?’
    ‘Facil, pondremos la tuya.’
    ‘Mi Vespa?’
    ‘Claro, para mi papa son idénticas. Nunca se dará cuenta.’
    ‘Pero y yo como…’
    ‘Lombardi!’
    Pallina no da tiempo para responder.
    ‘Esta lección de religión debe haber sido interesantísima. Venga mientras tanto y déjeme ver la justificación.’ Pallina se pone el bolso y le da una última mirada a Babi.
    ‘Hablamos después.’
    Pallina va a la cátedra. Saca afuera el diario y lo abre en la página de justificaciones. La Giacci se lo quita de las manos. Lo lee y lo firma.
    ‘Esta bien, te hiciste análisis, no? A usted le deberían hacer una transfusión de cultura en vez de exámenes de sangre.’
    La Catinelli como fiel aduladora ríe con el chiste. Pero es tan chillona que hasta la Giacci se mantiene fastidiada de esa fingida diversión.
    ‘Cierto, hay alguien mas que debe enseñarme su diario firmado.’ La Giacci mira irónica a Babi. ‘Cierto Gervasi?’
    Babi le lleva el diario ya abierto con la nota firmada. La Giacci lo revisa.
    ‘Que ha dicho su madre?’
    ‘Me ha castigado.’ No es cierto, pero es mejor darle la victoria del todo.
    De hecho, la Giacci sonríe al oírlo.
    ‘Ha hecho bien.’ Después se dirige al resto de la clase: ‘Es importante que sus padres sepan apreciar el trabajo hecho por nosotros, los profesores, y lo apoyen plenamente.’ De arriba para abajo todas asienten. ‘Su madre, Gervasi, es una mujer muy comprensiva. Sabe bien que lo que hago, lo hago solo por su bien. Tenga.’ Le devuelve el diario. Babi regresa a su puesto. Extraño modo de hacerme bien, un dos en latín y una nota. Y si me odiara que haría? La Giacci saca de su viejo maletín de piel las tareas de griego dobladas a la mitad. Se abren sobre el escritorio expandiendo en la clase la mágica duda de haber al menos alcanzado la suficiencia.
    ‘Los anuncio que fue una carnicería. Deben solo esperar que no salga griego en la prueba de aptitud.’ Todas están tranquilas. Ya saben cual saldrá: latín. Todas fingen no saberlo. En realidad esa podría ser una clase de actrices. Roles dramáticos, a juzgar por el momento.
    ‘Bartoli, tres. Simoni, tres. Mareschi, cuatro.’ Una detrás de la otra, las chicas van a la cátedra a retirar su tarea en silencio.
    ‘Allesandri, cuatro. Bandini, cuatro con mas.’ Hay una especie de procesión fúnebre. Todas regresan a su puesto y abren rápido la tarea buscando entender la razón de todos esos rayones rojos. Es un trabajo inútil, igual como el intento de traducción que les salio mal.
    ‘Sbardelli, cuatro y medio.’ Una chica se alza haciendo señal de victoria. De hecho, para ella lo es. Nunca ha salido del cuatro. Aquel medio voto es un verdadero regalo.
    ‘Carli, cinco.’ Una chica pálida, con los ojos gruesos y los cabellos pegados, siempre habituada al siete, se sorprende. Se alza del pupitre y va con paso lento hacia la cátedra preguntándose en donde se habrá equivocado. Un escalofrío de alegría recorre los pupitres. Es una de las sabelotodos de la clase, y nunca deja copiar sus tareas.
    ‘Que te paso? Quizás no estabas muy bien? O quizás esta clase de analfabetas también te ha contagiado a ti?’ La muchacha le da una sonrisa. Y con un débil ‘Si, no me sentía segura.’ Regresa a su puesto. Una cosa es segura. Ahora esta verdaderamente mal. Ella, la Carli. Esa de las versiones imposibles, tener cinco. Abre la tarea. Lo lee rápidamente, encuentra su trágico error. Bate el puño sobre el pupitre. Como se pudo confundir? Se lleva la mano entre los cabellos desesperada. La felicidad de la clase llega a vértices increíbles.
    ‘Benucci, cinco y medio. Salvetti, seis.’ Ya paso. Esas de la clase que aun no habían retirado la tarea dan un suspiro. Ahora tienen la suficiencia asegurada. La Giacci entrega las tareas en orden creciente, primero las notas peores, después lentamente sale a la suficiencia y a algunos seis u ochos. Ahí se detiene. Nunca ha puesto mas nota. Y un ocho es un evento para nada malo.
    ‘Marini, seis. Ricci, seis y medio.’ Algunas chicas esperan tranquilas sus notas, habituadas a encontrarse en la zona alta de la clasificación. Pero para Pallina esto es un verdadero milagro. No cree sus orejas. Ricci seis y medio? Entonces ha tenido esa nota, si no más. Se imagina llegando donde su madre a almorzar y decirle ‘Mama saque siete en griego’. Se desmayaría. La última vez que saco siete fue en historia. Acerca de Colon. Cristóbal le gustaba mucho, desde que vio una foto de el en un libro que lo retrataban con una bandana roja en el cuello. Un verdadero jefe. Viajero, decidido, hombre de pocas palabras. Y entonces, bien o mal, el primero en ir a America. Fue el que lanzo la moda de los Status. Pensándolo bien, tiene una vaga semejanza entre el y Pollo.
    ‘Gervasi, siete.’ Pallina sonríe feliz por la amiga.
    ‘Que bien Babi.’ Babi se voltea hacia ella y la saluda. Una vez al menos no se sentirá tan mal por sacar más que Pallina.
    ‘Lombardi.’ Pallina salta fuera del pupitre y se dirige veloz hacia la cátedra. Esta eufórica. Ahora es al menos un siete.
    ‘Lombardi, cuatro.’ Pallina se queda sin palabras.
    ‘Tu tarea debe haberse metido entre estas por accidente.’ Se disculpa la Giacci sonriendo. Pallina agarra su tarea y regresa derrotada al banco. Por un momento lo creyó. Como hubiera sido bello tener siete. Se sienta. La Giacci la mira sonriendo, después regresa a leer las notas de las últimas tareas.
    Lo ha hecho a propósito esa estupida. Pallina esta segura. Por la rabia los ojos se le llenan de lágrimas. Diablos, como logro engañarse? Siete en una versión de griego, es imposible. Debía entender que algo extraño había. Siente un susurro a su derecha. Se voltea. Es Babi. Pallina trata de sonreír con un resultado pobre. Babi le muestra un pañuelo. Pallina asiente. Babi lo anuda y se lo lanza. Pallina lo agarra al vuelo. Babi se inclina detrás de ella.
    ‘Llorona! Deberías hacer de groupie. Después de eso, todo el resto parece una tontería.’
    Pallina comienza a reír con gusto. La Giacci la mira fastidiada. Pallina alza la mano disculpándose, después se sopla la nariz y aprovechándose del pañuelo frente a la cara, alza el dedo del medio. Cualquier chica alrededor de ella se da cuenta y ríe divertida.
    La Giacci golpea el puño contra la cátedra.
    ‘Silencio! Ahora voy a interrogar.’
    Abre el registro.
    ‘Salvetti y Ricci.’
    Las dos chica van a la cátedra, entregan sus cuadernos y esperan en el muro, listas para ser fusiladas de preguntas. La Giacci mira de nuevo el registro. ‘Servanti.’ Francesca Servanti se alza del pupitre sorprendida. Aquel día no le tocaba a ella. Debía interrogar Salvetti, Ricci y Festa. Lo sabían todas. Va en silencio a la cátedra y entrega su cuaderno tratando de esconder su desesperación. En realidad, es bastante evidente. No esta preparada para nada. La Giacci recoge los cuadernos, los mete uno sobre el otro emparejando los bordes con las dos manos.
    ‘Bien, con ustedes termino el ciclo de interrogaciones, espero meter las notas de griego. Estudiaremos mas latino. Bueno, se los diré de una. Casi seguramente será esta la materia que saldrá…’
    Gran secreto, piensa la mayor parte de la clase dentro de si mismo. Solo una chica tiene otro pensamiento. Silvia Festa. Como la Giacci no la llamo? Porque no la interrogaran a ella, en vez de a Servanti, como seria justo? Quizás la Giacci esta proyectando algo para ella? Su situación no es de las mejores. Tiene ya dos cincos y no es el momento de empeorarla. Igual, la profesora no puede nunca equivocarse. La Giacci no se equivoca nunca. Esta es una regla de oro de los Falconieri.
    Silvia Festa quiere tener su tercera interrogación, que sobretodo la espera. Llama, sin hacerse ver, la atención de Babi.
    ‘Lo siento, no se que decirte. Según yo, deberías ser interrogada tu.’
    ‘Que quieres decir? Que se equivoco la Giacci?’
    ‘Quizás. Pero sabes como es. Mejor no decírselo.’
    ‘Si, pero si no se lo digo no me dejan presentar los exámenes después.’
    Babi alarga los brazos. ‘No se que hacer…’ Se lamenta de verdad. Comienza la interrogación. Silvia se agita nerviosa en su pupitre. No sabe comportarse. Al final decide intervenir. Alza la mano. La Giacci la ve.
    ‘Si Festa, que pasa?’
    ‘Lo siento profesora. No deseo molestarla. Pero creo que me falta la tercera interrogación.’ Festa sonríe tratando de hacer pasar el hecho de que la esta acusando de haberse equivocado. La Giacci resopla.
    ‘Veamos rápido.’ Agarra dos cuadernos para ayudarse en la búsqueda. Parece casi jugara batalla naval. Pero sobre el registro.
    ‘Festa… Festa… Aquí esta: interrogada el dieciocho de marco, naturalmente un menos. Satisfecha? De hecho…’ revisa las otras notas ‘… no se si podrás presentar el examen.’
    Un débil ‘gracias’ sale de la boca de Silvia. Prácticamente fue destruida. La Giacci con aire de suficiencia continúa interrogando. Babi revisa el diario. Dieciocho de marzo. Justo la fecha cuando Servanti fue interrogada. No hay dudas. La Giacci se tuvo que haber equivocado. Pero como lo puede probar? Es su palabra contra la de la profesora. Lo que significaría otra nota. Pobre Festa, tiene mala suerte. Si se queda todo así podría tener el año en juego. Abre las hojas de las otras materias. Dieciocho de marzo. Es un jueves. Revisa también las lecciones. Que extraño, ese día Festa no la interrogaron en ninguna materia. Quizás es solo casualidad, quizás no. Se estira en el pupitre.
    ‘Silvia.’
    ‘Que pasa?’ Festa esta destruida. Se siente mal, pobrecita.
    ‘Me pasas tu diario?’
    ‘Porque?’
    ‘Debo ver una cosa.’
    ‘Que cosa?’
    ‘Después te lo digo… pásamelo, anda.’
    Por un momento una luz de esperanza de enciende en los ojos de Silvia. Le pasa el diario. Babi lo abre. Va a las últimas páginas. Silvia la mira esperanzada. Babi sonríe. Se gira hacia ella y le regresa el diario. ‘Tienes suerte!’ Silvia sonríe. Ahora esta mas segura.
    De repente, Babi alza la mano.
    ‘Disculpe, profesora…’
    La Giacci se voltea hacia ella.
    ‘Que pasa Gervasi? Tú tampoco fuiste interrogada? Hoy están fastidiosas muchachas. Que pasa?’
    Babi se alza. Se queda un momento en silencio. Los ojos de la clase están todos sobre ella. Sobretodo los de Silvia. Babi mira a Pallina. También ella, como las otras, espera curiosa. Le sonríe. En el fondo esta bien. La Giacci puso a propósito la tarea de Pallina entre las que tenían siete.
    ‘Le quiero decir, profesora, que usted se ha equivocado.’
    Un murmullo general inunda la clase. Las chicas parecen enloquecer. Babi esta tranquilla.
    La Giacci se pone roja de la rabia, pero se controla.
    ‘Silencio! Ah si, Gervasi, y en que cosa?’
    ‘Usted el dieciocho de marzo no pudo haber interrogado a Silvia Festa.’
    ‘Como no, esta escrito aquí, en mi registro. Quiere verlo? Aquí esta, dieciocho de marzo, negativo a Silvia Festa. Comienzo a pensar que a usted le gustan las notas.’
    ‘Aquel negativo es de Francesca Servanti. Se ha equivocado al escribir y se lo coloco a Festa.’
    La Giacci parece explotar de rabia.
    ‘Ah si? Bueno, yo se que usted marca todo en su diario. Pero es su palabra contra la mía. Y si yo digo que ese día he interrogado a Festa quiere decir que es así.’
    ‘Sin embargo, yo digo que no. Usted se ha equivocado. El dieciocho de marzo no pudo haber interrogado a Silvia Festa.’
    ‘Ah si? Y porque?’
    ‘Porque ese día, Silvia Festa estaba ausente.’
    La Giacci se exalta. Agarra el registro general y comienza a hojearlo hacia atrás, como enloquecida. Veinte, diecinueve, dieciocho de marzo. Revisa frenéticamente las ausencias. Benucci, Marini y ahí esta. La Giacci se mueve en su silla. No cree sus ojos. Festa. Ese apellido escrito por su misma mano estampada en letras de fuego. Su vergüenza. Su error. No sirve de nada. La Giacci mira a Babi. Esta destruida. Babi se siente lentamente. Todas las compañeras se voltean hacia ella. Un murmullo general se alza rápido en la clase.
    ‘Así es Babi, así es.’ Babi finge no escucharlos. Pero aquel lento susurrar llega a las orejas de la Giacci, esas palabras como terribles pedazos de hielo la golpean fríamente, cortantes como el peso de lo que perdió. La imagen frente a la clase. Su clase. Y después esas frases que le salen así pesadas y fatigosas, el subrayar el error.
    ‘Servanti vaya a su puesto. Venga Festa.’ Babi baja los ojos al pupitre. La justicia se hizo. Después, lentamente alza la cara. Mira a Pallina. Sus miradas se cruzan y mil palabras vuelan silenciosas entre esos pupitres. De hoy en adelante, también la Giacci se puede equivocar. La legendaria regla de oro se rompe. Cae al suelo, rompiéndose en millones de pedazos como un frágil cristal fugado de las manos de una inexperta y joven camarera. Pero Babi no ve a ninguna dueña gritándole. Donde sea que se voltee, solo los ojos felices de sus compañeras, orgullosas y divertidas de su coraje. Después mira más lejos. Y eso que ve le da miedo. La Giacci esta ahí viéndola. Su mirada, privada de expresión, tiene la dureza de una piedra gris sobre la cual fue esculpida con cansancio la palabra odio. Por un momento Babi se arrepiente de no haber tenido miedo.

    Mediodía. Step con un suéter y unos shorts entra en la cocina para desayunar.
    ‘Buenos días Maria.’
    ‘Buenos días.’ Maria para rápido de lavar los platos. Sabe que a Step le fastidia el ruido cuando se levanta. Step saca del fuego la cafetera y la olla de leche y se sienta en la mesa cuando el timbre comienza a sonar. Pareciera que se hubiera vuelto loco.
    Step se lleva la mano hacia la frente.
    ‘Pero quien co…’
    Maria con sus pequeños pasos veloces corre hacia la puerta.
    ‘Quien es?’
    ‘Es Pollo! Me abre por favor?’
    Maria, recordando el día anterior, se voltea hacia Step con cara insegura. Step asienta con la cabeza. Maria abre la puerta. Pollo entra corriendo. Step esta ahí enfrente sirviéndose el café.
    ‘Step, no sabes que mito! Una leyenda, una cosa extraordinaria!’
    Step alza la cesa.
    ‘Me trajiste sándwiches?’
    ‘No, esos no te los traigo mas ya que no los sabes apreciar. Mira.’ Le muestra el diario ‘El mensajero.’
    ‘Ya tengo el periódico.’ Alza de la mesa ‘La Republica’, ‘Me lo trajo Maria. Que por cierto, ni la saludaste.’
    ‘Buenos días Maria.’ Después abre el periódico y lo pone en la mesa.
    ‘Viste? Mira que foto! Una leyenda… estas en el periódico.’
    Step pone la mano en la página de las crónicas de Roma. Es cierto. Ahí esta. Esta sobre su moto con Babi detrás corriendo sobre una rueda frente a los fotógrafos. Perfectamente reconocibles: por suerte fueron fotografiados por el frente. La placa no se ve, sino estaría en problemas. Esta todo el articulo. Las carreras, algunos nombres de los detenidos, la sorpresa de la policía, la descripción de su fuga.
    ‘Leiste? Eres un mito Step! Ahora eres famoso! Si solo tuviera un articulo así.’
    Step le sonríe.
    ‘Tu no corres tu moto como yo. Es una buena foto! Has visto a Babi, no crees que se ve muy bien?’
    Pollo asienta fastidiado. Babi no es justamente su ideal de mujer. Step alza el periódico con las dos manos y mira extasiado la fotografía.
    ‘Claro que mi moto es muy bella!’ Exclama mientras se pregunta si Babi habrá visto ya la foto. Seguramente no. ‘Pollo, me tienes que acompañar a un lugar. Toma, agarra un poco de café mientras me baño.’ Step va hacia su cuarto. Pollo toma su puesto. Mira la foto. Comienza a leer de nuevo el artículo. Agarra la taza y se la lleva a la boca. Que asco! Es cierto: Step toma su café sin azúcar. La voz de Step llega lejana y mojada de debajo de la ducha.
    ‘A que hora cierran los negocios?’ Pollo le echa la tercera cucharada de azúcar al café. Después mira el reloj.
    ‘Dentro de menos de una hora.’
    ‘Caramba, debemos apurarnos.’ Pollo prueba el café. Ahora si sabe bien. Prende un cigarrillo. Step aparece en la puerta. Tiene puesto el pantalón y con una pequeña toalla se termina de secar bien los cabellos. Se acerca a Pollo y mira de nuevo la foto.
    ‘Que efecto tiene ser el amigo de una leyenda?’
    ‘No exageres.’
    Step le quita la taza de las manos y toma un trago de café.
    ‘Que asco! Como haces para tomarlo tan dulce? Es terrible! Por eso es que eres así gordo. Cuantas cucharadas le pusiste?’
    ‘Yo no soy gordo. Soy un flaco falso.’
    ‘Pollo, ahora que tienes novia debes regresar al gimnasio, fumar menos, ponerte a dieta. Mira que ella te deja si no. Las mujeres son terribles, te descuidas un momento y terminaste. Ahora después de esta foto mía, mínimo debes salir tu también en el periódico.’
    ‘Mira que ya yo he salido en el periódico, y antes que tu. Con los irreducibles. Tengo un primer plano gritando con la cara y los brazos alzados, me llamaron el jefe de la curva.’
    ‘Pero no entiendes, el fanático ya no va. Ahora esta de moda el rebelde, el gangster… ve, sacaron el artículo acerca de mi perseguimiento. Según tu, le puedo sacar dinero al ‘Mensajero’? difamación de imagen, no?’ Step va a terminar de vestirse. Pollo termina de tomar el café. Después se levanta y se pasa la mano por la barriga. Step tiene razón. Desde el lunes comienzo de nuevo a ir al gimnasio. No sabe porque, pero casi siempre todo el mundo comienza de nuevo los lunes.
    Pollo esta en la calle Angélico, sobre su moto parada, apoyada lateralmente. Step se monta volando detrás de el.
    ‘Vamos… Pollo, ve lento, que metí el periódico entre nosotros.’
    ‘Cuanto te hicieron pagar?’
    ‘Veintidos euros.’
    ‘Mala suerte. Donde vamos ahora?’
    ‘A Plaza Jacini.’
    ‘A que?’
    ‘Babi vive ahí.’
    ‘En serio! Y nunca la habías visto?’
    ‘Nunca.’
    ‘Extraña la vida, no?’
    ‘Porque?’
    ‘Bueno, primero no la ves nunca y después comienzas a verla todos los días.’
    ‘Si, extraña.’
    ‘Aun mas extraña si después de que la comienzas a ver todos los días, le haces también regalitos.’
    Step le da un pellizco al cuello descubierto de Pollo.
    ‘Ayy!’
    ‘Terminaste? Pareces uno de esos taxistas fastidiosos que no paran nunca de hablar cuando te llevan a un lugar y te hacen un montón de preguntas. Te falta solo la radio y eres igual.’
    Pollo comienza a manejar alegremente, imitando la radio de los taxis.
    ‘Plaza Jacini a Pollo 40, Plaza Jacini a Pollo 40.’
    Step le da otro golpe. Después comienza a caerle a golpes con las manos abiertas en la cara, en los cachetes, en la frente. Pollo continua a hacer la radio casi gritando.
    ‘Plaza Jacini a Pollo 40, Plaza Jacini a Pollo 40!’ Continúan así riendo y gritando, yendo en zigzag en el tráfico con todas los carros alrededor frenando preocupados. Se acercan a un verdadero taxi. Pollo le grita adentro de la ventanilla: ‘Plaza Jacini a Pollo 40.’ El taxista se asusta pero no dice nada. La moto se aleja. El taxista alza la mano indicándole y negando con la cabeza.
    Step y pollo le pasan cerca a una mujer policía. Casi la tocan, sonriéndole, tocándole el borde de la falda. Pollo le saca la lengua. Ella no trata siquiera de anotar su placa. Que podría escribir en la multa? El código de tráfico no castiga ese tipo de actos, aun si son tan molestos como esos.
    ‘Plaza Jacini a Pollo 40, llego!’ La moto de Pollo se para frente a la barra del complejo de Babi. Step saluda al portero que lo saluda de vuelta y lo deja pasar. La moto va a la subida. El portero mira esos dos energúmenos ligeramente perplejo. Pollo se voltea a Step.
    ‘Entonces ya has venido acá, el portero te reconoció.’
    ‘Nunca. Los porteros son todos así, basta que los saludos y ellos te dejan pasar! Parate acá y esperame.’ Step baja de la moto.
    Pollo la apaga. ‘Apurate, el coso del pago corre…’
    ‘Taximetro.’
    ‘Esta bien, como se llame, se llama. Muevete. Sino me voy.’
    Step, en el intercomunicador, consigue el apellido y toca.
    ‘Quien es?’
    ‘Debo entregar un paquete para Babi.’
    ‘Primer piso.’
    Step sube. Una camarera obesa esta en la puerta.
    ‘Buenos días: tome, debo dejar esto para Babi. Tenga cuidado que no se rompa.’ Una voz llega del fondo del corredor.
    ‘Rina, quien es?’
    ‘Un muchacho trajo algo para Babi.’ Raffaella avanza mirando ese muchacho en la puerta. Hombros anchos, cabellos cortos, esa sonrisa. Lo ha visto, pero no recuerda donde.
    ‘Buenos días señora. Como esta? Traje esto para Babi, es una tontería. Se lo puede dar cuando regrese de la escuela?’
    Raffaella sigue sonriendo. Después recuerda todo. No sonríe más.
    ‘Tu eres ese que le dio el cabezazo al señor Accado. Eres Stefano Mancini.’
    Step esta sorprendido.
    ‘No creí que fuera así de famoso.’
    ‘No eres para nada famoso. Eres solo un criminal. Tus padres saben lo que paso?’
    ‘Porque, que paso?’
    ‘Te denunciaron.’
    ‘Ah, no pasa nada. Estoy acostumbrado.’ Sonríe. ‘Y soy huérfano.’
    Raffaella se queda apenada por un momento. No sabe si creerle o no. Da igual.
    ‘Bueno, igual no quiero que estés cerca de mi hija.’
    ‘Realmente es ella la que siempre va donde estoy yo. Pero no pasa nada, a mi no me fastidia ella. Se lo pido, no la regañe, no se lo merece, yo la entiendo.’
    ‘Yo no.’ Raffaella lo mira de la cabeza a los pies tratando de hacerlo sentir apenado. No lo logra. Step sonríe.
    ‘No se porque, pero nunca le caigo bien a las madres. Bueno, discúlpeme señora pero debo irme. Tengo el taxi que me espera. Estoy gastando una cifra.’ Step baja por las escaleras, salta los últimos escalones justo a tiempo para escuchar la puerta cerrar con fuerza. Como se parece a Babi, esa señora. Es impresionante. Tiene la misma forma de los ojos, de la cara. Pero Babi es más bella. Espera que sea menos molesta también. Se acuerda de la última vez que se vieron. No, se parece en eso también. Por un momento desea volver a verla. Pollo toca la bocina.
    ‘Te quieres mover? Que carajo haces, estas encantado?’
    Step se monta detrás de el.
    ‘Es posible que no sirvas tampoco como taxista?’
    ‘Que agallas las tuyas. Llevo esperándote una hora. Que estabas haciendo?’
    ‘Hable con la madre.’ A Step le viene de repente un pensamiento. Alza la cabeza. De hecho, justo como lo predijo. Raffaella esta ahí, asomada fuera de la ventana. Ella da un paso atrás tratando de no ser vista. Muy tarde. Step la vio. El le sonríe saludándola. Raffaella cierra la ventana con fuerza mientras la moto desaparece detrás de la curva. Pollo se para frente a la barra. Step saluda al portero. Es mejor hacerse amigo de alguno en ese complejo.
    ‘Has hablado con la mama? Y que dijo?’
    ‘Nada, tuvimos una pequeña discusión. En realidad me adora.’
    ‘Step, ten cuidado.’
    ‘A que?’
    ‘A todo! Esta es la clásica historia que termina mal.’
    ‘Porque?’
    ‘Tu que llevas regalos… hablas con la madre. Nunca lo habías hecho. Te gusta de verdad esta Babi?’
    ‘No esta mal.’
    ‘Y Madda?’
    ‘Pero que tiene que ver Madda. Esa es otra historia.’
    ‘Pero que, quieres ser novio de Babi?’
    ‘Pollo!…’
    ‘Que pasa?’
    ‘Supisten que ayer mataron a uno cerca de tu casa?’
    ‘Pero que dices? No se nada de eso. Como paso?’
    ‘Le cortaron la garganta.’ Step le pone rápido el brazo alrededor del cuello de Pollo y se lo aprieta.
    ‘Era un taxista que hacia muchas preguntas.’
    Pollo trata de liberarse del apretón. Es inútil. Ahora quiere hacer el gracioso e imita la voz de la radio portátil.
    ‘Pollo 40, mensaje recibido. Pollo 40, mensaje recibido.’ Pero no le sale como antes. Ahora la voz esta un poco apretada.

    Que cara de rebelde tiene ese muchacho. Raffaella abre este extraño tubo. Un póster. Reconoce a Stefano sobre una moto con la rueda alzada. Pero esa detrás es su hija. Es Babi. Quien hizo esta foto? Esta un poco distorsionada. Parece la foto de un periódico. A la izquierda arriba tiene una escritura hecha a mano con un lapicero: ‘Pareja mítica!’. Seguramente es de ese muchacho. Abajo a la derecha tiene una escritura estampada: ‘la foto de los fugitivos’. Que quiere decir?
    ‘Señora, esta su marido en el teléfono.’
    ‘Alo, Claudio?’
    ‘Raffaella!’ Parece agitado. ‘Viste ‘El Mensajero’ de hoy? En la crónica de Roma sale la foto de Babi…’
    ‘No, no lo he visto. Voy rápido a comprarlo.’
    ‘Alo? Raffaella?’ Su mujer ya colgó. Claudio mira al teléfono mudo. Su esposa nunca le da tiempo de terminar de hablar. Raffaella baja corriendo al kiosco de periódicos debajo de la casa. Agarra ‘El Mensajero’ y paga. Lo abre sin esperar siquiera el vuelto. Esto quiere decir que esta verdaderamente estremecida. Va a la crónica. Ahí esta. La misma foto. Lee el titulo en grande: ‘Los piratas de la calle’. Su hija. La redada, la municipal, la persecución. La parada de la policía. Que tiene que ver Babi con toda esta historia? Las líneas le comienzan a bailar delante de sus ojos. Siente que se desmayara. Después respira profundamente. Lentamente se comienza a sentir mejor. Lo suficiente como para agarrar el vuelto. El vendedor, viéndola así tan pálida de repente, se preocupa.
    ‘Señora Gervasi, se siente mal? una mala noticia?’
    Raffaella se gira negando con la cabeza.
    ‘No, no, nada.’ Sale del kiosco. Que otra cosa podría decir? Que cosa les diría ahora a las amigas? A los inquilinos? A los Accado? Al mundo?
    ‘No es nada, no se preocupen. Es solo que mi hija es una de los piratas de la calle.’
    Le parece muy duro tener que aguantar hasta que salga de la escuela.

    La voz en el intercomunicador es calida y sensual, igual que el cuerpo al cual pertenece.
    ‘Doctor Mancini, esta su papa en la línea uno.’
    ‘Gracias señorita.’ Paolo presiona el botón.
    ‘Alo, papa?’
    ‘Has visto ‘El Mensajero’?’
    ‘Si, tengo la foto aquí enfrente.’
    ‘Leiste el articulo?’
    ‘Si.’
    ‘Que piensas?’
    ‘Bueno, no hay mucho de que hablar. Pienso que, antes o después, terminara mal.’
    ‘Si, así pienso yo también.’
    ‘Que se puede hacer?’
    ‘Me parece que no hay mucho que se pudiera hacer.’
    ‘Cuando regrese a casa hablas con el, por favor?’
    ‘Si, hablare. Para lo que servirá. Pero si te hace feliz, te prometo que lo haré.’
    ‘Gracias Paolo.’ El padre tranca el teléfono. Feliz. Que cosa me puede hacer feliz? No un artículo como ese acerca de mi hijo.
    Agarra el periódico entre las manos. Mira la foto. Dios que bello es, se parece mucho a ella. Y una débil sonrisa aparece en su cara cansada, incapaz de borrar aquel antiguo sufrimiento. Por un momento es sincero con si mismo.
    ‘Si. Yo se que cosa me podría hacer feliz de nuevo.’
    La secretaria de Paolo entra en la oficia con algunas hojas:
    ‘Doctor, estas las tiene que firmar’. Las pone sobre el escritorio y se queda ahí, esperando. Paolo agarra el lapicero de oro del bolsillo de la chaqueta. Se la regalo Manuela, su novia. Pero en ese momento, lentamente huele el perfume de la secretaria. Es provocativo. Todo en ella parece provocativo. Paolo escribe su nombre por igual al final de cada hoja. Tiene en las manos el lapicero de Manuela pero piensa en su secretaria. En su perfume, en sus caderas inocentes. O quizás no? Quizás no son del todo inocentes… esa ultima idea comienza a emocionarlo.
    ‘Doctor, pero este en el periódico no es su hermano?’
    Paolo firma la ultima hoja.
    ‘Si, es el.’
    La secretaria mira por un momento la foto todavía.
    ‘Y esa detrás es su chica?’
    ‘No lo se, quizás si.’
    ‘Su hermano se ve mejor en persona.’ Paolo mira salir a la secretaria. Su caminar y eso que dijo no le dejan dudas. Es una mujer, y como tal, es pícara. Siempre hace todo a propósito, esta seguro. Igual que como esta seguro que con la estrategia que el planeo, el señor Forte ahorrara miles de euros. Mira el periódico. Por un momento imagina que es el que esta en la moto mientras huye con su secretaria detrás. Ella que se aprieta contra el, sus piernas contra las suyas, sus brazos alrededor de el. Seria bello. Cierra ‘El Mensajero’. Paolo le tiene terror a las motos. Alguna vez saldría una foto suya en el periódico? Seguramente no lo habrían inmortalizado mientras huye sobre una rueda. A lo mas, si tuviera que ver con finanzas. Por un momento tiene un feo presentimiento. Ve una foto suya con el titulo: ‘Arrestado el agente de finanzas del famoso empresario’. Regresa a la cuenta del señor Forte. Quizás es mejor revisar que todo este en su puesto.

    A la salida de la escuela, Pallina baja los escalones saltando cerca de Babi.
    ‘Que fuerte! Que mal hiciste quedar a la Giacci.’
    ‘Lo lamento…’
    ‘Lo lamentas? Esta muy bien a esa vieja asquerosa… en serio crees que se habrá equivocado al meter ahí mi tarea? Esa lo hizo a propósito. La agarro conmigo porque yo siempre estoy alegre, tengo siempre ganas de bromear, mientras ella… parece un velorio.’
    ‘Lo se, pero lo lamento igual. Viste como me mira? Ahora me odia, hará todo para hacer que salga mal.’
    Pallina le da un toque en la espalda.
    ‘No te puede hacer nada. Tan excelente como eres, aun si te las reprueba todas, logras llegar a los exámenes que son un paseo. Si yo tuviera tu promedio, no sabrías el alboroto que haría…’ Pallina saca afuera del morral un paquete de cigarrillos Carnei. Prende uno y se lo pone en la boca. Mira dentro del paquete. Le faltan todavía tres antes de la cantidad justa para pedir un deseo.
    ‘Hey, pero no habías dicho que dejabas de fumar?’
    ‘Si, lo dije. Comienzo el lunes.’
    ‘Pero el fue el lunes pasado?’
    ‘Correcto. Pare el lunes, pero comencé de nuevo ayer.’
    Babi mueve la cabeza. Después ve el carro de su madre estacionado de la otra parte de la calle.
    ‘Que haces Pallina, vienes con nosotras?’
    ‘No, espero a Pollo, me dijo que venia a buscarme. Quizás viene con Step. Porque no te quedas tú también? Anda dile a tu mama que vienes a comer a mi casa.’
    Babi no había pensado más en Step esa mañana. Sucedieron muchas cosas. Como se despidieron la noche anterior? Incoherente. Así le dijo. Cosa de locos. Ella no es incoherente.
    ‘Gracias Pallina. Voy a mi casa, y ya te lo dije, no quiero ver a Step. Y no insistas con esta historia, sino terminara con nosotras peleando.’
    ‘Como quieras. Entonces a las cinco nos vemos en Parnaso…’ Babi trata te responderle, pero Pallina es mas rápida que ella: ‘Si, con mi Vespa.’
    Babi le sonríe y se aleja. Porque la da tanto? Piensa Pallina. Cosas suyas. Quizás es una técnica. Bueno, de igual forma es demasiado simpática. Y puso en su lugar a la Giacci de ese modo. Es hora de difundir la noticia. Pallina se acerca a un grupo de chicas más pequeñas. Son del segundo.
    ‘Supieron lo que le paso a la Giacci?’
    ‘No, que paso?’
    ‘Estaba por interrogar a Silvia Festa, una de mi clase. En vez de eso, se equivoco y le había puesto la nota de otra.’
    ‘Juralo!’
    ‘Si, por suerte Babi se dio cuenta.’
    ‘Quien, la Gervasi?’
    ‘Si, ella misma.’
    Una chica con ‘El Mensajero’ entre las manos se le acerca.
    ‘Ve Pallina, esta aquí no es Babi?’
    Pallina le quita el periódico de las manos. Lee el artículo de la carrera. Mira a Babi. Ya casi llego al carro de la madre. Trata de llamarla. Grita fuerte, pero el ruido del tráfico cubre su voz. Muy tarde.
    Babi abre la puerta para montarse detrás del carro.
    ‘Hola mama.’ Se inclina adelante para besarla. Una cachetada la golpea en plena cara. ‘Ay!’ Babi cae sentada sobre los asientos posteriores. Se masajea la mejilla adolorida, sin entender.
    Daniela también entra en el carro.
    ‘Hey viste que genial! Babi, estas en el periódico…’
    Mira alrededor. Ese silencio. La cara de Raffaella. La mano de Babi que se masajea la mejilla adolorida. Entiende todo rápido.
    ‘Como si nada paso.’ Mientras esperan a Giovanna, la usual retrasada, Raffaella grita como una loca. Babi trata de explicarle toda la historia. Daniela testimonia a su favor. Raffaella se molesta aun más. Pallina se convierte en la culpable principal.
    Finalmente llega Giovanna, y con su usual ‘Disculpen’ se monta detrás. El carro arranca. Hacen todo el viaje en silencio. Giovanna piensa que es una situación muy pesada. No pueden estar siempre así nerviosas.
    ‘Disculpen, pero hoy no llegue muy tarde, no?’
    Daniela se comienza a reír. Babi se controla un poco, después también se deja llevar. A la final, Raffaella también ríe.
    Giovanna, naturalmente no entiende nada, por ello se ofende.
    Porque no son solo exageradas, sino malas por burlarse de ella así. Se lo dirá a su madre. Desde mañana, decide Giovanna, o me viene a buscar ella o regreso en autobús.
    Al menos toda esa historia sirvió de algo: no tendrían que esperar más a Giovanna.

    El viejo maletín de piel negra fuerte debajo del brazo. Una chaqueta de color mostaza. Los cabellos cansados como su caminar, son cortos y recogidos, ligeramente alborotados. Las medias pantis marrones le regalan aun otro año, aunque le diera igual. Y esos viejos mocasines con el talón a media altura y el borde apretado le hacen daño. Pero no se comparan con lo que siente adentro.
    Su corazón debe tener los zapatos de dos tallas más pequeños. La Giacci abre el portón de vidrio del viejo edificio. Chilla sin sorprenderla. Se para frente al ascensor. Presiona el botón. La Giacci mira las casetas del correo. Algunas están sin nombre. Una siquiera tiene la cubierta, esta abierta y desordenada igual que la casa de Nicolodi, el propietario. Son las cosas que se vuelven similares a los hombres que las poseen, o son ellos que terminar por semejarse a estas? La Giacci no sabe darse una respuesta. Entra en el ascensor. Algunas escrituras se ven en la madera. Se lee el nombre de un amor pasado. Mas en alto un símbolo perfectamente esculpido por un iluso escultor. Debajo, a la derecha, un órgano masculino resulta ligeramente imperfecto, al menos a sus viejos recuerdos. Segundo piso. Saca fuera del maletín un mazo de llaves. Mete la más larga en la cerradura del medio. Siente un sonido detrás de la puerta. Es el, su único amor. La razón de su vida.
    ‘Pepito!’ Un pequeño perro corre hacia ella ladrando. La Giacci se inclina. ‘Como estas tesoro?’ El perro le salta entre los brazos. Comienza a darle vueltas. ‘Pepito, no sabes que le hicieron hoy a tu mama.’ La Giacci cierra la puerta, pone el maletín sobre una fría mesa de mármol y se quita la chaqueta.
    ‘Una tonta muchacha se atrevió a reprenderme, y frente a todas… tendrías que haber escuchado como lo dijo.’ La Giacci entra en la cocina. El perro la sigue trotando. Parece sinceramente interesado.
    ‘Ella, por un mísero error, me arruino, entiendes? Me humillo frente a la clase.’ Abre un viejo grifo con el tubo arruinado por el tiempo. El agua sale sobre un lavamanos blanco, de contornos imprecisos. Fue tallada a mano para hacerla entrar.
    ‘Ella tiene todo. Tiene una bella casa, alguno que le prepara de comer. Ella no se debe preocupar de nada. Ahora ni esta pensando en lo que hizo. Que le importa a ella?’ De una vitrina llena de vasos diversos entre ellos, la Giacci agarra uno y lo llena de agua. Bebe y regresa a la sala. El perro la sigue obediente.
    ‘Tenias que ver las otras muchachas. Estaban felices. Reían a mis espaldas contentas de verme equivocar…’ La Giacci saca fuera del maletín algunas tareas y se sienta en una mesa. Comienza a corregirlas. ‘Ella no tenia que hacerlo.’ Y subraya en rojo muchas veces el error de una pobre inocente. ‘No tenia porque ridiculizarme frente a todas.’ El perro salta sobre un viejo sofá vinotinto y se acurruca al suave cojin ahora acostumbrado a su pequeño cuerpo.
    ‘Entenderas, como hago para regresar a esa clase? Cada vez que ponga una nota alguna dirá: ‘Esta segura de que me lo puso a mi, profesora?’ y reirán, estoy segura que se reirán…’ El perro cierra los ojos. La Giacci pone cuatro a la tarea que esta revisando. La pobre inocente quizás merecía algo más. La Giacci continúa a hablar sola. Pepito se duerme. Otra tarea viene sacrificada. En días más serenos podría haber tranquilamente alcanzado la suficiencia.
    Mañana no será un bello día para la clase. Mientras tanto, en esa habitación, una mujer sobre una mesa cubierta de un viejo mantel se dio prácticamente sola una respuesta. Son las personas que se parecen a las cosas que poseen. Y por un momento en esa casa todo parece más gris y viejo. Y por un momento, una bella virgen pegada al muro parece malvada.

    Parnaso. Bellas muchachas de ojos perfectamente maquillados, de cejas largas y rubores delicados, están sentadas en las mesas redondas y hablan bajo el intrépido sol de esa tarde primaveral.
    ‘Que mala suerte, me manche!’ Alguna chica en la mesa se ríe, otra mas pesimista se revisa también su camisa para ver que no haya tenido la misma suerte. La chica de la camisa manchada mete la punta de una servilleta de papel en el vaso llena de agua. Frota con fuerza la mancha de chocolate alargándola. La camisa de color blanco comienza a parecer beige en ese momento. La chica se desespera.
    ‘Estos vasos de agua no ayudan. Parece que los camareros te los dan a propósito, apenas saben que te manchas. Disculpe!’
    Para a un camarero.
    ‘Me puede traer algo para quitar esto, por favor?’ La chica agarra con las dos manos la camiseta mostrándole la mancha mojada. El camarero no se detiene en la superficie. Hace un análisis bien profundo. La camisa, transparente en ese punto mojado, se apoya sobre el sostén mostrándole el diseño.
    El camarero sonríe. ‘Ya se lo traigo rápido, señorita.’ Profesional y mentiroso, quisiera darle otra cosa, también sabiendo frustrado que ese botón desabotonado no esta dedicado a el. Ninguna chica del Parnaso se volvería novia de un camarero.
    Pallina, Silvia Festa y alguna otra chica de la Falconieri están apoyadas afuera en un banco que extiende su peso repartiéndolo a un pilar pequeño de mármol y a su gemelo.
    ‘Ahí esta.’ Babi tiene las mejillas enrojecidas. Las saluda con una sonrisa divertida, ligeramente cansada de la caminata. Pallina corre hacia ella. ‘Hola.’ Se besan, afectuosas y sinceras. A diferencia de la mayor parte de los besos en las mesas del Parnaso. ‘Que cansancio. No creía que fuera así de lejos!’
    ‘Viniste a pie?’ Silvia Festa la mira sorprendida.
    ‘Si, no teniendo mi Vespa.’ Babi mira refiriéndose a Pallina. ‘Y tenia ganas de dar dos pasos. Pero exagere un poco, estoy destruida. No es que me toca regresar de la misma manera, no?’
    ‘No, toma.’ Pallina le da un llavero. ‘Mi Vespa esta a tu disposición.’ Babi mira la gruesa p de goma azul entre las manos.
    ‘Y tienes noticias de la mía?’
    ‘Pollo ha dicho que nadie sabe nada. Debe tenerla la policía. Ha dicho que dentro de poco te avisan.’
    ‘Imaginate si hablan con mis padres.’ Babi mira el grupo de chicos. Reconoce a Pollo y algún otro amigo de Step. Un tipo con una venda en el ojo le sonríe. Babi mira alrededor. Algunas motos se paran cerca. Babi se voltea esperanzada hacia los que acaban de llegar. El corazón le late fuerte. Inútilmente. Chicos anónimos, al menos a sus ojos, van hacia las mesas saludando.
    ‘A quien buscas?’ El tono y la cara de Pallina no dejan dudas. Pallina sabe.
    ‘Nadie, porque?’ Babi mete las llaves en el bolsillo sin mirarla. Esta segura que sus ojos sinceros la traicionarían.
    Pallina insiste: ‘No, nada, me parecía que estuvieras buscando a alguien…’
    ‘Bueno, chao muchachas.’ Un saludo rápido. Sus mejillas se enrojecen. Y no es solo por el cansancio. Pallina la acompaña a la Vespa.
    ‘Sabes como funciona?’ Babi sonríe, le quita el candado de seguro y la enciende.
    ‘Que harán esta noche?’
    ‘Hey, que pasa? Te dignas de salir con nosotros?’
    ‘Que polémica eres. Solo pregunte que harían!’
    ‘No lo se. Si quieres te llamo o te hago llamar.’
    Pallina la mira alusiva. Detrás de esa sonrisa, rápidamente aparece el: Step. Sus ojos seguros, su piel clara pero bronceada, sus cabellos cortos, sus manos marcadas de sonrisas rotas, de narices golpeadas. ‘Pareces mi pececito.’ La boca abierta… los ojos cerrados… ‘Ah, pero entonces eres incoherente… incoherente… incoherente.’ Como un eco. Babi tiene un momento de orgullo.
    ‘No gracias, déjalo así. Nos vemos mañana en la escuela. Era solo curiosidad.’
    ‘Como quieras…’ La Vespa se la lleva veloz antes de que aquella débil onda de orgullo venga acogido por un mar peligroso que aun no recibe la tempestad. Pallina saca afuera del bolsillo el teléfono y sonríe.
    Babi mete la Vespa de Pallina en el garaje. Perfecta. Su padre nunca podrá notar la diferencia. La pega aun más del muro, así no puede decir nada.
    Mira el reloj. Las siete menos un cuarto. Diablos! Sale corriendo por la escalera. Abre veloz la puerta.
    ‘Dani, regreso mama?’
    ‘No, aun no.’
    ‘Menos mal.’ Raffaella la castigo, Babi no puede salir hasta la próxima semana, y es mucho arriesgarse el primer día. Daniela la mira preocupada.
    ‘Entonces, se sabe algo de nuestra Vespa?’
    ‘Nada. Debe tenerla la policía.’
    ‘Que? Perfecto! Y si hacen el seguimiento?’
    ‘Me han dicho que antes o después la policía llamara para restituirla. Debemos solo interceptar la llamada antes que papa y mama…’
    ‘Facil. Y si llaman en la mañana?’
    ‘Estamos muertas. Por ahora Pallina nos dejo su Vespa. La metí en el garaje, así cuando regrese papa no se dará cuenta de nada.’
    ‘Ah, a propósito, te llamo Pallina.’
    ‘Cuando?’
    ‘Hace poco, cuando estabas afuera. Dijo que esta noche salen y que van al club Vetrine. Que te espera, que no seas orgullosa y que vayas porque descubrió todo. Y después me dijo algo como el nombre de un animal. Conejito, ratoncito… ah si, dijo, salúdame al pececito. Pero quien es el pececito?’
    Babi se voltea hacia Daniela: se siente golpeada, descubierta, traicionada. Pallina sabe.
    ‘Nada, es solo un chiste.’
    Seria muy largo de explicar. Muy humillante. La rabia la toma por un momento, la lleva silenciosa a su cuarto. En el atardecer visto desde los vidrios de su ventana ve plasmada toda la historia. La boca de Step, su sonrisa divertida, el cuento a Pollo, sus risas y después el mismo cuento a Pallina y quien sabe a quien mas aun. Fue estupida, debió contárselo a su mejor amiga. La hubiera entendido, consolado. Hubiera estado de su parte, como siempre. Después mira el póster en su armario. Y por un momento siente odio. Pero es solo un momento. Lentamente baja las manos. ‘Mitica pareja!’ Orgullo, dignidad, rabia, indignación. Deslizan fuera de ella como si se quitara una camisa de noche de seda sin mangas, a través de su cuerpo liso y dorado. Y ella, finalmente libre, sale fuera simplemente, con un paso. Desnuda de amor se acerca a el, a su imagen.
    Por un momento parecen sonreírse. Abrazados en el sol del horizonte, cerca aun si no es así. El de papel plastificado, ella llena de lucidas emociones, finalmente claras y sinceras.
    Ella baja tímida los ojos y sin quererlo se encuentra de nuevo frente al espejo. No se reconoce. Sus ojos así sonrientes, esa piel brillante… hasta la cara le parece diferente. Se echa los cabellos hacia atrás. Es otra. Sonríe feliz a esa que nunca había sido. Una chica enamorada. No solo eso. Una chica indecisa y preocupada de cómo vestirse esa noche.
    Mas tarde, después de que sus padres la regañaran de nuevo y hubieran salido para una de sus cenas, Babi entra en el cuarto de Daniela.
    ‘Dani, voy a salir.’
    ‘Adonde vas?’ Daniela aparece en la puerta.
    ‘A Vetrine.’ Babi saca afuera de las gavetas algunas camisas y abre el armario de la hermana. ‘Mira, donde metiste la falda negra… la nueva…’
    ‘No te la presto! Así me botas también esa! No insistas.’
    ‘Pero anda, solo fue una vez, no?’
    ‘Si, quizás esta noche pasa otra cosa. Quizás esta vez terminas en el fango. No, no te la presto. Esa es la única que me queda bien. No te la puedo dar, en serio.’
    ‘Si, pero cuando yo hago la groupie o salgo en el periódico, ahí vas con tus amigas diciéndole a todas que eres mi hermana. Nunca les dices que no me prestas la falda!’
    ‘Eso que tiene que ver?’
    ‘Tiene que ver, tiene que ver, cuando me pidas un favor…’
    ‘Esta bien, llevatela.’
    ‘No, ahora no la quiero mas…’
    ‘No, ahora la agarras…’
    ‘No, no la quiero…’
    ‘Ah no? Entonces si no te pones mi falda, cuando salgas yo llamo rápido a mama y le aviso.’
    Babi se voltea molesta a la hermana. ‘Que vas a hacer?’
    ‘Lo que escuchaste.’
    ‘Veras que cachetes rojos tendrás…’
    Daniela hace una cara graciosa y al final terminan las dos riéndose.
    ‘Toma.’ Daniela pone la falda negra sobre la cama. ‘Es toda tuya. Lánzate dentro del estiércol de nuevo, si te divierte.’
    Babi agarra la falda con las dos manos y se la apoya sobre la barriga. Comienza a imaginar que se podría poner encima. Suena el teléfono. Daniela va a responder. En su cuarto, Babi sube el volumen a la radio. La música inunda la casa. Daniela suelta el teléfono. ‘Andrea, espera un momento.’ Cierra la puerta del corredor, después regresa tranquila a hablar. Babi saca afuera todo. El armario abierto, las gavetas en el suelo. La ropa tirada sobre la cama. Indecisión. Va al cuarto de su madre. Abre el armario grande. Comienza a hurgar. Cada tanto se recuerda de algo. Podría quedar bien si lo combino con la falda negra? Abre las gavetas. Debe tener cuidado de donde mete las manos. Las cosas siempre deben regresar a su lugar. Las madres siempre se dan cuenta de todo, o casi. A Raffaella tampoco se dio cuenta de la Vespa de Pallina. Las madres se dan cuenta de todo, pero no entienden nada de motos o de Sony.
    No mandes nunca a una mama a comprarte ese estilo de jeans que le viste a tu amiga. Te llevara siempre esos que usa la más gafa de la clase.
    Sonríe. Una chaqueta azul? Muy caliente. La camisa de seda? Muy elegante. La chaqueta negra con el body debajo? Muy fúnebre. El body, sin embargo, no queda mal. Body debajo de la camisa? Se puede probar. Cierra las gavetas. Va hacia su cuarto. Dejo una chaqueta roja en la cama. La hubieran descubierto. Lo mete en su puesto. Se hubiera dado cuenta antes de tiempo? El entusiasmo vence al miedo.
    ‘Pero a quien le importa!’ El castigo desaparece desintegrándose en el espejo. Babi se mira perpleja. Body debajo de la camisa, no. La falda de Dani no va. Mejor así. Pobrecita, de verdad es la única cosa que le queda muy bien. Decide que se la llevaría a las carreras. Mañana. Pero ahora? Ahora que me pongo? Regresa a su cuarto. Que me pongo? En un momento. Abre corriendo la última gaveta. La braga de jeans! La saca afuera. Descolorida, corta y un poco deteriorada, justo como la odia la mama. Justo como la amaría el. Se cambia veloz. Se mete la camisa clara, la empuja debajo del pantalón. Se lanza en la cama, agarra las medias cortas y se las pone, después las cubre con los Converse All Star, altos hasta el talón, azul oscuros, igual que el cepillo que consigue en el baño. Se peina recogiendo hacia atrás los cabellos. Dos zarcillos de colores con forma de peces de los mares del sur. La música enloquece a todo volumen. Una línea negra le alarga los ojos. La esponja gris los difumina, tratando de hacerlos aun mas bellos. Los dientes blancos saben a menta. Un delicado brillo le cubre los suaves labios haciéndolos aun mas deseables. Las mejillas, pintadas de rojo naturalmente, se difuminan solas perfectamente.
    Daniela esta todavía en el teléfono. La música de repente se apaga. La puerta del corredor se abre lentamente. Daniela deja de hablar por teléfono.
    ‘Pero que bella!’
    Babi se mete la chaqueta oscura de jeans Levi’s.
    ‘De verdad estoy bien?’
    ‘Te ves fenomenal!!!’
    ‘Gracias Dani… sabes que paso… tu falda era muy seriecita.’
    Le da un beso. Después escapa veloz. Saca fuera del garaje la Vespa de Pallina. La prende, mete primera. Va por toda la bajada, deslizándose así por el fresco de la noche. Su perfume Caronne francés se mezcla con el perfume de los jazmines italianos en una delicada igualdad. Saluda a Fiore, el portero. Después maneja en medio del tráfico. Sonríe. Que pensara Step? Le gustara? Que dirá del maquillaje? Que dirá de la camisa debajo de la braga? Se dará cuenta que es del color de sus ojos? Su pequeño corazón comienza a latir veloz. Inútilmente preocupado. No sabe que rápido tendrá todas las respuestas.

    La Vetrine. Frente a la puerta un tipo obeso con un pequeño zarcillo en la oreja derecha y la nariz grande hace esperar a un grupo de personas. Babi se mete en la línea. Cerca de ella, dos chicas demasiado maquilladas con especie de sobretodos ligeros de tela y sus acompañantes, dos tipos con chaquetas curiosas. Frente de la solapa tiene un prendedor dorados con forma de saxofón, tan extraño como la idea de que el supiera tocar uno. El otro viene traicionado por los zapatos mocasines ligeros de piel. Esa Marlboro en la boca no lo salvaría. Nunca entrarían.
    El portero mira a Babi. ‘Tu.’ Babi sobrepasa las chicas con peinados extravagantes, una pareja muy melosa y dos chicos hermosos que venían de lejos. Alguno se lamenta, pero lo hace en voz baja. Babi sonríe al portero y entra. El vuelve a mirar hacia su pequeño rebaño, la cara decidida, las gruesas cejas, listas a apagar cualquier rebelión. Pero no existe la necesidad. Todos continúan a esperar en silencio, mirándose entre ellos, con esa media sonrisa que solo vale por una frase entera: ‘Nosotros no valemos un coño.’
    Dos enormes cornetas suenan en lo alto haciendo retumbar el bajo. En la barra, chicos y chicas gritan tratando de hablarse y riendo. Babi se apoya al vidrio. Mira debajo la gran pista. Todos bailan como locos. En los bordes también la gente mas calmada viene transportada por el house. Vetrine le gusta mucho: entras y miras a través de ese vidrio la gente que baila debajo de ti, después si quieres, bajas tu también, lanzándote a la mezcla, observada por los otros, pequeño espectáculo de colores. Algunas chicas agitan los brazos, otra baila divertida bromeando con su amiga. Con sus pequeños top elásticos blancos y negros, con sus pantaloncillos pegados en la cintura y un poco cortes. Ombligos descubiertos y jeans de colores, ligeramente alargados al final, envueltos por un largo pañuelo en la cintura. Las situaciones de siempre, una chica que es ciegamente ingenua y el chico que trata de enamorar a alguna. Un tipo imitando a John Travolta con un copete en la cabeza y una camisa larga. Una pareja que intenta decirse algo. Quizás el le esta proponiendo un baile mas sensual en casa, solos, con una música mas dulce. Ella ríe. Quizás aceptara. Nada, ninguna pista de Pallina, de Pollo, de los demás amigos y sobretodo de el, de Step. No habrán venido? Imposible. Pallina le hubiera avisado. De repente Babi siente algo. Una extraña sensación. Esta mirando en la dirección equivocada. Y como guiada por una mano divida, por dulce empujón del destino, se voltea. Ahí están. Allí, en la misma sala, sentados en la esquina del fondo, justo contra el ultimo vidrio. Esta todo el grupo: Pollo, Pallina, ese de la venda, otros chicos de cabellos cortos y gruesos bíceps, acompañados por chicas más pequeñas y tiernas. Esta Maddalena, con su amiga de la cara redonda. Y esta el. Step esta bebiendo una cerveza y cada tanto mira abajo. Pareciera buscar algo o alguien. Babi siente algo en el corazón. La esta buscando a ella? Pallina quizás le ha dicho que vendría. Regresa a mirar abajo. La pista le parece enloquecer detrás del vidrio. No, Pallina no se lo pudo haber dicho. Lentamente regresa a mirarlo. Sonríe para si misma. Que extraño. Es así de genial, con ese aire de duro, los cabellos cortos y bajos detrás, la chaqueta cerrada y esa forma de estar sentado, de dueño, tranquilo. Quizás algo en el es dulce y bueno. Quizás su mirada. Step se gira hacia ella. Babi se voltea asustada. No quiere dejarse ver, se mezcla entre la gente y se aleja del vidrio. Va al fondo del local y le paga a un tipo que le da un ticket amarillo y la deja pasar. Baja veloz las escaleras. Debajo la música es más fuerte. En la barra Babi pide una bebida llamada Bellini. Le gusta porque tiene durazno. Step se levanto. Esta apoyado en el vidrio con las tos manos. Mueve arriba y abajo la cabeza al ritmo de la música. Babi sonríe. De ahí no puede verla. Llega el Bellini y en un momento desaparece.
    Babi, sin dejarse ver, se voltea hacia la pista, va justo debajo de ellos. Se siente extrañamente eufórica. El Bellini esta haciendo efecto. La música la toma. Se deja llevar. Cierra los ojos y lentamente, bailando, atraviesa la pista. Mueve la cabeza siguiendo el ritmo. Feliz y un poco ebria, en medio de desconocidos. Sus cabellos vuelan. Sale hacia un lado más alto de la pista. Cierra las manos y comienza a bailar ondeando con los hombros, con la boca cerrada y soñadora abre los ojos, mirando arriba. A través del vidrio sus miradas se encuentran. Step esta ahí y la esta viendo. Por un momento no la reconoce. Pallina también la ve. Step se voltea hacia Pallina y le pregunta algo. Desde abajo, Babi no puede escuchar, pero intuye fácilmente la pregunta. Pallina asiente. Step regresa a mirar abajo. Babi le sonríe y después baja la mirada y regresa a bailar, tomada por la música.
    Step se aleja veloz, sin preocuparse de nada y de ninguno. Pollo mueve la cabeza. Pallina salta encima de su chico, lo abraza con amor y lo besa en la boca. El tipo tosco y bajo en la escalera deja pasar a Step sin pagar. Lo saluda con respeto. Step se para. Babi esta ahí, frente a el. Un tipo de cabellos largos le baila alrededor a ella interesado. Viendo a Step se aleja como llego, haciéndose el loco. Babi continua bailando mirándolo a los ojos, y en ese momento el se pierde en ese azul. Mudos y sonrientes bailan cerca. Respirando sus miradas, sus ojos, sus corazones. Babi se mueve ondeando. Step se le acerca más. Puede sentir su perfume. Ella alza las manos, las lleva frente a la cara y baila detrás, sonriente. Se deja llevar. El la mira encantado. Es bellísima. Con los ojos así ingenuos como nunca los había visto. Esa boca suave, de color pastel, esa piel terciopelo. Todo en ella parece ser frágil pero perfecto. Sus cabellos bajan felices debajo de la cara, bailan alegres saltando de una parte a otra, haciéndole pareja a su sonrisa.
    Step la agarra por la mano, la lleva hacia el. Le acaricia la cara. Están cerca. Step se detiene. Tiembla con la idea. Un pequeño movimiento y quizás ella, frágil sueño de cristal, se destrozaría en miles de pedazos. Entonces le sonríe y la saca de ahí. Secuestrándola de esa confusión, de toda esa gente desencadenada, a esos tipos que se mueven frenéticos, que parecen enloquecer mientras pasan. Step la lleva a través de ese mar de brazos agitándose protegiéndola de empujones humanos, de peligrosos codazos empujados de ritmo, de pasos agitados y se inocente alegría. Más en alto, detrás del vidrio. Alegría y dolor. Pallina mira a Babi desaparecer con el, finalmente coherente y sincera. Maddalena mira a Step desaparecer con ella, culpable solo de no haberla amado y de nunca haberla dejado creerlo. Y mientras ellos dos, frescos de amor, salen a la calle, Maddalena se deja caer sobre el sofá cercano. Desilusionada y de la misma forma que se enamoro, sola. Se mantiene con un vaso vacía entre las manos y algo más difícil de llenar adentro. Ella, simple abono de esa planta que siempre florece sobre la tumba de un amor sepultado. Esa rara planta llamada felicidad.

    Bellos y vestidos de jeans, mejor que una publicidad en vivo. Sobre la moto azul oscura como la noche, se confunden en la ciudad, riendo. Hablando de todo y de nada a la vez, sonriéndose en los espejos doblados hacia adentro. Ella apoyada sobre su hombro, se deja llevar así, rozada por el viento y de esa nueva emoción. Avenida Cuatro Fuentes. Plaza Santa Maria Mayor. Esquina a la derecha. Un pequeño club. Un tipo ingles en la puerta reconoce a Step. Lo deja pasar. Babi sonríe. Con el se entra a todos lados. Es su ticket. El ticket para la felicidad. Esta tan feliz que no se acuerda de ordenar una cerveza oscura, ella que odia las claras, al final divide feliz con el un plato de pasta olvidándose la pesadilla de la dieta. Como un río sigue hablándole de todo, se no tener secretos. Le parece inteligente y fuerte, bello y dulce. Y ella que no había dado cuenta antes, estupida y ciega, ella que lo ofendió, áspera y mala. Pero después se disculpa. Solo tenía miedo. Juegan a dardos. Ella alza el tiro al blanco y lo aguanta cerca de su corazón. Si voltea hacia el. ‘Seria un buen resultado, no?’ El le sonríe. Hace seña de si. Babi lanza divertida otro dardo, pero sus ojos no se dan cuenta que ya había logrado hacer un centro.
    De nuevo secuestrada. Vía Cavour. La pirámide. A toda velocidad, saboreando el viento fresco de esa noche a finales de abril. Step mete la tercera y después la cuarta. El semáforo en el cruce se muestra amarillo. Step lo atraviesa. De repente siente un chirrido de frenos. Cauchos que se queman sobre el asfalto. Un Jaguar Sovereign viene de la izquierda a toda velocidad, trata de frenar. Step, agarrado de sorpresa, frena manteniéndose en el medio del cruce. La moto se apaga. Babi lo abraza fuerte. En sus ojos asustados se ven los potentes faros del carro se avecina.
    El conductor de la pantera salvaje se revela al freno violento. El carro se detiene. Babi cierra los ojos. Siente el rugido del motor frenando, el perfecto ABS controlar las ruedas, los cauchos presionados por los frenos. Después nada más. Abre los ojos. El Jaguar esta ahí, a pocos centímetros de la moto, inmóvil. Babi da un suspiro de relajo y libera la chaqueta de Step de su apretón asustado.
    Step, impasible, mira el conductor del carro.
    ‘No deberías correr, pendejo!’ El tipo, un hombre por sus treinta y cinco años, con los cabellos de corte perfecto, baja la ventanilla eléctrica.
    ‘Que has dicho, disculpa muchachito?’ Step le sonríe bajándose de la moto. Conoce esos tipos. Debe tener a la mujer al lado y no quiere quedar mal. Se acerca al carro. De hecho, a través del vidrio ve las piernas femeninas cerca de el. Bellas manos cruzadas sobre una cartera negra y un vestido elegante. Trata de ver a la mujer en la cara, pero la luz de un poste se refleja sobre el vidrio escondiéndola. Muchachito. Ya veras quien será el muchachito. Step abre la puerta al tipo con educación.
    ‘Venga afuera idiota, así escuchas mejor.’ El hombre de los treinta y cinco años hace por bajar. Step lo agarra por la chaqueta y lo lleva directamente afuera. Lo lanza contra el Jaguar. El puño de Step se alza en el aire listo a golpearlo.
    ‘Step, No!’ Es Babi. La ve de pies cerca de la moto. Su mirada disgustada y preocupada. Los brazos abandonados por la cadera. ‘No lo hagas!’ Step libera un poco la presión. El tipo se aprovecha rápido. Libre y villano, lo golpea con un puño en la cara. Step va hacia atrás con la cabeza. Pero es un momento. Sorprendido, se lleva la mano a la boca. Su labio sangra. ‘Horrible hijo de…’ Step se lanza encima de el. El tipo lleva sus brazos al frente, baja la cabeza intentando cubrirse, asustado. Step lo agarra por sus cabellos rizos, le lleva la cabeza hacia abajo listo para darle un rodillazo, cuando de repente viene golpeado de nuevo.
    Esta vez de una forma diferente, más fuerte, directamente en su corazón.
    Un golpe seco. Una simple palabra. Su nombre.
    ‘Stefano…’
    La mujer se bajo del carro. La cartera apoyada en el asiento y ella cerca, de pie. Step la mira. Mira la cartera, no la conoce. Quien sabe quien se la habrá regalado. Que pensamiento más extraño. Lentamente abre la mano. El tipo rizado y afortunado se consigue libre. Step se queda mirándola en silencio. Esta bella como siempre. Un débil ‘Hola’ sale de sus labios. El tipo lo empuja de lado. Step va hacia atrás dejándose llevar. El tipo se monta en su Jaguar y la apura.
    ‘Larguemonos, rápido.’
    Step y la mujer se miran por un último instante. Entre esos ojos similares, una extraña magia, una larga historia de amor y tristeza, sufrimiento y pasado. Después ella se monta en el carro, bella y elegante, igual como apareció. Lo deja ahí, en la calle, con el labio sangriento y el corazón en pedazos. Babi se le acerca. Preocupada por esa única herida que puede ver, le toca ligeramente el labio con la mano. Step se aleja y se monta en silencio en la moto. Espera que ella este detrás para partir con rabia. Corre al frente, acelera bastante. La moto se desliza en la calle, sube rápido por la avenida Lungotevere.
    Step, sin hablar, comienza a correr. Y deja detrás los recuerdos lejanos, acelerando. Ciento treinta, ciento cuarenta. Siempre más fuerte. El aire frío le golpea la cara, y ese fresco sufrimiento le da alivio. Ciento cincuenta, ciento sesenta. Aun más fuerte. Pasa rápido entre dos carros cercanos. Casi los toca mientras sus ojos entrecerrados miran alrededor. Imágenes felices de esa mujer le llena su mente confundida. Ciento setenta, ciento ochenta, una dulce cuneta y la moto casi vuela a través de un cruce. Un semáforo da rojo rápidamente. Los carros a su izquierda suenan, frenando apenas partidas. Sumisos a esa moto prepotente, a ese bólido nocturno débilmente iluminado, peligroso y veloz como un proyectil cromado de azul. Ciento ochenta, doscientos. El viento sopla. La calle, borrosa a los bordes, se une en el centro. Otro cruce. Una luz lejana. El verde desaparece. El amarillo que llega. Step se agarra al pequeño botón de la izquierda. Su bocina se alza en la noche. Como el grito de un animal herido que esta yendo al encuentro de la muerte, como la sirena de una ambulancia, chillón como el grito de la herida que lleva adentro. El semáforo cambia de nuevo. Rojo.
    Babi comienza a golpearlo en la espalda con los puños. ‘Parate, párame.’ En el cruce, los carros parten. Un muro de metal de maquinas costosas y coloridas se alzan sonoras frente a ellos. ‘Parate!’
    Ese ultimo grito, aquel reclamo a la vida. Step parece despertarse de repente. El manubrio del acelerador, libre, regresa a cero. El motor se mantiene debajo de sus pies prepotente. Cuarta, tercera, segunda. Step aprieta fuerte el freno de acero, doblándolo casi. La moto tiembla frenando, mientras la pasajera baja veloz. Las ruedas dejan dos marcas derechas y profundas en el asfalto. Un olor de quemado sale de los pistones humeantes. Los carros desfilan tranquilos a pocos centímetros de la rueda delantera de la moto. No se dieron cuenta de nada. Solo Step se acuerda de ella, de Babi. Se asusto. La ve ahí, apoyada a un muro en el borde de la calle.
    Sollozos cortos le salen del pecho, no contenidos como las pequeñas lágrimas que riegan su pálida cara. Step no sabe que haces. Parado de pie, frente a ella, con los brazos abiertos, miedoso de tocarla, asustado por la idea que esos pequeños nerviosos sollozos solo con su simple toque se transformen en un llanto desenfrenado. Decide intentar de igual forma. Pero la reacción es inesperada. Babi le aleja con fuerza la mano, sus palabras salen casi gritando, cortadas por el llanto.
    ‘Porque? Porque te pusiste así? Estas loco? Te parece bien ponerse a correr de ese modo?’ Step no sabe que responderle. Mira sus ojos húmedos y grandes, mojados de lágrimas.
    Como puede explicarle? Como puede decirle lo que esta detrás de todo?
    Su corazón queda apretado en una confusión silenciosa. Babi lo mira. Sus ojos azules, sufrientes e interrogativos, buscan en el una respuesta. No puedo, parece repetirse a si mismo. No puedo. Babi respira fuerte y casi retomando fuerza ataca de nuevo.
    ‘Quien era esa mujer? Porque cambiaste así de repente? Step me lo debes decir. Que paso entre ustedes?’
    Y esa ultima frase, ese gran error, esa equivocación imposible parece golpearlo de lleno. En un momento todas sus defensas desaparecen. Su guardia constante y fuerte, entrenada en silencio día tras día, se baja repentinamente. Su corazón se deja llevar, por la primera vez tranquilo. Sonríe a esa chica ingenua.
    ‘Quieres saber quien es esa mujer?’
    Babi asienta.
    ‘Es mi madre.’

    Apenas dos años antes.
    Step, encerrado en su cuarto, trata mientras camina, de repetir la lección de química. Se apoya con las manos en la mesa. Hojea el cuaderno con los apuntes. Nada que hacer. Esas formulas no quieren entrarle en la cabeza.
    De repente, del último piso del edificio de enfrente, el cantante Battisti suena alto y fuerte ‘Me vienes a la mente, bella como eres…’ Afortunado el, a mi no me viene nada a la mente y odio la química. Después, viendo que quieren poner todo el CD, se levanta y abre la ventana.
    ‘Hey, podrías bajarle?!’
    Lentamente la música baja de volumen. ‘Estos inútiles.’ Step regresa a sentarse y se concentra de nuevo en química.
    ‘Stefano…’ Step se voltea. Su madre esta ahí frente a el. Viste una camisa marrón con diseños extraños, claros y dorados. Debajo, una falda vinotinto le cubre las esplendidas piernas envueltas en medias pantis que desaparecen en un par de elegantes zapatos marrón oscuro. ‘Estoy saliendo, quieres algo?’
    ‘No gracias, mama.’
    ‘Esta bien, nos vemos esta noche. Si llama tu papa le dices que debí salir para llevarle los papeles que el sabe al agente.’
    ‘Esta bien.’
    Su madre se le acerca y le da un suave beso en la mejilla. De mechones de su largo cabello negro sale una caricia de perfume. Step piensa que quizás se echo mucho. Decide no decírselo. Después, mirándola salir entiende que hizo bien. Es perfecta. Su madre no puede equivocarse. Ni siquiera poniéndose el perfume. Debajo del brazo tenia la cartera que le regalaron el y su hermano. Paolo puso casi todo el dinero, pero fue el quien la eligió, en ese negocio en la vía Cola de Rienzo donde tantas veces ha visto a su mama detenerse indecisa.
    ‘Eres un verdadero conocedor’ le susurro ella a su oído poniéndosela bajo el brazo y, caminando feliz, ha hecho una especie de desfile. ‘Bueno, como me queda?’
    Todos dan respuestas divertidas. Pero ella de verdad quería escuchar solo la opinión del ‘verdadero conocedor’.
    ‘Estas bellísima, mama.’
    Step regresa a su cuarto. Siente la puerta de la cocina cerrarse. Cuando fue que le regalaron esa cartera? Por navidad o su cumpleaños? Decide que en ese momento es mejor recordar las formulas de química.
    Más tarde. Casi las siete. Le faltan tres páginas para terminar de repasar. Después sucede. Battisti regresa a cantar. De la ventana entrecerrada del ultimo piso del edificio de frente. Más fuerte que antes. Insistente. Provocante. Sin respeto por nada ni nadie. Por el que estudia, por el que no puede ir al gimnasio. Esto es mucho.
    Step agarra las llaves de la casa y sale corriendo batiendo la puerta a sus espaldas. Atraviesa la calle y entra en el portón del piso de enfrente. El ascensor esta ocupado. Sube por las escaleras saltando dos escalones a la vez. Basta, no puede más. No tiene nada contra Battisti, sin embargo. Pero tenerlo de ese modo. Llega al último piso. Justo en ese momento el ascensor se abre. Sale un mensajero con un paquete cerrado en la mano. Es más rápido que Step. Revisa el apellido en la tarjeta de la puerta y suena. Step recupera la respiración al lado de el. El mensaje lo mira curioso. Step le devuelve la mirada sonriendo, después mira el paquete que tiene en la mano. Encima tiene la escritura Antonini. Deben ser las famosas tartas. Ellos también las compran, cada domingo. Tienen de todo tipo. Con salmón, con caviar, con frutos de mar. Su madre se vuelve loca por ellos.
    ‘Quien es?’
    ‘Antonini. Son las tartas que ordeno, señor.’
    Step sonríe a si mismo. Lo adivino, quizás aquel para disculparse le ofrecería una. La puerta se abre. Aparece un muchacho de treinta años. Tiene una camisa abotonada a la mitad y debajo solamente un bóxer. El mensajero hace para darle el paquete pero cuando el muchacho ve a Step se lanza contra la puerta tratando de cerrarla. Step no entiende, pero instintivamente va hacia delante. Pone el pie en medio a la puerta parándola. El mensajero va hacia atrás para tener en equilibrio el empaque de cartón. Mientras Step esta ahí, con la cara apoyada contra la fría madera oscura, a través de la abertura de la puerta, la ve. Esta puesta sobre un sofá. De repente recuerda. Esa cartera, el y su hermano, se la regalaron en navidad. Esa rabia y desesperación, las ganas de no estar ahí, de no creer sus propios ojos, multiplican su fuerza. Lanza la puerta haciéndolo caer al suelo. Entra en la sala como una furia. Y sus ojos quisieran haber estado ciegos para nunca haber visto todo lo que tenía al frente. La puerta del cuarto de dormir esta abierta. Ahí, entre las sabanas desordenadas, con una cara diferente, irreconocible a el que la ha visto miles de veces, esta ella. Se esta prendiendo un cigarrillo con aire inocente. Sus ojos se encuentran, y en un momento algo se rompe, se apaga por siempre. Y también ese último cordón umbilical de amor viene roto y los dos, mirándose, gritan en silencio, llorando en el interior. Después el se aleja mientras ella se queda ahí, en la cama, sin hablar, consumiéndose como ese cigarrillo que apenas prendió. Quemándose de amor por el, de odio por si misma, por el otro, por esa situación. Step va lentamente hacia la puerta, se detiene. Ve al mensajero afuera, cerca del ascensor, con las tartas en la mano mirándolo en silencio. De repente siente una mano en su hombro. ‘Escucha…’ Es ese muchacho. Que debe escuchar. No siente mas nada. Ríe. El muchacho no entiende. Se queda mirándolo estupefacto. Después Step lo golpea con un puño en plena cara. Justo en ese momento, las palabras de Battisti, inocente culpable de ese descubrimiento, hacen eco en el piso o quizás vienen solo en la mente a Step ‘Disculpame si puedes, señor pido disculpa también a ella’ Pero de que me debo disculpar?
    Giovanni Ambrosini se lleva las manos a la cara llenándolas de sangre. Step lo agarra por la camisa y rompiéndosela lo lanza fuera de esa casa sucia de amor ilegal.
    Lo golpea muchas veces en la cabeza. El muchacho trata de huir. Comienza a bajar las escaleras. Step es rápidamente detrás. Con una patada precisa lo empuja con fuerza, haciéndolo caer. Giovanni Ambrosini rueda bajando las escaleras. Apenas se para, Step es encima de el. Lo llena de paradas en la espalda, las piernas, mientras el se aguanta al pasamanos tratando de bajar, de huir. Lo esta masacrando. Step comienza a agarrarlo por los cabellos, tratando de hacer que se soltara, pero mientras su mano se llena de cabellos, Giovanni Ambrosini se mantiene ahí, pegado a esas barras de hierro, gritando aterrorizado. Las puertas de los otros apartamentos se abren. Step agarra a patadas sus manos que comienzan a sangrar. Pero Giovanni Ambrosini no se despega, se mantiene ahí pegado, sabe que es su única salvación. Entonces Step lo hace. Lleva hacia atrás la pierna y con toda la fuerza le golpea la cabeza desde atrás. Una patada violenta y exacta. La cara de Ambrosini se estampa contra el pasamano. Con un sonido sordo. Todos los dos pómulos se golpean, lacerándose. La sangre salpica. Los huesos de la boca se rompen. Un diente cae sonando lejos en el mármol. El pasamano comienza a vibrar y ese sonido de hierro se aleja bajando por las escaleras junto al último grito de Ambrosini. Step escapa, bajando corriendo, pasando veloz entre terribles caras de inquilinos curiosos, tropezando con cuerpos flácidos que intentan inútilmente detenerlo. Vaga por la ciudad. No regresa a su casa esa noche. Va a dormir donde Pollo. El amigo no le hace preguntas. Por suerte su padre salio esa noche, así que pueden dividir la cama. Pollo siente a Step agitarse mientras duerme, sufrir en un sueño. Pero la mañana después hace como si nada, aun si uno de las dos almohadas esta mojada de lágrimas.
    Desayunan sonriendo, hablando más o menos, dividiéndose un cigarrillo. Después Step va a la escuela y en la interrogación de química logra conseguir un seis. Pero desde ese día su vida cambio. Nadie nunca supo porque, pero nunca fue igual.
    Algo malo se metió dentro de el. Una bestia, un terrible animal hizo su casa adentro de su corazón, listo a salir afuera en cualquier momento, a golpear, con rabia, con maldad, hijo del sufrimiento y de un amor destruido. Desde entonces la vida en la casa no fue posible. Silencios y miradas incomodas. No más sonrisas, ni con la persona que más había amado. Después el proceso. La condena. Su madre que no testimonio a su favor. Su padre que lo regaño. Su hermano que nunca entendió. Y nadie que nunca supiera que pasó entre ellos dos. Guardianes forzados de ese terrible secreto. El mismo año sus padres se separaron. Step se fue a vivir con Paolo. El primer día que entra en esa nueva casa mira fuera de la ventana de su cuarto. Solo hay un prado tranquilo. Comienza a arreglar su ropa. Agarra de la maleta algunas camisas y las apoya en el fondo del armario. Después agarra un suéter. Mientras la saca afuera se le abre entre las manos. Por un momento le pareciera que su madre estuviera ahí. Le recuerda de cuando se la presto, de aquel día que corrieron juntos por avenidas con árboles. Cuando el estaba tan cerca de ella. Y ahora esta en esa casa, tan lejos de ella, en todos los sentidos.
    Aprieta duro el suéter entre sus manos y se la lleva a la cara. Siente su perfume, comienza a llorar. Después, tontamente, se pregunta si aquel día hubiera sido mejor decirle que se había puesto mucho perfume.

    De nuevo ahora, de noche.
    La moto corre tranquila sobre las orillas. Pequeñas ondas se regresan lentas. Van y vienen, respiro regular del mar profundo y oscuro que los observa de lejos. La luna alta en el cielo ilumina todo. La playa se pierde lejana entre las manchas más oscuras del monte. Step apaga los faros. Envueltos en la oscuridad, comienzan a correr así, sobre ese suave suelo mojado. Llegan a la mitad de la playa Feniglia y se detienen. Caminan cerca, solos, envueltos por esa paz. Babi va a la orilla. Pequeñas ondas de playa se rompen antes de bañar sus All Star azules. Una onda más caprichosa de las otras trata de alcanzarla. Babi echa para atrás veloz huyéndole. Termina contra Step. Sus brazos fuertes la acogen segura. Ella no se aleja. En esa luz nocturna aparece su sonrisa. Sus ojos azules llenos de amor lo miran divertidos. El se le avecina y lentamente, abrazándola, la besa. Labios suaves y calidos, frescos y salados, acariciados por el viento del mar. Step le pasa una mano entre los cabellos. Se los lleva atrás descubriéndole la cara. La mejilla pintada de plateado, pequeño espejo de la luna arriba, se une a una sonrisa. Otro beso. Nubes lentas pasean en el cielo azul de la noche. Ahora Step y Babi están echados sobre la arena fresca, abrazados. Las manos sucias de pequeños granitos de arena se buscan divertidas.
    Otro beso. Ahora Babi se pone encima alzándose sobre los dos brazos. Lo mira, el esta debajo de ella. Esos ojos ahora tranquilos la miran. Su piel parece color ébano, lisa y delicada. Sus cabellos cortos no tienen miedo de ensuciarse. Parece pertenecer a esa playa echado ahí, con los brazos estirados, dueños también de ella, tomándola en un beso mas largo y fuerte. La abraza teniéndola cerca, respirando su sabor suave. Y ella se deja llevar, tomada por esa fuerza, y en ese momento se da cuenta que no había besado a ninguno de verdad.
    Ahora esta sentado detrás de ella, la tiene abrazada entre sus piernas. El, sólido espaldar, interrumpe cada tanto sus pensamientos con un beso en el cuello.
    ‘Que piensas?’
    Babi se voltea hacia el viéndolo con la esquina de los ojos.
    ‘Sabia que me lo preguntarías.’ Regresa a apoyar la cabeza en su pecho. ‘Ves esa casa allá arriba en las rocas?’ Step mira esa dirección que indica su mano. Antes de perderse lejos se detienen sobre ese pequeño índice y le parece estupendo eso también. Sonríe, único dueño de sus pensamientos.
    ‘Si, la veo.’
    ‘Es mi sueño! Cuanto me gustaría vivir en esa casa. Piensa como debe ser la vista desde allá. Una ventana al mar. Una sala donde estar abrazados mirando el atardecer.’
    Step la aprieta de nuevo. Babi se mantiene un momento aun mirando lejos soñadora. El se le acerca poniendo su mejilla contra la suya. Ella, divertida y caprichosa trata de alejarlo, sonriéndole a la luna, fingiendo de querer escaparse. Step le agarra la cara entre las manos y ella, pálida perla, sonríe prisionera de esa concha humana.
    ‘Quieres bañarte?’
    ‘Bromeas, con este frío? Y no tengo el traje.’
    ‘Anda, no hace frío y un pececito como tu no necesita traje de baño.’
    Babi hace una mueca de rabia y lo empuja hacia atrás con las dos manos.
    ‘A propósito, le contaste a Pollo la historia de la otra noche, verdad?’
    Step se alza y trata de abrazarla.
    ‘Que, bromeas?’
    ‘Y como Pallina lo sabe? Se lo dijo Pollo!’
    ‘Te lo juro que no le dije nada. Quizás debí hablar en mis sueños…’
    ‘Hablar en tus sueños, si seguro… ya te dije que no creo en tus juramentos.’
    ‘De verdad, cada tanto hablo mientras estoy dormido y después te darás cuenta tu misma.’
    Step va hacia la moto mirando atrás divertido.
    ‘Me daré cuenta? Estas bromeando verdad?’
    Babi lo alcanza un poco preocupada.
    Step ríe. Su frase alcanzo el resultado esperado.
    ‘Porque, esta noche no dormiremos juntos? Si faltan pocas horas para que amanezca.’
    Babi mira preocupada el reloj.
    ‘Las dos y media. Diablos, si regresan mis padres antes que yo estoy muerta. Rápido, debo regresar a casa.’
    ‘Entonces no duermes en mi casa?’
    ‘Estas locos? Quizás no has entendido que sucederá si no llego. Y de paso, alguna vez has visto a un pececito que duerme con alguno?’
    Step prende la moto, tiene presionado el freno delantero y acelera. La moto obediente en medio de sus piernas gira sobre su misma y se para frente a ella. Babi se monta detrás. Step mete la primera. Dulcemente se alejan, cada vez más veloces, dejando atrás una marca precisa de largos neumáticos. Más lejos entre la arena agitada de besos inocentes, esta un pequeño corazón. Lo dibujo ella escondida, con ese índice que a el le gusto tanto. Una onda solitaria le borra los bordes. Pero con un poco de imaginación todavía se puede leer esa S y la B. un perro ladra lejos a la luna. La moto continua su carrera enamorada desapareciendo lejos en la noche. Una onda más determinada borra del todo ese corazón. Pero ninguno podrá nunca borrar ese momento de sus recuerdos.

    Frente a Vetrine, se para en medio de la calle desierta, ahora solo esta su Vespa. Babi baja de la moto, le quita el seguro de la rueda delantera y la prende. Monta en la silla y la empuja adelante. Después pareciera casi acordarse de el.
    ‘Chao’ Le sonríe con ternura. Step se le acerca.
    ‘Te acompaño, te escolto hasta tu casa.’ Llegaron en la calle Francia, Step se acerca a la Vespa y apoya el pie derecho debajo del farol, bajo la pequeña placa.
    Acelera. La Vespa aumenta la velocidad. Babi se voltea asustada hacia el.
    ‘Tengo miedo.’
    ‘Manten derecho el manubrio…’
    Babi regresa a mirar frente aguantándose fuerte y segura a las manillas. La Vespa de Pallina va mas rápido que la suya, pero a esos niveles nunca hubiera llegado. Hacen todo el recorrido de la calle Francia y después suben por la salida de la vía Jacini, hasta la plaza. Step le da un último empujón justo debajo de su complejo. La deja ir. Lentamente la Vespa pierde velocidad. Babi frena y se gira hacia el. Esta parada, derecho en su moto, a pocos pasos de ella. Step se mantiene mirándola un rato. Después le sonríe, mete la primera y se aleja. Ella lo sigue con la mirada hasta cuando desaparece detrás de la curva. Lo siente acelerar siempre más, un cambio veloz de marcha, a toda velocidad. Babi espera que Fiore, somnoliento, suba la barra. Después va por la subida del complejo. Cuando gira derecho por la curva, una triste sorpresa. Su casa esta toda iluminada y su madre esta ahí, asomada en la ventana de su cuarto.
    ‘Claudio, ahí esta!’
    Babi sonríe desesperadamente. No sirve de nada. Su madre cierra la ventana golpeándola. Babi mete la Vespa en el garaje, logrando pasarla entre el muro y la Mercedes. Mientras cierra el portón piensa en la cachetada de esa mañana. Inconscientemente se lleva la mano a el cachete. Trata de recordar cuanto daño le hizo. No se preocupa tanto. Rápido lo sabría. Sube las escaleras lentamente tratando de retardar lo más posible el tiempo de esa descubierta ahora inevitable. La puerta esta abierta. Pasa debajo del marco de la puerta. Condenada a la guillotina, ella, moderna culpable en braga, perdería la cabeza. Cierra la puerta. Una cachetada la golpea en plena cara.
    ‘Ay.’ Siempre en la misma parte, piensa, masajeándose la mejilla.
    ‘Ve rápido a la cama, pero antes dale las llaves de la Vespa a tu padre.’
    Babi atraviesa el corredor. Claudio esta ahí, cerca de la puerta.
    Babi le da el llavero de Pallina.
    ‘Babi?’
    Ella se voltea preocupada. ‘Que sucede?’
    ‘Porque esta P?’
    La P de goma del llavero de Pallina esta entre las manos de Claudio. Babi lo mira perpleja por un momento, despierta por la cachetada, fresca creadora al instante, improvisa.
    ‘Pero papa, no recuerdas? Es el sobrenombre que me diste tú? De pequeña siempre me llamabas Pitufina!’
    Claudio se mantiene indeciso un momento, después sonríe.
    ‘Es cierto! Pitufina. No lo recordaba.’ Después regresa a ser serio. ‘Ve a la cama ya. Hablamos mañana de toda esta historia. No me gusto para nada, Babi!’
    Las puertas de los cuartos se cierran. Claudio y Raffaella, ahora tranquilos, discuten acerca de esa hija que era calmada y tranquila, ahora rebelde a irreconocible. Regresa a horas de la madrugada, participa en carreras de moto, termina con una fotografía en los periódicos. Que le paso? Que le sucedió a la Pitufina de un tiempo?
    En el cuarto de al lado, Babi se quita la ropa y se mete en la cama. Su cachete enrojecido consigue un fresco descanso en la almohada. Se mantiene así, soñadora por un rato. Le parece sentir todavía el sonido de las pequeñas ondas y el viento que le acaricia los cabellos, y ese beso, fuerte y tierno al mismo tiempo. Se gira en la cama. Piensa en el mientras mete las manos debajo de la almohada, soñando en abrazarlo. Entre las lisas sabanas, pequeños granitos de arena la hacen sonreír. En la oscuridad del cuarto, lentamente consigue la respuesta que sus padres están buscando. Eso es lo que le paso a la Pitufina de un tiempo atrás. Se enamoro.

    Babi no tiene tiempo de subir las escaleras de la escuela sin que Pallina le salte encima rápidamente.
    ‘Bueno, como te fue? Te desapareciste…’
    ‘Bien, fuimos a Ansedonia.’
    ‘Hasta allá, tan lejos?’
    Babi asiente.
    ‘Y lo hicieron?’
    ‘Pallina!’
    ‘Lo siento, fueron allá lejos, estaban seguro en la playa, no?’
    ‘Si.’
    ‘Y no hicieron nada?’
    ‘Nos besamos.’
    ‘Yahooo.’ Pallina le salta encima. ‘Eso! Que suerte, te conseguiste el mas bello de la ciudad.’ Después se da cuenta que Babi esta un poco triste. ‘Que pasa?’
    ‘Nada.’
    ‘Anda, no digas mentiras, di que pasa. Anda. Confía en tu vieja y sabia amiga Pallina. Lo hicieron, verdad?’
    ‘Nooo! Solo nos besamos, y fue bellísimo. Pero…’
    ‘Pero…?’
    ‘Pero no se como quedamos.’
    Pallina la mira confusa. ‘Pero intento algo…? Bajo el puño dos veces hacia debajo de manera elocuente.
    Babi niega con la cabeza resoplando: ‘No.’
    ‘Entonces es verdaderamente preocupante.’
    ‘Porque?’
    ‘Le interesas.’
    ‘Tu crees?’
    ‘Estoy segura. Normalmente se acuesta con todas la primera noche.’
    ‘Ah, gracias, eres un gran apoyo.’
    ‘Quieres la verdad, no? Disculpa, debes estar feliz. No te preocupes, si este es tu problema, solo debes esperar la próxima vez, ya veras!’
    Babi le da un empujón. ‘Estupida… por cierto Pallina, te secuestraron tu Vespa…’
    ‘Mi Vespa?’ Pallina cambia de expresión. ‘Quien fue?’
    ‘Mis padres.’
    ‘Esa simpaticona de Raffaella. Uno de estos días le debo dar un sermoncito. Sabes que la otra noche se estaba propasando?’
    ‘Mi madre? Y con quien?’
    ‘Conmigo! Me beso mientras dormía en tu cama creyendo que eras tu!’
    ‘Juralo!’
    ‘Si!’
    ‘Ve que mi padre agarro tu llavero pensando que era el mío.’
    ‘Y no se dio cuenta de la P?’
    ‘Si! Le dije que de pequeña me llamaba siempre Pitufina.’
    ‘Y te creyó?’
    ‘Ahora solo me llama así.’
    ‘Es un buen tipo tu padre, pero es un poco ingenuo.’
    Entran en clase así. Una rubia y estirada, la otra castaña y pequeña. Bella y preparada la primera, graciosa e ignorante la segunda, pero con una gran cosa en común: su amistad. Mas tarde Babi esta ahí, soñando mientras mira la pizarra, sin ver los números escritos encima, sin escuchar las palabras de la profesora. Piensa en el, en que estaría haciendo en ese momento. Se pregunta si estará pensando en ella. Trata de imaginárselo, sonríe feliz, después preocupada, a la final ansiosa. Puede ser cualquier cosa. A veces es tierno y dulce, de repente es salvaje y violento. Suspira y mira la pizarra. Es mucho más fácil resolver la ecuación.

    Step se levanto hace poco. Se metió bajo la ducha y se deja masajear por ese chorro fuerte y decidido. Empuja las manos contra el muro mojado y, mientras el agua le cae por la espalda, empuja hacia abajo alternando las piernas, alzándose sobre sus pies, primero el derecho y después el izquierdo. Mientras el agua se desliza por su cara recuerda los ojos azules de Babi. Son grandes, pulidos y profundos. Sonríe y teniendo los ojos cerrados la ve perfectamente. Esta ahí, inocente y serena frente a el, con los cabellos salvajes en el viento y esa nariz derecha. Ve esa mirada segura, llena de carácter. Secándose, regresa a pensar en todo aquello que se han dicho, a todo lo que le contó. Ella, único dulce oído casi desconocido, silencioso oyente de su antiguo sufrimiento, de su amor odiado, de su tristeza. Se pregunta si esta loco. Igual ya paso todo.
    Desayunando piensa en la familia de Babi. En la hermana. En el papa de aire simpática. A esa mama del carácter decidido y duro, de detalles similares a Babi, un poco diferentes por la edad. Se volvería ella algún día como su madre? A veces las madres son la proyección futura de la chica con la cual salimos hoy. Se acuerda de una madre mejor que una hija. Termina el café sonriendo. Suenan la puerta. Maria abre. Es Pollo. Le lanza la usual bolsa en la mesa, sus sándwiches de salmón.
    ‘Entonces? Me debes decir que paso. Lo hicieron o no? Quien lo imagina… con ese carácter cuando lo harían? Nunca! Donde se fueron después. Los busque por todos lados. Oh, no sabes como esta Madda. Esta envenenada! Si la consigue, la cae a golpes.’
    Step deja de poner su cara divertida. Maddalena, es cierto, no lo había pensado. No había pensado a nada mas después esa noche. Decide que tampoco quiere pensarlo ahora. En el fondo nunca se prometieron algo.
    ‘Toma.’ Pollo saca fuera del bolsillo una hoja blanca doblada y se lo lanza. ‘Este es su numero de teléfono.’ Step lo agarra en el aire. ‘Hice que Pallina me lo diera ayer, sabia que hoy me lo hubieras pedido…’
    Step se lo mete en el bolsillo y después va a su cuarto. Pollo lo sigue.
    ‘Entonces Step, me dirás algo o no? Lo hicieron?’
    ‘Pollo, porque siempre me haces estas preguntas? Sabes que yo soy un caballero, no?’
    Pollo se echa en la cama, doblándose de la risa.
    ‘Un caballero… tu? Dios mío, estoy mal! lo que me toca escuchar… un caballero!’ Step lo mira agitando la cabeza, mientras se mete los jeans, también el se pone a reír. Cuantas veces no fue un caballero! Y por un momento le gustaría tener algo más que contarle al amigo.

    En la salida de la Falconieri ningún muchacho vende libros. Es una escuela muy ‘alta’ para que siquiera la ultima de las alumnas compren un libro usado. Babi baja los escalones mirando alrededor esperanzada. Grupos de chicas en el fondo de la escalera esperan nuevos conocidos o viejas conquistas. Pero ninguno de ellos es el que quiere. Babi da los últimos pasos. El sonido de una moto veloz le hace subir la mirada. Su corazón late más veloz. Inútilmente. Una moto roja pasa entre los carros. Una joven pareja abrazada va hacia la izquierda al mismo tiempo. Babi los envidia por un momento. Después entra al carro. Su madre esta ahí, todavía molesta por el día anterior. ‘Hola mama.’
    ‘Hola’ es la seca respuesta de Raffaella. Babi no recibe ninguna cachetada ese día, no tiene razón. Pero esto casi lo lamenta.

    Step y Pollo están pegados a la red. Seguidos del borde del campo de entrenamiento de su equipo. Cerca están Schello, Hook y algún otro amigo, comparten la pasión por el equipo Lazio de fútbol. Fanatiquismo desenfrenado solo para armar un bochinche. Step, sin hacerse ver, sube la manga izquierda de la chaqueta, dejando al descubierto el reloj. La una y media. Debió salir hace poco. Se la imagina en el carro de la mama, en la vía Francia, regresando a la casa. Más bella que un gol de Mancini. Pollo lo mira.
    ‘Que pasa?’
    Pollo estira los brazos. ‘Nada, porque?’
    ‘Entonces que coño ves?’
    ‘Porque, no puedo mirar?’
    ‘Pareces homosexual… mira el partido no? Te traigo para acá y que haces? Te pones a ver mi cara?’
    Step se voltea hacia el campo. Algunos jugadores con las chaquetas deportivas de entrenamiento sobre la camisa del equipo se pasan veloz el balón mientras uno, con mala suerte, trata de quitárselas. Step se gira de nuevo hacia Pollo. Lo esta mirando.
    ‘Todavía! No quieres entender!’ Step se le lanza encima. Agarra la cabeza con las dos manos y riendo se la pega contra la red. ‘Debes mirar allá.’ Lo empuja mas veces: ‘Alla, allá!’
    Schello, Hook y todos los demás se acercan a ellos, solo para alborotar más. Otros fanáticos se empujan entre ellos contra la red haciendo sonido. Alguno con un periódico enrollado y un pito en la boca se cree un árbitro golpeando a todos con el periódico. Después de un poco el grupo crece, los fanáticos corren en todas las direcciones divertidos. Step se monta en su moto. Pollo le salta detrás y se alejan. Step se pregunta si Pollo se había dado cuenta de lo que estaba pensando antes.
    ‘Ay, Step que malo…’
    ‘Que pasa?’
    ‘Ahora es muy tarde, si no podríamos haberlas buscado en la escuela.’
    Step no responde. Siente que Pollo sonríe, detrás de el. Después viene golpeado por un puño de lado.
    ‘Y no te la des de listo conmigo, claro?’ Step se dobla hacia delante adolorido. Si, Pollo entendió, y como si no bastara también tiene un golpe perfecto.

    La tarde pasa lento para los dos y también desconocen lo mismo.
    Babi trata de estudiar. Se consigue hojeando el diario, cambiando la estación de radio, abriendo y cerrando el refrigerador tratando de resistir a la tentación de romper la dieta. Termina frente a la televisión mirando un programa estupido para niños comiendo un Danone de Chocolate, algo que después la hará sentirse mal. Quien sabe si le habrán dado ya mi numero celular. Igual aquí no agarra. Esperemos que tenga también el de la casa. En la duda va corriendo a responder cada timbre del teléfono. Pero casi siempre le toca anotar el apellido de alguna amiga de su madre. Andrea Palombi llamo a Daniela al menos tres veces. La envidia. El teléfono suena de nuevo. Un golpe al corazón. Corre por el corredor, alza el teléfono, tiene que ser Step. Pero de nuevo es Palombi, la cuarta llamada. Le avisa a Daniela amenazándola de no quedarse hablando mucho. Injusticias del mundo. A Daniela cuatro llamadas, a ella ninguna. Después se anima. Una cosa es segura, con todas las carreras que ha hecho, ha quemado al menos mitad de las calorías.

    Step come en casa con su amigo. Pollo le vacía prácticamente medio refrigerador. Aprecia mucho la cocina de Maria. Ella esta feliz de ver su torta de manzana desaparecer en la boca de ese joven huésped. Step un poco menos, debido que deberá aguantarse los lamentos de Paolo cuando regresara. La torta de manzana fue hecha para el. Mas tarde, Maria se marcha y los dos descansan un poco. Step vuelve a leer todas sus caricaturas de Pazienza. Organiza los bocetos originales de los cuales esta tan orgulloso. Después despierta a Pollo para mostrárselo. Aun si sea la milésima vez que los ve, el lo aprecia como si fuera la primera.
    Son muy buenos amigos, tanto que Step no puede negarle una llamada. Aun si sabe del vicio de Pollo. Se la pasa una hora en el teléfono. Adonde vaya siempre hace una llamada. Se pone a parlar por horas, con cualquiera, aun si no tiene nada que decir. Entonces ahora que tiene una novia, es incontenible. Su sueño, le confiesa a Step saliendo, es robar un celular.
    ‘Mi hermano tiene uno nuevo.’ Es la respuesta divertida de Step. A los ojos de Pollo, Paolo obtiene rápido otro valor. Quien sabe si después de la torta de manzana no tratara a quitarle también el teléfono.

    Llueve. Babi y Daniela están sentadas en el sofá de lado a los padres. Miran una película divertida y familiar.
    La atmósfera parece mas tranquila.
    Después un timbrazo. Daniela prende el inalámbrico que tiene cerca de ella en el cojin del sofá.
    ‘Alo?’ Mira a Babi sorprendida. No cree a sus orejas. ‘Ahora te la paso.’ Babi se voltea tranquila hacia la hermana. ‘Babi, es para ti.’
    Le basta ese momento, una mirada, ver su cara para entender todo. Es el.
    Daniela le pasa el teléfono tratando de controlarse frente a sus padres. Ella lo agarra delicadamente, casi miedosa de tocarlo, de apretarlo, como si una vibración muy fuerte pudiera hacer caer la línea, hacerlo desaparecer por siempre. Lo lleva lentamente cerca de su cara con mejillas sonrojadas, a sus labios emocionadas aun por ese simple… ‘Si?’
    ‘Hola, como estas?’ La voz calida de Step le llega directamente al corazón. Babi se mira alrededor preocupada de que alguno se haya dado cuenta de lo que siente, su corazón a dos mil por hora, la felicidad que trata desesperadamente de esconder.
    ‘Bien y tu?’
    ‘Bien. Puedes hablar?’
    ‘Espera un momento que aquí no se escucha nada.’ Se levanta del sofá llevándose consigo el teléfono. No se sabe porque pasa, pero siempre cerca de los padres, algunos teléfonos nunca sirven. Su mama la mira salir de la sala y se voltea sospechosa hacia Daniela. ‘Quien es?’
    Daniela es rápida. ‘Oh, Chicco Brandelli, uno de sus pretendientes.’
    Raffaella la mira por un momento. Después se tranquiliza. Regresa a mirar la película. Daniela también se voltea a la televisión con un leve suspiro. Ya paso. Si su madre la hubiese mirado aun mas se hubiera quebrado. Es difícil sostener esa mirada, parece que siempre supiera todo. Se enorgullece a si misma de la idea de Brandelli. Al menos ese idiota sirvió para algo.
    Las luces apagadas en su cuarto. Ella contra el vidrio mojado por la lluvia, con el teléfono en la mano.
    ‘Alo Step, eres tu?’
    ‘Quien quieres que sea?’
    Babi ríe. ‘Donde estas?’
    ‘Debajo de la lluvia. Quieres que vaya a tu casa?’
    ‘Ojala se pudiera. Están mis padres.’
    ‘Entonces ven tu.’
    ‘No, no puedo. Estoy castigada. Ayer cuando regrese me consiguieron. Estaban en la ventana esperándome.’
    Step sonríe y bota el cigarrillo.
    ‘Es cierto entonces! Todavía existen muchachas que las castigan…’
    ‘Si, y tu estas una de ellas.’ Babi cierra los ojos aterrorizada por la bomba que le acaba de lanzar. Espera la respuesta. Ya paso todo. Pero no siente ningún sonido.
    Lentamente abre los ojos. Mira más allá del vidrio, a un techo, la lluvia es más visible. Esta escampando. ‘Estas todavía ahí?’
    ‘Si. Estaba tratando de entender que se siente ser castrado por una muchacha lista.’
    Babi se muerde el labio, camina feliz y nerviosa por el cuarto. Entonces es verdad.
    ‘Si fuera de verdad una muchacha lista hubiera elegido a otro a quien castrar.’
    Step ríe. ‘Esta bien, hagamos las paces. Tratemos de resistir al menos un día. Que harás mañana?’
    ‘Escuela, después estudio y continuo a estar castigada.’
    ‘Bueno, puedo ir a buscarte.’
    ‘No es una de las mejores ideas…’
    ‘Me vestiré bien.’
    Babi ríe. ‘No es por esto. Es algo más general. A que hora te paras mañana?’
    ‘Mah, diez, once. Cuando venga Pollo a despertarme.’
    Babi agita la cabeza. ‘Y si no viene?’
    ‘Mediodia, la una…’
    ‘Lograrias venir a buscarme a la escuela?’
    ‘A la una? Si, creo que si.’
    ‘Quería decir a la entrada.’
    Silencio. ‘Que hora seria?’
    ‘Ocho y diez.’
    ‘Pero porque se va a la escuela tan temprano? Y después que haremos?’
    ‘No lo se, huimos…’ Babi no cree casi a sus orejas. Huimos. Debe estar loca.
    ‘Esta bien, hagamos esta locura. A las ocho en tu escuela. Espero solo despertarme.’
    ‘Será difícil, verdad?’
    ‘Bastante.’
    Se mantienen un momento en silencio. Indecisos acerca de que decirse, como despedirse.
    ‘Bueno, entonces adiós.’
    Step mira afuera. Paro de llover. Las nubes se mueven veloces. Se siente feliz. Mira el teléfono. De la otra parte esta ella en ese momento.
    ‘Adios Babi.’ Trancan. Step mira a lo alto. Algunas estrellas aparecen tímidas y mojadas, arriba en el cielo. Mañana será un buen día. Pasara la mañana con ella.
    Ocho y diez. Debe estar loco. Trata de recordar la última vez que se despertó tan temprano. No le viene a la mente. Sonríe. Apenas hace tres días regreso a la casa a esa hora.
    En la oscuridad de su cuarto, con el inalámbrico en la mano, Babi sigue mirando el vidrio por un poco. Lo imagina en la calle. Debe hacer frío afuera. Siente un escalofrío por el. Regresa en la sala. Le da el teléfono a la hermana y se sienta al lado de ella en el sofá. Daniela, sin hacerse ver, estudia curiosa la cara de Babi.
    Quiere hacerle miles de preguntas. Debe contentarse de esos ojos que por un momento la miran feliz. Babi regresa a ver la televisión. Por un momento, esa vieja película en blanco y negro le parece a colores. No entiende para nada de que están hablando y se aleja rápido, secuestrada por sus pensamientos. Después regresa rápidamente a la realidad. Mira alrededor preocupada, pero ninguno parece saberlo. Mañana, por la primera vez, se escapara de la escuela.

    Paolo esta sentado en la mesa y hojea distraído el periódico. Mira alrededor. Extraño. Le había dicho a Maria que hiciera la torta de manzana. Seguro se le olvido. Ingenuo. Se acuerda de un biscocho que compro para casos de emergencia. Decide que es uno de esos casos. Abre algunas gavetas. Al final lo consigue. Lo escondió bien para resistir la furia hambrienta de Step y sus amigos.
    Mientras agarra un pedazo entra Step.
    ‘Hola hermano.’
    ‘Te parece esta la hora de estar llegando… pasaras todo el día en la cama, después si te va bien iras al gimnasio y en la noche de nuevo con Pollo y esos cuatro delincuentes. Para ti la vida es bella…’
    ‘Bellísima.’ Step se sirve café, después leche. ‘Pero se da el caso de que no estoy llegando ahora. Estoy saliendo.’
    ‘Dios que hora es?’
    Paolo mira preocupado el reloj. Las siete y media. Un suspiro de alivio. Esta todo bajo control. Algo no esta normal de igual forma. Step nunca sale a esa hora.
    ‘A donde vas?’
    ‘A la escuela.’
    ‘Ah.’ Paolo se tranquiliza. Después recuerda de repente que Step termino el año pasado. ‘A hacer que?’
    ‘Pero que son todas estas preguntas, y de madrugada…?’
    ‘Haz lo que te parezca pero no te metas en problemas. Maria no hizo la torta de manzana?’
    Step lo mira con aire ingenuo.
    ‘Torta de manzana? No, no me parece.’
    ‘Seguro? No será que se la terminaron tu, Pollo y esos puercos hambrientos de tus amigos?’
    ‘Paolo, no ofendas a mis amigos siempre. No esta bien. Que, yo ofendo alguna vez los tuyos?
    Paolo se queda en silencio. No que no los ofenda. Como podría? Paolo no tiene amigos. Cada tanto lo llama un colega o cualquier ex compañero de la universidad, pero a ellos Step no podría ofenderlos. Ya fueron castigados por la vida. Tristes, grises, con físicos que poetas.
    ‘Adios Pa’, me despido, nos vemos esta noche.’
    Paolo mira la puerta cerrada. Su hermano siempre logra sorprenderlo. Quien sabe a donde va a esa hora de la mañana. Bebe un poco de café. Después hacer por agarrar el pedazo del biscocho que dejo en el plato. Desapareció: con Step siempre le falta algo.
    ‘Hola papa.’ Babi y Daniela bajan del Mercedes. Claudio mira las hijas alejarse hacia la escuela. Un ultimo saludo y se aleja. Babi sube algún otro escalón. Se voltea. La Mercedes ahora esta lejos. Baja veloz y justo en ese momento se encuentra con Pallina.
    ‘Hola, adonde te escapas?’
    ‘Me voy con Step.’
    ‘Juralo! Y a donde van?’
    ‘No lo se. A dar vueltas. Primero a desayunar. Esta mañana estaba tan emocionada que no pude comer. Imaginate. Es la primera vez que me escapo…’
    ‘Yo también estaba emocionada la primera vez. Pero ahora… hago mejor la firma de mi madre que ella misma!’ Babi ríe. La moto de Step se para frente a la acera.
    ‘Nos vamos?’
    Babi se despide con un beso rápido a Pallina y monta emocionada detrás de el. Tiene el corazón acelerado.
    ‘Te aconsejo Pallina… trata de no tener ninguna insuficiencia y marca los que sean interrogados.’
    ‘Ok jefa!’
    ‘No digas eso! Da mala suerte, y mantente callada ok?’
    Pallina asienta. Babi mira alrededor preocupada que alguno pueda verla. Después se abraza fuerte a Step. Ahora todo esta listo. La moto adelante, huyendo de la escuela, de las horas aburridas de lecciones, de la Giacci, de las tareas y del sonido de la campana que a veces pareciera nunca llegar.
    Pallina mira envidiosa a la amiga ahora lejos. Esta feliz por ella. Sube los escalones hablando, sin darse cuenta que alguien la esta observando. Muy en alto, una mano envejecida por el tiempo y el odio, vestida con un viejo anillo que tiene en el centro una piedra morada, dura como quien la posea, deja salir un suspiro. Alguien ha visto todo.
    En la sección B todas las chicas entran preocupadas. La primera hora es italiano y la profesora Giacci interrogara. Es una de las materias seguras a la prueba de aptitud. Las alumnas agarran sus puestos saludándose. Una ultima chica entra corriendo. Como siempre, esta retardada. Hablan nerviosas. De repente, silencio. La Giacci esta en la puerta. Todas se paran de sus asientos. La Giacci mira a la clase.
    ‘Sientense muchachas.’
    Esta extrañamente alegre esa mañana. Eso no promete nada bueno. Revisa las asistencias. Algunas chicas alzan la mano respondiendo con un respetuoso ‘Presente’. Una chica, cuyo apellido comienza por E, esta ausente. En la F otra, en el intento de diversificarse deja que una responda ‘Aquí ‘toy’, haciendo un chiste y burlándose de ella frente a toda la clase. La Catinelli, como siempre, demuestra su adoración el sutil humorismo de la profesora. Tan sutil, que la mayor parte de el desaparece.
    ‘Gervasi?’
    ‘Esta ausente.’ Responde alguno en el fondo de la clase. La Giacci pone una ‘A’ en el nombre de Babi en el registro. Después alza lentamente la mirada.
    ‘Lombardi.’
    ‘Si, profesora?’ Pallina se alza.
    ‘Como es que Gervasi no vino hoy?’ Pallina esta ligeramente nerviosa.
    ‘No se. Anoche hablamos por teléfono, me dijo que se sentía mal. Quizás esta mañana empeoro y decidió no venir.’ La Giacci la mira. Pallina alza los hombros. La Giacci aprieta los ojos. Se vuelven dos aberturas impenetrables. Pallina siente un escalofrío recorrerle la espalda.
    ‘Gracias Lombardi, siéntese.’ La Giacci sigue con la lista. Su mirada se encuentra de nuevo con el de Pallina. Sobre la cara de la profesora se pinta una sonrisa extraña. Pallina se vuelve roja. Se voltea rápido a otra parte, apenada. Acaso la profesora sabe algo? En el pupitre ve la escritura que ella misma puso con un lapicero ‘Pallina y Pollo forever’. Sonríe. No, es imposible.
    ‘Marini.’
    ‘Presente!’
    Pallina se tranquiliza. Quien sabe donde estará Babi en ese momento. Seguramente ya habrá desayunado. Un pastel en Euclide y un capuccino con espuma. Desea mas que nunca estar en su puesto, quizás con Pollo en vez de Step. No es bello aquello que es bello, pero es bello aquello que te gusta, su proverbio favorito. La Giacci cierra el registro y comienza a explicar. Ilustra la lección con alegría, particularmente serena. Un rayo de sol golpea sus manos. Alrededor de ese dedo con el cual juega, el antiguo anillo brilla con luz morada.

    De los sonidos de la ciudad apenas despierta, se alejan así, con los labios levemente con el sabor de un capuccino amargo y la boca dulce de un pastel. Es fácil predecir lo que se pediría en Euclide que queda en vía Flaminia, mas secreto y mas lejano, donde es mas difícil ser encontrados. Van hacia la torre. En vía Flaminia, envueltos de sol mientras alrededor, prados redondos, llenos de verde, se pierden dulces entre bosques mas oscuros. Dejan la calle. La moto dobla las altas espigas doradas que rápido después de su paso regresan arriba. La moto se detiene ahí, detrás de la colina, no tan lejos de la torre. A la derecha, mas abajo, un perro tranquilo revisa olfateando algunas plantas. Un pastor en jeans escucha una pequeña radio vieja armándose una marihuana bien lejano de sus colegas de trabajo. Se alejan mas allá. Solos. Babi abre el bolso. Aparece una gruesa bandera inglesa.
    ‘La compre en Portobello cuando fui a Londres. Ayúdame a extenderla. Has ido tu?’
    ‘No, nunca. Es bello?’
    ‘Mucho. Me divertí bastante. Fui a Brighton por un mes y Londres algunos días. Fui con un tour.’
    Se extienden sobre la bandera calentados por el sol. Step escucha el cuento londinense y de cualquier otro viaje. Parece haber estado en un montón de lugares y recordar todo. Pero el, poco interesado a esas aventuras pasadas y para nada acostumbrado a esta hora matutina, rápido se duerme.
    Cuando Step abre los ojos, Babi no esta al lado de el. Se alza mirando alrededor preocupado. Después la ve. Mas abajo, por la colina. Sus hombros suaves. Esta sentada allí, entre la grama. La llama. Ella parece no escucharlo. Cuando esta cerca se da cuenta porque. Esta escuchando el Sony. Babi se voltea hacia el. Su mirada no promete nada bueno. Regresa a mirar los prados lejanos. Step se sienta al lado. Se mantiene en silencio por un tiempo. Después Babi no resiste mas y se quita los audífonos.
    ‘Te parece que te duermas mientras yo hablo?’ esta molesta de verdad. ‘Esto quiere decir que no me tienes respeto!’
    ‘Anda, no seas así. Esto quiere decir que no dormí bastante.’
    Ella resopla y se voltea de nuevo. Step no puede hacer menos que notar que bella es. Aun mas cuando esta molesta. Tiene en alto la cara y todo asume un aire gracioso, su barbilla, su nariz, la frente. Sus cabellos iluminados por el sol reflejan los rayos, parecen respirar el olor del campo. Tiene la belleza de una playa abandonada, con un mar salvaje que llega hasta los horizontes lejanos. Sus cabellos, como ondas espumantes, le caen en la cara, lo cubren rebeldes por pedazos y ella los deja. Step se inclina y agarra con su mano su bella belleza. Babi trata de huirle. ‘Sueltame!’
    ‘No puedo. Es mas fuerte que yo. Te debo besar.’
    ‘Te dije que me sueltes. Estoy ofendida.’
    Step se le acerca a sus labios. ‘Te lo juro que después escucho todo. Inglaterra, Londres, tus viajes, todo lo que quieras.’
    ‘Debes escuchar antes!’
    Step se aprovecha y la besa volando, agarrando sus labios no preparados, apenas entrecerrados. Pero Babi es mas veloz que el y cierra la boca decidida. Después siente todo suave. Al final se rinde, lentamente, y se deja llevar por su beso.
    ‘Eres violento e incorrecto.’
    Palabras susurradas entre labios muy cercanos.
    ‘Es cierto.’ Palabras que casi se confunden.
    ‘No me gusta que seas así.’
    ‘No lo haré mas, te lo prometo.’
    ‘Ya te dije que no creo en tus promesas.’
    ‘Entonces te lo juro…’
    ‘Imaginate si creyera en tus juramentos…’
    ‘Ok. Esta bien, lo juro por ti.’
    Babi lo golpea con un puño. El toma el golpe bromeando. Después la abraza fuerte entre las suaves espigas. En lo alto, el sol y el cielo azul, silenciosos espectadores. Mas allá, una bandera inglesa abandonada. Mas cerca, dos frescas sonrisas. Step juega por un momento con los botones de su camisa. Se para un momento temeroso. Sus ojos cerrados parecen tranquilos. Libera un botón, después otro, con dulzura, como si un toque muy pesado rompería la magia de ese momento. Después con su mano se desliza adentro, por la cintura, por la piel tierna y caliente. La acaricia. Babi lo deja y besándolo lo abraza mas fuerte. Step, respirando su perfume, cierra los ojos. Por la primera vez todo le parece diferente. No tiene miedo, es tranquilo. Prueba una extraña paz. Su mano abierta desliza por su espalda, a lo largo hasta llegar al borde de la falda. Una leve subida, el inicio de una dulce promesa. Se detiene. Ahí cerca dos pequeños pedazos de metal lo hacen sonreír, como un beso de ella un poco mas apasionado. Dulcemente continua a acariciarla. Regresa arriba, a aquella débil elástica. Se para en la abertura en el intento de descubrir el misterio y no solo eso. Dos ganchos? Dos pequeñas medialunas que se meten una dentro de la otra? Una ‘s’ de hierro que se mete desde arriba? Toca un poco. Ella lo mira curiosa. Step se esta fastidiando. ‘Como coño se abre?’
    Babi mueve la cabeza. ‘Como haces para ser así de grosero siempre? No me gusta que hables así cuando estas conmigo.’
    Justo en ese momento el misterio se descubre. Dos pequeñas medialunas se separan tiradas por un elástico ahora libre. La mano de Step vaga por toda su espalda, hasta el cuello, finalmente sin obstáculos.
    ‘Disculpame…’
    Step lo logra creer sus oídos. Le pidió disculpas. Disculpa. Escucha de nuevo esa palabra. El, Step, se disculpo. Después, sin siquiera quererlo, abandona el pensamiento llevado por esa nueva conquista. Se consigue acariciándole su seno, a rozarle el cuello de besos, a pasar la mano sobre el otro seno y conseguir ahí también aquella frágil señal de deseo y pasión. Entonces desliza muy lento hacia abajo, hacia su abdomen liso, hacia el borde de la falda. La mano de ella lo para. Step abre los ojos. Babi esta ahí frente a el y mueve la cabeza.
    ‘No.’
    ‘No, que?’
    ‘No, eso…’ Le sonríe.
    ‘Porque?’ El no esta sonriendo para nada.
    ‘Porque no!’
    ‘Y porque no?’
    ‘Porque no, y basta!’
    ‘Pero debe haber alguna razón, como…’ Step le da una sonrisa.
    ‘No, cretino… ninguna razón. Solo que no quiero. Cuando aprenderás a decir menos palabrotas, entonces quizás…’
    Step se gira de lado y comienza a hacer flexiones. Una después de la otra, siempre mas rápido, sin pararse.
    ‘No lo creo, dime que no es verdad. La conseguí.’
    Sonríe hablando entre una flexión y la otra, ligeramente fascinado. Babi se ajusta el sostén y la camisa.
    ‘Que conseguiste? Y deja de hacer flexiones mientras hablamos…’
    Step hace las ultimas dos con una sola mano. Después se apoya de lado y se pone a mirarla sonriente.
    ‘Nunca ha estado con alguien.’
    ‘Si quieres decir que soy virgen, la respuesta es si.’ Esa palabra le cuesta muchísimo. Babi se levanta. Se limpia la falda con la mano. Algunos pedazos de espigas caen a tierra. ‘Ahora llevame a la escuela!’
    ‘Pero que, te molestaste?’
    Step la agarra entre los brazos.
    ‘Si. Tienes un modo de ser irritante. No estoy acostumbrada a ser tratada así. Y suéltame…’
    Se libera de su abrazo y va rápido hacia la bandera inglesa. Step la persigue.
    ‘Anda Babi… espera, no quería ofenderte. Discúlpame, en serio.’
    ‘No escuche.’
    ‘Si escuchaste.’
    ‘No, repite.’
    Step mira alrededor molesto. Después la mira. ‘Disculpame, esta bien? Mira que yo estoy feliz de que nunca hayas estado con alguien.’
    Babi se inclina para recoger la bandera inglesa y la comienza a doblar.
    ‘Ah si, y porque?’
    ‘Porque… porque si. Estoy feliz y basta.’
    ‘Porque pensaras que serás el primero?’
    ‘Escucha, ya te pedí disculpas. Ahora basta, termina con eso. Que difícil eres.’
    ‘Tienes razón. Tregua.’ Le pasa un borde de la bandera.
    ‘Toma, ayúdame a doblarla.’ Se alejan. La extiende y después se acercan de nuevo. Babi agarra de sus manos el otro borde de la bandera y le da un beso. ‘Es que esa discusión me incomoda.’
    Regresan en silencio en la moto. Babi se monta detrás de el. Se alejan así, por la colina, dejando atrás las espigas y una discusión a la mitad. Es el primer día que están juntos y Step ya le pidió disculpas dos veces. Entenderás… estamos bien. Lo abraza feliz. Si, estamos muy bien. Babi esta tranquila ahora, no piensa en nada. No sabe que algún día, no muy lejano, afrontara con el ese discurso que tanto la incomoda.

    ‘Frena.’ Babi grita y aprieta duro a Step. La moto para casi al instante a su orden.
    ‘Que pasa?’
    ‘Esta mi madre.’
    Babi le indica la Peugeot de Raffaella parada un poco mas al frente de la escalera de la Falconieri. Faltan pocos minutos para la una y media. Debe intentarlo. Besa a Step en los labios.
    ‘Chao, te llamo hoy en la tarde.’ Se aleja manteniéndose escondida entre la fila de maquinas estacionadas. Puesta frente a la escuela se alza lentamente. Su madre esta ahí, a pocos metros de ella, la puede ver perfectamente a través del vidrio de un carro estacionado. Esta agarrando algo entre las piernas. Después Raffaella alza la mano izquierda y la revisa. Babi entiende. Se esta haciendo las uñas. Babi se agacha y revisa el reloj. Ya deben salir. Mira a la derecha al final de la calle. Step no esta mas. Quien sabe que piensa de mi. Lo llamare mas tarde. De repente recuerda que no puede hacerlo. No tiene su celular. No sabe siquiera donde vive. La campana de la salida suena. Las primeras clases aparecen en la cima de las escaleras. Comienzan a bajar las muchachas mas pequeñas. Otra campana. Es el turno de las segundas y las terceras. Chicas mas grandes. Una la mira curiosa. Babi se lleva el dedo a los labios, haciendo señal de estar callada. La muchacha mira a otro lugar. Están todas habituadas a secretos de todo tipo. Finalmente es el turno de su clase. Su madre esta todavía distraída, quizás le quedo una uña dañada. Es el momento de ir. Babi sale de su escondite y se mezcla entre las otras chicas. Saluda a alguna después, sin dejarse ver, revisa el carro. Raffaella no de dio cuenta de nada. Lo logro.
    ‘Babi!’
    Pallina va hacia ella. Las dos chicas se abrazan.
    Babi la mira preocupada. ‘Como te fue, descubrieron algo?’
    ‘No, todo bajo control. Toma estas son las tareas que dieron hoy. Están también las interrogaciones. Todo preciso, puedes agarrarme como tu secretaria. Entonces, te divertiste?’
    ‘Muchisimo.’ Babi mete la hoja en el bolso y le sonríe a la amiga.
    ‘Déjame adivinar.’ Pallina la mira un momento. ‘Desayuno en Euclide de Vigna Stelluti. Capuccino y un pastel.’
    ‘Casi. Las mismas cosas pero en el Euclide de Flaminia.’
    ‘Claro! Mas reservado. Después una fuga a Fregene y sexo desenfrenado sobre la playa, verdad?’
    ‘Errado!’ Babi se aleja sonriéndole.
    ‘Fregene o el resto?’
    ‘Te digo solo que una sola la erraste.’
    Se monta en el carro mintiéndole a la amiga y dejándola ahí, de frente a la escuela, llena de curiosidad. En realidad se equivoco en las dos cosas.
    ‘Hola mama’
    ‘Hola.’ Raffaella se deja besar en la mejilla por Babi. La situación le parece tranquila. ‘Como te fue en la escuela?’
    ‘Bien, no me interrogaron.’
    Llega también Daniela.
    ‘Podemos irnos. Giovanna dijo que regresa por su cuenta de ahora en adelante.’
    La Peugeot parte. Esa noticia lleno a todas de alegría. No tendrán que esperarla mas. Mientras están parados en el semáforo de la Plaza Euclide, Babi siente algo que le pica. Sin hacerse ver se mete la mano en la camisa. Presionada por el sostén esta una pequeña espiga dorada. La libera y la mete en medio del diario. Después la mira por un momento. Ese pequeño gran secreto. Step le ha tocado el seno. Sonríe y justo cuando el semáforo da verde, lo ve. Esta ahí, parado a la derecha de la plaza. Batiendo riéndose una bandera inglesa, su bandera. Pero cuando se la robo? Después se acuerda de la cosa mas importante. Step es como Pollo, el también roba. Nunca lo había pensado. Es novia de un ladrón.

    La primera ‘a’ es muy flaca, la segunda con la vuelta muy larga, después muy corta, después muy sutil toda la firma. Babi trata de imitar la firma de la madre. Llena algunas hojas del cuaderno de matemática.
    ‘Dani? Esta según tu parece la firma de mama?’
    Daniela mira esa ultima escritura. Se mantiene por un momento pensando. ‘El apellido lo hace mas largo. No, no lo se. Tiene algo extraño. Eso, la ‘g’ es muy flaca, le hiciste la panza muy pequeña. Mama inicia siempre el apellido con la ‘g’ mas gruesa. Mira.’ Abre su diario y le muestra a la hermana una firma verdadera. ‘Ves?’
    Babi la mira por un momento comparándola con la que hizo ella. ‘A mi me parecen idénticas.’ Se va mas tranquila a su cuarto.
    ‘Haz como quieras. Para mi la ‘g’ es muy pequeña. No entiendo porque siempre me preguntas que pienso y al final haces lo que quieres.’
    Cierra la puerta.
    Babi agarra el diario en la pagina de las justificaciones. Donde esta el motivo de su ausencia escribe: ‘razones de salud’. En el fondo es verdad. Se hubiera puesto mal a la idea de no huir con Step. Después viene el momento de la firma. Regresa a estar seria. Da un ultimo intento en una hoja cercana. Debajo de decenas de ‘Raffaella Gervasi’. Esta ultima le parece aun mejor. Es perfecta. Ahora puedo falsificar también los cheques, comprarse una nueva moto. Se da cuenta que exagera. En el fondo no quiere dinero, solo ser justificada. Agarra el lapicero y se lanza decidida. Comienza con la R y baja, deslizándolo lo mas naturalmente posible hasta ese ultimo punto sobre la ‘i’. Después, aun temblando por la concentración, la fatiga de copiar, de escribir perfectamente igual a su madre, mira la escritura. Salio aun mejor. Increíble. Quizás, el apellido es un poco diferente. La comparación con otras firmas de su mama en su diario. Ninguna gran diferencia. Ninguna señal imprecisa. Otra cosa juega a su favor. A la primera hora tiene a la profesora de matemática, la Boi. Lentes gruesos, una cara larga siempre sonriente. También esa vez cuando se disculpo con la clase por haber perdido las tareas y les pidió que no le dijeran a ninguno. Aquel día Pallina estaba segura que había sacado al menos siete. Y por esto fue que, según ella, a la Boi se le habían perdido. Lo hizo a propósito para no darle satisfacción. Pallina cree que todos los profesores la agarran contra ella y sus notas. Babi cierra el diario. Ahora esta mas tranquila. Esa firma la revisara solo la Boi y no se dará cuenta de seguro que es falsa. Comienza a estudiar. Después tiene una extraña sensación. Mira alrededor pero no nota nada. Continua a hacer las tareas. Se hubiese sido mas atenta a mirar el horario, hubiera entendido lo que le preocupa. A la segunda hora le toca la Giacci.

    Mas tarde, cuando sus padres salieron, Step la pasa buscando. Esta todo el grupo abajo esperándola: Schello, Lucone, Dario y Gloria, El Siciliano, Hook, Pollo y Pallina, y otros tipos en un carro Golf con un par de chicas. Van con las motos hacia algún lugar y cuando llegan Babi esta congelada. El lugar se llama El Colonnello y queda muy lejos. Babi no entiende porque eligieron un lugar como ese para comer. Son dos grandes salas donde se ve el horno y mesas normadísimas. Quizás se gastara poco, piensa. Un joven camarero llega para tomar las ordenes. Son quince y todos cambian constantemente de idea, excepto ella que desde el inicio decidió una ensalada mixta con poco aceite. El pobre camarero esta destruido. Trata de recapitular los primeros platos para después ir a los segundos pero cuando es el momento de los contornos ya alguien cambio de idea de nuevo.
    ‘Escucha jefe, danos dos pastas cortas bologna.’
    ‘También para mi.’ Se unen rápido algún otro y otro mas todavía. Y rápido después otros dos deciden comer la polenta o la Carbonara. Es el grupo mas indeciso que Babi alguna vez ha visto. Como si no fuera suficiente, Pollo trata de ayudar repitiendo cada vez todas las ordenes y creando aun mas confusión. A la final todos ríen divertidos. Se volvió una especie de juego. La única cosa segura es que debe llevar catorce cervezas claras medianas y una… que fue lo que ordeno la bella rubia de ojos azules?
    Revisa el bloc de notas lleno de rayas y entra en la cocina acordándose que también debe traer una Coca-Cola de dieta.
    La cena prosigue en el máximo de la confusión. Cada vez que viene un plato, de jamón serrano o cualquier otro entremés, es una especie de competencia, todos se lanzan encima y todo desaparece.
    Las chicas con los ojos demasiado maquillados ríen divertidas.
    Babi mira a Pallina buscando un poco de comprensión. También ella, sin embargo, parece ahora estar integrada perfectamente en el grupo. Llego su ensalada mixta con poco aceite. La situación no es una de las mas alegres. Ahora es el momento del cuento del Siciliano. Es la triste historia de un tal Francesco Costanzi. Tuvo la mala idea de fastidiar a su ex novia. Ni siquiera la novia, piensa Babi, la ex. Cosa de locos. Pero todos escuchan interesados y nadie parece moverse a este punto. Entonces, piensa Babi, quizás el tiene razón. La loca soy yo.
    ‘Entonces quieren saber que hice?’ El Siciliano toma un poco de cerveza. ‘Voy con Hook a casa de Marina porque estaba sola.’
    De la otra parte de la mesa, Hook con la venda en el ojo, sonríe. Esta en el centro de la atención y se esta agarrando su pedazo de la gloria. El Siciliano continua.
    ‘Entonces hago que llame a este idiota de Costanzi. Ella lo llama y le dice que pase a saludarla. Y saben que hizo el infame?’
    Babi mira sorprendida al grupo. Pareciera que de verdad no lo supieran. Se atreve a dar una respuesta.
    ‘Fue.’ El Siciliano se voltea hacia ella. Parece un poco fastidiado.
    ‘Exacto Babi. Así mismo. Fue este infame!’ Ella sonríe.
    Después, encontrándose con la mirada molesta de Step alarga los brazos. El Siciliano no se da cuenta de nada y continua divertido su cuento. ‘Ahora viene la mejor parte. Cuando el llega, Marina hace que suba. Apenas entro, Hook y yo le saltamos encima y lo inmovilizamos. Después, no sabes que risa, lo desnudamos y lo atamos a una silla. Oh! Tenían que ver la cara que tenia. Desnudo como una lombriz. Después agarro un cuchillo de la cocina y se lo pongo en medio de las piernas. Comienza a gritar. Según Hook, porque el cuchillo estaba helado! Después entra Marina. La hicimos que se vistiera toda de ropa transparente. Bueno, le pongo la música y comienza a hacer un baile sensual desnudándose. Yo le digo al tipo: si veo que te gusta y el coso da alguna señal de vida te juro que te lo corto. Marina se queda en sostén y panties y el tipo nada que se mueve, no se si me entiendes, estaba como muerto.’
    Todos ríen como locos. Una chica en el fondo de la mesa casi se cae. También Step parece divertirse. Babi no cree a sus oídos.
    ‘Callense, cállense…’ Dice El Siciliano. ‘A un cierto punto escuchamos el sonido de la puerta. Serian los padres de Marina? Hook y yo nos largamos y esos consiguieron al tipo desnudo en la silla con Marina semi desnuda? Les juro, una escena para morirse, para sentirse mal. Tenían que haber visto sus cara.’
    ‘Y que le hicieron al tipo?’
    Babi mira a Pallina. Tiene también el coraje de hacer estas preguntas.
    ‘No lo se. Nosotros escapamos. Solo se que ese infame esta con una y tiene serios problemas para dormir con ella… después de la prueba que lo hicimos pasar, pareciera que perdió el habito. Se ve que desde que le desnudamos el coso, no sube mas.’
    Es la apoteosis. Todos comienzan a reír como locos. Después no se sabe como sucedió. Un pedazo de pan vuela. De repente es una lluvia, una verdadera batalla de carne, papas, cerveza. Se tiran de todo. Las chicas son las primeras en abandonar los puestos. Babi y Pallina se alejan veloces de la mesa seguidas por otras. Los chicos continúan a lanzarse cosas de comer, con fuerza, con rabia, sin importarle las otras mesas, de golpear clientes cercanos. Lo máximo es cuando el pobre camarero trata de pararlos. Viene centrado de lleno por un pedazo de pan. Hay una especie de ovación. Ese camarero nunca le había pasado algo así en su vida. Después, es el momento de la cuenta. Pollo se ofrece de recoger el dinero. Step agarra a Babi bajo el brazo y la lleva fuera del restaurante. Uno después del otro salen todos.
    Babi saca afuera la billetera. ‘Cuanto te debo?’
    Step le sonríe. ‘Bromeas? déjalo así.’
    ‘Gracias.’
    ‘No me debes agradecer a mi. Montate.’
    Step prende la moto. Babi sube detrás de el.
    ‘Entonces a quien agradezco? Pollo estaba recogiendo el dinero.’
    ‘No, esa es la frase convencional.’ Justo en ese momento, Pollo sale corriendo del restaurante y salta sobre su moto. ‘Vamonos muchachos!’ Todos parten acelerando veloces. Las motos chillan adelantándose y apagando las luces. Del restaurante salen corriendo el camarero y algún otro. Gritan tratando inútilmente de leer las placas.
    El sonido de las motos hace eco fuerte en la calle. Uno detrás del otro, doblados a toda velocidad, salen fuera de la zona atravesando las calles, gritando y riendo, sonando las bocinas. Después, casi volando, toman la avenida principal, envueltos por el frío de la calle, del verde mojado de los bosques cercanos. Solo ahora vuelven a prender las luces.
    Pollo se acerca a Step.
    ‘No se come mal en este Colonnello…’
    ‘No. Se come bien.’
    ‘Si, pero quería cuarenta euros por cabeza…’
    ‘Entonces hiciste bien!’
    Pollo acelera y riendo alocadamente se aleja con Pallina. Babi se inclina adelante.
    ‘Eso quiere decir que no pagamos?’
    ‘Que, hay algún problema?’
    ‘Problema? Pero te das cuenta que te pueden denunciar? Quizás leyeron alguna placa.’
    ‘No lo logran con las luces apagadas. Escucha, siempre lo hacemos y nunca han atrapado a ninguno. Así que no des mala suerte!’
    ‘No doy mala suerte. Solo estoy tratando de hacerte razonar. Aunque me parece difícil. Pero no piensas en ellos del restaurante? La gente que trabaja, que esta todo el día en la cocina sudando en los hornos, que cocina para ti, te dan de comer, que limpia y tu no los consideras para nada.’
    ‘Como que no los considero! Si acabo de decir que me gusto bastante como se come en ese lugar!’
    Babi se queda en silencio. Es inútil. Se deja llevar detrás sobre el asiento separándose un poco de el. Alrededor, el viento de la noche y la humedad de los bosques la toca, dándole escalofríos de frío. Pero no es solo eso. Esta con uno que no entiende, que no puede entender. Mira en lo alto frente a ella. Es una noche clara. Las estrellas brillan lejanas. Pequeñas nubes transparentes acarician la luna. Seria todo bellísimo si solo…
    ‘Hey, Step.’ Hook se le acerca. ‘Jugamos cincuenta euros a quien llega hasta el centro sobre una sola rueda?’
    Step no se lo hace repetir dos veces. ‘Si va.’ Acelera y sube la moto. Babi tiene apenas tiempo de aguantarse.
    De nuevo! No puedo mas. Al menos esta vez no tengo la cabeza hacia abajo!
    ‘Step! Step!’ Grita dándole fuertes puños en la espalda.
    ‘Para! Bajate.’ Step deja ir dulcemente el acelerador. La moto toca la tierra con las dos ruedas. Hook continua aun un poco mas gritando victoria.
    ‘Pero que paso? Te volviste loca?’
    ‘Basta con las carreras, los golpes, las persecuciones, no puedo mas, entendiste?’ Babi esta gritando. ‘Quiero una vida normal, tranquila. De gente que va en motos como cualquiera. No quiero huir de los restaurantes, quiero pagar como todos. No quiero que tu te caigas a golpes. No quiero escuchar que uno de tus amigos le puso un cuchillo en medio de las piernas a uno solo porque el llamo a su ex, y no quisiera escucharlo aun si fuese su novia! Yo odio la violencia, odio los que golpean, odio los prepotentes, odio la gente que no sabe vivir, que no sabe hablar, que no sabe discutir, que no tiene respeto por los demás. Entiendes? La odio!’
    Se mantienen un momento en silencio, dejándose llevar por la velocidad constante de la moto, del viento que parece lentamente calmarla. Después Step se echa a reír.
    ‘Se puede saber que es tan divertido?’
    ‘Sabes que odio yo?’
    ‘No, que?’
    ‘Perder cincuenta euros.’

    Frente a la gasolinera de la Plaza Euclide, un grupo de muchachos y muchachas están escuchando a un tipo muy divertido. Tendría éxito en un pequeño teatro de cabaret. En vez de eso, decidió tomar economía y comercio aun si frente a los profesores casi siempre se queda mudo. Un poco mas allá, frente a Pandemonium, se citan los chicos aun mas grandes. Llega un BMW z3. Del carro baja una castaña con zapatos perfectos igual que sus piernas. Tiene una chaqueta negra y bermudas doblados de seda translucida. El carro es celeste, y un creador de publicidades no podría crear una mejor imagen para venderlo que esa. Sin embargo, cuando baja el, la magia desaparece. Tiene pocos cabellos en la cabeza y un poco de barriga. Un verdadero productor no lo escogería nunca. Un poco mas adelante, frente al puesto de periódicos, esta parada una camioneta. Dos policías revisan sin mucha convicción algunos documentos de los chicos ahí alrededor, después se van.
    Un carro pasa veloz sonando. Una chica de cabellos rubios se acerca por la ventana saludando a alguno y desaparece acelerando por la derecha. Una chica morena entra al Café Shop a comprar cigarrillos.
    Después, uno tras el otro, llegan ellos. Sonando y haciendo bulla. Algunos suben con las motos la acera, otros la estacionan, frente a la reja cerrada de Euclide. Babi baja de la moto de Step, se echa los cabellos hacia atrás con la mano. En ese momento se le acerca Pallina.
    ‘Genial, no?’
    ‘Que cosa?’
    ‘Que huimos así, en la noche, sin pagar. Yo nunca lo había hecho. Es divertido. Y son simpáticos ellos, no?’
    ‘No. Y no me divertí para nada.’
    ‘Bueno, por una vez…’
    ‘No es una vez. Lo sabes muy bien. Para ellos es un habito. Pallina, no entiendes. Es como si robaras. Comiendo sin pagar, estas robando.’
    ‘Un plato de tortellinis y una cerveza. El robo del siglo!’
    ‘Pallina, cuando no quieres entender no se puede siquiera intentar.’
    De repente una mano le da dos golpes no tan ligeros en el hombro: es Maddalena. Mastica un chicle y la mira sonriendo.
    ‘No deberías estar aquí.’
    ‘Porque?’
    ‘Porque yo no quiero que lo estés.’
    ‘No me parece que esto sea tuyo. Así que no puedes negármelo.’
    Babi se voltea hacia Pallina cerrando cualquier discusión. Trata de iniciar una conversación cualquiera. Pero esta vez un empujón violento la obliga a voltearse.
    ‘Quizás no entendiste. Te debes largar.’ Maddalena golpea con la mano el hombro de Babi. ‘Entiendes?’
    Babi suspira. ‘Pero que quieres de mi? Quien te conoce? Quien eres?’
    Maddalena alza la voz. Se pone roja. ‘Soy alguien que te golpeara la cara.’ Después se le acerca y le grita cerca de la cara. ‘Entendiste?’
    Babi hace una mueca de desprecio. Alrededor de ellas, alguno se puso a mirar que esta sucediendo. Lentamente la gente para de hablar y se les pone alrededor. Todos saben que algo esta por suceder. Babi también lo sabe. Trata de alejarla. Maddalena esta muy cerca, demasiado.
    ‘Escucha, termina con esto. No me gustan las peleas.’
    ‘Ah, no te gustan? Entonces quédate en tu casa…’
    Maddalena avanza amenazante. Babi alarga los brazos y se los pone en sus hombros tratando de mantenerla alejada.
    ‘Escucha, ya te lo dije, no quiero discutir…’
    ‘Que haces?’ Maddalena mira mano de Babi sobre su hombro. ‘Me pones las manos encima? Quita rápido estas manos de aquí!’ y le da un golpe fuerte al brazo de Babi.
    ‘Esta bien, me largo. Step?’
    Babi se voltea para buscarlo. Pero justo en ese momento siente un ardor fuertísimo debajo del pómulo derecho. Algo la ha golpeado. Se voltea. Maddalena esta ahí. Tiene los puños altos, cerrados y amenazantes, y sonríe. El pómulo esta caliente y le duele. Maddalena la golpea con una patada en la barriga. Babi se echa detrás y se voltea para irse.
    ‘Adonde crees que vas, perra?’
    Una patada desde atrás la agarra de pleno en su trasero, empujándola hacia delante. Babi logra no perder el equilibrio. Tiene las lagrimas en los ojos. Continua a caminar lentamente. Alrededor de ella siente las caras que ríen, otras que la miran en silencio, alguno la señala.
    Las chicas la ven preocupadas. El sonido del trafico lejano. Después ve a Step. Esta ahí frente a ella. De repente siente los pasos corriendo detrás de ella. Es Maddalena. Cierra los ojos y baja ligeramente la cabeza. La golpeo de nuevo. Se siente ser halada desde atrás de golpe por los cabellos. Gira sobre si misma para no caerse. Se consigue corriendo con la cabeza abajo, empujada por Maddalena, de esa furia gritona que la llena de puños por la cabeza, por el cuello, por la espalda. La piel que sostiene los cabellos parece que quisiera desprenderse y un dolor atroz le llega al cerebro haciéndola enloquecer. Trata de liberarse. Pero cada empujón, cada resistencia son un golpe agudo mas, un dolor fuerte. Entonces la sigue arrinconándola casi. Babi se agarra de la chaqueta de ella, empujando con toda su fuerza, siempre mas cerca siempre mas veloz, sin ver adonde va, sin entender. Después un fuerte sonido de hierro, de metal que se golpea. De repente esta libre. Maddalena termino contra las motos, esta en el suelo, llevándose al suelo con ella un SH 50 y un viejo free. Ahora esta inmóvil ahí abajo mientras una rueda sucia, de rasgos arruinados todavía gira, y una pesada cubierta y el manubrio le pesan mucho. Babi siente la rabia subirle rápido como una marea, como una onda enorme de odio. Siente su cara roja, su respiración rápida, su pómulo golpeado, su cabeza torturada y en un segundo esta encima de ella. Comienza a patearla como un animal, irreconocible. Maddalena trata de alzarse. Babi se dobla sobre ella en la tempestad de puños, cubriéndola por todos lados, gritando, rasguñándola, halándola por los cabellos, dibujando sobre su cuello largas líneas irregulares hechas de sangre. Después dos manos fuertes la tiran desde atrás. Babi se consigue de repente pateando al vacío, meneándose, en el intento de liberarse para volver a golpear, para morder de nuevo, para herir aun mas. Mientras se aleja una ultima patada precisa, pero no a su objetivo, golpea otra moto. Un SH 50 cae lento cerca de Maddalena, ahora exhausta.
    ‘Oh, mi moto…’ Reclama un inocente.
    Mientras se la lleva, Babi mira al grupo. Ahora no ríen mas. En silencio la miran. Dan espacio para dejarla pasar. Se deja llevar hacia atrás abandonándose por ese que se la esta llevando. Y una risa nerviosa sale de ella hacia el cielo. Recuerda esa muchacha alocada que estaba en la mesa. Reía fuerte, aun más fuerte, pero de su boca ahora no siente salir nada.
    El viento fresco acaricia su cara. Cierra los ojos. La cabeza le gira. El corazón le late fuerte. Su respiración esta acelerada y ondas violentas de rabia la toman por momentos, aun no calmadas. Algo debajo de ella se detiene. Esta en la moto. Step la ayuda a bajar.
    ‘Ven acá.’
    Están en el puente de vía Francia. Sube los escalones. Se acercan a la fuente. Step bañando la bandana y se la pasa por la cara. ‘Estas mejor?’ Babi hace señal de si con la cabeza. Step se sienta en el muro pequeño ahí cerca, con las piernas abiertas flotando. Se mantiene mirándola sonriente.
    ‘Quien eras tu? Esa que odiaba los peleones? Los violentos? Menos mal! Si no te apartaba ibas a torturar a la pobrecita.’
    Babi da un paso hacia el, después comienza a llorar. Repentinamente, de manera compulsiva. Es como si algo se hubiera roto, una pared, una barrera liberando aquel río de lágrimas y sollozos. Se queda mirándola, alargando las manos, no sabiendo bien q hacer. Después abraza esos pequeños y suaves hombros que tiemblan.
    ‘Anda, no te pongas así. No es tu culpa. Ella te provoco.’
    ‘Yo no quería golpearla, no quería hacerle daño. En serio… no quería.’
    ‘Si, lo se.’
    Step le pone una mano debajo del mentón. Agarra una pequeña lágrima salada, después le alza la cara. Babi abre los ojos, moviendo las cejas, sonriendo y riendo, aun nerviosa. Step lentamente se acerca a su boca y la besa. Parece aun mas suave de lo normal, así debajo de el, calida y tierna, ligeramente salada. Y ella se deja llevar buscando comodidad en ese beso, primero dulcemente y después más fuerte, desesperada cuando se esconde en su cuello. Y el siente sus mejillas mojadas, su piel fresca, sus pequeños sollozos escondidos en el fondo.
    ‘Ahora basta.’ La aparta. ‘Anda, no estés así.’ Step sube en el muro. ‘Si no dejas de llorar me lanzo hacia abajo. En serio.’ Da algunos pasos inseguros sobre el borde de mármol. Alarga los brazos buscando equilibrio. ‘Entonces vas a parar o me lanzo…?’
    Muchos metros debajo esta el río tranquilo y oscuro, el agua negra pintada por la noche, los bordes llenos de arbustos. Babi lo mira preocupada, pero todavía solloza.
    ‘No lo hagas… te lo pido.’
    ‘Deja de llorar entonces!’
    ‘No depende de mi…’
    ‘Entonces adiós…’
    Step da un salto y gritando se lanza hacia abajo. Babi corre hacia el borde del muro.
    ‘Step!’ No se ve nada, solo el correr lento del río llevado por la corriente.
    ‘Buuu!’
    Step sale de debajo del muro y la agarra por la chaqueta. Babi grita.
    ‘Te la creíste no?’ La besa.
    ‘Solo faltaba esto. No ves como estoy y te pones a echar broma.’
    ‘Lo hice a propósito. Un buen susto es aquello que necesitabas.’
    ‘Eso fue por el sollozo.’
    ‘Porque, tu no estas sollozando? Anda, ven acá.’
    La ayuda a bajar el muro. Se consiguen en la parte de afuera del puente, suspendidos en la oscuridad, sobre un pequeño borde de mármol. Debajo de ellos esta el río, un poco mas lejos se ve la avenida Olímpica iluminada. Envueltos por la penumbra y del lento susurrar de la corriente, se besan de nuevo. Con pasión, llenos de deseo. El le alza la camisa y le toca el seno, liberándolo. Después se abre la camisa y pone su piel suave contra su pecho. Se mantienen así, respirando el calor de los dos, escuchando sus corazones, sintiendo la piel envuelta por el viento fresco de la noche.
    Mas tarde, sentados en el borde del muro, miran el cielo y las estrellas. Babi esta acostada, ahora tranquila y calmada, con la cabeza apoyada sobre las piernas de Step. El le acaricia los cabellos. En silencio. Después Babi ve una escritura en el puente.
    ‘Tu no harías algo así por mi.’
    Step mira alrededor. Una pareja romántica ha grabado su frase de amor: ‘Cerbiatta te amo’.
    ‘Es cierto. Yo no se escribir, según tu.’
    ‘Bueno, le podrías pedir a alguien mas que lo escriba por ti.’
    Babi se lleva la cabeza hacia atrás sonriéndole al contrario.
    ‘Ah, ah… y me parece que escribirías algo como esto, me parece mas como eres tu.’
    Sobre una columna justo frente a ellos esta otra escritura: ‘Cathia tiene el segundo culo mas bello de Europa.’ ‘Segundo’ fue añadido con un pequeño paréntesis. Step sonríe.
    ‘Es una escritura mucho mas sincera. Y es también porque tu tienes el primero.’
    Babi baja veloz del muro y lo golpea con un pequeño puño. ‘Puerco!’
    ‘Que haces? Me golpeas a mí también? Entonces ya se esta volviendo un vicio…’
    ‘No me gusta ese chiste…’
    ‘Esta bien, no mas.’ Step trata de abrazarla. Babi le huye. ‘No me crees? Te lo prometo…’
    ‘Claro… esta bien pero sino te golpeo!’

    ‘Alessandri?’
    ‘Presente.’
    ‘Bandini?’
    ‘Presente.’
    La Boi esta pasando la lista. Babi, sentada en su pupitre, revisa preocupada su justificación. Ahora no le parece tan perfecta. La Boi salta un apellido. Una alumna que esta presente y que defiende su identidad se alza del pupitre y se lo hace notar. La Boi se disculpa, después regresa a la lista desde donde se equivoco. Babi se tranquiliza un poco. Con una profesora así, quizás su justificación pasara inobservada. Cuando es el momento lleva el diario a la cátedra con las otras dos ausentes del día anterior. Se mantiene ahí, de pie, con el corazón que le bate fuerte. Pero todo va bien.
    Babi regresa a su pupitre y sigue el resto de la lección relajada. Le llega un papel en su pupitre. Pallina sonríe desde su puesto. Ella fue quien lo lanzo. Es un dibujo. Una chica esta por el suelo y la otra esta cerca de ella en pose de puños. Encima, un gran titulo: ‘Babi m.’ Es una parodia de Rocky. Una flecha indica la chica en el suelo. Arriba esta escrito Maddalena, entre paréntesis, ‘La estupida’. Cerca de la otra chica esta una frase: ‘Babi, sus puños son de granito, sus músculos de acero. Cuando llega ella toda la Plaza Euclide tiembla y las estupidas, finalmente, huyen.’ Babi no puede hacer nada más que reír.
    Justo en ese momento suena la campana. La Boi, después de haber cansadamente recogido sus cosas, sale de la clase. Las chicas no tienen tiempo de salir de sus puestos porque llega la Giacci. Todas regresan silenciosamente a donde estaban. La profesora va al escritorio. Babi tiene la impresión que la Giacci, entrando, miraba alrededor, como si estuviera buscando algo. Después, cuando la vio a ella, tuvo una especie de sensación relajante, sonrió.
    Mientras se sienta, Babi piensa que solo es una idea de ella. Debe dejar de pensar esas cosas, se está volviendo paranoica. En el fondo, la Giacci no tiene nada contra ella.
    ‘Gervasi!’ Babi se alza. La Giacci la mira sonriendo. ‘Venga, venga Gervasi.’ Babi se alza del pupitre. Algo más que una idea suya. En el registro ya fue interrogada. La Giacci si tiene algo contra ella. ‘Traiga también el diario.’ Esa frase la golpea directamente al corazón. Se siente desmayar. La clase comienza como a rodarle alrededor. Mira a Pallina. Ella también esta sorprendida. Babi con el diario entre las manos, terriblemente pesado, casi insostenible, se acerca a la cátedra. Para que quiere el diario? Su sucia conciencia para no tener nada que sugerirle. Después, una pequeña luz. Quizás quiere revisar la nota firmada. Se agarra a esa espiral, a esa improbable ilusión. Pone el diario en el escritorio.
    La Giacci la abre mirándola.
    ‘Ayer no vino a la escuela, verdad?’
    Ese último frágil reflejo de esperanza se apaga.
    ‘Si.’
    ‘Y porque no?’
    ‘No me sentí bien.’ Ahora esta malísimo. La Giacci se acerca peligrosamente a la página de las justificaciones. Consigue esa ultima, la criminal.
    ‘Y esta seria la firma de su madre, verdad?’ La profesora le pone el diario debajo de los ojos. Babi mira ese intento de imitación. De repente le parece obviamente falso, increíblemente temblante, declaradamente fingido. Un ‘si’ débil sale de sus labios que casi no se escucha.
    ‘Extraño. He hablado hace poco con su mama por teléfono y no sabia nada de su ausencia. Mucho menos de haber firmado algo. Esta viniendo para acá ahora. No me parecía feliz. Usted ha terminado con esta escuela, Gervasi. Será expulsada. Una firma falsa, si se denuncia a quien se debe como haré yo, equivale a una definitiva suspensión. Que mala suerte Gervasi, podría haber sacado buena nota en la prueba de aptitud. Será para el próximo año. Tenga.’
    Babi toma de nuevo el diario. Ahora le parece increíblemente ligero. De repente, todo le parece diferente, sus movimientos, sus pasos. Es como si flotara en el aire. Regresando a su puesto nota las miradas de las compañeras, ese extraño silencio.
    ‘Esta vez, Gervasi, usted fue la que se equivoco.’
    No entiende bien lo que pasa después. Se consigue en una habitación de muebles de madera. Esta su madre que estalla. Después llega la Giacci con la jefa. La hacen salir. Continúan a discutir mientras ella espera en el corredor. Una profesora pasa al fondo. Se intercambian una mirada sin sonrisa ni saludo. Mas tarde sale su madre. La aprieta y se la lleva por un brazo. Esta muy enojada.
    ‘Mama, me botaran?’
    ‘No, mañana en la mañana regresas a la escuela. Puede ser que exista una solución, pero primero debo escuchar que piensa tu padre, si el esta de acuerdo también.’
    Que solución puede ser, si su madre tiene la necesidad del consentimiento de su padre? Después de haber comido, finalmente lo sabe. Es solo una cuestión de dinero. Tendrían que pagar. Lo bello de las escuelas privadas es que todo se puede resolver fácilmente. El único problema verdadero es ‘cuanto’ fácilmente.
    Daniela entra en el cuarto de la hermana con el teléfono en mano.
    ‘Toma, es para ti.’ Babi, cansada de los sucesos, se había dormido.
    ‘Alo.’
    ‘Hola, quieres salir?’ Es Step. Babi se sienta mejor sobre la cama. Ahora esta completamente despierta.
    ‘Iría, pero no puedo.’
    ‘Anda, vamos al Parnaso, o al Panteón. Te brindo un granizado de café en la Taza de Oro. Alguna vez la has probado? Es un mito.’
    ‘Estoy castigada.’
    ‘De nuevo? No había terminado?’
    ‘Si, pero hoy la profesora me atrapo la firma falsa. Sucedió un desastre. Ella la tiene agarrada contra mí. Hizo llamar hasta a la jefa de la escuela. Quería que repitiera el año. Pero mi mama puso todo en su lugar.’
    ‘Es fuerte tu madre! Bello carácter… pero siempre logra lo que quiere.’
    ‘Bueno, las cosas no son así. Tuvo que pagar.’
    ‘Cuanto?’
    ‘Cinco mil euros. En donación…’
    Step da un silbido. ‘Caraj… bello acto de bondad…’ Sigue un silencio penoso. ‘Alo, Babi?’
    ‘Si, estoy aquí.’
    ‘Crei que se había caído la línea.’
    ‘No, estaba pensando en la Giacci, mi profesora. Tengo miedo que no termine aquí. La puse en su lugar frente a todas y ahora me la quiere hacer pagar a todo costo!’
    ‘Mas de cinco mil euros?’
    ‘Esos los pago mi madre, claramente… son una especie de donación. Ahora la agarrara conmigo. Que mala suerte! Menos mal que saque buenas notas antes, llegar a la prueba de aptitud es fácil.’
    ‘Entonces no puedes salir?’
    ‘No, bromeas, si llama mi madre y no me consigue, de verdad que pasara el fin del mundo.’
    ‘Entonces voy yo a tu casa.’ Babi mira el reloj. Son casi las cinco. Raffaella regresaría mucho mas tarde.
    ‘Esta bien, vente. Te daré te.’
    ‘No habrá una cerveza?’
    ‘A las cinco?’
    ‘No hay nada mas bello que una cerveza a las cinco, y también otro hecho, yo odio a los ingleses.’ Corta.
    Babi baja veloz de la cama. Se mete los zapatos.
    ‘Dani, voy rápido a la tienda abajo, quieres algo?’
    ‘No, nada. Quien viene, Step?’
    ‘Nos vemos.’ Compra dos tipos de cerveza, una lata de Heineken y una de Peroni. Quizás si hubiera sido vino supiera al menos cual comprar. Pero de cerveza no sabe absolutamente nada.
    Entra veloz en su casa y las mete en el freezer. Poco después suena el intercomunicador.
    ‘Si?’
    ‘Babi, soy yo.’
    ‘Primer piso.’ Presiona dos veces el botón del intercomunicador y va a la puerta. No puede hacer nada más que revisarse en el reflejo de un cuadro. Esta todo bien. Abre la puerta. Lo ve subir los escalones corriendo. Se detiene solo en el último para permitirse esa sonrisa que a ella le gusta tanto.
    ‘Hola.’ Babi se separa de la puerta dejándolo pasar. El se adelante y saca afuera de la chaqueta un empaque.
    ‘Toma, son biscochos ingleses de mantequilla. Los agarre en la vía, son fabulosos.’
    ‘Biscochos ingleses de mantequilla… entonces algo de los ingleses te gusta…’
    ‘De verdad nunca los he comido. Pero mi hermano enloquece por ellos. Y a el le gustan cosas como tortas de manzanas y eso, así que deben ser seguramente buenos. A mi me gusta solo cosas saladas. Hasta de desayuno, a veces me hago una tostada o un sándwich. Pero dulces, casi nunca.’
    Ella sonríe. Ligeramente preocupada de cuanto son diferentes aun en las cosas mas simples.
    ‘Gracias, las comeré pronto.’ En realidad esta a dieta, y esos pequeños rectángulos de mantequilla fritas son cosas que traen cien calorías cada uno. Step la sigue, el también esta ligeramente preocupado. Esos biscochos no los había comprado en la calle, los agarro de su casa. Después, pensándolo mejor, se tranquiliza. En el fondo le esta haciendo un favor a Paolo. Un poco de dieta no le hará mal. Daniela sale a propósito de su cuarto solo para verlo.
    ‘Hola Step.’
    ‘Hola.’ El le da la mano sonriendo, parece no hacerle mucho caso al hecho de que ella sepa su sobrenombre. Babi fulmina a la hermana con su mirada. Daniela, entendiéndola, finge que agarra algo y regresa rápido a su cuarto. Poco después el agua hierve. Babi agarra un envase de color rosa. Después con una cucharada deja deslizar pequeñas hojas de te en la olla. Lentamente, un ligero perfume se esparce en la cocina.
    Poco después están en la sala. Ella con una taza de te humeante entre las manos, el con las dos cervezas, resolviendo así alguna posible duda. Babi agarra un álbum de fotografías y se las muestra. Quizás es el Heineken, o quizás la Peroni, el hecho es que se esta divirtiendo. Escucha sus cuentos coloridos que siguen cada vez una foto diferente, un viaje, un recuerdo, una fiesta.
    Esta vez no se duerme. Foto tras foto la ve crecer así, hojeando esas paginas plastificadas. La mira tener sus primeros dientes, apagar una velita, andar en bicicleta y entonces, ahí esta, un poco mas grande, en viajes, con la hermana. Sobre el regazo de santa claus, en el zoológico con un cachorro entre los brazos. Lentamente ve su cara enflaquecer, sus cabellos se vuelven más claros, su pequeño ceno crecer, y de repente, detrás de esa pagina, ella es una mujer. Ahora no es una simple mancha bronceada con un bikini y las manos a la cadera. Un pequeño dos piezas cubre el cuerpo bronceado de una bella chica, de piernas lisas, ahora flacas y mas largas. Sus ojos claros están en grado de entender, su inocencia una elección. Sentada sobre una silla, los hombros flacos, quizás ahora muy esbeltos, aparecen dorados entre los últimos mechones de cabellos mojados por el mar. En el fondo, bañadores desenfocados, no saben siquiera que serian inmortalizados. En cada página que hojean ella parece siempre mas a la original que tiene al lado. Step curioso por los cuentos sigue las fotos, prueba la segunda cerveza, cada tanto hace una pregunta. Después de repente Babi, que sabe lo que viene, trata de saltar una pagina.
    Step, divertido por sus miles pequeñas versiones, es más veloz que ella.
    ‘Eh no, quiero verla.’
    Pretenden pelear, solo para abrazarse un poco y sentirse más cercanos. Después el, al haber ganado, se echa a reír. Graciosa y extrañas con los ojos abiertos, esta ahí sonriente en medio de la pagina.
    Esa foto nunca le gusto a Babi.
    ‘Extraño, es la que te asemeja mas.’ Ella, actuando ofendida, le da un golpe. Después pone en su puesto el álbum, agarra su taza, las dos latas de cerveza ahora vacías y va a la cocina. Step, dejado solo, da vueltas por la sala. Se para delante de cuadros de autores desconocidos para el. Sobre una larga mesa de pequeñas patas, están puestos porta cenizas de playa, sin un orden preciso, los cuales habrían hecho felices a sus amigos.
    Babi lava su taza y bota las dos latas de cerveza vacías en la bolsa debajo del lavamanos, cubriéndolas con el cartón de la leche vacía, plásticos y otros cartones. No deben quedar pistas. Cuando regresa en la sola, Step desapareció.
    ‘Step?’ ninguna respuesta. Va a su cuarto. ‘Step?’
    Lo ve. Esta de pies cerca del escritorio y hojea su diario.
    ‘No es agradable leer las cosas de los demás sin su permiso.’
    Babi le quita el diario de las manos. El la deja. Ya ha leído eso que le interesa. Lo memoriza.
    ‘Porque, hay algo que este escrito que me deba molestar?’
    ‘Son mis cosas.’
    ‘No será que están escritos mensajes o cosas acerca de ese idiota con la BMW?’
    ‘No, esa es una historia tonta, un pequeño flirt.’ Juega divertida con la pronunciación exagerada de esa palabra extranjera.
    ‘Es un pequeño flirt.’ La imita Step.
    ‘Claro, no como la historia tuya con esa furia desencadenada.’
    ‘Pero de quien hablas?’ Step hace como si no supiera.
    ‘Sabes perfectamente a quien me refiero! A la de cabellos marrones, la golpeadora que ayer puse en su puesto. No me digas que ella me salto encima por diversión. Entre ustedes hubo algo mas que flirt…’
    Step ríe y se le acerca, la besa, llevándosela con el hacia la cama. Después le comienza a alzar la camisa.
    ‘No, para. Si llegan mis padres y nos consiguen se molestarían, y si nos agarran en mi cuarto así, es el fin del mundo.’
    ‘Tienes razón.’ Step la agarra y se la lleva con facilidad, habituado a balanzas mas pesadas que ese suave cuerpo. ‘Vamos para allá que es mejor.’ Sin darle tiempo de responder, se mete en el cuarto de los padres y cierra la puerta. Después la lleva a la cama, besándola en la oscuridad del cuarto, se acuesta cerca de ella.
    ‘Estas loco, lo sabes?’ le susurra al oído. El no responde. Un pequeño rayo del último sol se filtra de la ventana e ilumina su boca. El ve esos dientes blancos y perfectos sonreírle y entrecerrarse antes de perderse en un beso. Después, sin saber siquiera como, se consigue entre sus brazos sin nada arriba. Siente su piel rozarla, sus manos apoderarse dulcemente de su seno. Babi tiene los ojos cerrados, sus labios suaves se abren y cierran en un ritmo constante, dando cada tanto, pequeñas fantasías a esos besos. De repente se siente mas tranquila, mas libre. La mano de Step silenciosa se apodera de su correa.
    Quita el pasador. En la oscuridad del cuarto, Babi escucha todos los sonidos, el rumor de la cinta metálica. Esta atentísima, sin dejar de besarlo. Ese cuarto le parece suspendido en el vacío. Solo el lento tic-toc de un despertador lejano, sus respiraciones cercanas, ahora llenas de amor. Después un pequeño empujón. La cinta se suelta mas y deja ir el tercer hueco de bordes oscuros, el mas arruinado, el mas usado, fruto de su dieta fatigosa. Y en un momento, sus Levi’s se abren. Prisioneros botones de plata, en el toque suave de esos dedos decididos, se liberan. Uno después del otro, siempre mas abajo, peligrosamente. Ella contiene la respiración y algo en esos besos encantados de repente sucede. Un pequeño cambio casi sin notarlo. Esa delicada magia parece desaparecer. Aun si se siguen besando, es como si entre ellos estuviera pasando una silenciosa espera. Step trata de entender algo, una señal, una pista de su deseo. Pero Babi es inmóvil, no transmite nada. De hecho, todavía no ha tomado una decisión. Ninguno había alguna vez llegado hasta ese punto. Siente sus jeans abiertos y la mano de el en el borde de la pierna. Sigue besándolo, sin querer pensar, sin saber bien que hacer. En ese momento, la mano de Step decide arriesgarse. Se mueve lenta y delicadamente, al menos ella la siente así. Entrecierra los ojos casi en un suspiro. Los dedos de Step sobre su piel, sobre ese borde rosado, su ropa interior. Ese elástico se aleja ligeramente de su piel y rápido se le huye de las manos para regresar veloz a su puesto. Un segundo intento mas decidido. La mano de Step debajo de los jeans se adueña de su cintura y allí, segura y fuerte, pasa debajo del elástico. Se desliza bajando, hacia el centro, acariciándole el abdomen, siempre mas abajo, hasta los confines inexplorados.
    Pero ahí es cuando algo sucede. Babi lo detiene con la mano. Step la mira en la oscuridad.
    ‘Que pasa?’
    ‘Shh.’ Babi se alza de lado, con las orejas tensas escuchando la otra habitación, mas afuera, el portón del garaje, ahí en el patio. Un sonido repentino, esa marcha en retroceso. ‘Mi madre! Rápido apurate!’ En un momento están de nuevo más o menos normales. Babi alza la cubierta de la cama. Step termina de meterse la camisa en los pantalones. Tocan en la puerta del cuarto. Se quedan por un momento inmóviles. Es Daniela.
    ‘Babi, mira que regreso mama.’ No le da tiempo de terminar la frase. La puerta se abre.
    ‘Gracias Dani, lo se.’
    Babi empujando a Step por detrás. El hace un poco de resistencia.
    ‘No, quiero hablar, quiero aclarar de una vez por todas esta situación!’
    Tiene de nuevo esa sonrisa arrogante en la cara.
    ‘Deja de bromear. No sabes que te puede hacer mi madre si te consigue.’ Van a la sala. ‘Rápido, sal por acá así no te la encuentras.’ Babi abre la cerradura de la puerta principal. Sale al piso. El ascensor da directamente al patio. Presiona el botón para llamarlo. Se intercambian un beso rápido.
    ‘Quiero un encuentro con Raffaella.’
    Ella lo empuja dentro del ascensor.
    ‘Desaparece!’
    Step oprime el botón PB y con una sonrisa sigue el consejo de Babi. Justo en ese momento, la otra puerta, esa secundaria, se abre. Entra Raffaella. Pone las bolsas sobre la mesa de la cocina. Después tiene un presentimiento, siente algo en el aire, quizás el sonido de la otra puerta.
    ‘Babi eres tu?’ Va rápido a la sala. Babi prendió la televisión.
    ‘Si mama, estoy viendo la televisión.’ Pero un leve sonrojar la traiciona. A Raffaella le basta eso. Va veloz a la ventana que da al patio. Un sonido de un moto que se aleja y hojas de un árbol que todavía se mueven en una esquina. Muy tarde. Cierra la ventana. En el corredor encuentra a Daniela.
    ‘Vino alguien para acá?’
    ‘No lo se mama, yo siempre estuve en mi cuarto estudiando.’
    Raffaella decide no preguntarle más. Con Daniela es inútil insistir. Va al cuarto de Babi, mira alrededor. Todo parece estar en su lugar. No hay nada extraño. Hasta el cubrecama esta perfecto. Pero podría también haber sido acomodado. Entonces, sin que alguien pueda verla, la toca con la mano. Esta fresca. Nadie se ha acostado encima. Deja ir un suspiro de bienestar y va a su cuarto. Se quita la ropa y la cuelga. Después agarra una chaqueta de angora y una delicada falda. Se sienta en su cama y se viste. Ignorante y tranquila, sin poder imaginar que, justo ahí, hace poco había estado su hija. Abrazada a ese muchacho que ella no soporta. Ahí, donde ahora esta sentada ella, sobre ese cubrecama todavía calido de jóvenes e inocentes emociones.
    Mas tarde también regresa Claudio. Discute bastante con Babi por la justificación falsa, por los cinco mil euros gastaos, por el comportamiento de los últimos días. Después se pone frente a la televisión, finalmente tranquilo, esperando que este pronta la comida. Pero justo en ese momento lo llama Raffaella desde la cocina. Claudio llega rápido a donde esta su mujer.
    ‘Que sucede ahora?’
    ‘Mira…’ Raffaella le señala las dos latas de cerveza que se había bebido Step.
    ‘Es cerveza. Y entonces?’
    ‘Estaba escondida en la bolsa de la basura debajo de unas cosas.’
    ‘Bueno, bebieron cerveza. Que tiene de malo?’
    ‘Ese muchacho estuvo aquí esta tarde. Estoy segura…’
    ‘Que muchacho?’
    ‘Ese que golpeo a Accado, ese por el cual tu hija no fue a la escuela. Stefano Mancini, Step, el muchacho de Babi.’
    ‘El muchacho de Babi?’
    ‘No ves como cambio? Imposible que nunca te des cuenta de nada… es toda tu culpa. Anda a hacer carreras en moto, firma justificaciones falsas… y viste ese rasguño que tiene debajo del ojo? Para mi que seguro el la golpea.’
    Claudio se queda sin palabras. Más problemas. Es posible que haya golpeado a Babi? debe hacer algo, intervenir. Lo debe enfrentar, si, lo debe hacer.
    ‘Toma.’ Raffaella le da un papel.
    ‘Que es?’
    ‘La placa de la moto de ese muchacho. Llama a nuestro amigo Davoni, se la das, vas a la dirección que te de y hablas con el.’
    Ahora si que lo tiene que hacer. Se agarra a esa última esperanza.
    ‘Estas segura que es la correcta?’
    ‘La lei frente a la escuela de Babi el otro día. La recuerdo perfectamente.’
    Claudio mete ese papel en la billetera.
    ‘No la pierdas!’ esas palabras de Raffaella son casi mas que un consejo, una amenaza. Claudio regresa a la sala y se deja caer en el sofá frente a la televisión. Una pareja habla de sus problemas frente a una mujer con rasgos un poco masculinos. Como van a tener ganas de pelear en televisión frente a todos, el no puede siquiera en su casa, solo en la cocina. Y ahora tendrá que hablar con ese muchacho. También lo golpeara a el. Piensa en Accado. Quizás terminara en el mismo cuarto en el hospital. Se harán compañía. Esto tampoco lo alegra. Accado no es tan simpático así. Claudio saca la billetera y va al teléfono. Stefano Mancini, Step. Ese muchacho ya le costo cinco mil euros y dos cervezas. Agarra el papel con la placa de la moto y marca el número de teléfono de su amigo Davoni. Entonces, mientras espera que de la otra parte alguien responda, piensa en su mujer. Raffaella es increíble. Ha visto una o dos veces la moto de ese muchacho y se acuerda perfectamente de la placa. El que lleva un año con su la Mercedes, todavía no se sabe de memoria la suya.
    ‘Alo, Enrico?’
    ‘Si.’
    ‘Hola, es Claudio Gervasi.’
    ‘Como estas?’
    ‘Bien, y tu?’
    ‘Buenisimo… que gusto escucharte.’
    ‘Escucha, disculpa si te molesto, pero necesito un favor.’ Por un momento Claudio espera que Enrico no sea tan gentil.
    ‘Pero claro! Dime todo.’
    Es cierto, cuando no quieres un favor todos están dispuestos a hacértelo.

    No entiende si es un sueño o realidad aquel ligero sonido en la ventana. Quizás el viento. Se mueve en la cama. Lo escucha de nuevo. Un poco más fuerte, preciso, casi una señal. Babi baja de la cama. Se acerca a la ventana. Mira entre las pequeñas fisuras abiertas. Iluminado por la luz de la luna llena esta el. Alza sorprendida la ventana tratando de hacer el menos ruido posible.
    ‘Step que haces aquí? Como lograste subir?’
    ‘Facilisimo. Sube por el muro y escale por los tubos. Anda, vamonos.’
    ‘Adonde?’
    ‘Nos esperan.’
    ‘Quienes?’
    ‘Los otros. Mis amigos, anda, no le des largas, vamos! Que esta vez, si te consiguen tus padres será de verdad malo.’
    ‘Espera que me ponga algo.’
    ‘No, vamos por aquí cerca.’
    ‘Pero no tengo nada bajo la camisa de noche.’
    Step le da una sonrisa divertida.
    ‘Dale cretino. Espera un momento.’ Cierra la ventana, se sienta en la cama y se viste velozmente. Sostén, panties, un suéter, un par de jeans, los Nike y esta de nuevo en la ventana.
    ‘Vamos, pero salimos por la puerta.’
    ‘No, bajemos por aquí, es mejor.’
    ‘Que, bromeas? Tengo miedo. Me caigo y me golpeare durísimo. Y si mis padres se despiertan con un grito y mi golpe, que pasara? Anda, sígueme… pero ve lento!’
    Lo guía en la oscuridad de esa casa dormida, entre pequeños pasos y suaves movimientos de manijas avanzan. Quita las alarmas, agarra las llaves y se va. Un pequeño empujón a la puerta que se cierra detrás de ellos, acompañada hasta lo último para no hacer ruido. Después abajo por las escaleras en el patio, sobre la moto en bajada, con el motor apagado para no hacer ningún sonido.
    Pasado el portón principal, Step comienza a marchar, mete la segunda y acelera. Vuelan hacia delante, ahora lejos y seguros, libres de andar donde quieran juntos, y para todos durmiendo y solos en sus propias camas.
    ‘Que hay aquí?’
    ‘Sigueme y veras. No hagas ruido.’ Están en vía Zandonai, sobre la iglesia. Entran en un pequeño portón. Caminan una calle oscura en medio de algunos arbustos.
    ‘Aquí es, pasa por debajo.’
    Step alza un pedazo de red que fue sacada de su base. Babi se baja estando atenta de no quedarse atada. Poco después caminan en la penumbra sobre hierba cortada y fresca. La luna ilumina todo alrededor. Están en el interior de un complejo.
    ‘Pero a donde vamos?’
    ‘Shh.’ Step le indica que se quede callada. Después, escalando un pequeño muro, Babi escucha unos sonidos. Risas lejanas. Step le sonríe y la agarra por la mano. Pasan un arbusto y aparece. Esta ahí, bajo la luz de la luna, azul y transparente, tranquila, inundada por la noche. Una gran piscina. Adentro hay algunos chicos. Se mueven nadando sin hacer mucha bulla. Pequeñas ondas sobrepasan los bordes cayendo sobre la hierba alrededor. Se siente como un extraño respiro, esa agua que va y viene, perdiéndose en el vacío de los bordes.
    ‘Vente.’ Algunos chicos los saludan.
    Babi reconoce los bañadores. Son todos amigos de Step. Ahora ha aprendido algunos nombres: El Siciliano, Hook, Bunny. Son más fáciles que esas presentaciones normales donde todos se llaman Guido, Fabio, Francesco. Están también Pollo y Pallina que se acercan al borde nadando.
    ‘Diablos, estaba segura que no vendrías. Perdí la apuesta.’
    Pollo la aleja del borde. ‘Viste, que te dije?’
    Ríen.
    Pallina trata de ahogarlo, pero no lo logra. ‘Ahora debes pagar.’
    Se alejan dando vueltas y besándose. Babi se pregunta que habrán apostado y le viene alguna vaga idea.
    ‘Step, pero yo no tengo traje de baño.’
    ‘Ni yo. Tengo los boxers. Que importa, aquí casi ninguno los tiene.’
    ‘Pero hace frío…’
    ‘Traje toallas para después, una también para ti. Anda no le des largas.’
    Step se quita la chaqueta. Poco después, toda su ropa esta en el suelo.
    ‘Mira que sino te lanzo vestida y es peor. Sabes que lo hago.’ Ella lo mira. Es la primera vez que lo ve así desnudo. Pinceladas de plata lunar resaltan aun más sus músculos. Abdominales perfectos, pectorales cuadrados y compactos.
    Babi se quita el suéter. Su sobrenombre es justo, piensa. De verdad que merece un 10 con honores. Poco después están los dos en el agua. Nadan cerca. Un escalofrío la hace temblar un poco.
    ‘Brr, hace frío.’
    ‘Pronto te calentaras. Ten cuidado de no bajar con los ojos abiertos. Esta llena de cloro. Es la primera piscina abierta de la zona, sabes? Es una especie de inauguración. Dentro de poco llega el verano. Bella no?’
    ‘Bellísima.’
    ‘Ven acá.’
    Se acercan al borde. Hay botellas que están alrededor.
    ‘Toma, bebe.’
    ‘Yo no bebo mucho.’
    ‘Te calentara.’ Babi agarra la botella y se pega. Siente aquel fresco liquida ligeramente agrio y gaseoso bajarle por la garganta. Es bueno. Se despega de la botella y se la pasa a Step.
    ‘No esta mal, mi gusta.’
    ‘Claro, es champaña.’ Step le da un largo trago. Babi mira alrededor. Champaña? Donde la habrán agarrado? Seguramente robaron eso también. ‘Toma.’ Step le pasa de nuevo la botella. Ella decide no pensarlo y bebe otro trago más. Calcula mal y bebe demasiado. Casi se ahoga y la champaña con todas sus burbujas le sale por la nariz. Tose un rato. Step se echa a reír. Espera que se recupere. Después nadan juntos hacia la esquina opuesta. Un arbusto más grande los protege de los rayos de la luna. Deja filtrar solo unos pocos reflejos de plata. Bien rápido brillan entre sus cabellos mojados. Step la mira. Es bellísima. Le besa los labios frescos y rápido se encuentran abrazados. Sus cuerpos desnudos se tocan completamente por primera vez. Envueltos por esa agua fría buscan y encuentran calor entre ellos, conociéndose, emocionándose, deteniéndose a veces para no conservar cierta timidez. Step se aleja de ella, echa hacia atrás un poco y regresa poco después con una nueva botella.
    ‘Esta esta todavía llena.’ Otra champaña. Están rodeados de ellas. Babi sonríe y bebe, esta vez lentamente, atenta a no ahogarse. Le parece casi más bueno aun. Después busca sus labios. Comienzan a besarse así, espumeantes, mientras ella se siente flotar y no entiende bien porque. Es el efector normal del agua o de la champaña? deja ir la cabeza dulcemente hacia atrás, la apoya en el agua y por un momento deja de girarle. Siente o no siente los sonidos alrededor. Sus orejas, tocadas por pequeñas ondas, terminan cada tanto bajo el agua, con extraños y agradables sonidos silenciosos la acompañan haciéndola sentirse aun más ligera. Step la tiene entre sus brazos, la hace rodar alrededor de el, llevándola. Ella abre los ojos. Breves olas de corriente le acarician las mejillas mientras que otras pequeñas e irrespetuosas alcanzan llegar hasta su boca. Le dan ganas de reír. Mas en alto, nubes plateadas se mueven lentas sobre un azul infinito. Se alza hacia arriba. Abraza sus hombros fuertes y lo besa con pasión. El la mira en los ojos. Le pone una mano bañada sobre la frente y acariciándole los cabellos los lleva hacia atrás, dejando descubierta su lisa cara.
    Después baja por sus mejillas, hasta su barbilla, por el cuello, y después mas abajo por su seno rodeado de agua, tomado por el frío y las emociones, y aun mas abajo, ahí donde solo aquella tarde el por primera vez, el y solo el, ha osado tocarla. Ella lo abraza más fuerte. Apoya su mentón sobre su hombro y con los ojos entre cerrados mira hacia lo lejos. Una botella semi-vacía flota poco lejos. Va arriba y abajo. Y ella piensa en el mensaje enrollado que tiene adentro: ‘Ayuda. Pero no me salven.’ Cierra los ojos y comienza a temblar, no solo por el frío. Miles de emociones la toman y de repente entiende. Si, es ella la que esta naufragando.
    ‘Babi, Babi.’ Se escucha llamar repentinamente y un empujón fuerte. Abre los ojos. Frente a ella esta Daniela.
    ‘Pero que, no escuchaste el despertador? Anda, apurate que estamos retrasadas. Papa esta casi listo.’
    La hermana sale del cuarto. Babi se mueve en la cama. Piensa de nuevo en esa noche, Step que entro en su casa a escondidas. La fuga en la moto, el baño en la piscina con Pallina y el resto. La ebriedad. Ella y el dentro del agua. Su mano. Quizás ha imaginado todo. Se toca los cabellos. Están perfectamente secos. Mala suerte! Fue solo un sueño, bellísimo, pero nada más que un sueño. De debajo del cubrecama estira la mano fuera y busca la radio. La consigue y la prende. Empujada por la nueva alegre canción de los Simple Red, Fake, baja de la cama. Todavía tiene un poco de sueño y un pequeño dolor de cabeza. Se acerca a la silla para vestirse. El uniforme lo tiene ahí pero el resto de la ropa no la preparo. Que gracioso, piensa, se me olvido. Es la primera vez. Tienen razón mis padres. Quizás estoy cambiando de verdad. Me volveré como Pallina. Tan desordenada que se olvida de todo. Bueno, eso querrá decir que seremos aun mas amigas. Abre la primera gaveta. Saca afuera un sostén. Después, mientras hurga en medio de la ropa intima buscando unos pantis, consigue una dulce sorpresa. Escondido en el fondo, dentro de una pequeña bolsa plástica, tiene ropa mojada. Un ligero olor de cloro se esparce alrededor. No fue un sueño. Aquella ropa la puso en la silla la noche anterior, como siempre, solo que esa noche la uso como traje de baño. Sonríe. Después recuerda de haber estado entre sus brazos. Es cierto, ha cambiado. Mucho. Comienza a vestirse. Se pone el uniforme y al final, metiéndose los zapatos, toma una decisión. No le permitirá nunca más ir más allá. Finalmente tranquila, se mira en el espejo. Sus cabellos son los mismos de todos los días, sus ojos los mismos que maquillo hace algunos días. La boca sigue siendo igual. Se peina sonriendo, pone el cepillo y sale rápido del cuarto para desayunar. No sabe que muy rápido cambiara aun más. Tanto así que pasara frente a ese espejo y no se reconocerá ella misma.

    La Giacci baja a la sala de profesores. Saluda algunas madres que conoce y después va al fondo de la sala. Un muchacho con una chaqueta oscura y un par de lentes negros esta sentado sobre un sofá de manera ruda. Tiene una pierna encima de su rodilla y, como si no bastara, fuma con aire arrogante. Tiene la cabeza hacia atrás y deja andar cada tanto bocadas de humo hacia lo alto.
    La Giacci se detiene.
    ‘Disculpe?’ El muchacho finge no escuchar. La Giacci alza la voz. ‘Disculpe?’
    Step finalmente baja la cabeza.
    ‘Si?’
    ‘No sabe leer?’ Le pregunta indicándole el cartel, bien visible en el muro, que prohíbe fumar.
    ‘Donde?’
    La Giacci decide dejarlo así.
    ‘Aquí no se puede fumar.’
    ‘Ah, no me había dado cuenta.’ Step deja caer el cigarrillo al suelo y lo apaga con un golpe seco del talón. La Giacci se molesta.
    ‘Que hace usted acá?’
    ‘Estoy esperando a la profesora Giacci.’
    ‘Soy yo. A que debo su visita?’
    ‘Ah, es usted, profesora. Discúlpeme por el cigarrillo.’
    Step se sienta mejor en el sofá. Por un momento pareciera que de verdad se arrepintiera.
    ‘Dejelo así, entonces, que desea?’
    ‘Eso, le quería hablar de Babi Gervasi. Usted no debe tratarla así. Vea profesora, esa chica es muy sensible. Y sus padres son verdaderamente estrictos, entiende. Así que cuando usted se lo toma todo a pecho, a ella la castigas y quien queda en medio soy yo que no puedo salir con ella, y eso no me parece de verdad profesora, usted entiende, no?’
    La Giacci esta fuera de si misma. Como se permite ese inútil hablarle así.
    ‘No, no entiendo absolutamente y sobretodo no entiendo que viene usted a hacer acá. Es un pariente quizás? Es el hermano?’
    ‘No, digamos que solo un amigo.’
    Repentinamente la profesora recuerda haberlo ya visto. Si, desde la ventana. Es el muchacho con el cual Babi se fue alejando de la escuela. Hablaron mucho de el, ella y la madre, pobre señora. Ese es un tipo peligroso.
    ‘Usted no esta autorizado a estar acá. O se larga o hago que llamen a la policía.’
    Step se alza y le pasa por el lado sonriendo.
    ‘Yo solo vine para hablar. Quería conseguir con usted una solución, pero veo que es imposible.’ La Giacci lo mira con aire superior. No le da miedo, ese tipo. Con todos esos músculos sigue siendo un muchacho, una mente pequeña, insignificante. Step se le acerca como si quisiera decirle un secreto.
    ‘Veamos si comprende esta palabra profesora. Escuche bien: Pepito.’ La Giacci palidece. No quiere creer sus orejas. ‘Veo que entendió el concepto. Por eso, si se comporta bien profesora, vera que no habrán problemas. La vida es solo cuestión de conseguir las palabras adecuadas, no? Recuerduelo: Pepito.’
    La deja así, en medio de la sala, pálida, aun más vieja de lo que es, con una única esperanza: que nada sea verdad. La Giacci va a donde la jefa, pide permiso, corre a casa y cuando llega tiene miedo de entrar. Abre la puerta. Ningún ruido. Nada. Va por todos los cuartos gritando, llamándolo por su nombre, después se deja caer en una silla. Aun mas cansada y mas sola que cualquier día. El portero aparece en la puerta.
    ‘Profesora como esta? Se ve muy pálida. Escuche, hoy vinieron dos muchachos en nombre suyo a llevarse a Pepito. Yo les abrí. Hice bien, verdad?’ La Giacci lo mira. Es como si no lo viera. Después, sin odio, resignada, llena de tristeza y melancolía, asiente. El portero se aleja, la Giacci fatigosamente se alza de la silla y va a cerrar la puerta. Le esperan días de soledad en esa grande casa sin el alegre ladrar de Pepito. Si se puede equivocar acerca de algunas personas. Babi siempre le pareció una muchacha orgullosa e inteligente, quizás un poco creída, pero no tan mala como para hacer una acción del género. Va a la cocina para prepararse de comer. Abre el refrigerador. Cerca de su ensalada esta la comida ya lista para Pepito. Comienza a llorar. Ahora esta verdaderamente sola. Ahora definitivamente perdió.

    Esa tarde Paolo termina de trabajar temprano. Todo feliz entra en la casa. De repente escucha ladridos. En la sala un perrito de pelo blanco gira por su tapete turco. Frente a el esta Pollo con una cuchara de madera en la mano.
    ‘Listo? Ve!’ Pollo lanza la cuchara sobre el sofá enfrente. El perro ni se gira, para nada interesado a donde fue a parar ese pedazo de madera. Después, comienza a ladrar.
    ‘Coño, pero porque no va? Este perro no funciona! Agarramos uno deficiente! Solo sabe ladrar.’
    Sobre un sofá, Step deja de leer el periódico.
    ‘Nunca seria un perro entrenado. No esta predispuesto, no crees? Que se cree que es?’
    Step se da cuenta del hermano. Paolo esta de pies en la puerta con el sombrero aun en la cabeza.
    ‘Hola Pa’, como estas? No te escuche entrar. Como es que regresas rápido hoy?’
    ‘Termine antes. Que hace este perro en mi casa?’
    ‘Es nuevo. Lo tenemos a la mitad Pollo y yo. Te gusta?’
    ‘Para nada. No lo quiero ver aquí. Mira.’ Se acerca al sofá. ‘Ya esta todo lleno de pelos blancos, acá.’
    ‘Anda Pa, no seas así. Estará la mitad de mi casa.’
    ‘Que?!’
    El perro da vueltas y comienza a ladrar.
    ‘Ves, a el le parece bien!’
    ‘Ya me despiertas tu, cuando llegas, imaginate con este perro que ladra todo el tiempo. Nada que ver.’
    Furioso, Paolo se va de ahí.
    ‘Coño, se molesto.’ A Pollo le viene una idea, grita para hacerse escuchar en el otro cuarto.
    ‘Paolo, por los doscientos euros que te debo… me lo llevo yo.’
    Step se echa a reír y regresa a leer. Paolo aparece en la puerta.
    ‘Es un negocio. Igual ese dinero no lo volvería a ver de igual forma, al menos me quito de encima este perro. Por cierto, Step, se puede saber donde terminaron mis biscochos de mantequilla? Los compre el otro día para desayunar y ya desaparecieron.’
    ‘No se, se los habrá comido Maria. Yo no los agarre, sabes que no me gustan.’
    ‘No se como es, pero cualquier cosa que pasa siempre es culpa de Maria. Entonces que no venga más esta Maria, no? Solo hace daños…’
    ‘Bromeas? Maria es un mito. Hace unas tortas de manzana increíbles. Ella del otro día, por ejemplo…’ interviene Pollo.
    ‘Entonces se la comieron ustedes, estaba seguro!’
    Step mira el reloj.
    ‘Diablos es tardísimo. Debo salir.’ Pollo también se alza.
    ‘Yo también me voy.’ Paolo se queda solo en la sala.
    ‘Y el perro?’
    Antes de salir, Pollo da tiempo de responder.
    ‘Paso después.’
    ‘Mira que o te lo llevas o me regresas mis doscientos euros!’
    Paolo mira al perro. Esta ahí, en medio de la sala mirando. Extraño que no hubiera hecho pipi sobre la alfombra todavía. Después abre su maletín de piel y saca afuera un nuevo paquete de biscochos ingleses de mantequilla. Donde puede meterlos? Elige el pequeño armario abajo, ese de las bolsas y cartas. En esta casa nunca nadie escribe. Difícilmente los conseguirán. Los esconde detrás de un paquete aun cerrado de bolsas. Cuando se levanta mira que el perro lo esta viendo. Se mantienen así por un momento. Quizás estos me lo dejaron a propósito. Existen perros de droga. Quizás este puede ser perro de biscochos. Y por un momento Paolo, estupidamente, no esta tan seguro de su escondite.

    Babi esta detrás de Step. Su mejilla apoyada de su chaqueta, el viento se lleva la punta de sus cabellos.
    ‘Bueno, como te fue en la escuela hoy?’
    ‘Buenisimo. Tuvimos dos horas vacías. Falto la Giacci. Tuvo problemas familiares. Imaginate, con una como ella tenemos problemas nosotros, piensa como tendrá la familia…’
    ‘Veras que de ahora en adelante todo saldrá mejor con ella. Tengo como un presentimiento.’
    Babi no entiende bien el significado de esas palabras y deja el tema hasta ahí.
    ‘Estas seguro que no me dolerá?’
    ‘Segurisimo! Los tienen todos. Viste que grande es el mío. Si no, estaría muerto no? Tú te harás uno pequeñísimo. Ni te darás cuenta.’
    ‘No dije que lo haría. Dije que vengo a ver.’
    ‘Esta bien, como quieras, si no quieres no lo hagas, de acuerdo?’
    ‘Aquí, ya llegamos.’ Caminan a lo largo de una calle. Por el suelo hay pedazos de arena, llevada por el viento, robándola de la playa vecina. Están en Fregene, en la villa de los pescadores. Babi por un momento se pregunta si esta loca. Dios mío, estoy por ser tatuada, piensa, debo hacerlo en un lugar escondido, pero no mucho. Imagina a su madre descubriéndola. Se pondría a gritar. Su madre siempre grita.
    ‘Estas pensando donde hacerlo?’
    ‘Estoy pensando si me lo hago.’
    ‘Anda, te gusto tanto el mío cuando lo viste. Y también Pallina lo tiene, no?’
    ‘Si, lo se, pero que importa? Ella se lo hizo ella misma en su casa con todo la tinta china.’
    ‘Bueno, este es mucho mejor. Con la maquina viene hasta de colores… es genial.’
    ‘Pero estas seguro que la esterilizan?’
    ‘Claro, que te viene a la mente?’
    No me drogo, nunca he hecho el amor. Seria de verdad el colmo de la mala suerte agarrar Sida por un tatuaje.
    ‘Aquí, este es el lugar.’
    Se paran frente a una especie de cabaña. El viento mueve las hojas alargadas que cubren el techo con ramas tropicales. En la ventana se ven vidrios de colores. La puerta es de madera marrón oscura. Parece casi de chocolate.
    ‘John, se puede?’
    ‘Claro, Step, entra.’
    Babi lo sigue. La golpea un fuerte olor de alcohol. Al menos esta ahí, solo basta ver si lo usan también. John esta sentado sobre una especie de banco y esta tocando el hombro de una chica rubia sentada frente a el en una banca. Se escucha el sonido de un motor. A Babi le recuerda el sonido del taladro del dentista. Espera que no haga tanto daño. La chica mira hacia delante. Si siente dolor, no lo hace ver. Un chico, apoyado en el muro, deja de leer el periódico ‘Corriere dello Sport’.
    ‘Te duele?’
    ‘No.’
    ‘Como no te va a hacer mal.’
    ‘Te dije que no.’
    El muchacho regresa a leer el periódico. Parece casi molesto que no le doliera.
    ‘Listo.’ John aleja la maquina y se acerca al hombro para ver mejor su trabajo. ‘Perfecta!’ La chica suspira. Estira el cuello para ver ella si ella esta también de acuerdo con el entusiasmo de John. Babi y Step se acercan curiosos. El chico deja de leer y se empuja hacia delante. Todos se miran en silencio. La chica mira alrededor buscando un poco de aprobación.
    ‘Es bella, no?’ Una mariposa de miles colores brilla vividamente sobre su hombro. La piel esta un poco hinchada. El color aun fresco. Mezclado con el rojo de su sangre, parece particularmente iluminado.
    ‘Bellísima’ le responde sonriendo aquel que debe ser su novio.
    ‘Mucho.’ También Babi decide darle un poco de satisfacción.
    ‘Dale toma, ponte esta.’ John le pone una gasa adhesiva en el hombro. ‘Debes limpiarla cada mañana por algunos días. Veras que no te saldrá ninguna infección!’
    La chica aprieta los dientes e inhala fuerte aire por la boca.
    Una cosa es segura. Al menos después, John usa el alcohol. El tipo saca afuera cincuenta euros y paga. Después sonríe y abraza a su chica apenas tatuada.
    ‘Ay. Me duele!!’
    ‘Oh, lo siento tesoro.’ La agarra delicadamente mas bajo y sale con ella de esa pseudo cabaña.
    ‘Entonces Step, déjame ver como va tu tattoo…’
    Step sube la manga derecha de la chaqueta. Sobre su musculoso brazo aparece un águila con una lengua roja flameante. Step mueve la mano como un pianista. Sus tendones se mueven bajo la piel dándole vida a esas grandes alas.
    ‘Es muy bella.’ John mira complacido su trabajo. ‘Se ha ido opacando, quizás hay que retocarla…’
    ‘Un día de estos quizás. Hoy estamos aquí por ella.’
    ‘Ah, por esta bella señorita, que cosa quiere hacerse?’
    ‘Primero que todo no quiero hacerme daño entonces… esteriliza después de cada uso la maquina, no?’
    John la tranquiliza. Quita las agujas y las limpia con alcohol frente a ella.
    ‘Ya decidiste donde hacértelo?’
    ‘Quisiera un lugar donde no se nota. Mis padres son dolorosos.’
    Piensa en esa frase. De igual forma esto también es doloroso.
    ‘Bueno…’ John le sonríe. ‘He hecho algunos por la espalda, otros en la cabeza. Una vez llego una americana que insistió en hacérselo, si, de hecho, entendiendo donde… no? Primero la tuve que rasurar!’
    John comienza a reír frente a ella mostrando sus terribles dientes amarillos. Babi lo mira preocupada. Dios mío, es un maniaco. ‘John.’ La voz, un poco dura, de Step llega por sus hombros. John cambia rápido de expresión. ‘Si, disculpa Step. Entonces no se, lo podremos hacer por el cuello, debajo de los cabellos, quizás en la clavícula, o por la cintura.’
    ‘Eso, por la cintura va muy bien.’
    ‘Toma, elige entre estos.’ John saca afuera de debajo de una mesa, un grueso libro. Babi comienza a hojearlo. Hay espadas, cruces, diseños terribles. John se alza y se prende un Marlboro. Intuyo que será algo largo. Step se le sienta al lado. ‘Este?’ le indica una svástica nazi dentro de una bandera de fondo blanco.
    ‘Pero que…!!’
    ‘Bueno, no esta mal…’
    ‘Este?’ le indica una gruesa serpiente de colores morados y la boca abierta en señal de ataque. Babi siquiera le responde. Continua a hojear el gran libro. Mira las figuras velozmente, insatisfecha, como si ya supiera que ahí no encontraría nada bueno. A la final Babi gira la última pagina, esa de plástico duro y cierra el libro. Después mira a John.
    ‘No, no me gusta nada.’
    John prueba una vez mas su cigarrillo y bota afuera el humo soplando. Justo como lo predijo.
    ‘Bueno, entonces hay que pensar en algo. Una rosa?’
    Babi niega con la cabeza.
    ‘Una flor en general, no?’
    ‘No lo se…
    ‘Bueno, hija mía, dame una mano sino podremos estar aquí toda la noche. Mira que a las siete tengo otra cita.’
    ‘No se. Quiero algo extraño.’
    John se pone a caminar por la habitación. Después se para. ‘Una vez hice sobre la espalda de alguien, una botella de Coca-Cola. Se veía genial. Te gustaría?’
    ‘Pero a mi la Coca-Cola no me gusta.’
    ‘Bueno Babi, entonces dile algo que si te guste.’
    ‘Yo solo como yogurt. Nunca me dejaría tatuar un yogurt!’
    Al final consiguen una solución. La propone Step. John esta de acuerdo y a Babi le gusta muchísimo.
    Step la distrae contándole la verdadera historia de John, el chino de ojos verdes. Todos lo llaman así y el se comienza a creer oriental. Observa todas las cosas chinas que tiene. En realidad nació en las afueras de ropa. Esta con una tipa con quien tuvo un hijo y lo llamo Bruce, en honor a su ídolo. En realidad se llama Mario y ha aprendido a hacer sus primeros tatuajes con maquina. Esos ojos son ahora, solo dos grados de miopía corregidos por unos lentes baratos. Mario, o mejor dicho John, se echa a reír. Step le paga cincuenta euros. Babi revisa su tatuaje: perfecto. Poco después, en su moto, se deja el primer botón de los jeans abiertos, baja el borde y lo mira de nuevo, feliz. Step se da cuenta. ‘Te gusta?’
    ‘Muchisimo.’
    Sobre su piel delicada, ahora hinchada por el proceso, una pequeña águila recién nacida, idéntica a la de Step, hija de la misma mano, saborea el viento fresco del atardecer.

    El timbre de la puerta suena. Paolo va a abrir. Frente de el esta un señor distinguido.
    ‘Buenas noches, busco a Stefano Mancini. Soy Claudio Gervasi.’
    ‘Buenas noches, mi hermano no esta.’
    ‘Sabe cuando regresa?’
    ‘No se, no dijo nada. A veces no viene siquiera a cenar, regresa directamente en la madrugada.’ Paolo mira a ese señor. Quien sabe que cosa tiene que hacer con Step. Problemas probablemente. Como siempre, otra historia de golpes. ‘Escuche, si quiere acomodarse, quizás regresa dentro de poco o quizás llama.’
    ‘Gracias.’
    Claudio entra en la sala. Paolo cierra la puerta, después no logra resistir más.
    ‘Disculpe, puedo ayudarlo de alguna forma?’
    ‘No, quería hablar con Stefano. Soy el padre de Babi.’
    ‘Ah, entiendo.’ Paolo sonríe fingiendo. En realidad no entendió nada. No sabe siquiera quien es esta Babi. Una chica, algo más q golpes. Problemas aun peores.
    ‘Disculpeme un momento.’ Paolo va a otro cuarto. Claudio, quedando solo, mira alrededor. Se acerca a algunos posters pegados al muro, después saca afuera el paquete de cigarrillos y se prende uno. Al menos toda esta historia tiene un beneficio. Puedo tranquilamente fumar. Es extraño que aquel, el hermano de Stefano, de ese Step que golpeo a Accado, parecer un muchacho muy bueno. Quizás la situación no es tan desesperada. Raffaella como siempre exagera. Quizás no valía la pena venir. Estas son cosas de muchachos. Se arreglan naturalmente entre ellos. Es una fase, quizás a Babi se le pase rápido. Mira alrededor buscando un cenicero. Lo mira en la mesa detrás del sofá. Se acerca para botar las cenizas.
    ‘Tenga cuidado.’ Paolo esta en la puerta con un paño en la mano. ‘Disculpe, pero esta caminando justo encima donde hizo pipi el perro.’
    Pepito, el pequeño perro de pelo blanco aparece en una esquina de la sala. Ladra casi feliz de haberlo molestado.
    Step y Babi se paran en el patio debajo de la casa. Babi mira el estacionamiento de ellos. Esta vacío.
    ‘Mis padres no han regresado. Quieres subir un momento?’
    ‘Si, dale.’ Después recuerda del perro dejado en casa con su hermano. Saca afuera el celular. ‘Espera, antes debo llamar a mi hermano, quiero saber si quiere algo.’
    Paolo va a responder.
    ‘Alo?’
    ‘Hola Pa’ Como estas? Paso Pollo por el perro?’
    ‘No, ese deficiente de tu amigo todavía no ha venido. Espero otros diez minutos y sino, saco al perro fuera.’
    ‘Anda, no seas así. Sabes que no debes maltratar los animales. Aunque quizás seria bueno sacarlo para dejarlo hacer pipi.’
    ‘Ya hizo, gracias!’
    ‘Anda, que cuidadoso eres, eres muy bueno con los animales hermano.’
    ‘No entendiste. Ya lo hizo y mojo toda la alfombra turca!’
    Paolo en vez de quedar como un hombre eficiente prefiere quedar como un simple tipo con un trapo en maño secando el pipi del perro. Todo para hacer sentir mal a Step. Nada que hacer. Del otro lado del teléfono, una risa gracioso.
    ‘No te creo!’
    ‘Creelo! Ah, escucha. Aquí esta un señor esperándote.’
    Paolo se voltea hacia el muro tratando de no hablar muy alto. ‘Es el papa de Babi. Pero que, paso algo?’
    Step mira a Babi sorprendida.
    ‘En serio?’
    ‘Que, te parece que bromeo con cosas así… que sucede?’
    ‘Nada, después te digo. Pásamelo por favor.’
    Paolo alarga el teléfono hacia Claudio.
    ‘Señor Gervasi, es afortunado. Mi hermano esta al teléfono.’
    Claudio yendo el teléfono se pregunta si de verdad es un hombre afortunado. Quizás hubiera sido mejor si no lo hubiera encontrado. Trata de poner una voz segura y profunda.
    ‘Alo?’
    ‘Buenas noches, como le va?’
    ‘Bien, Stefano. Escuche, yo quería hablarle.’
    ‘Esta bien, de que hablamos?’
    ‘Es algo delicado!’
    ‘No podemos hablarla por teléfono?’
    ‘No. Preferiría verlo y decírselo en persona.’
    ‘Esta bien. Como desee.’
    ‘Entonces, donde nos podemos encontrar?’
    ‘No lo se, dígame usted.
    ‘Se trata de una cosa de pocos minutos. Usted donde esta ahora?’
    A Step le dan ganas de reírse. No es el momento de decirle que esta justamente bajo su casa.
    ‘Estoy donde un amigo. Cerca del puente Milvio.’
    ‘Podriamos vernos frente a la Iglesia Santa Chiara, sabe donde queda?’
    ‘Si, pero yo lo esperare en la plaza mas adelante. Prefiero así. Sabe cual es? Tiene una especie de jardín.’
    ‘Si, si la conozco. Entonces nos vemos ahí en un cuarto de hora.’
    ‘Esta bien. Me pasa a mi hermano, por favor?’
    ‘Si, ya lo hago.’
    Claudio le devuelve el teléfono.
    ‘Quiere hablar con usted.’
    ‘Si, Step, dime?’
    ‘Paolo, me hiciste quedar bien? Lo hiciste ponerse cómodo? Te lo pido, cuento contigo. Es una persona importante. Piensa que su hija se comió todos tus biscochos de mantequilla…’
    ‘Pero que…’ Paolo no tiene tiempo de responderle.
    Step ya corto.
    Claudio va hacia la puerta. ‘Disculpe, debo irme, me despido.’
    ‘Ah claro, lo acompaño.’
    ‘Espero que pudieramos vernos en una situación mucho mas tranquila.’
    ‘Claro.’ Se dan la mano. Paolo abre la puerta. Justo en ese momento llega Pollo.
    ‘Hola, vine a recoger el perro.’
    ‘Menos mal, ya era hora.’
    ‘Bueno, yo me despido.’
    ‘Buenas noches.’
    Pollo se queda curioso mirando al señor alejándose.
    ‘Quien era ese?’
    ‘El padre de una tal Babi. Vino aquí a buscar a Step. Pero que paso? Quien es esta Babi?’
    ‘Es la novia del momento de tu hermano. Donde esta el perro?’
    ‘Esta en la cocina. Pero para que quiere hablar con Step? Hay algún problema?’
    ‘Que se yo!’ Pollo sonríe al ver al perro. ‘Ven Arnold, vamos.’ El perrito corre hacia el ladrado. Entre los dos hay cierta simpatía, quizás el perro prefiere ser llamado así en vez que Pepito. Quizás la Giacci nunca lo entendió, pero en realidad el es un perro fuerte.
    Paolo lo para.
    ‘Hey, no será que esta Babi esta…’ hace con la mano un arco, alargando su barriga ya relajada por su cuenta.
    ‘Embarazada? Increíble. Por lo que entiendo, Step no podría a menos que el fuera el espíritu santo.’
    ‘Hey Babi, adiós, debo irme!’ Step la agarra entre los brazos.
    ‘Adonde? Quédate un rato.’
    ‘No puedo. Tengo que verme con alguien.’
    Babi se rebela a su abrazo.
    ‘Si, yo se con quien te vas a ver. Con esa terrible loca, la que golpee. Pero todavía no entendió? No le bastaron los golpes que le di?’
    Step ríe y la abraza de nuevo. ‘Pero que dices?’ Babi trata de resistir. Pelean un rato. Después Step gana fácilmente y le da un beso. Babi se queda quita con los labios cerrados. Al final acepta el dulce soborno. Se venga mordiéndole la lengua.
    ‘Ay.’
    ‘Dime rápido con quien vas a salir.’
    ‘Nunca adivinarías.’
    ‘No es esa que dije antes, verdad?’
    ‘No.’
    ‘La conozco?’
    ‘Y muy bien. Disculpa, pero primero pregúntame si es una mujer o un hombre.’
    Babi suspira. ‘Es una mujer o un hombre?’
    ‘Un hombre.’
    ‘Estoy mas tranquila ahora.’
    ‘Me veré con tu padre.’
    ‘Mi papa?’
    ‘Fue a buscarme a mi casa. Cuando llame estaba ahí. Nos citamos en un rato en la plaza Giochi Delfici.’
    ‘Y que querrá mi padre contigo?’
    ‘No lo se! Pero apenas lo sepa te llamo y te digo. Esta bien?’
    Le da un beso prepotente. Ella se deja llevar, aun sorprendida por la noticia. Step prende la moto y se aleja veloz. Ella lo mira desaparecer por la esquina. Después sube a su casa. Silenciosa, sinceramente preocupada. Trata de imaginar el encuentro. De que hablarían? Donde? Que pasaría? Entonces, pensando sobretodo en su padre, espera solo que no se caigan a golpes.

    Cuando Claudio llega Step ya esta ahí, sentado sobre el borde de un muro fumando un cigarrillo.
    ‘Buenas.’
    ‘Buenas noches Stefano.’ Se dan la mano. Después Claudio prende también un cigarrillo para sentirse mas en el ambiente. No logra el resultado esperado. Ese muchacho es extraño. Esta ahí sonriéndole en silencio, mirándolo con esa chaqueta oscura. Es diferente a su hermano. El otro es más obeso. Por un momento, cuando esta por sentarse cerca de el sobre el muro, tiene como un recuerdo repentino. Aquel muchacho ha golpeado a su amigo Accado, le golpeo la nariz. Ahora esta con su hija. Ese muchacho es un tipo peligroso. Hubiera preferido miles de veces hablar con el hermano.
    Claudio se queda de pie. Step lo mira curioso.
    ‘Entonces, de que hablaremos?’
    ‘Bueno, veras Stefano. En mi casa últimamente ha habido muchos problemas.’
    ‘Si supiera cuantos han sido por mi…’
    ‘Si, lo se, pero ve, nosotros antes éramos una familia muy tranquila. Babi y Daniela son dos muchachas buenas.’
    ‘Es cierto. Babi es una muchacha de verdad inteligente. Escuche Claudio, no podemos hablar con tu? A mi no me gusta hablar mucho en general. Después tengo que pensar en todos esos usted, su, entonces se vuelve imposible.’
    Claudio sonríe. ‘Claro.’ En el fondo ese muchacho no es antipático. Aunque tampoco le ha puesto las manos encima todavía. Step baja del muro.
    ‘Escucha, porque no vamos a algún lugar. Al menos hablamos mas cómodos, quizás tomamos algo.’
    ‘Esta bien. Adonde vamos?’
    ‘Aquí cerca hay un lugar que abrieron unos amigos míos. Es como si estuviéramos en casa, nadie fastidiara.’ Step se monta en la moto. ‘Sigueme.’
    Claudio se monta en el carro. Esta satisfecho. Su misión esta pareciendo ser mas fácil de lo esperado. Menos mal. Sigue a Stefano por varias calles. Claudio esta bien atento a no perder ese faro rojo que corre en la noche. Si sucediera algo así, Raffaella nunca lo perdonaría. Poco después se paran en una pequeña vía detrás de una plaza. Step le indica un puesto vacío donde puede estacionar el carro mientras el deja la moto justo frente a la entrada del Four Green Fields. En el piso de abajo hay una gran confusión. Muchos muchachos están sentados en frente a una larga barra. Alrededor hay cuadros y latas de cerveza de diferentes países. Un tipo con sutiles lentes y cabellos despeinados se agita frenético detrás de la barra preparando un cóctel de fruta y un simple gin tonic.
    ‘Hola Antonio.’
    ‘Hola Step que te sirvo?’
    ‘No lo se, vamos a decidir. Tu que quieres tomar?’
    Mientras van a sentarse, Claudio recuerda que no ha comido nada. Decide tomar algo ligero.
    ‘Un Martini.’
    ‘Una bella cerveza clara y un martini.’
    Se sientan en una mesa en el fondo, donde hay menos confusión. Casi inmediato llega donde ellos una bellísima muchacha de piel color ébano de nombre Francesca. Lleva lo que han ordenado y se para en la mesa a charlar con Step. Step le presenta a Claudio que educadamente le da la mano alzándose. Francesca se queda sorprendida.
    ‘Es la primera vez que viene una persona así en este local.’
    Agarra la mano de Claudio un poco mas de lo normal.
    El la mira ligeramente apenado.
    ‘Es un cumplido?’
    ‘Claro! Usted es señorialmente fascinante.’ Francesca ríe. Sus largos cabellos curvos danzan alegres frente a sus bellísimos dientes blancos. Después se aleja sensual, sabiendo bien que seria observada. Claudio decide no desilusionarla. Step se da cuenta.
    ‘Un buen trasero, no? Es brasilera. Las brasileras tienen un trasero de fábula. Al menos así dicen. Yo no se porque a Brasil no he ido todavía, pero si son todas como Francesca…’ Step se bebe divertido media cerveza.
    ‘Si, es verdaderamente linda.’ Claudio bebe su Martini, un poco incomodo que su pensamiento haya sido así transparente.
    ‘Entonces, que decíamos? Ah si, que Babi es de verdad una buena chica. Es muy cierto.’
    ‘Si, sin embargo a Raffaella, mi esposa…’
    ‘Si, la conocí. Un gran carácter, me parece.’
    ‘Si, en efecto.’ Claudio termina su Martini. Justo en ese momento pasa de nuevo Francesca. Se ajusta los cabellos riendo y lanzando una mirada provocante hacia la mesa.
    ‘Escucha, tomamos algo mas?’ no le da tiempo de responder. ‘Antonio, me traes otra cerveza? Tu que quieres?’
    ‘No, gracias, no quiero nada…’
    ‘Como que no quieres nada, anda…’
    ‘Esta bien, también tomo una cerveza.’
    ‘Entonces dos cervezas y un poco de aceitunas, cualquier pasa palo, haz que traigan alguna cosa para comer un poco.’
    Poco después llega lo que pidieron. Claudio se queda un poco desilusionado. Quien se las llevo, de hecho, no es Francesca, pero un tipo feo, un moreno obeso con buena cara. Step espera que se aleje.
    ‘El también es brasilero. Pero es otro caso diferente, no?’
    Se sonríen. Claudio prueba su cerveza. Esta buena y fresca. Stefano es un tipo simpático. Quizás hasta mas simpático que el hermano. Bebe un poco mas de cerveza.
    ‘Bueno, te estaba diciendo, Stefano, que mi mujer esta muy preocupada por Babi. Sabes, es el último año y tendrá la prueba de aptitud.’
    ‘Si, lo se. Supe también la historia de la profesora, los problemas que sucedieron.’
    ‘Ah, te enteraste…’
    ‘Si, pero estoy seguro que las cosas se resolverán.’
    ‘Espero lo mismo…’ Claudio baja un trago largo de cerveza pensando en los cinco mil euros que tuvo que pagar. Step, por otro lado, piensa en el perro de la Giacci y los intentos de Pollo de enseñarle a buscar objetos.
    ‘Veras Claudio, todo ira a su lugar. La Giacci no fastidiara más a Babi. Ese problema no existe mas, te lo aseguro.’
    Claudio trata de sonreír. Como hace para decirle que el verdadero problema ahora es el?
    Justo en ese momento entran un grupo de muchachos. Dos de ellos ven a Step y van hacia el.
    ‘Hola Step! Donde has estado? No sabes cuanto te hemos buscado, todavía estamos esperando la revancha.’
    ‘He tenido cosas que hacer.’
    ‘Te acobardas, no?’
    ‘Pero que coño dices? Miedo de que? Los destruimos… todavía van a hablar?’
    ‘Hey calma, no te molestes. No te vimos nunca más. Ganaste ese dinero y desapareciste.’
    También el otro muchacho agarra un poco de coraje.
    ‘Que solo lograste ganar por suerte en esa ultima bola.’
    ‘Agradezcan que no esta Pollo. Sino jugaba la revancha rápido, más que suerte. Hicimos una serie de bolas increíbles, un hoyo tras otro.’
    Los dos muchachos ponen una actitud de poco convencidos.
    ‘Si, esta bien.’ Van a agarrar algo de beber en la barra. Step ve que hablan. Después miran hacia el y se ponen a reír.
    ‘Escucha Claudio, tu sabes jugar Pool?’
    ‘Cuando era joven lo hacia todo el tiempo, era bueno. Pero llevo una vida que no agarro un palo de billar.’
    ‘Anda, te pido, me debes ayudar. Yo a esos les gano como si nada. Basta que tú ayudes a colocar las pelotas. A meterlas en los hoyos lo hago yo.’
    ‘Pero verdaderamente, disculpa, tenemos que hablar.’
    ‘Hablamos todo después. Esta bien?’
    Después de una partida de Pool quizás sea más fácil hablarle. Y si perdemos? Prefiere no pensarlo. Step va a la barra donde están los dos muchachos.
    ‘Entonces lista. Anda. Antonio, abre la mesa. Que vamos a jugar rápido, ese dinero.’
    ‘Y con quien juegas tu, con ese?’ uno de los dos muchachos señala a Claudio.
    ‘Si, porque, te molesta?’
    ‘Como te parezca, de verdad…’
    ‘Claro, si estuviera Pollo seria otra historia. Lo saben ustedes. Quiere decir que les regalamos este dinero. Esta bien?’
    ‘No, si lo pones así no jugamos. Después dices que ganamos porque no estabas con Pollo.’
    ‘Igual les gano a ustedes dos yo solo.’
    ‘Si, todavía!’
    ‘Quieren aumentar la apuesta? Pongamos doscientos euros? Les parece? Pero una rápida, porque tengo poco tiempo.’
    Los dos intercambian una mirada. Después ven al compañero de Step. Claudio, sentado en el fondo de la sala, juega apenado con un paquete de Marlboro en la mesa. Es justo esto lo que los convence.
    ‘Ok, esta bien, vayamos para allá.’ Los muchachos agarran el triangulo con las pelotas.
    ‘Claudio, sabes jugar el estilo americano? Una partida seca, doscientos euros?’
    ‘No Stefano, gracias. Es mejor si hablamos.’
    ‘Anda, es solo una. Si perdemos, pago yo.’
    ‘No es esto el problema…’
    ‘Que hacen, juegan billar?’ Es Francesca. Se pone frente a Claudio, sonriente, con todo su entusiasmo brasilero.
    ‘Anda, voy a verlos y los apoyo. Seré su porrista.’
    Step mira a Claudio de forma curiosa.
    ‘Entonces?’
    ‘Una sola.’
    ‘Yahooo! Vayamos para allá y ganemos.’ Francesca lo agarra divertida debajo del brazo y van todos los tres a la sala cercana.
    Las pelotas están ya puestas sobre el fieltro verde. Uno de los dos muchachos alza el triangulo. El otro se pone en el fondo de la mesa y con un tiro preciso, rompe. Bolas de todos los colores se esparcen sobre el fieltro deslizando silenciosas. Algunas tropiezan haciendo sonidos secos, después lentamente, se detienen. Comienzan a jugar. Primero golpes simples, calibrados, después cada vez mas fuerte, pretenciosos, difíciles. A Claudio y a Step le tocan las bolas lisas. Step mete el primer hueco. Los demás logran dos bolas, tuvieron más suerte. Cuando le toca a Claudio, juega una bola larga. Esta fuera de entrenamiento. El tiro resulta corto. No logra siquiera acercarse al hoyo. Los dos muchachos se miran divertidos. Sienten ya el dinero en el bolsillo. Claudio se prende un cigarrillo. Francesca le lleva un whisky. Claudio nota que, como todas las brasileras, tiene senos pequeños, pero firmes y derechos debajo de la camisa oscura. Poco después le toca de nuevo a el. La segunda bola le va mejor. Claudio la centra de lleno y con un efecto preciso, metiéndola en el centro. Es el numero quince, los dos se la dejaron jugar seguros de que la equivocaría.
    ‘Centro!’ Step le da un golpecito en la espalda. ‘Buen golpe!’
    Claudio lo mira sonriendo, después manda otro trago de whisky y se dobla sobre el billar. Se concentra. Golpea la pelota blanca ligeramente a la izquierda y después baja por el borde, dulcemente llevada. Un golpe perfecto. Hoyo. Los dos muchachos se miran preocupados. Francesca aplaude.
    ‘Bravo!’ Claudio sonríe. Con la punto de la lengua baña la tiza azul y lo pasa rápido por su palo de billar.
    ‘Hace tiempo si que era bueno!’ Siguen jugando. Step también mete en hoyo algunas. Pero los dos son más suertudos. Pocos golpes después a ellos les falta meter solo una bola roja y después, la uno. Ahora le toca a Claudio. Sobre la mesa todavía quedan dos bolas lisas. Claudio apaga el cigarrillo. Toma la tiza y mientras la pasa veloz sobre el palo, estudia la situación. No es de las mejores. La doce esta muy cerca del hueco del fondo, pero la diez esta casi a la mitad de la mesa. Debe hacer una salida perfecta, pararse ahí frente y meterla en el hoyo central izquierdo. Tiempo atrás quizás si hubiera sido capaz de hacerlo, pero ahora… hace cuantos años que no juega? Baja el último trago de whisky. Regresando hacia arriba encuentra la mirada de Francesca. Cuanta edad tendrá esa esplendida muchacha. Se siente ligeramente sonrojado. Le sonríe. Tiene la piel color miel y esos cabellos oscuros con una sonrisa muy sensual. Es también tierna, al mismo tiempo. Le da dieciocho años al menos. Quizás tiene alguno menos. Dios mío, piensa, puede ser mi hija. Porque vine acá? Para hablar con Stefano, mi amigo Step, mi compañero. Abre y cierra los ojos. Esta sintiendo el efecto del alcohol. Bueno, ahora estoy jugando, vale terminar la partida. Apoya la mano en la mesa, si pone sobre el palo y lo hace deslizar entre sus dedos, cuadrando el tiro. Después va hacia la pelota blanca. Esta ahí, detenida en medio de la mesa, fría. En espera de ser golpeada. Da un largo respiro, bota el aire. Una ultima prueba y después golpea. Preciso. Con la fuerza justa. Corre lateralmente y después dobla hacia la doce: hoyo. Perfecto. Después la pelota blanca no se detiene. Veloz, muy veloz. No, parate, parate. La golpeo con demasiada fuerza. La pelota blanca sobrepasa la diez y se detiene más allá. Un poco mas de la mitad del campo, frente a Claudio, irrespetuosa y cruel. Los dos adversarios se miran entre ellos. Uno de los dos alza la ceja, el otro da un suspiro de alivio. Por un momento temían perder la partida. Se sonríen. De esa posición es verdaderamente un tiro imposible. Claudio le da la vuelta a la mesa. Estudia todas las distancias. Difícil. Debe hacer cuatro golpes a los bordes. Esta ahí en un ángulo apoyado con las manos sobre el borde de la mesa y piensa.
    ‘Que importa, prueba.’ Claudio se voltea. Step esta detrás de el. Entendió perfectamente que estaba pensando.
    ‘Si, pero cuatro rebotes…’
    ‘Y bueno? A lo mas perdemos… pero si lo logras, piensa como quedamos!’
    Claudio y Step miran a sus dos adversarios. Pidieron dos cervezas y ya están bebiendo por su victoria.
    ‘Ya que importa, a lo mas perdemos!’ Claudio ahora esta ebrio. Se va a la otra parte de la mesa. Ajusta el palo, se concentra y golpea. La bola blanca parece volar sobre el fieltro verde. Una. Claudio piensa en todas las tardes que paso jugando billar. Dos, en sus amigos de un tiempo, cuando estaba siempre son ellos. Tres, en las muchachas, en el dinero que no tenia, en cuanto se divertida. Cuatro. En la juventud pasada, en Francesca, en sus diecisiete años… y en ese momento la bola blanca golpea de lleno la diez. Desde atrás, con fuerza, segura, precisa. Un sonido sordo. La bola vuela frente hacia el hoyo central.
    ‘Centro!’
    ‘Yahoo!’ Claudio y Step se abrazan. ‘Carajo tienes suerte. Mira donde te quedo.’
    La bola blanca se detuvo frente a la uno amarilla a pocos centímetros de la boca del fondo. Claudio la mete dentro con un golpe facilísimo.
    ‘Ganamos!’ Claudio abraza a Francesca y logra alzarla un momento. Después, bailando abrazado a ella termina tropezándose con uno de los dos adversarios.
    ‘Ve por donde vas.’ El tipo le da un empujón a Claudio, haciéndolo terminar contra la mesa. Francesca se levanta rápido. Claudio, ligeramente mareado, se levanta un poco. El tipo lo agarra por la chaqueta y lo levanta.
    ‘Te hiciste el listo, no? Hace tantos años que no juego… muchachos estoy fuera de entrenamiento.’ Claudio esta asustado. Esta ahí, sin saber bien que hacer.
    ‘Llevaba tiempo que no jugaba, en serio.’
    ‘Ah si! Por ese ultimo golpe no lo diría.’
    ‘Fue solo suerte.’
    ‘Hey, deja, suéltalo.’ El tipo hace como si no oyera a Step.
    ‘Te dije suéltalo.’ Repentinamente se siente llevar hacia atrás. Claudio esta libre con la chaqueta de nuevo estirada. Recupera la respiración mientras el tipo termina contra el muro. Step le tiene la mano en la garganta. ‘Que, no escuchas? No quiero pelear. Dale, saca los doscientos euros. Ustedes eran los que querían jugar.’
    El otro se le acerca con el dinero en la mano.
    ‘Nos engañaron, de todas formas. Ese juega diez veces mejor que Pollo.’
    Step agarra el dinero, los cuenta y se los mete en el bolsillo.
    ‘Es cierto, pero no es mi culpa… yo ni lo sabia…’
    Después agarra a Claudio bajo su brazo y salen vencedores de la sala de Pool. Claudio toma otro whisky. Esta vez para recuperarse del susto.
    ‘Gracias Step. Diablos, ese me quería golpear la cara.’
    ‘No, todo es mentira, solo esta molesto! Toma Claudio, estos son tus cien euros.’
    ‘No, dale, no puedo aceptarlos!’
    ‘Como no? La partida casi la ganaste tu!’
    ‘Esta bien, entonces tomemos algo bueno. Pago yo.’
    Mas tarde, Step, viendo cuanto ebrio esta Claudio, lo acompaña al carro.
    ‘Esta seguro que llega bien a su casa?’
    ‘Segurisimo, no te preocupes.’
    ‘Seguro, eh? No pierdo nada si te escolto.’
    ‘No, en serio, estoy bien.’
    ‘Esta bien, como quieras. Bella partida, eh?’
    ‘Bellísima!’ Claudio va a cerrar la puerta.
    ‘Claudio espera!’ Es Francesca. ‘Que haces, no te despides?’
    ‘Tienes razón, pero estaba todo ese alboroto.’
    Francesca se mete en el carro y lo besa en los labios, tiernamente, con ingenuidad. Después se aleja y sonríe.
    ‘Entonces adiós, nos vemos. Ven a visitarme alguna vez. Siempre estoy aquí.’
    ‘Claro que vendré.’ Después, se pone en marcha y se aleja. Baja la ventanilla. El aire fresco de la noche es agradable. Mete un CD en el stereo y prende un cigarrillo. Después, completamente ebrio, golpea fuerte las manos en el volante.
    ‘Guau! Que noche! Y que mujer…’ de repente se siente feliz como no lo era desde hace tanto tiempo. Después, mientras llega a su casa, regresa a estar triste. Que le puedo decir a Raffaella? Se mete en el garaje aun indeciso acerca de lo que contaría. Estacionar el carro, que ya se le hace difícil sobrio, entonces ebrio resulta imposible. Bajando del carro, mira el rayón por el lado y la Vespa caída hacia el muro. La sube disculpándose solo.
    ‘Pobre Pitufina, te raye tu Vespa.’ Después sube a la casa. Raffaella esta ahí esperándolo. Es el peor interrogatorio de su vida, peor que esos de las películas policíacas. Raffaella solo hace de policía malo, el otro, el bueno, ese que en las películas es el amigo y ofrece un vaso de agua o un cigarrillo, no existe.
    ‘Se puede saber como fue? Dale, cuenta!’
    ‘Bien, de hecho buenísimo. Step es una buena persona en el fondo, un muchacho agradable. No hay de que preocuparse.’
    ‘Como que no hay de que preocuparse? Pero si le daño la nariz a Accado?’
    ‘Quizás fue provocado. Que sabemos nosotros? Y hablando en serio, Raffaella, digamos la verdad, Accado es un gran fastidio…’
    ‘Pero que dices? Le dijiste que dejara a nuestra hija, que no debe verla, llamarla, ir a buscarla a la escuela?’
    ‘Realmente a ese punto nunca llegamos.’
    ‘Y que le dijiste? Que hicieron hasta ahora? Es medianoche!’
    Claudio confiesa.
    ‘Jugamos Pool. Imagina tesoro, le ganamos a dos bufones! Yo hice las últimas dos bolas. Gane cien euros, muy bien, no?’
    ‘Bueno? Eres el inútil de siempre, un incapaz. Estas borracho, lleno de humo y no lograste siquiera poner en su puesto a ese delincuente.’
    Raffaella se va de ahí, molesta. Claudio hace un último intento para calmarla.
    ‘Raffaella, espera!’
    ‘Que pasa?’
    ‘Step dijo que quiere un titulo universitario.’ Raffaella bate la puerta y se encierra en el cuarto. Ni siquiera esa última mentira le sirvió. Diablos, de verdad debe estar molesta. Para ella ese pedazo de papel es todo. En el fondo, a mí nunca me perdono de no haber tenido un titulo. Después, incomodado por ese ultimo pensamiento, agitado por la noche en general, se marcha ebrio hacia el baño. Alza la tapa y vomita. Mas tarde, mientras se desnuda, del bolsillo de la chaqueta cae un papel. Es el número de teléfono de Francesca. La bella chica de cabellos ondulados y la piel color miel. Debe haberlo metido cuando me beso en el carro. Lo lee de nuevo. Si, esa escena le recuerda la película Papillon. Steve Moqueen, en prisión, recibe un mensaje de Dustin Hoffman y para hacerlo desaparecer lo traga. Claudio aprende el número de memoria y prefiere botar el papel en el inodoro. Si hubiera tratado de comerlo hubiera vomitado de nuevo. Baja el agua, apaga la luz, sale del baño y se mete en la cama. Se queda así, mareado entre las sabanas ahora ligeramente ebrio, dulcemente llevado por las vueltas que le da la cabeza. Que noche grandiosa. Un golpe magnifico. Una partida magnifica. La cerveza, el whisky, su compañero Step. Ganaron doscientos sacos. Y Francesca? Bailaron juntos, la tuvo entre sus brazos y estrecho ese cuerpo suave. Recuerda sus cabellos oscuros, su piel color miel, su suave beso en el carro, tierno y sensual, perfumado. Se emociona. Piensa en el papel que consiguió en el bolsillo. Es una clara invitación. Le encanta. Será un paseo. Mañana la llamo. Como era el número? Trata de repetirlo. Pero se duerme con un sentimiento de desesperación. Ya se le olvido.

    ‘Y ganaron?’ Pollo no cree sus oídos.
    ‘Dividimos el dinero, doscientos euros cada uno!’
    ‘Juralo, entonces el papa de Babi es un tipo simpático?’
    ‘Un mito, un verdadero hermano! Imaginate que Francesca me dijo que le gusta bastante.’
    ‘A mi me parece aburrido!’
    ‘Porque, cuando lo has visto?’
    ‘Cuando vine a tu casa a buscar al perro.’
    ‘Ah si, a propósito, como esta Arnold?’
    ‘Buenisimo. Ese perro es bastante inteligente. Estoy seguro que dentro de poco aprenderá a traer las cosas. El otro día estaba debajo de la casa, le lance un bastón y fue a buscarlo. Solo que después se puso a jugar en el parque con una perrita. Jugaba con todos, pobrecito, yo creo que la Giacci no lo sacaba nunca!’
    Step se para adelante del portón.
    ‘Ya llegamos. Te pido que no hagas un alboroto.’ Pollo lo mira ofendido.
    ‘Porque, acaso siempre hago alboroto yo?’
    ‘Siempre.’
    ‘Ah si? Mira que solo vine para hacerte un favor.’
    Suben al segundo piso. Babi esta haciendo de niñera a Giulio, el hijo de los Mariani, un niño de cinco años con cabellos claros como su piel.
    Babi lo espera en la puerta.
    ‘Hola.’ Step la besa. Ella se queda sorprendida al ver a Pollo. El murmura algo que debe ser un ‘hola’ y se pone rápido sobre el sofá frente al niño. Cambia de canal buscando algo mejor que las estupidas caricaturas japonesas. Giulia naturalmente comienza a quejarse llorando. Pollo trata de convencerlo.
    ‘No anda, ahora comenzaran a salir las tortugas voladoras.’ Giulio se pone a mirar atento, confiando que saldrán. Pollo también se pone a ver en silencio el programa que coloco. Babi va a la cocina con Step.
    ‘Se puede saber porque lo trajiste?’
    ‘Me insistió. Y Pollo le va muy bien con los niños.’
    ‘No me parece! No termino de llegar y ya lo hizo llorar.’
    ‘Entonces digamos que lo hice para estar solo contigo.’ La abraza. ‘Claro que soy sincero, tu sacas fuera lo mejor de mi. Como la ropa, entonces, deberíamos quitarla.’
    Se la lleva riéndose al primer cuarto que consigue. Babi trata de resistir, pero a la final de deja convencer por sus besos. Terminan los dos sobre una pequeña cama.
    ‘Ay!’
    Step se lleva la mano hacia la espalda. Un carro armado puntiagudo estaba debajo. Babi se echa a reír. Step lo lanza al sofá. Limpia la cama de guerreros electrónicos y algunas partes removibles. Después, finalmente tranquilo, empuja la puerta con el pie y se dedica a su juego favorito. Le acaricia los cabellos besándola, su mano corre veloz por los botones de su camisa soltándolos. Le alza el sostén y la besa en la piel más clara, dulcemente más suave, rosada. De repente algo golpea su cuello.
    ‘Ay.’ Step lleva veloz la mano a donde fue golpeado. En la oscuridad la ve reírse, armada de un extraño muñeco de orejas puntiagudas. Y esa sonrisa fresca, ese aire ingenuo lo golpean aun más en el fondo.
    ‘Me lastimaste!’
    ‘No podemos estar acá, es el cuarto de Giulio. Piensa si entra.’
    ‘Pero si esta Pollo. Le di órdenes precisas. Ese terrible niño esta acabado, inmovilizado. No se puede levantar del sofá.’
    Step regresa a tocarla. Ella le acaricia los cabellos dejándose besar.
    ‘Giulio es muy bueno. Eres tu el niño terrible.’
    Pollo esta comiendo un pan que agarro de la cocina junto a una bella cerveza helada, cuando Giulio se alza del sofá.
    ‘Adonde vas?’
    ‘A mi cuarto.’
    ‘No, te debes quedar acá.’
    ‘No, quiero ir a mi cuarto.’
    Giulio hace para marcharse, pero Pollo lo agarra por la camiseta llevándolo cerca de el en el mueble. Giulio trata de rebelarse, pero Pollo le pone el codo en la barriga bloqueándolo. Giulio comienza a lamentarse.
    ‘Déjame, déjame!’
    ‘Anda, que ya comienzan las caricaturas.’
    ‘No es cierto.’ Giulio mira de nuevo la televisión, y quizás por la culpa de un primer plano de un protagonista feo, comienza a llorar. Pollo lo suelta.
    ‘Toma, quieres probar? Es buenísima, solo la beben los grandes.’
    Giulio parece ligeramente interesado. Se adueña con las dos manos de la lata de cerveza y bebe un trago.
    ‘No me gusta, es amarga.’
    ‘Entonces ve lo que tío Pollo te va a dar…’
    Poco después, Giulio juega feliz en el suelo. Hace volar los balones rosados que tío Pollo le regalo. Pollo lo mira sonriente. En el fondo solo se necesita poco para hacer feliz a un niño. Bastan dos o tres preservativos. Igual el no los usaría esa noche. Del cuarto no sale ningún ruido. Creo que Step tampoco tendrá la necesidad, piensa Pollo divertido. Entonces, como se esta aburriendo, decide hacer una llamada.
    En la oscuridad de ese cuarto lleno de juguetes, Step le acaricia la espalda, los hombros. Hace deslizar la mano a lo largo de su brazo y se lo lleva cerca de la cara. Lo besa. Lo toca con la boca, después toda su piel. Babi tiene los ojos entrecerrados, dulce prisionera de sus suspiros. Step le abre la mano delicadamente, le besa la palma y la deja en su pecho desnudo, abandonándola a sus pensamientos. Babi se queda inmóvil, repentinamente asustada. Dios mío, entiendo que quiere. Pero nunca lo haría. Nunca lo he hecho. No lo lograría. Step continúa a besarla tiernamente en el cuello, detrás de las orejas, en los labios. Mientras sus manos, mas seguras y tranquilas, mas expertas, se adueñan de ella como suaves ondas, dejando en esa playa desconocida un naufrago placer.
    Después de repente, llevaba por esa corriente, de aquella brisa de pasión, ella también se mueve. Babi obtiene coraje. Se despega lentamente de ahí donde fue dejada y comienza a acariciarlo. Step la abraza dándole confianza, tranquilizándola. Babi se deja llevar. Sus dedos bajan ligeros por su piel. Siente su abdomen, los fuertes abdominales. Cada escalón para ella es un obstáculo, un abismo, un paso difícil de dar, casi imposible. Igual lo debe hacer y, manteniendo su respiración en la oscuridad del cuarto, de repente salta. Sus dedos acarician su barriga abajo, con rizos suaves entre los dedos, y después bajan más hacia los jeans, hacia ese botón, el primero para ella en todos los sentidos. Y en ese momento, sin saber porque, piensa en Pallina. Ella, mas segura, mas experta. Imagina cuando se lo contara. Sabes, ahora hasta ahí no lo ha logrado, no ha podido. Esto quizás le da el coraje, el último empujón. Repentinamente lo hace. Lo abre. Ese primer botón dorado sale con un sonido ligero. En el silencio del cuarto escucha todo, llega nítido y claro hasta sus orejas. Lo logro. Casi da un suspiro. Ahora todo es más fácil. Su mano, ahora más segura, pasa al segundo y después al tercero y mas abajo mientras los bordes del jeans se alejan entre ellos, siempre mas libres. Step se aleja dulcemente de ella, echa la cabeza hacia atrás. Babi lo alcanza rápido, refugiándose tímida en ese beso, avergonzándose de esa mínima lejanía. Después un sonido inesperado. Puertas que golpean.
    ‘Que sucede?’
    Y como por encanto, se destruye esa magia. Babi alza la mano y se levanta.
    ‘Que cosa era?’
    ‘Que se yo? Anda ven acá.’ Step la lleva de nuevo hacia el. Otro sonido. Algo que se rompe.
    ‘No, diablos, allá esta sucediendo un desastre!’ Babi se alza de la cama. Se acomoda la falda, se abotona la camisa y sale veloz del cuarto. Step se deja caer sobre la cama con los brazos abiertos.
    ‘Estupido Pollo!’ después se cierra los pantalones y cuando llega a la sala no cree a sus ojos. ‘Que coño hacen?’ están todos. Bunny y Hook están haciendo alguna especie de juego en la alfombra. Cerca de ellos hay una lámpara rota. Schello esta sentado con los pies sobre el sofá, come un paquete de galletas y mira Sex in the City. Lucone tiene al niño en las piernas y le esta haciendo fumar una marihuana.
    ‘Mira Step! Mira la cara de loco que pone este niño.’ Babi se lanza como una furia sobre Lucone, le quita la marihuana de las manos y la apaga en un cenicero.
    ‘Fuera! Fuera de aquí. Inmediatamente.’
    Sintiendo ese grito, de la cocina salen Dario y otro con una cerveza en la mano. Llega también el Siciliano con una chica. Tienen la cara roja. Step piensa que debieron haber hecho aquello que el y Babi siquiera pudieron intentar. Suertudos!
    Babi comienza a empujarlos uno por uno fuera por la puerta.
    ‘Salgan todos de aquí… fuera!’
    Divertidos se dejan llevar haciendo aun mas desorden. Step la ayuda.
    ‘Dale muchachos fuera.’ Por ultimo empuja a Pollo. ‘Contigo arreglo cuentas después.’
    ‘Pero yo solo llame a Lucone, es su culpa, el le aviso a los demás.’
    ‘Callate.’ Step le da una patada en el trasero y lo lanza fuera de la puerta. Después ayuda a Babi a poner todo en su lugar.
    ‘Mira, mira que hicieron esos vándalos.’
    Le muestra la lámpara rota y el sofá manchado de cervezas. Las galletas esparcidas por todos lados. Babi tiene lágrimas en los ojos. Step no sabe que decir.
    ‘Disculpa. Anda, te ayudo a limpiar.’
    ‘No gracias, yo lo hago.’
    ‘Estas molesta?’
    ‘No, pero es mejor que te vayas. Dentro de poco llegan los padres.’
    ‘Estas segura que no quieres que te ayude?’
    ‘Segura.’
    Se dan un beso rápido. Después ella cierra la puerta. Step va para abajo. Mira alrededor. No hay ninguno. Monta en su moto y la prende. Justo en ese momento, detrás de un carro sale todo el grupo. En la noche se alza un coro. ‘Bravo niñera, oh oh oh!’ dicen aplaudiendo. Step baja volando de la moto y comienza a correr detrás de Pollo.
    ‘Yo no tengo nada que ver! Agarra a Lucone! Es su culpa!’
    ‘Que importa, igual te golpeare!’
    ‘Igual ni estabas haciendo nada ahí. Te estabas aburriendo!’
    Continúan a correr por la calle entre risas lejanas de los otros y la curiosidad de cualquier inquilino con insomnio.
    Babi recoge los pedazos de la lámpara, los bota en la basura, después limpia el suelo y desmancha el sofá. A la final, cansada, mira alrededor. Bueno, podía haber sido peor. Diré que la lámpara se me cayó cuando jugaba con Giulio. El niño no pudra nunca negarlo. Ahí esta durmiendo profundamente, completamente fumado.

    La mañana después, Step va al gimnasio. Pero no para entrenarse. Busca a alguien. Al final lo consigue. Se llama Giorgio. Es un muchacho de quince años que tiene una desenfrenada admiración por el. No es el único. También los amigos de Giorgio hablan de Step como una especie de Dios, un mito, un ídolo. Todos saben sus historias, todo eso que se cuenta acerca de el y no hacen nada sino alimentar aun mas esa que ahora se ha convertido en una especie de leyenda. Ese muchacho es uno confiable. El único al que Step puede pedirle algún favor del género sin correr el peligro de salir mal. También porque donde termina la admiración comienza el terror.
    Poco mas tarde, Giorgio esta en la Falconieri. Camina rápido los corredores sin dejarse ver y entra en la sección B, la clase de Babi. La Giacci esta dando una lección, pero extrañamente no dice nada. Babi se queda sin palabras. Mira en su pupitre ese enorme mazo de rosas rojas. Lee divertida la tarjeta: ‘Mis amigos son un poco desastrosos, pero te prometo que esta noche cenaremos en mi casa solos. Uno que no tiene la culpa’.
    La noticia se esparce rápido por la escuela. Ninguno había hecho algo así. A la salida, Babi baja las escaleras de la Falconieri con ese enorme mazo de rosas rojas entre los brazos, acabando así con las últimas dudas. Todos hablan de ella. Daniela esta orgullosa de su hermana. Raffaella se molesta aun más y Claudio, naturalmente, tiene que aguantar otra regañada.
    Esa tarde Step esta guardando una recopilación de la obra de Pazienza apenas comprada cuando suenan a la puerta. Es Pallina.
    ‘Primero fui la cupido, ahora soy la mensajera. La próxima vez que me tocara hacer?’ Step ríe. Después agarra el paquete de las manos y la saluda. Tiene un delantal de flores rosadas y un papel: ‘Acepto solo si cocinas tu y sobretodo si lo haces poniéndote mi regalo, p.d. Yo voy por mi cuenta, pero a las ocho y media, no puedo antes porque están mis padres!’
    Poco después, Step esta en la oficina de su hermano.
    ‘Paolo, esta noche necesito la casa sola, absolutamente.’
    ‘Pero yo invite a Manuela.’
    ‘La invitaras otro día… anda, a Manuela la ves siempre. Diablos, Babi viene solo esta noche…’
    ‘Babi? Quien es ella? La hija de ese que vino a la casa?’
    ‘Si, porque?’
    ‘El parecía molesto. Hablaron después?’
    ‘Como no. Fuimos a jugar billar juntos y nos emborrachamos.’
    ‘Se emborracharon?’
    ‘Si, de hecho… solamente se emborracho el.’
    ‘Hiciste que bebiera?’
    ‘Como que hice que bebiera. Bebió el. Que importa. Entonces estamos de acuerdo no? Esta noche sales. Esta bien?’
    Después, sin esperar su respuesta sale veloz de la oficina. Esta tan concentrado de lo que tiene que hacer que no se da cuenta de la sonrisa que le da la secretaria de Paolo.
    Desde casa llama a Pollo. Le avisa de no pasar, de no llamar y sobretodo de no hacer ningún tipo de alboroto.
    ‘Mira, que de esto depende tu cabeza. Hasta peor, nuestra amistad y no estoy bromeando!’ después hace una lista de las cosas que comprar, va al supermercado debajo de casa y agarra de todo, hasta un paquete de esos biscochos ingleses que le gustan tanto a su hermano. En el fondo, Paolo se los merece. Es un buen tipo. Tiene algunas cosas que lo obsesionan como el carro, el trabajo y sobretodo Manuela. Pero, con el tiempo, se le pasarían. Después mientras sube a su casa lo piensa mejor. No, lo de Manuela nunca se le pasaría. Ahora son seis años que están juntos y no da señal de ceder. Bella relación pero, por lo que ha escuchado, ella ha tenido algunas aventuras por su cuenta. Aparte de su hermano, no logra entender que loco podría tener una aventura con Manuela. Fea, antipática y sobretodo creída. Una sabelotodo. No hay nada peor que eso. Pobre Paolo. Al final son sus problemas. Yo preferiría a su secretaria. Y después de esa ultima consideración positiva, prende la radio y va a la cocina a lavar la ensalada.
    A las ocho todo esta listo. Escucha el último éxito de las lista de canciones americana, no se puso el delantal de Babi, pero para compensarlo lo apoyo sobre una silla para mentir en el momento oportuno. Mira los resultados de su labor. Carpaccio con queso grana. Ensalada mixta con aguacate y una macedonia de fruta traída de Maraschino. Afloran los recuerdos. Esa macedonia la comía mucho de pequeño. Lo deja pasar tranquilo. Esta feliz. Esa es su velada, no quiere que nada la arruine. Revisa complacido la mesa, arregla mejor una servilleta. Es justo un gran chef, pero no sabe que los cuchillos se ponen de la otra parte. Comienza a girar por la casa nervioso. Se lava las manos. Se sienta sobre el sofá. Se fuma un cigarrillo, prende la televisión. Se lava los dientes. Las ocho y cuarto. El tiempo pareciera nunca pasar en ciertas ocasiones. Dentro de un cuarto de hora llega, cenaremos juntos, hablaremos tranquilos. Estaremos en el sofá sin que alguien nos moleste. Después iremos a mi cuarto y… no, Babi nunca lo haría. Es muy rápido. O quizás no. No hay un tiempo preciso para estas cosas. Si estuvieran más tiempo juntos, quizás sucediera. Trata de acordarse de una canción de Battisti. ‘Que sensación de ligera locura esta coloreando mi alma, el tocadiscos las luces bajas y después… champaña helada y la aventura pasara…’ Diablos. Eso se me olvido! La champaña! fundamental! Step va veloz a la cocina, abre todas las gavetas. Nada que hacer. Consigue solo un vino Pinot Grigio. Lo mete en el freezer. Bueno, es mejor que nada. Justo en ese momento suena el celular. Es Babi.
    ‘No voy.’ Tiene una voz fría y molesta.
    ‘Porque? Prepare todo. Hasta me puse el delantal que me regalaste.’ Miente Step.
    ‘Llamo la señora Mariani. Se le desapareció un collar de oro con brillantes. Me culpo a mí. No me llames mas.’
    Babi corta. Poco después, Step esta en casa de Pollo.
    ‘Quien coño pudo haber sido? Te das cuenta? Bellos amigos de mierda.’
    ‘Dale Step no digas así! Cuantas veces ha pasado que vamos a casa de alguien y robamos cosas. Prácticamente en cada fiesta.’
    ‘Si, pero nunca en casa de la novia de uno de nosotros!’
    ‘No era la casa de Babi…’
    ‘No, pero ella estaba involucrada. Debes ayudarme a hacer una lista de quienes estaban…’ Step agarra un pedazo de papel. Después comienza a buscar frenético un lápiz. ‘Pero no hay nada para escribir aquí…’
    ‘No lo necesitas. Yo se quien agarro el collar.’
    ‘Quien?’
    Entonces Pollo dice un nombre, el único que Step nunca hubiera querido escuchar. El Siciliano.
    Step maneja su moto en la noche. No quiso ser acompañado por Pollo. Esa es una cuestión entre el y El Siciliano. Ningún otro. Esta vez no es tarea de simples flexiones. Esta vez es una historia mas complicada.
    La sonrisa del Siciliano no promete nada bueno.
    ‘Hola Siciliano. Escucha, no quiero pelear.’
    Un puño golpea a Step en plena cara. Step tropieza hacia atrás. Esto no se lo esperaba. Adelanta la cabeza para recuperarse. El Siciliano va hacia el. Step lo para con una patada derecha. Después, mientras recupera el aliento, piensa en la cena que preparo, en el delantal de flores y en cuanto hubiera querido que esa velada hubiera sido diferente. Una noche tranquila, en casa, con su chica entre los brazos. Pero no. El Siciliano esta ahí, frente a el, en posición. Con las dos manos le da la señal de avanzar.
    ‘Ven anda, ven acá.’
    Step agita la cabeza y respira profundamente.
    ‘Coño, no se porque, pero mis sueños nunca se cumplen.’
    Justo en ese momento el Siciliano va hacia el. Step esta preparado esta vez. Esquiva de lado, lo golpea en la cara con un directo potente y exacto. Debajo de su puño siente la nariz moverse. Las cejas se unen adoloridas. Entonces ve su cara, esa mueca, el labio inferior que saborea su propia sangre. Lo ve sonreír y en ese momento entiende que todo iba a ser muy difícil.
    Babi esta sentada en el sofá. Mira sin ganas la televisión saboreando un jugo cuando suenan a la puerta.
    ‘Quien es?’
    ‘Yo.’
    Step esta frente a ella. Tiene los cabellos alborotados, la camisa arrugada y la ceja derecha todavía sangrando.
    ‘Que te paso?’
    ‘Nada. Solo recupere esta…’ alza la mano derecha. El collar de oro de la señora Mariana esta ahí brillando en la penumbra de las escaleras. ‘Ahora puedes venir a la cena?’
    Babi, después de haber restituido el collar a la señora e inevitablemente haber perdido el puesto de niñera, se deja llevar por Step a su casa. Pero cuando abren la puerta tienen una terrible sorpresa. En la mesa en el centro de la sala iluminada por una romántica vela, esta Manuela. Paolo llega poco después de la cocina. Lleva la macedonia preparada por Step y, como si no bastara, usa el delantal de flores que le regalo Babi.
    ‘Hola Step. Disculpa… pero llame, nadie respondió. Entonces vinimos a la casa, esperamos un poco, pero eran las diez entonces pensamos: quizás no vendrán. Y comenzamos a comer, verdad?’
    Busca el consentimiento de Manuela, que asienta y da una sonrisa. Step mira su plato. Todavía hay pedazos de su ensalada con aguacate.
    ‘Y ya la terminaron, por lo que veo. Bueno, como estaba la cena? Al menos estaba buena?’
    ‘Buenisima.’ Manuela parece sincera. Después se calla rápido. Entendió que es una de esas preguntas que no quieren respuesta.
    ‘Buen, Paolo préstame el carro anda, que vamos a ver que comemos afuera.’
    Paolo pone la macedonia en la mesa.
    ‘Pero…’
    ‘Que cosa? Ni lo intentes, eh? Te comiste todas mis cosas, te terminaste la ensalada que prepare con mis manos toda la tarde, y me vas a venir con cuentos?’
    Paolo saca afuera las llaves del bolsillo y las abandona en las manos del hermano con un tímido ‘Ve lento, ok?’
    Step va saliendo.
    ‘Por cierto, te compre tus biscochos de mantequilla. Si quieres también un postre, están en el armario de la cocina.’
    Paolo le da una sonrisa, pero sus pensamientos ahora son todos para su carro Golf gris metalizado y lo que le pasaría.
    Step y Babi van a comer crepes calientes cerca de la Pirámide. Después, tomando felices tragos de cerveza, descartan la idea de regresar a su casa. A Babi le incomoda porque esta su hermano. Entonces Step, maldiciendo a Paolo y la estupida de su novia, gira hacia la derecha para un lugar llamado Gianicolo. Se estacionan cerca de los jardines, entre otros carros con vidrios ya empañados de amor, llenos de pasiones desenfrenadas, de ese incomodo placer realizado con apuros. Frente a ellos, lejos, la ciudad se esta durmiendo.
    Mas cerca, a los pies de un muro, algunos muchachos se pasan una ilegal probada de alegría momentánea. Step cambia la estación de la radio. 92.70. La radio romántica. Se alarga hacia ella y comienza a besarla. Después lentamente esta encima. Maldice el dolor de su espalda, del esternon golpeado, de las caderas que probaron los golpes del Siciliano. Ese fresco deseo borra los dolores. Besos apasionados superan dificultades mecánicas. El freno de mano se vuelve indispensable, la rueda del espaldar orgullosa. Step siente su piel suave y perfumada. Su respiración se vuelve irregular de pasión. Intenta de nuevo a bajar más el asiento. Nada que hacer, esta bloqueado. Entonces, mientras que con la mano derecha gira la rueda hacia abajo, pone un pie debajo del asiento y empuja con toda su fuerza. Se escucha un crac, un sonido seco. El espaldar baja de golpe, Babi con el y el con ella, riendo sin pensar en nada mas, mucho menos a Paolo, en su cara molesta, en su carro metalizado. Cada uno se adueña de los pantalones del otro, casi como una competencia, un duelo sensual. Después Babi se adelanta, inexperta y apenada, cierra los ojos y al final abrazándolo se emociona por su lograr su tierna victoria personal. Cuando se da cuenta que Step quiere ir aun mas adelante, lo detiene.
    ‘No, que haces?’
    ‘Nada. Estaba intentando.’
    Babi lo aleja un poco molesta.
    ‘Pero aquí, en el carro? Mi primera vez debe ser una cosa bellísima, un lugar romántico con el perfume de las flores, la luna.’
    ‘Aquí esta la luna.’ Step abre un poco el techo. ‘Ves, un poco cubierta pero esta. Y siente…’ Aspira hondo. ‘Esta lleno de flores acá alrededor. Que falta? Es romántico, anda. Hasta tenemos Tele Radio Stereo. Es perfecto!’
    Babi se echa a reír.
    ‘Yo quería decir otra cosa.’ Mira el reloj. ‘Es tardísimo. Si regresan mis padres y no me consiguen termino de nuevo castigada! Anda apurémonos.’
    Se arreglan sus jeans y después tratan juntos de arreglar el asiento de Babi. Nada que hacer. Regresan riendo con el espaldar roto. Cada vez que acelera, Babi termina siempre abajo. Pensando en todo eso que podría decir su hermano. Que noche… con este final quizás, se volvió una comedia dramática. Acompaña a Babi hasta la puerta y se despide. Maneja veloz en la noche recordando esa ‘romantica’ abstinencia y ese perfume de los suspiros de ella que le queda entre sus manos.
    ‘Pero donde estabas? Te espero desde hace una hora, debo llevar a Manuela a su casa.’
    Paolo esta ya nervioso. Imagina como se pondría si le hubiera dicho lo del asiento.
    ‘Podias agarrar la moto, como ahora agarras todas mis cosas.’
    Paolo no ríe para nada y se encierra en la sala con Manuela.
    Step va al cuarto, se quita la ropa y se mete en la cama. Apaga la luz. Esta destruido. De la sala llegan voces. Trata de escuchar mejor. Son Paolo y Manuela. Están discutiendo algo. La voz de su hermano es repetitiva y fastidiosa.
    ‘Dime la verdad. Quiero saber la verdad.’
    ‘Ya te la dije.’
    ‘Te dije que me dijeras la verdad.’
    ‘Esa es, te lo juro.’
    ‘Te lo pido por la ultima vez. Dime la verdad, quiero saber la verdad.’
    ‘Te juro que te he dicho todo.’ Manuela también parece bastante segura. En la oscuridad del cuarto Step mueve la cabeza. No se si son peores los golpes del Siciliano o las discusiones de mi hermano. Quien sabe que querrá saber Paolo, igual Manuela no se lo dirá nunca. Una cosa es segura. La única gran verdad es que Manuela regresara a casa sentada en el asiento malo. Y con ese pensamiento, Step se duerme divertido.

    Babi esta en Fregene con toda su clase. Están festejando el día libre que les dieron. Terminaron de comer hace un rato y se pusieron a pasear en la playa. Algunas de sus amigas juegan a roba-bandera. Ella esta sentada sobre un banco hablando con Pallina. Después lo ve. Va hacia ella con esa sonrisa, esos lentes oscuros y esa chaqueta. A Babi le salta el corazón. Pallina se da cuenta rápido.
    ‘Hey, no mueras, eh?’
    Babi le sonríe después corre a encontrar con Step. Se va con el, sin preguntarle como hizo para conseguirla, donde la está llevando. Se despidió de sus compañeras con un ‘adios’ distraído. Algunas de ellas dejan de jugar y la siguen con la mirada. Envidiosas y soñadoras, deseosas de estar en su puesto, abrazadas a Step, a 10 con honores. Después la chica del centro llama fuerte. ‘Numero… siete!’ dos de ellas arrancan en la arena, corriendo hacia ella. Se para una frente a la otra, con los brazos alargados, mirándose a los ojos, retándose sonrientes. De repente ese pequeño pañuelo blanco suspendido en el aire se vuelve su único pensamiento.
    Cuando llegan frente a la moto, Babi lo mira curiosa.
    ‘Adonde vamos?’
    ‘Es una sorpresa.’ Step va detrás de ella y saca fuera del bolsillo la bandana azul que le robo y le cubre los ojos.
    ‘No hagas trampa… no debes ver.’
    Ella se lo arregla mejor, divertida.
    ‘Hey, este pañuelo me parece conocido…’ después le pasa un audífono de su Sony y parten juntos abrazados escuchando las notas de Tiziano Ferro.
    Mas tarde… Babi se mantiene abrazada detrás de el, con la cabeza apoyada sobre su espalda y los ojos cubiertos por la bandana. Siente como si volara, un viento fresco acaricia sus cabellos y un olor de humedad perfuma el aire. Hace cuanto salieron? Trata de calcular el tiempo del CD que esta escuchando. Entonces lleva casi una hora que están viajando. Pero hacia donde vamos?
    ‘Falta mucho?’
    ‘Ya casi llegamos. Estas viendo?’
    ‘No.’
    Babi sonríe y se apoya de nuevo a su espalda, apretándolo fuerte. Enamorada. Acelera dulcemente y va hacia la derecha, arriba por la subida preguntándose si ella ha entendido.
    ‘Aquí, ya llegamos. No, te quites la bandana. Esperame aquí.’
    Babi trata de entender donde esta. Sigue siendo de tarde. Siente un sonido lejano, repetitivo y ahogado, pero no entiende de qué se trata. Por un momento, escucha un ruido más fuerte, como si algo hubiera sido golpeado.
    ‘Aquí esta.’ Step la agarra por la mano.
    ‘Que paso?’
    ‘Nada. Sígueme.’ Babi temerosa se deja llevar. Ahora el viento paro, el aire se volvió mas fría, pareciera casi húmeda. Su pierna se tropieza con algo.
    ‘Ay.’
    ‘No es nada.’
    ‘Como que no es nada. Es mi pierna!’
    Step se echa a reír.
    ‘Y siempre te la golpeas. Quédate quieta aquí.’ Step la abandona por un momento. La mano de Babi se queda sola, suspendida en el vacío.
    ‘No me sueltes…’
    ‘Estoy aquí cerca de ti.’
    Después un fuerte sonido continuo, mecánico, como madera. Una ventana que se alza. Step le quita dulcemente la bandana. Babi abre los ojos y de repente todo aparece.
    El mar en el horizonte brilla frente a ella. Un sol caliente y rojo parece sonreírle. Esta en una casa. Sale afuera, debajo de la ventana alzada, hacia la terraza. Abajo a la derecha reposa romántica la playa del primer beso de ellos. A lo lejos sus colinas preferidas, su mar, los lugares conocidos: Port’Ercole. Un pelicano le pasa cerca. Babi mira alrededor emocionada. Ese mar plateado, la arena amarilla, los arbustos verdes oscuros, esa casa solitaria sobre las rocas. Su casa, la casa de sus sueños. Y ella esta ahí, con el, y no esta soñando. Step la abraza.
    ‘Estas feliz?’ ella le indica que si con la cabeza. Después abre los ojos. Mojados y soñadores de pequeñas lágrimas transparentes, lucidas de amor, bellísimas. El la mira.
    ‘Que pasa?’
    ‘Tengo miedo.’
    ‘De que?’
    ‘Que nunca volveré a ser tan feliz como ahora…’
    Después, loca de amor, lo besa de nuevo en medio de ese hermoso horizonte.
    ‘Vente, entremos.’
    Se ponen a dar vueltas por esa casa desconocida, abriendo cuartos, inventando historias de cada habitación, imaginándose como si fueran los propietarios.
    Levantan todas las ventanas, consiguen un gran Stereo y lo prende. ‘Aquí también se escucha Tele Radio Stereo.’ Ríen. Giran por esa casa abriendo las gavetas, revelando los secretos, divirtiéndose juntos. Separados, se llaman cada tanto para mostrarse hasta el descubrimiento más pequeño y todo parece mágico, importante, increíble.
    Step saca el baúl de la moto y entra de nuevo en la casa. Poco después la llama. Babi entra en el cuarto. La gran ventana da hacia el mar. El sol ahora parece que estuviera guiñando un ojo. Esta desapareciendo en silencio detrás del horizonte lejano. Ese ultimo rayo educado pinta de rosado las nubes suaves esparcidas mas en lo alto. Su reflejo casi dormido corre por una línea dorada. Atravesando el mar para apagarse sobre las paredes de ese cuarto, entre sus cabellos, sobre sabanas nuevas, apenas puestas.
    ‘Las compre yo, te gustan?’ Babi no responde. Mira alrededor. Un pequeño mazo de rosas rojas reposa en un vaso cerca de la cama. Step trata de echar broma. ‘Juro que no las compre en el semáforo…’
    Step abre el baúl.
    ‘Y voila!’
    Adentro esta hielo derretido y algunos cubos todavía flotando. Step saca fuera una botella de champaña con dos copas envueltas con un periódico.
    ‘Para no romperlas.’ Explica. Después del bolsillo de la chaqueta saca una pequeña radio.
    ‘No sabia si había.’
    La prende, la sintoniza en la misma frecuencia del stereo de la casa y la pone sobre la mesa de noche.
    Un pequeño eco de la canción ‘Ciertas noches’ se esparce por el cuarto.
    ‘Pareciera casi hecho a propósito… sobretodo si estamos por anochecer…’
    Step se le acerca, la agarra entre los brazos y la besa. Ese momento le parece tan bello que Babi olvida todo, sus propósitos, sus miedos, sus escrúpulos. Lentamente se deja quitar la ropa, desnudándolo ella también. Se encuentra completamente desnuda por primera vez entre sus brazos, mientras una luz mágica, esparciéndose sobre el mar, ilumina tímidamente sus cuerpos.
    Una joven estrella curiosa brilla alta en el cielo. Después, entre un mar de caricias, el sonido de ondas lejanas, el rumor de un alegre pelicano, el perfume de las flores, sucede.
    Step se desliza delicadamente sobre ella. Babi abre los ojos tiernamente feliz. Step la mira. No parece asustada. Le sonríe, le pasa una mano entre sus cabellos dándole confianza. En ese momento, de la pequeña radio cercana y en toda la casa comienza a sonar inocentemente Beautiful, pero ninguno de los dos se da cuenta. No saben que esa se volvería ‘su canción’. Ella cierra los ojos conteniendo la respiración, repentinamente llevada por esa emoción increíble, de ese dolor de amor, de la magia de volverse suya por siempre. Alza la cara hacia el cielo, suspirando, agarrandose a sus hombros, abrazándolo fuerte. Después se deja llevar, delicadamente mas tranquila. Suya. Abre los ojos. El esta ahí, dentro de ella. Esa suave sonrisa ondea de amor sobre su cara besándola cada tanto. Pero ella no esta mas. Esa muchacha de los ojos azules asustados, de tantas dudas, de los miles miedos, desapareció. Babi piensa cuanto desde pequeña le fascina la historia de las mariposas. Aquella oruga y aquel pequeño capullo que se tiñe de miles esplendidos colores y de repente, aprende a volar. Entonces se ve de nuevo. Fresca, delicada mariposa apenas nacida, entre los brazos de Step. Le sonríe y lo abraza mirándolo a los ojos. Después le da un beso, suave, nuevo, apasionado. Su primer beso de joven mujer.
    Mas tarde, echados entre las sabanas, el le acaricia los cabellos, mientras ella lo aprieta con la cabeza apoyada en su pecho.
    ‘No soy buena, verdad?’
    ‘Eres buenísima.’
    ‘No, me siento tonta. Me debes enseñar.’
    ‘Eres perfecta. Ven.’
    Step la agarra por la mano y se la lleva hacia el. Entre las flores de la sabana, una pequeña flor roja, apenas creada, se distingue del resto, mas pura e inocente que todas.
    De nuevo abrazados en la bañera. Beben champaña hablando alegres, ligeramente brillantes de amor. Rápidamente ebrios de pasión se aman de nuevo. Esta vez sin miedo, con mas seguridad, mas deseo. Ahora le parece más bello, más fácil de mover las alas, ahora no tiene miedo a volar, entiende la belleza de ser una joven mariposa. Después agarran las batas de baño y bajan hacia la cabaña privada. Se divierten inventando nombres que podrían significar esas dos letras desconocidas cocidas en el pecho. Después de haber competido por encontrar los más raros, las abandonan en las rocas.
    Babi pierde. Se lanza de segunda. Nadan así, en el agua fresca y salada, bajo el reflejo de la luna, empujado por pequeñas ondas, abrazándose cada tanto, bromeando, alejándose para después juntarse de nuevo, para saborear esos labios de sabor champaña marino. Mas tarde, sentados sobre una roca, envueltos en las batas de baño de Amarildo y Sigfrida, miran soñadores las miles estrellas encima de ellos, la luna, la noche, el mar oscuro y tranquilo.
    ‘Es bellísimo aquí.’
    ‘Es tu casa, no?’
    ‘Estas loco!’
    ‘Lo se!’
    ‘Soy feliz. Nunca he sido así de feliz en toda mi vida. Y tu?’
    ‘Yo?’ Step la abraza fuerte. ‘Estoy demasiado feliz.’
    ‘Como para lograr tocar el cielo con un dedo?’
    ‘No, no así.’
    ‘Como no así?’
    ‘Mucho mas. Al menos tres metros sobre el cielo.’
    El día después Babi se despierta y, mientras debajo de la ducha los últimos rastros salados abandonan su cabello, piensa emocionada en la noche anterior.
    Desayuna, saluda a su mama y se monta en el carro con Daniela, lista para ir a la escuela como cada mañana. Su padre se para en el semáforo debajo del puente de la vía Francia. Babi esta todavía somnolienta y distraída cuando de repente la ve. No cree a sus ojos. En lo alto, más alto que el resto, sobre la blanca columna del puente, una escritura domina las otras, imborrable. Esta ahí, sobre el mármol frío, azul como sus ojos, bella como siempre la quiso. Su corazón comienza a latir veloz. Por un momento le parece que todos pueden sentirla, todos pueden leer esa frase, justo como ella lo esta haciendo en ese momento. Y ahí, en lo alto, inalcanzable. Ahí solo donde los enamorados logra llegar:
    ‘Tu y yo… Tres metros sobre el cielo.’

    24 de diciembre.
    Esta despierto. En realidad no ha dormido nada. La radio esta encendida. Ram Power: uno lo vive, uno lo recuerdo. Que cosa hay para recordar? Tiene dolor de cabeza y los ojos le duelen. Se gira en la cama. De la cocina vienen sonidos. Su hermano esta haciendo el desayuno. Mira el reloj. Son las nueve. Quien sabe a donde va Paolo a esa hora, el día antes de navidad. Hay personas que siempre tienen algo que hacer, piensa, hasta en los días festivos. Siente la puerta cerrándose. Salio. Tiene un sentimiento de alivio. Tiene ganas de estar solo. Después un extraño sufrimiento lo toma. No tiene ganas. Esta solo. Con esa idea se siente aun peor. No tiene hambre, no tiene sueño, no tiene nada. Se queda así boca abajo. No sabe por cuanto tiempo. Poco a poco comienza a ver ese cuarto en días más felices. Cuantas veces por la mañana ha encontrado los zarcillos de Babi sobre la mesita de noche, cuantas veces su reloj, cuantas veces estuvieron juntos en esa cama, abrazados, enamorados, deseosos el uno del otro. Sonríe. Se acuerda de sus fríos pies, esos pequeños dedos helados que ella riendo apoyaba en sus piernas mas calientes. Después que habían hecho el amor, cuando se echaban ahí, a hablar, mirando la luna por la ventana, la lluvia o las estrellas, igualmente felices, si hiciera calor o lloviera. Acariciándole los cabellos sin importar que sucediera afuera, olvidando las guerras, los problemas del mundo, las nuevas calles, la gente. Después imagina de nuevo a ella yendo a su baño, admira de nuevo enamorado esas marcas más claras sobre su piel, la sombra de un traje de baño apenas quitado, un sostén desabrochado. La escucha reír con esa puerta cerrada, la ve caminar con su forma graciosa, con esos cabellos mojados, correr penosa hacia la cama, lanzarse encima de el, aun fresca de agua, aun perfumada de amor y de pasión. Step se voltea de nuevo en la cama, mira el suelo. Cuantas veces, con mala gana, ha llegado la hora de vestirse, de acompañarla a casa. Entonces silencioso y vecinos, sentados sobre esa cama comenzaban a vestirse, lentamente, pasándose cada tanto alguna cosa que pertenecía al otro. Intercambiando una sonrisa, un beso, poniéndose una falda, hablando inclinados, amarrándose los zapatos, dejando la radio prendida, por poco, antes de regresar. Donde estará en este momento. Y porque. Siente una puntada en el corazón.

    En los días festivos siempre arregla el cuarto, si se siente más alegre o más triste. No sabe donde meter algunos pensamientos.
    ‘Dani, quieres esta? Sino la boto.’ Daniela mira a la hermana. Babi esta en la puerta de su cuarto con la chaqueta azul en la mano.
    ‘No, déjala me la pongo yo.’
    ‘Pero esta toda descosida.’
    ‘Yo la arreglo.’
    ‘Como quieras.’ Babi la deja en la cama. Daniela la mira salir del cuarto. Cuantas veces Babi y ella han peleado por esa chaqueta. No pensaría que la botaría. Su hermana si ha cambiado. Después deja ir ese pensamiento y se pone a envolver los últimos regalos. Babi esta terminando de limpiar el armario cuando entra su madre.
    ‘Bien. Has sacado bastante ropa.’
    ‘Si, toma, toda esta es para botar. Dani tampoco la quiere.’
    Raffaella agarra algunas ropas puestas sobre la mesa.
    ‘Haré un paquete para los pobres. Deberían pasar hoy a buscarlos. Mas tarde salimos juntas?’
    ‘No lo se, mama.’ Babi se sonroja ligeramente.
    ‘Como quieras, no te preocupes.’
    Raffaella sonríe y sale del cuarto. Babi abre algunas gavetas. Esta feliz. De un tiempo acá esta bien con su madre. Que extraño. Solo hace seis meses atrás peleaban siempre. Se acuerda del final del proceso penal, cuando salio del tribunal y su madre la alcanzo afuera corriendo.
    ‘Pero estas loca, porque no dijiste como fueron de verdad las cosas? Porque no dijiste que ese delincuente golpeo a Accado sin razón?’
    ‘Para mi las cosas fueron como yo dije. Step es inocente. No tiene que ver. Que saben ustedes que paso? Que sintió ese momento. Ustedes no saben justificar, no saben perdonar. La única cosa que están en grado de hacer es juzgar. Deciden la vida de sus hijos sobre sus deseos, sobre lo que ustedes piensan. Sin saber siquiera que pensamos. Para ustedes la vida es como jugar cartas, todo eso que no conocen es una carta incomoda que no quisieran haber pescado. No saben que hacer, les molesta tenerla entre las manos. Pero no se preguntan porque uno es violento, porque uno es drogadicto, que les importa, si no es su hijo, no les preocupa. Pero esta vez te interesa mama, esta vez tu hija esta con uno que tiene problemas, que no piensa solo en tener el GTI 16 válvulas, el Daytona o ir a Sardegna. Es violento, es cierto, pero quizás lo es porque no sabe explicar tantas cosas, porque le han dicho tantas mentiras, porque ese es su único modo de reaccionar.’
    ‘Pero que dices? Son todas idioteces… y que no piensas? Como quedaste? Eres una mentirosa. Mentiste frente a todos.’
    ‘A mi no me importa nada tus amigos, lo que piensan, como me juzgan. Dices siempre que es gente que lo lograron. Pero que lograron? Que han hecho? Solo dinero. No hablan con los hijos. No les importa en realidad lo que hacen, de cuanto sufren. Nosotros, no les importamos un coño.’
    Raffaella le da una cachetada en plena cara. Babi se pasa la mano por la mejilla, después sonríe.
    ‘Lo hice a propósito, que crees? Ahora que me diste una cachetada tú conciencia esta limpia. Ahora puedes regresar a hablar con tus amigas y sentarte en la mesa de juego. Tu hija fue educada bien. Entendió que es bueno y que no… entendió que tiene que decir palabrotas y que se debe comportar bien. Pero no ves que eres ridícula, que das risa? Me mandas a la misa los domingos pero si escucho mucho el evangelio entonces no, no esta bien. Si amo mucho a mis prójimos, si traigo a casa a uno que no se alza cuando entras o que no sabe estar en la mesa, entonces no te gusta. Deberían inventar iglesias para ustedes, un evangelio, donde no todos resucitan, solo esos que no comen en cualquier lado, que no firman poniendo primero el apellido, esos que sabes de quien son hijos, esos que son bronceados y bellos, que visten como ustedes dicen. Son bufones.’
    Babi se va. Raffaella se queda mirándola hasta que la ve montarse en la moto de Step y alejarse con el.
    Cuanto tiempo ha pasado. Cuantas cosas han cambiado. Suspira, abriendo el segundo gabinete.
    Pobre mama, cuantas cosas la hice pasar. En el fondo ella tenía razón. Lo entendí solamente ahora. Pero hay cosas más importantes en la vida. Continúa a acomodar su ropa. Pero de esas cosas tan importantes no le viene a la mente ni una, quizás porque no quiere pensar más, porque es más cómodo así. Quizás porque en realidad no hay tantas. Es un arrepentimiento o un sostén con el cual el se rió.
    ‘Que sexy estas esta noche.’ Uno tras otro llegan, implacables, malintencionados y tristes, lejanos. Los recuerdos. La fiesta de sus dieciocho años en Ansedonia. A las diez de la noche, repentinamente un sonido de moto. Todos los invitados se asomaron a la terraza. Finalmente algo de que hablar. Llegaron Step, Pollo y sus amigos. Bajan de las motos y entran en la fiesta riendo, seguros y arrogantes, mirando alrededor, los amigos buscando alguna chica bella, el buscándola a ella.
    Babi corre a su encuentro, perdiéndose entre sus brazos, con un dulce ‘felicidadades tesoro’ y un beso en la boca apasionado.
    ‘Dale, están mis padres aquí…’
    ‘Lo se, por eso lo hice! Ven, vente conmigo…’
    Después de la torta con las velas y el Rolex que sus padres le regalaron, se escapan. Se deja secuestrar por sus ojos alegres, de sus propuestas divertidas, de su moto veloz. Fuera, van por la bajada, hace el mar nocturno, con el perfume de las olas, lejos de inútiles invitados, de la mirada molesta de Raffaella, del desagrado de Claudio que quisiera bailar el vals con su hija como lo hacen todos los padres.
    Pero ella no esta mas, ella esta lejos. Pequeña mayor de edad, se pierde bailando entre sus besos, sobre notas de suaves ondas saladas, por una romántica luna, por su joven amor.
    ‘Toma, esto es para ti.’ Sobre el cuello resplandece un collar de oro de piedras turquesas como sus ojos felices. Babi le sonríe y el besándola logra convencerla. ‘Te juro que no la he robado.’
    Y la noche de la prueba de aptitud. Que risa esa vez, en casa hasta tarde para repasar. Hipótesis continuas, sopladas clandestinas. Todos creen saber el titulo del tema. Se llaman seguros, todos creen haber descubierto el justo.
    ‘Es el numero cincuenta de la televisión, fue descubierta una escritura del Manzoni, es acerca de la revolución francesa, de seguro.’
    Algunos dicen que lo saben de Australia donde salio el día antes, otros de un amigo profesor, de uno en la comisión, alguno dice que lo saco por un médium. Cuando al día siguiente el futuro se volvió presente, se descubre que ese profesor no era tan amigo, que el médium era una estafa y que Australia es una tierra muy lejana para confiarse.
    Después cuando salieron las notas, esa gran sorpresa.
    Babi saco cien. Corre hacia Step feliz, entusiasmada por el resultado. El se ha reído, bromeando con ella.
    ‘Que aptitud tienes…!!’
    La ha desnudado riendo, echándole broma, pareciera que lo hubiera sabido, como si esperara que ella sacara esa nota. Han hecho el amor. Después ella se venga riendo.
    ‘Te habrías imaginado? Tu aquí, un simple setenta que tiene el honor de besar un honorífico cien… pero te das cuenta de la suerte que tienes?’
    El le ha sonreído. ‘Si, me doy cuenta.’ Y la ha abrazado en silencio.
    Cualquier tiempo después, Babi fue a buscar a la Giacci. En el fondo, después de sus discusiones, la profesora pareciera haberle tenido simpatía. La comenzó a tratar bien, con delicadeza, con demasiado respeto. Ese día, cuando fue a su casa, descubrió porque.
    Ese respeto era solo miedo. Miedo de estar sola, de no tener más su amigo y compañero. Miedo de no volver a ver a su perro, miedo de la soledad. Babi se quedo sin palabras. Escucho la furia de la profesora, su rabia, sus palabras malas. La Giacci estaba ahí frente a ella, de nuevo con su Pepito entre los brazos. Esa mujer anciana parecía aun más cansada, más ácida, mas desilusionada de ese mundo, de los jóvenes. Babi huyo disculpándose, sin saber que decir, sin sabe mas quien es, a quien tiene cerca, cual seria su nota, la verdadera, la que merecía.
    Babi va a la ventana y mira afuera. Algunos árboles de navidad se prenden y apagan sobre las terrazas de las casas, en las salas elegantes del edificio de enfrente. Es navidad. Hay que ser buenos. Quizás debería llamarlo. Cuantas veces, sin embargo, fui buena. Cuantas veces lo perdone. Incluyendo lo de la Giacci. Se recuerda de las miles discusiones que tuvieron, su modo diferente de ver las cosas, las peleas, el dulce hacer las paces esperando que todo pudiera mejorar. Pero nunca fue así. Discusión tras discusión, día tras día, con sus padres que le hacían la guerra, llamadas escondidas, timbrazos nocturnos. Su madre que responde, Step que ataca. Y su celular en la casa no servia… y ella castigada, cada vez mas a seguido.
    Aquella vez que Raffaella había organizado una cena en su casa, obligándola a quedarse. Había invitado mucha gente refinada, el hijo de un amigo de ellos muy rico. Un buen partido, le habían dicho. Después llego Step. Daniela abrió sin pensarlo, sin preguntar quien era. Step le lanzo la puerta golpeándole la cabeza.
    ‘Lo siento Dani, sabes que no es contigo, lo sabes!’
    Agarro a Babi por un brazo y se la llevo fuera de ahí entre los inútiles gritos de Raffaella y el intento del buen partido de detenerlo. Ese tipo se encontró en el suelo con el labio golpeado y sangrante. Ella se durmió entre los brazos de Step, llorando.
    ‘Como todo se volvió difícil. Quisiera estar lejos de aquí contigo, sin mas problemas, sin mis padres, sin este desorden, en un lugar tranquilo, fuera del tiempo.’
    El le sonrió.
    ‘No te preocupes. Yo se adonde ir, nadie nos fastidiara. Hemos ido bastante, solo hay que querer.’
    Babi lo mira con los ojos llenos de esperanza.
    ‘Donde?’
    ‘Tres metros sobre el cielo, donde viven los enamorados.’
    Pero el día después regreso a su casa y de ahí ha comenzado o quizás ha terminado todo.
    Babi se inscribió en la universidad, comienza a ver economía y comercio, pasa las tardes estudiando. Comienza a verlo cada vez menos seguido ahora. Una tarde con el. Fueron a Giovanni a tomar un jugo. Están hablando fuera del bar cuando de repente llegan dos tipos tremendos. Step no le da tiempo de reaccionar. Le están rápido encima. Comienzan a agarrarlo a cabezazos teniéndolo abrazado entre ellos, golpeándolo con la cabeza por turnos, en una tremenda pelea sangrante. Babi ha comenzado a gritar. Step al final logra liberarse. Los dos han huido sobre una Vespa perdiéndose en el tráfico. Step se quedo en el suelo, atontado. Después, ayudado por ella, se alzo de nuevo. Con servilletas logro parar la sangre que le bajaba por la nariz. Más tarde la acompaño a la casa, en silencio, sin saber bien que decir. Ha hablado de una riña de tanto tiempo atrás, cuando aun no estaban juntos. Ella le creyó, o quizás ha querido hacerlo. Cuando Raffaella la vio entrar a la casa con la camiseta llena de sangre, le dio un susto.
    ‘Que te paso? Babi estas herida? Que te sucedió? Es culpa de ese delincuente verdad? No entiendes que terminaras mas?’
    Ella fue a su cuarto, se cambio en silencio. Después se quedo ahí, sola, echada sobre la cama. Entendió que algo no iba bien. Algo debería cambiar. No seria así de fácil, no como quitarse una camiseta y botarla entre la ropa sucia. Cualquier día después vio a Step. Tiene otro corte en la cara. Le pusieron puntos en la ceja.
    ‘Pero que te paso?’
    ‘Bueno, para no despertar a Paolo entre a la casa y no prendí la luz del corredor. Me golpee contra un mueble. No sabes que mal, una cosa bestial.’
    Justo como esa que ha hecho. La verdad la supo de Pallina por casualidad, hablando por teléfono. Fueron a buscar a los tipos, con palos y cadenas, guiados por Step. Una riña gigantesca, una verdadera venganza. Salio hasta una noticia en el periódico. Babi tranco. Es inútil discutir con Step, siempre hará como quiere, a su modo. Tiene la cabeza dura. Le ha dicho miles de veces que ella odia la violencia, los puños, los golpeadores.
    Acomoda los escaparates, tira abajo algunos cuadernos botándolos por el suelo, sin interés. Cuadernos de años pasados, apuntes del liceo, viejos libros.
    ‘Que hacemos esta noche? Vamos a las carreras de moto? Anda, van todos.’
    ‘Estas bromeando espero, no pasara! Yo en ese lugar no vuelvo a poner un pie. Quizás encuentro a esa loca rabiosa y me toca caerle a golpes de nuevo. Tenemos una reunión, si quieres venir.’
    Step se puso una chaqueta azul y se quedo todo el tiempo sentado sobre un sofá mirando alrededor, tratando de conseguir algo de divertido en eso que escuchaba, sin lograrlo. El siempre odio esa gente. Ha entrado a estas fiestas, ha arruinado todo, si divirtió bastante con los otros robando en los cuartos, a lanzar al suelo las cosas. Los otros. Quien sabe donde estarán en este momento. En la Serra, corriendo a ciento cuarenta, sobre la moto con los amigos que los animan, con Siga que agarra las apuestas, con las groupies, Ciccio y todos los otros. Que genial esa fiesta. Encuentra la mirada de Babi. Le sonríe. Ella esta molesta, sabe muy bien lo que el esta pensando.
    Babi trata de agarrar aquel libro más alto que el resto.
    Después lo recuerda como si fuera en ese momento.
    El intercomunicador suena alocado. La dueña de la casa atraviesa la sala corriendo, la puerta que se abre y Pallina ahí, pálida, agitada y se echa a llorar.
    Es una noche terrible. Deja de pensarlo. Comienza a recoger los libros que lanzo al suelo. Agarra otros poniéndolos sobre la mesa y cuando se inclina de nuevo, la ve. Esta ahí, clara y seca, amarilla. Arruinada, sobre la alfombra oscura, carente de la vida que tenia hace tanto tiempo.
    La pequeña espiga que metió en su diario la primera vez que huyo de la escuela con Step. Esa mañana con el viento que anunciaba el verano, esos besos que sabían a piel perfumada por el sol. Su primer amor. Se recuerda cuando estaba convencida que nunca podría existir algún otro. La recoge. La espiga se rompe entre sus dedos, como viejos pensamientos, como ligeros sueños y débiles promesas.

    Step mira la cafetera sobre la hornilla. El café todavía no esta listo. Sube un poco la llama. Cerca todavía queda un poco de cenizas y un último pedazo de hoja amarillenta. Sus amados diseños, las caricaturas de Andrea Pazienza. Son los originales. Los ha robado en la redacción de un nuevo periódico, ‘Zut’, cuando Andrea estaba aun vivo y colaboraba con ellos. Una noche rompió el vidrio de la ventana con el codo y entro desde arriba. Fue fácil, agarro solo los diseños del mítico Paz y después se fue veloz por la puerta, desapareciendo en la noche, feliz, con los dibujos de su ídolo entre las manos. Poco tiempo después Andrea muere.
    Es junio. Una fotografía suya en un periódico. Alrededor de Andrea esta toda la noticia. Esa foto debe haber sido hecha días después de su hurto. Step recoge entre las rejillas de las hornillas ese pedazo de papel. Que caricatura era? Debe ser esa con la cara de Zanardi. Ahora no importa más. Las quedo todas esa noche después de la llamada. Se quedo ahí viendo los colores quemarse, las caras de sus héroes desaparecer abrazados por las llamas, las frases graciosas de poetas desconocidos desvanecer en humo. Después entro su hermano.
    ‘Pero que haces? Eres cretino? Mira estas quemando el tope de la cocina…’
    Paolo ha tratado de apagar esa llama muy alta pero el lo paro.
    ‘Step pero te da vueltas el cerebro? Después la tengo que pagar yo, no? Estas estupideces hazlas afuera.’
    Step no supo nada más. Lo batió contra el muro, cerca de la ventana. Paolo perdió sus lentes. Volaron lejos, al suelo, rompiéndose. Después Step se calmo. Lo dejo ir. Paolo recogió sus lentes rotos y salio en silencio, sin decir nada. Step se puso peor. Escucho cerrarse la puerta de la casa. Se quedo ahí, mirando sus dibujos que se quemaban, arruinando el tope de la cocina, sufriendo como nunca había sufrido. Solo como nunca lo había estado. Le viene a la mente Battisti. ‘Agarrar a puños a un hombre solo porque fue descortés, sabiendo que lo que duele no son las ofensas.’ Es cierto, tiene razón. Y a el le duele mucho mas. Ese hombre es su hermano. El café esta listo de repente, burbujeando, como si también tuviera algo que decir. Step lo echa en una taza y se lo toma. En su boca se queda un sabor caliente y amargo, el mismo sabor de los recuerdos abandonados en su corazón.
    Septiembre. Los padres de Babi le compraron un ticket para Londres. Se pusieron de acuerdo con la madre de Pallina. Quieren alejarlas de esas nuevas malas amistades. Solo basto poco. Un plan bien pensado. Una cita con un amigo que trabaja para el estado. Pasaportes nuevos. En ese avión para Inglaterra salen dos, pero los tickets, cambiados pocos días antes, tienen nombres diferentes. Pollo y Pallina.
    Son quince días inolvidables para todos. Para los padres de Babi, ilusionados y contentos, finalmente tranquilos. Para Pollo y Pallina, de paseo en Londres, en los pubs y discos, mandándoles a todos postales compradas en Roma, postales inglesas, ya firmadas por Babi. Mientras que Step y ella, lejos de todos, en esa isla griega, Astipaleia. Un viaje épico. Abrazados bajo las estrellas, echados sobre un puente, sobre coloridos sacos, cantando con gente extranjera canciones ingleses, mejorando así su pronunciación, no de la misma forma como hubiesen querido sus padres. Después los molinos blancos, las rocas, una pequeña casa sobre el mar. Pescar al alba, dormir la tarde, salir de noche, pasear en la playa. Dueños del lugar, del tiempo, solos, contando las estrellas, olvidando los días, telefoneando mentiras.
    Step saborea el café. Parece aun mas amargo. Comienza a reír. Esa vez que Babi invito a todos los amigos de el a cenar. Un intento de socializar. Se sentaron en la mesa y se comportaron bien justo como Step les pidió tanto. Después no resistieron más. Uno tras otro se levantaron, adueñándose de los platos, llevándose las cervezas y todo hacia la sala. Nunca invites los miércoles. Mucho menos si están jugando las copas de fútbol. Naturalmente termino de forma trágica. La Roma perdió, alguno que apoyaba al rival, la Lazio, ha comenzado a echar broma y fue el comienzo de una riña. Step ha tenido que sacarlos a todos. Divergencias, diferencias, dificultades. Ha tratado de superarlas. Fiesta enmascarada. Se disfrazaron de Tony y Jerry y justo a esa fiesta llegaron Pollo y los demás. Un simple caso del destino cruel? O más simplemente un chisme de Pallina? Todos hicieron como si no lo conocieran.
    Saludaron a Babi, ese pequeño Jerry de ojos azules y han ignorado a Tom, riendo cada vez que pasaba ese gato de músculos hinchados.
    El día después, en la plaza, Pollo, Schello, Hook y algún otro se le acercaron con aire grave.
    ‘Step, te debemos decir algo. Sabes, ayer fuimos a una fiesta y estaba Babi.’
    Step los miro fingiendo como si nada.
    ‘Entonces?’
    ‘Bueno, entonces, estaba disfrazada de rata y había un gato que la atacaba… como un puerco. Parecía uno fuerte, uno que golpea duro. Si quieres una mano para controlarlo, dilo. Sabes, hay un problema. Hay algunos gatos que tienen ciertas…’
    Pollo no tiene tiempo de terminar la frase. Step le salta encima, bloqueandole la cabeza debajo del brazo, friccionando la nuca con su puño duro. Entre las risas de los otros, las risas de Pollo, sus risas. Que amigos! De repente se siente triste.
    Esa noche. Porque fue a esa fiesta, porque fue, en ve de ir a las carreras? Babi insistió tanto. Cuantas cosas hizo por ella. Quizás no hubiera sucedido. Quizás.
    El intercomunicador suena alocado. La dueña de la casa atraviesa la sala corriendo, la puerta se abre. Pallina pálida, temblante aparece en la puerta. Sus ojos tristes, llenos de lágrimas, de sufrimiento. Step se le acerca. Ella lo mira conteniendo ese primer sollozo.
    ‘Pollo esta muerto.’ Entonces lo abraza buscando en el eso que no puede conseguir más en ninguna parte. Su amigo, su novio, esa risa fuerte y llena. Fueron corriendo a la Serra con Babi, con la Y10 que hace poco le habían regalado los padres. Los tres juntos, en ese carro, con ese sabor nuevo que se tiñe de sufrimiento y silencio. Después lo vio. Luces brillantes alrededor a ese único punto. La moto de su amigo. Uniformes odiados y carros de la policía alrededor de Pollo, tirado ahí en el suelo, sin la fuerza de reír, de bromear, de echarle broma, de decir tonterías. Alguno mide algo extendiendo un metro. Algún otro chico mira. Pero ninguno puede ver o medir todo eso que se fue. Step se dobla encima de el en silencio, acaricia la cara del amigo. Ese gesto de amor que nunca hicieron en años de amistad, que nunca se permitieron. Después susurra llorando: ‘Me harás falta’. Y solo Dios sabe que tan sincero fue.
    El café se termino. De repente le vienen ganas de escucharlo leer las últimas noticias del ‘Corriere dello Sport’, de ese tipo que aterroriza a Maria, que entra en la casa despertándolo cada mañana, que atraviesa su visa haciendo bochinche, riendo. Después se pregunta hace cuanto no come un sándwich de salmón. Pero extrañamente en ese momento no tiene ganas. Quizás porque, si quisiera un sándwich, lo podría tener.

    Babi mira el regalo que compro para Pallina. Esta ahí, en la mesa, envuelto con papel rojo y un lazo dorado. Lo eligio con cuidado, le gustaría bastante, pago mucho por el. De igual forma esta ahí. No la ha llamado, no se han comunicado. Cuantas cosas han cambiado con Pallina. No es más la misma, no se visitan, no logran hablar. Quizás porque después del liceo han tomado dos vías diferentes. Ella economía y comercio, Pallina un instituto de gráficos. Siempre ha amado dibujar. Le vienen a la mente todos los papeles que le ha mandado durante las horas de clase. Caricaturas, frases felices, comentarios, caras de amigas. Adivina, quien es esta? Era tan buena que a Babi tardaba poquísimo tiempo en adivinar. Miraba el dibujo, alzaba la cabeza y ahí la veía. Esa compañera del mentón grande, de las orejas un poco alargadas, de la sonrisa excesiva. Y reían desde lejos, simples compañeras, grandes amigas. Cada pretexto era bueno para dejarse regañar, casi orgullosas de esa alegría, es esas sonrisas no muy bien escondidas.
    Después de esa noche, y los días siguientes y el mes sucesivo. Silencios prologados, llantos. Pollo no esta más y ella no sabe conseguir la razón. Hasta que ese día fue llamada por la madre de Pallina. Corrió veloz hasta su casa. La consiguió ahí, echada en la cama, arruinada. Se tomo media botella de whisky y tomo un bocado de pastillas. El suicidio de los pobres, así Babi le dijo cuando la vio en grado de entender. Pallina se echo a reír y después a llorar entre sus brazos. La madre las dejo solas, sin saber bien que hacer. Babi le acaricia la cabeza.
    ‘Anda Pallina, no hagas así, todos pasamos momentos terribles, todos pensamos al menos una vez de terminar con todo, que no vale la pena vivir. Pero te olvidas de los cornettos de Mondi, la pizza de Baffetto, los helados de Giovanni?’ Pallina sonríe, se seca las lágrimas con la muñeca, respirando profundo.
    ‘Yo también, hace tanto tiempo, cuando termine con ese estupido de Marco pensé que moriría, que no podía mas, que no había otra razón valida para vivir. Pero me recupere, tu me ayudaste, me sacaste a pasear, encontré a Step. Claro, ahora quisiera golpearlo a el y su modo de ser, pero es mejor no?’
    Se echan a reír. Pallina sollozando aun. Babi le da un pañuelo para secarse. Pero desde ese día algo comenzó a cambiar. Se llamaban cada vez menos y aquellas veces no han tenido tampoco muchas cosas que decirse.
    Quizás porque dejarse ver muy débil por un amigo después te hace sentirte en dificultad. Quizás porque pensamos siempre que nuestro dolor es único, personal, como todo eso que lo resguarda.
    Nadie puede amar como amamos nosotros, nadie sufre como sufrimos nosotros. Ese dolor de barriga, justamente, ‘lo tengo yo, no tu.’ Quizás Pallina nunca le había perdonado de ir a la fiesta con Step. Step, que si esa noche hubiese estado en las carreras, no le hubiera permitido a Pollo competir, Step que lo habría salvado, que no le hubiera permitido morir, Step que era su ángel de la guarda. Babi mira el regalo. Quizás hay otras razones, mas escondidas, más difíciles de entender. La debería llamar. En navidad todos son más buenos.
    ‘Babi!’ Es la voz de Raffaella. Llamaría a Pallina mas tarde.
    ‘Si, mama?’
    ‘Puedes venir un momento… ve quien esta?’
    Alfredo esta ahí, parado en la puerta.
    ‘Hola.’
    Babi se pone ligeramente roja. En eso no ha cambiado. Mientras va a saludar se da cuenta ella también. Quizás, en esto, nunca cambiaria. Alfredo trata de sacarle conversación.
    ‘Hace calor aquí adentro.’
    ‘Si.’ Dice Babi sonriendo.
    La madre los deja solos.
    ‘Quieres ir a ver la muestra de los pesebres en la plaza del Popolo?’
    ‘Si, espera que me ponga algo. Aquí hace calor, pero afuera debe ser frío…’
    Se sonríen. El le aprieta la mano. Ella lo mira cómplice. Después va hacia allá. Que extraño, viven desde hace tantos años en ese mismo complejo y no se habían conocido antes.
    ‘Sabes, yo he estudiado mucho este tiempo, preparando mi tesis, y bueno terminamos mi novia y yo.’
    ‘Yo también.’
    ‘También estas preparando la tesis?’ le sonríe el.
    ‘No, termine con mi novio.’
    En realidad Step todavía no lo sabia, pero ella lo había decidido. Una decisión difícil, llena de peleas, de discusiones, de problemas con sus padres y, en el fondo, porque no?, también de Alfredo.
    Babi se mete la chaqueta. Atraviesa el corredor. Justo en ese momento suena el teléfono. Babi se queda un momento viéndolo. Un timbre, dos. Raffaella va a responder.
    ‘Si?’
    Babi se queda cerca, la mira curiosa, preocupada, preguntándole con la mirada si es para ella. Raffaella niega dulcemente con la cabeza, cobre el teléfono con la mano.
    ‘Es para mi… anda. Anda…’
    Babi se despide tranquila, palabras frágiles como su beso.
    ‘Yo regreso mas tarde.’
    Raffaella la mira salir, con una sonrisa cambia el saludo educado de Alfredo. La puerta se cierra.
    ‘Alo? No, lo siento, Babi salio. No, no se cuando regresa.’
    Babi cuelga el teléfono. Se pregunta si salio de verdad. Si le habría dicho. Solo en ese sofá, recordando, cerca de un teléfono mudo, sin esperanza. Días felices pasados, sonrisas, días de amor y de sol. Lentamente la imagina mas cercana a el, entre sus brazos, justo en ese sofá, así como esta.
    Ilusiones de un momento, violentos segundos de pasión. Después se siente aun mas solo, vaciado también de orgullo. Mas tarde, caminando entre la gente, mira carros de parejas felices, en el trafico festivo, con los asientos llenos de cosas. Sonríe. Es difícil manejar cuando ella se abraza a ti, cuando quieres meter por fuerza las velocidades y no es capaz, cuando tienes una sola mano para girar el volante y, al mismo tiempo, para amar.
    Continua a caminar entre falsos Santa Claus y olores de castañas asadas, entre policías pitando y gente con paquetes, buscando sus cabellos, su perfume, la confunde con otra que camina veloz y esta obligado a calmar a su corazón desilusionado.
    En Vigna Stelluti, un día lleno de risas. Step la carga como a una niña, besándola frente a los ojos de todos, admirados por esa diversidad. Después entra en Euclide, la apoya delicadamente en la barra y la gente mirándola lo escucha ordenar: ‘Un pastel de crema para mi pequeña.’ Poco después de nuevo afuera, en la calle, ella en los brazos de el, entre la gente normal, diferente. Una pareja los mira. La chica sonríe a si misma deseando a alguien así, exagerado y loco. Después piensa en su débil novio, en la dieta que no ha iniciado, que comenzara el lunes.
    Los padres de Babi, viéndola en los brazos de Step, le corren a su encuentro preocupados.
    ‘Que te paso? Te caíste de la moto? Te lastimaste?’
    ‘No mama, estoy muy bien.’ Así la ven alejarse, preguntándose un porque. Personas que siempre buscan razones, ese día regresan a casa con las manos vacías.
    Alguno le tropieza, ni se da cuenta que es una bella chica. Donde sea ve recuerdos. Las camisas iguales que se compraron, el un extralargo, ella una tierna mediana.
    Verano. El concurso de la miss en el Argentario. Babi ha participado por bromear, el ha tomado muy en serio un comentario sincero de uno. ‘Oh, mira a ella, que culo mas espectacular.’ Y rápido inicio una riña.
    Sonríe. Fue botado de la discoteca, no pudo verla ganar. Cuantas veces hizo el amor con Miss Argentarios. De noche en Villa Glori, debajo de la cruz a los caídos, sobre ese banco escondido detrás de un arbusto, sobre la ciudad. Sus suspiros besados por la luna. En el carro, esa vez que la policía ha interrumpido sus besos furtivos y ella molestada ha dado sus documentos. Step se despidió de los policías, una vez que estaban lejos, con un divertido ‘Envidiosos!’.
    Recuerda esa red llena de huecos. Ayudarla a subir de noche, abrazarla cerca, amarse miedosos sobre ese banco, entre rugidos de bestias feroces y gritos de pájaros escondidos. Ellos, tan libres en ese zoológico lleno de prisioneros.
    Se dice que cuando mueres ves en un segundo pasar frente a ti los momentos mas significativos de tu vida. Ahora Step trata de alejar todos esos recuerdos, esos pensamientos, ese dulce sufrimiento. Pero de repente entiende. Es todo inútil. Todo termino.
    Continúa a caminar por un poco. Se encuentra casi por casualidad en la moto. Decide ir a casa de Schello. Sus amigos están todos ahí para festejar la navidad.
    Sus amigos. Cuando la puerta se abre tiene una extraña sensación.
    ‘Hey! Hola Step! Hace una vida que no te veía. Feliz navidad. Estamos jugando cartas. Quieres jugar?’
    ‘No, prefiero ver. Tienes cerveza?’
    El Siciliano le pasa una ya abierta.
    Se sonríen. Ya se volvió agua. Toma un trago. Después se sienta en un escalón. La televisión esta prendida. En un programa navideño, los concursantes con ropas coloridas juegan a un estupido juego. Un presentador aun mas estupido se tarda mucho explicando lo que sucederá. Pierde interés. De un stereo escondido en alguna parte llega la música. La cerveza esta fría y lo calienta rápido. Sus amigos están todos vestidos bien, o esos tratan. Chaquetas azules un poco largas sobre un par de jeans.
    Esta es su elegancia. Alguno usa un traje, otro un par de pantalones un poco estrechos. De repente recuerda el funeral de Pollo. Estaban todos ellos y muchos mas. Vestidos mejor, con un aire más serio. Ahora ríen, bromean, se lanzan cosas y cartas, comiendo gruesos pedazos de dulces. Aquel día todos tenían lágrimas en los ojos. Un adiós a un amigo verdadero, un adiós sincero, conmovido, del lo mas profundo del corazón. Los recuerda en esa iglesia, con los músculos sufriendo, en camisas muy estrechas, con caras serias, siguiendo lo que predicaba el padre, saliendo en silencio. En el fondo, chicas escapadas de la escuela llorando.
    Amigas de Pallina, compañeras de veladas, de salidas nocturnas, de cervezas en el bar. Ese día todos sufrieron de verdad. Cada lágrima fue sincera. Escondidas detrás de Ray-Ban, Web, lentes normales u oscuros Persol, sus miradas se volvieron lucidas mirando ese ‘Adios Pollo’ hecho de crisantemas rosadas. Firmado ‘Los amigos.’ Dios como me hace falta. Su mirada se vuelve lucida por un momento. Encuentra una sonrisa. Es Madda. Esta en una esquina abrazada con un tipo que Step ha visto a seguido en el gimnasio.
    Le sonríe después mira a otro lugar.
    Step bebe otro poco de cerveza. Le hace mucha falta Pollo.
    Aquella vez frente al Gilda cuando estaban pretendiendo ser los valet, consiguieron un Ferrari con teléfono. Dieron vueltas toda la noche, llamando a todos, a amigos en America, a mujeres apenas conocidas, insultando a padres todavía somnolientos. Y Aquella ve cuando fueron a regresarle el perro a la Giacci. Y Pollo que no quería devolverlo.
    ‘Pero me acerque mucho a Arnold. Este perro es genial. Porque se lo debo dar a esa vieja mala? Estoy seguro que, si pudiese elegir, Arnold se quedaría conmigo. Coño, no se había divertido tanto así en su vida, lo hacia cavar todos los días, dormir conmigo, come fabuloso, que mas puede querer?’
    ‘Si, pero nunca lo enseñaste a regresar las cosas…’
    ‘Me bastaba otra semana y lo lograba, estoy seguro.’
    Step ríe, después llamaron por el intercomunicador a la Giacci. Le dejaron el perro amarrado al portón con la correa en el cuello. Se escondieron cerca, detrás de un carro. Vieron a la Giacci bajar corriendo por el portón, liberar el perro y abrazarlos. Se pone a llorar apretándolo contra el pecho. Después, lo increíble.
    La Giacci le quita le quita al perro la corra y lo lanza lejos. Arnold salta al suelo, corre veloz, ladrando como un loco. Poco después regresa con la Giacci con la cuerda en la boca, meneando la cola, orgulloso de su labor perfecta. Pollo no aguanta mas. Salta fuera del carro gritando de alegría: ‘Lo sabia! Coño lo sabia! Lo lograría!’
    Pollo quiere tener de nuevo a Arnold. La Giacci grita como una loca corriendo hacia ellos, el perro continua a mirar sus dos extraños dueños. Step carga al amigo a la moto, halándolo por un brazo. Y después corren, huyendo veloces, gritando como miles otras veces. De día, se noche sin pensar, gritando hasta perder el aliento, dueños de todo, dueños de la vida. Y esta consideración le hace aun mas daño. Se sentían inmortales, y no lo eran.
    ‘Como estas?’
    Step se voltea. Es Madda. Su sonrisa escondida por el borde de un vaso lleno de burbujas vacías, sus cabellos eléctricos como su mirada.
    ‘Quieres?’ Step alza su cerveza.
    ‘Ah.’ Madda esta desilusionada pero trata de esconderlo. ‘Que haces esta noche? Donde cenas?’ Se le acerca mas.
    ‘Todavía no se, no he decidido.’
    ‘Porque no te quedas aquí? Estamos todos juntos. Como en los viejos tiempos, anda!’
    Step la mira por un momento. Cuantas noches, cuanta pasión. Las carreras junto a ella, su jardín, la ventana, su cuerpo calido, fresco, las canciones de Eros. Esa mirada provocativa, lo mismo que ese momento. Step la mira por otro segundo. Ve un chico en el fondo que lo mira curioso, molesto, preguntándose si debería intervenir. Ve una chica aun mas lejano, en cualquier parte, en esa ciudad, en un carro, en una fiesta, cerca de algún otro. Se pregunta como es posible. Quizás todo esta aquí en mi corazón. Step pasa las manos por el cabello de Madda. Niega con la cabeza sonriéndole.
    Ella alza los hombros.
    ‘Que malo.’
    Madda regresa con el tipo de la mirada dura. Cuando se voltea, Step no esta mas. Sobre el escalón esta solo la lata de cerveza vacía. El sonido del stereo cubre la puerta que se cierra. Fuera ahora hace frío. Step cierra bien la chaqueta de piel. Se sube el cuello de la chaqueta para cubrirse. Después casi si quererlo prende la moto. Cuando la apaga esta debajo del complejo de Babi. Se queda ahí sentado sobre la Honda, mirando a la gente que pasa, rápida, llena de regalos. Un chico y una chico agarrados de la mano fingen interés por algo detrás de una vitrina. Sus regales están seguramente en casa, ya envueltos. Ríen seguros de haber elegido bien y se van dejándole el puesto a una madre con su hija, misma nariz pero diferente edad. Fiore sale de la caseta, da algunos pases frente al portón y saluda a Step con la mano. Después sin decir nada regresar al calor. Step se pregunta si sabrá. Que tonto. Los porteros saben siempre todo. La habrá visto de seguro. Conocerá por persona eso que yo supe por teléfono.
    ‘Alo?’
    ‘Hola.’
    Se queda un momento en silencio, sin saber que decir, dejando libre su corazón desenfrenado. Desde hace dos meses que no late así. Después la pregunta mas predecible: ‘Como estas?’
    Después miles otras, llenas de entusiasmo. Lentamente perderlo todo, en sus palabras inútiles, llenas de noticias citadinas, de novedades viejas de interés, al menos para el. Porque ha llamado? Escucha su inútil hablar haciéndose cada momento esa pregunta. Porque ha llamado? Después repentinamente lo sabe.
    ‘Step… esto saliendo con otro.’
    Se queda en silencio, golpeando como nunca lo ha sido en su vida, mas de mil puños, heridas, caídas, cabezazos en la cara, mordidas, de mechones de cabellos suelos. Entonces haciendo fuerzas busca su voz, la consigue ahí, en el fondo del corazón y la obliga a venir fuera, a controlarse.
    ‘Espero que seas feliz.’
    Después nada mas, el silencio. El teléfono mudo. No puede ser. Es una pesadilla. Quiere correr atrás en el tiempo, y allí, poco antes de haberlo sabido, detenerse, sin tener que vivir, sin tener que seguir adelante. En un mágico, terrible equilibrio. Solo en la cama, prisionero de su mente, de hipótesis, de ideas vagas sin sentido. Caras de personas vistas, de posibles amantes aparecen y se mezclan entre ellos combinando narices, ojos, bocas, cuerpos. Se imagina ella entre los brazos de algún otro. Su cara, cerca de aquella de uno imaginario pero en realidad bien existente. Entonces la ve sonreír. Cual habrá sido su primer acercamiento, su primer beso. La imagina en casa preparándose nerviosa antes de salir, probándose ropas, combinando colores, llena de entusiasmo, de novedad. Siente el corazón de ella batir mas feliz con el sonido del intercomunicador. La ve salir del portón bella, como ha estado tantas veces para el, mas bella aun porque ahora no lo es mas. La ve subir en un carro seguramente rico, saludar a alguien divertida con un beso en la mejilla y alejarse con el, charlando. Frescos y felices, llenos de cosas fáciles de decirse, saboreando el perfume del otro y fantasías comunes. Y después una cena de miradas y atenciones, de sonrisas, educación, una cena mas bien escena. Mas tarde la ve pasear por cualquier parte de la ciudad, lejos de el, de su vida, de miles recuerdos. La ve arreglarse sus cabellos como siempre ha hecho pero ahora por otro, mira que le sonríe y lentamente sus labios se acercan. Ahora como nunca sufre. Después se pregunta. Porque si hay un Dios, lo permitió? Porque no la detuvo? Porque en ese momento no le hizo ver algo de mi, algo esplendido, el recuerdo mas bello? Alguna cosa que no pudiese darle vida a un futuro diferente, muy tarde, a ese beso ahora vivo.
    Step siente un escalofrío por todo el cuerpo, tiembla ligeramente. Después baja de la moto y se pone a pasear. Alguna cosa de un negocio le gusta. Entra a comprarla. Cuando sale, siente que muere. Un carro Thema pasa veloz frente a el. Pero no tan veloz como para que sus miradas no se crucen. En ese segundo se dicen de todo, sufren mucho, esta vez de nuevo juntos. Babi esta ahí, detrás de esa ventanilla eléctrica. Se siguen un poco mas con sus viejos recuerdos, con una nueva tristeza. Después ella desaparece dentro del complejo. Porque? Donde terminaron todas esas tardes, esas noches clandestinas cuando sus padres no estaban. Y ahora cerca de ella esta ese. Quien diablos es? Que entra en su vida? En nuestra vida? Porque? Se monta en su moto. Lo esperaría. Después le viene a la mente todo eso que siempre le ha dicho Babi.
    ‘Yo odio a los violentos, si sigues haciendo así como te parece no estaremos mas juntos, te lo juro.’
    ‘Esta bien, cambiare.’ Afirmo el.
    Pero ahora? Ahora son las cosas que cambiaron. No están juntos. No tiene que esconderse ahora. No debe ser otro. Puede ser si mismo, como y cuando quiera. Esta libre ahora. Violento y solo. De nuevo. El Thema se para frente a la barra. Espera que lentamente se alce y sale por el portón. Step prende la moto y mete primera. Baja veloz de la acera y sigue al carro. El tipo ahora esta solo y maneja veloz. Step acelera. En el stop tiene q pararse. Debajo de vía Jacini hay trafico, carros en fila. Como siempre. El Thema se para. Step sonríe, se acerca al carro. Hace por bajarse de la moto pero en ese momento entiende. Que serviría golpear su cara, ver su sangre, sentir sus gritos? Que serviría caerlo a patadas, dañarle el carro, romperle las ventanas contra su cabeza? Le regresaría nuevos días felices con ella, sus ojos enamorados, su entusiasmo? Solo lograría hacerlo dormir satisfecho esa noche. Quizás ni siquiera eso… ya le parece escuchar sus palabras.
    ‘Viste? No me equivoque sobre ti, eres un violento! Nunca cambiaras!’
    Entonces, sin mirar al carro acelera. Le pasa al lado tranquilo, libre, sobre su moto, ágil en el trafico de esos días de fiesta. Solo, sin curiosidad, sin rabia.
    Continua acelerando sintiendo el frío viento sobre la cara, el aire de la noche meterse en su chaqueta.
    Ves Babi, no es cierto lo que piensas. He cambiado. Y de paso, en navidad todos son mas buenos.

    Step entra en la casa y atraviesa la sala pero repentinamente se detiene. Del cuarto de al lado vienen sonidos, un alegre cantar. Abre la puerta de la cocina. Paolo esta ahí, de pie cerca de las hornillas y esta moviendo unas ollas.
    ‘Hey, menos mal, pensé que no regresarías mas! Estas listo para esta cena fabulosa?’
    Step se sienta en la mesa. No tiene ganas de bromear pero esta feliz. Su hermano se olvido de la cuestión de la noche anterior.
    ‘Porque estas aquí? No debías ir a comer con Manuela?’
    ‘No, prefiero estar aquí con mi hermano. Hagamos un pacto, por cierto. Aun si la cena da asco, tu deja quietos mis lentes…’ Paolo saca afuera del bolsillo de la chaqueta un par de lentes nuevos. ‘No te digo cuanto pague porque vas a decir que siempre pienso en dinero. Aunque es cierto, en navidad los comerciantes se aprovechan!’
    Paolo pone sobre la mesa cerca de Step una enorme ensalada con lechuga, queso y pedazos de hongos claros.
    ‘Y voila! Cocina francesa!’
    Step nota que se puso un delantal normal claro.
    Ese de flores que le regalo Babi esta pegado cerca del lavamanos. Se pregunta si el hermano pensó en usarlo.
    ‘Aparte de los chistes, como es que no estas donde Manuela?’
    ‘Pero que es esta noche, un interrogatorio? Es navidad, debemos ser felices, hablemos de otra cosa. Es una fea historia.’
    ‘Lo lamento.’ Step agarra un pedazo de queso grana y se lo mete en la boca.
    ‘Si, gracias. Trata de no terminarte la ensalada solo, eh? Escucha, porque no vas allá y comienzas a preparar la mesa? El mantel esta ahí debajo.’
    Step agarra el primero que ve.
    ‘No, agarra aquella roja. Esta mas limpia y es navidad. Por cierto, llamaron papa y mama… querían decirte feliz navidad. Porque no los llamas?’
    ‘He probado… sale ocupado.’ Step va a la sala.
    ‘Porque no tratas ahora?’
    Step decide no responderle.
    ‘Haz como quieras… yo te avise.’ Paolo se queda un dedo por revisar si la pasta estaba lista. El decide no insistir.
    Mas tarde, están sentados uno frente al otro. Un pequeño árbol de navidad brilla cerca. La televisión esta prendida pero sin volumen, presentadores navideños hablan de la música alegre del stereo.
    ‘Caramba, Paolo, esta buenísima esta pasta. En serio.’
    ‘Necesita un poco mas de sal.’
    ‘No, según yo esta bien así.’ En un momento regresa prisionero de los recuerdos. Babi echaba un poco mas de sal siempre en todo. El le echaba broma porque lo hacia siempre, con cada plato, aun antes de probarlo.
    ‘Pero pruébalo no, puede ser que ya este saladísimo.’
    ‘No, no entiendes, a mi me gusta echarle sal…’ Dulce testaruda. No, no entiende. No puede entender. Como paso? Como no puede ser mas? Como esta con otro? Recuerda ese carro que maneja seguro. Los imagina estando ahí, abrazados.
    De una cosa estoy seguro. No podrá amarla como la amaba yo, no podrá adorarla de ese modo, no sabrá darse cuenta de todos sus dulces movimientos, de esos pequeños de su cara. Es como si solo a el le hubiesen concedido ver, conocer el verdadero sabor de sus besos, el color real de sus ojos. Ningún hombre nunca podrá ver eso que he visto yo. El mucho menos que todos. El tan real, crudo, inútil, material. Lo imagina así, incapaz de amarla, deseoso solo de su cuerpo, incapaz de verla verdaderamente, de entenderla, de respetarla. El no se divertida con esos dulces caprichos. El no amara también su pequeña mano, sus uñas comidas, sus pies ligeramente rellenos, esas pequeñas cosas escondidas, no podrá tanto. Quizás si lo vera, que terrible sufrimiento, pero no será capaz de amarlo. No de esa forma. La tristeza se apodera de sus ojos. Paolo lo mira preocupado.
    ‘Da asco verdad? Si no quieres mas, déjala. Hay mas comida.’
    Step alza la cara hacia el hermano, mueve la cabeza tratando de sonreír.
    ‘No Pa’, esta buena, en serio.’
    ‘Quieres hablar?’
    ‘No, es una fea historia.’
    ‘Peor que la mía?’ Step asiente. Se sonríen. Una mirada fraternal en el verdadero sentido de la palabra, quizás sea la primera vez. Después de repente, el timbre de la puerta. Un sonido largo y decidido rompe el aire, llevando consigo alegría y esperanza. Step corre hacia la puerta, la abre.
    ‘Hola Step.’
    ‘Ah, Hola Pallina.’ Trata de esconder su desilusión.
    ‘Ven, quieres entrar?’
    ‘No gracias, solo pase a decirte feliz navidad. Te traje esto.’ Le da un pequeño paquete.
    ‘Lo abro ahora?’
    Pallina asienta. Step le da vueltas buscando el lado justo, lo abre veloz. Un marco de madera y adentro el regalo mas bello que alguna vez hubiera pedido. El y Pollo en la moto, abrazados, con los cabellos cortos, las piernas alzadas, la risa al viento. Algo le duele adentro.
    ‘Pallina, es bellísima. Gracias.’
    ‘Step, no sabes cuanto me hace falta.’
    ‘A mi también.’ Solo ahora se da cuenta como esta vestida Pallina. Cuantas veces vio esa chaqueta de jeans detrás de su moto, cuantos golpes le ha dado, con amistad, con fuerza, con alegría.
    ‘Step, te puedo pedir algo?’
    ‘Lo que quieras.’
    ‘Abrazame.’ Step se le acerca temeroso, alarga sus manos y la agarra entre las suyas. Piensa en su amigo, en cuanto estaba enamorada. ‘Abrazame fuerte, mas fuerte. Como lo hacia el. Sabes que siempre me decía… así no te escapas nunca. Estarás siempre conmigo.’ Pallina apoya su cabeza en su hombro. ‘Y en vez de eso se fue el.’ comienza a llorar. ‘Me acuerdas de el bastante, Step. El te adoraba. Decía que solo tu lo entendías, que eran iguales, ustedes dos.
    Step mira lejos. La puerta esta ligeramente cerrada. La aprieta fuerte, mas fuerte.
    ‘No es cierto, Pallina. El era mucho mejor que yo.’
    ‘Si, es cierto.’ Sonríe respirando profundo. Pallina se despega de Step. ‘Bueno, yo me voy a mi casa.’
    ‘Quieres que te acompañe?’
    ‘No gracias. Esta Dema abajo esperándome.’
    ‘Saludamelo.’
    ‘Feliz navidad Step.’
    ‘Feliz navidad.’
    La mira entrar en el ascensor. Pallina le sonríe otra vez, cierra la puerta y presiona el botón PB. Mientras saca fuera de la chaqueta su paquete de Carnei Light. Se prende el ultimo cigarrillo, el del deseo. Pero lo fuma con tristeza, sin esperanza. Sabe que su único, verdadero deseo, es irrealizable.
    Step va a su cuarto y pone la foto en la mesa de noche y regresa a la mesa. Cerca de su plato hay un paquete envuelto.
    ‘Y esto que es?’
    ‘Tu regalo.’ Paolo le sonríe. ‘No sabes que en navidad se intercambian regalos?’
    Step comienza a abrir el paquete. Paolo lo observa divertido.
    ‘Vi que ayer quemaste todas esas caricaturas y pensé que ahora no tienes nada que leer.’
    Step lo saca del todo. Le provoca casi reír.
    ‘Mi nombre es Tex.’
    La caricatura que mas odia.
    ‘Si no te gusta los puedes cambiar.’
    ‘Bromeas Paolo, gracias. No lo tenia en serio. Espera un momento, yo también tengo algo para ti.’
    Poco después regresa de su cuarto con un estuche. Lo compro esa tarde cuando esperaba debajo de la casa de Babi. Antes de verla. Prefiere no pensarlo.
    ‘Toma.’
    Paolo agarra el regalo y lo abre. Un par de Ray-Ban negros Predator aparecen en sus manos.
    ‘Son como los míos. Son durísimos y no se rompen nunca. Aun si alguien hace que caigan al suelo.’ le sonríe. ‘Ah, por cierto, no los puedes cambiar.’
    Paolo se los pone.
    ‘Como estoy?’
    ‘Buenisimo! Pareces uno fuerte, casi das miedo.’
    Después repentinamente aparece en su mente, clara, perfecta, divertida.
    ‘Escucha Pa’ tengo una idea pero no digas no como siempre. Hoy es navidad y lo no puedes rechazar.’
    El viento frío les desordena los cabellos.
    ‘Podrias ir mas lento, Step?’
    ‘Pero si voy a ochenta.’
    ‘En la ciudad es mejor no superar los cincuenta.’
    ‘Callate, yo se que te gusta.’ Step acelera. Paolo lo abraza fuerte. La moto corre veloz por las calles de la ciudad, atraviesa cruces, supera semáforos amarillos, silenciosa, ágil. Los dos hermanos están sobre ellas abrazados. La corbata de Paolo se libera de la chaqueta y vuela alegre en la noche. Paolo mira aterrorizado la calle con sus nuevos lentes oscuros, listo para notar cualquier peligro. Frente a el, Step maneja tranquilo. El viento acaricia sus Ray-Ban. Algunas personas estacionan rápido en segunda fila frente a una iglesia. Van a misa. Religiosa navidad, plegarias con sabor de torta de navidad. Por un momento le dan ganas de entrar, de pedir algo, de rezar. Pero después se pregunta que le podría a importar Dios de uno como yo, de uno así. Nada. Dios es feliz. El tiene las estrellas. Mira en lo alto, al cielo. Nítidas, por millones parecen inmóviles brillando. De repente ese azul le parece lejano como nunca, inalcanzable. Entonces acelera, mientras el viento le lastima la cara, mientras los ojos comienzan lentos a lagrimar y no solo por el frío. Siente a Paolo que se aprieta mas duro a el.
    ‘Anda Step no corras. Tengo miedo!’
    Yo también tengo miedo Paolo. Tengo miedo de los días que vendrán, de no poder resistir, de eso que no tengo mas, de eso que ahora es del viento. Baja un poco la velocidad. Por un momento le pareciera escuchar la risa de Pollo. Esa risa fuerte y alegre. Su cara, su voz amiga.
    ‘Step, nos divertimos siempre, no?’ y mas cervezas y mas bromas, siempre juntos, siempre alegres con las ganas de vivir, de caerse a golpes, con un cigarrillo a la mitad y muchos sueños. Entonces acelera de nuevo. De repente, se alza. Paolo grita mientras la moto sube. Step continua así, acelerando sobre una sola rueda, como en los viejos tiempos, sonriendo a aquel mazo de flores parado sobre el borde de la calle.
    Lejos, mucho más lejos, sobre el sofá de una casa elegante, dos cuerpos desnudos se acarician.
    ‘Eres bellísima.’ Ella sonríe avergonzándose, aun un poco incomoda. ‘Pero que es esto?’
    Una pequeña pena. ‘Nada, un tatuaje.’
    ‘Es un águila, verdad?’
    ‘Si.’ Después una amarga mentira. ‘La hice con una amiga mía.’
    Y en ese momento un sentimiento de tristeza le toca igualmente el corazón. Un cruel destino radiofónico cae sobre ella, casi golpeándola. Beautiful. La canción de ellos. Babi comienza a llorar.
    ‘Porque lloras?’
    ‘No lo se.’
    No consigue ninguna respuesta. Quizás porque no existe.

    Donde va gente juega gritando y haciendo alboroto. Fichas coloridas caen sobre el fieltro verde. Cansadas abuelas regresan acompañadas a sus casas. Una chica de cabello oscuro se duerme romántica apretando la almohada. Sueña con encontrarse ese chico que vio pasar.
    Dulcemente la rueda regresa a tierra, así, como se alzo, sin problemas.
    Paolo regresa a respirar. Step baja la velocidad. Sonríe.
    Es verano. Son los dos pequeños. Su madre y su padre están ahí, felices debajo de una sombrilla. Hablan sobre dos sillas azules con el nombre del establecimiento debajo. Step sale del agua corriendo hacia ellos, con los cabellos mojados, con las gotas saladas que le bajan por los labios.
    ‘Mama, tengo hambre!’
    ‘Primero cambiate el traje de baño y después te doy la pizza.’
    Entonces su mama lo envuelve con una gruesa toalla.
    Lo aguanta en sus hombros sonriendo. El se quita obediente el traje de baño. Después, temeroso de quedarse desnudo, se pone rápido la ropa seca. Trata de no ensuciarlo con arena mojada y mas oscura que tiene en los talones. No lo logra. Sonríe igualmente. Su madre lo besa. Tiene labios suaves y calidos y un perfume de sol y crema. Step corre feliz, con su pedazo de pizza blanca en la mano. Suave, aun caliente, con el borde crocante, justo como le gusta a el.
    Lentamente la moto comienza a doblar. Es hora de regresar a casa. Es hora de comenzar de nuevo, lentamente, sin dañar el motor. Sin muchos pensamientos. Solo con una pregunta. Regresare alguna vez arriba, en ese lugar tan difícil de alcanzar. Ahí, donde todo parece bello. Y en ese mismo instante cuando se lo pregunta, ya sabe la respuesta.

Federico Moccia


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