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Seduciendo A Mister Bridgerton

Seduciendo A Mister Bridgerton

Аннотация

    A sus veintiocho años, Penélope se ha resignado ya a convertirse en una solterona destinada a envejecer cuidando a su madre. Durante una década, ha asistido a todas las fiestas de la aristocracia londinense, y siempre ha sido la muchacha mediocre, callada, la que nadie saca a bailar más que por compromiso, la que pasa inadvertida para todos. También para Colin Bridgerton, hermano de la mejor amiga de Penélope, guapo, audaz, soltero de oro… y su amor platónico desde siempre. Para Colin, Penélope siempre ha estado ahí, simpática, agradable, pero casi invisible. ¿Cómo es posible que todo cambie de repente? Sin saber bien cómo, el menor de los Bridgerton descubre a una mujer inteligente, sensible, audaz… y muy atractiva. Durante años se han conocido casi como hermanos, y de repente se dan cuenta de que no saben nada el uno del otro. Pero no todo lo que descubrirán va a resultar tan placentero…


Julia Quinn Seduciendo A Mister Bridgerton

    Abril está casi sobre nosotros, y con ello una nueva temporada social aquí en Londres. Las Madres Ambiciosas pueden ser encontradas en tiendas de vestido, todos a través de la ciudad con sus Queridas Debutantes, impacientes por comprar aquel el vestido de tarde mágico que ellas simplemente saben que significará la diferencia entre matrimonio y la cofia de solterona
    En cuanto a su presa - el Sr.-soltero Decidido. Colin Bridgerton otra vez encabeza la lista de maridos deseables, aunque él todavía no esté de vuelta de su ultimo viaje al extranjero. Él no tiene ningún título, eso es verdad, pero él está en posesión de abundantes miradas, fortuna, y, como alguien que ha gastado alguna vez hasta un minuto en Londres sabe, encanto.
    Pero el Sr. Bridgerton ha alcanzado la edad algo avanzada de-treinta-y-tres sin mostrar alguna vez un interés por cualquier señorita en particular, y hay poca razónes para esperar que en 1824 sea algo diferente con respecto al 1823.
    Quizás las Queridas Debutantes - y quizás más importantemente sus Ambiciosas Madres - harían mejor en mirar a otra parte. Si el Sr. Bridgerton busca a una esposa, él esconde bien aquel deseo.
    Por otra parte,¿ no es justo la clase de desafío que mas le gusta a una debutante?

    REVISTA DE SOCIEDAD DE
    LADY WHISTLEDOWN

PRÓLOGO

    El sexto día de abril, del año 1812 – exactamente dos días antes de su cumpleaños numero dieciséis -Penelope Featherington se enamoró.
    Era, en pocas palabras, emocionante. El mundo tembló. Su corazón saltó. El momento era impresionante. Y, ella era capaz de decirse,con un poco de satisfacción, que el hombre en cuestión, un tal Colin Bridgerton sentía exactamente del mismo modo.
    Ah, no el camino del amor. Ciertamente él no se enamoro de ella en 1812 (y no en 1813, 1814, 1815, ¡OH¡, rayos, ni en entre los años 1816-1822, tampoco, y seguramente no en 1823, cuando él estaba fuera del país todo el tiempo). Pero su mundo tembló, su corazón saltó, y Penelope sabía sin una sombra de duda que el también se quedo sin aliento por unos buenos diez segundos.
    La caída desde un caballo, fue lo que ella hizo a un hombre.
    Así paso:
    Ella había ido a pasear a Hyde Park con su madre y sus dos hermanas mayores, cuando sintió un retumbar atronador bajo sus pies (diviso el polvo a lo lejos sobre la tierra). Su madre no le prestaba mucha atención (raramente lo hacía), entonces Penelope se escabulló durante un momento para ver lo que pasaba. El resto de las Featheringtons estaba en una conversación absorta con la Vizcondesa Bridgerton y su hija Daphne, que comenzaba su segunda temporada en Londres, hicieron caso omiso del ruido. Los Bridgertons eran una familia muy importante en efecto, y las conversaciones con ellos no debían ser ignoradas.
    Mientras Penelope rodeaba el borde de un árbol particularmente grueso, vio a dos jinetes venir en su camino, galopando a tontas y a locas o cualquier expresión que a la gente le gusta usar para tontos montados a caballo que no se preocupan por su seguridad y bienestar. Penelope sintió que su corazón se aceleraba (habría sido difícil mantener un pulso sosegado sintiendo tanta emoción, y además, esto le permitió decir que su corazón saltó cuando se enamoro).
    ¡Entonces, en uno de aquellos caprichos inexplicables del destino, el viento súbitamente voló su sombrero (el cual pese al disgusto de su madre, ella no había atado correctamente la cinta rozada bajo su barbilla) directamente en el aire y, splat! Dio directamente en la cara de uno de los jinetes.
    ¡Penelope jadeó (quedándose sin aliento!), y luego el hombre cayó de su caballo, aterrizando de la forma menos elegante en un charco de barro cercano.
    Ella se acerco precipitadamente, sin pensarlo, chillando algo que se supuso era para preguntar por su bienestar, pero que sospechó que salió como un chillido estrangulado. Él estaría, por supuesto, furioso con ella, ya que lo había tumbado con eficacia de su caballo y lo había cubierto de barro,dos cosas que garantizan poner a cualquier señor en el más asqueroso de los humores. Pero cuando él finalmente se levanto, mientras quitaba el barro de su ropa, no arremetió contra ella. No se mostró mordaz, no la gritó, no la fulminó con la mirada.
    Solo rió.
    Solo rió.
    Penelope no tenía mucha experiencia con la risa de los hombres, y lo poco que sabía no había sido amable. Pero los ojos de este hombre – un intenso verde oscuro – estaban llenos de alegría cuando se limpió un punto de barro colocado de manera desconcertante en su mejilla y dijo, "Bien, el golpe no fue con intención, verdad?"
    Y en aquel momento, Penelope se enamoró.
    ¡Cuándo ella finalmente encontró su voz (que, noto dolida, fueron unos buenos tres segundos después de que una persona con algo de inteligencia podría haber contestado), ella dijo, "ho, no, soy yo quien debería pedir perdón! El sombrero salio directamente de mi cabeza, y…"
    Ella dejó de hablar cuando noto que él realmente no había pedido que se disculpara, entonces no tenia sentido contradecirlo.
    "No hay problema," dijo él, regalándole una sonrisa algo divertida. ¡"Yo he", buenos días, Daphne! No sabía que estabas en el parque. "
    Penelope giró para encontrarse cara a cara con Daphne Bridgerton, que estaba de pie al lado de su madre, que puntualmente silbó, "¿Qué ha hecho usted, Penelope Featherington?" y Penelope incluso con su reserva no pudo contestar, Nada, porque en verdad, el accidente era completamente su culpa, y ella acababa de ponerse en ridículo delante de lo que era obviamente-juzgando por la expresión en la cara de su madre un soltero muy apropiado para ser electo.
    No, era que su madre hubiera pensado que ella tenía una posibilidad con él. Pero la Sra. Featherington tenía altas esperanzas matrimoniales para sus hijas mayores. Además, Penelope no era presentada aún en sociedad.
    Pero si la Sra. Featherington tuvo la intención de reprenderla más allá, fue incapaz de determinarlo, porque esto habría requerido que quitara su atención del importantísimo Bridgertons, Penelope rápidamente fue comprendida, incluyendo al hombre que actualmente estaba cubierto de barro.
    "Espero que su hijo no este herido," dijo Sra. Featherington a la Señora Bridgerton.
    "tan claro como el agua" interpuso Colin, haciendo una movida maestra antes de que la Señora Bridgerton pudiera molestarlo con la sobreprotección maternal.
    Las presentaciones fueron hechas, pero el resto de la conversación era sin importancia, sobre todo porque Colin rápidamente y exactamente evaluó a la Sra. Featherington como una madre buscando partido. Penelope no se sintió sorprendida cuando él dio una marcha atrás precipitada.
    Pero el daño ya estaba hecho. Penelope había descubierto una razón para soñar.
    Más tarde esa noche, cuando ella recordó el encuentro por la milésima vez en su mente, se le ocurrió que habría sido agradable si pudiera haber dicho que se había enamorado de él cuando él besó su mano antes de un baile, sus ojos verdes que centellearon mientras sus dedos sostuvieron los suyos sólo un poco más fuerte de lo apropiado. O pudo haber ocurrido cuando él montó a caballo vigorosamente a través de un páramo azotado por el viento, ninguna fuerza lo podía disuadir cuando él (o mejor dicho, su caballo) galopó alguna vez más cerca, su (Colin, no el caballo) única intención era llegar a su lado.
    Pero no, ella tuvo que ir y enamorarse de Colin Bridgerton cuando él cayó del caballo y aterrizó de trasero en un charco de barro. Era altamente irregular, y altamente anti romántico, pero había una cierta justicia poética en esto, ya que nada iba alguna vez a resultar de ello.
    ¿Por qué desperdiciar romance en un amor que nunca sería devuelto? Mejor para guardar las tempestuosas introducciones para gente que realmente podría tener un futuro juntos.
    Y si había una cosa que Penelope sabía, hasta entonces, a la edad de dieciséis años menos dos días, era que su futuro no presentó a Colin Bridgerton en su rol de esposo.
    Ella simplemente no era la clase de muchacha que atraería a un hombre como él, y temía que nunca lo seria.

* * *

    El diez de abril, en el año 1813 – exactamente dos días después de su diecisieteavo cumpleaños-Penelope Featherington hizo su debut en la sociedad de Londres. Ella no había querido hacerlo. Pidió a su madre que le dejara esperar un año más. Era por lo menos dos de libras más pesada de lo que debiera, y su cara todavía tenía esa horrible tendencia a mostrar gestos cada vez que estaba nerviosa, lo cual provocaba que siempre tuviera gestos, ya que nada en el mundo podía ponerla tan nerviosa como un baile Londinense.
    Ella trataba de recordarse que la belleza era sólo interna, pero esto no ofrecía ninguna excusa provechosa ya que nunca sabia que decirle a la gente. No había nada más deprimente que una muchacha fea sin personalidad. Y en aquel primer año en el mercado del matrimonio, era exactamente lo que Penelope fue. Una muchacha fea sin-o, vamos ella tiene que darse un poco de crédito – con muy poca personalidad.
    Muy profundamente dentro, de ella sabía a quién era, y aquella persona es lista y amable e incluso graciosa, pero de alguna forma su personalidad siempre se perdía en algún sitio entre su corazón y su boca, y ella se encontraba a si misma diciendo cosas incorrectas o, más aun, no diciendo nada.
    Para hacer las cosas aún menos atractivas, la madre de Penelope rehusaba permitir que eligiera su propia ropa, y cuando no llevaba el obligatorio blanco que la mayoría de las señoritas usaban (y que por supuesto no resaltaba su cutis un poco), ella fue obligada a usar amarillo, rojo y naranja, todos los cuales la hacían ver perfectamente desgraciada. Hubo un tiempo en que Penelope había sugerido el verde, pero la Sra. Featherington había puesto sus manos sus amplias caderas y había declarado que el verde era la melancolía.
    Amarillo, declaro la Sra. Featherington, es un color feliz y una muchacha feliz cogería un marido con un lazo.
    Penelope decidió en ese mismo momento que no era lo mejor tratar de entender los funcionamientos de la mente de su madre.
    Entonces Penelope se encontró equipada de amarillo y de naranja y el rojo ocasional, aunque tales colores hicieran su mirada decididamente infeliz, y de hecho fueran realmente horroroso con sus ojos marrones y el pelo rojo teñido. No había nada que pudiera hacer sobre ello, sin embargo, entonces decidió poner a mal tiempo buena cara, y si ella no pudiera manejar una sonrisa, al menos no gritaría en público.
    Mientras, ella recogió orgullo de la nada, algo que nunca antes hizo.
    Y si no era bastante, 1813 era el año que la misteriosa (y ficticia) Lady Whistledown comenzó a publicar su Revista de Sociedad tres veces a la semana. El periódico de una página convirtió una sensación instantánea. Nadie sabía a quién era realmente la Lady Whistledown, pero cada uno parecía tener una teoría. Durante semanas – no, meses, realmente -Londres no podía hablar de nada más. La revista había sido repartida gratis para durante dos semanas- sólo para enviciar a la multitud – y luego de repente no habían entregas, sólo repartidores de periódicos que cobrando el escandaloso precio de cinco peniques por revista.
    Pero para entonces, nadie podía vivir sin la dosis casi diaria del chisme, y cada uno pagó sus peniques.
    En algún sitio alguna mujer (o tal vez, algunas personas especularon, un hombre) realmente acumulaba riquezas.
    La novedad de la Revista de Sociedad de Lady Whistledownlo que la diferenciaba de cualquier otro diario de sociedad anterior era que la autora publicaba los nombres completos de de las personas de sociedad. Nada se ocultaba detrás de abreviaturas como Lord P____________________o Señora B____________________. Si la Lady Whistledown quería escribir sobre alguien, ella usaba su nombre completo.
    Y cuando lady Whistledown quiso escribir sobre Penelope Featherington, ella hizo que la primera aparición de Penelope en la Revista de Sociedad de la Lady Whistledown fuera la siguiente:
    El desafortunado vestido de la señorita Penelope Featherington dejo a la desafortunada muchacha viéndose como un cítrico demasiado maduro.
    Un golpe bastante mordaz, desde luego pero nada menos que la verdad.
    Su segunda aparición en la columna no fue mejor.
    Ni una palabra fue oída de la señorita Penelope Featherington,¡ y no me extraña! La pobre muchacha pareció haberse ahogado entre las colmenas de su vestido.
    No, Penelope tuvo miedo, algo que realzaría su popularidad.
    Pero la temporada no era un desastre completo. Había unas pocas personas con las que ella podía hablar. De toda la gente, La señora Bridgerton, le tomó cariño, y Penelope encontró que ella a menudo podía decir cosas a la encantadora vizcondesa que ella nunca soñaría con decir a su propia madre. Gracias a la Señora Bridgerton conoció a Eloise Bridgerton, la hermana más joven de su querido Colin. Eloise también tenía diecisiete años, pero su madre había permitido sabiamente que ella retrasara su debut un año, aunque Eloise poseyera el atractivo de los Bridgerton y encanto en abundancia.
    Y mientras Penelope pasaba sus tardes en el salón "verde y crema" en la Casa Bridgerton (o, más a menudo, en el dormitorio de Eloise donde las dos muchachas se reian y bromeaban y hablaban de todo bajo el sol con gran seriedad), ella se encontró entrando en contacto ocasional con Colin, quien a los veinte dos años aun no se había salido todavía de la casa familiar ni de la solteria.
    Si Penelope pensaba que lo amaba desde antes, eso no era nada comparado con lo que sintió después llegar a conocerlo realmente. Colin Bridgerton era ingenioso, desinhibido, él tenía una actitud diabólica de bromista despreocupado que lograba el desmayo de las mujeres, pero sobre todo…
    Colin Bridgerton era agradable.
    Agradable. Una pequeña palabra tan tonta. Debería haber sido banal, pero de alguna manera esto lo encaja a la perfección. Él siempre tenía algo agradable para decir a Penelope, y cuando ella finalmente logro el coraje para contestarle (además de los saludos muy básicos y agradecimientos), él realmente la escuchaba. Lo que hacia todo más fácil en el próximo encuentro.
    Hacia el final de la temporada, Penelope juzgó que Colin Bridgerton era el único hombre con quien ella había manejado una conversación entera.
    Si eso era amor. Ah, eso era amor de amor de amor de amor de amor de amor. Una repetición tonta de palabras, quizás, pero era exactamente lo que Penelope garabateó en un papel de escribir ridículamente costoso, junto con las palabras, "Srs Colin Bridgerton" "y Penelope Bridgerton" "y Colin Colin Colin." (El papel termino en el fuego al momento en que Penelope escucho pasos en el corredor.)
    Cuan maravilloso era sentir amor-incluso el de la clase unilateral – para una persona agradable. Hacia que uno se sintiera tan positivamente sensible.
    Por supuesto, eso no dañó al involucrado Colin, como lo hizo con todos los demas hombres Bridgerton, fabulosamente bien parecidos.Estaba el famoso pelo castaño Bridgerton, la amplia y sonriente boca Bridgerton, los amplios hombros, la altura de seis pies, y en el caso de Colin, los ojos verdes más devastadores que alguna vez agraciaron una cara humana.
    Eran la clase de ojos que frecuentaban los sueños de las muchachas.
    Y Penelope soñaba y soñaba y soñaba.

* * *

    El abril de 1814 encontró a Penelope de vuelta en Londres para una segunda temporada, y aunque ella atrajera el mismo número de pretendientes que el año anterior (cero), la temporada no fue, con toda honestidad, tan mala. Esto ayudó a que ella hubiera perdido cerca de dos libras y podía llamarse ahora "agradablemente voluptuosa" más bien que "Budin horrible." Ella aun no era estaba cerca del delgado ideal de femineidad que regia el momento, pero al menos ella había cambiado lo suficiente para garantizar la compra de un nuevo guardarropa completo.
    Lamentablemente, su madre otra vez insistió en amarillo, naranjo, y el chapoteo ocasional de rojo. Y esta vez, la Señora Whistledown escribió:
    La Señorita Penelope Featherington (la menos necia de las hermanas de Featherington) llevó puesto un vestido de amarillo limón que deja un gusto ácido en la boca de una.
    Lo cual al menos parecía implicar que Penelope era el miembro más inteligente de su familia, aunque el elogio tuviera, un ataque por la retaguardia.
    Pero Penelope no era la única seleccionada por la mordaz columnista de chisme. Kate Sheffield de cabellos morenos fue comparada con un narciso chamuscado por su vestido amarillo, y Kate sigue casada con Anthony Bridgerton, el hermano mayor de Colin ¡y un vizconde para empezar!
    Entonces Penélope tuvo esperanzas.
    Bueno, no realmente. Sabía que Colin no iba a casarse con ella, pero al menos él bailó con ella en cada fiesta, y él la hacia reír, y de vez en cuando ella lo hacia reír, y ella sabía que eso era suficiente.
    Y así la vida de Penelope continúo. Ella tuvo su tercera temporada, luego su cuarta. Sus dos hermanas mayores, Prudencia y Philippa, finalmente encontraron maridos por su cuenta y se fueron. La Sra. Featherington sostenía la esperanza de que Penelope todavía podía hacer un partido, ya que esto tomo a Prudencia y Philippa cinco temporadas para atrapar maridos, pero Penelope sabía que ella estaba destinada a permanecer solterona. No sería justo casarse con alguien cuando ella estaba tan todavía desesperadamente enamorada de Colin. Y tal vez, en los alcances lejanos de su mente – en la esquina más apartada, metida detrás de las conjugaciones de verbo francesas que ella nunca había dominado y la aritmética que ella nunca usó – ella todavía sostenía un fragmento diminuto de esperanza.
    Hasta ese día.
    Incluso ahora, siete años más tarde, ella todavía se refería a ello como ese día.
    Ella había ido a la casa Bridgerton, como frecuentemente hacía, tomar el té con Eloise y su madre y hermanas. Fue justo antes de que el hermano de Eloise, Benedict se hubiera casado con Sophie, sólo él no sabía quién era ella realmente, y -eso no fue significante, excepto que fue el único gran secreto de la década pasada que lady Whistledown nunca pudo descifrar.
    De todos modos, ella estaba caminando por el pasillo delantero, escuchando caer el sonido del agua a lo largo del azulejo de mármol cuando ella se vio. Ella ajustaba su capa y se preparaba a caminar la corta distancia a su hogar (sólo a la vuelta de la esquina, realmente) cuando ella oyó voces. Voces masculinas. Voces de masculinas Bridgerton.
    Era los tres hermanos mayores Bridgerton: Anthony, Benedict, y Colin. Tenían una de aquellas conversaciones que los hombres tienen,de la clase en la cual critican mucho y se hacen bromas uno al otro. A Penelope siempre le gustaba mirar a los Bridgertons interactuar de esta forma; ellos si que eran una familia.
    Penelope podía verlos por la puerta principal abierta, pero no podía oír lo que decían hasta que ella alcanzara el umbral. Y en un testamento al mal calculo que la había molestado durante toda su vida, la primera voz que ella oyó fue la de Colin, y las palabras no eran amables.
    ¡"… y yo ciertamente no me casare con Penelope Featherington!"
    ¡"Ah!" La palabra resbaló sobre sus labios antes de que ella pudiera pensar, su chillido perforo el aire como un silbido desafinado.
    Los tres hombres Bridgerton se voltearon para mirarla con idénticas caras horrorizadas, y Penelope sabía que ella acababa de firmar lo que sería seguramente los cinco minutos más horribles de su vida.
    Ella no dijo nada durante lo que pareció una eternidad, y luego, finalmente, con una dignidad que nunca soñó poseer, ella miró directamente a Colin y dijo, "nunca le pedí casarse conmigo."
    Sus mejillas fueron de rosado a rojo. Él abrió su boca, pero ningún sonido salió. Fue, Penelope pensó con satisfacción sardónica, probablemente el único momento en su vida que él quedo sin palabras.
    "Y yo nunca-" Ella tragó convulsivamente. "Nunca dije a nadie que quería que usted me lo pidiera."
    "Penelope," finalmente Colin pudo decir, " lo siento tanto."
    "Usted no tiene de que disculparse" dijo ella.
    "No," él insistió, "Si tengo. Herí sus sentimientos, y-"
    "Usted no sabía que yo estaba allí."
    "Pero sin embargo-"
    "Usted no va a casarse conmigo," dijo ella, su voz sonó muy extraña y hueca a sus oídos. "No hay nada incorrecto en ello. No voy a casarme con su hermano Benedict."
    Benedict había estado tratando claramente de no mirar, pero volvió su atención en esto.
    Penelope puso sus brazos en jarra. "Esto no hizo daño a sus sentimientos cuando anuncie que no voy a casarme con usted." Ella miro a Benedict, forzando su mirada directamente hacia el. ¿"Es así, Sr. Bridgerton?"
    "Por supuesto que no," contestó Benedict rápidamente.
    "Esta arreglado, entonces," dijo ella fuertemente, la asombró esto, por una vez, exactamente las palabras correctas salían de su boca. "ningún sentimiento fue dañado. Ahora, entonces, si ustedes me disculpan, caballeros, me gustaría ir a casa."
    Los tres caballeros inmediatamente se apartaron para dejarla pasar, y ella habría hecho una fuga limpia, salvo que Colin de repente soltó, "¿no tiene usted a una criada?"
    Ella sacudió su cabeza. "Vivo sólo a la vuelta de la esquina."
    "lo sé, pero-"
    "La escoltaré," dijo Anthony suavemente.
    "Esto no es realmente necesario, milord."
    "hágame el honor," dijo, en un tono que le dijo claramente que ella no tenía ninguna opción de discutir.
    Ella saludó con la cabeza, y ellos dos salieron hacia la calle. Después de que habían pasado aproximadamente tres casas, Anthony dijo con una voz extrañamente respetuosa, "Él no sabía que usted estaba allí."
    Penelope sintió que sus labios se apretaron en los bordes – no de cólera, sólo de un cansado sentimiento de resignación. "lo sé," contestó ella. "Él no es del tipo cruel. Espero que su madre lo haya atrapado para casarse."
    Anthony saludó con la cabeza. Las intenciones de la señora Bridgerton de ver a todos y cada uno de su ocho descendiente felizmente casado eran legendarias.
    "Le gusto verdad," dijo Penelope. "Su madre, eso es. Ella no ve mas allá, me temo. Pero la verdad es, que no importa mucho si me quiere como novia de Colin."
    "Bueno, yo no diría eso," reflexionó Anthony, sin sonar tanto como un vizconde muy temido y respetado si no más bien como un hijo educado. "No me gustaría estar casado con alguien que a mi madre no le gusta." Él sacudió su cabeza en un gesto de gran temor y respeto. "Ella es una fuerza de la naturaleza."
    ¿"Su madre o su esposa?"
    Él consideró esto durante aproximadamente medio segundo. "Ambas".
    Ellos caminaron durante unos momentos, y luego Penelope soltó, "Colin debería marcharse."
    Anthony la observó con curiosidad. ¿" perdón?"
    "Él debería marcharse. Viajar. Él no está listo para casarse, y su madre no será capaz de contenerse para presionarlo. Ella haría bien…" Penelope mordió su labio con horror. Esperó que el vizconde no pensara que ella realmente criticaba a la Señora Bridgerton. A su entender, no había ninguna dama tan grandiosa como ella en Inglaterra.
    "Mi madre siempre hace bien," dijo Anthony con una sonrisa indulgente. "Pero tal vez usted tiene razón. Quizás él debería escaparse. Colin realmente disfruta viajar. Aunque viene recién llegando de Gales."
    ¿"Él?" Penelope murmuró cortésmente, como si ella no supiera perfectamente bien que él había estado en Gales.
    "llegamos," contesto él haciendo una reverencia con su cabeza. ¿"Esta es su casa, es esta no?"
    "Sí. Gracias por acompañarme a casa."
    "fue un placer, le aseguro."
    Penelope observo cuando él se marchó, entonces ella fue dentro y lloro.
    Al siguiente día, la siguiente frase apareció en la Revista de Sociedad de Lady Whistledown 's:
    ¡ Vaya si no hubo emoción ayer en la escalinata de la puerta principal de la residencia de lady Bridgerton en Bruton Street!
    La primera fue que se vio a Penelope Featherington en la compañía, no de uno ni de dos, sino de tres hermanos Bridgerton, ciertamente una proeza hasta el momento imposible para la pobre muchacha, que tiene la no muy buena fama de ser la fea del baile. Por desgracia (aunque tal vez previsiblemente) para la señorita Featherington, cuando finalmente se marchó, lo hizo del brazo del vizconde, el único hombre casado del grupo.
    Si la señorita Featherington llegara a arreglárselas para llevar al altar a un hermano Bridgerton querría decir que habría llegado el fin del mundo tal como lo conocemos, y que esta autora, que no vacila en reconocer que ese mundo no tendría ni pies ni cabeza para ella, se vería obligada a renunciar a esta columna en el acto.
    Esto parecía que hasta a lady Whistledown entendía la inutilidad de la esperanza de los sentimientos Penelope por Colin

* * *

    Los años pasaron, y de alguna manera, sin proponérselo, Penelope dejó de ser una debutante y se encontró sentándose con las acompañantes, mirando a su hermana más joven Felicity – seguramente la única hermana Featherington dotada de belleza natural y encanto disfrutando sus propias temporadas de Londres.
    Colin desarrolló un gusto por los viajes y comenzó a pasar cada vez más tiempo fuera de Londres; parecía que cada pocos meses salía a algún nuevo destino. Cuando él estaba en la ciudad, él siempre guardaba un baile y una sonrisa para Penelope, y de alguna manera ella logró fingir que nada había pasado alguna vez, que él nunca había declarado su repugnancia para ella en una calle pública, que sus sueños nunca habían sido rotos.
    Y cuando él estaba en la ciudad, que era no a menudo, ellos tener una fácil, y terriblemente profunda, amistad. Que era todo lo que una solterona de casi veintiocho años podría esperar, ¿verdad?
    El amor no correspondido nunca fue fácil, pero al menos Penelope Featherington estaba acostumbrada a ello.

El CAPÍTULO 1

    ¡Las madres Ambiciosas están unidas y regocijadas-Colin Bridgerton ha vuelto de Grecia!
    Para aquellos suaves (e ignorantes) lectores que son nuevos en la ciudad este año,el Sr. Bridgerton tercero en la línea legendaria de ocho hermanos Bridgerton (de ahí el nombre Colin, que comienza con Cl sigue a Anthony y Benedict, y precede a Daphne, Eloise, Francesca, Gregory, y Hyacinth).
    Aunque el Sr. Bridgerton no posea ningún título noble y es improbable que alguna vez lo tenga (es el séptimo en la línea para el título de Vizconde Bridgerton, detrás de los dos hijos del vizconde corriente, su hermano mayor Benedict, y sus tres hijos) él todavía es considerado una de las principales presas de la temporada, debido a su fortuna, su cara, su forma, y sobre todo, su encanto. Es difícil, sin embargo, predecir si el Sr. Bridgerton sucumbirá a la felicidad matrimonial esta temporada; él está seguramente en edad para casarse -treinta-y-tres), pero él nunca ha mostrado un interés decidido por ninguna señorita de familia apropiada, y para hacer los asuntos aún más complicados él tiene la tendencia espantosa de dejar Londres en la gota de un sombrero, buscando algún destino exótico.
    La Revista de Sociedad de la señora Whistledown, el 2 de abril de 1824

    ¡"Mira esto!" chilló Portia Featherington. ¡"Colin Bridgerton está de vuelta!"
    Penelope alzó la vista de su costura. Su madre agarraba la última edición de Revista de Sociedad de lady Whistledown de manera que Penelope podría agarrar, supongamos, una cuerda colgando de un edificio. "lo sé," murmuró ella.
    Portia frunció el ceño. Ella odiaba cuando alguien – cualquiera que se enterara del chisme antes que ella. ¿Cómo agarraste el Whistledown antes de que yo lo hiciera? Dije a Briarly que lo pusiera aparte para mí y no dejara a nadie tocar-"
    "No lo leí. EnWhistledown," interrumpió Penelope, antes de que su madre marchara para castigar al pobre mayordomo, asediado. "Felicity me contó. Ayer por la tarde. Hyacinth Bridgerton le dijo."
    "Tu hermana pasa mucho tiempo en la casa Bridgerton."
    "Como hago yo," indicó Penelope, preguntándose a donde conduciría esto.
    Portia se toco la barbilla con un dedo, como siempre hacía cuando trazaba o tramaba algo. "Colin Bridgerton esta en edad de buscar esposa."
    Penelope logró parpadear justo antes que sus ojos saltaran fuera de su cabeza. ¡"Colin Bridgerton no va a casarse con Felicity!"
    Portia hizo un pequeño encogimiento. "Cosas extrañas han sucedido."
    "No, que yo haya visto alguna vez," refunfuñó Penelope.
    "Anthony Bridgerton se casó con aquella muchacha Kate Sheffield, y ella era aún menos popular que tu."
    No era exactamente verdadero; Penelope pensó, mejor dicho que ellas estaban en peldaños igualmente bajos en la escala social. Pero no le pareció un punto a tratar con su madre, quien probablemente pensaba que le hacía un cumplido a su tercera hija diciéndole que no era la muchacha menos popular de aquella temporada.
    Penelope sintió sus labios apretándose. "Los elogios" de su madre tienen el hábito de hacerla sentir aterrizando sobre espinas.
    "No piense que estoy criticándote," dijo Portia, de repente sintiéndose preocupada. "En verdad, me alegro de tu soltería. Estoy sola en este mundo salvo por mis hijas, y es confortante saber que una de ustedes será capaz de cuidarme en la vejez."
    Penelope tenía una visión del futuro – el futuro como describía su madre – y ella tenía un repentino impulso de salir corriendo y casarse con el deshollinador. Ella se había resignado hace mucho a una vida eterna vida de solterona, pero de alguna manera ella siempre se pintaba a si misma en su propia casa ordenada de pequeña terraza. O tal vez una casita de campo cómoda por el mar.
    Pero últimamente Portia había sido molesta en sus conversaciones con referencias a su vejez y que afortunada era ella de que Penelope pudiera cuidarla. No importaba, que ambas Prudence y Philippa se hubieran casado con hombres adinerados y que poseian amplios fondos para velar por toda la comodidad de su madre. O que Portia era moderadamente rica en su propio derecho; cuando su familia había colocado el dinero en su dote, un cuarto había sido puesto aparte para su propia cuenta personal.
    No, cuando Portia hablaba sobre ser " cuidada," no se refería al dinero. Lo que Portia quería era un esclavo.
    Penelope suspiró. Ella era demasiado áspera con su madre, si bien sólo en su propia mente. Ella hacia esto demasiado a menudo. Su madre la amaba. Ella sabía que su madre la amaba. Y ella amaba a su madre tambien.
    Era sólo que a veces no le gustaba mucho su madre.
    Ella esperaba que eso no la hiciera una mala persona. Pero realmente, su madre podía poner a prueba la paciencia de incluso la mas amable y gentil de las hijas, y como Penelope era primera en confesar, podía ser un poco sarcástica a veces.
    ¿"Por qué piensas que Colin no se casaría con Felicity?" Pregunto Portia.
    Penelope alzó la vista, asustada. Ella había pensado que ellos fueron hechos con aquel fin. Ella debería haber sabido mejor. Su madre no era si no tenaz. "Bien", ella dijo despacio, "en primer lugar, ella es doce años más jóvenes que él."
    "El Pfft," dijo Portia, agitando su mano desdeñosamente. "Eso no es nada, y tu lo sabes."
    Penelope frunció el ceño, luego gruñó cuando ella por casualidad apuñaló su dedo con su aguja.
    ¡"Además," Portia siguió alegremente, él tiene – miró enWhistledown y lo revisó para ver su edad exacta – "treinta-y-tres! ¿Cómo lo harán para evitar una diferencia de doce años entre él y su esposa? Seguramente tu no esperas que él se case con alguien su edad."
    Penelope chupó su dedo dañado aunque pensó incluso sin esperanzas que era grosero hacerlo así. Pero ella tenía que poner algo en su boca para impedir decir una cosa horrible y horriblemente rencoroso.

    Todo lo que su madre dijo era verdad. Muchas, toneladas de bodas -incluso la mayoría de ellas- observando hombres una docena de años mayor casándose con niñas. Pero de alguna manera el hueco de edad entre Colin y Felicity pareció aún más grande, quizás porque…
    Penelope era incapaz de guardar la repugnancia de su cara. "Ella es como una hermana para el. Una pequeña hermana."
    "Realmente, Penelope. Apenas pienso-"
    "Es casi incestuoso," refunfuñó Penelope.
    ¿"Qué dijiste?"
    Penelope agarró rápidamente su costura otra vez. "Nada".
    "Estoy segura de que algo dijiste."
    Penelope sacudió su cabeza. "Limpié realmente mi garganta. Quizás usted oyó-"
    "Te oí diciendo algo. ¡Estoy segura de ello!"
    Penelope gimió. Su vida surgió larga y aburrida delante de ella. "Madre", dijo, con la paciencia, si no de un santo, al menos de una monja muy devota, " Felicity esta prácticamente comprometida al Sr. Albansdale."
    Portia realmente comenzó a frotar sus manos juntas. "Ella no se comprometerá si puede agarrar a Colin Bridgerton."
    "Felicity moriría antes de perseguir de cazar a Colin."
    "Por supuesto que no. Ella es una muchacha lista. Alguien puede ver que Colin Bridgerton es un mejor partido."
    ¡"Pero Felicity ama al Sr. Albansdale!"
    Portia se desinfló en su silla perfectamente tapizada. "Hay."
    "Y," Penelope añadió con el gran sentimiento, "Sr. Albansdale está en la posesión de una fortuna absolutamente respetable."
    Portia toco con el índice su mejilla. "Verdad. No," dijo bruscamente, "tan respetable como una parte de la fortuna Bridgerton, pero no es nada para desechar, yo supongo."
    Penelope sabía que era el momento de dejarlo, pero ella no podía dejar de abrir su boca una vez comenzado. "Con toda la verdad, Madre, él es un maravilloso partido para Felicity. Deberíamos estar encantadas por ella."
    "Lo sé, lo sé," se quejó Portia. "Es sólo que siempre quise que una de mis hijas se casara con un Bridgerton. ¡Qué golpe! Yo sería la conversación de Londres durante semanas. Años, tal vez."
    Penelope apuñaló su aguja en el cojín a su lado. Era un camino bastante tonto para expresar su cólera, pero la alternativa debía saltar a sus pies, y grito,¿ y que hay sobre mí? Portia pareció pensar que una vez que la Felicity estuviera casada, sus esperanzas para una unión con los Bridgerton estarian rotas para siempre. ¿Pero Penelope era todavía soltera – eso no contaba para algo?
    ¿Era mucho desear que su madre pensara en ella con el mismo orgullo sintió que sintió por sus otras tres hijas? Penelope sabía que Colin no iba a elegirla como su novia, ¿pero debería una madre no ser al menos un poquito ciega a los defectos de sus hijos? Era obvio para Penelope que ni Prudence, Philippa, ni siquiera Felicity habían tenido alguna vez una posibilidad con un Bridgerton. ¿Por qué parecia su madre pensar que sus encantos excedian a Penelope?
    Muy bien, Penelope tuvo que confesar que Felicity disfrutó de una popularidad que excedió que de sus tres hermanas más viejas juntas. Pero Prudence y Philippa nunca habían sido Incomparables. Ellas se habían cernido en los perímetros de las salas de baile tanto como Penelope lo hacia.
    Excepto, por supuesto, que ellas estaban casadas ahora. Penelope no hubiera querido unirse a ningunos de sus maridos, pero al menos ellas eran esposas.
    Por suerte, sin embargo, la mente de Portia había movido ya a pastos más verdes. "le debo una visita a Violeta," decía ella. "Ella esta muy aliviada que Colin este de vuelta."
    "estoy segura que la señora Bridgerton estará encantada de verte," dijo Penelope.
    "esa pobre mujer," dijo Portia, en un suspiro dramático. "Se preocupa por él, tu sabes-"
    "lo sé."
    'Realmente, pienso que es mas de lo que una madre debería esperar llevar. Él esta siempre de viaje, ¡solo el buen Dios sabe donde!, a países que son positivamentepoco gentiles-"
    "Creo que practican el cristianismo en Grecia," murmuró Penelope, sus ojos volvieron a su costura.
    ¡"No seas impertinente, Penelope Anne Featherington, y ellos son Católicos!" Portia se estremeció con la palabra.
    "Ellos no son Católicos en absoluto," contestó Penelope, desistiendo de la costura y poniéndolo aparte. "Ellos son griegos Ortodoxo."
    "Bueno, ellos no son de la Iglesia de Inglaterra," dijo Portia con una aspiración.
    "Viendo que ellos son griegos, no pienso que estén terriblemente preocupados sobre esto."
    Los ojos de Portia se estrecharon con desaprobación. ¿"Y cómo sabes sobre esta religión griega, de todos modos? No, no me digas," dijo ella con un floreo dramático. "lo leíste en algún sitio."
    Penelope sólo parpadeó cuando trató de pensar en una respuesta conveniente.
    "Me gustaria que no leyeras tanto," suspiró Portia. "Yo probablemente podría haberte casado hace años si te hubieras concentrado más en las gracias sociales y menos en… menos en…"
    Penelope tuvo que preguntar. ¿"Menos en qué?"
    "No sé. Independientemente de lo que tu hagas estas mirando fijamente al espacio y soñado despierta a menudo."
    "Solo estoy pensando," dijo Penelope tranquilamente. "Solo me gusta parar y pensar."
    ¿"Parar de que?" Portia quiso saber.
    Penelope no podía menos que sonreír. La pregunta de Portia pareció resumir todas las diferencias entre madre e hija. "No es nada, Madre," dijo Penelope. "Realmente".
    Portia miró como si ella quiso decir más, luego pensó mejor en ello. O tal vez ella sólo estaba hambrienta. Ella arrancó una galleta de la bandeja de té y la hizo reventar en su boca.
    Penelope buscaba tomar la última galleta para si misma, entonces decidió dejar a su madre tomarla. Ella queria mantener la boca de su madre llena. La última cosa que queria era encontrarse en otra conversación sobre Colin Bridgerton.

* * *

    ¡"Colin regreso!"
    Penelope alzó la vista de su libro- Una BreveHistoria de Grecia – para ver a Eloise Bridgerton irrumpir en su cuarto. Como de costumbre, Eloise no había sido anunciada. El mayordomo Featherington estaba acostumbrado a verla tanto por ahi que él la trataba como un miembro de la familia.
    ¿"ha vuelto?" Penelope preguntó, logrando fingir (en su opinión) una indiferencia bastante realista. Por supuesto, ella dejó una Breve Historia de Grecia detrás de Mathilda, la novela por S. R. que había causada furor el año anterior. todos tenían una copia de Mathilda en su velador. Y era bastante grueso como para esconder una Breve Historia de Grecia.
    Eloise se sentó en la silla de escritorio de Penelope. "En efecto, y él esta muy bronceado. Tanto tiempo en el sol, supongo."
    ¿"Él fue a Grecia, verdad?"
    Eloise sacudió su cabeza. "Él dijo que la guerra allí ha empeorado, y era demasiado peligroso. Entonces en cambio se fue a Chipre."
    "Ho mi dios," dijo Penelope con una sonrisa. "La señora Whistledown dijo algo incorrecto."
    Eloise sonrió con la atrevida sonrisa de los Bridgerton, y otra vez Penelope se dio cuenta de lo afortunada que era de tenerla como su amiga íntimo. Ella y Eloise habían sido inseparables desde la edad de diecisiete. Ellas habían tenido sus temporadas de Londres juntas, habían alcanzado la adultez juntas, y, pese a la consternación de sus madres, se habían hecho solteronas juntas.
    Eloise afirmó que ella no había encontrado a la persona correcta.
    Nadie se lo habia pedido a Penelope, por supuesto.
    ¿"Disfrutó él de Chipre?" Inquirio Penelope.
    Eloise suspiró. "Él dijo que era brillante. Yo debería amar viajar. Parece que todos han estado en algún sitio, menos yo."
    "Y yo," Penelope le recordó.
    "Y tu," estuvo de acuerdo Eloise. “ Muchas gracias al destino por ti."
    ¡"Eloise!" Penelope exclamó, lanzándole una almohada. Pero ella agradeció al destino por Eloise, también. Cada día. Muchas mujeres pasaron sus vidas enteras sin una amiga cercana, y aquí ella tenía a alguien a quien podría decir cualquier cosa. Bien, casi cualquier cosa. Penelope nunca le había dicho de sus sentimientos hacia Colin, aunque mejor dicho pensaba que Eloise sospechaba la verdad. Eloise era demasiado discreta para mencionarlo, sin embargo, que sólo validó la certeza de Penelope que Colin nunca la amaría. Si Eloise hubiera pensado, durante un momento, que Penelope realmente tenía una posibilidad en coger a Colin como marido, ella habría estado trazando sus estrategias de casamentera con una crueldad que habría impresionado a cualquier general de ejército.
    Cuando esto ocurrió, Eloise era de un tipo de persona bastante discreta.
    "… y luego él dijo que el agua era tan entrecortada que él realmente echó sus cuentas sobre el lado del barco, y-" Eloise frunció el ceño. "No me estas escucha."
    "No," Confesó Penelope. "Bueno, sí, realmente, por partes. Realmente no puedo creer que Colin te haya contado que el vomitó."
    "Bueno, soy su hermana."
    "El se pondría furioso contigo si supiera que me contaste."
    Eloise rebatió su protesta. "A el no le importa. Tu como otra hermana para el."
    Penelope sonrió, pero suspiró al mismo tiempo.
    "Nuestra madre le preguntó – por supuesto – si él planeaba permanecer en la ciudad para la temporada," siguió Eloise, " y- por supuesto – él estaba terriblemente evasivo, pero entonces decidí interrogarlo yo misma-"
    "Terriblemente hábil de tu parte," murmuró Penelope.
    Eloise le lanzo la almohada devuelta. "Y finalmente conseguí confesara que sí, piensa que el permanecerá por lo menos unos meses. Pero me hizo prometer que no se lo diré a mama."
    "Ahora, eso no es"-carraspeo Penelope – "terriblemente inteligente por parte dél. Si su madre piensa que su tiempo aquí es limitado, ella redoblará sus esfuerzos para verlo casado. Yo pienso que es lo él más quiere evitar."
    "Eso parece realmente su objetivo habitual en la vida," concurrió Eloise.
    "Si él la lograra hacer pensar que no hay apuro, quizás ella no podría provocarlo tanto."
    "Una idea interesante," dijo Eloise, ", pero probablemente más verdadero en la teoría que en la práctica. Mi madre es tan determinada para verlo casado que no importa si ella no incrementa sus esfuerzos. Sus esfuerzos regulares son bastante para volverlo loco como es."
    ¿"Alguien puede volverse doblemente loco?" Reflexiono Penélope. Eloise amartilló su cabeza. "No sé," dijo ella. "No creo que yo debería querer averiguarlo."
    Ambas se callaron durante un momento (un acontecimiento raro, en efecto) y luego Eloise de repente brincó a sus pies y dijo, "debo irme."
    Penelope sonrió. La gente que no conocía a Eloise muy bien pensaría que ella tenía un hábito de cambiar el tema con frecuencia (y abruptamente), pero Penelope sabía que la verdad era algo más. Cuando Eloise tenía algo en mente, ella era completamente incapaz de dejarlo ir. Lo que significada que si Eloise repentianmente quisiera marcharse, esto probablemente tenia que ver con algo que ellas habían estado hablando momentos antes por la tarde, y-
    "Esperan a Colin para el té," explicó Eloise.
    Penelope sonrió. Ella adoraba tener razón.
    "deberías venir," dijo Eloise.
    Penelope sacudió su cabeza. "Él querrá que sea sólo la familia."
    "tienes razón probablemente," dijo Eloise, saludando con la cabeza ligeramente. "Muy bien, entonces, debo irme. Lamentable terriblemente hacer tan corta mi visita, pero quería estar segura que sabias que Colin volvió a casa."
    "El Whistledown," Penelope le recordó.
    "Verdad. ¿Dónde consigue aquella mujer su información?"Dijo Eloise, preguntandose. "Juro a veces que ella sabe tanto sobre mi familia me pregunto si yo debería estar asustada."
    "Ella no puede seguir para siempre," comentó Penelope, levantándose para ver a su amiga salir. ¿"Alguien descubrirá finalmente a quién ella es, no lo crees?"
    "No lo sé." Eloise puso su mano sobre la manija, enroscada, y tirado. "Yo solía pensarlo. Pero han pasado diez años. Más, realmente. Si ella fuera a ser descubierta, pienso que eso ya habría pasado."
    Penelope siguió a Eloise escalera abajo. "Eventualmente cometerá un error. Tiene que hacerlo. Es sólo el humana."
    Eloise rió. "Y pensaba que ella era un Dios menor."
    Penelope se encontró sonriendo abiertamente.
    Eloise se paró y giró alrededor tan de repente que Penelope se estrelló directamente con ella, casi enviándolas ambas hasta los últimos peldaños de la escalera. ¿"Sabes qué?" Pregunto Eloise.
    "Yo no podía comenzar a especular."
    Eloise no se molestó en poner una cara. "Yo apostaría esto ella ha cometido un error," dijo ella.
    ¿"Perdón?"
    “lo dijiste tu misma. Ella – o podría ser él, supongo – ha estado escribiendo la columna durante más de una década. Nadie podría hacer eso por tanto tiempo sin cometer un error. ¿Sabes qué pienso?"
    Penelope extendió sus manos en un gesto impaciente.
    "Pienso que el problema es que el resto de nosotros es demasiado estúpido para notar sus errores."
    Penelope la contempló durante un momento, luego echado a reír. "Ah, Eloise," dijo ella, limpiando rasgones de sus ojos. "Te amo."
    Eloise sonrió abiertamente. "Y haces bien en amarme, solterona como soy. Nosotras tendremos que mantener una casa juntas cuando tengamos treinta años y seamos realmente brujas."
    Penelope tomo la idea como un salvavidas. ¿"Piensas que podríamos?"Exclamó. Y luego, en voz baja, después de mirar furtivamente de arriba abajo el pasillo, "Mi madre ha comenzado a hablar de su vejez con una frecuencia alarmante."
    ¿"Qué es tan alarmante sobre esto?"
    "Estoy en todos sus planes, esperando en su mano y pie."
    "Ah, querida."
    "Una expectativa mas dulce se había cruzado por mi mente."
    ¡"Penelope!" Pero Eloise sonreía abiertamente.
    "Amo a mi madre," dijo Penelope.
    "Sé que lo haces," dijo Eloise, de forma bastante aplacada.
    "No, realmente lo hago."
    La esquina izquierda de la boca de Eloise comenzó a moverse nerviosamente. "Sé que realmente lo haces. Realmente."
    "Es sólo eso-"
    Eloise levanto una mano. "No tienes que decir más. Entiendo perfectamente. ¡"Yo ah"! Buen día, Sra. ¡Featherington! "
    "Eloise," dijo Portia, con un andar ajetreado entrando en el pasillo. "No sabia que usted estaba aquí."
    "Soy tan disimulada siempre," dijo Eloise. "Hasta, atrevida."
    Portia le dio una sonrisa indulgente. "Oí que su hermano está de vuelta en la ciudad."
    "Sí, estamos todos sorprendidos."
    "Estoy segura que usted lo debe estar, especialmente su madre."
    "En efecto. Ella está fuera de sí. Creo que ella prepara una lista ahora mismo."
    El aspecto entero de Portia se reanimó, cuando se hizo en la mención de algo que podría ser interpretado como un chisme. ¿"Una lista? ¿Qué clase de lista?"
    "Ah, usted sabe, la misma lista que ella ha hecho para todos sus hijos adultos. Cónyuges anticipados y todo eso."
    "Lo que hace preguntarme," dijo Penelope de con voz seca, " lo que constituye 'todo esto.'"
    "A veces ella incluye a una o dos personas que son desesperadamente inadecuadas para destacar las cualidades de los que verdaderamente tienen posibilidades."
    Portia se rió. ¡"Quizás ella te pondrá en la lista de Colin, Penelope!"
    Penelope no se rió. Tampoco lo hizo Eloise. Portia pareció no notarlo.
    "Bien, yo mejor me voy," dijo Eloise, aclarando su garganta para cubrir un momento que era incomodo para dos de las tres personas en el pasillo. "Esperan a Colin para el té. Mi madre quiere la entera asistencia de mi familia."
    ¿"Cabrán todos ustedes?" pregunto Penelope. La casa de la señora Bridgerton era grande, pero los niños de los Bridgerton, cónyuges, y los nietos que sumaban veintiuno.Fue un gran pensamiento, en efecto.
    "Vamos a la Casa Bridgerton," explicó Eloise. Su madre se había mudado de la residencia oficial de los Bridgertons en Londres después de que su hijo mayor se había casado. Anthony, que había sido el vizconde desde la edad de dieciocho, había dicho a Violet que no necesitaba irse, pero ella había insistido que él y su esposa necesitaban su intimidad. Como consiguiente, Anthony y Kate vivieron con sus tres niños en la Casa Bridgerton, mientras Violet vivió con sus hijos solteros (a excepción de Colin, que tenia sus propios alojamientos) sólo a unas pocas cuadras de distancia Nº 5 de la Calle Bruton. Después de uno año y tanto de tentativas fracasadas de nombrar la nueva casa de la Señora Bridgerton, la familia la llamaba simplemente Número cinco.
    "Diviértase mucho," dijo Portia. "Yo debo ir y encontrar a Felicity. Llegaremos tarde a una cita en la modista."
    Eloise miró a Portia alejarse, luego dijo a Penelope, "Tu hermana parece pasar mucho tiempo en la modista."
    Penelope se encogió de hombros. "Felicity se vuelve loca con todos los accesorios, pero ella es la única esperanza de mi madre para conseguir un magnífico partido. Tengo miedo, ella esta convencida que Felicity agarrará a un duque si ella lleva puesto el vestido correcto."
    ¿"No estaba ella prácticamente comprometida con el Sr. Albansdale?"
    "Imagino que él hará una oferta formal la próxima semana. Pero hasta entonces, Mi madre mantiene sus opciones abiertas." Ella hizo rodar sus ojos. "deberías advertir mejor a tu hermano de mantener distancia."
    ¿"Gregory?" preguntó Eloise con incredulidad. "Él aun no sale de la universidad."
    "Colin."
    ¿"Colin?" Eloise se rió a carcajadas. "Ah, esto esta bueno."
    "Eso es lo que le dije, pero sabes como ella es una vez que se le mete una idea en la cabeza."
    Eloise se rió entre dientes. "Mejor dicho como yo, imagino."
    "Tenaz hasta el final."
    "La tenacidad puede ser una cosa muy buena," le recordó Eloise, "en el momento apropiado."
    "Correcto," Penelope se volvió con una sonrisa sarcástica, "y en el momento impropio, esto es una pesadilla absoluta."
    Eloise se rió. "Anímate, amiga. Al menos ella dejó librarte de todos aquellos vestidos amarillos."
    Penelope miró abajo su vestido de mañana, que era, el cual la hacia sentirse ella misma, de un azul ocuro que le sentaba. "Ella dejó de elegir mi ropa una vez que se percato finalmente que yo estaba oficialmente en el armario. Una muchacha sin perspectivas de matrimonio no vale el tiempo y la energía que esto toma para ofrecerle consejos de moda. ¡Ella no me ha acompañado a la modista en más de un año! ¡Felicidad!"
    Eloise se rió de su amiga, cuyo cutis pasaba a los adorables durazno con cremas siempre que ella llevara puestos matices de refrigerador. "Era aparente para todos, el momento en te permitieron elegir tu propia ropa. ¡Incluso la Señora Whistledown comentó sobre ello!"
    "Escondí aquella columna a mi madre," confesó Penelope. "No quise que sus sentimientos fueran dañados."
    Eloise parpadeó unas veces antes de decir, "fue muy amable de tu parte, Penelope."
    "Tengo mis momentos de caridad y gracia."
    "Una pensaría," dijo Eloise con un resoplido, "que un componente vital de caridad y gracia es la capacidad de no llamar la atención hacia la posesión de alguno de ellos."
    Penelope apretó sus labios cuando ella empujó a Eloise hacia la puerta. ¿"No tienes que irte a casa?"
    ¡"Me marcho! ¡Me marcho!"
    Y ella se marchó.

* * *

    Estaba, Colin Bridgerton decidido cuando tomó un sorbo de un brandy realmente excelente, bastante agradable para estar de vuelta en Inglaterra.
    Era completamente extraño, realmente, como él amaba volver a casa tanto como partir. Seis al menos – él sentiría la picazón para marcharse otra vez, pero por el momento, Inglaterra en abril era positivamente brillante.
    ¿"Estás bien, verdad?"
    Colin alzó la vista. Su hermano Anthony se apoyaba contra el frente de su escritorio completamente de caoba, haciéndole señas con su propio vaso de brandy.
    Colin lo saludó con la cabeza. "No me había dado cuenta cuanto lo extrañaba hasta que volvi. El Ouzo tiene sus encantos, pero esto" – él levantó su vaso – "es el paraíso."
    Anthony sonrió irónicamente. ¿"Y cuánto planeas permanecer esta vez?"
    Colin se acerco a la ventana y pretendió mirar fuera. Su hermano mayor hizo un esfuerzo por disfrazar su impaciencia con el ansia de viajar de Colin. En verdad, Colin realmente no podía culparlo. De vez en cuando, era difícil mandar cartas a casa; él supuso que su familia a menudo tuvo que esperar un mes o hasta dos para recibir noticias de su bienestar. Pero mientras él sabia que estaba tranquilo en sus zapatos ellos no sabian si un ser querido estaba vivo o muerto, constantemente esperando el golpe del mensajero en la puerta delantera – lo que no era razón suficiente para mantener sus pies firmemente plantados en Inglaterra.
    De vez en cuando, él simplemente tuvo que escaparse. No había ningún otro modo de describirlo.
    Lejos de la multitud, qué creían que era un pícaro encantador y nada más, lejos de Inglaterra, que animó otros hijos más jóvenes a entrar en la milicia o el clero, ninguna de esas expectativas satisfacía su temperamento. Incluso lejos de su familia, que lo amaba incondicionalmente, el no tenía ninguna pista de lo que realmente quería, profundamente en su ser, era algo que tenia que resolver.
    Su hermano Anthony heredo el vizcondado, y con eso venían responsabilidades innumerables. Él dirigió estados, manejó las finanzas de la familia, y velo por el bienestar de innumerables arrendatarios y criados. Benedict, su hermano mayor por cuatro años, había ganado el renombre como artista. Él había comenzado con el lápiz y el papel, pero con el apoyo de su esposa había cambiado al óleo. Uno de sus paisajes colgaba ahora en la Galería Nacional.
    Recordarían para siempre a Anthony en árboles genealógicos como el séptimo Vizconde Bridgerton. Benedict sobreviviría sus pinturas, mucho después que él dejara esta tierra.
    Pero Colin no tenía nada. Él manejó la pequeña propiedad heredada por su familia y él asistió a fiestas. Él nunca soñaría ser reconocido por divertido, pero a veces él quería algo más que diversión.
    Él quería un objetivo.
    Él quería una herencia.
    Él quería, si no saber entonces al menos esperar, que cuando se fuera, él sería seria recordado por algo más que la Revista de Sociedad de lady Whistledown.
    Él suspiró. No se extraña que pasase tanto tiempo viajando.
    ¿"Colin?"Apuntó su hermano.
    Colin se dio vuelta y parpadeó. Él estaba bastante seguro que Anthony le había hecho una pregunta, pero en algún sitio en las divagaciones de su mente, había olvidado que.
    "Ah. Correcto." Colin aclaro su garganta. "Estaré aquí por el resto de la temporada, al menos."
    Anthony no dijo nada, pero era difícil perder la expresión satisfecha de su cara.
    "Si nada más," añadió Colin, adjuntando su legendaria sonrisa torcida en su cara, "alguien tiene que estropear a tus niños. No pienso que Charlotte tenga demasiadas muñecas."
    "Sólo cincuenta," estuvo de acuerdo Anthony con una voz inexpresiva. "La pobre muchacha esta horriblemente descuidada."
    ¿"Su cumpleaños es al final de este mes, no es así? Tendré que descuidarle algo mas, pienso."
    "Hablando de cumpleaños," dijo Anthony, colocando una silla grande detrás de su escritorio, "Nuestra madre lo estará en una semana a partir del domingo."
    ¿"Por qué piensas que me apresuré en volver?"
    Anthony levantó una ceja, y Colin tenía la impresión que él trataba de decidirse si Colin se había precipitado realmente en volver casa para el cumpleaños de su madre, o si él simplemente aprovechaba un poco de buen tiempo.
    "Preparamos una fiesta para ella," dijo Anthony.
    ¿"Ella te dejo?" Colin contaba con la experiencia de que las mujeres de una cierta edad no disfrutaban las celebraciones de cumpleaños. Y aunque su madre fuera todavía sumamente encantadora, ella estaba definitivamente en cierta edad.
    "Fuimos obligados a recurrir al chantaje," confesó Anthony. "Ella estaba de acuerdo con el baile o revelaríamos su edad verdadera."
    Colin no debería haber tomado un sorbo de su brandy; se ahogó con el y apenas logró apenas logro evitar rociar a su hermano. "Me Hubiera gustado haber visto eso."
    Anthony ofreció una sonrisa de satisfacción. "Fue una maniobra brillante de mi parte."
    Colin terminó el resto de su bebida. ¿"Cuales, piensas, que son las posibilidades de que ella use la fiesta como una oportunidad de encontrarme esposa?"
    "Muy remotas."
    "Eso pensé."
    Anthony se recosto en su silla. "Tu ya tienes treinta y tres años, Colin…"
    Colin lo contempló con incredulidad. "Dios mío, no comiences tu también."
    "Yo no soñaría con ello. Yo simplemente iba a sugerir que mantengas tus ojos abiertos esta temporada. No tienes que buscar apresuradamente a una esposa, pero no hay ningún daño en que examines esa posibilidad."
    Colin observó la entrada, teniendo la intención de pasar por allí dentro de poco. "Te aseguro que no soy contrario a la idea de matrimonio."
    "No pensé que lo fueras," objetó Anthony.
    "Veo poca razón de precipitarse, sin embargo"
    "Nunca hay razón para precipitarse," Contesto Anthony. "Bien, raramente, de todos modos. Sólo humor de madre, verdad?"
    Colin no había observado que él todavía sostenía su vaso vacío hasta que este resbalara por sus dedos y aterrizara en la alfombra con un ruido fuerte. "Dios mío," susurró él, "¿ella está enferma?"
    ¡"No!" dijo Anthony, su sorpresa hizo su voz fuerte y poderosa. "Ella nos sobrevivirá a todos nosotros, estoy seguro de ello."
    ¿"Entonces de qué se trata todo esto?"
    Anthony suspiró. "Sólo quiero verte feliz."
    "Soy feliz," insistió Colin.
    ¿"Lo eres?"
    "Demonios, soy el hombre más feliz en Londres. Sólo lee a lady Whistledown. Ella te lo dirá."
    Anthony echó un vistazo al la revista en su escritorio.
    "Bien, tal vez no en esta columna, pero algo a partir del año pasado. Me han llamado encantador más veces de lo que han llamado a lady Danbury testaruda, y ambos sabemos que eso es una hazaña."
    "Encantador no es necesariamente igual a feliz," dijo Anthony suavemente.
    "No tengo tiempo para esto," refunfuñó Colin. La puerta nunca había parecido tan atractiva.
    "Si fueras realmente feliz," persistió Anthony, "no seguirías viajando."
    Colin poso su mano en la manija. "Anthony, me gusta viajar."
    ¿"Constantemente?"
    "Debo, o no podria hacerlo."
    'Eso es una evasiva si alguna vez he oído alguna."
    "Y esta"-Colin dirigió a su hermano una sonrisa malvada – "es una maniobra evasiva."
    ¡"Colin!"
    Pero él ya había dejado el cuarto.

El CAPÍTULO 2

    Siempre ha esta de moda entre las multitudes el quejarse del tedio, pero seguramente la cosecha de este año de los asiduos a fiestas ha incrementado el aburrimiento a una forma de arte. Uno no puede dar dos pasos en una función de sociedad estos días sin oír la frase "terriblemente embotado,"o "desesperadamente banal." En efecto Esta Autora ha sido hasta informada que Cressida Twombley recientemente comentó que ella estaba convencida que podría fallecer de aburrimiento eterno de ser forzada a asistir a otras velada musical desafinada.
    (Esta Autora debe concordar con la Señora Twombley en aquella opinión; mientras la selección de este año de debutantes es un grupo afable, no hay un músico decente entre ellas.)
    Si debe haber un antídoto para la enfermedad del aburrimiento, seguramente esto será la feria del domingo en la Casa Bridgerton. La familia entera se juntará, junto con cientos de sus amigos íntimos, para celebrar el cumpleaños de la titulada vizcondesa viuda.
    Es considerado grosero mencionar la edad de una señora, y entonces Esta Autora no revelará qué numero de cumpleaños celebrara la Señora Bridgerton.
    ¡Pero no tengo miedo! ¡Esta Autora lo sabe!
    Revista de Sociedad de LadyWhistledown, el 9 de abril de 1824

    Solteronas era una palabra que tendía a invocar pánico o compasión, pero Penelope iba ha demostrar que existían grandes ventajas en el estado de solteria.
    En primer lugar, nadie realmente esperaba que las solteronas bailaran en las fiestas, lo que significaba que Penelope ya no era obligada a quedarse en el borde de la pista de baile, mirando de un lado a otro, y obligada, a fingir que ella realmente no quería bailar. Ahora podría sentarse lejos al lado de las otras solteronas y acompañantes de señorita. Ella todavía quería bailar, obviamente – mejor dicho le gustaba bailar, y estaba realmente bien en ello, aunque nadie lo notara – pero era mucho más fácil fingir el desinterés estando alejada de las parejas que bailan el vals.
    Segundo, el número de horas gastadas en conversaciones tontas se reducía drásticamente. La Sra.Featherington había abandonado oficialmente la esperanza de que Penelope pondría alguna vez el gancho a un marido, y entonces había dejado de empujarla en el camino de todos los solteros elegibles de tercera clase. Portia nunca había pensado realmente que Penelope tenía el aura para llamar la atención de un soltero de primera – o segunda clase, lo que probablemente era verdad, pero la mayor parte de los solteros de tercera clase fueron clasificados como tal por una razón, y tristemente, esa razón era a menudo la personalidad, o por carecer de ella. Que, cuando se combinaba con la timidez de Penelope con los extraños, no tendia a promover una conversación brillante.
    Y finalmente, ella podía comer otra vez. Esto enfurecía, considerando generalmente la cantidad de comida que había en fiestas multitudinarias, pero no se suponía que las mujeres en la caza de maridos exhibieran un apetito mayo del que un ave robusta. Esto, pensó Penélope alegremente (mientras daba una mordida a lo que debería ser uno de los mas divinos eclair fuera de Francia), debía ser la solterona que mas sobresalía entre todas.
    "¡Cielos!," gimió ella. Si el pecado pudiera tomar una forma sólida, seguramente esto sería una masa. Preferentemente con chocolate.
    ¿"Esta bueno, eh?"
    Penelope se ahogó con el eclair, luego tosió, enviando a un fino chorro de crema con masa por el aire. "Colin", ella jadeó, fervorosamente rezando el más grande del globs había perdido su oído.
    "Penelope." Él sonrió cariñosamente. "Es bueno verte."
    "Igualmente."
    Él se meció en sus talones una vez, dos veces, tres veces entonces dijo, " Tienes buen aspecto."
    "Igualmente," dijo ella, demasiado preocupada por tratar de entender donde había caído su eclair para ofrecer una conversación muy variada.
    "Esto un bonito vestido," dijo él, haciendo señas a su vestido de seda verde.
    Ella sonrió tristemente, explicando, "no es amarillo."
    "Ho, no lo es." Él sonrió abiertamente, rompiendo el hielo. Era extraño, porque uno pensaría que se la haría un nudo en la lengua el más apretado por estar cerca del hombre que había amado, pero había algo en Colin que hacia a ambos sentirse cómodos.
    Tal vez, Penelope había pensado en más de una ocasión, que parte de la razón por lo que lo amaba era que la hacia sentirse cómoda con ella misma.
    "Eloise me contó que pasaste un tiempo espléndido en Chipre," dijo ella.
    Él sonrió abiertamente. "No podía resistir ir al lugar de nacimiento de Afrodita, después de todo."
    Penelope se encontró sonriendo también. Su buen humor era contagioso, aun si la última cosa que ella hubiera querido hacer fue participar en una discusión sobre la diosa del amor. ¿"Era tan soleado como se cuenta?" preguntó ella. "No, olvida que pregunté. Puedo ver en tu cara que lo era."
    "Adquirí realmente un poco de bronceado," dijo él con una cabezada. "Mi madre casi se desmayó cuando me vio."
    "Del placer, estoy segura," dijo Penelope enfaticamente. "Ella te extraño terriblemente cuando te fuiste."
    Él se inclinó. ¿"Venga, ahora, Penelope, seguramente no vas a comenzar tu? Entre mi madre, Anthony, Eloise, y Daphne, estoy obligado a fallecer de la culpa."
    ¿"No Benedict?" pregunto ella sin ser sarcastica.
    Él le lanzo una mirada ligeramente afectada y sonrriente. "Él esta fuera de la ciudad."
    "Ah, pues eso explica su silencio."
    Sus ojos entrecerrados apreciaban sus brazos cruzados con perfección. ¿"Tu siemprehas sido descarada, lo sabias?"
    "Lo escondo bien," dijo ella modestamente.
    "Es fácil de ver," dijo él con voz seca, "por qué eres tan buena amiga de mi hermana."
    ¿"Asumo que hiciste un elogio?"
    "Estoy bastante seguro pondría en peligro mi salud si intentara hacerlo de otra forma."
    Penelope puso esperanzas en pensar en una réplica ingeniosa cuando oyó un extraño y humedo sonido.Miró hacia abajo para descubrir que una gran gota amarillenta de masa con crema se había deslizado de su eclair medio comido y había aterrizado en el suelo de madera prístino. Ella volvio su mirada a Colin para encontrar sus ojos tan verdes que bailaban con la risa, mientras su boca luchaba por una expresión seria.
    "Bien, ahora, esto es embarazoso," dijo Penelope, decidiendo que el único modo de evitar morir de la mortificación era declarar lo dolorosamente obvio.
    "Sugiero," dijo Colin, levantando una ceja en un arco absolutamente apuesto, "que huyamos de la escena."
    Penelope miró abajo la masa muerta vacía en su mano. Colin le señalo con una cabezada hacia una planta en conserva cercana.
    ¡"No!" dijo ella, sus ojos ampliaron.
    Él se inclinó acercándose. "Yo te invito."
    Sus ojos fueron de su eclair a la planta y de vuelta a la cara de Colin. "Yo no podría," dijo ella.
    "Para las cosas sucias que existen, ésta es bastante dulce," indicó él.
    Esto era un desafío, y Penelope era por lo general inmune a tales estratagemas infantiles, pero la media sonrisa de Colin era difícil de resistir. "Muy bien," dijo ella, cuadrando sus hombros y botando la masa en el suelo. Ella dio un paso atrás, examinó su obra, miró alrededor para ver si alguien además de Colin la miraba, luego piso e hizo girar el pote de modo que una rama frondosa cubriera las pruebas. "No pensé que lo harías," dijo Colin. "Como tu lo dijiste, no es terriblemente sucio." "No, pero esta es la palma en conserva favorita de mi madre. ¡" "Colin!" Penelope giró alrededor, completamente,teniendo la intención de hundir su mano derecha atrás de la planta para recuperar el Eclair. "Como pudiste dejarme – Espera un segundo." Se enderezó, sus ojos se entrecerraron. "Este no es una palma." Él era toda inocencia. ¿"No es?"
    "Esto es un árbol de naranja en miniatura."
    Él parpadeó. ¿"Lo es, ahora?"
    Ella lo miro con el ceño fruncido. O al menos esperó que eso fuera un ceño fruncido. Era difícil fruncir el ceño a Colin Bridgerton. Incluso su madre había comentado una vez que era casi imposible reprenderlo.
    Él sonreiría solamente pondría una mirada arrepentida y diría algo gracioso, y uno no podría quedarse enojado con él. Simplemente no podría hacerlo.
    "Tu tratabas de hacerme sentir culpable," dijo Penelope.
    "Alguien podría confundir una palma con un árbol de naranja."
    Ella luchó contra el impulso de entornar lo ojos. "Excepto por las naranjas."
    Él mordió su labio inferior, sus ojos estaban pensativos. "Sí, hmmm, uno pensaría que ellos serían un poco compasivos."
    ¿"Eres un mentiroso terrible, lo sabias?"
    Él se enderezó, tirando ligeramente de su chaleco cuando levantó su barbilla. "Realmente, soy un mentiroso excelente. Me parece bastante bien parecer apropiadamente avergonzado y adorable después de ser pillado."
    ¿En que estaba pensando, pensó Penélope, cuando dijo eso? Por que seguramente allí nadie era más adorablemente avergonzado (¿vergüenza adorable?) que Colin Bridgerton Con sus manos cruzadas detrás de su espalda, y sus ojos que revoloteando a lo largo del techo, sus labios se fruncieron en un silbido inocente.
    "¿Cuándo eras un niño," preguntó Penélope, repentinamente cambiando el tema, "fuiste castigado alguna vez?”
    Colin inmediatamente dirigió su atención. ¿"Perdón?"
    ¿"Fuiste castigado alguna vez cuando niño?" ella repitió. ¿"Has sido castigado alguna vez en tu vida?"
    Colin sólo la contempló, preguntándose si ella tenía alguna idea de lo que preguntaba. Probablemente no. "Errr…" dijo él, sobre todo porque no tenía algo más para decir.
    Ella soltó un suspiro vagamente desdeñoso. "Eso pensé."
    Si él fuera un hombre menos comprensivo, y si no fuera Penelope Featherington, que él sabia no poseía ni siquiera un hueso malévolo en su cuerpo, él se hubiera ofendido. Pero él era un compañero extraordinariamente tranquilo, y ella era Penelope Featherington, que había sido la fiel amiga de su hermana Dios sabe por cuantos años, entonces en vez de adoptar una difícil, mirada cínica fija (que, en verdad era una expresión de la cual nunca saco ventaja), él simplemente sonrió y murmuró, " ¿Cual es tu punto? "
    "No creas que pienso criticar a tus padres," dijo ella con una expresión entre inocente y astuta al mismo tiempo. "Yo nunca soñaría con hacer algo que implicara dañarlo de cualquier modo."
    Él asintió graciosamente con la cabeza.
    "Es sólo que" – ella se acerco, como si compartiera un grave secreto- "mejor dicho pienso que podrías bien llevarte con ser asesino si así eligieras."
    Él tosió – no para aclarar su garganta y no porque no se sintiera bien, mejor dicho era porque estaba condenadamente sorprendido. Penelope poseía carácter tan gracioso. No, no era correcto. Ella era desconcertante…Sí, eso parecía resumirla. Muy pocas personas realmente la conocían; ella nunca había desarrollado seguramente una reputación como una conversadora esterlina. Estaba casi seguro que ella podía estar tres horas en un baile sin arriesgarse a decir más allá de una silaba.
    Pero cuando Penelope estaba en compañía de alguien con quien se sentía cómoda – y Colin comprendió realmente que era privilegiado para contarse entre aquel número – ella tenía un ingenio agudo, una risa astuta, y pruebas de una mente muy inteligente, en verdad…
    Él no estaba sorprendido de que ella nunca hubiera atraído a ningún pretendiente serio para su mano; ella no era una belleza de ninguna manera, aunque examinándola de cerca resultara más atractiva de lo que él la había recordado. Su pelo castaño tenía un poco de rojo, destacado amablemente por el brillo de las velas. Y su piel era completamente encantadora – la tez suavemente dorada perfecta – que las señoras para conseguirla extendían arsénico por toda su cara.
    Pero el atractivo de Penelope no era generalmente del tipo notado por los hombres. Y su comportamiento normalmente tímido y de vez en cuando hasta tartamudo no hacia exactamente el escaparate su personalidad.
    De todos modos, era demasiado mala su carencia de la popularidad. Ella hubiera sido una excelente esposa para cualquiera.
    "Entonces tu dices," reflexionó él, volviendo su mente atrás a la materia a mano, "¿entonces yo debería considerar una vida de delito?"
    "Nada por el estilo," contestó ella, con una sonrisa recatada en su cara. "Sólo que yo mejor dicho sospeche que conseguirías salirte con la tuya." Y luego, de improviso, su apariencia se torno seria, y silenciosamente dijo, "envidio eso."
    Colin se sorprendió sosteniendo su mano y diciendo, "Penelope Featherington, pienso que deberías bailar conmigo."
    Y luego Penelope lo sorprendió riéndose y diciendo, "Es muy dulce de tu parte pedirlo, pero no tienes que bailar nunca más conmigo."
    Su orgullo se sintió herido de una extraña forma. ¿"Qué demonios quieres decir con eso?"
    Ella se encogió de hombros. "Es oficial ahora. Soy una solterona. Ya no existe razón de bailar conmigo sólo por modales para que no me sienta excluida."
    "No bailaba contigo por eso," protestó, pero él sabía exactamente que esa era la razón. Y la mitad del tiempo él solo recordaba pedirlo porque su madre lo había empujarlo " con fuerza en" en la espalda y recordándole.
    Ella le dio una mirada ligeramente compasiva, lo que lo irritó, porque nunca había pensado ser compadecido por Penelope Featherington.
    "Si piensas," dijo él, sintiendo su columna rígida, "que te voy a permitir negarme un baile ahora, eres completamente ilusa."
    "No tienes que bailar conmigo sólo para demostrar que no te opone a hacerlo," dijo ella.
    "Quiero bailar contigo," él gruño justamente.
    "Muy bien,"dijo ella, después de que lo que pareció ser una pausa ridículamente larga. "Sería seguramente grosero de mi parte negarse."
    "Era probablemente más grosero que dudaras de mis intenciones," dijo él cuando tomó su brazo, "pero puedo perdonarte si tu puedes perdonarte."
    Ella tropezó, lo que lo hizo sonreír. "Creo realmente que podré," se ahogó ella. "Excelente". Él le ofreció una sonrisa suave.
    "Yo lamentaría pensar en ti viviendo con la culpa."
    La recién música comenzaba, entonces Penelope tomó su mano y haciendo una reverencia cuando comenzaron el minué. Era difícil hablar durante el baile, lo que dio a Penelope unos momentos para aguantar su respiración y reunir sus pensamientos.
    Quizás había sido un poco áspera con Colin. Ella no debió haberlo reprendido por pedirle bailar, cuando la verdad era, que aquellos bailes estaban entre sus recuerdos mas apreciados. ¿Realmente importaba si sólo fue hecho por compasión? Habría sido peor si él nunca se le hubiera pedido.

    Ella hizo una mueca. Peor de todos modos, ¿significaba que ella tendría que disculparse?
    ¿"hay algo mal con ese eclair?" preguntó Colin al momento de acercarse.
    Unos diez segundos completos pasaron antes de que ellos estuvieran bastante cercanos para que ella pudiera decir, "¿Perdón?"
    "Pareces enferma," dijo él, en voz alta esta vez, ya que había perdido claramente la paciencia con la espera del baile como para desaprovechar la oportunidad de hablar.
    Varias personas los observaron, se alejaron discretamente, como si Penelope realmente fuera caer enferma ahí mismo en el salón de baile.
    ¿"Tienes que gritarlo a todo el mundo?" Penelope silbó.
    "Sabes," dijo él pensativamente, rodeándola elegantemente cuando la música se acercaba al final, "fue el susurro más fuerte que he oído en mi vida."
    Él era insufrible, pero Penelope no lo diría, porque sonaría como el personaje de una novela romántica muy mala. Como la que leyó el otro día en el cual la heroína usó la palabra (o uno de sus sinónimos) en cada página.
    "Gracias por el baile," dijo ella, una vez que habían alcanzado el perímetro del cuarto. Ella casi añadió, Puedes decir a tu madre que ya has cumplido con tus obligaciones, pero inmediatamente lamento su impulso. Colin no había hecho nada para merecer tal sarcasmo. No era su culpa que los hombres sólo bailaron con ella cuando eran forzados a por sus madres. Él al menos siempre sonreía y se había reído mientras cumplía su deber, que era más de lo que podía decir del resto de la población masculina.
    Él asintió con la cabeza cortésmente y murmuró sus propios agradecimientos. Ellos estaban próximos a separarse cuándo escucharon al final una fuerte y cortante voz femenina, "¡Sr. Bridgerton!"
    Ambos se congelaron. Esta era una voz que ambos reconocían. Esta era una voz que todos conocían.
    "Salvame," gimió Colin.
    Penelope examino por su hombro para ver a la infame lady Danbury empujando a la muchedumbre en su camino, estremeciéndose cuando su bastón casi siempre presente aterrizaba en el pie de alguna desdichada señorita. ¿"Tal vez ella se refiere a otro Sr. Bridgerton?" Sugirió Penelope. "Hay bastantes de ustedes, después de todo, y eso es posible-"
    "Te daré diez libras si no dejas mi lado," soltó Colin.
    Penelope se ahogó con el aire. "No seas tonto, "yo" "
    "Veinte."
    ¡"Hecho!" dijo ella con una sonrisa, no porque particularmente necesitara el dinero, pero mejor dicho era porque resultaba extrañamente agradable arrancarlo de Colin. ¡"Lady Danbury!" llamó, apresurándose al lado de la señora mayor. "Que agradable verle."
    "Nadie alguna vez piensa que es agradable verme," dijo lady Danbury bruscamente, "excepto tal vez mi sobrino, y la mitad del tiempo no estoy segura de ello. Pero le agradezco por mentir a pesar de todo."
    Colin no dijo nada, pero ella todavía miraba en su dirección y aplastó su pierna con el bastón. "es buena elección bailar con ésta," dijo ella. "Siempre me ha gustado ella. Tiene más sesos que toda su familia reunida."
    ¡Penelope abrió su boca para defender al menos a su hermana más joven, cuándo lady Danbury ladró, "Ja!" después una pausa de un segundo, la agregando, "no noté a ninguno de ustedes contradecirme."
    "Siempre es un placer verla, lady Danbury," dijo Colin, dándole sólo la clase de sonrisa que él podría haber dirigido a un cantante de ópera.
    "Este, charlatán, " dijo lady Danbury a Penelope. "Usted tendrá que tener cuidado con él."
    "Es raramente necesario que yo lo haga," dijo Penelope, "cuando él esta más a menudo fuera del país."
    ¡"Vea!" Dijo Lady Danbury cacareando otra vez. "Le dije que ella era brillante."
    "Usted notará," dijo Colin suavemente, "que no le contradije."
    La vieja señora sonrió con aprobación. "Entonces usted no lo hizo. Usted se cada vez más inteligente con los años, Sr. Bridgerton."
    "Era de vez en cuando comentado que poseía un pequeño poco de inteligencia en mi juventud, también."
    "Hmmph. La palabra importante en aquella oración es pequeña, por supuesto."
    Colin miró a Penelope con los ojos entrecerrados. Ella pareció ahogarse en la risa.
    "Nosotras las mujeres debemos buscar a alguien," lady Danbury no se lo dijo a nadie en particular, "ya que está claro que nadie más lo hara."
    Colin decidió que definitivamente era el tiempo de retirarse. "Creo que vi a mi madre."
    "La fuga es imposible," Dijo lady Danbury. "No se moleste en intentarlo, y además, sé que es un hecho que usted no vio a su madre. Ella esta ocupada con alguna tonta descerebrada que rasgó el dobladillo de su vestido." Se volvió hacia Penelope, que hacia un gran esfuerzo para controlar su risa ya que sus ojos relucían con lágrimas no contenidas. ¿"Cuánto le pagó él para no dejarlo a solas conmigo?"
    Penelope simplemente explotó. "Pido su perdón," jadeó ella, alzando una mano sobre su boca horrorizada.
    "Ah, no, vete," dijo Colin expansivamente. "ya has ayudado bastante."
    "No tienes que darme las veinte libras," dijo ella.
    "Yo no planeaba hacerlo."
    ¿"Sólo veinte libras?" pregunto Lady Danbury. "Hmmph.Había pensado que yo merecería al menos veinticinco."
    Colin se encogió de hombros. "Soy un tercer hijo. Permanentemente corto de fondos, me temo."
    ¡"Ja! Usted tiene tan rechoncho el bolsillo como al menos tres condes," dijo lady Danbury. "Bien, tal vez no condes," añadió ella, después de pensar un poco. "Pero unos vizcondes, y la mayor parte de los barones, para estar seguro."
    Colin sonrió suavemente. ¿"No piensa que es descortés hablar sobre el dinero habiendo otras personas?"
    Lady Danbury soltó un resoplido o una risa-tonta-Colin no estaba seguro cuando ella dijo, "es siempre descortés hablar sobre el dinero, acompañado o no, pero cuando se tiene mi edad, una debe casi siempre complacerse."
    "Me pregunto realmente," reflexionó Penelope, "lo que no se puede hacer a su edad."
    Lady Danbury giro hacia ella. ¿"Perdón?"
    "Usted dijo que una podría hacer casi siempre lo que la complace."
    Lady Danbury la contempló con incredulidad, luego esbozo una sonrisa. Colin observo que él también sonreía.
    "Me gusta ella," le dijo lady D, señalando a Penelope como si fuera alguna clase de estatua en venta. ¿"Le dije que me gusta ella?"
    "Creo que lo hizo," murmuró él.
    Lady Danbury se giro hacia Penelope y dijo, su cara era una máscara completa de seriedad, "creo que yo no podría dejarme por el asesinato, pero podría hacerlo."
    De repente, tanto Penelope como Colin se echaron a reír.
    ¿"Eh?" Lady Danbury dijo. ¿"Qué es tan gracioso?"
    "Nada," Penelope jadeó. En cuanto a Colin, él no podía hacer mucho.
    "No es nada," persistió lady D. "Y permaneceré aquí y le molestaré toda la noche hasta que usted me diga lo que es. Confíen en mí cuando les digo que no es el tipo de acción que deberían seguir."
    Penelope limpió una lágrima de su ojo. "Sólo le decía," dijo ella, haciendo señas con su cabeza hacia Colin, "que él probablemente podría llegar al asesinato."
    "Ahora, usted" Lady Danbury reflexionó, dando un toque ligero con su bastón contra el suelo de la forma en que alguien podría rasguñar su barbilla considerando una pregunta profunda. "Sabe, que yo pienso que podría tener razón. Un hombre tan encantador creo que Londres jamás a visto."
    Colin levantó una ceja. ¿"Ahora, por qué pienso que usted no quiso decirlo como un elogio, Lady Danbury?"
    "Por supuesto que es un elogio, cabeza dura."
    Colin se giro hacia Penelope. "A diferencia de esto, que fue claramente un elogio."
    Lady Danbury emitió. "Declaro," dijo ella (o de toda la verdad, declarada), "esta es la mayor diversión que he tenido en toda la temporada."
    "Feliz de otorgarsela," dijo Colin con una sonrisa fácil.
    ¿"Esto ha sido un año sobre todo embotado, no piensa usted?" Pregunto Lady Danbury a Penelope.
    Penelope asintió con la cabeza. "El año pasado fue un poco aburrido también."
    "Pero no tan malo como este año," persistió lady D.
    "No me pregunte" dijo Colin afablemente. "He estado fuera del país."
    "Hmmph. Supongo que usted va a decir que su ausencia es la razón por la que nos hemos tanto aburrido todos."
    "Yo nunca soñaría con ello," dijo Colin desarmándola con una sonrisa. "Pero claramente, si el pensamiento ha cruzado por su mente, eso debe tener un poco de mérito."
    "Hmmph. Independientemente del caso,' me aburro."
    Colin analizó a Penelope, que parecía contenerse tremendamente, probablemente en prevenir la risa.
    ¡"Haywood!" Lady Danbury llamando de repente, a un señor de mediana edad. ¿"No estaría de acuerdo usted conmigo?"
    Una expresión infundida por el pánico paso vagamente por el rostro del Lord Haywood, y luego, cuando tuvo claro que él no podía evitarlo, dijo, "trato políticamente de concordar siempre con usted."
    Lady Danbury se dirigió a Penelope y pregunto, "¿Es mi imaginación, o los hombres se han puesto más sensibles?"
    La única respuesta de Penelope era un encogimiento evasivo. Colin decidió que era una muchacha sabia, en efecto.
    Haywood aclaro su garganta, sus ojos azules que parpadearon rápida y furiosamente en su rostro bastante carnoso. "Er, ¿con qué, exactamente, estoy de acuerdo?"
    "Que la temporada es aburrida," suministró Penelope amablemente.
    "Ah, señorita Featherington," dijo Haywood tempestuosamente. "No la había visto aquí."
    Colin echo un gran vistazo a Penelope para ver sus labios enderezarse en una sonrisa pequeña, frustrada. "Aquí mismo al lado de usted," refunfuñó ella.
    "Entonces es usted," dijo Haywood jovialmente, "y sí, la temporada es terriblemente aburrida."
    ¿"Dijo alguien que la temporada es embotada?"
    Colin echó un vistazo a su derecha. Otro hombre y dos señoras acababan de incorporarse al grupo y expresaban ávidamente su acuerdo.
    "Aburrido," murmuro uno de ellos. "Horriblemente aburrido."
    "Nunca he asistido a una ronda más banal de bailes," anunció una de las señoras con un suspiro afectado.
    "Tendré que informar a mi madre," dijo Colin fuertemente. Él se contaba entre los hombres más pacientes, pero realmente, había algunos insultos que no podía dejar pasar.
    "Ah, no esta reunión," se apresuró para añadir la mujer. "Esta fiesta es realmente la única luz brillante en una cuerda por otra parte oscura y triste de reuniones. Por qué, yo decía sólo a-"
    "Pare ahora," pidió lady Danbury, "antes de que usted siga metiendo la pata."
    La señora rápidamente se calló.
    "Es raro," murmuró Penelope.
    "Ah, señorita Featherington," dijo la señora que había estado hablando antes sobre reuniones oscuras y tristes. "No le había visto aquí."
    ¿"Qué es raro?" Preguntó Colin, antes de que alguien más pudiera decir a Penelope como ellos no la habían notado.
    Le regalo una pequeña sonrisa, agradecida antes de explicar ella misma. "Es raro como las personas parecen entretenerse indicando que ellas no son entretenidas."
    ¿"Perdón?"Dijo Haywood, pareciendo aturdido.
    Penelope se encogió de hombros. "Pienso que usted tiene un buen rato hablando sobre lo que es aburrido, eso es todo."
    Su comentario encontró silencio. Lord Haywood seguía pareciendo aturdido, y una de las dos señoras debe haber tenido una mota del polvo en su ojo, porque no parecía hacer nada más que parpadear.
    Colin no podía menos que sonreír. Él no había pensado que la declaración de Penelope era un concepto tan terriblemente complicado.
    "La única cosa interesante de hacer es leerWhistledown," dijo la señora que no parpadeaba, como si Penelope nunca hubiera hablado.
    El señor al lado de ella murmuro su asentimiento.
    Y luego lady Danbury comenzó a sonreír.
    Colin estaba alarmado. La vieja señora echó un vistazo a sus ojos. Una mirada espantosa.
    "Tengo una idea," dijo ella.
    Alguien jadeó. Alguien más gimió.
    "Una idea brillante."
    "No, es que sus ideas sean otra cosa pero," murmuró Colin con su voz más afable.
    Lady Danbury lo hizo callar con un gesto de su mano. ¿"Cuántos grandes misterios están allí en la vida, realmente?"
    Nadie contestó, entonces Colin adivinó, "¿Cuarenta y dos?"
    Ella no se molestó ni en fruncirle el ceño. "Digo a todos ustedes aquí y ahora…”
    Cada uno se acerco. Incluso Colin. Era imposible no compartir el drama del momento.
    "Ustedes son todos mis testigos…”
    Colin pensó que oyó murmurar a Penelope, "Dígalo."
    "Mil libras," Dijo Lady Danbury.
    La muchedumbre que la rodeaba creció.
    "Mil libras," repitió ella, su voz creció en volumen. Realmente, ella se veia natural en la escena. "Mil libras…”
    Pareció que el salón de baile entero guardaba un silencio reverente.
    ¡"… a la persona que desenmascare a lady Whistledown!"

El CAPÍTULO 3

    Esta Autora sería negligente si no mencionara que el momento más famoso anoche en el último baile de cumpleaños en la Casa Bridgerton no fue el brindis por la Señora Bridgerton (la edad no será revelada), pero mejor dicho La oferta impertinente de lady Danbury de mil libras a quien desenmascare a
    Mi.
    Haga lo peor, señoras y señores de la multitud. Usted no tiene chances de solucionar este misterio.
    La Revista de Sociedad de la señora Whistledown, el 12 de abril de 1824

    Exactamente tres minutos fueron requeridos para que la noticia del escandaloso desafío de Lady Danbury se extendiera en todo el salón de baile. Penelope sabía que esto era verdadero porque debió mirar un gran (y, según Kate Bridgerton, fue muy preciso) reloj de péndulo cuando lady Danbury hizo su anuncio. Con las palabras, "Mil libras a la persona que desenmascare a lady Whistledown," el reloj leyó cuarenta y cuatro minutos pasado las diez. ¡La manilla larga no había avanzado más allá de los cuarenta y siete cuándo Nigel Berbrooke tropezó en el círculo rápidamente creciente por la gente que rodeaba a lady Danbury y proclamó su último esquema "Scrumbly grandiosa diversión!"
    Y si Nigel había oído sobre ello, significaba que todos lo sabían, porque el cuñado de Penelope no era conocido por su inteligencia, su envergadura de atención, o su capacidad de escuchar.
    Ni, pensó Penelope irónicamente, por su vocabulario. Scrumbly, en efecto.
    ¿"Y quién piensa usted que podría ser Lady Whistledown?" Pregunto Lady Danbury a Nigel.
    "Ninguna idea terrenal," confesó él. ¡"No soy yo, eso es todo lo que sé!"
    "Pienso que sabemos eso," contestó lady D.
    ¿"Quien crees que es?" Penelope preguntó a Colin.
    Él le dio un encogimiento de hombros. "He estado fuera de la ciudad demasiado a menudo como para especular."
    "No seas tonto," dijo Penelope. "Tu tiempo acumulativo en Londres seguramente asciende a bastantes bailes y derrotas aplastantes para formar teorías."
    Pero él sólo sacudió su cabeza. "Yo realmente no se que decir."
    Penelope lo contempló por un momento más de lo que era necesario, o, con toda la honestidad, socialmente aceptable. Había algo raro en los ojos de Colin. Algo breve y evasivo. Las personas a menudo lo veían solamente como una persona encantadoramente despreocupada, pero él era mucho más inteligente de lo que dejaba ver, y ella habría apostado su vida a que él tenía algunas sospechas.
    Pero por la razón que sea, no quiso compartirlas con ella.
    ¿"Y tu quien crees que es?" preguntó Colin, evitando responder devolviéndole su propia pregunta. "Has estado en la sociedad aproximadamente tanto tiempo como lady Whistledown. Seguramente debiste pensar en ello. "
    Penelope miró alrededor la sala de baile, sus ojos descansaron en una persona y, finalmente dirigiéndose a la pequeña muchedumbre alrededor de ella. "Pienso que bien podría ser Lady Danbury," contestó ella. ¿"No sería una broma inteligente?"
    Colin revisó a la señora mayor, que hacia mucho tiempo hablaba de su último plan. Ella golpeaba el bastón en la tierra, charlando animadamente, y sonriendo como un gato comiendo crema, pescado, y un pavo asado entero. "Tiene sentido," dijo él pensativamente, "en una sentido bastante perverso."
    Penelope sintió una mueca en su boca. "Ella no es nada si no perverso."
    Ella miró a Colin que observaba a lady D otros pocos segundos, entonces silenciosamente dijo, "Pero no piensas que es ella."
    Colin giró despacio su cabeza para afrontarla, levantando una ceja en la pregunta silenciosa.
    "Lo puedo decir por la expresión en su cara," explicó Penelope.
    Él sonrió abiertamente, lanzando la sonrisa fácil que él tan a menudo usaba en público. "Y yo pensé que era inescrutable."
    "Me temo que no," contestó ella. "No para mi, de todos modos."
    Colin suspiró. "Temo que nunca estará en mi destino ser un héroe oscuro, meditabundo."
    "Usted perfectamente podría ser héroe de alguien," acotó Penelope. "Hay tiempo para usted aún. ¿Pero oscuro y meditabundo?" Ella sonrió. "No es muy probable."
    "Demasiado malo para mí," dijo él con garbo, dándole el otro de sus sonrisas conocidas – el del lado cojo, infantil.
    "Los tipos oscuros, meditabundos consiguen a todas las mujeres."
    Penelope tosió discretamente, un poco sorprendida de que él hablara de tales cosas con ella, sin contar el hecho que Colin Bridgerton nunca había tenido problemas en atraer mujeres. Él le sonreía abiertamente, esperando una respuesta, y ella trataba de decidirse si la reacción correcta era el ultraje modestamente cortés o una risa y una clase "soy un deporte tan bueno" con una sonrisita, cuando Eloise literalmente patinó hasta detenerse delante de ellos.
    ¿"Escuchaste las noticias?" preguntó Eloise jadeantemente.
    ¿"Corrías?" Penelope contestó. Realmente era una hazaña notable en una sala de baile tan atestada.
    ¡"Lady Danbury ha ofrecido mil libras a quien desenmascare a lady Whistledown!"
    "Ya lo sabemos," dijo Colin en que tono vagamente superior exclusivo de hermanos mayores.
    Eloise soltó un suspiro decepcionado. ¿"Tu ya lo sabias?" Colin hizo señas a lady Danbury, que todavía estaba a unos escasos metros de ellos.
    "Estábamos aquí mismo cuando pasó."
    Eloise parecia extremadamente enojada, y Penelope sabía exactamente lo que estaba pensando (y seguramente estaría relacionado con la tarde anterior). Se había perdido un momento importante. Por otro lado descubría que que uno de sus hermanos de lo había visto completamente todo.
    "Bien, la gente ya habla sobre ello," dijo Eloise. "Acaloradamente. No he sido testigo de tal entusiasmo durante años."
    Colin se dirigió a Penelope y murmuró, "Esto es por qué tan a menudo decido dejar el país." Penelope trató de no sonreír.
    "Sé que hablas sobre mí y no me preocupa," siguió Eloise, apenas haciendo una pausa para respirar. "Le digo que, la multitud se ha vuelto loca. Cada uno – y quiero decir que cada uno – especula con su identidad, aunque los más astutos no digan una palabra. No quieren que otros ganen en su presentimiento, no lo saben."
    "Pienso," anunció Colin, "que como no necesito tanto mil libras no me preocupo por esto."
    "Es mucho dinero," dijo Penelope pensativamente.
    Él se dio vuelta incrédulamente. "No digas que vas a participar en este juego ridículo."
    Ella amartilló su cabeza al lado, levantando su barbilla en lo que ella esperó era un enigmático – o si no enigmático, por lo menos ligeramente un gesto misterioso. "No estoy tan bien dotada como para no hacer caso de la oferta de mil libras," dijo ella.
    "Quizás si trabajamos juntos…" sugirió Eloise.
    "Dios me guarde," fue la respuesta de Colin.
    Eloise no hizo caso de él, diciendo a Penelope, "podríamos repartir el dinero."
    Penelope abrió su boca para contestar, pero el bastón de lady Danbury apareció repentinamente, agitándose como loco por el aire. Colin tuvo que dar un paso rápido al lado sólo para evitar que su oído volara lejos.
    ¡"Señorita Featherington!" Lady D retumbó. "Usted no me ha dicho de quien sospecha."
    "No, Penelope," dijo Colin, con una afectada sonrisa en su cara, "usted no debe."
    El primer instinto de Penelope fue mascullar algo bajo su aliento y esperando que la edad de lady Danbury le había afectado bastante del oído para que asumiera que cualquier carencia del entendimiento era la falta de sus oídos y no los labios de Penelope. Pero sin necesidad de echar un vistazo a su lado, podía sentir la presencia de Colin, sentir su sonrisa rara, fijada en ella, y se sintio recta, con su barbilla alzada un poco más alto que de costumbre.
    Él la hizo más confiada, más audaz. La hizo su más… ella misma. O al menos la parte de ella misma que lamentaba no poder ser.
    "Realmente," dijo Penelope, Mirando a la Señora Danbury casi a los ojos, "pienso que es usted."
    Un grito ahogado colectivo resonó alrededor de ellos.
    Y por primera vez en su vida, Penelope Featherington se encontró en el mismo centro de la atención.
    Lady Danbury la contempló, sus ojos azul claro perspicaces la evaluaron. Y luego la cosa más asombrosa pasó. Sus labios comenzaron a moverse nerviosamente en las esquinas. Entonces ellos se ensancharon hasta que Penelope sabia que ella no solo sonreía,si no que carcajeaba abiertamente.
    "Me gusta usted, Penelope Featherington," dijo lady Danbury, dando un toque a su derecha en el dedo del pie con su caña. "Apuesto que la mitad la sala de baile es de la misma opinión, pero nadie más tiene el valor para decírmelo."
    "Realmente no lo tengo, tampoco," confesó Penelope, gruñendo ligeramente cuando Colin le dio un codazo en las costillas.
    "Obviamente," lady Danbury dijo con una luz extraña en sus ojos, "usted lo tiene."
    Penelope no sabía que decir a esto. Ella miró a Colin, que sonreía alentadoramente, entonces volvio su vista a lady Danbury, que parecia casi… maternal.
    Tuvo que ser la cosa mas extraña de todas. Penelope dudaba que lady Danbury hubiera dado miradas maternales a sus propios niños.
    ¿"No es ello agradable," dijo la señora más vieja, inclinándose en de modo que sólo Penelope pudiera oír sus palabras, "descubrir que no somos exactamente lo qué pensábamos que éramos?"
    Y luego ella se alejó, abandonando a Penelope que se preguntaba si tal vez ella no era completamente lo que ella había pensado que ella era.
    Tal vez sólo tal vez – ella era algo más.

* * *

    El día siguiente era un lunes, que significó que Penelope tomó el té con las señoras Bridgerton en el Número cinco. No sabía cuando, exactamente, había caído en aquel hábito, pero había sido así durante aproximadamente una década, y si no se presentara un lunes por la tarde, pensaba que la Señora Bridgerton enviaría a alguien para llevarla.
    Penelope disfrutaba de la costumbre Bridgerton del té y galletas por la tarde. Esto no era un ritual extendido; en efecto, Penelope no sabía de nadie más que hiciera un hábito diario de ello. Pero la Señora Bridgerton insistió que ella simplemente no podía durar del almuerzo a la cena, sobre todo no cuando ellos pasaban horas de ciudad y comían tan tarde por la noche. Y así, cada tarde a las cuatro, ella y cualquier número de sus niños (y a menudo un amigo o dos) se encontraban arriba en el informal salón para un bocado.
    Había llovizna en el aire, aunque esto fuera un día bastante calido, entonces Penelope tomó su sombrilla negra para el corto recorrido al Número cinco. Esta era una ruta que había seguido cientos de veces antes, unas casas abajo a la esquina de Montaje y la Calle Davies, luego a lo largo del borde de Berkeley Square a la Calle Bruton. Pero ella estaba de un humor raro ese día, un poquito alegre y tal vez hasta un poquito infantil, entonces decidió cortar a través de la esquina norte de Berkeley Square por ninguna otra razón que le gustó el sonido que producían sus botas en la hierba mojada.
    Esto era culpa de lady Danbury. Tenia que ser. Ella había sido bastante vertiginosa desde su encuentro la noche antes.
    "No. Que yo. Pensé yo. Era," se cantó si misma cuando caminaba, añadiendo una palabra cada vez que las suelas de sus botas se hundían en la tierra. "Algo más. Algo más."
    Ella descubrió un sector particularmente mojado y se deslizo como un patinadora en la hierba, cantando (suavemente, por supuesto; no había cambiado tanto a partir de la noche anterior para que realmente quisiera que alguien oyera su canto en público), "Algo maaaas," cuando ella se deslizó adelante.
    Que era, por supuesto (ya que fue justamente bien establecido – en su propia mente, en menor – que ella tenía el peor cronometraje en la historia de civilización), Justo cuando oyó que una voz masculina llamaba su nombre.
    Ella patinó hasta detenerse y dio gracias fervientes a que alcanzó su equilibrio en el último momento en vez de terminar en la hierba mojada y sucia.
    Era, por supuesto, él.
    ¡"Colin!" dijo ella con una voz ligeramente avergonzada, deteniéndose mientras lo esperaba llegar a su lado. "Qué sorpresa."
    Él pareció tratar de no sonreír. ¿"Bailabas?"
    ¿"Bailando?" resonó ella. "Eso me pareció un baile." "Ah. No" tragó con aire de culpabilidad, porque aunque no estaba mintiendo técnicamente, se sintió como si lo hiciera. "Claro que no."
    Sus ojos se arrugaron ligeramente en las esquinas. "Disculpa, entonces. Yo me habría sentido obligado a acompañarte, y nunca he bailado en Berkeley Square."
    Si él hubiera dicho lo mismo sólo dos días antes, ella se habría reído con su broma y le dejaría ser ingenioso y encantador. Pero debió haber oído la voz de lady Danbury dentro de su cabeza otra vez, porque de repente decidió que no quería ser la misma vieja Penelope Featherington.
    Decidió participar de la diversión.
    Ella rió con una risa que no pensó tenerla hasta reír. Era malo y ella era misteriosa, y sabía que no todo estaba en su cabeza porque los ojos de Colin se agrandaron marcadamente cuando murmuró, "Esto es vergonzoso. Es bastante agradable."
    "Penelope Featherington," él arrastró las palabras, "pensé que dijiste que no bailabas."
    Ella se encogió de hombros. "Mentí."
    "Si ese es el caso," dijo él, "entonces seguramente este debe ser mi baile."
    El interior de Penelope de repente se sintió muy extraño. Esto era por qué no podía dejar de escuchar la voz de lady Danbury dentro su cabeza. Podría ser audaz y encantadora durante un breve momento, pero no tenia ni idea de como llevarlo a cabo.
    A diferencia de Colin, obviamente, quién sonreía abiertamente sumamente cuando le ofreció sus brazos con la posición perfecta para un vals.
    ¡"Colin," ella jadeó, "estamos en Berkeley Square!"
    "Lo sé. Acabo de decirte que nunca he bailado aquí, ¿no recuerdas?"
    "Pero-"
    Colin se cruzó de brazo. 'Tsk. Tsk. no puedes publicar un desafío así y luego culpar a la comadreja por ello. Además, bailar en Berkeley Square parece la clase de cosa que una persona debería hacer al menos una vez en su vida, ¿no estas de acuerdo?"
    "Alguien podría vernos," susurró ella urgentemente.
    Él se encogió de hombros, tratando de esconder el hecho que realmente estaba entretenido por su reacción. "No me preocupo. ¿y Tu?"
    Sus mejillas se pusieron rosadas, luego rojas, y pareció tomar un gran esfuerzo para formar las palabras, "la Gente pensará que me estas cortejando”
    Él la miró atentamente, sin entender por qué ella se había molestado. ¿A quién le preocupa si la gente piensa que nos cortejamos? El rumor prontamente seria probado falso, y ellos tendrían una gran risa de la sociedad. Esto estaba en la punta de su lengua, Colgar la sociedad, pero él se mantuvo silencioso. Había algo mirando profundamente en las profundidades marrones de sus ojos, un poco de emoción que él no podía comenzar a identificar.
    Una emoción que el sospechó nunca haber sentido.
    Y se dio cuenta que la última cosa que él haría, sería dañar a Penelope Featherington. Ella era la mejor amiga de su hermana, y además, era, clara y simple, una muchacha muy agradable.
    Frunció el ceño. Supo que no debería llamarla una muchacha más. Con veinte-y-ocho años, ella no era más una muchacha de lo que él era todavía un muchacho de treinta-y-tres.
    Finalmente, con gran cuidado y lo que él esperó fuera una buena dosis de sensibilidad, le preguntó, "Existe una razón por la qué deberíamos preocuparnos ¿si la gente piensa que nos cortejamos?”
    Ella cerró sus ojos, y durante un momento Colin realmente pensó que ella podría estar dolida. Cuando ella los abrió, su mirada fija era casi agridulce. "Sería muy gracioso, realmente," dijo ella. "Al principio."
    Él no dijo nada, esperado que siguiera.
    "Pero finalmente se haría aparente que realmente no nos cortejamos, y esto…" Ella paró, tragando, y Colin confirmó que ella no era tan dura como aparentaba.
    "Sería asumido," siguió ella, "que usted sería el que terminaría las cosas, porque pues sólo así podría ser."
    Él no discutió con ella. Sabía que sus palabras eran verdaderas.
    Ella soltó un triste suspiro. "No quiero sujetarme a eso. Incluso la fabulosa lady Whistledown escribiría probablemente sobre ello. ¿Cómo no lo haria? Esto sería un gran pedazo de chisme demasiado jugoso para resistirlo."
    "lo siento, Penelope," dijo Colin. Él no estaba seguro por qué le pedía perdón, pero le parecía correcto decirlo.
    Ella lo reconoció con un pequeño movimiento de cabeza. "Sé que no debería preocuparme por lo que los demás dicen, pero lo hago."
    Se encontrabagirando para alejarse cuando él consideró sus palabras. O tal vez consideraba el tono de su voz. O tal vez ambos.
    Él siempre pensaba que estaba algo encima de la sociedad. No realmente fuera de ella, exactamente, ya que él seguramente se movía dentro de ella y por lo general se divertía completamente en ocasiones. Pero él siempre asumió que su felicidad no dependía de las opiniones de otros.
    Pero tal vez él no pensaba en la forma correcta. Era fácil asumir que uno no se preocupaba por las opiniones de otros cuando aquellas opiniones eran consecuentemente favorables. ¿Sería tan rápido para despedirse del resto de sociedad si lo trataran del modo que trataban a Penelope?
    Ella nunca había sido condenada al ostracismo, nunca sido hecha objeto de escándalo. Sólo no había sido… popular.
    Ah, la gente era dura, y los Bridgertons habían ofrecido su total amistad a ella, pero la mayor parte de las recuerdos de Colin sobre Penelope implicaban su posición en el perímetro de una sala de baile, tratando de mirar en todas partes, las parejas que bailaban, fingiendo claramente que ella realmente no quería bailar. Era por lo general cuando él mismo se acercaba y le preguntaba. Ella siempre parecía agradecida por la petición, aunque también un poquito avergonzada, porque ambos sabían que él lo hacía con al menos un poquito compasión por ella.
    Colin trató de ponerse en sus zapatos. No era fácil. Él siempre fue popular; sus amigos lo habían respetado en la escuela y las mujeres habían acudido a su lado cuando había entrado en la sociedad. Y tanto como él podría decir que él no se preocupaba de lo que la gente pensaba, cuando esto le cayó encima…
    Mejor dicho le gustó ser gustado.
    De repente no sabía que decir. Eso era extraño, porque él siempre sabía que decir. De hecho, él era algo famoso por saber siempre que decir. Era, reflexionó, probablemente uno de los motivos por los que él siempre gustaba.
    Pero él sintió que los sentimientos de Penélope dependían de sus siguientes palabras, y en algún punto en los últimos diez minutos, sus sentimientos se habían hecho muy importantes para él.
    "Tienes razón," dijo finalmente, decidiendo que siempre era una buena idea decir a alguien que estaba en lo cierto. "Fui muy insensible. ¿Quizás deberíamos comenzar de nuevo?"
    Ella parpadeó. ¿"Perdón?"
    Él ofreció su mano, como si el movimiento podría explicar todo. "Creemos un principio nuevo."
    Ella pareció tan adorablemente aturdida, que lo aturdió, ya que él nunca había pensado en que Penelope era por lo menos adorable.
    "Pero nos conocemos el uno al otro durante doce años," dijo ella.
    ¿"Realmente había sido tanto tiempo?" Él buscó en su cerebro, pero por su vida, no podía recordar cuando aconteció su primer encuentro. "No importa. Solo quise decir esta tarde, que eres boba."
    Sonrió, claramente a pesar de ella, y él sabía que llamándola una boba había sido exactamente lo correcto, aunque con toda razón no tenia ni idea de por qué.
    "Aquí vamos," dijo él despacio, sacando sus palabras con un floreo largo de su brazo. "Andas a través de Berkeley Square, y me divisas a la distancia. Te llamo por tu nombre, y tu contestas diciendo…”
    Penelope mordio su labio inferior entre sus dientes, tentada, por alguna razón desconocida, contenía su risa. ¿Bajo qué estrella mágica había nacido Colin, por qué él siempre sabía que decir? Él era el gaitero de varios colores, dejando corazones solamente felices y caras sonrientes con su estela. Penelope habría apostado dinero – mucho más que las mil de libras ofrecidas por Lady Dan – que ella no era la única mujer en Londres desesperadamente enamorada del tercer Bridgerton.
    Él movió su cabeza al costado y luego lo corrigió en una clase de incitación del movimiento.
    "Yo contestaría…" Dijo Penelope despacio. "Yo contestaría."
    Colin esperó dos segundos, luego dijo, "Realmente, diría cualquier palabra."
    Penelope había planeado fijar una sonrisa brillante en su cara, pero descubrió que la sonrisa en sus labios era completamente genuina. ¡"Colin!" dijo ella, tratando de sonar como si hubiera estado sorprendida sólo por su llegada. ¿"Que hace usted aquí?"
    “Excelente respuesta," dijo él.
    Ella sacudió su dedo en él. "Usted se sale del personaje."
    "Sí, sí, por supuesto. Mil disculpas." Él hizo una pausa, parpadeó dos veces, luego dijo, "Aquí estamos. Y este: más O menos lo mismo como usted, Imagino. Dirigiéndome al Número cinco para el té. "
    Penelope se encontró entrando en el ritmo de la conversación. "Suenas como si fueras sólo de visita. ¿No vives tu allí?"
    Él hizo una mueca. "Esperando que dentro de la próxima semana. Una quincena como máximo. Me encuentre viviendo en un nuevo lugar. Tuve que dejar el arriendo de mi viejo juego de cuartos cuando viajé hacia Chipre, y no he encontrado un reemplazo conveniente aún. Yo tenía un poco del negocio abajo en Piccadilly y pensé que volvería."
    ¿"En la lluvia?"
    Él se encogió de hombros. "No llovía cuando me marché antes esta mañana. Y ahora mismo esto es tan sólo una llovizna."
    Sólo llovizna, Penelope pensó. La llovizna que se aferraba a sus pestañas obscenamente largas, enmarcando unos ojos de tan perfectamente verdes que más de una señorita se sintió movida a escribir (muy mala) poesía sobre ellos. Incluso Penelope, que le gustaba señalarse a si misma como una persona equilibrada, había pasado muchas noches en la cama, contemplando el techo y viendo solamente aquellos ojos.
    Sólo llovizna, en efecto.
    ¿"Penelope?"
    Ella se rompió a la atención. "Correcto. Sí. Voy donde tu madre para el té también. Siempre voy cada lunes. Y a menudo durante otros días, también," confesó ella. "Cuando no hay, er, no ocurre nada interesante en mi casa."
    "No hay necesidad de sonar tan culpable por ello. Mi madre es una mujer encantadora. Si ella te quiere para el té, tu debes ir."
    Penelope tenía el mal hábito de tratar de oír entre líneas las conversaciones de la gente, y sospechaba que Colin realmente decía que él no la culparía si ella quisiera evitar a su propia madre de vez en cuando.
    Que de alguna forma, inexplicable, la hizo su sentir un poco triste.
    Él se meció en sus talones durante un momento, luego dijo, "Bien, yo no debería tenerte aquí fuera bajo la lluvia."
    Ella sonrió, ya que habían estado de pie durante al menos quince minutos. De todos modos, si él quisiera seguir con el juego, ella lo haría también. "Soy el que lleva el paraguas," indicó ella.
    Sus labios se torcieron ligeramente. "Entonces usted es. Pero de todos modos, yo no sería un caballero si no le condujera hacia un ambiente más hospitalario. Hablar de que…" Frunció el ceño, mirando alrededor.
    ¿"Hablar de qué?"
    "De ser un caballero. Creo que se supone que nosotros vemos al bienestar de las damas."
    ¿"Y?"
    Él se cruzó de brazos. ¿"No deberías tener a una criada contigo?"
    "Vivo sólo a la vuelta de la esquina," dijo ella, un poquito desinflada eso él no lo recordaba. Ella y su hermana eran las mejores amigas, como dos hermanas, después de todo. Él había andado hasta su casa un par de veces. "En la Calle de Montaje," añadió ella, cuando su ceño fruncido no se disipó.
    Él bizqueó ligeramente, mirando en dirección de la Calle de Montaje, aunque ella no tuviera ni idea lo que él esperó llevar a cabo con hacer eso.
    "Ah, por el bien del cielo, Colin. Está sólo cerca de la esquina de la Calle Davies. Esto no puede ser más que un paseo de cinco minutos a lo de su madre. Cuatro, si me siento excepcionalmente animada."
    "Yo miraba sólo para ver si habia algun lugar oscuro." Él se volvió para mirarla. "Donde un criminal podría estar al acecho."
    ¿"EnMayfair?"
    "En Mayfair," dijo él en tono grave. "Realmente pienso que deberías hacer que una criada te acompañara cuando viajas de un lado a otro. Yo realmente lamentaría si algo te pasara."
    Ella fue de una manera rara tocada por su preocupación, aunque ella supiera que él habría ampliado la seriedad igual a aproximadamente cada hembra de su conocido. Era simplemente la clase de hombre que él era.
    "Puedo asegurarte que observo todas las advertencias habituales cuando viajo distancias más largas," dijo ella. "Pero realmente, esto es muy cercano. Sólo unas cuadras, realmente. Incluso mi madre no se opone."
    La mandíbula de Colin de repente pareció completamente tiesa.
    "Para no mencionar," añadió Penelope, "que tengo veinte -y-ocho años."
    ¿"Qué tiene que ver eso? Tengo treinta-y- tres años, si gustas saber."
    Ella lo sabía, por supuesto, ya que sabía casi todo sobre él. "Colin", ella dijo, ligeramente enojada gimen arrastrándose en su voz.
    "Penelope," contestó él, exactamente con el mismo tono.
    Ella soltó un largo suspiro antes de sentenciar, "estoy completamente madura, Colin. Ya no tengo que preocuparme de todas las reglas que me molestaban cuando tenía diecisiete años."
    "Apenas lo creo-"
    Una de las manos de Penelope se plantó en su cadera. "Pregunte a su hermana si usted no me cree."
    Él de repente pareció más serio de lo que ella lo hubiera visto alguna vez. "Hago un punto para no preguntar a mi hermana en asuntos que están relacionados con el sentido común."
    ¡"Colin!" Penelope exclamó. "Eso es una cosa terrible."
    "No dije que no la amo. No dije hasta que no me gusta ella. Adoro a Eloise, como bien sabes. Sin embargo-"
    "Algo que comienza con sin embargo tiene que ser malo," refunfuñó Penelope.
    "Eloise," dijo él con la arbitrariedad inusitada, "debería estar casada ya."
    Esto, era realmente demasiado, sobre todo en aquel tono de voz. "Unos podrían decir," volvió Penelope con una pequeña inclinación de su barbilla, "esto usted debería estar casado ya, también."
    "Ah, pi-"
    "Usted tiene, cuando usted tan orgullosamente me informó, treinta-y-tres."
    Su expresión era ligeramente divertida, pero con aquel poco de irritación, que le decia que no permanecería divertido mucho tiempo. "Penelope, no sigas-"
    ¡"Viejo!" ella pió.
    Él juró bajo su aliento, lo que la sorprendió, ya que ella no pensó que ella había oído alguna vez que él hacía así en la presencia de una señora.
    Probablemente debería haberlo tomado como una advertencia, pero estaba demasiado irritada. Supuso que el viejo refrán – el coraje engendra más coraje- era verdadero.
    O tal vez decía que la imprudencia animaba más imprudencia, porque lo miró maliciosamente y dijo, "¿no Estaban sus dos hermanos mayores casados cerca de los treinta?"
    Para su sorpresa, Colin simplemente sonrió y cruzó sus brazos cuando apoyó un hombro contra el árbol que los cubría. "Mis hermanos y yo somos hombres muy diferentes."
    Entonces, Penelope se dio cuenta, una declaración muy reveladora, porque tantos miembros de la Multitud, incluso la fabulosa lady Whistledown, hicieron tanto del hecho que los hermanos Bridgerton parecían tan parecidos. Unos habían ido hasta el extremo de llamarlos intercambiables. Penelope no había pensado que cualquiera de ellos se hubiese molestado por este de hecho, había asumido que ellos se habían sentido todos adulados por la comparación, ya que ellos eran tan parecidos el uno al otro. Pero tal vez se equivocó.
    O tal vez ella nunca lo había mirado tan de cerca.
    Que era bastante extraño, porque sintió como si hubiese pasado la mitad su vida mirando a Colin Bridgerton.
    Una cosa sabía realmente, sin embargo, y debería haberlo recordado, y fue que si Colin tuviera alguna clase de carácter, él estaba decidido no dejarlo ver. Seguramente ella se había felicitado cuando pensó que la pequeña broma sobre sus hermanos que se casaron antes de pasar los treinta podía hacerlo enojar.
    No, su método de ataque era una sonrisa perezosa, una broma oportuna. Si Colin alguna vez perdiera su carácter…
    Penelope sacudió su cabeza ligeramente, incapaz de comprenderlo. Colin nunca perdería su carácter. Al menos no delante de ella. Él tendría que estar realmente, realmente – no, profundamente-disgustado para perder su carácter. Y aquella clase de furia sólo podría ser provocada por alguien realmente, realmente, profundamente importante para el.
    A Colin le gustaba bastante ella, aún más de lo que gustaban la mayor parte de personas – pero él no se preocupó. Noen esa forma.
    "Quizás deberíamos consentir sólo en discrepar," ella dijo finalmente.
    ¿"En qué?"
    "Er…" Ella no podía recordar. ¿"Er, en lo qué una solterona puede o no puede hacer?"
    Él pareció divertido con su vacilación. "Esto requeriría probablemente que yo recurriera al juicio de mi hermana más joven, lo que sería, estoy seguro que lopuedes imaginar, muy difícil para mí."
    ¿"Pero no te opones a diferir con mi juicio?" Su sonrisa era perezosa y malvada. "No si prometes no decir otra cosa."
    Él no lo quiso contestar, por supuesto. Y ella sabía que él sabía que ella sabía que él no lo quiso decir. Pero era su modo. El humor y una sonrisa podrían alisar cualquier cosa. ¡Y rayos!, esto resultó, porque ella se oyó suspirar y se sintió sonreir, y antes de que ella lo supiera dijo ¡Suficiente! Volvamos al camino a casa de su madre."
    Colin sonrió abiertamente. ¿"Piensas que ella tendrá galletas?" Penelope hizo girar sus ojos. " que ella tendrá galletas." "Bueno," dijo él, salio corriendo y al mismo tiempo la arrastró con él. "Amo realmente a mi familia, pero ciertamente voy solo por la comida."

El CAPÍTULO 4

    Es difícil imaginar que existen otras noticias del baile Bridgerton además de la determinación de lady Danbury de descubrir la identidad de Esta Autora, pero los siguientes artículos deberían ser realmente tomados en cuenta:
    El Sr. Geoffrey Albansdale fue visto bailando con la señorita Felicity Featherington.
    La Señorita Felicity Featherington también fue vista bailando con el Sr. Lucas Hotchkiss.
    El Sr. Lucas Hotchkiss también fue visto bailando con la señorita Hyacinth Bridgerton.
    La Señorita Hyacinth Bridgerton también fue vista bailando con el Vizconde Burwick.
    El vizconde Burwick también fue visto bailando con la señorita Jane Hotchkiss.
    La Señorita Jane Hotchkiss también fue vista bailando con el Sr. Colin Bridgerton.
    El Sr. Colin Bridgerton también fue visto bailando con la señorita Penelope Featherington.
    Y redondeando este pequeño " alrededor del atractivo circulo amoroso ", la señorita Penelope Featherington fue vista hablando con Sr. Geoffrey Albansdale. (Habría sido demasiado perfecto si ella realmente hubiera bailado con él, no está de acuerdo usted, ¿Querido Lector?)

    La Revista de Sociedad de LadyWhistledown, el 12 de abril de 1824

    Cuando Penelope y Colin entraron en el salón, Eloise y Hyacinth bebían a sorbos ya el té, junto con dos de las Señoras Bridgerton. Violet, la viuda de título, estaba sentada delante de un juego de té, y Kate, su nuera y esposa de Anthony, el actual vizconde, intentaban, sin mucho éxito, controlar a su hija de dos años Charlotte.
    "Miren con quién choqué en Berkeley Square," dijo Colin.
    "Penelope," dijo la Señora Bridgerton con una sonrisa calida, "siéntese. El té está todavía calido y agradable, y el Cocinero hizo sus famosas galletas de mantequilla."
    Colin fue directo a la comida, apenas haciendo una pausa para saludar a sus hermanas.
    Penelope siguió la indicación de la Señora Bridgerton a una silla cercana y tomó un asiento.
    "Las galletas están bien," dijo Hyacinth, empujando un plato en su dirección.
    " Hyacinth," dijo La Señora Bridgerton con una voz vagamente desaprobadora, "trata de hablar con oraciones completas."
    Hyacinth miró a su madre con una expresión sorprendida. “Son.Galletas. Bueno." Ella amartilló su cabeza al lado. "Sustantivo. Verbo. Adjetivo."
    “Hyacinth."
    Penelope podía ver que la Señora Bridgerton trataba de parecer severa cuando reprendía a su hija, pero no tenía éxito completamente.
    "Sustantivo. Verbo. Adjetivo," dijo Colin, limpiando una miga de su cara sonriendo abiertamente. "Oración. Es. Correcto."
    "Si apenas eres alfabetizado," replicó Kate, alcanzando una galleta. "Éstos están bien," dijo ella a Penelope, una sonrisa avergonzada cruzaba por su cara. "Este de alguien mi cuarto."
    "Te amo, Colin," dijo Hyacinth, no haciendo caso de Kate completamente.
    "Por supuesto que si," murmuró él.
    "Yo misma," dijo Eloise maliciosamente, "prefieren colocar artículos antes que sustantivos en mis propios escritos."
    Hyacinth resopló. ¡"Tus escritos!" ella resonó. "Escribo muchas cartas," dijo Eloise con una aspiración. "Y guardo un diario, que te aseguro es un hábito muy beneficioso."
    "Esto ayuda realmente a mantener la disciplina," agregó Penelope, tomando su taza y platillo de las manos extendidas de la Señora Bridgerton.
    ¿"Guardas un diario?" Kate preguntó, realmente no mirándola, ya que acababa de saltar de su silla para agarrar a su hija de dos años que se había subido a la mesa del lado.
    "Me temo que no," dijo Penelope con una sacudida de su cabeza. "Eso requiere demasiada disciplina para mí."
    "No pienso que es siempre necesario poner un artículo antes de un sustantivo," Hyacinth persistió, completamente incapaz, como siempre, dejar de lado su argumentación.
    Lamentablemente para el resto de la reunión, Eloise era igualmente tenaz. "Tu puedes dejar el artículo si te refieres a su sustantivo en un sentido general," dijo ella, apretando sus labios en una manera bastante arrogante, "pero en este caso, cuando tu te referías a galletas específicas…”
    Penelope no era optimista, cuando oyó el gemido de Señora Bridgerton.
    "… entonces especificamente," dijo Eloise arqueando sus cejas, "estas equivocada."
    Hyacinth se volvio hacia Penelope. "Estoy en lo cierto que ella no usó especificamente correctamente en aquella última oración."
    Penelope alcanzó otra galleta de mantequilla. "Rechazo entrar en la discusión."
    "Qué cobarde," Colin murmuró.
    "No, sólo hambrienta." Penelope presto atención a Kate. "Éstas están buenas."
    Kate asintió con la cabeza mostrándose de acuerdo. "He oído rumores," dijo ella a Penelope, "que tu hermana puede prometerse en matrimonio."
    Penelope parpadeó por la sorpresa. Ella no había pensado que la unión de Felicity con el Sr. Albansdale fuera del conocimiento público.
    ¿"Er, dónde has oído los rumores?"
    "Eloise, por supuesto," dijo Kate normalmente. "Ella siempre sabe todo."
    "Y lo que no sé," dijo Eloise con una sonrisa fácil, " Hyacinth por lo general lo sabe. Es muy conveniente."
    ¿"Están seguras que ninguna de ustedes es lady Whistledown?" bromeó Colin.
    ¡"Colin!" Exclamó la señora Bridgerton. ¿"Cómo puedes pensar tal cosa?"
    Él se encogió de hombros. "Ambas son seguramente bastante astutas para llevar tal hazaña."
    Eloise y Hyacinth gruñeron.
    Incluso la Señora Bridgerton no podía descartar completamente el elogio. "Sí, bueno" ella vacilo, " Hyacinth es demasiado joven, y Eloise…" Ella miro a Eloise, que la observaba con la expresión más divertida. "Bien, Eloise no es lady Whistledown. Estoy segura de ello."
    Eloise miró a Colin. "No soy lady Whistledown."
    "Eso esta muy mal," contestó él. "Tu serías asquerosamente rica ya, me imagino."
    "Sabes," dijo Penelope pensativamente, "eso podría ser un buen modo para descubrir su identidad."
    Cinco pares de ojos dieron vuelta en su dirección.
    "Ella tiene que ser alguien que tiene más dinero del que debería tener," explicó Penelope.
    "Un buen punto," dijo Hyacinth, "salvo que no tengo una pista de cuánto dinero tiene la gente."
    "Ni siquiera yo, por supuesto," contestó Penelope. "Pero la mayor parte del tiempo uno tiene una idea general." Hyacinth impresionada la miro fijamente, ella añadió, "Por ejemplo, si yo de repente saliera y me comprara un diamante parure, sería bastante sospechoso."
    Kate dio un codazo a Penelope. ¿"Comprado algún diamante parures últimamente, eh? Yo podría usar mil libras."
    Penelope deja a sus ojos enrollarse durante un segundo antes de contestar, porque siendo la actual Vizcondesa Bridgerton, Kate seguramente no necesitaría mil libras. "Puedo asegurarte," dijo ella, "que no poseo ni siquiera un diamante. Tampoco un anillo."
    Kate soltó un "euf" de burla disgustado. "Bien, entonces, no eres de ninguna ayuda."
    "Esto no es solamente por el dinero,"anunció Hyacinth. "Esto es por la gloria."
    La señora Bridgerton tosió en su té. "Lo siento, Hyacinth," dijo ella, ", pero ¿qué dijiste?"
    "Piensen en los aplausos que uno recibiría después de haber agarrado finalmente a lady Whistledown," dijo Hyacinth. "Sería glorioso."
    ¿"Dices que," preguntó Colin, una expresión Ilusoriamente suave en su cara, " no te preocupas por el dinero?"
    "Yo nunca dije eso" Hyacinth dijo con una sonrisa atrevida.
    Entonces se le ocurrió a Penelope que de todos los Bridgertons, Hyacinth y Colin eran los más parecidos. Era probablemente algo bueno que Colin estuviera tan a menudo fuera del país. Si él y Hyacinth alguna vez unieran verdaderamente sus fuerzas, probablemente ellos podrían conquistar el mundo.
    “Hyacinth," dijo firmemente la Señora Bridgerton, "no debes hacer la búsqueda de lady Whistledown el trabajo de toda tu vida."
    "Pero-"
    "No digo que no puedas considerar el problema y hacer unas preguntas," se apresuró en añadir la Señora Bridgerton, levantando una mano para rechazar interrupciones adicionales. "Siendo cortés, yo esperaría que después de casi cuarenta años de maternidad yo supiera mejor como tratar de pararte cuando tienes tu mente completamente tan puesta en algo, sin importar lo que pueda ser."
    Penelope acerco su taza de té a su boca para cubrir su sonrisa
    "Es sólo que se ha conocido que eres mejor dicho" – la Señora Bridgerton delicadamente aclaro su garganta – "decidida a veces…”
    ¡"Madre!"
    La señora Bridgerton siguió como si Hyacinth nunca hubiera hablado. "el… y yo no queremos que olvides que tu objetivo principal en estos momentos es tu deber de buscar marido."
    Hyacinth pronunció la palabra " Madre "otra vez, pero esta ves parecía más de un gemido que una protesta.
    Penelope hecho un vistazo a Eloise, que tenía sus ojos se fijó en el techo y trataba claramente de no estallar en risas. Eloise había soportado años de búsqueda de partidos implacable en las manos de su madre y no se opuso en lo más mínimo cuando ella pareció haberse rendido y habiendo girado hacia Hyacinth.
    En verdad, Penelope estaba sorprendida de que la Señora Bridgerton hubiera aceptado finalmente el estado soltero de Eloise. Ella nunca había escondido el hecho que su mayor objetivo en la vida era ver a sus ochos niños felizmente casados. Y ella había tenido éxito con cuatro. Primero Daphne se había casado con Simon y se había hecho la Duquesa de Hastings. El año siguiente Anthony se había casado con Kate. Hubo un poco de una calma después de esto, pero tanto Benedict como Francesca se hubieran casado en un año uno después del otro, Benedict con Sophie, y Francesca con el Conde escocés Earlde Kilmartin.
    Francesca, lamentablemente, había enviudado sólo dos años después de su matrimonio. Ahora dividía su tiempo entre la familia de su fallecido marido en Escocia y la suya en Londres. Cuando estaba en la ciudad, sin embargo, ella insistió en vivir en la Casa Kilmartin en vez de la Casa Bridgerton Número cinco. Penelope no la culpó. Si ella fuera una viuda, ella querría disfrutar de todo su independencia, también.
    Hyacinth generalmente aguantaba la búsqueda de partidos de su madre con buen humor desde entonces, cuando ella había dicho a Penelope, no era como si no se quisiera casarse eventualmente. Podría dejar también a su madre hacer todo el trabajo y luego ella podría elegir a un marido cuando el correcto se presentara.
    Y era con este buen humor que ella guardaba, besó a su madre en la mejilla, y diligentemente prometió que su foco principal en la vida seria buscar a un marido que todo el rato le dirigiera una sonrisa atrevida, disimulada de su hermano y hermana. Ella apenas estuvo de vuelta en su asiento cuándo dijo a la muchedumbre fuertemente, "¿De este modo, piensa usted que ella será atrapada?"
    ¿"Todavía hablamos de esta mujer Whistledown?" La señora Bridgerton gimió.
    ¿"No ha oído usted la teoría de Eloise, entonces?" preguntó Penélope.
    Todos los ojos giraron primero a Penelope, y después a Eloise.
    ¿"Er, cuál es mi teoría?" preguntó Eloise.
    "fue sólo, ah, no sé, tal vez hace una semana," dijo Penelope. "Hablábamos sobre lady Whistledown, y dije que no veía como ella podría continuar posiblemente para siempre, por que finalmente ella tendría que cometer un error. Entonces Eloise dijo que ella no estaba tan segura, que había durado más de diez años y que si ella cometiera un error, ¿no lo habría cometido ya? Entonces dije, no, ella era simplemente humana. Finalmente ella tendría que meter la pata, porque nadie podría continuar así para siempre, y-"
    ¡"Ah, recuerdo ahora!" exclamo Eloise interrumpiendo. "Estábamos en tu casa, en tu cuarto. ¡Yo tenía la idea más brillante! Dije a Penelope que yo apostaría que aquella Lady Whistledown ha cometido ya un error, y nosotros éramos demasiado estúpidos para haberlo notado."
    "No muy elogioso con nosotros, debo decir," murmuró Colin.
    "Bien, use realmente nosotros para implicar a toda la sociedad, no sólo nosotros los Bridgertons," objetó Eloise.
    "Tan tal vez," Hyacinth reflexionó, "todo lo que tengo que hacer para agarrar a lady Whistledown es leer detenidamente sus columna anteriores."
    Los ojos de la señora Bridgerton se llenaron de un pánico suave. "Hyacinth Bridgerton, no me gusta esa mirada en tu cara."
    Hyacinth sonrió y se encogió de hombros. "Yo podría tener mucha diversión con mil libras."
    "Dios nos ayude a todos nosotros," fue la respuesta de su madre.
    "Penelope," dijo Colin de repente, " nunca terminaste de contarnos sobre Felicity. ¿Es verdad que ella se encuentra comprometida?"
    Penelope se tomó un trago de té que ella había estado en el proceso de beber a sorbos. Colin tenía un modo de mirar a una persona, sus ojos verdes tan concentrados haciendo que uno se sintiera como si solamente fueran las dos únicas personas en el universo. Lamentablemente para Penelope, también parecía tener el modo de reducirla a ser una imbécil tartamudeante. Si ellos estuvieran en medio de la conversación, ella podría sostenerla generalmente, pero cuando él la sorprendía así, centrando su atención en ella sólo cuando ella se convencia a si misma se mezclaba perfectamente con el empapelado, ella estaba completamente y totalmente perdida.
    "Er, sí, es completamente posible," dijo ella. "el Sr. Albansdale ha estado insinuando sus intenciones. Pero si él decide realmente proponer, imagino que viajará a Anglia del este para pedir a mi tío su mano."
    ¿"Tu tío?" preguntó Kate.
    "Mi tío Geoffrey. Él vive cerca de Norwich. Él es nuestro pariente masculino más cercano, aunque la verdad sea dicha, no lo vemos muy a menudo. Pero el Sr. Albansdale es bastante tradicional. No pienso que él se sentiría cómodo haciendo la petición a mi madre."
    "Espero que él pregunte también a Felicity," dijo Eloise. "Yo a menudo pensaba en lo tonto de hombre que pide al padre la mano de una mujer o antes de preguntarle a ella. El padre no tiene que vivir con él."
    "Esa actitud," dijo Colin con una sonrisa divertida que sólo fue en parte escondida por su taza de té, "puede explicar por qué eres aún soltera."
    La señora Bridgerton fulmino a su hijo con una mirada severa y dijo su nombre con desaprobación.
    "Ah, no,Madre," dijo Eloise, "no me opongo. Estoy absolutamente cómoda como una vieja criada." Ella dio a Colin una mirada mejor dicho superior. "Yo prefiero ser una excelente solterona a casarme con un ánima. ¡Como," añadió ella con un floreo, "Penelope!"
    Asustada de la mano de Eloise apuntando repentinamente en su dirección, Penelope enderezó su columna y dijo, "Er, sí. Por supuesto."
    Pero Penelope sentía que sus sentimientos no eran tan firmes en sus convicciones como los de su amiga. A diferencia de Eloise, ella no había rechazado seis peticiones de mano. Ella no había rechazado ninguna; ella no había recibido ninguna.
    Ella se había dicho que no habría aceptado en cualquier caso, ya que su corazón pertenecía a Colin. ¿Pero era realmente la verdad, o trataba sólo de hacerse sentir mejor por haber sido un fracaso tan resonante en el mercado de matrimonio?
    ¿Si alguien le pidiera casarse con él mañana – alguien absolutamente amable y aceptable, a quién ella nunca podría amar, pero con toda probabilidad quererlo bien – diría ella sí?
    Probablemente.
    Y esto hizo su melancolía, porque admitiendo esto a ante si misma, abandonaba toda esperanza con Colin. Esto significó que ella no era tan fiel a sus principios como había esperado que seria. Esto significó que ella quiso decidirse por un marido "menos que perfecto" a fin de tener una casa y una familia propia.
    No era nada que cientos de mujeres no hicieron cada año, pero era algo que ella nunca había pensado que haría.
    "te has puesto repentinamente seria," le dijo Colin.
    Penelope se sacudió de sus reflexiones. ¿"Yo? Ah. No, no. Sólo me perdí en mis pensamientos, eso es todo."
    Colin reconoció su declaración con una breve cabezada antes de alcanzar otra galleta. ¿"Tienen ustedes algo más sustancial?"Preguntó él, arrugando su nariz.
    "Si yo hubiera sabido que venías," dijo su madre con voz seca, "yo habría doblado la comida."
    Él estuvo de pie y anduvo al tirador de la campanilla. "Pedire más."
    ¿Después de darle una mordidai, él se volvió atrás y preguntó, "oyó usted la teoría de Penelope sobre Lady Whistledown?"
    "No, no escuche," contestó la Señora Bridgerton.
    "Es muy inteligente, realmente," dijo Colin, parándose para pedir a una criada emparedados antes de terminar con, "Ella piensa que es lady Danbury."
    "Ooooh." Hyacinth estaba visiblemente impresionada. "Eso es muy astuto, Penelope."
    Penelope asintió con un movimiento de cabeza agradeciendo.
    "Y es el tipo de cosas que sólo lady Danbury haría," añadió Hyacinth.
    ¿"La columna o el desafío?" Kate preguntó, agarrando la faja del vestido de Charlotte antes de que la niña pudiera trepar fuera de alcance.
    "Ambos," señalo Hyacinth.
    "Y," Eloise agrego, "Penelope se lo dijo. Directamente en su cara."
    La boca de Hyacinth se quedo abierta, y era obviopara Penelope que ella acababa de encontrar el camino – en la valoración Hyacinth.
    ¡"Me hubiera gustado haber visto eso!" dijo La señora Bridgerton con una sonrisa amplia, orgullosa. "Francamente, estoy sorprendida lo que no se revelo enWhistledown de esta mañana."
    "Apenas pienso que lady Whistledown comentaría sobre las teorías de la gente individual en cuanto a su identidad," dijo Penelope.
    ¿"Por qué no?"Pregunto Hyacinth. "Eso sería un camino excelente para ella para disponer a unos arenques rojos. Por ejemplo" – ella ofreció su mano hacia su hermana en la postura más dramática – "diga que pensé que era Eloise."
    ¡"Ella no es Eloise!" La señora Bridgerton protestó.
    "No soy yo," dijo Eloise con una sonrisa.
    "Pero di que pensé que lo era," dijo Hyacinth de una voz languida. "Y que lo dije en público."
    "lo que debiste hacer," dijo su madre severamente.
    "Que yo nunca haría," Hyacinth parloteo. "Pero sólo ser académico, déjenos fingir que lo hice. Y diga que Eloise realmente es la Señora Whistledown. Lo cual ella no es," se apresuró a agregar antes que su madre la interrumpiera nuevamente. La señora Bridgerton sostuvo sus manos en un fracaso silencioso. ¿"Qué mejor modo de engañar a las masas," Hyacinth siguió, "que burlarse de mí en su columna?"
    "Por supuesto, si lady Whistledown realmente fuera Eloise…" Penelope reflexionó.
    ¡"No es ella!" estallo La señora Bridgerton. Penélope no podía menos que reírse. "Pero si lo fuera…" "Usted sabe," dijo Eloise, "ahora realmente lamento que no lo fuera." "Qué bromas harias con todos nosotros," siguió Penelope. "Por supuesto, luego el miércoles no podrías hacer una columna burlandote de Hyacinth por pensar que eres es lady Whistledown, porque entonces sabríamos todos que tendrias que ser tu." "A menos que fuera tu." Kate se rió, mirando a Penelope. "Sería una broma desviada."
    "Déjeme ver si lo entiendo correctamente," dijo Eloise con una risa. "Penelope es lady Whistledown, y ella va a hacer una columna el miércoles burlandose de la teoría de Hyacinth de que yo soy lady Whistledown sólo para engañarlos que soy lady Whistledown, porque Hyacinth sugirió que fuera la astucia misma."
    "Estoy completamente perdido," dijo Colin a nadie en particular. "A menos que Colin fuera realmente lady Whistledown…" dijo Hyacinth con un destello diabólico en sus ojos. ¡"Páren" dijo La señora Bridgerton "Les pido." Para entonces cada uno se reía con demasiada fuerza para que Hyacinth pudiera continuar, de todos modos.
    "Las posibilidades son interminables," dijo Hyacinth, limpiando un rasgón de su ojo.
    "Quizás deberíamos mirar todos simplemente a la izquierda," Colin sugirió cuando se recostó. "Quién sabe, esa persona puede ser muy bien nuestra infame lady Whistledown."
    Cada uno miro a la insquierda, con la excepción de Eloise, que miro a la derecha… directo a Colin. ¿"Tratabas de decirme algo," preguntó ella con una sonrisa divertida, "cuándo te sentaste a mi derecha?"
    "Para nada,"murmuró él, alcanzando el plato con galletas y luego paro cuando recordó que estaba vacío.
    Pero él no encontró completamente los ojos de Eloise cuando lo dijo.
    Si alguien además de Penelope hubiera notado su evasiva, ellos eran incapaces de preguntarle, porquefue cuando los emparedados llegaron, y él era un inútil para la conversación después de esto.

El CAPÍTULO 5

    A llamado la atención de Esta Autora que la Señora Blackwood torcio su tobillo al inicio de esta semana cazando un muchacho repartidor de Este Humilde Diario.
    Mil libras son seguramente mucho dinero, pero la Señora Blackwood apenas necesita fondos, y además, la situación se pone absurda. Seguramente los londinenses tienen mejores cosas que hacer con su tiempo que andar en busca de pobres muchachos repartidores, en una infructuosa tentativa de descubrir la identidad de Esta Autora.
    O tal vez no.
    Esta Autora ha hecho una crónica de las actividades de la multitud durante más de una década hasta ahora y no ha encontrado evidencias de que ellos tengan realmente algo mejor que hacer con su tiempo.
    Revista de Sociedad de lady Whistledown, el 14 de abril de 1824

    Dos días más tarde Penelope se encontró otra vez cortando paso a través de Berkeley Square, en su camino al Número cinco para ver a Eloise. Esta vez, sin embargo, eran las últimas horas de la mañana, estaba soleado, y ella no se encontro con Colin a lo largo del camino.
    Penelope no estaba segura si eso fuera algo malo o no.
    Ella y Eloise habían hecho planes la semana anterior para ir de compras, pero habian decidido encontrarse en el Número cinco de modo que pudieran salir juntas y renunciar a ser acompañadas por sus criadas. Era el tipo de día perfecto, más parecia junio que abril, y Penelope pensaba con mucha ilusión en el corto paseo a la Calle Oxford.
    Pero cuando llegó a casa de Eloise, se encontró con una expresión perpleja en la cara del mayordomo.
    "Señorita Featherington,"dijo él, parpadeando varias veces una tras otra antes de encontrar más palabras. "No creo que la señorita Eloise se encuentre aquí."
    La boca de Penelope se abrió con sorpresa. ¿"Dónde fue ella? Hicimos este compromiso hace más de una semana."
    Wickham sacudió su cabeza. "No sé. Pero ella se marchó con su madre y la señorita Hyacinth hace dos horas."
    "Ya veo." Penelope frunció el ceño, tratando de decidir que hacer. ¿"Puedo esperar, entonces? Quizás ella esta simplemente retrasada. Eloise no se olvida de un compromiso. "
    Él saludó graciosamente con la cabeza y la llevo al salón informal de arriba, prometiendo traerle un refrigerio y pasándole la última ediciónde Whistledown para leer mientras ella hacia tiempo.
    Por supuesto, Penelope ya lo había leído; era entregado siempre de madrugada, y ella se hizo el hábito de leer detenidamente la columna en el desayuno. Con tan poco para ocupar su mente, se acerco a la ventana y miró detenidamente sobre el borde de street Mayfair. Pero allí no había nada nuevo para ver; estaban los mismos edificios que ella había visto mil veces antes, hasta la misma gente que andaba a lo largo de la calle.
    Tal vez era porque consideraba su vida rutinaria que ella notó un objeto nuevo a su vista: un libro empastado que estaba abierto en la mesa. Incluso a varios centímetros de distancia ella podía ver que estaba lleno de palabras no impresas, o sea mejor dicho con líneas ordenadas escritas a mano.
    Ella avanzó poco a poco hacia el y le echó un vistazo abajo sin tocar realmente las páginas. Parecía ser un tipo de diario, y en medio del lado derecho había un título que estaba apartado del resto del texto por un pequeño espacio arriba y abajo:
    El 22 de febrero de 1824
    Montañas de Troodos, Chipre

    Una de sus manos voló a su boca. ¡Colin había escrito esto! Él le había contado sólo el otro día que había visitado Chipre en vez de Grecia. No tenia ni idea que él mantenía un diario.
    Ella levantó un pie para dar un paso atrás, pero su cuerpo no se movió. Se dijo a sí misma, que no debería leerlo. Este era el diario privado de Colin. Realmente debería alejarse.
    "Alejate," refunfuñó, mirando abajo sus obstinados pies. "Alejate".
    Sus pies no se movieron.
    Pero tal vez no estaba completamente tan equivocada. ¿Después de todo, realmente invadía su intimidad si ella leyera sólo lo qué podía ver sin dar vuelta la página? Él lo había dejado abierto en la mesa, donde todo el mundo podía verlo.
    Pero entonces otra vez, Colin tenía toda la razón de pensar que quizás nadie tropezaría con su diario si saliera repentinamente solo por unos momentos. Probablemente, él era consciente que su madre y hermanas se habían marchado por la mañana. A la mayor parte de los invitados solo se les mostraba el salón formal de la planta baja; por lo que Penelope sabía, ella y Felicity eran los únicos invitados no-Bridgertons quienes eran llevados directamente al salón informal. Y ya que Colin no la esperaba (o, más probablemente, no había pensado en ella de una u otra forma), él no habría pensado que hubiera algún peligro en dejar su diario mientras se dirigía a una diligencia.
    Por otra parte, él lo había dejado abierto.
    ¡Abierto, por el bien del cielo! Si hubiera algún secreto valioso en aquel diario, seguramente Colin habría tomado mayor cuidado con su secreto cuando dejó el cuarto. No era estúpido, después de todo.
    Penelope se inclinó hacia adelante.
    Ho, que molesto. Ella no podía leer la escritura desde aquella distancia. El título había sido legible ya que estaba rodeado por bastante espacio en blanco, pero el resto estaba demasiado junto como para leerlo de tan lejos.
    De alguna manera había pensado que no se sentiría tan culpable si no tuviera que acercarse un poco más al libro para leerlo. No importaba, por supuesto, que hubiera cruzado ya el cuarto para llegar a donde ella quería en aquel momento.
    Se toco la mandíbula con su dedo, directamente cerca de su oído. Era un buen punto. Ella había cruzado el cuarto hacia bastante tiempo, lo cual seguramente significó que ella hubiera cometido ya el pecado más grande hasta aquel día. Un pequeño paso no era nada comparado a la longitud del cuarto.
    Ella avanzó poco a poco, decidió que sólo contaba como medio paso, luego avanzó poco a poco otra vez y miró hacia abajo, comenzando su lectura exactamente en el centro de una oración.
    En Inglaterra. Aquí las ondulación de arena entre el bronceado y blanco, y la consistencia son tan finas que se desliza sobre un pie desnudo como un susurro de seda. El agua es de un azul inimaginable en Inglaterra, aguamarina con el destello del sol, cobalto profundo cuando las nubes toman el cielo. Y es sorprendentemente caliente, asombrosamente calida, como un baño que fue calentado quizás media hora antes. Las olas son suaves, y beben a languetadas en la orilla con una brisa suave de espuma, cosquilleando la piel y convirtiendo la arena perfecta en un placer de squishy que resbala y se desliza a lo largo de los dedos del pie hasta que otra ola llegue para limpiar el lío.
    Es fácil ver por qué se dice que este es el lugar de nacimiento de Afrodita. Con cada paso casi espero verla como en la pintura de Botticelli, elevandose del océano, perfectamente equilibrada en una concha gigantesca, su pelo titanicamente largo que corre alrededor de ella.
    Si alguna vez una mujer perfecta naciera, seguramente este sería el lugar. Estoy en el paraíso. Y aún
    Y aún con cada brisa caliente y cielo despejado me recuerdan que esta no es mi casa, que nací para vivir mi vida en otra parte. ¡Esto no reprime el deseo - no, la obligación! – para viajar, para ver, para encontrarse. Pero ello alimenta realmente un deseo extraño de tocar el césped mojado por el rocío, o sentir una niebla refrescante en la cara de alguien, o hasta recordar la alegría de un día perfecto después de una semana de lluvia.
    La gente acá no puede apreciar aquella alegría. Sus días son siempre perfectos. ¿Puede uno apreciar la perfección cuando es una constante en vida de alguien?

    El 22 de febrero de 1824
    Montañas de Troodos, Chipre
    Es notable que estoy helado. Es, por supuesto, febrero, y como un inglés estoy acostumbrado a la frialdad de febrero (así como cualquier mes con una R de su nombre), pero no estoy en Inglaterra. Estoy en Chipre, en el corazón del Mediterráneo, y sólo hace dos días yo estaba en Paphos, en la costa sudoeste de la isla, donde el sol es fuerte y el océano salado y caliente. Aquí, uno puede ver el pico del Monte Olimpo, todavía coronado con la nieve entonces el blanco es temporalmente cegado cuando el sol destella lejos de ello.
    La subida a esta altitud era traidora, con el fizgoneo de peligro alrededor de más de una esquina. El camino es rudimentario, y a lo largo del encontramos.

    Penelope soltó a un suave gruñido de protesta cuando observo que la página terminó en medio de una oración. ¿A quién había encontrado él? ¿Qué había pasado? ¿Qué peligro?
    Quiso apartar la vista del diario, absolutamente muriendo por dar vuelta la página y ver lo que pasaba después. Pero cuando había comenzado a leer, ella había logrado justificarlo diciéndose que realmente no invadía la intimidad de Colin; él había dejado el libro abierto, después de todo. Ella sólo miraba lo que él había dejado expuesto.
    Dar vuelta la página, sin embargo, era algo más.
    Ella extendió la mano, pero luego la echo hacia atrás. Esto no era correcto. No podía leer su diario. Bien, no más allá de lo que ya había leído.
    Por otra parte, estaba claro que esto era una lectura de palabras valiosas. Era un delito que Colin lo guardara para si mismo. Las palabras deberían ser celebradas, compartidas. Deberían ser-
    "Ah, por Dios," se regaño a si misma. Ella alcanzó el borde de la página.
    ¿"Qué haces?"
    Penelope giró. ¡"Colin!"
    "En efecto," rompio él.
    Penelope retrocedio. Nunca lo había oído usar aquel tono. No lo había pensado capaz de ello.
    Él anduvo a zancadas a través del cuarto, tomo el diario, y lo cerro de golpe. ¿"Qué haces tu aquí?"Exigió él.
    "Esperando a Eloise," consiguió decir, su boca de repente estaba completamente seca.
    ¿"En el salón de arriba?"
    "Wickham siempre me trae aca. Tu madre le dijo que me tratara como de la familia. Yo… uh… él… uh…" Retorciendo sus manos juntas y mientras intentaba detenerse. "Esto es lo mismo con mi hermana Felicity. Por que ella y Hyacinth son muy buenas amigas. "Yo -lo siento. Pensé que lo sabías."
    Él lanzó el libro encuadernado en cuero descuidadamente en una silla cercana y cruzó sus brazos. ¿"Y haces un hábito de leer las cartas personales de otros?"
    "No, por supuesto que no. Pero estaba abierto y-" Ella tragó aire, reconociendo cuan horrible sonaba su excusa al segundo que salía de sus labios. "Esto es un cuarto público," masculló, de alguna manera sintiendo que asi terminar su defensa. "Tal vez deberías haberlo llevado contigo. "
    "de donde yo vengo," contesto él, dando muestras todavía de estar visiblemente furioso con ella, "uno no toma generalmente el diario de otro."
    "No es tan grave," dijo ella, preguntándose por qué por qué por qué seguía hablando cuando se sabia claramente equivocada.
    "Por el amor de Dios," explotó él. ¿"Quieres que yo diga la palabra orinal en tu presencia?"
    Penelope sintió sus ruborosas mejillas profundamente rojas. "Yo debería irme," dijo ella. "Por favor dile a Eloise-"
    "Me iré," Colin prácticamente gruñó. "Me mudo esta tarde, de todos modos. Podrías marcharte ahora, ya que también has asumido obviamente la casa."
    Penelope nunca había pensado que las palabras podrían causar el dolor físico, pero justo entonces ella habría jurado que un cuchillo en el corazón. No se había dado cuenta hasta ese momento cuánto significaba que la Señora Bridgerton le hubiera abierto su casa.
    O cuánto le dolería saber que Colin se ofenderia por su presencia allí.
    ¿"Por qué tienes que hacer tan difícil el pedirte perdón?" estalló ella, yendo tras sus talones cuando él cruzó el cuarto para juntar el resto de sus cosas.
    ¿"Y por qué, dijo él, debería yo hacerlo fácil?" contesto., Él no la afrontó cuando lo dijo; ni siquiera cambio su postura.
    "Por que seria algo agradable de tu parte," replico ella.
    Esto llamo su atención. Él se volteo, sus ojos la miraban tan furiosamente que Penelope tropezó hacia atras. Colin era el más agradable, el más tranquilo. Él no perdía su temperamento.
    Hasta ahora.
    ¿"Por que seria algo agradable de mi parte?"tronó él. ¿"era eso lo que pensabas cuándo leias mi diario? ¿Que seria algo agradable leer los papeles privados de otros?"
    "No, Colin, "yo" "
    "No hay nada que puedas decir-"dijo él, pinchándola en el hombro con su índice.
    ¡"Colin! Tu-"
    Él se volvio para tomar sus cosas, dándole groseramente la espalda mientras decía. "No hay nada que justifique tu comportamiento."
    "No, por supuesto que no, pero-"
    ¡"OW!"
    Penelope sintió la sangre abandonado su cara. El grito de Colin era de verdadero dolor. Su nombre evitó sus labios en un susurro infundido por el pánico y ella se precipitó a su lado. ¡"Qué- Ho, mi dios!"
    La sangre salía a borbotones de la herida en la palma de su mano.
    ¡Nunca articulaba tanto en una crisis, Penelope logró decir, "Ah! ¡Ah! ¡La alfombra!" antes de saltar adelante con un papel de escritura que había estado estando en una mesa cercana y deslizándolo bajo su mano para agarrar la sangre antes de que esta arruinara la invaluable alfombra de abajo.
    "Siempre la enfermera atenta," dijo Colin con voz inestable.
    "Bien, no vas a morir," explicó ella, "y la alfombra-"
    "esta bien," le aseguró. "Yo trataba de hacer una broma."
    Penelope alzó la vista a su cara. Las líneas blancas parecían tensar la piel alrededor de su boca como un grabado en agua fuerte, y él se veía muy pálido. "Pienso que deberías sentarte," dijo ella.
    Él asintió con la cabeza gravemente y se sentó en una silla.
    Penelope sentía su estomago revuelto. Nunca se había sentido bien con la sangre. "Tal vez yo debería sentarme, también," masculló, hundiéndose en la mesa baja frente a él.
    ¿"te pondrás bien?" preguntó él.
    Ella asintió con la cabeza, tragándose una ola diminuta de náuseas. "Tenemos que encontrar algo grueso," dijo ella, haciendo una mueca mientras miraba abajo el ridículo arreglo. El papel no era absorbente, y la sangre rodaba precariamente a lo largo de su superficie, mientras Penelope desesperadamente trataba de impedirle que goteara hacia al lado.
    "Tengo un pañuelo en mi bolsillo," dijo él.
    Ella con cuidado dejó el papel y recuperó el pañuelo del bolsillo de pecho, tratando de no notar el latido calido de su corazón cuando sus dedos hurgaron contra la parte cremosa y blanca de la tela. ¿"Dolió eso?" preguntó cuando ella cubría la palma de su mano. "No, no contestes eso. Por supuesto que duele."
    Él manejó una sonrisa muy torcida. "Esto duele."
    Ella miró detenidamente el corte, obligándose a mirar de cerca aunque la sangre le revolviera el estómago. "No pienso que necesites puntadas."
    ¿"Sabes mucho sobre heridas?"
    Ella negó con su cabeza. "Nada. Pero esta no tiene muy mala cara. Excepto… ah, toda la sangre."
    "Se siente peor que mirarla," bromeó él.
    Sus ojos volaron a su cara con horror.
    "Otra broma," la tranquilizó él. "Bueno, no realmente. Se siente verdaderamente peor que mirarla, pero te aseguro que es soportable."
    "Lo siento," dijo ella, aumentando la presión en la herida para detener el flujo de sangre. "Es completamente culpa mía."
    ¿"Que yo me cortara la mano?"
    "Si no te hubieses… enojado así"
    Él sólo sacudió su cabeza, cerrando sus ojos brevemente contra el dolor. "No seas tonta, Penelope. Si yo no me hubiera enfadado contigo, yo me habría enfadado con alguien más en otro momento."
    "Y tendrías por supuesto un abrecartas a tu lado cuando esto pasara," murmuró ella, alzando la vista hacia él sobre su vendaje cuando se inclinó sobre su mano.
    Cuando sus ojos se encontraron, ellos estaban llenos de humor y tal vez con un poco de admiración.
    Y algo más que ella nunca había pensado ver – vulnerabilidad, vacilación, y hasta inseguridad. Él no sabía lo bien que escribía, se dio cuenta con asombro. Él no tenia idea, y estaba realmente avergonzado de que ella lo hubiera visto.
    "Colin," dijo Penelope, instintivamente apretando más fuerte su herida mientras se inclinaba, "debo decirte. Tu-" se desprendió inmediatamente cuando oyó un agudo, ruido de pasos que venían del pasillo. "debe ser Wickham," dijo ella, echando un vistazo hacia la puerta. "Él insistió en traerme una pequeña comida. ¿Puedes mantenerlo presionado por el momento?"
    Colin asintió con la cabeza. "No quiero que él sepa que me he hecho daño. Él se lo dirá a mi Madre, y luego nunca oiré el final de ello."
    "Bien, quédate." Ella estaba de pie y le alcanzo su diario. "Finge que lees esto."
    Colin apenas tuvo tiempo para abrirlo y ponerlo a través de su mano herida antes que el mayordomo entrara con una gran bandeja.
    ¡"Wickham!" dijo Penelope, saltando a sus pies y dándose vuelta para mirarlo como si no supiera que él venía. "Como es habitual usted ha traído mucho más de lo que yo podría comer. Por suerte, el Sr. Bridgerton ha estado acompañándome. Estoy segura que con su ayuda, seré capaz de hacer justicia a su comida. "
    Wickham saludó con la cabeza y quitó las tapas de los platos servidos. Esto eran unos pedazos carne fria, queso, y fruta, acompañada por una alta jarra de limonada.
    Penelope sonrió alegremente. "Espero que usted no pensara que yo podría comer todo esto sola."
    "Esperamos a la señora Bridgerton y sus hijas pronto. Pensé que ellas también podrían tener hambre."
    "No será que se marcharon por que estoy aqui," dijo Colin con una sonrisa jovial.
    Wickham se inclino ligeramente en su dirección. "Si yo hubiera sabido que usted estaba aquí, Sr. Bridgerton, habría triplicado las partes. ¿Quisiera usted servirse un plato?"
    "No, no," dijo Colin, agitando su mano ilesa. "Me iré en cuanto… ah… termine de leer este capítulo."
    El mayordomo dijo, "Avíseme si usted requiere ayuda adicional," y salio del cuarto.
    "El Aaaaaahhh," gimió Colin, al momento que escuchaba los pasos de Wickham desaparecer en el pasillo. "Maldición- quiero decir, rompalo – esto duele."
    Penelope arrancó una servilleta de la bandeja. "déjame sustituir el pañuelo." Ella lo alejo de su piel, manteniendo sus ojos en la tela más bien que en la herida. Por la razón que sea su estómago no pareció molestar mucho. "M temo que tu pañuelo esta arruinado."
    Colin sólo cerró sus ojos y sacudió su cabeza. Penelope era bastante inteligente para interpretar lo que la acción significaba, no me preocupa. Y ella era bastante sensible para no decir algo al respecto. Nada peor que una hembra que parlotea sobre nada.
    ¿Siempre le había gustado Penelope, pero cómo fue que nunca se había dado cuenta de lo inteligente que era ella hasta ahora? Ah, él suponía que si alguien le preguntaba, él habría dicho que ella era brillante, pero seguramente nunca se había dado el tiempo para pensar en ello.
    Se le hacía claro, sin embargo, que ella era muy inteligente, en efecto. Y pensó recordar a su hermana contándole que ella era un ávido lector.
    Y probablemente uno exigente también.
    "Pienso que la sangre esta disminuyendo,"decía ella cuando cubrió la palma de su mano con la servilleta. "De hecho, estoy segura que es así, porque no me siento tan enferma cada vez miro la herida. "
    Él lamentaba que ella hubiera leído su diario, pero ahora que ella tenía…
    "Ah, Penelope," comenzó él, asustado por la vacilación de su propia voz.
    Ella alzó la vista. "Lo siento. ¿Aprieto demasiada con fuerza?"
    Durante un momento Colin solo parpadeó. ¿Cómo era posible que nunca hubiera notado de que tamaño eran sus ojos? Él sabía que eran marrones, por supuesto, y… No, ahora que lo pensaba, si debiera ser honesto consigo mismo, tendría que admitir que si le hubieran preguntado esta mañana, él hubiera sido incapaz de identificar el color de sus ojos.
    Pero de alguna manera sabía que nunca lo olvidaría otra vez.
    Ella alivió en la presión. ¿"Estas bien?"
    Él asintió con la cabeza. "Gracias. Lo haría yo mismo, pero esta es mi mano derecha, y-"
    "No digas más. Es lo menos que puedo hacer, después… después…" Sus ojos se deslizaron ligeramente al lado, y él sabía que ella estaba a punto de pedir perdón nuevamente.
    "Penelope," comenzó otra vez.
    ¡"No, espera! “ella lanzó un grito, sus ojos oscuros destellaban con… ¿podría ser eso pasión? Seguramente no la marca de pasión con la cual él se familiarizaba. ¿Pero había otras clases, o no? Pasión por el aprendizaje. ¿Pasión por la…literatura?
    "Debo decirte esto," dijo ella urgentemente. "Sé que fue imperdonablemente intruso que mirara tu diario. Yo estaba sólo aburrida… y esperando… y yo no tenía nada para hacer, y luego vi. El libroestaba curiosa."
    Él abrió su boca para interrumpirla, decirle que lo que hecho,hecho estaba, pero las palabras se precipitaban en su boca, y él se sintió extrañamente comprometido a escucharla.
    ¡"Yo debería haberme alejado cuado comencé," siguió ella, "pero tan pronto como leí una oración tuve que leer la otra! ¡Colin, era maravilloso! Era justo como si estuviera allí. Yo podía sentir el agua- yo sabía exactamente la temperatura. Fue tan inteligente el modo en que lo describias. Todos sabemos exactamente lo que un baño parece a media hora después de que ha estado lleno."
    Durante un momento Colin solo pudo contemplarla. Él nunca había visto a Penelope tan animada, y era extraño y… bueno, realmente, que su entusiasmo fuera por su diario.
    ¿"Te – te gustó?" él finalmente preguntó.
    ¿"si me gusto? ¡Colin, lo amé! "Yo" "
    ¡"Ow!"
    En su entusiasmo, ella había comenzado a apretar su mano demasiado fuerte. "Oh, lo lamento," dijo rutinariamente. "Colin, realmente debo saber. ¿Cuál era el peligro? Yo no podía quedarme con la duda."
    "No era nada," dijo él modestamente. "La página que leíste realmente no era un paso muy emocionante."
    "No, era mas que nada descriptivo," estuvo de acuerdo ella, "pero la descripción era muy irresistible y evocadora. Yo podía ver todo. Pero ello ah era, querido, ¿cómo explico esto?"
    Colin descubrió que él estaba muy impaciente por entender lo que ella trataba de decir.
    "A veces," ella finalmente siguió, "cuando uno lee un pasaje de descripción, es mejor dicho… ah, no sé… separado. Clínico, incluso. Le diste vida a la isla. Otra gente podría llamar caliente al agua, pero tu lo relataste como algo que todos sabemos y entendemos. Me hizo sentir como si yo estuviera ahí, mojando la punta del pie junto contigo."
    Colin sonrió, ridículamente complacido por su alabanza.
    ¡"Ah! Y no quiero olvidar otra cosa que encontré tan brillante que quise mencionarlo."
    Ahora él sabía que debía sonreír abiertamente como un idiota. Brillante brillante brillante. Qué palabra tan buena.
    Penelope se inclinó ligeramente cuando dijo, "También mostraste al lector como te relacionas con la escena y como esto te afecta. Se hace más que la mera descripción porque percibimos como reaccionas."
    Colin sabía que quería pescar más elogios, pero no estaba preocupado cuando preguntó, "¿Qué quieres decir?"
    "Bueno, si te parece -¿puedo leer el diario para refrescar mi memoria?"
    "Por supuesto," murmuró él, dándoselo. "Espera, déjame encontrar la página correcta otra vez."
    Una vez que él lo hizo, ella examino las líneas hasta encontrar la sección que buscaba. "Aquí estamos. Mira esta parte sobre como recuerdas que Inglaterra es tu casa. "
    "Es gracioso como los viajes pueden hacer eso a una persona."
    ¿"Qué a una persona?" ella preguntó, abriendo sus ojos con interés.
    "Hace que uno aprecie la casa," dijo él suavemente.
    Sus ojos encontraron, y s eran serios, e inquisitivos. "Y aún te gusta marcharte."
    Él asintió con la cabeza. "No puedo dejarlo. Parece a una enfermedad."
    Ella se rió, y sonó inesperadamente musical. "No seas ridículo," dijo ella. "Una enfermedad es dañina. Está claro que tus viajes alimentan tu alma." Ella bajo la mirada hasta sus manos, con cuidado moviendo la servilleta atrás para inspeccionar la herida. "Esta casi mejor," dijo ella.
    "Casi," él estuvo de acuerdo. En verdad, sospechó que la sangre había parado totalmente, pero él estaba poco dispuesto a dejar que la conversación terminara. Y sabía que en el momento que terminara su cuidado, ella se marcharía.
    Él no pensaba que ella se quisiera ir, pero de alguna manera sabía que ella se iría. Ella pensaría que eso era lo más apropiado, y ella probablemente pensaría que era lo que él quería.
    Nada, estaba sorprendido de darse cuenta, podría estar más lejos de la verdad.
    Y nada podría haberlo asustado más.

El CAPÍTULO 6

    Cada uno tiene secretos.
    Sobre todo yo.

    La revista de Sociedad de lady Whistledown, el 14 de abril de 1824

    Lamento no haber sabido que mantenías un diario," dijo Penelope, volviendo a aplicar presión a su palma.
    ¿"Por qué?"
    "No estoy segura," dijo ella con un encogimiento. "Es siempre interesante averiguar que existe otra persona tan observadora, ¿no crees?"
    Colin no dijo nada durante varios momentos, y luego, de repente, soltó, "¿realmente te gustó esto?"
    Ella pareció divertida. Él estaba horrorizado. Aquí estaba, uno de los hombres considerado de los más populares y sofisticados por la multitud, y él había sido reducido a un alumno vergonzoso, que colgaba por cada palabra de Penelope Featherington, sólo por una pequeñita alabanza.
    Penelope Featherington, por Dios.
    No, es que hubiera algo malo con Penelope, por supuesto, él se apresuró a recordar. Sólo que ella estuviera… bueno… Penelope.
    "Por supuesto que me gustó," dijo ella con una sonrisa suave. "Sólo te quería decirtelo."
    ¿"Que fue lo primero que te intereso?" preguntó, decidiendo que él también podría actuar como un completo tonto, ya que estaba a más de medio camino de ahí.
    Ella sonrió maliciosamente. "Realmente, lo primero que me intereso consistía en que tu caligrafía era un poco más pulcra de lo que yo hubiera pensado."
    Él frunció el ceño. ¿"Qué significa eso?"
    "Tengo dificultad para imaginarte sentado en tu escritorio, practicando tu caligrafía," contestó ella, sus labios se apretaron en las esquinas para suprimir una sonrisa.
    Si alguna vez hubiera un tiempo para la indignación justificada, este era claramente el momento. "te haré saber que gasté muchas horas en el aula del cuarto de niños, sentado en un escritorio, como tan delicadamente dijiste."
    "Estoy segura," murmuró ella.
    "Hmrnmph."
    Ella miró hacia abajo, claramente tratando de no sonreír.
    "Estoy completamente bien con mis caligrafía," añadió él. Esto era sólo un juego ahora, pero de alguna manera era más divertido hacer la parte del alumno irritable.
    "Obviamente," ella contestó. "Sobre todo me gustaron tus H. Muy bien hechas. Definitivamente… tu caligrafía."
    "En efecto."
    Ella lo miro frente a frente. "En efecto".
    Su mirada fija se deslizó de la suya, y durante un momento él se sintió inexplicablemente tímido. "Me alegro que te gustara el diario," dijo él.
    "Era encantador," dijo ella de forma suave, con una voz lejana. "Muy encantador, y…" Ella parecia lejana, ruborizada. "Vas a pensar que soy tonta."
    "Nunca," prometió él.
    "Bueno, pienso que uno de los motivos por lo que lo disfruté tanto, es que de alguna forma senti que habías disfrutado escribiéndolo."
    Colin estuvo silencioso durante un largo momento. No le había ocurrido que él disfrutara de sus escritos; sólo era algo que él hacia.
    Lo hacia porque no podía imaginar no hacerlo. ¿Cómo podría él viajar a tierras extranjeras y no guardar un registro de lo qué él vio, lo qué él experimentó, y quizás lo más importante, lo qué él sintió?
    Pero cuando recordó, se dio que él sentía una extraña sensación de satisfacción siempre que escribia una frase que era exactamente correcta, una oración que era particularmente verdadera. Claramente recordó el momento en que escribió el pasaje que Penelope había leído. Había estado sentando en la playa al anochecer, el sol todavía calentaba en su piel, la arena de alguna manera áspera y al mismo tiempo alisaban sus pies desnudos. Esto había sido un momento divino – lleno de esa sensación de calidez, un sentimiento de placidez que sólo se puede experimentar en la muerte del verano (o en las perfectas playas del Mediterráneo), y él había estado tratando de pensar en el momento exacto para describir el agua.
    Él sentó ahí por eras seguramente media hora completa – su pluma equilibrada encima del papel de su diario, esperando inspiración. Y luego de repente se dio cuenta que la temperatura era exacta a los baños en las viejas bañeras, y su cara se había quebrado en una sonrisa amplia, encantada.
    Sí, él disfrutaba escribiendo. Gracioso que nunca se hubiera dado cuenta antes.
    "Es bueno que tengas algo en tu vida," dijo Penelope tranquilamente. "Algo de satisfacción – que llenará las horas sentido de propósito." Ella cruzó sus manos en su regazo y miro hacia abajo, aparentemente absorta en sus nudillos. "Nunca he entendido las supuestas alegrías de una vida perezosa. "
    Colin quiso tocar con sus dedos la barbilla de ella, para mirar sus ojos mientras le preguntara - ¿y qué haces para llenar tus horas de un sentido de propósito? Pero no lo hizo. Estaría lejos demasiado adelante, y esto significaría confesarse culpable de lo interesado que él estaba en su respuesta.
    Entonces él hizo la pregunta, y él guardó sus propias manos.
    "Nada, realmente," contestó ella, todavía examinando sus uñas. Entonces, después de una pausa, ella alzó la vista de repente, su movimiento de barbilla fue tan rápido que casi lo hizo marear. "Me gusta leer," dijo ella. "Leí de todo un poco, realmente. Y realizo un poco de bordado de vez en cuando, pero no estoy muy satisfecha con todo eso. Me gustaria que hubiera más, pero, bueno…”
    ¿"Qué?" insistio Colin.
    Penelope sacudió su cabeza. "No es nada. Deberías estar agradecido por tus viajes. Estoy completamente envidiosa de ti."
    Hubo un silencio largo, no torpe, pero extraño, y finalmente Colin dijo bruscamente, "no es suficiente."
    El tono de su voz pareció tan fuera de lugar en la conversación que lo único que podía hacer Penelope era mirarlo fijamente. ¿"Qué quieres decir?" finalmente preguntó ella.
    Él se encogió de hombros descuidadamente. "Un hombre no puede viajar para siempre; hacerlo de esa forma quitaría toda la diversión."
    Ella se rió, luego lo miró y observo que él estaba serio. "Lo siento," dijo ella. "No pensé ser grosera."
    "Tu fuiste grosera," dijo él, tomando un sorbo de su limonada. Salpicando la mesa cuando dejó el vaso; claramente, él acostumbrado a utilizar su mano izquierda. "Dos de las mejores partes de viajar," explicó él, limpiando su boca con una de las servilletas limpias, "son las salidas y vueltas a casa, y además, yo fallaría a mi familia demasiado si yo me fuera indefinidamente."
    Penelope no tenía ninguna respuesta al menos nada que no sonara vacío, entonces ella sólo esperó a que él continuara.
    Durante un momento él no dijo nada, entonces se mofó y cerró su diario con un ruido sordo resonante. "Esto no cuentan. Son sólo para mí."
    "No debería ser así," dijo ella suavemente.
    Si él la oyó, no hizo ninguna indicación. "Está muy bien guardar un diario mientras viajas," siguió él, "pero una vez que estoy en casa no tengo nada que hacer."
    "Encuentro eso difícil de creer."
    Él no dijo nada, sólo alcanzado un pedazo del queso de la bandeja. Ella lo miró mientras él comía, y luego, después de que él había manchado con más limonada, su comportamiento entero cambio. Parecia más alerta, más en el filo cuando preguntó, "¿has leído Whistledown últimamente?"
    Penelope parpadeó en el cambio repentino de tema. ¿"Sí, por supuesto, por qué? ¿No lo leen todos?"
    Él le contesto. ¿"Has notado cómo ella me describe?"
    ¿"Er, es casi siempre favorable, verdad?"
    Su mano comenzó a agitarse otra vez mejor dicho desdeñosamente, en su opinión. "Sí, sí, ese no es el punto," dijo con una voz distraída.
    "podrías pensar más en el punto," contestó Penelope irritada, "si has sido comparado alguna vez con un cítrico demasiado maduro."
    Él se estremeció, y abrió y cerró su boca dos veces antes de citar finalmente, "Si te hace sentir mejor, no recordé que ella te había dicho así hasta ahora." Él se paró, pensado durante un momento, luego añadido, "de Hecho, todavía no lo recuerdo."
    "Esta bien," dijo ella, poniendo su mejor cara de buen deportista. "Te aseguro, estoy completamente más allá de eso. Y yo siempre tuve cariño por las naranjas y limones."
    Él comenzó a decir algo otra vez, luego parando, luego la miró mejor dicho directamente y dijo, "espero que lo que estoy a punto de decir no sea abominablemente insensible o insultante, dado que cuando todo es dicho y hecho, tengo muy poco para quejarme.”
    La implicación era, Penelope se dio cuenta, que quizás ella lo había dicho.
    "Pero te digo," siguió él, sus ojos estaban claros y serios, "porque pense que tal vez lo entenderías."
    Era un elogio. Extraño, y poco común, pero un elogio sin embargo. Penelope no quiso nada más que poner su mano alrededor suyo, pero por supuesto no podría, entonces sólo asintio con la cabeza y dijo, "Puedes decirme cualquier cosa, Colin."
    "Mis hermanos-" comenzó. "Ellos son-" Él se detuvo, mirando fijamente mejor dicho sin expresión hacia la ventana antes de volver a dirigirse finalmente a ella y cito, "Ellos tienen sus planes. Anthony es el vizconde, y Dios sabe que yo no querría aquella responsabilidad, pero él tiene un objetivo. Nuestra herencia entera está en sus manos. "
    "Más que eso, yo debería pensar," dijo Penelope suavemente.
    Él la miro, con una pregunta en sus ojos.
    "Pienso que tu hermano se siente responsable de su familia entera," dijo ella. "Imagino que eso es una carga pesada."
    ¡Colin trató de mantener su cara impasible, pero él nunca había sido un estoico consumado, y él debe haber mostrado consternación en su cara, porque Penelope prácticamente se elevó de su asiento cuando ella se precipitó para añadir, "No, es que yo piense que a él realmente le importe! Eso es parte de quién él es."
    ¡"Exactamente!" exclamó Colin, como si acabara de descubrir algo que era realmente importante. A diferencia de esta… esta… esta discusión necia sobre su vida. Él no tenía nada para quejarse. Él sabía que él no tenía nada para quejarse de, y aún…
    ¿"Sabías que Benedict pinta?" Inquirió.
    "Por supuesto," contestó ella. "Todos saben que pinta. Él tiene una pintura en la Galería Nacional. Y creo que ellos planean colgar otro pronto. Otro paisaje."
    ¿"Verdad?"
    Ella asintió con la cabeza. "Eloise me dijo."
    Él cayó otra vez. "Entonces debe ser verdad. No puedo creer que nadie me lo mencionara."
    "tu has estado lejos," le recordó ella.
    "Lo que trato de decir," siguió él, "es que ambos tienen un objetivo a sus vidas. Yo no tengo nada."
    "No puede ser verdad," dijo ella.
    "Yo debería pensar que estoy en posición para saber."
    Penelope se recostó, asustada por el tono agudo de su voz.
    "Sé lo que la gente piensa de mí," comenzó él, y aunque Penelope se había dicho que permanecería silenciosa, permitir que él abriera su mente totalmente, ella no podía menos que interrumpir.
    "todos gustan de ti," se precipitó a decir. "Ellos te adoran."
    "Lo sé," gimió él, pareciendo angustiado y avergonzado al mismo tiempo. "Pero…" Él paso una mano por su pelo.
    ¿"Dios, cómo decir esto sin parecer un completo asno?"
    Los ojos de Penelope se ensancharon.
    "Estoy enfermo de ser pensado como una persona encantadoramente tonta," él finalmente soltó.
    "No eres tonto," dijo ella, más rápido que inmediatamente, si fuera eso posible.
    "Penelope-"
    "Nadie piensa que eres estúpido," dijo ella.
    "Como-"
    "Como he permanecido aquí en Londres durante más años que cualquiera," dijo ella bruscamente. "Puedo no ser la mujer más popular en la ciudad, pero después de diez años, he oído más que suficiente de chismes y mentiras y opiniones tontas, y jamás – ni una sola vez – He oído que alguien se refería a ti como estúpido."
    Él la contempló durante un momento, un poco asustado por su defensa apasionada. "No quise decir estúpido, exactamente," dijo en un suave, y él esperó humilde, tono de voz. "Más… sin sustancia. Incluso lady Whistledown se refiere a mí como una persona encantadora."
    ¿"Qué hay de malo en eso?"
    "Nada," contestó él con irritación, "si ella no lo hubiera hecho cada dos días."
    "Ella sólo publica cada dos días."
    "Mi punto exactamente," disparó él. ¿"Si ella pensara que yo tenia algo mas que mí llamado encanto legendario, no piensas que ella ya lo habría dicho?"
    Penelope estuvo callada durante un largo momento, entonces dijo, "¿realmente importa lo que lady Whistledown piensa?"
    Él se echo hacia adelante, golpeando sus manos contra sus rodillas, luego gruñendo con el dolor cuando (tardíamente) recordó su herida. "Tu no captas la idea," dijo él, estremeciéndose cuando volvió a aplicar presión a su palma. "Yo no podía preocuparme menos por lady Whistledown. Pero si nos gusta esto o no, ella representa al resto de la sociedad."
    "Yo imaginaría que hay bastantes personas que se ofenderían por aquella declaración."
    Él levantó una ceja. ¿"Incluso tu?"
    "Realmente, pienso que lady Whistledown es bastante astuta," dijo ella, doblando sus manos remilgadamente en su regazo.
    ¡"La mujer te llamó un melón demasiado maduro!"
    Dos manchas rojas similares aparecieron en sus mejillas. "Un cítrico demasiado maduro," corrigió ella. "te aseguro que hay una diferencia muy grande."
    Colin decidió en ese mismo momento que la mente femenina era uno de los órgano más extraños e incomprensibles que ningún hombre debería intentar entender. No había una mujer viva quién podría ir del punto A al B sin detenerse en C, D, X, y 12 a lo largo del camino.
    "Penelope," dijo finalmente, contemplándola con incredulidad, "Esa mujer te insultó. ¿Cómo puedes defenderla?"
    "Ella no dijo nada más que la verdad," contestó, cruzando sus brazos sobre el pecho. "Ella ha sido bastante amable, realmente, desde entonces mi madre comenzó a permitir que yo eligiera mi propia ropa. "
    Colin gimió. "Seguramente hablábamos sobre algo más en algún punto. Dime que no tuvimos la intención de hablar de tu guardarropa."
    Los ojos de Penelope se entrecerraron. "Creo que hablábamos de su insatisfacción por la vida como el hombre más popular en Londres."
    Su voz se elevó en las cuatro últimas palabras, y Colin sintio que lo habían reprendido. Profundamente.
    El se encontró extraordinariamente irritando. "No sé por qué pensé que tu entenderías," él se alejo un poco, odiando el dejo infantil de su voz, pero completamente incapaz de corregirlo.
    "Lo siento," dijo ella, "pero es un poco difícil para mí sentarse aquí y escucharte quejar de que tu vida no es nada."
    "No dije eso."
    ¡"Tu seguramente lo hiciste!"
    "Dije que no tengo nada," corrigió él, tratando de no estremecerse cuando se dio cuenta de lo estúpido que sonó.
    "Tu tienes más que cualquiera que yo conozca," dijo ella, pinchándolo en el hombro. "Pero si no te das cuenta de eso, entonces tal vez estas en lo correcto – tu vida no es nada."
    "Es demasiado difícil explicar," dijo él en un murmullo irritable.
    "Si quieres una nueva dirección para tu vida," dijo ella, "entonces para el bien del cielo, sólo elije algo y hazlo. El mundo es tu ostra, Colin. Eres joven, rico, y un hombre." La voz de Penelope se volvió amarga, resentida. “puedes hacer cualquier cosa que quieras. "
    Él frunció el ceño, lo cual no la sorprendió. Cuando la gente estaba convencida que ellos tenían problemas, la última cosa que querían oír era una solución simple, franca.
    "No es tan simple," dijo él.
    "Es exactamente así de simple." Ella lo contempló por un largísimo momento, preguntándose, quizás por primera vez en su vida, quien era él.
    Había pensado que ella sabía todo sobre él, pero no sabía que él mantenía un diario.
    Ella no sabía que él poseía temperamento.
    Ella no sabía que él se sentía descontento con su vida.
    Y ella seguramente no sabía que él era irritable y se molesto bastante al sentir esa insatisfacción, cuando el cielo sabía que él no lo merecía. ¿Qué derecho tenia él para sentirse infeliz con su vida? ¿Cómo se atreve a quejarse, especialmente frente a ella?
    Ella estuvo de pie, allanando sus faldas en un gesto torpe, defensivo. "La próxima vez que quieras quejarte de los problemas de la adoración universal, trata de ser una solterona de armario durante un día. Ver como siente y luego avísame si quieres quejarte."
    Y luego, mientras Colin todavía estaba tumbado en el sofá, bostezando y mirándola como si fuera alguna criatura extraña con tres cabezas, con doce dedos, y una cola, ella salio del cuarto.
    Era, ella pensó mientras descendía por los peldaños externos a la Calle Bruton, la salida más espléndida de su existencia.
    Era realmente demasiado malo, entonces, que el hombre que estaba dejando era el único en cuya compañía había querido alguna vez permanecer.
    Colin padeció un infierno todo el día.
    Su mano dolia como el diablo, a pesar del brandy que él había salpicado tanto en su piel como en su boca. El agente inmobiliario que había manejado el arriendo para la cómoda pequeña casa con terraza que había encontrado en Bloomsbury le había informado que el arrendatario anterior tenía dificultades y Colin no sería capaz de mudarse hoy como había planeado – ¿sería aceptable la próxima semana? Y para colmo, sospechó que él podría haber hecho un daño irreparable a su amistad con Penelope.
    Lo cual lo hizo sentirse peor del todo, desde (A) él mejor dicho valoraba su amistad con Penelope (y B) él no se había dado cuenta de lo mucho que valoraba su amistad con Penelope, que (C) lo hizo sentirse ligeramente asustado.
    Penelope era una constante en su vida. La amiga de su hermana – la que estaba siempre en el borde del salón de baile; cerca, pero no realmente como podrían haber sido las cosas.
    Pero el mundo parecía cambiar. Él sólo había estado de vuelta en Inglaterra durante una quincena, pero ya Penelope había cambiado. O tal vez él había cambiado. O tal vez ella no había cambiado pero el modo en que la veía había cambiado.
    Ella importaba. Él no sabía como tomarlo.
    Y después de diez años en que ella solo estaba… allí, era bastante extraño que ella le importara tanto.
    No le gustaba como habían tomado caminos separados esa tarde en términos tan bruscos. Él no podía recordaba haberse sentido tan mal con Penelope, alguna vez – no, eso no era verdad. Estaba aquella vez… querido Dios, ¿cuantos años habían pasado de eso? ¿Seis? ¿Siete? Su madre había estado molestándolo sobre casarse, que no era nada nuevo, excepto que esa vez ella había sugerido a Penelope como una novia potencial, lo cual era nuevo, y Colin no estaba de humor para tratar con la usual busca de partidos de su madre, que debía embromar su espalda.
    Y luego ella no se había detenido. Ella había hablado sobre Penelope durante todo el día y durante toda la noche, parecía, hasta que Colin finalmente huyo del país. Nada drástico sólo un paseo cortó a Gales. ¿Pero realmente, qué había estado pensando su madre?
    Cuando él había vuelto, su madre había querido hablar con él, obviamente – excepto que esta vez era por que porque su hermana Daphne estaba esperando un niño otra vez y ella había querido hacer un anuncio familiar. ¿Pero cómo debía él haber sabido eso? Entonces él no había estado pensando con mucha ilusión en la visita, ya que estaba seguro que esto implicaría mucha indirectas completamente descubiertas sobre el matrimonio. ¡Entonces había buscado corriendo a sus hermanos, y ellos habían comenzado a atormentarlo sobre el mismo tema, como sólo los hermanos saben hacerlo, y la siguiente cosa que supo, fue que él anunciaba, con una voz muy alta, que no iba a casarse con Penelope Featherington!
    Excepto que de alguna manera Penelope había estado estando de pie ahí mismo en la entrada, con la mano en su boca, sus grandes ojos con dolor y vergüenza y probablemente otras docena de emociones desagradables en la cual él había estado demasiado avergonzado.
    Esto había sido uno de los momentos más horribles de su vida. Uno, de hecho, que se esfuerzo en no recordarlo. Él nunca pensó que Penelope lo había imaginado- al menos no más que otras damas lo habían imaginado- avergonzándola. Al seleccionarla para tal anuncio…
    Había sido imperdonable.
    Él se había disculpado, por supuesto, y ella había aceptado, pero él nunca se había perdonado completamente.
    Y ahora él iba y la insultaba nuevamente. No en una forma directa, por supuesto, pero él debería haber pensado un poco más larga y más duramente antes de quejarse de su vida.
    Demonios, había sonado estúpido, incluso para si mismo. ¿De qué se tenia que quejar? De nada.
    Y aún existía todavia este vacío fastidioso. Un deseo, realmente, para algo que él no podía definir. Él estaba celoso de sus hermanos, por Dios, para haber encontrado sus pasiones, sus legados.
    La única señal que Colin había dejado en el mundo estaba en las páginas de la Revista de Sociedad de lady Whistledown. Qué broma.
    Pero todas las cosas eran relativas, ¿verdad? Y comparadocon Penelope, él tenía poco para quejarse.
    Lo cual probablemente significaba que él debería haber guardado sus pensamientos para si mismo. No le gustó pensar en ella como una solterona de armario, pero él supuso que era exactamente lo que ella era. Y esa no era una posición de mucha reverencia en la sociedad británica.
    De hecho, era una situación de la cual muchas personas se quejarían. Amargamente.
    Penelope nunca se había presentado como algo menos que estoica quizás no muy contenta consigo, pero al menos lo aceptaba.
    ¿Y quién sabe? Tal vez Penelope tenía esperanzas y sueños de una vida más allá de la que compartía con su madre y hermana en su pequeña casa en la Calle de Mont. Tal vez ella tenía proyectos y objetivos propios, pero los guardó bajo un velo de dignidad y buen humor.
    Tal vez había más en ella al parecer. Tal vez, pensó él con un suspiro, ella merecía una disculpa.
    Él no estaba exactamente seguro de por qué tenía que disculparse; él no estaba seguro de cual era lo que precisamente necesitaba.
    Pero la situación necesitaba algo.
    ¡Ay!, demonios. Ahora él iba a tener que asistir a la velada musical de Smythe-Smith esta tarde. Esto era un acontecimiento doloroso, discordante, anual; sólo cuando uno estaba seguro que todas las hijas de Smythe-Smith habían crecido, algúna nueva prima se elevaba para tomar su lugar, cada una con un oído más sordo que la última.
    Pero era donde Penelope iba a estar esa tarde, y esto significaba que era donde Colin tendría que estar también.

El CAPÍTULO 7

    Colin Bridgerton estaba completamente rodeado por un grupo de señoritas en la velada musical de Smythe-Smith el miércoles por la noche, todas preocupadas por su mano herida.
    Esta Autora no sabe como la herida fue hecha - en efecto, el Sr. Bridgerton ha sido fastidiosamente hermético sobre ello. Hablando de molestias, el hombre en cuestión parecía irritado por toda la atención. En efecto, Esta Autora oyó por casualidad decir a su hermano Anthony que él lamentaba que el no haber dejado la (palabra no repetible) venda en casa.
    La revista de Sociedad de lady Whistledown, el 16 de abril de 1824

    ¿Por qué por qué por qué se hacia esto a si misma?
    Año tras año la invitación llegaba por el mensajero, y año tras año Penelope se juraba a si misma que nunca, teniendo a Dios por testigo, asistiría a alguna otra velada musical de Smythe-Smith.
    Y aún así año tras año ella se encontraba asentada en el cuarto de música de Smythe-Smith, desesperadamente tratando de no rendirse (al menos no visiblemente) cuando la última generación de muchachas de Smythe-Smith mataba al pobre Sr. Mozart en la efigie musical.
    Era doloroso. Horriblemente, terriblemente, horriblemente doloroso. Realmente, no había ninguna otra forma de describirlo.
    Incluso lo más desconcertante era que Penelope siempre parecía terminar en la primera fila, o cerca de ella, que estaba más allá de lo soportable. Y no sólo para los oídos. Cada cierto tiempo, había una muchacha de Smythe-Smith que era consciente de tomar parte en lo que sólo podría ser llamado un delito contra la ley auditiva. Mientras las otras muchachas atacaban sus violines y pianos con un vigor inconsciente, esto agregado a una expresión afligida en su cara – una expresión que Penelope conocía bien.
    Esta era la cara que una ponía cuando quería estar en cualquier parte, menos donde una estaba. Podrías tratar de esconderlo, pero esto siempre se notaba en las esquinas de la boca, que se encontraban apretadas y tensas. Y los ojos, por supuesto, que flotaban de arriba a abajo evitando todo contacto visual con el resto.
    El cielo sabía que la cara de Penelope había estado maldita con aquella misma expresión a menudo.
    Tal vez por eso ella nunca logró definitivamente quedarse en casa durante una noche de Smythe-Smith. Alguien tenía que sonreír favorablemente y fingir disfrutar de la música.
    Además, no era como si estuviese obligada a ir y escuchar más de una vez por año, de todas formas.
    De todos modos, uno no podía menos que pensar en la fortuna que se podría hacer en discretos tapones para los oídos.
    El cuarteto de muchachas precalentaba en un revoltijo de notas discordantes y escalas que sólo prometian empeorar una vez que ellas comenzaran a tocar de veras. Penelope había tomado un asiento en el centro de la segunda fila, consternando mucho a su hermana Felicity.
    "Hay dos asientos absolutamente buenos en la esquina trasera," Felicity siseo en su oído.
    "Ya es demasiado tarde," contesto Penelope, instalándose en una silla ligeramente acolchada.
    "Dios me ayude," gimió Felicity. Penelope recogió su programa y comenzó a hojearlo. "Si no nos sentamos aquí, alguien más lo hará," dijo ella.
    ¡"Exactamente es mi deseo!"
    Penelope se inclinó de modo que sólo su hermana pudiera oír sus palabras murmuradas. "Podemos limitarnos a sonreír y ser corteses. Imagina si alguien como Cressida Twombley se sienta aquí y riéndose disimuladamente en todo momento."
    Felicty miró alrededor. "No pienso que Cressida Twombley muriera aquí atrapada."
    Penelope decidió no hacer caso de esta declaración. "La última cosa que ellas necesitan es alguien sentado justo en el frente alguien y a quien gusta hacer comentarios poco amables. Aquellas pobres muchachas serían mortificadas."
    "Ellas van a ser mortificadas de todos modos," se quejo Felicity.
    "No, ellas no lo seran," dijo Penelope. "Al menos no aquella, esa, o esa otra," dijo ella, señalando las dos con violines y la del piano. Pero esa" – ella hizo indico discretamente a la muchacha que sentada con un violonchelo entre sus rodillas – "ella ya se siente miserable. Lo menos que podemos hacer es no hacerlo peor permitiendo que alguien malicioso y cruel se siente aquí."
    "Solo será destripada más adelante, en la semana por lady Whistledown," refunfuñó Felicity.
    Penelope abrió su boca para decir algo más, pero en aquel momento exacto noto que la persona que acababa de ocupar el asiento a su otro lado era Eloise.
    "Eloise," dijo Penelope con el obvio placer. "Pensé que planeabas quedarte en casa."
    Eloise hizo una mueca, su piel tomo tono pálido decididamente verdoso. "No puedo explicarlo, pero pareciera que no me puedo alejar. Es como un accidente de carro. No puedes dejar de mirar."
    "O escuchar," dijo Felicity, "como seria en este caso."
    Penelope sonrió. Ella no podía ayudarle.
    ¿"Les oí hablando sobre lady Whistledown cuándo llegué?" preguntó Eloise.
    "Dije a Penelope," dijo Felicity, inclinándose de forma poco elegante a través de su hermana para hablar con Eloise, " ellas van a ser destruidas por lady W más adelante durante esta semana."
    "No sé," dijo Eloise pensativamente. "Ella no se mete con las muchachas de Smythe-Smith cada año. No se por qué."
    "Yo se por qué," cacareó una voz desde atras.
    Eloise, Penelope, y Felicity todas se dieron vuelta en sus asientos, luego dieron tumbos hacia atrás cuando vieron el bastón de lady Danbury acercándose peligrosamente a sus caras.
    "Lady Danbury," Penelope tragó aire, incapaz de resistir el impulso de tocarse la nariz – sólo para tranquilizarse de que aún estaba allí.
    "Creo entender a lady Whistledown," dijo lady Danbury.
    ¿"Usted?" preguntó Felicity.
    "Ella es dulce en el fondo," siguió la vieja señora. "¿Ustedes ven a esa" – apuntando con su bastón en dirección a la violonchelista, casi perforando el oído de Eloise en el proceso – "justo ahí?"
    "Sí," dijo Eloise, frotando su oído, "aunque pienso que no seré capaz de oírlas."
    "Probablemente una bendición," dijo lady Danbury volviéndose con el bastón en la mano. "Usted puede agradecerme más tarde."
    ¿"Usted decía algo sobre la violonchelista?" pregunto Penelope rápidamente, antes de que Eloise dijera algo completamente inadecuado.
    "Por supuesto que estaba. Mírenla," dijo lady Danbury. "Ella es miserable. Y claro que debería serlo. Claramente es la única que tiene una pista en cuanto a lo terriblemente malas que son. Las otras tres no tienen ni siquiera el sentido musical de un mosquito."
    Penelope dio un vistazo bastante satisfecho a su hermana menor.
    "Usted recuerde mis palabras," dijo lady Danbury. "Lady Whistledown no tendrá nada que decir sobre esta velada musical. Ella no quiere herir los sentimientos de nadie. No como el resto de ellos -"
    Felicity, Penelope, y Eloise todas esquivaron el bastón que se balanceaba encima d ellas.
    "Bah. Ella no podría preocuparse menos por el resto de ellos."
    "Esta es una teoría interesante," dijo Penelope.
    Lady Danbury se recostó felizmente en su silla. "Sí, lo es. ¿o No?"
    Penelope asintio con la cabeza. "Pienso que usted tiene razón."
    "Hmmph. Por lo general la tengo."
    Todavía volteada en su asiento, Penelope se devolvió primero a Felicity, y luego a Eloise, diciendo, "Esa es la misma razón por la qué sigo viniendo a estas infernales veladas musicales año tras año."
    ¿"Para ver a Lady Danbury?" pregunto Eloise, parpadeando por la confusión.
    "No. A causa de muchachas como ellas." Penelope señaló a la violonchelista. "Sé exactamente como se siente."
    "No seas tonta, Penelope," dijo Felicity. "tu nunca has tocado el piano en público, y aun si lo hicieras, tu eres completamente capaz de llevarlo a cabo."
    Penelope se volvio a su hermana. "No es sobre la música, Felicity."
    Entonces la cosa más rara pasó a lady Danbury. Su cara cambió. Completamente, completamente, asombrosamente cambiada. Sus ojos se pusieron nebulosos, pensativos. Y sus labios, que generalmente se mostraban ligeramente apretados y sarcásticos en las comisuras, se suavisaron. "Yo era también así, señorita Featherington," dijo ella, tan silenciosamente que tanto Eloise como Felicity se vieron obligadas a inclinarse hacia adelante, Eloise con un, ¿"Perdon?," y Felicity con un bastante menos cortés, "¿Qué?"
    Pero lady Danbury sólo tenía ojos para Penelope. "Es por lo qué asisto, año tras año," dijo la señora más vieja. "Justo como usted."
    Y durante un momento Penelope se sintió raramente unida a la vieja mujer. Lo que era bastante loco, porque ellas no tenian nada en común aparte del género – ni la edad, ni estatus, nada. Y aún era casi como si la condesa la había elegido de alguna manera – con que proposito, Penelope no podía adivinarlo. Pero ella parecía determinada a encender un fuego bajo la ordenada e incluso aburrida vida de Penelope.
    Y Penelope no podía menos que pensar que algo estaba pasando.
    ¿No es agradable descubrir que no somos exactamente lo qué habíamos pensado que éramos?
    Las palabras de lady Danbury desde la otra noche todavía resonaban en la cabeza de Penelope. Casi como una letanía. Casi como un desafío.
    ¿"Sabe lo qué pienso, señorita Featherington?" Preguntó Lady Danbury, en un tono Ilusoriamente suave.
    "Yo ni siquiera me atreveria a adivinar," dijo Penelope con gran honestidad – y respeto – en su voz.
    "Pienso que usted podría ser lady Whistledown."
    Felicity y Eloise jadearon.
    Los labios de Penelope se separaron por la sorpresa. Nadie había pensado acusarla a ella de algo así anteriormente. Esto era… impensable… increíble y…Bastante lisonjero, realmente.
    Penelope sintió que su boca se deslizaba en una sonrisa astuta, y se inclinó hacia adelante, como si se prepara a impartir noticias de gran importancia.
    Lady Danbury se inclinó hacia adelante.
    Felicity y Eloise también se inclinaron hacia adelante.
    ¿"Sabe usted lo qué pienso, Lady Danbury?" pregunto Penelope, con una voz irresistiblemente suave.
    "Bueno," dijo Lady D, con un malvado destello en su ojo, "yo le diría que estoy sin aliento con anticipación, pero usted ya me ha dicho anteriormente que piensa que yo soy lady Whistledown."
    ¿"Es usted?"
    Lady Danbury sonrió maliciosamente. "Tal vez lo soy."
    Felicity y Eloise jadearon nuevamente, más alto esta vez.
    El estómago de Penelope dio tumbos.
    ¿"Lo admite usted?" Eloise susurró.
    "Por supuesto que no lo admito," ladró lady Danbury, enderezando su columna y golpeando su bastón contra el suelo con bastante fuerza para parar momentáneamente a las cuatro músicas aficionados en su precalentamiento. "Incluso si fuera verdadero – y no digo que lo sea – ¿sería lo bastante tonta para admitirlo?"
    "Entonces por qué usted por que lo dice-"
    "Por que, cabeza hueca, trato de llegar a algo."
    Ella entonces procedió a guardar silencio hasta que Penelope se sintiera forzada a preguntar, "¿Cuál es?"
    Lady Danbury les dirigió una mirada sumamente exasperada. "Que cualquiera puede ser lady Whistledown," exclamó ella, golpeando su bastón en el suelo con el renovado vigor. "Cualquiera en absoluto."
    "Bueno, excepto yo," Felicity agrego. "Estoy completamente segura de que no soy yo."
    Lady Danbury ni siquiera honró Felicity con un vistazo. "Déjeme decirle algo," dijo ella.
    "Como si pudieramos pararle," dijo Penelope, tan dulcemente que esto le salió como un elogio. Y la verdad sea dicha, esto era un elogio. Ella admiraba mucho a lady Danbury. Ella admiraba a alguien que sabía decir lo que pensaba en público.
    Lady Danbury se rió entre dientes. "Hay más de usted de lo que ve el ojo, Penelope Featherington."
    "Eso es verdad," dijo Felicity con una sonrisa. "Ella puede ser bastante cruel, por ejemplo. Nadie lo creería, pero cuando éramos jóvenes-"
    Penelope le dio un codazo en las costillas.
    ¿"Lo ve?" dijo Felicity.
    "Lo que yo iba a decir," siguió lady Danbury, "era que la multitud esta totalmente equivocada con mi desafío."
    ¿"Cómo sugiere usted que lo hagamos, entonces?" preguntó Eloise.
    Lady Danbury agitó su mano desdeñosamente en la cara de Eloise. "Tengo que explicar por que la gente actúa de forma incorrecta primero," dijo ella. "Ellos continúan vigilando a las personas obvias. Personas como su madre," dijo ella, volteándose hacia a Penelope y Felicity.
    ¿"Nuestra madre?" Exclamaron al unísono.
    "Ah, por favor," se mofó lady Danbury. "Una entrometida tan grande como ella esta ciudad jamás ha visto. Ella es exactamente la clase de persona de la cual todos sospechan."
    Penelope no sabia que decir frente a esto. Su madre era una chismosa celebre, pero era difícil imaginarla como lady Whistledown.
    "Eso es por lo cual," siguió lady Danbury, con una mirada perspicaz en su ojo, "no puede ser ella."
    "Bueno, eso," dijo Penelope con un poco de sarcasmo, "y el hecho de que Felicity y yo podríamos decirle con seguridad que ella no es.”
    "Pish. Si su madre fuera lady Whistledown, ella habría encontrado un modo de ocultarlo de ustedes."
    ¿"Mi madre?" dijo Felicity dudosamente. "No lo creo."
    "Lo que trato de decir," replico lady Danbury, "antes de todas estas interrupciones infernales-"
    Penelope pensó que oyó un resoplido de Eloise.
    "-era que si lady Whistledown fuera alguien obvio, ella habría sido descubierta ya, ¿No lo cree?"
    Silencio, hasta que se hizo claro que alguna respuesta era necesaria, entonces las tres asintieron con la cabeza con apropiada seriedad y vigor.
    "Ella debe ser alguien de quien nadie sospecha," dijo lady Danbury. "Eso debe ser."
    Penelope se encontró asintiendo con la cabeza otra vez. Lady Danbury tenía razón, de un extraño modo.
    ¡"Eso es por lo qué," siguió la señora más vieja triunfalmente, "no soy una candidata probable!"
    Penelope parpadeó, sin entender completamente la lógica. ¿"Perdón?"
    "Ah, por favor." Lady Danbury dio a Penelope un vistazo bastante desdeñoso. ¿"Piensa usted que es la primera persona en sospechar de mi?"
    Penelope sólo sacudió su cabeza. "Todavía pienso que es usted."
    Esto la hizo ganar algo de respeto. Lady Danbury asintió con la cabeza con aprobación cuando ella dijo, "usted es más descarada de lo que parece."
    Felicity se apoyo hacia adelante y dijo con una voz conspiradora, "eso es verdad."
    Penelope apretó la mano de su hermana. ¡"Felicity!"
    "Creo que la velada musical comienza," dijo Eloise.
    "El cielo nos ayude a todos nosotros," anunció lady Danbury. "No sé por qué yo- Sr. ¡Bridgerton! "
    Penelope se había dado vuelta para el pequeño escenario, pero se volteo raudamente para ver a Colin hacer el largo camino a través de la fila hasta el asiento vacío al lado de lady Danbury, pidiendo amablemente perdón cuando él chocó con las rodillas de la gente.
    Sus disculpas, por supuesto, fueron acompañadas por una de sus sonrisas letales, y dejando al menos tres señoras totalmente derretidas en sus asientos como resultado.
    Penelope frunció el ceño. Era asqueroso.
    "Penelope," susurró Felicity. ¿"Estas gruñendo?"
    "Colin," dijo Eloise. "Yo no sabía que vendrías."
    Él se encogió de hombros, su cara estaba iluminada con una media sonrisa. "Cambie de opinión en el último momento. Yo siempre he sido un gran amante de la música, después de todo."
    "Lo que explicaría tu presencia aquí," dijo Eloise con una voz excepcionalmente seca.
    Colin reconoció su declaración arqueando simplemente su ceja antes de dirigirse a Penelope y decir, “Buenas noches, señorita Featherington. " Saludando con la cabeza a Felicity con otro, "señorita Featherington."
    Le tomó un tiempo a Penelope encontrar su voz. Ellos se habían separado de forma bastante brusca esa tarde, y ahora aquí él estaba con una sonrisa amistosa. "Buenas noches, Sr. Bridgerton," finalmente pudo decir.
    ¿"Sabe alguien lo qué está en el programa esta noche?" Preguntó, pareciendo terriblemente interesado.
    Penelope tuvo que admirarlo por esto. Colin tenía un modo de mirarle como si nada en el mundo podría ser más interesante que su siguiente oración. Este era un talento, lo era. Sobre todo ahora, cuando todos sabían que a él no podía interesarle de una u otra forma lo que las muchachas de Smythe-Smith decidieran tocar esa tarde.
    "Creo que es Mozart," dijo Felicity. "Ellos casi siempre eligen Mozart."
    "Encantador," contestó Colin, apoyándose en el respaldo de su silla como si él hubiera acabado de terminar una excelente comida. "Soy un gran admirador del Sr. Mozart."
    "En este caso," lady Danbury cacareó, dándole un codazo en las costillas, "usted podría querer hacer su fuga mientras la posibilidad todavía existe."
    "No sea tonta," dijo él. "Estoy seguro que las muchachas harán todo lo posible."
    "Ah, no hay dudas de que ellas harán todo lo posible," dijo Eloise siniestramente.
    “Shhh," dijo Penelope. "Pienso que están listas para empezar." No, ella confesó así misma, que estaba especialmente impaciente por escuchar la versión de las Smythe-Smithpara Eine Kleine Nacht-musik. Pero se sentia profundamente molesta con Colin. No estaba segura de que decirle – salvo que independientemente de lo que debiera decirle definitivamente no debería decirlo delante de Eloise, Felicity, y más que nada delante de lady Danbury.
    Un mayordomo fue y apagó unas velas señalando que las muchachas estaban listas para comenzar. Penelope se animo, tragado de tal modo para obstruir sus canales de oído interiores (esto no funciono), y entonces la tortura comenzó. Y continuó… y siguió… y siguió. Penelope no estaba segura de que era más atormentador – la música o el saber que Colin estaba sentado justo detrás de ella. Siendo consciente de ello la parte trasera de su cuello la sentía hormiguear, y ella se encontró jugueteando como loca, sus dedos golpeaban despiadadamente el terciopelo azul oscuro de sus faldas.
    Cuando el cuarteto de Smythe-Smith finalmente termino, tres de las muchachas estaban radiantes con los aplausos corteses, y la cuarta – la violonchelista miraba como si quisiera enterrarse lentamente bajo una roca.
    Penelope suspiró. Al menos, en todas sus temporadas fracasadas, no había sido obligada alguna vez a alardear sus carencias frente a toda la multitud como tuvieron que hacerlo estas muchachas. Siempre le permitían derretirse en las sombras, cernirse silenciosamente en el perímetro del salon, mirando a las otras muchachas dar vueltas en la pista de baile. ¡Ah, su madre la arrastró aquí y allí, tratando de colocarla en el camino de alguno u otro señor elegible, pero eso no era nada – nada! – como lo que las muchachas de Smythe-Smith fueron obligadas a soportar.
    Aunque, con toda honestidad, tres de las cuatro parecian felizmente inconsciente de su ineptitud musical. Penelope sólo sonrió y aplaudió. Ella seguramente no iba a reventar su burbuja colectiva.
    Y si la teoría de lady Danbury era correcta, lady Whistledown no iba a escribir una palabra sobre la velada musical.
    Los aplausos se acabaron más que rápidamente, y pronto cada uno tomo su propio rumbo, haciendo conversaciones corteses con sus vecinos y observando la mesa de refrescos puesta justo detrás del salón.
    "Limonada," Penelope murmuró para si misma. Perfecto. Ella estaba terriblemente acalorada – realmente, ¿En qué había estado pensando, llevando puesto terciopelo durante una noche tan caliente? – y una fresca bebida sería justo lo que la haría sentir mejor. Sin mencionar que Colin estaba atrapado en una conversación con lady Danbury, lo cual hacia el momento ideal para realizar su fuga.
    Pero tan pronto como Penelope tenía su vaso en la mano, oyó la voz dolorosamente familiar de Colin detrás de ella, murmurando su nombre.
    Ella volteo, y antes de que tuviera cualquier idea de lo que hacía, dijo, "lo siento."
    ¿"Tu lo sientes?"
    "Sí," aseguró. "Al menos pienso que lo siento."
    Sus ojos se arrugaron ligeramente en las esquinas. "La conversación se pone más intrigante cada segundo."
    "Colin-"
    Él retuvo su brazo. "Da una vuelta conmigo alrededor del salón, de acuerdo?"
    "No pienso-"
    Él acercó su brazo sólo una pulgada más o menos, pero el mensaje estaba claro. "Por favor", dijo.
    Ella asintió con la cabeza y dejó su limonada. "Muy bien." Ellos anduvieron en silencio durante casi un minuto, entonces Colin dijo, "me gustaría pedirte perdón."
    "Yo fui quién asaltó el cuarto," indicó Penelope.
    Él inclinó su cabeza ligeramente, y ella pudo ver una sonrisa indulgente jugueteando a través de sus labios. "Yo no podría llamarlo 'asalto,'" dijo él.
    Penelope frunció el ceño. Probablemente no debería haberse marchado tan enfadada, pero ahora que lo había hecho, estaba extrañamente orgullosa de ello. No era algo común que una mujer como ella consiguiera hacer una salida tan dramática.
    "Bueno, yo no debí haber sido tan grosera," refunfuñó ella, sin sentirlo realmente.
    Él arqueó una ceja, entonces obviamente decidido a no continuar el tema. "Me gustaría poder disculparme," dijo, "por ser un pequeño mocoso malcriado."
    Penelope tropezó con sus pies. Él le ayudó a recobrar su equilibrio, luego dijo, "Estoy consciente que tengo muchas, pero muchas cosas en mi vida por lo cual yo debería estar agradecido. Por que realmente estoy agradecido," corrigió, su boca estaba completamente seria, pero seguramente se sentía avergonzado. "Fue imperdonablemente grosero quejarme contigo."
    "No," dijo ella, "he pasado toda la tarde pensando en lo que dijiste, y mientras yo…" Ella tragó, luego lamió sus labios, que se habían ido secando. Ella había pasado todo el día tratando de pensar en las palabras correctas, y pensó que las había encontrado, pero ahora que él estaba ahí, a su lado, no podía pensar en las dos cosas.
    ¿"Necesitas otro vaso de limonada?" preguntó Colin cortésmente.
    Ella negó con su cabeza. "Tienes todo el derecho a tus sentimientos," soltó ella. "Puede no ser lo que yo sentiría, seria yo en tus zapatos, pero tienes todo el derecho. Pero-"
    Ella se desprendió, y Colin se encontraba desesperado por saber lo que ella había planeado decir. ¿"Pero qué, Penelope?" él la impulsó.
    "No es nada."
    "No es nada a mí." Su mano fue nuevamente a su brazo, y entonces él apreto ligeramente, para dejarle saber lo que él quería decir.
    Paso un largo rato, él pensó que realmente ella no iba a responder, y luego, sólo cuando él pensó que su cara se rajaría por la sonrisa que sostuvo con tanto cuidado en sus labios – ellos estaban en público, después de todo, y no quería invitar a los comentarios y especulaciónes pareciendo anhelante y preocupado – ella suspiró.
    Fue un sonido encantador, extrañamente confortante, suave, y sabio. Y lo hizo querer mirarla más estrechamente, para ver en su mente, para oír los ritmos de su alma.
    "Colin," dijo Penelope silenciosamente, "si tu te sientes frustrado por tu actual situación, deberías hacer algo para cambiarlo. Es realmente algo simple."
    "Eso es lo que hago," dijo él encogiéndose descuidadamente de hombros. "Mi madre me acusa de llegar y abandonar el país caprichosamente, pero la verdad es-"
    "Tu lo haces cuando te sientes frustrado," terminó ella por él.
    Él asintió con la cabeza. Ella lo entendía. Él no estaba seguro de como había sucedido, o incluso como eso tenia sentido, pero Penelope Featherington lo entendía.
    "Pienso que deberías publicar tus diarios," dijo ella.
    "Yo no podría."
    ¿"Por qué no?"
    Él paro de caminar, dejándola ir de su brazo. Realmente no tenía una respuesta, además de una palpitación rara en su corazón.
    ¿"Quién querría leerlos?" Finalmente preguntó.
    "yo lo haria," dijo ella francamente. "Eloise, Felicity…" añadió, enumerando nombres con sus dedos. "Tu madre, Lady Whistledown, estoy segura," añadió ella con una sonrisa maliciosa. "Ella escribe bastante sobre ti."
    Su buen humor era contagioso, y Colin no pudo reprimir completamente su sonrisa. "Penelope, no cuenta si las únicas personas que compran el libro es la gente que conozco."
    ¿"Por qué no?" Sus labios se movieron nerviosamente. "tu conoces a un montón de gente. Por qué, cuentas solamente a los Bridgertons-"
    Él tomo su mano. Sin saber por qué, pero él tomo su mano. "Penelope, para."
    Ella sólo se rió. "creo que Eloise me contó que tienes pilas y pilas de primos también, y-"
    "Suficiente," él advirtió. Pero sonreía abiertamente mientras lo decía. Penelope aparto la vista de su mano, luego dijo, "mucha gente querrá leer sobre tus viajes. Tal vez al principio sólo será porque eres una figura muy conocida en Londres, pero no tomará mucho antes de que cada uno se de cuenta de lo buen escritor que eres. Y luego ellos pedirán más a gritos. "
    "No quiero ser un éxito debido al nombre Bridgerton," dijo él.
    Ella dejó soltó su mano y la plantó en sus caderas. ¿"Me estas escuchando? Sólo te digo esto-"
    ¿"Qué es lo que ustedes dos están hablando?" Eloise. Mirando muy, muy curiosa.
    "Nada," refunfuñaron ambos al mismo tiempo. Eloise resopló.
    "No me insulten. Como que nada. Penelope miró como si ella fuera a escupir fuego en cualquier momento."
    "Tu hermano sólo está siendo obtuso," dijo Penelope.
    "Bien, no es nada nuevo," dijo Eloise.
    ¡"Esperen un momento!" exclamó Colin.
    ¿"Pero qué," sondeó Eloise, ignorandolo completamente, "sobre que es obtuso?"
    "Es un asunto personal," replico Colin.
    "lo que hace que todo esto sea más interesante," dijo Eloise. Ella contempló a Penelope con expectación.
    "Lo siento," dijo Penelope. "Realmente no lo puedo decir."
    ¡"No puedo creerlo!" Eloise lanzó un grito. "Tu no vas a decirme."
    "No," contestó Penelope, sintiéndose extraña forma satisfecha consigo misma, "no lo haré."
    "No puedo creerlo," dijo Eloise otra vez, volteándose hacia a su hermano. "No puedo creerlo."
    Sus labios se transformaron en la más puras de las sonrisas. "Créelo."
    "Tu estas guardando secretos de mí."
    Él levantó sus cejas. ¿"Crees que te lo cuento todo?"
    "Por supuesto que no." Ella frunció el ceño. "Pero pensé que Penelope lo hacia."
    "Pero este no es mi secreto para poder contarlo," dijo Penelope. "Es de Colin."
    "Pienso que el planeta ha cambiado su eje," se quejó Eloise. "O quizás Inglaterra ha chocado contra Francia. Todo lo que sé que este no es el mismo mundo que habitaba esta mañana. "
    Penelope no podía ayudarle. Ella se rió tontamente.
    ¡"Y tu te ríe de mí!" Eloise añadió.
    "No, yo no," dijo Penelope, riendo. "Realmente, yo no."
    ¿"Sabe lo qué quieres?" preguntó Colin.
    ¿"Yo?" Eloise preguntó.
    Él asintio con la cabeza. "Un marido."
    ¡"Eres tan malvado como mi madre!"
    "Podría ser mucho peor si yo realmente me lo propusiera."
    "De eso no tengo duda," replico Eloise de vuelta.
    ¡"Alto, alto!" dijo Penelope, verdaderamente risueña es ese momento.
    Ambos la observaron expectantes, como diciendo, ¿ Ahora qué?
    "Estoy tan contenta de haber venido esta noche," dijo Penelope, las palabras salieron espontáneamente de sus labios. "No puedo recordar una tarde más agradable. Realmente, no puedo."
    Varias horas más tarde, cuando Colin reposaba en la cama, mirando el techo de su dormitorio en su nuevo apartamento en Bloomsbury, pensó que él sentía el exactamente lo mismo.

El CAPÍTULO 8

    Colin Bridgerton y Penelope Featherington fueron vistos conversando en la velada musical de Smythe-Smith, aunque nadie parece saber de qué exactamente ellos hablaban. Esta Autora se atrevería a adivinar que su conversación se centró sobre la identidad de esta Autora, ya que era lo qué todos los demás parecían estar hablando, antes, después, y (groseramente, en la estimada opinión de está autora) durante la interpretación.
    En otras noticias, el violín de Honoria Smythe-Smith fue dañado cuando lady Danbury accidentalmente lo golpeó mientras agitaba su bastón.
    Lady Danbury insistió en sustituir el instrumento, pero también declaró que no es su hábito comprar algo menos que lo mejor, Honoria tendrá un violín Ruggieri, importado de Cremona, Italia.
    Según el conocimiento de Esta Autora, cuando el factor de fabricación y tiempo de embarque, junto con una lista de espera largísima, toma seis meses para que un violín Ruggieri pueda alcanzar nuestras costas.
    Revista de Sociedad de lady Whistledown, el 16 de abril de 1824

    Hay momentos en la vida de una mujer cuando su corazón se mueve en su pecho, cuando el mundo de repente parece extraordinariamente rosado y perfecto, cuando una sinfonía puede ser oída en el tintinear de un timbre.
    Penelope Featherington tenía justo unos de esos momentos dos días después de la velada musical de Smythe-Smith.
    Todo fue por un golpe a en la puerta de su dormitorio, seguida de la voz de su mayordomo, informándola:
    "Sr. Colin Bridgerton esta aquí para verla." Penelope cayó de la cama. Briarly, quién habia servido a la familia Featherington por el tiempo sufuciente como parra no pestañear incluso por la torpeza de Penelope, murmurando, "¿debo decirle que usted no se encuentra?"
    ¡"No!" Penelope casi chilló, tropezando con sus pies. "Quiero decir, no," añadió ella con una voz más razonable. "Pero requeriré diez minutos para prepararme. "Se echó un vistazo en el espejo y se estremeció por su aspecto despeinado. "Quince."
    "Como usted desee, señorita Penelope."
    "Ah, y asegurese de preparar una bandeja de comida. Seguramente el Sr. Bridgerton estara hambriento. Él siempre tiene hambre." El mayordomo asintió nuevamente.
    Penelope se mantuvo de pies sin moverse mientras Briarly desaparecia saliendo por la puerta, entonces, completamente incapaz de contenerse, bailo de pie en pie, emitiendo una clase de chillidos extraños un ruido que ella estaba convencida – o al menos esperaba – que nunca antes había cruzado sus labios.
    Entonces, ella no podía recordar la ultima vez que un señor la había visitado, mucho menos del cual ella había estado desesperadamente enamorada por casi la mitad de su vida.
    "Calmate," dijo ella, extendiendo sus dedos y presionando sus palmas aplanadas en el mismo movimiento que usaría si tratara de aplacar a una pequeña muchedumbre, rebelde. "Debes permanecer tranquila. Calmate," repitió ella, como si esto realmente daría resultado. "Calma". Pero por dentro, su corazón bailaba.
    Ella respiro profundamente alentándose, atropellándose hasta su tocador, y recogió su cepillo de pelo. Esto sólo tomaría unos minutos para fijar de nuevo su pelo; seguramente Colin no iba a huir si ella lo hiciera esperar durante un rato. ¿Él esperaría que tomara un poco de tiempo para arreglarse, verdad?
    Pero de todos modos, se encontró fijando su pelo en tiempo récord, y para el momento en que ella se detuvo en la puerta del salón, unos meros cinco minutos habían pasado desde el anuncio del mayordomo.
    "Eres rápida," dijo Colin con una extraña sonrisa. Él había estado apoyado en la ventana, mirando detenidamente en la Calle de Mont.
    "¿muy rapida?" Penelope dijo, esperando que el calor que sentia en su piel no se convirtiera en rubor. Se suponia que una mujer debería hacer esperar a un caballero, aunque no demasiado tiempo. De todos modos, no tenia sentido mantener un comportamiento tan tonto con Colin. Él nunca estaría interesado en ella de una manera romántica, y además, ellos eran amigos.
    Amigos. Esto parecia a un concepto tan raro, y aún que eso eran exactamente. Ellos siempre habían sido conocidos amistosos, pero desde su vuelta de Chipre, ellos se habían hecho amigos de verdad.
    Era mágico.
    Incluso si él nunca la amaba – y mejor dicho ella nunca pensaba que él lo haría- esto era mejor que lo que tenían antes.
    ¿'A qué debo el placer?" preguntó, tomando asiento en el sofá ligeramente descolorido amarillo damasco de su madre.
    Colin se sentó al frente de ella en una silla bastante incómoda. Él se inclinó hacia adelante, descansando sus manos sobre sus rodillas, y Penelope supo al instante que algo estaba mal. Esto simplemente no era la postura que un caballero adoptaba para una visita social común. Él parecia demasiado afligido, demasiado intenso.
    "Es bastante serio," dijo, su cara se veía severa.
    Penelope casi se elevó de sus pies. ¿"Ha pasado algo? ¿Alguien está enfermo?"
    "No, no, nada así." Él hizo una pausa, soltó un aliento largo, luego paso su mano por su ya desarreglado pelo. "Es sobre Eloise."
    ¿"Qué sucede?"
    "No sé como decirlo. "Yo- ¿ tienes algo para comer? "
    Penelope estaba lista para torcer su cuello. ¡"Por el bien del cielo, Colin!"
    "Lo lamento," refunfuñó. "No he comido en todo el día."
    "lo primero, estoy segura," dijo Penelope con impaciencia. "Ya dije a Briarly que trajera una bandeja. ¿Ahora, me dirás qué es lo que pasa, o planeas esperar hasta que yo expire de impaciencia?"
    "Pienso que ella es lady Whistledown," soltó él.
    La boca de Penelope quedo abierta. No estaba segura de lo que esperaba oir, pero no era eso.
    ¿"Penelope, me oyes?"
    ¿"Eloise?" preguntó ella, aunque sabia exactamente sobre quién él hablaba.
    Él asintio.
    "Ella no puede ser."
    Él estuvo de pie y comenzó a pasear, demasiado nervioso para mantenerse sentado. ¿"Por qué no?"
    "Como… como… ¿Como que por qué?”No existe ninguna forma de que ella hubiera hecho esto durante diez años sin que me enterara."
    Su expresión fue de desequilibrado a desdeñoso en un instante. "No creo que tu puedas saber todo lo que Eloise hace.”
    "Por supuesto que no," contestó Penelope, dándole una mirada bastante irritada, "pero puedo decirte con la absoluta certeza que no existe el modo de que Eloise pudiera guardarme un secreto de tal magnitud por más de diez años. Ella no es simplemente capaz de ello."
    "Penelope, ella es la persona más curiosa que conozco."
    "Bueno, eso es verdad," estuvo de acuerdo Penelope. "Excepto por mi madre, supongo. Pero no es suficiente para condenarla."
    Colin dejo de caminar y plantó sus manos en sus caderas. "Ella siempre anota cosas."
    ¿"Por qué crees eso?"
    Él sostuvo ambas manos, frotando su pulgar enérgicamente contra las yemas de sus dedos. "En efecto. Constantemente."
    "Mucha gente usa la pluma y la tinta." Penelope gesticulo ampliamente señalando a Colin. "Tu escribes tu diario. Estoy segura de que has tenido tus dedos alguna ves entintados."
    "Sí, pero no desaparezco cuando escribo en mis diarios."
    Penelope sintió que su pulso se aceleraba. ¿"Qué quieres decir?" preguntó, su voz quedo sin aliento.
    "Quiero decir que ella se encierra con llave en su cuarto durante horas hasta que termina, y después de aquellos períodos sus dedos están cubiertos de tinta."
    Penelope no dijo nada por un agonizantemente largo momento. "Las pruebas" de Colin eran indiscutibles, en efecto, sobre todo cuando combinado con la inclinación bien conocida y documentada de Eloise por la curiosidad.
    Pero ella no era Lady Whistledown. Ella no podía serlo. Penelope apostaría su vida en ello.
    Finalmente Penelope sólo cruzó sus brazos y, en un tono de voz que probablemente hubiera estado más de acuerdo en un niño de seis años sumamente obstinado, dijo, "no es ella. No lo es."
    Colin se recostó, pareciendo derrotado. "Lamento que yo no pueda compartir tu certeza."
    "Colin, Tu necesitas-"
    ¿"Dónde demonios esta la comida?" él se quejó.
    Ella debería estar impresionada, pero de alguna manera su carencia de modales la divirtió. "Estoy segura que Briarly estará aquí dentro de poco."
    Él se tumbó en la silla. "Tengo hambre."
    "Sí," dijo Penelope, moviendo los labios nerviosamente, "conjeturé demasiado."
    Él suspiró, cansado y preocupado. "Si ella es lady Whistledown, esto será un desastre. Un desastre puro, y absoluto."
    "No sería tan malo," dijo Penelope con cuidado. ¡"No, es que yo piense que ella es lady Whistledown, porque no lo creo! ¿Pero realmente, si ella lo fuera, sería tan terrible? A mi me gustaría ser lady Whistledown tambien."
    "Sí, Penelope," dijo Colin bruscamente, "sería demasiado terrible. Ella quedaria arruinada."
    "No pienso que ella quede arruinada…”
    "Por supuesto ella estaria arruinada. ¿Tienes alguna idea de cuántas personas esa mujer ha insultado durante años?"
    "No creo que odies tanto a lady Whistledown," dijo Penelope.
    "No la odio," dijo Colin con impaciencia. "No importa si la odio. Todos los demás la odian."
    "No pienso que esto sea verdad. Todos compran su revista."
    ¡"Por supuesto compran su revista! todos compran su maldita revista."
    ¡"Colin!"
    "Lo siento," él refunfuñó, pero realmente como si lo sintiera.
    Penelope asintio aceptando su disculpa.
    "Quienquiera que sea aquella lady Whistledown," dijo Colin, sacudiendo su dedo hacia ella con tal vehemencia que realmente ella dio tumbos hacia atrás, "cuando sea desenmascarada, no será capaz de mostrar su cara en Londres."
    Penelope delicadamente aclaro su garganta. "No pense que te preocupabas tanto por las opiniones de la sociedad."
    "No lo hago," replicó él. "Bueno, no mucho, al menos. Alguien que diga que no se preocupe en absoluto es un mentiroso y un hipócrita."
    Penelope pensó que el estaba en lo correcto, pero se encontraba sorprendida por que lo admitiera. Parecia que a los hombres siempre les gustaba fingir que ellos eran totalmente autónomos, completamente inmunes a los caprichos y las opiniones de la sociedad.
    Colin se inclinó hacia adelante, sus ojos verdes que ardían con intensidad. "Esto no es sobre mí, Penelope, es sobre Eloise. Y si ella es desterrada de la sociedad, ella será aplastada." Él se recostó, pero su cuerpo entero irradiaba tensión. "Por no mencionar lo que esto haría a mi madre."
    Penelope soltó un largo aliento. "Realmente pense que nada te disgustaba," dijo ella.
    "Espero que tengas razón," contestó él, cerrando sus ojos. Él no estaba seguro de cuando había comenzado a sospechar que su hermana podría ser lady Whistledown. Probablemente después de que lady Danbury había lanzado su famoso desafío. A diferencia de la mayor parte de Londres, Colin nunca había estado tan interesado en descubrir la verdadera identidad de lady Whistledown. La columna era entretenida, y él ciertamente la leía como todos los demás, pero en su mente, lady Whistledown era simplemente… lady Whistledown, y eso era todo lo que ella necesitaba ser.
    Pero el desafío de lady Danbury lo había hecho pensar, y como el resto de los Bridgertons, una vez que conseguía hacerse de una idea, él era fundamentalmente incapaz de dejarlo ir. De alguna manera se le había ocurrido que Eloise tenía el temperamento perfecto y las habilidades para escribir tal columna, y luego, antes de que él pudiera convencerse que estaba loco, había visto las manchas de tinta en sus dedos.
    Desde entonces él casi se había vuelto loco, incapaz de pensar en todo menos en la posibilidad de que Eloise tenía una vida secreta.
    No sabía que lo irritaba más – que Eloise pudiera ser lady Whistledown, o que ella había logrado esconderlo de él durante más de una década.
    Como irritaba, ser engañado por su propia hermana. Le gustaba pensarse más inteligente que eso.
    Pero él tenía que concentrarse en el presente. ¿ si sus sospechas fueran correctas, cómo diablos iban tratar con el escándalo cuando ella fuera descubierta?
    Y ella sería descubierta. Con todo Londres exitado por el premio de mil de libras, lady Whistledown no tendría posibilidad alguna.
    ¡"Colin! ¡Colin!"
    Él abrió sus ojos, preguntándose cuanto tiempo había estado Penelope llamándolo por su nombre.
    "Realmente pienso que deberías dejar de preocuparte por Eloise," dijo ella. "Hay cientos y cientos de personas en Londres. Lady Whistledown podría ser cualquiera de ellos. Cielos, con tu ojo para los detalles" – ella le mostro sus dedos para recordarle las yemas del dedo manchadas de tinta de Eloise - "tu podrías ser lady Whistledown."
    Él la fulmino con una mirada bastante condescendiente. "Excepto el pequeño detalle del que he estado fuera del país la mitad del tiempo."
    Penelope decidió no hacer caso de su sarcasmo. "Tu eres ciertamente un escritor bastante bueno para escribir fuera del país."
    Colin había tenido la intención de decir algo cómico y ligeramente brusco, terminando con sus argumentos bastante débiles, pero la verdad era que estaba en secreto encantado por su elogio de "buen escritor" y todo lo que él podía hacer era sentarse allí con una sonrisa agradable en su cara.
    ¿"Estas bien?" preguntó Penelope.
    "Absolutamente bien," contestó él, volviendo a la realidad y tratando de adoptar una actitud más sobria. ¿"Por qué preguntas?"
    "Por que de repente parecía completamente enfermo. Mareado, realmente."
    "estoy bien," repitió él, probablemente un poco más alto de lo necesario. "Pienso sólo en el escándalo."
    Ella soltó un suspiro de fastidio, que lo irritó, porque no veía por que razón ella estaba tan impaciente con él. ¿"Qué escándalo?" preguntó ella.
    "El escándalo que va a hacer erupción cuando ella sea descubierta," comento él.
    ¡"Ella no es lady Whistledown!" ella insistió.
    Colin de repente se sentó, sus ojos estaban iluminados por una nueva idea. "Como tu sabes," dijo él con un tipo de voz intensa, " no pienso que realmente sea importante si ella es lady Whistledown o no."
    Penelope lo contempló sin expresión durante unos tres segundos antes de mirar el salón, refunfuño, "¿Dónde está la comida? Debo estar mareado. ¿No has pasado los últimos diez minutos completamente enloquecida pensando en la posibilidad de que ella sea? "
    Como si fuera una señal, Briarly entró en el cuarto con una bandeja pesadamente cargada. Penelope y Colin miraron en silencio como el mayordomo servia la comida. ¿"Quieren que le sirva sus platos?" preguntó él.
    "No, estamos bien," dijo Penelope rápidamente. "Podemos hacerlo nosotros."
    Briarly asintió con la cabeza y, tan pronto como él había puesto los cubiertos y había llenado los dos jarrones de limonada, dejó el cuarto.
    "Escúchame," dijo Colin, brincando a sus pies y cerrando la puerta de modo que casi descansara contra el marco (pero estaba técnicamente abierta, debe alguien criticar sobre sus inconveniencias).
    ¿"No quieres comer algo?" Penelope preguntó, sosteniendo en lo alto un plato que ella había llenado con varios bocadillos.
    Él le arrebató un pedazo de queso, lo comió con dos mordiscos poco delicado, luego siguió, "incluso si Eloise no es lady Whistledown -y haciendote caso, todavía creo que ella puede serlo – no importa. Por que si / sospecho que ella es lady Whistledown, entonces seguramente alguien más lo hara también."
    ¿"tu punto seria?"
    Colin se dio cuenta de que echaba sus brazos hacia adelante, y parando antes de alcanzar a sacudir sus hombros. ¡"No importa! ¿No lo ves? Si alguien la señala con el dedo, estara arruinada."
    ¡"Pero no," dijo Penelope, pareciendo requerir mucho esfuerzo en aflojar sus dientes, "si ella no es lady Whistledown!"
    ¿"Cómo podría ella demostrarlo?" Colin volvió, brincando sobre sus pies. "Una vez que un rumor comienza, el daño esta hecho. Desarrolla vida propia. "
    "Colin, esto dejó de tener sentido hace cinco minutos."
    "No, escúchame hasta el final." Él volteo para encararla, y fue agarrado por un sentimiento de tal intensidad que él no hubiera podido apartar sus ojos de lo de ella si la casa se cayera alrededor de ellos. "Supón que le dijera a todos que yo te había seducido."
    Penelope se enderezo muy, muy tiesa.
    "Tu estarías arruinada para siempre," siguió él, poniéndose en cuclillas cerca del borde del sofá de modo que ellos estuvieran en el mismo nivel. "No importaría que nunca nos hubiéramos besado hasta ahora., mi querida Penelope, ese es el poder de la palabra."
    Ella parecía estar congelada. Y al mismo tiempo empapada. "Yo… No sé que decir," tartamudeó ella.
    Y luego la cosa más extraña pasó. Él se dio cuenta que tampoco sabía que decir. Por que se había olvidado de los rumores y el poder de la palabra y toda aquella putrefacción, y la única cosa en la que él podría pensar era la parte de los besos, y-
    Y
    Y-
    Dios del cielo, él queria besar a Penelope Featherington.
    ¡Penelope Featherington!
    Él podría haber dicho también que queria besar a su hermana.
    Excepto – él echo un vistazo a ella; le parecia extraordinariamente atractiva, y se preguntó como no lo había notado antes de esa tarde – ella no era su hermana.
    Ella definitivamente no era su hermana.
    ¿"Colin? “Su nombre era un mero susurro en sus labios, sus ojos parpadeaban completamente adorables y lo confundieron, ¿y cómo era que él nunca había notado esa intrigante sombra marrón que tenían sus ojos? Casi de oro cerca de la pupila. Él nunca había visto algo parecido, y aún era como si él no la hubiera visto cien veces antes.
    Él se levanto, sintiendose repentinamente embriagado. Mejor si ellos no estaban completamente a la misma altura. Más difícil de ver sus ojos desde aquí.
    Ella se levanto, también.
    Maldición.
    ¿"Colin?" preguntó ella, su voz era apenas audible. ¿"Podría pedirte un favor?"
    Llámenlo intuición masculina, llámenlo locura, pero una voz muy insistente dentro de él gritaba que independientemente de lo que ella quisiera tenia que ser una muy mala idea.
    Era, sin embargo, un idiota.
    Él tenia que hacerlo, porque sintió sus labios y luego escucho una voz que sonaba horriblemente como la suya diciendo, "Por supuesto."
    Sus labios se fruncieron, y durante un momento él pensó que ella trataba de besarlo, pero entonces él se dio cuenta que los juntaba sólo para formar una palabra.
    "podrías”
    Sólo una palabra. Solamente una palabra que comienza con P. P siempre se parecía a un beso.
    ¿"Podrías besarme?"

El CAPÍTULO 9

    Cada semana parece haber una invitación que es deseada fervientemente sobre todo por otros, y el premio de esta semana debe darse seguramente a la Condesa de Macclesfield, que recibe una magnífica pelota el lunes por la noche. Lady Macclesfield no está una anfitriona frecuente aquí en Londres, pero ella es muy popular, como lo es su marido, y se espera que muchísimos solteros planeen asistir, incluso Sr. Colin Bridgerton (asunción él no sufre un colapso del agotamiento después de cuatro días con los diez nietos Bridgerton), Vizconde Burwick, y Sr. Michael Anstruther-Wetherby.
    Esta Autora espera que muchísimas señoras jóvenes y solteras decidan asistir también, después de
    la publicación de esta columna.
    Revista de Sociedad de lady Whistledown, el 16 de abril de 1824

    Su vida como él sabia estaba terminada.
    ¿"Qué?" él preguntó, consciente que parpadeaba rápidamente.
    Su cara se volvió profundamente carmesí que él había pensado humanamente imposible, y ella se volteo alejándose. "No importa," ella masculló. "Olvida que dije algo."
    Colin pensó que era una muy buena idea.
    Pero entonces, sólo cuando él había pensado que su mundo podría reanudar su curso normal (o al menos que él sería capaz de fingir que lo seria), ella se volteo retrocediendo, sus ojos estaban iluminados con un fuego apasionado que lo sorprendió.
    "No, no voy a olvidarlo," ella lanzó un grito. "He pasado mi vida olvidando cosas, sin decirlas, sin decirle a nadie lo que realmente quiero."
    Colin trató de decir algo, pero estaba claro para él que su garganta se había comenzado a cerrar. En cualquier momento él estaría muerto. Estaba seguro de eso.
    "Esto no significará nada," dijo ella. "Te lo prometo, esto no significará nada, y yo nunca esperaría nada de ti por ello, pero yo podría morir mañana, y-"
    ¿"Qué?"
    Sus ojos parecieron enormes, y oscureciéndose, y suplicantes, y…
    Él podía sentir su resolución desaparecer.
    "Tengo veinte-y.ocho años," dijo ella, con voz suave y triste. "Soy una vieja virgen, y nunca me han besado."
    "Gah… gah… gah…" Él sabía que sabía como hablar; estaba bastante seguro que había estado articulando perfectamente sólo unos minutos antes. Pero ahora él no parecia capaz de formar una palabra.
    Y Penelope siguió hablando, sus mejillas deliciosamente rosadas, y sus labios se movian tan rápidamente que él no podía menos que preguntarse como se sentirian en su piel. En su cuello, en su hombro, en su… otros sitios.
    "Voy a ser una vieja virgen de veinte-y-nueve," dijo ella, "y seré una vieja virgen de treinta. Yo podría morir mañana, y-"
    ¡"Tu no vas a morir mañana!" él logró decir de alguna manera.
    ¡"Pero yo podría! Yo podría, y esto me mataría, porque-"
    "Estarías muerta ya," dijo él, pensando que su voz parecia bastante extraña e incorpórea.
    "No quiero morir sin haber sido besada alguna vez," ella finalmente terminó.
    Colin podría pensar en cien motivos por qué besar a Penelope Featherington eran una muy mala idea, la numero uno era que realmente queria besarla.
    Él abrió su boca, esperando que un sonido surgiera y que esto realmente podría ser un discurso inteligible, pero no hubo nada, sólo el sonido de respiración en sus labios.
    Y luego Penelope hizo una cosa que podría romper su resolución en un instante. Ella alzó la vista hacia él, fijándose profundamente en sus ojos, y pronunciado, dos simples palabras.
    "Por favor."
    Él estaba perdido. Había algo angustioso en el modo en que ella lo mirara fijamente l, como si fuera a morir si él no la besaba. No de la angustia, no de la vergüenza – era casi como si ella lo necesitaba para alimentarse, alimentar su alma, llenar su corazón.
    Y Colin no podía recordar a nadie más alguna vez necesitándolo con ese fervor.
    Esto lo humilló.
    Lo hizo quererla con una intensidad que casi doblo sus rodillas. Él la miró, y de alguna manera no vio a la mujer que había visto tantas veces antes. Ella estaba diferente. Ella brillaba. Ella era una sirena, una diosa, y él se preguntó como diablos nadie había notado alguna vez esto antes.
    ¿"Colin?" ella susurró.
    Él dio un paso hacia adelante apenas medio paso, pero era bastante cercano de modo que cuando él tocó su barbilla y levanto su cara, sus labios estaban a meras pulgadas de el.
    Su aliento se mezcló, y el aire se puso caliente y pesado. Penelope temblaba – él podía sentirlo bajo sus dedos – pero él no estaba tan seguro de que también temblaba.
    Él asumió que diría que algo ingenioso y cómico, como el compañero despreocupado que tenia reputación de ser. Cualquier cosa por ti, quizás, o tal vez, Cada mujer merece al menos un beso. Pero cuando la distancia entre ellos se hizo más corta, se dio cuenta que no existían palabras que pudieran capturar la intensidad del momento
    No había palabras para la pasión. No había palabras para la necesidad.
    No había palabras para la Epifanía escarpada del momento.
    Y entonces, por otra parte un rutinario viernes por la tarde, en el corazón de Mayfair, en un tranquilo salón en la Calle de Mont, Colin Bridgerton besó a Penelope Featherington.
    Y fue glorioso.
    Sus labios tocaron el suyo suavemente al principio, no porque él tratara de ser gentil, aunque si él hubiera tenido su mente clara sobre tales cosas, es probable que se diera cuenta que para ella este era su primer beso, y debería ser reverente y hermoso y todas las cosas con que una muchacha sueña cuando reposa en la cama por la noche.
    Pero en verdad, nada de eso estaba en la mente de Colin. De hecho, él estaba pensando muy poco. Su beso era suave y gentil porque todavía estaba tan sorprendido de estarla besando. Él la conocía durante años, nunca había pensado en el toque de sus labios con los suyos. Y ahora él no podría dejarla ir incluso si los fuegos del infierno lamieran los dedos de sus pies. Apenas podía creer lo que estaba haciendo – o él no quería hacerle daño.
    Esto no era la clase de beso que uno inicia porque es vencido por la pasión o por la emoción o por la cólera o por el deseo. Esto era algo más lento, una experiencia de aprendizaje – tanto para Colin como para Penelope.
    Y él aprendió que todo lo que sabía sobre besar era basura.
    Todo lo demás había sido meros labios y lengua y suaves murmullos, de palabras sin sentido.
    Este era un beso.
    Había algo en la fricción, en el modo que él podía oír y sentir su aliento al mismo tiempo. Algo en la forma que ella sostuvo perfectamente, y aún él podía sentir su corazón palpitando sobre su piel.
    Había algo en el hecho que él sabía que era ella.
    Colin movió sus labios ligeramente a la izquierda, hasta que él pellizcara la esquina de su boca, suavemente cosquilleando el mismo punto donde sus labios se unieron. Su lengua mojo sus labios y continuo, aprendiendo los contornos de su boca, probando la dulce y salada esencia de ella.
    Este era más que un beso.
    Sus manos abiertas, que cubrían ligeramente su espalda, se pusieron rígidas, más tensas cuando presionaron la tela de su vestido. Él podía sentir el calor de ella bajo las yemas de sus dedos, filtrándose por la muselina, arremolinándose en los delicados músculos de su espalda.
    Él la dibujó, acercándola, acercándola, hasta que sus cuerpos se fusionaron. Él podía sentirla, en toda su plenitud, y esto lo encendió. Él estaba poniendo tenso, y él la deseaba – querido Dios, como la deseaba.
    Su boca era cada vez más insistente, y su lengua se adelanto, presionándola hasta que ella abrió sus labios. Él tomo su suave gemido como una invitación, adentrándose más para saborearla. Ella sabía dulcemente a limonada, y era claramente tan embriagadora como un buen brandy, porque Colin comenzaba a dudar de su capacidad de permanecer de pie.
    Él movió sus manos lentamente a lo largo de ella, para no asustarla. Ella era suave, curvilínea, y exuberante, como él siempre había pensado que una mujer debiera ser. Sus caderas llameaban, su trasero era perfecto, y sus pechos… buen Dios, sus pechos se sentían bien apretándose contra su pecho. Sus palmas ardían por tocarla, pero él obligó a permanecer donde estaban (mejor dicho de manera agradable en su derriere, realmente no era mucho sacrificio.) A parte que el no debiera andar a tientas en los pechos de una gentil dama en pleno salón, teniendo una sospecha bastante dolorosa de que si él la tocaba de esa forma, él se perdería completamente.
    "Penelope, Penelope," murmuró él, preguntándose por qué su nombre sabia tan bien en sus labios. Estaba hambriento de ella, embriagado y drogado por la pasión, y él quería desesperadamente que ella sintiera lo mismo. Ella se sentía bastante bien entre sus brazos, pero hasta ahora, no había hecho ninguna reacción. Ah, ella se había balanceado entre sus brazos y había abierto su boca para darle la bienvenida a su dulce invasión, pero aparte de eso, ella no había hecho nada.
    Y aún, del jadeo de su aliento y el latido de su corazón, él sabía que estaba despierta.
    Él se alejo, sólo unos centímetros de modo que pudiera tocar su barbilla e inclinar su cara hacia su. Sus párpados revolotearon ojos abiertos, revelando lo aturdidos que estaban por la pasión, sus labios calzaban perfectamente, que fueron ligeramente separados, completamente suave, y a fondo aumentados de sus besos.
    Ella era hermosa. Completamente, completamente, conmovedoramente hermosa. Él no sabía como no lo había notado durante todo estos años.
    ¿Estaba poblado el mundo por ciegos, o simplemente por estúpidos?
    "Tu también puedes, besarme," susurró él, apoyando ligeramente su frente contra la de ella.
    Ella parpadeó realmente solamente.
    "Un beso," murmuró él, bajando sus labios hacia los suyos nuevamente, aunque sólo fuera por un breve momento, "sea para las dos personas."
    Su mano se movió en su espalda. ¿"Qué debo hacer?" susurró ella.
    "Eres libre de hacer lo que quieras."
    Despacio, provisionalmente, ella levantó una de sus manos a su cara. Sus dedos se arrastraron ligeramente sobre su mejilla, pasando a rozar completamente la línea de su mandíbula hasta que ellos desaparecieron.
    "Gracias," ella susurró.
    ¿Gracias?
    Él se detuvo en seco.
    Eso fue exactamente algo incorrecto de decir. Él no quería ser agradecido por su beso.
    Lo hizo sentir culpable.
    Y avergonzado.
    Como si hubiera sido por compasión. Y la peor parte era que él sabía que si todo esto hubiera ocurrido soló unos meses antes, habría sido por compasión.
    ¿Qué demonios decia esto sobre él?
    "No me agradezcas," dijo bruscamente, empujándose hacia atrás hasta que ellos ya no se tocaban.
    "Pero-"
    "Te dije que no lo hicieras," repitió él severamente, alejándose sin verla como si no pudiera aguantar su vista, cuando la verdad era que él no podía soportarse a si mismo.
    Y la cosa más desgraciada era – él no estaba seguro por qué. Este sentimiento desesperado, constante – ¿era culpa? ¿Por que no debería haberla besado? ¿Por que no le debería haber gustado?
    "Colin," dijo, "no te enojes contigo mismo."
    "No lo estoy," se quebró él.
    "Te pedí besarme. Prácticamente Te forcé-"
    Esa, era una forma segura de hacer a un hombre sentirse viril. "Tu no me forzaste," replico suavemente.
    "No, pero-"
    "Por el amor de Dios, Penelope,suficiente"
    Ella retrocedió, sus ojos se agrandaron. "Lo siento," susurró.
    Él miró sus manos. Ellas temblaban. Él cerró sus ojos en agonía. ¿Por qué por qué por qué era tan asno?
    "Penélope…" comenzó.
    "No, esta bien," dijo ella, sus palabras se precipitaron. "No tienes que decir nada."
    "No, yo debería."
    "Realmente deseo que no lo dijeras."
    Y ahora parecia tan silenciosamente dignificada. Que lo hizo sentirse aún peor. Ella estaba de pie allí, sus manos abrazadas recatadamente delante de ella, sus ojos hacia abajo – no completamente hacia el suelo, pero no en su cara.
    Ella pensó que él la había besado por compasión.
    Y él era un bellaco porque un pedazo de él quería que ella pensara eso. Por que si ella lo pensara, entonces tal vez él podría convencerse de que era verdad, que esto era sólo un acto de compasión, que posiblemente no podría ser más.
    "Yo debería retirarme," dijo él, las palabras eran tranquilas, pero demasiado fuertes para un cuarto silencioso.
    Ella no trató de detenerlo.
    Él se movió hacia la puerta. "Yo debería retirarme," dijo otra vez, aun cuando sus pies rechazaran moverse.
    Ella asintió con la cabeza.
    "Yo no-" comenzó a decir, y luego, horrorizado por las palabras que casi habían salido de su boca, realmente se dirigió hacia la puerta.
    Pero Penelope llamó -por supuesto que llamo – "¿Tu no que?"
    Y él no sabía que decir, porque lo que había comenzado a decir era, yo no te besé por compasión. Si él quisiera que supiera, si él quisiera convencerse de esto, entonces esto podría significar que él sólo ansiaba una buena opinión de parte de ella, que sólo podría significar-
    "Debo retirarme," soltó él, desesperadamente, como si la salida del cuarto podría ser el único modo de impedir a sus pensamientos viajar por un camino tan peligroso. Él cruzó la distancia restante hacia la puerta, esperando que ella dijera algo, que lo llamara por su nombre.
    Pero ella no lo hizo.
    Y él se marchó.
    Y él nunca se había odiado más.
    Colin estaba de un humor sumamente malo antes de que el lacayo se apareciera en su puerta principal con una citación judicial de su madre. Después, él estaba más allá de todo reparo.
    Infierno sangriento. Ella iba a comenzar de nuevo a presionarlo con el casamiento. Sus citaciones judiciales eran siempre sobre casarse. Y él realmente no estaba de humor para ello en este momento.
    Pero ella era su madre. Y él la amaba. Y esto significaba que él no podía ignorarla demasiado bien. Entonces con quejas considerables y unas pocas maldiciones mientras él estaba en ello, se calzo sus botas y abrigo, y salio hacia la puerta.
    Él vivía en Bloomsbury, no era la sección más de moda en la ciudad para un miembro de la aristocracia, aunque Bedford Square, donde él había tomado en arriendo una casa de terraza pequeña pero elegante, era seguramente una sector de alta calidad y respetable.
    A Colin más bien le ggustaba vivir en Bloomsbury, donde sus vecinos eran doctores y abogados y eruditos y gente que eventualmente realizaba otras cosas aparte de ir de fiesta en fiesta. Él no estaba listo para cambiar su herencia por una vida de comercio – estaba bastante bien ser un Bridgerton, después todo-pero había algo estimulante en la mirada de hombres profesionales que van diariamente a su negocio, los abogados dirigiéndose hacia el este a las Posadas del Tribunal, los doctores al noroeste a Portland.
    Habría sido bastante fácil conducir su carruaje a través de la ciudad; recién lo había devuelto a las caballerizas hace una hora desde su regreso de Featheringtons. Pero Colin necesitaba sentir un poco de aire fresco, sin mencionar que perversamente se dirigió lo mas lentamente posible hacia el Número cinco.
    Si su madre tuviera la intención de dar otra conferencia sobre las virtudes del matrimonio, seguido de una disertación largísima de los atributos de cada señorita elegible en Londres, a el le importaba un rabano si ella esperaba por el.
    Colin cerró sus ojos y gimió. Su humor estaba peor de lo que había pensado si él blasfemaba contra su madre, a quien (y todo los Bridgertons, realmente) tenia en la más alta estima y afecto.
    Esto era culpa de Penelope.
    No, esto era la culpa de Eloise, pensó, apretando sus dientes. Mejor culpar a un hermano.
    No – él cayó atrás en su silla de escritorio, gimiendo – esto era culpa. Si él estaba de mal humor, si él estaba listo para arrancar la cabeza de alguien con sus manos desnudas, era su culpa y solo su culpa.
    Él no debería haber besado a Penelope. No importaba que él había querido besarla, incluso sin darse cuenta que él lo quería antes de que ella lo mencionara. Aun así él no debería haberla besado.
    Aunque, cuando realmente pensó en ello, no estaba muy seguro de por qué él no debería haberla besado.
    Él se paró, se dirigio tambaleantemente hacia la ventana y dejo su frente descansar contra el cristal. Bedford Square era tranquilo, con sólo unos hombres que caminaban a lo largo del pavimento. Trabajadores, parecian ser, probablemente trabajando en el nuevo museo construido en el este. (Eso era por qué Colin había tomado una casa en el lado Oeste de la cuadra; la construcción podría hacerse muy ruidosa.)
    Su mirada fija se dirigió hacia el norte, a la estatua de Charles James fox. He allí, un hombre con objetivos. Que había conducido a los liberales durante años. No siempre habia tenido buena imagen, algunos miembros más viejos de la sociedad no le creían, pero Colin pensaba que tal vez ser tener buena imagen era ser sobreestimado. El cielo sabía que a nadie le gustaba más de lo que a el le gustaba, y mirándolo ahora, frustrado y descontento, gruñón y listo a arremeter contra alguien que se cruzara en su camino.
    Él suspiró, plantando una mano en el marco de la ventana y empujándose hacia atrás a una posición recta. Él debería ponerse en marcha, sobre todo si planeaba caminar por todo Mayfair. Aunque, en verdad, realmente no estuviera tan lejos. Probablemente no más de treinta minutos si mantenía un paso enérgico (y él siempre lo hacía), menos si los pavimentos no fueran ensuciados con la gente lenta. A él le gustaba más que a la mayoría de los miembros de la sociedad estar fuera de Londres al menos que ellos hicieran compras o a la moda pasearan en el parque, pero Colin sintió la necesidad de limpiar su cabeza. Y si el aire en Londres no era particularmente fresco, pues aun tenia que hacerlo.
    Su suerte ese día era lo que era, sin embargo, cuando él alcanzó la intersección de las Calles de Regente y Oxford, las primeras de gotas de lluvia comenzaban a bailar contra su cara. Cuando él giraba en Hanovre square hacia saint George Street, estaba intensificando de veras. Y estaba bastante cerca de la Calle Bruton, por lo que habría sido realmente ridículo haber intentado tomar un carruaje para que lo llevara el resto del camino.
    Entonces él camino.
    Después del primer minuto y algo de incomodidad, sin embargo, la lluvia comenzó a sentirse extrañamente bien. Era lo suficientemente tibia para que no lo enfriara hasta el hueso, y las gruesas gotas, mojándolo se sentían como una penitencia.
    Y él sentía que tal vez lo merecía.
    La puerta a la casa de su madre se abrio antes que el pie de Colin hubiera encontrado el escalon superior; Wickham debe haber estado esperándolo.
    ¿"Podría yo sugerir una toalla?" el mayordomo interrogo, pasándole una gran tela blanca.
    Colin la tomó, preguntándose como diablos Wickham había tenido el tiempo para conseguir una toalla. Él no podía haber sabido que Colin sería lo bastante tonto para caminar bajo la lluvia.
    No por primera se le ocurria a Colin que los mayordomos deben poseer extraños poderes, místicos. Quizás esto era una exigencia de trabajo.
    Colin usó la toalla para secar su pelo, causandole gran consternación a Wickham, quién estaba terriblemente impresionado y seguramente esperaba que Colin se retirara a un cuarto privado durante al menos media hora para reparar su aspecto.
    ¿"Dónde está mi madre?" Colin preguntó.
    Los labios de Wickham se apretaron, y él miró intencionadamente los pies de Colin, que creaban ahora pequeños charcos. "Ella está en su oficina," contestó, "pero ella esta hablando con su hermana."
    ¿"Cuál hermana?" Colin preguntó, guardando una sonrisa soleada en su cara, sólo para enojar a Wickham, quién había estado tratando seguramente de enojarlo omitiendo el nombre de su hermana.
    Como si usted pudiera decir simplemente "su hermana" a un Bridgerton y esperar que él supiera sobre quién hablaba.
    "Francesca."
    "Ah, sí. ¿Ella vuelve a Escocia pronto, verdad?"
    "Mañana."
    Colin devolvió la toalla a Wickham, quién lo miro como si fuera un gran insecto. "No la molestaré, entonces. Sólo avísele que estoy aquí cuando termine con Francesca."
    Wickham asintio con la cabeza. ¿"Gustaría usted cambiarse sus ropas, Sr. Bridgerton? Creo que tenemos algunas ropa de su hermano Gregory arriba en su habitación."
    Colin se encontró sonriendo. Gregory terminaba su ultimo año en Cambridge. Él era once años más jóven que Colin, y era difícil creer que ellos realmente podrían compartir la ropa, pero supuso que era tiempo para aceptar que su pequeño hermano había crecido finalmente.
    "Esa es una idea excelente," dijo Colin. Echo a su manga empapada un vistazo pesaroso. "Dejaré ésto aquí para ser limpiado y los retirare más tarde."
    Wickham asintio con la cabeza otra vez, murmurado, "Como usted desee," y desapareció en el pasillo con dirección desconocida.
    Colin tomó dirección hacia los cuartos de la familia. Mientras salía del pasillo, él oyó el sonido de una puerta abrir. Giro, vio que era Eloise.
    No era la persona que él quería ver. Ella inmediatamente devolvió todas las memorias de su tarde con Penelope. Su conversación. El beso.
    Sobre todo el beso.
    Y aún peor, la culpa que él había sentido después.
    La culpa que él todavía sentía.
    "Colin," Eloise dijo alegremente, "no sabia que habias llegado- que has hecho,caminar"
    Él se encogió de hombros. "Me gusta la lluvia."
    Ella lo observó con curiosidad, mirandolo de lado como siempre hacía cuando esta pensando en algo. "Estás de un humor bastante raro hoy."
    "Empapado mojado, Eloise."
    "Ni que lo digas," dijo ella con una aspiración. "No te obligué a circular a través de la ciudad bajo la lluvia."
    "No llovía cuando sali," se sintió obligado a decir. Había algo sobre un hermana que la hacia aparecer de 8 años en el cuerpo.
    "Estoy segura que el cielo estaba gris," volvió ella.
    Claramente, ella tenía un niño de ocho años en ella también.
    ¿"Podemos continuar la discusión cuando este seco?" preguntó, con voz deliberadamente impaciente.
    "Por supuesto," dijo expansivamente, con toda comodidad. "te esperaré aquí mismo."
    Colin se tomó su tiempo mientras se ponia las ropas de Gregory, tomando más cuidado con su pañuelo del que había tomado en años. Finalmente, cuando estuvo convencido que Eloise estaba rechinando sus dientes, él entró de nuevo en el pasillo.
    "Oí que fuiste a ver a Penelope hoy," dijo ella sin preámbulos.
    Algo incorrecto de decir.
    ¿"Dónde oíste eso?" preguntó cuidadosamente. Él sabía que su hermana y Penelope eran cercanas, pero seguramente Penelop no le habría contado a Eloise sobre eso.
    "Felicity conto Hyacinth."
    "Y Hyacinth te conto."
    "Por supuesto."
    "Algo," Colin refunfuñó, "se debe hacer con el chisme en esta ciudad."
    "Apenas pienso que esto cuente como chisme, Colin," dijo Eloise. "No es como si estuvieras interesado en Penelope."
    Si ella hubiera estado hablando sobre alguna otra mujer, Colin habría esperado que le echara un vistazo de soslayo, seguido de un tímido, ¿Verdad?
    Pero era Penelope, y aunque Eloise fuera su muy mejor amiga, y así su campeón más fino, incluso ella no podía imaginar que un hombre con la reputación y popularidad de Colin podria estar interesado en una mujer con la reputación (y carencia de) popularidad de Penelope.
    El humor de Colin cambio de mal en peor.
    "De todos modos," Eloise siguió, completamente inconsciente de la tormenta que se preparaba en su normalmente jovial y calido hermano, "Felicity contó a Hyacinth que Briarly le conto que tu la habías visitado. Yo me preguntaba sólo sobre qué era."
    "No es nada de tu incumbencia," dijo Colin enérgicamente, esperando que ella lo dejara en paz, pero realmente no creyendo que lo haría. Él dio un paso hacia el hueco de la escalera, sin embargo, siempre optimista.
    ¿"Es sobre mi cumpleaños, verdad?" Eloise adivinó, lanzándose delante de él con tal brusquedad que su dedo del pie chocó contra su zapatilla. Ella se estremeció de dolor pero Colin no se sintió particularmente comprensivo.
    "No, no es sobre tu cumpleaños," se quebró él. "Tu cumpleaños no es hasta hasta…-"
    Él se detuvo. Ah, Demonios.
    "Hasta la próxima semana," se quejó él.
    Ella sonrió con astucia. Entonces, como si su cerebro acababa de darse cuenta que esto había dado un giro incorrecto, sus labios separados de consternación cuando ella mentalmente volvió y tomó otra dirección. "Entonces", siguió, moviéndose ligeramente de modo que bloqueara su camino, "si no fuiste ahí para hablar de mi cumpleaños – y no hay nada que puedas decir ahora para convencerme de ello – por qué ¿vas a ver a Penélope?”
    ¿"Nada es privado en este mundo?"
    "No en esta familia."
    Colin decidió que lo mejor era adoptar su personaje cálido de siempre, aunque no se sintiera para nada caritativo hacia ella en este momento, y entonces recurrió a la más cálida y fácil de sus sonrisas, movió su cabeza al lado, y preguntó, ¿"Oigo a mi Madre que me llama?”
    "No oí nada," dijo Eloise coquetamente, "¿y qué pasa contigo? Pareces muy raro."
    "Estoy bien."
    "No estás bien. Miras como si hubieras ido al dentista."
    Su voz descendió en un murmullo. "Es siempre agradable recibir elogios de la familia."
    ¿"Si no puedes confiar en tu familia para ser honesta," ella agregó, "en quién puedes confiar?"
    Él se inclinó contra la pared, cruzando sus brazos. "Prefiero la adulación a la honestidad."
    "No, tu no."
    Querido Dios, quiso golpearla. No lo había hecho desde que él tenía doce años. Y había sido azotado por ello. Era la única vez que podía recordar a su padre poniendo una mano sobre él.
    "Lo que quiero," volvió Colin, arqueando una ceja, "es un cese inmediato de esta conversación."
    "Lo que quieres," Eloise añadió, "es que deje de preguntarte por qué fuiste a ver a Penelope Featherington, pero pienso que ambos sabemos que probablemente eso no ocurrirá."
    Y eso él lo sabía. Lo sabía profundamente en sus huesos, de su cabeza a sus dedos del pie, desde su corazón a su mente, que su hermana era Lady Whistledown. Todas las piezas calzaban. No había nadie más obstinado y terco, nadie que podría tomarse el tiempo para ponerse al tanto de cada chisme e insinuación.
    Cuando Eloise quería algo, no se detenía hasta que lo tuviera firmemente en su poder. No era sobre el dinero, o avaricia, o bienes materiales. Con ella era sobre el conocimiento. Le gustaba saber cosas, y ella pinchaba, pinchaba y pinchaba hasta que le hubieras contado exactamente lo que quería oír.
    Era un milagro que nadie la hubiera descubierto antes.
    De la nada dijo, "tengo que hablarte." Él tomó su brazo y la arrastró hacia el cuarto más cercano, que era el propio cuarto de ella.
    ¡"Colin!" ella chilló, tratando sin éxito de alejarlo. ¿"Qué haces?"
    Él cerro de golpe la puerta, sin dejarla ir, y cruzando los brazos, su postura amplia, su expresión amenazante.
    ¿"Colin?" ella repitió, con voz dudosa.
    "Sé qué has estado haciendo algo a tu altura."
    "Que yo que-"
    Y luego, maldita sea, ella comenzó a reírse.
    ¡"Eloise!" él retumbó. ¡"Me dirijo a ti!"
    "Claramente," ella apenas logró decir.
    Él se sostuvo firme, fulminándola con la mirada.
    Ella parecía alejarse, casi doblándose de la risa. Finalmente, dijo, "Que dices-"
    Pero entonces ella lo miró otra vez y aunque hubiera tratado de mantener su boca cerrada, ella explotó otra vez.
    Si ella hubiera estado bebiendo algo, Colin pensó sin un rastro de humor, habría salido por su nariz. "Que demonios ¿Ocurre contigo?”Él se quebró.
    Finalmente consiguió su atención. Él no sabía si era su tono de voz o tal vez su uso de la blasfemia, pero ella se puso seria en un instante.
    "Mi dios," dijo ella suavemente, "estas serio."
    ¿"Parezco de broma?"
    "No," dijo Eloise. "Aunque lo parecieras al principio. Lo siento, Colin, pero no es común verte fruncir el ceño y gritar y todo eso. Te parecías bastante a Anthony."
    "Tu-"
    "Realmente," ella dijo, dándole una mirada que ni siquiera se acercaba a lo cautelosa que debo haber sido, "ahora te ves mas como tu, tratando de imitar a Anthony. "
    Él iba a matarla. Aquí mismo en su cuarto, en la casa de su madre, él iba a cometer fratricidio.
    ¿"Colin?" preguntó irresolutamente, como si acabara de notar finalmente que él había pasado hace rato de enojado a estar furioso.
    "Siéntate. Abajo." Él sacudió su cabeza hacia una silla. "Ahora".
    ¿"Estas bien?"
    ¡"SIÉNTATE!" rugió.
    Y ella obedeció. Con prontitud.
    "No puedo recordar la ultima vez que levantaste la voz," susurró ella.
    "No puedo recordar la ultima vez que tuviera una causa."
    ¿"Qué esta mal?"
    Él decidió que podría salir sólo llegar y decirlo.
    ¿"Colin?"
    "Sé que tu eres Lady Whistledown."
    ¿"Queeeee?"
    "No existe ninguna prueba que lo niegue. Lo he visto-"
    Eloise brincó a sus pies. ¡"Salvo que no es verdad!"
    De repente él ya no se sentía completamente tan enojado. En cambio se sentía cansado, viejo. "Eloise, he visto las pruebas."
    ¿"Qué pruebas?" Preguntó, su voz se elevaba con incredulidad. ¿"Cómo pueden haber pruebas de algo que no es verdadero?"
    Él tomo una de sus manos. "Mira tus dedos."
    Ella los miro. ¿"Que tienen?"
    "Tinta."
    Su boca cayó abierta. ¿"De esto tu has deducido que soy Lady Whistledown?"
    ¿"Entonces, por qué están así?"
    ¿"Nunca has usado una pluma?"
    "Eloise…" Había un tono de advertencia en su voz.
    "No tengo por qué darte explicaciones de la tinta en mis dedos."
    Él dijo su nombre otra vez.
    "Yo no," protestó ella. "no te debo- Ho-, muy bien, bueno." Ella cruzó sus brazos amotinadamente. "Escribo cartas."
    Él le disparo con una mirada de extrema incredulidad.
    ¡"lo hago!" ella protestó. "Cada día. A veces dos en un día cuando Francesca está lejos. Soy una corresponsal completamente leal. Tú deberías saberlo. He escrito bastantes cartas con tu nombre en el sobre, aunque yo dude que la mitad de ellas alguna vez te llegaran."
    ¿"Cartas?" él preguntó, con su voz llena de dudas… y escarnio. ¿"Por Dios, Eloise, realmente piensas lavarte las manos? ¿A quien demonios escribes tantas cartas? "
    Ella se sonrojó. Realmente, verdaderamente, profundamente se sonrojó. "No es asunto tuyo."
    Él habría estado intrigado por su reacción si todavía no estuviera tan seguro de que ella mentía sobre ser lady Whistledown.
    "Por Dios, Eloise," él contesto, "¿quién va a creer que escribes cartas diariamente? Seguramente no yo."
    Ella lo fulminó con la mirada, sus ojos grises oscuros destellaban con furia. "No me preocupa lo que pienses," dijo ella con voz muy baja. "No, eso no es verdad. Estoy furiosa de que no me creas. "
    "No me das mucho para creerte," dijo él cansadamente.
    Ella se paró, atropellándolo, y empujándolo en el pecho. Con fuerza. "Tu eres mi hermano," escupió. "Tu deberías creer incondicionalmente en mi. Amarme incondicionalmente. Esto es lo significa ser familia. "
    "Eloise," él dijo, su nombre saliendo nada mas que como un suspiro.
    "No trates de excusarte ahora."
    "Yo no lo hacia."
    ¡"Eso es aún peor!" Ella camino con paso majestuoso hacia la puerta. "Tu deberías estar de manos y rodillas, pidiéndome perdón."
    Él no había pensado en sonreír para si mismo, pero de alguna manera lo hizo para si. "Ahora, realmente no pareces estar de acuerdo con mi carácter, ¿verdad?”
    Ella abrió su boca para decir algo, pero el sonido que salió no era exactamente inglés. Todo lo que manejó era algo a lo largo de las líneas, "Ooooooooh", con una voz muy furiosa, y luego asaltó, cerrando de golpe la puerta detrás de si.
    Colin se sentó con los hombros caídos en una silla, preguntándose cuando ella se daría cuenta de que lo abandono en su propio dormitorio.
    La ironía, reflexionó, era posiblemente el único punto brillante en un día por otra parte miserable.

El CAPÍTULO 10

    Querido Lector-
    Es con un corazón sorprendentemente sentimental que escribo estas palabras. Después de once años de hacer una crónica de las vidas y tiempos del bello mundo, Esta Autora deja su pluma.
    Aunque el desafío de lady Danbury fuera seguramente el catalizador para el retiro, en verdad la culpa no puede ser colocada (completamente) sobre los hombros de aquella condesa. La columna se ha vuelta más cansadora de hacer, menos realizante para escribir, y quizás menos divertida para leer. Esta Autora necesita un cambio. No es tan difícil comprender. Once años son mucho tiempo.
    Y en verdad, la renovación reciente por el interés de la identidad de Esta Autora se ha puesto inquietante. Los amigos se vuelven contra amigos, hermanos contra hermanas, todos en la tentativa vana de solucionar un secreto no soluble. Además, investigar a la multitud se ha puesto completamente peligroso. La semana pasada fue el tobillo torcido de la Señora Blackwood, la herida de esta semana por lo visto pertenece a Hyacinth Bridgerton, a quien hicieron daño ligeramente en la fiesta del sábado sostenida en Londres en la casa del Señor y la Señora Riverdale. (no se ha escapado a Esta Autora que Lord Riverdale es el sobrino de la Señora Danbury.) la señorita Hyacinth debe haber sospechado a alguien en la asistencia, porque ella recibió sus heridas cayéndose en la biblioteca después de que la puerta fue abierta mientras ella sostenía su oído contra la madera.
    ¡Escuchando tras las puertas, andando en busca de muchachos repartidores de periódicos - y éstos son sólo las exquisiteces que han alcanzado los oídos de esta Autora! ¿A qué ha llegado la Sociedad de Londres? Esta Autora le asegura, Querido Lector, que nunca una vez escuchó tras una puerta en once años de carrera. Todo el chisme en esta columna fue adquirido justamente, sin herramientas o bromas además de ojos penetrantes y oídos.
    ¡Le digo au revoir, Londres! Ha sido un placer servirle.
    Revista de Sociedad de Lady Whistledown, el 19 de abril de 1824

    No era, sorprendente, la conversación del baile de los Macclesfield.
    ¡"Lady Whistledown se ha retirado!"
    ¿"Puede usted creerlo?"
    ¿"Qué leeré en mi desayuno?"
    ¿"Cómo sabré qué pasó si faltó a un baile?"
    ¡"Nunca averiguaremos quién es ella ahora!"
    ¡"Lady Whistledown se ha retirado!"
    Una mujer se desmayó, casi rajando su cabeza contra el lado de una mesa cuando cayó toscamente al suelo. Por lo visto, ella no había leído la columna de aquella mañana y recién ahora se había enterado de las noticias por primera vez en el mismo baile de los Macclesfield. Fue reanimada oliendo sales, pero entonces rápidamente se desmayó nuevamente.
    "Ella esta fiengiendo," refunfuñó Hyacinth Bridgerton a Felicity Featherington cuando estaban de pie en un pequeño grupo con la viuda Lady Bridgerton y Penelope. Penelope asistía oficialmente como acompañante de la señorita Felicity debido a la decisión de su madre de permanecer en casa por un trastorno estomacal.
    "El primer desmayo era verdadero," explicó Hyacinth. "Alguien podría decir que por caminar torpemente ella se cayó. Pero esto…" Su mano chasqueó hacia la señora en el suelo con un gesto de repugnancia. "Nadie se desmaya como un bailarín de ballet. Ni siquiera los bailarines de ballet."
    Penelope había oído por casualidad la conversación entera, cuando Hyacinth estaba directamente a su izquierda, y entonces murmuró, "¿te has desmayado alguna vez?" manteniendo todo el rato sus ojos en la desafortunada mujer, que volvía en si despertando con un delicado revoloteo de pestañas cuando las sales fueron nuevamente llevadas por de bajo de su nariz.
    ¡"Absolutamente no!" Hyacinth contesto, sin mesurar su orgullo. "Los desmayos son para los bondadosos y tontos," añadió ella. "Y si Lady Whistledown todavía escribiera, recuerda mis palabras, ella diría exactamente lo mismo en su siguiente columna."
    "Ay, no hay más palabras para recordar," contestó Felicity con un suspiro triste.
    La señora Bridgerton estuvo de acuerdo. "Esto es el final de una era," dijo. "Me siento completamente privada sin ella."
    "Bien, no es como si hubiéramos tenido que estar más de dieciocho horas sin ella aún," Penelope se sintió obligada a indicar. "Recibimos una columna esta mañana. ¿Como será sentirse privada de los secretos?"
    "Esto es el principio," dijo la Señora Bridgerton con un suspiro. "Si este fuera un lunes ordinario, yo sabría que recibiría un nuevo informe el miércoles. Pero ahora…”
    Felicity realmente se sorbió los mocos. "Ahora estamos perdidas," dijo ella.
    Penelope volteo hacia su hermana con incredulidad. "Seguramente estas un poco melodramática."
    El encogimiento sobreactuado de Felicity era digno del momento. ¿"Lo estoy? ¿Lo estoy?"
    Hyacinth le acaricio comprensivamente la espalda. "No pienses que eres solo tu, Felicity. Yo siento exactamente de la misma forma."
    "Es sólo una crónica de sociedad," dijo Penelope, mirando alrededor para ver cualquier signo de cordura en sus compañeras. Seguramente no se acabará el mundo sólo porque Lady Whistledown ha decidido terminar su carrera.
    “Por supuesto, tienes razón," dijo la Señora Bridgerton, resaltando su barbilla y apretando sus labios de forma que suponía probablemente comunicar un aire de factibilidad. "Gracias por ser la voz de razón en nuestra pequeña reunión." Pero entonces pareció desinflarse ligeramente, y dijo, "Pero debo confesar, yo me había acostumbrado tenerla alrededor. Quienquiera que sea."
    Penelope decidió que esta era la ocasión para cambiar el tema. ¿"Donde está Eloise esta tarde?"
    "Esta enfermo, me temo. Con dolor de cabeza," dijo la Señora Bridgerton, los pequeños ceños fruncidos de preocupación se plegaron por su cara invicta de arrugas. "Ella no se ha estado sintiendo en forma durante casi una semana. Comienzo a estar preocupada por ella."
    Penelope estaba con la mirada fija mejor dicho sin rumbo se fijo un candelabro en la pared, pero su atención fue inmediatamente devuelta a la Señora Bridgerton. ¿"No es nada serio, espero?"
    "No es nada serio," contestó Hyacinth, antes de que su madre abriera su boca. "Eloise nunca se enferma."
    "Que es exactamente por lo qué estoy preocupada," dijo la Señora Bridgerton. "Ella no ha estado comiendo muy bien."
    "Eso no es verdad," dijo Hyacinth. "Sólo esta tarde Wickham le preparo una bandeja muy pesada. Bollos y huevos y creo que olí filete de jamón ahumado." Ella miro alrrededor sin contemplar a nadie en particular. "Y cuando Eloise dejo la bandeja en el pasillo estaba completamente vacía."
    Hyacinth Bridgerton, se decidió Penelope, tenía un ojo sorprendentemente bueno para el detalle.
    "Ella ha estado de mal humor," Hyacinth siguió, "ya que ella se peleó con Colin."
    ¿"Ella se peleó con Colin?" Penelope preguntó, un sentimiento horrible comenzó a roerle el estómago. ¿"Cuándo?"
    "Un día de la semana pasada," dijo Hyacinth.
    ¿CUÁNDO? Penelope quiso gritar, pero seguramente parecería raro si ella exigiera un día exacto. ¿Era el viernes? ¿Era eso?
    Penelope siempre recordaría aquel primer, y probablemente único, beso que había ocurrido el viernes.
    Ella se sentía extraña de esa manera. Siempre recordaba los días de la semana.
    Ella había conocido a Colin un lunes.
    Ella lo había besado un viernes.
    Doce años más tarde.
    Ella suspiró. Parecía bastante patético.
    ¿"Te preocupa algo, Penelope?" preguntó La señora Bridgerton.
    Penelope miró a la madre de Eloise. Sus ojos azules eran amables y llenos de la preocupación, y había algo en su observación mientras ella inclinaba su cabeza al lado que hizo a Penelope querer gritar.
    Estaba demasiado emocional estos días. Llorar por la inclinación de una cabeza.
    "Estoy bien," dijo, esperando que su sonrisa pareciera verdadera. "Solamente estoy preocupada por Eloise."
    Hyacinth resopló.
    Penelope decidió que tenía ralizar su fuga. Todos éstos Bridgertons-bueno dos de ellos, de todos modos – la hacían pensar en Colin.
    Lo cual no algo que estuviera haciendo cada minuto del día durante los tres ultimos días. Pero al menos había sido en privado donde podía suspirar y gemir y quejarse por el contenido de su corazón.
    Pero esta debía ser su noche de suerte, porque en ese momento oyó a Lady Danbury ladrar su nombre.
    (¿Como estaría su mundo, que ella se consideraba afortunada de ser atrapada en una esquina por la lengua más mordaz de Londres?)
    Pero Lady Danbury proporcionaría la excusa perfecta para dejar el pequeño cuarteto corriente de señoras, y además, ella venía a dar cuenta que de un modo muy raro, mejor dicho le gustaba Lady Danbury.
    ¡"Señorita Featherington! ¡Señorita Featherington!"
    Felicity al instante dio un paso hacia atrás. "Creo que ella se refiere a ti," susurró urgentemente.
    "Por supuesto que se refiere a mi," dijo Penelope, con un poco de arrogancia. "Considero a Lady Danbury una apreciada amiga."
    Los ojos de Felicity saltaron. ¿"Tu que?"
    ¡"Señorita Featherington!" Lady Danbury dijo, golpeando su bastón a un centímetro de distancia del pie de Penelope tan pronto como ella alcanzó su lado. "No usted," dijo dirigiendose a Felicity, aunque Felicity no hubiera hecho nada más que sonreír cortésmente cuando la condesa se había acercado. "Usted", dijo a Penelope.
    "Er, buenas noches, Lady Danbury," dijo Penelope, considerando un admirable número de palabras dadas las circunstancias.
    "He estado buscándole toda la tarde," anunció Lady D.
    Penelope lo encontró un poco sorprendente. ¿"Ah sí?"
    "Sí. Quiero hablar con usted sobre la última columna de esa tal Whistledown."
    ¿"Conmigo?"
    "Sí, con usted," se quejó Lady Danbury. "Yo estaría feliz de hablar con alguien más si usted pudiera encontrarme un cuerpo con más de medio cerebro."
    Penelope se ahogó en lo que comenzaba a ser una risa cuando ella señalo a sus compañeras. "Er, le aseguro que lady Bridgerton-"
    La señora Bridgerton sacudía furiosamente su cabeza.
    "Ella esta demasiado ocupada tratando de casar a los suyos," anunció Lady Danbury. "No se puede esperar que sepa conducir una conversación decente estos días. "
    Penelope echo un vistazo frenético a Lady Bridgerton para ver si estaba disgustada por el insulto después de todo, ella había estado intentando casar a sus hijos durante una década. Pero la Señora Bridgerton no dio muestras ni siquiera de un pequeño trastorno. De hecho, ella parecía sofocar la risa.
    Sofocar la risa y alejandose poco a poco, llevándose a Hyacinth y Felicity con ella.
    Pequeñas traidoras disimuladas.
    Ah, pues Penelope no debería quejarse. Ella había querido huir de las Bridgertons, ¿verdad? Pero no disfrutaba en particular teniendo a Felicity y Hyacinth pensando que ellas la habían dejado tirada de alguna manera.
    "Ahora que se han ido," cacareó Lady Danbury, "y eso es algo bueno, también. Aquellas dos gelatinas no tienen algo inteligente que decir entre ambas."
    "Ah, eso, no es verdad," Penelope se sintió obligada a protestar. "Felicity y Hyacinth son muy brillantes."
    "Nunca dije que ellas no fueran inteligentes," contestó Lady D ácidamente, "sólo dije que ellas no tienen algo inteligente que decir. Pero despreocupese,"
    Ella añadió, intentando tranquilizar a Penélope ¿tranquilizándola? ¿Quien hubiera oído a Lady Danbury siendo alentadora? – acariciandole al brazo.
    "No es su culpa que su conversación sea inútil. Ellas crecerán. La gente se parece al buen vino. Si comienzan bien, ellas mejoraran con la edad. "
    Penelope había estado echando un vistazo ligero a la derecha del rostro de Lady Danbury, echando un vistazo por sobre su hombro fijándose en un hombre que ella que pensó podría ser Colin (pero no era), pero esto devolvió su atención justo donde la condesa lo quiso.
    ¿"Buen vino?" Penelope repitio.
    "Hmmph. Y aquí pensé que usted no escuchaba."
    "No, por supuesto que escuchaba." Penelope sintió sus labios tirar en algo que no era una sonrisa de verdad. "Yo sólo estaba… distraída."
    "Buscando al muchacho Bridgerton, sin duda."
    Penelope jadeó.
    "Ah, no parezca tan sobresaltada. Esta escrito en toda su cara. Estoy sorprendida que él no lo halla notado."
    "Imagino que él lo ha notado," masculló Penelope.
    ¿"El lo ha notado? Hmmph." Lady Danbury frunció el ceño, las esquinas de su boca que se derramaban en arrugas verticales largas a ambos lados de su barbilla. "No habla bien de él que haya echo nada sobre ello."
    El corazón de Penelope dolió. Había algo extrañamente dulce en la fe de la vieja señora en ella, como si los hombres como Colin se cayeran enamorados con mujeres como Penelope como algo común. Penelope había tenido que pedir que él la besara, por el bien del cielo. Y ver como esto había terminado. Él había dejado la casa en un ataque de temperamento y ellos no habían hablado durante tres días.
    "Bien, no preocúpese por él," dijo Lady Danbury de repente. "Le encontraremos alguien más."
    Penelope delicadamente aclaro su garganta. ¿"Lady Danbury, me ha hecho usted su proyecto?"
    La vieja señora emitió, una sonrisa brillante y encendida que rayaba su cara arrugada. ¡"Por supuesto! Estoy sorprendida que le halla tomado tanto tiempo entenderlo."
    ¿"Pero por qué?" Penelope preguntó, realmente incapaz de comprenderlo.
    Lady Danbury suspiró. El sonido no era triste si no más bien pensativo, realmente. ¿"Se opondría usted si nos sentáramos un poco? Estos viejos huesos no son lo que solían ser."
    "Por supuesto," dijo Penélope rápidamente, sintiéndose terrible que nunca hubiera considerado alguna vez la edad de Lady Danbury cuando estaban de pie allí en el congestionado salón de baile. Pero la condesa era tan vibrante; era difícil imaginarla enfermiza o débil.
    "Aquí estamos," Penelope dijo, tomando su brazo y conduciéndola a una silla cercana. Una vez Lady Danbury se sento, Penelope tomó asiento al lado de ella. ¿"Usted esta más cómoda ahora? ¿Quisiera usted algo de beber?"
    Lady Danbury asintió agradecidamente con la cabeza, y Penelope hizo señas a un lacayo para traerles dos vasos de limonada, ya que ella no quiso abandonar a la condesa mientras ella se veia tan pálida.
    "No soy tan joven como solía ser," Lady Danbury le dijo una vez que el lacayo había ido lejos a la mesa de refrescos.
    "Ninguno de nosotros lo es," contestó Penelope. Esto podría haber sido un comentario un poco sarcastico, pero fue dicho con sardónico calor, y de alguna manera Penelope pensó que Lady Danbury apreciaría el sentimiento.
    Ella tenía razón. Lady D se rió entre dientes y lanzo a Penelope un vistazo apreciativo antes del refrán, "Mientras más vieja me pongo, más me doy cuenta que la mayor parte de la gente en este mundo es tonta."
    ¿"Usted recien se da cuenta de esto ahora?" Penelope preguntó, sin burla, pero porque, considerando el comportamiento habitual de Lady Danbury, era difícil creer que ella no había percatado hace años de aquella conclusión.
    Lady Danbury se rió cordialmente. "No, a veces pienso que yo sabía esto antes de nacer. De lo queme doy cuenta ahora es que es tiempo de hacer sobre ello. "
    ¿"Qué quiere decir usted?"
    "Yo no podría preocuparme menos de lo que le pasa a los tontos de este mundo, pero la gente como usted" – careciendo de un pañuelo, ella se frotó ligeramente sus ojos con los dedos – "bien, me gustaría verla establecida."
    Durante varios segundos, Penelope solamente la contempló. "Lady Danbury," dijo con cuidado, " aprecio muchísimo el gesto… y el sentimiento… pero usted debe saber que no soy su responsabilidad."
    "Por supuesto que lo sé," se mofó Lady Danbury. "No tenga miedo, no la siento como una responsabilidad. Si lo hiciera, no seria la mitad de divertido."
    Penelope sabía que sonó como una verdadera simplona, pero todo lo que podía pensar para decir era, "no entiendo."
    Lady Danbury estaba silenciosa mientras los lacayos volvieron con su limonada, luego comenzaron a hablar una vez que ella había tomado varios sorbos pequeños. "Me gusta usted, señorita Featherington. No me gusta mucha gente. Es tan simple como eso. Y quiero verla feliz."
    "Pero soy feliz," dijo Penelope, más por reflejo que algo más.
    Lady Danbury levantó una ceja arrogante – una expresión que hizo a la perfección. ¿"Lo es?" murmuró.
    ¿Lo era? ¿Qué significaba esto, que ella tenia que pararse y pensar en la respuesta? Ella no era infeliz, de lo cual estaba segura. Tenía a maravillosos amigos, una confidente verdadera en su hermana más joven Felicity, y si su madre y hermanas más viejas no fueran mujeres ella las habría elegido como amigas cercanas pues todavía las amaba. Y ella sabía que ellas la amaban.
    Lo suyo no era tan malo. Su vida carecía de drama y entusiasmo, pero ella estaba contenta.
    Pero la alegría no era lo mismo que la felicidad, y sentía un agudo, apuñalante dolor en su pecho cuando se daba cuenta que no podía contestar la pregunta de lady Danbury afirmativamente.
    "He levantado mi familia," dijo Lady Danbury. "Cuatro niños, y todos ellos se casaron bien. Hasta encontré una novia para mi sobrino, en quién, la verdad sea dicha" – ella se inclinó y susurró las tres últimas palabras, dando a Penelope la impresión de que estaba a punto de divulgar un secreto de Estado – "me gusta más que mis propios niños."
    Penelope no podía menos que sonreír. Lady Danbury parecía tan furtiva, tan traviesa. Era bastante cómico, realmente.
    "Esto puede sorprenderle," siguió Lady Danbury, "pero naturalmente soy un poco entrometida."
    Penelope mantuvo su expresión un tanto escrupulosa.
    "Me encuentro atando cabos sueltos," dijo Lady Danbury, sosteniendo sus manos como si se rindieran. "Me gustaría ver a una última persona felizmente posicionada antes de que yo me vaya. "
    "No hable de esa forma, lady Danbury," dijo Penelope, por impulso extendiendo el brazo y tomandole mano. Ella le dio un pequeño apretón. "Usted nos sobrevivirá a todos nosotros, estoy segura."
    "Pfffft, no sea tonta." El tono Lady Danbury era desdeñoso, pero no hizo ningún movimiento para quitar su mano del asimiento de Penelope. "No estoy siendo depresiva," añadió. "Soy solamente realista. He pasado ya los setenta años de edad, y no voy a decirle hace cuantos años fue eso. No me queda mucho tiempo en este mundo, y esto no me molesta."
    Penelope esperaba que fuera capaz de afrontar su propia mortalidad con la misma ecuanimidad.
    "Pero me gusta usted, señorita Featherington. Usted me recuerda de mí. Usted no tiene miedo de decir lo que piensa."
    Penelope sólo podía mirarla en shock. Ella había pasado los últimos diez años de su vida sin decir realmente lo que pensaba. Con la gente que conocía era abierta y honesta y hasta a veces un poco graciosa, pero entre extraños su lengua estaba firmemente atada.
    Ella recordó un baile de mascaras a la que había asistido una vez. Había asistido a muchos bailes de mascaras, realmente, pero éste había sido único porque ella realmente no había encontrado un traje – nada especial, sólo un vestido diseñado a partir de los años 1600 – en el cual había sentido realmente que escondía su identidad. Seguramente había sido la máscara. Era demasiado grande y cubría casi toda su cara.
    Ella se había sentido transformada. De repente sin la carga de ser Penelope Featherington, sintiendo una nueva personalidad que salía a la luz. No era como si se diera falsos aires; mejor dicho, era más su verdadera esencia la cual no sabia como enseñarla a la gente que no conocía bien – se había roto finalmente el cascaron.
    Ella se había reído; ella había bromeado. Ella había incluso coqueteado.
    Y ella había jurado que la noche siguiente, cuando los trajes fueran completamente guardados en su sitio y estuviera nuevamente ataviada en su traje más fino de noche, ella recordaría como ser ella.
    Pero no había pasado. Había llegado al baile y había saludado con la cabeza y había sonreído cortésmente y otra vez se había encontrado estando de pie cerca del perímetro del salón, literalmente siendo una flor de muralla.
    Parecía que ser Penelope Featherington significaba algo. Su molde había sido marcado hace años, durante aquella primera horrible temporada cuando su madre había insistido en que hiciera su debut aunque Penelope había deseado estar en otra parte. La muchacha regordeta. La muchacha torpe. Que siempre se vestia colores que no la satisfacían. No importaba que hubiera adelgazado y se hubiera puesto elegante y finalmente haber tirado todos sus vestidos amarillos. En este mundo – el mundo de la sociedad de Londres y la multitud – ella siempre sería la misma vieja Penelope Featherington.
    Esto era su propia culpa tanto como de los demás. Un círculo vicioso, realmente. Cada vez que Penelope andaba en un salón de baile, y veia a toda aquella gente que la conocía hace tanto tiempo, ella se sentía doblegada por dentro, convirtiéndose en una muchacha tímida, torpe a la cual se le fueron los años, le gustaba pensar más bien que ella era una mujer segura de sí misma – al menos en su corazón.
    ¿"Señorita Featherington?" la llamo suavemente Lady Danbury – y con una voz sorprendentemente suave. ¿"La preocupa algo?"
    Penelope sabía que se demoro más de lo que debería en contestar, pero de alguna manera ella necesitó unos segundos para encontrar su voz.
    "No se como decir lo que pienso," finalmente dijo, dandose vuelta para mirar a Lady Danbury sólo cuando pronunció las palabras finales de su oración. "Nunca sé que decir a la gente."
    "Usted sabe que decirme."
    "Usted es diferente."
    Lady Danbury se volvio para mirarla y se rió. "Si alguna vez hubiera una subestimación… Ah, Penelope- espero que usted no se oponga si le llamo por su nombre de pila – si usted puede decirme lo que piensa, puede decírselo a cualquiera. La mitad de los hombres maduros en este salon corren a esconderse en las esquinas al minuto que me ven venir."
    "Ellos simplemente no la conocen," dijo Penelope, acariciándole la mano.
    "Y ellos no la conocen, tampoco," contesto Lady Danbury intencionadamente.
    "No," dijo Penelope, con un poco de resignación en su voz, "ellos no."
    "Yo diría que esto fue su pérdida, pero lo que sería bastante desdeñoso de decir por mí," dijo Lady Danbury. "No a ellos, pero a usted, porque tan a menudo como los llamo tontos a todos – y los llamo realmente tontos a menudo, le aseguro que algunos de ellos son gente decente y es un crimen que no la conozcan. I-Hmmm… Me pregunto que esta pasando. "
    Penelope se encontró inexplicablemente sentando un poco rigida preguntando a Lady Danbury, "¿Qué quiere decir usted?" pero estaba claro que algo estaba ocurriendo. La gente susurraba y hacía señas a la pequeña tarima donde los músicos fueron ubicados.
    ¡"Usted allí!" dijo Lady Danbury, empujando con su bastón la cadera de un señor cercano. ¿"Qué esta pasando?"
    "Es Cressida Twombley quiere hacer alguna clase del anuncio," dijo él, entonces rápidamente se alejo, probablemente para evitar alguna otra conversación con lady Danbury o su bastón.
    "Odio a Cressida Twombley," refunfuñó Penelope.
    Lady Danbury se ahogó con un poco de risa. "Y dice que usted no sabe decir lo que piensa. No me deje en la incertidumbre. ¿Por qué la detesta tanto?"
    Penelope se encogió de hombros. "Ella siempre me trataba del todo mal."
    Lady Danbury asintió con la cabeza a sabiendas. "Todos los matones tienen a una víctima favorita."
    "No es tan malo ahora," dijo Penelope. "Pero antes cuando estábamos solas – cuando ella era todavía Cressida Cowper- nunca podía resistir a la posibilidad para atormentarme. Y la gente… bueno…" Ella sacudió su cabeza. "No importa."
    "No, por favor," dijo Lady Danbury, "continúe."
    Penelope suspiró. "No es nada, realmente. Sólo que he notado que la gente no muy menudo se precipita a defender al otro. Cressida era popular al menos en cierto sector – y era mejor dicho aterradora para las otras muchachas de nuestra edad. Nadie se atrevía a ir en contra de ella. Bien, casi nadie."
    Aquello consiguió la atención de Lady Danbury, y sonrió. ¿"Quién era su campeón, Penelope?"
    "Campeónes, realmente," contestó Penelope. 'Los Bridgertons siempre venían en mi ayuda. Anthony Bridgerton una vez le dio el corte directo y me acompaño a la comida, y" – su voz se elevó con el entusiasmo recordando – "él realmente no debería haberlo hecho. Esa era una cena formal, y se suponia que él escoltaba a alguna marquesa, creo. "Ella suspiró, atesorando sus recuerdos. "Era encantador."
    "Es un buen hombre, ese Anthony Bridgerton."
    Penelope asintio con la cabeza. "Su esposa me dijo que lo que era el día que se enamoro de él. Cuando lo vio ser mi héroe."
    Lady Danbury sonrió. "¿Y se ha precipitado alguna vez el Sr. Bridgerton más joven en su ayuda?"
    ¿"Colin, quiere decir usted?" Penelope no esperó ni siquiera el asentimiento de Lady Danbury antes de agregar, "Por supuesto, aunque nunca con tanto drama. Pero debo decir, es tan agradable cuando los Bridgertons dan… su apoyo”
    ¿"Qué ocurre, Penelope?" preguntó Lady Danbury.
    Penelope suspiró otra vez. Esto pareció una noche para suspirar. "Sólo lamento que ellos tuvieran que defenderme tan a menudo. Usted pensaría que yo podría defenderme. O al menos conducirme de una manera que ninguna tipo de defensa fuera necesaria."
    Lady Danbury acarició su mano. "Pienso que usted se maneja mejor de lo que usted piensa. Y en cuanto a esa Cressida Twombley…" La cara de Lady Danbury se agrió con repugnancia. "Bien, ella consiguió sus justos postres, si usted me pregunta. Aunque," añadió ella bruscamente, "la gente no me pregunta tan a menudo como ellos deberían."
    Penelope no pudo suprimir un pequeño resoplido de risa.
    "Mirela donde esta ahora," lady Danbury bruscamente. "viuda y incluso sin fortuna para lucir. Ella se casó con aquel viejo libertino Horace Twombley y resultó que él había logrado engañar a todos haciendo crees que él tenía dinero. Ahora ella tiene esa buena imagen que va desapareciendo."
    La honestidad obligó a Penelope decir, "Ella es todavía bastante atractiva."
    "Hmmph. Si le gustan mujeres llamativas." Los ojos de Lady Danbury se estrecharon. "Hay algo demasiado obvio en esa mujer."
    Penelope miró hacia la tarima, donde Cressida esperaba, estando de pie allí con una sorprendente cantidad de paciencia mientras la sala de baile se calmaba. "Me pregunto lo que ella va a decir."
    "Nada que podría interesarme posiblemente," replicó Lady Danbury. "Yo ah". Ella se detuvo, y sus labios se encorvados en la más rara de las expresiones, el ceño un poco fruncido, un poco sonriente.
    ¿"Qué es?" preguntó Penelope. Ella estiró el cuello su cuello para tratar de ver la línea de visión de Lady Danbury, pero un señor bastante corpulento bloqueaba su camino.
    "Su Sr. Bridgerton se acerca," dijo Lady Danbury, la sonrisa aun se asomaba en el ceño fruncido. "Y él parece totalmente determinado."
    Penelope inmediatamente observo con su cabeza hacia todos lados.
    ¡"Por el amor de Dios, muchacha, no mire!" exclamó, Lady Danbury asestando su codo en la parte superior del brazo de Penelope. "Él sabrá que usted está interesada."
    "No creo que exista chance de que no lo haya entendido ya," masculló Penelope.
    Y luego allí él estaba, parado espléndidamente delante de ella, luciendo como un hermoso Dios, dignándose para adornar la tierra con su presencia. "Lady Danbury," dijo, ejecutando una reverencia simple y elegante. "Señorita Featherington."
    "Sr. Bridgerton," dijo Lady Danbury, "que agradable es verlo."
    Colin contempló a Penelope.
    "Sr. Bridgerton," ella murmuró, no sabiendo que más decir. ¿Qué decía una al hombre que recientemente había besado? Penelope ciertamente no tenía ninguna experiencia en aquella área. Sin mencionar la agregada complicación de la tormentosa salida de su casa una vez que se separaron.
    "Yo había esperado…" comenzó Colin, luego se detuvo y frunció el ceño, alzando la vista hacia la tarima. ¿"Qué miran todos?"
    "A Cressida Twombley tiene que hacer algún tipo de anuncio," dijo Lady Danbury.
    La cara de Colin cambio de un ceño fruncido a uno vagamente enojado. "No puedo imaginar lo que ella tiene que decir que yo quisiera escuchar," refunfuñó él.
    Penelope no podía menos que sonreír abiertamente. Cressida Twombley era considerada una líder en la sociedad, o al menos ella lo había sido cuando era más joven y soltera, pero a los Bridgertons nunca les había gustado, y de alguna manera esto siempre hacía sentir a Penelope un poco mejor.
    En ese momento una trompeta resonó, el salón quedo en silencio todos dirigieron su atención al Conde de Macclesfield, que estaba de pie en la tarima al lado de Cressida, pareciendo vagamente incómodo con toda la atención.
    Penelope sonrió. Le habían dicho que el conde había sido una vez un terrible libertino, pero ahora él era un tipo de estudiante, dedicado a su familia. Todavía era bastante hermoso para ser un libertino, sin embargo. Casi tan hermoso como Colin.
    Pero sólo casi. Penelope sabía que no era objetiva, pero era difícil imaginar cualquier otra criatura tan magneticamente apuesta como Colin cuando sonrie.
    "Buenas noches," dijo el conde en voz alta.
    ¡"Buenas noches a usted!" vino un grito borracho de la parte trasera edl salon.
    El conde dio una cabezada bondadosa, una media sonrisa tolerante que manipulo sus labios. "Mi, er, estimada invitada aquí" – él indico a Cressida-" le gustaría hacer un anuncio. Entonces si pueden prestarle toda su atención a la señora a mí lado, Los dejo con la Señora Twombley."
    Una creciente extensión de suaves murmullos creció en el salón mientras Cressida caminaba hacia adelante, saludando regiamente con la cabeza a la muchedumbre. Ella esperó quedara en finalmente en silencio, y luego ella, "Señoras y señores, gracias por hacerse el tiempo de sus festividades para prestarme su atención."
    ¡"Apresúrese!" alguien gritó, probablemente la misma persona que había gritado buenas noches al conde.
    Cressida ignoro la interrupción. "He llegado a la conclusión que ya no puedo seguir con el engaño que ha gobernado mi vida durante estos once últimos años. "
    El salón de baile se estremeció bajo la ola de susurros. Todos sabían lo que ella iba a decir, y aún nadie podía creer que fuera realmente cierto.
    "Por lo tanto," Cressida siguió, su voz que creció en volumen, "he decidido revelar mi secreto.
    "Señoras y señores, yo soy Lady Whistledown."

El CAPÍTULO 11

    Colin no podía recordar la última vez que él había entrado en un salón de baile con tanta aprehensión.
    Los últimos días anteriores no habían sido los mejores. Él había estado de un pésimo humor, que sólo había empeorado por el hecho de ser reconocido por su excelente humor, lo que significó que todos se habían sentido obligados a comentar sobre su asquerosa disposición.
    Nada era mas terrible para un pésimo humor que estar sujeto a constantes preguntas, "¿Por qué estas de tan mal humor?"
    Su familia había dejado de preguntarle cuando él comenzó a gruñir – ¡gruñó! – Con Hyacinth cuando ella le había pedido acompañarla al teatro la semana siguiente.
    Colin nunca había sido consciente de que él sabía gruñir.
    Él iba tener que pedir perdón a Hyacinth, seria toda una tarea, ya que Hyacinth nunca aceptaba disculpas graciosamente al menos no aquellas que vinieran de la compañía Bridgertons.
    Pero Hyacinth era la menor parte de sus problemas. Colin gimió. Su hermana no era la única persona que merecía una disculpa.
    Y por eso su corazón latía de forma extraña, rápido y nervioso, sin parar cuando él entró en el salón de baile de los Macclesfield. Penelope estaría allí. Él sabía que estaría allí porque ella siempre asistía a los principales bailes, incluso más a menudo que antes por que ahora era la chaperona de su hermana soltera.
    Había algo humillante e incómodos sentimientos al mirar Penelope. Penelope era… Penelope. Era como si ella siempre estuviera allí, sonriendo cortésmente al costado del salón de baile. Y él había dado por sentado, que ella estaria. Algunas cosas no cambiaban y Penelope era una de ella.
    Excepto que ella si había cambiado.
    Colin no sabía cuando había pasado, o aun si alguien además de él lo hubiera notado, pero Penelope Featherington no era la misma mujer que él solía conocer.
    O tal vez seguía igual, y era él el que había cambiado.
    Lo que lo hizo sentirse aún peor, porque si ese fuera el caso, entonces Penelope había sido hace años interesante y encantadora y besable, y él no tenía la madurez para notarlo.
    No, mejor era pensar que Penelope había cambiado. Colin nunca había sido un gran fan de la mortificación.
    Independientemente del caso, él debía disculparse, y él debía hacerlo pronto. Tenia que pedir perdón por el beso, porque ella era una dama y él era (la mayor parte del tiempo, al menos) un caballero. Y tenia que pedir perdón después por comportarse como un idiota delirante, porque era simplemente correcto hacerlo.
    Solo Díos sabía lo que Penelope creía que él pensaría ahora de ella.
    No fue difícil encontrarla una vez dentro del salón de baile. Ni siquiera se molestó en mirar entre las parejas que bailaban (lo cual lo enfado – ¿por qué los otros hombres no pensaron en pedirle un baile?). Mejor dicho, él enfocó su atención a lo largo de las paredes, y con bastante seguridad, estaría allí, ubicada en un largo banco al de lado – OH, -Dios Lady Danbury.
    Bueno, no había nada más que hacer, que caminar directamente. Por la forma en que Penelope y la vieja entrometida se tomaban las manos, él no podía esperar que Lady Danbury desapareciera pronto.
    Cuando alcanzó al par de damas, él se giró primero hacia Lady Danbury en una simple y elegante reverencia. "Lady Danbury," dijo, antes de prestar atención a Penelope. "Señorita Featherington."
    "Sr. Bridgerton," saludo Lady Señora Danbury, con una carencia sorprendente de agudeza en su voz, "que agradable verle."
    Él asintió con la cabeza, luego contempló a Penelope, preguntándose lo que ella pensaba, y si él sería capaz de verlo en sus ojos.
    Pero independientemente de lo que ella pensaba – o sentía – estaba escondido bajo una capa bastante gruesa de nerviosismo. O tal vez el nerviosismo era todo lo que ella sentía. Él realmente no podía culparla. Por la forma en que él había salido de su salón sin explicación… ella debía sentirse confundida. Y según su experiencia la confusión invariablemente conducía a la aprehensión.
    "Sr. Bridgerton," finalmente murmuró, su porte entero escrupulosamente cortés.
    Él aclaro su garganta. ¿Cómo extraerla de los embragues de Lady Danbury? realmente no deseaba humillarse delante de la vieja y curiosa condesa.
    "Yo esperaba…" comenzó, teniendo la intención de decir que él había esperado tener algunas palabra en privado con Penelope. Lady Danbury estaba ferozmente curiosa, pero realmente no existía otra forma de lograrlo, y probablemente la haría bien ser abandonada en la oscuridad aunque fuera una vez.
    Pero cuando sus labios formulaban la pregunta, él vio que algo extraño sucedía en el escenario del salón de baile de los Macclesfield. La gente susurraba y señalaba hacia la pequeña orquesta, cuyos miembros habían parado de tocar recientemente sus instrumentos. Además, ni Penelope ni Lady Danbury le prestaban atención.
    ¿"Qué miran todos?" Colin preguntó.
    Lady Danbury no se molestó ni siquiera en mirarlo cuando contestó, "Cressida Twombley tiene que hacer alguna clase de anuncio."
    Que molesto. Nunca le había gustado Cressida. Ella había sido poca cosa e insignificante cuando era Cressida Cowper, y ella era aun más insignificante y poca cosa como Cressida Twombley. Pero era hermosa, y era inteligente, de una forma bastante cruel, y aún entonces ella todavía era considerada una líder en ciertos círculos sociales.
    "No puedo imaginar lo que ella tiene que decir que yo quisiera escuchar," refunfuñó Colin.
    Él divisó a Penelope que trataba de sofocar una sonrisa y le dirigió un tipo de mirada como diciendo "te agarré". Pero este tipo de mirada " te agarré" también decía "yo estoy completamente de acuerdo”.
    ¡"Buenas noches!" se escucho la voz fuerte del Conde de Macclesfield.
    ¡"Buenas noches a usted!" contestó algún tonto borracho atrás. Colin se enroscó para ver a quién era, pero la muchedumbre se había puesto demasiado junta.
    El conde dijo unas palabras más, entonces Cressida abrió su boca, punto en el cual Colin dejó de prestar atención. Independientemente de lo que Cressida tuviera que decir, eso no iba a ayudarle a solucionar su principal problema: preguntandose exactamente como él iba a disculparse con Penelope. Había tratado de ensayar las palabras en su mente, pero ellas nunca sonaron correctamente, y entonces él esperaba que su estupenda lengua charlatana lo condujera en la dirección correcta cuando fuera la hora. Seguramente ella lo entendería-
    ¡"Whistledown!"
    Colin sólo agarró la última palabra del monólogo de Cressida, pero no había forma de que a él se le hubiera pasado desapercibido el masivo aliento de sorpresa que recorrio el salón de baile.
    Seguido de una ráfaga de ásperos susurros, urgentes un que uno generalmente oye después de que alguien es pillado en una posición comprometida bastante embarazosa, bastante pública.
    ¿"Qué?" soltó, dándose vuelta hacia Penelope, que estaba blanca como una hoja. ¿"Qué dijo ella?"
    Pero Penelope estaba muda.
    Él contempló a Lady Danbury, pero la vieja señora tenía su mano sobre su boca y miraba como fuera posiblemente a desmayarse.
    Lo cual era algo alarmante, Colin habría apostado grandes sumas de dinero asegurando que Lady Danbury nunca se había desmayado alguna vez en todos sus extraños setenta años.
    ¿"Qué?" nuevamente exigió, esperando que una de ellas se liberara de su estupor.
    "No puede ser verdad," finalmente susurró Lady Danbury, su boca estaba floja justo cuando dijo las palabras. "No lo creo."
    ¿"Qué?"
    Ella señaló hacia Cressida, su amplio índice temblo como la luz de la vela que vacila. "Aquella señora no es Lady Whistledown."
    La cabeza de Colin rodó de acá para allá. Hacia Cressida. Hacia Lady Danbury. Hacia Cressida. Hacia Penelope. "¿Ella es LadyWhistledown?" finalmente soltó.
    "Eso dice ella," contestó Lady Danbury, con la duda escrita por todo su rostro.
    Colin tendió a estar de acuerdo con ella. Cressida Twombley era la última persona que él habría pensado como Lady Whistledown. Ella era astuta; Nadie le negaba eso. Pero ella no era inteligente, y ella no era terriblemente ingeniosa a menos que se estuviera burlando de otros. Lady Whistledown tenía un sentido que difiere mejor dicho de la burla, pero a excepción de sus comentarios infames de moda, ella nunca pareció meterse con los miembros menos populares de la sociedad.
    Cuando todo estaba dicho y hecho, Colin tuvo que reconoce que Lady Whistledown tenía bastante buen gusto con la gente.
    "No puedo creer esto," dijo Lady Danbury dando un fuerte resoplido de repugnancia. "Si yo hubiera soñado que esto pasaría, yo jamás hubiera hecho aquel desafío bestial."
    "Esto es horrible," susurró Penelope.
    Su voz temblaba, Colin se sintió inquieto. ¿"Estas bien?" Preguntó.
    Ella sacudió su cabeza. "No, no creo que lo este. Me siento bastante enferma, realmente."
    ¿"Quieres marcharte?"
    Penelope sacudió su cabeza otra vez. "Pero me sentaré ahora, si ustedes no se oponen."
    "Por supuesto," dijo él, manteniendo un ojo puesto en ella. Todavía estaba terriblemente pálida.
    "Ah, por el amor de…" blasfemó Lady Danbury, sorprendiendo a Colin, pero entonces ella realmente juró, que pensándolo bien podría haber inclinado el planeta en su eje.
    ¿"Lady Danbury?" Preguntó, bostezando.
    "Ella viene hacia acá," refunfuñó ella, sacudiendo su cabeza hacia la derecha. "Debería haber sabido que yo no me escaparía."
    Colin contempló hacia su izquierda. Cressida trataba de hacer camino por la muchedumbre, probablemente para encarar a Lady Danbury y exigir su premio. Ella estaba, naturalmente, siendo acosada por los demás asistentes del baile. Ella parecía deleitarse con la atención – no era una gran sorpresa; Cressida siempre se deleitaba con la atención – pero también parecía bastante determinada a alcanzar el lado de Lady Danbury.
    "No hay ningún modo de evitarla, me temo," dijo Colin a Lady Danbury.
    "Lo sé," se quejó ella. "He estado tratando de evitarla durante años, y nunca he tenido éxito. Pensé que yo era tan inteligente." contempló a Colin, sacudiendo su cabeza con repugnancia. "Pensé que sería divertido derrotar a la tal Lady Whistledown."
    "Er, pues esto es divertido," dijo Colin, sin sentirlo realmente.
    Lady Danbury lo pinchó en la pierna con su bastón. "Esta no es ni siquiera el comienzo de la diversión, usted muchacho tonto. ¡Ahora mire lo que tengo que hacer!"
    Ella agitó su bastón hacia Cressida, cuya silueta se acercaba cada vez más. "Nunca soñé que yo tuviera que tratar de congeniar con ella"
    "Lady Danbury," dijo Cressida, susurrando parandose delante de ella. "Que agradable verle."
    Lady Danbury nunca fue reconocida por su amabilidad, pero hasta ella se excedió saltando cualquier pretexto de un saludo antes de replicar, "supongo que usted debe estar aquí para recibir su dinero."
    Cressida movio su cabeza hacia al lado de una manera muy bonita, muy experta. "Usted dijo que usted daría mil libras a quien desenmascare a Lady Whistledown." Ella se encogió de hombros, levantando sus manos en el aire y luego enroscándolas elegantemente hasta sus palmas aumentando el gesto de falsa humildad. "Usted nunca estipuló que yo no podía desenmascararme a mi misma."
    Lady Danbury se levanto, estrechó sus ojos, y dijo, "no creo que sea usted."
    A Colin le gustaba pensar que él era bastante afable y flemático, pero hasta él jadeó en esto.
    Los ojos azules de Cressida ardieron con furia, pero rápidamente recobró el control de sus emociones y dijo, "yo estaria impresionada si usted no se permite un grado de escepticismo, lady Dan-sepultan. Después de todo, no es su manera de ser el confiar y ser amable. "
    Lady Danbury sonrió. Bueno, quizás no una sonrisa, pero sus labios se movieron realmente. "Tomaré esto como un elogio," dijo ella, "y permitiré que usted me lo diga como tal. "
    Colin miró las mesas con interés – y con un sentido creciente de alarma – hasta que Lady Danbury se volteo repentinamente hacia Penelope, que también se había levantado unos segundos después de ella.
    ¿"Qué piensa usted, señorita Featherington?" preguntó Lady Danbury.
    Penelope visiblemente comenzó, temblar ligeramente en todo el cuerpo cuando tartamudeó, "Que… Yo… ¿Perdón?"
    ¿"Qué piensa usted?" Lady Danbury persistió. ¿"Es esta Señora Twombley, Lady Whistledown?"
    "Yo no estoy segura de saberlo. "
    "Ah, vamos, ahora, señorita Featherington." Lady Danbury plantó sus manos en sus caderas y miró a Penelope con una expresión que lindaba con la exasperación. "Seguramente usted tiene una opinión al respecto."
    Colin se sintió andando hacia adelante. Lady Danbury no tenía ningún derecho de hablar así a Penelope de esa manera. Y además, no le gustó la expresión en la cara de Penelope. Ella parecía atrapada, como un zorro en una caza, sus ojos se lanzaron hacia él con un pánico que nunca había visto allí antes.
    Él había visto a Penelope incómoda, y él la había visto afligida, pero él nunca la había visto realmente atemorizada. Y luego esto le ocurrió – ella lamentaba ser el centro de atención. Ella podría empujar la diversión en su estado como un alhelí y una solterona, y le habría gustado probablemente un poco más de atención de la sociedad, pero esta clase de atención… con todos contemplándola y aguardando solo las palabras de sus labios…
    Ella era miserable.
    "Señorita Featherington," Colin dijo suavemente, moviéndose a su lado, "usted parece indispuesta. ¿Quisiera usted marcharse?"
    "Sí," ella dijo, pero entonces algo extraño pasó.
    Ella cambió. Él no sabía describirlo de otra forma. Ella simplemente cambió. Ahí mismo, en el salón de baile de los Macclesfield, por su lado, Penelope Featherington era en ese momento alguien más.
    Su espalda se puso rigída, y él podría jurar que el calor de su cuerpo aumentó, y ella dijo, "No. No, tengo algo que decir."
    Lady Danbury sonrió.
    Penelope miró directamente a la vieja condesa y dijo, "no pienso que ella sea Lady Whistledown. Pienso que ella miente."
    Colin por instinto tiró a Penelope acercándola un poco más a su lado. Cressida la miraba como fuera a ahorcarla.
    "Siempre me ha gustado Lady Whistledown," dijo Penelope, su barbilla se elevo hasta que su porte fue casi regio. Ella contempló Cressida, y sus ojos atentos cuando ella añadió, "y rompería mi corazón si ella resultara ser alguien como la Señora Twombley."
    Colin tomó su mano y la apretó. Él no podía ayudarse a si mismo.
    ¡"Bien dicho, señorita Featherington!" exclamó Lady Danbury, aplaudiendo placenteramente. "Es exactamente lo que yo pensaba, pero no podía encontrar las palabras exactas." Ella se dirigio hacia Colin con una sonrisa. "Ella es muy inteligente, usted sabe."
    "Lo sé," contestó él, un extraño nuevo orgullo, rebosaba dentro de él.
    "La mayor parte de personas no lo notan," dijo Lady Danbury, enroscándose de modo que sus palabras fueran dirigidas a – y probablemente sólo oídas por – Colin.
    "Lo sé," murmuró él, "yo lo notó." Él tuvo que reírse del comportamiento de Lady Danbury, estaba seguro que fue elegido en parte para enojar al diablo de Cressida, a quien no le gustaba ser ignorada.
    ¡"No seré insultada por ella… por nada!" Cressida echaba humo. Se dirigió a Penelope con una luz deslumbrante de hervor y silbó, "Exijo una disculpa."
    Penelope sólo asintió lentamente con la cabeza y dijo, "Esta en su derecho."
    Y luego no dijo nada más.
    Colin tuvo que limpiar físicamente la sonrisa de su cara.
    Cressida claramente queria decir más (y quizás cometer un acto de violencia mientras estaba en ello), pero se contuvo, probablemente porque era bastante obvio que Penelope se encontraba entre amigos. Ella siempre era renombrada por su equilibrio, sin embargo, y seguramente Colin no se sorprendió cuando ella se calmo, girado hacia Lady Danbury, y dijo, "¿Que planea hacer usted con las mil libras?”
    Lady Danbury la miró por un segundo el más largo que se hubiera visto, entonces ella se volteo hacia Colin – querido Dios, la último cosa que él quería hacer era estar implicado en este desastre – y preguntó, "¿y qué piensa usted, Sr. Bridgerton? ¿Dice nuestra Señora Twombley la verdad?"
    Colin le dio una sonrisa experta. "Usted debe estar loca si piensa que voy a ofrecer una opinión."
    "Usted es sorprendentemente sabio, Sr. Bridgerton," dijo Lady Danbury con aprobación.
    Él asintio con la cabeza modestamente, luego arruinó el efecto diciendo, " yo mismo estoy orgulloso de ello." Pero que demonios – No todos los día un hombre era llamado sabio por Lady Danbury.
    La mayor parte de sus adjetivos, después de todo, eran de la variedad decididamente negativa.
    Cressida no se molestó en dedicarle un pestañeo; cuando Colin había reflexionado, ella no era estúpida, sólo quería llamar la atención, y después de una docena de años en la sociedad, debía saber que él no sentía mucho agrado por ella y seguramente no caeria víctima de sus encantos. En cambio, ella miró directamente a Lady Danbury y mantuvo su voz regularmente modulada cuando preguntó, "¿Que haremos ahora, mi lady?”
    Los labios de lady Danbury se mantuvieron apretados hasta casi desaparecer, entonces ella dijo, "necesito pruebas."
    Cressida parpadeó. ¿"Perdón?"
    ¡"Pruebas!" El bastón de Lady Danbury se cerró de golpe contra el suelo con notable fuerza. ¿"Qué palabra de mi respuesta no entendió usted? No paso el rescate de un rey sin una prueba."
    "Mil libras apenas alcanzan para el rescate de un rey," dijo Cressida, su expresión se ponía cada vez más petulante.
    Los ojos Lady Danbury se estrecharon. "¿Entonces por qué usted esta tan decidida a conseguirlo?"
    Cressida guardo silencio durante un momento, pero había una rigidez en toda ella – su postura, su postura, la línea de su mandíbula. Todos sabían que su marido la había abandonado a una estrecha situación financiera, pero esta era la primera vez que alguien se lo había insinuado en su cara.
    "Consígame pruebas," dijo Lady Danbury, "y le daré el dinero."
    "¿Dice usted," Cressida dijo (e incluso cuando él la despreciaba, Colin se sintio foerzado a admirar la capacidad de ella de mantener su voz serena), "que mi palabra no es suficiente?"
    "Eso es exactamente lo que digo," ladró Lady Danbury. “Buen Dios, muchacha, usted no llegara a mi edad sin que se le permita insultar a cualquiera que usted quiera."
    Colin pensó que oyó el ahogamiento de Penelope, pero cuando echo un vistazo en ella, ella estaba aun a su lado, ávidamente mirando el cambio. Sus ojos marrones eran enormes y luminosos en su cara, y había recobrado la mayor parte del color que había perdido cuando Cressida hizo su inesperado anuncio. De hecho, ahora Penelope pareció extremadamente intrigada por los sucesos.
    "Bien," dijo Cressida, con voz baja y terrible. "Le traeré la prueba en una quincena."
    ¿"Qué clase de prueba?" preguntó Colin, entonces mentalmente se dio una patada. La última cosa que él quería hacer era embrollarse en este lío, pero su curiosidad se había impuesto.
    Cressida se dio vuelta, su cara estaba notablemente apacible considerando los insultos que ella había recibido por parte de lady Danbury-ante innumerables testigos. "Usted lo sabrá cuando las entregue," le dijo maliciosamente. Y luego ella mantuvo su brazo en alto, esperando que algunos de sus pretendientes la tomara y se la llevara lejos.
    Lo que era realmente completamente asombroso, porque un hombre joven (un tonto locamente enamorado, en todas las apariencias)se materializó a su lado como si ella lo había conjurado con la mera inclinación de su brazo. Un momento después se habían retirado.
    "Bueno," dijo Lady Danbury, después de que cada uno se puso de pie reflexionando – o tal vez estaban paralizados-silencio durante casi un minuto. "Eso fue desagradable."
    "Nunca me ha gustado ella," dijo Colin, a nadie en particular. Una pequeña muchedumbre se había juntado alrededor de ellos, entonces sus palabras fueron oídas por más que Penelope y Lady Danbury, pero él no se preocupó.
    ¡"Colin!"
    Él se volteó para ver Hyacinth patinar por la muchedumbre, arrastrando a lo largo del salón a Felicity Featherington que estaba pegada a su lado.
    ¿"Qué dijo ella?" Hyacinth preguntó jadeantemente. "Tratamos de ponernos aquí más lo pronto posible, pero esto ha sido como un choque."
    "Ella dijo exactamente lo que se esperaba que ella dijera," contestó él.
    Hyacinth hizo una mueca. "Los hombres nunca han servido para el chisme. Quiero las palabras exactas."
    "Es muy interesante," dijo Penelope de repente.
    Algo sobre en el tono pensativo de su voz exigió atención, y en segundos la muchedumbre entera se había calmado.
    "Hable," instruyó Lady Danbury. “Todos escuchamos."
    Colin esperó que tal demanda hiciera sentir incómoda a Penelope, pero independientemente de la infusión silenciosa de confianza que ella había experimentado unos minutos antes, aun la acompañaba, porque estuvo de pie derecha y orgullosa cuando dijo, "¿Por qué se revelaría alguien como Lady Whistledown?"
    "Por el dinero, por supuesto," dijo Hyacinth.
    Penelope sacudió su cabeza. "Sí, pero usted debe pensar que Lady Whistledown ya es completamente rica. Todos hemos comprado su revista durante años. "
    ¡"Por dios, ella tiene razón!" exclamó Lady Danbury.
    "Quizás Cressida simplemente buscaba llamar la atención," sugirió Colin. Esto no era una hipótesis muy increíble; Cressida había pasado gran parte de su vida adulta que tratando de ser el centro de atención.
    "Yo había pensado en eso," permitió Penelope, "pero realmente ¿quiere ella esta clase de atención? Lady Whistledown ha insultado completamente a varias personas durante años. "
    "Nadie que signifique algo para mí," bromeó Colin. Entonces, cuándo se hizo obvio que sus compañeros requerían una explicación, él añadió, "¿no han notado ustedes que Lady Whistledown sólo insulta a la gente que necesita ser insultada?"
    Penelope aclaro su garganta delicadamente. "Me ha mencionado como un cítrico demasiado maduro."
    Él se preocupo por ella. "Excepto las pocas cosas sobre la moda, por supuesto."
    Penelope debe haber decidido no llevar el tema más allá, porque todo lo que hizo fue darle a Colin una larga mirada evaluadora, antes de volverse hacia Lady Danbury y decirle, "Lady Whistledown no tiene ningún motivo para revelarse. Cressida obviamente lo tiene."
    Lady Danbury emitió un sonido, antes que su cara se convirtiera en un completo fruncimiento de ceño. "Supongo que tendré que darle hasta la quincena para que traiga una 'prueba.' Juego limpio."
    "Por mi parte estaré muy interesada en ver lo que ella trae,"expuso Hyacinth. Ella se volteo hacia Penelope y añadió,
    "Siempre digo, que eres muy inteligente, ¿sabías eso?"
    Penelope se sonrojó modestamente, entonces ella se volteo hacia su hermana y dijo, "debemos retirarnos, Felicity."
    ¿"Tan pronto?" preguntó Felicity, y para su horror, Colin se dio cuenta que él había articulado las mismas palabras.
    "Nuestra madre nos quiere en casa temprano," dijo Penelope.
    Felicity parecía realmente perpleja. ¿"Ella quiere eso?"
    "Ella quiere eso," dijo Penelope enérgicamente. "Y además que, no me siento bien."
    Felicity asintió con la cabeza con desánimo. "Le dire a un lacayo que vea que nuestro carruaje sea traído."
    "No, tu te quedas," dijo Penelope, colocando una mano en el brazo de su hermana. "yo lo haré."
    "Yo lo haré," anunció Colin. ¿Cual era la utilidad de ser un caballero cuando las damas insisten en hacer las cosas por si misma?
    Y luego, antes de que se diera cuenta, él había facilitado la salida de Penelope, y ella dejó la escena sin que él alcanzara a pedirle perdón.
    Él supuso que debería haber juzgado la tarde como un fracaso solamente por esta razón, pero la verdad sea dicha, él no podía sentirlo totalmente así.
    Después de todo, él había pasado la mayor parte de los cinco minutos sosteniendo su mano.

El CAPÍTULO 12

    No fue hasta que Colin despertó la mañana siguiente que sintió que todavía no le pedía perdón a Penelope. En un sentido estricto, probablemente ya no era necesario que lo hiciera; aunque ellos apenas se habían dicho algo en el baile de los Macclesfield la noche anterior, pareciera que forjaron una tregua tácita. De todos modos, Colin no pensó que se sentiría cómodo en su propia piel hasta que él le dijera las palabras, " Lo siento."
    Esa era la forma correcta de hacerlo.
    Él era un caballero, después de todo.
    Y además, él se imaginó verla esa mañana.
    Él había ido al Número cinco para desayunar con su familia, pero primero quiso ir directamente donde Penelope para después volver a su casa, entonces saltó en su carruaje para viajar a la casa Featherington en la Calle Mont, aunque la distancia fuera bastante corta para hacerlo sentirse bastante perezoso por ello.
    Él sonreía alegremente, mirando la encantadora escena de primavera pasar por su ventana. Este era uno de esos días perfectos cuando todos se siente simplemente correcto. El sol brillaba, se sentía notablemente activo, él había desayunado excelente esa mañana…
    La vida realmente no podía ser mejor que esto.
    Y se acercaba para ver a Penelope.
    Colin decidió no analizar por qué estaba tan impaciente por verla; era la clase de cosas en la que un hombre soltero de treinta-y-tres no le gustaba generalmente pensar. En cambio simplemente disfrutó del día – el sol, el aire, hasta las tres casas adosadas ordenadas que pasó por la Calle Mont antes de divisar la puerta principal de Penelope. No había nada remotamente diferente u original en ninguna de ellas, pero esta era una mañana tan perfecta que parecían excepcionalmente encantadoras topando una al lado de la otra, altas y delgadas, y majestuosas con su piedra de Portland gris.
    Este era un maravilloso día, calido y sereno, soleado y tranquilo…
    Salvo que cuando comenzó a levantarse de su asiento, una ráfaga corta de movimiento salto a la vista través de la calle.
    Penelope.
    Ella estaba de pie en la esquina de la calle Mont y la calle Penter – la esquina lejana, la cual no era visible para alguien que mirara desde una ventana en la casa Featherington. Y ella subía en un coche alquilado.
    Interesante.
    Colin frunció el ceño, mentalmente golpeándose en la frente. No era interesante. ¿En qué demonios estaba pensando él? No era interesante en absoluto. Podría haber sido interesante, si tuviera, supongamos, un hombre. O podría haber sido interesante si el transporte en el cual ella acababa de entrar hubiera sido unos de los carruajes Featherington y no algún coche de alquiler desaliñado.
    Pero no, esa era Penelope, que no era ciertamente un hombre, y ella entraba en un carro sola, probablemente dirigiéndose a algún lugar completamente inadecuado, porque si ella hiciera algo apropiado y normal, estaría en un transporte Featherington. O todavía mejor, con una de sus hermanas o una criada, o alguien, no sola, maldita sea, sola.
    Este no era interesante, era idiota.
    "Mujer tonta," refunfuñó, saltando de su carruaje con la intención de lanzarse hacia el coche, tirando la puerta abierta, y bajarla. Pero cuando su pie derecho dejó los límites de su carruaje, él fue golpeado por la misma locura que lo condujo a vagar por el mundo.
    Curiosidad.
    Varias maldiciones selectas fueron dichas bajo su aliento, todas ellas autodirigidas. Él no podía ayudarla. Era muy extraño en Penelope salir sola en un coche alquilado; él tenía que saber a donde iba.
    Y entonces, en vez de sacudirla a la fuerza para hacerla entrar en razon, él dio instrucciones a su cochero para seguir el carruaje, y ellos fueron por el norte hacia la carretera ocupada por la Calle Oxford, donde, Colin reflexionó, seguramente Penelope tenía la intención de hacer algunas compras. Podían existir varias excusas por la cuales ella no usaba el carro Featherington. Quizás estuviera dañado, o algunos de sus caballos estaba enfermo, o Penelope compraba a alguien un regalo y quería guardarlo en secreto.
    No, no era correcto. Penelope nunca emprendería una expedición para hacer compras sola. Ella llevaria a una criada, o una de sus hermanas, o hasta una de sus hermanas. Pero pasear a lo largo de la Calle Oxford sola era invitar al chisme. Una mujer sola era prácticamente un anuncio para la siguiente columna de Whistledown.
    O para ser usado, supuso. Era difícil acostumbrarse a una vida sinWhistledown. Él no se había dado cuenta de como acostumbró, se habia acostumbrado a leerla en su desayuno donde fuera que estuviera en la ciudad.
    Y hablando de Lady Whistledown, él estaba seguro que no era nadie más que su hermana Eloise. Él se había acercado al Número cinco para el desayuno con el objetivo expreso de interrogarla, siendo informado que ella todavía seguía enferma y no se reuniría con la familia esa mañana.
    Esto no se le había escapado a Colin, sin embargo, una bandeja bastante grande de comida había sido enviada hasta el cuarto de Eloise. Estaba claro que lo que afligía a su hermana, no había afectado su apetito.
    Él no había hecho ninguna mención de sus sospechas en la mesa del desayuno; realmente, él no vio ninguna razón de trastornar a su madre, que estaría seguramente horrorizada de solo pensarlo. Era difícil creerlo, sin embargo, Eloise-cuyo amor por el escándalo había sido eclipsado sólo por su temor de ser descubierta – perdería la oportunidad de chismear sobre la revelación de Cressida Twombley ocurrido la noche anterior.
    A menos que Eloise fuera Lady Whistledown, en cuyo caso ella se levantaría de su cuarto, trazando su siguiente paso.
    Todos los cabos sueltos calzaban. Habría sido deprimente si Colin no se hubiera sentido tan estrañamente conmovido en haberla descubierto.
    Después de que ellos rodaron a lo largo durante unos minutos, él empujó su cabeza fuera para asegurarse que su conductor no había perdido la vista del carro de Penelope. Allí estaba, directamente delante de él. O al menos él pensó que era ella. Los coches alquilados eran casi iguales, entonces él iba a tener que confiar y mantener la esperanza que hiban en dirección correcta. Pero cuando miró hacia fuera, se dio cuenta de que ellos habían viajado bastante más lejos de lo que el hubiera esperado. De hecho, ellos pasaban ahora mismo la Calle Soho, que estaba cerca del tribunal Tottenham, lo que significaba-
    Querido Dios, ¿tomaba Penelope el carro a su casa? Bedford Square estaba prácticamente allí a la vuelta de la esquina.
    Una emoción deliciosa recorrió su espalda, porque él no podía imaginar lo que ella hacía en esta parte de la ciudad si no era para verlo a él; ¿A quien más conocería una mujer como Penelope en Bloomsbury? Él no podía imaginar que su madre permitiera que ella se asociara con gente que trabajara para vivir, y los vecinos de Colin, aunque seguramente bastante bien nacidos, no era de la aristocracia y raramente de la pequeña nobleza. Y todos ellos caminaban al trabajo todos los días, doctores y abogados o-
    Colin frunció el ceño. Con fuerza. Ellos acababan de pasar por la calle del Tribunal de Tottenham. ¿Qué demonios estaba haciendo ella tan al este? Él supuso que su cochero no conocía el camino alrededor de la ciudad muy bien y pensaba tomar la Calle Bloomsbury hasta Bedford Square, aunque estuviera un poco fuera del camino, pero-
    Él oyó un ruido muy extraño y se dio cuenta que era el sonido de sus dientes rechinando. Ellos acababan de pasar la Calle Bloomsbury y viraban directamente hacia High Holborn.
    Que el demonio lo lleve, ellos estaban casi en la Ciudad. ¿Por el amor de Dios que planeaba Penelope hacer en la Ciudad? Este no era un lugar adecuado para una mujer. Demonios, él casi nunca iba allí. El mundo de la sociedad estaba más lejos hacia el Oeste, entre los sagrados edificios de Saint James y Mayfair. No aquí en la Ciudad, con sus caminos estrechos, ondulantes, medievales y bastante próximo de los peligrosos Barrios de los Muelles de Londres.
    La mandíbula de Colin se abrio cada vez más y más cuando ellos siguieron… y siguieron… y siguieron… hasta que él se dio cuenta de que ellos volvían por el camino de Shoe. Él estiró el cuello asomando su cabeza por la ventana. Él sólo había estado aquí una vez antes, a la edad de nueve años cuando su tutor los había arrastrado a él y a Benedict para mostrarles donde se había iniciado el incendio de Londres de 1666. Colin recordó sentirse vagamente decepcionado cuando supo que el culpable era un mero panadero que no había mojado las cenizas de su horno correctamente. Un incendio así debería haber sido intencional o haber tenido una la intriga en su origen.
    Un incendio así no era nada comparado a los sentimientos que hervian en su pecho. Penelope debería tener una maldita buena razónpara venir aquí sola. Ella no debería ir a ninguna parte sola, mucho menos en la Ciudad.
    Entonces, sólo cuando Colin estaba convencido de que Penelope viajaría todo el camino hasta la costa de Dover, los carros cruzaban la Calle Fleet levantando el polvo. Colin se detuvo, esperando a ver lo qué Penelope haría aunque cada fibra de su ser gritara que saltara del carro y la abordara ahí mismo en el pavimento.
    Llámelo intuición, llámelo locura, pero de alguna manera él sabía que si abordaba a Penelope en seguida, él nunca aprendería el verdadero propósito de ella cerca de la calle Fleet.
    Una vez que ella estaba bastante lejos para que él pudiera bajar desapercibido, saltó del carruaje y la siguió hacia el sur hasta una iglesia que decididamente se parecia a un pastel de boda.
    "Por Dios," Colin refunfuñó, completamente inconsciente de las blasfemias o juegos de palabras, "ahora no es el tiempo para encontrar la religión, Penelope."
    Ella desapareció en la iglesia, y sus piernas devoraron por completo el pavimento después de ella, reduciendo la marcha sólo cuando él alcanzó la puerta principal. Él no quería sorprenderla inmediatamente. No antes de que él averiguara lo que ella hacia exactamente allí. Sus palabras más tempranas no obstante, él no pensó por ningún momento que Penelope súbitamente desarrollara un deseo de extender sus hábitos de ir a la iglesia también a días de la semana.
    Él se deslizo silenciosamente dentro de la iglesia, cuidando que sus pasos fueran tan suaves como él pudiera. Penelope caminaba hacia el pasillo central, golpeando con su mano izquierda a lo largo de cada banco, casi como si ella estuviera…
    ¿Contando?
    Colin frunció el ceño cuando ella encontró su banco, luego se escabulló mientras ella se mantenía en el centro. Ella se sentó recostándose por un momento, luego metió la mano en su retículo y sacó un sobre. Su cabeza se movió fugazmente hacia la izquierda, despues a la derecha, y Colin podía imaginar fácilmente su cara, sus ojos oscuros que se lanzaban en una u otra dirección como comprobando si en el lugar habían otras personas. Él estaba a salvo de su mirada en la parte de atrás, tan lejos en las sombras que prácticamente estaba pegado contra la pared. Y además, ella parecía bastante absorta en mantenerse tranquila, serena; Y ciertamente no movería su cabeza lo suficiente para verlo detrás de ella.
    Las Biblias y los misales fueron metidos en pequeños bolsillos en el respaldo de los bancos, y Colin miraba como Penelope subrepticiamente deslizó el sobre detrás de uno. Entonces ella se levanto y ribeteó su salida por el pasillo central.
    Y fue cuando Colin hizo su movimiento.
    Saliendo de las sombras, él se camino a zancadas resueltamente hacia ella, tomando insensible satisfacción en el horror en su cara cuando ella lo vio.
    "Cnel-Cnel-" ella jadeó.
    "Sería Colin," él arrastró las palabras, agarrando su brazo justo encima del codo. Su toque era ligero, pero su apretón era firme, y no había de modo que ella pudiera pensar en realizar una fuga.
    Muchacha astuta, ni siquiera hizo un intento.
    Pero como la muchacha astuta que ella era, intentó jugar fingiendo inocencia.
    ¡"Colin!" finalmente logró decir. "Qué… que…”
    ¿"Sorpresa?"
    Ella tragó aire. "Sí".
    "Estoy seguro que lo es."
    Sus ojos se lanzaron hacia a la puerta, hacia la nave, hacia todas partes menos al banco donde ella había escondido su sobre. "Yo -yo nunca te vi aquí antes."
    "Nunca lo estuve."
    La boca de Penelope se movió varias veces antes de que sus siguientes palabras emergieran. "Es muy apropiado, realmente, que tu estuvieras aquí, efectivamente, porque, realmente… uh los… ¿conoces la historia de saint bride?"
    Él levantó una ceja. ¿"Es así como se llama?"
    Penelope aspiraba claramente a una sonrisa, pero el resultado era más de la clase de idiota boquiabierta. Normalmente este lo habría divertido, pero él todavía estaba enojado con ella por salir sola, siendo descuidad con su seguridad y bienestar.
    Pero por sobre todo, él estaba furioso por que ella tenía un secreto.
    No tanto por que ella había guardado un secreto. Los secretos se suponía que debían ser guardados, y él no podía culparla por eso. Irracional como era, no podía tolerar en lo absoluto el hecho de que ella tuviera un secreto. Ella era Penelope. Se suponía que era un libro abierto.
    Él la conocía. Él siempre la había conocido.
    Y ahora pareciera que nunca la conoció.
    "Sí," ella finalmente contestó, chillando. "Esta es una de las iglesias de wrenn, tu sabes, fueron hechas después del gran incendio, ellas están por toda la Ciudad, y realmente esta es mi favorita. Yo amo el techo de la torre en punta. ¿No crees que parece un pastel de boda? "
    Ella balbuceaba. No era un buen signo cuando alguien balbucea. Generalmente significaba que escondían algo. Era obvio ya que Penelope hacía el intento de ocultar algo, pero la rapidez inusitada de sus palabras le dijo que su secreto era sumamente grande, en efecto.
    Él la contempló por un largo rato, Durante varios segundos sólo para torturarla, entonces finalmente preguntado, "¿Es por eso que crees que es adecuado que este aquí?"
    Su cara estaba blanca.
    "El pastel de boda…" él apuntó.
    ¡"Ah!" ella chilló, su piel se volvió de un profundo, rojo culpable. ¡"No! ¡Nada de eso! Es sólo que – Lo que quiero decir es que esta es la iglesia de los escritores. Y editores. Creo. Sobre los editores, eso es. "
    Ella estaba temblando y sabía que ella estaba temblando. Él podía verlo en sus ojos, en su cara, del mismo modo que en sus manos enroscadas cuando hablaba. Pero ella seguía intentando, seguía intentando mantener las apariencias, y entonces él no hizo mas que dirigirle una mirada sardónica, mientras ella continuo diciendo, "Pero estoy segura sobre los escritores. ¡" Y luego, con un floreo que podría haber sido triunfal si ella no lo hubiera arruinado con un gesto nervioso, "y tu eres un escritor!"
    ¿"Entonces dices que esta es mi iglesia?"
    "Er…" Sus ojos miraron a su izquierda. "Sí".
    "Excelente."
    Ella tragó aire. ¿"Lo es?"
    "Ah, sí," dijo él, dando una liviandad a sus palabras que tenían la intención de aterrorizarla.
    Sus ojos se volvieron a su izquierda nuevamente… hacia el banco donde había escondido su correspondencia. Ella había estado tan bien hasta ahora, manteniendo su atención lejos de sus pruebas incriminatorias. Él casi había estado orgulloso de ella por ello.
    "Mi iglesia," repitió él. "Qué idea tan encantadora."
    Sus ojos se agrandaron, asustados. "No entendí el sentido."
    Él se toco la mandíbula, luego sostuvo su mano de una forma pensativa. "Creo que estoy desarrollando un gusto por el rezo."
    ¿"Rezar?" ella resonó débilmente. ¿"Tu?"
    "Oh, sí."
    "Yo… bien… Yo… Yo…”
    ¿"Sí?" preguntó, comenzando a disfrutar de manera enferma. Él nunca había del tipo enojon, meditabundo. Claramente, él no sabía lo que se estaba perdiendo. Había algo bastante placentero en mortificarla. ¿"Penelope?" él siguió. ¿"Tenías algo que decir?"
    Ella tragó. "No".
    "Bueno." Él sonrió suavemente. "Entonces creo que requiero unos momentos para mí."
    ¿"como dices?"
    Él caminó a su derecha. "Estoy en una iglesia. Creo que quiero rezar."
    Ella anduvo a su izquierda. ¿"Perdón?"
    Él movió su cabeza ligeramente hacia al lado en cuestión. "Dije que quiero rezar. Esto no es un sentimiento terriblemente complicado."
    Él podría decir que ella se esforzaba por con fuerza por no caer en su trampa. Ella trataba de sonreír, pero su mandíbula estaba rígida, y él apostaría a que sus dientes terminarían en volverse polvo dentro de unos minutos.
    "No pensé que fueras una persona en particular religiosa," dijo ella.
    "No lo soy." Él esperó su reacción, luego añadido, "tengo la intención de rezar por ti."
    Ella tragó sin control. ¿"Por mí?" chilló.
    ¡"Claro," él comenzó, incapaz de impedir que su voz se subiera de tono, "para cuando termine, el rezo es la única cosa que va a salvarte!"
    Y con esto él la dejó de lado y anduvo a zancadas hacia donde ella había escondido el sobre.
    ¡"Colin!" ella gritó, corriendo frenéticamente tras él. ¡"No!"
    Él saco el sobre de detrás del misal sin mirarlo. ¿"Quieres decirme que es esto?" exigió. "Antes de que yo mire por mi mismo, ¿quieres decírmelo?"
    "No," respondió, con voz quebrada
    Su corazón rompiéndose en la expresión de sus ojos.
    "Por favor," pidió. "Por favor devuélvemelo." Y luego, cuando él la contempló solamente con ojos duros, enojados, ella susurró, "es mío. Es un secreto."
    "¿Valoras tu secreto o tu bienestar?" él casi rugió. ¿"Valoras tu vida?"
    ¿"De que estas hablando?
    ¿"Tienes alguna idea lo peligroso que es para una mujer andar sola en la Ciudad? ¿Sola en cualquier partes?"
    Todo lo que dijo fue, "Colin, por favor." Ella se acerco al sobre, todavía sostenido fuera de su alcance.
    Y de repente sin saber lo que él que hacía. Este no era él. Esta furia insana, esta cólera – no podía ser él.
    Y aún así lo fue.
    Pero la parte preocupante fue… que Penelope le había hecho esto. ¿Y qué había hecho ella? ¿Viajar sola a través de Londres? Él estaba irritado con ella por su carente falta de preocupación por su propia seguridad, pero esto palidecía en comparación por la furia que él sentía por que ella se guardara sus secretos.
    Su cólera era completamente injustificada. Él no tenía ningún derecho de esperar que Penelope compartiera sus secretos con él. Ellos no tenían ningún compromiso, nada más allá de una amistad bastante agradable y solo un, inquietante, beso. Él seguramente no habría compartido sus diarios con ella si ella no hubiera tropezado con ellos.
    "Colin," susurró. "Por favor… no lo hagas."
    Ella había visto sus escritos secretos. ¿Por qué debería él ver los suyos? ¿Tenía ella a un amante? Que eran todas estas tonterías que no había tenido antes de besarla-¿tonterías?
    Por Dios, este fuego que sentía en su vientre… ¿celos?
    "Colin," suplico otra vez, ahogándose ahora. Ella tomo su mano, tratando de impedirle abrir el sobre. No con fuerza, ya que ella nunca podría vencerlo en esto, sólo con su presencia.
    Pero no había ninguna forma… ningún modo que lo hubiera detenido en aquel momento. Él habría muerto antes de devolverle el sobre sin abrir.
    Él rasgo el sobre abriéndolo.
    Penelope soltó un grito estrangulado y huyo de la iglesia.
    Colin leyó las palabras.
    Y luego él se hundió en el banco, exhausto, sin aliento.
    "Ho, mi Dios," susurró él. "Ho, mi Dios."

* * *

    Cuando Penelope llego los escalones externos de Saint Bride. La Iglesia de la Novia, estaba histérica. O al menos tan histérica como alguna vez lo estuvo. Su aliento cortado con ahogados gritos agudos, las lágrimas picaban sus ojos, y su corazón, se sentía…
    Bueno, su corazón se sentía como si quisiera escapar, si tal cosa fuera posible.
    ¿Cómo podía él haber hecho esto? Él la había seguido. ¡Seguido a ella! ¿Por qué la seguiría Colin? ¿Qué podría que ganar? Por qué él-
    Ella de repente miró su alrededor.
    "Ho, ¡maldición!" lloró, sin preocuparse de que la oyeran. El carruaje se había marchado. Había dado instrucciones específicas al conductor de esperarla, que ella se demoraría sólo un minuto, pero no estaba a la vista, en ninguna parte.
    Otra trasgresión que podía atribuirle a Colin. Él la había retrasado en el interior de la iglesia, y ahora el carruaje se había marchado, y estaba abandonada en los escalones de Saint Bride. En medio de la Ciudad de Londres, tan lejos de su casa en mayfer – como si hubiera estado en Francia. La gente la contemplaba y en cualquier momento estaba segura que la abordarían, ¿porque quién había visto alguna vez a una joven dama sola en la Ciudad, mucho menos una que estaba claramente al borde de un ataque nervioso?
    ¿Por qué por qué por qué había sido tan tonta en pensar que él era el hombre perfecto? Ella había gastado la mitad su vida en adorar a alguien que ni siquiera era real. Por que el Colin que conocía – no, el Colin que ella había pensado que conocía claramente no existía. Y quienquiera que este hombre fuera, ella no estaba hasta segura de que le gustara. El hombre que ella había amado tan fielmente durante los años nunca se habría comportado como este. Él no la habría seguido, Ho bien, lo hubiera hecho, pero sólo cerciorarse de su seguridad. Pero él no habría sido tan cruel, y seguramente no hubiera abierto su correspondencia privada.
    ¡Ella había leído dos páginas de su diario, en verdad, pero no estaba en un sobre sellado!
    Ella se hundió en los peldaños y se sentó, la piedra fría se sentía hasta por la tela de su vestido. Había poco que pudiera hacer ahora además de sentarse aquí y esperar a Colin. Sólo una tonta caminaría a pie sola tan lejos de su casa. Ella supuso que podría alquilar un coche en la calle fleet, pero que si estaban todos ocupados, y además, ¿cual era el sentido de huir de Colin? Él sabía donde vivía, y a menos que decidiera huir hacia las Islas Orkney, ella probablemente no evitaría una confrontación.
    Ella suspiró. Colin la encontraría probablemente en Orkneys, como el viajero experimentado que era. Y ella no queria huir hastaOrkneys.
    Contuvo un sollozo. Ahora nada tenia sentido para ella. ¿Por qué pensaba en las Islas Orkney?
    Y luego noto la voz de Colin detrás de ella, excitada y muy fría. "Levántate," fue todo lo que él dijo.
    Ella lo hizo, no porque él lo había ordenado (a o al menos era lo que ella se dijo), y no por que le tuviera miedo, mas bien porque ella no podía sentarse en los escalones de Saint bride. para siempre, y aun si ella no quisiera nada más que esconderse de Colin durante los próximos seis meses, en este momento él era su único medio seguro para llegar a su casa.
    Él sacudió su cabeza hacia la calle. "Al carruaje."
    Ella lo hizo, subiendo cuando oyó que Colin daba al conductor su dirección y luego instruirlo "de tomar el camino largo."
    Ho, Dios.
    Ellos habían estado en camino unos largos treinta segundos antes de que él le devolviera la carta que había estado doblada en el sobre que había dejado en la iglesia. "Creo que esto es tuyo," dijo él.
    Ella tragó aire y miró hacia abajo, no por que lo necesitara. Ella ya había memorizado las palabras. Ella las había escrito y las había vuelto a escribir tantas veces la noche anterior, no pensó que alguna vez escaparían de su memoria.
    No hay nada que desprecie más que un caballero que piense que es divertido dar a una dama un trato condescendiente mientras murmura murmura, "Es una prerrogativa de mujer el cambiar de opinión." Y en efecto, porque siento que siempre se debe apoyar las palabras de uno mismo con sus propias acciones, procuro mantener mis opiniones y decisiones firmes y verdaderas.
    Es por lo qué, Querido Lector, cuando escribí mi columna del 19 de abril, yo realmente pretendía que fuera la ultima. Sin embargo, los acontecimientos estaban más allá de mi control (o más bien más allá de mi aprobación) forzándome a poner mi pluma en el papel una vez más.
    Señoras y Señores, Esta Autora no es la Señora Cressida Twombley. Ella no es nada más que una intrigante impostora, y rompería mi corazón ver mis años de trabajo duro atribuidos a alguien como ella.
    Revista de Sociedad de Lady Whistledown, el 21 de abril de 1824

    Penelope dobló de nuevo el papel con gran precisión, usando el tiempo para tratar de componerse y comprender que demonios se suponía que debía decir en un momento como este. Finalmente, ella intentó una sonrisa, sin encontrar sus ojos, y bromeó, "¿lo imaginaste?"
    Él no dijo nada, entonces se vio obligada a alzar la vista. Ella inmediatamente deseo no haberlo echo. Colin estaba diferente como si fuera otro. La fácil sonrisa que siempre se asomaba en sus labios, el buen humor que siempre brillaba en sus ojos – todos ellos se habían ido, sustituidos por líneas ásperas de hielo frío, puro.
    El hombre que ella conocía, el hombre al que había amado durante tanto tiempo – no sabia quien era.
    "Tomaré esto como un no," dijo ella insegura.
    ¿"Sabes qué trato de hacer ahora mismo?" preguntó él, su voz era fuerte y atronadora contra el rítmico clip-clop de los cascos de los caballos.
    Ella abrió su boca para decir no, pero una mirada a su cara le dijo que él no deseaba una respuesta, entonces ella contuvo su lengua.
    "Trato de decidir sobre qué, exactamente, estoy más enojado contigo," dijo él. "Como hay tantas cosas demasiadas cosas – que encuentro extraordinariamente difícil concentrarme solamente en una. "
    Estaba en la punta de la lengua de Penelope sugerirle algo – su decepción era un buen punto para comenzar – pero pensándolo mejor, ahora parecía un momento excelente para guardar sus comentarios.
    "En primer lugar," dijo, el terrible tono parejo de su voz sugería que él trataba con bastante fuerza mantener su temperamento controlado (y esto era, de por sí, bastante inquietante, Ya que ella no era consciente de que Colin poseyera tal temperamento), "¡no puedo creer que fueras tan entupida para arriesgarte en la Ciudad tu sola, y en un coche alquilado, ni menos!”
    "Me era difícil ir en uno de nuestros carruajes," soltó Penelope antes de que ella recordara que había pensado permanecer silenciosa.
    Su cabeza se movió una pulgada hacia la izquierda. Ella no sabía lo que esto significaba, pero no podía imaginar que fuera bueno, sobre todo ya que parecía como si su cuello se apretaba cuando este se enroscaba. ¿"Como dices?" él preguntó, su voz todavía era una mezcla horrible de satén y acero.
    Bien, ahora ella tenía que contestar, ¿verdad? "Er, no es nada," dijo, esperando que la evasión redujera su atención en el resto de su respuesta. "Sólo que no me permiten salir sola."
    "Soy consciente de eso," replico. "Hay una buena maldita razón para ello, también."
    "Por lo tanto si yo quisiera salir sola," siguió ella, decidiendo no hacer caso de la segunda parte de su respuesta, " no podría usar uno de nuestros carros. Ninguno de nuestros conductores consentiría en traerme aquí."
    "Tus conductores," replico, "son claramente hombres de sabiduría impecable y sentido común."
    Penelope no dijo nada.
    ¿"Tienes alguna idea de lo qué podría haberte pasado?" él exigió, su aguda máscara de control comienza a rajarse.
    "Er, muy poco, realmente," dijo ella, tragando aire en la oración. "He venido aquí antes, y-"
    ¿"Qué?" Su mano se cerró sobre la parte superior de su brazo con dolorosa fuerza. ¿"Qué acabas de decir?"
    Repetirlo parecía casi peligroso para su salud, entonces Penelope sólo lo contempló, esperando que tal vez fuera a romperse por la cólera salvaje de sus ojos y encontró en ellos al hombre ella conocía y amaba.
    "Es sólo cuando tengo que dejar de un mensaje urgente a mi editor," explicó ella. "Envío un mensaje cifrado, entonces él sabe cuando recoger mi nota aquí. "
    "Y hablando de eso," dijo Colin aproximándose, arrebatándole el papel doblado de sus manos, "¿que demonios es esto?"
    Penelope lo contempló confusa. "Yo pensaba que era obvio. Yo-"
    "Sí, por supuesto, tu eres la maldita Lady Whistledown, y probablemente te has estado riendo de mi por semanas mientras yo insistia que era Eloise." Su cara estaba torcida mientras hablaba, casi rompiendo su corazón.
    ¡"No!" ella lanzó un grito. "No, Colin, nunca. ¡Yo nunca me reiría de ti!"
    Pero su cara le dijo claramente que él no la creyó. Había humillación en sus ojos de esmeralda, algo que ella nunca había visto allí, algo que ella nunca había esperado ver. Él era un Bridgerton. Él era popular, confidente, sereno. Nada podría avergonzarlo. Nadie podría humillarlo.
    Excepto, por lo visto, ella.
    "Yo no podía contarte," susurró, desesperadamente tratando de hacer desparecer aquella horrible mirada en sus ojos. "Seguramente tu sabes que no podía decírtelo."
    Él se mantuvo en un agónico silencio por un largo rato, y luego, como si ella nunca hubiera hablado, nunca hubiera intentado explicarse, él levantó la hoja incriminatoria de papel en el aire y lo sacudió, completamente desatendiendo su protesta clamorosa apasionada. "Esto es estupidez," dijo él. ¿"Has perdido la cabeza?"
    "No sé lo que quieres decir."
    "Tenias una buena coartada, esperando por ti. Cressida Twombley quiso asumir la culpa por ti."
    Y luego de repente sus manos estaban en sus hombros, y él la sostenía tan fuertemente que ella apenas podía respirar.
    ¿"Por qué no la dejaste solamente morir, Penelope?" Su voz era apresurada, sus ojos ardientes. Esta era la mayor expresión de sentimientos que hubiera visto alguna vez en él, y rompió su corazón que fue dirigido hacia ella con cólera. Y con vergüenza.
    "No lo podía permitir," susurró ella. "Yo no podía dejarla ser yo."

El CAPÍTULO 13

    ¿"Por qué diablos no?"
    Penelope solo lo miro fijamente durante varios segundos. "Porque… porque…" balbuceo, preguntándose como demonios se suponía que debía explicarle esto. Su corazón se rompía, su más aterrador – y regocijante- secreto había sido roto, y ¿él pensaba que ella tenía la presencia de la razón para explicarse?
    "Realmente creo que ella es posiblemente la perra más grande…”
    Penelope jadeó.
    "… que Inglaterra ha producido en esta generación al menos, pero por Dios, Penelope" – él acomodo su pelo con su mano, luego fijó una dura mirada en su cara – "ella iba a tomar toda la culpa-"
    "El crédito," interrumpió Penelope con irritación.
    "La culpa," siguió él. ¿"Tienes alguna idea de lo qué te pasaría si la gente averigua quién eres realmente?"
    Las comisuras de sus labios se apretaron con impaciencia… e irritación siendo tan obviamente condescendiente con ella. "Has tenido más de una década para rumiar la posibilidad."
    Sus ojos se estrecharon. ¿"Estas siendo sarcástica?"
    "Para nada," ella contesto. ¿"Realmente piensas que no he pasado una buena parte de los últimos diez años de mi vida contemplando qué pasaría si fuera descubierta? Yo sería una ciega idiota si no lo hubiera pensado."
    Él la tomo por los hombros, sosteniendola firme justo cuando el carruaje pasaba sobre adoquines desiguales. "Tu estarás arruinada, Penelope. ¡Arruinada! ¿Entiendes lo qué digo?"
    "Si yo no lo entendía," contestó ella, "te aseguro que ahora si, después de tus larguisimas disertaciones sobre el tema cuando acusabas a Eloise de ser Lady Whistledown."
    Él frunció el ceño, obviamente enojado por arrojarle sus errores a la cara. "La gente dejará de hablarte," siguió él. "Ellos te condenaran-"
    "La gente nunca se dirigió a mí," se rompió ella. "la mitad del tiempo no sabían ni siquiera que existía. ¿Cómo piensas que yo fui capaz de mantener la mentira por tanto tiempo en primer lugar? Yo era invisible, Colin. Nadie me vio, nadie se dirigió a mí. Sólo estuve de pie y escuché, y nadie lo notó"
    "Eso no es verdad." Pero sus ojos se deslizaron de los suyo cuando él lo dijo.
    "Ah, es verdad, y tu lo sabes. Tu solamente lo niegas," dijo, pinchándolo en el brazo, "porque te sientes culpable."
    ¡"Claro que no!"
    "Ah, por favor," se mofó ella. "Todo lo que haces, es quitarte la culpa."
    "Pen-"
    "Eso me implica, al menos," corrigió ella. Su aliento se precipitaba por su garganta, y su piel se quemaba por la excitación, y por una vez, su alma ardió. ¿"Piensas que no sé cómo tu familia se compadecía de mí? ¿Piensas que no me he dado cuenta que cada vez que tu o tus hermanos estaban en el mismo baile que yo, me invitaban a bailar?"
    "Somos corteses," protesto él, "y nos gustas."
    "Y tu te compadeces de mí. Te gusta Felicity pero no te veo bailar con ella cada vez que cruzan caminos."
    Él la soltó repentinamente y cruzo sus brazos. "Bueno, no me gusta tanto ella como me gustas tu."
    Ella parpadeó, golpeada, por la claridad de su discurso. Confió en él como para aceptar un cumplido en medio de una discusión. Nada podría haberla desarmado más.
    "Y," prosiguió levantando su barbilla, "No te has acercado al tema original."
    ¿"Cuál era?"
    ¡"Aquella Lady Whistledown te arruinará!"
    "Por Dios," refunfuñó, " hablas como si ella fuera una persona independiente."
    "Bien, perdóname si todavía tengo la dificultad de reconciliar a la mujer delante de mí con la bruja que escribe la columna."
    ¡"Colin!"
    ¿"Insultada?" se burló el.
    ¡"Sí! He trabajado con mucha esfuerzo en aquella columna." Ella apretó sus puños alrededor de la tela delgada de su vestido de mañana verde menta, inconsciente de las espirales arrugadas que creaba. Ella tenía que hacer algo con sus manos o explotaría posiblemente por la energía nerviosa y con la ira corriendo por sus venas. Su única otra opción parecía ser cruzar sus brazos y rechazar ceder ante un espectáculo tan obvio de petulancia. Además, él también estaba cruzado de brazos, y era necesario que uno de ellos actuara como alguien mayor de seis años.
    "Yo no soñaría con denigrar lo que has hecho," dijo él con aire de superioridad.
    "Por supuesto," interrumpió ella.
    "No, no no."
    ¿"Entonces qué piensas tu que haces?"
    ¡"Ser un adulto!" contestó, cada vez más fuerte e impaciente. "Uno de nosotros tiene que serlo."
    ¡"No te atrevas a hablarme del comportamiento adulto!" ella explotó. "Tu, que corres en dirección contraria a la responsabilidad."
    ¿"Y qué demonios significa eso?" él replico.
    "Pensé que era bastante obvio."
    Él retrocedió. "No puedo creer que me hablas así."
    ¿"No puedes creer que lo hago," se burló ella, "o que poseo el nervio para hacerlo?"
    Él sólo la contempló, obviamente sorprendido por su pregunta.
    "Hay más en mí de lo que tu piensas, Colin," dijo ella. Y luego, con un tono calmado en la voz, ella añadió, "hay más de mí de lo que yo solía pensar. "
    Él no dijo nada durante varios momentos, y luego, como si no pudiera mantenerse lejos del tema, él preguntó, prácticamente entre sus dientes, "¿Qué quisiste decir cuándo afirmaste que huyo de la responsabilidad?"
    Ella apretó sus labios, luego los relajo cuando soltó lo que esperaba fuera exhalación calmada. ¿"Por qué crees tu que viajas tanto?"
    "Por que me gusta," contestó, en tono encendido.
    "Y porque te aburres de tus asuntos aquí en Inglaterra."
    ¿"Y porque eso me hace un niño…?"
    "Porque no quieres crecer y hacer algo adulto que te mantenga en un solo lugar."
    ¿"Como qué?"
    Sus manos subieron en un gesto que quería decir “es algo obvio”. "Como casarse."
    ¿"Es una oferta?" él se burló, una esquina de su boca que se elevo en una sonrisa bastante insolente.
    Ella podía sentir sus mejillas ruborizarse y acalorarse, pero se obligó a seguir. "Tu sabes que no, y no trates de cambiar el tema siendo deliberadamente cruel." esperó a oírle decir algo, quizás una disculpa. Su silencio era un insulto, y entonces ella soltó un resoplido y dijo, "Por el bien del cielo, Colin, tienes treinta-y-tres años."
    "Y tu tienes veinte-y-ocho," él indicó, y no en un tono en particularmente amable de voz.
    Esto parecía perforarle el vientre, pero estaba demasiado irritada para retractarse, era un sello familiar. "A diferencia de ti," dijo ella con poca precisión, "no tengo el lujo de pedírselo a alguien. Y a diferencia de ti," añadió, su intención ahora únicamente inducirle la culpa de la que ella lo había acusado justos minutos antes, "no tengo un fondo masivo de pretendientes anticipados, entonces nunca he tenido el lujo de decir no. "
    Sus labios se apretaron. ¿"Y piensas que tu revelación como Lady Whistledown va a aumentar el número de pretendientes?"
    ¿"Tratas de ser insultante?" inquirio.
    ¡"Trato de ser realista! Algo de lo cual pareces haber perdido de vista indiscutiblemente."
    "Nunca dije que yo planeaba descubrirme como Lady Whistledown."
    Él le arrebató el sobre con la columna final que había recuperado del respaldo del banco de la iglesia. ¿"Entonces qué es esto?"
    Ella le arrebato el sobre. "Perdón," dijo, cada sílaba estaba llena de sarcasmo.
    "Debo haber perdido la oración que proclama mi identidad."
    ¿"Piensas realmente que este canto de cisne tuyo hará algo para mojar el frenesí de interés sobre la identidad de Lady Whistledown? Ho, perdoname" – él colocó una mano insolente sobre su corazón – "quizás yo debería haber dicho tu identidad. Después de todo, no quiero negarte el crédito. "
    "Ahora estas siendo horrible," dijo ella, una voz en su cerebro se preguntaba por qué ya no lloraba. Este era Colin, y ella lo había amado por siempre, y él actuaba como si la odiara. ¿Había allí algo más digno de lágrimas en el mundo?
    O tal vez que no lo era en lo absoluto. Tal vez toda esta tristeza que aumentaba dentro de ella era para matar un sueño. Su sueño sobre él. Ella había creado la imagen perfecta de él en su mente, y con cada palabra que él escupía en su cara, se hacía cada vez más obvio que su sueño estaba completamente equivocado.
    "Estoy llegando a un punto," dijo él, quitándole el papel de sus manos. "Mira esto. Esto podría ser también una invitación para una investigación adicional. Te burlas de la sociedad, desafiándolos a que te descubran. "
    ¡"Eso no es lo que estoy haciendo!"
    "Puede no ser tu intención, pero es seguramente el resultado final."
    Él probablemente tenía algo razón, pero estaba reacia a darle el crédito de ello. "Esto es riesgo que tendré que tomar," contestó ella, cruzando sus brazos y mirando intencionadamente lejos de él. "He vivido once años sin que me descubrieran. No veo por qué necesito preocuparme excesivamente ahora. "
    Su aliento lo abandonó en una punzada de exasperación. ¿"Tienes algún concepto del dinero? ¿Alguna idea cuánta a gente le gustaría ganar las mil de libras de Lady Danbury?"
    "Conozco más del dinero que tu," contestó, erizándose con el insulto. "Y además, la recompensa de Lady Danbury no hace mi secreto más vulnerable."
    "Hace que todos los demás estén mas determinados, y esto te hace más vulnerable. Sin mencionar," añadió él con una torcedura sardónica en sus labios, "como indico mi hermana más joven, allí esta la gloria."
    ¿"Hyacinth?" preguntó.
    Él asintió con la cabeza en tono grave, dejando el papel en el asiento a su lado. "Y si Hyacinth piensa que la gloria esta por descubrir tu identidad es envidiable, entonces puedes estar segura que ella no es la única. Eso puede ser perfectamente el motivo por el que Cressida te persigue con su estupida astucia."
    "Cressida lo hace por el dinero," se quejó Penelope. "Estoy segura de ello."
    "Bien. No importa por qué lo hace. Todo lo que lo que importa es que ella lo hace, y entonces tu lo arruinas con tu idiotez" – él cerró de golpe su mano sobre el papel, haciendo estremecer a Penelope arrugándolo en el aire – "alguien más tomará su lugar."
    "Eso no es algo que no sepa," dijo ella, sobre todo porque no podía dejarlo decir la última palabra.
    "Entonces por el amor de Dios, mujer," estalló él, "deja que Cressida lleve a cabo su plan. Ella es la respuesta a tus plegarias."
    Sus ojos se quebraron con esto. "Tu no conoces mis plegarias."
    Algo en su tono golpeo a Colin directamente en el pecho. Ella no había cambiado de opinión, ni siquiera lo había pensado, pero él no podía encontrar al parecer las palabras correctas para llenar el momento. Él la miró, entonces él miró fuera por la ventana, su mente distraídamente se concentraba en la cúpula de la Catedral de San Pablo.
    "Realmente estamos tomando el camino largo a casa," murmuró él.
    Ella no dijo nada. Él no la culpó. Esto había sido una conclusión ilógica estúpida, palabras para llenar el silencio y nada más.
    "Si dejas a Cressida-" él comenzó.
    "Detente," imploró. "Por favor, no diga más. No puedo dejar que lo haga."
    ¿"Realmente has pensado en lo que podrías ganar?"
    Ella lo miró bruscamente. ¿"Crees que he sido capaz de pensar en algo más estos últimos días?"
    Él intentó otra táctica. ¿"Importa realmente que la gente sepa que tu eras Lady Whistledown? Tu sabes que eres inteligente y nos has engañado todos nosotros. ¿Puede no ser bastante? "
    ¡"Tu no me escuchas!" Su boca permaneció abierta, en un raro ovalo incrédulo, como si no pudiera creer completamente que él no entendiera lo que ella decía. "No necesito que la gente sepa que soy yo. Sólo necesito que ellos sepan que no era ella."
    "Pero claramente no te opones si la gente cree que alguien más es Lady Whistledown," insistió él. "Después de todo, has estado acusando a Lady Danbury durante semanas."
    "Tenia que acusar a alguien," explicó ella. "Lady Danbury me preguntó categóricamente sobre quien pensaba que era, y yo no podía que era yo. Además, no sería tan malo si la gente pensara que era Lady Danbury. Al menos me gusta lady Danbury."
    "Penelope-"
    ¿"Cómo te sentirías si tus diarios fueron publicados por Nigel Berbrooke como su autor?" demando ella.
    "Nigel Berbrooke puede ensartar apenas dos oraciones juntas," dijo él con un resoplido burlón. "Apenas pienso que alguien crea que él podría haber escrito mis diarios. "Como una ocurrencia posterior, él le dio una pequeña cabezada como disculpa, ya que Berbrooke, después de todo, estaba casado con su hermana.
    "Intenta imaginarlo," contesto ella. "O sustituirlo por cualquiera que consideres similar a Cressida."
    "Penelope," él suspiró, "no soy tu. No nos puedes comparar. Además, si yo debiera publicar mis diarios, ellos difícilmente me arruinarían a los ojos de la sociedad."
    Ella se desinfló en su asiento, suspirando en voz alta, y él sabía que su punto había estado bien dado. "Bueno", él anunció, "entonces esta decidido. Rasgaremos esto-" Él alcanzó la hoja de papel.
    ¡"No!" ella lanzó un grito, prácticamente saltando de su asiento. ¡"No lo hagas!"
    "Pero tu dijiste-"
    ¡"No dije nada!" chillo. "Todo lo que hice fue suspirar."
    "Ho, por Dios, Penelope," dijo irritado. "Tu claramente estabas de acuerdo con-"
    Ella bostezó con audacia. ¿"Cuándo te di el permiso para interpretar mis suspiros?"
    Él miró el papel incriminatorio, todavía sosteniéndolo en sus manos, y se preguntó lo que se suponía que haría con el en este momento.
    "Y de todos modos," siguió ella, sus ojos destellaban con cólera y fuego que la hacia casi hermosa, "no es como si no memorizara cada última palabra. Tu puedes destruir aquel papel, pero no puedes destruirme. "
    "Me gustaría a," refunfuñó él.
    ¿"Qué dijiste?"
    "Whistledown," respondio. "Me gustaría destruir a Whistledown. Yo, estaría feliz de dejarlo así."
    "Pero yo soy Whistledown."
    "Dios nos ayude a todos nosotros."
    Y luego algo dentro de ella simplemente se quebró. Toda su rabia, toda su frustración, cada último sentimiento negativo que había quedado embotellada dentro durante los años se rompió, todos dirigido a Colin, que, de toda la sociedad, era probablemente el que menos lo merecía.
    ¿"Por qué estas tan enojado conmigo?" ella estalló. ¿"Qué he hecho que es tan repelente? ¿Ser mas astuta que tu? ¿Guardar un secreto? ¿Reírme un poco de la sociedad?"
    "Penelope, tu-"
    "No," ella dijo enérgicamente. "Cállate. Este es mi turno para hablar."
    Su mandíbula se aflojo mientras el la contemplaba, choqueado e incrédulo por lo que sus ojos veían.
    "Estoy orgullosa de lo que he hecho," ella logró decir, su voz temblaba con la emoción. "No me importa lo que digas. No me importa lo que digan los demás. Nadie puede quitármelo."
    "No estoy tratando-"
    "No necesito que la gente sepa la verdad," dijo ella, interrumpiendo su protesta inoportuna. "Pero estaré condenada si permito Cressida Twombley, la misma persona que… que…" Su cuerpo entero temblaba ahora, recordando los recuerdos olvidados, todos ellos malos.
    Cressida, renombrada por su gracia y porte, tropezando y derramando ponche en el vestido de Penelope el primer año – el único que su madre había permitido que ella comprara que no era amarillo o naranja.
    Cressida, dulcemente pidió a los solteros jóvenes invitar a Penelope a bailar, su petición la hizo con tanto ruido y fervor que Penelope sólo podría ser mortificada por ello.
    Cressida, diciendo frente a una multitud cuan preocupada estaba sobre el aspecto de Penelope. "No es saludable pesar más de ciento cuarenta libras a nuestra edad," había dicho ella.
    Penelope nunca supo si Cressida habia sido capaz de esconder su sonrisa satisfecha después de su ataque. Ella había huido al cuarto, cegado por las lágrimas, incapaz no de ignorar la forma en que sus caderas zangoloteaban cuando escapó.
    Cressida siempre sabía exactamente donde enterrar su espada, y ella sabía enroscar su bayoneta. Esto no importaba ya que Eloise era la campeona de Penelope o aquella Señora Bridgerton que siempre trataba de sostener su confianza. Penelope se había dormido angustiada más veces de las que ella podría recordar, siempre debido a algún ataque bien dirigido de Cressida Cowper Twombley.
    Ella le había dado tanto a Cressida en el pasado, todos porque no tenía el coraje para defenderse. Pero ella no podía dejar a Cressida salirse con esta. No su vida secreta, no el pequeño rincón de su alma que era fuerte y orgulloso y totalmente sin miedo.
    Penelope no sabía como defenderse, pero por dios, Lady Whistledown si sabia.
    ¿"Penelope?" preguntó Colin con cautela.
    Ella lo miró sin expresión, tomando varios segundos para recordar que esto era 1824, no 1814, y estaba aquí en un carruaje con Colin Bridgerton, que no se encogía en un rincón de un salón de baile, tratando de evitar a Cressida Cowper.
    ¿"Te encuentras bien?" preguntó.
    Ella asintió con la cabeza. O al menos lo intentó.
    Él abrió su boca para decir algo, luego hizo una pausa, sus labios permanecieron separados durante varios segundos. Finalmente, él sólo colocó su mano sobre la suya, diciendo, "¿lo hablamos después?"
    Esta vez ella hizo un pequeño gesto con la cabeza. Y realmente, sólo quería que la horrible tarde acabara, pero había algo que ella no podía dejar ir aún.
    “Cressida no quedo arruinada," dijo ella silenciosamente.
    Él se volvió hacia ella, un leve velo de confusión descendió sobre sus ojos. ¿"Perdón?"
    Su voz se elevó ligeramente. "Cressida dijo que ella era Lady Whistledown, y no quedo arruinada."
    'Esto es porque nadie la creyó," contestó Colin. "Y además," añadió él sin pensarlo, "ella es… diferente."
    Ella se volteo despacio. Muy despacio, con ojos firmes. ¿"Diferente cómo?"
    Algo parecido al pánico comenzó a palpitar en el pecho de Colin. Él sabía que había dicho las palabras correctas justo cuando se derramaron de sus labios. ¿Cómo una frase tan pequeña podía estar tan mal, una pequeña palabra podía equivocarse tanto?
    Ella es diferente.
    Ambos sabían lo que él había querido decir. Cressida era popular, Cressida era hermosa, Cressida podría tomar todo esto con aplomo.
    Penelope, por otra parte…
    Ella era Penelope. Penelope Featherington. Y no tenía el aplomo ni los contactos para guardarla de la ruina. Los Bridgertons podrían estar de pie detrás de ella y ofrecer el apoyo, pero hasta ellos no serían capaces impedir su perdición. Algún otro escándalo podría haber sido manejable, pero Lady Whis-tledown había insultado, en algún momento, a casi todas las personas relevantes de las Islas británicas. Una vez que la gente superara su sorpresa, era cuando comenzarían los comentarios poco amables.
    No elogiarían a Penelope de ser inteligente o ingeniosa o audaz.
    La llamarían mediocre, y pequeña, y celosa.
    Colin conocía bien a la sociedad. Él sabía como actuarían sus pares. La aristocracia era capaz de la grandeza individual, pero colectivamente tendían a hundirse al denominador común más bajo.
    Que era muy bajo, en efecto.
    "Ya veo," dijo Penelope en el silencio.
    "No," él dijo rápidamente, "no lo haces. "Yo" "
    "No, Colin," dijo, pareciendo casi dolorosamente sabia, "lo hago. Supongo que yo siempre espere que tu fueras diferente."
    Sus ojos se aferraron a los suyos, y de alguna manera sus manos estaban sobre sus hombros, tomándola con tal intensidad que ella no podía alejarse de su mirada. Él no dijo nada, dejando a sus ojos hacer sus preguntas.
    "Pensé que tu creías en mí," dijo ella, "que verías más allá del patito feo."
    Su cara era tan familiar para él; él la había visto mil veces antes, y aún en estas últimas semanas, él no podía haber dicho que realmente la conocía. ¿Habría recordado él que ella tenía una pequeña marca de nacimiento cerca del lóbulo de su oreja izquierda? ¿Había notado alguna vez él el brillo calido de su piel? ¿O que sus ojos marrones tenían manchas de oro, directamente cerca de la pupila?
    ¿Cuantas veces había bailado él con ella y nunca había notado que su boca era llena y amplia y hecha para besarse?
    Ella lamía sus labios cuando estaba nerviosa. Él la había visto hacerlo sólo el otro día. Seguramente ella había hecho esto mismo durante la docena de años que se conocían, y aún así era ahora que la mera vista de su lengua hacia que su cuerpo se oprimiera por la necesidad.
    "Tu no eres fea," él le dijo, con voz baja y urgente.
    Sus ojos se ensancharon.
    Y él susurró, "Eres hermosa."
    "No," dijo ella, la palabra apenas era más que un aliento. "No digas cosas que no quieres decir."
    Sus dedos profundizaron en sus hombros. "Eres hermosa," repitió él. "No se como… No se cuando…" Él tocó sus labios, sintiendo su aliento caliente en las yemas de sus dedos. "Pero lo eres," susurró él.
    Él se acerco y la besó, despacio, reverentemente, ya no completamente sorprendido de lo que estaba sucediendo, deseándola del modo incorrecto. El impacto se había ido, sustituido por una necesidad simple, primitiva de reclamarla, marcarla, marcarla como suya.
    ¿Suya?
    Él se retiró y la miró durante un momento, sus ojos recorrían su cara.
    ¿Por qué no?
    ¿"Qué sucede?" ella susurró.
    "Tu eres hermosa," dijo él, sacudiendo su cabeza confuso. "No sé por qué nadie más lo ve."
    Algo calido y encantador comenzó a extenderse en el pecho de Penelope. Ella no podía explicarlo realmente; era como si alguien hubiera calentado su sangre. Comenzando por su corazón y luego lentamente bajo por sus brazos, por su vientre, hasta las puntas de los dedos de sus pies.
    Se sentía mareada. Se sentía feliz.
    Se sentía completa.
    Ella no era hermosa. Ella sabía que no era hermosa, ella sabía que nunca sería algo más que pasablemente atractiva, y lo era solamente durante sus días buenos. Pero él pensaba que ella era hermosa, y cuando él la miraba…
    Ella se sentía hermosa. Y nunca se había sentido de aquella forma antes.
    Él la besó nuevamente, sus labios más hambrientos esta vez, mordisquearon, acariciando, despertando su cuerpo, despertando su alma. Su vientre había comenzado zumbar, y su piel estaba ardiente y necesitada de sus manos que la tocaban por la delgada tela verde de su vestido.
    Y en ningún momento ella pensó, que esto estuviera mal. Este beso era todo lo que ella sentía que la acercaba al miedo y a la precaución, pero ella sabía-cuerpo, mente, y alma – que nada en su vida había estado tan correcto alguna vez. Ella había nacido para este hombre, y había pasado tantos años tratando de aceptar el hecho de que él había nacido para alguien más.
    Probar lo prohibido era el placer más exquisito imaginable.
    Ella lo deseaba, lo deseaba en este momento, deseaba la sensación de como el la hacia sentir.
    Ella quería ser hermosa, aun si fuera solamente en los ojos de un solo hombre.
    Ellos eran, ella pensó como si estuviera soñando cuando él la posó en el cojín afelpado del banco del carruaje, los únicos ojos que importaban.
    Ella lo amaba. Ella siempre lo había amado. Incluso ahora, cuando él estaba tan enojado con ella que apenas lo reconoció, cuando él estaba tan enojado con ella que incluso dudo si él le gustaba, si lo amaba.
    Y quiso ser suya.
    La primera vez que él la había besado, ella había aceptado sus avances con un placer pasivo, pero esta vez estaba determinada a ser una compañera activa. Todavía no podía creer que estuviera aquí, con él, y ciertamente no estaba lista para soñar que él podría besarla de forma constante.
    Esto nunca podría pasar otra vez. Nunca podría sentir otra vez el peso exquisito de él apretándose contra ella, o los escandalosas cosquilleos de su lengua contra la suya.
    Ella tenía una posibilidad. Una posibilidad para lograr un recuerdo que durara de por vida. Una posibilidad para alcanzar la felicidad.
    Mañana sería horrible, sabiendo que él encontraría alguna otra mujer con quien reírse y bromear y hasta casarse, pero hoy…
    Hoy era suyo.
    Y por dios, iba a hacer de este un beso memorable.
    Ella se acerco y tocó su pelo. Permanecía dudosa al principio porque estaba determinada a ser un compañera activa, complaciente no significaba que tuviera una pista de lo que ella debía hacer. Sus labios aliviaban despacio toda la razón y la inteligencia de su mente, pero de todos modos, no ayudaba el hecho que su pelo se sintiera exactamente como el de Eloise, que ella había cepillado incontables veces durante sus años de amistad. Y que el cielo la ayude…
    Ella se rió tontamente.
    Consiguiendo su atención, y él levantó su cabeza, sus labios tocados por una sonrisa divertida. ¿"Perdón?" él preguntó.
    Ella sacudió su cabeza, tratando de rechazar su sonrisa, sabiendo que perdía la batalla.
    "Ho, no, debes decirme," insistió él. "Yo no podría seguir probablemente sin saber la razón de tu risa burlona."
    Ella sintió ambas mejillas arder igualmente, que la golpeó como algo ridículamente inoportuno. Aquí estaba, comportándose completamente mal en la parte trasera de un carruaje, ¿y era sólo ahora que ella tenía la decencia para sonrojarse?
    'Cuentame," murmuró él, mordisqueando su oído.
    Ella sacudió su cabeza.
    Sus labios encontraron el punto exacto donde su pulso golpeaba en su garganta. 'Cuentame."
    Todo lo que hizo – todo lo que ella podía hacer – era gemir, arqueando su cuello para darle mayor acceso.
    Su vestido, que ella no se había dado cuenta que estaba parcialmente desabotonado, se deslizó hasta que su clavícula quedo totalmente expuesta, y miro con una fascinación vertiginosa cuando sus labios remontaron la línea en ella, hasta que su rostro entero fuera acariciado por unos labios peligrosamente cerca de su pecho.
    ¿"Me contaras?" él susurró, acariciando su piel con sus dientes.
    ¿'Contarte qué?" ella jadeó.
    Sus malévolos labios, fueron deslizándose más abajo, seguían bajando. ¿"Por qué reías?"
    Durante varios segundos Penelope ni siquiera podía recordar de lo que el estaba hablando.
    Su mano se poso en su pecho a través del vestido. "Te atormentaré hasta que me cuentes," amenazó él.
    Penelope respondió arqueando su espalda, colocando su pecho aún más firmemente en su asimiento.
    Le gustaba su tormento.
    "Ya veo," murmuró él, simultáneamente deslizando su blusa hacia abajo y moviendo su mano de modo que su palma acariciara su pezón. "Entonces quizás voy a" – su mano se detuvo, luego levantándola – "parar".
    "No," ella gimió.
    "Entonces dime."
    Ella contempló su pecho, hipnotizada por la vista de ello, desnudo y abierto a su fija mirada.
    'Cuentame," susurró él, soplando suavemente de modo que su aliento cepillara a través de ella.
    Algo se oprimió dentro de Penelope, profundamente dentro de ella, en sitios de los que nunca hablo antes.
    "Colin, por favor," pidió ella.
    Él sonrió, lento y perezoso, satisfecho y todavía de alguna manera hambriento. ¿"Por favor qué?" él preguntó.
    "Tócame," susurró ella.
    Su índice se deslizó a lo largo de su hombro. ¿"Aquí?"
    Ella asintió frenéticamente.
    Él se arrastró hacia abajo por la columna de su cuello. ¿"Me estoy acercando?" él murmuró.
    Ella asintió con la cabeza, sus ojos nunca abandonaron su pecho.
    Él encontró su pezón otra vez, sus dedos remontaron lentamente, realizando espirales atormentadores alrededor de ellos, luego sobre ellos, y todo el rato ella miró, su cuerpo se puso tenso y más tenso.
    Y todo lo que ella podía oír era su aliento, caliente y pesado de sus labios.
    Entonces-
    ¡"Colin!" Su nombre voló de su boca en un grito ahogado estrangulado. Seguramente él no podría-
    Sus labios se cerraron alrededor de ella, y antes de que hubiera sentido nada más que el calor de él, ella se retiro del asiento sorprendida, sus caderas se apretaron desvergonzadamente contra él, luego retrocedieron cuando él respondió contra ella, sosteniéndola inmóvil mientras el le daba placer.
    "Ho, Colin, Colin," jadeó, sus manos volaron alrededor de su espalda, apretando desesperadamente sus músculos, no queriendo nada además que sostenerlo y tenerlo y nunca dejarle ir.
    Él tiro de su camisa, liberandola del cinturón de sus pantalones, y ella siguió su señal resbalando sus manos bajo la tela y dirigiéndolas a lo largo de la piel caliente de su espalda. Ella nunca había tocado a un hombre de esta forma; ella nunca había tocado a nadie de esta manera, excepto tal vez a si misma, e incluso así, ella no podía tocarse tan fácilmente su espalda.
    Él gimió cuando ella lo tocó, luego tensándose cuando sus dedos pasaron rozando a lo largo de su piel. Su corazón saltó. Le gustaba esto; le gustaba el modo en que ella lo tocaba. Ella no tenía la menor idea de que hacer, pero a él le gustó igualmente.
    "Eres perfecta," susurró él contra su piel, sus labios se abrieron camino atrás hasta la parte oculta de su barbilla. Su boca reclamó la suya nuevamente, esta vez con intensificado fervor, y sus manos deslizaron hacia abajo hacia su derriere, metiéndose y amasando y pulsándola contra su excitación.
    "Ho mi Dios, te deseo," jadeó él, aplastando sus caderas hacia abajo. "Quiero dejarte desnuda y pentretarte y nunca dejarte ir."
    Penelope gimió con deseo, incapaz de creer cuanto placer ella podía sentir con solo palabras. Él la hizo sentir malavada, traviesa, "y tan deseable".
    Y ella nunca quiso que esto terminara.
    "Ho, Penelope," gemía él, sus labios y manos eran cada vez más frenéticos. "Ho, Penelope. Ho, Penelope, ah-" Él levantó su cabeza. Muy repentinamente.
    "Ho, Dios."
    ¿"Qué sucede?" ella preguntó, tratando de levantar su cabeza del cojín.
    "Nos hemos detenido."
    Le tomó un momento reconocer el significado de esto. Si ellos se habían detenido, eso significaba que ellos habían alcanzado probablemente su destino, que era…
    Su casa.
    ¡"Ho, Dios!" Ella comenzó a tirar la blusa de su vestido con movimientos frenéticos. "¿No le podemos pedir al conductor que siga?"
    Ella había demostrado ya ser una completa desenfrenada. Ya parecía poco dañino en este agregar "desvergonzada" a su lista de comportamientos.
    Él la ayudo acomodar la blusa de ella, y la acomodo en su lugar lugar. ¿"Cuál es la posibilidad de que tu madre no haya notado mi carro delante de su casa aún?"
    "Ninguna, realmente," dijo ella, "pero Briarly lo habrá reconocido."
    "¿Tu mayordomo reconocería mi carruaje?" Preguntó con incredulidad.
    Ella asintió con la cabeza. "Cuando viniste el otro día. Él siempre recuerda cosas así."
    Sus labios giraron y con un tono de voz gravemente decidido. "Muy bien, entonces," apuntó él. "Ponte presentable."
    "Puedo correr hasta mi cuarto," comento Penelope. "Nadie me verá."
    "Lo dudo," dijo él siniestramente, acomodando su camisa y alisando su pelo.
    "No, te lo aseguro-"
    "Y yo te aseguro," indicó él, marcando sus palabras. "Que tu serás vista." Él lamió sus dedos, luego los paso por su pelo. ¿"Parezco presentable?"
    "Sí," ella mintió. En verdad, él parecía ruborizado, con los labios hinchados, y su pelo que no se adhería remotamente a ningún estilo convencional.
    "Bien." Él bajo del carruaje y le ofreció su mano.
    ¿"Tu también entraras?" preguntó.
    Él la miró como estuviera repentinamente chiflada. "Por supuesto."
    Ella no se movió, demasiado perpleja por sus acciones para dar la orden de moverse a sus piernas. No existía seguramente ninguna razón por la cual él tuviera que acompañarla al interior. La situación realmente no lo ameritaba, y-
    "Por Dios, Penelope," dijo él, agarrando su mano y tirando de ella hacia abajo. ¿"Vas a casarte conmigo o no?"

El CAPÍTULO 14

    Ella golpeó el pavimento.
    Penelope era – en su opinión, más elegante que lo que la mayor parte de las personas acreditaban. Era una buena bailarina, podía tocar el piano con sus dedos perfectamente arqueados, y podía moverse por lo general en un cuarto atestado sin chocar con una cantidad poco común de gente o mobiliario.
    Pero cuando Colin hizo su oferta bastante normal, su pie entonces a mitad de camino de salir del carruaje encontraron solo aire, su cadera izquierda encontró el freno, y su cabeza encontró las puntas de las botas de Colin.
    "Por dios, Penelope," exclamó él, poniéndose en cuclillas. ¿"Estas bien?"
    "Estoy bien," ella logró decir, buscando un agujero en la tierra que debía acabar de abrirse, de modo que ella pudiera arrastrarse lentamente en el y morir.
    "¿Estas segura?"
    "No es nada, realmente," contestó ella, sosteniendo su mejilla, en lo que ella estaba segura haber dejado una perfecta marca en la bota de Colin. "Sólo un poco sorprendida, eso es todo."
    "¿Por qué?"
    ¿"Por qué?" ella resonó.
    "¿Sí, por qué?"
    Ella parpadeó. Una vez, dos veces, entonces otra vez. "Er, pues esto podría tener que ver con tu mención sobre el matrimonio."
    Él la levanto bruscamente poniendo la de pies, casi dislocando su hombro en el proceso. "Bien, ¿en que pensaste que yo diría?”
    Ella lo contempló con incredulidad. ¿Él estaba loco? "No, eso," finalmente contesto.
    "No soy un completo patán," refunfuñó él.
    Ella limpio el polvo y los guijarros de sus mangas. "Nunca dije que lo fueras, yo sólo-"
    "Puedo asegurarte," siguió él, ahora pareciendo mortalmente ofendido, "yo no me comporto como lo hice, con una mujer de tu clase sin dar una propuesta de matrimonio."
    La boca de Penelope se abrió hasta el suelo, dejándola quedar como un búho.
    ¿"No tienes una respuesta?" exigió.
    "Todavía trato de entender lo que decías," confesó ella.
    Él plantó sus manos en sus caderas y la contempló decididamente con falta de indulgencia.
    "Debes confesar," dijo ella, con su barbilla alzada considerando su propuesta de forma sospechosa, "sonó realmente como si tu, er -Como lo dirías – hubieras propuesto matrimonio antes. "
    Él le frunció el ceño. "Por supuesto que no. Ahora toma mi brazo antes de que comience a llover."
    Ella alzó la vista hacia el cielo azul claro.
    "Así como vas," dijo él con impaciencia, "estaremos aquí durante días."
    "Yo… bien…" Ella aclaro su garganta. "Seguramente puedes perdonarme mi carencia de calma ante tremenda sorpresa."
    ¿"Ahora quién habla en círculos?" él refunfuñó.
    "Perdóname."
    Su mano apretó a su brazo. "Vaya sólo ponte en camino."
    ¡"Colin!" ella casi chilló, tropezando con sus pies cuando ella subía las escaleras. "Estas seguro-"
    "Nada como el presente," contesto, casi con garbo. Él parecía completamente cómodo consigo mismo, lo que la dejó perpleja, porque habría apostado su fortuna entera – y como Lady Whistledown, ella había acumulado una verdadera fortuna – que él no había querido pedirle matrimonio hasta el momento en que su carruaje estacionara en el frente de su casa.
    Tal vez no incluso cuando sus palabras habían salido de sus labios.
    Él se dio vuelta. "¿Tengo que llamar?"
    "No, "yo" "
    Él llamó de todos modos, o mejor dicho golpeó, si uno intenta ser específico en eso.
    “Briarly," dijo Penélope con un intento de sonrisa cuando el mayordomo abrió la puerta para recibirlos.
    "Señorita Penelope," murmuró, elevando una ceja ante la sorpresa. Él saludó con la cabeza a Colin. "Sr. Bridgerton."
    "¿Esta la Sra. Featherington en casa?" Colin preguntó bruscamente.
    "Sí, pero-"
    "Excelente." Colin lo interrumpió, tirando a Penelope junto con él. ¿"Dónde está ella?"
    "En el salón, pero yo debería decirle-"
    Pero Colin estaba ya a mitad de camino por el pasillo, Penelope caminaba tras él. (No, por que ella pudiera estar en algún otro sitio, viendo como la mano de Colin asía fuertemente la parte superior de su brazo.)
    ¡"Sr. Bridgerton!" el mayordomo gritó, pareciendo ligeramente infundido pánico.
    Penelope se giro, justo cuando sus pies seguían siguiendo a Colin. Briarly nunca habia estado horrorizado. Sobre algo. Si pensaba que ella y Colin no deberían entrar al salón, él debía tener una muy buena razón.
    Tal vez hasta-
    Ho, no.
    Penelope se hundió en sus talones, que patinaban a lo largo del duro suelo de madera cuando Colin la arrastraba a lo largo por el brazo. "Colin", ella dijo, tragando aire en la primera sílaba. ¡"Colin!"
    ¡"Realmente pienso-Aaack!" Sus talones patinaron tropezando con el borde de la alfombra del corredor, enviándola hacía adelante.
    Él la asió con cuidado y la puso de pies. ¿"Qué sucede?"
    Ella echó un vistazo nerviosamente a la puerta del salón. Estaba ligeramente entreabierta, pero tal vez había bastante ruido dentro de modo que su madre no los hubiera oído aún acercarse.
    "Penelope…" Colin apuntó con impaciencia.
    "Er… Aun hay tiempo de escapar, ¿no lo crees? Ella miró frenéticamente, no es que fuera a encontrar una solución a sus problemas en alguna parte del pasillo.
    "Penelope," Colin dijo, ahora dando un toque a su pie, "¿qué demonios tramas?"
    Ella se volteo a mirar a Briarly, quién simplemente se encogió de hombros. "Este realmente no es el mejor momento de hablar con mi madre."
    Él arqueo una ceja, pareciéndose a la expresión del mayordomo que tenía sólo unos segundos antes. "No planeas rechazarme, ¿verdad?"
    "No, por supuesto no," dijo ella de prisa, aunque no hubiera aceptado realmente el hecho de que incluso él se lo hubiera ofrecido a ella.
    "Entonces este es un momento excelente," declaró él, su tono no invitaba a ninguna protesta adicional.
    "Pero es-"
    ¿"Qué?"
    El martes, ella pensó miserablemente. Y era sólo el mediodía pasado, que significó-
    "Vamos," dijo Colin, dando zancadas hacia adelante, y antes de que ella pudiera pararlo, él empujó la puerta abriéndola.
    El primer pensamiento de Colin mientras caminaba por el salón era que ese día, seguramente no procedió de la forma que él hubiera anticipado cuando se levanto de la cama esa mañana, resulto ser un esfuerzo excelente. Casarse con Penelope era una idea eminentemente sensible, y sorprendentemente también, si su encuentro reciente en el carro fuera alguna indicación.
    Su segundo pensamiento era que él acababa de entrar a su peor pesadilla.
    Al ver que la madre de Penelope no estaba sola en el salón. Las Featherington, mayores y casadas, estaban allí, junto con sus cónyuges e incluso un gato.
    Esta era la reunión más espantosa de gente que Colin hubiera presenciado alguna vez. La familia de Penelope era… bueno… excepto por Felicity (a quien él siempre mantuvo con un poco de sospecha; ¿cómo podría realmente uno confiar en alguien que era tan buena amiga de Hyacinth?), su familia era… bueno…
    Él no podía pensar en una buena palabra para ellos. Seguramente nada elogioso (aunque le gustaba pensar que él podía haber evitado un completo insulto), y realmente, encontro una palabra que se aplicaba eficazmente, demasiado habladoras, bastante entrometidas, insoportablemente tontas, y – y uno no podía olvidarse de esto, no con Robert Huxley una reciente adición al clan -extraordinariamente gritonas.
    Entonces Colin sólo sonrió. Su gran, grandiosa, amistosa, sonrisa ligeramente maliciosa. Esto casi siempre resultaba, y hoy no seria la excepción. Todas las Featheringtons le sonrieron en respuesta, y-gracias a Dios no dijeron nada.
    Al menos no en seguida.
    "Colin," dijo la Sra. Featherington con visible sorpresa. "Que amable de su parte traer a Penelope a casa para nuestra reunión familiar."
    ¿"Su reunión familiar?" repitío. Él contempló a Penelope, que estaba de pie a su lado, parecía bastante enferma.
    "Cada martes," dijo ella, sonriendo débilmente. ¿"No lo mencioné?"
    "No," contestó, aunque fuera obvio que su pregunta había sido a beneficio de su auditorio. "No, usted no lo mencionó."
    ¡"Bridgerton!" bramó Robert Huxley, que estaba casado con Prudence la hermana mayor de Penelope.
    “Huxley," Colin volvió, tomando retrocediendo discretamente. Mejor para proteger sus tímpanos por si el cuñado de Penelope decidiera dejar su puesto cerca de la ventana.
    Por suerte, Huxley se quedó en su puesto, pero el otro cuñado de Penelope, Nigel Berbrooke bien intencionado pero vacó de mente, cruzó el cuarto, saludando a Colin con una cordial palmada en la espalda. "No le esperaba," dijo Berbrooke jovialmente.
    "No," Colin murmuró, "yo no pensaría eso."
    "Sólo la familia, después de todo," dijo Berbrooke, "y usted no es de la familia. No mi familia, al menos."
    "Aun no, todavía," murmuró Colin, echando un vistazo hacia Penelope. Ella se sonrojo.
    Entonces él miró a la Sra. Featherington, quién lo miraba como si pudiera desmayarse del entusiasmo. Colin gimió por su sonrisa. Él no había pensado que ella pudiera oír su comentario sobre afiliarse posiblemente a la familia. Por la razón que fuera él había querido mantener la sorpresa antes de pedir la mano de Penelope. Si Portia Featherington supiera sus intenciones con adelanto, ella enredaría probablemente todo el asunto (en su mente, al menos) de modo que hubiera orquestado de alguna manera el partido ella misma.
    Y por la razón que sea, Colin lo encontró sumamente desagradable.
    "Espero no molestar," dijo él a la Sra. Featherington.
    "No, por supuesto que no," indicó ella rápidamente. "Estamos encantados de tenerle aquí, en una reunión familiar." Pero ella parecía bastante rara, no exactamente indecisa sobre su presencia allí, pero ciertamente insegura de cual debería ser su siguiente movimiento. Ella mordía su labio inferior, y luego lanzó un vistazo furtivo a Felicity.
    Colin se volteo hacia Felicity. Ella miraba a Penelope, con una pequeña sonrisa secreta fijada en su rostro. Penelope fulminaba con la mirada a su madre, su boca estaba torcida en una mueca irritada.
    La mirada fija de Colin fue de Featherington a Featherington a Featherington. Algo hervía a fuego lento claramente bajo la superficie y si él no tratara de entender (A) que como evitar ser atrapado en la conversación sobre sus relaciones con Penelope mientras (B) de alguna manera lograra declarar su oferta de matrimonio al mismo tiempo -bueno él estaba bastante curioso en cuanto a lo que causaba todo este secreto, vistazos secretos yendo de acá para allá entre las mujeres Featherington.
    La Sra. Featherington echaba un último vistazo a Felicity, haciendo un pequeño gesto que Colin podría haber jurado que sentenciaba, Siéntate a su lado, luego fijó su atención en Colin. "¿No se sentará usted?" Preguntó, sonriendo ampliamente y acariciando el asiento al lado de ella en el sofá.
    "Por supuesto," murmuró, porque realmente ya no había salida. Él todavía tenía que pedir la mano de Penelope en matrimonio, y aun si él no quisiera en particular hacerlo delante de cada uno de las Featherington (y sus dos necios cónyuges), él estaba pegado aquí, al menos hasta que se presentara la oportunidad de hacer una fuga elegante.
    Él se volteo y ofreció su brazo a la mujer que tenia la intención de hacer su novia. ¿"Penelope?"
    "Er, sí, por supuesto," tartamudeó ella, colocando su mano en la articulación de su codo.
    "Ho, sí," señaló la Sra. Featherington, como si se hubiera olvidado completamente de la presencia de su hija. "Es terriblemente lamentable, Penelope. No te vi. ¿No podrías ir y pedir que incrementen la porción de la comida por favor? Necesitaremos seguramente más comida con el Sr. Bridgerton aquí."
    "Por supuesto," dijo Penelope, las comisuras de sus labios temblaron.
    "¿No puede llamar para eso?" Colin preguntó en voz alta.
    ¿"Qué?" dijo distraídamente la Sra. Featherington. "Bien, supongo que se podría, pero esto tomaría más tiempo, y Penelope no se opone, ¿verdad?"
    Penelope dio una pequeña sacudida con la cabeza.
    "Yo me opongo," dijo Colin.
    La Sra. Featherington soltó un pequeño "Ah" de sorpresa, luego dijo, "Muy bien. Penelope, er, ¿por qué no te sienta ahí mismo?" Ella hizo señas a una silla que no estaba situada para ser una parte del círculo interno de conversación.
    Felicity, quién se había sentado directamente al lado de su madre, saltó. "Penelope, por favor toma mi asiento."
    "No," dijo la Sra. Featherington firmemente. "El clima te ha hecho daño, Felicity. Tienes que sentarse."
    Colin pensó que Felicity parecía el cuadro de la salud perfecta, pero ella se recostó en su asiento.
    "Penelope," dijo Prudence en voz alta, desde la ventana. "Tengo que hablar contigo."
    Penelope dio una mirada desamparada de Colin a Prudence a Felicity y luego a su madre.
    Colin tiro de ella acercándola más. "Tengo que hablar con ella también," explicó suavemente.
    "Correcto, pues supongo que hay espacio para ustedes dos," apunto la Sra. Featherington, escabulléndose en el sofá.
    Colin estaba dividido entre los buenos modales que habían sido inculcados en su cabeza desde su nacimiento y el impulso aplastante de estrangular a la mujer que sería un día su suegra. Él no tenía ni idea de por qué ella trataba a Penelope como un tipo de hijastra desfavorecida, pero realmente, tenía que parar.
    ¿"Qué le trae por aquí?" gritó Robert Huxley.
    Colin tocó sus oídos – él no podía soportarlo y luego dijo, "yo estaba-"
    "Ho, Santa Madre," revoloteó la Sra. Featherington, "no pensamos interrogar a nuestro invitado, ¿verdad?"
    Colin realmente no había pensado que la pregunta de Huxley constituyera un interrogatorio, pero no quería insultar a la Sra.Featherington diciendo eso, entonces él simplemente asintío con la cabeza y dijo algo completamente sin sentido como, "Sí, pues por supuesto."
    ¿"Por supuesto qué?" preguntó Philippa.
    Philippa estaba casada con Nigel Berbrooke, y Colin siempre había pensado que esto era un partido bastante bueno, en efecto.
    ¿"Que?" Preguntó.
    "Usted decía, 'Por supuesto,'" Philippa dijo. ¿"Por supuesto qué?"
    "No sé," dijo Colin.
    "Ah. Bien, entonces, por qué lo hizo-"
    "Philippa," dijo la Sra. Featherington en voz alta, "quizás deberías traer la comida, ya que Penelope al parecer lo ha olvidado."
    "Ho, lo siento," se disculpo Penelope rápidamente, comenzando a levantarse.
    "No te preocupes," dijo Colin con una sonrisa ligera, tomándola de la mano y tirando de ella hasta sentarla. "Tu madre dijo que Prudence podría ir."
    "Philippa," dijo Penelope.
    ¿"Que hay con Philippa?"
    "Ella dijo que Philippa podría ir, no Prudence."
    Él se preguntó que le había pasado a su cerebro, porque en algún sitio entre su carruaje y este sofá, este había desaparecido claramente. ¿"Importa eso?" él preguntó.
    "No, no realmente, pero-"
    "Felicity," interrumpió la Sra.Featherington, "¿por qué no le cuentas al Sr. Bridgerton sobre tus acuarelas?"
    Por su vida, Colin no podía imaginar un tema menos interesante (excepto, tal vez, por las acuarelas de Philippa), pero él sin embargo se dirigió hacia la Featherington más joven con una sonrisa amistosa y preguntado, "¿y cómo son tus acuarelas?"
    Pero Felicity, bendiga su corazón, le dio una sonrisa bastante amistosa y ella misma dijo, "imagino que ellas están bien, gracias."
    La Sra. Featherington miró como si ella acabara de tragar a una anguila viva, luego exclamó, "¡Felicity!"
    ¿"Sí?" dijo dulcemente Felicity.
    "No le has contado que habías ganado un premio." Ella se volteo hacia Colin. "Las acuarelas de Felicity son únicas." se volvió a Felicity. "Cuéntale al Sr. Bridgerton sobre tu premio."
    "Ah, no imagino que él este interesado en eso."
    "Por supuesto que lo esta," contesto la Sra. Featherington.
    Normalmente, Colin habría intervenido con, Por supuesto que lo estoy, ya que él era, después de todo, un compañero sumamente afable, pero haciendo eso habría validado las intenciones de la Sra. Featherington y, quizás más gravemente, arruinar la diversión de Felicity.
    Y Felicity parecía tener mucha diversión. "¿Philippa", dijo ella, "no tendrías que haber ido por la comida?"
    "Ho, claro," contestó Philippa. "me olvide. Siempre lo hago. Ven, Nigel. Puedes acompañarme."
    ¡"Claro-o!" expresó Nigel. Y luego él y Philippa dejaron el cuarto, riéndose tontamente de todo.
    Colin reafirmó su convicción que la unión Berbrooke-Featherington había sido un buen partido, en efecto.
    "Pienso que saldré al jardín," anunció Prudence repentinamente, cogiendo el brazo de su marido. "Penelope, por qué ¿no vienes conmigo?”
    Penelope abrió su boca unos segundos antes de que hallara algo que decir, dándole un aspecto de pescado un poco confuso (pero en la opinión de Colin un pescado bastante atractivo, si tal cosa fuera posible). Finalmente, su barbilla tomó un porte resuelto, y ella dijo, "no lo creo, Prudence."
    ¡"Penelope!" exclamó la Sra. Featherington.
    "Necesito para mostrarte algo," replico Prudence.
    "Realmente pienso que soy necesaria aquí," contestó Penelope. "Puedo unirme más tarde esta tarde, si te parece."
    "Te necesito ahora."
    Penelope contempló a su hermana con sorpresa, visiblemente no esperaba tanta resistencia. "Lo siento, Prudence," reiteró ella. "Creo que soy necesaria aquí."
    "Tonterías," dijo la Sra. Featherington airadamente. "Felicity y yo podemos hacer compañía al Sr. Bridgerton."
    Felicity brincó a sus pies. ¡"Ah, no!" ella exclamó, giro sus ojos inocentemente. "Olvidé algo."
    "¿Que," preguntó la Sra. Featherington entre dientes, "podrías posiblemente haber olvidado?"
    "Uhh… mis acuarelas." Ella se dirigió hacia Colin con una sonrisa dulce, maliciosa. "Tu quieres verlas, ¿verdad?"
    "Por supuesto," él murmuró, decidiendo que le gustaba muchísimo la hermana más joven de Penelope. "Veré lo única que ellas son."
    "Uno podría decir que ellas son comunes," dijo Felicity con una cabezada demasiado seria.
    "Penelope," dijo la Sra. Featherington, obviamente tratando de esconder su molestia, "¿serías tan amable de traer las acuarelas de Felicity?"
    "Penelope no sabe donde estan," dijo Felicity rápidamente.
    ¿"Por qué no va usted?"
    "Por Dios," explotó Colin finalmente, " Felicity podría dejarnos. Necesito un momento privado con usted, de todos modos."
    El silencio reinó. Esta era la primera vez que Colin Bridgerton había perdido alguna vez su carácter en público. Al lado de él, Colin oyó que Penelope soltaba un pequeño grito ahogado, pero cuando él le echó un vistazo, ella escondía una sonrisa diminuta detrás de su mano.
    Y esto lo hizo sentirse ridículamente bien.
    "¿Un momento privado?" repitió la Sra.Featherington, su mano revoloteo hacia su pecho. Ella echó un vistazo a Prudence y Robert, que todavía estaban apoyados en la ventana. Ellos inmediatamente dejaron el cuarto, aunque no sin un surtido justo de quejas por parte de Prudence.
    "Penélope," dijo la Sra. Featherington, "quizás deberías acompañar a Felicity."
    "Penélope se quedara," replico Colin.
    ¿"Penélope?" preguntó la Sra. Featherington dudosa.
    "Sí," dijo despacio, por si ella todavía no entendiera su significado, "Penélope".
    "Pero-"
    Colin le dio una mirada tan deslumbrante que ella realmente retrocedió y dobló sus manos en su regazo.
    ¡"me voy!" pió Felicity, saliendo como flotando del cuarto. Pero antes de que ella cerrara la puerta, Colin la vio dar un rápido guiño a Penélope.
    Y Penélope sonrió, el amor por su hermana más joven brillo claramente en sus ojos.
    Colin se relajó. Él no se había dado cuenta de que el sufrimiento de Penélope lo tensaba. Y ella era definitivamente miserable. Buen Dios, él no podía esperar a quitarla del seno de su ridícula familia.
    Los labios de la Sra. Featherington se estiraron en una débil tentativa de sonrisa. Ella miró a Colin después a Penelope de nuevo otra vez, y luego finalmente dijo, "¿Usted desea hablar?"
    "Sí," contestó él, impaciente por terminar con esto. "Yo me sentiría honrado si usted me concediera la mano de su hija en matrimonio."
    Por un momento. La Sra Featherington no reacciono. ¡Entonces sus ojos se pusieron redondos, su boca se puso redonda, su cuerpo pues su cuerpo era redondo ya – y ella aplaudió, incapaz de decir algo además de, "Ho! ¡Ho!"
    ¡Y luego, "Felicity! ¡Felicity!"
    ¿Felicity?
    Portia Featherington se levanto de un saltó, corrió hacia la puerta y realmente gritó como una pescadera. ¡"Felicity! ¡Felicity!"
    "Ho, Madre," gimió Penelope, cerrando sus ojos.
    ¿"Por qué convoca usted a Felicity?" preguntó Colin, levantandose.
    La Sra. Featherington le pregunto socarronamente. ¿"No quiere usted casarse con Felicity?"
    Colin realmente pensó que él podría estar enfermo. "No, por Dios, no quiero casarme con Felicity," replico. "Si hubiese querido casarme con Felicity, yo no la hubiera enviado arriba por sus malditas acuarelas, ¿verdad?"
    La Sra. Featherington tragó incómodamente. "Sr. Bridgerton," ella dijo, torciendo sus manos. "No entiendo."
    Él la contempló con horror, se volvió disgustado. "Penelope", dijo, tomándole la mano y tirando de ella hasta que estuviera cerca de su lado. "Quiero casarme con Penelope."
    ¿"Penelope?" repitió la Sra. Featherington. "Pero-"
    ¿"Pero qué?" él interrumpió, su voz era amenaza pura.
    "Pero,pero"
    "Esta bien, Colin," dijo Penelope de prisa. "Yo"
    "No, no esta bien," explotó él. "Nunca he dado ni la menor indicación de estar interesado en Felicity."
    Felicity apareció en la entrada, puso su mano sobre su boca, y rápidamente desapareció, sabiamente cerrando la puerta detrás de ella.
    "Sí," dijo implacablemente Penelope, pegando lanzando una mirada rápida a su madre, "pero Felicity es soltera, y-"
    "También lo eres tu," indicó él.
    "Lo se, pero yo soy vieja, y-"
    "Y Felicity es una niña," escupió él. "Buen Dios, casarme con ella sería como casarme con Hyacinth."
    "Er, excepto por el incesto," dijo Penelope.
    Él le dio una intensa mirada sin humor.
    "Correcto," ella dijo, mas que nada para romper el silencio. "Esto es sólo un terrible malentendido, ¿verdad?"
    Nadie dijo nada. Penelope miró a Colin en un tono suplicante. ¿"No es verdad?"
    "Seguramente lo es," refunfuñó él.
    Ella se volvió hacia su madre. ¿"Madre?"
    ¿"Penélope?" ella murmuró, y Penélope sabía que su madre no le hacía una pregunta; mejor dicho, ella todavía expresaba su incredulidad de que Colin querría casarse con ella.
    Y ah, pero esto dolía tanto. Uno pensaría que ella estaría acostumbrada a ello.
    "Me gustaría casarme con el Sr. Bridgerton," dijo Penélope, tratando de reunir toda la dignidad posible.
    "Él me preguntó, y digo que sí."
    "Bien, por supuesto tu dirías que sí," replicó su madre. "Tendrías que ser una idiota para decir no."
    "Sra. Featherington," indicó Colin fuertemente, "le sugiero que comience a tratar a mi futura esposa con un poco más respeto."
    "Colin, no es necesario," dijo Penelope, colocando su mano en su brazo, pero la verdad es que su corazón se lo estaba agradeciendo. Él podría no amarla, pero se preocupaba por ella. Ningún hombre podría defender a una mujer con tan fiera protección sin sentir un poco de cariño por ella.
    "Es necesario," volvió él. "Por Dios, Penelope, llegué contigo. He dejado bastante claro que necesitaba tu presencia en el salón, y prácticamente empujé a Felicity hacia la puerta para traer sus acuarelas. ¿Por que demonios alguien podría pensar que yo quería a Felicity? "
    La Sra. Featherington abrió y cerró su boca varias veces antes de decir finalmente, "amo a Penelope, por supuesto, pero-"
    ¿"Pero la conoce usted?" Inquirió Colin. "Ella es encantadora e inteligente y tiene un exquisito sentido del humor. ¿Quién no querría casarse con una mujer así?"
    Penelope se habría derretido en el suelo si no hubiera estado ya agarrada de su mano. "Gracias," ella susurró, sin preocuparle si la oyó su madre, realmente sin siquiera preocuparle si Colin la oyó. De alguna manera ella tenía que decir las palabras por si misma.
    No quien pensaba que ella era.
    La cara de Lady Danbury nadó antes de sus ojos, su expresión calida y con un poquito de astucia.
    Algo más. Tal vez Penelope era algo más, y tal vez Colin era la única persona que se diera cuenta de eso.
    La hizo amarlo mucho más.
    Su madre aclaro su garganta, luego anduvo hacia adelante y dio a Penelope un abrazo. Era, al principio, un abrazo dudoso por ambas partes, pero entonces Portia apretó sus brazos alrededor de su tercera hija, y con un grito ahogado, Penelope se encontró devolviendo el abrazo con un llanto contenido.
    "Te amo realmente, Penelope," dijo Portia, "y estoy muy contenta por ti." Ella retrocedió y limpió un lagrimon de su ojo.
    "Estaré sola sin ti, por supuesto, ya que yo había asumido que envejeceríamos juntas, pero esto es lo mejor para ti, y, supongo, que de eso se trata ser madre. "
    Penelope sorbió su nariz fuertemente, buscó ciegamente el pañuelo de Colin, que él ya había sacado de su bolsillo y lo sostenía delante de ella.
    "Aprenderás algún día," apuntó Portia, acariciándole el brazo. Ella se volteó hacia Colin y prosiguió, "estamos encantados de darle la bienvenida a la familia."
    Él asintió con la cabeza, sin mucho cariño, pero Penelope pensó que él hizo un bonito esfuerzo considerando lo enojado que había estado sólo momentos antes.
    Penelope sonrió y apretó su mano, consciente que ella estaba a punto de emprender la aventura de su vida.

El CAPÍTULO 15

    "Tu sabes," dijo Eloise, tres días después de que Colin y Penelope hicieron su sorprendente anuncio, "que es realmente misericordioso que Lady Whistledown se halla retirado, porque este habría sido el golpe de la década."
    "Ciertamente desde el punto de vista de Lady Whistledown," murmuró Penelope, levantando su taza de té hacia sus labios y manteniendo sus ojos fijos en el reloj de la pared en el salón informal de la Señora Bridgerton. Mejor no mirar a Eloise directamente. Ella tenía una manera de notar los secretos en los ojos de una persona.
    Era gracioso. Penelope había pasado años sin preocuparse de que Eloise descubriera la verdad sobre Lady Whistledown. Al menos, no le preocupaba demasiado. Pero ahora que Colin sabía, de alguna manera sentía como si su secreto flotara en el aire, como partículas de polvo esperando a formarse en una nube de conocimiento.
    Tal vez los Bridgertons se parecieran a las fichas de dominó. Una vez que uno te descubría, era solo cuestión de tiempo que todos ellos se enteraran de la verdad.
    ¿"Qué quieres decir?" preguntó Eloise, irrumpiendo en los pensamientos nerviosos de Penelope.
    "Si recuerdo correctamente," dijo Penelope, con mucho cuidado, "ella una vez escribió que tendría que retirarse si yo alguna vez me casaba con un Bridgerton."
    Los ojos de Eloise miraban con fastidio. ¿"Ella lo dijo?"
    "O algo así," dijo Penelope.
    “Bromeas," dijo Eloise, haciendo una clase de "pffft" cuando agitó su mano desdeñosamente. "Ella nunca habría sido tan cruel."
    Penelope carraspeó, sin pensar que tendría que terminar el tema falsificando una miga de galleta en su garganta, pero sin embargo intentandolo.
    "No, en serio," persistió Eloise. ¿"Qué dijo ella?"
    "No recuerdo, exactamente."
    "Inténtalo."
    Penelope paro dejando su taza y alcanzando otra galleta. Ellas estaban solas para el té, lo que era raro. Pero ¡La señora Bridgerton había arrastrado a Colin lejos en alguna diligencia en cuanto a la próxima boda para la que faltaba solamente un mes!-y Hyacinth fue de compras con Felicity, quién, para oír las noticias sobre Penelope, había lanzado sus brazos alrededor de su hermana y gritó su placer hasta que los oídos de Penelope quedaron entumecidos.
    Por lo que los momentos de hermandad fueron, habían sido algo maravilloso.
    "Bien," dijo Penelope, masticando un bocado de galleta, "creo que ella dijo que si yo me casara con un Bridgerton, eso sería el final del mundo que conocía, y cuando ella no fuera capaz de ser el cara y sello del mundo, tendría que retirarse inmediatamente. "
    Eloise la contempló durante un momento. ¿"Esto no es un recuerdo preciso?"
    "Una no olvida cosas así," objetó Penelope.
    "Hmmmph." La nariz de Eloise se arrugo con desdén. "Bueno, es bastante horroroso de su parte, debo decir. Ahora doblemente lamento que ella no siguiera escribiendo, porque tendría que comerse una manada entera de cuervos."
    "¿Se juntan los cuervos en manadas?"
    "No lo sé," contestó Eloise puntualmente, "pero ellos deberían."
    "Eres una grandiosa amiga, Eloise," señaló Penelope silenciosamente.
    "Sí," dijo Eloise con un suspiro afectado, "lo sé. Muy grandiosa."
    Penelope sonrió. La airosa respuesta de Eloise dejaba claro que ella no estaba de un humor emotivo o nostálgico. Lo cual estaba bien. Había un momento y un lugar para todo. Penelope había dicho lo que pensaba, y ella sabía que Eloise sentía lo mismo, aun si ella prefiriera bromear y mofarse en aquel momento.
    "Debo admitir, sin embargo," dijo Eloise, alcanzando otra galleta, "que tu y Colin me sorprendieron bastante."
    "También me sorprendimos," confesó Penelope irónicamente.
    "No es, que yo no esté encantada," se apresuró a añadir Eloise. "No existe nadie que prefiriera tener como hermana. Bueno, aparte de las que ya tengo, por supuesto. Y si yo alguna vez había soñado que ustedes dos estuvieran inclinados en aquella dirección, estoy segura que me hubiera entrometido horriblemente. "
    "Lo sé," dijo Penelope, la sonrisa se deslizo por las comisuras de sus labios.
    "Sí, bien"-Eloise comento en el aire – "no soy conocida por entrometerme en mis propios asuntos."
    ¿"Qué es eso en tus dedos?" Penelope preguntó, inclinándose hacia adelante para una mejor vista.
    ¿"Qué? ¿Esto? Ah, nada." Pero sin embargo colocó sus manos en su regazo.
    "Como que nada," dijo Penelope. "Déjame ver. Esto parece tinta."
    "Bien, por supuesto que lo es. Esto es tinta."
    ¿"Entonces por qué no lo dijiste cuando te pregunté?"
    "Como," replico Eloise coquetamente, "no es asunto tuyo."
    Penelope retrocedió impactada por el tono agudo de Eloise. "Lo siento terriblemente," indicó ella rígida. "No tenía idea que el tema fuera tan sensible."
    "Ah, no lo es," dijo Eloise rápidamente. "No seas tonta. Es que solo soy torpe y no puedo escribir sin manchar mis dedos de tinta por todas partes. Supongo que yo podría llevar puesto guantes, pero entonces ellos estarían manchados, y yo estaría por siempre cambiándolos, y puedo asegurarte que no tengo ningún deseo de gastar mi pobre de concesión en – en guantes. "
    Penelope la contempló por su largísima explicación, luego pregunto, "¿Qué escribías?"
    "Nada," dijo Eloise desdeñosamente. "Sólo cartas." Penelope podía decir que por el tono enérgico de Eloise no le gustaba en particular que ella siguiera adentrándose en el tema, pero estaba siendo tan extrañamente evasiva que Penelope no podía resistir a preguntar, '¿a quien?" dijo
    ¿"Las cartas?"
    "Sí," Penelope contestó, aunque pensara que era bastante obvio.
    "Ah, nadie."
    "Bueno, a menos que ellas sean un diario, no son a nadie," dijo Penelope, impacientemente con voz entrecortada.
    Eloise le dio una mirada vagamente ofendida. "Estas bastante curiosa hoy."
    "Sólo porque eres muy evasiva."
    "Ellas son para Francesca," dijo Eloise con un pequeño resoplido.
    "Bien, ¿entonces, por qué no lo dijiste antes?" Eloise cruzó sus brazos. "Quizás no aprecié tu interrogatorio hacia mí."
    La boca de Penelope se cayó abierta. No podía recordar la última vez que ella y Eloise habían tenido algo remotamente cercano a una discusión. "Eloise", ella señaló, impactada, "¿qué pasa?"
    "Nada esta mal."
    "Sé que eso no es verdad."
    Eloise no dijo nada, sólo apretó sus labios y echó un vistazo hacia la ventana, en una clara tentativa de terminar la conversación.
    ¿"Estas enojada conmigo?" Penelope persistió.
    ¿"Por qué estaría enojada contigo?" "No lo sé, pero está claro que lo estas." Eloise soltó un pequeño suspiro. "No estoy enojada."
    "Bueno, tu tienes algo."
    "Sólo estoy… Sólo estoy…" Ella sacudió su cabeza. "No sé como estoy. Agitada, supongo. Nada anormal."
    Penelope se quedo en silencio mientras digería esto, luego dijo tranquilamente, "¿Hay algo que pueda hacer?"
    "No." Eloise sonrió irónicamente. "Si lo hubiera, puedes estar segura que yo te lo hubiera pedido."
    Penelope sintió algo que era casi una risa que se eleva dentro de ella. Como le gustaba a Eloise hacer ese tipo de comentarios.
    "Supongo que es…" Eloise comenzó, elevo si barbilla pensativa. "No, no importa."
    "No," indicó Penelope, extendiendo su mano y tomando la mano de su amiga. "Dime."
    Eloise tiró su mano libre y mirando al vació. "Pensaras que soy una tonta."
    "Tal vez," señaló Penelope con una sonrisa, "pero tu todavía serás mi mejor amiga."
    "Ho, Penelope, pero no lo soy," dijo Eloise tristemente. "No soy digna de serlo."
    "Eloise, no hables locuras. Yo me hubiera vuelto loca tratando de navegar por Londres y la sociedad y la multitud sin ti."
    Eloise sonrió. ¿"Nos divertimos, verdad?"
    "Bueno, sí, cuando yo estaba contigo," confesó Penelope. "El resto del tiempo yo era un demonio miserable."
    ¡"Penelope! No creo haberte escuchar alguna vez blasfemar antes."
    Penelope le dio una sonrisa avergonzada. "Se me escapó. Y además, yo no podía pensar posiblemente en un mejor adjetivo para describir mi vida como un alhelí entre la multitud. "
    Eloise soltó una sonrisita inesperada. "Ahora, ese es un libro que me gustaría leer: un Alhelí En la Sociedad."
    "No a menos que te gusten las tragedias."
    "Ah, venga, ahora, esto no podría ser una tragedia. Esto tendría que ser un romance. Tu consigues un final feliz, después de todo."
    Penelope sonrió. Tan extraño como era, ella conseguía su final feliz. Colin había sido un prometido encantador y atento, al menos durante los tres días que él había estado desempeñando aquel papel. Y no podía haber sido en particular fácil; ellos habían sido sujetos de más especulación y escrutinio de lo que Penelope podría haber imaginado.
    Ella no estaba sorprendida, aunque; cuando (como Lady Whistledown) había escrito que el mundo se terminaría cuando una Featherington se casara con un Bridgerton, ella pensó que había estado repitiendo un sentimiento frecuente.
    Decir que la sociedad había sido sobresaltada por el compromiso de Penelope habría sido una subestimación, en efecto.
    Por mucho que a Penelope le gustaba anticipar y reflexionar sobre su próximo matrimonio, ella todavía estaba un poco molesta por el humor extraño de Eloise. "Eloise", señaló seriamente, "quiero que me digas lo que te tiene tan trastornada."
    Eloise suspiró. "Yo había esperado que te hubieras olvidado de eso."
    "He aprendido la tenacidad del maestro," comentó Penelope.
    Esto hizo sonreír a Eloise, pero sólo durante un momento. "Me siento tan desleal," dijo ella.
    ¿"Qué has hecho?"
    "Ho, nada." Ella acarició su corazón. "Esta todo dentro. "Yo" "Ella se detuvo, contemplando hacia los lados, sus ojos se decidieron por el fleco de la esquina de la alfombra, pero Penelope sospechó que ella no veía nada. Al menos nada más allá lo que retumbaba sobre en su mente.
    "Soy tan feliz por ti," expresó Eloise, las palabras estallaron al salir de su boca, puntuadas por pausas torpes. "Y honestamente pienso, que realmente, en verdad digo que no estoy celosa. Pero al mismo tiempo…”
    Penelope esperó que Eloise organizara sus pensamientos. O tal vez ella juntaba coraje.
    "Al mismo tiempo," dijo ella, tan suavemente que Penelope apenas podía oírla, "supongo que yo siempre pensé que tu serías una solterona junto conmigo. He elegido esta vida. Sé lo que tengo. Yo podría haberme casado. "
    "Lo sé," señaló Penelope silenciosamente.
    "Pero nunca lo hice, porque nunca me pareció correcto, y no quise conformarme con algo menos que lo que mis hermanos y hermana tienen. Y ahora Colin, también," dijo ella, haciendo señas hacia Penelope.
    Penelope no mencionó que Colin nunca había dicho que él la amaba. Esto no parecía momento correcto, o, francamente, la clase de cosa que le gustaria compartir. Además, aun si él no la amara, ella todavía pensaba que él se preocupaba por ella, y eso era suficiente.
    "Yo nunca hubiera querido que no te casaras," explicó Eloise, "sólo que nunca pensé que lo harias." Ella cerró sus ojos, luciendo agonizante. "Esto salió todo mal. Te he insultado terriblemente."
    "No, no lo has hecho," dijo Penelope, sintiéndolo. "Nunca pensé que yo me casaría, tampoco."
    Eloise asintió tristemente. "Y de algún modo, ha estado bien… bien. Yo tenía casi veintiocho y estaba soltera, y tú tenías ya veintiocho y seguías soltera, y siempre nos tendríamos la una a la otra. Pero ahora tu tienes a Colin."
    "Todavía te tengo, también. Al menos eso espero.”
    "Por supuesto que me tienes," dijo Eloise fervorosamente. "Pero esto no será lo mismo. Tú debes partir con tu marido. O al menos esto es lo que todos dicen," ella añadió con una chispa ligeramente dañina en sus ojos. "Colin vendrá primero, y así es como debería ser. Y francamente," añadió ella, su sonrisa se volvió astuta, "yo tendría que matarlo si él no lo hiciera. Él es mi hermano favorito, después de todo. No sería bueno para él tener a una esposa desleal. "
    Penelope se rió estridentemente.
    ¿"Me odias?" preguntó Eloise.
    Penelope sacudió su cabeza. "No", dijo suavemente. "Te amo aun más, porque sé lo difícil que debe haber sido ser honesta conmigo sobre esto."
    "Estoy tan contenta de que hayas dicho eso," dijo Eloise con un suspiro fuerte, dramático. "Estaba aterrorizada de que dijeras que la única solución para mí sería encontrarme un marido también."
    El pensamiento había cruzado por la mente de Penelope, pero ella sacudió su cabeza y dijo, "Por supuesto que no."
    "Bueno. Por que mi madre ha estado diciéndolo constantemente."
    Penelope sonrió irónicamente. "Yo estaría sorprendida si ella no lo dijera."
    ¡"Buenas tardes, damas!"
    Las dos mujeres alzaron la vista para ver a Colin entrar en el cuarto. El corazón de Penelope dio un pequeño vuelco al verlo, y ella se encontró de una manera rara sin aliento. Su corazón había estado haciendo pequeños vuelcos durante años siempre que él estuviera en un cuarto, pero era de alguna manera diferente ahora, más intenso.
    Quizás porque ella sabía.
    Sabía lo que era estar con él, ser querida por él.
    Sabía que él sería su marido.
    Su corazón volcándose otra vez.
    Colin soltó un fuerte gemido. ¿"Ustedes se comieron todo la comida?"
    "Había sólo un pequeño plato de galletas," dijo Eloise en su defensa.
    "Eso no es lo que yo creo," se quejó Colin.
    Penelope y Eloise se miraron, entonces ambas se echaron a reír.
    ¿"Qué?" Colin exigió, inclinándose hacia abajo para dar un beso rápido, en la mejilla de Penelope.
    "Pareces tan siniestro," explicó Eloise. " Es sólo comida."
    "Nunca sólo la comida," dijo Colin, echandose en una silla.
    Penelope todavía se preguntaba cuando su mejilla dejaría de zumbar.
    "¿Entonces," dijo él, sacando una galleta medio comida del plato de Eloise, "sobre que hablaban ustedes dos?"
    "Lady Whistledown," señaló Eloise puntualmente.
    Penelope se ahogó con su té.
    ¿"Lo estaban?" pregunto Colin suavemente, pero Penelope detecto un filo en su voz.
    "Sí," expresó Eloise. "Yo decía a Penelope que es e demasiado malo que ella se haya retirado, ya que su compromiso habría sido el chisme noticioso de mayor revuelo periodístico que hemos tenido durante todo el año."
    "Interesante calculo," murmuró Colin.
    "Mmmm," Eloise estuvo de acuerdo, "y ella seguramente habría dedicado una columna entera sólo a su baile de compromiso mañana por la noche."
    Penelope no bajó la taza de té de su boca.
    ¿"Quieres un poco más?" le preguntó Eloise.
    Penelope asintio con la cabeza y le dio la taza, aunque ella la extraño realmente delante de su cara como un escudo. Ella sabía que Eloise había soltado el nombre de Lady Whistledown aunque no quería que Colin supiera que ella había mezclado sentimientos sobre su matrimonio, pero de todos modos, Penelope fervorosamente lamentaba que Eloise no hubiera dicho algo más en respuesta a la pregunta de Colin.
    ¿"Por qué no llamas para que traigan mas comida?" Eloise preguntó a Colin.
    "Ya lo hice," contestó él. “Wickham me interceptó en el pasillo y preguntó si tenía hambre." Él dio la última mordida a la galleta de Eloise en su boca. " Hombre sabio, ese Wickham."
    ¿"Dónde fuiste hoy, Colin?" preguntó Penelope, impaciente por mantener el tema firmemente lejos de Lady Whistledown.
    Ël dio a su cabeza una sacudida asediada. "Solo el diablo lo sabe. Nuestra madre me arrastró de tienda en tienda para hacer compras."
    ¿"No tienes treinta y tres años?" Eloise preguntó dulcemente.
    Él le contestó con un ceño.
    "Sólo pienso que ya estas en edad como para que nuestra madre te arrastre, eso es todo," murmuró ella.
    "Nuestra madre nos arrastrará a todos nosotros cuando seamos viejos tontos y chochos, tu lo sabes," contestó él. "Además, ella está tan encantada de verme casado, realmente no puedo permitirme estropear su diversión."
    Penelope suspiró. Esto tenía que ser por qué ella amaba al hombre. Alguien que trata a su madre tan bien sería seguramente un excelente marido.
    ¿"Y cómo están tus preparaciones de boda?" Colin preguntó a Penelope.
    Ella no había pensado en hacer una mueca, pero lo hizo, de todos modos. "Nunca he estado tan agotada en toda mi vida," confesó ella.
    Él se acerco y tomo gran miga del de plato ella. "Deberíamos fugarnos."
    ¿"Ah, podíamos hacerlo realmente?" Penelope preguntó, las palabras volaron de sus labios con una prisa inusitada.
    Él parpadeó. "Mas que nada, bromeaba, aunque esto parezca realmente una buena idea."
    "Haré los arreglos para una escalera," dijo Eloise, aplaudiendo, "de modo que puedas subir a su cuarto y robarla y llevártela lejos."
    "Hay un árbol," dijo Penelope. "Colin no tendrá ninguna dificultad con el."
    "Buen Dios," dijo él, "Tu no hablas en serio, ¿verdad?"
    "No," ella suspiró. "Pero yo podría hacerlo. Si tu quieres."
    "No puedo hacerlo. ¿Sabes lo qué eso haría a mi madre?" Él hizo rodar sus ojos. "Por no mencionar la tuya."
    Penelope gimió. "Lo sé."
    "Ella me perseguiría y me mataría," dijo Colin.
    ¿"La mía o la tuya?"
    "Ambas. Ellas unirían fuerzas." Él estiró el cuello su cuello hacia la puerta. ¿"Dónde está la comida?"
    "Recién llegaste, Colin," dijo Eloise. "Dales tiempo."
    "Y pensé que Wickham era un hechicero," se quejó él, "capaz de conjurar la comida con el chasquido de su mano."
    ¡"Aquí tiene, señor!" la voz de Wickham apareció como si él hubiera navegado hasta el salón con una gran bandeja.
    ¿"Ven?" añadió Colin, alzando sus cejas primero hacia Eloise y luego hacia Penelope. "Se los dije."
    ¿"Por qué," Penelope preguntó, " presiento que oiré aquellas palabras de tus labios demasiadas veces en mi futuro?"
    "Con la mayor probabilidad la escucharas," contestó Colin. "Aprenderás pronto" – él le lanzo una sonrisa muy atrevida – "que casi siempre estoy en lo correcto."
    "Ah, por favor," gimió Eloise.
    "Estoy de parte de Eloise en esto," dijo Penelope.
    ¿"Contra tu marido?" Él colocó una mano en su corazón (mientras la otra alcanzaba un emparedado). "Estoy herido."
    "No eres mi marido aún."
    Colin se volvió hacia a Eloise. "El gatito tiene garras."
    Eloise alzo sus cejas. ¿"No te habías dado cuenta antes de proponerselo?"
    "Por supuesto que si," dijo él, mordiendo su emparedado. "Sólo pensé que ella no las usaría en mí contra."
    Y luego él la miró con una expresión tan excitada, imperiosa que los huesos de Penelope se derritieron.
    "Bueno," anunció Eloise, levantándose, "pienso que permitiré que ustedes dos "próximos recién casados" tengan un momento o dos de intimidad. "
    "Que previsora eres tu," murmuró Colin.
    Eloise lo contempló con una mueca malhumorada en su boca. "Algo para ti, querido hermano. O mejor dicho," añadió ella, arqueando una ceja, "algo para Penelope."
    Colin se paro y giro hacia su prometida, "pareciera estar perdiendo mi jerarquía."
    Penelope sólo sonrió detrás de su taza de té y dijo, “mi política es no ponerme nunca en medio de una pelea Bridgerton."
    ¡"Ho no!" Eloise se rió. "No te permitiremos salirte de esta, me temo, la Sra. Que pronto sera una -Bridgerton. Además," ella añadido con una sonrisa siniestra, "si piensas que esto es una pelea, no puedo esperar para que te unas a nosotros completamente."
    ¿"Quieres decir que no puedo?" preguntó Penelope.
    Tanto Eloise como Colin asintieron con sus cabezas de una forma que la hizo sentir temerosa.
    Ho, querida.
    ¿"Hay algo que yo debería saber?" preguntó Penelope.
    Colin sonrió abiertamente como un lobo. "Es demasiado tarde ahora."
    Penelope dio a Eloise un vistazo indefenso, pero todo lo que hizo fue reír mientras salía de la habitación, cerrando la puerta firmemente detrás de ella.
    "Ahora, esa es la Eloise agradable," murmuró Colin.
    ¿"Qué?" Penelope preguntó inocentemente.
    Sus ojos brillaron. "La puerta."
    ¿"La puerta? ¡Ah!" ella se quejó. "La puerta."
    Colin sonrió, sentándose al lado de ella. Había algo bastante encantador sobre Penelope durante una tarde lluviosa. Él apenas la había visto desde que se habían comprometido los planes de boda los convertían en pareja – y aún así ella no había estado fuera de sus pensamientos, incluso mientras él dormía.
    Es gracioso como ocurrió esto. Él realmente había pasado años sin pensar en ella al menos que estuviera frente a su cara, y ahora ella había impregnado hasta su último pensamiento.
    Hasta su último deseo.
    ¿Cómo había ocurrido esto?
    ¿Cuándo había ocurrido esto?
    ¿Y realmente importaba esto? Tal vez la única cosa importante consistía en que él la quiso y ella era – o al menos ella sería – suya. Una vez que él puso su anillo sobre su dedo, el hows, whys, y whens se haría irrelevante, a condición de que esta locura que él sintió nunca se marchara.
    Él tocó su dedo a su barbilla, tipping su cara a la luz. Sus ojos brillaron por la anticipación, y su querido de labios, Dios, ¿cómo era posible que los hombres de Londres nunca hubieran notado lo perfecto que ellos eran?
    Él sonrió. Esto era una locura permanente. Y él no podía haber estado más contento.
    Colin nunca se había opuesto al matrimonio. Él simplemente se había opuesto a un matrimonio embotado. Él no era melindroso; sólo quería pasión y amistad y conversación intelectual y una risa buena de vez en cuando. Una esposa de quien él no quiera extraviarse.
    Extraordinariamente, parecia haber encontrado esto en Penelope.
    Todo lo que él tenía que hacer ahora era asegurarse de que su Gran Secreto permaneciera así. Un secreto.
    Como él no pensó que él podría aguantar el dolor que él vería en sus ojos si ella fuera echada de la sociedad.
    ¿"Colin?" ella susurró, su aliento temblaba a través de sus labios, haciéndolo realmente querer besarla.
    Él se acerco. ¿"Hmmm?"
    "Estas tan silencioso."
    "Sólo pensaba."
    ¿"Sobre qué?"
    Él le dio una sonrisa indulgente. "Realmente has estado pasando demasiado tiempo con mi hermana."
    ¿"Qué significa eso?" preguntó, sus labios se movieron nerviosamente de tal modo que él supo que ella nunca sentiría ningún remordimiento en el empuje de la diversión en él. Ella lo guardaría en sus dedos del pie, esta mujer.
    "Pareces," dijo él, "haber desarrollado una cierta inclinación hacia la persistencia."
    ¿"Tenacidad?"
    "Eso, también."
    "Pero esto es una cosa buena."
    Sus labios eran todavía meras pulgadas aparte, pero el impulso de seguir la conversación de broma era demasiado fuerte. "Cuando admites continuamente tu obediencia hacia tu marido," murmuró él, "esto es una cosa buena."
    ¿"Ah, realmente?"
    Su barbilla bajó en la indirecta más desnuda de una cabezada. "Y cuando usted se agarra tenazmente a mis hombros cuando le beso, esto es una cosa buena también."
    ¿No piensan sus ojos oscuros ensanchados tan deliciosamente que él tuvo que añadir, "usted?"
    Y luego ella lo sorprendió.
    ¿"Como esto?" ella preguntó, colocando sus manos en sus hombros. Su tono era atrevido, sus ojos flirteo puro.
    Señor, él amó esto ella lo sorprendió.
    "Esto es un principio," dijo él. "Usted podría tener a" – él movió una de sus manos para cubrir el suyo, pulsando sus dedos en su piel – "me sostiene un poco más tenazmente."
    "Veo," murmuró ella. ¿"Entonces qué usted dice es que yo nunca debería dejar van?"
    Él pensó en esto durante un momento. "Sí", él contestó, realizando que había un sentido más profundo en sus palabras, si ella lo había querido o no. "Esto es exactamente lo que digo."
    Y luego las palabras no eran simplemente suficiente. Él atrajo sus labios hacia los suyos, permaneciendo suave durante apenas un segundo antes de que su hambre lo alcanzara. Él la besó con una pasión él no sabía hasta que él poseyó. No era sobre el deseo – o al menos esto no era aproximadamente el deseo.
    Era sobre la necesidad.
    Era sobre una sensación extraña, caliente y feroz dentro de él, impulsándolo a reclamarla, marcarla de alguna manera como suya.
    Él la quiso desesperadamente, y él no tenía absolutamente ninguna idea como él podría hacerlo posiblemente durante un mes entero antes de la boda.
    ¿"Colin?" Penelope jadeó, como él la aliviaba abajo en su espalda en el sofá.
    Él besaba su mandíbula, y luego su cuello, y sus labios estaban lejos demasiado ocupados para algo además de un bajo, "¿Mmm?"
    ¡"Nosotros!"
    Él sonrió, justo cuando él pellizcara su lóbulo de la oreja suavemente por sus dientes. Si ella pudiera terminar una oración, entonces él claramente no la confundía tanto como él debería.
    ¿"Decias?" él murmuró, luego la besó profundamente en la boca, sólo para torturarla.
    Él levantó sus labios el suyos sólo bastante mucho tiempo para ella para decir, "yo sólo-" y luego él la besó otra vez, tambaleándose con el placer cuando ella gimió con el deseo.
    "Lo siento," dijo él, escabulléndose sus manos bajo el dobladillo de su vestido y luego usándolos para hacer todas las clases de malas cosas a sus terneros, "¿decias?"
    ¿"Yo era?" ella preguntó, sus ojos vidriados.
    Él movió sus manos más alto, hasta que ellos cosquillearan la espalda de su rodilla. "Usted decía algo," dijo él, pulsando sus caderas contra ella porque él francamente pensó que él irrumpiría en el cabreo en aquel mismo instante si él no hiciera. "Pienso," susurró él, deslizando su mano sobre la piel suave de su muslo, "esto usted iba a decir que usted quiso que yo le tocara aquí."
    Ella jadeó, luego gimió, entonces de alguna manera manejada para decir, "no pienso que era lo que yo iba a decir."
    Él sonrió abiertamente contra su cuello. ¿"Usted está seguro?"
    Ella saludó con la cabeza.
    ¿"Tan entonces usted quiere que yo me pare?"
    Ella sacudió su cabeza. Frenéticamente.
    Él podría tomarla ahora, él realizó. Él podría hacerle el amor ahí mismo en el sofá de su madre y no sólo ella dejaría él, ella se divertiría de cada modo que una mujer debería.
    Esto no sería una conquista, esto no sería hasta la seducción.
    Sería más que esto. Tal vez hasta…
    Amor.
    Colin se congeló.
    ¿"Colin?" ella susurró, abriendo sus ojos.
    ¿Amor?
    No era posible.
    ¿"Colin?"
    O tal vez era.
    ¿"Se equivoca algo?"
    No era que él temiera amar, o no creyó en ello. Él sólo no tenía… lo esperó.
    Él siempre penso que el amor golpearía a un hombre como un rayo, que un día usted holgazanearía sobre en algún partido, aburrido como una ostra, y luego usted vería a una mujer, y usted sabría al instante que su vida sería cambiada para siempre. Era lo que había pasado a su hermano Benedict, y el cielo sabía que él y su esposa Sophie estaban rusticating felizmente feliz lejos en el país.
    Pero esta cosa con Penelope… ello se había acercado sigilosamente a él. El cambio había sido lento, casi letárgico, y si esto estuviera el amor, bien…
    ¡Si esto fuera el amor, no no él saber! Él la miró estrechamente, con curiosidad, pensando que tal vez él encontraría bis la respuesta en sus ojos, o el barrido de su pelo, o el camino la blusa de su vestido colgó ligeramente torcidamente. Tal vez si él mirara su bastante mucho tiempo, él sabría.
    ¿"Colin?" ella susurró, comenzando a parecer ligeramente preocupada. Él la besó otra vez, esta vez con una determinación feroz. ¿Si este fuera el amor, no se haría obvio cuándo ellos se besaron? Pero si su mente y cuerpo trabajaban por separado, entonces el beso estaba claramente de manga con su cuerpo, porque mientras la confusión de su mente permaneció tan borrosa como alguna vez, bis la necesidad del cuerpo era traído en foco más agudo.
    Infierno, ahora él estaba en el dolor. Y él realmente no podía hacer nada sobre ello aquí en el salón de su madre, aun si Penelope habría sido un participante complaciente.
    Él se retiró, dejando a su resbalón de mano abajo su pierna hacia el borde de su falda. "No podemos hacer este aquí."
    "Sé," dijo ella, pareciendo tan triste que su mano stilled en su rodilla, y él casi perdió su resolución de hacer la cosa derecha y hacer caso de los dictados de propiedad.
    Él pensó con fuerza y rápido. Era posible que él pudiera hacerle el amor y nadie andaría en por ellos. El cielo sabía que en su estado corriente, esto sería un esfuerzo rápido de manera desconcertante, de todos modos.
    ¿"Cuándo es la boda?" él gruñó.
    "Un mes."
    ¿"Qué tomaría esto para cambiar esto a una quincena?"
    Ella pensó en esto durante un momento. "Soborno o chantaje. Tal vez ambos. No influirán fácilmente en nuestras madres."
    Él gimió, dejando a su fregadero de caderas contra el suyo durante un momento delicioso antes de levantar él mismo lejos. Él no podía tomarla ahora. Ella iba a ser su esposa. Habría mucho tiempo para caídas de mediodía en sofás ilícitos, pero él se lo debió para usar una cama por primera vez, al menos.
    ¿"Colin?" ella preguntó, enderezando su vestido y alisando su pelo, aunque no hubiera ningún modo que ella iba a hacer la mirada última algo hasta acercamiento presentable sin una duplicación, cepillo del pelo, y tal vez hasta una criada. ¿"Se equivoca algo?"
    "Le quiero," susurró él.
    Ella alzó la vista en él, asustado.
    "Sólo quise que usted supiera esto," dijo él. "No quise que usted pensara que me paré porque usted no me complació."
    "Ah." Ella miró como si ella quiso decir algo; ella pareció casi absurdamente feliz en sus palabras. "Gracias por decir esto."
    Él tomó su mano y se metió.
    ¿"Parezco un lío?" ella preguntó.
    Él saludó con la cabeza. "Pero usted es mi lío," susurró él.
    Y él estaba muy contento para esto.

El CAPÍTULO 16

    A Colin le gustaba caminar, y de hecho lo hacía con frecuencia para limpiar su mente, no fue ninguna sorpresa que él paso la mayor parte del día siguiente cruzando Bloomsbury… y Fitzrovia… y Marylebone… y de hecho otras variadas vecindades de Londres, hasta que él buscara y realizara que él estaba de pie en el corazón de Mayfair, en el Cuadrado Grosvenor, ser preciso, fuera de Hastings House, ciudad a casa de los Duques de Hastings, el último de los que resultó estar casado con su hermana Daphne.
    Había sido un rato ya que ellos habían tenido una conversación, algo encima de los chismes de familia habituales, que eran. De todos sus hermanos, Daphne era la más cercana en la edad a él, y ellos siempre compartían una obligación bastante especial, aunque ellos no vieran el uno al otro tanto como ellos usaron a, que con viajes frecuentes de Colin y vida de familia ocupada de Daphne.
    Hastings House era una de aquellas casas grandes enormes que uno podría encontrar dispersado en todas partes de Mayfair y San Jaime. Grande y cuadrado y construido de la piedra Portland elegante, era a fondo imponente en su esplendor ducal.
    Que hizo todo esto el más divertido, pensamiento de Colin con una sonrisa sardónica, que su hermana era la duquesa corriente. Él no podía imaginar nadie menos arrogante o imponente. De hecho, Daphne había tenido la dificultad que encuentra a un marido cuando ella había estado en el mercado de matrimonio, exactamente porque ella era tan amistosa y fácil para ser con. Los señores habían tendido a pensar en ella como su amigo y no como una novia anticipada.
    Pero todo esto cambio cuando ella encontro a Simon Bassett, el Duque de Hastings, y ahora era una matrona de sociedad respetable con cuatro niños, envejecidos diez, nueve, ocho, y siete. Todavía a veces parecía raro a Colin que su hermana era una madre, de todas las cosas, mientras él todavía vivía la vida libre y sin trabas de un soltero. Con sólo un año entre ellos, él y Daphne siempre pasaban por varias etapas de la vida juntos. Incluso cuando ella se había casado, las cosas no habían parecido tan muy diferentes; ella y Simon asistieron a los mismos partidos él hizo y tenía muchos de los mismos intereses y búsquedas.
    Pero entonces ella había comenzado a reproducirse, y mientras Colin siempre estaba encantado de dar la bienvenida a una nueva sobrina o el sobrino en su vida, cada llegada había traído a casa el hecho que Daphne había circulado en un modo que él no tenía.
    Pero, él pensó, sonriendo cuando la cara de Penelope fue a la deriva por su mente, él supuso todo que se cambiaría pronto.
    Niños. Esto era un pensamiento bastante agradable, realmente.
    Él no había pensado conscientemente visitar a Daphne, pero ahora que él estaba aquí, él calculó que él podría detenerse brevemente también y decir hola, entonces él marchó los pasos y dio a la aldaba de cobre grande hacer sonar robusto. El Jeffries, el mayordomo, abrió la puerta casi inmediatamente.
    "Sr. Bridgerton," él dijo. "Su hermana no le esperaba."
    "No, decidí sorprenderla. ¿Está ella en casa?"
    "Veré," dijo el mayordomo con una cabezada, aunque ellos ambos supieran que Daphne nunca rechazaría ver a un miembro de su familia.
    Colin esperó en el salón mientras Jeffries informó a Daphne de su presencia, vagando ociosamente sobre, sintiéndose demasiado agitado para sentarse o estar de pie hasta en un lugar. Después de unos minutos, Daphne pareció en la entrada, mirando ligeramente despeinada, pero feliz como siempre.
    ¿Y por qué debería ella no ser? Colin se preguntó. Todo que ella había querido alguna vez en la vida debía ser una esposa y la madre, y pareció que la realidad había superado más que sus sueños.
    "Hola allí, hermana," dijo él con una sonrisa descuidada cuando él cruzó el cuarto para darle un abrazo rápido. "Usted tiene…" Él hizo señas a su hombro.
    Ella miró abajo su propio hombro, luego sonrió con vergüenza cuando ella vio la mancha gris oscura grande en la tela rosada pálida de su vestido. "Carbón de leña", ella explicó tristemente. "He estado tratando de enseñar a Caroline dibujar."
    ¿"Usted?" Colin preguntó dudosamente.
    "Sé, sé," dijo ella. "Ella realmente no podía haber escogido a un tutor peor, pero ella sólo decidió ayer que ella ama el arte, entonces soy todo que ella ha subido a tal aviso corto."
    "Usted debería enviarla para ver a Benedict," sugirió Colin. "Estoy seguro que él sería feliz darle una lección o dos."
    "El pensamiento había cruzado ya por mi mente, pero estoy seguro que ella habrá circulado a alguna otra búsqueda cuando puedo hacer los arreglos. "Ella hizo señas a un sofá. "Siéntese. Usted mejor dicho parece a un gato caged ahí, marcando el paso como usted es."
    Él se sentó, aunque él se sintiera extraordinariamente inquieto.
    "Y antes de que usted pregunte," dijo Daphne, "ya dije a Jeffries ver al alimento. ¿Serán los emparedados bastante?"
    ¿"Podría usted oír mi estómago que se queja desde más allá del cuarto?"
    "Desde más allá de la ciudad, tengo miedo." Ella se rió. ¿"Sabía usted que siempre que esto truene, David dice que esto es su estómago?"
    "Ah, Dios bueno," refunfuñó Colin, pero él se reía entre dientes todo el rato. Su sobrino era un pequeño compañero bastante inteligente.
    Daphne sonrió ampliamente cuando ella se instaló contra los cojines de sofá, doblando sus manos elegantemente en su regazo. ¿"Qué le trae por, Colin? No, que usted necesite una razón, por supuesto. Es siempre encantador verle."
    Él se encogió de hombros. "Sólo pasar."
    ¿"Visitó usted a Anthony y Kate?" ella preguntó. La Casa de Bridgerton, donde su hermano mayor vivió con su familia, era sólo a través del cuadrado de Hastings House. "Benedict y Sophie están ya allí con los niños, ayudando a prepararse para su pelota de compromiso esta noche."
    Él sacudió su cabeza. "No, usted es mi víctima elegida, tengo miedo."
    Ella sonrió otra vez, pero esta vez esto era una expresión más suave, atenuada por una dosis justa de la curiosidad. ¿"Se equivoca algo?"
    "No, por supuesto no," dijo él rápidamente. ¿"Por qué preguntaría usted esto?"
    "No sé." Ella amartilló su cabeza al lado. "Usted parece raro, esto es todo."
    "Sólo cansado."
    Ella saludó con la cabeza a sabiendas. "Proyectos de boda, estoy seguro."
    "Sí," él dijo, brincando en la excusa, aunque para la vida de él, él no estuviera hasta seguro lo que era él trataba de esconderse de ella.
    "Bien, recuerde que independientemente de usted pasa," dijo ella con una torcedura malhumorada a sus rasgones, "es mil veces peor para Penelope. Es siempre peor para mujeres. Confíe en mí. "
    ¿"Para bodas o para todo?" él preguntó suavemente.
    "Todo," ella dijo puntualmente. "Le conozco los hombres piensan que usted es realmente responsable, pero-"
    "Yo no soñaría con el pensamiento somos realmente responsables," Colin dijo, y no completamente sarcásticamente.
    Su cara apretó en una expresión malhumorada. "Las mujeres tienen mucho más para hacer que hombres. Sobre todo con bodas. Con todos los accesorios estoy seguro Penelope han tenido para su vestido de boda, ella probablemente parece a un alfiletero. "
    "Aconsejé fugarme con su amante," dijo Colin conversacionalmente, "y pienso que ella mejor dicho esperó que yo fuera serio."
    Daphne se rió entre dientes. "Estoy tan contento que usted se casa con ella, Colin."
    Él saludó con la cabeza, no planeando decir algo, y luego de alguna manera, él decía su nombre. "Daff-"
    ¿"Sí?"
    Él abrió su boca, y luego – "No importa."
    "Ah, no, usted no hace," dijo ella. "Ahora usted realmente hace picar mi curiosidad."
    Él tabaleó sus dedos contra el sofá. ¿"Supone usted que el alimento podría llegar pronto?"
    ¿"Hasta tienen usted hambre o trata simplemente usted de cambiar el sujeto?"
    "Siempre tengo hambre."
    Ella era silenciosa durante varios segundos. "¿Colin", ella finalmente preguntó, su voz suave y con cuidado suave, "qué iba usted a decir?"
    Él brincó a sus pies, demasiado agitados para permanecer de todos modos, y comenzó a marcar el paso. Él se paró, girado a ella, la miró afectado cara. "No es nada," él comenzó a decir, excepto ello no era nada, y-
    ¿"Cómo sabe uno? ¿" él soltó, no hasta consciente que él no había completado su pregunta hasta que ella contestara, "Cómo sabe uno que?"
    Él se paró delante de la ventana. Esto pareció a ello podría llover. Él tendría que tomar prestado un carro de Daphne a menos que él quisiera ser empapado en el paseo largo a casa. Aún, él no sabía por qué él pensaba hasta en la precipitación, porque lo que él realmente quiso saber era-
    ¿"Cómo sabe uno que, Colin?" Daphne repitió.
    Él giró y sólo dejar a las palabras liberarse. ¿"Cómo sabe usted si esto es el amor?"
    Durante un momento ella sólo contempló él, sus ojos marrones grandes amplios con la sorpresa, sus labios separados y completamente todavía.
    "Olvide que pregunté," refunfuñó él.
    ¡"No!" ella exclamó, brincando a sus pies. "Me alegro usted preguntó. Muy alegre. Soy sólo… sorprendido, debo decir."
    Él cerró sus ojos, a fondo repugnados con él. "No puedo creer que sólo le pregunté esto."
    "No, Colin, no esté tonto. Es realmente mejor dicho… el caramelo al cual usted preguntó. Y no puedo comenzar hasta a decirle que adulado soy esto usted me vendría cuando – "
    "Daphne…" él dijo warningly. Ella tenía un modo de vagar del tema, y él realmente no estaba en el estado de ánimo derecho para seguir sus pensamientos errantes.
    Por impulso, ella extendió la mano y lo abrazó; entonces, sus manos todavía en sus hombros, ella dijo, "no sé."
    ¿"Pido su perdón?"
    Ella dio a su cabeza un poco de sacudida. "No sé como usted sabe que esto es el amor. Pienso que es diferente para cada uno."
    ¿"Cómo sabía usted?"
    Ella masticó su labio inferior durante varios segundos antes de contestar, "no sé."
    ¿"Qué?"
    Ella se encogió de hombros inútilmente. "No recuerdo. Ha sido tan largo. Yo sólo… sabía."
    "Entonces lo que usted dice," dijo él, apoyándose contra el alféizar y cruzando sus armas, "es que si uno no sabe de alguien enamorado, entonces uno probablemente no es."
    "Sí," ella dijo firmemente. ¡"No! No, esto no es lo que quiero decir en absoluto."
    ¿"Entonces qué quiere decir usted?", "no sé," dijo ella débilmente.
    Él la contempló. ¿"Y cuánto ha estado casado usted?" él refunfuñó.
    "Colin, no embromar. Trato de ser provechoso."
    "Y aprecio la tentativa, pero realmente, Daphne, usted-"
    "Sé, sé," interrumpió ella. "Soy inútil. Pero escúcheme. ¿Le gusta Penelope?" Entonces ella jadeó en el horror.
    ¿"Hablamos sobre Penelope, verdad?"
    "Por supuesto somos," se rompió él.
    Ella soltó un suspiro aliviado. "Bueno, porque si no fuéramos, entonces puedo asegurarle yo no habría tenido ningún consejo en absoluto."
    "Iré," dijo él repentinamente.
    "No, no haga," suplicó ella, colocando su mano a su brazo. "Permanencia, Colin, por favor."
    Él miró ella, suspirarse, sintiéndose derrotado. "Parezco a un asno."
    "Colin," ella dijo, dirigiéndolo al sofá y apretándolo hasta que él se sentara, "escúcheme. El amor crece y se cambia cada día. Y no parece un poco al rayo del cielo, al instante transformándole en un hombre diferente. Sé que Benedict dice que era aquel camino para él, y esto es encantador sólo, pero usted sabe, Benedict no es normal. "
    Colin muchísimo quiso tomar aquel cebo, pero él sólo no podía convocar la energía.
    "No pareció a esto para mí," dijo Daphne, "y no pienso que pareció a esto para Simon, aunque sinceramente, yo no piense que tengo alguna vez preguntado. "
    "Usted debería."
    Ella hizo una pausa mientras su boca formaba una palabra, dejando su pareciendo a una ave sorprendida. ¿"Por qué?"
    Él se encogió de hombros. "Entonces usted puede decirme."
    ¿"Qué, piensa usted que es diferente para hombres?"
    "Todo lo demás es."
    Ella grimaced. "Comienzo a desarrollar una dosis justa de la compasión para Penelope."
    "Ah, absolutamente usted debería," estuvo de acuerdo él. "Haré un marido terrible, estar seguro."
    "Usted no va a," dijo ella, pestañeando su brazo. ¿"Por qué demonios diría usted esto? Usted nunca sería infiel a ella."
    "No," él estuvo de acuerdo. Él era tranquilo durante un momento, y cuando él finalmente habló otra vez, su voz era suave. "Pero yo no podría amarla de camino ella merece. "
    "Pero usted podría." Ella lanzó sus manos en un gesto de exasperación. "Para el bien del cielo, Colin, sólo el hecho que usted es la sesión aquí petición de su hermana sobre el amor probablemente significa que usted está más que a mitad de camino allí. "
    ¿"Piensa usted?"
    "Si yo no pensara tan," dijo ella, "yo no habría dicho tan." Ella suspiró. "Deje de pensar tan con fuerza, Colin. Usted encontrará el matrimonio mucho más fácil si usted simplemente permite que ello sea."
    Él la observó con recelo. ¿"Cuándo se puso usted tan filosófico?"
    "Cuando usted adquirió para verme y forzó la cuestión," dijo ella puntualmente. "Usted se casa con la persona derecha. Deje de preocuparse tanto."
    "No me preocupo," dijo él automáticamente, pero por supuesto él se preocupaba, entonces él no se molestó hasta en defenderse cuando Daphne pegó un tiro a él una mirada muy sarcástica. Pero no era como si él se preocupaba si Penelope era la mujer derecha.
    Él estaba seguro de esto.
    Y él no estuvo preocupado sobre si su matrimonio sería uno bueno. Él estaba seguro de esto, también.
    No, él se preocupaba de cosas estúpidas. Sobre si él la amó, no porque esto sería el final del mundo si él hiciera (o el final del mundo si él no hiciera), pero porque él encontró muy inquietante para no saber exactamente cual era él sentía.
    ¿"Colin?"
    Él revisó en su hermana, que lo consideraba con una expresión mejor dicho perpleja. Él estaba de pie, teniendo la intención de marcharse antes él se avergonzó más allá de la reparación, luego apoyada abajo y besó su mejilla. "Gracias," él dijo.
    Ella estrechó sus ojos. "No puedo contar si usted es serio o me embroma para ser una carencia completa de la ayuda."
    "Usted era una carencia completa de la ayuda," dijo él, "pero esto es unas gracias honestas, sin embargo."
    ¿"Puntos para esfuerzo?"
    "Algo así."
    ¿"Se acerca usted a la Casa Bridgerton ahora?" ella preguntó.
    ¿"Por qué, entonces puedo avergonzarme con Anthony después?"
    "O Benedict," dijo ella. "Él está allí, también."
    La cosa sobre familias grandes era, hubo nunca una carencia de oportunidad de poner en ridículo de uno con un hermano.
    "No," él dijo con una sonrisa pequeña, sardónica, "pienso que andaré a casa."
    ¿"Paseo?" ella resonó, bostezando.
    Él bizqueó hacia la ventana. ¿"Piensa usted que podría llover?"
    "Tome mi carro, Colin," insistió ella, "y por favor espera los emparedados. Allí está seguro para ser una montaña de ellos, y si usted se marcha antes de que ellos lleguen, sé que comeré la mitad, y luego me odiaré para el resto del día. "
    Él saludó con la cabeza y se recostó abajo, y se alegró él hizo. Él siempre era parcial al salmón ahumado. De hecho, él tomó un plato con él en el carro, mirando fijamente la ventana el camino entero a casa en la lluvia torrencial.

* * *

    Cuando el Bridgertons lanzó un partido, ellos lo hicieron derecho.
    Y cuando el Bridgertons lanzó una pelota de compromiso… bien, tenía a la Señora Whistledown escritura todavía sida, esto habría tomado al menos tres columnas para hacer una crónica del acontecimiento.
    Incluso esta pelota de compromiso, lanzada juntos en el último momento (debido a que ni Señora Bridgerton ni Sra. Los Featherington quisieron permitir a sus niños la posibilidad de cambiar de opinión durante un compromiso largo), fácilmente calificado como el partido de la temporada.
    Aunque la parte de que, Penelope pensó irónicamente, tuviera poco que ver con el partido sí mismo y todo para hacer con la especulación continuada por que demonios Colin Bridgerton no elegiría nadie como Penelope Featherington para ser su esposa. No había sido hasta este mal cuando Anthony Bridgerton se había casado con Kate Sheffield, que, como Penelope, nunca había sido considerada un diamante de la primera agua. Pero al menos Kate no había sido vieja. Penelope no podía comenzar hasta a contar el número de tiempos
    ella había oído a la solterona de palabra susurrada detrás de su espalda durante los pocos días pasados.
    Pero mientras el chisme era un poco aburrido, esto realmente no la molestó, porque ella todavía flotaba a lo largo en la nube de su propia felicidad. Una mujer no podía gastar su vida adulta entera enamorada de un hombre y luego no ser casi estúpida con la felicidad después
    él le pidió casarse con él.
    Incluso si ella no podía entender completamente como había pasado todo.
    Había pasado. Era todo que importó.
    Y Colin era todo que alguien podría soñar con en un prometido". Él se atuvo a su lado como el pegamento la tarde entera, y Penelope no pensó hasta que él lo hacía para protegerla del chisme. De toda la verdad, él pareció bastante inconsciente de la conversación.
    Era casi como si… Penelope sonrió como si estruviera soñando. Era casi como si Colin permanecía por su lado porque él quiso a esté allí.
    ¿"Vio usted Cressida Twombley?" Eloise susurró en su oído mientras Colin era del baile con su madre. "Ella es verde con envidia. "
    "Esto es sólo su vestido," dijo Penelope con una cara directa de modo impresionante.
    Eloise se rió. "Ah, lamento que la Señora Whistledown no escribiera. Ella el pincho ella."
    "Pienso que se supone que la Señora Whistledown es ella," dijo Penelope con cuidado.
    "Ah, pish y tontería. No creo durante un momento que Cressida es la Señora Whistledown, y no puedo creer que usted haga, tampoco."
    "Probablemente no," permitió Penelope. Ella sabía que su secreto sería mejor protegido si ella reclamara para creer la historia de Cressida, pero alguien que la conocía habría encontrado que tan del carácter que habría sido completamente sospechoso en efecto.
    "El Cressida sólo quiso el dinero," siguió Eloise desdeñosamente. "O tal vez la mala fama. Probablemente ambos."
    Penelope miró a su justicia, sosteniendo el tribunal al otro lado del cuarto. Su muchedumbre regular de amigos molidos sobre, pero ellos fueron afiliados por la nueva gente, también, con la mayor probabilidad curioso sobre el chisme de Whistledown. "Bien, ella es lograda con la mala fama, al menos. "
    Eloise saludó con la cabeza su acuerdo. "No puedo imaginar hasta por qué ella fue invitada. No hay seguramente ningún amor perdido entre los dos de usted, y ninguno de nosotros como ella. "
    "Colin insistió sobre ello."
    Eloise le dio vuelta con la mandíbula abierta. ¿"Por qué?"
    Penelope sospechó que la razón principal era la reclamación reciente de Cressida de ser la Señora Whistledown; la mayor parte de la tonelada no estaba segura si ella mentía, pero nadie quiso negarle una invitación a un acontecimiento, por si acaso ella realmente contaba la verdad.
    Y Colin y Penelope no deberían haber tenido ninguna razón de saber con seguridad por otra parte.
    Pero Penelope no podía revelar este a Eloise, entonces ella le dijo el resto de la historia, que era todavía la verdad. "Su madre no quiso causar cualquier chisme cortándola, y Colin también dijo…"
    Ella se sonrojó. Era realmente demasiado dulce.
    ¿"Qué?" Eloise exigió.
    Penelope no podía hablar sin la sonrisa. "Él dijo que él quiso que Cressida fuera obligado a mirarme en mi triunfo."
    "Ah. Mi. Palabra." Eloise miró como si ella podría tener que sentarse. "Mi hermano está enamorado."
    El rubor de Penelope giró un rojo furioso.
    "Él es," exclamó Eloise. "Él debe ser. Ah, usted debe decirme. ¿Ha dicho él tan?"
    Había algo tanto maravilloso como horrible en la escucha al chorro de Eloise. Por una parte, era siempre lovelyto la parte los momentos más perfectos de la vida con mejor amigo de alguien, y alegría de Eloise y entusiasmo eran seguramente contagiosos.
    Pero por otra parte, ellos no necesariamente fueron garantizados, porque Colin no la amó. O al menos él no había dicho tan.
    ¡Pero él actuó como él hizo! Penelope se agarró lo que pensó, tratando de concentrarse en esto, más bien que el hecho que él nunca había dicho las palabras.
    ¿Las acciones hablaron más alto que palabras, verdad?
    Y sus acciones la hicieron parecer a una princesa.
    ¡"Señorita Featherington! ¡Señorita Featherington!"
    Penelope la contempló izquierdo y emitido. Aquella voz no podría pertenecer a nadie además de la Señora Danbury.
    "Señorita Featherington," Señora D dijo, empujando su caña por la muchedumbre hasta que ella estuviera de pie directamente delante de Penelope y Eloise.
    "Señora Danbury, como agradable verle."
    "Heh heh heh." La cara arrugada de la señora Danbury se hizo casi joven otra vez de la fuerza de su sonrisa. "Es siempre agradable a me ver, sin tener en cuenta lo que alguien más dice. Y usted, usted pequeño diablo. La mirada lo que usted hizo. "
    ¿"No es ello el mejor?" Eloise preguntó.
    Penelope contempló a su amigo íntimo. Para todas sus emociones variadas, Eloise era realmente, francamente, y para siempre sería conmovida para ella. De repente esto no importó que ellos ponían en medio de una sala de baile atestada, con cada uno contemplándola como si ella era alguna clase del espécimen en un plato de biología. Ella dio vuelta y dio a Eloise un abrazo feroz, el cuchicheo, "le amo realmente," en su oído.
    "Sé que usted hace," susurró Eloise atrás.
    La señora Danbury golpeó su "caña en voz alta en" el suelo. ¡"Todavía estoy de pie aquí, señoras!"
    "Ah, lamentable," dijo Penelope con vergüenza.
    "Es bueno," dijo la Señora D, con un nivel inusitado de la indulgencia. "Es bastante agradable ver a dos muchachas que prefieren abrazar a apuñalar el uno al otro en la espalda, si usted debe saber."
    "Gracias por venir para congratularme," dijo Penelope.
    "Yo no habría perdido este para el mundo," la Señora Dan-sepulta dijo. "Heh heh heh. Todos estos tontos, tratando de entender que usted hizo para conseguirlo para casarse con usted, cuando todo que usted realmente hizo era ser. "
    Los labios de Penelope se separaron, y los rasgones pincharon sus ojos. "Por qué, Señora Danbury, esto es aproximadamente el más agradable-"
    "No, no," no interrumpió la Señora D en voz alta, "nada de eso. No tengo el tiempo, ni inclinación para el sentimiento."
    Pero Penelope notó que ella había sacado su pañuelo y frotaba ligeramente discretamente sus ojos.
    "Ah, Señora Danbury," dijo Colin, volviendo al grupo y deslizando su brazo posesivamente por Penelope. "Bueno verle."
    "Sr. Bridgerton," ella dijo en el saludo conciso. "Sólo vino para congratular a su novia."
    "Ah, pero soy seguramente el que quién merece las felicitaciones."
    "Hmmmph. Las palabras de Truer, y todo esto," dijo la Señora D. "Pienso que usted podría tener razón. Ella es más de un premio que alguien realiza."
    "Realizo," dijo él, su voz tan bajo y terriblemente serio que Penelope pensó que ella podría desmayarse de la emoción de ello.
    "Y si usted nos perdonará," siguió Colin suavemente, "debo asumir a mi novia para encontrar a mi hermano-"
    "He encontrado a su hermano," interrumpió Penelope.
    "Considérelo tradición," dijo él. "Tenemos que dar la bienvenida oficialmente a usted a la familia."
    "Ah." Ella se sintió bastante caliente dentro en el pensado hacerse un Bridgerton. "Como encantador."
    "Cuando yo decía," dijo Colin, "a Anthony le gustaría hacer una tostada, y luego debo conducir a Penelope en un vals."
    "Muy romántico," dijo la Señora Danbury con aprobación.
    "Sí, pues soy una clase romántica," dijo Colin de manera confiada.
    Eloise suelta un resoplido fuerte.
    Él le dio vuelta con una ceja arrogantemente arqueada. "Soy."
    "Para el bien de Penelope," replicó ella, "seguramente espero tan."
    ¿"Siempre parecen ellos a este?" La señora Danbury preguntó a Penelope.
    "La mayor parte del tiempo."
    La señora D saludó con la cabeza. "Esto es una cosa buena. Mis niños raramente hasta hablan el uno al otro. No de cualquier rencor, por supuesto. Ellos sólo no tenga nada en común. Triste, realmente. "
    Colin apretó su mano al brazo de Penelope. "Realmente debemos ir."
    "Por supuesto," ella murmuró, pero cuando ella dio vuelta para andar hacia Anthony, que ella podría ver a través del cuarto, que está de pie cerca la pequeña orquesta, ella oyó un escándalo fuerte y repentino en la puerta.
    ¡"Atención! ¡Atención!"
    La sangre drenada de su cara en menos de un segundo. "Ah, no," ella se oyó susurro. No se supuso que este pasaba.
    No esta noche, de todos modos.
    ¡"Atención!"
    El lunes, su mente gritó. Ella había dicho su impresora el lunes. En la pelota Mottram.
    ¿"Qué continúa?" La señora Danbury exigió.
    Diez muchachos jóvenes no corrían en el cuarto, nada más que pilluelos, realmente, sosteniendo haces de papel, sacudiéndolos sobre como rectángulos grandes de confeti.
    ¡"La columna final de la señora Whistledown!" todos ellos gritó. ¡"Léalo ahora! Lea la verdad."

El CAPÍTULO 17

    Colin Bridgerton era famoso de muchas cosas.
    Él era famoso de su bueno parecer, que no era ninguna sorpresa; todos los hombres Bridgerton eran famosos de su bueno parecer.
    Él era famoso de su sonrisa ligeramente torcida, que podría derretir el corazón de una mujer a través de una sala de baile atestada y tenía hasta una vez causado una señorita para desmayarse muerto lejos, o al menos desmayarse delicadamente, luego golpea su cabeza en una tabla, que produjo realmente los muertos ya mencionados débiles.
    Él era famoso de su encanto suave, su capacidad de poner a alguien a gusto con una sonrisa lisa y un comentario divertido.
    Lo que él no era famoso de, y de hecho lo que muchas personas habrían jurado que él no poseyó hasta, era un carácter.
    Y, de hecho, debido a su notable (y antes sin explotar) autocontrol, nadie iba a conseguir una vislumbre de ello esa noche, tampoco, aunque su esposa pronto futura pudiera despertarse al día siguiente con una contusión seria a su brazo.
    "Colin," ella jadeó, mirando abajo en donde él la agarraba.
    Pero él no podía dejar van. Él sabía que él hacía daño a ella, él sabía que esto no era una cosa terriblemente agradable que él hacía daño a ella, pero él fue tan condenado furioso en aquel momento, y era aprietan su brazo para todo que él mereció o perder su carácter en el frente de cinco cien de sus conocidos más cercanos y más queridos.
    En conjunto, él pensó que él hacía la opción derecha.
    Él iba a matarla. Tan pronto como él entendió algún modo de quitarla de esta sala de baile dejada de la mano de Dios, él era absolutamente yendo a matarla. Ellos habían estado de acuerdo que la Señora Whis-tledown era una cosa del pasado, que ellos iban a deje a la mentira de asuntos. No se supuso que este pasaba. Ella invitaba el desastre. Ruina.
    ¡"Este es fabuloso!" Eloise exclamó, arrebatando un diario del aire. "Absolutamente, positivamente rompimiento. Apostaré ella vino de retiro para celebrar su compromiso. "
    ¿"No sería agradable?" Colin arrastró las palabras.
    Penelope no dijo nada, pero ella pareció muy, muy pálida.
    ¡"Ah, mi cielo!"
    Colin dio vuelta a su hermana, cuya boca colgaba abierto cuando ella leyó la columna.
    ¡"Haga con a uno de aquellos para mí, Bridgerton!" La señora Danbury pidió, aplastándolo en la pierna con su caña. "No puede creer que ella publique un sábado. Debe ser uno bueno."
    Colin se inclinó abajo y recogió dos pedazos de papel del suelo, dando a un a la Señora Danbury y mirando abajo el que en su mano, aunque él estuviera bastante seguro él sabía exactamente lo que esto diría.
    Él tenía razón.
    No hay nada desprecio a más que un señor que lo piensa divirtiendo da a una señora acariciar condescendiente en la mano cuando él murmura, "Esto es el derecho de una mujer para cambiar de opinión." Y en efecto, porque siento siempre habría que apoyar palabras de alguien con acciones de alguien, procuro guardar mis opiniones y decisiones firmes y verdaderas.
    Que es por qué, el Lector Suave, cuando escribí mi columna del 19 de abril, yo realmente lo quiso para ser mi último. Sin embargo, acontecimientos completamente más allá de mi control (o en efecto mi. la aprobación) me obligan a poner mi pluma para empapelar una vez pasada.
    Señoras y Señor, Este Autor no es la Señora Cressida Twombley. Ella no es nada más que un impostor de la proyección, y esto rompería mi corazón para ver mis años del trabajo difícil atribuido a uno como ella.
    Los Papeles de Sociedad de la señora Whistledown, el 24 de abril de 1824

    "Este es la mejor cosa que he visto alguna vez," dijo Eloise en un susurro alegre. "Tal vez soy una persona mala en el fondo, porque nunca he sentido antes tal felicidad en la perdición de otra persona."
    ¡"Tonterías!" La señora Danbury dijo. " que no soy una persona mala, y encuentro este encantador."
    Colin no dijo nada. Él no confió en su voz. Él no confió en él.
    ¿"Dónde está Cressida?" Eloise preguntó, estirando el cuello su cuello. ¿"La ve alguien? Apostaré ella es huida ya. Ella debe ser mortificada.
    Yo sería mortificado si yo fuera ella. "
    "Usted nunca sería ella," dijo la Señora Danbury. "Usted es demasiado decente una persona."
    Penelope no dijo nada.
    "De todos modos," Eloise siguió jovialmente, "uno casi compadece a ella."
    "Pero sólo casi," dijo la Señora D.
    "Ah, con seguridad. Apenas casi, verdad ser dicho."
    Colin sólo estuvo de pie allí, moliendo sus dientes en el polvo.
    ¡"Y consigo guardar mi mil de libras!" cacareó la Señora Danbury.
    ¡"Penelope!" Eloise exclamó, empujándola con su codo. "Usted no ha dicho una palabra. ¿Este no es maravilloso?"
    Penelope saludó con la cabeza y dijo, "no puedo creerlo."
    El apretón de Colin a su brazo se apretó.
    "La llegada de su hermano," susurró ella.
    Él contempló su derecho. Anthony andaba a zancadas hacia él, Violado y Kate caliente en sus talones.
    "Bien, este mejor dicho nos eclipsa," Anthony dijo cuando él preparó junto a Colin. Él saludó con la cabeza en el presente de señoras. "Eloise, Penelope, Señora Danbury."
    "No pienso que alguien va a escuchar a la tostada de Anthony ahora," dijo Violet, echando un vistazo sobre el cuarto. El zumbido de actividad era implacable. Los diarios errantes todavía flotaban en el aire, y todos sobre ellos, la gente resbalaba en estos que tenían ya conseguido en el suelo. El zumbido de los susurros era la constante y la casi rejilla, y Colin pareció a la cumbre de su el cráneo iba a salir volando.
    Él tuvo que escaparse. Ahora. O al menos cuanto antes.
    Su cabeza gritaba y él se sintió demasiado caliente en su propia piel. Casi pareció a la pasión, excepto este no era la pasión, era furia, y esto era el ultraje, y esto era este sentimiento horrible, negro que él había sido engañado por una persona que debería tener apoyado él sin duda.
    Era extraño. Él sabía que Penelope era el que con el secreto, el que con el más para perder. Este era sobre ella, no él; él sabía que, intelectualmente, al menos. Pero de alguna manera que había dejado de importar. Ellos eran un equipo ahora, y ella tenía interpretado sin él.
    Ella no tenía ningún derecho de ponerse en una posición tan precaria sin consultarlo primero. Él era su marido, o sería, y esto era su deber dado por Dios de protegerla si ella lo deseó o no.
    ¿"Colin?" su madre decía. ¿"Están usted bien? Usted parece un poco raro."
    "Haga la tostada," dijo él, dando vuelta a Anthony. "Penelope no siente bien, y tengo que llevarla a casa."
    ¿"Usted no siente bien?" Eloise preguntó a Penelope. ¿"Qué se equivoca? Usted no dijo nada."
    Al crédito de Penelope, ella manejó un bastante creíble, "Un poco de un dolor de cabeza, tengo miedo."
    "Sí, sí, Anthony," dijo Violet, "sigue adelante realmente y hace la tostada ahora de modo que Colin y Penelope puedan tener su baile.
    Ella realmente no puede marcharse hasta que usted haga. "
    Anthony saludó con la cabeza su acuerdo, luego hecho señas para Colin y Penelope para seguirlo al frente de la sala de baile. Un trompetista soltó un graznido fuerte en su cuerno, señalando a los asiduos a fiestas para ser tranquilo. Todos ellos obedeció, probablemente porque ellos asumieron que el anuncio consiguiente sería sobre la Señora Whistledown.
    "Señoras y señores," dijo Anthony en voz alta, aceptando una flauta de champán de un lacayo. "Sé que usted es todos intrigado por la intrusión reciente de la Señora Whistledown en nuestro partido, pero debo suplicar todos ustedes para recordar nuestro objetivo para juntarme aquí esta noche. "
    Esto debería haber sido un momento perfecto, Colin pensó desapasionadamente. Debía haber sido la noche de Penelope del triunfo, ella noche para brillar, para mostrar el mundo que hermoso y encantador y elegante ella realmente era.
    Esto era su noche para hacer sus intenciones de verdad público, asegurarse que cada uno sabía que él la había elegido, y como importantemente, que ella lo había elegido.
    Y todo que él quiso hacer era la toman por los hombros y la sacuden hasta que él se quedara sin la fuerza. Ella ponía en peligro todo. Ella la ponía muy futuro en peligro.
    "Como la cabeza de la familia Bridgerton," siguió Anthony, "esto me da la gran alegría siempre que uno de mis hermanos elija a novia. O el novio," él añadió con una sonrisa, que saluda con la cabeza hacia Daphne y Simon.
    Colin miró abajo a Penelope. Ella estaba de pie muy directamente y muy todavía en su vestido del satén azul claro. Ella no era la sonrisa, que debe haber parecido rara a cientos de personas que la contemplan. Pero tal vez ellos pensarían sólo que ella era nerviosa. Había cientos de personas que la contemplan, después de todo. Alguien sería nervioso.
    Aunque si uno estuviera de pie directamente al lado de ella, cuando Colin fuera, uno podría ver el pánico en sus ojos, la subida rápida y caerse de su pecho como su respiración se puso más rápido y más errático.
    Ella fue asustada.
    Bueno. Ella debería ser asustada. Asustado de lo que podría pasarle si su secreto saliera. Asustado de lo que pasaría a ella una vez que ellos tenían una posibilidad para hablar.
    "Por lo tanto," Anthony concluyó, "esto me da el gran placer de levantar mi cristal en una tostada a mi hermano Colin, y su novia pronto futura, Penelope Featherington. ¡A Colin y Penelope!"
    Colin miró abajo su mano y realizó que alguien había colocado un cristal de champán en ello. Él levantó su cristal, comenzó a levantarlo a sus labios, luego pensó el mejor de ello y lo tocó a la boca de Penelope en cambio. La muchedumbre aclamó como un loco, y él miró cuando ella tomó un sorbo, y luego el otro y el otro, obligado a seguir bebiendo hasta que él quitara el cristal, que él hizo no hacen hasta que ella fuera terminada.
    Entonces él realizó que su demostración infantil del poder lo había abandonado sin una bebida, que él mal necesitó, entonces él arrancó el cristal de Penelope de su mano y lo derribó en un trago solo.
    La muchedumbre aclamó aún más difícil.
    Él se inclinó abajo y susurró en su oído, "vamos a bailar ahora. Vamos a bailar hasta que el resto del partido una nosotros y nosotros somos ya no el centro de la atención. Y luego usted y yo resbalaremos fuera. Y luego hablaremos. "
    Su barbilla se movió en una cabezada apenas perceptible.
    Él tomó su mano y la condujo en la pista de baile, colocando su otra mano en su cintura cuando la orquesta comenzó las primeras tensiones de un vals.
    "Colin," ella susurró, "no pensé para este pasar."
    Él adjuntó una sonrisa en su cara. Se supuso que este era el bis primer baile oficial con su intencionado, después de todo. "No ahora," pidió él.
    "Pero-"
    "En diez minutos, tendré mucho para decirle, pero para ahora mismo, vamos simplemente a bailar."
    "Sólo quise decir-"
    Su mano se apretó alrededor el suyo en un gesto de la advertencia inequívoca. Ella apretó sus labios y miró su cara para el el briefest de momentos, luego miró lejos.
    "Yo debería sonreír," susurró ella, todavía no mirándolo.
    "Entonces sonrisa."
    "Usted debería sonreír."
    "Usted tiene razón," dijo él. "Yo debería."
    Pero él no hizo.
    Penelope tuvo ganas de fruncir el ceño. Ella tuvo ganas de gritar, en toda la honestidad, pero de alguna manera ella logró dar un codazo a sus labios en las esquinas. El mundo entero la miraba – su mundo entero, en menor – y ella sabía que ellos la examinaban cada movimiento, catalogando cada expresión que cruzó su cara.
    Años que ella había gastado, pareciendo ella era invisible y odiada ello. Y ahora ella habría dado algo durante unos breves momentos del anonimato otra vez.
    No, no algo. Ella no habría dejado a Colin. Haciéndolo significar que ella gastaría el resto de su vida en el escrutinio cercano de la tonelada, lo merecería. Y necesidad soportar su cólera y desdén a la vez como este debía ser una parte del matrimonio también, entonces que lo merecería, también.
    Ella sabía que él estaría furioso por ella para publicar una última columna. Sus manos habían estado temblando cuando ella había vuelto a escribir las palabras, y ella había sido aterrorizada el tiempo entero que ella había estado en San. La Iglesia de la Novia (así como el paseo a y de), seguro que él fuera a saltar en ella en cualquier momento, suspendiendo la boda porque él no podía llevar para estar casado con
    Señora Whistledown.
    Pero ella lo había hecho de todos modos.
    Ella sabía que él pensó que ella hacía un error, pero ella simplemente no podía permitir que Cressida Twombley tomara el crédito de su trabajo de toda la vida. ¿Pero era tanto para preguntar que Colin al menos haga la tentativa de ver todo esto de su punto de vista? Esto han estado permitiendo con fuerza bastante que alguien pretenda ser la Señora Whistledown, pero Cressida era insoportable. Penelope había trabajado demasiado con fuerza y había durado demasiado en las manos de Cressida.
    Más, ella sabía que Colin nunca la dejaría plantado una vez que el entonces-compromiso se hizo público. Era la parte de la razón ella había instruido expresamente a su editor de hacer entregar los papeles el lunes a la pelota Mottram. Bien, esto y el hecho que pareciera terriblemente incorrecto para hacerlo en su propia pelota de compromiso, sobre todo cuando Colin estuvo tan opuesto a la idea.
    ¡Sr. Lacey maldito! Él había hecho seguramente este para maximizar la circulación y la exposición. Él sabía bastante sobre la sociedad de leer Whistledown para saber que una pelota de compromiso Bridgerton sería la invitación más codiciada de la temporada. Por qué este debería importar, ella no sabía, ya que el interés crecientea Whistledown no conduciría a más dinero en su bolsillo;el Whistledown era de verdad por, y ni Penelope ni Sr. Lacey recibirían otra libra de su publicación.
    A menos que…
    Penelope frunció el ceño y suspiró. Sr. Lacey debe esperar que ella cambiara de opinión.
    La mano de Colin se apretó en su cintura, y ella miró hacia atrás. Sus ojos estaban en el suyo, alarmantemente verde hasta en la luz de la vela.
    O tal vez era sólo que ella sabía que ellos eran tan verdes. Ella probablemente los habría pensado esmeralda en la oscuridad.
    Él saludó con la cabeza hacia los otros bailarines en el suelo, que fue atestado ahora por juerguistas. 'Tiempo para hacer nuestra fuga," dijo él.
    Ella devolvió su cabezada con una de ella propio. Ellos habían dicho ya a su familia que ella no se sentía bien y querida ir la casa, entonces nadie pensaría demasiado en su salida. Y si no era completamentede rigeur para ellos para ser solo en su carro, pues a veces reglas fueron estiradas para parejas prometidas, sobre todo durante tales tardes románticas.
    Una burbuja de la risa ridícula, nerviosa evitó sus labios. La noche resultaba ser la menos romántica de su vida.
    Colin la miró bruscamente, una ceja arrogante levantó en cuestión.
    "No es nada," dijo Penelope.
    Él apretó su mano, aunque no terriblemente afectuosamente. "Quiero saber," dijo él.
    Ella encogió fatalistically. Ella no podía imaginar lo que ella podría hacer o decir hacer la noche un poco peor que ya era.
    "Yo pensaba sólo en como se supuso que esta tarde era romántica."
    "Podría haber sido," dijo él cruelmente.
    Su mano resbaló de su posición en su cintura, pero él se agarró a ella otra mano, agarrando sus dedos ligeramente para tejerla por la muchedumbre hasta que ellos anduvieran por las puertas francesas en la terraza.
    "No aquí," susurró Penelope, echando un vistazo ansiosamente atrás hacia la sala de baile.
    Él no dignificó hasta su comentario con una respuesta, en cambio tirándola más lejos en la noche manchada de tinta, yendo a la deriva alrededor de una esquina hasta ellos eran completamente solos.
    Pero ellos no se pararon allí. Con un vistazo rápido para asegurarse que nadie era sobre, Colin empujó abierto una puerta lateral pequeña, discreta.
    ¿"Qué es este?" Penelope preguntó.
    Su respuesta era un poco empujan en la pequeña de su espalda, hasta que ella fuera totalmente dentro del vestíbulo oscuro.
    "Arriba," él dijo, haciendo señas a los pasos.
    Penelope no sabía si hay que ser asustado o conmovido, pero ella subió la escalera de todos modos, alguna vez consciente de la presencia caliente de Colin, directamente en su espalda.
    Después de que ellos habían subido varios vuelos, Colin anduvo delante de ella y empujado abierto una puerta, echando una ojeada en el pasillo. Era vacío, entonces él salió, tirándola junto con él, lanzándose silenciosamente por el pasillo (que Penelope ahora reconoció como las cámaras privadas de la familia) hasta que ellos alcanzaran un cuarto en el que ella nunca había entrado antes.
    El cuarto de Colin. Ella siempre sabía donde era. Durante todos sus años de la llegada aquí para visitar con Eloise, ella nunca había hecho una vez más que el rastro sus dedos a lo largo de la madera pesada de la puerta. Esto había sido años ya que él había vivido aquí en Número cinco en una base permanente, pero su madre había insistido en mantener su cuarto para él. Uno nunca sabía cuando él podría necesitarlo, ella había dicho, y ella había sido tenida razón antes que la temporada cuando Colin había vuelto de Chipre sin una casa conforme al arriendo.
    Él empujó abierto la puerta y tiró su interior después de él. Pero el cuarto era oscuro, y ella tropezaba, y cuando ella dejó de moverse era porque su cuerpo estaba ahí mismo en el frente suyo.
    Él tocó sus armas para estabilizarla, pero entonces él no dejó van, sólo la sostuvo allí en la oscuridad. Esto no era un abrazo, no realmente, pero la longitud de su cuerpo tocaba la longitud de su. Ella no podía ver nada, pero ella podría sentirlo, y ella podría olerlo, y ella podría oír su respiración, que se arremolina por el aire de la noche, suavemente magreando su mejilla.
    Esto era la agonía.
    Esto era el éxtasis.
    Sus manos deslizaron despacio abajo sus armas desnudas, torturándola cada nervio, y luego, repentinamente, él anduvo lejos.
    Seguido por silencio.
    Penelope no estaba segura lo que ella había esperado. Él gritaría en ella, él la reprobaría, él ordenaría que ella se explicara.
    Pero él no hacía ninguna de aquellas cosas. Él estaba de pie sólo allí en la oscuridad, forzando la cuestión, obligándola a decir algo.
    ¿"Podía usted… podría usted encender una vela?" ella finalmente preguntó.
    ¿"No le gusta el oscuro?" él arrastró las palabras.
    "No ahora. No como este."
    "Veo," murmuró él. ¿"Entonces usted dice que le gustaría esto como este?" Sus dedos estaban de repente en su piel, arrastrando a lo largo el borde de su blusa.
    Y luego ellos fueron idos.
    "No haga," dijo ella, su sacudida de voz.
    ¿"No tóquele?" Su voz cultivó la burla, y Penelope se alegró de que ella no pudiera ver su cara. "Pero usted es el mío; ¿no son usted?"
    "Todavía," ella lo advirtió.
    "Ah, pero usted es. Usted vio a esto. Esto era el cronometraje bastante inteligente, realmente, esperando hasta nuestra pelota de compromiso a hacer su anuncio final. Usted sabía que no quise que usted publicara aquella última columna. ¡Lo prohibí! Estuvimos de acuerdo-"
    ¡"Nunca estuvimos de acuerdo!"
    Él no hizo caso de su arrebato. "Usted esperó hasta-"
    "Nunca estuvimos de acuerdo," lanzó un grito Penelope otra vez, teniendo que dejar claro que ella no había roto su palabra. Independientemente de más ella había hecho, ella no le tenía la cama. Bien, aparte del cuidadode Whistledown un secreto durante casi una docena de años, pero él seguramente no había sido solo en aquel engaño. "Y sí," confesó ella, porque no tuvo razón para comenzar a estar ahora, "yo sabía usted no me dejaría plantado. Pero esperé-"
    Su voz se rompió, y ella era incapaz de terminar.
    ¿"Usted esperó qué?" Colin preguntó por un silencio interminable.
    "Esperé que usted me perdonara," susurró ella. "O al menos que usted entendería. Yo siempre pensaba que usted era la clase de hombre quien…"
    ¿"Qué clase de hombre?" él preguntó, esta vez después de la indirecta más desnuda de una pausa.
    "Esto es mi falta, realmente," dijo ella, pareciendo cansada y triste. "Le he puesto sobre un pedestal. Usted ha sido tan agradable todos estos años.
    Supongo que pensé que usted era incapaz de algo más. "
    ¿"Qué demonios he hecho lo que no ha sido agradable?" él exigió. "Le he protegido, he ofrecido para usted, tengo-"
    "Usted no ha tratado de ver este de mi punto de vista," interrumpió ella.
    ¡"Como usted actúa como un idiota!" él casi rugió.
    Había silencio después de esto, la clase de silencio que chirría en oídos, roe almas.
    "No puedo imaginar lo que allí debe decir," Penelope finalmente dijo.
    Colin miró lejos. Él no sabía por qué él hizo así; no era como si él podría verla en la oscuridad, de todos modos. Pero había algo sobre el tono de su voz que lo hizo inquieto. Ella pareció vulnerable, cansada. Deseoso y afligido. Ella lo hizo querer entenderla, o al menos intentar, aunque él supiera que ella había hecho un error terrible. Cada poco agarran de su voz ponen un apagador sobre su furia. Él era todavía enojado, pero de alguna manera él había perdido la voluntad para mostrarlo.
    "Usted va a ser averiguado, usted sabe," dijo él, su voz bajo y controló. "Usted ha humillado Cressida; ella va a esté más allá furioso, y ella no va a descansar hasta que ella desentierre a la verdadera Señora Whistledown. "
    Penelope alejó; él podría oír su crujido de faldas. "El Cressida no es bastante brillante para entenderme, y además, no voy a escribir más columnas, así no habrá ninguna oportunidad de mí para meter la pata y revelar algo." Había un latido del silencio, y luego ella añadió, "Usted tiene mi promesa en esto."
    "Es demasiado tarde," él dijo.
    "No es demasiado tarde," protestó ella. ¡"Nadie sabe! Nadie sabe pero usted, y usted está tan avergonzado de mí, no puedo aguantarlo."
    "Ah, para el amor de Dios, Penelope," se rompió él, "no estoy avergonzado de usted."
    ¿"Por favor encienda una vela?" ella lloró.
    Colin cruzó el cuarto y hurgó en un cajón para una vela y los medios para encenderlo. "No estoy avergonzado de usted," él reiteró, "pero pienso realmente que usted actúa tontamente."
    "Usted puede ser correcto," dijo ella, "pero tengo que hacer lo que pienso es correcto."
    "Usted no piensa," dijo él desdeñosamente, dando vuelta y mirando su cara cuando él provocó un cabreo. "Olvide, si usted va a-aunque yo no pueda – lo que pasará a su reputación si la gente averigua a quién usted realmente es. Olvide que la gente va a córtele, que ellos hablarán sobre usted detrás de su espalda. "
    "Aquella gente no vale la pena preocuparse de," dijo ella, su baqueta trasera directamente.
    "Quizás no," estuvo de acuerdo él, cruzando sus armas y contemplándola. Con fuerza. "Pero esto dolerá. No le gustarán esto, Penelope. Y
    No me gustará esto. "
    Ella tragó convulsivamente. Bueno. Tal vez él le pasaba.
    "Pero olvide todo esto," siguió él. "Usted ha gastado la década pasada insultando a la gente. Ofensa de ellos."
    "He dicho muchas cosas muy agradables también," protestó ella, sus ojos oscuros que relucen con rasgones de no cobertizo.
    "Por supuesto usted tiene, pero aquellos no son la gente de la que usted va a tener que preocuparse. Hablo sobre los enojados, los insultados." Él la cruzó de un tranco adelante y se hizo con a sus armas superiores. "Penelope", él dijo urgentemente, "habrá gente quiénes quieren hacer daño a usted. "
    Sus palabras se habían supuesto para ella, pero ellos giraron y perforaron su propio corazón.
    Él trató de imaginar una vida sin Penelope. Era imposible.
    Sólo hace semanas ella había sido… Él se paró, pensamiento. ¿Cual había sido ella? ¿Un amigo? ¿Un conocido? ¿Alguien que él vio y nunca realmente notó?
    Y ahora ella era su novia, pronto ser su novia. Y tal vez… tal vez ella era algo más que esto. Algo más profundo. Algo aún más precioso.
    "Lo que quiero saber," preguntó él, deliberadamente haciendo retroceder la conversación en el tema entonces su mente no vagaría abajo tales caminos peligrosos, "es por qué usted no brinca en la coartada perfecta si el punto debe permanecer anónimo."
    ¡"Como restante anónimo no es el punto!" ella justamente gritó.
    ¿"Usted quiere ser averiguado?" él preguntó, bostezando en ella en la luz de la vela.
    "No, por supuesto no," contestó ella. "Pero este es mi trabajo. Este es mi trabajo de toda la vida. Este es todo que tengo que mostrar para mi vida, y si yo no puede tomar el crédito de ello, seré condenado si alguien más va a. "
    Colin abrió su boca para ofrecer una réplica, pero a su sorpresa, él no tenía nada para decir. Trabajo de toda la vida. Penelope tenía un trabajo de toda la vida.
    Él no hizo.
    Ella no podría ser capaz de poner su nombre sobre su trabajo, pero cuando ella era sola en su cuarto, ella podría mirar sus cuestiones traseras, y señalarles, y decir a ella, Este es ello. Este es sobre qué mi vida ha sido.
    ¿"Colin?" ella susurró, claramente asustado por su silencio.
    Ella era asombrosa. Él no sabía como él no lo había realizado antes, cuando él sabía ya que ella era elegante y encantadora e ingenioso e inventivo. Pero todos aquellos adjetivos, y un servidor entero más en el que él no había pensado aún, no ascendieron a la medida verdadera de ella.
    Ella era asombrosa.
    Y él era… Querido Dios encima, él era celoso de ella.
    "Iré," dijo ella suavemente, dando vuelta y andando hacia la puerta.
    Durante un momento él no reaccionó. Su mente todavía era congelada, tambaleándose con revelaciones. Pero cuando él vio su mano en la manija, él sabía que él no podía dejarle ir. No esta noche, no alguna vez.
    "No," él dijo en voz ronca, cerrando la distancia entre ellos en tres zancada larga. "No", él dijo otra vez, "quiero que usted se quede."
    Ella alzó la vista en él, sus ojos dos fondos de la confusión. "Pero usted dijo-"
    Él ahuecado su cara tiernamente de sus manos. "Olvide lo que dije."
    Y era cuando él realizó que Daphne había tenido razón. Su amor no había sido un rayo del cielo. Esto había comenzado con una sonrisa, una palabra, un vistazo de broma. Cada segundo él había gastado en su presencia que había cultivado, hasta que él hubiera alcanzado este momento, y él de repente sabía.
    Él la amó.
    Él estaba todavía furioso por ella para publicar aquella última columna, y él estaba sangriento avergonzado de él que él era realmente celoso de ella para haber encontrado un trabajo de toda la vida y objetivo, pero hasta con todo lo que, él la amó.
    Y si él dejara a su huelga la puerta ahora mismo, él nunca se perdonaría.
    Tal vez este, entonces, era la definición de amor. Cuando usted quiso a alguien, la necesitó, la adoró de todos modos, aun cuando usted estaba completamente furioso y completamente listo a atarla a la cama sólo para impedirle salir y hacer más problema.
    Este era la noche. Este era el momento. Él rebosaba de la emoción, y él tuvo que decirle. Él tuvo que mostrarle.
    "Permanencia," él susurró, y él se la tiró, aproximadamente, ávidamente, sin apología o explicación.
    "Permanencia," él dijo otra vez, conduciéndola a su cama. Y cuando ella no dijo nada, él lo dijo durante una tercera vez. "Permanencia". Ella saludó con la cabeza.
    Él la tomó en sus armas. Este era Penelope, y este era el amor.

El CAPÍTULO 18

    El momento Penelope saludó con la cabeza – el momento antes de que ella saludara con la cabeza, realmente – ella sabía que ella había estado de acuerdo con más que un beso. Ella no estaba segura lo que había hecho Colin cambiar de opinión, por qué él había sido tan enojado un minuto y luego tan cariñoso y sensible el siguiente.
    Ella no estaba segura, pero la verdad era – ella no se preocupó.
    Una cosa que ella sabía – él no hacía este, besándola tan dulcemente, castigarla. Algunos hombres podrían usar el deseo como un arma, tentación como la venganza, pero Colin no era uno de ellos.
    Esto sólo no estaba en él.
    Él era, para todos sus caminos libertinos y dañosos, para todas sus bromas y broma y humor astuto, un hombre bueno y noble. Y él sería un marido bueno y noble.
    Ella sabía este así como ella se sabía.
    Y si él la besaba apasionadamente, bajándola a su cama, cubriendo su cuerpo de su propio, entonces era porque él querido ella, se preocupó bastante para vencer su cólera.
    Sentido cariño ella.
    Penelope lo besó atrás con cada onza de su emoción, cada última esquina de su alma. Ella tenía años y años del amor para este hombre, y de qué ella careció en la técnica, ella arregló en el fervor. Ella agarró en su pelo, se retorció bajo él, distraído de su propio aspecto.
    Ellos no estaban en un carro o el salón de su madre esta vez. No había ningún miedo del descubrimiento, ninguna necesidad de asegurarse que ella pareciera presentable en diez minutos.
    Este era la noche ella podría mostrarle todo que ella sintió para él. Ella contestaría su deseo con ella propio, y silenciosamente haga sus votos de amor y fidelidad y lealtad.
    Cuando la noche era por, él sabría que ella lo amó. Ella no podría decir las palabras – ella no podría susurrarlos hasta – pero él sabría.
    O tal vez él ya sabía. Era gracioso; había sido tan fácil esconder su vida secreta como la Señora Whistledown, pero tan increíblemente con fuerza para guardar su corazón de sus ojos cada vez ella lo miró.
    ¿"Cuándo comencé a necesitarle tanto?" él susurró, levantando su cabeza muy ligeramente del suyo hasta las puntas de sus narices tocadas y ella podría ver sus ojos, oscuros e incoloros en la luz de la vela débil, pero tan muy verde en su mente, que se concentra en el suyo. Su aliento estaba caliente, y su mirada fija estaba caliente, y él hacía su sensación caliente en áreas de su cuerpo en el que ella nunca hasta permitió que ella pensara.
    Sus dedos se movieron a la espalda de su vestido, moviéndose expertamente a lo largo de los botones hasta que ella sintiera el aflojamiento de tela, primero alrededor sus pechos, luego alrededor de sus costillas, luego alrededor de su cintura.
    Y luego no estaba hasta allí en absoluto.
    "Mi Dios," dijo él, su voz una mera sombra más alto que el aliento, "usted es tan hermoso."
    Y por primera vez en su vida, Penelope realmente creyó que podría ser verdadero.
    Había algo muy malo y estimulador sobre ser tan íntimamente expuesto antes de otro ser humano, pero ella no hizo vergüenza de sensación. Colin la miraba tan cariñosamente, tocándola tan reverentemente, que ella podría sentir solamente un sentido aplastante del destino.
    Sus dedos pasaron rozando a lo largo de la piel sensible en el borde exterior de su pecho, primero embromándola con sus uñas, entonces acariciar ella más suavemente como sus yemas del dedo devueltas a su posición original cerca de su clavícula.
    Algo apretado dentro de ella. Ella no sabía si esto era su toque o el modo que él la miraba, pero algo era fabricación de su cambio.
    Ella se sintió extraña, rara.
    Maravilloso.
    Él se arrodillaba en la cama al lado de ella, todavía totalmente vestido, mirando fijamente abajo en ella con un sentido de orgullo, del deseo, de la propiedad.
    "Nunca soñé que usted pareciera a este," susurró él, moviendo su mano hasta que su palma pastara ligeramente su engrasador.
    "Nunca soñé que yo le quisiera este camino."
    Penelope chupó en su aliento como un espasmo del tiro de sensación por ella. Pero algo en sus palabras era inquietante, y él
    ¿debe haber visto su reacción en sus ojos, porque él preguntó, "Qué es ello? ¿Qué pasa?"
    "Nada," ella comenzó a decir, luego se comprobó. Su matrimonio debería estar basado en la honestidad, y ella no hizo a ninguno de ellos un servicio reteniendo sus sentimientos verdaderos.
    ¿"Qué pensó usted que yo parecería?" ella preguntó silenciosamente.
    Él sólo la contempló, claramente aturdido por su pregunta.
    "Usted dijo que usted nunca soñó que yo pareciera este camino," explicó ella. ¿"Qué pensó usted que yo parecería?"
    "No sé," confesó él. "Hasta las pocas semanas pasadas, francamente no pienso que pensé en ello."
    ¿"Y desde entonces?" ella persistió, no completamente seguro por qué ella lo necesitó para contestar, sólo sabiendo que ella hizo.
    En un momento rápido él se sentó a horcajadas sobre ella, luego apoyado abajo hasta que la tela de su chaleco raspara su vientre y pechos, hasta su nariz tocó el suyo y su aliento caliente enjambró a través de su piel.
    "Desde entonces," él gruñó, "he pensado este momento en mil veces, imaginó cien pares diferentes de pechos, un encantador y deseable y lleno y pedidor para mi atención, pero nada, y me dejó repetir este por si usted no oyera completamente mí la primera vez, nada viene cerca de la realidad. "
    "Ah." Era realmente todo que ella podría pensar para decir.
    Él se encogió de hombros de su chaqueta y chaleco hasta que él fuera vestido sólo en su camisa de lino fina y bombachos, luego mirara fijamente solamente en ella, una mala, mala sonrisa que levanta una esquina de sus labios cuando ella se retorció bajo él, poniéndose caliente y hambrienta bajo su mirada fija implacable.
    Y luego, sólo cuando ella estaba segura que ella no podía tomarlo durante un más segundo, él extendió la mano y la cubrió de ambas sus manos, metiéndose ligeramente cuando él probó el peso y la forma de ella. Él gimió desigualmente, luego sorbido en su aliento cuando él ajustó sus dedos de modo que sus engrasadores aparecieran entre ellos.
    "Quiero verle sentarse," gimió él, "entonces puedo verlos lleno y encantador y grande. Y luego quiero avanzar lentamente detrás de usted y taza usted. "Sus labios encontraron su oído y su voz se cayó a un susurro. "Y quiero hacerlo delante de una duplicación."
    ¿"Ahora?" ella chilló.
    Él pareció considerar que durante un momento, luego sacudió su cabeza. "Más tarde", él dijo, y luego lo repitió en un bastante resuelto tono. "Más tarde".
    Penelope abrió su boca para preguntarle algo – ella no tuvo ni idea lo que – pero antes de que ella pudiera pronunciar una palabra, él murmuró, "Primeras cosas primero," y bajó su boca a su pecho, embromándola primero con una prisa suave del aire, luego cerrando sus labios alrededor de ella, riéndose entre dientes suavemente cuando ella gañó en la sorpresa y resistió de la cama.
    Él siguió esta tortura hasta que ella pensara que ella podría gritar, entonces él se movió al otro pecho y repitió todo esto otra vez. Pero esta vez él había liberado una de sus manos, y pareció ser en-todas-partes-embromando, tentación, cosquillas. Esto estaba en su vientre, luego en su cadera, luego en su tobillo, deslizándose bajo su falda.
    "Colin," Penelope jadeó, retorciéndose bajo él cuando sus dedos acariciaron la piel delicada detrás de su rodilla.
    ¿"Trata usted de escaparse o venir más cercano?" él no murmuró, sus labios nunca una vez la salida de su pecho.
    "No sé."
    Él levantó su cabeza y sonrió abajo en su wolfishly. "Bueno".
    Él subió lejos de ella y despacio quitó el resto de su ropa, primero su camisa de lino fina y luego sus botas y bombachos. Y todo el rato, él nunca una vez permitió que sus ojos se extraviaran del suyo. Cuando él fue hecho, él dio un codazo a su vestido, que ya reúne sobre su cintura, alrededor de sus caderas, sus dedos que aprietan ligeramente contra su fondo suave cuando él la levantó hasta deslice la tela bajo ella.
    No la abandonaron antes de él en solamente sus medias escarpadas, suaves de susurro. Él hizo una pausa entonces, y sonrió, demasiado de un hombre no disfrutar de la vista, luego los alivió de sus piernas, dejándoles flitter al suelo después de que él los había deslizado sobre sus dedos del pie.
    Ella temblaba en el aire de la noche, y entonces él está al lado de ella, pulsando su cuerpo al suyo, infundiéndola con su calor como él saboreado el blandura sedoso de su piel.
    Él la necesitó. Era humillante cuánto él la necesitó.
    Él estaba difícil, caliente, y tan desesperadamente sacudió con el deseo esto era una maravilla que él todavía podría ver directamente. Y aún justo cuando su el cuerpo gritó para la liberación, él fue poseído de una calma extraña, un sentido inesperado del control. En algún sitio a lo largo del camino este había dejado de ser sobre él. Era sobre ella – no, era sobre ellos, sobre esta conexión maravillosa y amor milagroso que él sólo comenzaba ahora a apreciar.
    Él quiso a su-Dios encima, él la quiso – pero él quiso que ella temblara bajo él, gritara por el deseo, azotara su cabeza de un lado al otro cuando él la embromó hacia la finalización.
    Él quiso que ella amara este, lo amara, y supiera, cuando ellos mentían en armas de cada uno, sudorosas y gastadas, que ella le perteneció.
    Como él ya sabía que él le perteneció.
    'Dígame si hago algo que no le gusta," dijo él, sorprendido a propósito su voz temblaba sobre sus palabras.
    "Usted no podría," susurró ella, tocando su mejilla.
    Ella no entendió. Casi lo hizo sonreír, probablemente lo habría hecho sonreír si él no estuviera tan preocupado por haciendo este, su primera experiencia, uno bueno. Pero sus palabras susurradas - usted no podría – podría significar sólo una cosa – esto ella no tuvo ni idea lo que esto pensó hacer el amor con un hombre.
    "Penelope," él dijo suavemente, cubriendo su mano de su propio, "tengo que explicarle algo. Yo podría hacer daño a usted. nunca quiera decir a, pero yo podría, y – "
    Ella sacudió su cabeza. "Usted no podría," dijo ella otra vez. "Le conozco. A veces pienso que le conozco mejor que me sé. Y usted nunca haría nada que haría daño a mí."
    Él gritted sus dientes e intentado para no gemir. "No a propósito," dijo él, la indirecta más desnuda de la exasperación tinging su voz,
    "pero yo podría, y-"
    "Déjeme ser el juez," dijo ella, tomando su mano y trayéndolo a su boca para un beso solo, sentido. "Y en cuanto a otro…"
    ¿"Qué otro?"
    Ella sonrió, y Colin tenía al borde, porque él podría jurar que ella casi miró como si ella fue divertida con él. "Usted me dijo decirle si usted hiciera algo que no me gustó," ella dijo.
    Él miró su cara estrechamente, de repente hipnotizado a propósito sus labios formaban palabras.
    "Le prometo," juró ella, "me gustará esto."
    Una burbuja extraña de la alegría comenzó a elevarse dentro de él. Él no sabía lo que Dios benévolo había decidido otorgarla sobre él, pero él pensaba la estera él tenía que ser la próxima vez un poco más atenta que él fue a la iglesia.
    "Me gustará esto," dijo ella otra vez, "porque estoy con usted."
    Él tomó su cara en sus manos, mirando fijamente abajo en ella como si ella estaba la criatura más maravillosa alguna vez para andar la tierra.
    "Le amo," susurró ella. "Le he amado durante años."
    "Sé," dijo él, sorprendiéndose por sus palabras. Él sabía, él supuso, pero él lo había empujado de su mente porque su amor lo hizo incómodo. Era difícil ser amado por alguien decente y bueno cuando usted no devolvió la emoción. Él no podía despedirla, porque le gustó ella y él no habría sido capaz de perdonarse si él hubiera pisoteado sus emociones. Y él no podía coquetear con ella, por motivos más o menos iguales.
    Y entonces él se había dicho que lo que ella sintió no era realmente aman. Había sido más fácil tratar de convencerse que ella era
    ¡simplemente encaprichado por él, que ella no entendió lo que el amor verdadero era (como si él hizo!), y que finalmente ella encontraría alguien más y se instalaría en una vida feliz y contenta.
    Ahora que el pensamiento – que ella podría haberse casado con el otro – casi lo abandonó paralizado con el miedo.
    Ellos estaban lado al lado, y ella lo contemplaba con su corazón en sus ojos, su cara entera viva con felicidad y alegría, como si ella finalmente se sintió libre ahora que ella había dicho las palabras. Y él realizó que su expresión sostuvo no un rastro de la expectativa. Ella no le había dicho que ella lo amó simplemente para oír su respuesta. Ella no esperaba hasta su respuesta.
    Ella le había dicho que ella lo amó simplemente porque ella quiso a. Como era lo que ella sintió.
    "Le amo, también," susurró él, pulsando un beso intenso contra sus labios antes de alejar de modo que él pudiera ver su reacción.
    Penelope miró fijamente en él para un muy largo rato antes de responder. Finalmente, con un trago raro, convulsivo, ella dijo, "Usted no tienen que decir que sólo porque hice. "
    "Sé," contestó él, sonriendo.
    Ella sólo lo miró, su ensanchamiento observa el único movimiento en su cara.
    "Y usted sabe esto, también," dijo él suavemente. "Usted dijo que usted me conoce mejor que usted se sabe. Y usted sabe que 1 ^ nunca diría las palabras si yo no los quisiera decir."
    Y cuando ella está allí, desnudo en su cama, cradled en su abrazo, Penelope realizó que ella sabía. Colin no mintió, no sobre algo importante, y ella no podía imaginar nada más importante que el momento que ellos compartían.
    Él la amó. No era nada que ella había esperado, ni algo que ella había permitido hasta que ella esperara, y aún aquí era, como un milagro brillante y brillante en su corazón.
    ¿"Usted está seguro?" ella susurró.
    Él saludó con la cabeza, sus armas que la dibujan más cercano. "Lo realicé esta tarde. Cuando le pedí quedarse."
    "Como…" Pero ella no terminó la pregunta. Como ella no estaba hasta realmente segura cual la pregunta era. ¿Cómo sabía él que él la amó? ¿Cómo había pasado? ¿Cómo lo hizo sentir?
    Pero de alguna manera él debe haber sabido lo que ella no podía expresar con palabras, porque él contestó, "no sé. No sé cuando,
    No sé como, y para ser sincero, no me preocupo. Pero sé que mucho es verdadero: le amo, y me odio para la no vista el verdadero usted todos estos años. "
    "Colin, no haga," suplicó ella. "Ningunas recriminaciones. Ningunas excusas. No esta noche."
    Pero él sólo sonrió, colocando un dedo solo en sus labios para hacer callar su súplica. "No pienso que usted se cambió," dijo él. "Al menos no muchísimo. Pero entonces un día realicé que yo veía algo diferente cuando le miré. "Él se encogió de hombros. "Tal vez me cambié. Tal vez crecí."
    Ella colocó su dedo en sus labios, calmándolo en la misma manera que él le había hecho. "Tal vez crecí, también."
    "Le amo," dijo él, inclinándose adelante para besarla. Y esta vez ella no podía contestar, porque su boca permaneció en el suyo, hambriento, exigencia, y muy, muy seductor.
    Él pareció saber exactamente que hacer. Cada movimiento rápido de su lengua, cada mordisco de sus dientes envió temblores al muy principal de su ser, y ella se dedicó a la alegría pura del momento, al cabreo candente del deseo. Sus manos estaban en todas partes, y ella lo sintió en todas partes, sus dedos en su piel, su pierna que da un codazo a su camino entre el suyo.
    Él la tiraba más cercano, haciéndola rodar encima de él cuando él se deslizó en su espalda. Sus manos estaban en su fondo, tirándola tan fuertemente contra él que la prueba de su deseo chamuscó sí mismo en su piel.
    Penelope jadeó en la intimidad asombrosa de todo esto, pero su respiración fue aguantada por sus labios, todavía besándola con la ternura feroz.
    Y luego ella estaba en su espalda, y él era encima de ella, y el peso de él la pulsaba en el colchón, apretando el aire de sus pulmones. Su boca movida a su oído, entonces a su garganta, y Penelope se sintió arqueando bajo él, como si ella podría encorvar de alguna manera su cuerpo más cercano a su.
    Ella no sabía lo que se supuso que ella hacía, pero ella sabía que ella tuvo que moverse. Su madre había conducido ya su "un poco de conversación," como ella tenía dijo, y ella había dicho a Penelope que ella debe quedarse inmóvil bajo su marido y permitirle sus placeres.
    Pero no había ningún modo que ella no podría haber permanecido inmóvil, ningún modo que ella podría haber parado sus caderas de apretar contra él, ni sus piernas de abrigarse alrededor de su. Y ella no quiso permitirle sus placeres – ella quiso animarlos, compartirlos.
    Y ella los quiso para ella también. Independientemente de este era, construyendo dentro de ella – esta tensión, este deseo – esto necesitó la liberación, y Penelope no podían imaginar que ese momento, que aquellos sentimientos no serían los más exquisitos de ella Mí.
    "Dígame que hacer," dijo ella, urgencia que hace su voz ronca.
    Colin extiende sus piernas amplias, dirigiendo sus manos a lo largo de sus lados hasta que ellos alcanzaran sus muslos y se metieran. "Déjeme hacer todo," dijo él, respirando con fuerza.
    Ella se hizo con en sus nalgas, tirándolo más cercano. "No", ella insistió. 'Dígame."
    Él dejó de moverse durante los más desnudos de momentos, mirándola en la sorpresa. "Tóqueme," dijo él.
    ¿"Dónde?"
    "En todas partes."
    Sus manos en su fondo se relajaron ligeramente, y ella sonrió. "Le toco."
    "Movimiento," él gimió. "Muévalos."
    Ella dejó a su movimiento de dedos a sus muslos, arremolinándose suavemente cuando ella sintió la elasticidad suave del pelo. ¿"Como este?"
    Él saludó con la cabeza jerkily.
    Sus manos se deslizaron adelante, hasta que ellos estuvieran peligrosamente cerca de su miembro. ¿"Como este?"
    Repentinamente, él cubrió una de sus manos con su. "No ahora," dijo él severamente.
    Ella lo miró en la confusión.
    "Usted entenderá más tarde," gruñó él, extendiendo sus piernas aún más amplias antes de deslizar su mano entre sus cuerpos y tocar su la mayor parte de lugar íntimo.
    ¡"Colin!" ella jadeó.
    Él sonrió sumamente. ¿"Pensó usted que yo no le tocaría como este?" Como si ilustrar su punto, uno de sus dedos comenzó a baile a través de su carne sensible, haciéndola arquear de la cama, sus caderas que realmente levantan a ellos ambos antes de pandear atrás abajo cuando ella se estremeció del deseo.
    Sus labios encontraron su oído. "Hay mucho más," susurró él.
    Penelope no se atrevió a preguntar que. Este era ya una parte horrible más que su madre había mencionado.
    Él deslizó un dedo dentro de ella, haciéndola jadear otra vez (que hizo que él se riera con el placer), luego comenzó a acariciarla despacio.
    "Ah, mi Dios," gimió Penelope.
    "Usted está casi listo para mí," dijo él, su aliento que viene más rápido ahora. "Tan mojado, pero tan apretado."
    "Colin, lo que es usted-"
    Él deslizó otro dedo dentro, con eficacia terminando cualquier posibilidad que ella tenía para el discurso inteligente.
    Ella se sintió estirada amplio, y aún ella lo amó. Ella debe ser muy mala, un disoluto en el fondo, porque todo ella quiso debía extender sus piernas más amplias y más amplias hasta que ella estuviera completamente abierta a él. Por lo que ella estuvo preocupada, él podría hacer algo a ella, toque ella de cualquier modo él complació.
    Tan mucho tiempo como él no se paró.
    "No puedo esperar mucho más largo," jadeó él.
    "No espere."
    "Le necesito."
    Ella alcanzó y agarró su cara, obligándolo a mirarla. "Le necesito, también."
    Y luego sus dedos fueron idos. Penelope de una manera rara tuvo hambre y se sintió vacía, pero sólo durante un segundo, porque entonces había algo más en su entrada, algo con fuerza y caliente, y muy, muy exigente.
    "Este puede doler," dijo Colin, gritting sus dientes como si él esperó el dolor él mismo.
    "No me preocupo."
    Él tuvo que hacer este bien para ella. Él tenía a. "Seré suave," dijo él, aunque su deseo fuera tan feroz ahora él no tuvo ni idea como él podría guardar posiblemente tal promesa.
    "Le quiero," dijo ella. "Le quiero y necesito algo y no sé que."
    Él empujó adelante, sólo una pulgada más o menos, pero esto pareció ella lo tragaba entero.
    Ella fue silenciosa bajo él, su único sonido su aliento que corre desigualmente a través de sus labios.
    Otra pulgada, otro paso más cercano a cielo. "Ah, Penelope," gimió él, usando sus armas para sostenerse encima de ella para no aplastarla con su peso. "Por favor dígame que este se siente bien. Por favor."
    Como si ella dijera por otra parte, esto iba a matarlo para arrancarse.
    Ella saludó con la cabeza, pero dijo, "necesito un momento."
    Él tragó, forzando su aliento por su nariz en estallidos cortos. Esto era el único modo que él podría concentrarse en el tropiezo. Ella probablemente tenía que estirarse alrededor de él, permitir que sus músculos se relajaran. Ella nunca había tomado a un hombre antes, y ella era tan exquisitamente apretada.
    A pesar de todo, él no podía esperar hasta que ellos hubieran tenido una posibilidad para hacer este bastante de modo que él no tuviera que contenerse.
    Cuando él la sintió relajarse ligeramente bajo él, él empujó adelante un poco más, hasta que él alcanzara la prueba indiscutible de su inocencia. "Ah, Dios," gimió él. "Este va a doler. No puedo ayudarle, pero le prometo, es sólo éste tiempo, y ello no dolerá mucho. "
    ¿"Cómo sabe usted?" ella le preguntó;
    Él cerró sus ojos en la agonía. Confíe en Penelope para preguntarlo. 'Confíe en mí," dijo él, weaseling inadmisible.
    Y luego él empujó adelante, empotrándose al puño, hundiéndose en su calor hasta que él supiera que él era de casa.
    ¡"Ah!" ella jadeó, su cara mostrando a su choque.
    ¿"Son usted bien?"
    Ella saludó con la cabeza. "Pienso tan."
    Él se movió ligeramente. ¿"Es este bien?"
    Ella saludó con la cabeza otra vez, pero su cara pareció sorprendida, tal vez un poco aturdida.
    Las caderas de Conn comenzaron al movimiento de su propia volición, incapaz de permanecer todavía cuando él estaba tan obviamente cerca de un punto culminante.
    Ella era la perfección pura alrededor de él, y cuando él realizó que sus gritos ahogados eran del deseo y no del dolor, él finalmente se dejó vaya y cedió ante el deseo aplastante que se levanta por su sangre.
    Ella se aceleraba bajo él, y él rezó esto él podría resistir hasta que ella culminara. Su aliento estaba rápido y caliente, y sus dedos apretaban despiadadamente en sus hombros, y sus caderas se retorcían bajo él, azotando su necesidad en un cerca frenesí.
    Y luego esto vino. Un sonido de sus labios, más dulces que algo alguna vez para tocar sus oídos. Ella gritó su nombre como su cuerpo entero tensado en el placer, y él Pensado un día la miraré. Veré su cara cuando ella alcanza la altura de placer.
    Pero no hoy. Él venía ya, y sus ojos fueron cerrados con el éxtasis feroz de todo esto. Su nombre fue convertido de sus labios cuando él empujó una vez pasada, luego cayó encima de ella, completamente privado de la fuerza.
    Durante un minuto lleno había silencio, solamente la subida y la caída de sus pechos cuando ellos lucharon por el aliento, esperado para la prisa tremenda de sus cuerpos para calmar en esto la felicidad tingly uno siente en las armas del querido de alguien.
    O al menos era lo que Colin pensó que este debe ser. Él había estado con mujeres antes, pero él acababa de realizar esto él nunca había hecho el amor hasta que él hubiera puesto a Penelope en su cama y hubiera comenzado su baile íntimo con un beso solo sobre sus labios.
    Este no pareció a nada él había sentido alguna vez antes.
    Este era el amor.
    Y él iba a agarrarse de ambas manos.

El CAPÍTULO 19

    No era muy difícil conseguir la fecha de boda empujada adelante.
    Esto ocurrió a Colin cuando él volvía a su casa en Bloomsbury (después de que sacando a Penelope muy despeinada en su propia casa en Mayfair), que podría haber una muy buena razón por qué ellos deberían estar casados más pronto más bien que más tarde.
    Por supuesto, era completamente improbable que ella se haría embarazada después sólo un encuentro. Y, él tuvo que confesar, aun si ella se hizo realmente embarazado, el niño sería un bebé de ocho meses, que no era demasiado terriblemente el sospechoso en un mundo lleno de niños nacido unos seis meros meses y tanto después de boda. No mencionar que los primeros bebés llegaban por lo general tarde (Colin era el tío a bastantes sobrinas y sobrinos para saber este para ser verdadero), que haría el bebé un bebé "ocho mes y medio", que era bastante habitual en absoluto.
    Tan realmente, no había ninguna necesidad urgente de subir la boda.
    Salvo que él quiso a.
    Entonces él tenía un poco de "conversación" con las madres, en las cuales él comunicó mucho sin decir realmente algo explícito, y ellos de prisa estuvieron de acuerdo con su plan de apresurar la boda.
    Sobre todo ya que él podría haberlos engañado posiblemente para creer que las intimidades de su y Penelope habían ocurrido varios semanas previas.
    Ah, pues pequeñas mentiras piadosas realmente no eran una transgresión tan grande cuando les dijeron servir el mayor bueno.
    Y una boda precipitada, Colin reflexionó cuando él está en la cama cada noche, volviendo a vivir su tiempo con Penelope y fervorosamente deseando ella había allí al lado de él, definitivamente sirvió el mayor bueno.
    Las madres, que se habían hecho inseparables en días recientes cuando ellos planearon la boda, al principio protestaron por el cambio, la preocupación sobre chisme desagradable (que en este caso habría sido completamente verdadero), pero Señora Whistledown vino, algo indirectamente, a su rescate.
    El chisme que rodea a la Señora Whistledown y Cressida Twombley y si los dos eran realmente la misma persona rabiado como nada Londres había visto antes o había oído. De hecho, la conversación era tan ubicua, tan completamente imposible escaparse, que nadie hizo una pausa para considerar el hecho que la fecha de la boda Bridgerton-Featherington había sido cambiada.
    Que satisfizo el Bridgertons y el Featheringtons sólo fino.
    Excepto, quizás, para Colin y Penelope, ninguno de los que eran sobre todo cómodos cuando la conversación dio vuelta a la Señora Whistledown. Penelope estuvo acostumbrado a ello ya, por supuesto; el nary por el que un mes había ido en los diez años pasados cuando alguien no había hecho la especulación ociosa en su presencia sobre la identidad de la Señora Whistledown. Pero Colin todavía estaba tan disgustado y enojado con su vida secreta que ella se había puesto incómoda ella misma. Ella había tratado de mencionar el sujeto con él unas veces, pero él se había hecho hermético y le dijo (en muy un-Colin-like tono) que él no quiso hablar sobre ello.
    Ella sólo podría deducir que él estaba avergonzado de ella. O si no de ella, exactamente, entonces de su trabajo como Señora Whistledown. Que pareció a un golpe a su corazón, porque su escritura era un segmento en su vida que ella podría señalar con un gran sentido de orgullo y logro. Ella había hecho algo. Ella tenía, aun si ella no pudiera poner su propio nombre sobre su trabajo, hacer un éxito salvaje. ¿Cuántos de sus contemporáneos, macho o hembra, podría reclamar el mismo?
    Ella podría estar lista a dejar a la Señora Whistledown y vivo su nueva vida como Sra Colin Bridgerton, esposa y madre, pero esto de ninguna manera significó que ella estaba avergonzada de lo que ella había hecho.
    Si sólo Colin pudiera tomar el orgullo de sus logros también.
    Ah, ella creyó, con cada fibra de su ser, que él la amó. Colin nunca él sobre tal cosa. Él tenía bastantes palabras inteligentes y sonrisas que embroman para hacer una mujer sentirse feliz y contento sin pronunciar realmente palabras del amor que él no sintió. Pero quizás era posible en efecto, después en cuanto al comportamiento de Colin, ella estaba segura ahora que era posible – que alguien podría amar a otra persona y todavía sentir la vergüenza y el disgusto por aquella persona.
    Penelope sólo no había esperado que ello doliera completamente tanto.
    Ellos paseaban por Mayfair una tarde, sólo días antes de la boda, cuando ella intentó mencionar el sujeto otra vez. Por qué, ella no sabía, ya que ella no podía imaginar que su actitud se habría cambiado milagrosamente desde la vez pasada ella lo había mencionado, pero ella no podía parecer pararse. Además, ella esperaba que su posición en público, donde todo el mundo podría verlos, obligaría a Colin a guardar una sonrisa en su cara y escuchar a lo que ella tuvo que decir.
    Ella calibró la distancia a Número cinco, donde los esperaron para el té. "Pienso," dijo ella, estimando que ella tenía cinco minutos de la conversación antes de que él pudiera acompañar su interior y cambiar el sujeto, "esto tenemos el asunto inconcluso que debe ser hablado. "
    Él levantó una ceja y la miró con un curioso, pero sonrisa todavía muy juguetona. Ella sabía exactamente lo que él trataba de hacer: uso su personalidad encantadora e ingeniosa para conducir la conversación donde él lo quiso. En cualquier momento, aquella sonrisa daría vuelta infantilmente cojo, y él diría que algo diseñó cambiar el tema sin su realización, algo como-
    "Bastante serio para un día tan soleado."
    Ella apretó sus labios. No era exactamente lo que ella había esperado, pero esto seguramente repitió el sentimiento.
    "Colin," ella dijo, tratando de permanecer paciente, "deseo que usted no tratara de cambiar el sujeto cada vez crío a la Señora Whistledown."
    Su voz se puso hasta, controlada. "No creo que oí que usted mencionaba su nombre, o supongo que yo debería decir su nombre. Y además, todo que hice era el elogio el tiempo fino."
    Penelope quiso más que algo plantar sus pies firmemente en el pavimento y yanqui él a un alto alarmante, pero ellos eran en público (su propia falta, ella supuso, para elegir tal lugar para iniciar la conversación) y entonces ella siguió andando, ella el paso liso y sosegado, justo cuando sus dedos se rizaran en pequeños puños tensos. "La otra noche, cuando mi última columna fue publicada – usted estaba furioso por mí," siguió ella.
    Él se encogió de hombros. "Soy sobre ello."
    "No pienso tan."
    Él le dio vuelta con una expresión bastante condescendiente. ¿"Y ahora usted me dice qué siento?"
    Un tiro tan repugnante no podía ir no devuelto. ¿"No es esto qué se supone que una esposa hace?"
    "Usted no es mi esposa aún."
    Penelope contó a tres – no, mejor hacer esto diez – antes de contestar. "Siento si lo que le trastorné realmente, pero yo tuviera no otra opción. "
    "Usted tenía cada opción en el mundo, pero no voy seguramente a debatir la cuestión aquí mismo en la Calle Bruton."
    Y ellos estaban en la Calle Bruton. Ah, molestia, Penelope había juzgado mal completamente como rápidamente ellos andaban. Ella sólo tenía otro minuto o tan a lo más antes de que ellos subieran los pasos delanteros a Número cinco.
    "Puedo asegurarle," dijo ella, "que "usted sabe a quién" nunca surgirá otra vez del retiro. "
    "Me cuesta expresar mi alivio."
    "Deseo que usted no fuera tan sarcástico."
    Él dio vuelta para afrontarla con ojos intermitentes. Su expresión era tan diferente de la máscara del aburrimiento suave que había sido allí sólo momentos antes que Penelope casi sostuvo un paso. "Tenga cuidado lo que usted desea para, Penelope," dijo él.
    "El sarcasmo es la única cosa que mantiene mis verdaderos sentimientos a raya, y creerme, usted no quiere aquellos en la vista llena."
    "Pienso que hago," dijo ella, su voz completamente pequeña, porque en verdad ella no estaba segura que ella hizo.
    "No un día va por cuando no soy obligado a pararme y considerar lo que voy a hacer para protegerle deberían su el secreto sale. Amo usted, Penelope. Dios me ayuda, pero hago. "
    Penelope podría haber hecho sin la súplica de la ayuda de Dios, pero la declaración de amor era completamente agradable.
    "En tres días," siguió él, "seré su marido. Tomaré un voto solemne para protegerle hasta que la muerte nos haga parte. ¿Entiende usted qué esto significa?"
    ¿"Usted me guardará de merodear minotaurs?" ella trató de bromear.
    Su expresión le dijo que él no encontró esto divertido.
    "Deseo que usted no fuera tan enojado," refunfuñó ella.
    Él le dio vuelta con una expresión que duda, como si él no pensó que ella tenía el derecho de refunfuñar sobre algo. "Si soy enojado, es porque no aprecié la averigución sobre su última columna al mismo tiempo como todos los demás. "
    Ella saludó con la cabeza, agarrando su labio de fondo entre sus dientes antes del refrán, "pido perdón por esto. Usted seguramente tenía el derecho a ¿sepa con adelanto, pero cómo podría yo haberle dicho? Usted habría tratado de pararme. "
    "Exactamente."
    Ellas estaban ahora sólo unas casas lejos de Número cinco. Si Penelope quisiera preguntarle algo más, ella tienen que hacerlo rápidamente. "Están usted seguro-" ella comenzó, luego se cortó, no seguro si ella quisiera terminar la pregunta.
    ¿"Estoy seguro de qué?"
    Ella dio a su cabeza un poco de sacudida. "No es nada."
    "No es obviamente nada."
    "Yo me preguntaba sólo…" Ella contempló el lado, como si la vista del Londres cityscape podría darle de alguna manera el coraje necesario para seguir. "Yo me preguntaba sólo…"
    "Escupía ello, Penelope."
    Era a diferencia de él para ser tan conciso, y su tono la pinchó en la acción. "Yo me preguntaba," dijo ella, "si quizás su inquietud con mi, er…"
    ¿"Vida secreta?" él suministró en una voz cansina.
    "Si es lo que usted quiere llamarlo," accedió ella. "Esto me había ocurrido que quizás su inquietud no proviene completamente de su deseo de proteger mi reputación deberían yo ser averiguado. "
    ¿"Qué, exactamente," preguntó él en un tono entrecortado, "quiere decir usted con esto?"
    Ella había expresado ya su pregunta; no había nada para hacer ahora, pero suministro honestidad completa. "Pienso que usted está avergonzado de mí."
    Él la contempló durante tres segundos llenos antes de la contestación, "no estoy avergonzado de usted. Le dije una vez ya que yo no era."
    ¿"Qué, entonces?"
    Los pasos de Colin vacilaron, y antes de que él realizara lo que su cuerpo hacía, él se estaba quieto delante de Número tres,
    Calle de Bruton. La casa de su madre estaba sólo dos casas lejos, y él estaba bastante seguro los esperaron para el té hace aproximadamente cinco minutos, y…
    Y él no podía conseguir completamente sus pies para moverse.
    "No estoy avergonzado de usted," dijo él otra vez, sobre todo porque él no podía traerse para decirle la verdad – que él era celoso. Celoso de sus logros, celosos de ella.
    Esto era un sentimiento tan desagradable, una emoción tan desagradable. Esto comió en él, creando un sentido vago de la vergüenza cada vez alguien mencionó a la Señora Whistledown, que, considerando el tenor del chisme corriente de Londres, era aproximadamente diez veces cada día.
    Y él no estaba completamente seguro que hacer sobre ello.
    Su hermana Daphne había comentado una vez que él siempre parecía saber que decir, como poner a otros a gusto. Él había pensado en esto durante varios días después de que ella lo había dicho, y él había llegado a la conclusión que su capacidad de hacer a otros para sentir bueno sobre ellos debe provenir de su propio sentido de mí.
    Él era un hombre que siempre se sentía sumamente cómodo en su propia piel. Él no sabía por qué él fue tan bendito – quizás era padres buenos, suerte tal vez simple. Pero ahora él se sintió torpe e incómodo y esto se derramaba en cada esquina de su vida. Él intentó morder a Penelope, él apenas habló en partidos.
    Y era todo debido a estos celos detestables, y su vergüenza asistente.
    ¿O era ello?
    ¿Sería celoso él de Penelope si él no hubiera sentido ya una carencia en su propia vida?
    Esto era una pregunta psicológica interesante. O al menos sería si fuera sobre alguien más, pero él.
    "Mi madre nos esperará," dijo él bruscamente, sabiendo que él evitaba la cuestión, y se odiaba para ello, pero completamente incapaz de hacer algo más. "Y su madre estará allí también, entonces no deberíamos llegar tarde."
    "Llegamos tarde ya," indicó ella.
    Él tomó su brazo y la tiró hacia Número cinco. "Tanto más razón de no perder el tiempo."
    "Usted me evita," dijo ella.
    ¿"Cómo puedo evitarle si usted está aquí mismo a mi brazo?"
    Esto hizo su ceño. "Usted evita mi pregunta."
    "Hablaremos de ello más tarde," dijo él, "cuando no estamos de pie en medio de la Calle Bruton, con el cielo sabe quien mirar fijamente en nosotros por sus ventanas. "
    Y luego, para demostrar que él no toleraría ninguna protesta adicional, él colocó su mano en su espalda y no le condujo "ninguno demasiado suavemente" los pasos a Número cinco.

* * *

    Una semana más tarde, nada se había cambiado, excepto, Penelope reflexionó, su apellido.
    La boda había sido mágica. Esto era un pequeño asunto, mucho a la consternación de la sociedad de Londres. Y la noche pues de boda que había sido mágica, también.
    Y, de hecho, el matrimonio era mágico. Colin era una maravillosa broma de marido, suave, atenta…
    Menos cuando el tema de Señora Whistledown se levantó.
    Entonces él se hizo… bien, Penelope no estaba segura lo que él se hizo, salvo que él no era. Ido era su gracia fácil,
    su lengua charlatana, todo lo maravilloso que lo hizo el hombre para el que ella había amado tan muy mucho tiempo.
    En un camino, era casi gracioso. Ya que tan mucho tiempo, todos sus sueños habían girado alrededor del casamiento con este hombre. Y en algún punto aquellos sueños habían venido para incluir su narración de él sobre su vida secreta. ¿Cómo podría ellos no? En los sueños de Penelope, su matrimonio a Colin había sido una unión perfecta, y aquella honestidad completa destinada.
    En sus sueños, ella lo sentó, tímidamente reveló su secreto. Él reaccionó primero con la incredulidad, luego con placer y orgullo. Que notable ella era, haber engañado todo Londres durante tantos años. Como ingenioso haber escrito tales vueltas inteligentes de frase.
    Él la admiró para su ingeniosidad, la elogió de su éxito. En algunos sueños, él hasta sugirió que él hágase su reportero secreto.
    Esto había parecido la clase de cosa de la que Colin disfrutaría, sólo la clase de la tarea divertida, desviada que él saborearía.
    Pero no era el modo que esto había resultado.
    Él dijo que él no estaba avergonzado de ella, y tal vez él hasta pensó que era verdadero, pero ella no podía traerse completamente para creer él. Ella había visto su cara cuando él juró que todo que él quiso debía protegerla. Pero protector era un feroz, copiando CDs sintiendo, y cuando Colin hablaba sobre la Señora Whistledown, sus ojos eran shuttered y el apartamento.
    Ella trató de no sentirse tan decepcionada. Ella trató de decirse que ella no tenía ningún derecho de esperar que Colin cumpliera con sus sueños, aquella su visión de él había sido injustamente idealizada, pero…
    Pero ella todavía quería que él fuera el hombre con el que ella había soñado.
    Y ella se sintió tan culpable para cada punzada de la desilusión. ¡Este era Colin! Colin, para el bien del cielo. Colin, que era como cerca para perfeccionar como cualquier ser humano podría esperar alguna vez ser. Ella no tenía ningún derecho de criticar a él, y aún…
    Y aún ella hizo.
    Ella quiso que él estuviera orgulloso de ella. Ella lo quiso más que algo en el mundo, más hasta que ella le había querido todos aquellos años cuando ella lo había mirado desde lejos.
    Pero ella apreció su matrimonio, y momentos torpes aparte, ella apreció a su marido. Y entonces ella dejó de mencionar a la Señora Whistledown. Ella estuvo cansada de la expresión encapuchada de Colin. Ella no quiso ver las líneas apretadas del disgusto alrededor su boca.
    No era como si ella podría evitar el tema para siempre; cualquier viaje en la sociedad pareció traer la mención de su álter ego. Pero ella no tuvo que introducir el sujeto en casa.
    Y tan, cuando ellos se sentaron en el desayuno una mañana, charlando amablemente cuando cada uno de ellos leyó detenidamente el periódico de aquella mañana, ella buscó otros temas.
    ¿"Piensa usted que tomaremos un viaje de la luna de miel?" ella preguntó, extendiendo una parte generosa de la mermelada de frambuesa en su mollete. Ella probablemente no debería comer tanto, pero la mermelada era realmente completamente sabrosa, y además, ella siempre comía mucho cuando ella estaba preocupada.
    Ella frunció el ceño, primero en el mollete y luego en nada en particular. Ella no había realizado que ella estaba tan preocupada. Ella había pensado que ella había sido capaz de empujar el problema de Señora Whistledown a la espalda de su mente.
    "Quizás más tarde en el año," contestó Colin, alcanzando para la mermelada una vez que ella era por con ello. "Páseme la tostada, verdad?"
    Ella hizo así, silenciosamente.
    Él echó un vistazo, en ella o en el plato de arenques ahumados – ella no podía estar segura. "Usted parece decepcionado," dijo él.
    Ella supuso que ella debería ser adulada que él había alzado la vista de su alimento. O tal vez él miraba a los arenques ahumados y ella sólo entrado el camino. Probablemente éste. Era difícil competir con el alimento por la atención de Colin.
    ¿"Penelope?" él preguntó.
    Ella parpadeó.
    ¿"Usted pareció decepcionado?" él le recordó.
    "Ah. Sí, pues soy, supongo." Ella le dio una sonrisa vacilante. "Nunca he estado en ninguna parte, y usted ha estado en todas partes,
    y adivino que pensé que usted podría tomarme someplace que sobre todo le gustó. Grecia, quizás. O tal vez Italia. Tengo siempre querido para ver Italia. "
    "Le gustaría esto," murmuró él locamente, su atención más en sus huevos que en ella. "Venecia sobre todo, pienso."
    ¿"Entonces por qué no me toma usted?"
    "Voy a," dijo él, spearing un pedazo rosado del tocino y hacerlo reventar en su boca. "Sólo no ahora."
    Penelope lamió un poco de la mermelada de su mollete y trató de no parecer demasiado abatida.
    "Si usted debe saber," dijo Colin con un suspiro, "la razón que no quiero dejar es…" Él echó un vistazo a la puerta abierta, sus labios apretar con la molestia. "Bien, no puedo decirlo aquí."
    Los ojos de Penelope se ensancharon. "Usted quiere decir…" Ella remontó W grande en el mantel.
    "Exactamente."
    Ella lo contempló en la sorpresa, un poco asustó esto él había criado el sujeto, y hasta más de modo que él no pareciera terriblemente disgustado por ello. ¿"Pero por qué?" ella finalmente preguntó.
    "Debe el secreto salir," dijo él enigmáticamente, sólo en había cualquier criado sobre, que allí por lo general vere, "yo debería guste estar en la ciudad para controlar el daño. "
    Penelope se desinfló en su silla. Fue nunca agradable mencionarse como el daño. Que era lo que él había hecho. Bien, indirectamente, al menos. Ella contempló su mollete, tratando de decidirse si ella tuvo hambre. Ella no era, no realmente.
    Pero ella lo comió, de todos modos.

El CAPÍTULO 20

    Unos días más tarde, Penelope volvió de una expedición que hace compras con Eloise, Jacinto, y Felicidad para encontrar su marido asentado detrás de su escritorio en su estudio. Él leía algo, no característicamente encorvado cuando él estudió minuciosamente unos libro desconocido o documento.
    ¿"Colin?"
    Su cabeza se sacudió. Él no debe haber oído su llegada, que era sorprendente, ya que ella no había hecho ningún esfuerzo para ablandarsesus pasos. "Penelope", él dijo, elevándose a sus pies cuando ella entró en el cuarto, "como era su, er, independientemente de era usted hizo cuando ¿usted salió? "
    "Delatando," ella dijo con una sonrisa divertida. "Fui de compras."
    "Derecho. Entonces usted hizo." Él se meció ligeramente del pie al pie. ¿"Compró usted algo?"
    "Un gorro," contestó ella, tentado añadir y tres anillos de diamantes, sólo ver si él escuchaba.
    "Bueno, bueno," murmuró él, obviamente impaciente para regresar a que esto estaba en su escritorio.
    ¿"Qué lee usted?" ella preguntó.
    "Nada," él contestó, casi reflexivamente, entonces él añadió, "Bien, realmente esto es uno de mis diarios."
    Su cara tomó una expresión extraña, un poco avergonzada, un poco desafiante, casi como si él estaba avergonzado que él había sido agarrado, y al mismo tiempo atreviéndosela a preguntar más.
    ¿"Puedo mirarlo?" ella preguntó, guardando su voz suave y, ella esperó, no amenazas. Era extraño pensar que Colin era inseguro sobre algo. La mención de sus diarios, sin embargo, pareció sacar una vulnerabilidad que sorprendía… y el toque.
    Penelope había gastado tanta de su vida en cuanto a Colin como una torre invencible de la felicidad y bueno aclama. Él era seguro de sí mismo, hermoso, bien gustado, e inteligente. Que fácil debe deber ser un Bridgerton, ella había pensado en más que una ocasión.
    Hubo tantos tiempos más que ella podría contar – que ella había venido a casa del té con Eloise y su familia, enroscado en su cama, y deseado que ella había nacido un Bridgerton. La vida era fácil para ellos. Ellos eran elegantes y atractivos y ricos y cada uno pareció a parecido ellos.
    Y usted no podía odiarlos hasta para vivir tales existencias espléndidas porque ellos eran tan agradables.
    Bien, ahora ella era un Bridgerton, por el matrimonio si no de nacimiento, y esto fuera la vida verdadera era mejor como un Bridgerton, aunque esto tenía menos para hacer con cualquier gran cambio de ella que esto hizo porque ella estaba como un loco enamorada de su marido, y por algún milagro fabuloso, él realmente devolvió la emoción.
    Pero la vida no era perfecta, no hasta para el Bridgertons.
    Incluso Colin muchacho de oro, el hombre con la sonrisa fácil y puntos crudos habidos por humor diabólicos de su propio. Él fue frecuentado por sueños incumplidos e inseguridades secretas. Que injusto ella había sido cuando ella había considerado su vida, no permitirle sus debilidades.
    "No tengo que verlo en su totalidad," ella le tranquilizó. "Tal vez sólo un paso corto o dos. De su propia elección.
    Quizás algo usted sobre todo como. "
    Él miró abajo el libro abierto, mirando fijamente sin expresión, como si las palabras fueron escritas en el chino. "Yo no sabría que a elija," él masculló. "Es todo igual, realmente."
    "Por supuesto no es. Entiendo que más que alguien. "Yo" "Ella de repente miró alrededor, realizó que la puerta estaba abierta, y rápidamente fue para cerrarlo. "He escrito columnas innumerables," siguió ella, "y le aseguro, ellos no son todos iguales. Unos
    Adoré. "Ella sonrió nostálgicamente, recordando la prisa de alegría y orgullo que se lavó sobre ella siempre que ella escrito lo que ella pensó era una instalación sobre todo buena. ¿"Era encantador, sabe usted qué quiero decir?"
    Él sacudió su cabeza.
    "Aquel sentimiento de usted se pone," ella trató de explicar, "cuando usted sólo sabe que las palabras que usted ha elegido son exactamente correctas. Y usted sólo realmente puede apreciarlo después de que usted se ha sentado allí, ha caído y abatido, contemplando su hoja en blanco de papel, no teniendo una pista que decir."
    "Sé esto," dijo él.
    Penelope trató de no sonreír. "Sé que usted sabe el primer sentimiento. Usted es un escritor espléndido, Colin. He leído su trabajo."
    Él alzó la vista, alarmado.
    "Sólo el bit sobre el que usted sabe," ella lo aseguró. "Yo nunca leería sus diarios sin su invitación." Ella se sonrojó, recordando que era exactamente como ella había leído el paso sobre su viaje a Chipre. "Bien, no ahora, de todos modos," añadió ella. "Pero estaba bien, Colin. Casi mágico, y en algún sitio dentro de usted, usted tiene que saber esto."
    Él sólo la contempló, pareciendo él simplemente no sabía que decir. Esto era una expresión que ella había visto en caras innumerables, pero nunca en su cara, y era tan muy raro y extraño. Ella quiso gritar, ella quiso lanzar sus armas alrededor de él. El más de todos, ella fue agarrada por una necesidad intensa de restaurar una sonrisa a su cara.
    "Sé que usted debe haber tenido aquellos días describí," insistió ella. "Estos cuando usted sabe que usted ha escrito algo bueno." Ella lo miró con esperanza. ¿"Usted sabe qué quiero decir, verdad?"
    Él no hizo ninguna respuesta.
    "Usted hace," dijo ella. "Sé que usted hace. Usted no puede ser un escritor y no saberlo."
    "No soy un escritor," dijo él.
    "Por supuesto usted es." Ella hizo señas al diario. "La prueba está ahí mismo." Ella anduvo adelante. "Colin, por favor. Por favor ¿puedo leer un poquito más? "
    Por primera vez, él pareció indeciso, que Penelope tomó como una pequeña victoria. "Usted ha leído ya casi todo
    He escrito alguna vez," ella lisonjeó. "Es realmente sólo justo a-"
    Ella se paró cuando ella vio su cara. Ella no sabía describirlo, pero él pareció shuttered, cortado, completamente inalcanzable.
    ¿"Colin?" ella susurró.
    "Prefiero guardar este a mí," dijo él bruscamente. "Si usted no se opone."
    "No, por supuesto no me opongo," dijo ella, pero ellos ambos sabían que ella mentía.
    Colin estuvo de pie tan todavía y silencioso que ella no tenía ninguna otra opción, sólo perdonarse, dejándolo en paz en el cuarto, mirando fijamente inútilmente en la puerta.
    Él había hecho daño a ella.
    Esto no importó a que él no había querido decir. Ella había tendido la mano a él, y él había sido incapaz de tomar su mano.
    Y la parte peor era que él sabía que ella no entendió. Ella pensó que él estaba avergonzado de ella. Él le había dicho que él no era, pero ya que él no había sido capaz de traerse para decirle la verdad – que él era celoso – él no podía imaginar esto ella lo había creído.
    Infierno, él no lo habría creído, tampoco. Él había parecido claramente él mentía, porque en un camino, él mentía. O en la menor parte de retención de una verdad que lo hizo incómodo.
    Pero el minuto ella le había recordado que él había leído todo que ella había escrito, algo había girado feo y negro dentro de él.
    Él había leído todo que ella había escrito porque ella había publicado todo que ella había escrito. Mientras que sus garabatos se sentaron embotado y sin vida en sus diarios, metidos donde nadie los vería.
    ¿Importó esto qué un hombre escribió si nadie alguna vez lo leyó? ¿Tenían las palabras el sentido si ellos nunca fueran oídos?
    Él nunca había pensado publicar sus diarios hasta que Penelope lo hubiera sugerido varias semanas antes; ahora el pensamiento lo consumió día y noche (cuando él no fue consumido con Penelope, por supuesto). Pero él fue agarrado por un miedo poderoso. ¿Y si nadie quisiera publicar su trabajo? ¿Y si alguien lo publicara realmente, pero sólo porque su era una familia rica y poderosa? Colin quiso, más que algo, ser su propio hombre, ser conocido para sus logros, no para su nombre o posición, o hasta su sonrisa o encanto.
    Y luego había perspectiva scariest de todos: ¿Y si su escritura fuera publicada pero nadie gustó esto?
    ¿Cómo podría él afrontar esto? ¿Cómo existiría él como un fracaso?
    O era ello peor para permanecer cuando él era ahora: ¿un cobarde?

* * *

    Más tarde esa tarde, después de que Penelope se había sacado finalmente de su silla y había bebido una taza de té reconstituyente y puttered sin rumbo fijo sobre el bedchamber y finalmente había colocado contra sus almohadas con un libro que ella no podía hacerse completamente leída, Colin apareció.
    Él no dijo nada al principio, sólo estuvo de pie allí y se rió de ella, excepto ello no era una de sus sonrisas habituales – la clase aquella luz desde dentro y obligan a su recipiente para sonreír el derecho atrás.
    Este era una pequeña sonrisa, una sonrisa avergonzada.
    Una sonrisa de apología.
    Penelope deja a su resto de libro, espina, en su vientre.
    ¿"Puedo yo?" Colin preguntó, haciendo señas al punto vacío al lado de ella.
    Penelope se escabulló a la derecha. "Por supuesto," ella murmuró, moviendo su libro a la tabla de la noche al lado de ella.
    "He marcado unos pasos," dijo él, sosteniendo adelante su diario cuando él se posó en el lado de la cama. "Si le gustara leerlos, a" – él se despejó su garganta – "ofrecen una opinión, que sería-" Él tosió otra vez. "Sería aceptable."
    Penelope miró el diario en su mano, elegantemente ligada en el cuero carmesí, entonces ella alzó la vista en él. Su cara era seria, y sus ojos eran sombríos, y aunque él fuera absolutamente todavía – no tirar o juguetear – ella podría decir que él era nervioso.
    Nervioso. Colin. Esto pareció la cosa strangest imaginable.
    "Yo me honraría," dijo ella suavemente, suavemente tirando el libro de sus dedos. Ella notó que unas páginas fueron marcadas con cintas, y con dedos cuidadosos, ella abrió a uno de los puntos seleccionados.
    El 14 de marzo de 1819
    Las Tierras altas son de una manera rara marrones.
    "Era cuando visité a Francesca en Escocia," interrumpió él.
    Penelope le dio una sonrisa ligeramente indulgente, destinada como reprender suave para su interrupción.
    "Lamentable," él masculló.
    Uno pensaría, al menos un de Inglaterra pensaría, que las colinas y los valles serían una esmeralda rica verde. Escocia reside, después de todo, a la misma isla, y al decir de todos sufre de la misma lluvia que molesta Inglaterra.
    Me dicen que estas colinas beige extrañas son llamadas altiplanicies, y ellos son tristes y marrones y solitarios. Y aún ellos mueven el alma.
    "Era cuando yo era bastante alto en la elevación," explicó él. "Cuando usted es inferior, o cerca del lochs, es completamente diferente."
    Penelope le dio vuelta y le miró.
    "Lamentable," él masculló.
    ¿"Tal vez usted sería más cómodo si usted no leyera rapidamente mi hombro?" ella sugirió.
    Él parpadeó en la sorpresa.
    "Yo pensaría que usted ha leído ya todo esto antes." En su impreso miran fijamente, ella añadió, "Entonces usted no tiene que leerlo ahora." Ella esperó una reacción y no consiguió ninguno. "Entonces usted no tiene que cernerse sobre mi hombro," ella finalmente terminó.
    "Ah." Él avanzó poco a poco lejos. "Lamentable".
    Penelope lo observó en forma sospechosa. "De la cama, Colin."
    Mirando mucho castigado, Colin se empujó de la cama y se arrojó en una silla en la esquina lejana del cuarto, cruzándose sus armas y golpeado de su pie en un baile loco de impaciencia.
    Grifo de grifo de grifo. Los Tappity dan un toque al grifo de grifo.
    ¡"Colin!"
    Él alzó la vista en la sorpresa honesta. ¿"Qué?"
    ¡"Deje de dar un toque a su pie!"
    Él miró abajo como si su pie era un objeto extranjero. ¿"Le daba un toque yo?"
    "Sí."
    "Ah." Él tiró sus armas en más fuertemente contra su pecho. "Lamentable".
    Penelope reenfocó su atención en el diario.
    Grifo de grifo.
    Penelope se sacudió se dirigen. ¡"Colin!"
    Él plantó sus pies abajo firmemente en la alfombra. "Yo no podía ayudarme. No realizó hasta que yo lo hacía." Él descruzó sus armas, descansándolos en el lado tapizado de la silla, pero él no pareció relajado; los dedos en ambos de sus manos eran tense y arqueado.
    Ella lo contempló durante varios momentos, esperando a ver si él iba realmente a ser capaz de sostener todavía.
    "No lo haré otra vez," él la aseguró. "Prometo." Ella le dio una última evaluación mira fijamente, luego giró su atención atrás a las palabras delante de ella.
    Como una gente, los escoceses desprecian a los Ingleses, y muchos dirían en forma legítima tan. Pero individualmente, ellos están completamente calientes y amistosos, impacientes para compartir un cristal de whisky, una comida caliente, u ofrecer un lugar caliente para dormir. Un grupo de Ingleses - o, en verdad, cualquier Inglés en cualquier clase del uniforme - no encontrará una bienvenida caliente en un pueblo escocés. Pero si Sassenach solitario ambla abajo su Calle Alta - la población local lo saludará con los brazos abiertos y amplias sonrisas.
    Tal era el caso cuando me encontré con Inveraray, sobre los bancos de Loch Fyne. Una ciudad ordenada, bien planeada que fue diseñada por Robert Adán cuando el Duque de Argyll decidió mover el pueblo entero para acomodar su nuevo castillo, esto se sienta en el borde del agua, sus edificios blanqueados en filas ordenadas que se encuentran perpendicularmente (seguramente una existencia extrañamente pedida por su parte como mí, criado entre las intersecciones torcidas de Londres).
    Yo tomaba mi cena en George Hotel, disfrutando de un whisky fino en vez de la ale habitual que uno podría beber en un establecimiento similar en Inglaterra, cuando realicé que no tuve ni idea como ponerme a mi siguiente destino, ni cualquier pista cuanto esto tomaría para ponerse allí. Yo me acerqué al propietario (un Sr. Clark), expliqué mi intención de visitar a Blair Castle, y luego podría hacer solamente el parpadeo en maravilla y confusión cuando el resto de los inquilinos de la posada intervino con el consejo. ¿"Blair Castle?" Sr. Clark retumbó. (Él era una clase en auge de hombre, no dado a discurso suave.) "Bien, ahora, si ye're deseo para ir a Blair Castle, ye'II seguramente querer encabezar Oeste hacia Pitlochry y luego norte desde allí. "
    Este fue encontrado por un coro de aprobación – y un eco igualmente fuerte de la desaprobación.
    ¡"Och, no!" gritó el otro (cuyo nombre que más tarde aprendí era MacBogel). "He'II tener que cruzar Juguete de Loch,
    y una mayor receta para el desastre nunca ha sido probada. Mejor encabezar norte ahora, y luego mover Oeste. "
    "Sí," intervino en un tercero, "pero entonces él tendrá a Ben Nevis en su camino. Son usted diciendo que una montaña es a
    ¿obstáculo menor que loch endeble? "
    ¿"Llama usted el Juguete de Loch endeble? Le diré que nací en las orillas del Juguete de Loch, y nadie lo llamará endeble en mi presencia." (No tengo ni idea quién dijo este, o en efecto, casi todo inmediatamente, pero ello fue todos dicho con gran sentimiento y convicción.)
    "Él no tiene que ir en todo a Ben Nevis. Él puede girar el Oeste en Glencoe."
    "Ah, ho, ho, y una botella de whisky. No hay un camino decente que encabeza el Oeste de Glencoe. Son usted intentando a ¿mate al chaval pobre? "
    Etcétera etcétera. Si el lector ha notado que dejé de escribir quién dijo lo que, es porque el alboroto de voces era tan aplastante que era imposible distinguir a alguien, y este siguió durante al menos diez minutos hasta finalmente, viejo Angus Campbell, ochenta años si él fuera un día, hablaron, y del respeto, cada uno se calmó.
    "Lo que él tiene que hacer," respiró con dificultad Angus, "es el sur de viajes a Kintyre, volverse atrás el norte y cruzar el Firth de
    Los Lome para Calentar con especias de modo que él pueda escabullirse a Iona, vela hasta Skye, transición al continente a Ullapool, se echan atrás a Inverness, pagan su respeta en Culloden, y desde allí, él puede proceder el sur a Blair Castle, parando en Grampian si él elige así él puede ver como una botella apropiada del whisky es hecha. "
    El silencio absoluto encontró esta declaración. Finalmente, un hombre valiente indicó, "Pero esto tomará meses."
    ¿"Y quién dice que esto no va a?" viejo Campbell dijo, con el rastro más desnudo de la beligerancia. "El Sassenach está aquí ver Escocia. Son usted diciéndome él puede decir que él es hecho que si todo él es hecho es tomado una línea recta de aquí ¿a Perthshire? "
    Me encontré sonrisa, y tomé mi decisión sobre el terreno. Yo seguiría su ruta exacta, y cuando volví a Londres, yo sabría en mi corazón que yo sabía Escocia.

    Colin miró a Penelope cuando ella leyó. De vez en cuando ella sonreiría, y su corazón saltaría, y luego de repente él realizó que su sonrisa se había hecho permanente, y sus labios se fruncían como si ella suprimía una risa.
    Colin realizó que él sonreía, también.
    Él había estado tan sorprendido por su reacción la primera vez que ella había leído su escritura; su respuesta había sido tan apasionada, y aún ella había sido tan analítica y precisa cuando ella le habló sobre ello. Tuvo sentido ahora, por supuesto. Ella era un escritor, también, probablemente mejor uno que él, y de todas las cosas que ella entendió en este mundo, ella entendió palabras.
    Era difícil creerlo le había tomado este mucho tiempo para pedir su consejo. El miedo, él supuso, lo había parado. El miedo y la preocupación y todas aquellas emociones estúpidas que él había fingido eran bajo él.
    ¿Quién habría adivinado que la opinión de una mujer se haría tan importante para él? Él había trabajado en sus diarios durante años, con cuidado registrando sus viajes, tratando de capturar más que lo que él vio e hizo, tratando de capturar lo que él sintió. Y él nunca una vez los mostró a alguien.
    Hasta ahora.
    No hubo nadie él había querido mostrarles a. No, no era verdadero. Profundamente abajo, él había querido mostrarles a varia gente, pero el tiempo nunca había parecido correcto, o él pensó que ellos mentirían y dirían que algo estaba bien cuando no era, sólo ahorrar sus sentimientos.
    Pero Penelope era diferente. Ella era un escritor. Ella era buena maldita, también. Y si ella dijo que sus asientos de diario eran bueno, él casi podría creer que era verdadero.
    Ella apretó sus labios ligeramente cuando ella giró una página, luego frunció el ceño cuando sus dedos no podían encontrar la compra. Después de lamer su dedo medio, ella agarró la página errante y comenzó a leer otra vez.
    Y sonrió otra vez.
    Colin suelta un aliento él no realizó que él había estado sosteniendo.
    Finalmente, ella posó el libro en su regazo, dejándolo abre a la sección que ella había estado leyendo. Alzando la vista, ella dijo,
    ¿"Asumo que usted quiso que yo me parara al final de entrada?"
    No era completamente lo que él había esperado que ella dijera, y que lo confundió. "Er, si usted quiere a," tartamudeó él. "Si usted quiere a lea más, que sería fino, adivino. "
    Era como si el sol había tomado de repente la residencia en su sonrisa. "Por supuesto quiero leer más," salió a borbotones ella. "No puedo espere a ver lo que pasó cuando usted fue a Kintyre y Confusión y" – fruncir el ceño, ella comprobó el libro abierto – "y Skye y Ullapool y Culloden y Grampian" – ella echó un vistazo se echan atrás en el libro otra vez – "ah, sí, y Blair Castle, de el curso, si usted alguna vez lo hiciera. Asumo que usted planeaba visitar a amigos. "
    Él saludó con la cabeza. "Murray", él dijo, refiriéndose a un compinche escolar cuyo hermano era el Duque de Atholl. "Pero yo debería decirle,
    No terminé después de ruta exacta prescribida por viejo Angus Campbell. En primer lugar, no encontré hasta caminos conectando la mitad de los sitios él mencionó. "
    "Tal vez," ella dijo, sus ojos que se ponen soñadora, "lo que es donde deberíamos ir para nuestro viaje de la luna de miel."
    ¿"Escocia?" él preguntó, a fondo sorprendido. ¿"No quiere usted viajar someplace caliente y exótico?"
    'A uno quién nunca ha viajado más de cien millas de Londres," dijo ella coquetamente, "Escocia es exótica."
    "Puedo asegurarle," dijo él con una sonrisa cuando él anduvo a través del cuarto y se posó en el borde de la cama, "que Italia es más exótico. Y más romántico. "
    Ella se sonrojó, que lo encantó. "Ah", ella dijo, pareciendo vagamente avergonzada. (Él se preguntó cuanto él sería capaz de avergonzarla con la conversación de romance y amor y todas las actividades espléndidas que fueron con ellos.)
    "Iremos a Escocia otro tiempo," él la aseguró. "Por lo general me encuentro encabezando el norte cada pocos años o tan visitar a Francesca, de todos modos."
    "Estuve sorprendido que usted pidió mi opinión," dijo Penelope después de un silencio corto.
    ¿"A quién más preguntaría yo?"
    "No sé," contestó ella, de repente muy interesado en el modo que sus dedos arrancaban en los sobrecamas. "Sus hermanos, supongo."
    Él puso su mano en el suyo. ¿"Qué saben ellos sobre la escritura?"
    Su barbilla levantó y sus ojos, claros, calientes, y marrón, encontraron su. "Sé que usted valora sus opiniones."
    "Es verdadero," accedió él, "pero valoro el suyo más."
    Él miró su cara estrechamente, como emociones jugadas a través de sus rasgos. "Pero no le gusta mi escritura," dijo ella, su voz dudosa y esperanzador al mismo tiempo.
    Él movió su mano a la curva de su mejilla, sosteniendo ello allí suavemente, asegurándose que ella lo miraba como él habló. "Nada podría ser adelante de la verdad," dijo él, una intensidad que copia CDs y enciende sus palabras. "Pienso que usted es un escritor maravilloso.
    Usted corta directamente en la esencia de una persona con una simplicidad e ingenio que es incomparable. Durante diez años, usted ha hecho la risa de gente. Usted los ha hecho estremecerse. Usted los ha hecho pensar, Penelope. Usted ha hecho la gente pensar. No sé que podría ser un logro más alto.
    "Para no mencionar," siguió él, casi como si él no podía pararse completamente ahora que él se había hecho comenzado, "esto usted escribe sobre la sociedad, de todas las cosas. Usted escribe sobre la sociedad, y usted lo hace diversión e interesante e ingenioso, cuando sabemos esto más a menudo que no está más allá embotado. "
    Para el tiempo más largo, Penelope no podía decir nada. Ella había estado orgullosa de su trabajo durante años, y había sonreído en secreto siempre que ella hubiera oído a alguien recitando de una de sus columnas o riéndose de una de sus bromas. Pero ella no había tenido a nadie con quien compartir sus triunfos.
    Ser anónimo había sido una perspectiva sola.
    Pero ahora ella tenía a Colin. Y aunque el mundo nunca supiera que la Señora Whistledown era realmente clara, pasado por alto, Penelope "solterona hasta el último momento posible" Featherington, Colin sabía. Y Penelope venía para realizar que aun si no fuera todo que importó, era lo que importó el más.
    Pero ella todavía no entendía sus acciones.
    ¿"Por qué, entonces," ella preguntó él, sus palabras lento y con cuidado midió, "se pone usted tan distante y frío cada vez lo crío?"
    Cuando él habló, sus palabras estaban cerca de un refunfuño. "Es difícil explicar."
    "Soy un oyente bueno," dijo ella suavemente.
    Su mano, que había sido cradling su cara tan tiernamente, se cayó a su regazo. Y él dijo una cosa que ella nunca habría esperado.
    "Soy celoso." Él se encogió de hombros inútilmente. "Siento tanto."
    "No sé lo que usted quiere decir," dijo ella, no teniendo la intención de susurrar, pero careciendo de la voz para hacer algo más.
    "Mirada usted mismo, Penelope." Él recogió ambos de sus manos su y se enroscó de modo que ellos afrontaran el uno al otro. "Usted es un éxito enorme. "
    "Un éxito anónimo," ella le recordó.
    "Pero usted sabe, y sé, y además, esto no es sobre qué hablo." Él dejó van de una de sus manos, rastrillando sus dedos por su pelo cuando él buscó palabras. "Usted ha hecho algo. Usted tiene un cuerpo de trabajo."
    "Pero usted tiene-"
    ¿"Qué tengo, Penelope?" él interrumpió, su voz que se pone agitado cuando él se elevó a sus pies y comenzó a marcar el paso. "Que ¿tengo? "
    "Bien, usted me tiene," dijo ella, pero sus palabras carecieron de la fuerza. Ella sabía que no era lo que él quiso decir.
    Él la miró cansadamente. "No hablo sobre esto, Penelope-"
    "Sé."
    "los-I necesitan algo que puedo señalar," dijo él, directamente encima de su oración suave. "Necesito un objetivo. Anthony tiene un, y Benedict tiene un, pero estoy en desacuerdo y finales."
    "Colin, usted no es. Usted es-"
    "Estoy cansado de ser pensado como solamente un-" Él se paró en seco.
    ¿"Qué, Colin?" ella preguntó, un poco asustado por la expresión repugnada que de repente cruzó su cara.
    "Cristo encima," juró él, su voz bajo, el S que silba de sus labios.
    Sus ojos se ensancharon. Colin no era un para la blasfemia frecuente.
    "No puedo creerlo," refunfuñó él, su cabeza que mueve jerkily a la izquierda, casi como si él se estremecía.
    "Me quejé a usted," dijo él incrédulamente. "Me quejé a usted de la Señora Whistledown."
    Ella grimaced. "Mucha gente ha hecho esto, Colin. Estoy acostumbrado a ello."
    "No puedo creerlo. Me quejé a usted de como la Señora Whistledown me llamó encantador."
    "Ella me llamó un cítrico demasiado maduro," dijo Penelope, intentando la ligereza.
    Él paró el que marca el paso para el justo bastante mucho tiempo para pegar un tiro a ella una mirada enojada. ¿"Se reía usted de mí el tiempo entero yo gemía sobre cómo el único modo que yo sería recordado por futuras generaciones estaba en columnasWhistledown?"
    ¡"No!" ella exclamó. "Yo esperaría que usted me conozca mejor que esto."
    Él sacudió su cabeza en una manera que duda. "No puedo creer que me senté allí, quejándome a usted que yo no tenía ningunos logros, cuando usted tenía todosWhistledown."
    Ella se quitó la cama y estuvo de pie. Era imposible sólo sentarse allí mientras él marcaba el paso como un tigre caged. "Colin, usted no podía haber sabido."
    "Todavía." Él soltó un repugnado exhalan. "La ironía sería hermosa, si no fuera dirigido a mí."
    Penelope separó sus labios para hablar, pero ella no sabía decir todo que esto estaba en su corazón. Colin tenía tantos logros, ella no podía comenzar hasta a contar a todos ellos. Ellos no eran algo que usted podría recoger, como una edición de
    Los Papeles de Sociedad de la señora Whistledown, pero ellos eran como especial.
    Quizás hasta más tan.
    Penelope recordó todos los momentos que él había hecho la sonrisa de gente, todos los tiempos él había andado por delante de todas las muchachas populares en pelotas y había pedido a un alhelí bailar. Ella pensó en la obligación fuerte, casi mágica que él compartió con sus hermanos. Si aquellos no fueran logros, ella no sabía lo que era.
    Pero ella sabía que aquellos no eran las clases de jalones sobre los que él hablaba. Ella sabía lo que él necesitó: un objetivo, una vocación.
    Algo para mostrar el mundo que él era más que ellos pensaron que él era.
    "Publique sus memorias de viajes," dijo ella.
    "No soy-"
    "Publíquelos," dijo ella otra vez. 'Arriésguese y ver si usted se eleva."
    Sus ojos se encontraron el suyo durante un momento, entonces ellos se deslizaron se echan atrás a su diario, todavía agarrado en sus manos. "Ellos necesitan la edición," masculló él.
    Penelope se rió, porque ella sabía que ella había ganado. Y él había ganado, también. Él no lo sabía aún, pero él tenía.
    "Cada uno necesita la edición," dijo ella, su sonrisa que se ensancha con cada palabra. "Bien, excepto mí, adivino," embromó ella. "O tal vez
    Lo necesité realmente," ella añadió con un encogimiento. "Nunca sabremos, porque yo no tenía nadie para corregirme."
    Él alzó la vista completamente de repente. ¿"Cómo lo hizo usted?"
    ¿"Cómo hice que?"
    Sus labios apretados con impaciencia. "Usted sabe lo que quiero decir. ¿Cómo hizo usted la columna? Había más a ello que la escritura.
    Usted tuvo que imprimir y distribuir. Alguien tuvo que haber sabido a quién usted era. "
    Ella soltó un aliento largo. Ella había sostenido estos secretos tan mucho tiempo se sintió extraño compartirlos, hasta con su marido. "Esto es una historia larga," ella le dijo. "Quizás deberíamos sentarnos."
    Él condujo su espalda a la cama, y ellos ambos no se hicieron cómodos, apoyados contra las almohadas, sus piernas estirado antes de ellos.
    "Yo era muy joven cuando esto comenzó," comenzó Penelope. "Sólo diecisiete. Y pasó completamente por casualidad."
    Él sonrió. ¿"Cómo hace algo así pasan por casualidad?"
    "Lo escribí como una broma. Yo era tan miserable que primera temporada." Ella alzó la vista en él seriamente. "No sé si usted recuerda, pero pesé sobre una piedra más trasero entonces, y no es como si soy a la moda delgado ahora."
    "Pienso que usted es perfecto," dijo él lealmente.
    Que era, Penelope pensó, la parte de la razón ella pensó que él era perfecto también.
    "De todos modos," ella siguió, "yo no era terriblemente feliz, y entonces escribí un informe bastante mordaz del partido yo había sido a la noche antes. Y luego hice el otro, y el otro. No los firmé Señora Whistledown; sólo los escribí para la diversión y los escondí en mi escritorio. Excepto un día, olvidé de esconderlos. "
    Él se inclinó adelante, completamente absorto. ¿"Qué pasó?"
    "Mi familia era todos, y yo sabía que ellos serían idos durante algún tiempo, porque era cuando la Madre todavía pensó que ella podría convertir la Prudencia en un diamante de la primera agua, y sus viajes de compra tomaron todo el día."
    Colin hizo rodar su mano por el aire, señalando que ella debería ponerse al punto.
    "De todos modos," Penelope siguió, "decidí trabajar en el salón porque mi cuarto era la humedad y mohoso porque alguien pues lo supongo era yo – dejó la ventana abierta durante una lluvia torrencial. Pero entonces yo tenía a… bien, usted sabe."
    "No," Colin dijo repentinamente. "No sé."
    "Ocúpese de mi negocio," susurró Penelope, sonrojándose.
    "Ah. El derecho," dijo él desdeñosamente, claramente no interesado en aquella parte de la historia, tampoco. "Continúes."
    "Cuando regresé, el abogado de mi padre estaba allí. Y él leía lo que escribí. ¡Fui horrorizado!"
    ¿"Qué pasó?"
    "Yo no podía hablar hasta para el primer minuto. Pero entonces realicé que él se reía, y no era porque él pensó que yo era tonto, era porque él pensó que yo estaba bien."
    "Bien, usted está bien"
    "Sé esto ahora," dijo ella con una sonrisa sardónica, "pero usted tiene que recordar, yo tenía diecisiete años. Y yo había dicho algunas cosas bastante horrorosas en allí."
    "Sobre la gente horrorosa, estoy seguro," dijo él.
    "Bien, sí, pero todavía…" Ella cerró sus ojos cuando todas las memorias nadaron por su cabeza. "Ellos eran la gente popular. La gente influyente. La gente que a no gusté mí muchísimo. Esto realmente no importó que ellos eran horrorosos si lo que dije sacado. De hecho, ello habría sido peor porque ellos eran horrorosos. Yo habría sido arruinado, y yo habría arruinado mi familia entera junto conmigo. "
    ¿"Qué pasó entonces? Asumo que esto era su idea de publicar."
    Penelope saludó con la cabeza. "Sí. Él hizo todos los arreglos con la impresora, quién por su parte encontró los muchachos entregando. Y esto era su idea de regalarlo gratis durante las dos primeras semanas. Él dijo que teníamos que enviciar de la tonelada."
    "Yo era fuera del país cuando la columna comenzó," dijo Colin, "pero recuerdo a mi madre y hermanas que me dicen todos sobre ello."
    "La gente se quejó cuando los chicos que reparte los periódicos exigieron el pago después de dos semanas gratis," dijo Penelope. "Pero todos ellos pagó."
    "Una idea brillante de parte de su abogado," murmuró Colin.
    "Sí, él era completamente inteligente."
    Él recogió en su uso del pasado. ¿"Era?"
    Ella saludó con la cabeza tristemente. "Él pasó hace unos años. Pero él sabía que él estaba enfermo y tan antes de que él muriera él me preguntó si yo quisiera seguir. Supongo que yo podría haberme parado entonces, pero yo no tenía nada más en mi vida, y seguramente ningunas perspectivas de matrimonio." Ella alzó la vista rápidamente. "No quiero decir a – Que debe decir-"
    Sus labios torcieron en una sonrisa humilde. "Usted puede reprenderme todo que usted desea para no haber propuesto hace años."
    Penelope devolvió su sonrisa con una de ella propio. ¿Era ello maravilla ella amó a este hombre?
    "Pero," él dijo mejor dicho firmemente, "sólo si usted termina la historia."
    "Derecho," ella dijo, haciendo retroceder su mente a la materia a mano. "Después de Sr.-" Ella alzó la vista irresolutamente. "No estoy seguro yo debería decir su nombre."
    Colin sabía que ella fue rasgada entre su amor y confianza para él, y su lealtad a un hombre que, en toda la probabilidad, había sido un padre a ella una vez ella propio se había marchado esta tierra. "Es bueno," dijo él suavemente. "Él ha ido. Su nombre no importa."
    Ella soltó un aliento suave. "Gracias," ella dijo, masticando su labio inferior. "No es que yo no confíe en usted. "Yo" "
    "Sé," dijo él de modo tranquilizador, apretando sus dedos con su. "Si usted quiere decirme más tarde, esto es fino. Y si usted no hace, que será fino también."
    Ella saludó con la cabeza, sus labios apretados en las esquinas, en aquella gente de expresión estirada se ponen cuando ellos tratan con fuerza de no gritar. "Después de que él murió, trabajé directamente con el editor. Establecemos un sistema para la entrega de las columnas, y los pagos siguieron el de camino ellos siempre eran hechos – en una cuenta discreta de mi nombre. "
    Colin chupó en su aliento cuando él pensó en cuanto dinero ella debe haber hecho durante los años. Pero como podría ella ¿lo han gastado sin incurrir en la sospecha? ¿"Hizo usted alguna retirada?" él preguntó.
    Ella saludó con la cabeza. "Después de Que yo había estado trabajando aproximadamente cuatro años, mi tía abuela falleció y dejó su estado a mi madre. El abogado de mi padre escribió la voluntad. Ella no tenía muchísimo, entonces tomamos mi dinero y fingimos que era lo suyo." Penelope la cara aclaró ligeramente cuando ella sacudió su cabeza en el aturdimiento. "Mi madre estuvo sorprendida. Ella nunca había soñado que la Tía Georgette hubiera sido tan rica. Ella sonrió durante meses. Nunca he visto nada como ello."
    "Era muy amable de parte de usted," dijo Colin.
    Penelope se encogió de hombros. "Esto era el único modo que yo realmente podría usar mi dinero."
    "Pero usted lo dio a su madre," indicó él.
    "Ella es mi madre," dijo ella, como si que debería explicar todo. "Ella me apoyó. Esto goteó abajo."
    Él quiso decir más, pero él no hizo. Portia Featherington era la madre de Penelope, y si Penelope quisiera amarla, él no iba a pararla.
    "Desde entonces," Penelope dijo, "no lo he tocado. Bien, no para mí. He dado un poco de dinero a la institución benéfica." Su cara tomó en una expresión sardónica. "Anónimamente".
    Él no dijo nada durante un momento, sólo tomó el tiempo para pensar en todo que ella había hecho en la década pasada, todos sola, todos en el secreto. "Si usted quiere el dinero ahora," él finalmente dijo, "usted debería usarlo. Nadie preguntará el que de repente tiene más fondos. Usted es un Bridgerton, después de todo." Él se encogió de hombros modestamente. "Es conocido sobre que Anthony colocó vidas amplias todos sus hermanos. "
    "Yo no sabría hasta que hacer con todo esto."
    "Compre algo nuevo," sugirió él. ¿No a gustó todas las mujeres hacer compras?
    Ella lo miró con una expresión rara, casi inescrutable. "No estoy seguro que usted entiende cuanto dinero tengo," ella dicho hedgingly. "No pienso que yo podría gastar todo esto."
    "Déjelo de lado para nuestros niños, entonces," dijo él. "He sido afortunado que mi padre y hermano vieron adecuado para asegurarme, pero no todos los hijos más jóvenes tienen tanta suerte. "
    "E hijas," Penelope le recordó. "Nuestras hijas deberían tener el dinero de su propio. Separado de sus dotes."
    Colin tuvo que sonreír. Tales arreglos eran raros, pero confianza Penelope para insistir sobre ello. "Independientemente de usted desea," dijo él afectuosamente.
    Ella sonrió y suspiró, colocando atrás contra las almohadas. Sus dedos ociosamente bailaron a través de la piel al dorso de su mano, pero sus ojos estaban lejos, y él dudó que ella fuera hasta consciente de sus movimientos.
    "Tengo una confesión para hacer," dijo ella, su voz tranquila y hasta sólo un toque tímido.
    Él la miró dudosamente. ¿"Más grande queWhistledown?"
    "Diferente."
    ¿"Qué es ello?"
    Ella arrastró sus ojos lejos del punto arbitrario en la pared sobre la que ella pareció ser enfocada y le prestó su atención llena.
    "He estado sintiendo un poco" – ella masticó su labio cuando ella hizo una pausa, buscando las palabras derechas – "impaciente con usted últimamente.
    No, esto no tiene razón," ella dijo. "Decepcionado, realmente."
    Un sentimiento raro comenzó a hormiguear en su pecho. ¿"Decepcionado cómo?" él preguntó con cuidado.
    Sus hombros dieron un pequeño encogimiento. "Usted pareció tan disgustado conmigo. Sobre Whistledown."
    "Ya le dije era porque-"
    "No, por favor," dijo ella, colocando un suavemente refrenamiento transmiten su pecho. "Por favor déjeme terminar. Le dije que pensé que era porque usted estaba avergonzado de mí, y traté no de hacer caso de ello, pero esto dolió tanto, realmente. Pensé que yo sabía a quién usted era, y yo no podía creer que la persona se pensara hasta ahora encima de mí que él sentiría tal vergüenza en mis logros."
    Él la contempló silenciosamente, esperándola a seguir.
    "Pero la cosa graciosa es…" Ella le dio vuelta con una sonrisa sabia. "La cosa graciosa consiste en que no era porque usted estaba avergonzado en todos. Era todo porque usted quiso algo así para su propio. Algo comoWhistledown. Parece tonto ahora, pero
    Estuve tan preocupado porque usted no era el hombre perfecto de mis sueños. "
    "Nadie es perfecto," dijo él silenciosamente.
    "Sé." Ella se inclinó y plantó un beso impulsivo en su mejilla. "Usted es el hombre imperfecto de mi corazón, y esto es aún mejor. Yo siempre le pensaba infalible, que su vida fue encantada, que usted no tenía ningunas preocupaciones o miedos o incumplido sueños. Pero no era realmente justo de mí. "
    "Estuve nunca avergonzado de usted, Penelope," susurró él. "Nunca".
    ¿Ellos se sentaron en el silencio sociable durante unos momentos, y luego Penelope dijo, "recuerda usted cuándo le pregunté si pudiéramos tomar un viaje de la luna de miel tardío?"
    Él saludó con la cabeza.
    ¿"Por qué no usamos un poco de mi dinero Whistledown para esto?"
    "Pagaré para el viaje de la luna de miel."
    "Fino," ella dijo con una expresión alta. "Usted puede tomarlo de su concesión trimestral."
    Él la contempló en el choque, luego ululó con la risa. ¿"Usted va a darme el dinero de alfiler?" él preguntó, incapaz de controlar la sonrisa que se extienden a través de su cara.
    "Dinero de pluma," corrigió ella. "Entonces usted puede trabajar en sus diarios."
    "Dinero de pluma," reflexionó él. "Me gusta así."
    Ella sonrió y colocó su mano en su. "Me gusta usted."
    Él apretó sus dedos. "Me gusta usted, también."
    Penelope suspiró cuando ella colocó a su cabeza en su hombro. ¿"Se supone que la vida es este maravilloso?"
    "Pienso tan," murmuró él. "Realmente hago."

El CAPÍTULO 21

    Una semana más tarde, Penelope se sentaba en el escritorio en su salón, leyendo los diarios de Colin y haciendo notas en a el pedazo separado de papel siempre que ella tuviera una pregunta o el comentario. Él le había pedido ayudarle a corregir su escritura, una tarea ella encontró emocionante.
    Ella era, por supuesto, extática que él le había confiado este trabajo crítico. Esto significó que él confió en su juicio, pensó ella era elegante e inteligente, sintió que ella podría tomar lo que él había escrito y lo hace aún mejor.
    Pero había más a su felicidad que esto. Ella había necesitado un proyecto, algo para hacer. En los primeros días después dejarWhistledown, ella se había deleitado en su ocio recién descubierto. Pareció a tener unas vacaciones por primera vez en diez años. Ella había leído como loco – todas aquellas novelas y libros ella había comprado, pero nunca se había puesto alrededor a la lectura. Y ella había tomado mucho tiempo paseos, montado su caballo en el parque, sentado en el pequeño patio detrás de su casa en Calle de Montaje, disfrutando del tiempo de primavera fino
    y tipping su cara hacia el sol durante uno minuto y tanto en un bastante mucho tiempo de tiempo para tomar sol en el calor, pero no mientras que girar sus mejillas marrones.
    Entonces, por supuesto, la boda y sus detalles innumerables habían consumido todo su tiempo. Entonces ella realmente no había tenido mucha oportunidad realizar lo que podría fallar en su vida.
    Cuando ella había estado haciendo la columna, la escritura actual de ello no había tomado demasiado terriblemente mucho tiempo, pero ella siempre tuvo que estar alerta, mirando y escuchando. Y cuando ella no escribía la columna ella pensaba en la escritura de la columna o desesperadamente tratar de recordar alguna vuelta inteligente de la frase hasta que ella pudiera llegar a casa y apuntarlo.
    Esto había estado engranando mentalmente, y ella no había realizado cuánto ella había perdido el desafío de su mente hasta ahora, cuando le habían dado finalmente la oportunidad otra vez.
    Ella apuntaba una pregunta sobre la descripción de Colin de un chalet Toscano en la página 143 en el volumen dos de sus diarios cuando el mayordomo llamó discretamente en la puerta abierta para alertarla a su presencia.
    Penelope sonrió con vergüenza. Ella tendió a absorberse completamente con su trabajo, y Dunwoody había aprendido por el método de tanteos que si él quisiera conseguir su atención, él tuvo que hacer un poco de ruido.
    "Un invitado para ver usted, Sra. El Bridgerton," dijo él.
    Penelope alzó la vista con una sonrisa. Esto era probablemente una de sus hermanas, o tal vez uno de los hermanos Bridgerton. ¿"Realmente?
    ¿Quién es ello? "
    Él anduvo adelante y le dio una tarjeta. Penelope miró abajo y jadeó, primero en el choque, y luego en la miseria. Grabado en el clásico, majestuoso negro en un fondo blanco cremoso eran dos palabras simples: señora Twombley.
    ¿Cressida Twombley? ¿Por qué demonios vendría ella llamando?
    Penelope comenzó a sentirse incómoda. El Cressida nunca llamaría a menos que fuera para algún objetivo desagradable. El Cressida nunca hizo nada a menos que fuera para un objetivo desagradable.
    ¿"Me quisiera usted girarla lejos?" Dunwoody preguntó.
    "No," Penelope dijo con un suspiro. Ella no era un cobarde, y Cressida Twombley no iba a convertirla en uno. "Veré ella. Sólo déme un momento para guardar en su sitio mis papeles. Pero… "
    El Dunwoody se paró en sus pistas y amartilló su cabeza ligeramente al lado, que la espera a continuar.
    "Ah, no importa," refunfuñó Penelope.
    "Son usted cierto, la Sra. ¿Bridgerton?"
    "Sí. No" Ella gimió. Ella estaba nervioso y esto era uno más transgresión para añadir a la lista ya larga de Cressida de ellos – ella convertía a Penelope en un tonto tartamudeante. "Lo que quiero decir es – si ella está todavía aquí después de diez minutos, usted ¿idee alguna clase de la emergencia que requiere mi presencia? ¿Mi presencia inmediata? "
    "Creo que puede ser arreglado."
    "Excelente, Dunwoody," dijo Penelope con una sonrisa débil. Era, quizás, la salida fácil, pero ella no confió en ella para ser capaz de encontrar el punto perfecto en la conversación insistiendo que Cressida se marchen, y la última cosa que ella quiso era ser atrapada en el salón con ella toda la tarde.
    El mayordomo saludó con la cabeza y se marchó, y Penelope revolvió sus papeles en una pila ordenada, cerrando el diario de Colin y poniéndolo encima de modo que la brisa de la ventana abierta no pudiera hacer volar los papeles del escritorio. Ella estuvo de pie y atropelló al sofá, sentándose en el centro, esperando que ella pareciera relajada y tranquila.
    Como si podría llamarse alguna vez una visita de Cressida Twombley relajándose.
    Un momento después, Cressida llegó, andando por la entrada abierta cuando Dunwoody entonó su nombre. Como siempre, ella parecido hermoso, cada pelo de oro en su cabeza en su lugar perfecto. Su piel era impecable, sus ojos centellearon, su ropa era del último estilo, y su retículo emparejó su atuendo a la perfección.
    "El Cressida," Penelope dijo, "como sorprendiendo para verle." Sorprendiendo ser el adjetivo más cortés ella podría subir con dadas las circunstancias.
    Los labios de Cressida torcieron en una sonrisa misteriosa, casi felina. "Estoy seguro que es," murmuró ella.
    ¿"No se sentará usted?" Penelope preguntó, sobre todo porque ella tenía a. Ella había gastado una vida siendo cortesa; era difícil a párese ahora. Ella hizo señas a una silla cercana, el más incómodo en el cuarto.
    El Cressida se sentó en el borde de la silla, y si ella lo encontrara menos que la complacencia, Penelope no podía contar de su porte. Ella la postura era elegante, su sonrisa nunca vaciló, y ella pareció tan chula y tranquila como alguien tenía un derecho de ser.
    "Estoy seguro que usted se pregunta por qué estoy aquí," dijo Cressida.
    Allí pareció poca razón de negarlo, entonces Penelope saludó con la cabeza.
    ¿Y luego, repentinamente, Cressida preguntó, "Cómo encuentra usted la vida casada?"
    Penelope parpadeó. ¿"Pido su perdón?"
    "Esto debe ser un cambio de ritmo asombroso," dijo Cressida.
    "Sí," Penelope dijo con cuidado, ", pero uno bienvenido."
    "Mmmm, sí. Usted debe tener una cantidad terrible del ocio ahora. Estoy seguro que usted no sabe que hacer con usted."
    Un sentimiento que hormiguea comenzó a extenderse a lo largo de la piel de Penelope. "No entiendo su sentido," dijo ella.
    ¿"Usted?"
    Cuando se hizo aparente que Cressida requirió una respuesta, Penelope contestó, algo con irritación, "No, no hago."
    El Cressida era silencioso durante un momento, pero su expresión de gato con crema dijo volúmenes. Ella echó un vistazo sobre el cuarto hasta que sus ojos se cayeran en el escritorio de escritura donde Penelope había tan estado sentándose recientemente. ¿"Cuáles son aquellos papeles?" ella preguntó.
    Los ojos de Penelope volaron a los papeles en el escritorio, apilado con esmero bajo el diario de Colin. No había ningún camino que Cressida podría haber sabido que ellos eran algo especial. Penelope había sido asentado ya en el sofá cuando Cressida había entrado en el cuarto. "Dejo de ver como mis papeles personales podrían ser de su preocupación," dijo ella.
    "Ah, no tome la ofensa," dijo Cressida con un poco tintinean de la risa que Penelope encontró mejor dicho espantoso. "Yo hacía simplemente la conversación cortesa. La investigación sobre sus intereses."
    "Veo," dijo Penelope, tratando de llenar el silencio consiguiente.
    "Soy muy observador," dijo Cressida.
    Penelope levantó sus cejas en cuestión.
    "De hecho, mis poderes penetrantes de la observación son completamente conocidos entre los muy el mejores círculos de la sociedad."
    "No debo ser un enlace en aquellos círculos impresionantes, entonces," murmuró Penelope.
    El Cressida, sin embargo, estuvo demasiado lejos implicado en su propio discurso para reconocer a Penelope. "Es por qué," dijo ella en un pensativo
    el tono de la voz, "pensé que yo podría ser capaz de convencer la tonelada que yo era realmente la Señora Whistledown."
    El corazón de Penelope tronó en su pecho. ¿"Entonces usted confiesa que usted no es?" ella preguntó con cuidado.
    "Ah, pienso que usted sabe que no soy."
    La garganta de Penelope comenzó a cerrar. ¿De alguna manera – ella nunca sabría cómo – ella logró guardar su calma y decir, "pido su perdón?"
    El Cressida sonrió, pero ella logró tomar aquella expresión feliz y convertirlo en algo astuto y cruel. "Cuando subí con esta astucia, pensé: no puedo perder. Convenzo a cada uno soy la Señora Whistledown o ellos no creerán que mí y yo parecemos muy astutos cuando digo que yo pretendía sólo ser la Señora Whistledown a fin de descubrir al culpable verdadero. "
    Penelope sostuvo muy silencioso, muy todavía.
    "Pero esto no llevó completamente el modo a su fin que yo había planeado. La señora Whistledown resultó ser mucho más desviada y cobarde que yo habría adivinado. "Los ojos de Cressida estrecharon, luego estrecharon más unos hasta que su cara, normalmente tan encantadora, tomara en un aire siniestro. "Su última pequeña columna me convirtió en un hazmerreír."
    Penelope dijo que nada, apenas audaz respiraba.
    "Y luego…" El Cressida siguió, su voz que pasa por la casa registros inferiores. ¡"Y luego usted - usted! - tenía el descaro a insúlteme delante de la tonelada entera. "
    Penelope respiró un suspiro diminuto del alivio. Tal vez el Cressida no sabía su secreto. ¿Tal vez este era todo sobre el insulto público de Penelope, cuándo ella había acusado Cressida de la mentira, y ella había dicho – querido Dios, qué había dicho ella? Algo terriblemente cruel, ella estaba seguro, pero seguramente bien mereció.
    "Yo podría haber sido capaz de tolerar el insulto si esto hubiera venido de alguien más," siguió Cressida. "Pero de alguien tal como usted pues que no podía ir sin contestar. "
    "Usted debería pensar dos veces antes del insultante de mí en mi propia casa," dijo Penelope de una voz baja. Y luego ella añadió, hasta aunque ella lamentara esconderse detrás del nombre de su marido, "soy un Bridgerton ahora. Llevo el peso de su protección."
    La advertencia de Penelope de hecho ninguna abolladura en la máscara satisfecha que moldeó la cara hermosa de Cressida. "Pienso que usted debería escuchar a lo que tengo que decir antes de que usted haga amenazas."
    Penelope sabía que ella tuvo que escuchar. Era mejor saber lo que Cressida sabía que cerrar sus ojos y fingir que todo estaba bien. "Continúes," ella dijo, su voz deliberadamente concisa.
    "Usted hizo un error crítico," dijo Cressida, señalando a su índice en Penelope y meneándolo de acá para allá en corto señala-tocky movimientos. "Esto no le ocurrió que nunca olvido un insulto, verdad?"
    ¿"Qué trata usted de decir, Cressida?" Penelope había querido que sus palabras parecieran fuerte y poderosa, pero ellos salieron como un susurro.
    El Cressida estuvo de pie y anduvo despacio lejos de Penelope, sus caderas que influyen ligeramente cuando ella se movió, el movimiento casi como pavonearse. "Déjeme ver si puedo recordar sus palabras exactas," dijo ella, dando un toque a un dedo contra su mejilla. "Ah, no, no, no recuérdeme. Estoy seguro que esto me vendrá. Ah, sí, recuerdo ahora. "Ella giró para afrontar a Penelope. "Creo que usted dijo que siempre le gustaba la Señora Whistledown. Y luego – y darle crédito, esto era una vuelta evocadora, memorable de la frase-usted dijo que esto rompería su corazón si ella resultara ser alguien como la Señora Twombley. "El Cressida sonrió. "Que sería yo. "
    La boca de Penelope fue seca. Sus dedos temblaron. Y su piel girada a hielo.
    Como mientras ella no había recordado exactamente lo que ella había dicho en su insulto a Cressida, ella recordó realmente lo que ella había escrito en esto último, final, columna, el que que había sido equivocadamente distribuido en su pelota de compromiso. El que que-
    El que al cual Cressida bajaba los humos ahora en la tabla delante de ella.
    Señoras y Señor, Este Autor no es la Señora Cressida Twombley. Ella no es nada más que un impostor de la proyección, y esto rompería mi corazón para ver mis años del trabajo difícil atribuido a uno como ella.
    Penelope hizo apartar la vista en las palabras aunque ella supiera cada uno de memoria. ¿"Qué quiere decir usted?" ella preguntó, aunque ella supiera su tentativa de fingir que ella no sabía exactamente que Cressida destinado era vano.
    "Usted es más elegante que esto, Penelope Featherington," dijo Cressida. "Usted sabe que sé."
    Penelope siguió contemplando la hoja sola, incriminatoria de papel, incapaz de rasgar sus ojos de aquellas palabras proféticas-
    Esto rompería mi corazón.
    Rompa mi corazón.
    Rompa mi corazón.
    Ruptura mi-
    ¿"Nada para decir?" Cressida preguntó, y aunque Penelope no pudiera ver su cara, ella sintió su sonrisa difícil, arrogante.
    "Nadie le creerá," susurró Penelope.
    "Puedo creerlo apenas yo mismo," dijo Cressida con una risa áspera. "Usted, de toda la gente. Pero por lo visto usted había escondido profundidades y eran un poco más inteligentes que usted deja en. Bastante inteligente," ella añadió con el énfasis sensible, "saber que una vez que me enciendo la chispa de este pedazo particular del chisme, las noticias se extenderán como el fuego incontrolable. "
    La mente de Penelope giró en dizzying, círculos desagradables. ¿Ah, Dios, qué iba ella a decir a Colin? ¿Cómo le diría ella? ¿Ella sabía que ella tenía a, pero dónde encontraría ella las palabras?
    "Nadie lo creerá al principio," siguió Cressida. "Usted tenía razón sobre esto. Pero entonces ellos comenzarán a pensar, y despacio pero seguramente, los pedazos del rompecabezas se caerán en el lugar. Alguien recordará que ellos le dijeron algo que terminó en una columna. O esto usted estaba en una fiesta de varios días particular. ¿O esto ellos habían visto el husmeo de Eloise Bridgerton, y no sabe cada uno que dos de ustedes dicen el uno al otro todo?"
    ¿"Qué quiere usted?" Penelope preguntó, su voz bajo y frecuentó cuando ella finalmente levantó su cabeza para afrontar a su enemigo.
    "Ah, ahora, hay pregunta que he estado esperando." El Cressida abrazó sus manos juntos detrás de su espalda y comenzó a paso. "He estado dando a la materia mucho pensamiento. De hecho, aplacé de venir aquí para verle durante casi una semana llena hasta que yo pudiera decidirme sobre la materia. "
    Penelope tragó, incómodo con la noción que Cressida sabía su secreto más profundo durante casi una semana, y ella había estado viviendo alegremente su vida, inconsciente que el cielo estuvo a punto de venir estrellándose abajo.
    "Yo sabía del comienzo, por supuesto," dijo Cressida, "que quise el dinero. ¿Pero la pregunta era – cuánto? Su marido es un Bridgerton, por supuesto, y entonces él tiene fondos amplios, pero entonces otra vez, él es un hijo más joven, y no como rechoncho en el bolsillo como el vizconde. "
    ¿"Cuánto, Cressida?" Penelope da buenos conocimientos. Ella sabía que Cressida sacaba este sólo para torturarla, y ella sostuvo poca esperanza que ella realmente llamaría una figura antes de que ella estuviera bien y lista.
    "Entonces realicé," siguió Cressida, no haciendo caso de la pregunta de Penelope (y demostrando su punto), "esto usted debe ser completamente rico, también. A menos que usted sea un tonto completo – y la consideración de su éxito en el ocultamiento de su pequeño secreto para tan mucho tiempo, he revisado mi opinión inicial de usted, entonces no pienso que usted es – usted tendría que ha hecho una fortuna después de escribir la columna para todos aquellos años. Y de todas las apariencias externas" – ella dio un vistazo desdeñoso al vestido de tarde de Penelope – "usted no ha estado gastándolo. Tan
    Sólo puedo deducir que esto se sienta todo en una pequeña cuenta bancaria discreta en algún sitio, sólo esperando una retirada. "
    ¿"Cuánto, Cressida?"
    "Diez mil libras."
    Penelope jadeó. ¡"Usted es loco!"
    "No." El Cressida sonrió. "Sólo muy, muy inteligente."
    "No tengo diez mil libras."
    "Pienso que usted miente."
    ¡"Puedo asegurarle que no soy!" Y ella no era. La vez pasada que Penelope había comprobado su saldo de la cuenta, ella había tenido 8246 libras esterlinas, aunque ella supusiera que con el interés, había crecido por unas libras desde entonces. Esto era una suma enorme del dinero, desde luego bastante guardar a cualquier persona razonable feliz para varias vidas, pero no era diez mil, y no era nada que ella deseó dar a Cressida Twombley.
    El Cressida sonrió con serenidad. "Estoy seguro que usted entenderá que hacer. Entre sus ahorros y el dinero de su marido, diez mil de libras es una suma ínfima. "
    "Diez mil libras son nunca una suma ínfima."
    ¿"Cuánto tendrá que usted juntar sus fondos?" Cressida preguntó, completamente no haciendo caso del arrebato de Penelope. ¿"Un día? ¿Dos días?"
    ¿"Dos días?" Penelope resonó, abierto. ¡"Yo no podía hacerlo en dos semanas!"
    "Ahá, tan entonces usted tiene realmente el dinero."
    ¡"No hago!"
    "Una semana," dijo Cressida, su voz que da vuelta agudo. "Quiero el dinero en una semana."
    "No se lo daré," susurró Penelope, más para su propia ventaja que Cressida.
    "Usted va a," contestó Cressida con seguridad. "Si usted no hace, le arruinaré."
    "Sra. ¿Bridgerton?"
    Penelope alzó la vista para ver Dunwoody estar de pie en la entrada.
    "Hay una materia urgente que requiere su atención," dijo él. "Inmediatamente".
    "Menos mal," Cressida dijo, andando hacia la puerta. "Soy hecho aquí." Ella anduvo por la entrada, luego girada una vez que ella alcanzó el pasillo, de modo que Penelope fuera obligada a mirarla, perfectamente enmarcado en el portal. ¿"Tendré noticias de usted pronto?" ella preguntó, su voz suave e inocente, como si ella no hablaba sobre nada más pesado que una invitación a un partido, o quizás el orden del día para una reunión de caridad.
    Penelope le dio una pequeña cabezada, sólo ser librado de ella.
    Pero esto no importó. La puerta principal puede tener thunked cerrado, y Cressida podría ser ido, pero los problemas de Penelope no eran yendo en todas partes.

El CAPÍTULO 22

    Tres horas más tarde, Penelope estaba todavía en el salón, que todavía se sienta en el sofá, que todavía mira fijamente en el espacio, todavía tratando de figurar como ella iba a solucionar sus problemas.
    Corrección: problema, singular.
    Ella tenía sólo un problema, pero para el tamaño de ello, ella podría haber tenido también mil.
    Ella no era una persona agresiva, y ella no podía recordar la vez pasada que ella tenía un pensamiento violento, pero en aquel momento, ella podría haber torcido de buena gana el cuello de Cressida Twombley.
    Ella miró la puerta con un sentido malhumorado del fatalismo, que espera a su marido a venir a casa, sabiendo que cada segundo de tictac le trajo más cercano a su momento de la verdad, cuando ella tendría que admitirle todo.
    Él no diría, le dije así. Él nunca diría tal cosa.
    Pero él lo pensaría.
    Esto nunca le ocurrió, no hasta durante un minuto, que ella podría guardar este de él. Las amenazas de Cressida no eran la clase de cosa un escondido del marido de alguien, y además, ella iba a necesitar su ayuda.
    Ella no estaba segura lo que ella tenía que hacer, pero independientemente de era, ella no sabía hacerlo solo.
    Pero había una cosa que ella sabía seguro; – ella no quiso pagar Cressida. No había ningún modo que Cressida estaría satisfecho por diez mil libras, no cuando ella pensó que ella podría ponerse más. Si Penelope capitulara ahora, ella daría el dinero a Cressida para el resto de su vida.
    Que destinado que en una semana, Cressida el Twombley diría a todo el mundo aquella Penelope Featherington Bridgerton era la Señora infame Whistledown.
    Penelope calculó ella tenía dos opciones. Ella podría mentir, y llamar Cressida un tonto, y esperar que cada uno la creyera; o ella podría tratar de encontrar algún modo de enroscar la revelación de Cressida a su ventaja.
    Pero para la vida de ella, ella no sabía.
    ¿"Penelope?"
    La voz de Colin. Ella quiso arrojarse en sus armas, y al mismo tiempo, ella podría traerse apenas para girar.
    ¿"Penelope?" Él pareció preocupado ahora, sus pasos que aumentan en la velocidad cuando él cruzó el cuarto. "Dunwoody dijo que Cressida estaba aquí."
    Él se sentó al lado de ella y tocó su mejilla. Ella dio vuelta y vio su cara, las esquinas de sus ojos arrugados con la preocupación, sus labios, ligeramente separados cuando ellos murmuraron su nombre.
    Y era cuando ella finalmente permitió que ella gritara.
    Gracioso como ella podría mantenerse unida, guarde todo esto dentro hasta que ella lo viera. Pero ahora que él estaba aquí, todo que ella podría hacer era sepultan su cara en el calor de su pecho, se acurrucan más cercanos cuando sus armas se abrigaron alrededor de ella.
    Como si de alguna manera él podría hacer todos sus problemas marcharse por su presencia sola.
    ¿"Penelope?" él preguntó, su voz suave y preocupada. ¿"Qué pasó? ¿Qué se equivoca?"
    Penelope sólo sacudió su cabeza, el movimiento que necesidad bastar hasta que ella pudiera pensar en las palabras, convocar el coraje, parar los rasgones.
    ¿"Qué le hizo ella?"
    "Ah, Colin," dijo ella, de alguna manera convocando la energía de tirarse bastante lejos atrás de modo que ella pudiera ver su cara. "Ella sabe."
    Su piel fue blanca. ¿"Cómo?"
    Penelope se sorbió los mocos, limpiando su nariz con la espalda de su mano. "Esto es mi falta," susurró ella.
    Él le dio un pañuelo sin quitar alguna vez sus ojos de su cara. "Esto no es su falta," dijo él bruscamente.
    Sus labios se deslizaron en una sonrisa triste. Ella sabía que su tono áspero se supuso para Cressida, pero ella lo mereció también. "No", ella dicho, su voz laced con la dimisión, "es. Pasó exactamente cuando usted dijo que esto. Yo no prestaba la atención a que yo escribió. Metí la pata. "
    ¿"Qué hizo usted?" él preguntó.
    Ella le dijo todo, comenzando con la entrada de Cressida y terminándose con sus demandas del dinero. Ella admitió esto su opción pobre de palabras iba a ser su ruina, pero no era ello irónico, porque esto realmente pareció su corazón se rompía.
    Pero el tiempo entero que ella dijo, ella lo sintió escabullirse. Él le escuchaba, pero él no estaba allí con ella. Sus ojos tomaron en una mirada extraña, lejana, y aún ellos fueron estrechados, intenso.
    Él trazaba algo. Ella estaba segura de ello.
    Esto la aterrorizó.
    Y conmovido ella.
    Independientemente de él planeaba, independientemente de él pensaba, era todo para ella. Ella odió esto esto había sido su estupidez que tenía forzado él en este dilema, pero ella no podía contener zumbar del entusiasmo que barrió a través de su piel cuando ella lo miró.
    ¿"Colin?" ella preguntó irresolutamente. Ella había sido hecha hablando durante un minuto lleno, y de todos modos él no había dicho nada.
    "Tendré cuidado de todo," dijo él. "No quiero que usted se preocupe de una cosa."
    "Le aseguro que lo que es imposible," dijo ella con la voz temblorosa.
    "Tomo mis votos de boda completamente seriamente," contestó él, su tono casi alarmamente hasta. "Creo que prometí honrar y guárdele. "
    "Déjeme ayudarle," dijo ella por impulso. "Juntos podemos solucionar este."
    Una esquina de su boca levantó en una indirecta de una sonrisa. ¿"Le tienen una solución?"
    Ella sacudió su cabeza. "No. He estado pensando todo el día, y no sé… aunque…"
    ¿"Aunque qué?" él preguntó, su rebelión de cejas.
    ¿Sus labios se separaron, luego apretado, luego separado otra vez cuando ella dijo, "Y si yo alistara la ayuda de Señora Danbury?"
    ¿"Usted planea pedirle pagar Cressida?"
    "No," ella dijo, aunque el tono de su voz le dijera que su no había sido una pregunta seria. "Voy a preguntarle ser yo. "
    ¿"Pido su perdón?"
    "Cada uno piensa que ella es la Señora Whistledown, de todos modos," explicó Penelope. "Al menos, bastante gente hace. Si ella fuera hacer un anuncio – "
    "El Cressida lo refutaría al instante," interrumpió Colin.
    ¿"Quién creería a Cressida sobre la Señora Danbury?" Penelope le dio vuelta con ojos amplios, serios. "Yo no me atrevería a cruzar a la Señora Danbury en cualquier materia. Si ella debiera decir que ella era la Señora Whistledown, yo la creería probablemente yo mismo."
    ¿"Qué le hace pensar que usted puede convencer a la Señora Danbury de mentir para usted?"
    "Bien," Penelope contestó, masticando su labio inferior, "le gusto mí."
    ¿"Le gusta usted?" Colin resonó.
    "Ella hace, mejor dicho. Pienso que le gustaría ayudarme, sobre todo ya que ella detesta Cressida casi tanto como hago."
    ¿"Usted piensa que su cariño para usted la conducirá a mentir a la tonelada entera?" él preguntó dudosamente.
    Ella pandeó en su asiento. "Vale la pena preguntar."
    Él estuvo de pie, sus movimientos abruptos, y anduvo a la ventana. "Prométame usted no le irá."
    "Pero-"
    "Prométame."
    "Prometo," dijo ella, ", pero-"
    "Ningún buts," dijo él. "Si necesitamos a, nos pondremos en contacto con la Señora Danbury, pero no antes de que tengo una posibilidad para pensar en algo más." Él rastrilló su mano por su pelo. "Debe haber algo más."
    "Tenemos una semana," dijo ella suavemente, pero ella no encontró su tranquilizamiento de palabras, y era difícil imaginar que Colin hizo, tampoco.
    Él giró, su media vuelta tan precisa él podría haber estado en los militares. "Estaré de vuelta," dijo él, dirigiéndose hacia la puerta.
    ¿"Pero dónde va usted?" Penelope lanzó un grito, brincando a sus pies.
    "Tengo que pensar," dijo él, haciendo una pausa de su mano en la manija.
    ¿"Usted no puede pensar aquí conmigo?" ella susurró.
    Su cara se ablandó, y él se cruzó atrás a su lado. Él murmuró su nombre, tiernamente tomando su cara en sus manos. "Le amo," dijo él, su voz baja y ferviente. "Le amo con todo que soy, todo que he sido, y todo que espero ser."
    "Colin…"
    "Le amo con mi pasado, y le amo para mi futuro." Él la dobló adelante y besó, una vez, suavemente, en los labios. "Le amo para los niños tendremos y para los años tendremos juntos. Le amo para cada una de mis sonrisas, y hasta más, para cada una de sus sonrisas. "
    Penelope pandeó contra la espalda de una silla cercana.
    "Le amo," repitió él. ¿"Usted sabe que, verdad?"
    Ella saludó con la cabeza, cerrando sus ojos como sus mejillas frotadas contra sus manos.
    "Tengo cosas de hacer," dijo él, "y no seré capaz de concentrarme si pienso en usted, preocupándome si usted grita, preguntarse si hacen daño a usted. "
    "Soy fino," susurró ella. "Soy fino ahora que le he dicho."
    "Haré este derecho," juró él. "Sólo le necesito para confiar en mí."
    Ella abrió sus ojos. "Con mi vida."
    Él sonrió, y de repente ella sabía que sus palabras eran verdaderas. Todo sería bueno. Tal vez no hoy y tal vez no mañana, pero pronto. La tragedia no podía coexistir en un mundo con una de las sonrisas de Colin.
    "No pienso que esto vendrá a esto," dijo él afectuosamente, dando a su mejilla un golpe afectuoso antes de devolver sus armas a sus lados. Él anduvo atrás a la puerta, girando el momento su mano tocó la perilla. "No olvide del partido de mi hermana esta noche."
    Penelope suelta un gemido corto. ¿"Tenemos a? La última cosa que quiero hacer es salen en público."
    "Tenemos a," dijo Colin. "Daphne no recibe pelotas muy a menudo, y ella sería aplastada si no asistiéramos."
    "Sé," dijo Penelope con un suspiro. "Sé. Yo lo sabía justo cuando yo me quejara. Siento."
    Él sonrió irónicamente. "Es bueno. Usted tiene derecho a un poco de un humor malo hoy."
    "Sí," ella dijo, tratando de devolver la sonrisa. ¿"Soy, verdad?"
    "Estaré de vuelta más tarde," prometió él.
    "Donde están usted-" ella comenzó a preguntar, luego se agarró. Él obviamente no quiso preguntas en ese momento, hasta de ella.
    Pero a su sorpresa, él contestó, "ver a mi hermano."
    ¿"Anthony?"
    "Sí."
    Ella saludó con la cabeza favorablemente, murmullo, "Ir. Seré fino." El Bridgertons siempre encontraba la fuerza en otro Bridgertons.
    Si Colin sintiera que él necesitó al consultor de su hermano, entonces él debería ir sin la tardanza.
    "No olvide de prepararse para la pelota de Daphne," él le recordó.
    Ella le dio un saludo poco entusiasta y miró cuando él dejó el cuarto.
    Entonces ella se movió a la ventana para mirarlo paseo por, pero él nunca apareció. Él debe haber encabezado directamente la espalda a los maullidos. Ella suspiró, permitiendo a su fondo descansar contra el alféizar para el apoyo. Ella no había realizado sólo cuánto ella había querido agarrar una última vislumbre de él.
    Ella lamentaba que ella no supiera lo que él planeaba.
    Ella lamentaba que ella no pudiera estar segura que él hasta tenía un plan.
    Pero al mismo tiempo, ella sintió de una manera rara a gusto. Colin haría este derecho. Él había dicho que él, y él nunca mintió.
    Ella sabía que su idea de alistar la ayuda de Señora Danbury no era una solución perfecta, pero a menos que Colin subiera con un mejor
    ¿la idea, qué más podrían ellos hacer?
    Por el momento, ella trataría de empujar todo esto de su mente. Ella estaba tan cansada, y tan muy cansada, y ahora mismo lo que ella necesitó debía cerrar sus ojos y pensar solamente en los verdes de los ojos de su marido, la luz brillante de su sonrisa.
    Mañana.
    Mañana ella ayudaría a Colin a solucionar sus problemas.
    Hoy ella descansaría. Ella tomaría una siesta y rezaría para el sueño y trataría de entender como ella afrontaría a toda sociedad esta tarde, sabiendo que Cressida estaría allí, mirando y esperándola a hacer un movimiento falso.
    Uno pensaría que después de casi una docena de años del fingimiento ella no era nada más que Penelope Featherington wallflowerish, ella estaría acostumbrados a papeles que desempeñan y ocultamiento de ella verdadero mí.
    Pero era cuando su secreto había sido seguro. Todo era diferente ahora.
    Penelope se enroscó en el sofá y cerró sus ojos.
    Todo era diferente ahora, pero esto no significó que tuvo que ser peor, verdad?
    Todo sería fino. Esto. Esto tenía a. ¿Ello?

* * *

    Colin comenzaba a lamentar su decisión de asumir un carro a la casa de su hermano.
    Él había querido andar – el uso vigoroso de sus piernas y pies y músculos pareció la salida única socialmente aceptable para su furia. Pero él había reconocido que el tiempo era primordial, y hasta con el tráfico, un carro podría comunicarle a Mayfair más rápido que podría sus propios dos pies.
    ¿Pero ahora las paredes parecieron demasiado cerca y el aire demasiado grueso, y maldito ello, que era milkwagon volcado bloqueo de la calle?
    Colin empujó su cabeza la puerta, que cuelga del carro justo cuando ellos todavía rodaran a un alto. "Dios encima," refunfuñó él, tomando en la escena. El cristal roto ensució la calle, la leche fluía en todas partes, y él no podía contar quién chillaba más alto – los caballos, que todavía eran enredados en las rienda, o las señoras en el pavimento, cuyos vestidos habían sido completamente salpicados con la leche.
    Colin saltó hacia abajo de su carro, teniendo la intención de ayudar a limpiar la escena, pero rápidamente se hizo aparente que la Calle de Oxford sería un gruñido durante al menos una hora, con o sin su ayuda. Él comprobó para asegurarse que los caballos milkwagon eran siendo correctamente preocupado para, informó a su conductor que él seguiría a pie, y quitó el andar.
    Él miró fijamente de modo provocativo en las caras de cada persona que él pasó, perversamente disfrutando del modo que ellos apartaron su mirada fija cuando afrontado con su hostilidad obvia. Él casi deseó que uno de ellos hiciera un comentario, sólo entonces él podría tener alguien para azotar en. Esto no importó que la única persona que él realmente quiso estrangular era Cressida Twombley; por este punto alguien habría hecho un objetivo fino.
    Su cólera lo hacía desequilibrado, irrazonable. A diferencia de él.
    Él todavía no estaba seguro lo que le había pasado cuando Penelope le había dicho de las amenazas de Cressida. Este era más que cólera, mayor que furia. Este era físico; ello coursed por sus venas, pulsadas bajo su piel.Él quiso golpear a alguien.
    Él quiso dar una patada a cosas, poner su puño por una pared.
    Él había estado furioso cuando Penelope había publicado su última columna. De hecho, él había pensado que él no podía experimentar posiblemente a mayor cólera.
    Él se equivocó.
    O quizás era sólo que este era una clase diferente de la cólera. Alguien trataba de hacer daño a una persona él amó sobre todo a otros.
    ¿Cómo podría él tolerar esto? ¿Cómo podría él permitir que ello pasara?
    La respuesta era simple. Él no podría.
    Él tuvo que parar este. Él tuvo que hacer algo.
    Después de tantos años de amblar por la vida, que se ríe de las payasadas de otros, esto era el tiempo para tomar medidas él mismo.
    Él alzó la vista, algo sorprendió esto él estaba ya en la Casa Bridgerton. Gracioso como esto ya no pareció a casa.
    Él había crecido aquí, pero ahora esto era así obviamente la casa de su hermano.
    El Inicio estaba en Bloomsbury. El Inicio estaba con Penelope.
    El Inicio estaba en todas partes con Penelope.
    ¿"Colin?"
    Él giró. Anthony estaba en el pavimento, que obviamente vuelve de una diligencia o cita.
    Anthony saludó con la cabeza hacia la puerta. ¿"Planeaba usted llamar?"
    Colin miró sin expresión a su hermano, en ese momento realizando que él había estado estando de pie perfectamente todavía en los pasos para Dios sólo sabía cuanto.
    ¿"Colin?" Anthony preguntó otra vez, su ceja furrowing con la preocupación.
    "Necesito su ayuda," dijo Colin. Era todo que él tenía que decir.

* * *

    Penelope fue vestida ya para la pelota cuando su criada hizo entrar una nota de Colin.
    "El Dunwoody lo consiguió del mensajero," explicó la criada antes bobbing una reverencia rápida y Penelope que abandona para leer la nota en intimidad.
    Penelope deslizó su dedo de gloved bajo la tapa de sobre y dio un codazo a ello abierto, sacando la hoja sola de papel en cual ella vio la letra fina, ordenada que se había hecho tan familiar a ella ya que ella había comenzado a corregir los diarios de Colin.
    Haré mi propio camino a la pelota esta tarde. Por favor proceda a Número cinco. Madre, Eloise,
    y el Jacinto espera a acompañarle a Hastings House.
    Todo mi amor, Colin

    Para alguien que escribió tan bien en sus diarios, él no era la mayor parte de un corresponsal, Penelope pensó con una sonrisa sardónica.
    Ella estuvo de pie, allanando la seda fina de sus faldas. Ella había elegido un vestido de su sabio en color favorito verde – en esperanzas que esto podría prestar su coraje. Su madre siempre decía que cuando una mujer pareció bien, ella se sintió bien, y ella mejor dicho pensó su madre tenía razón. El cielo sabe, ella había gastado unos ocho años buenos de su vida que se siente bastante mal en los vestidos su madre había insistido pareció bien.
    Su pelo había sido vestido en un sueltamente upswept forman que aduló su cara, y su criada había peinado hasta algo por los hilos (Penelope tuvo miedo de preguntar que) que pareció sacar los toques de luz rojos.
    El pelo rojo no era muy de moda, por supuesto, pero Colin había dicho una vez que le gustó el modo que la luz de la vela hizo su pelo más vistoso, entonces Penelope había decidido que este era un caso sobre el cual ella y la manera tendrían que discrepar.
    Cuando ella hizo su camino abajo, su carro la esperaba, y el conductor había sido instruido ya a tómela a Número cinco.
    Colin había tenido cuidado claramente de todo. Penelope no estaba segura por qué este la sorprendió; él no era la clase de hombre quien olvidó detalles. Pero él fue preocupado hoy. Pareció raro a que él habría tomado el tiempo para enviar instrucciones el personal sobre su entrega a la casa de su madre cuando ella podría haber comunicado la orden menos mal ella misma.
    Él tuvo que planear algo. ¿Pero qué? Era él yendo a interceptar Cressida Twombley y tenerla despachado
    ¿a una colonia penal?
    No, demasiado melodramático.
    Tal vez él había encontrado un secreto sobre ella, y planeaba al chantaje enfadado ella. Silencio para silencio.
    Penelope saludó con la cabeza con aprobación como su carro hecho rodar a lo largo de la Calle de Oxford. Tuvo que ser la respuesta. Era justo como Colin subir con algo así diabólicamente prueba e inteligente. Pero lo que podría él posiblemente haber desenterrado sobre Cressida en ¿un tiempo tan corto? En todos sus años como el Silbido abajo de Señora, ella nunca había oído hasta un susurro de algo realmente escandaloso atado al nombre de Cressida.
    Cressida era medio, y Cressida era pequeño, pero ella nunca había andado fuera de las reglas de sociedad. El único realmente audaz la cosa que ella había hecho alguna vez era la reclamación de ser la Señora Whistledown.
    El carro convirtió el sur en Mayfair, y unos minutos más tarde, ellos vinieron a una parada delante de Número cinco. Eloise debe han estado mirando en la ventana, porque ella prácticamente voló abajo los pasos y habría chocado contra el carro tenía el conductor no renunció en aquel momento preciso y bloqueó su camino.
    Eloise saltó del pie al pie cuando ella esperó al conductor a abrir la puerta de carro; de hecho, ella pareció tan impaciente que Penelope estuvo sorprendida ella no cepilló por delante de él y tiró la puerta abierta ella misma. Finalmente, no haciendo caso de la oferta del conductor de ayuda, ella subió en el carro, casi ligero en sus faldas y cayendo al suelo en el proceso. Tan pronto como Ella se había corregido, ella pareció ambos caminos, su cara apretada en una expresión muy furtiva, y yanked la puerta cerrada, casi quitando la nariz del conductor en el proceso.
    ¿"Qué," Eloise exigió, "continúa?"
    Penelope sólo la contempló. "Yo podría preguntar al mismo de ustedes."
    ¿"Usted podría? ¿Por qué?"
    ¡"Como usted casi atropelló el carro con su prisa para subir dentro!"
    "Ah," Eloise olió desdeñosamente. "Usted tiene sólo usted mismo para culpar para esto."
    ¿"Yo?"
    ¡"Sí, usted! Quiero saber lo que continúa. Y tengo que saber esta noche."
    Penelope estaba completamente segura que Colin no habría dicho a su hermana sobre las demandas de chantaje de Cressida, no a menos que su plan fuera hacer que Eloise arengara a Cressida a la muerte. "No sé lo que usted quiere decir," dijo ella.
    ¡"Usted tiene que saber lo que quiero decir!" Eloise insistió, respaldo seguridad oblicuo hacia la casa. La puerta principal abría.
    "Ah, molestia. La madre y el Jacinto vienen ya. ¡Dígame!"
    ¿'Dígale qué?"
    "Por qué Colin nos envió que nota abominablemente secreta que nos instruye de atenerse a usted como el pegamento toda la tarde."
    ¿"Él hizo?"
    "Sí, y puede yo indicar que él subrayó el pegamento de palabra."
    "Y aquí pensé que el énfasis era el suyo," dijo Penelope con sequedad.
    Eloise frunció el ceño. "Penelope, este no es el tiempo para empujar la diversión en mí."
    ¿"Cuándo es el tiempo?"
    ¡"Penelope!"
    "Lamentable, yo no podía resistir."
    ¿"Sabe usted sobre qué la nota era?"
    Penelope sacudió su cabeza. Que no era una mentira completa, ella se dijo. Ella realmente no sabía lo que Colin había planeado para esta tarde.
    En ese momento la puerta abrió, y el Jacinto saltó en. "Penelope f" ella dijo con el gran entusiasmo. ¿"Qué continúa?"
    "Ella no sabe," dijo Eloise.
    El jacinto pegó un tiro a su hermana una mirada enojada. "Esto calcula que usted se movería sigilosamente aquí fuera temprano."
    ¿Violado empujó su cabeza en, "se pelean ellos?" ella preguntó a Penelope.
    "Sólo un poco," contestó Penelope.
    Violado sentado al lado de Jacinto a través de Penelope y Eloise. "Muy bien, no es como si yo podría pararlos, de todos modos. ¿Pero cuente realmente, qué quiso decir Colin cuándo él nos instruyó de atenernos a usted como el pegamento?"
    "Estoy seguro que no sé."
    Los ojos de la violeta se estrecharon, como si evaluación de la honestidad de Penelope. "Él era completamente enfático. Él subrayó el pegamento de palabra, usted sabe."
    "Sé," contestó Penelope, como Eloise dijo, "le dije."
    "Él lo subrayó dos veces," el Jacinto añadió. "Si su tinta hubiera sido un poco más oscura, estoy seguro que yo habría tenido que salir y matar
    un caballo yo mismo. "
    ¡"Jacinto!" Violado gritado.
    El jacinto sólo se encogió de hombros. "Esto muy intriga todo."
    "Realmente," Penelope dijo, impaciente para cambiar el sujeto, o al menos enroscarlo ligeramente, "lo que me pregunto es, lo que va a
    ¿Colin se gasta? "
    Aquel consiguió la atención de todo el mundo.
    "Él se marchó a casa en su ropa de tarde," explicó Penelope, "y no volvió. No puedo imaginar que su hermana aceptaría algo menos que equipo de la tarde lleno para su pelota."
    "Él habrá tomado prestado algo de Anthony," dijo Eloise desdeñosamente. "Ellos son exactamente el mismo tamaño. Mismo como Gregory, realmente. Sólo Benedict es diferente."
    'Dos pulgadas más alto," dijo Hyacinth.
    Penelope saludó con la cabeza, fingiendo el interés cuando ella echó un vistazo la ventana. Ellos acababan de reducir la velocidad, el conductor que probablemente trata de navegar por aplastar de carros que ahogaban el Cuadrado Grosvenor.
    ¿"Cuánta gente esperan esta noche?" Penelope preguntó.
    "Creo quinientos fueron invitados," Violado contestó. "Daphne no recibe partidos muy a menudo, pero de qué ella carece en la frecuencia que ella compensa en el tamaño."
    "Diré," el Jacinto refunfuñó. "Odio muchedumbres. No voy a ser capaz de conseguir un aliento decente esta noche."
    "Soy afortunado que usted era mi último," Violet le dijo con cansado afecto. "Yo no habría tenido la energía para más después de que usted,
    Estoy seguro. "
    "Compasión yo no era primero, entonces," dijo Hyacinth con una sonrisa atrevida. "Piense en toda la atención que yo podría haber tenido. No mencionar
    la fortuna. "
    "Usted es ya completamente la heredera como es," dijo Violet.
    "Y usted siempre logra encontrar su camino al centro de la atención," embromó Eloise.
    El jacinto sólo sonrió abiertamente.
    ¿"Sabía usted," dijo Violet, dando vuelta a Penelope, "que todos mis niños van a asistir esta noche? No puedo recordar la vez pasada que estábamos todos juntos."
    ¿"Y su fiesta de cumpleaños?" Eloise preguntó.
    Violado sacudió su cabeza. "Gregory no era capaz de escaparse de la universidad."
    "No se espera que nosotros nos alineemos según la altura y cantemos una melodía festiva, verdad?" Hyacinth preguntado, sólo a mitad bromeando.
    "Puedo vernos ahora: el Canto Bridgertons. Haríamos una fortuna en la etapa."
    "Usted está en un humor punchy esta noche," le dijo Penelope.
    El jacinto se encogió de hombros. "Sólo consiguiéndome listo para mi transformación próxima en pegamento. Parece requerir un cierto estado de preparación mental. "
    ¿"Un estado de ánimo pegajoso?" Penelope preguntó suavemente.
    "Exactamente."
    "Debemos conseguirla casado lejos pronto," dijo Eloise a su madre.
    "Usted primero," tiro de Jacinto atrás.
    "Trabajo en ello," dijo Eloise enigmáticamente.
    ¿"Qué?" El volumen de la palabra fue mejor dicho amplificado por el hecho que esto explotó de tres bocas inmediatamente.
    "Esto es todo que voy a decir," Eloise dijo, y en tal tono de la voz que todos ellos sabía que ella lo quiso decir.
    "Me pondré al fondo de este" Jacinto aseguró a su madre y Penelope.
    "Estoy seguro que usted va a," Violado contestó.
    Penelope dio vuelta a Eloise y dijo, "Usted no pone una posibilidad."
    Eloise sólo levantó su barbilla en el aire y miró fuera la ventana. "Estamos aquí," anunció ella.
    Las cuatro señoras esperaron hasta que el conductor hubiera abierto la puerta, y luego uno tras otro ellos bajaron.
    "Mi calidad," dijo Violet con aprobación, "Daphne se ha excedido realmente."
    Era difícil no pararse y mirar. Todo Hastings House era resplandeciente de luz. Cada ventana había sido embellecida por velas, y los candelabros de pared al aire libre sostuvieron antorchas, como hizo una flota de lacayos que saludaban los carros.
    "Es la Señora demasiado mala Whistledown no está aquí," dijo Hyacinth, su voz que por una vez pierde su borde atrevido. "Ella tendría amado este. "
    "Tal vez ella está aquí," dijo Eloise. "De hecho, ella probablemente es."
    ¿"Invitó Daphne Cressida Twombley?" Violet preguntó.
    "Estoy seguro que ella hizo," dijo Eloise. "No, que yo piense que ella es la Señora Whistledown."
    "No pienso que alguien piensa esto más tiempo," Violado contestó cuando ella levantó su pie en el primer paso. "Venido, muchachas,
    nuestra noche espera. "
    El jacinto anduvo adelante para acompañar a su madre, mientras Eloise se cayó en la línea al lado de Penelope.
    "Hay magia en el aire," dijo Eloise, mirando alrededor como si ella nunca había visto una pelota de Londres antes. ¿"Lo siente usted?"
    Penelope sólo la miró, con miedo que si ella abriera su boca, ella soltara todos sus secretos. Eloise tenía razón. Allí
    era algo extraño y eléctrico sobre la noche, una clase que chisporrotea de la energía – el amable sentido justo antes de una tormenta.
    "Esto casi parece a un punto decisivo," reflexionó Eloise, "como si la vida de alguien podría cambiarse completamente, todos una noche."
    ¿"Qué dice usted, Eloise?" Penelope preguntó, alarmado por la mirada en los ojos de su amigo.
    "Nada," Eloise dijo con un encogimiento. Pero una sonrisa misteriosa permaneció sobre sus labios cuando ella enganchó su brazo por
    Penelope y murmurado, "Van a ser desconectados. La noche espera."

El CAPÍTULO 23

    Penelope había sido a Hastings House varias veces, tanto para partidos formales como visitas más ocasionales, pero nunca tenía ella
    visto la vieja mirada de edificio majestuosa más encantadora – o más mágico – que ello hizo esa tarde.
    Ella y las señoras Bridgerton estaban entre el primer para llegar; la Señora Bridgerton siempre decía que era grosero para miembros de familia hasta considerar entradas a la moda tardías. Era agradable ser tan temprano, aunque; Penelope era realmente capaz de ver
    las decoraciones sin necesidad empujar por muchedumbres aplastantes.
    Daphne había decidido no usar un tema para su pelota, a diferencia de la pelota egipcia la semana pasada y el Grecian un la semana antes. Mejor dicho, ella había decorado la casa con la misma elegancia simple con la cual ella vivió su vida diaria. Cientos
    las velas embellecieron las paredes y tablas, que vacilan por la noche, reflexionando de las arañas de luces enormes que colgaron de los techos. Las ventanas fueron envueltas en un shimmery, tela plateada, la clase de cosa que uno podría imaginar que un hada llevaba puesta. Incluso los criados habían cambiado su librea. Penelope sabía que los criados de Hastings por lo general se gastaron azul y de oro, pero esta noche su azul fue embellecido por la plata.
    Casi podría hacer una mujer parecer a una princesa en un cuento de hadas.
    "Me pregunto cuanto este coste," dijo Hyacinth, ojos amplios.
    ¡"Jacinto!" Violado reprendido, pestañeando a su hija al brazo. "Usted sabe que es descortés preguntar sobre tales cosas."
    "No pregunté," el Jacinto indicó, "me pregunté. Y además, esto es sólo Daphne."
    "Su hermana es la Duquesa de Hastings," dijo Violet, "y como tal ella tiene ciertas responsabilidades a su estación. Usted
    haga bien para recordar aquel hecho. "
    "Pero no le no estar de acuerdo," dijo Hyacinth, conectando su brazo alrededor de su madre y dando a su mano un pequeño apretón, "que es
    ¿más importante simplemente para recordar que ella es mi hermana? "
    "Ella le tiene allí," dijo Eloise con una sonrisa.
    Violado suspiró. "Jacinto, declaro que usted será la muerte de mí."
    "No, no voy a," el Jacinto contestó. "Gregory va a."
    Penelope se encontró sofocando una risa.
    "No veo a Colin aquí aún," dijo Eloise, estirando el cuello su cuello.
    ¿"No?" Penelope escaneó el cuarto. "Esto es sorprendente."
    ¿"Le dijo él que él estaría aquí antes de que usted llegara?"
    "No," Penelope contestó, "pero por la razón que sea mejor dicho pensé que él."
    Violado acarició su brazo. "Estoy seguro que él estará aquí pronto, Penelope. Y luego sabremos todos lo que este secreto grande es esto lo tiene insistiéndonos permanecen por su lado. No," añadió ella de prisa, sus ojos que se ensanchan con la alarma, "esto lo vemos como cualquier clase de la tarea. Usted sabe que adoramos su compañía."
    Penelope le dio una sonrisa de tranquilizamiento. "Sé. El sentimiento es mutuo."
    Había sólo unas personas delante de ellos en la línea de recepción, entonces no era muy mucho antes de que ellos fueran capaces de saludar
    Daphne y su marido Simon.
    "A qué," Daphne preguntó sin el preámbulo, en cuanto ella estaba segura ella otros invitados estaban fuera del alcance del oído, "continúa
    ¿con Colin? "
    Ya que la pregunta pareció ser dirigida sobre todo a ella, Penelope se sintió obligada decir, "no sé."
    ¿"Le envió él una nota también?" Eloise preguntó.
    Daphne saludó con la cabeza. "Sí, debemos vigilarla, él dijo."
    "Podría ser peor," dijo Hyacinth. "Debemos atenernos a ella como el pegamento." Ella se inclinó adelante. "Él subrayó el pegamento."
    "Y aquí pensé que yo no era una tarea," Penelope quipped.
    "Ah, usted no es," Hyacinth dijo breezily, ", pero hay algo bastante agradable sobre el pegamento de palabra. ¿Diapositivas de la lengua mejor dicho agradablemente, no piensa usted? Pegamento. Glooooooo."
    ¿"Es ello mí," preguntó Eloise, "o se ha vuelto loco ella en la cabeza?"
    El jacinto no hizo caso de ella con un encogimiento. "Para no mencionar el drama de ello. Siento como si soy una parte de algún magnífico complot de espionaje."
    "El espionaje," Violado gimió. "El cielo ayuda a todos nosotros."
    Daphne se inclinó adelante con el gran drama. "Bien, él nos dijo-"
    "Esto no es un concurso, la esposa," pone Simon en.
    Ella pegó un tiro a él una mirada enojada antes de volverse atrás a su madre y hermanas y refrán, "Él nos dijo asegurarnos ella se aleja de la Señora Danbury."
    ¡"Señora Danbury!" todos ellos exclamó.
    Excepto Penelope, que tenía una idea muy buena por qué Colin podría querer que ella se alejara de la condesa mayor. Él debe haber subido con algo mejor que su plan de convencer a la Señora Danbury de mentir y decir cada uno que ella era la Señora Whistledown.
    Esto tuvo que ser la teoría de doble chantaje. ¿Cual podría ser? Él debe haber destapado algún secreto horrible sobre Cressida.
    Penelope era casi vertiginosa con el placer.
    "Pensé que ustedes eran amigos bastante buenos con la Señora Danbury," le dijo Violet.
    "Soy," contestó Penelope, tratando de actuar dejado perplejo.
    "Este es muy curioso," dijo Hyacinth, dando un toque a su índice contra su mejilla. "Muy curioso en efecto."
    "Eloise," Daphne de repente puso en, "usted es muy tranquilo esta noche."
    "Excepto cuando ella me llamó loco," el Jacinto indicó.
    ¿"Hmmm?" Eloise había estado mirando fijamente lejos en el espacio – o quizás en algo detrás de Daphne y Simon-y no había estado prestando la atención. "Ah, pues nada para decir, supongo."
    ¿"Usted?" Daphne preguntó dudosamente.
    "Exactamente lo que yo pensaba," dijo Hyacinth.
    Penelope estuvo de acuerdo con el Jacinto, pero ella decidió guardar esto a ella. No pareció a Eloise para no intervenir con una opinión, sobre todo no durante una noche como este, que se ponía cada vez más cubierto con el misterio como cada segundo pasado.
    "Todos ustedes decías todo tan bien," dijo Eloise. ¿"Qué podría yo haber añadido posiblemente a la conversación?"
    Que golpeó a Penelope como muy rara. El sarcasmo astuto estaba en el carácter, pero Eloise siempre pensamiento que ella tenía algo para añadir
    a una conversación.
    Eloise sólo se encogió de hombros.
    "Deberíamos movernos a lo largo," dijo Violet. "Comenzamos a sostener a sus otros invitados."
    "Voy a hasta luego," prometió Daphne. ¡"Y ah!"
    Cada uno se inclinó en.
    "Usted querrá probablemente saber," susurró ella, "aquella Señora Danbury no está aquí aún."
    "Simplifica mi trabajo," dijo Simon, pareciendo un poco cansado de toda la intriga.
    "No el mío," dijo Hyacinth. "Todavía tengo que atenerme a ella-"
    "-como pegamento," ellos que lo abarca todo Penelope-terminado para ella.
    "Bien, hago," dijo Hyacinth.
    "El hablar del pegamento," Eloise dijo cuando ellos anduvieron lejos de Daphne y Simon, "Penelope, hágale piensa que usted puede arreglarse
    ¿con sólo dos hornadas para un poco? Me gustaría salir durante un momento. "
    "Iré con usted," el Jacinto anunció.
    "Usted no puede ambo ir," dijo Violet. "Estoy seguro Colin no quiso a Penelope abandonada con sólo mí."
    ¿"Puedo ir cuándo ella está de vuelta, entonces?" Jacinto grimaced. "No es algo que puedo evitar."
    Violado girado a Eloise con expectación.
    ¿"Qué?" Eloise exigió.
    "Yo le esperaba a decir la misma cosa."
    "Soy demasiado lejos dignificado," olió Eloise.
    "Ah, por favor," el Jacinto refunfuñó.
    Violado gimió. ¿"Usted está seguro usted desea que nosotros permanezcamos por su lado?" ella preguntó a Penelope.
    "No pensé que yo tenía una opción," contestó Penelope, divertido con el intercambio.
    "Vaya," Violet dijo a Eloise. "Sólo apresúrese atrás."
    Eloise dio a su madre una cabezada, y luego, mucho a la sorpresa de todo el mundo, ella alcanzó adelante y dio a Penelope un abrazo rápido.
    ¿"Qué era esto para? ¿" Penelope preguntó con una sonrisa afectuosa?
    "Ninguna razón," contestó Eloise, su sonrisa que vuelve mejor dicho como uno de Colin. "Sólo pienso que este va a ser una noche especial para usted."
    ¿"Usted hace?" Penelope preguntó con cuidado, inseguro de lo que Eloise podría haber entendido.
    "Bien, es obvio que algo es a pie," dijo Eloise. "No parece a Colin para actuar con tal secreto. Y quise ofrecer mi apoyo."
    "Usted estará de vuelta en sólo unos minutos," dijo Penelope. "Independientemente de lo que va a pasar – si en efecto algo va a pasar – usted probablemente no lo perderá."
    Eloise se encogió de hombros. "Esto era un impulso. Un impulso nacido a partir de una docena de años de amistad."
    ¿"Eloise Bridgerton, se pone usted sentimental en mí?"
    ¿"En esta fecha tardía?" Eloise dijo con una mirada del ultraje fingido. "Pienso no."
    ¡"Eloise," Jacinto interrumpió, "va a usted marcharse! No puedo esperar toda la noche."
    Y con una onda rápida, Eloise era desconectada.
    Para la hora siguiente, ellos sólo molieron sobre, mezclándose con los otros invitados, y movimiento-Penelope, Violado, y Jacinto como
    un gigante ser.
    "Tres cabezas y seis piernas tienen nosotros," Penelope comentó cuando ella anduvo hacia la ventana, las dos mujeres Bridgerton que andan ajetreado directamente junto a ella.
    ¿"Pido su perdón?" Violet preguntó.
    ¿"Realmente quiso usted mirar fuera la ventana," el Jacinto refunfuñó, "o nos probaba sólo usted? ¿Y dónde está Eloise?"
    "Sobre todo sólo probándole," confesó Penelope. "Y estoy seguro que Eloise fue detenida por algún otro invitado. Usted sabe así como yo que hay muchas personas aquí de quien es bastante difícil extraerse de la conversación."
    "El Hmmph," era la respuesta del Jacinto. "Alguien tiene que comprobar de nuevo su definición del pegamento."
    "El jacinto," Penelope dijo, "si usted tiene que perdonarse durante unos minutos, por favor siga adelante. Seré fino sólo." Ella dio vuelta a Violado. "Usted también. Si usted tiene que marcharse, prometo que permaneceré aquí mismo en la esquina hasta que usted vuelva."
    Violado la miró en el horror. ¿"Y ruptura nuestra palabra a Colin?"
    ¿"Er, realmente le dio usted su palabra?" Penelope preguntó.
    "No, pero fue implicado en su petición, estoy seguro. ¡Ah, mire!" ella de repente exclamó. ¡"Allí él es!"
    ¡Penelope trató de hacer señas discretamente en su marido, pero todas sus tentativas en la circunspección fueron ahogadas por onda vigorosa del Jacinto y grito de, "Colin!"
    Violado gimió.
    "Sé, sé," dijo Hyacinth impenitentemente, "debo ser más elegante."
    ¿"Si usted lo sabe," dijo Violet, pareciendo cada pulgada a la madre que ella era, "entonces por qué no lo hace usted?"
    ¿"Cuál sería la diversión en esto?"
    "Buenas noches, señoras," dijo Colin, besando la mano de su madre antes de tomar suavemente su lugar al lado de Penelope y deslizamiento
    su brazo alrededor de su cintura.
    ¿"Bien?" Jacinto exigido.
    Colin simplemente quirked una ceja.
    ¿"Va usted a decirnos?" ella persistió.
    "Todos a debido tiempo, querida hermana."
    "Usted es un hombre desgraciado, desgraciado," el Jacinto se quejó.
    ¿"Digo," murmuró Colin, mirando alrededor, "qué pasó toEloise?"
    "Esto es una pregunta muy buena," el Jacinto refunfuñó, como Penelope dijo, "estoy seguro que ella estará de vuelta pronto."
    Él saludó con la cabeza, no pareciendo terriblemente interesado. "¿madre", él dijo, dando vuelta hacia Violado, "cómo ha sido usted?"
    ¿"Usted ha estado enviando notas secretas por todas partes de la ciudad," Violado exigió, "y usted quiere saber cómo he sido?"
    Él sonrió. "Sí".
    Meneo violado realmente comenzado de su dedo en él, algo ella había prohibido a sus propios niños de alguna vez hacer en público.
    "Ah, no, usted no hace, Colin Bridgerton. Usted no va a salir de la explicación usted mismo. Soy su madre. ¡Su madre!"
    "Soy consciente de la relación," murmuró él.
    "Usted no va a bailar el vals en aquí y distraerme con una frase inteligente y una sonrisa seductora."
    ¿"Usted piensa que mi sonrisa es seductora?"
    ¡"Colin!"
    "Pero," él accedió, "usted hizo realmente un punto excelente."
    Violado parpadeó. ¿"Hice?"
    "Sí. Sobre el vals." Él amartilló su cabeza ligeramente al lado. "Creo que oigo el principio del que."
    "No oigo nada," dijo Hyacinth.
    ¿"Usted? Compasión." Él se hizo con la mano de Penelope. "Venido, esposa. Creo realmente que este es nuestro baile."
    "Pero nadie baila," tierra de Jacinto.
    Él la dirigió una sonrisa satisfecha. "Ellos serán."
    Y luego, antes de que alguien tuviera una posibilidad para comentar, él yanked en la mano de Penelope, y ellos tejían por las muchedumbres.
    ¿"No quiso usted bailar el vals?" Penelope preguntó jadeantemente, directamente después de que ellos habían pasado la pequeña orquesta, los miembros de
    quien pareció tomar una ruptura ampliada.
    "No, sólo para escaparse," explicó él, resbalando por una puerta lateral y tirándola junto con él.
    Unos momentos más tarde ellos habían subido una escalera estrecha y fueron secretados en algún pequeño salón, su única luz las antorchas que vacilan que ardieron fuera de la ventana.
    ¿"Dónde están nosotros?" Penelope preguntó, mirando alrededor.
    Colin se encogió de hombros. "No sé. Esto pareció un lugar tan bueno como alguno."
    ¿"Va usted a decirme qué continúa?"
    "No, primero voy a besarle."
    ¡Y antes de que ella tuviera una posibilidad para responder a aquel (no que ella habría protestado!) sus labios encontraron el suyo en un beso que tuvo hambre y corrió prisa y era sensible todos en uno.
    ¡"Colin!" ella jadeó, en aquella fracción de segundo cuando él respiró.
    "No ahora," murmuró él, besándola otra vez.
    "Pero-" este fue amortiguado, perdido contra sus labios.
    Esto era la clase de beso que la envolvió, de su cabeza a sus dedos del pie, del modo que sus dientes mordisquearon sus labios, a sus manos,
    apretar su fondo y deslizando a través de su espalda. Esto era la clase de beso que podría haber girado fácilmente sus rodillas al agua y haberla conducido a desmayarse en el sofá y permitir que él le hiciera algo, el más malo el mejor, aunque ellas estuvieran meras yardas lejos de más de quinientos miembros de la tonelada, excepto-
    ¡"Colin!" ella exclamó, de alguna manera rompiendo su boca sin su.
    "¡Chitón!."
    ¡"Colin, usted tiene que pararse!"
    Él pareció a un cachorro perdido. ¿"Debo yo?"
    "Sí, usted debe."
    "Supongo que usted va a decir que está debido a toda la gente sólo al lado."
    "No, aunque esto sea una muy buena razón para considerar la restricción."
    ¿'Para considerar y rechazar luego, quizás?" él preguntó con esperanza.
    ¡"No! Colin-" Ella se tiró de sus armas y se movió varios pies de distancia, no sea que su proximidad la tiente en el olvido
    ella misma. "Colin, usted tiene que decirme lo que continúa."
    "Bien," él dijo despacio, "yo le besaba…"
    "Esto no es lo que quise decir, y usted lo sabe."
    "Muy bien." Él se alejó, sus pasos que resuenan en voz alta en sus oídos. Cuando él se volvió atrás alrededor, su expresión tenía
    girado terriblemente serio. "He decidido que hacer sobre Cressida."
    ¿"Usted tiene? ¿Qué? Dígame."
    Su cara tomó una expresión ligeramente afligida. "Realmente, pienso que podría ser lo mejor si yo no le dijera hasta que el plan esté en curso."
    Ella lo contempló en la incredulidad. "Usted no es serio."
    "Bien. "Él miraba ansiosamente la puerta, claramente esperando una fuga.
    'Dígame," insistió ella.
    "Muy bien." Él suspiró, luego suspiró otra vez.
    ¡"Colin!"
    "Voy a hacer un anuncio," dijo él, como si que explicaría todo.
    Al principio ella no dijo nada, pensando que tal vez se haría todo claro si ella sólo esperara un momento y pensara en ello. Pero
    ¿esto no trabajó, y entonces ella preguntó, sus palabras lento y cuidadoso, "Qué clase de anuncio?"
    Su cara giró resuelta. "Voy a decir la verdad."
    Ella jadeó. ¿"Sobre mí?"
    Él saludó con la cabeza.
    ¡"Pero usted no puede!"
    "Penelope, pienso que es lo mejor."
    El pánico comenzó a elevarse dentro de ella, y sus pulmones se sintieron imposiblemente apretados. ¡"No, Conn, usted no puede! ¡Usted no puede hacer esto! No es su
    ¡secreto de revelar! "
    ¿"Quiere usted pagar Cressida para el resto de su vida?"
    "No, por supuesto no, pero puedo preguntar a la Señora Danbury-"
    "Usted no va a pedir a la Señora Danbury mentir de su parte," se rompió él. "Esto es bajo usted y usted lo sabe."
    Penelope jadeó en su tono agudo. Pero profundamente abajo, ella sabía que él tenía razón.
    "Si usted quisiera tanto permitir que alguien más usurpara su identidad," dijo él, "entonces usted debería acabar de permitir
    Cressida para hacerlo. "
    "Yo no podría," susurró ella. "No ella."
    "Fino. Entonces esto es el tiempo nosotros ambos nos levantamos y afrontamos la música."
    "Colin," ella susurró, "seré arruinado."
    Él se encogió de hombros. "Nos moveremos al país."
    Ella sacudió su cabeza, desesperadamente tratando de encontrar las palabras derechas.
    Él recogió sus manos su. ¿"Realmente importa esto tanto?" él dijo suavemente. "Penelope, le amo. Mientras estamos juntos,
    seremos felices. "
    "No es que," ella dijera, tratando de tirar su mano de su de modo que ella pudiera limpiar los rasgones de sus ojos.
    Pero él no dejaría van. ¿"Qué, entonces?" él preguntó.
    "Colin, usted será arruinado, también," susurró ella.
    "No me opongo."
    Ella lo contempló en la incredulidad. Él pareció así el capirotazo, tan ocasional sobre algo que cambiaría su vida entera, lo cambiaría de modos
    él no podía imaginar posiblemente.
    "Penelope," él dijo, su voz tan razonable ella podría ponerlo apenas, "esto es la única solución. Decimos el mundo, o Cressida hace."
    "Podríamos pagarle," susurró ella.
    ¿"Es esto qué usted realmente quiere hacer?" él preguntó. ¿"Dé su todo el dinero que usted ha trabajado tan con fuerza para ganar? Usted podría también
    acaban de dejarle decir al mundo que ella era la Señora Whistledown. "
    "No puedo dejarle hacer este," dijo ella. "No pienso que usted entiende lo que esto piensa ser fuera de la sociedad."
    ¿"Y usted hace?" él contrario.
    ¡"Mejor que usted!"
    "Penelope-"
    "Usted trata de actuar como si no importa, pero sé que usted no siente aquel camino. Usted era tan enojado por mí cuando publiqué aquella última columna, todos porque usted pensó que yo no debería haber arriesgado el secreto que sale."
    "Como esto resulta," comentó él, "yo tenía razón." "
    ¿"Ver?" ella dijo urgentemente. ¿"Ve usted? ¡Usted todavía está disgustado conmigo sobre esto!"
    Colin suelta un aliento largo. La conversación no se movía en la dirección él había esperado. Él seguramente no había querido para
    ella para lanzar su insistencia más temprana que ella no dice alguien sobre su vida secreta atrás en su cara. "Si usted no hubiera publicado esto
    ¿la última columna," él dijo, "no estaríamos en esta posición, que es verdadera, pero el punto es discutible ahora, no piensa usted?"
    "Colin," ella susurró. "Si usted dice al mundo que soy la Señora Whistledown, y ellos reaccionan el modo que pensamos que ellos van a, usted ir a nunca
    ver sus diarios publicados. "
    Su corazón se estuvo quieto.
    Como era cuando él finalmente la entendió.
    Ella le había dicho antes que ella lo amó, y ella había mostrado su amor también, de todos los modos que él la había enseñado. Pero nunca antes lo tenía sido tan claro, tan franco, tan la materia prima.
    Todo este tiempo ella había estado pidiendo que él no hiciera el anuncio – había sido todo para él.
    Él tragó contra el terrón que se formaba en su garganta, luchada por palabras, luchadas hasta por el aliento.
    Ella extendió la mano y tocó su mano, sus súplicas de ojos, sus mejillas todavía mojadas por rasgones. "Yo nunca podía perdonarme,"
    ella dijo. "No quiero destruir sus sueños."
    "Ellos fueron nunca mis sueños hasta que yo le encontrara," susurró él.
    ¿"Usted no quiere publicar sus diarios?" ella preguntó, parpadeando en la confusión. ¿"Usted lo hacía sólo para mí?"
    "No," él dijo, porque ella no mereció nada menos que honestidad completa. "Lo quiero realmente. Esto es mi sueño. Pero esto es un sueño
    usted me dio. "
    "Esto no significa que puedo llevármelo."
    "Usted no es."
    "Sí, "yo" "
    'No," él dijo enérgicamente, "usted no es. Y la adquisición de mi trabajo publicó… bien, esto no sostiene una vela a mi verdadero sueño,
    que gasta el resto de mi vida con usted. "
    "Usted siempre tendrá esto," dijo ella suavemente.
    "Sé." Él sonrió, y luego giró bastante creído. ¿"Tan qué tenemos que perder?"
    "Posiblemente más que podríamos adivinar alguna vez."
    "Y posiblemente menos," él le recordó. "No olvide que soy un Bridgerton. Y usted es ahora, también. Manejamos un poco del poder
    en esta ciudad. "
    Sus ojos se ensancharon. ¿"Qué quiere decir usted?"
    Él se encogió de hombros modestamente. "Anthony está listo para darle su apoyo lleno."
    ¿"Usted dijo a Anthony?" ella jadeó.
    "Tuve que decir a Anthony. Él es la cabeza de la familia. Y hay muy pocas personas en esta tierra que se atreverían a cruzarlo."
    "Ah." Penelope masticó su labio inferior, considerando todo esto. Y luego, porque ella tuvo que saber: ¿"qué dijo él?"
    "Él estuvo sorprendido."
    "Esperé tan mucho."
    "Y mejor dicho contento."
    Su cara se encendió. ¿"Realmente?"
    "Y divertido. Él dijo que él tuvo que admirar a alguien que podría guardar un secreto así durante tantos años. Él dijo que él no podría
    espere a decir a Kate. "
    Ella saludó con la cabeza. "Supongo que usted tendrá que hacer un anuncio ahora. El secreto es."
    "Anthony sostendrá a su consultor si le pregunto a," dijo Colin. "Esto no tiene nada que ver por qué quiero decir al mundo la verdad."
    Ella lo miró con expectación, cautelosamente.
    "La verdad es," dijo Colin, tirando en su mano y tirando su final, "estoy bastante orgulloso de usted."
    Ella se sintió sonrisa, y era tan extraño, porque sólo unos momentos antes, ella no podía imaginar alguna vez sonreír otra vez.
    Él se inclinó abajo hasta que su nariz tocara el suyo. "Quiero que cada uno sepa que orgulloso soy de usted. Cuando soy por,
    no habrá una persona sola en Londres que no reconoce que inteligente usted es. "
    "Ellos todavía pueden odiarme," dijo ella.
    "Ellos pueden," estuvo de acuerdo él, "pero será su problema, no el nuestro."
    "Ah, Colin," suspiró ella. "Le amo realmente. Esto es una cosa excelente, realmente."
    Él sonrió abiertamente. "Sé."
    "No, realmente hago. Pensé que le amé antes, y estoy seguro que hice, pero no es nada como lo que siento ahora."
    "Bueno," él dijo, un destello bastante posesivo que aparece en sus ojos, "esto es el modo que me gusta esto. Ahora venga conmigo."
    ¿"Dónde?"
    "Aquí," él dijo, empujando abierto una puerta.
    Al asombro de Penelope, ella se encontró en un pequeño balcón, pasando por alto la sala de baile entera. "Ah. Querido. Dios," tragó aire ella, intentando al yanqui él atrás en el cuarto oscurecido detrás de ellos. Nadie los había visto aún; ellos todavía podrían hacer su fuga.
    'Tsk tsk," reprendió él. "Valentía, mi caramelo."
    ¿"Podía usted no fijar algo en el papel?" ella susurró urgentemente. ¿"O sólo diga alguien y permita que el rumor se extienda? '
    "No hay nada como un magnífico gesto para conseguir el punto a través."
    Ella tragó convulsivamente. Cuando los gestos fueron, este iba a ser magnífico. "No estoy muy bien siendo el centro de
    atención," ella dijo, tratando de recordar como aspirar un ritmo normal.
    Él apretó su mano. "No preocúpese. Soy." Él miró fuera por la muchedumbre hasta que sus ojos encotraran aquellos de su servidor, su cuñado, el Duque de Hastings. En la cabezada de Colin, el duque comenzó a moverse hacia la orquesta.
    ¿"Simon sabe?" Penelope jadeó.
    "Le dije cuando llegué," murmuró Colin distraídamente. ¿"Cómo piensa usted que yo sabía encontrar el cuarto con el balcón?"
    Y luego la cosa más notable pasó. Una flota verdadera de lacayos apareció como si de la nada y comenzó a dar
    altas flautas de champán a cada invitado.
    "Aquí es lo nuestro," dijo Colin con aprobación, recogiendo dos gafas que esperaban en la esquina. "Como pregunté."
    Penelope tomó el suyo silenciosamente, todavía incapaz de entender todo que se desplegaba alrededor de ella.
    "Esto es probablemente un pequeño apartamento ya," dijo Colin en una clase de conspirador del susurro que ella sabía se supuso para ponerla a gusto.
    "Pero soy lo mejor que yo pudiera hacer dadas las circunstancias."
    Cuando Penelope agarró la mano de Colin en el terror, ella miró inútilmente cuando Simon calmó la orquesta y dirigió el
    multitud de asiduos de partido para girar su atención a su hermano y hermana en el balcón.
    Su hermano y hermana, ella pensó en la maravilla. El Bridgertons realmente inspiró una obligación. Ella nunca pensó que ella vería el
    el día cuando un duque se refirió a su como su hermana.
    "Señoras y señores," anunció Colin, su voz fuerte, confidente resonante en todas partes del pasillo, "me gustaría proponer
    una tostada a la mujer más notable en el mundo. "
    Una extensión de murmullo baja a través del cuarto, y Penelope estuvo de pie congelado, mirando a cada uno mirándola.
    "Soy un recién casado," siguió Colin, seductor los asiduos a fiestas con su sonrisa coja, "y por lo tanto se requiere todo que usted me complazca de mis modos enfermos de amor."
    La risa amistosa se rizó por la muchedumbre.
    "Sé que muchos de ustedes estuvieron sorprendidos cuando pedí a Penelope Featherington ser mi esposa. Estuve sorprendido yo mismo."
    Unos cuantos poco amables se ríen disimuladamente llevados por el aire por el aire, pero Penelope se sostuvo perfectamente de todos modos, completamente orgulloso. Colin diría el
    cosa derecha. Ella sabía que él. Colin siempre decía la cosa derecha.
    "No estuve sorprendido que yo me había caído enamorado de ella," dijo él intencionadamente, dando a la muchedumbre una mirada que se los atrevió a comentar, ", pero mejor dicho que esto había tomado tan mucho tiempo… "La he conocido durante tantos años, usted ve," siguió él, su voz emoliente, "y de alguna manera yo nunca había tomado el tiempo para mirar dentro, ver a la mujer hermosa, brillante, ingeniosa que ella se había hecho."
    Penelope podría sentir los rasgones que gotean abajo su cara, pero ella no podía moverse. Ella podría respirar apenas. Ella había esperado
    él para revelar su secreto, y en cambio él daba su este regalo increíble, esta declaración espectacular del amor.
    "Por lo tanto," Colin dijo, "con todos ustedes aquí como mis testigos, me gustaría decir-enelope-" Él le dio vuelta, tomando
    su mano libre en su, y dijo:
    "Le amo. Le adoro. Adoro la tierra sobre la que usted anda."
    ¡Él dio vuelta se echan atrás a la muchedumbre, levantó su cristal, y dijo, "a mi esposa!"
    ¡'A su esposa!" todos ellos retumbó, alcanzado en la magia del momento.
    Colin bebió, y Penelope bebió, aunque ella no pudiera menos de preguntarse cuando él iba a decirles todo el verdadero
    razón de este anuncio.
    "Deje su cristal, querido," murmuró él, arrancándolo de sus dedos y ponerlo aparte.
    "Pero-"
    "Usted interrumpe demasiado," él reprendió, y hombres él la barrió en un beso apasionado, ahí mismo en el balcón en el frente
    de la tonelada entera.
    ¡"Colin!" ella jadeó, una vez que él le dio una posibilidad para respirar.
    Él sonrió abiertamente wolfishly cuando su auditorio rugió su aprobación.
    ¡"Ah, y una última cosa!" él llamó a la muchedumbre.
    Ellos sellaban ahora sus pies, colgando en su cada palabra.
    "Abandono el partido temprano. Ahora mismo, de hecho." Él pegó un tiro a un malo, de lado sonreír abiertamente en Penelope. "Estoy seguro que usted entenderá."
    Los hombres en la muchedumbre ulularon y gritaron cuando Penelope giró la remolacha roja.
    "Pero antes de que yo haga, tengo una última cosa de decir. Una última pequeña cosa, por si usted todavía no me crea cuando le digo que mi
    la esposa es el wittiest, la mujer más inteligente, más encantadora en todo Londres. "
    ¡"Nooooo!" vino una voz de la espalda, y Penelope sabía que esto era Cressida.
    Pero hasta el Cressida no era ningún partido para la muchedumbre, ninguna de quien dejaría a su pase, o hasta escucharía a sus gritos de socorro.
    "Usted podría decir que mi esposa tiene dos apellidos de soltera," dijo él pensativamente. "Por supuesto todos ustedes la conocías como Penelope Featherington, como hizo yo. Pero lo que usted no sabía, y lo que hasta yo no era bastante inteligente para entender hasta que ella me dijera ella misma…"
    Él hizo una pausa, esperando silencio a caerse el cuarto.
    "el… es que ella es también el brillante, el ingenioso, el impresionantemente Magnífico ah, todos ustedes sabes a quién hablo sobre," él
    dicho, su brazo que barre hacia la muchedumbre.
    ¡"Le doy mi esposa!" él dijo, su amor y orgullo que fluye a través del cuarto. ¡"Señora Whistledown!"
    Durante un momento había solamente el silencio. Era casi como si nadie hasta se atrevió a respirar.
    Y luego esto vino. Palmada. Palmada. Palmada. Lento y metódico, pero con tal fuerza y determinación que cada uno tenía a
    dé vuelta y mirada para ver quién se había atrevido a romper el silencio sobresaltado.
    Era la Señora Danbury.
    Ella había empujado su caña en armas de alguien más y sostenía sus armas altas, aplaudiendo fuerte y orgulloso, emitiendo con orgullo y placer.
    Y luego alguien más comenzó a aplaudir. Penelope sacudió su cabeza al lado para ver quien…
    Anthony Bridgerton.
    Y luego Simon Basset, el Duque de Hastings.
    Y luego las mujeres Bridgerton, y luego las mujeres Featherington, y luego el otro y el otro y cada vez más
    hasta que el cuarto entero aclamara.
    Penelope no podía creerlo.
    Mañana ellos podrían acordarse de ser enojados por ella, sentirse irritados habiendo sido engañado durante tantos años, pero esta noche…
    Esta noche todo que ellos podrían hacer era admiran y aclaman.
    Para una mujer que había tenido que realizar todos sus logros en el secreto, era todo que ella había soñado alguna vez con.
    Bien, casi todo.
    Todo con el que ella había soñado alguna vez realmente estaba de pie al lado de ella, su brazo alrededor de su cintura. Y cuando ella alzó la vista en él,
    en su cara querida, él sonreía abajo en ella con tal amor y orgullo que su aliento agarró en su garganta.
    "Felicitaciones, Señora Whistledown," murmuró él.
    "Prefiero a la Sra. El Bridgerton," contestó ella.
    Él sonrió abiertamente. "Opción excelente."
    ¿"Podemos marcharnos?" ella susurró.
    ¿"Ahora mismo?"
    Ella saludó con la cabeza.
    "Ah, sí," dijo él con entusiasmo.
    Y nadie los vio durante varios días.

EPÍLOGO

    Bedford Square,
    Bloomsbury Londres, 1825

    ¡Está aquí! ¡Está aquí! "Penelope alzó la vista de la extensión de papeles sobre su escritorio. Colin estaba de pie en la entrada de ella
    pequeña oficina, saltando de pie a pie como un alumno.
    ¡"Su libro!" ella exclamó, brincando a sus pies tan rápidamente como su cuerpo bastante desgarbado permitiría. "Ah, Colin, déjeme ver. Déjeme ver. ¡No puedo esperar!"
    Él no podía contener su sonrisa cuando él le dio su libro.
    "Ohhhh," ella dijo reverentemente, sosteniendo el volumen delgado, encuadernado en cuero en sus manos. "Ah, mi." Ella sostuvo el libro hasta ella
    vuélvase e inhalado profundamente. ¿"No ama sólo usted el olor de nuevos libros?"
    "Mirada a este, mire este," dijo él con impaciencia, señalando su nombre en la tapa delantera.
    Penelope emitió. "Mire esto. Y tan elegante, también." Ella dirigió su dedo sobre las palabras cuando ella leyó,
    "Un Inglés en Italia, por Colin Bridgerton."
    Él pareció listo a reventarse con el orgullo. ¿"Parece bien, verdad?"
    ¡"Parece mejor que bueno, parece perfecto! ¿Cuándo van a un Inglés en Chipre estar disponible?"
    "El editor dice cada seis meses. Ellos quieren liberar a un Inglés en Escocia después de esto."
    "Ah, Colin, estoy tan orgulloso de usted."
    Él la hizo entrar en sus armas, dejando a su resto de barbilla encima de su cabeza. "Yo no podía haberlo hecho sin usted."
    "Sí, usted podría," contestó ella lealmente.
    "Sólo ser tranquilo y aceptar la alabanza."
    "Muy bien," ella dijo, sonriendo abiertamente aunque él no pudiera ver su cara, "usted no podría. Claramente, usted nunca podía haber sido publicado sin un editor tan talentoso."
    "Usted no oirá ningún desacuerdo de mí," dijo él suavemente, besando la cumbre de su cabeza antes de que él le dejara ir. "Siéntese,"
    él añadió. "Usted no debería ser a sus pies para tan mucho tiempo."
    "Soy fino," ella lo aseguró, pero ella se sentó, de todos modos. Colin había sido demasiado protector desde el primer momento que ella había dicho
    él ella estaba embarazada; ahora que ella estaba sólo un mes a partir de su vencimiento, él era insoportable.
    ¿"Cuáles son estos papeles?" él preguntó, echando un vistazo abajo a sus garabatos.
    ¿"Este? Ah, no es nada." Ella comenzó a juntarlos en hemorroides. "Sólo un pequeño proyecto yo trabajaba en."
    ¿"Realmente?" Él se sentó a través de ella. ¿"Qué es ello?"
    "Esto está… bien… realmente…"
    ¿"Qué es ello, Penelope?" él preguntó, pareciendo sumamente divertido con ella tartamudea.
    "He estado en cabos sueltos ya que terminé de corregir sus diarios," explicó ella, "y encontré que mejor dicho perdí la escritura."
    Él sonreía cuando él se inclinó adelante. ¿"En qué trabaja usted?"
    Ella se sonrojó; ella no estaba segura por qué. "Una novela."
    ¿"Una novela? ¡Por qué, esto es brillante, Penelope!"
    ¿"Usted piensa tan?"
    "Por supuesto pienso tan. ¿Qué es llamado?"
    "Bien, sólo he escrito una docena de páginas," dijo ella, "y hay mucho trabajo para ser hecho, pero pienso, si no decido cambiarlo pvermuch, que lo llamaré el Alhelí"
    Sus ojos se pusieron calientes, casi nebulosos. ¿"Realmente?"
    "Es un poquito autobiográfico," confesó ella.
    ¿"Sólo un poquito?" él volvió.
    "Sólo un poco."
    ¿"Pero esto tiene un final feliz?"
    "Ah, sí," dijo ella fervorosamente. "Esto tiene a."
    ¿"Esto tiene a?"
    Ella alcanzó su mano a través de la tabla y lo descansó encima de su. "Los finales felices son todo que puedo hacer," susurró ella. "Yo no sabría escribir algo más."

    ¿Dónde desapareció Eloise a en el último capítulo? Averigüe en la siguiente instalación de la serie Bridgerton magnífica de Julia Quinn "a señor Phillip, con el Amor".

Julia Quinn


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