Скачать fb2
Depredador Oscuro

Depredador Oscuro

Аннотация

    Un millar de años en un mundo gris han convertido a Zacarías de la Cruz en un experto ejecutor, un depredador tan oscuro y brutal como los vampiros a los que ha perseguido todos esos siglos. Su vida se ha convertido en un sinfín de batallas contra el mal que lo han convertido en un ser inflexible y inmisericorde de alma endurecida. Por fin, su salvaje travesía ha terminado. Zacarías ha conseguido proteger a su raza y todos sus hermanos disfrutan de la paz y la seguridad queél les ha procurado, incluso a riesgo de perder su propia cordura. Ahora Zacarías, que ya no tiene a quién perseguir, se pregunta, por primera vez en su vida, quién esél en realidad. La respuesta lo aguarda en Perú, su propia tierra, donde se encontrará con una traición inesperada, con la venganza de un viejo enemigo, con las inevitables consecuencias de un sanguinario legado familiar, y, quizás, con la compañera perfecta para el reposo del guerrero.


Feehan Christine Depredador Oscuro

    Carpatos 22

CAPITULO 1

    El humo quemó sus pulmones. Este se elevó a su alrededor en rugientes ondas, alimentadas por los numerosos fuegos en la selva circundante. Había sido una larga, y reñida batalla, pero había terminado, y él lo había hecho. La mayor parte de la casa principal había desaparecido, pero ellos habían logrado salvar las casas de las personas que les servían. Pocas vidas se habían perdido, pero cada una fue lamentada – pero no por él. Miró fijamente las llamas con ojos huecos. No sintió nada. Él miró las caras de los muertos, los hombres honorables que habían servido bien a su familia, vio a sus viudas llorosas y a sus niños que gritaban y él no sintió – nada.
    Zacarías de La Cruz hizo una pausa, apenas un momento para examinar el campo de batalla. Donde antes la selva había sido exuberante, árboles que llegaban a las nubes, el hogar de la vida silvestre, ahora había llamas que llegaban hasta el cielo y humo negro manchando el cielo. El olor de la sangre era abrumador; cuerpos muertos, destrozados que miraban fijamente con ojos ciegos el cielo oscuro. La visión no lo movió. Él examinó todo-como a distancia-con una mirada despiadada.
    No importaba donde, o en cual siglo, la escena era siempre la misma, y durante los largos y oscuros años, él había visto tantos campos de batalla que había perdido la cuenta. Tanta muerte. Tanta brutalidad. Tanta matanza. Tanta destrucción. Y él estaba siempre justo en el medio de ella, un torbellino, un oscuro depredador, sin piedad, despiadado e implacable.
    La sangre y la muerte fueron selladas en sus mismos huesos. Él había ejecutado a tantos enemigos de su pueblo durante cientos de siglos, él no sabría como existir sin la caza – o la matanza. No había otra forma de vida para él. Él era el depredador puro y había reconocido aquel hecho hacía mucho tiempo – como a cualquiera que se atreviera a acercarse a él.
    Él era un cazador Cárpato legendario, de una especie de gente casi extinta, viviendo en un mundo moderno, cumpliendo con las viejas maneras del honor y el deber. Su clase gobernó la noche, dormía durante el día y necesitaba sangre para sobrevivir. Casi inmortales, vivían largas existencias, solos, el color y emoción se descoloraban hasta que solamente el honor los mantenían en la trayectoria elegida buscando a la mujer que podría completarlos y restaurar el color y la emoción. Muchos se rindieron, matando mientras se alimentaban para -apenas sentir algo-convirtiéndose en el más vil, la criatura más peligrosa conocida – El Vampiro. Igual de brutal y violento como los no muertos, Zacarías De La Cruz era un amo cazándolos.
    La sangre corría sin cesar de sus numerosas heridas, y el ácido venenoso lo quemaba hasta sus huesos, pero él sintió que la calma se escabullía dentro de él, cuando se volteó y empezó a andar silenciosamente alejándose. Los fuegos rabiaron, pero sus hermanos podrían extinguirlos. La sangre ácida del ataque de vampiro empapaba la tierra que con un gemido, protestaba, pero otra vez, sus hermanos buscarían aquel veneno vil y lo erradicarían.
    Su viaje duro, brutal había terminado. Finalmente. Más de mil años viviendo en un mundo vacío, gris, él había logrado todo que se había propuesto hacer. Sus hermanos estaban a salvo. Cada uno de ellos tenía una mujer que los completaba. Eran felices y saludables, y él había eliminado la peor amenaza para ellos. Para el momento en que sus enemigos se multiplicaran de nuevo, sus hermanos serían aún más fuertes. Ellos no necesitaban más su dirección o protección. El era libre.
    ¡Zacarías! Usted necesita curación. Y sangre.
    Era una voz femenina. Solange, la compañera de Dominic, su mejor amigo, con su pura sangre real, cambió sus vidas para siempre. Él estaba condenado, era demasiado viejo, demasiado apegado a sus maneras, y oh, tan cansado de hacer siempre el tipo de cambios que se requerían para seguir viviendo en este siglo. Se había hecho anticuado como los guerreros medievales de hace tiempo. El sabor de la libertad era metálico, cobrizo, su sangre fluyendo, la esencia misma de la vida.
    "Zacarías, por favor." Hubo un temblor en su voz, que debería haberlo afectado, pero no lo hizo. No sentía como los demás podían. No se balanceaba entre la compasión, el amor o ternura. No tenía un lado más amable, más apacible. Él era un asesino. Y su tiempo había terminado.
    La sangre de Solange era un regalo increíble para su gente; él reconoció eso incluso aunque él lo rechazara. Su consumición le dio a los Cárpatos la capacidad de caminar bajo el sol. Los Cárpatos eran vulnerables durante las horas de luz del día-especial él. Cuanto más depredador, más asesino, más la luz del sol era un enemigo. La mayor parte de su gente lo consideraba como el guerrero Cárpato que caminaba al borde de la oscuridad, y él sabía que era cierto. La sangre de Solange le había dado esa última y definitiva razón para liberarlo de su oscura existencia.
    Zacarías tomó otra bocanada de aire lleno de humo y siguió caminando, lejos de todos ellos sin mirar hacia atrás o reconocer la oferta de Solange.
    Él oyó a sus hermanos que le llamaba alarmados, pero él siguió caminando, cogiendo el paso. La libertad estaba lejos y él tenía que llegar. Lo había sabido, cuando arranco el corazón del último de los vampiros atacantes que habían tratado de destruir a su familia, que sólo había un lugar al que quería ir. No tenía sentido, pero eso no importaba. Él iba.
    "Zacarías, detente".
    Alzó la vista cuando sus hermanos cayeron del cielo, formando una pared sólida frente a él. Los cuatro. Riordan, el más joven. Manolito, Nicolás y Rafael. Eran hombres buenos y casi podía sentir su amor por ellos, -tan difícil de alcanzar- tan fuera de su alcance. Le cerraron el paso, bloqueando su objetivo, y nada, ni nadie- jamás – le permitió meterse entre él y lo que quería. Un gruñido retumbó en su pecho. El suelo se estremeció bajo sus pies. Ellos intercambiaron una mirada inquieta, el temor brillando en sus ojos.
    Esa mirada de miedo tan intenso de su propio hermano debería haberlo detenido, pero no sentía nada. Él les había enseñado a estos cuatro hombres las destrezas de la lucha, sus habilidades de supervivencia. Había luchado junto a ellos durante siglos. Los había cuidado. Guiado. Una vez incluso tuvo recuerdos de su amor por ellos. Ahora que él podía hacer caso omiso de su responsabilidad- no quedaba nada. Ni siquiera los recuerdos borrosos para sostenerlo. No podía recordar el amor o la risa. Sólo la muerte y el asesinato.
    "Muévanse". Una palabra. Una orden. Él esperaba que ellos obedecieran como todos lo obedecían. Había adquirido riqueza inimaginable en sus largos años de vida y en los últimos siglos no hubo una vez que tuviera que comprar su camino dentro o fuera de algo. Una palabra suya bastaba y el mundo temblaba y se apartaba de sus deseos.
    A regañadientes, demasiado lento para su gusto, se separaron para permitir que pasara.
    "No hagas esto, Zacarías", dijo Nicolás. "No te vayas".
    "Por lo menos sana tus heridas", añadió Rafael.
    "Y aliméntate," presionó Manolito. "Tienes que alimentarte".
    Él se dio la vuelta y ellos perdieron terreno, el miedo deslizándose en sus los ojos y sabía que tenía razón para tener miedo. Los siglos lo habían convertido en un violento y afilado depredador-una brutal máquina de matar. Había pocos que lo igualaran en el mundo. Y caminaba al borde de la locura.
    Sus hermanos eran grandes cazadores, pero para matarlo requerirían de considerables habilidades y ninguna duda. Todos ellos tenían compañeras. Tenían emociones. Amaban. Él no sentía nada y tenía la ventaja.
    Él ya se había despedido, había dejado su mundo, desde el momento que les dio la espalda y se había permitido la libertad de dejar de lado sus responsabilidades. Sin embargo, sus caras talladas con líneas profundas de dolor lo detuvieron por un momento.
    ¿Cómo sería sentir el dolor tan profundamente? ¿Sentir amor? Sentir. En los viejos días, él habría tocado sus mentes y habría compartido con ellos, pero ya que ellos tenían compañeras, él no se atrevió a correr el riesgo de corromper a uno de ellos con la oscuridad en él. Su alma no estaba todavía en pedazos. Él había matado demasiado a menudo, se distanció de todo lo que le era querido para proteger mejor a aquellos a quien amaba. ¿Cuándo alcanzó el punto de que ya no podía con seguridad tocar sus mentes y compartir sus memorias? Había sido hace tanto tiempo que ya no lo podía recordar.
    "Zacarías, no hagas esto", declaró Riordan, el rostro contraído con el mismo dolor profundo que había en cada una de las caras de sus hermanos.
    Habían sido su responsabilidad durante demasiado tiempo, y él no podía irse sin darles algo. Se quedó allí un momento, por completo solo, la cabeza erguida, los ojos ardientes, el pelo largo y suelto a su alrededor mientras que la sangre goteaba constantemente por el pecho y sus muslos. "Les doy mi palabra de que no tendrán que darme caza. "
    Era todo lo que tenía para ellos. Su palabra de que no se volvería vampiro. Poder descansar era lo que estaba buscando, el descanso final a su manera. Se dio la vuelta alejándose de ellos-de la comprensión y alivio en sus rostros, y una vez más comenzó su viaje. Tenía que alejarse si quería llegar a su destino antes del amanecer.
    "Zacarías", llamó Nicolás. ¿A dónde vas?
    La pregunta le dio que pensar. ¿Dónde iba? La compulsión era fuerte, una imposible de ignorar. En realidad aminoró el paso.
    ¿Dónde iba? ¿Por qué la necesidad era tan fuerte en él, cuando no sentía nada? Pero había algo, una fuerza oscura que lo conducía.
    "Su su- casa." Susurró la palabra. Su voz arrastrada por el viento, con ese tono bajo que resonaba en la tierra bajo sus pies. "Voy a casa".
    "Esta es tu casa", dijo Nicolás con firmeza. "Si buscas descansar, nosotros respetaremos su decisión, pero aquí con nosotros. Con su familia. Esta es su casa ", reiteró.
    Zacarías negó con la cabeza. Era conducido a salir de Brasil. Tenía que estar en otro lugar y tenía que irse ahora, mientras todavía había tiempo. Ojos tan rojos como el fuego, el alma negra como el humo, el cambió llegando de forma de una gran águila arpía.
    ¿Usted va a las montañas de los Cárpatos? Nicolás exigió a través de su vínculo telepático. Voy a viajar con usted.
    No. Voy a casa a donde pertenezco-solo. Tengo que hacer esto solo.
    Nicolás le envió calor, lo envolvió en el. Kolasz que arwa-arvoval-a muere con honor. Había tristeza en su voz, en su corazón, pero Zacarías, aunque lo reconoció, no pudo hacerse eco de la sensación, ni siquiera un pequeño matiz.
    Rafael habló en voz baja en su mente. Arwa-arvo olen isäntä, Ekam-que el honor te mantenga, mi hermano.
    Kulkesz arwa-arvoval, Ekam camina con honor, mi hermano, Manolito añadió.
    Arwa-arvo olen gæidnod susu, Ekam-que el honor te guíe a casa, mi hermano, dijo Riordan.
    Había pasado mucho tiempo desde que había oído hablar en la lengua nativa de su pueblo. Hablaban las lenguas y dialectos de donde quiera que fueran. Habían tomado nombres, se había mudado de país a país, incluso apellidos, cuando los Cárpatos nunca tenían nombres como esos. Su mundo había cambiado tanto con el tiempo. Siglos de transformación, siempre adaptándose para encajar, y sin embargo nunca nada cambiaba cuando su mundo era todo acerca de la muerte. Por fin él se iba a casa.
    Esa simple declaración significaba todo y nada. No había tenido una casa en más de mil años. Era uno de los más antiguos, sin duda uno de los más mortíferos. Los hombres como él no tenía casa. Pocos le darían la bienvenida en su hoguera, y mucho menos en su hogar. Entonces, ¿cuál casa? ¿Por qué había utilizado esa palabra?
    Su familia se había establecido en ranchos en los países que patrullaban a lo largo de la Amazonia y de los otros ríos que lo alimentan. Su rango se extendía y cubría miles de kilómetros, por lo que era difícil de patrullar, pero habían establecido una relación con varias familias humanas, diversas casas siempre estaban preparadas para su llegada. Él iba a una de tales casas sin tener que cubrir largas millas antes del amanecer.
    Su rancho peruano estaba situado en el borde de la selva tropical, a pocos kilómetros de distancia de donde los ríos forman una Y y se vertían en el Amazonas. Incluso esa zona fue cambiando poco a poco en los últimos años. Su familia había aparecido en la zona con los españoles, con nombres arreglados, indiferentes de la forma en que sonaban, poco le importaba a los Cárpatos como eran llamados por los demás, sin saber que pasaría siglos en la zona – Que se harían más familiar para ellos que su tierra natal.
    Zacarías miró hacia el dosel de la selva, mientras volaba. Esto, también, estaba desapareciendo, un avance lento y constante que no entendía.
    Había muchas cosas acerca de los tiempos modernos que no entendía-y realmente-, ¿qué importaba? Ya no era su mundo o su problema.
    La compulsión que lo conducía lo desconcertó más que las respuestas de los ambientes en desaparición. Poco despertaba su curiosidad, sin embargo, esta abrumadora compulsión de volver a un lugar en el que había estado un par de veces era inquietante en algún nivel. Debido a que la compulsión era una necesidad y él no tenía necesidades. Era abrumadora y a él nada lo abrumaba.
    Las pequeñas gotitas de sangre cayeron en las nubes húmedas que emergían alrededor, y sobre los árboles dispersos que sobrepasan el dosel en sí. Bajo, él podía sentir el miedo de los animales a su paso. Debajo de él una banda de Douroucoulis, muy pequeños monos nocturnos, saltaban y realizaban asombrosas acrobacias en las capas medias de las ramas cuando paso por encima. Algunos se alimentaban de fruta e insectos mientras otros vigilaban a los depredadores. Normalmente darían un grito de alarma tan pronto como el águila arpía fuera descubierta, sin embargo, al pasar sobre la familia de los monos había un completo y misterioso silencio.
    Él sabía que no era la amenaza de vuelo de la gran ave en lo alto lo que hizo que el bosque estuviera tan tranquilo. El águila arpía se quedaba en las ramas, a menudo por largas horas por vez esperando la comida correcta. Alcanzaría una gran altura y rápida súbitamente bajaría a una velocidad impactante y arrebataría una pereza o un mono de los árboles, pero él, en general, no cazaba en vuelo. Los mamíferos se ocultaron, pero las serpientes levantaron sus cabezas a su paso. Los centenares de arañas del tamaño de un plato llano se arrastraron a lo largo de las ramas, emigrando en la dirección que él volaba. Los insectos se levantaron por millares a su paso.
    Zacarías había utilizado los signos que marcaban la oscuridad en él. Incluso cuando era un joven en los Cárpatos, había sido diferente. Su capacidad de lucha era natural, criada en él, casi impresa antes de nacer, sus rápidos reflejos, su cerebro que trabajaba rápidamente. Él tenía la capacidad para evaluar una situación con la velocidad del rayo y llegar a un plan de batalla al instante. Mataba sin vacilar, incluso en sus primeros días, y sus ilusiones eran prácticamente imposibles de detectar.
    La oscuridad era profunda, una sombra en su alma; mucho antes de que hubiera perdido sus emociones y el color y estos, los había perdido mucho antes que otros tantos de su edad. Él cuestionaba todo. Y a todo el mundo. Pero su lealtad a su príncipe y a su pueblo era inquebrantable lo que le había ganado el odio de su mejor amigo.
    Voló con alas fuertes y rápidas a través de la noche, haciendo caso omiso de las heridas y de su necesidad de sangre. Al cruzar la frontera se dejó caer más bajo en la canopia, sintió el tirón de la compulsión crecer. Necesitaba estar en su rancho del Perú. Simplemente lo necesitaba. El bosque se extendía bajo él, una oscura maraña de árboles y flores, el aire pesado con la humedad. Musgos y lianas colgaban como largas barbas sueltas, llegando casi al acuoso fondo de los arroyos y cañadas. Helechos enredados competían por el espacio, arrastrándose sobre largas raíces expuestas en el oscuro suelo debajo de él.
    El águila arpía se dejó caer a través de ramas cubiertas de flores, lianas y todo tipo de insectos escondidos en la maraña de la vegetación. Lejos, debajo de él escucho el suave llamado de una rana de árbol llamando a un compañero y luego una más gruesa, muchos más sonidos chirriantes se sumaron al coro. Un trino casi electrónico se unió a la sinfonía cuando miles de voces diferentes se elevaron en un crescendo yendo abruptamente a un silencio poco natural, escalofriante cuando el depredador se acercó, y luego de pasar por encima.
    El cielo oscuro de la noche giro a un suave color gris paloma cuando el alba entró sin ser sentido, escabulléndose el reinado poderoso de la noche. El águila arpía se dejó caer en el pabellón bajando en espiral en el claro donde la casa de rancho estaba situada. Con su visión aguda él podría ver al río correr como una cinta gruesa que dividía la tierra. Cuestas apacibles cedieron el paso crestas empinadas, barrancos profundos que cortan por el bosque. Árboles y vegetación serpenteaban a través del rocoso suelo, un enredo oscuro crecía determinado a reclamar lo que había sido tomado.
    Limpias vallas dividían las cuestas y mientras el pájaro volaba sobre los barrancos y los valles, cientos de ganado se veían como puntos en las praderas. A medida que la sombra del ave pasaba sobre ellos, levantaban la cabeza con agitación, temblando, golpeándose entre sí mientras se movían hacia atrás y hacia delante tratando de encontrar el peligro que olían.
    El águila voló sobre varios campos, y al menos un acre de jardines, todo bien atendido como Zacarías había llegado a esperar de la extensa familia que le servía. Todo estaba limpio y su conservación era meticulosa, todas las tareas hechas con su mejor habilidad. Pastos y campos dieron paso a los grandes corrales donde los caballos se volteaban y levantaban la cabeza con inquietud mientras volaba sobre ellos. Debajo de él, el rancho se presentaba ante él como una imagen perfecta que no podía apreciar.
    Cuando se acercaba a la cuadra, una oleada de calor se deslizó a través de sus venas. En el interior del cuerpo del ave, en la que no debería haber sentido nada en absoluto, su corazón dio un tartamudeo desconocido. El extraño aleteo casi lo noquea en el cielo. Naturalmente cauteloso, Zacarías no se fiaba de lo que no entendía. ¿Qué podría enviar el calor que se precipitaba por sus venas? Estaba cansado de la larga batalla, el largo vuelo, y la pérdida de sangre. El hambre palpitaba con cada latido de su corazón, agarrando y rastrillando por la supremacía. El dolor de las heridas que no se había molestado en sanar, rasgaba en él como un martillo neumático siempre presente, perforando a través de sus huesos.
    Semanas antes había estado tan cerca de convertirse en vampiro, el deseo de aliviar el vacío era tan fuerte en él, la negrura de su alma sin el menor alivio, que su reacción ahora no tenía ningún sentido. Él estaba en peores condiciones. Hambriento de sangre. Más muertes manchaban su alma. Sin embargo, aún había una reacción extraña alrededor de su corazón, el calor pulsando a través de sus venas de anticipación. ¿Un truco entonces? ¿Un atractivo señuelo de un vampiro? ¿Que estaba faltando?
    El águila arpía poco a poco dobló sus dos metros de envergadura, sus garras tan grandes como las garras de un oso pardo se clavaron profundamente en el techo del establo, mientras que las plumas en la parte superior de su cabeza, formaron una gran cresta. El gran depredador estaba completamente inmóvil, los ojos afilados se movían sobre el terreno a continuación. Tenía una asombrosa visión dentro del cuerpo de la arpía y su audición se enfocaba aún más por la concentración de las ondas de sonido hecho por las plumas más pequeñas que conforman su disco facial.
    Los caballos en el corral a poca distancia reaccionaron a su presencia, sacudiendo las cabezas, moviéndose sin cesar y agrupándose juntos con fuerza. Varios relincharon en señal de peligro. Una mujer salió del establo debajo de él, un gran caballo tras ella. Inmediatamente su mirada se fijó en ella. Tenía el cabello largo hasta la cintura, recogido en una trenza que era tan gruesa como su muñeca. La cuerda larga de pelo atrajo su mirada. Cuando ella se movía, los hilos tejidos brillaban como seda hilada.
    Zacarías veía en colores vagos de gris y embotado blanco durante siglos. Su trenza era fascinante porque era un verdadero negro. Él estaba casi hipnotizado por el largo, pelo negro, los hilos que brillaban incluso sin el sol. En algún sitio, alrededor de lo que sería su vientre, su estómago dio una lenta voltereta. En un mundo donde todo era lo mismo y nada lo movía, la pequeña sensación ascendió como una bomba. Por un momento él perdió su respiración, sacudido por el fenómeno extraño.
    El caballo que seguía a la mujer no usaba ninguna silla de montar o freno y una vez que emergió del edificio, comenzó a bailar con inquietud agitado, sacudía la cabeza, rodaba sus ojos mientras que circundó a la mujer. Los caballos eran de Paso peruanos criados en línea pura, una casta reconocida no sólo por sus pasos naturales, sino por el temperamento también. La mujer echó un vistazo hacia los caballos que corrían en círculos en corral-era inusual que estuvieran nerviosos-y después levantó una mano para calmar a la mitad de los caballos que se alzaban cerca de ella. Ella puso su mano en su cuello y miraba al águila arpía sentada todavía tan tranquila en la azotea.
    Esos ojos color chocolate oscuro penetraron derecho a través de las plumas y los huesos del águila, directamente a Zacarías. Sintió el impacto como una flecha en su corazón. Margarita. Incluso desde la distancia pudo ver las cicatrices en el cuello, donde el vampiro le había arrancado sus cuerdas vocales, porque ella se negó a delatar el lugar de descanso de Zacarías a los no-muertos. Ella una vez había sido una joven despreocupada, o él la había imaginado así, pero ahora, alguien la estaba utilizando para atraparlo.
    Todo tenía sentido ahora. La obligación de venir a este lugar, a pensar en él como en casa. ¿Estaba poseída por un vampiro? Sólo un maestro puede tejer y mantener un hechizo juntos, sólo un maestro como sus viejos enemigos, los hermanos Malinov. Los cinco hermanos se habían criado con él. Habían luchado juntos lado a lado durante casi 500 años. Sus amigos habían elegido ser vampiros, renunciaron a sus almas en su sed de poder. Ellos habían elegido reunir a los no-muertos en una conspiración contra el príncipe y el pueblo de los Cárpatos.
    Dominic había descubierto el último complot y se quedó para ayudar a defender las propiedades de los De La Cruz en Brasil. Sabiendo que los vampiros probaban su plan de ataque en el rancho antes de golpear al príncipe, Zacarías había estado esperando por ellos. Ningún vampiro se había escapado con vida. No había ninguno que volviera para contar a los Malinov que su plan había fracasado.
    Zacarías sabía de la ira de los Malinov y su odio amargo e implacable contra él y sus hermanos. Sí, muy bien podría ser el rembolso por la derrota del ejército Malinov, pero ¿cómo han llegado hasta aquí, antes que él? No tenía sentido, tampoco.
    El águila arpía sacudió su cabeza como si se librara de pensamientos perturbadores. No, era imposible para ellos que consiguieran reunir otro ataque tan pronto. En cualquier caso, los caballos apenas toleraban su presencia, ellos nunca permitirían al mal tocarlos y Margarita acariciaba el poderoso cuello.
    No había ninguna posesión.
    Zacarías se preguntó por la extraña sensación en su pecho. Casi alivio. Él no quería tener que matarla, no cuando ella casi había sacrificado su vida por él una vez. Aún era incapaz de sentir, cualquier emoción en absoluto. ¿Por qué tenía esta agitación extraordinaria en su cuerpo y mente por volver a este lugar? Nada de esto tenía sentido. Dobló su vigilancia, no confiaba en lo desconocido.
    El calor se filtraba en el cerebro del ave, la impresión tranquilizadora de un saludo amistoso. El águila arpía reaccionó, ladeo su cabeza a un lado, su ojos fijos en la mujer. Zacarías sintió al pájaro llegar a ella. Ella fue sutil en su tacto, tan ligero que apenas existía, pero que ejercía un regalo poderoso. Incluso el gran depredador de la selva cayó bajo su hechizo. Sintió que su propia mente y cuerpo reaccionó y se relajó, la tensión deslizándose lejos. Había llegado más allá del ave y encontró su parte más animal, a su naturaleza salvaje.
    Asustado, se echó hacia atrás, retirando más el cuerpo del águila, al tiempo que miraba de cerca y se volvió su atención en calmar a los caballos. No tardó mucho en calmarlos a tal punto que se quedaron en silencio, pero no dejó de ver al águila, consciente de que había un depredador peor enterrado profundamente dentro del ave.
    Margarita rodeó el cuello del caballo y saltó. Fue un movimiento fácil, experto, que parecía fluir a través del aire, todo gracia mientras se deslizaba en el lomo del animal. Inmediatamente el caballo se encabritó, más estaba seguro, debido a su presencia que a que la chica estuviera a horcajadas sobre él.
    El aliento de Zacarías quedo atrapado en su garganta. Su corazón se aceleró como un tambor, otro estruendoso fenómeno peculiar. La gran águila extendió sus alas casi antes de que Zacarías diera la orden. El movimiento era más instintivo que pensado, una necesidad inmediata de llevar a la mujer a la seguridad. Margarita se inclinó sobre el cuello del caballo en una orden silenciosa y el caballo y el jinete fluyeron sobre la tierra en perfecta armonía.
    Una vez satisfecho que ella no estaba en el peligro, Zacarías dobló sus alas y miró, sus garras se clavaron más profundo en el techo mientras el caballo saltó sobre una valla y apretó el paso. Ella se mantenía sentada con la espalda recta, el andar elegante del animal, un armónico y rítmico repiqueteo, era tan suave que no afectaba su centro de gravedad, donde Margarita permanecía casi inmóvil.
    Cautivado, Zacarías tocó la mente del caballo. Ella controlaba el animal aunque ella no lo sabía. El caballo la aceptaba, la quería – disfrutando la fusión de sus dos espíritus. Margarita tejió su hechizo sobre el animal sin esfuerzo, sujetándolo a ella con su don-una conexión profunda con la criatura. Ella no parecía darse cuenta de que tenía algo especial; simplemente disfrutaba de la madrugada y del paseo a caballo por igual.
    Entonces, esta era la razón de la agitación extraña en su mente y cuerpo. Su regalo. Ella tocaba todas las cosas salvajes, y él era tan indomable como era posible.
    No había ninguna amenaza de los no muertos, sólo esta joven con su inocencia y luz. Ella debe haber enviado al Caballo de Paso otra orden, porque el animal cambió el paso a un movimiento lleno de gracia, fluido, rotando sus patas delanteras desde hombro hacia el exterior mientras daba grandes zancadas hacia delante. La cabeza del caballo levantada con orgullo, su melena al vuelo, sus ojos brillantes y la exuberancia en su cada uno de sus movimientos.
    Fue un momento perfecto – el momento perfecto para poner fin a su vida. Ella era – hermosa. Libre. Fluyendo sobre la tierra como agua fresca. Todo por lo que había luchado -todo lo que él nunca había sido. El águila arpía extendió sus alas y se movió en espiral en lo alto, mirando caballo y al jinete mientras ellos cubrían el terreno increíblemente rápido.
    Toda su vida, incluso cuando los soldados luchaban a caballo, aún en su juventud, hubo algo demasiado depredador en él, para que un caballo le permitiera montar en su lomo. En aquel tiempo él había intentado todo, excepto el control mental – para poderlos montar, pero ningún caballo podía soportarlo. Ellos se estremecían temblando bajo él, incluso cuando trataba de calmarlos.
    Margarita saltaba sin esfuerzo sobre vallas, sin brida o silla, el caballo y la jinete exudando alegría. Él los siguió mientras el par se precipitaba sobre el terreno desigual, el paso liso del caballo los hacía ver como si flotaban. Margarita alzó ambos brazos al aire mientras saltaban limpiamente una valla, aferrándose al caballo con sus rodillas y dirigiéndolo con su mente.
    El Caballo de Paso cambió su paso suavemente mientras ellos corrían a través del campo y él dio vuelta en un amplio círculo otra vez. Margarita dio al águila un amistoso saludo y otra vez, llenó de calor y alegría a Zacarías. Él le había dado su sangre – pero nunca había tomado la suya. Se le hizo la boca agua.
    Sus dientes llenaron su boca y el hambre explotó en él, irradiando necesidad en cada célula. Él posó al pájaro bruscamente y se dirigió detrás del establo. Rechazó tomar cualquier riesgo con su autocontrol.
    Sentirlo antes de que estuviera demasiado cerca de abandonar lo poco que queda de su alma. Él cumpliría la palabra dada a sus hermanos. Ningún Cárpatos tendrá que arriesgar su vida para perseguir a Zacarías de la Cruz. Él eligió su destino, y optó por salvar su honor. Se iba en la madrugada, la cabeza en alto, dando la bienvenida a su muerte. Su última visión sería la de la mujer-viéndola de regreso, a lo que era Margarita de joven con la luz derramándose desde su interior mientras ella fluía sobre terreno en el lomo de un hermoso caballo. Tomaría la visión de ella haciendo lo mismo de su sueños de infancia montando a caballo como uno solo hacia su muerte.
    El águila arpía aterrizó con gracia en el suelo junto al establo. Haciendo caso omiso de los caballos aterrorizados en el corral unido a la estructura, cambió de vuelta a su forma humana. Él era un hombre grande, todo músculo, con pelo largo. Con líneas profundas, talladas en su rostro. Algunos le llamaban brutalmente hermoso.
    Otros dijeron que su boca era sensual y cruel. La mayoría decían que era aterrador. Justo en ese momento, se sentía totalmente cansado, tan cansado que apenas podía manejar buscar un lugar a su alrededor para sentarse. Quería quedarse allí, en la hierba fresca.
    Obligó a su cuerpo a moverse mientras buscaba un lugar cómodo para sentarse y ver salir el sol sobre el bosque. Muy lentamente se hundió en el suelo blando, sin importarle que la humedad del rocío de la mañana se filtrara en su ropa. Él no se molestó en regular su temperatura más de lo que había molestado en sanar sus heridas. Había satisfacción al tomar su decisión. Por primera vez en su existencia no tenía el peso de la responsabilidad. Él alineó ​​sus rodillas, juntó las manos y apoyó la barbilla en la pequeña plataforma que había hecho para poder ver al caballo y su jinete mientras el Caballo de Paso paseaba suavemente con los pasos naturales que le hizo tan famoso.
    Sintió el sol picando sobre su piel, pero no fue la terrible sensación que había sentido toda su vida. Solange le había dado su sangre en dos ocasiones para salvarlo de convertirse en vampiro. Había tenido mucho cuidado de evitar su sangre una vez que se dio cuenta, de que podía pasar las horas de la madrugada a la intemperie sin repercusiones. Otros de su especie podía ver el amanecer y había algunos que en realidad podía caminar en las calles por la mañana sin la ayuda de Solange, pero con el alma tan oscura, hace mucho se había unido a los vampiros en su necesidad de esconderse de la luz del sol aún el de la madrugada.
    Él se bebió con los ojos a Margarita, tan cerca de la felicidad como un hombre sin emociones pudiera conseguir. Ella había negociado su voz por su vida. Él había recompensado su lealtad salvando su vida y dando instrucciones que le dieran todo lo que quisiera en el rancho. No había joyas adornando sus dedos o garganta. Ella usaba ropa simple. Pero vivía para los caballos, incluso él podría ver eso. Él le había dado a ella-vida. Y de una cierta manera extraña, ella había dado a él- su libertad.
    Él era inconsciente del paso de tiempo. Los insectos permanecían en silencio. Los caballos dejaron de dar vueltas y se apiñaron tan lejos de él como les fue posible, en una esquina del corral, fuertemente amontonados juntos, cambiando de lugar, apenas capaz de tolerar su presencia. Despacio su cuerpo reaccionó al sol naciente con la pesada aflicción extraña de su especie.
    Zacarías se estiró sobre la tierra, boca arriba, su cabeza girada para ver a Margarita mientras caminaba hacia él. Ahora la luz del sol penetraba su ropa y tocado su piel como un millón de agujas diminutas que perforaban su carne. Torres diminutas de humo comenzaron a elevarse de su cuerpo mientras la combustión comenzaba. Él no podía moverse, pero él no quería hacerlo. Ella era hermosa. Fresca. Inocente. La alegría lo llenaba profundamente a pesar del dolor creciente. Él mantenía sus ojos abiertos, queriendo – no – necesitando ver a Margarita montar para que estuviera en su corazón cuando entrara en su siguiente vida.
    Quizás él la miró demasiado estrechamente, su mirada dibujando la suya, o tal vez el comportamiento extraño de los animales y de los insectos la alertaron, pero ella giró su cabeza y su mirada se encontró con suya. La vio jadear y apretar repentinamente sus rodillas sobre el caballo, instándolo a seguir.
    ¡No! quédate atrás. No te acerques a mí. Permanece en tu sitio da la vuelta a tu caballo y vete.
    Si hubo una pequeña vacilación que indicara que las palabras se habían forzado en su mente, él no lo captó. El caballo salto sobre la valla y cuando comenzó a temblar de miedo, ella paró el animal y desmontó. El Paso pateó la tierra y ella envió al caballo una mirada con el ceño fruncido, luego agitó la mano hacia el corral. Inmediatamente el peruano Caballo de Paso corrió hacia la valla, la saltó limpiamente y se unió a los otros caballos en una esquina lejana.
    Margarita se acercó a él cautelosamente, del modo en que ella podría acercarse a un animal arrinconado, salvaje, con la mano extendida, la palma hacia él, moviendo sus labios silenciosamente como si ella no se hubiera acostumbrado suficiente al hecho que ya no podía hablar. El calor inundó su mente, un bálsamo calmante que le dijo que ella no le haría ningún daño.
    Luchó para moverse, pero la maldición del sol estaba sobre él. Ella se acercó, su sombra cerniéndose sobre él, su cuerpo bloqueando la salida del sol. Sus ojos eran oscuros y ricos, mirándolo con una mezcla de miedo y alarma por él.
    Déjame. Vete ahora.
    Él empujó la orden en su cabeza, enviando la impresión de un gruñido, de un comando absoluto.
    Margarita se agachó a su lado, tocando su brazo que humeaba, frunciendo el ceño por la preocupación y después alejando su mano, soplando con la punta de sus dedos.
    Es mi elección. Déjeme morir. Él no tenía ninguna idea si sus órdenes penetraran. Ella no parpadeó ni lo miró como si lo oyera.
    Había sido entrenada desde su nacimiento para obedecer a los miembros de su familia. Seguramente no lo desafiaría. Ella sabía con qué facilidad un cazador de los Cárpatos cerca del borde de la locura podría convertirse en vampiro. Los no-muertos le habían arrancado su garganta. Sintió su mano temblar contra el calor de su brazo. Ella tuvo que haberse quemado los dedos al tocar su piel. Se centró en ella y empujó en su mente con una compulsión para que lo dejara. Había demasiada compasión en ella, era demasiada atrevida al desobedecer a un ser tan poderoso como él.
    Su compulsión cayó contra una mente que apenas podía entender. No fue como si encontrara obstáculos-era como si sus técnicas, simplemente se disiparan como el humo.
    Se sacó su corta y suave chaqueta, y la arrojó sobre su cabeza, cubriéndole el rostro y los ojos. Él sintió que le tomaba su muñeca y comenzaba a tirar de él a través de los pastos mojados. A su paso las hojas de hierba se volvían marrón. Oyó el siseo del aire al salir de sus pulmones y sabía que su mano se estaba quemando, pero ella no se detuvo.
    Por primera vez en los largos siglos una rabia profunda se enrolló y ardió en su vientre, que alguien se atreviera a desafiar sus órdenes directas. Ella no tenía ningún derecho. Lo sabía mejor que nadie. Nadie le desafió, ciertamente, no un ser humano, y definitivamente no una mujer. Y no uno de los siervos de una familia a la que le había dado toda su protección y riqueza más allá de lo imaginable.
    Había escogido la muerte. Se había preparado. Estaba contento con su decisión-abrazado su elección. Esta era la peor clase de traición.
    Usted se arrepentirá de su desobediencia, le prometió.
    Margarita lo ignoró o no lo oyó. Honestamente no sabía qué, ni le importaba. Ella tendría que pagar. Rocas se clavaban en su espalda, y luego la protuberancia de la madera cuando ella logró meterlo en el establo. El sol dejó de quemarlo vivo, aunque el cosquilleo de las agujas todavía penetraban su piel.
    Hábilmente le rodó en una lona, ​​sin quitarle la chaqueta de su cara. Incluso le metió los brazos sobre el pecho antes de rodarlo. Se sentía como un bebé indefenso. La indignidad de la misma, lo malo de sus acciones despertó algo monstruoso en él. Se retiró como el animal salvaje que era, en espera de su momento-y habría un momento. Había conocido el miedo cuando un vampiro le arrancó su garganta, pero no sería nada en comparación con el terror que la venganza de Zacarías de la Cruz le arrancaría por sus pecados.
    Ella trató de enganchar la lona a uno de los caballos, él sabía por el olor y por teclear de los cascos que el animal protestó por su proximidad. Él podría haberle dicho que ningún caballo le permitiría hacerlo en su presencia, pero se mantuvo quieto, ahora solamente esperando el resultado de su error. La falta de la fuerza del caballo no la disuadió. Él oyó el sonido de sus pasos y luego cuando comenzó a tirar de la lona ella misma. Él sabía que estaba sola por el sonido de su aliento reventado de sus pulmones que se repetían en pequeños jadeos.
    Él encontró significativo que ella no pidiera ayuda. Un grito-bien, ella no podría gritar-pero debía tener una manera de atraer la atención. Los varones que trabajaban en el rancho vendría a su ayuda si ella les avisaba, pero debe haber sabido que él les ordenaría que le permitieran morir-y ellos obedecerían. La feroz quemadura en su vientre creció más ardiente, lo bastante caliente por algunos momentos para que él pensara que se estaba quemado a través de su piel sus órganos internos.
    Él no podría ver nada, pero sentía cada golpe de las rocas y el resplandor feroz del sol mientras ella lo arrastraba del establo a la casa de rancho. El calor abrasador era asombrosamente eficaz, expulsando todos los pensamientos sanos hasta que él quiso gritar de agonía. Vino gradualmente, un proceso lento de carbonización que se filtraba a través de su piel y el tejido óseo.
    Zacarías trató de apagar el dolor como lo había hecho durante siglos, pero la quemadura del implacable sol era algo que no podía compartimentar cuando presentaba tantas otras heridas. Incluso con la lona envuelta a su alrededor, sintió el fuego penetrante como flechas ardientes que picaban su cuerpo. El calor hervía su sangre y las llamas lamían en su interior. No podía gritar, protestar, o hacer otra cosa que ser arrastrados por el patio de lo que presumía era la casa del rancho.
    Margarita resopló fuerte cuando tomó su peso completo encima de los dos escalones que llevan adentro. En el momento en que estuvo dentro de los frescos y gruesos muros, dejó caer el arnés y se precipitó en la habitación. Podía oírla tirar de las cortinas gruesas del lugar, cubriendo las ventanas.
    Usted va a sufrir como nadie más ha sufrido por su desobediencia, prometió, empujando las palabras en su cerebro.
    Una vez más tuvo la impresión de que sus palabras caían por unas grietas, como si ella no pudiera comprender lo que le había dicho, pero eso no importaba. Él esperó a que con mucho cuidado, desenrollara la lona y cuando los bordes se abrieron, le espetó con sus oscuros ojos abiertos y trabó su mirada con la de ella. Un silbido largo y lento se escapó, una promesa de una represalia brutal, y no hubo duda alguna de su significado.

CAPITULO DOS

   
    La respiración de Margarita Fernández se atoró en su garganta y se dejó caer en sus talones. ¿Qué estaba haciendo? Ella pudo imaginarse gritándose a sí misma para que parara, en el interior, profundamente donde ningún otro podría oírla-pero tanto como ella se dijo, no pudo dejarlo morir, aunque él lo exigiera- no pudo. No había vuelta atrás ahora, él la mataría seguramente. Ella se atrevió a desobedecer a un De La Cruz. No a un De La Cruz cualquiera. Ella había desobedecido nada más que aquel del cual los hombres susurraban alrededor. Éste era Zacarías, nadie lo mencionaba a menos que lo hicieran en términos de gran respeto-e incluso el mayor miedo.
    Él ya le había advertido. Su voz talló las palabras por siempre en su corazón. Usted sufrirá como ningún otro ha sufrido nunca por su desobediencia. Él le había advertido en repetidas ocasiones que lo dejara. Ella solo no pudo. No había manera de explicarle. Ella misma no sabía la razón. Y no tenía voz. Ninguna manera de calmarlo con excepción de tratarlo como ella trataba a las criaturas salvajes a su alrededor.
    Con gran coraje y esfuerzo físico arrancó su mirada de la prisión de la suya. Apretando los labios y haciendo caso omiso del estruendo en su corazón, ella tiró de su ropa para sacar el caos humeante lejos de su piel. Ella abrió la boca, casi se arrojó hacia atrás cuando vio sus heridas. Sangre coagulada tendida gruesa y fea sobre las moteadas quemaduras. Había estado en una terrible batalla, herido en varias ocasiones, y él no había tenido la precaución de curar sus heridas o, a juzgar por su tez pálida, de alimentarse.
    No había tiempo para las sutilezas. Lo perseguían probablemente. Los no muertos estarían en la tierra mientras brillara el sol, pero tenían toda clase de criados asquerosos. Ella había sido entrenada desde su nacimiento para luchar contra los asaltos de los no muertos en su hogar. Corrió a través de la casa, asegurando cada ventana y puerta y distribuyendo las armas para un fácil acceso antes de correr a la cocina para mezclar una solución para refrescar la piel ardiente de su amo.
    Ella llevó la jarra de nuevo al hombre que yacía en el suelo. Su mirada la siguió, pero no hizo ningún esfuerzo más para empujar el miedo en su mente. Tal vez porque ya estaba tan llena de terror que no había espacio para nada más. Sin embargo, sus ojos eran feroces con llamas de color rojo, y una promesa de represalias. Evitó mirarlo a los ojos, un poco por miedo, de que de algún modo el pudiera controlarla – no, no, no podía pasar- apartarla para permitirle morir. Cada célula de su cuerpo le exigió que salvara su vida, incluso a costa de la suya.
    Su mano tembló cuando comenzó a pasar la esponja, con la solución fría sobre su cuerpo. Sabía que esto tenía que arderle en las laceraciones profundas, pero tenía que evitar que siguiera quemándose antes de que pudiera asistir sus otras heridas. Ella trató con fuerza de no notar sus músculos definidos y el equipo impresionante masculino. Fingía que era un animal salvaje, y quizás él realmente lo era, pero era difícil verlo así cuando acariciaba con la manopla, su muy masculino cuerpo.
    Margarita estaba acostumbrada a estar en compañía de los hombres. Ella había trabajado en el rancho desde que podía recordar, pero ninguno tenía un cuerpo como este. Zacarías era todo músculo duro, hombros anchos y caderas estrechas. Él tenía una reputación temible. Pocos lo vieron en carne y hueso, pero los rumores eran terribles. Cesaro Santos, el capataz del rancho, le había dicho que cuando había sido atacada por los vampiros Zacarías le había salvado la vida, pero ella nunca lo conoció, ni había hablado con él ni siquiera lo había visto antes. Sin embargo, ella sabía con absoluta certeza que este hombre era el mayor de los hermanos De La Cruz y el amo de todos los ranchos.
    Con mucho cuidado, limpió sus heridas, al tiempo que le calmaba como a una de sus criaturas salvajes, sin saber si ayudaba o no. Su cuerpo estaba totalmente muerto, aunque sus ojos permanecían abiertos y fijos en su rostro. Necesitaba sangre. Estaba demasiado pálido y era evidente partiendo de sus heridas que había perdido demasiada sangre. Podía oír su corazón comenzando a acelerarse, pero había llegado tan lejos ya. Llegar más lejos ¿que importaba?
    Él ya le había condenado por sus acciones.
    Tomando aire, ella extrajo el cuchillo de su vaina en su cintura y antes de que ella pudiera pensar demasiado en lo que hacía, se cortó su muñeca. Si ella hubiera podido gritar en voz alta, lo haría, pero incluso abriendo su boca de par en par, ningún sonido emergió. Ella colocó su muñeca sobre la boca de su amo, permitiendo que la sangre goteara constantemente. Ella le exigió silenciosamente que tragara. Él podía hacer mucho, ella estaba seguro de eso. Cuando no se movió, miró de cerca y vio que su boca parecía absorber la sangre, como si se estuviera muriendo de hambre y su cuerpo tomara cualquier sustento que pudiera conseguir. Tenía sentido. Él era casi inmortal. Su cuerpo había sido diseñado para sobrevivir sin importar sus heridas.
    Ella le dio tanta sangre como se atrevió, quizá demasiada, porque se sentía un poco mareada cuando finalmente separó su muñeca y tambaleó hasta el cuarto de baño para envolver un vendaje alrededor de la herida. Ella ahora había ido más allá del miedo y del terror, trabajando en piloto automático. Nadie entrarían en la casa ahora que su padre estaba muerto. Había muerto tratando de evitar que la matara momentos antes que llegara Zacarías. Los trabajadores reconocerían la señal al ver las puertas y las ventanas trabadas y cubiertas con pesadas cortinas; que un De La Cruz estaba en residencia y debía ser protegido, más no perturbado. Cesaro pondría a un guardia cerca del ganado y prepararía el rancho para la batalla.
    Margarita abrió todas las puertas entre el lugar donde el cuerpo de Zacarías yacía y la recámara principal donde sabía que la cámara bajo la tierra se encontraba. Ella luchó para mover la enorme cama y apartarla del camino que cubre la pesada trampilla que conduce a la cámara oculta debajo de la casa. Ella sudaba por el tiempo que lucho, se apresuró a regresar con Zacarías. Su muñeca latía y ardía y sus piernas parecían de goma.
    Fue un infierno que lo arrastraran sobre la lona por toda la casa. Por suerte, sus ojos finalmente se cerraron y su respiración cesó. Él parecía como si estuviera muerto, y muy frío. A pesar de que conocía los principios básicos de la existencia de los Cárpatos, aún era desconcertante verlo como si estuviera muerto, cuando ella había arriesgado tanto para salvarlo. Por un momento estuvo en peligro de hiperventilarse, una condición que a menudo le sucedía al despertarse de sus pesadillas después del ataque de los no muertos contra ella. Reconoció el pánico y se obligó a respirar lenta y uniformemente, mientras que jalaba la lona, ​ cubriendo pulgada a pulgada hasta que llegó a la puerta de la trampa.
    Margarita mordió su labio inferior con tanta fuerza que dibujo una pequeña gota de sangre. ¿Cómo iba a conseguir bajarlo por las escaleras? Ella no había pensado más allá de sumergirlo en el suelo oscuro rico que los hermanos de De La Cruz habían traído de su patria para poner en sus muchos lugares de descanso. Si ella llamara Cesaro para que la ayudara él haría preguntas que ella no se atrevía a responder.
    Con un encogimiento de sus hombros ella fue delante de él, tirando la lona hacia abajo por las escaleras. Ella cuidó su cabeza de golpear a cada paso, pero el cuerpo golpeó pesadamente hasta abajo. Aunque sus ojos estaban cerrados y su respiración parecía haber cesado, ella estaba segura que él era consciente de lo que le sucedía porque cuando tocó su mente con calor, ella sintió como si se hubiera conectado con esa parte salvaje de él de la misma manera que lo hacía con los animales. No era como si ella pudiera hablar pues no tenía ninguna voz, pero le envió una impresión de dolor, de disculpa. Del miedo que sentía. Ella sabía que no sería bastante para apaciguar su rabia, pero era todo lo que ella tenía.
    Una vez que lo tuvo en el suelo, empezó a cavar. Quería que el agujero fuera lo bastante profundo para cubrirlo para que la tierra pudiera curarlo. Ella podría haber ido al cuarto de herramientas por una pala, pero no se arriesgó a encontrarse con nadie. Ella no mentía, ni siquiera con su lenguaje de señas. No era tan hábil sin embargo, y muy pocos la entendían, por lo que en su mayoría, escribía en un papel. Sus manos temblarían y Cesaro sabría que algo andaba mal.
    Cavó con sus manos. La tierra era rica y fértil, un suelo francamente negro abundante en minerales y nutrientes. Ella sabía que era tan sólo la sensación de la tierra. Le llevó la mayor parte de la mañana y ella estaba sudando y cubierta de suciedad para el momento en que estuvo satisfecha con la profundidad del agujero. Su cuerpo necesitaba p estar completamente rodeado y cubierto por la tierra si iba a sanar adecuadamente.
    Margarita arrastró a la lona hasta el borde mismo del agujero, con el estómago un poco revuelto. Sentía como si estuviera tratando de encubrir un asesinato.
    Se podría añadir este día a sus pesadillas, con certeza. En cuclillas, colocó sus manos firmemente sobre el hombro y la cadera y lo empujó. Por fortuna, era fuerte por el manejo de los caballos desde que era niña, pero aún así fue una tarea difícil darle la vuelta para introducirlo en su lugar de descanso.
    Zacarías aterrizó mal de lado, como una muñeca de trapo o un cuerpo muerto. Ella se llevó la sucia mano, temblando a la boca, sin fuerza.
    Descansó unos minutos antes de que comenzara a cubrirlo con la tierra oscura. Cuando fue sepultado por completo, ella cayó de rodillas junto a él y se permitió unos minutos para tener un ataque de pánico.
    ¿Qué había hecho? La familia De La Cruz hacía pocas exigencias a su pueblo. Muy pocas. Todos los que trabajaban para ellos eran rico por norma. Todos propietarios de sus propias tierras adyacentes a las tierras de los De La Cruz, y todo porque uno de los miembros de la familia las había comprado para ellos. Primos, tías, tíos, todos los relacionados eran protegidos. Los padres pasaron el legado a sus hijos. Las madres a sus hijas. Todos habían obedecido hasta Margarita. Había deshonrado el nombre de su familia por su desobediencia y no tenía duda de que lo iba a pagar muy caro.
    Ella levantó la barbilla y se obligó a levantarse. Ella era una Fernández, hija de su padre. No huiría de su delito, se quedaría a afrontar el castigo que Zacarías de La Cruz estimara adecuado. Un escalofrío la recorrió como si dedos helados se deslizaran por su espalda. Apenas parecía humano. O Cárpatos. Era aterrador.
    Ella no podía cambiar lo que había hecho. Ella no lo entendía y dejó que su compasión la guiara por todas esas cosas que lo hirieron, pero eso no explica por qué ella lo había desafiado después de que él le había dicho que le permitiera morir. ¿Por qué eligió quemarse en el sol? Era una muerte horrible, y ¿cómo iba a pensar que podía esperar y verlo a quemarse?
    Le había salvado la vida. Ella se tocó la garganta destrozada, acariciando con los dedos manchados de suciedad las cicatrices. A veces, por la noche, cuando se despertaba sudando, trataba de gritar, pero nada salía, ella pensaba que lo había llamado para que la salvara. Ella podía oír el eco de su nombre ligeramente en la cabeza, como si pudiera lograrlo sólo con su nombre. Ahora estaba aquí y él no era en absoluto la figura de fantasía que había evocado en su mente.
    Zacarías le daba miedo de una manera elemental, en el fondo de su propia carne y huesos. En su alma. Apretó el puño cerrado sobre el corazón mientras que golpeaba frenéticamente fuera de control. Él era guapo, tenía un cuerpo duro como una roca, parecía todo lo que una mujer podía soñar, pero sus ojos… su cara. Era terrible y cada fantasía infantil que secretamente había albergado desapareció al encontrarse con él.
    Margarita subió lentamente saliendo de la cámara, quitando el polvo, cada grano de suciedad de su ropa y cuerpo. No podía dejar huellas. Si un títere de los vampiros penetrara las defensas de la hacienda, no podía haber un sendero que los llevará al lugar de descanso de Zacarías. Ella bajó la trampilla y otra vez barrió el piso e incluso lo lavó, por miedo que el olor de la sangre de Zacarías fuera detectado. Fue extremadamente difícil empujar la cama en su lugar, pero lo logró, alisando las sabanas con cuidado.
    Ella se negó a detenerse a pensar en su comportamiento o en el miedo que se construía de forma insidiosa en su mente. Tenía trabajo que hacer y tenía que eliminar cada trozo de evidencia de que Zacarías hubiera estado tanto dentro como fuera de la casa. Porque lo necesitaba desesperadamente, se hizo una taza de té de coca, una infusión hecha con hojas de coca. Se tomó su tiempo para saborear su té, el tónico que necesitaba para seguir adelante.
    Margarita limpio la casa entera, cada habitación, fregando y quitando el polvo e impregnando la casa con un fuerte olor a canela. Se armó y salió al exterior, siguiendo el rastro de la lona hasta los establos, retirando con cuidado toda la señal de que algo pesado había sido arrastrado a través de la hierba mojada. Cerca del establo donde Zacarías se había sentado y preparado para su muerte, se encontró con algunas hierbas chamuscadas. Ella con mucho cuidado retiró cada hoja.
    Exhausta, se preparó otra taza de té y luego se duchó y se cambió de ropa de nuevo, cuidadosamente lavó y secó la ropa que había usado, usando jabones perfumados para eliminar y cubrir cualquier olor persistente. Cuando estuvo plenamente satisfecha de que había hecho todo lo que había podido, salió a ayudar con el ganado.
    Cesaro la vio cuando salió del establo en su yegua favorita, Chispa. Él saludó con la mano, con el rostro sombrío.
    ¿El más antiguo llegó, no es cierto? Saludó mientras cabalgaba a su lado.
    Margarita no veía ninguna razón para negarlo. Lo había divulgado por el cierre de las pesadas cortinas y uno de los hombres le habría dado la noticia de que un De La Cruz estaba en la residencia. Era la única vez, en que las cortinas eran cerradas. Ella asintió con la cabeza.
    “Lo sabía. El ganado y los caballos se ponen inquietos en su presencia. Quizás usted deba ir a visitar a su tía en Brasil.” Ella frunció el ceño por la pregunta.
    Cesaro vaciló, claramente no queriendo parecer desleal. “Él es difícil, Margarita. Muy diferente de los otros.”
    Ella hizo un signo de interrogación entre ellos.
    Cesaro suspiró. “No sé exactamente qué decirle. Lo encontré hace muchos años cuando era un muchacho. Él era el único hombre que asustó a mi padre – asustó a todos los hombres en el rancho. Y más recientemente, cuando perdimos a su padre, cuando esto…” él indicó su garganta. “Él incluso se había puesto peor.”
    Ella repitió el signo de interrogación otra vez.
    Cesaro se encogió de hombros, obviamente incómodo con el tema. Incluso miró hacia la casa principal, como si Zacarías pudiera escucharlos y por todo lo que Margarita sabía, tal vez podría.
    "Si los animales criados como caballos de acción están aterrorizados cuando él está cerca, eso tal vez debería decirle algo, Margarita. Cuando estuvo aquí la última vez, salvo su vida, pero estuvo a punto de tomar la mía. "Él se sentó por un momento en silencio, y luego se encogió de hombros. "Yo hubiera dado mi vida para salvar la suya, pero aún así, había algo que no estaba bien en él. Incluso su amigo estaba preocupado. Es mejor que te vayas".
    Margarita le dio vueltas a la advertencia una y otra vez en su mente.¿ Zacarías había tratado de quemarse con el sol porque estaba cerca de convertirse en algo que él no quería ser? Ella agachó la cabeza, incapaz de mirar a los ojos a Cesaro. La idea de huir con su tía a Brasil era tentadora, pero sabía que no podía. Ella apretó los hombros e indicó a los animales.
    Cesaro suspiro audible. "Eres una joven muy obstinada, Margarita, pero yo no soy tu padre y no puedo ordenarte que te vayas."
    Hizo un gesto con la mano hacia los caballos, haciendo caso omiso del hecho de que estaba tratando de hacer que se sintiera culpable. Ya bastante culpa tenía. En todo caso, a cuenta de que no podía hablar, algunos de los hombres habían comenzado a tratarla como si fuera sorda también. Y si bien era molesto, esto era algo a su favor en un mundo machista.
    "Sí, podríamos necesitar su ayuda para que calmes a los caballos. Tenemos tres yeguas a punto de dar a luz y no quiero que nada salga mal. Entra en el establo con ellos y ver si puedes conseguir que se calmen. "
    Era muy raro que un Caballo Peruano de Paso fuera impredecible sobre cualquier cosa. Fueron criados por su temperamento tranquilo. Cualquier caballo que mostrara signos de nerviosismo no sería criado. Los caballos de la Hacienda De La Cruz eran considerados como los mejores del mundo y sin embargo, Zacarías había asustado a todos, incluso a sus caballos de trabajo.
    Ella asintió con la cabeza, pero temía que ella hubiera cometido un error muy grave, incluso cuando envió una onda calmante a los inquietos animales apiñados en la esquina de la pradera. Hizo un gesto hacia el cielo e hizo una señal, y señalo a los dientes, indicando un posible ataque de los vampiros.
    Cesaro entendía. Él era el mejor en el rancho en interpretar sus gestos extraños. “Somos conscientes del riesgo de un asalto en la hacienda siempre que uno de los amos está en residencia. Cada uno está armado, las mujeres y los niños están bajo cubierto-con excepción de usted. En el momento en que los caballos estén listos, entra en la casa y enciérrate abajo.”
    Indicó que ella ya lo había hecho y mostró el rifle, la pistola y un cuchillo que tenía. Estaba tan preparada para un ataque, tanto como podría estar, aunque la idea era casi tan aterradora como saber que había desobedecido Zacarías.
    Cesaro asintió con la cabeza. A Margarita, como a todos en el rancho, le habían enseñado a disparar a una edad muy temprana. De repente se puso rígido y indicó algo sobre su hombro, con alarma en el rostro. "Su hombre ha venido a cortejarla de nuevo."
    Sacó la pluma y el papel de su bolsillo. Él no es mi hombre. ¿Por qué no te gusta?
    "Es la elección de su padre, no el mío. Un hombre de la ciudad. "Había una sonrisa burlona en su voz. "Es suave, pero no sabe nada de la vida de rancho. Usted estaría mejor con Ricco o con mi hijo, Julio. "Se inclinó sobre el cuello de su caballo, apoyándose un poco en los estribos. "No es de verdad, para mí. Él nos mira hacia abajo, incluso a ti. Ricco o Julio te convienen más. "
    Ella amaba a Ricco, uno de los hombres que trabajan con el ganado, lo conocía desde hacía años. Y había crecido con Julio. Era imposible no pensar en él como su hermano. Quería complacer a Cesaro, casi tanto como ella quería complacer a su padre.
    Él no está presionando por un noviazgo serio. Desde la muerte de mi padre, sólo ha sido amable.
    Cesaro se encogió de hombros, con el ceño fruncido aún en su rostro. "No puede entrar en la hacienda. Despídelo, Margarita".
    Ella le frunció el ceño a Cesaro. Ella conocía su deber. Devolvió la yegua a las cuadras, saludando a Esteban Eldridge mientras se dirigía a los corrales en su camión. No tenía idea de cómo el vehículo estaba tan limpio ni como lo hizo. Esteban llevaba su riqueza fácil. Él era una figura poderosa, muy atractivo, por lo menos lo había sido hasta que puso los ojos en Zacarías. Incluso herido y quemado, Zacarías emanaba una fuerte y casi brutal hermosura, a pesar de que la descripción parecía demasiado insípida. Zacarías dominaba cada espacio donde estaba. Pero Esteban no le asustaba, o amenazaba en la forma profunda y elemental como el mayor de los De La Cruz lo hacía. Y sabía cuando un hombre estaba seriamente interesado en ella, Esteban no lo estaba. Pero ella realmente disfrutaba de la compañía de su hermana.
    Cesaro se sentó sobre su caballo y la miró. Ella podía sentir sus ojos que la quemaban y esto la molestó; que pensara, que ella podría traicionar su código de honor con un forastero. Inclinó un poco su cabeza. Ya había traicionado su código, pero no de la manera que él pensaba y no había duda de que sabría muy pronto de sus pecados.
    Giró la yegua, observando cómo Esteban se dirigía hacia ella. Él era una figura llamativa mientras cubría el terreno en largas zancadas a propósito.
    Su padre les había presentado y, claramente, Esteban Eldridge fue la elección de su padre para ella. Había actuado como si la cortejara antes del ataque de vampiros, pero nunca había ido realmente en serio. A Esteban, obviamente, le gustaba divertirse y era un chico de ciudad. Cesaro tenía razón cuando dijo que Esteban despreciaba a los trabajadores del rancho, y apenas reconocía su existencia. ¿Cómo iba a enamorarse de un hombre así?
    Él había sido amable después de que su padre murió, apareciendo a menudo con su hermana Lea, aunque después de su "accidente" que la dejó sin la capacidad de hablar, la trataba como muchos de los otros, como si fuera incapaz de escuchar o tal vez ni siquiera ver. Lea, por otra parte era muy genuina.
    Ella sonrió y le saludó por segunda vez.
    "Margarita." Esteban rodó su nombre en su lengua fácilmente, tomando su mano y sosteniéndola brevemente contra su boca. "Como siempre usted se ve encantadora."
    Tomando la pluma y el papel de su bolsillo escribió: No te esperaba hoy.
    "Por fin he decidido comprar unos cuantos caballos y pensé que podrías venir a echarle un vistazo para mí."
    Ella frunció el ceño. Vivía en una elegante casa en las afueras de la ciudad más grande, cerca de ellos. Él montaba, pero él no era un gran fan. Ni siquiera tenía un lugar para mantener a los animales. Antes de que pudiera escribir su pregunta, de que planeaba hacer con los caballos, miró a su alrededor, notando a los hombres afuera vigilando, todos armados.
    ¿Está algo mal?, Preguntó.
    Margarita se encogió de hombros y entró en el establo, donde las tres yeguas embarazadas pateaban sin descanso en sus puestos. Ella era muy consciente de que Esteban la seguía de cerca. Podía oírlo, sentirlo, la conciencia de que Zacarías se encontraba tan vulnerable en la tierra la tensaba. Por lo general le daba la bienvenida a las visitas de la familia de Eldridge, especialmente a Lea. Esteban era un caballero, pero a veces, su exagerado flirteo le molestaba porque sabía que no era sincero. Los hombres que habían crecido con ella sabían, que podía montar y disparar, también o si no mejor que ellos. Esteban la hacía sentir muy femenina, tratándola como una mujer frágil, ignorando el hecho de que ella era muy capaz. En este momento, en todo lo que podía pensar era en el ataque inminente al rancho, del peor y más vil enemigo y que no quería cerca de la hacienda a Esteban.
    "Sus caballos nunca han actuado de esta manera", observó. ¿Hubo un jaguar cerca esta mañana?"
    Ella escuchó la preocupación en su voz y la calentó a pesar de la situación. Él creía que había sobrevivido al ataque de un jaguar, y que su padre había muerto salvándola, pero que había perdido sus cuerdas vocales cuando el animal rasgó su garganta. En verdad, había sido atacada por un vampiro, que buscaba el lugar de reposo de Zacarías. Ella se encogió de hombros, no quería mentirle. Escribir una mentira era peor aún que decirla.
    "Lea dijo que te dijera hola y que esperaba verte pronto."
    Margarita le dio una sonrisa mientras abría la puerta del compartimiento y entró con la pesada yegua por el potro. Puso su mano extendida en el cuello y le envió olas de tranquilidad hasta que la yegua se calmó. Esteban no dijo nada, se limitó a observar cómo iba de puesto en puesto, calmando a los animales. Su presencia comenzó poco a poco a inquietarla. Sintió una especie de temor que comenzaba a crecer en algún lugar cerca de la boca del estómago.
    Le tomó un gran esfuerzo no pasar su nerviosismo a los animales.
    Esteban permaneció inmóvil afuera de cada compartimiento, su mirada vigilante. La punzada de inquietud creció hasta que su piel se sentía como si miles de alfileres y agujas se clavaran en ella. Se frotó los brazos mientras salía del último compartimiento. Los caballos estaban comiendo tranquilamente y no tenía nada más que hacer. Ella se volvió y se enfrentó a él, tomando una respiración profunda y forzando una sonrisa.
    Esteban tomó su mano y la atrajo hacia él. Curiosamente la picazón en la piel creció a una quemadura en la yema de los dedos. Retiró su mano y las pasó por sus muslos para tratar de librarse de la sensación.
    "Siempre me asombra la manera en que usted maneja los caballos. Confían en usted. "
    Ella disfrutaba generalmente de sus elogios, pero ahora, con el amo tan cerca y vulnerable, ella quería que Esteban se fuera. Nunca había experimentado tal inquietud antes, y comenzaba a sudar. Podía sentir la humedad crecer entre sus pechos. La quemadura en su mano se descoloró, pero no disminuyó totalmente. Ella se humedeció los labios y sacó su pluma y papel.

    Siempre tuve afinidad con los animales. Sí, iré a ver sus caballos en un par de días. ¿Por qué piensa comprar unos? Usted nunca estuvo interesado antes. Ella ciertamente no quería venderle uno de sus queridos Caballos de Paso peruano. Nunca los había acariciado. Su sonrisa se anchó, mostrando sus dientes perfectos. “He descubierto el amor hacia el polo. He estado pidiendo prestados los caballos de un amigo y quiero mis propios caballos.”
    Parecía muy emocionado, como un niño. Ella quería estar feliz por él, compartir su emoción, pero realmente a él no le importaba nada los caballos como a ella. Y allí estaba el motivo principal de su renuencia a tomarlo tan en serio como su padre quería. Ricco y Julio los dos montaban a caballo todos los días. Se preocupaban y los entendían, y se daban cuenta de su amor, y necesidad de estar cerca de los animales, lo que Esteban jamás hizo.
    Esteban Eldridge parecía un hombre afable, simpático, pero no lo suficiente real para ella. Se sorprendió de que su padre no se hubiera dado cuenta de eso.
    ¿Dónde usted planea guardar sus caballos? “Mi amigo, Simón Vargas, dijo que podría guardarlos en su hacienda.” Ella intentó no hacer una mueca de dolor por eso. Simón Vargas viajó a varios países jugando polo. Pasaba mucho tiempo mirándose fijamente en en los vídeos, bebiendo en barras y cogiendo a mujeres, pero ningún tiempo cuidando sus caballos. Él empleaba a mozos, pero se preocupaba muy poco de si realmente ellos hacían su trabajo. “Subamos a la casa y consigamos algo caliente para discutir una buena fecha,” Esteban sugirió. “No sé lo que están pensando en dejarla salir si un jaguar está rondando alrededor.” Él puso su mano en la parte baja de su espalda.
    La respiración de Margarita quedo atrapada en su garganta cuando el dolor sacudió todo su cuerpo. Ella se apartó de él con el pretexto de acariciar el cuello de la yegua una vez más, antes de sacar su pluma y papel. Se la entregó a él.
    Lo siento. Estoy demasiada ocupada. Cesaro me necesita. Nos veremos otro día.
    Frunció el ceño, utilizando la misma expresión en su rostro que cuando su hermana menor, Lea, le molestaba. Siempre había pensado que era encantador, pero ahora se sintió presionada. Nada parecía correcto. Tenía la piel muy sensible, y Esteban era una persona susceptible.
    "Tu padre nunca permitiría que estuvieras fuera, si el peligro amenazara. Tengo que hablar con tu hombre Santos. "
    Su tono dominante le molestaba. Ella sabía que Esteba dominaba a su hermana y tenía una tendencia a ser tan arrogante con ella. Normalmente ella rodaba los ojos y lo ignoraba, pero estaba demasiada preocupada por aquellos que querían descubrir, si Zacarías estaba en la residencia y lo que ella había hecho. Esteban no tenía idea que estaba animado a entrar en el mismo lugar donde el depredador más peligroso dormía.
    Todos trabajamos para vivir, Esteban. Es dulce que usted se preocupe por mí, pero me educaron para hacer esto.
    Usted fue criada para adornar el lado de un hombre, Margarita, no para trabajar hasta romperse su espalda. "Ignorando el hecho, que ella estaba garabateaba rápido, continuó. Dime sobre este truco que usted hace con los caballos. ¿Influyes en ellos con su mente? ¿Psíquicamente? Lea me dice que usted puede montar a caballo sin silla, sin riendas y el caballo hace todo que le pide. "
    No estaba preparada para la pregunta y tuvo que rayar todo lo que había sido escrito, algo que ella detestaba. En una conversación, el diálogo iba de ida y vuelta, pero pocas personas tenían la gentileza de esperar hasta que ella escribiera sus respuestas. Era muy frustrante. Estaba tratando de aprender el idioma de signos, siguiera trataba de entenderlo.
    Mi presencia tranquiliza a los caballos, por alguna razón.
    Era algo más que su presencia, pero no sabía cómo describir la comunicación con un animal. Ella siempre había sido capaz de calmar a un animal, de compartir sus emociones con ellos y simplemente ellos respondían de la misma manera.
    ¿Puede influir en un ser humano, de la forma en que lo haces con los caballos?
    Su mirada fija en ella. Esteban busco en su rostro con atención. Ella frunció el ceño mientras garabateaba su respuesta.
    ¿Cómo podría influir en las mentes humanas?
    No le gustaba el giro en la conversación. Ella siempre estuvo incómoda hablando de su don. Su familia simplemente nunca hablaba de su capacidad. Ellos eran felices de que trabajara con los animales en el rancho, pero "hablar" con los caballos no era aceptable en un mundo donde muchas cosas inexplicables podrían ser malvadas. Su padre recientemente, estuvo interesado en lo que​​se podría llamar su capacidad psíquica, pero después de su muerte, no le dio demasiada importancia a como su don fuera etiquetado.
    "No estés a la defensiva", la tranquilizó Esteban. "Lea y yo tuvimos una pequeña discusión al respecto. Ella dijo que te comunicabas con los caballos. Pensé que tal vez era más una reunión de mentes y de alguna manera influías en ellos para que hicieran lo que deseabas y que tal vez podrías hacer lo mismo con la gente. "
    Se mordió con fuerza el labio inferior. Estaba bateando un poco demasiado cerca del punto.
    ¿He tropezado con un secreto de familia? Había diversión en su voz.
    Ella tenía muchos secretos de familia y éste era minúsculo en comparación con los demás. Se dio cuenta de que estaba de mal humor, y no quería tratar con Esteban y su molesto encanto cuando un inminente ataque de los vampiros o sus títeres, fuera posible.
    Lo siento, Esteban. Realmente no tengo tiempo para esta conversación. Tengo que ir a trabajar. Espero que lo entiendas. Podemos organizar para que vaya a ver a sus caballos en otro momento. Para asegurarse de que entendía que había terminado, empujó la pluma y el papel en su bolsillo después de que leyó su nota.
    Esteban frunció el ceño. "No creo que estés comportando muy bien, Margarita. El accidente no le da licencia para ser grosera. "
    De repente lo sintió muy cerca. Podía sentir la explosión de ira vertiendo fuera de él. El establo se sentía demasiado pequeño, y demasiado lejos de todo el mundo. Se sintió rodeada hasta que dio un paso atrás antes de que pudiera detenerla.
    "Margarita." La dura voz masculina los hizo girar hacia la entrada.
    Margarita suspiro de alivio.
    Era Julio Santos sentado a horcajadas sobre su caballo, sus penetrantes ojos oscuros miraron a Esteban cuando le tendió la mano a Margarita. "Eres necesaria. Ven conmigo ahora".

    Ella no vaciló, moviéndose alrededor Esteban, agarró la muñeca de Julio. Él la hizo pivotar y la colocó detrás de él. Ella esperó que él se moviera de inmediato, pero él permaneció sentado, mirando a Esteban debajo del borde de su sombrero. Los dos hombres se observaron el uno al otro por un largo y tenso momento. ¿Estás bien, Margarita?” Julio le preguntó.
    Puso sus brazos alrededor de su cintura, apoyó la cabeza en la espalda y asintió con la cabeza para que pudiera sentir el movimiento. Una vez más sintió la extraña reacción, su piel se quemaba desde el momento en que toco a Julio. Ella retiró la mejilla de su espalda, y levantó una mano hacia Esteban como si nada estuviera mal y, sin pensar, en silencio instó al caballo a que saliera de la cuadra. Julio no estaba preparado para el movimiento repentino del caballo, pero era un excelente jinete y se movió con el animal.
    "La próxima vez me adviertes."
    Ella apretó los brazos con más fuerza para decir que lo sentía.
    Padre me envió. No le gusta que Esteban este en la propiedad. Todavía está empujando la idea de nosotros dos. Tuve un infierno de charla, Margarita, acerca de cómo estoy permitiendo que un tesoro se me escape. Él le acarició las manos con los dedos enguantados. ¿Hizo lo mismo con usted?" Había simpatía en su voz.
    Ella asintió con la cabeza, una vez más contra su espalda. Aquella horrible quemadura era mucho más aguda ahora y comenzaba a extenderse por sus brazos, aunque su piel estaba cubierta con la tela de su blusa. Incómoda, aflojo su agarre, usando sus rodillas para mantenerse. La montura de Julio era tan suave que dudaba que hubiera necesitado tomar esa precaución.
    Julio siempre la hacía reír. Ella lo amaba y no tenía ninguna duda de que él la quería feroz y protectoramente, tal vez aún más. Julio era uno de los mejores hombres que conocía. Pero habían sido criados desde el nacimiento junto y cada vez que alguien les sugería que se emparejaran, se reían histéricamente. Aunque recientemente, desde que Esteban había entrado en el cuadro, que Cesaro insistiera que se juntaran, se sentía incómodo.
    "He tratado de explicarle, pero se preocupa mucho ahora que tu padre se ha ido. Esteban no tiene cabida en nuestro mundo".
    Sacó su pluma y papel. Por suerte, el viaje fue sin problemas y se le hizo fácil escribir. Era incapaz de guardar secretos, y mucho menos uno tan grande como la familia De La Cruz y lo que son.
    Si se casara fuera de la hacienda, ella tendría que irse ya que nunca sería capaz de divulgar los secretos de su familia a su esposo. Su asociación con los Cárpatos sería vigilado de cerca. Sabía que no recordaría a los hermanos De La Cruz, todos los recuerdos se eliminaría antes de salir de la propiedad.
    "Él no pertenece a este mundo. ¿Por qué vino a nuestro pequeño pueblo, Margarita? Las personas que vienen aquí están desesperados por otra vida. Ellos por lo general no tienen nada. Él tiene dinero y, para mí, eso significa que se está escondiendo de algo.
    Ella lo pensó por un momento y luego garabateo otro mensaje. Me preguntó si podía influir en la gente como lo hacía con los caballos. ¿Por qué iba a preguntar eso?
    "No sé. No me gusta eso. Los hermanos De La Cruz pueden influir en la gente y han utilizado sus habilidades para obtener más bienes para sí mismos y para nosotros, la mayoría como sabes están aquí. Es posible que se pregunte cómo hemos sido capaces de conseguir nuestras tierras y con tales incrementos. "
    Ella confiaba en el juicio de Julio, como había hecho siempre. Julio no era complicado y no tenía intereses ocultos. Si él tocaba a su ventana a mitad de la noche para ir a montar, realmente era para ir a montar. Si decía que quería mostrarle algo, siempre había algo especial-por lo general algún tipo de fauna que había visto. Más de una vez se habían colado juntos para ir a la selva para seguir a algún animal.
    "Te voy a llevar de regreso a la casa una vez que lo vea salir", dijo Julio. "Tenemos todo arreglado, pero me sentiría mejor contigo adentro. Nosotros podríamos ser atacados esta noche. "
    La posibilidad de que un vampiro ataque mientras Un de La Cruz este en la residencia es mucho más alta que cuando ellos se encuentran lejos.
    ¿Lo has visto? Julio preguntó. Tiene que ser el mayor o el ganado y los caballos no reaccionarían de esa forma. Nunca en realidad he hablado con él.
    Ella no quiso mentir así que simplemente asintió con su cabeza. Julio la miró sobre su hombro y levantó las cejas. El miraba su pálido rostro constantemente. Ella no podía mirarlo a los ojos, así que dejo que su mirada se deslizara lejos.
    ¿Eso te da miedo?
    Ella asintió con la cabeza.
    Julio suspiró. ¿Vas a estar bien?
    Ella presionó sus labios con fuerza y escribió una respuesta corta. Él no me notará -Espero. Ella consideraba decirle a Julio la verdad, pero él se pondría todo machista con ella e insistiría en protegerla contra la cólera de Zacarías. Tan asustada como estaba-había desobedecido una orden directa- no podía permitir que cualquier persona fuera castigada por sus pecados. Ella enfrentaría a Zacarías sola e intentaría a explicarle. Tenía afortunadamente hasta el ocaso para encontrar las palabras correctas y ella lo escribiría todo. No esperaba que el Cárpato entendiera-ella no se entendía a sí misma-pero haría todo lo posible por dejarlo ver que no había tenido la intención de retarlo.
    Ella asintió con la cabeza y Julio volvió su atención al caballo al atravesar los patios, poniendo su caballo en varios pasos diferentes, mostrando que podía controlar su caballo con las manos y las rodillas. Echaba de menos a reír. Ella abrió la boca, pero ningún sonido salió y tomó un poco de la alegría que deseaba compartir con Julio.
    Sólo cuando el vehículo de Esteban desapareció en el camino Julio la llevó de vuelta a la casa. Extendió el brazo para que ella pudiera desmontar más fácil, pero retuvo la posesión de su mano cuando fue a darse la vuelta. La misma sensación de ardor se deslizó por su brazo. Alzó la vista hacia el chico-no, al hombre que había sido su confidente y compañero desde que nació. Él la miró fijamente, directo a sus ojos.
    ¿Qué está mal, pequeña hermana? Te conozco demasiado bien para que puedas fingir conmigo. ¿Esteban hizo algo que te asustó? ¿O se trata de De La Cruz?
    Tragó saliva. Ella amaba a Julio. Se negaba a mentirle abiertamente. Sacudió la cabeza lentamente, mientras trataba de apartar suavemente la mano de la suya.
    Julio aumentó su apretón y la sensación ardiente se hizo más dolorosa, una marca profunda que pareció ir hasta sus mismos huesos. Ella tuvo que luchar para impedir llorar y tirar para alejarse.
    "Dime. "
    Ella presionó sus labios juntos y despacio tiró hasta que Julio le permitió escabullirse. Ella sacó su pluma y papel y garabateó, sin saber si decía la verdad o no.
    Estaré bien, Julio. Le amo muchísimo, pero usted se preocupa demasiado.
    Siguió mirándola a la cara durante un buen rato y luego se tocó el sombrero. "Te quiero, también, hermanita. Si me necesitas, suena la campana y voy a venir corriendo. "
    Ella le sonrió, el calor entrando en sus fríos huesos. Por supuesto que vendría si sonaba la voz de alarma que habían improvisado. Julio era la persona con quien siempre había contado y ella sabía que él iría en contra del código de su familia si fuera necesario para protegerla. Puso su mano sobre el corazón y lo vio cabalgar, su profundo afecto por él hizo que le ardieran los ojos y las lágrimas obstruyeran su garganta.
    Poco a poco, entró en la casa, su corazón latía tan fuerte, que temía que le diera un derrame cerebral. Las vacías habitaciones en silencio, la acusaban, y ella recorrió el lugar, sintiéndose un poco pérdida en su propia casa. Al final, el sabor del miedo desapareció y ella se cocinó algo de comer y pasó el resto del día escribiendo largas cartas a Zacarías, tratando de explicarle en la medida de su capacidad por qué ella lo había salvado contra su voluntad, y luego las desechaba.
    El sol se hundió y la noche descendió. Los insectos comenzaron sus llamadas en serio. Ranas intervinieron y los Caballos relinchaban de vez en cuando, y el ganado se preparó para la noche. Nubes de tormenta se reunieron en lo alto, masas oscuras, siniestras turbulentas que tapaban la luz de la luna y las estrellas. Cargadas de lluvia, unas gotas cayeron, como un presagio de lo que estaba por venir. Se apagaron las luces en las ventanas, una por una, cuando los trabajadores se instalaron con su familia.
    Margarita se dio un baño y una vez más, se sentó en su escritorio, tratando de redactar una carta que pudiera salvarla. La papelera se desbordó con papel arrugado mientras se ponía más y más frustrada. El viento se levantó, golpeando su ventana, y finalmente Margarita se metió en la cama y levantó las sabanas, con su pluma todavía en la mano.

CAPITULO 3

    Un rayo cruzó el cielo, zigzagueando de la tierra al cielo. La tierra tembló, abriéndose una grieta de tres pulgadas en los pastos del establo.
    Debajo de la habitación principal, en el suelo negro rico, un corazón comenzó a latir. Una mano se movió, los dedos se doblaron en un puño apretado y se abrió paso a la superficie. La tierra explotó cuando Zacarías de la Cruz se levantó. El hambre quemando a través de él, un enojado soplete, royendo a través de la piel y sus huesos y muy dentro en su interior. Lo desgarraba, implacable, insaciable, un hambre brutal, insistente que era más terrible que cualquiera que hubiera sentido alguna vez en todos sus siglos de existencia. La necesidad corría por sus venas y pulsaba con cada latido de su corazón.
    Ella le había hecho esto. Él podía probar la esencia de su vida en su boca, esa inocencia hermosa explotando contra su lengua, goteando en su garganta, creando una adicción, un ansia terrible que nunca terminaría mientras él existiera. Sus manos temblaban y sus colmillos se alargaron, la saliva se reunía a lo largo de sus puntas agudas. ¡Cómo se atrevió! La tierra tembló debajo de la casa. Las paredes ondularon, una ondulación lenta, amenazando con derrumbar la estructura entera. Su visión se puso roja, y él estalló a través de la puerta de la trampilla, lanzando la enorme cama de cuatro postes contra la pared lejana. Las grietas se distribuyeron a lo largo de los ladrillos de arcilla hasta la ventana.

    Usted ha colocado a cada hombre, mujer y niño a mi cuidado en peligro. Él podía oír el latido de un corazón, un ritmo distinto, llamándolo, conduciéndolo a un frenesí de hambre, cada latido por separado pulsaba a través de sus propias venas. Él sabía exactamente donde estaba ella. Margarita era su nombre. La moza traidora que se atrevió a desafiar una orden directa de su amo. Él le había advertido que ella pagaría por su desobediencia- su deliberado desafío. Él había esperado que huyera como una pequeña cobarde, pero la tonta muchacha le esperaba en la misma casa-en su casa-sola.
    Su gusto persistía hasta él pensó que podía volverse loco por ansiarla. Él cruzó el cuarto, comiendo el terreno con sus largos pasos, empujó el aire hasta la puerta, de modo que estallara abriéndose ante él, permitiéndole trasladarse con infalible rapidez a través de la sala de estar a la parte posterior de la casa donde estaba su dormitorio. Si él no hubiera sabido ya, dónde se encontraba el cuarto, todavía la habría encontrado. Su corazón latía con miedo, tronando en sus oídos. Él no se molestó en bajar el volumen, deseando, incluso necesitando oír su terror.
    Se merecía estar aterrorizada. Si hubiera despertado vampiro, habría roto su voto a sus hermanos. Después de siglos de honor, su vida habría sido un desperdicio, su lucha por proteger a su familia y a su pueblo sería para nada. Y todavía podría pasar. Estaba muy cerca, demasiado cerca de convertirse.
    Necesitaba algo-. Cualquier cosa. La anticipación de tomar su sangre era una urgencia a la cual, no le dio la bienvenida, un signo de que estaba caminando en el delgado borde entre honor y el fracaso final.

    Sus dedos picaban por envolverse alrededor de su delgado cuello. Esta gente que trabajaba en el rancho habían jurado lealtad a la familia de De La Cruz, sirviéndoles, de padre al hijo, madre a hija por siglos, con todo eso, ella había arriesgado tan negligentemente a todos. Golpeó su palma contra la puerta, deliberadamente astillando la madera en lugar de abrir la puerta.
    Margarita no hizo ningún esfuerzo por huir, con los ojos agrandados por el terror, protegiendo su rostro mientras él pateaba a un lado la madera rota. Se acurrucó en un rincón del cuarto, con la mano sobre su boca, su rostro pálido bajo su piel suave y dorada. Cuando él se le acercó, le tendió una mano tratando de aplacarlo con un pedazo de papel agarrado entre sus dedos, una mala defensa cuando se estaba muriendo de hambre.
    Ella luchó violentamente y él la fijó con un brazo y con el otro cogió una guedeja gruesa de pelo, machacando los filamentos de seda en su puño mientras que la estiró de un tirón hacia atrás. Él bajó su cabeza hacia ese punto dulce vulnerable donde su pulso golpeaba tan frenéticamente. Él no intentó calmar su mente o de cualquier modo controlar que se enterara lo que estaba sucediendo. Él quería que supiera. Quería su miedo. Él se propuso lastimarla así ella nunca olvidaría porqué debía obedecer. La lluvia golpeaba las ventanas. El viento asolaba la hacienda. El relámpago rasgo a través del cielo, iluminando las turbulentas nubes negras. El trueno se estrelló, sacudiendo la tierra temblando debajo de sus pies, alimentando su humor negro.
    Zacarías hundió sus dientes profundamente en la carne blanda, indefensa. Un poco duro, sin un agente anestésico, perforando el cuello deliberadamente cerca de su garganta. Ella debería haber recordado al vampiro que la atacó. No debió haber sido tan descuidada, como para desobedecerlo. Necesitaba otra lección de lo peligroso, indiferente y vil criatura podía ser.
    Su piel era de satén caliente, suave y fascinante, una sensación de shock, su fragancia natural atractiva. Pero fue su sangre lo que realmente le sorprendió.
    Rica. Inocente. Fresca. El sabor era exquisito. Tan adictiva como la primera vez que la probó cuando había estado tan cerca de la muerte. Ella luchó contra él, empujándolo, tratando desesperadamente de liberar sus brazos, pero él era enormemente fuerte y no quería nada entre él y su presa, y no se equivoquen, esta mujer joven con su sangre adictiva le pertenecía a él. Se dio cuenta de que estaba gruñendo, una advertencia oscura. No había manera para que ella consiguiera liberarse y nadie podía entrar en la casa-su casa-sin su consentimiento o conocimiento. Estaba completamente a su merced y no tenía ninguna.

    Cada uno de sus órganos absorbió su sangre increíble. Cada célula saltó a la vida. No había nada que hubiera experimentado que estuviera cerca de la perfecta riqueza de su sangre. La oleada de calor se difundió a través de él como una bola de fuego desconocido. Sus venas y arterias cantaban. Incluso su ingle se agitó, llena con el sabor deslumbrante y el calor de su sangre. Él la arrastró más cerca, más animal que hombre, sus brazos ahora la lastimaba como bandas de acero, con la boca arrastrando más de ese dulce néctar en su cuerpo muerto de hambre.
    Las heridas abiertas en su cuerpo comenzaron a cerrarse. El terrible ardor siempre estaba presente en su interior disminuyó y el desgarrador dolor que rastrillar en sus entrañas cambio de un fuego abrasador a una necesidad desesperada. Incluso el rugido en su cabeza y la neblina roja que ataba su visión disminuyó. Sus piernas cedieron y tuvo que sostener su peso por completo, deslizando una mano por debajo de sus rodillas, al tiempo que arrastra la esencia de su vida a su cuerpo.
    Su cabeza colgaba atrás sobre su hombro. Se sentía ligera. Insustancial. Sus pestañas revolotearon, dos gruesas medias lunas, más negras que el gris que normalmente veía. Levantó las pestañas y los ojos oscuros, casi negros, miraron directamente a los suyos con tanto temor y repugnancia. Sólo entonces sintió el terror absoluto.
    El horror llenó su mente, sacudió su cuerpo y se arrastró como helados dedos por su espalda – no su horror -el de ella. Lo creía un vampiro que iba a matarla.
    Barrió con la lengua a través de las heridas punzantes y levantó la cabeza, sin romper el contacto visual. La sangre goteaba de su cuello hasta su pecho y, sin pensar, siguió la preciosa gota rubí por la elevación suave de su muy femenino cuerpo con su lengua.
    Ella parecía más sorprendida que nunca, temblando aterrorizada. “Usted beberá lo que ofrezco.” Era un decreto, exigiendo que ella lo obedeciera sin discusión. Él se hundió sobre su cama, todavía acunándola, y con un gesto de su mano, abrió su camisa. Él dibujó una línea fina a través de su pecho, sobre su corazón. Sus ojos se abrieron hasta que fueron enormes piscinas insondables, el horror marcado mirándolo fijamente. Ella sacudió su cabeza y trato de empujarlo débilmente. Él forzó su boca a su pecho y ella lo mordió, todavía luchando.
    ¡Wäke-sarna! Zacarías pronunció las palabras de energía, una maldición, una bendición-un voto de que ella no lo desafiaría. Él tomó su mente, rasgando despiadadamente, forzando lo que ella no le daría. Su boca le acarició el pecho, sus labios calientes y suaves, enviaron una sacudida como relámpago rayando a través de su cuerpo. Él sentía una corriente viva que electrificaba cada terminación nerviosa, trayendo su cuerpo a la vida cuando comenzó a amamantarse, llevando su sangre dentro de su cuerpo donde la absorbería cada órgano y los reformaría sutilmente, donde los uniría para siempre.
    Él la acercó, con la mano sosteniendo su cabeza, su mente en la suya. Sólo entonces, cuando la maravilla del extraño fenómeno de su sangre, disminuyó un poco, supo que ella estaba gritando. Él le había ordenado beber, no dándole otra opción, pero ella estaba totalmente consciente. Su mente conectada a la suya a un nivel inesperado. El era sobre todo un depredador. Un animal. Astuto y cruel. Incluso brutal. Vida y la muerte eran su mundo- su lucha. Su mente competía con esa parte de él, lo alcanzó y se mezcló con él.
    No oyó un sonido, sin embargo, sentía sus gritos, su horror y su rechazo absoluto, el temor adormecido que se negaba a ceder, incluso cuando se le ordenó que a si fuera.
    Tranquilízate. Él empujó el comando en ella, y cuando no le hizo ningún bien, él forzó su orden en su mente. Ella se retiró aún más lejos de él. Margarita era ciertamente un rompecabezas intrigante. Su hermano había consolidado la barrera en su mente que evitaría que los no muertos y otros Cárpatos leyeran sus pensamientos, pero con todo, ella tenía sus propios secretos. Había nacido con esa barrera, después de generaciones de De La Cruz quienes las creaban en las familias, esta era incluso más fuerte ahora de lo esperado.
    Ella era completamente humana. No tenía dudas de eso. Vulnerable. Frágil. Sin embargo, su mente tenía una guardia natural, que no le permitía ser fácilmente manipulada. Su intercambio de sangre podía abrir la línea de comunicación telepática entre ellos. No oiría su voz, tanto como ver sus palabras y saber sus pensamientos. Y, él decidió, que la comunicación con esta servidora en particular era necesaria. Ella no tenía ningún concepto de la obediencia, y dentro de su territorio, él era el gobernante absoluto. Sus súbditos debían obedecer de una manera u otra.
    Cuanto más tiempo sostuvo su calor y sus curvas contra él, más se dio cuenta de su forma femenina. Hombre o mujer nunca importó, y francamente, él no podía recordar el tiempo en que lo tuviera. Él no tenía ningún impulso sexual, ninguna emoción, nada en absoluto de que preocuparse. Aunque en el el espacio de un latido – ella había despertado cosas que era mejor dejarlas solas. Ella nunca debería haber llamado su atención hacia ella, nunca debió haber goteado su sangre en su boca, creando una adicción insaciable.
    La lluvia golpeaba el techo, y azotaba las ventanas, en busca de la entrada. La tormenta salvaje reflejaba su naturaleza violenta. La casa se estremecía bajo el viento feroz. Por un momento, un rayo iluminó la habitación y pudo ver la desesperación en sus ojos, lo mismo que él había querido. El trueno se estrelló y la sala quedó a oscuras. El continuó si apartar la mirada de sus ojos.
    Ella tomó su sangre en su cuerpo porque no tenía otra opción, pero ella rechazaba su gran don. Lo rechazó. Ella realmente le odiaba y le temía, al igual que a los no-muertos. Tomó una respiración profunda. Sólo necesitaba calmarla. Para hacerla entrar en razón. Tenía que comprender la enormidad de su pecado y la grave posición grave en que le había colocado. Eso era todo. ¿Por qué encontró su horror preocupante?- no estaba seguro. Parecía molestarle a un nivel primitivo, aunque intelectualmente, estaba seguro de que tenía que tener miedo. Había viles y terribles criaturas, en su mundo y ella vivía allí.
    Le servía. Importaba que lo escuchara.
    Le salvó la vida-como lo hizo antes.
    Tal vez recordarle que él la había salvado de un vampiro podría ayudar.
    El cuerpo de Margarita se estremeció y se alejó sutilmente del suyo, como si su tacto le fuera asqueroso. El trueno se estrelló otra vez, haciendo eco en su mente. Él había elegido la vida para ella. Debería estar agradecida, se había enfurecido cuando ella fue tan desobediente. Ella no olvidaría esta lección y quizá, solo quizá, ella aprendería a no entrometerse en cosas que no eran de su incumbencia. Y obedecería sus órdenes, que a menudo significaban la vida o la muerte.
    La única respuesta era la lluvia que golpeaba la azotea. El latido salvaje de su corazón. Su respiración desigual. Él suspiró. Su miedo lindaba con terror. No, realmente era terror y, absolutamente, encontró que no le gustaba nada eso. No había tregua. Incluso ahora que la trataba con cuidado.
    Usted ha tomado suficiente.
    Fue a insertar la mano entre su boca y su pecho, con cuidado para alejarla como uno esperaría que debiera hacer, pero ella se sacudió alejándose de él de forma tan inesperada que casi cayó de sus brazos. Apretó su control, sus dedos se clavaban en su suave carne. Su sangre la había provisto de fuerza, y ahora que estaba conectado con ella, sabía que tenía la intención de tratar de vomitar, de deshacerse de la sustancia.
    Le sonrió, moviendo lentamente la cabeza. "Mi sangre ya corre por sus venas, tonta. Su cuerpo la absorbe. No va a ir a su estómago como su asquerosa comida lo hace. "
    Zacarías estaba preparado para la lucha y no iba a permitirle levantarse hasta que él estuviera listo. Margarita permaneció inmóvil, su mirada trabada en su cara, casi sin respirar, como podía hacerlo cualquier presa que se ocultaba en los árboles o en la hierba. Un pequeño estremecimiento de inquietud recorrió su espalda. Ella exhibía los signos exactos, que las criaturas en la selva tropical manifestaban cuando él estaba cerca. No había alarmas de advertencia, ninguno de los chillidos normales en los monos y pájaros que frecuentemente usaban para anunciar a un depredador. Incluso los insectos se calmaban cuando él estaba cerca.
    Él quería obediencia de ella, no el miedo escueto y crudo. Bueno… quería que tuviera miedo para que aprendiera la lección. El miedo era simplemente una herramienta para él, una que manejaba con facilidad. Tal vez fuera más sensible de lo que había considerado y debería haber atenuado su mensaje.
    Sintió el primer movimiento ligero de su cuerpo, nada más que un susurro de espacio entre ellos, pero él sabía que estaba huyendo. Instintivamente apretó su asimiento, respiró dentro y fuera por ambos, sus pulmones llamando al suyo para que siguiera su ritmo. Su corazón latía lento y constante, en un esfuerzo por reducir la aceleración salvaje del de ella. Apenas reconoció su necesidad de calmarla, ni siquiera la razón para ello-la necesidad simplemente existía.
    De un lugar largo tiempo olvidado, un recuerdo surgió de un niño, un muchacho joven que cambió muy tarde y se encajo contra un árbol. Zacarías recordó a su hermano más joven, un rápido principiante, pero que intentaba cosas para las que no estaba listo solo porque sus hermanos mayores podían. Él meció a Margarita de la misma manera como lo había hecho con Riordan, para consolarlo, murmurando en Carpatiano, palabras suaves que no querían decir nada. Ruido realmente. La memoria lo impresionó casi tanto como los acontecimientos de la noche entera lo hicieron. Él no había pensado aquellos días en unos cientos de años.
    No era un hombre que sintiera compasión, pero su miedo le molestaba. No tenía ningún sentido y no confiaba en nada que no pudiera explicar. La dejó en el suelo. En el momento en sus manos la soltaron, ella se arrastró lejos, arrinconándose en una esquina, mirándolo fijamente con sus enormes, y asustados ojos.
    Temblores sacudían su cuerpo una y otra vez. Se retorcía los dedos, dos veces trato de estirarse como si fuera a tocar la herida que se oscurecía en su cuello, sin embargo, se detenía antes de acariciar su piel dañada. Ella llevaba su marca ahora, el color subía debajo de su piel con dos pinchazos centrados casi a la perfección. Ella no tocó el punto, y él se encontró frunciendo ceño. Desconcertado.
    En general era más fácil utilizar a las mujeres para alimentarse. Sus hermanos menores se movían en círculos políticos para alcanzar las cosas que necesitaban, por ejemplo sus grandes propiedades. Las mujeres decorativas que colgaban en sus brazos eran siempre un plus. Tenían fácil acceso a una fuente de alimento y estaban cubiertos siempre. Era bastante fácil plantar memorias de noches salvajes de sexo y de fiestas. Pero la mente de Margarita no aceptaba memorias plantadas, ni él particularmente quería borrar la memoria de su momento.
    Él suspiró y se levantó. Ella se estremeció, sus ojos llenos de lágrimas. Las gotas se quedaban en sus increíblemente largas pestañas, llamando su atención y plantando un nudo en la boca de su estómago. Los hermanos De La Cruz a menudo reforzaban la barrera natural en la mente de aquellos que les servían. Había aceptado el fortalecimiento de sus hermanos, de sus escudos de protección, pero ella rechazaba cada la parte de él. Sabía que era personal. Había estado en su mente. Ella no pensaba en él con la misma luz que a sus hermanos. Él era Han-ku piwtä un depredador.
    "Óyeme, niña. Usted nunca desobedecerá una orden directa mia. "
    Ella apretó sus temblorosos labios, cubriéndolos con sus dedos.
    Dio un paso amenazador hacia ella. ¿Está claro quién está a cargo? ¿Quién es su amo? Ella tragó con fuerza y asintió con su cabeza vigorosamente. Mirando su miedo, el resultado directo de sus acciones, algo se torció alrededor de su pecho. Él presionó su mano allí para parar el extraño dolor. “Por algunos días su audición será mucho más aguda de lo normal. Puede incomodarle. Su visión será más aguda también. Usted aprenderá controlarla. No se apartará de la casa. Le quiero disponible cuando lo desee.”
    Su sangre era una mezcla sorprendente y sabía que siempre la iba a desear. En realidad tenía su gusto en la boca y ganas de lamer el pulso que latía tan frenéticamente en su cuello, acariciando directamente su marca con su lengua. Tenía que averiguar lo que estaba pasando, su reacción ¿qué significaba? Ella estaba transmitiendo su miedo tan fuerte que no podía pensar con claridad. Él no sabía por qué su conexión con ella era tan fuerte, pero sentía sus emociones como si fueran las suyas propias. Hace mucho tiempo, aún la relación con sus hermanos, se había desvanecido de sus recuerdos.
    Zacarías negó con la cabeza, frunciendo el ceño, dando un paso para acercase a ella. Se encogió nuevamente en la esquina, subiendo sus rodillas, tratando de hacerse más pequeña.
    Ella volvió la cara y cerró los ojos con fuerza para bloquearlo de su vista cuando él extendió su mano hacia ella. Había tenido la precaución de ir lento, como podría acercársele a un animal salvaje, pero ella se agachó un poco más, como si esperara que él la golpeara. La idea era ridícula. Él nunca la golpearía.
    Sus entrañas se anudaron, una reacción física que no podía controlar. Le tocó la cara mojada de lágrimas, la humedad se acumulaba en las yemas de sus dedos. Su piel absorbía las lágrimas saladas, tomó un reluciente diamante que brillaba en su cuerpo y su estómago hizo otra sacudida desconocida.
    Repentinamente se alejó de ella, caminando por la sala, incapaz de soportar la visión de su figura triste y asustada un momento más. Él necesitaba distancia. La selva tropical. En cualquier lugar, pero lejos de esa mujer absurdamente desobediente.
    Zacarías fue mucho más cuidadoso con la puerta principal. Quería ser capaz de bloquear a esta desconcertante, incomprensible y molesta mujer dentro, donde no pudiera meterse en problemas, mientras se imaginaba lo que debía hacer. Él podría volver intentar buscar el amanecer cuando el sol saliera, pero el dramático final de su vida ya no le parecía soportable. O Jela peje emnimet- que infierno de mujer. Ella había vuelto su mundo al revés. Todo estaría perfectamente bien otra vez, al momento en que no pudiera oler su aroma o escuchar sus latidos. La conexión entre la parte primordial de su mente se desvanecería con la distancia y sería capaz de respirar y pensar.
    Salió a la lluvia, agitando la mano para calmar la tormenta que había forjado en su intento de castigar a la mujer mortal. Su aliento silbó al salir de sus pulmones. Él no quería dar el siguiente paso, abrir los brazos y convocar al águila arpía para alzar el vuelo. Vaciló, casi transparente, la niebla y la lluvia se hacían uno con él, una cosa que normalmente calmaba su alma oscura, pero la renuencia estaba, todavía allí. O ainaak Jela peje emnimet ηamaη- la mujer que lo quemaría para siempre. Ella le había hecho algo.

    ¿Podría ser maga de nacimiento? ¿Lo había hechizado ella para atraparlo? ¿A él? ¿A Zacarías De La Cruz? Imposible. Él era demasiado viejo. Astuto.
    Ella no tenía oportunidad contra él, enfrentándose contra su centenario poder y experiencia. Había casi decido volver a la casa y complacer su ansia otra vez.
    El pensamiento trajo el gusto explotando en su boca y una oleada de calor por su cuerpo. Las cosas desconocidas lo molestaban. Su reacción a Margarita Fernández era inaudita. Nada, ni nadie despertó su interés en siglos, y ahora, cuando él decidió terminar con su vida, ella se atrevió a molestarlo. Él no volvería a su trampa, ya no sería entrampado por cualquier hechizo que lanzara. Él seguiría su propio camino, su propia lógica ella podría esperar a su conveniencia.
    Zacarías tomó al aire. El viento acometió a través de él, de la niebla que componía su cuerpo, de modo que él y el aire fueran uno solo-él pertenecía a aquí-siendo parte de la tierra misma. Él había desarrollado el truco hace largos años cuando él estaba tan solo y necesitaba un pequeño consuelo. Los animales y el hombre le dieron la espalda – incluso su propia familia. Le temían -como ella le temía. Pero cuando él era niebla, con el viento moviéndose a través de su cuerpo, enviándolo a la deriva a través de los árboles, él podía sentirse realmente aceptado. Los animales y el hombre lo rechazaban pero la tierra era un compañero constante, permanente.
    Margarita Fernández era un misterio que no podía sacar de su cabeza. El ataque de los vampiros debió haberla desquiciado de alguna manera. No había otra explicación para una desobediencia tan flagrante, tal desprecio deliberado a su orden directa. Nadie se atrevería a algo así, solo un pequeño resbalón de una niña. Tenía que estar un poco enferma, y si es así, había sido un poco duro con ella. Convencido de que había encontrado la única conclusión lógica a su extraña e indefendible conducta, Zacarías tomó al aire para poner las cosas claras con ella antes de que consiguiera descansar.

***

    Margarita se quedó tan quieta como podía, congeló todos los músculos en su lugar, aterrorizada de que él volvería. El andaba tan silenciosamente que era imposible decir en que parte de la casa estaba, pero su presencia era tan poderosa, tan fuerte, que supo el momento en que salió. Sólo entonces se cubrió el rostro con sus manos y se puso a llorar histérica.
    Nunca había tenido tanto miedo en su vida, ni siquiera cuando el vampiro había exigido saber el lugar de descanso de Zacarías. Ella había aceptado la muerte y sabía que iba a morir con honor. Esto – esto era terrible, se trataba de un enredo que ella había creado. Todo el mundo estaba en peligro, todos los que amaba. Todos los que conocía. Porque ella no había permitido a un De La Cruz morir.
    Ella sabía la verdad ahora. Zacarías había llegado a la hacienda a morir con honor porque estaba cerca de convertirse en vampiro. Ella no conocía el proceso, pero sabía que la pérdida del honor era lo único que todos los Cárpatos temían. Él había resucitado vampiro y ella lo había hecho.
    Extendió los dedos y miró a través de ellos a la papelera, donde un centenar de páginas arrugadas de su cuaderno, declaró el hecho de que no había ninguna explicación. Ninguna. Ella no sabía por qué había cometido un pecado tan grave, pero había sido incapaz de contenerse y ahora ella había creado al monstruo mismo que Zacarías había tratado de evitar.
    Con mano temblorosa se tocó el cuello palpitante, ese lugar que quemaba a través de la piel hasta marcar sus huesos. Tragó saliva y lentamente se puso de pie. Sus piernas parecían de goma y no podía parar los temblores que controlaban su cuerpo. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué podría hacer? Ella podría nunca -jamás – enfrentaría a ese monstruo de nuevo. Pero más que eso, no le permitiría matar o utilizar a cualquier persona en la hacienda. Había hecho esto. Ella era responsable y tenía que garantizar la seguridad de todos.
    Ella sabía que los vampiros hacían títeres- a los humanos que seguían sus órdenes durante el día mientras ellos dormían. Títeres que ansiaban la sangre de los vampiros y un festín de carne. Era una horrible medio vida y, finalmente, se pudrían de adentro hacia fuera. Ella no sería el títere de Zacarías, no importaba que fuera responsable de hacerle perder su honor. Con certeza no había sido su intención.
    Margarita humedeció sus labios secos y forzó su cuerpo a controlarse. Ella no podría ir con Cesaro y Julio porque intentarían defenderla y terminarían muertos. Nadie podía hacer frente a Zacarías De La Cruz. Si ella fuera con una de sus tías, él lo sabría. Su familia entera trabajaba para la familia de De La Cruz en una forma u otra. Mientras que trataba de darle sentido a la situación, abrió bruscamente los cajones y metió el mínimo de ropa necesaria en un morral.
    Ella tenía que formular un plan. Los vampiros eran astutos, pero tenían debilidades. Ella no podría llamar a los cazadores hasta que llevara a Zacarías lejos de los todos los que amaba. Que eran muchos estaba segura. Los vampiros mataban por placer y ella no podría arriesgar a cualquier persona en el rancho. Si ella activara la llamada indicada para un cazador, Cesaro intentaría luchar con Zacarías. Todos los trabajadores. Ella sabía sin lugar a dudas que podía alejarlo de su familia porque Zacarías la seguiría.
    Por suerte, ella conocía la selva tropical y no le temía como la mayoría. Ella desaparecería – y él seguiría. Ella no sabía cómo lo sabía, pero así era. Él la encontraría tarde o temprano – y probablemente la mataría – pero ella no tenía ninguna otra verdadera opción, no si ella quería salvar a su familia. Haría su viaje río abajo hasta la siguiente propiedad de los De La Cruz -unas cabañas usadas para mover el ganado a varios pastos- y llamaría a los cazadores desde allí. Si ellos llegaban antes de que el vampiro la encontrara se salvaría, si no, al menos había salvado a su familia.
    Arrastró sus botas y salió corriendo por la casa para encontrar a su paquete de supervivencia. Tenía un sistema de filtración de agua y pastillas en caso de que fuera necesario, a pesar de que sabía dónde las cascadas corrían en abundancia. Era una excelente cazadora, así que la comida no sería demasiado problema, pero ¿cómo iba a evitar que Julio o Cesaro trataran de encontrarla?
    Margarita se mordió el labio tratando de aquietar sus frenéticos pensamientos. Ella tenía que pensar en su escape detenidamente. Zacarías no demostró interés en leer su nota así que quizás sería seguro dejar una para Cesaro. Tendría que redactarla a fin de tranquilizar a cada uno sin que fuera realmente mentira. No creía que fueran tan tontos para preguntarle a Zacarías. Ellos harían todo lo necesario para permanecer tan lejos de él como fuera posible. Si era muy afortunada conseguiría una buena ventaja antes de que él la siguiera. Forzó al aire a salir de sus pulmones y escribió una nota corta. Tomé su consejo, Cesaro, y me fui por algunos días. Volveré pronto. Amor para usted y Julio.
    No era una mentira. Y esto no daba nada. Cesaro estaría frustrado por ella, pero pensaría que se había ido con una de sus tías. Ahora…Julio era un asunto diferente. Él la conocía mucho mejor que Cesaro y podría considerar que algo estaba mal, pero una vez que su padre le tranquilizara que él le había sugerido que se fuera con su tía a Brasil, él se tranquilizaría y esperaría unos días para tener noticias de ella.
    Convencida de que había hecho todo lo posible para mantener seguros a todos, Margarita salió por la ventana de su dormitorio. Ella no confiaba en las puertas o en el hecho de que Zacarías había salido por el frente. No iba a encontrarse con él por error. Se quedó agazapada debajo de la ventana, estudiando el cielo oscuro con recelo. Zacarías podría estar en cualquier lugar, en cualquier forma. La idea era a la vez inquietante y aterradora. Por un momento su corazón se aceleró, su sangre rugiendo en sus oídos. Se obligó a respirar normalmente, con miedo de que pudiera oír su latido estruendoso.
    Antes de mudarse, tocó a los animales en las inmediaciones. Tan pronto como había colocado las cortinas de la casa, el rancho se había puesto en estado de alerta. El ganado y los caballos habían sido trasladados cerca donde podrían estar mejor protegidos. Todo el mundo estaba armado y las patrullas se habían duplicado, pero los animales reconocían si el mal está cerca antes que los humanos. Los caballos estaban colocados para pasar la noche. Ninguno estaba inquieto si así fuera, la habrían alertado que Zacarías se encontraba muy cerca.
    La lluvia se convirtió en una llovizna y el viento feroz se calmó mientras ella hacía su camino a través de los prados y pastos hasta el límite de la selva tropical. Ella siempre había amado la forma natural en que continuaba sigilosamente creciendo nuevamente para recuperar lo que había sido tomado. Raíces serpenteaban a través del suelo en largos tentáculos. Vides enredaderas se deslizaba sobre las piedras y vallas hasta arriba, incluso se envolvían alrededor de las rocas en un esfuerzo por recuperar la tierra.
    Ella se metió en los bordes exteriores de los árboles, corriendo por un estrecho sendero con el que estaba familiarizada. Los insectos formaban una alfombra en movimiento en la espesa vegetación, constituida por siglos de plantas y árboles caídos. Grandes arañas se aferraban a las ramas y los lagartos se deslizaban debajo de las hojas que le daban cobertura. Las ranas arborícolas se asomaron cuando ella se apresuraba por el camino.
    Margarita caminó con confianza, sabiendo exactamente a dónde iba. Era fácil perderse en la selva tropical. La mayoría de los viajes que hizo fue por el río, pero Julio y ella habían explorado la zona más cercana al rancho, casi desde el momento en que empezaron a caminar y habían marcado sus caminos con señales que ambos reconocieran con facilidad. Había una pequeña cueva, maravillosa detrás de una de las numerosas caídas de agua, una pequeña gruta, difícil de encontrar donde ella y Julio habían acampado en varias ocasiones. Había sido su lugar secreto cada vez que se escondían de sus padres. Julio a menudo se metía en problemas en esos días. Él llevaba la carga de un hombre de trabajo desde una edad temprana y vagar por la selva lluviosa era mal visto, sobre todo con una mujer.
    La cueva se encuentra en una corriente ancha y profunda que alimentan al gran río. Julio había creado una canoa de cedro con su machete. La madera era suficientemente ligera para que la nave flotara, más no tan suave que no fuera lo suficientemente fuerte para hacer frente al río. Habían escondido la canoa detrás de la cascada.
    Ella podía llegar allí, conseguir el barco y tomar uno de los arroyos que alimentan al Amazonas. El campamento de los De La Cruz no estaba lejos de allí.
    Margarita aceptó su papel en la casa y se deleitaba en el hecho de que fue reconocida por su talento con los caballos, sin embargo, amaba la selva tropical y la forma en que la hacía sentir tan libre. Ella sabía que Julio se sentía igual y juntos se animaban el uno al otro a escapar para explorar en cada oportunidad que se presentara. Julio se metió en problemas mucho peores que ella, a pesar de que había sufrido un sinnúmero de conferencias sobre los deberes de la mujer. Ahora, ella se sentía agradecida por cada viaje que habían hecho.
    Las luciérnagas destellaban, con diminutas chispas en varios árboles que le proveían un poco de comodidad. En los árboles, la noche era negra como tinta, aunque la selva tropical no era totalmente oscura. Los hongos fosforescentes emitían un resplandor misterioso. Los monos de la noche empujaban sus cabezas fuera de los agujeros de los árboles para mirarla fijamente con sus enormes ojos y su presencia le mostraban que todavía no la seguían.
    Ella tenía que correr para llegar a la canoa, y eso era extremadamente arriesgado por la noche en la selva, pero no tenía otra opción real. Tenía que mantenerse por delante de él hasta el amanecer. Una vez que saliera el sol, podía hacer su camino hasta las cabañas de los De La Cruz y llamar para conseguir ayuda. Zacarías estaría fuera de la hacienda y todos los demás estarían a salvo. Todo tenía sentido, pero tenía que llegar rápido y eso significaba correr.
    Ella aceleró el ritmo, aumentando la velocidad, por la necesidad de llegar a un refugio. No quería estar a cielo abierto, incluso bajo el dosel. Donde los árboles eran gruesos, había poca luz y tenía que usar su faro, pero también significaba que había poca vegetación en el suelo. Sin luz que penetra el dosel, era difícil crecer mucho. Arboles jóvenes tenían que esperar a que un árbol cayera, para proporcionarle un espacio en el dosel, permitiendo que la luz del sol entrara.
    Ella envió una onda de energía delante de ella, tratando de decirles a los insectos en el suelo del bosque que estaba llegando. Tenía la esperanza que despejaran el camino. Pequeñas coloridas ranas saltaban de la rama al tronco, sus pies pegajosos se aferraban a las superficies, mientras la seguían en su precario viaje.
    Ella trató de no correr, sabiendo que no tendría la resistencia. Tenía que establecer un ritmo agotador, pero que pudiera mantener por mucho tiempo. Horas. Faltaba mucho tiempo antes de que saliera el sol. Envió una petición de ayuda, una súplica lo suficientemente fuerte como para despertar a los animales que descansaban en el dosel sobre su cabeza.
    Inmediatamente llegaron las respuestas. Los monos se pusieron alertas. Bandadas de pájaros se llamaban los unos a los otros, todos en busca de un enemigo común.
    Los siglos de hojas y ramas encubrían las raíces torcidas que la lanzarían fácilmente al suelo, y su faro alumbraba a los animales que se arrastraban de los agujeros para sentarse en las raíces, de modo que mientras ella corría, pudiera elegir una trayectoria con menos obstáculos. Ella completó una curva, alrededor del tronco de un árbol grueso y un capibara la miró fijamente, y se agacho directamente en su camino. Ella se desvió a su derecha, la única dirección posible y se dio cuenta de porque el animal la había dirigido lejos del laberinto de enredaderas trepadoras que la habrían enviado seguramente al piso.
    Corrió con más confianza entonces, dependiendo de los animales, sintiéndose confortada por su presencia, sabiendo que levantarían la alarma en el momento que Zacarías estuviera cerca. Sabrían cuando se acercara. Tenían que ser tan sensible a su presencia como los caballos y el ganado en el rancho. Ella debería haberlo sabido, cuándo todos los animales en el rancho habían actuado tan inquietos, el mal caminó que había tomado Zacarías De La Cruz.
    Margarita frunció el ceño mientras corría. Sus pulmones comenzaron a arder y le dolían las piernas. Ella se desvió para evitar una serie de montículos de termitas, con su lámpara apenas logró verla antes de que estuviera sobre ellas. ¿Por qué se había sentido tan obligada a salvarlo? Ella no lo pudo evitar. Aun cuando se lo había exigido, no había sido capaz de dejarlo al sol. No era delicada. Había crecido en un rancho y ella hizo su parte de trabajo, no importaba cuán difícil fuera.
    Hizo caso omiso de la puntada en el costado y saltó sobre un riachuelo que corría cuesta abajo para alimentar al sistema del río. El suelo estaba lleno de barro y resbaló, se deslizó por las laderas, a veces arañando su camino en el barro. Al mismo tiempo que su mente continuaba descifrando su extraño comportamiento. Ella había sido programada desde el nacimiento a obedecer a un De La Cruz. Era la vida o la muerte en su mundo y un paso en falso podría ser una catástrofe para los que viven en los diferentes ranchos. Todos sabían del peligro de los vampiros. Los monstruos eran muy reales en su mundo.
    Un pequeño sollozo escapó. Cárpatos se alimentaba de la sangre de los seres humanos, sin embargo, no mataban. Los Vampiros asesinaban. Ella no entendía completamente la delgada línea entre ellos, pero sabía que era delgada y de alguna manera ella había empujado a Zacarías sobre el borde. ¿Y su sangre que le había hecho?
    Ella se había despertado del ataque de vampiros, con la garganta desgarrada, incapaz de hablar, su mundo al revés, pero todos sus otros sentidos se habían incrementado con la sangre que Zacarías le había dado para salvar su vida. La vista era mucho mejor. Ella en realidad podía detectar insectos en la hierba y ver aves en la parte más gruesa ramas de los árboles. Vio pequeñas ranas y lagartos ocultos en las hojas y enredaderas trepadoras. Su audiencia era aún más aguda.
    A veces pensaba que podía oír a los hombres hablar en los campos mientras trabajaban. Ciertamente, podía oír los caballos en el establo.
    Con que la primera sangre que le había dado para salvar su vida, sabía que él había cambiado algo en ella. Su cabello, siempre grueso, había crecido más rápido y más brillante. Su piel tenía un brillo, casi un resplandor. Sus pestañas eran más gruesas y más largas, todo en ella era solo más. Se dio cuenta de que Julio se quedaba más cerca de ella y de la hacienda cuando los otros estaban cerca, y ella estaba al tanto de ellos como hombres, en lugar de simplemente como gente que había crecido con ella. Sentía el peso de sus ojos y, a veces era incómodo, temerosa de que estaba leyendo sus pensamientos lascivos. Nada de eso le había ocurrido antes. Y los cambios no fueron todos físicos.
    Ella no debería ser capaz de correr tan rápido tal distancia incluso con animales guiándola en el camino. Ella usaba su faro cada vez menos y se dirigía más por puro instinto. Ella podía oír los latidos de su corazón golpeando y se había colocado a un ritmo lento, estable. Sus pulmones habían estado quemándose por aire, pero mientras más lejos corría, más comenzaron a trabajar de manera eficiente.
    Su piel sentía comezón cuando había obstáculos cerca de ella, como un radar que la advierte en qué dirección tomar, donde colocar sus pies, como moverse y como deslizarse entre los árboles sin dar un paso en falso. Ella no podría ser capaz de hablar, pero sin duda había adquirido otros sentidos mucho más agudos y habilidades.
    Ella había estado oyendo la corriente por algún tiempo. La lluvia había alimentado el agua en la tierra de modo que corriera cuesta abajo, tomando la línea de menos resistencia hasta que encontrara su camino hacia el arroyo, profundizando en el agua oscura, aumentando su caudal hasta que casi se desbordaran los bancos. La cascada en la distancia sonaba como un trueno continuo y el alivio la inundó. Eso significaba que el camino estaba abierto y era lo bastante profundo llevarla rio abajo rápidamente. Si las condiciones eran adecuadas, ella podría hacer todo el camino hasta al Amazonas. Eso aumentaría sus posibilidades de conseguir llegar a los pastos de los De La Cruz antes de Zacarías la descubriera. Margarita aumentó su velocidad, corriendo al tope hacia las cataratas.

CAPITULO CUATRO

    El águila arpía se abalanzaba a través del dosel, haciendo caso omiso de la pereza, su comida favorita, haciendo un círculo hacia la hacienda, impulsado por una compulsión interna que no podía ignorar. En el interior del cuerpo del ave gigante, Zacarías suspiró. Él no estaba más cerca de la verdad de lo que había estado cuando salió. Los hilos que lo ataban a la mujer se había vuelto más fuerte, no más débiles y no podía sacarla de su mente.
    Si no hubiera sabido mejor, pensaría que era posible que ella fuera su compañera de vida. Había considerado la idea, por supuesto, pero luego la había descartado casi inmediatamente. Si ella hubiera sido la única mujer para completar su alma, vería en colores y sentiría emociones. Si era emoción lo que estaba experimentando, él no sabía lo suficiente acerca de los sentimientos incluso para identificarlos. Lo que estaba pasando era un rompecabezas que tenía que ser resuelto antes de regresar a su plan original de buscar el amanecer. Margarita Fernández tenía un gran poder. Ella era una amenaza potencial para los Cárpatos y por lo tanto tenía que ser eliminada. Así de simple.
    Un dolor punzante en los alrededores de su corazón lo detuvo en seco. En realidad se miró el pecho del ave para ver si había sido perforado por una flecha. Se le revolvió el estómago ante la idea de matarla. O Jela peje emnimet- infierno de mujer, le había lanzado un hechizo. No había ninguna otra explicación de su respuesta física a la idea de su muerte. Ella los había atado. O su sangre lo había hecho. La sangre era la esencia misma de la vida y la de ella era… extraordinaria.
    Quería – no, necesitaba- tocar su mente con la suya. Todo en él lo impulsaba llegar hasta ella, para saber dónde estaba, que estaba haciendo. Se negó a actuar sobre la necesidad. Él no confía en él, más de lo que confiaba en la forma en que la veía, le tocaba para saber que existía.
    Cualquier hechizo que hubiera sido lanzado era poderoso y tenía que ser una trampa.
    Él tenía control y disciplina y varias vidas para desarrollar ambos y ninguna mujer, menos una mujer humana, podía destruir esos rasgos en él.
    Tomaba su tiempo, probarse a sí mismo que él era demasiado fuerte para ser derribado por un hechizo. Antes de que él la matara y aprendiera sus secretos. Todos y cada uno de ellos. Ella sabía lo que significaba traicionar a un De La Cruz o intentar atrapar a uno de ellos.
    Había luchado contra los vampiros y los había destruido, a las criaturas más asquerosas y viles imaginables, un pequeño desliz de una mujer no tenía ninguna posibilidad contra él. Él ignoraba la forma en que su mente continuamente alcanzado la suya. La forma en que su sangre se calienta solo con pensar en ella. No fue el hechizo tanto como el hecho de que realmente le intrigaba, algo que no había ocurrido en mil años o más. Eso era todo. Interés. Intriga. ¿Quién podría culparlo cuando nada había sido una sorpresa, hasta que llegó ella. La mujer. Margarita.
    Él se estremeció. En el momento en que pensó en su nombre-le dio la vida – podía probarla en su lengua una y otra vez. El corazón le dio un tartamudeo extraño, y por un momento, en el interior del ave, pensó que su cuerpo se agitaba con la vida. Él se quedó muy quieto, un depredador oscuro objeto de caza. Su aliento se sentía atrapado en sus pulmones. Eso era imposible. Un truco. Una ilusión. Ella era de lejos más poderosa de lo que había imaginado.
    Ese truco particular le compraría tiempo. Él no había sido un hombre desde más tiempo del que podía recordar. Él era una máquina de matar, nada más. Nada menos. Él no tenía deseos de la carne. Él no podría sentir. Las cosas extrañas que ocurrían en su cuerpo y mente no eran reales, no importa cuán buena ilusión fuera, pero él cerró los ojos y saboreo el calor de la necesidad que lamía acometiendo a través de sus venas. Con la misma rapidez él abrió los párpados, mirando sospechoso alrededor. Esta ilusión era la manera de llevarlo al borde, permitiéndole sentir apenas por un momento, y después quitárselo, de modo ¿Qué él siempre anhelaría la fiebre?
    El águila arpía se deslizó lejos de la copa de los árboles y voló alto sobre la hacienda. Se negó a ceder a la tentación siempre presente de contactar a Margarita con la mente. Ahora, más que nunca, tenía que mostrar fuerza y ​ tenía que averiguar todo lo que pudiera sobre Margarita Fernández.
    Vio la casa que estaba buscando metida en la ladera de la montaña. Hay varias casas dispersas en la propiedad, pero Cesaro Santos era el capataz y su condición se mostraba en su casa. El águila flotó en el suelo, cambiando en el último momento a su forma humana. Zacarías se acercó directamente a la terraza, su cuerpo resplandeciente en una estela de vapor que se derramaba por debajo de la rendija de la puerta.
    La casa estaba impecable, como la mayoría de las viviendas de los seres humanos que convivían con su familia. Sabía que Cesaro era leal hasta en los defectos. Había ofrecido su sangre, su vida, para salvar a Zacarías. El hombre estaba por encima de todo reproche y no había ninguna mancha de mal en cualquier lugar del rancho que Zacarías pudiera detectar. Cesaro nunca robaría a la familia De La Cruz, o traicionaría de ninguna manera, y si encontraba a uno de los que trabajan que lo hicieran, Zacarías no tenía ninguna duda de que el hombre-o la mujer-serían enterrado profundamente en la selva a manos de Cesaro.
    Ven a mí. La sangre llama a la sangre y todos los empleados de confianza le habían dado los Cárpatos sangre suficiente como para que cada uno de la Cruz pudiera leer sus pensamientos, proteger sus mentes y extraer la información cuando fuera necesario.
    Zacarías supo el instante en Cesaro se despertó, echando mano a su pistola. Había satisfacción en saber que él había elegido bien a la familia. La lealtad era la más fuerte característica dentro de la familia Chevez y Santos, ambos estaban conectados a través de la sangre. Él tomó su forma sólida, cuando el capataz de la hacienda salió completamente vestido y fuertemente armados en cuestión de minutos.
    Cesaro se inclinó ligeramente y se paró casi tieso. Zacarías sabía que nunca ningún ser humano o animal se relajaban en su compañía. Él no podría ocultar el asesino dentro de él; ésa era la parte más grande en él, así que ni se molestaba. Él gesticuló al sofá colocado en una localización estratégica en donde podría el inquilino fácilmente ver cualquier cosa que se acercara a su hogar. ¿Cómo puede servirlo, señor? “Deseo saber todo lo que usted pueda decirme de la mujer.” Zacarías mantuvo su mirada en la cara del otro hombre, mirando su expresión cuidadosamente, sosteniendo una parte de él en la mente de Cesaro para asegurarse de que conseguía la verdad. Él leyó la perplejidad y la confusión. Su pregunta era la última cosa que el capataz esperaba.
    ¿Quiere decir de Margarita Fernández? Asintió en silencio Zacarías, Cesaro frunció el ceño. "La conozco desde el día en que nació. Su padre era mi primo. Su madre murió cuando ella era muy joven y se crió aquí en el rancho junto con mi hijo, Julio. "
    Un escalofrío de algo muy letal se deslizó en sus venas, una sombra oscura en protesta por la cercanía del hombre que creció con Margarita. ¿Qué tan cercano eran ellos?
    Algo muy feo se levantó para instalarse en la boca del estómago por el pensamiento de Julio a solas con la mujer. Sus dientes se alargaron y cerró los dedos en dos puños apretados. Sus uñas como garras perforaron la palma de su mano.
    Cesaro agarro más firme del rifle en su regazo, con el rostro visiblemente pálido. ¿He dicho algo que te haya molestado?
    La sangre goteó a través de su palma y Zacarías, sin apartar la mirada de Cesaro, lamio la línea de gotas. “Continúe.” Cesaro tembló. “Ella es una buena muchacha. Leal.” Zacarías agitó eso lejos. Él no quería oír lo qué Cesaro pensaba de ella. “Dígame sobre ella.” Sobre cualquier hombre en su vida. Cualquier cosa que él necesite saber. Las cosas importantes. “Cuida de la hacienda y representa a la familia con todos los trabajadores. Ella hace las ordenes y es inestimable con el ganado y los caballos.” Cesaro no entendía claramente lo que buscaba Zacarías. ¿Le ha pasado algo? Él medio se levantó.
    Zacarías abrió la palma hacia el hombre en un movimiento brusco, no queriendo empujarlo tan duro, pero el aire se estrelló contra Cesaro cayendo este contra los cojines. Ella está bien. Dime lo que quiero saber. ¿Está con un hombre? ¿Sale a menudo del rancho?
    El ceño de Cesaro se profundizó. "Ella tiene muchos pretendiente esperanzados, algunos fuera de la hacienda y algunos aquí. No sale con ninguno, especialmente desde el ataque contra ella. Se queda cerca de casa, aunque ella representa a la familia en eventos de caridad, así como bailes locales y eventos. "
    Zacarías mantuvo en blanco expresión. No le gustaba como sonaba "muchas personas esperanzadas", o cualquiera realmente. ¿Estaba ampliando su hechizo? Él pondría fin a eso de inmediato. ¿Usted le permite salir sola? ¿Una muchacha joven?
    "No, desde luego no. Margarita está muy bien cuidada. Alguien del rancho siempre va con ella. "
    Zacarías siguió mirando fijamente en el hombre, su mirada fija transmitía pregunta y la desaprobación.
    "Mi hijo a menudo la escolta, " admitió Cesaro. " Esto ha sido mi esperanza ya que dos son un buen partido. Ellos sirven a su familia y conocen lo que tienen que hacer para mantener a salvo nuestra alianza. Sería una buena pareja, pero ninguno parece estar interesado. "
    El piso tembló. Las paredes exhalaron adentro y afuera. Durante un momento la presión en la habitación era dolorosa como si todo el aire hubiera sido aspirado fuera de ella.
    Cesaro luchó por respirar, su garganta se cerró y sus pulmones le ardían. Con la misma rapidez, la sensación se desvaneció como si nunca hubiera existido. Él tosió un par de veces, llevándose la mano a la garganta, con los ojos muy abiertos por el miedo.
    "Hábleme de su don con los animales."
    Cesaro se encogió de hombros. "Nadie sabe cómo lo hace. No creo que ella lo sepa, pero todos los animales, incluidos los que en el cielo, responde a ella. Cuando apenas era una niña, le decía a su padre que la pierna de un caballo le dolía y dónde. Efectivamente, pocas horas después, el caballo cojeaba. Ella siempre sabe cuando una yegua va a dar a luz o cuando va a haber un problema con un parto. Los caballos le tienen confianza y cuando está presente, permanecen en calma sin importar lo que tenga que hacer. "
    Zacarías absorbió la información. Había hecho cosas de este tipo desde que era niña. Era posible que ella naciera psíquica, pero es mucho más probable fuera una maga entrenada con el fin de lanzar un hechizo lo suficientemente potente como para tenderle una trampa. "Continua."
    Una vez. Cuando tenía quince años, un jaguar asustó a la manada y el ganado se estrelló con una valla y corrió directamente hacia los niños que jugaban fútbol. Margarita se colocó al frente de ellos y de algún modo el ganado viró lejos de ellos. Redujeron la velocidad y se pararon sin dirección. Sus ojos encontraron con Zacarías otra vez. Ella caminó directamente hacia el jaguar y evitó que le pegara un tiro. Después de un par de minutos de los dos mirarse fijamente, el gato huyó a la selva tropical y nosotros nunca lo volvimos a ver por aquí otra vez. Ni siquiera señas.
    ¿Qué sabe usted de su madre? Si su padre había sido un primo de Cesaro, quizás la madre hubiera sido una maga. Tenía que haber una explicación.
    "Su madre era una Chevez de la hacienda en Brasil. Usted conoce a su familia".
    Él conocía a la familia Chevez, mejor de lo que él conocía a alguno de los otros. Definitivamente no eran mago de nacimiento, ni tampoco ninguno de ellos fabricaban hechizos. A las mujeres Chevez les habían colocado las protecciones en su mente desde el nacimiento. Que sería imposible para un vampiro de poseer o manipular, sin tener que matarlos.
    Zacarías cerró el puño, una vez más que su mente alcanzó a Margarita. Ejerció una gran disciplina en sí mismo para dejar de tocarla. Su sangre llamaba a la suya. ¿O era al revés? La llamada fue tan fuerte. Una compulsión. Juró por lo bajo en su lengua materna.
    La mujer era una amenaza.
    “Si ella le incomoda, podemos mandarla lejos de la hacienda durante su estancia,” Cesaro ofreció, obviamente esperando que Zacarías estaría de acuerdo con la proposición. “Ella tiene muchas tías que amarían tener su visita.” Otro temblor rodo a través de la tierra. Zacarías no movió ni un músculo. Su lengua resbaló sobre los puntos afilados de sus dientes. Su cuerpo le dolió. Ella tenía muchos pecados que pagar, con todo no se atrevió a ir con ella-no cuando él necesitaba verla – tocarla. Rechazó permitir que su mente vagara, comprobara, la tocara. Él era demasiado fuerte y ella no podría derrotarlo. Cesaro retrocedió. “Señor,” él comenzó inquieto. “Déjeme la mujer a mí.”
    "Yo no le entiendo. Margarita es una buena chica. Ella es querida por todos aquí. El vampiro destruyó sus cuerdas vocales, por lo que no puede hablar. Si tanto lo angustia… "
    "No me angustia."
    El concepto mismo de ser afligidos era ajeno a él. Pero él estaba preocupado por su necesidad de tocarla. De estar cerca de ella. Tocar toda su piel caliente, suave y aliviar la ansiedad terrible que se había establecido por el exquisito sabor de su sangre.
    Cesaro se puso de pie rápidamente cuando el cuerpo de Zacarías comenzó a brillar y a volverse transparente. "Espere. Por favor, señor, tengo que saber que no va a hacerle daño. "
    Zacarías volvió sus glaciares ojos fríos en el hombre. "No se atreva a suponer que me puede preguntar. Esta es mi tierra. Ella me pertenece a mí para hacer lo que yo quiera. No permitiré su intervención en este asunto. Lo que ha hecho es solo entre nosotros. ¿He sido claro?
    Cesaro se apoderó del cañón de su fusil hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Él tragó saliva dos veces antes de que muy a su pesar asintió con la cabeza.
    Zacarías no tenía más tiempo que perder con el hombre. ¿Qué estaba mal con todo el mundo que sentían que estaba bien preguntarle o juzgarlo? Es evidente que un De La Cruz no había residido en la hacienda desde hacía mucho tiempo. Su pueblo se había olvidado de sus votos de obediencia y servidumbre. Esta era la razón por la que sabía que estaba obsoleto en el mundo. Sus modales se habían ido hacia mucho tiempo. Matar o morir no se entendía. El mundo trabajaba bajo una falsa ilusión de que la humanidad estaba a salvo, de que los monstruos como vampiros no existían y que el mal no era real. Él lo sabía mejor, pero su largo día había llegado a su fin.
    Se disolvió y se deslizó fuera de la casa, mezclándose en forma de lágrima, con las gotas de lluvia, se dirigió lentamente hacia la hacienda. Incluso en esta forma, donde era casi imperceptible, los animales en los establos se agitaron con nerviosismo. A pesar de su necesidad de encontrar Margarita, hizo un lento y amplio círculo alrededor de la propiedad, en busca de signos de los no muertos que le hubiera seguido hasta su guarida. Tenía que probar, no sólo a ella, sino así mismo, que él tenía el control, no ella.
    No tenía ninguna duda de que uno de los hermanos Malinov trataría de tomar represalias después de perder muchos de sus prescindibles soldados en su ataque a su hacienda en Brasil. Si despreciara a alguien más que al príncipe de la gente de los Cárpatos, ese sería a Zacarías. Los Malinov siempre creyeron que los hermanos De La Cruz los habían traicionado. En vez de contactar al príncipe y ayudar a asesinarlo, la familia De La Cruz le había jurado lealtad a él.
    Zacarías sabía que matar a Mikhail Dubrinsky era enviar a su gente en picada a la extinción. Estaban tan cerca de ello, como una especie podría estar, rozando esa fina línea, tan cerca de caer a donde la recuperación sería imposible. Con Mikhail vivo, la sangre de Solange y la noticia de saber por qué sus mujeres abortaban, Zacarías estaba seguro de que tenía todas las posibilidades ahora. Era el momento perfecto para dejar de lado sus responsabilidades. Y así hubiera sido, hasta Margarita Fernández interfirió.
    Satisfecho de que el Ruso Malinov, maestro de los no-muertos, no había tenido tiempo para averiguar la razón por la que sus soldados no habían regresado, Zacarías se fue a la casa principal. Su corazón se aceleró de manera extraña, que sólo lo puso en al borde. Rodeó la estructura, no permitiendo que su mente tocara la de ella. Muy poco a poco se acercó a la puerta principal, resplandeciente de nuevo en forma humana y caminó al interior.
    Él no iba a ceder a la oleada de calor, a la necesidad de montarla más de lo que había imaginado posible. No le hacía falta. No la anhelaba.
    Él había estado en la cima de la montaña más alta, viajó a los rincones más remotos de la tierra, en busca de algo-. Había caminado sobre la tierra por más siglos, mucho más que la mayoría de su especie, mató a más no-muertos de lo que se pueda imaginar. Había visto la traición en su peor momento y la valentía en su apogeo. No le quedaban sorpresas. Nada podía cambiar el ritmo de su corazón como esto. Nada que pudiera conducirlo con imperiosa necesidad tal, porque simplemente no necesitaba nada.
    O Jela peje emnimet- infierno de mujer. Había una respuesta y él la encontraría. Nadie lo controlaba. Él no tocaría su mente o la buscaría. Pero se encontró caminando por la casa oscura directamente a su dormitorio. La puerta estaba astillada, colgando de las bisagras, la puerta estaba rota por completo a la mitad. Frunció el ceño, estudiando el daño que había hecho. Madera colgada en una serie de piezas, los fragmentos afilados hasta el punto de ser peligrosos.
    Hizo un gesto con la mano, reparando el lio, no para protegerla, o por cualquier otro motivo, como que los otros vieran su habitación para dormir, sino porque la vista no era estética. Se dio cuenta en el momento en que entró en la habitación que su olor se quedó atrás, pero ella estaba en otra parte de la casa, esperemos que recordara sus deberes como sirviente en su casa.
    Miró a su alrededor su habitación. Parecía muy femenina. Olía a las mujer, pero la oleada de miedo todavía estaba presente. Aunque limpia y ordenada, la papelera estaba llena de papel arrugado. Tuvo el recuerdo repentino de ella acurrucada en un rincón de su habitación, con su mano extendida, con un pedazo de papel revoloteando en su mano. Miró a su alrededor. Estaba casi seguro de que lo había golpeado a un lado cuando él le había arrancado de sus pies.
    Una hoja de papel que resbaló justo debajo de su cama. Él lo cogió y exploró la misiva. Ella había estado intentando decirle qué sucedió, porqué ella no había podido dejarlo para morir al sol. Su tripa saltó. Él no podría oír el tono de su voz y juzgar si decía la verdad o no, pero su carta abogó ciertamente bien su caso bien. Como Zacarías, ella había sentido una compulsión a la que no podía oponerse. ¿Qué significaba eso? ¿Alguien-o algo-los manipulaba a ambos? Quizás él necesitaba evaluar de nuevo la motivación de Margarita. Si estaba siendo manipulada, al igual que alguien intentaba hacerlo con él, ella era lejos más débil y sucumbiría mucho más deprisa que el experimentado Guerrero Cárpato.
    Vertió el contenido de la papelera en la cama y uno a uno suavizó cada hoja, explorando sus contenidos. Las anteriores trata de explicar temblaba y carecía de confianza, pero ella seguía intentando, lo que le dijo que era terca, decidida y valiente. Ella no había ido corriendo con Cesaro, que claramente habría sido lo suficientemente estúpido como para tratar de protegerla. Ella se había enfrentado a su crimen y lo esperó, con la esperanza de explicarle.
    Suspiró. No era del todo culpa suya que hubiera desobedecido. Las compulsiones son peligrosas y casi imposible de ignorar-como bien lo sabía. Había llegado a la hacienda sin razón-la necesidad lo conducía, y él tenía experiencia con la traición de un mago. Ella no tenía tales habilidades a que recurrir para salvarse a sí misma.
    Se metió el papelito en el bolsillo y mandó a los demás de regreso a la papelera antes de recoger a su almohada y aspirar su aroma. Él respiró profundamente en sus pulmones, cediendo a la ansiedad. Su fragancia femenina lo envolvía. En verdad, lo sacudió. Alisó el cubrecama, su mano trazó la imagen de ella en la cama. La fuente del poder tenía que estar cerca. Casi podía sentir el calor de su piel y una vez más podría probar su sangre exquisita en su lengua, mejor que los mejores vinos.
    Tendría que haber visitado todas las viviendas individuales en la extensa propiedad y probar a cada individuo. Todos ellos sabían que él estaba en la residencia, sólo por las pesadas cortinas cerradas. Nadie se acercaría a la casa sin invitación-o no deberían hacerlo. Entonces, ¿cómo es que el hechizo era tan poderoso y cómo permanecía aún cuando está consciente de él?
    Inhaló la fragancia de la mujer de nuevo, dibujándola profundo en sus pulmones. Su cuerpo respondió con un cosquilleo extraño, una corriente eléctrica que corría por sus venas y despertó respuestas en su cuerpo que era mejor dejarlas solas. Suspiró y se fue a buscar a Margarita. Había luchado con la compulsión y se demostró a sí mismo que estaba en absoluto y total control.

***

    Margarita empujó con la mano la canoa para meterla en el río y subió con cuidado al interior. Antes siempre, Julio había tripulado los remos, pero había aprendido bajo su atenta mirada y sabía remar con la pala. Ella pensó que iba a estar aterrorizada en la oscuridad, pero extrañamente, ella podía ver en el agua, así como lo hizo en la selva tropical. Ella sabía que la corriente era lo suficientemente profunda para llevarla todo el camino hasta el Amazonas. La cinta de agua se hizo más ancha, la corriente más fuerte a medida que se acercaba al río principal, y ella sentía la diferencia. Era emocionante cuando Julio estaba con ella, la canoa se deslizaba sobre las ondas de agua blanca al aproximarse al rugiente Amazonas, pero sola, con un vampiro, posiblemente siguiéndola, sólo sintió la urgencia terrible de ir más rápido.
    Los caimanes se agacharon como viejos dinosaurios en los bancos, los ojos vidriosos y con pesados parpados, cuando ella pasó de largo. Tragó saliva y metió los remos en el agua. La canoa se deslizó silenciosamente a lo largo del río. Bajo las ondulantes nubes negras, el agua brillaba como una tira de ébano cortando a través de raíces colgantes de los árboles que formaban jaulas gigantes. Ella bajó la pala y empujó con más fuerza, al mismo tiempo alcanzando a las aves con la esperanza de que sonarían la alarma en caso de que sintieran a un depredador antes que ella.
    Mientras viajaba río abajo una extraña inquietud se apoderó de ella. No el miedo o el terror, dos cosas que ella asociaba con Zacarías de la Cruz, sino una renuencia a seguir. Ella estaba poniendo distancia entre ellos y con cada metro que pasaba el temor la llenaba. Le dolía el corazón, un dolor real.
    Intelectualmente sabía que no solo era correcto hacerlo, sino la única forma que hacerlo, sin embargo, su mente se negaba a creerlo. Dos veces se encontró remando hacia la orilla, como si su intención fuera dar la vuelta.
    Ella era afortunada que la lluvia hubiera aumentado la corriente de modo, que fluyera fuerte, transportándola incluso cuando sus brazos rechazaron seguir trabajando para empujarla más rápido lejos de Zacarías. El temor creció en ella y el dolor se extendió desde su corazón al cuerpo entero. Sus piernas temblaron. Sus brazos parecían plomo y su boca se secó.
    Él estaba muerto. Zacarías de La Cruz estaba muerto, y de algún modo, por abandonando ella era responsable. El pensamiento se arrastró espontáneo en su mente, y una vez allí, no pudo desalojarlo. La pena encontró su camino en ella, manifestándose físicamente. Su pecho se puso tan apretado que apenas podía respirar.
    Las lágrimas nadaban en sus ojos obstruyendo su visión. Hubo un grito terrible en sus oídos, su propia protesta silenciosa contra su muerte.
    ¿Todavía – era un vampiro – o no lo era? Ella hacía una carrera desesperada para alcanzar la propiedad de los De La Cruz, y alertar a los cazadores, en efecto, para matarlo. ¿Si él estuviera muerto, no debería alegrarse? ¿No llorar? Confundida, ella arrastró la pala en el barco y se concentró en respirar. Zacarías le había dado su sangre varias veces. Cesaro le había dicho que Zacarías había actuado rápido y había salvado su vida cuando el vampiro le había arrancado la garganta. ¿Había algo allí en su sangre que los ató juntos en la muerte? Incluso la había forzado a tomar su sangre la última vez.
    Margarita apretó los labios con fuerza. Era fuerte, y ella no iba a ceder a elucubraciones. Tenía una misión. Cualquiera que fueran sus extraños sentimientos, tenían que ser falsos. Lo único que tenía que importarle, era salvar a la gente que amaba en la hacienda. La lluvia empezó a caer de nuevo, la llovizna se convirtió en una lluvia incesante. Tenía que llegar al río a través de la propiedad de los De La Cruz y llamar a los cazadores. La corriente se estaba moviendo muy rápido, aumentando su rapidez a través de la selva para volcarla en el crecido Amazonas.
    Su corazón empezó a latir. Ella tenía que prestar atención si quería sobrevivir. El sonido del río era atronador, ahogando casi todo lo demás. La canoa barrió alrededor de una curva y el agua se volvió incluso más dura y rápida. Ella no podía pensar en Zacarías o en vampiros, todo lo que importaba era empujar su remo en el agua para evitar ser lanzada contra las series de rocas que se asomaban adelante.
    Ella había visto a Julio maniobrar a través de ese conjunto de caídas y rocas traicioneras, que conduce al río cientos de veces, y ella se echaba a reír con la emoción y el peligro del momento. Pero ella confiaba en sus habilidades, y tenía absoluta confianza en que él conocía todas las posiciones de las rocas adelante. Ella no estaba tan segura de sí misma. Julio le había permitido probar varias veces, pero el agua no había estado fluyendo tan rápido y no había estado tan oscuro.
    Tomó un firme control sobre el remo y llamó a sus nuevos reflejos. Sus ojos ardían con la tensión al acercarse a la serie de filosas rocas a través del aumentado torrente. Forzando la respiración en un esfuerzo por relajarse en el paseo salvaje, sintió la primera caída de la canoa, cuando entró entre las rocas. Llamó a todas las maniobras intrincadas que Julio le había mostrado. Ella realizó el patrón con cuidado, como si estuviera en el barco con ella, dijo en voz baja los movimientos cuando volvió a caer, cambió su peso hacia atrás y dio vuelta en la primera roca para salir en correcta alineación para próxima caída.
    El agua hervía a su alrededor, un blanco espumoso en la oscuridad sombría. La lluvia golpeaba la corriente y sin su visión aumentada, no habría sido capaz de sortear el estrecho conducto reculando casi completamente hacia atrás para evitar una piedra particularmente brutal. La emoción de montar la blanca agua se metió en sus venas congeladas, aliviando el terror de los vampiros. Siempre le habían gustado los viajes a la selva tropical con Julio. Habían ido a muchas aventuras y deseó que estuviera con ella en ese momento.
    El siguiente conjunto de obstáculos eran los más difíciles, la canoa tenía que entrar en el ángulo perfecto para dispararse alrededor de la oleada que podría voltear al barco. Podía oír la voz de Julio en la oreja, gritando instrucciones sobre cómo mantener el remo en el agua para girar la canoa en fracciones de segundo y luego con un fuerte empujón enviar al barco de vuelta hacia adelante. Ella golpeó el estrecho abismo entre los dos bloques exactamente de la forma en que Julio lo habría hecho, bordeando las traiciones y agitadas aguas por centímetros.
    La canoa entró en aguas abiertas y ella estaba en el Amazonas. La corriente cogió la canoa y ella tuvo que utilizar toda su fuerza para orientar la canoa hacia la orilla. El río estaba crecido y era rápido. Se llevo todo lo que tenía remar hasta la orilla. Al final, ella iba ligeramente rio abajo hasta donde quería estar cuando se las arregló para atrapar una rama colgando y arrastrar la canoa a la orilla.
    La pendiente era muy fangosa y resbaladiza. Estaba agotada, fría, húmeda y miserable. Ella intentó subir a su manera por la pendiente, pero se deslizaba hacia atrás. El viento se levantó, una fuerza feroz, chocando contra ella una vez y otra vez con tanta fuerza que rompió la gruesa trenza de pelo, tirando de las hebras tan fuerte, que incluso le dolía la cabeza. Ella renunció a intentar subir y se arrastró por el lado contrario, arañando su camino a la cima, retrocediendo una y otra vez, hasta que su espalda y los brazos le dolían y tuvo miedo de que nunca fuera capaz de levantarse de nuevo. La lluvia, impulsada por el viento, picó su cuerpo cuando llegó a la cima y permaneció por un momento, tratando de recuperar el aliento.
    Margarita no se molestó en ponerse de pie pero se arrastró por el suelo desigual a la sombra de una ceiba grande, tratando de salir de la lluvia.
    Se hundió frente a las gruesas raicillas que compone la caja formada por la raíz y trató de recuperar el aliento. Los recuerdos de los vampiros se apoderaron de ella otra vez.
    Algo sobre la diferencia entre su atacante y Zacarías la eludía, pero ella sabía que era importante.
    Había estado representando a la familia de De La Cruz por años. La mayor parte de las familias que trabajaban en el rancho nunca habían puestos los ojos en uno de los hermanos. Ella había sido la encargada de traer los alimentos y las medicinas cuando era necesario, para hacer los arreglos pagar las deuda o para permitir que las familias pidieran prestado en tiempos de apuro, ganando la familia la lealtad y la voluntad. Ella había hecho a la familia De La Cruz una de las más querida en la región. Su generosidad- era aceptable- era su dinero, pero ella era la que hacía el esfuerzo.
    Se puso de pie con cautela, obligando a sus débiles piernas a funcionar. Sin previo aviso, la tierra rodó, lanzando a Margarita de rodillas. Al instante hormigas pululaban sobre sus botas y manos. Reprimió un grito, a sabiendas de Zacarías no estaba muerto, después de todo. ¿Por qué había sido tan ridícula? Había regresado a la hacienda y descubrió lo que había pasado. Se levantó de un salto y comenzó a correr sin rumbo fijo, un error estúpido y descuidado.
    Polillas gigantes revoloteaban a su alrededor, atraídas por su luz mientras corría. Murciélagos la rodeaban y se sumergían a capturar los insectos que su lámpara revelaba. Grandes ojos la miraron por un momento a pocos metros de ella, y entonces el animal saltó sobre el tronco de un árbol y corrió hacia las ramas más altas. Una serpiente enroscada por encima de ella, levantó la cabeza.
    La tierra hecha a rodar otra vez y los truenos se estrellaban. Durante un momento apenas podía respirar, otra vez era la presa congelada porque un monstruo la tenía arrinconada. El viento se precipitó sobre los árboles, doblando a los más pequeños hasta que formaban arcos. Margarita tomó refugio en la jaula que formaban las grandes raíces de la Ceiba mientras trataba de forzarse a pensar – sin pánico. Agarrando las raíces, ella fulminó con la mirada al bosque.
    Había tenido razón para creerle vampiro. Los insectos hervían en la tierra y se precipitaban por los troncos de los árboles a sus órdenes. Venenosas serpientes se deslizaban a través de la vegetación húmeda y las sanguijuelas se arrastraban sobre las hojas en un esfuerzo por llegar a ella. Todo lo que ella había conocido acerca de los vampiros volvió a ella, junto con la memoria del que la atacó.
    Ella se estremeció, la necesidad de acurrucarse en una pelota y se esconderse era abrumadora. Todavía podía oler su aliento fétido, ver a su carne en descomposición, y las garras feas y retorcidas que tenía como uñas. Sus ojos habían desaparecido por completo de color rojo, y la miraba fijamente, tratando de extraer la información del paradero de Zacarías de su mente. Se había concentrado en mantener su mente en blanco, los fuertes escudos, en negarse a renunciar al mayor de la familia De La Cruz.
    El vampiro había matado a su padre y sabía que la mataría a ella- ella lo sabía con certeza- pero también sabía que Zacarías o uno de sus hermanos cazaría al vampiros y lo destruiría. Nunca volvería a matar. Ella había resistido incluso cuando la criatura horrible le había mostrado sus afilados dientes y amenazado con arrancarle la carne y comerla frente de ella. Ella se estremeció recordando los ojos rojos y su aliento. Tan horrible olor a carne en descomposición.
    Margarita se enderezó. Tan asustada como si hubiera sido Zacarías, pero no había sido lo mismo. No había el olor terrible a descomposición. ¿Los vampiros no se podrían desde adentro? Él la había asustado más no aterrorizado. Se tocó la marca que le había hecho, la rozó con la yema de su dedo. El ataque no había sido el mismo. No se había sentido el mal. O el vampiro. Se había sentido como un depredador peligroso y temible, pero no perverso.
    La revelación la sorprendió. Zacarías era un animal salvaje, una criatura salvaje que cazaban y mataban por la supervivencia. No era un vampiro, aunque no importaba. Ella no iba a volver a la hacienda. No, mientras él estuviera cerca. Temía a pocas criaturas, pero Zacarías era una propuesta completamente diferente. La marca que había dejado en ella latía, quemaba un poco, recordándole que ningún animal en la selva era tan impredecible ni tan violento.
    La forma en que había llegado a ella, así tan decidido, su rostro una máscara inexpresiva, con la boca en una línea cruel, implacable, sus ojos planos, fríos y sin misericordia. Se le secó la boca y su corazón empezó a latir de nuevo. Ella no pudo haberse movido así lo hubiera querido, congelada en el lugar como una presa acorralada. Así fue exactamente como se sintió – su presa-. Ella sabía que él deliberadamente la había asustado. Había tratado de contactar con él en la forma en que estaba en su estado salvaje, y por un momento pensó que él había respondido, pero luego fue peor que nunca. Era peligroso, pero no un vampiro.
    Tenía que dejar el refugio y determinar su próximo movimiento, y eso significaba encontrar las marcas que Julio había tallado en los árboles para mostrar el camino. Ella tuvo que dar marcha atrás y rehacer su camino hasta el punto en que por lo general sacaban la canoa del agua.
    Esperó a que el viento feroz se extinguiera un poco y se puso en pie dando un paso con cautela lejos de la sombra de los árboles. Las ramas de arriba gimieron y crujieron y miró hacia arriba. Murciélagos colgados en cada rama, se precipitaban alrededor del árbol, compitiendo por el espacio. En un primer momento pensaba que había venido a comer el fruto, pero no se lo comían. Cada vez más asentado en las ramas, colgando boca abajo, las alas plegadas, pequeños ojos brillantes mirando.
    Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. ¿Ella había huido de Zacarías sólo para tropezar con la guarida de un vampiro? Sabía que utilizaban a los murciélagos e insectos como marionetas a veces. Se apartó del árbol y casi cayó sobre un tronco podrido. Las termitas salieron de la madera. Ella apretó los labios, negándose al pánico. Tenía que pensar, tomar una decisión y no lo podía hacer que si se dejaba caer a pedazos.
    Ella miró a los murciélagos. Muy suavemente llegó a ellos, le envío una ola cálida de bienvenida, cuidando de no empujar demasiado duro. Su tacto era muy delicado, pero conecto. Ella debería haber sido capaz de sentir el mal si estaban al mando de los no-muertos, pero parecían murciélagos comunes, ansiosos para salir a sus asuntos. Tenían hambre, tenían que alimentarse, pero algo los había detenido – los usaba- les ordenaba.
    Él estaba usando insectos y murciélagos para vigilarla. Quería saber qué hacía y había enviado espías. Una idea echó raíces y evaluó la situación, tratando de pensar con lógica. Tal vez los murciélagos eran el tipo equivocado de espías para usar en su contra. Ella tenía su propio don con los animales e insectos y era muy posible que pudiera voltearlos a todos de su lado.
    Ella miró a los murciélagos de nuevo y envió otra oleada cálida y acogedora, instándolos a seguir adelante y comer. Iría más despacio para que pudieran hacer ambos, seguirla y, sin embargo comer en el camino. Algunos de los murciélagos daban la impresión de comer fruta, mientras que otros comían insectos. Incluso había especies mixtas. Sonrió a las pequeñas criaturas, sintiendo el parentesco que llegaba cada vez que tocaba a un animal con su mente. Ellos estaban conectados a través de Zacarías por
    el miedo y a través de sus órdenes, pero ella formó realmente un vínculo con ellos, una especie de empatía que era mutua. La mayoría de los animales e incluso algunos insectos consolidaban su relación, sintiendo el lazo profundo entre ellos. Quería formar afinidad con los murciélagos que Zacarías había elegido para espiarla.
    Margarita mantuvo el flujo de calor y la invitación a comer. Un murciélago tomó la iniciativa, tal vez estaba más hambriento que los otros, pero voló a la fruta más cercana y se puso a comer. Inmediatamente murciélagos llenaron el aire, colocando muchos frutos en la fiesta, mientras que otros se fueron detrás de los insectos. Ella no cometió el error de apresurarse en alejarse-lo que daría lugar a la necesidad de seguir las órdenes que Zacarías le había dado. Ella se alegró cuando encontró el punto donde Julio por lo general varaba su canoa.
    El agua estaba en todas partes, goteando de las hojas, corriendo por las laderas y montañas, creando cientos de pequeñas caídas de agua, en cascada.
    El agua era recogida en los charcos y se quedaba en el suelo del bosque, encontrando finalmente su forma de desaguar en el río Amazonas. El sonido de la corriente era cada vez más presente como el zumbido constante de los insectos. Ella se alejo de la corriente fuerte de agua en dirección al interior.
    Julio había marcado las ramas -cuando niños habían intentado esto – pero tarde o temprano las plantas se anclaban a todo-tallos, ramas, troncos, incluso a hojas que cruzaban a otras plantas y ellas mismas alrededor de los árboles. La vegetación era tan gruesa que la corteza era ocultada por completo así no había ninguna razón en recortar los árboles. Entonces no tomaba mucho tiempo para que cualquier marca fuera cubierta. La subida sobre los árboles era con lianas leñosas, usando los árboles como entradas a la luz, encima de la canopia. Los helechos sólo estaban añadidos a la mezcla, integrándose en la corteza también, subiendo hacia la luz del sol.
    Raíces gruesas serpenteaban por el suelo del bosque, los árboles grandes se anclaban a la tierra, mientras que la parte superior llegaba alta a las nubes. Las raíces gigantes de contrafuerte estabilizaban y alimentaban a los árboles enormes, algunos se torcían de formas elaboradas, mientras que otros forman grandes aletas de madera. Independientemente de cómo se veían, las raíces dominaban el suelo, reclamando grandes espacios y los murciélagos lo usan como vivienda, junto con los animales y cientos de especies de insectos.
    Julio y Margarita habían cortado huellas profundas en las raíces y los dos sabía dónde mirar, ni siquiera en el caso de viñas trepadoras y de los helechos habían logrado tejer entre las ramificaciones. Apartó los verdes helechos brillantes a un lado y por supuesto, la raíz se había astillado, dejando una resistente la cicatriz.
    Ella se movió lentamente, continuando enviándole comunicaciones a los murciélagos. Calor. Respeto. Parentesco. Ninguna orden. Ninguna demanda. Zacarías necesitaría buscar la oscuridad del suelo antes de que subiera el sol. Eran solamente algunas horas más. Ella podría engañarlo tanto tiempo. Los murciélagos eran muy receptivos y no levantarían la alarma, no cuando ella no estaba corriendo y no intentaba ocultarse de ellos.
    Ella dio un toque en los murciélagos para su propio sistema de advertencia, esperaba que reconocieran su alarma cuando un depredador estuviera cerca. Un caído e inesperado tronco gigantesco se interponía en su camino, viejo, árboles jóvenes ya llenaban el vacío que este dejó. El tronco podrido estaba cubierto con insectos, hongos y plantas trepadoras. Ella estudiaba esto con cuidado, consciente de las peligrosas serpientes y ranas venenosas que ella fácilmente podría tocar subiendo sobre él.
    No había nada más que podía hacer, no sin desviarse de su camino, algo que ella no quería hacer por la noche en un bosque tropical. Ella dio un paso hacia adelante y extendió la mano, decidida a subir, empujando a los insectos venenosos y ranas con su mente con la esperanza de que se alejaran de ella.
    Unas manos la cogieron por la cintura y la tiraron de espaldas contra un cuerpo duro. ¿Eres tonta, mujer, o simplemente disfrutas de ponerte en peligro? -ronroneó la voz de Zacarías en su oído, una amenaza suave que la dejó helada hasta su esencia misma.

CAPITULO CINCO

    Margarita se quedó muy quieta. ¿Qué pasa si se había equivocado? ¿Y si era de verdad vampiro? La marca que Zacarías había dejado a un lado de la garganta palpitaba y quemaba. Su respiración agitaba su cabello en la parte posterior de su cuello… Ella se puso rígida. Sus dedos rozaron su piel, moviendo a un lado la pesada trenza de cabello de su espalda. Su cuerpo estaba apretado contra el suyo para que pudiera sentir cada respiro que daba. Olía salvaje, un animal salvaje y peligroso atrapándola lejos de toda la ayuda. Cada uno de sus músculos impreso en ella, cada latido de su corazón.
    Su pregunta penetró en su mente. ¿Tonta? ¿Realmente le preguntó si era tonta? La furia quemaba en ella, mezclándose con el miedo.
    El calor se vertió en su mente, anunciando a Zacarías. Antes, cuando él había golpeado, había penetrado profundamente, había invadido y conquistado. Esta vez fue diferente.
    Esta vez usó un asalto lento, el fuego extendiéndose como la melaza, llenando su mente de él-. Se quedó sin aliento en la garganta y mordió con fuerza su labio inferior. El calor no se quedó simplemente en su mente, se extendió por todo su cuerpo, una lava espesa que corrió por sus venas una pulgada a la vez, moviéndose más y más abajo. Sus pechos se sentían pesados y dolorosos. Sus pezones alcanzaron su punto máximo. Su núcleo se puso más caliente.
    Su reacción física a la invasión era más que preocupante, era tan horrible como la mordida en su cuello. Todos sus instintos le gritaban que corriera, pero ni siquiera podía luchar, el horror y la furia la sostenían en el lugar. Sus manos la enjaularon, colocándose en su cintura, sus grandes manos grandes bajaron hasta la formación de su caderas, sintiéndose demasiado posesivo. Llamas lamieron su piel a través de la ropa donde él la tocaba.
    Nunca había tenido una reacción tan femenina a un macho en su vida. Le habían dicho cómo el peligro podía enmascararse con la seducción y ahora podía dar testimonio de esos rumores. Zacarías era tan sensual como un hombre puede ser, encendiendo un fuego en su interior que arde lentamente. Margarita se estremeció, temiendo por su alma. Hizo la señal de la cruz en un intento silencioso por salvarse.
    “Sé que usted puede oírme-si hablo en voz alta o dentro tu mente. Tu sangre llama a la mía. Respóndeme. No finjas que no puedes oírme.” Ella se humedeció sus labios. No soy tonta. Un poco aturdido quizás, pero ella lo entendía. Solamente no entendía lo qué sucedía con su cuerpo.
    Ella se estremeció, con ganas de hacerle una llave con sus propias mano, pero ella se quemaba por él. Podía oír los latidos de su corazón, el sonido resonaba en sus venas.
    Se acercó hasta que sus labios tocaron su oreja. "Si usted no es tonta… "Una mano se deslizó de la cadera de nuevo a su cintura, quemándola a través de su ropa hasta que la piel se marcó con la impronta de su palma. Por otro lado lentamente la envolvió alrededor de su cuello, un dedo a la vez. Obligando a su cabeza a echarse hacia atrás hasta que ella se apoyó en su pecho, hasta que no tuvo más remedio que mirar sus ojos oscuros, despiadados. Se miraron el uno al otro, unidos en algún combate extraño que ella no entendía.
    "Entonces, ¿tiene usted deseos de morir?"
    Su voz no sólo le susurro al oído, sino sobre su piel, tocando las terminaciones nerviosas, el rastro de sus dedos suavemente acariciando, dando forma a su cuerpo. La sensación era tan real que se estremecía, el miedo ahogándola. Tragó saliva contra su mano. Silenciosamente ella negó con la cabeza. Era imposible dejar de mirarlo. Sus ojos eran convincentes, tan oscuros e insondables, calor y fuego donde antes parecían tan planos y fríos. Había algo real en su interior, ella podía verlo en sus ojos. Él no era del todo una máquina de matar, ni era un no-muerto como ella primero había creído-sus ojos estaban demasiado vivos. Su cuerpo estaba demasiado caliente, demasiado duro.
    Margarita alcanzó la parte animal de él- la parte más grande de él. Él había perdido hace tiempo todo tipo cortesía-o él había nacido quizás como era ahora, todo astucia, salvaje y extremadamente territorial. Ella entendía a los animales, incluso a los depredadores peligrosos. Apartando su miedo del Cárpato, ella se concentró en el animal, intentando encontrar una manera de calmarlo. No esperaba que fueran amigos, no más de lo que sería de un jaguar, pero ella se había encontrado uno esos gatos grandes y ambos se habían ido por su propio camino sin animosidad. Ella esperaba que fuera igual con Zacarías.
    El problema era que la confundía mucho más que un gato o una gran ave de rapiña. Ella sintió el calor que fluía que precedía siempre a la conexión.
    Y era más fácil de lo que había creído, como si ella ya se supiera camino, como si ya lo hubiera usado. Ella lo tranquilizó como a un animal salvaje, un suave acercamiento, tocándolo suavemente, acariciándolo con su mente para calmarlo y tranquilizarlo.
    Zacarías abruptamente dio un paso atrás lejos de ella, dejando caer sus manos, sus ojos fríos glaciares y más aterradores que nunca. "Usted es un mago de nacimiento."
    Era una acusación, una maldición, una promesa de venganza oscura. Margarita sacudió la cabeza, negando rotundamente la acusación. No tenía idea de por qué la acusaba de ser un mago, un ser que puede lanzar hechizos. Eso sería más bien él que ella, él quien la desconcertaba. Si las chispas en sus ojos sirvieran para algo, ningún mago querría lanzar un hechizo en torno a Zacarías De La Cruz y ella con toda seguridad no lo hizo.
    ¿Qué eres entonces?, Exigió.
    Ella frunció el ceño. La respuesta debería haber sido obvia, pero entonces ella estaba pensando en él como un animal indómito, salvaje, tal vez estaba más cerca de convertirse de lo que sabía. Yo soy sólo una mujer.
    Zacarías estudió la cara pálida, perfecta delante de él durante mucho tiempo. Ella estaba manchada de barro. Agotada. Su cara en forma de corazón era todo ojos, enormes y asustados.
    Yo soy sólo una mujer.
    Cinco palabras simples, pero ¿qué quiso decir? Él conocía a las mujeres, pero a ninguna como ella. Era mucho más que sólo una mujer. Buscó en sus recuerdos y había muchos siglos, pero nadie había llamado su interés, no como esta mujer.
    Se miraron el uno al otro durante mucho tiempo. "Usted va a regresar a la hacienda conmigo." Le dijo. Le ordenó. Dio la orden y esperó a la típica reacción de desobediencia. Tal vez tenía alguna enfermedad que le hacía hacer lo contrario a una orden directa.
    Vio cómo trabajó su garganta, al tragar delicadamente y una nueva ola de temor cayó sobre él, se apresuró a suprimirla, no debía mostrar temor a un depredador. Él sabía que ellos estaban muy conectados y que estaba sintiendo sus emociones. Fue interesante verse a sí mismo a través de sus ojos. Él sabía que, sobre una base estrictamente intelectual, para otros animales, incluidos el hombre, pensaban que era un asesino, pero no tenía una reacción visceral al conocimiento.
    Conectado como estaba a ella a ese nivel primitivo, sintió sus emociones como si fueran las suyos propias, y era incómodo.
    Su pequeña lengua lamió el arco perfecto de su labio inferior. Dio un paso atrás muy despacio, sintiendo con una bota tierra firme. Él negó con la cabeza y ella se detuvo al instante.
    Zacarías podía leer sus pensamientos con facilidad en su rostro. Quería salir corriendo y no le importaba si alguien-incluido él-lo consideraba un acto cobarde. Su instinto de conservación era fuerte ahora. Se había ofrecido una sola vez. En lo que a ella concernía, eso era suficiente. Ella había sido castigada.
    "No he terminado contigo, mujer. Volverás a la hacienda a mi lado mientras yo descifró lo que está pasando. Y no te marcharas de nuevo sin mi permiso".
    Eso llegó a ella. Podía ver las nubes de tormenta en sus ojos oscuros. No podía apartar la mirada, aunque quisiera. Sus ojos no eran de un aburrido gris como el mundo a su alrededor. Tampoco lo era su pelo. Ambos eran de un ébano rico, un profundo negro medianoche, una verdadera ausencia de color. Su boca le fascinaba. Sus labios que deberían haber sido de color gris o blanco mate, pero juraría que eran de un rosa más oscuro. Él parpadeó varias veces para tratar de librarse de la impresión, pero el extraño color se mantuvo, haciendo sentir un poco mareado. Ella le fascinaba.
    Margarita subió la barbilla. Si me van a matar, hágalo aquí. Ahora en este momento.
    Sus cejas se alzaron. "Si la voy a matar, escogeré el tiempo y lugar, no seré dictado por una mujer que no sabe el significado de la obediencia. "
    Sacó un lápiz y una libreta del bolsillo y comenzó a escribir. Zacarías barrió ambos artículos de su mano y se los embolsó.
    Utilice nuestro lazo de sangre.
    En silencio sacudió la cabeza y extendió la mano hacia su bolsillo.
    Él negó con la cabeza decididamente, ya no le sorprendía que ella le desobedeciera. Estaba seguro de que tenía una rara y peculiar enfermedad mental, un trastorno de nacimiento, que le hacía hacer lo contrario de lo que cualquier figura de autoridad le decía.
    Leí las cuarenta y siete misivas esta noche. No deseo leer otra.
    ¿Todos las cuarenta y siete? ¿Usted entró en mi espacio privado? Ellas estaban en la papelera. Tiradas. Obviamente no eran para que usted las leyera.
    Así que utilizaría el lazo de sangre cuando ella lo escogiera. Algo cerca de la satisfacción se elevó en él. El miedo se había descolorado bastante cuando le respondió mucho más naturalmente. Desde luego que eran para que yo la leyera, kislány ku? enak minan-mi pequeña lunática. Ellas claramente fueron dirigidas al Señor Zacarías de La Cruz. "Él se dobló ligeramente. Muy formal y apropiado usted. Uno pensaría que sería capaz de llevar a cabo instrucciones simples. "
    Devuélveme mi papel y pluma.
    "Usted va a utilizar el vínculo de sangre entre nosotros." Sabía que la hacía sentirse incómoda porque era una forma mucho más íntima de la comunicación, pero se encontró deseando la intimidad de su vínculo.
    Sus ojos se volvieron aún más oscuros, tornándose del color de la obsidiana [2], llameando como piedras de fuego brillantes. Apretó los dientes en una ajustada mordida. La blancura de sus dientes le llamó la atención. Sin pensarlo, él la agarró por los brazos y tiró de ella para acercarla, volviendo la cabeza hacia él para que pudiera ver el intenso color blanco y brillante, como pequeñas perlas. No gris. No el blanco sucio marrón que estaba acostumbrado. Por un momento no había nada más en el mundo, sino sus dientes blancos pequeños y sus increíbles ojos casi negros.
    Algo golpeó su pecho, no con fuerza, él apenas lo notó, pero su pequeño aullido le hizo bajar la mirada. Ella había cerrado de golpe sus palmas contra su pecho y se había lastimado obviamente. Él le frunció el ceño. ¿Qué hace usted ahora?
    Le estoy golpeando, a usted bruto. ¿Es que no lo siente?
    Ella tenía genio. Él reconoció ahora el fuego que ardía en ella. Se lastimaría sin embargo, y realmente, él sentía apenas gran cosa. ¿Así es qué usted le llama? Está realmente un poco loca. No es ninguna sorpresa que Cesaro intentara sacarla de la casa. Él temió que me alteraras con su locura.
    ¿Locura?
    Margarita cerró el puño y le lanzó un puñetazo. A juzgar por la forma en que lo lanzó, alguien le había enseñado cómo luchar. Él la esquivó de lado antes de que asestara el golpe y la cogió, haciéndola girar, cruzando sus brazos sobre sus pechos y sosteniéndola apretada contra su cuerpo. Su respiración salió en una explosión del sonido que lo impresionó. Él se quedo muy quieto, apoyando su boca contra su cuello, contra ese pulso caliente que latía tan frenéticamente y le reclamó en voz alta. ¿Risa? ¿Él se había reído?
    ¿Realmente había reído? Eso era imposible. Él nunca se había reído. No desde que recordaba. Tal vez cuando era un niño pequeño, apenas un muchacho, pero dudaba de ello. ¿De dónde había salido ese sonido? ¿Era posible que esta tonta y loca mujer fuera su compañera? Por todo lo que era santo, no podía ser.
    No podía de ninguna manera estar acoplado a una persona incapaz de seguir la más simple de las direcciones. Y sus emociones y colores deberían haber vuelto inmediatamente. Pero la verdad, se sentía más vivo en este momento de lo que había estado hace mil años.
    Al igual que él, se había quedado muy quieta en sus brazos, como un conejo asustado. Ella se estremeció, la ropa mojada, el barro pegado a su suave forma femenina. Al momento en que se dio cuenta de que tenía frío, le quitó el barro y la lluvia de su ropa, su cuerpo calentó al suyo. Este tipo de cosas eran naturales de su especie, y con ella, tenía que recordar las cosas mundanas.
    "Voy a excusarla porque usted no tuvo una madre que le enseñara buenos modales, pero mi paciencia llegó hasta aquí." Susurró las palabras en su oído, determinado a que aprendiera quien estaba a cargo. Ciertamente, no una pequeña chiquilla, tan tonta que salió bajo la lluvia al bosque, sin escolta y en la noche. "Usted tiene ciertos deberes."
    Conozco mis deberes. ¿Qué hora es?
    Desconcertado, miró hacia al cielo en ebullición. "Sobre las cuatro de la mañana."
    Exactamente. Estoy fuera de servicio. Este es mi tiempo.
    Sintió la tentación de morder el punto ideal entre el cuello y los hombros como castigo por su continuo desafío. "Cuando un De La Cruz se encuentra en la residencia, usted está en servicio desde el atardecer hasta el amanecer. O cada vez que yo diga. O Jela peje terád, emni-sol que infierno eres mujer. No discuta conmigo.
    ¿No has aprendido nada en las últimas horas? Usted no va a ir sin escolta, a cualquier lugar. Es una mujer. Una mujer soltera. Y tendrá un acompañante en todo momento. "

    Ella no hizo ruido, pero él sintió su rechazo absoluto a su decreto. Profundo en su interior una vez más, un sonido extraño, que comenzó en su vientre y brotó como burbujas de champán. Por todo lo que era santo, ella le hizo reír. Sentía diversión. Esta mujer menuda trajo risas a su vida.
    Hasta que se descubriera por qué tenía tal poder sobre él, no estaba dispuesto a dejarla ir de su lado. Ella podía negar su autoridad todo lo que quisiera, pero ella estaba a punto de aprender qué y quién era el que dominaba su vida.
    Aspiró su olor y se encontró luchando contra el llamado de su sangre. Él la probó en su boca. Su gusto exquisito, raro más allá de lo que había conocido estallaba en su boca, goteando en su garganta filtrándose en sus venas, fluyendo a través de su cuerpo como el oro fundido. Su piel era tan cálida y suave, su pulso le llamaba. Cerró los ojos y simplemente escucho el ritmo de su corazón. No tenía hambre, pero él la anhelaba, como una adicción, con ganas de morder, para sentir su suave piel…
    Sus manos se deslizaron a lo largo de sus muñecas, acariciándola, sus manos frotando sus senos. Sus pezones se endurecieron al máximo por el frío o la excitación. Él no podía hacer que su mente trabajara el tiempo suficiente para saber porqué. Todos sus sentidos, todo su ser se centró en su cuerpo. En su forma. La sensación de ella. El tiempo fue más despacio.
    Como en un túnel. Había solamente su mano deslizándose sobre ella, ahuecando sus pechos, sus pulgares frotando sus duros pezones. Su corazón martillando. El suyo respondiendo.
    El calor se precipitó dentro de él. Llenándolo. La sangre golpeando en su centro, se precipitó en su polla, hasta que estuvo dura, gruesa y dolorida – y lo conmocionó.
    Su cuerpo se quemaba de adentro hacia afuera. Hubo un rugido extraño en su cabeza. Sentía el fuego, las llamas quemando su piel, corriendo por sus venas.
    Las imágenes eróticas llenaron su mente, su cuerpo retorciéndose debajo del suyo, un millón de cosas que había visto en su existencia, un millón de maneras de hacerla suya. Había visto esas cosas, pero nunca pensaba de ellas. Ni una sola vez en toda su existencia había alguna vez acariciado la idea de tomar a una mujer sin su consentimiento.
    Nunca consideró enterrar su cuerpo profundamente en una mujer y hacer lo que quisiera con ella, hasta ese momento. Las imágenes y su terrible y brutal necesidad lo abrumaban. Pequeñas gotas de sangre salpicada su piel, sudaba, como nunca antes lo había hecho. Se sentía nervioso, fuera de control, loco por el terrible anhelo que había separado la necesidad de su sangre a la necesidad de su cuerpo.
    Él la empujó lejos de él, respirando profundamente, admitiendo grandes tragos del aire para parar la locura que quemaba a través de él. Él había sabido que su alma estaba en pedazos, no más que un tamiz unidos con minúsculos hilos, frágiles, pero esto – esto lo destruiría-destruiría su honor. Él limpió el sudor de su cara y mirado fijamente las manchas de sangre sobre sus manos. ¿Qué eres, mujer? ¡Usted me ha hechizado!.
    Ella negó con la cabeza en silencio, tan pálida que casi brillaba en la oscuridad. No lo hice. Te juro que no lo hice. No sé por qué esto le está ocurriendo a usted.
    Ella le había sentido bien, sentido la creciente demanda de su polla presionando contra su cuerpo con una demanda urgente.
    "Usted no me va a controlar".
    No estoy tratando de hacerlo.
    Dio dos pasos alejándose de él, mirando el bulto grande en la parte delantera de su pantalón. Él vio el momento exacto en que el miedo pudo más y ella se volvió y corrió lejos de él.
    Zacarías volvió a respirar lenta y profundamente, extendiendo sus brazos, dando la bienvenida a su otra forma, necesitando alivio de su forma masculina humana.
    Estallaron plumas a lo largo de su piel cuando cambió. Esta vez el águila de arpía era enorme. Él se dio a la fuga, quedándose bajo cuando se lanzó en su persecución. El águila se retorcía y giraba, fácilmente haciendo su camino entre los árboles, cazando a su presa. Se cernió sobre ella. Ella echó un vistazo sobre su hombro, sus ojos muy abiertos por el terror cuando él se zambulló, sus garras la alcanzaron, enganchándola mientras corría, la levanto en el aire, la enorme fuerza de Zacarías ayudando a la gran águila arpía.
    Margarita luchó, pero cuando él subió más alto, su envergadura gigantesca aleteando para ganar altura, y la tierra quedándose tan lejos, ella se calmó completamente, aunque sus manos se envolvieron en las patas del pájaro. Una vez que él ganó altitud, aceleró su paso por la selva tropical hacia el hacienda. Las águilas arpías fácilmente volaban unas buenas cincuenta millas por hora cuando ellas querían, y con el viento feroz a su espalda, el pájaro rápidamente cubrió la distancia, alcanzando el rancho en tiempo récord.
    Zacarías dejo caer a Margarita suavemente en la hierba junto a la puerta del frente. Cambió cuando sus pies tocaron el suelo a su lado. Ella no intentó escaparse de nuevo, pero estaba en silencio, las manos apretadas con fuerza por encima de su cintura, donde las garras le habían agarrado con tanta fuerza. Zacarías se inclinó y la tomó en sus brazos, acunándola contra su pecho.
    Sus ojos subieron hasta la mitad de su cara y el miedo estaba de vuelta, todos rastros de mal genio desaparecido. Ella no podía gritar y su boca no estaba abierta para tratar de llamar por ayuda, y eso le molestó más de lo que debería.
    "No me mires de esa manera", espetó. "Si sólo hubieses venido conmigo, sin problemas, yo no habría tenido que arrastrarte de vuelta de tal manera.”
    ¿Nadie le enseñó las consecuencias?
    Apartó la mirada cambiando para mirar a un lugar por encima de su hombro, pero ella no pudo contener el temblor que la recorrió. Quizás su voz había sido demasiada severa. Tenía que recordar su enfermedad. Su padre, sin duda debería haber abordado la necesidad de burlarse de la autoridad, pero él estaba allí ahora, y no tenía duda de que podía hacer el trabajo.
    Agitó la mano a la puerta y esta se abrió para él. Pasó con Margarita en sus brazos y la colocó en el sofá mientras dio vuelta para aplicar salvaguardas. Tejió guardias intrincadas, muy fuertes alrededor de toda la estructura, tomándose su tiempo, hasta que determinó que nadie podría entrar y ni se marcharía mientras dormía. Los trabajadores en sus propiedades sabían que cuando un De La Cruz estaba en la residencia, no debían ser molestados durante las horas del día. Cuando se sintió satisfecho que nadie-ni siquiera uno de sus hermanos – podía conseguir atravesar su trama, se volvió a estudiar a la mujer que encarna la palabra misterio.
    Margarita se incorporó lentamente. Él la vio retener la respiración y dolor cruzó su cara. Frunció el ceño y se acercó a ella. El olor de su sangre lo golpeó. Zacarías la tiró a sus pies. Ella mantuvo sus manos presionadas firmemente en su cintura. Él podía ver pequeñas gotitas rojas que goteaba a través de sus dedos. Los humanos no se curaban. Él no había pasado tiempo alrededor de seres humanos en años. Se alimentaba y se iba, un fantasma en la noche nadie nunca lo veía-o lo recordaba.
    “Déjame ver.” Suavizo su voz cuando su mirada saltó la suya. “Aleja tus manos, mujer. Necesito ver el daño hecho.” Al parecer el sonaba igual de amenazador cuando utilizaba un tono bajo porque ella tembló, pero no podía parar de moverse.
    Muy suavemente la agarró por las muñecas y quito sus manos. Las heridas punzantes causadas por las garras grises del águila arpía cuando la envolvían de adelante a atrás a cada lado. Tendría que haber pensado lo que las garras le hacen a la carne humana, no en su desafío. La miro a la cara, escupió en sus manos. Su saliva no solo ayudaría a reparar los pinchazos, sino que tenía un agente anestésico que detendría el dolor mientras la curaba.
    El ajustó las palmas de sus manos con facilidad sobre las marcas, al pulsar en ella, sus manos casi abarca su parte media.
    "Usted sentirá calor, pero no debe hacerle daño", le aseguró…

    Estaba temblando con tanta fuerza que no estaba seguro de que podía mantenerse en pie. Sus ojos lo miraban con el aspecto exacto que había visto en la presa de las cobras. Parecía hipnotizada y aterrorizada, sin poder apartar la mirada de él.
    "Deja de tenerme miedo." Él quiso que ella le tuviera miedo, ahora le gustaría poder empezar de nuevo. Se la veía muy frágil, vulnerable, y por lo tanto muy sola. "Yo no permitiré que nada le suceda. Es mi deber cuidar de ti. "Él le estaba diciendo la verdad a ella. Nada alejaría a esta mujer de él- ciertamente, no la muerte. Por algún milagro o algún truco diabólico, por fin volvió a la vida, su cuerpo renació, su mente una vez más intrigada.
    Él miró a su alrededor y todo seguía siendo de un color gris mate. Cuando él la miró, pudo ver colores emergentes, débiles, pero ahí.
    Sus pestañas eran tan increíblemente negras igual que la trenza de su cabello. Unos ojos enormes de un profundo chocolate oscuro, le devolvió la mirada. Las cejas eran negras. Sus labios eran definitivamente de color rosa. Los colores sólo pueden ser restaurados por una compañera. Las emociones – y él estaba teniendo reacciones desconocida – sólo podían ser restauradas por una compañera. El hecho de que su cuerpo había reaccionado físicamente a ella era sorprendente, sin embargo, problemático y estimulante, si podía sentir alegría. Sin embargo, una compañera habría devuelto las cosas al instante.
    Los magos se habían infiltrado, ocupando el rancho vecino sólo unos pocos meses antes, esperando el momento oportuno, con la esperanza de destruir a la familia De La Cruz.
    Dominic y Zacarías les habían detenido, pero había una pequeña posibilidad de que la alianza entre los maestros vampiros y los magos se hubieran mantenido y los magos habrían encontrado su camino de regreso para volver a intentarlo. Si Margarita estuviera ensombrecido por el hechizo de un mago – él lo habría sabido. Por mucho que se mantuvo tratando de volver a esta explicación, el temor fue creciendo en él, reconocía la verdadera explicación.
    Si Margarita realmente era su compañera, algo había salido mal, y temía que él sabía la respuesta. Él no la había encontrado a tiempo. Su alma estaba por los suelos, ya sin posibilidad de reparación. Su otra mitad no la pudo sellar junto a ella, no pudo llevar la luz a la total oscuridad dentro de él. Lo que no fue una sorpresa saber que era una causa perdida. Probablemente había nacido de esa manera, pero aún así, hubo un momento en el que había soñado con este momento, cuando había previsto una compañera e incluso la había buscado activamente.
    Las palmas de sus manos se hacían más cálidas mientras empujaba calor de su cuerpo al suyo. Sus pulmones lucharon por aire y él deliberadamente respiró para ella, calmándola, el aire que fluía naturalmente a través de él hasta que su cuerpo mantuvo el mismo ritmo. El corazón le latía con tanta fuerza que temió que podría tener un ataque al corazón.
    "Respira, mica emni kuηenak Minan, mi hermosa loca." Hubo un dolor inadvertido en su voz, un duelo por lo que había perdido mucho tiempo antes de que la hubiera encontrado.
    Margarita miró a la cara fuerte Zacarías de la Cruz. Era una cara tallada como las montañas mismas, cincelada con la batalla y la edad, sin embargo, extrañamente hermoso. Esto no era un hombre que había sido un niño, él era todo guerrero. Por primera vez, en el fondo de sus ojos, vio el dolor. La emoción era profunda y real y cuando tocó su mente, quería llorar. No parecía darse cuenta de la profundidad de su angustia, o tal vez él simplemente no reconocía la emoción, pero le daba ganas de llorar por él.
    Él era totalmente autónomo, no necesitaba a ninguna persona. Tan poderoso. Y tan completamente solo. Él le infligió dolor, la aterrorizó y después curó tan suavemente sus heridas. Quizás él estaba un poco loco de estar solo durante tanto tiempo. Cada vez que él la llamó algo en su lengua, su voz se suavizaba casi como una caricia, envolviendo sus palabras a su alrededor de ella como unos brazos fuertes. Tristemente para ella, esa soledad, esa cualidad salvaje extrajo la compasión de ella. Su mente ya alcanzó la suya, automáticamente calmándolo, enviándole calor y comprensión.
    Sin pensar ella levantó su mano para tocar esas líneas profundas talladas en su cara. Él cogió su muñeca, asustándola. Ella no había sido consciente de que contemplaba realmente tocarlo. Su muñeca dolió por la fuerza de su golpe en su piel. Él era tan duro como un árbol de Ceiba, sin carne en absoluto. Sus dedos envueltos alrededor de su muñeca fácilmente, afianzando como una abrazadera con tornillo, haciéndole imposible separarse.
    Lo siento. De verdad.
    La sospecha en sus ojos era como la de una criatura salvaje cautelosa no pudo cortar el flujo de compasión y calidez de su mente a la suya. Ella sentía como si necesitara de calmarlo. No pertenecía al interior de una casa. No había forma de que cuatro paredes pudieran contener su poder o su naturaleza salvaje. Ella no podía imaginar a nada ni a nadie estar a gusto a su alrededor. Él era demasiado dominante, asumiendo el control de la habitación, sus maneras aristocráticas y dura autoridad se agregaba al aura aterradora que le rodeaba.
    ¿Estaba pensando en acariciarme?
    No había sarcasmo en su tono, pero la hirió su pregunta. Se lamió sus labios repentinamente secos y sacudió la cabeza. Ella no sabía lo que había estado haciendo. Si ella tuviera su lápiz y papel, tal vez podría tratar de expresarse, pero se sentía aislada del mundo, la mayoría de las veces, como en este momento. ¿Cómo tratar con meras impresiones transmitir el modo en que su extraño don se manifiesta?
    Ni siquiera estaba segura de cómo funcionaba su regalo. Sólo sabía que todo en ella se acercó a la locura en él, a su alma torturada, completamente solitaria y que la necesitaba. Ni siquiera sabía que necesitaba. ¿Cómo explicarle que no tenía una voz?
    Lo siento, repitió, incapaz de pensar qué otra cosa hacer.
    La expresión de Zacarías seguía siendo como una absoluta piedra cuando trajo mis dedos a su cara y la mantuvo allí. "No lo sientas. No lo siento. "
    El estómago realizó algún salto acrobático raro por el tacto de su piel bajo las yemas de sus dedos.
    "Si quieres tocarme, usted tiene mi permiso".
    Por primera vez desde que el vampiro la había atacado, se alegró de que no pudiera hablar. No tenía palabras. Nada. Ella debería haber estado irritada por su condescendencia aristocrática, pero lo que quería era sonreír.
    Ella no tenía excusas. Cualquiera que fuera la compulsión parecía tan preocupado, obviamente, trabajando en ella también. Y sin su lápiz y papel se sentía vulnerable, desnuda, incapaz de comunicarse. Ella tragó saliva y asintió con la cabeza, preguntándose un poco histéricamente si pensaba que ella debería agradecerle su consentimiento.
    Dejó caer la mano, dejando la suya contra su mandíbula sombreada. Ella apretó la palma de la mano en su nuca oscura y sintió a su corazón llegar a él. La sensación era tan fuerte que se aterro. Ella dejó caer su mano bruscamente y dio un paso atrás, confundida por sus reacciones a él. Ella tenía mucho miedo de él, sin embargo, la tristeza en él pesaba tanto sobre ella que no podía dejar de sentir compasión.
    Ella le había hecho esto a él. Ella era culpable y pensaba en eso. Había venido aquí para acabar con su vida dignamente, y ella lo había detenido, le dejo una vez más en la soledad de su mundo sombrío. Si hubiera realmente un hombre que fuera una isla, este era Zacarías de La Cruz.
    No podía ver su mundo solitario completo, pero sentía la punta del mismo y fue suficiente para darle ganas de llorar por siempre. Ella le debía y un Fernández siempre pagaba sus deudas.
    Yo no sabía lo que estaba haciendo cuando le impedí terminar sus cargas. Si pudiera volver atrás y deshacer… ¿Qué? Podía permanecer quieta y dejarlo morir? Sus hombros caídos. Ella no podía mentirle. Nunca sería capaz de quedarse allí mientras él ardía bajo el sol. Estaba más allá de su capacidad. Ella alzó sus ojos infelices. Lo siento. ¿No había nada más que pudiera decirle?
    Zacarías estudió su rostro durante tanto tiempo que ella comenzó a pensar que no volvería a hablar. Luego su mirada cayó, a la deriva sobre su cuerpo, el estudio su forma femenina al igual que uno de los rancheros evaluaría su ganado. Se mordió duro el labio para evitar empujarlo lejos. Ella no era un caballo. Ella le debía, sí, pero se disculpó más de una vez. Y no tenía que mirarla como si fuera un germen.
    Su mirada saltó de nuevo a su cara, trabándose con la suya. “Estoy leyendo sus pensamientos.” Su mano agarró la suya. Él levantó su puño apretado contra su pecho y uno por uno abrió sus dedos. ¿Usted es una pequeña cosa malhumorada, no es así? Y muy confusa. Un momento usted siente remordimiento y piensa ofrecerme sus servicios y al siguiente usted piensa en pegarme. Usted me sirve ya. Solo tengo que ordenar y usted me proporcionará lo que requiero. En cuanto a pegarme, no es recomendable o permitido.”
    Hablar con él era algo así como frotar la piel del modo equivocado, ella decidió. Poco importaba que todo lo que dijo fuera cierto. Ella había estado a punto de llamar a una tregua con él, para ofrecerle sus servicios voluntariamente, no de mala gana. Ese hombre era tan arrogante que no parecía saber la diferencia. Y en cuanto a golpearlo, es posible que no le importara si era o no permitido si seguía hablándole así a ella.
    Una sonrisa lenta, oxidada, muy débil, pero real, suavizó la línea dura de su boca. Fue breve, apenas la atrapó, pero su sonrisa era -increíble.
    "Todavía estoy leyendo sus pensamientos."
    Ella frunció el ceño. No es de buena educación. No puedo remediar lo que estoy pensando. Tal vez había evocado la sonrisa, que desapareció tan rápido – más como el hielo cuando se agrieta.

    "Por supuesto que puede. Usted dormirá durante el día como lo hago yo. Bajo ninguna circunstancia, abandonará la hacienda sin mi permiso. Me va a proveer todas mis necesidades hasta que me vaya. Y, sobre todo, me obedecerá al instante, sin lugar a dudas. "
    Lo que él necesitaba era un robot, no una mujer. Ella luchó por no rodar los ojos. ¿Cuánto tiempo se va a quedar? Que Dios la ayudara si era más tiempo que otra noche.
    Sus cejas se alzaron. "No necesitas esa información. Estarás feliz de servirme, siempre y cuando decida estar en la residencia. "
    Hablaba en serio. Ella podía ver que estaba totalmente serio. Él espera que ella fuera feliz, incluso estuviera agradecida de servirle a él, que arrogancia, imposible, realmente era un prepotente dolor en el cuello. ¿ Debo hacerle reverencia, su majestad?
    Sus frentes unieron. El silencio creció hasta que las mismas paredes parecieron ampliarse con la tensión. Su mirada permanecía fija en ella sin pestañear, amenazante. Ella luchó para no mirar hacia otro lado-a no dejar que la intimidara totalmente. Él parecía enorme. Dominaba toda la habitación, sus hombros bloqueaban todo lo que detrás de él, por lo que estaba consciente de su poder y de su vulnerabilidad.
    "Tal vez la alianza entre nuestras familias ha llegado a su fin. Si eso es lo que deseas, sólo tiene que decir que no honraras nuestro acuerdo".
    La respiración se atoró en su garganta. Él no permitiría que ella se fuera. Podía sentir su necesidad. Él no podía. Él no reconocía que tenía emociones que hervían profundamente debajo de la superficie. Ella golpeó ligeramente en ellas a través de su conexión animal primitiva, pero no sólo él no reconoció sus propias sensaciones, él no tenía ninguna idea que estaban allí. Incluso si ella permitiera que su miedo arruinara las alianzas entre la familia de De La Cruz y su extensa y gran familia, no la salvaría. Ella presionó sus labios juntos y sacudió su cabeza. Deseo servirle. “Indiscutiblemente.”
    Apretó los dientes. Él quería que su libra de carne por sus pecados. O tal vez lo estaba leyendo mal. No parecía tener la menor idea de cómo hacer frente a los seres humanos. Probablemente no había estado en la buena sociedad durante cientos de años.
    "Tampoco me atrevo a hacerlo", dijo, obviamente sin dejar de leer su mente.
    Ella consideraba que sería gran placer coserle la boca para mantenérsela cerrada mientras dormía en su habitación. En el momento en que empezó a pensar que había una remota posibilidad de que podría haber excusas para su comportamiento arrogante y grosero, él abría la boca y lo arruinaba todo.
    Ella le lanzó una rápida mirada y vio en la curva de sus labios una ridícula e increíblemente breve y leve sonrisa. Su estómago reaccionó de la misma manera que antes dio un lento salto mortal.
    "Me estoy haciendo la clara impresión de alguien que se parece sospechosamente a ti, quiere mantener mi boca cerrada cosiéndola con una aguja e hilo. ¿Podría posiblemente interpretar sus pensamientos incorrectamente? "
    Margarita hizo todo lo posible por parecer inocente. Tal vez me podría comunicar con mayor precisión si me devolviera la pluma y el papel. De esta manera, no tendríamos estos pequeños malentendidos. Seguramente que no era mentira. Y si nada, quizás podría mantenerla alejada de los problemas.
    "Dudo que un lápiz y papel tenga tanto poder", comentó.
    Ella realmente quería que se quedara fuera de su cabeza. Tengo que sentarme, señor De La Cruz. Ella no se había dado cuenta que ella se balanceaba. El shock puede ser, pero de repente la habitación daba vueltas.
    Él la tomó del brazo y la bajó al sofá. ¿Quiere un vaso de agua?
    Cualquier cosa por un indulto de su imponente presencia. Ella asintió con la cabeza, tratando de verse como del tipo que se desmaya. Ella era bastante fuerte, por lo que tal vez no era del todo creíble, pero era tan feudal que era posible que tuviera una buena oportunidad.
    Su boca se curva en una ligera contracción que indicaba una débil sonrisa. Sacudió la cabeza y le dio un vaso de agua. "No eres muy buena censurando tus pensamientos. Dime como es tu día normal.”
    Ella se encogió de hombros y corrió a través de sus días en su mente. Bath. Cepillarse el cabello. Limpiar su habitación. Desayuno. Limpieza de la casa. Realizar los pedidos de los hogares del rancho. Comprobación de los caballos y el ganado por enfermedad o lesiones. Preparar el almuerzo. Tomar café caliente y bocadillos con Julio. Montar a caballo con él mientras conversaban…
    El aire de la habitación se volvió pesado. Las paredes ampliaron y piso tembló. Ella frunció el ceño y se agarró del sofá. ¿Qué pasa? Usted me preguntó por un día típico. Y tomo mi tiempo libre para el almuerzo y la equitación.
    ¿Quién es ese hombre con quien ríe?
    Margarita frunció el ceño. ¿Usted no conoce al hijo de Cesaro? Cuando él siguió mirándola hasta que ella juró que sintió una sensación de ardor en su frente, suspiró. Necesito un lápiz y papel. No puedo enviar las impresiones correctas.
    "Creo que comprendo sus impresiones muy bien. Usted no va a volver a montar con este hombre. Continúe. "
    Margarita se frotó la cabeza. Ella tenía el inicio de un dolor de cabeza. Estaba agotada y demasiada confundida como para tener miedo nunca más. Un momento estaba enojada con Zacarías y divertida al siguiente. Ella no tenía absolutamente ninguna idea de cómo manejarlo. La relación entre ellos parecía ser cada vez más fuerte cuanto más se encontraba en su mente. Ella no lo quería en su cabeza, y cuanto más se comunicó con él a través de la telepatía, más fácil que era para él caer en su mente, sin su conocimiento. La sensación era tan natural en tan corto espacio de tiempo, ella ya no sentía nada, sino el calor.
    Puedo visitar alguno de los ranchos a ver si necesitan ayuda, tener cuidado de cualquier problema médico que surja cuando los hombres están trabajando, preparar la cena y comer…
    "No puedo decir si usted come sola".
    Sonaba tan sombrío que lo miró a la cara. Tenía el aspecto de una piedra. Ella presionó sus dedos en la cabeza. La mayoría de las veces. Yo limpió la cocina, y el horno a veces, me baño y leo antes de irme a la cama sola.
    Se agachó y colocó sus dedos en las sienes. "Cierra los ojos. Creo que usted ha tenido bastante por esta noche. Necesitas descansar. Nosotros continuaremos esta conversación mañana, después de la puesta del sol. Vamos a llamar a una tregua entre nosotros. Esta noche, duerma y no tenga miedo. He construido una fuerte salvaguardas. En caso que un criado de los vampiros venga, no será capaz de ganar la entrada a mi casa. "
    Su corazón dio un vuelco. Había dicho "mi casa". Nunca había oído hablar que la familia De La Cruz se refiriera a un lugar como su hogar. El pensamiento se deslizó lejos de ella antes de que pudiera aferrarse a él, el calor reemplazó su dolor de cabeza mientras veía ligeramente borroso.
    Zacarías se inclinó y la recogió en brazos, llevándola a través de la casa a su habitación. La puerta del dormitorio estaba intacta. Su dormitorio estaba inmaculado, señaló al pasar. Los párpados le pesaban, su cuerpo no quería moverse. La recostó sobre su cama y le alisó el pelo hacia atrás, su toque fue casi una caricia.
    Ella no podía recordar por qué pensaba que era prepotente, arrogante y feudal. Él le dijo y le aseguró que estaba a salvo. Se sentía segura. Ella incluso le sonrió antes de dejar que sus pestañas cayeran. A ella le gustó la idea de una tregua. Ella podía manejar totalmente una tregua.

   
   
   
   
   
   
   
   
   

CAPITULO SEIS

    Dentro de la oscura hacienda, por debajo de la pesada cama con dosel, enterrado en el rico suelo, los ojos de Zacarías se abrieron simultáneamente con el primer latido de su corazón. Una sombra pasó por la casa, apenas, pero aún así, él era un antiguo guerrero y sintió la alteración sutil. El sol había caído del cielo y la noche había caído como una pesada cortina sobre el rancho. La noche había traído espías con ella.
    Normalmente habría acogido con satisfacción la caza. Era lo que hacía. Todo lo que sabía hacer. Se sentía cómodo en ese papel. Él era un solitario. No tenía idea de cómo los seres humanos vivían o trabajaban y nunca había querido saber. Ciertamente, eran criaturas frágiles. Pero ahora la tenía – a ella- la hermosa loca que de alguna manera lo había introducido en su vida y que no tenía idea, incluso de cómo protegerse de las garras de un águila.
    Él había sabido que era sólo cuestión de tiempo antes de que sus enemigos buscaran venganza. Por la rapidez de su búsqueda, conocía al maestro vampiro que se dirigía a cada uno de las haciendas de los De La Cruz. Él había existido desde hace demasiado tiempo para pensar que podría ser simplemente una coincidencia.
    Lo estaban cazando. Por lo general les permitiría saber con exactitud dónde se encontraba y habría acogido con satisfacción la batalla, pero esta vez había demasiado en juego. Esperó a que la bandada de pájaros que habían ensombrecido pasara por encima, rodeando el rancho varias veces antes de seguir adelante.
    Y entonces él se acercó para tocarla. A La mujer. Margarita Fernández. Él la alcanzó antes de pensarlo, antes de que pudiera dejar su mente.
    Él la quería – a ella. Tendría que haber estado durmiendo pacíficamente en su cama esperando a que la despertara. Pero por supuesto que no. Suspiró, ya no le sorprendía nada de lo que hiciera.
    Él agitó su mano para abrir el suelo, vistiéndose mientras se elevó, cuidadoso de no molestar aún el aire entonces ella no sabría que él se había elevado. Emni ¿ku? enak ku assatotello- lunática desobediente. ¿No sabía que él mataría por ella? No parecía capaz de aprender, no importaba lo duro de la lección. Sus enemigos ya lo buscaban y si ellos la encontraran, si supieran de ella o aún sospecharan… Él cerró su mente a lo que podría pasar e hizo caso a la necesidad peculiar y muy desconocida de reírse del pensamiento de su contigua negativa de no hacer caso a cada uno de sus deseo. Ella realmente lo tenía tonto, no había ninguna otra explicación.
    Cuan extraño es que esta mujer pudiera despertar incluso un pequeño interés de su parte. Su reacción a ella hizo cumplir la fastidiosa idea de que ella podría ser su compañera. Antes de parar su corazón al amanecer, él había repasado cuidadosamente los detalles que cada uno de sus hermanos habían compartido con él sobre el momento en que habían reconocido su compañera. Habían sabido inmediatamente al contactarla. No había habido duda. Las emociones habían vertido nuevamente dentro de ellos. Los colores les cegaron. Incluso después siglos de existencia, Zacarías no entendía la llave para abrir el misterio de las compañeras, pero si Margarita Fernández era realmente la suya, el universo le jugaba una broma. La mujer era positivamente exasperante.
    Caminó a través de la habitación principal hasta el pasillo. Su olor llenaba la casa, una fragancia intensamente femenina. Se dio cuenta de que había ocupado su casa durante años, incluso cuando era niña, su padre había vivido allí, en la casa principal. La casa no estaba completamente desnuda y al igual que la mayoría de sus guaridas. Margarita estaba en cada esquina. Había hecho de esta vivienda su casa. Había calor aquí, el calor de una mujer que se preocupaba por su casa y cuidaba de ella con amorosa atención a los detalles.
    Las habitaciones eran grises y sin brillo, sin embargo, sintió la riqueza de cada una de las alfombras tejidas a mano y mantas gruesas para las piernas, obviamente, acolchadas a mano. Él se detuvo en una pesada silla y frotó el material de la manta entre sus dedos. Se sentía a Margarita en cada uno de esos pequeños puntos. Ella hizo mucho más que mantener la casa. A ella le encantaba.
    Le gustaban las velas. Se veían en la casa también. Ellos tenían electricidad y un generador de respaldo, pero él estaba seguro de las terribles tormentas que a menudo derribaban los árboles cortaban la electricidad y todo tipo de cosas pueden suceder a un generador. Nunca había tenido que pensar en esas cosas, pero era evidente que Margarita lo hizo y ella se preparó para ello.
    Ella no sólo preparaba su propio hogar en caso de emergencia, sino que vio la lista en la que había estado trabajando en la mesa de café, el nombre de cada familia alojada en las tierras de los De La Cruz, y lo que sea que necesitaban. Linternas, velas y la comida enlatada que parecía ser el más grande de artículos. Nunca había pensado mucho en cómo esta gente vivía y trabajaba, pero se dio cuenta de Margarita se hizo cargo de ellos en su nombre.
    La puerta del baño estaba abierta y el vapor mezclado con su perfume inundaba la sala de estar. Respiró hondo para llevarlo a sus pulmones.
    La anticipación lo agitó. Esperó unos pocos latidos cardiacos, saboreando la pequeña habilidad de esperar para correr a verla y no hay duda ahora, que definitivamente tenía sentimientos, aunque no podría decir que fue algo como lo que sus hermanos habían descrito.
    Sus dedos apretaron la colcha y se llevó el suave tejido a la cara. El material transportaba un toque de su intrigante fragancia. Su cuerpo se apretó. No era la reacción salvaje de la noche anterior, pero aún así, fue una reacción. Respiró a su manera por el shock. Su pequeña lunática era casi seguramente su compañera y, era un infierno la mujer, que había llegado a su vida demasiado tarde. Que era solo suya. El destino le había jugado sin duda una broma con su elección y el momento.
    Algo suave y femenino le hizo cosquillas en la mente. Diversión. No había sonido, sólo la sensación de felicidad, una luz cálida. Él la absorbió en su corazón, se permitió complacerse por un breve momento. Su mente, estaba obviamente, en sintonía con la suya, pero se negaba a obedecerlo cuando se trataba de Margarita. Necesitaba el contacto, ese calor que infunde todo su cuerpo.
    El hambre se extendió por él, persistente, arañando de necesidad golpeando en sus venas y lo consumía rápidamente. Él la probó en su boca, su único gusto que era todo de Margarita. Reconoció que él ya estaba obsesionado con ella, pero después de siglos de una existencia estéril, no era un precio demasiado alto a pagar por la capacidad de sentir algo.
    Él resbaló más lejos en su mente, ansiando el calor de ella. La risa profunda estalló en sus pensamientos, una explosión de sonido, totalmente masculina, distinta y familiar para Margarita. Él sintió su aceptación fácil, la suavidad en ella que no estaba allí cuando él estaba con ella. Ella estaba divertida por su compañero.
    Lo aceptaba.
    Zacarías se movió tan rápido a través de la casa que no era más que un borrón, literalmente, irrumpió en su habitación. La puerta se astilló por el choque, la madera voló en todas direcciones cuando él lo destrozó. Margarita sentada en el suelo junto a su ventana abierta. Un hombre de pie al otro lado, la cabeza por la abertura, su mano en el brazo de Margarita. Ambos se volvieron hacia él de forma simultánea con el sonido de la puerta desintegrándose. Zacarías estaba en el hombre en una fracción de segundo en una acción violentamente explosiva, tirando de él a través de la ventana con una fuerza feroz y golpeándolo contra la pared. Él sostuvo fácilmente con una mano, las piernas colgando por encima del suelo mientras hundió sus dientes profundamente en la vena que latía su el cuello.
    ¡No! ¡Alto! ¡Tienes que parar!
    El hombre no dio resistencia después de la dura lucha inicial. Zacarías no hizo ningún intento por calmarlo, el delito era demasiado grande. Oyó un terrible rugido y le tomó un momento darse cuenta de que el sonido salió de su garganta. Tragó la sangre rica, así como súplica desesperada de Margarita ambas explotaron en su mente.
    Ella lo agarró del brazo y tiró de él, tratando de llegar hasta introducir su mano entre Zacarías y su presa. La veía, de lejos, en el niebla rojo en su mente, por la necesidad de matar, a través del extraño rugido animal que se estrelló en su cabeza, pero nada le importaba, sino la destrucción de este hombre que se había atrevido a poner sus manos sobre Margarita.
    Zacarías sintió que el espíritu cálido Margarita se está moviendo a través del hielo en su mente y al instante se vio a través de sus ojos. Ella estaba cerca del pánico. Él había estallado en violencia al igual que un gran gato de la jungla derribando a la presa y era total y absolutamente un asesino en ese momento. En algún vago nivel se dio cuenta que era la causa. Ella le tenía terror, leyendo su intención, sabiendo que estaba actuando con los instintos en lugar de la inteligencia.
    Inundó su mente con impresiones frenética de una manada de lobos, y luego, con decenas de bebés, como si él fuera estúpido y no pudiera entender el concepto de familia. Finalmente, recurrió a impulsar la imagen de Cesaro en su mente en un intento desesperado para decirle que este hombre era Julio, el hijo de Cesaro. Como si él no lo supiera. La mujer era una amenaza para ella y para todos los que conocía. Barrió con la lengua las heridas punzantes para cerrarlas y dejó caer al hombre en el suelo, sujetándolo con facilidad con su mente.
    Muy lentamente se volvió hacía la molesta mujer. Dio dos pasos hacia atrás y luego se obligó a detenerse. Parecía pequeña y vulnerable y muy, pero muy aterrorizada cuando ella miró a Julio.
    ¿Está muerto? Ella dio un paso hacia el hombre inconsciente.
    "No se atreva a tocarlo."
    Se detuvo al instante, su rostro completamente blanco.
    "No, los Cárpatos no matan cuando se alimentan. Usted debería saber eso. ¿O es usted tan inculta, como desobediente? "
    Ella sacudió la cabeza y miró a su alrededor, su mirada se paró en la pluma y el papel que había estado utilizando para comunicarse con su amante. Cuando dio un paso hacia ello, el extendió la mano y ambos elementos volaron a él. Él los empujó en su bolsillo para una inspección posterior.
    "Usted desobedeció otra vez. ¿Hay alguien a quien obedezca? ¿O simplemente hace lo que quiera, cuando quiere hacerlo? "Él mantuvo su voz muy baja, por miedo a que pudiera desmayarse o caer. Ella se sacudió para que pudiera ver su temblor.
    Yo no desobedecí. Ella se mantuvo firme, empujando su negativa en su mente. Me quedé en la casa como me ordenó. Yo no hice nada malo.
    ¿Era posible que no entendiera la magnitud de su error? ¿Cómo era posible? "Tener a un hombre en su habitación está totalmente prohibido.
    ¿Cómo no lo sabes? ¿Quieres ser tomada por una puta?
    Ella parpadeó con sus largas pestañas, su cuerpo de repente inmóvil. Un rubor lento se extendió por su blanca y pálida piel. Él claramente podía ver el color barriendo su cuello y su cara y la belleza de ello capturó su atención de modo que él casi omitiera esto ella dio un paso hacía él y la balanceó la mano hacía su cara.
    Él cogió a centímetros de su cabeza su muñeca sólo debido a su velocidad sobrenatural. Se pararon frente a frente, sus miradas se encontraron. Ella estaba furiosa. Él podía sentir la rabia en ella, aunque estaba hiperconsciente de la pequeñez de sus huesos, de la piel suave y de sus curvas lozanas. Ella llevaba una falda larga y una blusa, cubriendo sus piernas delgadas y haciendo hincapié en sus caderas redondeadas y su cintura estrecha. Él encontró que le complacía la ropa femenina.
    Sus ojos chispearon, brillando como diamantes. Ella no parecía más gris o sombreada, cada característica comenzaba a emerger a color y en detalle. Él nunca había visto una cosa más hermoso en todos sus siglos de existencia.
    “Creo que hemos cubierto el tema de tocarme sin permiso.”
    No se atreva a llamarme puta.
    Él nunca había visto al verdadero diamante chispear como el champán y el color chocolate era un color tan asombroso, especialmente después que sus ojos chispearan como ahora. “Creo que le pregunté si usted deseaba ser tomado por una puta. No le llamé una.”
    Hablaba muy despacio y con claridad en caso de que no acababa de comprender la diferencia. También notó que junto con su ira, ella era mucho más experta en su comunicación telepática. Podía ver sus palabras y las impresiones que ella enviara y entonces se dio cuenta de lo que debería ser no tener una voz real para expresarse.
    Su pulgar se deslizó sobre su pulso en una caricia pequeña. La sintió temblar en la respuesta. "Te ves muy hermosa en ropa femenina. La usarás en todo momento. "
    Ella frunció el ceño. Pensó que le gustaría el cumplido, pero en verdad era difícil. Sus ojos brillaban con destellos de fuego, que se veían espectacular, pero él deseaba su favor. Las mujeres eran difíciles de entender.
    No, ya sabes. Yo prefiero usar las faldas dentro, pero no cuando monto. Y me encanta montar, así que no hay faldas. Alzó el mentón, los ojos brillaban más que nunca.
    Estudió su rostro desafiante durante mucho tiempo. Ni una sola vez miró hacia otro lado. Nunca en su vida nadie había lo desafió de la manera en que lo hizo.
    Estaba empezando a pensar que no había nada de pocas luces acerca en ella después de todo. "Realmente son emni kuηenak ku aššatotello Minan." No podía dejar de acariciarla con su voz.
    ¿Qué significa eso? He escuchado que me llamas así y cosas similares.
    "Mi lunática desobediente” respondió con sinceridad, con la esperanza de fuegos artificiales. Incluso tomó un agarre más firme en su muñeca.
    Sus labios temblaron, se curvó en una sonrisa, y sus dientes blancos brillaron por un momento. Tenía la impresión de diversión en su mente y la sensación de lo calentó. "Te estás volviendo muy buena en la comunicación a través de nuestro vínculo de sangre. Además aumentara con fuerza cuando intercambiemos sangre otra vez. "
    Una sombra cruzó su cara. Ella tragó saliva y asintió con la cabeza, negándose a mirar hacia otro lado. Ella tenía mucho miedo, pero lo enfrentó con valentía.
    "No te hará daño, Margarita", le aseguro. "Y vas a disfrutar de la experiencia."
    Ella no parecía muy convencida, pero asintió con la cabeza a él y luego miró otra vez hacia Julio. Una protesta arrancó rugiendo a través de su cuerpo y sintió que sus dientes se alargaron, explotaron en la boca antes de que pudiera detener la reacción. Se quedó sin aliento, y miró su muñeca, capturada en la mano.
    Sus uñas se habían alargado en las garras mortales.
    Podía oler el hombre, hasta que el hedor de él casi dominado la sutil fragancia de Margarita. Él no quería a un hombre cerca de ella, y mucho menos en su dormitorio. Reconoció que estaba más letal.
    "No es seguro para su amigo de estar aquí", admitió. Es evidente que algunas emociones estaban regresando. Rabia. La necesidad de matar. Los celos. Cosas que no había experimentado antes y por lo tanto, no tenían forma de prever o comprender lo que estaba sintiendo, y mucho menos los conocimientos necesarios para hacer frente a esas cosas.
    Margarita lentamente asintió con la cabeza. ¿Debo llamar a Cesaro?
    Su cuerpo se rebeló, sus sentidos agudizados ya en modo de batalla. "Eso no es una buena idea. Yo me lo llevaré a su casa y dejare que descanse. "El no quería a otro hombre a su alrededor mientras él se estaba ajustando a las nuevas emociones, nuevas e incómodas. Se encontró afortunado al no tener la misma reacción a su compañera, que sus hermanos habían tenido.
    Ella asintió con su cabeza, mordiendo su labio inferior un poco con inquietud.
    ¿Ya no buena la palabra de Un De La Cruz aquí? He dicho que lo dejaré para que descanse, y aún está ansiosa. ¿Este hombre es alguien importante para usted?
    Él sintió su lucha para hacerlo entender. Ella miró alrededor buscado una pluma el papel pero él sacudió su cabeza. Ella era su compañera y ellos necesitaban aprender a comunicarse. Ella le envió una mirada cargada de emoción, y luego empujó la imagen de Riordan, su hermano más joven, en su cabeza.
    Ella indicó Julio y luego a ella.
    ¿Este hombre es su hermano? ¿El hijo de Cesaro?
    Ella asintió, frunciendo el ceño todo el tiempo. No de sangre.
    Él no quería al hombre en ningún lugar cerca de ella. "No es seguro para él.”- ¿Me entiendes?
    Margarita asintió con la cabeza. Zacarías no podía soportar la presencia de otro hombre cerca de ella, o la mirada de preocupación en sus ojos. Cogió Julio y lo colocó sobre su hombro. Dio un paso lejos de ella.
    ¿Señor De La Cruz?
    Aquella nota suave acariciante en su voz envió un torrente de calor a través de sus venas. Él la miró por encima del hombro.
    Tal vez sería tan amable de arreglar mi puerta al salir.
    Allí estaba, esa necesidad ahora familiar de sonreír. La diversión comprimió la necesidad de destruir a cada varón que haya estado alguna vez cerca de ella. Él necesitaba que utilizara su más nombre íntimo. “Zacarías,” le corrigió. “Y no hay problema.”
    Él salió antes de ceder al impulso de levantar al ofensivo varón y lanzarlo a través de la ventana así él podría darle un tirón a Margarita y probar su sabor único exquisito que lo vencía.
    Margarita miró cuando se detuvo brevemente y agitó su mano, tejiendo la puerta astillada nuevamente en una masa sólida antes de salir a zancadas de la habitación. Ella tomó una respiración profunda y se dejó caer sobre su cama. Su mano se sacudía mientras presionaba sus dedos contra su temblorosa boca. Ella nunca había visto a nadie-incluyendo a un depredador de la selva tropical – estallar en violencia tan rápidamente.
    Estar en la misma habitación con Zacarías De La Cruz fue contundente, tanto como estar con un tigre. Tomaba del espacio, todo el aire, con su poder y energía. Siempre daba la impresión de estar enfocado mirando siempre alerta y listo para atacar al instante. Cuando estallaba en acción, era demasiado rápido como para seguirlo, y tan violento que el acto enturbiaba los sentidos.
    Lo había hecho. Había cometido un terrible error. Zacarías comprendió que se había vuelto demasiado peligroso para estar en compañía de los demás y había tomado medidas para protegerlos a todos. Había tomado una decisión honorable, pero sin darse cuenta había interferido y los había colocado a todos -incluyendo a su alma eterna -En peligro.
    Las heridas punzantes en su cintura fueron curadas, pero ella nunca olvidaría que el paseo doloroso, aterrorizante a través del aire cuando el águila la había tomado en el cielo nocturno, las alas enormes batían ruidosamente lo bastante fuerte para que ella oyera el whomp, whomp mientras cortaban el aire. Ella se había sentido enferma y mareada, mirando fijamente la tierra mientras se alejaba. Ella no tenía ni siquiera la liberación de los gritos. Lamentablemente, y extrañamente, el único consuelo que tenía era tocar su mente, la mente de un hombre salvaje más bestia que humano.
    Se tocó la marca en el cuello y por un momento no pudo respirar, recordando la forma en que sus dientes la habían quemado, cuando se dirigían a través de su piel. La había herido tan mal, y había estado tan aterrorizada de que fuera a terminar el trabajo que el vampiro había iniciado, o peor, que no la matara y la convirtiera en un títere, la encarnación misma del mal. Se acarició la marca palpitante con las yemas de sus dedos. Ella ya se había hecho a la idea que le iba a servir el tiempo que fuera necesario-y sabía que incluía permitirle tomar su sangre para su sustento.
    Esta tarde no cambió nada, de hecho, sólo reforzó su creencia de que le debía Zacarías su ayuda, no importaba lo terrible que fuera para ella. Se cubrió su rostro por un momento, meciéndose atrás y adelante, reuniendo valor. Tenía que encontrar una manera de evitar a los trabajadores en el rancho- sobre todo a Julio. Cuando Julio despertara y se acordara de lo que pasó, estaría desesperado por asegurarse que estaba bien y eso era un problema potencial.
    Con resolución, Margarita restregó sus manos sobre su cara, borrando el miedo y enderezando sus hombros. Esto era su lío. Ella lo había creado. Ella podía sentir la tristeza intensa, el fuerte dolor que pesaba a Zacarías hundiéndolo. Ella sintió sus emociones – y ellos eran tan fuertes a tal punto de aplastarlo – pero ella sabía que él no los sentía de la misma manera que ella lo hacía.
    Él había querido que ella mantuviera su rutina diaria, de modo que eso era lo que iba a hacer, tal como si él no estuviera en la casa. Cuando llegara el tiempo para que él tomara su sangre ella encontraría un lugar agradable en su mente e iría allí. Este era el deber de su familia entera de proveer independientemente a Un De La Cruz lo que necesitara – o quisiera – y ella no le fallaría su familia o a él.
    Ella se miró en el espejo. Su pelo estaba en la gruesa trenza de costumbre, pero su cuello estaba claramente expuesto. Su corazón dio un salto salvajemente. Tal vez eso era demasiada tentación. Rápidamente se aflojo el tejido y permitió que se derramara su pelo hasta la cintura. Ella envolvió una corbata suelta a su alrededor para mantenerlo alejado de la cara y pudiera trabajar sin que la enorme masa se interpusiera en su camino. Sus manos se alisaron la fluida falda y tomo aire antes de dirigirse a la cocina.
    Lleno la tetera de agua, se dio la vuelta y casi se cayó cuando él estaba de pie allí, muy cerca de ella, su mano alcanzó el abundante pelo, mirándolo fascinado. Dejó caer la mano de inmediato y dio un paso atrás para permitirle llegar a la estufa. Haciendo caso omiso de su corazón que latía con fuerza, Margarita hizo como si no estuviera en la habitación. Si quería observar lo que hacía, estaba bien. Ella se prepararía el desayuno a pesar de que era de noche.
    Zacarías inclinó una cadera contra el lavabo y la miró con esa mirada fija, totalmente concentrada que era sin duda de un gato de caza de gran tamaño.
    Ella le dio una mirada velada por debajo de sus pestañas, incapaz de ayudarse a sí misma.
    ¿Quiere tomar té?
    Él frunció el ceño. "Nunca he probado la comida humana. Mis hermanos lo hacen. Para parecer humanos llenan la casa con alimentos y van a eventos de caridad y otras grandes reuniones en la se hace necesario que parezcan que comen. "
    Pero no usted.
    Él levantó la ceja. "No te preocupes por esas cosas. Inquieto demasiado a los humanos por lo que es mejor enviar a Nicolás o Riordan. "
    ¿Ni siquiera una vez? En todos sus años de existencia, ni una vez quiso probar lo prohibido?
    "No sentía nada, kislány kuηenak Minan, mi pequeña lunático. La curiosidad no ha sido nunca un problema para mí. Yo existo. Yo cazo. Yo mato. Mi vida es muy simple. "
    Ella apretó sus labios. No podría imaginarse tal vida. Ninguna comodidad. Sin necesidad de confort. ¿Usted nunca tiene miedo? ¿Nunca ha experimentado el terror extremo?
    ¿Qué hay en mi vida para temer? No tengo nada que perder, incluso la vida misma. Tengo solamente una responsabilidad la de proteger a mi gente con lo mejor de mi capacidad. Y lo hago con honor.”
    ¿Nunca ha sentido alegría? ¿O amor?
    “Hubo una época en mi vida, cuando era un muchacho, que amé a mis hermanos. Durante un tiempo podía tocar sus memorias y recordar el afecto que tenía para ellos. Incluso eso se ha ido para mí.”
    Quería llorar por él. Habló de la materia con la mayor naturalidad, como si no tener a nadie, nada en absoluto para suavizar su vida fuera normal. No había nadie para consolarlo, nadie con quien hablar o discutir, nadie para sostenerlo o amarlo. Todo el tiempo que luchó para proteger a los demás, no había nadie para él.
    Se dio cuenta de que en todo su conocimiento, había grandes lagunas en su educación. Los Cárpatos podía regular la temperatura corporal. Podían curar sus heridas y reducir al mínimo la mayoría del dolor. No había pensado que ella no podía hacer esas cosas, lo que explicaba por qué había parecido tan impresionado por que las garras de águila hubieran perforado su piel. Él no sabía, o realmente no se había dado mucho tiempo para pensar en los humanos.
    No interactuar con nadie más que los no-muertos. Sus hermanos tenían participaciones diversas y hablaban con los gobiernos locales. Zacarías sólo venía cuando está herido y necesitaba una solución rápida. Los trabajadores estaban recelosos de él. Debido a que sus tías, tíos y primos trabajaban en las distintas propiedades de los De La Cruz en América del Sur, conocía todos los chismes sobre la familia y unos pocos habían visto a Zacarías. Había estado completamente solo desde hace siglos.
    Margarita se mantuvo de espaldas, la compasión y el miedo se mostrarían en su cara. Ella podía ser que le temiera, pero eso no quería decir que no podía sentir por él. Su vida había sido una que nunca hubiera querido y sin embargo, él había aguantado por más de mil años. Le habría dado la bienvenida, probablemente a la muerte, y ella le había quitado hasta ese consuelo. Tenía que encontrar una manera de conectar más sólidamente con él para que no saltara cada vez que se le acercara. Ella decidió que el mejor curso de acción consistía en llegar a conocerlo, intercambiar un poco de información para que pudiera estar más cómoda con él.
    ¿Cómo es que puedo sentir sus emociones, pero usted no puede?
    Hubo un breve silencio. Ella se preparó antes de girar hacia él. Las batallas de siglos de perseguir a los no-muertos a través de países en un intento incesante de proteger a los habitantes estaban grabadas profundamente en las arrugas de su cara. Se quedó allí, con la cabeza erguida, mirándola con esos ojos que llevaban tanta tristeza que ni siquiera podía reconocer o comprender.
    No había ningún lugar donde pudiera ir a donde él pudiera estar completamente vulnerable. No había nadie que pudiera amarlo, protegerlo o mantenerlo seguro. Ella tenía una repentina urgencia de poner sus brazos alrededor de él y abrazarlo con fuerza, pero tenía que pedir permiso y ella no iba a cometer el mismo error otra vez.
    El silencio se estiró entre ellos, roto repentinamente por el silbido en la caldera. Ella vertió cuidadosamente el agua hirviendo en la pequeña e intricada tetera de arcilla de su madre. El cuerpo era rectangular y pintado a mano con los caballos peruanos de Paso que corrían libremente con las colas y las melenas fluyendo con el viento. Ella amaba la tetera que su madre había hecho tantos años atrás y siempre cuidaba de ella. Cuando la usaba siempre le hacía sentir más cerca de su madre y, ahora, eso la confortó. Ella no podría imaginarse a Zacarías teniendo nada como eso en su vida. “No era consciente que usted podía sentir mis emociones,” él finalmente, casi renuente, admitió.
    Ella se volvió hacia él de nuevo, apoyándose en el mostrador y estudio de su rostro. A ella le pareció increíble que pudiera parecer tan severo y autoritario, pero sin embargo, ser tan brutalmente hermoso. Su pelo era largo, incluso para un Cárpatos, casi tan largo como el suyo. Unas pocas hebras de color gris realzaba el profundo color de la medianoche. La masa de pelo tenía ondas suficientes- para moverse en espiral en varios remolinos largos dentro del cordón de cuero con que lo ató. Las ondas en espiral no suavizaban su apariencia, sólo lo hacía mucho más atractivo.
    No parecía estar relajado y tranquilo. Él aparecía exactamente lo que era-una máquina de matar. Nadie nunca lo confundiría con otra cosa, pero tal vez se estaba acostumbrando a su presencia, porque los temblores internos la habían dejado por fin.
    Yo puedo.
    "Explícamelo."
    Parecía genuinamente desconcertado, pero ¿cómo podría explicarlo? Ella trató de imaginar a un volcán con masas de magma agitado. Puedo sentir lo que está dentro de ti. La ira. Tristeza. Es muy turbulento e intenso, pero puedo decir que no lo sientes de la misma manera que yo.
    Sus ojos no se apartaron de su rostro. Ella no pudo evitar el aumento repentino de color. Se sentía un poco como un insecto bajo el microscopio. Era evidente que él la estudiaba a ella – un espécimen humano.
    "Háblame de tu amigo Julio."
    Su estómago se anudó. De esa manera parecía desastre. Su expresión no había cambiado, pero sus ojos lo hicieron. Sólo había una diferencia sutil en sus ojos, pero podía sentir la emoción volcánica, turbulenta dentro de él. Se volvió a hacer el desayuno para que no sentir miedo.
    Ella hizo todo lo posible para mostrarle su relación con Julio. Crecimos juntos. No es más que unos pocos meses mayor que yo, por lo que fuimos criados como hermano y hermana.
    Le resultaba difícil proyectar ese concepto, pero, mirando por encima del hombro a la cara oscura, ella persistió. No había otros niños.
    Este es un rancho de trabajo e incluso de niños, por supuesto, se esperaban que ayudaran.
    Una vez más, trató de enviar impresiones de ellos dos trabajando en los establos, y en el campo con el ganado. Yo podría hacer un mejor trabajo con la pluma y el papel.
    "Lo estás haciendo muy bien."
    Ella arriesgó otra mirada rápida a su rostro. Ella no lo estaba haciendo bien. Todavía tenía la muerte en sus ojos. Se obligó a disminuir el pánico, sentía como si le estuviera fallando a Julio. Mi madre murió cuando yo era muy joven y yo estaba inconsolable. Me perdí en los animales. En la selva tropical.
    Se movió como si la idea de que una niña sola en la selva tropical lo molestara, pero no podía imaginar que podía concebir el dolor de un niño por la pérdida de su madre. O que podría preocuparse por un niño humano que era de poca importancia para él. Pero Julio se había preocupado. No sólo era un niño él mismo, sino que desafió a sus padres y la siguió para mantenerla a salvo.
    Y luego su madre cogió una fiebre y murió un año después de mi madre. Eso creó un lazo entre nosotros. Tuve cuidado de estar cerca de él, como él lo había hecho por mí. Una vez más trató de transmitir el profundo pesar de que ambos habían sentido y la conexión de toda la vida que se había establecido.
    Margarita dio media vuelta y estudió su rostro, la turbulencia en los ojos oscuros. Ella respiró hondo, sintiéndose un poco desesperada porque entendiera. ¿Puedes ver mis recuerdos, de nosotros dos? Si pudieras entrar en mi mente y ver por sí mismo, tal vez sería capaz de sentir su afecto por Julio y darse cuenta de que era de hermana, no de una mujer que ama a un hombre.
    "Por supuesto. Nuestro vínculo de sangre es fuerte, pero yo tendría que ir más profundo en su mente. Y ya me tienes miedo. "
    Su corazón latía con fuerza. Ambos podían oírlo. Ella tomó una respiración mientras cortaba dos rebanadas de pan para ella y rompía dos huevos para revolverlos con un poco de jamón. ¿Duele?
    "No dolería. Solo se sentiría… íntimo".
    La última palabra la susurró sobre su piel como una suave caricia. Margarita se estremeció. Él estaba cerca de ella. Podía sentir el calor de su cuerpo cuando estaba detrás de ella, mirándola cocinar. Se sentía peligrosa, de pie en su cocina haciendo el quehacer diario con él tan cerca, observando cada uno de sus movimiento. Respiraba cuando ella respiraba. Juró que su corazón mantenía el mismo ritmo.
    Tragó saliva y se concentró en elaborar el sandwich colocando con cuidado los huevos entre las rebanadas de pan. Ella colocó su desayuno en un plato, haciendo caso omiso de sus manos temblorosas. Tenía miedo de Zacarías, pero cuando hablaba en ese cierto tono de voz, su cuerpo reaccionaba. Se atrevería a dar una oportunidad a que la adición que sentía, esa atracción física extraña aumentara al consentir-no- al invitarlo a entrar más profundo en su mente?
    Ella agarró el asa de la tetera justo cuando él lo hizo también. Su brazo tomo el de ella y sus dedos se apoderó de los suyos. Un millar de mariposas se dieron a la fuga en su estómago.
    "Déjame", dijo.
    Esa misma nota baja acariciante en su voz. Cerró los ojos brevemente contra el asalto repentino de sus sentidos y deslizó su mano bajo la suya. Él no se movió, manteniendo cautiva entre él y el mostrador, mientras que vertía su té. Ella sabía que había un espacio entre ellos, tal vez el ancho de una hoja de papel, pero podía sentir el calor que irradia de él. Su cuerpo se incendió. Las llamas bailaban sobre su piel, se lanzó a través de su torrente sanguíneo para instalarse en una necesidad apremiante en su más femenino núcleo.
    Se quedó sin aliento en la garganta a medida que avanzaba la escasa separación, acortando la distancia como el papel delgado al bajar la tetera, de modo que se presiono contra ella, su aliento cálido contra su cuello. Él inhaló, dibujando el aire cargado con su aroma, profundo en sus pulmones. Un gruñido suave como un ronroneo retumbó en su garganta. El sonido parecía el de un animal salvaje, pero había algo terriblemente sexy sobre él. Se quedó inmóvil, paralizada por el miedo, pero no estaba segura si era de él o de ella misma. El gruñido vibró a través de su cuerpo, hasta que todos los sentidos se consumieron por completo con Zacarías.
    Zacarías de la Cruz era un barril de pólvora peligrosa, y ella tenía mucho miedo que si se movía o le permitía la entrada más a su mente, sería proporcionar la chispa que lo pusiera en marcha. No fue su culpa que reaccionara a él. Ella nunca había tenido una reacción a cualquier otro hombre, pero había ocurrido una vez con él en el bosque. No tenía sentido, pero no podía recuperar el aliento, esperando… deseando…que, no lo sabía.
    Los labios de Zacarías se movieron contra su oído, su aliento agitando su cabello y enviando una descarga eléctrica que chisporroteaba por sus venas."Puedo oír los latidos de su corazón."
    Cerró los ojos y envió una oración para que su olor no fuera el de una mujer desesperada por un hombre, porque si ella podía sentir la humedad en su ropa interior lo más probable es que pudiera oler la llamada femenina. Un hombre tan cerca de los animales tendría un sentido del olfato aumentado.
    Estoy seguro de que puede. Podía oír su corazón tronando también. No había duda de su miedo o – su atracción.
    Sus dedos se movieron la masa de pelo que ella había dejado con cuidado cubriendo su cuello. El roce de sus dedos hizo que su vientre se apretara, y el líquido caliente se derramara. Su boca se movió sobre su piel, su lengua como una escofina de terciopelo, dejando su marca sobre su pulso con frenética necesidad. Se agarró al borde del mostrador, con el corazón palpitante de miedo o de emoción- ella no sabía de qué.
    Permanecer inmóvil, mica emni kuηenak Minan, mi hermosa lunática, tengo que probarte. No sería una buena cosa que pelearas conmigo. En este momento, me siento en el borde de mi auto-control.
    Su mente se deslizó en ella espontáneamente, pero no podía decir que no fuera deseado. Su tacto era sensual, enviando un escalofrío de placer que le recorrió la espalda, pero su advertencia la asustó. La idea de sus dientes hundiéndose en ella era tan terrible que debería haberme desmayado, sin embargo, su cuerpo de repente estaba vivo, todos las terminaciones nerviosas ardiendo.
    Tengo miedo. Allí. Ella se lo había admitido.
    No es necesario. Usted es la persona más seguras del mundo a mi lado. No luches contra mí, mujer. Entrégate a mí.
    Ella no estaba segura de qué quería decir con que ella era la más segura de las personas del mundo a su alrededor. Ella no se sentía segura, se sentía amenazada en todos los niveles que había. Se obligó a impedir luchar cuando él la giro para afrontarlo y la rodeó inexorablemente contra su pecho. Era enormemente fuerte, con los brazos como el tronco de un árbol de ceiba, duros e inflexibles, una jaula de la que no podía escapar.
    Zacarías tiró de ella firmemente contra él, ajustándola contra él como si ella perteneciera allí, su cuerpo impreso en el suyo. Ella inclinó su cabeza para alzar la vista hacia él. Estaba tan maravillosamente tallado, como una estatua hecha de la piedra más fina, la sensualidad personificada. Sus ojos se obscurecieron de hambre. Sus dientes destellaban en ella, blancos y lentamente desplazamiento a su lugar, los incisivos más bien caninos, pero sus colmillos parecían muy agudos también. La distinción entre el vampiro y Cárpato estaba allí, pero era delgada.
    Su corazón compitió con la última palpitación lejana, acelerando tan rápido que temió que se saldría a través de su pecho. Él bajó su cabeza lentamente a la suya, su boca cepillaba el más ligero de besos en la esquina de su ojo. Su cuerpo entero entró casi en fusión. No había manera de parar la reacción puramente sexual a ese tacto súper ligero. Sus labios se arrastraron de su ojo a su mandíbula, suavemente apenas besándola, una exploración sin prisa.
    Su cuerpo fue suave y flexible, fundiéndose contra el suyo. Su temperatura se elevó, su núcleo ardió, quema de dentro hacia fuera. Toda la tensión drenó fuera de ella, sus pestañas cerrándose lentamente mientras sus labio continuaban por el cuello hasta el hombro. Se sentía a la deriva en un río de sensación pura, flotando hacia él con todo su ser. Su corazón y tal vez incluso su alma alcanzando la de él.
    Sus dientes rasparon adelante y atrás sobre ese punto palpitante y su cuerpo reaccionó, levantando la temperatura un poco más. Sus pechos le dolían, sus pezones empujando contra la delgada tela de su sujetador. En algún nivel sabía que se estaba entregando a él, que si sucumbía a él, ella nunca volvería a ser la misma, pero había tejido una red sensual y ella quedó atrapada en ella de buena gana.
    Hundió sus dientes profundo, el dolor estrellándose a través de ella, impactándola.

CAPITULO SIETE

    Zacarías se perdió en las llamas ardientes corriendo por sus venas, y la bola de fuego rugiendo en su vientre. El fuego se vertió en su ingle hasta quemarlo, fuerte ​​y lleno – para ella. Para Margarita. La sensación fue impresionante, completa, incluso chocante. Nada en su vida lo había preparado para el asedio a sus sentidos, para la necesidad primitiva y el hambre cruda que causaba estragos no sólo en su mente, sino en su cuerpo.
    Esta mujer le había cambiado para siempre, cambió su mundo, y donde no había ningún sentimiento por más tiempo del que podía recordar, ahora toda su atención, todo su ser estaba centrado en el cuerpo suave de Margarita, la sangre que recorre sus venas y el aroma femenino que llamaba al macho en él.
    Él encontró que él no podía oponerse a la tentación de probarla, ella olió tan bien, un señuelo al que él no podía oponerse. Su cuerpo fue flexible, moldeando al suyo.
    Inmediatamente sus sentidos se hicieron agudos, perdidos, ahogando aún, en las señales bioquímicas de una hembra que pide a su compañero. Él la cambió más cerca, separando su pelo de su cuello. Él dobló su cabeza y lamió sobre aquella señal de fresa que le dijo al mundo que ella le pertenecía.
    Su cuerpo se estremeció en anticipación. En realidad se estremeció. Él sintió como si el mundo no se moviera, como si él sostuviera su aliento, esperando un latido del corazón, saboreando
    La sensación de ella, su olor y la belleza incandescente de su color, porque ah estrellas y luna del más allá – él vio su color. Hermoso e increíble color.
    Abrumado por la necesidad desconocida, Zacarías hundió sus dientes profundamente en su carne, conectándolos entre sí. La esencia pura que era Margarita fluyó en la boca, como el néctar más dulce. Ella sabía exótica y exquisita… su gusto. Nada alguna vez le había sabido así. Se alimentó porque necesitaba la vida y la vida era la sangre. En ese instante, la vida era Margarita.
    Su cuerpo entero zumbaba, sus venas cantaban de alegría. Ella era un instrumento musical, tocando una canción escrita expresamente para él. Él sabía que era el único hombre que escucharía sus notas hermosas. Él sabía que no podía quedarse con ella. Estaba atrapado en una media vida y que no podía condenarla a una cosa así. Pero en realidad, nunca había conocido la vida, por lo que en ese mismo momento, en ese tiempo y lugar, era suficiente, era todo para él.
    Margarita era una droga en su sistema, que fluía como el fuego, que se precipita por sus venas y lo llenaba como una especie primordial de estallido de luz. El mundo alrededor de él era aburrido y sin vida, un contraste duro para sus ojos centellantes como joya brillantes y el brillante pelo negro azulado. Ella era el color y la vida, la razón por la que cada guerrero luchaba contra la plaga que era el vampiro. Ella era su razón. Él vio esto en un instante. Probó la verdad en su boca. Sintió que vibraba por su cuerpo.
    Él siempre sabría exactamente en dónde estaba cualquier momento, desde ahora y en qué parte de la casa, y lo que estaba haciendo, incluso lo que estaba pensando. Él sabría cuántas veces fruncía el ceño, levantaba la barbilla en obstinación, se mordía el labio inferior o su deliciosa sonrisa. Él era muy consciente de ella como una mujer, con su fragancia femenina, y siempre tendría en cuenta el momento exacto cuando ella volviera la cabeza y lo mirara, y cuando pensaba en otra persona, porque él nunca más volvería a estar fuera de su mente por completo cuando estuviera cerca de ella, no hasta que terminara su existencia.
    Perdido como estaba en la abrumadora emoción real por primera vez en su existencia, no cogió el momento exacto en que todo cambió para ella. Un momento ella estaba con él, ardiendo en el fuego erótico, y al siguiente, ella luchaba. Se atrevía a pelear con él. A rechazarlo por completo. Provocando todos los instintos de caza que tenía, y que se perfeccionaron en sus más de mil años. La caza fue criada en sus huesos, en su alma. Oyó el gruñido de advertencia retumbando en su garganta y se sintió tomar en un bloqueo inquebrantable a su cuerpo ahora tenso.
    Ella no hizo ningún sonido, pero sintió que ella estaba aterrorizada. Ella luchó violentamente y él la encerró con él bruscamente, su cuerpo agresivo. Haría más de mil años desde que nada ni nadie nunca lo había desafiado. En verdad, no podía recordar un momento, y ella despertó todas sus necesidades de conquistar y controlar.
    Su reacción fue de nuevo más animal que de hombre, pero era todo un macho. Que había absorbido su rica fragancia, sintió que su cuerpo blando flexible se fusionaba en el suyo, y su mundo había cambiado. Él no quería que esa sensación terminara nunca, sin embargo, ya lo había hecho y muy bruscamente. Su olor le envolvió y esta vez no había encanto femenino. Estaba aterrorizada de él. Y odio el olor de inmediato.
    No luches contra mí. Él era demasiado el depredador y no había manera de no hacer caso de los instintos fuertes exigiendo que él sometiera su presa. Su sangre rica fluyó en su sistema, una carga eléctrica, chisporroteando a través de las venas y bombeando una sangre más caliente en su ingle hasta que estuvo lleno y duro e incluso doloroso. Él experimentaba el mayor placer que él había sentido nunca mientras que Margarita estaba absoluta y totalmente aterrorizada. Su cuerpo estaba rígido, tenso, su mente gritaba una protesta. Sus pulmones quemaron por aire. Él podría decir que casi estaba cerraba totalmente a él por el miedo. Ayúdeme, Margarita. Usted tiene que parar de luchar o no podré recuperar control.
    Sus brazos eran barras de hierro, encerrándola. Su grito silencioso llenó su mente. Él la alcanzó otra vez. Embe karmasz-por-favor.
    Él no podía recordar un tiempo en que él alguna vez hubiera abogado alguien para algo, pero era imperativo que ella dejara de luchar contra él, y aún más era imperativo que ella otra vez sintiese las cosas que él sentía. Él podría anular las barreras colocadas en su mente desde el nacimiento, barreras obviamente reforzadas con cada generación. Pero él sólo usó sus poderes para tranquilizar a su presa, y ella no era la presa. Se sintió incorrecto hacerse cargo de su mente y plantar sentimientos y memorias que no eran reales.
    Debe haber sido la inflexión de su voz, las súplicas suaves en su propia lengua que penetró su terror, porque él sintió su resolución repentina, la forma en que ella hizo entrar aire desigual en sus pulmones y forzó a su cuerpo a calmarse. Inmediatamente él fue capaz de levantar su cabeza, pasar su lengua en los pinchazos de su cuello para cerrar las heridas. Él la abrazo con fuerza, oyendo el latido de su corazón, sintiendo su golpeteo rápido contra su pecho.
    Él enterró su cara en su pelo grueso de seda y solamente la sostuvo, respirando para ambos.
    Le susurró en su propia lengua, apenas sabiendo lo que estaba diciéndole, sintiendo las palabras desde lo más profundo en un lugar que nunca había tocado, nunca ha ido y no sabía que existía. Dio unos golpecitos en algún depósito de ternura desconocida para él, tan desconocido que no tenía raíces ni idea de qué hacer con él. Él era un antiguo Cárpatos, uno de los más viejos, uno de los más informados y estaba completamente fuera de su terreno.
    "Te avío päläfertiilam-Tú eres mi compañera, una mujer por encima de todas los demás. Usted sostiene lo que queda de mi alma en las palmas de sus manos. Mataría por usted. Tengo la intención de morir para protegerla y mantenerla a salvo. No tengas miedo de mí, Margarita. Sólo quiero disfrutar de unas pocas noches contigo. No tenga miedo nunca más."
    Impresionado por lo que estaba compartiendo con ella, aunque no pudiera entender por completo lo que estaba tratando de transmitirle, permaneció con el rostro enterrado en su cabello fragante y la abrazó con fuerza a él, tratando de encontrar una manera de consolarlos a los dos. Estaba preparado para cualquier batalla, pero la del corazón. Él estaba completa y totalmente fuera de su terreno por primera vez en su vida.
    El corazón de Margarita se desaceleró tomando el ritmo del suyo. Sus pulmones siguió el ejemplo del suyo. Ella se movió contra él, inclinando la cabeza para mirarlo. Su corazón se tambaleó, y cayó a como plomo a sus pies. Las lágrimas nadaban en sus ojos.
    Las lágrimas no le habían movido. En verdad, nunca había pensado en lo que querían decir o por qué lloraba la gente. El dolor estaba muy lejos de su existencia, pero de repente, sus lágrimas eran un cuchillo en su corazón, mucho peor que cualquier vampiro que rasgara a través de su carne.
    Lo siento. Yo no estaba preparada para la forma en que sentía. No voy a pelear de nuevo.
    Dejó caer la cabeza con la misma rapidez, pero no antes de que él captara el destello de aprensión.
    Zacarías frunció el ceño. ¿Por qué temes que tome su sangre? Es natural.
    Sintió que su corazón saltaba contra él y la mantuvo encerrada en la jaula de sus brazos, porque necesitaba la tranquilidad de su corazón latiendo, su calidez y suavidad. Él quería su capitulación, pero no así. Sus dedos encontraron su barbilla y una vez más, la obligó a mirarlo. Sus ojos buscaron los suyos, en busca de algo-tal vez-certeza de que no se enojaba si le decía la verdad.
    "Dime", insistido en silencio. "No tengas miedo de la verdad." Porque él tenía que saber. Entender su razonamiento, era tan necesario como respirar, era una sensación extraña, tanta necesidad de comprender por qué había luchado.
    Le tomó un momento para reunir el coraje para responderle.
    No me es natural, donar sangre de este modo. El vampiro rasgó en mi garganta cerca del punto donde usted estaba tomando mi sangre y entre en pánico. Y entonces usted…
    Él cogió la impresión de una bestia salvaje que la atacaba. Él no había considerado que interpretaría su toma de sangre como asalto para ella. Su familia entera sabía que los Cárpatos sobrevivían con sangre. Juraron proveerle a él, a sus hermanos y sus compañeras.
    “No le dañaría.”
    Su mano se arrastró hasta cubrir el punto en su cuello donde su marca de color fresa brillante con dos impresiones distintas de pinchazos.
    Lo sé.
    La impresión de que le envió fue mixta. Ella no lo sabía. Ella no comprendía que en realidad era la persona más segura del planeta. Era su tutor. Su protector. Él se encargaría de que ella estuviera a salvo en todo momento. Incluso de ella misma, lo que parecía ser su mayor trabajo. Pero primero, tenían que conseguir terminar con sus temores de donar de sangre.
    "Yo lo sé. Me tienes miedo. "Las mentiras entre ellos no serían toleradas, y mentirse a sí misma era aún peor.
    Ella tragó saliva y asintió a regañadientes, presionando su mano duro contra su mordedura, como si le doliera. Su ceño se profundizó. ¿Si le hubiera hecho daño?
    Había un agente anestésico natural en la saliva, que evitaría que cualquier ser humano sintiera dolor en el proceso? Él nunca había interactuado como sus hermanos con las demás especies para extraer la sangre, o si lo había hecho, él no recordaba nada de eso. Tal vez no había sentido nada durante tanto tiempo, que incluso su memoria era defectuosa. Aún a los hombres y mujeres, que generación tras generación habían servido a su familia de buena gana, él los evitaba.
    ¿Te duele?
    Su primera reacción fue asentir con la cabeza, pero vio su cambio de expresión. Era su turno para fruncir el ceño como si no pudiera decidir.
    "Muéstrame lo que sientes."
    Volvió la cara a su pecho y le mordió con fuerza. El dolor destelló en él y lo cortó de forma automática, sorprendido de que se hubiera atrevido a hacerle una cosa para él. Nadie le pone las manos o los dientes- sobre él. Simplemente no se hacía.
    ¿Qué estás haciendo, kislány kuηenak-pequeña lunática?
    Usted dijo que le mostrara. Y yo lo hice.
    Una gran cantidad de satisfacción emanaba de ella y se encontró con esa extraña sensación de felicidad y risa-que brota de la nada, ya que parecía aparecer tan inesperadamente a su alrededor. Ella lo mordió y le pareció un poco gracioso. "Yo no le di permiso para morderme. Me refería en su cabeza. El espectáculo no la sensación de dolor. "
    Usted sintió dolor cuando le mordí.
    Él le acarició con la mano por el largo y sedoso cabello de color negro medianoche. Ahora, aún más que antes, era un negro auténtico, tan brillante que apenas podía apartar su mirada de él. "No siento el dolor."
    Usted lo hace. Sólo que no se permite a reconocerlo. Yo estaba conectada con usted y lo sentí.
    Su asimiento en ella aumentó. ¿Qué estás haciendo, poniéndose en una posición tal que no sólo sientes su propio dolor, sino bien también el mío? Lo hice.
    No lo entiendo, Margarita. No tiene ningún sentido para mí. Tienes miedo de que te cause dolor y entonces deliberadamente te conectas a mi mente para sentir el posible dolor que me causas. ¿Eso de alguna manera es razonable?
    Su mirada permaneció fija durante mucho tiempo en los suyos. Una lenta sonrisa atrajo su atención a la boca sexy y perfecta. Su cuerpo respondió agresivamente una vez más, una oleada de sangre caliente corriendo a través de su sistema para reunirse en un solo lugar. Sus ojos se habían vuelto suaves, ese champagne derritiéndose en un chocolate obscuro, como un mar de diamantes brillantes al que temía y quería caer. Estaba prohibido para él. Él sabía y lo aceptaba. Era una sombra como la bandada de aves volando sobre el rancho en su busca, enviado por la más malvada de las criaturas que caminaban en la tierra.
    Nunca había conocido la dulzura o la ternura. No había nadie que se la diera, ningún espacio blando en su interior y nunca lo había tenido. De hecho, había nacido sin esos atributos. En cambio, había nacido con el dominio puro y había crecido en una época de guerra e incertidumbre dentro de un cazador solitario incapaz de preocuparse por herir a otro, siempre y cuando lograra su objetivo: la mejor protección de su especie. Su creencia en sí mismo era absoluta y a los que protegían creían en él aún más.
    Que un hombre protegiera a su mujer por encima de todo era una ley sagrada, y seguía su ejemplo, sin duda era su única forma de vida, sin embargo, en el mundo moderno ya no era así. Tal vez nunca lo había sido. Sin urbanidad y ninguna forma de suavizar lo que era: un asesino. Él no se disculparía por sus modos, y nunca lo haría. Tal vez en otro tiempo, mucho antes de éste, habría tratado de conciliar lo que él era, con quien tendría que ser para ella, pero ese tiempo hacía mucho, mucho tiempo había desaparecido. Era imposible.
    Su mirada permaneció trabada con la suya. Él se consolaba con su belleza. Y su valor. Ella se enfrentó a él, a pesar de sus temores. Ella lo había salvado y cuando llegara el momento de irse, se enfrentaría a su muerte con igual valor. Él se lo haría tan fácil para ella como fuera posible, aunque nunca sabría el costo para él. Su mirada buscaba algo en él, algo que sabía que no estaba allí. Él no le podía dar tranquilidad, suavidad y promesas de un comportamiento educado y cortés. Él ni siquiera sabía esas reglas. Él capturó su rostro, sosteniendo su mirada a la suya.
    "Hazme entender."
    Se lamió el labio inferior y tuvo el repentino impulso de inclinarse y dibujar su lengua en su boca – saborearla una vez más- el indescriptible sabor que ahora anhelaba de una manera nueva y diferente. Porque él habló en comandos, salió de esa manera, pero él deseaba que ella quisiera ayudarlo entender.
    Me has hecho daño. Me asustaste. La primera vez. Al igual que el vampiro.
    Él le frunció ceño, sacudió su cabeza en negación completa, con repugnancia de que ella pensaría tal cosa. "Eso era una lección – y una que usted desesperadamente necesitaba.
    Él era asqueroso, y arrancó su garganta. La habría matado para su propio placer. Si usted no fuera tan…" Tonta. La palabra vibró entre ellos, se cernió derecho allí a sus mentes. Él limpió su garganta cuando sus ojos se convirtieron en una mezcla tempestuosa. Tan obstinado como eres, verías la diferencia entre nosotros sin esfuerzo y usted no tendría la remota necesidad de un recordatorio de que la obediencia debe ser inmediata y sin cuestionamientos. Esta lección debería ser suficiente para una vida. No es una cosa buena desafiarme. "
    ¿Una lección? ¿Usted llama aquello, una enseñanza? Usted me asustó a la muerte.
    “Debes tener miedo. Cuando un cazador exige algo de usted, es por una razón. Generalmente la vida y la muerte están implicadas. Mejor que recuerdes en todo momento que no debes vacilar nunca.” ¿Y Julio? Usted lo miraba como si se prepusiera matarlo. Sus ojos abiertos de par en par, obscuros, enormes, esas pestañas plumosas que se agitaban nerviosas. Pero ella no apartó la mirada. Su cuerpo reaccionó a su pregunta, sus músculos se retorcieron, algo mortal se movía a través de su alma. Su mente se suavizó cuando pensaba en Julio. Había calidez en su mente, completa confianza. Cosas que sólo deberían estar allí por un hombre-su compañero-no un amigo de la infancia.
    Su mirada permaneció fija en ella. Él diría sólo la verdad a su mujer. "No es razonable para un hombre permitir que otros machos estén alrededor de su mujer.
    Los animales en la selva no toleran tales cosas. "
    Él la miró con cuidado cuando ella contuvo el aliento. No era tonta de ninguna forma. Él le estaba diciendo que le pertenecía y su comprensión hizo que rápidamente velara su expresión. Ella estuvo silenciosa un momento, sus ojos buscaban ese algo evasivo que él no sabía como dar – nunca sabría darlo.
    No somos animales de la selva.
    Él no quiso que hubiera ningún error entre ellos. Ningún malentendido. "Lo soy."
    Ella sacudió su cabeza en negación silenciosa, pero ella reconoció al asesino en él.
    "Usted sabe lo que soy, Margarita. No puedo ser otra cosa que lo que soy. "
    Ella parpadeó. Trago. Humedeciendo sus labios.
    Entonces es una buena cosa que no sea su mujer.
    Él pasó su mano por la caída de seda oscura de su pelo y fue sorprendido por la gentileza con la cual la tocó-y la extraña suavidad dentro de él. “Usted sabe que no es verdad.”
    Ella tomó una respiración, y él olía de nuevo miedo, pero esta vez, fue teñida con algo más-interés quizás. Ella no era totalmente inmune a él y eso la molestó.
    – Soy una criada prometida a su servicio, señor.
    “Hay más que criado y amo entre nosotros tanto como usted desee negarlo. Pero por ahora, eso será. No quisiera que usted temiera que tome su sangre. Tendré más cuidado de su fragilidad.
    Ella parpadeó varias veces y hubiera dado un paso para alejarse, pero él se deslizó más cerca, sin que pareciera moverse, bloqueando su huida. Sus ojos lo hipnotizaron, pasando de champagne a un caliente chocolate oscuro. La diferencia fue sorprendente para él. "Creo que estaba a punto de beber su té y comer su comida. "
    Ella echó un vistazo a los alimento en el mostrador y sacudió su cabeza. Él consiguió la impresión inmediata de frío. Él agitó su mano y el vapor se levantó de la taza así como en el plato. Su sonrisa era tentativa y casi tímida, pero él encontró el contraste de sus labios decididamente rosados y sus dientes blancos hermoso. Sus ojos eran completamente marrones ahora, el colorido rico y conmovedor. Ahora él podía ver manchas intrigantes de oro. El oro podía haber sido las estrellas en el cielo de medianoche de sus ojos antes, chispeando como diamantes antes de que él pudiera discernir el color verdadero.
    Ella cogió la taza de té y el plato y él caminó detrás de ella, dándole sitio bastante para que tuviera que rozar su cuerpo mientras llegaba a la mesa. Ella tenía cuidado, su mano temblando apenas un poco cuando la coloco sobre la cerámica de gres. Él sabía que él siempre vería todos los matices, el más mínimo detalle, se mantendría concentrado y consciente de todos sus movimientos, hasta el aleteo de sus pestañas.
    Ella se sentó y lo miró durante un momento, todavía nerviosa, como si estuviera atrapada en una jaula con un gran gato de selva. Él merodeó más cerca, incapaz de resistir dio un gruñido que retumbó, sabiendo sus ojos se abrirían de par en par, y luego ella se reiría de él. Llegó, aquella lenta y conmovedora sonrisa que pareció ondularse por su cuerpo, suave al principio, y luego con fuerza creciente hasta que ella fuera todo calor y fuego corriendo directamente hasta su ingle.
    Ella tomó un sorbo de té. Deja de hacer esto. Usted lo hace para asustarme.
    Por primera vez, la impresión de su risa era fuerte, llenando su mente. No era solo diversión tentativa. Él había sido el que deliberadamente la embromó y ella había respondido. Él encontró gran satisfacción al saber que ella era consciente que él la había estado embromando. Era uno de un millón de conceptos que él nunca había entendido, solamente quería su sonrisa y él tuvo que hacer algo para conseguirlo más allá de su miedo.
    “Usted realmente no tiene miedo de mi en este momento,” él declaró, y continuó acechándola a través del cuarto.
    La cocina era bastante espaciosa así que él tenía un montón de sitio, pero él se sentía raro-si nunca- había pasado tiempo real dentro de un recinto con excepción de una montaña, y las paredes lo inhibían. Él no podía oler el aire. No podía recopilar continuamente información.
    ¿Qué le tiene al borde? ¿La bandada sombreada?
    Él dejó de moverse bruscamente. Él encontró interesante que ella había sabido que los pájaros estaban corrompidos por mal y que habían cruzado por su mente justo después que él había estado pensando en ellos conjuntamente con las sombras que impregnaban su propia mente y cuerpo.
    No estoy acostumbrado a estar adentro. ¿Te molesta que me mueva a tu alrededor?
    Ella le dio un mordisco a su huevo, mirándolo con cuidado. Eventualmente, ella negó con la cabeza. Te ves muy poderoso y tiendes a dominar el ambiente. Yo creo que me estoy acostumbrando cada vez, un poco más a usted y a la forma de fluida en que se mueve, como un cazador.
    "Yo soy un cazador." Él quería que se acostumbrara a sus maneras. Había gracia en los gestos de su mano. En la inclinación de la cabeza y en la forma en que estaba sentada. A él le gustaba el susurro silencioso de sus faldas y la forma en que su pelo grueso caía como una cascada de seda por la espalda hasta la estrecha cintura. Su pelo le fascinaba. Le parecía tan vivo, siempre en movimiento, brillante, los colores se profundizaba cuando estaba en su compañía.
    ¿Vamos a ser atacados? Las aves le estaban buscando ¿verdad?
    Él leyó el miedo por los otros. Él podría ver que ella rechazó pensar en qué iba a sucederle. Y más que todo lo demás, leyó el miedo por él. Ella tenía miedo por él y eso no tenía ningún sentido. Ella debería querer que él se llevara a vampiros lejos de ella y de la hacienda, pero él podría ver la repugnancia porque él fuera encontrado. Él incluso cogió la impresión de sí mismo bajo la tierra, como si debiera ocultarse.
    Se obligó a cruzar la habitación y sacar una silla frente a ella. ¿Usted desea realmente saber la verdad de los pájaros? ¿De la familia de De La Cruz? Si me pregunta, le daré la verdad, ten cuidado con lo qué deseas.
    Tomó otro sorbo de té, estudiando su rostro pensativa sobre el borde de la taza. Su mirada se había puesto muy seria y en su mente, él sintió que sopesaba sus palabras. Su gesto fue lento, pero bastante firme.
    “Después de que el ataque contra usted, fue descubierto que los cerebros detrás del complot para asesinar al príncipe de la Cárpatos habían recolectado un ejército y ellos se propusieron realizar su plan de batalla contra el príncipe, probando sus planes primero en una de las haciendas de la familia. Nosotros estábamos convencidos-y estábamos en lo correcto-al pensar que estaríamos en nuestra propiedad más grande del Brasil. La mayor parte de mi familia y sus compañeras se reúnen allí y era un lugar lógico para intentar barrernos a todos de una vez.” Él descubrió sus dientes. “No esperaron que estuviera presente.”
    Ella humedeció sus labios. Separándolos. Él perdió su tren de pensamiento. Ella parpadeó varias veces. Sus pestañas eran gruesas, largas como plumas que se extendían sobre sus mejillas él se encontró admirándolas. Él nunca notó realmente tales detalles en otro ser. Ella le frunció el ceño, sus aladas cejas se dibujaban, las pequeñas líneas que aparecían por un instante y se disolvían como la hendidura en su mejilla derecha era propensa a hacer cuando su sonrisa descoloró.
    ¿Lo hicieron? ¿Los cogieron a todos juntos?
    "Ellos pensaron que nos tenían. No habían contado conmigo ni con otro guerrero, Dominic. Tampoco habían considerado que las mujeres se unirían a la lucha o con los humanos. "Sólo el breve encuentro con las heridas de Margarita después de que el águila arpía la había llevado a través del cielo, rasgando su carne con sus garras, le había hecho mucho más consciente de la fragilidad de los seres humanos, y sin embargo su pueblo había ido voluntariamente a la batalla para defender la propiedad.
    ¿Sabían a lo que se estaban enfrentando?
    Él levantó la cabeza. ¿Estás leyendo mis pensamientos?
    Sus sentimientos. Usted siente dolor por los caídos. Los admiran.
    Sacudió la cabeza para negar la acusación. No sentía nada. Su mente se volvió sobre su nueva comprensión como un hecho, reservándolo con todos los otros los pedazos de información él se había reunido en su larga vida útil. Pero las emociones no tenían cabida en su mundo.
    ¿Sabían a lo que estaban enfrentando? Instó a una respuesta.
    Él asintió con la cabeza. Nicolás les habló a todos y les dio la opción de marcharse. Se recomendó que moviera a las mujeres y los niños.
    Ellos se negaron. Se quedaron, a pesar de que mi hermano dejó en claro que íbamos a sufrir bajas y cualquiera que se marchara no perdería sus derechos a seguir trabajando para nosotros. Un asalto completo como este nunca había sido planeado y puesto en marcha por los vampiros, y sabíamos que la batalla iba a ser brutal.
    Muéstrame.
    "No lo haré." Él dijo las palabras en voz baja.
    Lento el color resbaló debajo de su piel. Su mirada saltó a la suya. Él sintió que en su investigación y había un dejo de dolor adjunto.
    "La guerra no es para usted. Ya tuvo un encuentro con un vampiro y uno es más que suficiente. Nunca se acercaran a ti otra vez, mientras esté vivo".
    Margarita dejó el tenedor y estudió su rostro. Yo trabajo para su familia. Hemos jurado protegerle a usted, señor, y yo, al igual que los otros que trabajamos aquí. Somos tan valientes y tan leales como los que te sirven en Brasil.
    Le tomó un momento para asimilar la mezcla de impresiones que le había enviado. Él la había ofendido. "Usted me entiende mal. Soy muy consciente de su lealtad y valentía. Sé que usted tiene toda la intención de protegerme… "Había pensado que encontraría la idea no sólo absurda, sino tonta e ingenua. Una fantasía de la infancia. Pero se encontró que sus pensamientos habían cambiado al conocerla. No podía dejar de estar secretamente complacido a pesar de que ella le temía, tanto, que de hecho, había corrido a llamar a los cazadores para que acabaran con él, pero al imaginarse que los vampiros vinieran por él, sus pensamientos fueran ferozmente protectores con él. Los sentimientos eran cosas raras y difíciles de aceptar en sí mismo, así como en los demás. Las emociones claramente complicado todo.
    Ella dibujó un signo de interrogación en el aire entre ellos. Él negó con la cabeza y se negó a responder. Él quería a su mente firme en la suya. Él no exigía nada menos de ella. Su capacidad de comunicación crecía cada vez que formaba imágenes e impresiones de las palabras que de las que quería hablar. Sería diferente a sus compañeros humanos. Con él, podía "hablar" sin su voz real. La intimidad de esto le gustaba.
    "Usted me va a obedecer en esto, Margarita, sin lugar a dudas."
    Él sostuvo deliberadamente su mirada por un momento así ella podría ver que habría venganza rápida si se atrevía a desafiar su orden francamente. Y sabiendo su enfermedad extraña para hacer el contrario cualquier cosa tentativa de un comando, él la estaría mirando muy de cerca por si lo desafiaba. Él esperó hasta que ella miró a otro lado antes de continuar.
    “Matamos a todo los vampiros que enviaron detrás de nosotros, igual que a las marionetas que crearon. Los cerebros no han tenido tiempo para levantar a otro ejército contra mí. Sospecho, que pellizcarán mis flancos para debilitarme y entonces uno vendrá a intentar destruirme. Habrán aprendido su lección por ahora.”
    Esta vez, el signo de interrogación fue dibujado meticulosamente en su mente. Él encontró que la burbuja caliente de la risa iba aumento. Había estado tan evidentemente molesta con la palabra obedecer. La forma en que se retorció un poco en su silla y trató con tanto cuidado de ocultar su irritación de él era bastante simpático. Podría simplemente lanzar la palabra en la conversación a menudo para ver lo que finalmente sucedía. Si alguien se atrevería a darle una sorpresa, obviamente iba a ser Margarita.
    ¿Qué significa eso? ¿La lección? ¿Qué es lo que les enseñaron, al enviar un ejército tras de ti y de tus hermanos?
    "A ellos les gusta estar a salvo y el sacrificar a sus peones. Dos de los cinco maestros fueron destruidos. Tres se fueron. Si quieren verme muerto, sólo un maestro tiene la oportunidad de derrotarme. No cualquier maestro, uno de los hermanos Malinov debe venir por mí. "
    Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Sus cálidos ojos castaños se pusieron muy oscuros. Se inclinó hacia delante para mirar en los grandes, suaves ojos de paloma.
    "No hay necesidad de tener miedo. Doy la bienvenida a su llegada. En caso de que me derrote, tendrá un miedo muy grande a mis hermanos para permanecer cerca. "
    Bruscamente, empujó su silla hacia atrás, se levantó, tomó su comida sin terminar y la taza de té y las llevó al fregadero donde las lavó y se secó cuidadosamente, de espaldas a él. Fue un gesto humano tonto, dándole la espalda, como si eso podría mantenerlo fuera de su mente. No había manera de retirarse de él ahora que la había descubierto -compartió su mente y su sangre exquisita con él.
    "Le hablé solo con la verdad."
    Se dio la vuelta, de espaldas al fregadero, su cara tan expresiva su corazón apretado con fuerza, como un tornillo. Esta vez, cuando el dolor brilló a través de su cuerpo, hizo un esfuerzo consciente para sentirlo, para permitirle entrar a su mente. Sus ojos nadaban en lágrimas, convirtiendo todo la hermosa oscuridad en un piscina sin fondo. Era imposible comprender plenamente la mezcla de impresiones en su mente caótica, pero ella estaba alterada y de alguna manera había logrado de nuevo a ser el que la molestó.
    Zacarías suspiró. Las mujeres eran difíciles en el mejor de los casos, nunca se sabía lo que iban a hacer a partir de un momento a otro. Iban sin lógica o razón. Al menos ésta lo era. No había estado cerca de otras personas una importante cantidad de tiempo para ver si tal vez las demás fueran diferentes, pero esta mujer no tenía ningún sentido para él.
    "Deja de hacer eso", le ordenó bruscamente, apretando su mano duro sobre su corazón como si pudiera curar el dolor que sus lágrimas le causaban.
    ¿Qué deje de hacer qué? Ella parecía confusa.
    Observó fascinado y horrorizado como una lágrima se volcó de las puntas de sus pestañas y corrieron por su rostro. Su corazón tartamudeó. "Eso", gruñó.
    Él se acercó, apretándola. Ondas de angustia emanaban de ella. No había sonido, ni incluso uno pequeño, pero él era consciente de cada cosa minúscula sobre ella y en el interior profundo donde ninguna otro vería nunca, ella lloraba.
    El veneno ácido de la sangre del vampiro no podía matarlo. Tortura. Heridas mortales. Él las había aguantado todas y había sobrevivido, pero esto… este llanto silencioso de esta mujer por él-y Dios ayude a los dos, eran para él, era demasiado. Se podía disolver en un charco a sus pies. Totalmente inaceptable e inquietante que ella pudiera manejar esta poderosa espada contra él.
    La arrastró contra él, su cuerpo sin dar, sin bordes suaves para asirse, de manera que el aire se precipitó fuera de sus pulmones y tuvo que agarrarse a sus brazos para mantener el equilibrio. Tenía que sostenerla, sin una idea clara de por qué, pero él no podía mirarla sus ojos empapados de lágrimas otro momento.
    Pasó una mano sobre su rostro, borrando todas las pruebas. Llevó la mano a su boca y saboreo sus lágrimas.
    Usted no me puede ordenar que no llore.
    “Por supuesto puedo. Y por todo lo que sea santo, esta vez, usted me obedecerá.” Palmeo la parte posterior de su cabeza, y presionó su cara firmemente contra su pecho. Ella al principio estaba tensa y rígida, pero luego de unos momentos, cuando el calor de su cuerpo se filtró en el suyo frío, ella se volvió suave y flexible en sus brazos. Él no debería haberle prohibido alejarse de él, pero era más fácil mantener una cierta apariencia de control sobre ella cuando él la sostenía. En verdad, sus brazos se habían convertido en una jaula de hierro y él no estaba en conjunto seguro si consciente o subconsciente la detenía junto él, pero encontró que no podía quitar sus brazos. Él pasó su mano por la longitud de su pelo.
    Pocas mujeres modernas parecían tener el pelo tan largo. Un recuerdo de hace mucho tiempo apareció cuando él enterró el rostro entre las hebras de seda. Una mujer caminando con un largo vestido, un chal, y un vasos de agua en sus manos mientras se abrían camino de regreso al campamento. Él la había notado, porque parecía tan feliz. Tres días más tarde, cuando volvió sobre sus pasos en busca de donde había perdido el rastro del vampiro, la misma mujer estaba rota y el montón de sangre en el lodo, sus ojos mirando hacia la luna roja, el rostro como la cera, el pelo trenzado en sucias madejas.
    No lo haga. Margarita de repente enrolló sus brazos alrededor de él y lo sostuvo. El gesto fue tan inesperado y sorprendente que casi se apartó de ella. El la había mantenido cautiva, pero ahora, a pesar de que era mucho más débil que un hombre de los Cárpatos, parecía haberle tomado el relevo.
    Por favor, no recuerde. Sé que te duele. Sé que dices que no lo sientes, pero tú sí lo haces. Se arrastra a través de usted y se instala dentro de ti. Solo, no recuerdes más. No en este momento.
    Él frotó su barbilla sobre la parte superior de su cabeza. Las hebras de pelo se enredaban con la sombra pesada sobre su mandíbula, casi como si su pelo podrían tejerse juntos. ¿Por qué le altera tanto?

    Usted acepta su propia muerte tan fácilmente. Espera con impaciencia luchar con un maestro vampiro. Se habría quemado en el sol. Usted solamente actúa nada le toca, pero esto lo está destruyendo de adentro hacia afuera. Todas aquellas muertes. Usted piensa que eso no le afecta, pero lo hacen. Usted ve su propia muerte, no porque teme convertirse en vampiro, sino porque no puede vivir con el dolor de quién es, no por mucho más tiempo. Y usted no es como se ve a sí mismo, no realmente.
    Con su puño cerrado, ella lo golpeó en el pecho en un pequeño golpeteo rítmico. Él dudó que ella incluso supiera lo que hacía, o no se atrevería seguramente a pegarle. Era apenas más que un golpecito así que él eligió no hacer caso de su indiscreción, desconcertado por las cosas que dijo. Él cubrió su puño con su palma y la presionó hasta que ella se convirtió aún. “No siento, Margarita, tanto como quisiera. Incluso he perdido mis memorias. Estas cosas que usted habla pudieron haber existido en otra vida – hace mucho -pero ya no tengo recuerdos de eso.”
    Esto no es verdad, Zacarías. Le juro, que eso no es la verdad. Estoy dentro de usted y veo las batallas, las memorias, y siento el dolor. El dolor es tan intenso y aplastante, a diferente de algo que alguna vez haya experimentado – y he perdido a ambos padres y sé lo que es el dolor. No podría vivir con algo como esto encima. No podría.
    ¿Cómo podría ella sentir su dolor cuando él no lo sentía? ¿Simplemente proyectaba ella sus propios sentimientos en él? La conexión entre ellos crecía más fuerte cada que lo usaban, pero de todos modos, sería imposible para ella sentir lo que él no hacía.
    " Muéstreme, " susurró él contra su oído. " Muéstreme lo que usted ve en mí.
    Un minuto era Zacarías de la Cruz. Un guerrero Cárpatos. Cazador. Solitario. Era hielo por dentro. Frágil y frío. Los glaciares se movían en sus venas.
    Y luego se vertió en él como miel espesa caliente, llenando todos los espacios vacíos en su interior. Encontrando todos los rincones oscuros, cada lágrima secreta y rasgón dentro de su mente. La miel caliente se propagó a través del hielo, buscando todas las conexiones rotas, construyendo puentes, llenando los huecos, restaurando las conexiones quebradas.
    La electricidad chisporroteaba, se arqueó y se quebró dentro de su cabeza. Él la sentía en cada respiración. Inhalaba con ella. El corazón le latía y estaba dentro de su propio pecho. Ella estaba dentro de él hasta que fue todo, todo lo que él era estaba lleno de Margarita, lleno de todo ese calor. Con su luz cegadora. Su calor derritió el hielo que lo encierra, lo fundió más rápido que cualquier barrera que pudiera lanzar para detenerlo.
    Parpadeó rápidamente, sintiendo lo mantenía cerca, llenando los espacios cada vez más con ella, hasta que por primera estaba completo. No estaba solo. Estrellas estallaron en su cabeza, se abrió como una mezcla primordial, corriendo hacia él tan rápido que al principio no podía entender lo que estaba viendo.

CAPITULO 8

    Los hermanos de Zacarías se agacharon entre las rocas, el shock en sus caras. Riordan era poco más que un bebé recién nacido, pero no había nada joven en su conocimiento o intelecto. Él miró fijamente con el mismo Shock y horror al vampiro que se aproximaba al igual que sus hermanos mayores. Sobre ellos, las nubes de tormenta oscuras se batieron en el cielo, borrando casi todas las estrellas, pero la Luna Llena brilló rojo sangre, a la derecha a través de las altísimas nubes turbulentas. Sepárese hacia fuera, detrás de él. Cuando les diga que corran, salgan de aquí y no miren atrás, Zacarías ordenó. Usted es responsable de Riordan, Manolito. Baja con él. Nicolás y Rafael, los protegerán. Todos ustedes, salgan de aquí.
    Nosotros le ayudaremos, Rafael dijo con voz temblorosa-. No puedes hacer esto solo, Nicolás dijo, la tristeza goteaba en cada palabra.
    Corre, Zacarías. Corre con nosotros, Manolito suplicó.
    Zacarías escuchó sus protestas, pero cuando daba una orden, ellos sabían que tenían que obedecer. Su madre estaba muerta, su cuerpo destrozado y ensangrentado, aplastado contra las rocas. No había tiempo para llorarla o pensar en ella como estaba en vida. Su padre había llegado demasiado tarde para salvarla, pero el vampiro que la había matado estaba en tiras junto a ella, el cuerpo estaba literalmente destrozado. El salvajismo puro se mostraba en la matanza debería haberle advertido a Zacarías antes de que su padre se volteara hacia ellos, pero aún así, los dientes afilados y los rojos ojos – de loco fueron un shock.
    Las manos de su padre se levantaron hacia las montañas donde las piedras estaban situadas tan precariamente. El suelo se estremeció. Zacarías no había esperado el ataque a sus hermanos y fue un segundo demasiado tarde para contrarrestarlo. Lanzó un refugio cerca de los niños para protegerlos de la avalancha incluso mientras corría al ataque. Sabía que su padre no esperaba la agresión y que era lo único que le quedada. Su padre era mucho más antiguo, más fuerte, más experimentado, pero era un vampiro recién convertido no estaría acostumbrado a lo que la gran matanza le había dado.
    Su padre era un experto en la batalla, un legendario cazador cuyo nombre era susurrado con temor, pero él le había enseñado esas mismas habilidades a su hijo mayor.
    Zacarías era considerado todavía joven como Cárpatos, pero que había luchado con vampiros y combatía a menudo. Ya había empezado a perder sus emociones, los colores hacía tiempo que había desaparecido de su visión y eso que no estaba ni siquiera cerca de la edad en que debería haber ocurrido.
    Él pasó por la forma insubstancial de su padre, tropezando adelante. El golpe lo tomó con fuerza en la espalda y le envió volando adelante en la piscina de sangre del cuerpo de su madre. Él patinó boca abajo en la sangre derramada, aterrizando casi sobre la cabeza de su madre. Sus ojos sin vida lo miraron fijamente de manera acusadora. Él plantó sus manos para apalancarse a si mismo hacía arriba sólo para encontrar que sus muñecas estaban enterrados profundamente en su sangre. Su estómago dio sacudidas. Su corazón casi se paró.
    ¡Zacarías!
    La advertencia de Nicolás llenó su mente, él rodó, disolviéndose en el último momento, recordando que él podía. El puño de su padre cerró de golpe profundamente en la tierra, directamente en el cuerpo sin vida de su madre.
    Zacarías fue sacudido hasta los cimientos de su ser, y tuvo que rehacerse si iba a sobrevivir. Si no sobrevivían, ninguno de sus hermanos lo harían. Sopló fuera la sangre de su madre que cubría su cuerpo y apartó la vista de sus ojos fijos en él, acusándolo de intentar matar a su propio padre. No su padre. Un vampiro. Un no-muertos. Una criatura malvada, el mal que quiere destruir todo y a todos en su camino. Incluso ahora, la hierba se marchitaba bajo sus pies. Él. Vampiro. No su padre. No el hombre al que amaba y respetaba por encima de todos los demás.
    Zacarías sentía el frío familiar que barría a través de él, la frialdad que él había notado temprano, incluso cuando era un muchacho joven, pero ahora era un glaciar que lo consumía, vertiéndose en su cuerpo, helando sus venas. Cuando otros muchachos eran despreocupados, corriendo y jugando, él había estado observando maneras de matar, de luchar, de burlar. Sus sentidos eran agudos, sus reflejos más rápidos. Él se había absorbido la información, trabajado en disimularlo incluso de sus padres. Él había practicado repetidamente su capacidad de moverse furtivamente encima de los otros y observarlos por horas sin ser visto. Él había sabido, incluso entonces, que era diferente, eso de filtrar el frío en sus venas le dio un borde otros no tenían, él lo había sabido, pero había luchado con aquel conocimiento.
    Él alcanzó el frío este vez, en vez de trabajar para permanecer delante de él. Él abrazó las sombras dentro de sí, permitiéndole, por primera vez, a la oscuridad tomarlo. Se colocó sobre y dentro de él, cabiendo como un guante, como el depredador puro que podía ser. Él había sabido siempre que estaba allí esperando para tomarlo. Él había luchado por alejarse de ese camino, desesperado por permanecer entero, pero él sabía que no había otra opción si él deseaba sobrevivir y la supervivencia era esencial para proteger a sus hermanos. Él eligió este ser para sí, con el fin de escoger la vida para sus hermanos.
    Se movía con el viento turbulento, deslizándose por detrás del vampiro en silencio, reuniendo sus fuerzas, furtivo como el más avezado de los cazadores.
    El no-muertos miró a su alrededor y al no ver o escuchar cualquier amenaza, escupió en el suelo y volvió su atención a los cuatro niños atrapados en la jaula de rocas. Mostró los dientes en una sonrisa malvada.
    "Los ha dejado para mí. Voy a arrancar la cabeza del pequeño y se lo daré de comer a usted, miembro por miembro, será precioso antes de que te devore vivo. "
    Nicolás y Rafael se levantaron, dos jóvenes Cárpatos, hombro con hombro frente a sus hermanos menores.
    Deliberadamente Zacarías envió una pequeña roca rodando detrás de él. El vampiro giró para afrontar el sonido, presentando un objetivo totalmente frontal.
    Miren hacia otro lado, Zacarías le ordenó a sus hermanos. Todos ustedes, miren hacia otro lado. ¡No vean esto! Nicolás, cubre los ojos de Riordan. Ninguno de ustedes sea testigo de esto.
    Con el corazón en su garganta, las lágrimas quemando un agujero en su alma, él cambió, asumiendo su forma física un borrón de velocidad, luego condujo su puño al pecho de su padre, usando cada onza de fuerza que poseía. Él se colocó frente a frente a su padre, mirando directamente a los ojo cuando él rompió huesos y músculos y agarró aquel órgano latía. Su padre rasgó su carne, excavando grandes trozos de piel y músculo de él, pero Zacarías se cerró a todo sentimiento de dolor y a toda emoción de modo que él pudiera salvar a sus hermanos y el honor de su familia.
    El sonido era horrible, una succión terribles mezclado con gritos de su padre de pura agonía. El vampiro siseó promesas, pidió y suplicó por su vida, rabió y gruñó juramentos de venganza y de muerte a los niños, se comprometió a arrancar las cabezas de sus hermanos y dársele de comer.
    La saliva y el ácido sobre la piel lo quemaban mientras arrastraba el corazón del pecho de su padre y lo arrojó a una gran distancia.
    Su padre agarró los antebrazos de Zacarías, mirándolo con shock, con los ojos llenos de sangre. "Hijo", susurró. "Mi hijo".
    Un grito silencioso lo llenó. Le tomó hasta la última gota de valor que poseía, no poner sus brazos alrededor de ese cuerpo desgarrado y mantener a su padre con él.
    Zacarías vio que el hombre que más amaba en el mundo se tambaleaba y caía, primero de rodillas frente a él y luego de bruces en el barro. Dio un paso atrás y llamó a los rayos del cielo.
    Él estaba más agitado de lo que sabía. El primer rayo de electricidad chisporrotea erró el órgano palpitante. El corazón rodó y cayó en la sangre de su madre. La visión era tan repugnante, que recobró el equilibrio y envió el siguiente rayo que golpeó directamente en el corazón de su padre, incinerándolo.

    Zacarías se dobló, ya no era capaz de bloquear el dolor intenso, una reacción puramente física que ya no podía controlar. Su grito de negación arrancó de su vientre a través de su corazón destrozado para romper los vasos sanguíneos de su garganta. No sentía sus heridas, algunas hasta el hueso, o el ácido quemaba a través de la piel dejada por la sangre del vampiro, sólo la agonía de la muerte de sus padres, de la muerte impuesta por la suerte, por el destino.
    De la pérdida de toda inocencia, de ser encerrado en un papel para él que había nacido pero que nunca quiso. Nunca quiso haber afrontado el conocimiento de todo esto, entonces la oscuridad lo consumió -se mantuvo dentro de él.
    "Zacarías". Nicolás estaba allí, envolviendo un brazo alrededor de él, tratando de alejarlo de la escena de muerte.
    Zacarías se apartó de él, por temor a manchar su hermano con las sombras que sólidamente eran parte de él. Tristemente incineró los cuerpos de su madre y su padre, el vampiro, antes de tomar cuidado de los ácidos en su piel.
    Se volvió a estudiar los rostros pálidos de sus hermanos. "Ninguno de ustedes pensarán en esto otra vez. Usted no va a deshonrar a nuestro Padre ni a mí con esta recuerdo, ¿entienden? Nunca. Ustedes no van a pensar en eso o hablar de ello otra vez. Lloren ahora, porque cuando nos alejamos de aquí, se hace.
    Acabado. Dígame que ustedes entienden. Cada uno de ustedes. Díganlo. Juren por la vida de nuestra madre. "
    Cada uno de sus hermanos le juró que obedecería sus deseos y reafirmó su lealtad a él. Sólo entonces los dejó para dejarles llorar mientras él se iba a cierta distancia y se hundió en la tierra y gritó por última vez en más de mil años.

***

    Zacarías tocó su cara y las yemas de sus dedo estaban manchadas con sangre. Él podría sentir a Margarita en sus brazos, la sintió adentro de él, alrededor de él. Los latidos de su corazón era rápido y su respiración desigual. Ella estaba llorando, y él sentía su dolor como si fuera suyo. Asustado miró su hombro. Su blusa tenía gotitas de color carmesí que manchaban el material. Sentía la garganta obstruida y el dolor. Sorprendido, él la empujó lejos, sacándola de su mente, rechazándola, rechazando los recuerdos, rechazando la agonía de tales de cosas.
    La adrenalina y absoluta refutación de los recuerdos, de las emociones, le hizo poner fuerza mucho más de lo que pretendía, y se mandó a Margarita volando, tropezando de nuevo lejos de él a varios metros en un pequeño montón en el suelo. Ella lo miró con resignación, sin hacer ningún intento de levantarse.
    Zacarías respiró hondo y expulsó el pésimo gusto en su boca, en su mente. Era Zacarías de la Cruz y estaba… solo.
    Absolutamente, completamente solo. Sin ella en su mente, llenando los lugares rotos, en la sombra, nunca había estado tan solo. Él podía sentir, el vacío bostezando como un gran agujero sin fin amenazando con tragárselo todo. Retrocedió aún más lejos de ella, de esta bruja que se había vuelto su vida al revés.

    La agonía del recuerdo era insoportable. Los temblores lo traspasaron. Él dio otro paso para separarse ella, poniendo la longitud del espacio entre ellos. Dentro había un dolor terrible, como si él se desgarrara su propio cuerpo al separarse de ella. Él no podía permitírselo.
    Él era un depredador puro, nacido así, sombreado de nacimiento, revestido en hielo. Ella derretía cada uno de sus escudos, destruyendo su capacidad de funcionar correctamente.
    Un silbido lento de advertencia surgió. El miedo se deslizó en su expresión y en vez de la satisfacción que debería haber sentido, su estómago se arriesgó cuando algo vicioso exprimió su corazón.
    Me pediste que te mostrara.
    Él sintió su suplica, aunque esta vez no estaba seguro de lo que ella hizo. Le tendió una mano temblorosa. Zacarías La estudió, sus ojos planos y fríos, su expresión deliberadamente distante. ¿De qué sirve esto? Esta memoria no se entiende a la superficie y sin embargo, hizo que apareciera algo que ha sido enterrado hace más de mil años. ¿Con qué propósito?
    Pero la memoria todavía está dentro de usted y por lo tanto es el dolor. Lo tiene bajo llave en lugar de dejarlo ir.
    "Si yo no lo siento, no hay nada."
    Ella sacudió la cabeza, dejando caer su mano. Si ya no estuviera, no podía haberla encontrado o sentir la agonía que sentí.
    Despreciaba su lógica. Ella había descubierto un secreto largo tiempo enterrado que nadie en el mundo de los Cárpatos, y mucho menos en el mundo humanos, lo sabía. Dio un paso hacia ella, chasqueando los dientes juntos en una advertencia viciosa. "Yo debería romper el cuello por tal indiscreción. Te atreves demasiado. "En realidad torcía las manos como si tuviera su cuello entre sus manos.
    Ella levantó la barbilla. Estoy cansada de tener miedo de ti. Hazlo entonces. Acaba de una vez.
    Él estuvo sobre ella tan rápido que no tuvo tiempo para hacer nada sino parpadear. Sus dedos se cerraron alrededor de su garganta, arrastrándola a sus pies. Su pulso golpeo la palma de su mano. Él supo el momento que la tocó que estaba perdido. No habría ningún asesinado de esta mujer, ningún daño de ninguna manera. Ella rápido perdía su miedo a él y tenía mucha razón en tenerle miedo. Cada vez que estaba cerca de ella, que la inhalaba, la miraba, su cuerpo reaccionaba, lleno, duro y tan doloroso por la necesidad que rivalizaba con el hambre que palpitaba en sus venas por ella.
    "Que el sol te queme, mujer", susurró, bajando sus manos. "Nadie me controla. Nadie. "Volvió la espalda, caminando a la sala.
    Zacarías se disolvió antes de llegar a la puerta principal. Tenía que estar al aire libre donde se podía respirar. Él no pertenecía a ningún recinto. El mundo hacía mucho había seguido sin él. Él era un depredador que sobrevivió a su tiempo y que no entendía nada sobre el mundo moderno, ni tampoco quería. Casas modernas y comodidades no significaba nada para él. Tenía la selva tropical y las cuevas, la tierra misma era su hogar. Tenía la intención de estar solo. Había nacido en una vida diferente y no tenía lugar en un mundo de casas habitadas por seres humanos.
    “Margarita era un completo misterio para él. Ella era como un cierto señuelo hermoso que al que no podía oponerse, llevándolo más profundo y más profundo en su encanto donde él tenía que… Él cerró de golpe su mente, rechazando traerla con él de su vivienda. Ella permanecería allí, donde la puso y volvería cuando le conviniera. Mientras tanto, él tenía muchos otros problemas más acuciantes que una mujer que rechazó dejar solo las cosas que nunca debieron traer a la luz-tal como Zacarías De La Cruz.
    Se deslizó por la grieta debajo de la puerta y directo a la noche, hacia el mundo que entendía que era matar o morir. Él tomó la forma del águila arpía y se elevó en el cielo, rodeando el rancho varias veces antes de retirarse a la selva. No había duda de que el mal estaba fuera y la difundiéndose a través de los grandes bosques y por el sinuoso Amazonas y todos sus afluentes en su busca.
    Ruslan Malinov, el mayor de los hermanos Malinov y su reconocido líder, no se tomaría su derrota acostado. Iba a necesitar la venganza y sería incapaz de pasar la tarea a otro, ni siquiera uno de sus hermanos. Los vampiros menores estarían mirando, esperando a ver si exigía su venganza. Tenía que venir en pos de Zacarías o perdería el control de todo lo que había construido. Él iba a venir, pero no vendría abiertamente.
    El águila arpía se elevó al punto más alto sobre el rancho y se colocó en las ramas de un alto árbol de ceiba. Él tenía una vista extraordinaria, podía ver cualquier cosa minúscula, incluso menor que una pulgada, o a una buenas doscientas yardas. En general, el águila arpía tenía la visión nocturna pobre, pero Zacarías nació de la noche y a su visión nocturna junto con de la arpía hacían una vista excelente. Ruslan había enviado a los pájaros corrompidos, y no sería la única cosa que envió a buscar evidencia del paso de Zacarías.
    Dejando el campo de batalla en Brasil, había estado gravemente herido. Había dejado un rastro de sangre que conducía directamente a este rancho. Los espías de Ruslan no habrían tenido ningún problema siguiendo el olor. No le importaba porque tenía intenciones de poner fin a su existencia y Ruslan se habría llevado la lucha lejos de sus hermanos. El maestro vampiro hubiera estado satisfecho sabiendo Zacarías finalmente había muerto. Pero ahora, porque estaba vivo, Ruslan vendría y traería todas las cosas asquerosas con él, todas las que podía evocar en un corto tiempo. En el interior del águila arpía, Zacarías sonrió, con una sombría, sonrisa de bienvenida.
    La destrucción de los no-muertos era un territorio familiar, en el que él estaba muy cómodo. Se encontró con que daba la bienvenida a las noches por venir. Un juego de ingenio. Ruslan siempre había sido inteligente y arrogante y eso había llevado a su inevitable caída. Se había considerado muy por encima del linaje de los Dubrinsky y creía que con el asesinato del príncipe se convertiría en el líder de los Cárpatos.
    Hubo un tiempo atrás cuando Ruslan y Zacarías habían sido los mejores amigos. Ellos lucharon juntos, lado a lado, cuidando su espalda tan cerca como hermanos de sangre, pero Ruslan había cruzado una línea imposible de volver. Ruslan nunca había admitido que había cometido un error, y su arrogancia había crecido a lo largo de los siglos. Hasta ahora, había evitado la confrontación directa con Zacarías, pero vendría.
    Zacarías miró hacia la casa. El tirón de la mujer era cada vez más fuerte por momentos. Se deslizó en sus pensamientos y se negó a salir. Él no iba a escaparse, ni siquiera dentro del cuerpo del águila. Ella estaba allí en su mente, envolviéndolo en su red de seda. Quería verla, para saber que estaba a salvo, y su mente seguía tratando de sintonizar con ella.
    Margarita Fernández era su compañera verdadera. No podía negar ese hecho ahora. La había encontrado y el peligro había aumentado unas mil veces. Su padre había nacido con esa misma contaminación de la sombra de la Zacarías tenía en abundancia. Había encontrado a su compañera, vivió muchos siglos, pero al final, nada de eso importó. Con su compañera desgarrada y ensangrentada antes él, se había convertido en…
    Cerró su mente de golpe a esa atrocidad. Quémate al sol Margarita Fernández. Había abierto la caja de Pandora y no había forma de cerrarla ahora. Estaba perdido, no importaba qué. Si él la reclamaba, si no la reclamaba, y ¿cómo no podría? Estaba atado a su forma irrevocable y la fuerza de esos lazos crecía con cada hora que pasaba. Tenía que protegerla a toda costa y en el momento Ruslan se enterara de ella, querría utilizar todas las armas de su arsenal para llegar a ella. Él conocía el peligro para el alma de Zacarías. Zacarías estaba ya tan cerca de convertirse, que perder a Margarita lo lanzaría sobre el borde tan cierto como lo había hecho con su padre. Ruslan haría todo lo posible por provocar la caída de Zacarías, a través de su compañera.
    La luna había comenzado a disminuir, aunque la luz se derramara abajo, bañando la tierra con rayos plateados. Las estrellas brillaron brillante y algunas nubes iban a la deriva muy lentamente por el cielo, más briznas que verdaderas. Tardó un momento, mientras miraba hacía el rancho, antes de que él se diera cuenta que el gris embotado de la hierba y de las cercas se había profundizado a otras tonalidades. La águilas, como la mayoría de las aves, veía a color, y la arpía no era la excepción, pero incluso dentro de la rapaz, Zacarías nunca había sido capaz de distinguir cualquier color el que fuera. Él casi se cae de la rama de un árbol mirando hacia abajo a la hierba del campo. El color gris había tomado tantos tonos de verdes y amarillos. Suficiente con la luz brillante de la luna, se sintió un poco deslumbrado por la vista. Los corrales y cercas parecían de un monótono marrón de la madera, pero sin duda marrón frente a la gris al que estaba acostumbrado. Antes, había comenzado a ver sólo Margarita en color. Ahora el mundo en que vivían estaba volviendo a la vida para él.
    Se obligó a apartar la mirada de la hacienda y regresar a los campos. Los espías venían en todas las formas y es bueno estar preparado. Sólo Cesaro, Julio y Margarita lo habían visto y todos sabían que debían seguir con sus rutinas diarias con vigilancia adicional. Cada trabajador en el rancho había sido dotado desde el nacimiento con la protección de sus mentes. Ningún vampiro podía penetrar los escudos. Ellos también fueron entrenados desde el momento en que eran niños en la lucha contra los no-muertos. Los juegos que les enseñaban a los niños eran en realidad las habilidades necesarias para matar a un vampiro.
    Cada hombre y mujer que trabaja en cualquiera de los ranchos sabía si un De La Cruz estaba en la residencia, el peligro era muy alto y se tomaba precauciones. Los animales fueron trasladados a las áreas protegidas y todos los jinetes llevaban dos armas modernas y antiguas, ocultas por lo general por lo que cualquier espía que los viera no se daría cuenta de que estaban armados con algo más que de las herramientas habituales del rancho.
    La selva tenía una manera de estar continuamente y sigilosamente tratando de recuperar su territorio y a pesar de que los trabajadores del rancho luchaban para contener el crecimiento, las vides trepadoras serpenteaban en el camino a lo largo del terreno para colarse por debajo de las vallas y echar raíces en los campos. Algunos de los bejucos leñosos serpenteaban en los postes altos y alrededor del cercado. En una esquina del campo lejano, donde el ganado vagaba, varias plantas gruesas se abrieron camino en la tierra en varios lugares. El águila arpía tomó el aire y voló en círculos sobre el campo, con la mirada aguda fija en las plantas.
    Las viñas estaban retorcidas, trenzas gruesas de madera, oscura y donde corría una savia espesa. Parecían estar creciendo a un ritmo rápido, comiéndose todo a su paso. A pesar de que el águila lo miraba, un ratón curioso corrió por el césped y se aventuró demasiado cerca. La savia se rebosaba lo largo de la vid y goteaba en el suelo. El ratón olfateó la sustancia con curiosidad. La savia parecía llegar hasta el roedor inquisitivo, salpicando, rodeando al pequeño ratón, que quedo encerrado en la sustancia oscura y aceitosa.
    El ratón gritó, levantando la cabeza al aire cuando la savia lo encerró, comiendo la desventurada criatura viva, derecho por la piel, a través de las paredes de la piel y el tejido, para devorar los pequeños huesos. Aquella savia podría devorar un buey, caballo o humano-sólo con facilidad. Zacarías señaló cada lugar donde las viñas habían crecido y se dirigió hacia la pequeña casa donde Cesaro y su familia vivían. Sería necesario que la gente reconociera la planta y la marcara sin tener que pasar cerca de ellas, así como asegurarse de que todos los animales se mantuvieran alejados.
    Cesaro respondido a su llamada de inmediato, saliendo a la terraza, todavía abrochándose la camisa y cerrando la puerta a toda prisa con el gruñido del perro que se escondía detrás de él. ¿Pasa algo, señor?
    Se veía tan incómodo como su perro actuaba. Zacarías salió del porche para poner un poco de distancia entre él y el perro ahora estaba en la ventana, gruñendo, casi echando espuma por la boca. No había duda de que los animales se alteraban en su presencia.
    "Por desgracia, he encontrado evidencia del mal arrastrándose hacia el rancho. Quiero que venga conmigo para que pueda identificar a la planta a todos los que trabajen con usted antes de que la destruya. Puede matar, no sólo a las plantas y a los animales, sino también a los humanos. "
    Cesaro inmediato asintió con la cabeza. ¿Necesita mi hijo?
    El primer pensamiento de Zacarías fue sacudir su cabeza. En general él evitaba el contacto con los trabajadores, sabiendo que los ponía tan inquieto como lo hacía con el ganado, pero él necesitaba quizá pasar una cierta hora con Julio. Zacarías sabía él era demasiado depredador para permitir que su mujer esté con un hombre por el que sentía afecto genuino, así que para mantener seguro al hijo de Cesaro, era el mejor comprobar sus intenciones hacia Margarita.
    “Sí. Queremos asegurarnos que no haya ningún lugar en el rancho en que esa planta crezca. Su hijo pasa una buena cantidad de tiempo en la silla de montar y cubre mucho territorio.”

    "Solo será un momento." Cesaro desapareció en la casa.
    El perro era molesto. Zacarías soportó el irritante gruñido un par de minutos más y luego agitó la mano y terminó el ruido abruptamente. El perro siguió mirando por la ventana, pero cuando abrió la boca para ladrar o gruñir, no salió ningún sonido.
    Cesaro salió corriendo seguido de Julio. El chico parecía más joven de lo que Zacarías recordaba. En verdad, apenas había mirado al niño cuando tiró de él a través de la ventana, con intención de matarlo por haberse atrevido a poner sus manos sobre Margarita. Julio se tocó el cuello y luego enderezó los hombros.
    " No tomaremos los caballos, " Cesaro dijo su hijo, disparando una mirada rápida hacia Zacarías. " No antes de que veamos lo que el Señor de La Cruz tiene que mostrarnos. "
    Zacarías señaló el camino hacia el campo trasero. Ya las vides habían rodeado el cercado y se habían engrosados a lo largo de la esquina trasera. Él agitó su mano hacia la planta. "Es mortal para cualquier ser viviente que se acerque a ella. Lo incineraré, pero usted tendrá que estar muy vigilante. Todos ustedes. Voy a seguir volviendo mientras esté en la residencia. "
    ¿Cuánto tiempo planifica usted quedarse? Cesaro preguntó.
    Zacarías lo inmovilizó con una mirada fría. "Indefinidamente". El hombre palideció bajo su piel bronceada, por lo que Zacarías se compadeció de él. Tenía que ser dicho tarde o temprano. "Hay una complicación imprevista. "
    Cesaro miró a Julio.
    Zacarías suspiró. "No me gusta más que a ti. Por mucho que se vea perturbado por mi presencia, estoy preocupada por la suya. "
    "Usted no entiende, señor. Esta es su casa y desde luego debe permanecer tanto tiempo como desee, "corrigió Cesaro a toda prisa. "Es solo que Margarita es necesaria con los animales y nuestra rutina regular es importante para mantenerlos. Tenemos un par de yeguas que darán a luz en cualquier momento y con usted presente, el ganado tiene que ser vigilado continuamente. Ella es buena calmando a todos los animales. "
    "Me temo que tendrá que arreglárselas sin ella."
    Julio lo miró fijamente. Se bajó el sombrero más cerca sobre sus ojos. ¿Está bien?
    ¿Por qué no iba a estar bien?, Desafió Zacarías.
    "Ella siempre está con los caballos", explicó Cesaro. "Es preocupante que no haya ido a los establos y por lo menos a verificar a las yeguas."
    "Ella está bien." Eso no era del todo la verdad. Él la había lanzado a través de la sala y ni siquiera la había chequeado. Siempre estaba olvidando cuán frágiles eran los seres humanos.
    "Me gustaría verla", dijo Julio.
    Zacarías se paró bruscamente. Él sintió el frío familiar corrió a través de su cuerpo. Su mirada se centró en el hombre más joven, una mirada directa, depredadora. Él sintió la necesidad de matar construyéndose, aquel deseo crudo de quitar cada obstáculo de su camino. ¿Por qué?
    Cesaro se acercó a su hijo pero Zacarías lo paró con un movimiento rápido de su mirada. La tensión se estiró. Julio rechazó ser intimidado, no haciendo caso de la mano restrictiva de su padre.
    "Margarita es como una hermana para mí. La quiero y tengo que saber que está a salvo, bien y feliz. Ella de buen grado nunca evitaría comprobar los caballos. Los caballos son su pasión y el hecho que ella no ha salido a los establos no es un buen signo. "
    "Margarita es mi compañera."
    Cesaro contuvo la respiración, sacudiendo la cabeza en negación, en shock. Julio frunció el ceño y miró a su padre por una explicación.
    "Eso no puede ser, señor", protestó Cesaro. "Ella es una de nosotros, no un Cárpatos. No es un error. "
    ¿Qué significa eso?, Exigió Julio. "No entiendo lo que eso significa."
    "Significa que me pertenece a mí. Ella es mi mujer. Mi esposa. Y eso la pone en más peligro de lo que puedas imaginar. Si llega a ser conocido que ella es mi compañera, todos los vampiros y sus títeres en todo el mundo, la buscarán para matarla. Es mucho más seguro para ella estar dentro de la vivienda hasta que pueda eliminar el peligro inmediato para ella. "
    Julio negó con la cabeza. "No puede venir aquí y decidir que Margarita es su mujer. Puede trabajar para usted, pero tiene derechos. ¿Qué dice ella sobre esto?
    "Julio", siseó Cesaro en alerta.
    "Ella no tiene nada que decir al respecto", dijo Zacarías, lanzando en voz baja-una advertencia de terciopelo. "En nuestro mundo, el hombre reclama a su mujer y ella es atada a él. No hay vuelta atrás para ninguno de ellos. "
    "Esto es un error".
    "Es imposible cometer un error", dijo Zacarías. "Ella es mía".
    "No pareces muy feliz por eso, señor", dijo Cesaro rápidamente, interrumpiendo a su hijo antes de que Julio pudiera hablar. "Quizás en este caso, algo se podría hacer para liberarla. Seguramente usted no quiere cargar con un ser humano, una mujer que no puede hablar. "
    Hubo un breve silencio, mientras que Zacarías dio vueltas a la idea una y otra vez en su mente. Desde el principio, el había pensado lo mismo-que no quería cargar con una mujer-cualquier mujer- pero sobre todo una que no sabía nada de la obediencia. Había considerado alejarse de ella, sólo dejarla sin decir una palabra. Había pensado quedarse unos días para ver el color y sentir un poco antes de terminar con sus días.
    Pero al oir a Cesaro dar voz a sus propios pensamientos lo cambió todo.
    Sintió que se le apretaba el intestino, su cuerpo reacciona físicamente a la idea de perderla. Se le secó la boca como si algo le estuviera aplicando una mordaza, se le apretó el corazón duro en su pecho. Todo se rebeló contra la idea de romper los lazos entre ellos. Margarita era su mujer. Él no estaba dispuesto a encontrar una manera de estar libre de ella. No creía que hubiera una manera, pero aún así, ella le pertenecía y que nunca la daría de buena gana. No a los seres humanos, no a los vampiros y desde luego no a otro hombre.

    Así que allí estaba. Tenía una compañera, tan loca como la mujer era, le pertenecía y él nunca la dejaría de buen grado. Le mostró los dientes a Cesaro, permitiendo que un brote de absoluto depredador se mostrara en sus ojos como una advertencia.
    "No voy a renunciar a ella. No hay discusión. Si tanto la cuidan como usted dice que lo hacen, esto se quedará entre nosotros. Nadie más puede saberlo, ni siquiera otros miembros de su familia. Es la única manera de mantenerla a salvo. "
    ¿Está presa? Se atrevió a preguntar Julio.
    Zacarías le tocó la mente. La barrera del hombre estaba intacta, pero Zacarías había tomado su sangre y empujó con más fuerza para poder entrar. Julio apretó los dedos contra sus sienes, sacudiendo la cabeza.
    "Sólo dime lo que quieres saber."
    Zacarías ya conseguía las impresiones que él necesitó. A Julio le realmente quería a Margarita como una hermana. Esto era un alivio saber que él no tendría que matar al hijo de Cesaro. ¿Quién es ese hombre que no le gusta que siga viniendo a visitar Margarita?
    Julio miró asustado. ¿Pensaba en él?
    “No le gusta la idea de que Margarita que sea mi compañera, pero la idea de que ella este con este hombre extraño le gusta aún menos, " dijo Zacarías. " Cuénteme sobre él. "
    Ellos se acercaban a la vid y Zacarías detuvo a ambos hombres, no queriéndolos muy cerca a la savia traidora. "Solamente el momento que estado con ustedes, las vides han estado ocupadas."
    " Nunca he visto nada como eso, " dijo Cesaro. " La planta parece que estuviera viva, comiendo todo a su paso. "
    Zacarías asintió. “El vampiro tuerce todo a su propósito malvado. Él sabe que estoy en residencia y pellizcará en mis talones con la esperanza de debilitarme antes de que él se muestre. No intenten matar a esta planta ustedes mismos. Si cualquier persona la ve, déjenme saberlo inmediatamente.”
    Ambos hombres caminaron hasta la parte posterior cuando Zacarías los alejo de las vides destructivas. Sobre sus cabezas, las nubes se juntaron, agitaron y entraron en ebullición, vetas de plata oscilaban dentro de las nubes turbulentas. El relámpago saltó a lo largo de la tierra, bifurcaciones de la candente energía remontó la trayectoria de las gruesas vides, incinerando la madera, las hojas y la savia espesa por todas partes que tocaba. Un olor asqueroso como huevos descompuestos impregnó el aire. “No lo respire,” Zacarías advirtió.
    El rastro de ceniza ardiente creció largo y ancho, corriendo sobre la tierra y debajo de ella, siguiendo el camino de las viñas de nuevo a la fuente original, el borde de la selva tropical. Estaba claro, viendo las cenizas negras, que la viña ha estado viajando hacia la hacienda, en busca del lugar de descanso de Zacarías.
    "Cuéntame acerca de este hombre que no le gusta, el que cree que está cortejando a mi mujer", ordenó a Zacarías, cuando volvían a la hacienda.
    La luz comenzaba a rayar en el cielo nocturno, la luna y las estrellas perdían intensidad. Zacarías aceleró el paso. Salvaguardas eran necesarias en todo el rancho ahora.
    "Esteban y su hermana, Lea, se mudaron aquí hace unos meses", dijo Cesaro, mirando a su hijo para confirmar. Julio asintió con la cabeza con una pequeña mueca.
    Muy ricos y muy arrogantes. No es el tipo de hombre que se instala aquí. Él no tiene ningún interés real en la ganadería o en la cría de caballos. Yo me pregunto, ¿por qué este tipo de hombre ha venido aquí a esta parte remota del país, cuando es obvio que es un hombre de la ciudad?
    "Esa es una buena pregunta", afirmó Zacarías. "¿Tiene usted una respuesta?"
    Julio suspiró y sacudió la cabeza. "Lo hemos hablado varias veces. O bien están escondidos aquí, escondiéndose de algo o… "Se interrumpió y miró a su padre.
    "O tienen la esperanza de llegar a un De La Cruz", admitió Cesaro. "No es ningún secreto que poseen esta tierra. Es mucho más grande que cualquier otra explotación aquí en nuestro país, y aunque en el expediente, aparece como si cada uno de sus hermanos ha comprado tierras para reunirla, una familia con tanta superficie es inusual.
    Su familia tiene una cierta reputación y muchos hombres quieren que se sepa que son amigos. Y el hombre, Esteban, a menudo cita el nombre De La Cruz, haciendo preguntas que no contestamos. "
    "Es posible que tenga algún conocimiento de que no deberían tener", agregó Julio de mala gana.
    ¿Le expresó sus preocupaciones a Margarita?, Preguntó Zacarías.
    "Margarita es completamente leal a la familia De La Cruz", espetó Julio. "Ella nunca los traicionaría, y ciertamente no con un extraño."
    "Eso no es lo que le pregunté," dijo Zacarías.
    Julio bajó la cabeza cuando su padre le envió un ceño oscuro.
    "No. Margarita considera a Esteban y a su hermana como amigos, no más que eso ", dijo Cesaro. "Ella sabía que él la estaba cortejando, pero también lo están muchos de los hombres. No demostró real interés por lo que pensamos que sería mejor simplemente decirle que él era un extraño y no pertenecía aquí. Eso es todo lo que pasó. "
    Zacarías asintió con la cabeza. ¿De verdad la necesitan para los animales- los caballos?
    Cesaro asintió con la cabeza. "Especialmente ahora. Que están… perturbados".
    Zacarías se separó de los dos hombres, para regresar a la casa principal del rancho. "Mañana por la tarde entonces, ella le ayudará."
    No tuvo que esperar por su respuesta. Poco le importaba a él lo que tuvieran que decir. Margarita era su mujer, por el tiempo que decidiera quedarse en la tierra, nadie más le daría órdenes, sino él. El protegió la casa, prestando especial atención a la fundación y el suelo debajo de la casa antes de añadir protección a las puertas y ventanas. Sólo cuando estuvo completamente seguro de que los espías de Ruslan no podían penetrar su guardia, permitió a su mente buscar a Margarita.
    No se había movido del suelo de la cocina. La encontró sentada con sus rodillas dobladas y la barbilla apoyada en la parte superior de ellas. Parecía pequeña y desampara. Su corazón tartamudeó cuando sus ojos se encontraron. No había ninguna condena en su expresión o en su mente. Ella simplemente lo miró con sus ojos chocolate oscuro, su mirada buscando en su rostro, como si tratara de leer su estado de ánimo.
    ¿Se encuentra bien?
    Se encontró con su calor llenando su mente. Ella no fluyó en él como lo había hecho antes, pero lo hizo igual que con su mirada se movía lentamente en su rostro. Su corazón encontró el ritmo de ella, aminoró su ritmo frenético para que latieran en sincronía. Había rastros de lágrimas en la cara y verlas le ofendió. Él se acercó a su lado y se agachó para levantarla en sus brazos, sujetándola contra su pecho. Ella no protestó, pero se enroscó contra él, apoyando la cabeza en su hombro. Su pelo se derramó alrededor de su rostro, ocultando su expresión, pero no podía esconder su mente de la suya.
    Lo siento. No debería haber estado entrometiéndose en cosas que no entiendo. En verdad, Zacarías, estoy muy, muy triste.
    Ella estaba preocupada por él. Ella no estaba pensando en ella misma o en su reacción, las cosas que le había dicho y hecho, ella estaba preocupada por cómo los recuerdos le habían afectado.
    "La gente no se preocupa por mí, Margarita".
    Alguien debería.
    Hubo un atisbo de sonrisa en su voz y lo calentó. Dio vueltas a su respuesta una y otra vez en su mente. ¿Si la pongo en su cama se va a quedar allí?
    Esta vez no había duda de la risa. Probablemente no, pero lo intentaré.
    Él la colocó encima de la cama y la miró por mucho tiempo. Su pelo negro desparramado sobre la almohada, como una cascada de madejas de seda. Sus pestañas parecían más gruesas y más oscuras que nunca. El color añadía tanto a un mundo, incluso los colores apagados en que estaba viendo. Él quería inclinarse y saborear sus labios perfectos, pero sabía que no terminaría allí. La llamada de la sangre golpeaba en sus venas y ya la asustó ese día. Cuando no estaba tan obviamente preocupada por él.
    "Que duermas bien, Margarita".
    Yo casi extraño los nombres extraños con los que me llama.
    Él le acarició el pelo una vez, sintiendo un cambio en su corazón, pero él temía que cambiaría su vida. Se alejó ella sin decir una palabra, incapaz de decidir lo que iba a hacer con ella. No podía recordar un momento en que él no supiera exactamente lo que iba a hacer.
    Abruptamente dejó su habitación, dejó su aroma fragante y la terrible necesidad como garras en sus venas. Él todavía estaba en control, pero ¿por cuánto tiempo? nadie lo sabía.

CAPITULO NUEVE

    Margarita se dio la vuelta y miró por la ventana. Las pesadas cortinas estaban corridas, pero un rayo de luz le dijo que era mediodía. Una lluvia de piedras golpeó el vidrio y ella suspiró y se levantó. Sentía su cuerpo de plomo, no quería cooperar, pero decididamente se levantó de la cama y se arrastró por el suelo a la ventana empujando a un lado las cortinas al mismo tiempo que Julio envió a otro ligero rocío de pequeñas rocas golpeando contra el cristal.
    Tratando de no reírse, Margarita empujó la ventana para abrirla. La luz del sol se derramó en su habitación, quemándole sus ojos. Se apresuró a cubrirse, sorprendida porque ella ya se estaba acostumbrando a estar despierta toda la noche. Arrastró un lápiz y un bloc de notas de la mesilla de noche.
    ¿Estás loco? Podría matarte si te encuentra aquí de nuevo.
    "Ahora está durmiendo. Me aseguré que despertaras mucho antes de la puesta del sol. Tenía que asegurarme que estabas bien. "
    Ella se cubrió los ojos y lo miró con detenimiento. Había una gruesa venda con sangre alrededor de su antebrazo y se veía molesto.
    ¿Qué te pasó?
    "El perro se volvió loco hace una hora. Mi perro. De repente comenzó a gruñir y a gruñir. No había hecho ni un sonido… "
    Ella dibujó un signo de interrogación entre ellos.
    "De La Cruz vino a nuestra casa ayer por la noche. Max se volvió loco. Todos los animales lo están cuando él está cerca, ya lo sabes. Estaba ladrando y gruñendo en la ventana y luego, bruscamente, se quedó en silencio. Ni pío hasta hace un rato y luego fue como se volviera loco. Él comenzó a tratar de morder a mi caballo en los talones y le dio patada. Desmonté para calmarlo y él me atacó".
    Margarita se subió al alféizar de la ventana, sentada con las piernas colgando, y le indicó a Julio que se acercara para poder inspeccionar las heridas.
    Julio se quitó la camisa para mostrarle a Margarita los arañazos en el pecho. El perro había ido por su garganta y lo mantuvo a raya con pura fuerza. Su corazón dio un vuelco. Julio había empujado su antebrazo en la boca del perro, sacrificando su brazo para evitar el ataque a la garganta.
    ¿Hubo que pegarle un tiro? Ella sabía la respuesta antes de que hablara. Julio había amado a su perro.
    "Ricco le disparó. No tenía otra opción, Margarita. Creo que De La Cruz le hizo algo a mi perro. "
    Ella sacudió su cabeza rechazando la idea, desesperadamente escribió en su cuaderno de notas.
    Él no haría eso, Julio. Todo el rancho está bajo su protección, incluyendo los animales.
    Los animales están aterrorizados de él y usted lo sabe. Mientras más tiempo se queda aquí, peor se va a poner. Incluso altera a los caballos, Margarita.
    Son difíciles de controlar cuando estamos patrullando. Pienso que se va a quedar aquí por ti. Él tiene que irse.
    Ella lo miró airadamente.
    Esta es su casa, Julio. Es una cosa mezquina decir eso.
    Julio sacudió su cabeza, arrugando su nota. “Éste es nuestro hogar. Nunca están aquí, especialmente él. Él es el peor de ellos. No puede solo venir aquí y decirnos a todos que tú le perteneces. Trabajamos para él, pero no somos sus esclavos. Él tiene que irse, y usted tiene que salir de allí. Ahora. Antes de que él haga algo que le haga imposible alejarse de él.”
    Él me necesita, Julio.
    Julio frunció el entrecejo. "Él no es uno de sus animales roto para rescatar, Margarita. Es peligroso para ti. No lo puedes tratar como a un animal salvaje. "
    Eso es exactamente lo que es. Está solo, y me necesita. Yo no lo voy a abandonar del modo en que todos los demás en su vida lo han hecho. Él aparta a todo el mundo y se van. Yo me quedo.
    ¿Y si quiere más de ti de lo que estás dispuesta a dar?, Exigió Julio. "Porque él piensa que eres su mujer.” ¿Tiene usted alguna idea de las demandas que podría hacerte? Estás jugando con fuego, Margarita. Si es un animal salvaje, entonces él es el más peligroso que cualquiera que jamás hayas encontrado y no lo vas a domesticar. Vete mientras puedas. Yo te ayudaré. Todos nosotros. No eres de su propiedad. No le pertenecemos ninguno de nosotros. Tenemos opciones aquí, y tú también la tienes.
    Mi opción es verlo a través de eso. No tienes ni idea de su vida, Julio. Él vino aquí a poner fin a su vida con honor y yo lo arruine para él. Está perdido en este momento y tengo que ayudarlo. Quiero ayudarlo. Sé que puedo.
    Julio maldijo entre dientes. "Siempre has sido así, Margarita, tan terca que nadie podría hacerte entrar en razón.", Comenzó a ponerse su camisa de nuevo, pero se detuvo cuando ella sacudió la cabeza.
    Margarita se deslizó nuevamente en su habitación y rebuscó hasta encontrar el botiquín de primeros auxilios que había formado años antes para los trabajadores. Con el tiempo se había convertido en algo parecido a una enfermera para todas las heridas y accidentes que ocurrían en el rancho. Untó crema antibiótica sobre los profundos rasguños y le dio unas pastillas.
    Julio obedientemente las tomó y arrastró su camisa sobre su cabeza, frotándola sobre el pecho. "Te estoy diciendo, cariño, De La Cruz no es un hombre normal. Tienes que dejar esto de una vez."
    Quitó el trapo ensangrentado y jadeó al ver la herida en el brazo. Ella imitó la costura ante él, frunciendo el ceño. Julio se encogió de hombros y negó con la cabeza.
    "Va a sanar. Acaba de hacer cualquier cosa que tengas que hacer para que no se infecte. "
    Margarita tuvo que parpadear varias veces. El sol parecía inusualmente brillante y sus ojos permanecían aguados. Ella sacudió la cabeza e indicó que era necesario por lo menos poner unas tiras de mariposa a través de la herida para tratar de cerrarla.
    "Adelante con ello, entonces. Tengo que volver al trabajo. Tienes que llegar a los establos esta noche y tranquilizar a los animales. Alguien realmente va a conseguir hacerse daño si no lo haces, Margarita".
    Ella asintió con la cabeza mientras aplicó cuidadosamente la crema antibiótica y luego comenzó a cerrar la herida meticulosamente.
    "No puede encerrarte", reiteró Julio. "No le debe tu vida, cariño. En serio, piensa en dejar este lugar. "
    Él me encontraría. Quiero seguir de todos modos, Julio. Sé que puedo ayudarle.
    Ella casi había escrito salvarle. Zacarías la necesitaba para salvarse a sí mismo. Tal vez no se podía hacer. Ni siquiera estaba segura de que quería que lo salvaran, pero alguien tenía que preocuparse por el hombre. No parecía importarle mucho él mismo. Era arrogante y tenía plena confianza en sí mismo, pero también creía que estaba contaminado con el mal.
    Siento lo de tu perro, Julio, pero independientemente de lo que pasó, Zacarías no tiene nada que ver con eso. Ten cuidado hoy. Voy a salir esta noche.
    Esperaba que Zacarías cooperara. Sabía que el trabajo de rancho había que hacerlo. Si esto era ir a los establos para calmar a los animales, Zacarías tenía que estar de acuerdo con ella. Despidió a Julio y resueltamente cerró la ventana y tiró de las cortinas. Estaba cansada, así que un par de horas más a ella le sonaba bien, así que decidió quedarse.
    En la bañera, mantuvo los ojos cerrados y se permitió pensar en Zacarías. Era un misterio, un hombre que no tenía ni idea real de quién era él. Su corazón estaba con él, un hombre tan completamente solo. Nadie debería estar tan solo. Y no tenía idea real de sus propios sentimientos. Él había enterrado sus recuerdos tan profundamente, y nunca se perdonaba a sí mismo, negándose a reconocer que aún recordaba esa terrible tragedia en su vida.
    Margarita suspiró cuando se hundió en el agua caliente, perfumada, empapando la trenza larga y gruesa de pelo. Se sentía agotada, y era difícil mantener su mente lejos de Zacarías. En el poco tiempo que había estado a su alrededor, en su mayoría, había tenido miedo, así que no tenía sentido para ella que estuviera tan decidida a ayudarle. Odiaba que estuviera tan solo. Nadie debe estar solo, no como él lo estaba, separado de todo lo suave y delicado. Tenía tan poca humanidad, que ya no creía que podía superar el depredador en él.
    Ella vio dentro de él, pero cada vez que trató de demostrarle que él era diferente por dentro, la rechazó. Era casi como si tuviera miedo del lado más suave de sí mismo. Que lo hacía vulnerable y Zacarías de la Cruz nunca había sido realmente así, o si lo había sido -sin duda no lo recordaba. Ni quería recordarlo.
    Zacarías había vivido tanto tiempo como un peligroso cazador, siempre solo y aparte, que realmente no tenía manera de encajar en la sociedad moderna, con los seres humanos e incluso con su propio pueblo. Había una confianza suprema en sí mismo como un cazador, como asesino, pero no como un hombre. Y estaba equivocado. Cuan arrogante y peligroso como era-había alguien amable y cariñoso en su interior- Su tremenda lealtad y sentido del deber era admirable. Él no lo veía de esa manera. Todo era tan blanco y negro para él.
    Se secó lentamente, tomándose su tiempo, disfrutando de la sensación de que ella tenía la casa para ella y que podía sentir como si perteneciera.
    Ella había sido dueña de la hacienda desde hacía mucho tiempo y ahora, con Zacarías en casa, dictando lo que ella podía o no podía hacer, a dónde podía ir y lo que debería llevar, ella se había olvidado de lo pacífica que encontraba la casa. Era su único dominio. La mantenía limpio, la decoró de la manera que quería y estaba a cargo total de su propia vida. Ella tenía pretendientes que la cortejaban, lo cual daba un buen impulso a su ego, pero sabía que no los querría como marido.
    Zacarías. Pensar en él la hacía sentir viva. Le encantaba montar a caballo, la libertad de volar sobre el suelo en uno de sus caballos. Zacarías le daba la misma emoción pero todavía más. Él no estaba en paz de todas maneras, pero estar en su compañía fue emocionante. Se sentó con su vanidad y cepillo su largo cabello con una apariencia de sumisión mientras pensaba en él.
    Era guapo en una tosca y brutal forma. Su cuerpo estaba en forma, la de un guerrero. Físicamente no hay duda de que se sentía atraída hacia él, pero eso no la arrastraba. Se imaginó que la mayoría de las mujeres serían incapaces de resistirse a su belleza. Era fascinante y tenía una atracción animal. Pero todavía… había mucho más de él, allí mismo, debajo de la superficie, y con toda franqueza, le intrigaba.
    Se puso la ropa de casa habitual, una blusa y una falda larga, frunciendo el ceño un poco porque se ajustaba a lo que Zacarías le gustaba. Habría sido infantil usar jeans porque él había declarado, debía usar ropa femenina. Le gustaba la falda. Ella no iba a cambiar para él- de una manera u otra. Nadie le había ordenado a ella, ni siquiera su padre, y que Zacarías hablara en un tono tan dominante todo el tiempo era un poco humorístico.
    Alguien se acercó en el pórtico y llamó a la puerta de calle. Esto no era un puñetazo tímido, nada como el que Julio o uno de otros muchachos haría.
    Su estómago saltó y ella echó un vistazo hacia la recámara principal. Ella tomó un arma cargada del baúl en el vestíbulo y lo empujó en el bolsillo de su falda. Ellos no tenían muchos visitantes, y con Zacarías vulnerable durante el día, ella estaba determinada para protegerlo.
    Ella se asomó y estaba un poco sorprendida de ver a Lea Eldridge, esperándola sola en el porche. Lea nunca había venido a la finca sin su hermano. Era una mujer alta, rubia, muy elegante. Su pelo no estaba fuera de lugar, su maquillaje perfecto y la ropa era de diseño, obviamente. Donde Esteban hablaba con desdén a los trabajadores, Lea siempre parecía abierta y amistosa. Ella era una mujer hermosa, y a Margarita le gustaba más que las mujeres con las que había crecido. Lea parecía una persona genuina, generosa. Siempre tenía tiempo para hablar con los trabajadores de mayor edad y con los niños, no sólo con los hombres solteros y guapos. A Margarita gustaba eso de ella.
    Abrió la puerta y frunció el ceño cuando vio la cara de Lea. Había una contusión leve en el pómulo y signos evidentes de lágrimas. La piel de Lea era impecable, como la porcelana, como duraznos y nata, e incluso con su cuidadosa aplicación de maquillaje, era imposible ocultar el morado. Ella dio un paso atrás para permitir la entrada de Lea.
    Lea miró detrás de ella, una mirada secreta y cautelosa de los alrededores y las carreteras antes de que entrara y cerrara apresuradamente la puerta. "Mi hermano no sabe que estoy aquí. Nadie lo sabe. "
    Voy a hacer té. Me alegro de que me vinieras a visitarme.
    Margarita le entregó la nota y le enseñó el camino a la cocina, haciendo un gesto a Lea para que se sentara en la mesa mientras se preparaba el té. Era obvio que Lea estaba muy alterada. Estas eras las veces en que Margarita se sentía frustrada especialmente porque no podía hablar. Escribir cosas tardaba una eternidad. Mientras que se calentaba el agua, se hundió en la silla frente a Lea, le tocó la mano y le deslizó una nota en ella.
    ¿Qué pasó? Estás a salvo aquí, Lea.
    Lea parpadeó para contener las lágrimas y sacudió la cabeza. "Usted no entiende. El amigo de mi hermano, Dan, le llaman DS, nos ha encontrado aquí. Él es… horrible.
    Donde quiera que vayamos, nos encuentra, y Esteban hace lo que dice. Pensé que si llegamos aquí, nunca nos encontraría, pero él está aquí y va a hacer algo terrible. Siempre lo hace. "
    ¿Quién te golpeó?
    Lea agachó la cabeza, y se tocó la mejilla con los dedos. "La verdad es que Esteban hace lo que DS le dice que haga. Pensé que se había mudado a este lugar para alejarse de él, pero él fue quien instruyó a Esteban para venir aquí y hacer amistad con la gente de este rancho. "Levantó los ojos tristes a Margarita. "Te juro que no lo sabía. Realmente pensé que tenía ahora la oportunidad de alejarse de él. Es el diablo, Margarita. Esteban hace cosas terribles a su alrededor. Y si él está planeando hacer algo que tenga que ver con este rancho, no va a ser legal o bueno ", confesó. "Estoy muy apenada. "
    Margarita aprovechado la nota de nuevo y dibujó un signo de interrogación en el aire entre ellas.
    Lea se frotó las sienes. "DS me golpeó porque me negué a hacer lo que quería." Un sollozo salió de ella. "Esteban se quedó allí, mientras que DS me empujaba contra todo. "
    ¿Qué quieren de ti DS y Esteban?
    "Quiere conocer a un miembro de la familia De La Cruz. Están obsesionados con la idea. Él quiere que yo seduzca a uno de ellos. Dice que si no lo hago, va a matar a Esteban. Traté de hablar con Esteban, pero él sólo se rió y me dijo que mejor lo hiciera entonces. "Lea se secó las lágrimas y sacudió la cabeza. "Yo no tengo a donde ir y nadie con quien hablar. No puedo confiar en nadie. Y yo no quería traicionar nuestra amistad, pero no sé qué hacer".
    La tetera estaba humeante, por lo que Margarita subió a verter el agua hirviendo en la jarra para el té. Ella escribió una nota a toda prisa mientras lo hacía y la empujó bajo las narices de Lea.
    La familia De La Cruz rara vez visita el rancho. ¿Por qué este hombre piensa que podrías seducir a uno de ellos cuando no permanecen más de un día o dos y así ha ido durante años? Eso no tiene sentido. ¿Qué piensa que ganaría seduciendo a uno de ellos?
    Lea empujó ambas manos por su pelo y encogió sus hombros. “Riqueza, tal vez. Emociones. No sé. DS trafica drogas y armas sin embargo.
    Esteban fue puesto al corriente de todos esto. Le gusta la idea de estar en el interior de alguna organización tipo de gángster subterránea. DS habla de una sociedad secreta a la que él pertenece – en la que todos los miembros se conocen, y ese tipo clase de cosas llama a Esteban. "
    ¿Sus padres?
    Ambos están muertos. Tenemos un fondo fiduciario que maneja nuestro tío. Esteban nunca está satisfecho. Sigo pensando que él madurará algún día, pero él sigue buscando la siguiente emoción. Desde que encontró a DS, nuestras vidas han sido una locura. DS anda con algunas personas aterradoras. "
    ¿Por qué creen ellos que un de La Cruz vendrá aquí?
    "Usted." Lea aceptó la taza de té y el pequeño plato de bizcochos." Su accidente. Algo muy malo sucedió para traer a uno de los propietarios al rancho para comprobar las cosas. Esteban probablemente fue enviado por DS. "Ella tomó un sorbo del té y observó a Margarita sobre el borde de la taza de té que echaba humo. " Yo pensé que tendría la posibilidad de tener una verdadera vida aquí. Me gusta esto. Y esta… Julio. "Ella miró la cara de Margarita con cuidado. ¿Están implicados usted dos?
    Él es muy protector con usted. "
    Fuimos criados como hermanos.
    ¿No le gustamos nosotros, verdad? Lea preguntó. Él aún no me mira.
    Su voz sonaba tan triste, que arrancó el corazón de Margarita. Julio estaba en lo cierto acerca de ella, se enamoraba de todo lo herido, hombre o animal. Suspiró y se encogió de hombros mientras escribía.
    Julio dijo que era extraño que Esteban viniera aquí. Ustedes tienen dinero y están acostumbrados a la vida de la ciudad. Ninguno de los dos parece encajar aquí. Pero la mira, Lea. Eres hermosa. ¿Cómo no lo haría?
    "Quiero quedarme. Incluso después de que Esteban se vaya, me quiero quedar aquí. Me gusta nuestra casa y estoy empezando a amar a los caballos. Sé que podría hacer una vida aquí. Esteban pronto seguirá adelante. Se aburre fácilmente. He hecho mi mejor esfuerzo para tratar de salvarlo de sí mismo, pero yo sé que no puedo. Él no me va a escuchar más. Si uno de los hermanos De La Cruz no se muestra aquí pronto, DS tendrá que ir a otro de los ranchos donde podría haber una mejor oportunidad de conocer a uno de ellos y Esteban hará lo que él dice. "
    Los hermanos se cuidan a sí mismos. Incluso cuando se presentan en una de las estancias, rara vez hablan con nadie, sino con Cesaro. Ellos pasan una noche o dos y luego desaparecen de nuevo.
    ¿Les conoces?
    He visto a un par de ellos, una o dos veces, pero yo no los conozco. Lea, cualquiera cosa que este hombre, DS, quiera con la familia De La Cruz, no lo encontrará aquí. ¿Quiere hacer algún tipo de negocio con ellos?
    Lea mordisqueó una galleta con té, con el ceño fruncido en su rostro. "Honestamente no sé. Esteban no quiere hablar conmigo al respecto. Él sólo me dice que haga lo DS pida.
    Margarita permitió que el té se deslizara por su garganta. Estaba caliente y dulce y su estómago se rebeló un poco, pero se calmó después de un momento o dos.
    Ella había tenido dificultades para comer últimamente. Nada le sabía bien, y con frecuencia, se sentía como si estuviera enferma cuando ponía alimentos sólidos en su estómago. El olor de la carne en particular la ofendía. Temía que tuviera algo que ver con el ataque de vampiros y a su garganta desgarrada. Por supuesto Lea pensaba que un felino grande la había atacado como la mayoría de la gente pensaba. Ella se tocó la garganta y de inmediato sintió el latido de la marca que Zacarías había puesto en ella.
    Sin pensarlo, sus dedos acariciaron el lugar.
    ¿Te duele?, Preguntó Lea. ¿Su garganta?
    Margarita negó con la cabeza. No me dolió más, pero todavía era difícil aceptar que no podía hablar. Lea se había quedado con su amiga. Esteban siempre había actuado como si estuviera cortejándola, hasta el accidente. Él continuó viniendo, pero se cuidó de no coquetear demasiado con ella. Se dio cuenta de que no quería que ella tiene una idea equivocada. Sin voz, no estaba a su altura. Tal vez lo estaba juzgando con dureza, pero siempre había sabido que no era en serio su noviazgo.
    Lea impulsivamente se inclinó sobre la mesa y puso su mano sobre la Margarita. "Buen par somos. Yo no tengo a dónde ir y tú con una garganta rajada. "
    Margarita le sonrió. Ella levantó la taza y bebió otro sorbo.
    ¿No crees que Julio podría tomar el té con nosotras?, Aventuró Lea, tratando de aligerar el ambiente. "Tal vez usted podría encontrar una secreta poción de amor y la deslizaría en el té.
    Margarita sonrió y negó con la cabeza.
    Pídale que le muestre los caballos. Consiga que hable de ellos. Él ama a los caballos. Nunca la he visto montar. ¿Sabes cómo?
    "Contraté a este hombre para que me enseñara, pero él nunca aparece. Me encanta ver cuando montan, y cuando estoy en un caballo me siento tan libre. Me encanta el viento en mi cara y la forma en que el caballo se mueve, fluye por el suelo. Sé que podría vivir aquí, incluso sin mi hermano. No he gastado mucho de mi fondo fiduciario, Esteban desaparece su parte todos los meses, pero podría comprar una propiedad aquí y ser feliz".
    No hay vida de ciudad aquí, Lea. Puede ser solitario para una mujer.
    Lea suspiró y pasó el dedo por la mejilla amoratada. "Se puede estar solo en medio de una multitud, Margarita. Simplemente no sentía que encajaba en ninguna parte.
    No, hasta que llegué aquí. Sé que parezco una especie de repipi para usted, pero soy una dura trabajadora. Puedo aprender. Yo sólo quiero encontrar la paz. "
    ¿Por qué viajas con Esteban cuando sabes que está involucrado en actividades ilegales?
    "Es todo lo que tengo. Tenemos el negocio de la familia y pude volver a trabajar allí, pero mi tío es la único familiar con vida que me queda con excepción de Esteban. Yo ni siquiera lo conocía antes de que mis padres murieran en un accidente de avioneta. Él es mayor y muy rígido. Esteban no puede soportar verlo y por desgracia, mi tío le permite saber en cada oportunidad que él es un niño rico malcriado. Lo que solamente parece encender Esteban. Tenía la esperanza de que si me iba con él, dejaría de hacer cosas tan peligrosas".
    ¿Es adicto a las drogas?
    Lea mordió el labio inferior. "Él usa cocaína. Al principio era de recreo, y yo trataba de no enojarme por ello. Realmente todos sabíamos que la utilizaba. Pero Esteban no se puede pasar un día sin ella ahora. He tratado de hablar con él sobre ello, pero él dice que no sé cómo divertirme. Piensa que soy una adicta al trabajo. Yo solía trabajar para mis padres. Esteban se echó a perder y fue por mi padre y él le animó a ser un playboy. "
    Él debe haber tomado la muerte de sus padres con mucha fuerza.
    Lea asintió con la cabeza. "Creo que eso es lo que le hizo tan vulnerable a la DS. Empezó a tomar más drogas y a parrandear más duro. Él salta de los aviones, anda en motos en montañas muy peligrosas, si algo es peligroso, él lo hace. No importa lo que le diga, no lo puedo dejar. "Ella se frotó las sienes como si tuviera dolor de cabeza. "No puedo seguir tras él por todo el mundo tratando de mantenerlo con vida. Él no me va a escuchar."
    Lo siento, Lea. Desearía que hubiera algo que yo pudiera hacer para ayudarte.
    Lea le envió una pequeña sonrisa. "Agradezco que me escuches. Ha pasado mucho tiempo desde que sentí que yo tenía un verdadero amigo en el que podía confiar. No tengo absolutamente ninguna idea de lo que voy a hacer para conseguir sacarnos a Esteban y a mí de este lío, pero me has hecho sentir mejor. "
    ¿Es seguro para ti regresar a casa?
    Margarita quería invitarla a quedarse, pero con Zacarías en la residencia y sabiendo que Esteban y DS buscaban conocer a un De La Cruz, sintió que tenía que proteger a Zacarías. Pero aún así, sentía miedo por Lea.
    Lea se encogió de hombros. "Esteban me ama. No cree que DS realmente nos quiera hacer algo a alguno de nosotros, pero si llega el momento, creo que me protegería. Y pienso evitar a DS. Sólo quería que supieras que no podías confiar en ellos cuando vengan aquí. Y van a venir. Yo no sé lo que están haciendo. Una vez que este en casa puedo tratar de conseguir que Esteban me lo digas. "
    Margarita negó con la cabeza rápidamente.
    No hay necesidad, en realidad, Lea. Incluso si vienen aquí, ¿qué van a ver? Los chicos en el trabajo. A mí. No ve a un De La Cruz alrededor ¿verdad? Ellos tampoco lo verán. Van a mirar a su alrededor y luego volverán a casa.
    Lea asintió con la cabeza. "Creo que no debe preocuparse. Y la familia De La Cruz es muy poderosa. Es probable que tengan personas como DS molestando todo el tiempo. "
    La sirena de alarma se disparó alertando a Margarita que algo había sucedido en algún lugar en el rancho. Margarita se levantó de un salto, y corrió hacia la puerta principal. Podía oír el golpeteo de los cascos de los caballos acercándose a la casa a galope. Margarita abrió la puerta.
    Julio se quedó con el puño en alto, la cara blanca por debajo de su bronceado, su ropa cubierta de sangre.
    "Necesitamos al piloto del helicóptero, Margarita. Ricco ha sido corneado. Su caballo lo tiró y hubo estampida del ganado. Es malo. Realmente malo".
    Corrió al cuarto de baño y cogió el botiquín de primeros auxilios, mientras que Julio llamaba al piloto.
    Julio estaba jurando cuando llegó a su lado. Ella dibujó un signo de interrogación.
    "Charlie bebió de nuevo. Se ha ido justo cuando más lo necesitamos. "Julio se metió la mano por el pelo. "Él no lo logrará si no se va a un hospital. "
    "Puedo volar un helicóptero", dijo Lea. "Tengo licencia. Puedo volar aviones pequeños también. Mi padre era dueño de un servicio de chárter, y todos aprendimos a volar. "
    Julio se dio la vuelta para fruncir el ceño a la mujer como si le hubieran crecido dos cabezas. "Es mejor que sepas de lo que estás hablando. Ricco va a morir si no tiene atención médica. "
    El color se deslizó desde el cuello de Lea hasta su cara. "Puedo volar al hospital. He hecho cientos de horas en un helicóptero y en aviones más pequeños. Puedo volar casi cualquier cosa. Es lo que hace mi familia. "
    "Entonces usted es el piloto", dijo Julio. "Vámonos. Ven, Margarita, vas a tener que tratar de mantenerlo con vida hasta que lo puedan ayudar. "
    Corrieron desde la casa hasta el gran hangar donde estaba la aeronave. Una cosa que siempre agradecían a la familia De La Cruz es que el equipo que siempre suministraban era el primero de su clase. El rancho hasta ahora utilizaba los aviones para ayuda médica, así como para comprobar el ganado y los caballos en las colinas y campos.
    ¿Está su helicóptero en buenas condiciones?, Preguntó Lea, corriendo para mantenerse al lado de Julio.
    "Sí. Siempre es revisado después de cada vuelo. Pero es mejor que vuelva a comprobarlo. No tengo idea de cuánto tiempo Charlie ha estado tomando en este momento ", dijo Julio sombríamente.
    Varios hombres corrieron hacia el hangar, llevando Ricco en una camilla. Margarita corrió para interceptarlos, tratando de inspeccionar la herida, y que lo llevaron al helicóptero. El novillo había cogido Ricco en el abdomen y se veía mal. Muy mal. No creía que, incluso con un cirujano de categoría tuviera muchas posibilidades. Miró al cielo y vio por encima de la camilla a Julio, una pregunta en sus ojos.
    Julio parecía tan triste como ella. No era tonto. Había visto lo que es un novillo enloquecido podía hacer. El sol era todavía una pelota en el cielo, pero iba cayendo lentamente. El cielo estaba despejado con pocas nubes. Tenían una hora antes del atardecer. Ricco no tenía esa clase de tiempo. Había visto lo que el sol le había hecho a Zacarías. Ella negó cabeza. Julio la miró atentamente mientras los hombres cargaban a Ricco en el helicóptero. Margarita subió junto a él y abrió su camisa.
    Ella jadeó e hizo presión sobre la herida. No había manera de que pudiera hacerlo, no importa lo rápido que consiguieran poner el helicóptero en el aire.
    Zacarías. Ella no quería obligarlo a decirle que no podía ayudar, pero la herida era terrible y no hay manera de que Ricco llegara con vida al hospital.
    Te necesito. No tenía idea de si él respondería a su llamado, incluso, pero tenía que intentarlo.
    La agitación en su mente fue instantánea, como si todo el tiempo que había sido consciente de que estaba despierta y fuera de la casa. ¿Estás herida? Su voz estaba llena de preocupación por ella y, extrañamente, eso la calentó.
    No yo. Ricco, uno de los trabajadores. Vamos a llevarlo al hospital, pero él no lo logrará si usted no puede ayudarnos. ¿Deseas que haga esto por usted? Su corazón saltó, se detuvo y entonces comenzó a latir. Su voz era tan normal y en verdad, ella no estaba completamente segura de lo que le pedía-pero él la había salvado a y ella nunca debería haber sobrevivido. ¿Cuál es el riesgo para usted? Ella tenía que saberlo. Se mordió el labio inferior, de repente aterrorizada de lo que le pedía. Nada te puede pasar.
    Hubo un momento en que ella lo sintió en su cabeza, tocando cada parte de ella, una caricia rozándola, totalmente en desacuerdo con su presencia letal.
    Muéstrame la herida. Mírela directamente.
    Margarita se armó de valor. El cuerno había penetrado profundamente y estaba segura de la rotura casi había matado Ricco. Era una suerte que estuviera inconsciente, porque no tenía nada para detener el dolor. Se obligó a mirar en el estómago desgarrado Ricco, tratando de enviar sus impresiones a Zacarías.
    Pon las manos sobre la herida y aplicar presión. Profundiza, Margarita.
    Ella había tratado con heridas, pero nunca nada como esto. No era una enfermera, pero ella era todo Ricco tenía. Cerró los ojos e hizo lo que Zacarías le instruía. Sus manos se hundieron en la sangre y en la corneada, con un sonido horrible.
    Una suave risa bromeó en su mente. Tengo que ver, kislány kuηenak Minan, mi pequeño lunática. Mantén tus ojos abiertos.
    Tragando saliva lo hizo. Ella sintió el calor a través de su cuerpo. Hormigueo en sus manos y ardió. Sus dedos se movían por su propia voluntad y de alguna manera, por un momento, ella ya no estaba dentro de su propio cuerpo, sino ligada a Zacarías y se movía a través del cuerpo de Ricco. Fue una sensación extraña desgarradora salir de su cuerpo físico y derramarse a través de otro ser humano. Su estómago se rebeló, pero ella luchó para mantener el control, y respiró profundo.
    Tan abruptamente estaba de vuelta, con un poco de vértigo y sensación de debilidad. Se dio cuenta de Zacarías estaba aún más débil que ella.
    El esperará hasta que llegue a un cirujano, pero ha perdido mucha sangre, Margarita. Voy a tener que darle la mía o todo esto fue para nada.
    ¿Quieres que lo lleve de vuelta a la casa? ¿Se puede hacer a esta hora del día?
    No tendrá la oportunidad de lograrlo otra vez. Iré a vosotros.
    Pero no puedes. No podía hacerlo. El sol te quemara. ¿Qué había hecho? Por favor, no sacrifiques tu vida.
    Volvió a sentir que le acariciaba, un roce que pasaba por su mente, como si hubiera arrastrado los dedos por el interior de su cráneo.
    Lea estaba en el asiento del piloto, que ya iba por la lista de verificación, preparando el vuelo. Margarita levantó la mano para atraer la atención de Julio frenéticamente.
    Se secó las manos y escribió una nota a Julio.
    Dile que tenemos que estabilizarlo antes de que ella pueda volar fuera de aquí. Zacarías hizo lo que pudo a través de mí, pero él dice que necesita su sangre para sobrevivir al viaje. Está saliendo y Lea no lo puede ver. Ella no puede saber que está en residencia. Voy a explicarle tan pronto como pueda.
    Julio asintió con la cabeza. Ella estaba agradecida que entendiera la gravedad de la situación y no perdiera tiempo discutiendo con ella. Fuera del cielo se oscureció y nubes ominosas se reunieron y como enojadas.
    "Tenemos que irnos", gritó Lea.
    "Todavía no", protestó Julio. "Margarita tiene que estabilizarlo o no lo logrará."
    "El tiempo se está poniendo feo", dijo Lea. "Si no nos movemos, no podremos llegar al hospital."
    "La tormenta pasara rápido", aseguró Julio. "Confía en mí sobre esto."
    Estaré fuera en un par de minutos. La voz de Zacarías pasó por la cabeza de Margarita.
    Te diré cuando sea seguro para usted. Hay alguien aquí que no debe verlo. No es uno de nosotros y creo que su hermano es un peligro para usted.
    Ella no me verá.
    Margarita se sentía cerca del pánico. Tal vez ella no quisiera traicionar su amistad, pero Margarita no la conocía lo suficiente como para contar que ella se mantendría en silencio si su hermano insistiera de verdad.
    Le dio la nota de Julio.
    Entretén a Lea en algún sitio por unos minutos.
    Julio se agachó y susurró al oído de Lea. Ella asintió con la cabeza y la arrojó a un lado los auriculares, deslizándose fuera del helicóptero. Ambos corrieron hacia la casa. El cielo se oscureció aún más, las nubes turbulentas hacían sombras oscuras en el suelo. Los caballos comenzaron a agitarse, levantándose y pateando el aire, moviendo la cabeza y bailando alrededor. Margarita saludó a los hombres lejos de la zona, y envío un toque calmante para los caballos.
    En medio de las nubes de tormenta, salía un chorro de vapor, un movimiento a través de las sombras, permaneciendo bajo el dosel de los árboles y de varios tejados. Zacarías se abrió paso entre el patio hasta el gran hangar.
    Él se movió rápidamente por gran edificio, quedándose en los rincones más oscuros mientras se acercaba el helicóptero. Margarita se movió para permitirle entrar en su interior.
    No había mucho espacio con Ricco acostado tan tranquilo y aún así, tenían una buena cantidad de espacio.
    Él apenas respira, señaló.
    Zacarías tomó su forma humana, sus anchos hombros y cuerpo más grande que el Margarita, atestó el lugar cuando se inclinó sobre el herido. "Sus pulmones tienen daño."Uso los dientes, abrió la vena de la muñeca y la apretó contra la boca de Ricco. Usted va a beber lo que se le ofrece y permanecerá con vida. ¿Me escuchas?
    La boca de Ricco se movió contra de la muñeca de Zacarías. Margarita no podía apartar la mirada. Le repelía y le fascinaba al mismo tiempo. Ella sabía que la sangre de Zacarías corría por sus venas, era sólo por eso que había sobrevivido al ataque del vicioso vampiro. Si Ricco viviera, él le debería su vida a Zacarías.
    No, emnim-mi mujer, él le deberá su vida a usted. Lo he hecho porque me lo pidió. No suelo inmiscuirme en los asuntos de los humanos.
    Gracias. Él es importante para mí. Ricco ha servido a su familia desde que era un niño y siempre ha sido leal.
    "Es suficiente con que usted me lo pida, Margarita." Susurró de nuevo a Ricco y tomó la muñeca de la boca del hombre, cerrando la laceración. Él pasó la mano por el largo del cabello de Margarita. "Vuelve a la casa y permite que lo lleven al hospital. Si lucha, y tiene un buen cirujano, vivirá. "
    No te pueden ver aquí. Me iré tan pronto como Julio regrese. Ella estaba ansiosa de que se quedara fuera de la vista.
    Zacarías le dirigió una sonrisa descuidada y su corazón tartamudeó en su pecho. Lo miró viril, tan fuerte, que era difícil concebir que a la luz del día fuera vulnerable y más aún débil.
    ¿Crees que no puedo manejar a un mortal? ¿A una mujer es eso?
    Ella hizo una mueca. Su ego le iba a meter en problemas. La puerta de la casa golpeó y supo que Julio les estaba advirtiendo que estaba en camino de regreso con Lea.
    Ellos van a volver. Vete ahora. Date prisa. Desaparece. Se sentía desesperada. Ella no confiaba en Lea, o en cualquier otra persona en esa materia, por no hablar de cómo se veía. Era demasiado fascinante, muy diferente. Demasiado peligroso. Tienes que irte.
    La sonrisa de Zacarías llegó a sus ojos. Envolvió una longitud de cabello alrededor de su mano. "Me gusta cuando tu pelo es un desastre. Parece como si hubiéramos pasado horas jugando en el dormitorio. "
    Él nunca le había dicho nada parecido a ella. Nadie lo había hecho. Sintió que el rubor comenzaba y le recorría todo hasta los dedos de los pies. La ansiedad corría a través de ella. Empujó a la pared de su pecho. Tienes que irte. No estoy bromeando.
    Él capturó sus manos, presionando sus palmas contra su pecho. Su corazón se aceleró, hasta que pensó que podría saltar fuera de su piel. Él rió en voz baja. "Ya estamos otra vez, me tocas sin mi permiso. ¿Cómo debo castigarte? Me pregunto… "
    Ella miró por encima del hombro a Julio y Lea. Lea llevado a una pila de mantas. Por favor. Sólo tienes que irte. Por favor, apúrate. Usted puede hacer lo que sea cuando estés a salvo.
    ¿Puedo hacer lo que sea? Levantó su ceja hacia arriba. "Eso me deja mucho espacio."
    Julio la miró airadamente, señalando desesperadamente.
    ¡Zacarías!
    Él se disolvió directamente frente a ella. Un momento él era sólido, sus músculos pesados bajo sus palmas, y el siguiente se habían ido y estaba sola.
    Ella saltó rápidamente del helicóptero, dándole espacio a Julio para colocarse al lado de Ricco.
    ¿Lo ayudo entonces? Julio susurró.
    Lea le dio las mantas y subió en el asiento del piloto. Ya las nubes se disipaban tan rápido como se habían formado.
    Margarita asintió y se apresuró a volver a la casa mientras el helicóptero se elevaba en el cielo.

CAPITULO 10

    Zacarías estaba en el baño de Margarita, aspirando su fragancia única. La bañera de garras era profunda y el aroma de duraznos y crema emanaba en el aire de la porcelana. Su sueño había sido perturbado por las piedras golpeando la ventana. Estaban tan sintonizados ahora, que una parte de su mente, incluso en su sueño, era consciente de ella.
    Estaba un poco aturdido por la emoción que le quemaba, sus terminaciones nerviosas vivas y candentes con la expectativa de estar en su compañía. Tenía ganas de pelear con ella. Incluso había bromeado un poco acerca de tocarlo sin permiso y tan chocante como él encontraba eso -había descubierto que lo disfrutaba.
    Había estado en todo el mundo, subió a la cima de las montañas más altas, descendido a lo más profundo de las cuevas, vivían en los bosques tropicales, vagaba libre y ni una sola vez en todo ese tiempo, en todos esos siglos, se había sentido vivo, como hasta ahora. De pie en una pequeña habitación aspirando el olor de Margarita profundamente en sus pulmones, le hizo sentirse más de lo que alguna vez ha sentido – o que podía recordar.
    Él esperaba con impaciencia verla, tocarla. El hambre golpeaba en sus venas, una necesidad cruda, frenética que resonaba por cada célula en su cuerpo. Su cuerpo físico tomó aquella llamada, una demanda urgente por su gusto y tacto. Margarita, su hermosa loca. Su mujer. Él permitió que el pensamiento se filtrase en sus huesos y se instalara en su alma. No podía recordar un tiempo cuando él hubiera llamado a algo suyo. Los guerreros nunca estuvieron conectados a algo o alguien. Pero Margarita de algún modo había encontrado su camino dentro de él – convirtiéndose una parte de él. Aún no sabía cómo pasó. Ella había estado solamente allí, en su mente, llenando todos aquellos los sitios sombreados y uniendo hilos rotos lo que él no sabía – o ni le importaba- que existieran.
    Supo el momento en que entró en la casa. Se lavó las manos en la cocina y luego se fue a su dormitorio. Escuchó el crujir de la ropa y se movió en silencio en su habitación parado detrás de ella, sólo observando. Se puso de pie delante de un espejo de cuerpo entero, y cuando él le acercó por detrás, se aseguró de su reflejo no se presentara en el cristal.
    Había algo hermoso en una mujer haciendo la simple tarea de desvestirse. La falda reunida a sus pies y dio un paso librándose del material, dejando al descubierto sus piernas delgadas y torneadas, y su parte inferior redondeada envuelto en un trozo de encaje muy pequeño. Su aliento quedo atrapado en su garganta cuando abrió lentamente los botones de su blusa y centímetro a centímetro lentamente reveló la elevación cremosa de sus senos moldeados por otro fino encaje de ropa interior.
    Su piel era impecable, tan suave que era difícil no extender el brazo y pasar la mano por su espalda. A él le gustaba su pelo salvaje, una nube de seda negra que caía como una cascada por debajo de su cintura. Zacarías se acercó a ella, deslizando sus manos alrededor de ella para unirlas justo debajo de sus pechos. Ella inhaló en una especie de placer sorprendido, sus ojos saltando hacia el espejo. Él permitió que su propia forma se materializara a su espalda. Era una buena cabeza más alto que ella, con los hombros mucho más amplio que los de ella. Él tomó el peso suave de sus pechos en sus manos y se inclinó para enterrar su cara en la nube de su cabello.

    “Amo cómo huele,” susurró en toda esa seda. Él amó cómo ella se sentía, cómo su pelo se sentía contra su piel. Cómo se veían juntos, su cuerpo femenino tan totalmente absorbido por el suyo masculino. Cosas simples. Agradable cuando nunca había habido placer. Ella no se tensó ni lo empujó lejos como él esperaba. Él le habría permitido liberarse, pero ella se reclinó nuevamente en él y cerró los ojos, relajándose contra él. Una cosa tan pequeña, pero tan intensa para él.
    Él le acarició el cuello, los dedos moviéndose sobre sus pechos, la sensación era asombrosa. Sintió la suavidad debajo de las yemas de sus dedos y cada toque alimentaba más el calor en su cuerpo, subiendo la temperatura. No hizo nada para controlar la fiebre, lo que le permitió que se propagara a través de su cuerpo, maravillándose ante el milagro de la mujer. Frotó ligeramente acariciando toda la piel suave. Su eje se hinchó, se sentía lleno y pesado, y lo presionó más cerca de su suave cuerpo.
    "Quiero intercambiar sangre con usted. Esta vez no le hará daño. Me aseguraré de que sea de su agrado. ¿Vas a confiar en mí? "Susurró las palabras, una seducción descarada. Él quería que ella estuviera de acuerdo, en entregarse a él. En ser parte de él de buena gana.
    Ella se quedó inmóvil, pero no hubo rechazo, no en su cuerpo, o en su mente. Deslizó su brazo por encima del hombro, conectando su mano alrededor de su cuello mientras inclinaba su cabeza hacia atrás. La acción levantó sus pechos suaves, llenos, sus pezones duros y empujando el encajes.
    Dame un beso. Una brizna suave de calor en su mente. Pura tentación.
    Su polla saltó. Pulso. Ella era sensual sin ni siquiera saberlo, atractiva cuando él ya no tenía voluntad para resistirse a ella. Él sabía cuando respondió a su llamada que estaba haciendo un compromiso con ella. No había pensado que iba a convertirla en suya en su totalidad. Ella nunca había estado en tanto peligro y sin embargo no parecía tener ningún instinto de conservación.
    "Si le beso, kislány kuηenak Minan, mi pequeña lunática-No sé si pararé allí." El dolor estaba allí. La necesidad. El hambre arañando más profundo que nunca.
    Ella le acarició el cuello. Usted pararía si se lo pidiera.
    Había plena confianza en su voz. Ella debería haber tenido miedo de él. Él le había dado motivos para temerle y lo había hecho deliberadamente-así pues, sin embargo, sintió su confianza. Ella se entregaba a su cuidado y no entendía por qué. Él realmente no confiaba en sí mismo con ella, así que ¿cómo podía? Era un poco loca, tal como la había llamado, sin embargo, ahora, eso era una caricia. Ahora, él pensaba que era hermosa y valiente. Simplemente pensó que era suya.
    Suya.
    Béseme, ella susurró otra vez en su mente. Una tentación. Una seducción. Las yemas de sus dedos trazaron el lóbulo de su oreja y su cuerpo apretó. Sintió el aliento salir de sus pulmones. No había resistencia a su suave atracción. Él dio vuelta a su cabeza para encontrar su boca con la suya. Él rozó sus labios suavemente, casi reverente sobre los suyos. Él sintió el impacto hasta los dedos de sus pies. La electricidad chispeó a lo largo de sus terminaciones nerviosas.
    Se tomó su tiempo, siguiendo sus labios, guardando su forma y la sensación de ella en la memoria. Se había negado durante tanto tiempo a conservar algo en su memoria, que no añadiera algo a su capacidades de lucha, pero ahora, aprender todo acerca de ella era tan necesario como respirar. No quería hacerle daño. No de nuevo. Había pasado mucho tiempo pensando acerca de cómo se sentirían sus emociones cuando no podía. ¿Cómo ella vio dentro de él cuando él era incapaz de hacerlo?
    Sus uñas trazaban alrededor de la curva superior de sus orejas. Ella volteó la cabeza un poco más y encontró el lóbulo de su oreja con la boca, mordiendo suavemente, y luego amamantando, con la lengua como una escofina de terciopelo, envío calor en espiral hasta adolorida ingle. Sus dedos encontraron su grueso pelo en un masaje erótico que añadió a las sensaciones como relámpagos a su polla.
    Las sensaciones físicas eran intensas ahora, lo recorría como una bola de fuego en la boca del estómago y se difundía a través de su cuerpo como un reguero de pólvora. No había sentido nada durante tantos siglos y ahora ella había traído su cuerpo helado a la vida, volcánico, ardiente. Y ella sabía lo que estaba haciendo. Ella quería que sintiera.
    No le hace daño sentir. Su voz seductora se deslizó en su mente, lo que demuestra que se había alojado en lo más profundo de su ser, que conocía sus pensamientos.
    Siénteme, Zacarías. Siente lo que siento cuando me estás tocando.
    "Esto es peligroso", susurró, sabiendo que ya estaba perdido.
    Sus manos, por su propia voluntad, hicieron a un lado el trozo de delgado de encaje cubriendo el peso suave de sus pechos. Tiró de sus pezones, su mente ya firmemente arraigado a la suya. Podía sentir exactamente lo que cada tirón y cada giro le hacía, el calor de los relámpagos de fuego que chisporrotea a su núcleo. Podía llegar a ser tan adicto a la sensación de placer, que rápido aprendía sobre el suyo propio. "Usted es peligrosa."
    No te hará daño.
    Las palabras rozaban su mente como la seda sobre su piel. Él sintió su sonrisa, la oferta, el regalo extravagante, increíble de una sonrisa.
    "Tengo miedo de hacerte daño. No tienes idea de lo que soy capaz de hacer. "Él estaba luchando por ella, pero no podía evitar que sus manos exploraran toda esa carne cremosa. Ella era tan suave, cálida y hermosa. El embriagador aroma de su excitación le envolvía y alimentaba el fuego que quemaba y arañaba su vientre.
    Sus dedos siguieron el masaje lento, erótico a lo largo de su cuero cabelludo. Sus labios le susurraron en la oreja, el cuello, la lengua probaba su pulso. Ella era la tentación y estaba demasiado débil para resistir.
    Te veo. Estoy dentro de tu mente justo como estás dentro de la mia. Veo dentro de ti, Zacarías. Nunca me harías daño. Nunca. No está en ti.
    Ya te hice daño. En varias ocasiones.
    Su suave risa recorrió su ingle, por lo que se sintió hincharse más. Sintió las primeras gotas de llanto de necesidad por ella. Usted se lastimaba a sí mismo, Zacarías, no a mí. ¿Sabes que lo que digo es verdad?
    Él esperaba que ella tuviera razón, porque no había manera de que pudiera detenerse de probar el cielo. Ahora no. No con su suave cuerpo moviéndose contra el suyo y su pelo salvaje lo rozaba como madejas de seda sobre su piel. No con los pechos en sus manos, sus dedos rodándolos sobre sus dedos y burlando y tirando de sus sensibles pezones. Cada escalofrío que recorría todo su cuerpo, cada chispa eléctrica, lo sintió como si fueran propios. Se oyó gemir mientras ella lo mordió en el cuello, el punto sensible ideal donde se unía a su hombro. Ella lo estaba matando lentamente.
    El hambre lo venció, crudo y desesperado. El sonido de su pulso latía en sus propias venas. Él no ocultó su necesidad de ella. Él quería que ella viera quién era-lo que era. Ella tenía que aceptar la verdad, no una fantasía de niña humana. Él era un depredador puro. No tenía los bordes suaves o puntos blandos. Ella había despertado al diablo, y si él la tomaba, nunca la dejaría ir.
    "Yo necesito tu sangre." Lo dijo a propósito, su boca se movió sobre ese pulso dulce que lo llama profundamente.
    Esperó a que ella entrara en pánico, se separara de él, para salvarse. En cambio, sus labios se movieron de nuevo a la oreja, tirando de su oreja y enviando otro rayo de fuego directamente a su ingle.
    Bésame. No voy a tener tanto miedo de que tomes mi sangre si me besas. No puedes mentir cuando besas a alguien.
    ¿Pensaba que le iba a mentir? No sabía nada de relaciones. Había enterrado hace mucho tiempo a su madre y padre de su existencia, se negaba cada vez permitirle entrar a su mente o corazón. Se habían ido junto con todos los restos de humanidad que habían estado en él. En algún nivel, reconoció que esta mujer, esta mujer humana que no tenía ninguna razón, incluso a alguien como él, estaba luchando para salvarlo. Estaba en su mente, en su corazón.
    Bésame, Zacarías.
    Su corazón se sentía frágil. Que temía que haría añicos en su pecho. Besando otra vez la reclama a ella. Haciéndola irrevocablemente suya. Su cuerpo era increíble, un atractivo sensual que dudaba que pocos podrían resistir, pero fue su determinación tenaz, su decisión lo que lo iba a sacar a la luz, lo que le atrajo como un imán. Ella le hipnotizado. No pensaba en sí misma, y rechazó abandonarlo al destino de todo depredador Cárpatos.
    ¿Cómo hizo una lucha de esto? ¿Cómo encontrar la fuerza para alejarse de alguien tan valiente? Había perdido, por primera vez en su vida. Y por primera vez, quería luchar por su existencia, para ella. Para emparejar su coraje.
    Él la atrajo hacia sí, su aliento colocado sobre el de ella, dentro de ella. Su corazón tomó el ritmo frenético del suyo y se hizo cargo de forma automática, a juego latido a latido. Vio cómo sus pestañas bajaban velando el deseo en sus ojos oscuros. Sus labios se separaron. Él tomó su aliento en sus pulmones. Ella era tan cálida y suave, calentándolo de adentro hacia afuera.
    Él dejó a su boca fija tranquila sobre la suya. Una parte de él estaba desesperada por ella, tan hambrienta que apenas podía pensar, pero él quiso tomarse su tiempo, sentir cada latido de su corazón, probar cada aliento, saber la forma de su boca, sus profundidades aterciopeladas, que hizo coger su aliento y que hizo que su cuerpo la ansiara. La besó ligeramente, una exploración lenta, absorbiendo cada sensación por separado hasta que la necesidad lo venciera y él simplemente se perdiera en su mismo fuego.
    Él la besó una y otra vez, robando el aliento de sus pulmones, respirando para ella, tomando posesión de su lengua de terciopelo, de aquella invitación al paraíso. Sus pulgares remontaron sus pezones, mientras él tomaba su boca una y otra vez. Ella se derritió contra él, toda fuego, chamuscándolo, su muy ardiente corazón.
    ¿Qué sucedía cuando el fuego se reunía con el hielo? Él temía que iba a dejar de existir, sin embargo, no había otro camino para él ahora. Su cuerpo estaba en llamas. Su hambre lo golpeaba como un tambor atronador. La necesidad palpitaba de lleno en su ingle y se comía a su alma. Margarita. Suya. Tenía que tomarla ahora. Tenía que hacerla suya. Tenía que llenar sus venas, su cuerpo con… ella.
    Su boca fue a la deriva en la esquina de la suya. Besó a su camino bajando la curva de su cara a la pequeña hendidura en la barbilla. Él barrió de nuevo la nube de pelo de su cuello con una mano, su mente firmemente asentada en ella. Se permitió experimentar todo lo que se sentía y ella estaba completamente consciente de todas sus necesidades de todas las demandas urgentes de su cuerpo. Su hambre crecía. Sin embargo, ella no se apartó de él, pero él podía sentir que se mantenía muy quieta.
    "No tengas miedo de esto, Margarita. Hay una gran valentía en ti. "Susurró las palabras contra su clavícula mientras besaba su camino a lo largo de su pequeña constitución. El la giró en sus brazos, su boca continuó a lo largo de la curva de sus senos.
    Es difícil tener miedo cuando me haces sentir tan viva, le confió. Pero tengo un poco de miedo después de la última vez.
    Él se aseguraría de que el intercambio de sangre fuera erótico, no doloroso. Había nacido con una barrera, un producto de la evolución, por lo que muchas generaciones de su familia habían servido a la familia De La Cruz. Esa barrera en su mente había sido reforzada, por lo que el control de ella era muy fuerte.
    Y no quería el control. Quería que estuviera dispuesta.
    Estoy dispuesta, le susurró en su mente. Estoy un poco nerviosa, porque nunca he estado con un hombre, por lo que todo esto es nuevo para mí.
    Lo sabía, estaba encerrado en su mente con ella. Conocía cada inseguridad, y en este momento, ella se mantenía unida a él. Porque necesitaba, y ella proveía. Era la manera de los Cárpatos, pero ella era un ser humano y sin embargo, por instinto, ella sabía lo que necesitaba.
    Él presionó su frente contra la tentación suave de sus pechos. Había caminado sobre la tierra durante más de un millar de años, tenía una gran riqueza de conocimiento, pero no sabía nada de los seres humanos-o de las mujeres. Y esta mujer era todo-iba a ser su todo, desde este momento en adelante.
    Ella no lo veía de la forma en que el resto del mundo lo hacía. Ella ni siquiera lo ve de la forma en que se veía.
    Yo veo lo que eres y quién eres. Veo tu corazón y tu alma.
    Ella lo aterrorizó. Su valor se emparejaba a cada guerrero que él conocía. Él no era ningún hombre normal. Los bordes duros dentro de él, la necesidad de conducir la cacería y la matanza deberían haber enviado a su apacible naturaleza, una advertencia para que corriera gritando de él. Esas sombras oscuras, la que lo corrompía de nacimiento, la herencia terrible dada por su padre, lo marcaron con una cicatriz en su misma alma. Su luz con su reluciente brillo debería haber disminuido, debería haberlo rechazado, pero sin embargo, se enfrentó a él, hizo frente a su propio miedo- para salvarlo. Para ofrecerle la vida. Ella sabía lo que estaba haciendo. Sabía él planeó permitir que el sol lo tomara-pero se colocó delante de él deliberadamente, seduciéndolo con su suavidad, dando su cuerpo y su valor asombroso.
    “Necesitarías un milagro para salvarme, Margarita.”
    Era un milagro para él. Se había ido lejos de este mundo. Nunca había pertenecido, y ahora la sociedad moderna había pasado de un hombre como él como nacido hace tantos siglos. Milagro o no, coraje o no, ¿cómo podría, posiblemente vivir con un retroceso a los tiempos antiguos? Su mundo era matar o morir.
    La supervivencia del más apto. Las mujeres no eran parte de tales cosas, y si lo fueran, eran usadas y rápidamente olvidadas, en cautiverio, o siempre cerca de un guerrero que pudiera protegerlas.
    ¿Ve usted quién realmente soy, o quién quiere que sea? Porque, Dios ayúdanos, él la gobernaría. La sostendría muy cerca. Los destruiría a ambos. Condenándolos al infierno, pero no parecía importar. No podía liberarse de ella, ni aún para salvar su honor. Se quemaba como fuego. La necesitaba. El deseo lo gobernaba. El ansia. El dolor. La necesidad pura. El hambre. Él era un depredador, y ella era su presa. Estaba bloqueado, centrando toda su atención en ella. Siempre llevaría la cruz de su vergüenza, su incapacidad para resistirse a lo que ahora tenía que tener.
    Quiero ser tuya, Zacarías. Necesito que te quedes conmigo. Por favor, quédate. Por favor, elíjeme a mí. Sea lo que sea-no es una vergüenza. Me estoy dando a usted libremente.
    Él oyó su propio gemido. No habría ningún escape para ella. ¿Cómo podría él rechazar su súplica? ¿Su regalo? Él no podía oponerse a sus pechos suaves, a sus oscuros pezones que tentaba a sus labios. Él cerró su boca sobre la tentación y se amamantó. Él quería que esto fuera verdadero. Más que nada, él quería que su ofrecimiento fuera verdadero. Por todo lo qué era santo, le dejara tener un milagro.
    Su cuerpo arqueado hacía él. Sus brazos se arrastraron alrededor de su cabeza, sosteniéndolo.
    Te veo. Todo de usted.
    Él no podía renunciar a las sensaciones asombrosas que surcaban a través ambos ellos. Las características que ella vio en él, él no estaba seguro que estuvieran realmente, pero él no iba a parar lo que estaba haciendo para utilizar su voz para decirle eso. Él tiró de su pezón con sus dientes, la oyó jadear, pero el fuego rayado a través ella- o por él, la sangre se movió a sus centros, como si ella tuviera un camino principal que la llevara derecho a sus pezones.
    Usted sabe quién soy. ¿Aún no tiene miedo?
    Tiró de nuevo, un poco más duro, con las manos amasando su carne suave, rodando ese pico tenso, con la lengua y los dientes sin piedad. Necesitaba que entendiera que era un hombre rudo y peligroso, todos los bordes duros y de acero. No parecía importarle la forma en que la tocaba, apretó sus brazos alrededor de su cabeza, su respiración entrecortada, su excitación impregnaba el aire entre ellos.
    Me estoy dando a ti, Zacarías. Libremente. Sin restricciones. No sé cómo son sus mujeres, pero sólo puedo ser yo. No sé ser de ninguna otra manera. Yo no quiero que te vayas. La idea de que estés solo, luchando contra un mal enemigo noche tras noche sin que nadie que te sostenga, es aborrecible para mí.
    Si entro en el sol, no lucharé contra un enemigo.
    No, pero siempre estás solo y eso es inaceptable para mí. No puedo encontrar las impresiones que le muestre por qué, entonces, sí, me estoy dando a usted por mi propia voluntad para tentarlo a quedarse. Yo quiero que te quedes conmigo. Lo que haces conmigo, es totalmente de usted. Pero no se irá solo si decides irte.
    Su boca estaba llena de ella, sus manos deslizándose posesivamente sobre sus curvas y huecos. ¿Cómo iba a dejarla? Y, sin embargo, no era un hombre de honor si no lo hacía. No has contestado a mi pregunta. ¿No tienes miedo?
    Sí. Ella era absolutamente veraz. Por supuesto que tengo miedo a lo desconocido, pero que el miedo es pequeño en comparación con mi necesidad de mantenerse a salvo.
    Su corazón se apretó. ¿Entiendes completamente lo que me estás ofreciendo, Margarita? Su cuerpo lo llamó. Su sangre. Su sabor explotaba en su boca, a través de cada célula de su cuerpo. Su ingle se hinchó hasta que estaba tan lleno y duro que el dolor era insoportable. La idea de que esta mujer estuviera dándose así por completo a él era embriagadora. A sus órdenes. Todos sus deseos cumplidos. Margarita con su piel suave y sus ojos de cierva. Suya.
    Levantó la cabeza para mirarla a los ojos. Se miraron el uno al otro durante mucho tiempo. Se sintió caer, ahogándose en los oscuros pozos llenos de coraje.
    Tienes que estar muy segura. Pensaras solo en mí. Su vida será mi vida. Mi felicidad será tu felicidad. No conozco otra manera. Si usted es mía, si quieres que continúe en esta vida, entonces te unirás a mí para siempre. Por siempre. Suspiró, su voz se hundió en un susurro de sarcasmo. Es tan largo, para siempre. Margarita, los años no tendrá fin, si no estás contenta.
    Yo sé lo que te pido, dijo. Sé que estás cansado y tienes miedo de quién y qué eres. Pero yo quiero que te quedes conmigo-. Yo quiero que vivas. Que conozcas la felicidad todo el tiempo que tengamos juntos.
    No hubo más resistencia en él. Ella iba a ser su mundo, y lucharía con cada aliento de su cuerpo para mantenerla.
    "Entonces entrégate a mí".
    Su voz era suave contra el oleaje de su pecho, justo sobre su corazón. Él sintió que su corazón saltaba y luego comenzar a latir con fuerza. Su mano a la deriva bajo sobre su cuerpo hasta deslizarse entre sus piernas. Ella estaba húmeda para él, su excitación era evidente, como sus dedos llenos de crema sobre sus bragas, su corazón se aceleró y él sintió que su fuerza misma permanecía quieta para él. Vaciló, sus dientes ya se habían alargado, su sabor ya estallaba en su boca. No quiero su miedo. Y ella tenía que estar segura.
    Una vez que la reclame como la mía, no hay vuelta atrás.
    Ella respiró. Él lo sintió en sus propios pulmones. Ella capturó su rostro entre sus manos y lo miró fijamente a los ojos. Quédate conmigo.
    Tenía miedo, pero estaba decidida. Él no estaba a punto de ser un santo y alejarse de lo que estaba ofreciendo. Vida. Emoción. Color. Algo para sí mismo.
    Algo que fuera solamente suyo.
    Él inclinó la cabeza y pasó la lengua por el pulso golpeando frenéticamente. Sentía el eco de ese palpitar, del profundo golpe en sus propias venas, en su pulso a través de su gruesa polla. Sus dientes rasparon hacia adelante y hacia atrás una y otra vez sobre su piel, su lengua aliviaba la pequeña picadura. Cada vez que sus dientes mordían suavemente, sintió el calor líquido humedeciendo sus bragas en señal de bienvenida.
    "Voy a decir las palabras-palabras poderosas que nos unirán. Nuestras almas se convertirán en una. Voy a tomar tu sangre y te daré la mia en un intercambio completo. Esto no te llevará plenamente a mi mundo, pero es nuestro segundo intercambio y usted estará a más de la mitad del camino. Está vez habrá- repercusiones. "
    No entiendo.
    "A diferencia de los matrimonios humanos, los nuestros son irreversibles. Una vez que las palabras se dicen, no hay manera de retractarse. "Su boca tanteó su pulso y se trasladó a su pezón, succionando un poco, tirando con los dientes, una vez más, moviendo la lengua en una escofina de terciopelo para aliviar el dolor. Siempre me necesitara cerca de usted. Siempre la necesitaré cerca de mí. Nuestra mente siempre tratará de permanecer la una en la otra. Nunca seré capaz de dejarla libre. Tampoco voy a ser libre. No habrá Zacarías sin Margarita. Ni Margarita sin Zacarías.
    Ella volvió a respirar hondo, sus dedos enterrándose en la espesa masa de su pelo. Cerró las hebras en su puño y lo abrazó con fuerza.
    Él lo tomó como su consentimiento. No habría vuelta atrás para ninguno de ellos. Ella le estaba dando la vida cuando se entregó a su custodia. Él tiró firmemente de su pecho, lo que le permitió perderse en las sensaciones de puro placer.
    "Te päläfertiilam avío", susurró él contra su pulso. "Tú eres mi compañera". Su cuerpo se estremeció, relámpagos de fuego convirtieron la necesidad en su ingle en un infierno. Se quitó la ropa con un pensamiento y la atrajo, eliminó los restos de encaje que protegían su cuerpo de él de la misma manera.
    "Éntölam kuulua, avio päläfertiilam".
    ¿Qué significa eso?
    Sus dientes acariciaron su pulso acelerado. "Yo te reclamo como mi compañera." Besó su piel suave a lo largo de la curva de su pecho y la mordió profundamente. El dolor destelló a través de ella. Presionó la mano entre sus piernas, acariciándola con sus nudillos, enviando escalofríos de emoción corriendo en ella. El dolor dio paso a un torrente erótico. Ella echó la cabeza hacia atrás y lo sostuvo contra su pecho, su puño tirando de su pelo.
    La esencia de su vida se vertió en él, alimentando su adicción. Ansiaba ese sabor único, sexy eso era solo de Margarita. Todo lo suyo. Sólo para él.
    Creado para él.
    Pasó a la forma más íntima de la comunicación mientras bebía. Ted kuuluak, kacad, Koje-te pertenezco a ti. Él siempre pertenecería a ella. Él siempre la tendría.
    Élidamet Andam-Ofrezco mi vida por ti. Pesämet Andam-Te doy mi protección. Uskolfertiilamet Andam-Te doy mi lealtad.
    Su sangre fluía en él, rejuvenecimiento cada célula. Llenándolo con ella. Podía sentir las palabras rituales poderosas haciendo su trabajo, atándolos juntos con millones de hilos diminutos, irrompibles.
    Sívamet Andam-Te doy mi corazón. Él le daba su corazón tal como estaba. Sombreado. Dañado. Pero que era de ella para guardarlo por siempre.
    Sielamet Andam-Te doy mi alma. Su alma estaba en pedazos. Tantos agujeros lo habían perforado. Todas las matanzas a través de los siglos. Había vivido para ellas y cada uno había hecho mella en el alma que le estaba dando a ella.
    Ainamet Andam-Te doy mi cuerpo. Su cuerpo ansiaba cada centímetro de ella, y podía sentir que el mismo deseo corriendo a través de ella por él. Sentía su humedad de bienvenida mientras empujaba un dedo dentro de ella, sintiendo que sus músculos lo apretaban, desesperada por tenerlo dentro de ella.
    Zacarías levantó su cabeza y miró las cuentas de rubíes correr por la pendiente de su pecho antes de sumergir su cabeza y seguir el rastro con su lengua. Él utilizó su saliva para cerrar las heridas del pinchazo antes de desplazarse con ella en brazos, levantándola y acunándola cerca de él. Él la llevó muy suavemente a la cama donde se sentó, con su cuerpo desnudo en su regazo. Ella era hermosa. Sus redondos pechos mostraban las marcas de sus manos y boca. Era suya. Su mente no podría creer que alguien con tanta luz podría mirarlo con tal deseo ardiente. Con la quemante necesidad de estar con él. Un regalo. Su milagro.
    "Vas a beber, Margarita. Sé que se siente incorrecto, pero esta es nuestra manera. Te has puesto en mi cuidado. "Trazó una línea sobre el pulso latiente en su pecho y le apretó la boca contra él. "Confía en mí ahora."
    Margarita trato. Movió sus labios sobre la herida, su lengua tentativamente degustando. Él gimió, su erección presionando firmemente en contra de sus nalgas desnudas. No había esperado las exigencias terriblemente crudas de su cuerpo, la forma en que la recibía dentro de él, todo el calor y el fuego, derritiendo el hielo en sus venas, trayendo de vuelta inundaciones de recuerdos, buenos y malos, trayéndolo plenamente a la vida. Su cuerpo a un tono febril de necesidad absoluta. Él lanzó un comando para que le fuera más fácil aceptar su don de la inmortalidad.
    – Susurró la siguiente parte de las palabras rituales de unión dentro de la nube de su pelo. "Sívamet kuuluak Kaik etta un TED. Te tomo a mi cuidado de la misma manera que lo haces. "
    Su cuerpo siempre estaría bajo su custodia y se pasaría las noches adorándola de cada manea que pudiera. Llenó su mente con eróticas imágenes. Sus manos la recorrían, dándole masajes a su parte inferior redondeada, deslice hacia arriba la línea limpia de su espalda, de nuevo a sus caderas y a su estrecha cintura.
    Una mano tiró y e hizo rodar los pezones para mantenerla excitada, mientras hacia entrar la esencia de su vida en su cuerpo – mientras que la sangre misma de los Cárpatos la reclamaba para sí.
    "Ainaak olenszal sívambin, tu vida será apreciada por mí todo el tiempo." Acariciado. Él sabía el significado de la palabra ahora, lo que nunca había hecho antes. Él la quería. Protegerla. Guardarla.
    Margarita era el sentido de la vida, su santo grial al final de la batalla secular entre el bien y el mal. Ella era la razón. Ella era lo que había estado buscando toda su vida y nunca se había dado cuenta. "Te élidet ainaak pide Minan, tu vida será colocada por encima de mi propia vida por siempre."
    Supo en el momento en que pronunció las palabras que él las quería decir. Su vida siempre estaría por encima de la suya. Su mujer. Su milagro personal. La mujer humana que había encontrado a un hombre que se ahogaba y le sirvió como un bote salvavidas.
    "Te avío päläfertiilam-tú eres mi compañera." Colores brillaba ante sus ojos, brillantes y luminosos. Los colores vivos, vertiginoso. Por un momento su mundo inclinó y enderezó luego a sí mismo. Aquellos colores pulsaron y palpitaron en su erección pesada, enviando espirales de corrientes eléctricas a través de su cuerpo.
    "Ainaak sívamet Jutta oleny-estás ligada a mí por toda la eternidad." Había tratado de salvarla, pero ya era demasiado tarde. Ellos fueron atados juntos alma a alma para siempre. Ella se quedaría con él a través de buenas y malas y temía que, para ella, sería mucho más difícil de lo que nunca podría imaginar con la mente moderna. Ella no podía concebir la clase de monstruo que realmente era.
    "Ainaak terád vigyázak-y siempre a mi cuidado." Eso fue lo único que podía darle. Su promesa. Él nunca rompería su palabra. Habría lealtad absoluta a esta mujer y él siempre, siempre se ocuparía de su cuidado.
    Suavemente metió la mano entre la boca y su pecho. Su lengua raspó una última vez más la herida y apretó su cuerpo, se estremeció, una sensación tan erótica que sabía que querría la experiencia una y otra vez. Cerró la herida y tomó su boca, su mano en la nuca, sosteniéndola aún mientras alimentaba del éxtasis allí.
    El calor salió a través de él. Él la cambió de puesto, girándola, colocándola del lado de afuera de la cama delante de él como un regalo. Tenía los ojos ligeramente vidriosos, brillantes como el champagne, diamantes titilando por la lujuria y la necesidad. Él había puesto esa mirada allí. Era todo para él. Ella era todo para él.
    Se arrodilló encima de ella, sus manos entre sus muslos, tirando de sus piernas por lo que estaba abierta para él, para poder disfrutar de la vista de la brillante evidencia de su necesidad. Sus manos fueron a sus pechos, más o menos amasando, rodando y tirando de sus sensibles pezones. Cada rayo de fuego se fue a su núcleo disparándose directamente a través de su polla. Él la tomó en su boca, succionando con fuerza, con los dientes embromando el pico tenso, tirando y mordiendo mientras ella se retorcía y jadeaba debajo de él.
    Sus caderas corcoveaban con cada picadura de sus dientes, con cada lavado de su lengua. Él chupó con fuerza, deleitándose en su cuerpo, en el ofrecimiento suave, flexible. Suya. Toda para él. Sus brazos subieron para rodear su cabeza, ella se arqueó en su boca, empujando más profundo, sus caderas levantándose para frotarse con su cuerpo. Su pesada erección presionado contra la V en la unión de sus piernas y ella ensanchó su postura desgarbada para intentar conseguir acercarse más a él. Sus muslos lisos frotándose contra su cuerpo, conduciendo su cordura al pasado.
    Él capturó su pezón y tiró de él sólo para sentir la maravillosa sensación de rayos de fuego, llenando su ingle, vibrando a través de él. Sus bocas se encontraron una vez más, un poco brutalmente en esta ocasión, tomando su respuesta, pidiéndole que le diera todo lo que era. Quería nada menos que todo, de ella, nada menos que una entrega total.
    Margarita nunca se le ocurrió apartarlo de su mente. Sus manos aumentaron el tormento, cuando siguieron la forma de su cuerpo, reclamándola, queriendo que lo conociera y lo aceptara como era. Él le daría todo lo que era, se vertería en ella, tomaría todo de ella- era todo lo que él tenía.
    Ella era increíblemente sensible a él, su cuerpo se retorcía y se sacudía cuando él daba caricias sobre su vientre y muslos. Él inhaló, queriendo siempre recordar este momento, queriendo saborear cada nueva experiencia y separada cada emoción. Él nunca había tenido una experiencia tan sensual, táctil.
    Sensación pura. Puro placer. La lujuria era profunda y torrencial, en su sangre, palpitando con la necesidad, agarrando y rastrillando, aún al mismo tiempo, extendiéndose como fuego por su cuerpo – y por su cuerpo. Las sensaciones duales eran aplastantes e irresistibles.
    Él se complació por completo, explorando cada centímetro de su cuerpo suave, curvilíneo. Cada rayo de fuego que pasó por ella, fue a través de él. Se sentía borracho por el hambre construyéndose, esta vez por su cuerpo, por la vaina de un calor abrasador que le rogaba y lloraba por él. Él era tan adicto a los relámpagos de electricidad a través de su cuerpo y llenaba su pesada erección tanto como lo era al sabor de su sangre.
    No tenía ni idea del paso del tiempo, sólo de su cuerpo, de su sabor y textura. De saber que su don era real. Ni una sola vez protestó, incluso cuando la llevó muy alto y ella jadeaba y suplicándole por para la liberación. Ella se quedó conectada, queriendo su voluntad, entregándose a él sin reservas, manteniendo su palabra.
    Y él encontró que su placer era tan importante para él, si no más, que el suyo. Cada suspiro, cada súplica en su mente, la cuenta de sus uñas arañando su espalda, su puño en su pelo-todo eso se agregó a su placer. Él amó verla necesitada por él, viendo sus ojos aturdidos, su boca abierta, los gritos suaves en su mente. El absurdo cantico de su nombre. Él era áspero, sí, pero se aseguró que ella no sintiera nada sino placer. Él quería que ella quisiera estar con él de cada manera que pudiera concebir, y lastimándola o no haciendo caso de sus necesidades le parecía repugnante e incorrecto.
    Él se entregó por primera vez en su vida, tomando esta vez para su sí mismo-para ella. Los dos en uno solo ahora, de alma a alma, y ​​siempre y cuando estaba en su mente, él sentía. Veía a color. Su mundo era rico y emocional. No había hielo en sus venas, sin sombras en su corazón. Su luz brillante lo iluminaba por dentro y sentía como si pudiera volar hasta el cielo o correr en libertad por todo el país. Ella le hizo libre.
    Cuando supo que estaba más que preparada para él, resbaladiza, caliente y sin aliento, se puso de rodillas entre sus piernas y levantó sus caderas, empujando en ese estrecho espacio caliente creado sólo para él, uniendo sus cuerpos de la misma forma que sus mentes se unieron. Tuvo cuidado, sintiendo su respuesta. Él era grueso y largo y era tan apretada. Podía sentir el ardor y el estiramiento por su invasión al igual que ella podía sentir el placer que corría chisporroteando a través de su cuerpo cuando su vaina le cogió en un abrasador placer.
    Tuvo que luchar una batalla para controlarse a sí mismo. Necesitaba sumergirse en ella, enterrarse profundamente, y si no hubiera estado en su mente, sintiendo lo que sentía, no tenía dudas que el egoístamente lo habría hecho, pero el ardor lindaba con el dolor para ella. Obligó a su cuerpo a ir más despacio, susurrándole en su lengua materna, suaves palabras de aliento. Se encontró a sí mismo llamándola su sívamet-mi amor, o más literalmente, mi corazón.
    Él no había sabido hasta ese momento de revelación pura que ella estaba de su corazón. Ella le había dado tanto, esta pequeña chiquilla humana con más valor que sensatez y se había deslizado de alguna manera dentro de él y se había atado firmemente alrededor de su corazón. Él tenía más cuidado que nunca, deslizándose centímetro a centímetro lento hasta sintió esa delgada barrera. “Tome una respiración, kuηenak kislány minan.” Él se inclinó deliberadamente más cerca de ella, presionando sobre el punto que le trajo la mayor parte del placer y traduciendo qué le había hecho una caricia, “mi pequeña lunática, usted se me ha dado y yo la acepto a mi cuidado.”
    Entonces la tomó, haciéndola completamente el suya, enterrándose en su interior una caldera apretada de calor, demandando su hogar, su santuario. El hielo se fue de su cuerpo y de su mente substituidos por Margarita. Él había encontrado su casa y él nunca querría irse. Él se tardó su tiempo, cuidadoso permitiendo que ella lo alcance, en un primer momento impuso un ritmo lento, atroz, y entonces, cuando su cuerpo llegó a estar más receptivo a su invasión, como el placer chisporroteó a través de ella, él cogió el ritmo y se condujo en ella como necesitaba hacerlo, duro y rápido, sus manos mordiendo sus caderas, su cuerpo que hundía en casa repetidas veces, quemando suavemente en él.
    Echó hacia atrás la cabeza en una especie de éxtasis, el fuego lo quemaba de adentro hacia afuera, subiendo más y más alto. Al mismo tiempo, era consciente de ella, cada caricia, sus dedos en su pelo, sus suaves jadeos, sus caderas sacudiéndose debajo de él, su vaina apretada exquisita, agarrando y ordeñándolo, justo como lo necesitaba tanto él como ella.
    Él podría oír su jadeo suave en su mente y supo el momento exacto en que la creciente tensión en su cuerpo golpeó el vergonzoso punto donde ella estaba estirada sobre tope de placer intenso que rayaba con el dolor. Él la empujó sobre el borde, su cuerpo tomándola con el suyo, sus músculos masajeando, ordeñando y agarrándolo tan apretado que él se quemó para ella.
    Se quedó mucho tiempo encima de ella – dentro ella, de mente a mente, conectado, siempre queriendo vivir allí, sabiendo el momento en que se retiró, él sería el kod, varolind hän ku piwtä-oscuro, depredador peligroso, lleno de sombras y contaminado con el mal. Los colores brillantes se decolorarían y su vívidas e intensas emociones se desvanecerían. Esperaba como el infierno que al quedar a su cuidado, no le pasaría lo mismo. Estaban atados ahora, para bien o para mal. Él no podía deshacer lo que había hecho y ella no podría sobrevivir sin él, ni él sin ella.

CAPITULO ONCE

    No había vuelta atrás. Margarita lo había sabido cuando ella se había ofreció a él y no quiso retirar su oferta. La había llevado al paraíso, pero aún así, podría haber utilizado un breve respiro de su personalidad arrolladora, intensa. Zacarías parecía que le encantaba el olor de su baño.
    Había insistido en verter su aceite aromático en el agua, y ahora se sentó en el borde de la bañera, viéndola con esa desconcertante mirada centrada en ella. Sabía que la estaba haciendo sentir incómoda, pero no se disculpó, ni tampoco podía dejar de mirarla tan posesivamente.
    ¿Usted va a mirarme para siempre? Ella se toco su pelo con timidez. Estaba recogido en la parte superior de la cabeza para mantenerlo fuera de las aguas oleosas, y sabía que parecía un desastre. La habitación estaba iluminada con velas, así que la luz era suave y vacilante, pero aún así, no se veía mejor.
    De repente, sonrió, robando de todo su aliento. "Usted tendrá que acostumbrarse a que la mire. Verla tomar un baño me da placer". Dobló los brazos sobre el pecho, sin retirar la mirada de ella. "Y te ves sexy con el pelo desordenado. Es mi favorito, cuando está suelto y por todas partes, pero este aspecto es lo más cercano a segundo lugar. Me gusta cuando tiene todos los rizos cayendo alrededor de su cara y por la espalda cuando estás tratando de verse severa, simulando. Es salvaje, al igual que usted. Muy sensual y agradable. "
    Sintió el rubor subiendo sigilosamente desde su cuello hasta la cara. Usted es fácil de complacer.
    Sus cejas se alzaron. "Yo te aseguro que soy cualquier cosa menos fácil de complacer. Y usted se está cubriendo de nuevo. Por favor, mantén las manos lejos de sus senos. Me gusta mirarte. Su cuerpo es hermoso y estoy seguro de que será una fuente inagotable de placer. "
    Ella no se había dado cuenta que ella se estaba cubriendo su cuerpo por segunda vez. Él ya le había pedido que dejara una vez. Sintió que su color hacerse más profundo. En realidad, ella estaba tratando de hacer lo que quería, pero su mirada era tan posesiva e intensa, que se sentía un poco como si estuviera bajo un microscopio. De mala gana puso las manos bajo el agua, agradecida por el vapor. No era exactamente una protección, pero al menos daba la ilusión de la misma.
    Marcas de su posesión cubrían su cuerpo, y entre sus piernas, ella sin duda estaba adolorida, pero el agua era calmante, y él había sido increíblemente suave, llevándola al cuarto de baño y llenando la bañera para ella antes de ponerla en el agua caliente. Su corazón latía tan fuerte que tuvo que luchar para no presionar su mano sobre el pecho. La enormidad de lo que había hecho la golpeó duro después de que ella bajara flotando desde subespacio.
    Había pensado largo y tendido sobre lo que iba a hacer para salvar a Zacarías de la Cruz. Estaba tan lejos en el otro lado, ya con un pie y todo el mundo lo sabía. Si no hacía algo drástico, lo perdería. Dondequiera que uno fuera después de la muerte, ella no lo quería solo ni por un momento. Había tomado la decisión de seducirlo para que se quedara con ella, pero ahora era claramente un caso de cuidado con lo que se desea.
    "Tienes todo el derecho a temer su nueva vida, Margarita".
    Ella cerró los ojos. Su voz era tan fascinante, tan sensual que ella se sentía como los dedos le acariciaban el cuerpo.
    "Pero no trate de ocultar su temor de mí. No siempre haré las cosas que se necesitan y sé que cometeré muchos errores, estoy seguro, pero tienes que hablar conmigo. Dime cuando te hago daño por las cosas que digo o hago. Sólo voy a cometer el error una vez. Yo no te estoy pidiendo esto, así que no cometas el error de tratar lo que digo a la ligera. Yo te ordeno esto. Hay que tener valor para enfrentarme, y más aún para vivir conmigo, pero no espero nada menos de usted. "
    Ella iba y venía de estar molesta a divertirse con sus órdenes. Él había pasado siglos dando órdenes y esperando – y recibiendo-obediencia, por supuesto, que ella sabía que iba a seguir haciéndolo. A veces le daba ganas de reír. Realmente espera que haga cada pequeña cosa que dijera. Como si eso fuera posible. No es necesario hacer de todo una orden, Zacarías.
    Tal vez con otros, pero usted desafía la lógica y la razón. Nunca he conocido a ningún otro que desobedezca las órdenes directas de la forma en que lo haces. Incluso hoy día estabas sentada en el alféizar de la ventana vendando a su amigo Julio. ¿Crees que no sé exactamente lo que estabas haciendo?
    Levantó sus pestañas y le miró fijamente a los ojos. Ella no sería intimidado por él. Ella veía dentro de él, incluso mejor que él-estaba a salvo. Sólo tenía que tener el coraje de enfrentarse a él cuando estaba siendo irrazonable.
    Yo sé que no quiere que me sienta como una prisionera, Zacarías, pero se siente de esa manera un poco cuando dices cosas así. Tengo un deber de los de este rancho…
    Él levantó la mano. "Ya no es así. Su único deber es ver por mis necesidades. Creo que me he sido muy claro con eso. "
    Sí, bueno, yo todavía tengo que ver las heridas de Julio. No serviría de nada que se infectaran. ¿Has hecho algo a su perro? Su perro se de repente se volvió loco, atacando a los caballos y luego a Julio.
    Paré al animal para que dejara de gruñirme, pero eso no explica su comportamiento. ¿Dónde está el perro ahora?
    No tenían más remedio que dispararle. Julio me pidió que viera a los caballos y al ganado. Algo está mal. Se frotó la pequeña marca en la barbilla, frunciendo el ceño un poco, odiaba que todo el mundo creyera en el rancho que la conducta del perro tuviera algo que ver con la presencia de Zacarías.
    "Tus ojos están tristes. No te sientas pena por mí, mi hermosa lunática. "Se encogió de hombros. "Usted cree que todos piensan que estoy causando esta reacción en los animales. Probablemente es la verdad. Los animales sienten las sombras en mí. Incluso mi propio pueblo me llaman köd, varolind, hän ku piwtä, significa oscuro, depredador peligroso, e incluso los cazadores más experimentados me llaman hän ku tappa- violentos, sino más. Estoy acostumbrado a que otros me teman.
    Eso no me molesta. Lo espero.
    Me molesta, Margarita admitió, temblando. El agua se está enfriando y tengo que salir. No era el agua fría, sino más la realización de la enormidad de su decisión. Ella había tomado una decisión para salvar a este hombre -para amar a este hombre-sin entender lo diferente y peligroso que era realmente. Ella no se arrepentía de su decisión, pero sentía caminaba a través de un campo de minas.
    Alcanzó casi perezosamente una toalla y la sostuvo, claramente esperando que ella saliera de la bañera delante de él. Ella había pedido esto, se recordó a sí misma. Ella había querido pertenecerle y le había dicho que haría lo que fuera necesario para hacerle feliz. De pie, desnuda para él no parecía demasiado, no después de la forma en que había tenido sexo salvaje, abandonado sexo, sin embargo, sentía ruborizarse de los pies a la cabeza mientras salía de la bañera y le permitió envolverla en la toalla grande.
    ¿Por qué te molesta, Margarita?, le preguntó, dejando caer su voz una octava. Estas personas no son nada para mí. ¿Qué importa si piensan que soy el diablo?
    Esta es mi gente, Zacarías, explicó cuidadosamente. Ella se quedó muy quieto mientras suavemente eliminado las gotas de agua de su cuerpo. Los amo y no quiero que piensen cosas falsas de usted. Quiero que te acepten como mi elección.
    Sus manos se calmaron. ¿Por qué supones que piensan cosas falsas sobre mí? Los animales están inquietos en mi presencia. Ningún caballo me ha tolerado cerca de ellos. Estoy seguro de lo que dicen es cierto, el ganado y los caballos están nerviosos con mi continua presencia. Yo rara vez permanezco cerca de los humanos o animales.
    Hace mucho tiempo que me di cuenta de su reacción.
    Su voz era inexpresiva. Incluso. Fatídica. Pero sintió un poco la reacción de su corazón cuando mencionó específicamente que los caballos no toleraban su presencia. No le importaba que los humanos le evitaran, pero le molestaba que los caballos lo hicieran. Ella contuvo el aliento. Otro secreto enterrado profundamente en su subconsciente, que él no reconocía, pero ella lo vio tan claramente. Ella amaba los caballos. Sólo una persona a caballo entiende la profunda necesidad de en ella de pasar el tiempo con los animales orgullosos y bellos. Y comprendió el hambre no dicha, ni reconocida en Zacarías.
    Ella quería poner sus brazos alrededor de él y consolarlo, -pero la ironía es -que él no sabe que necesitaba consuelo. Era Zacarías de la Cruz. No sentía dolor. Ni emoción. Era la última máquina de matar, a la sombra y contaminado con el mal y lo aceptaba sin auto-compasión en su corazón. Él simplemente era.
    ¿Cómo podía uno permanecer molesta con tal hombre? No estaba en ella a hacer algo así, no importa cuántas tontas órdenes diera él, las lanzaron hacia fuera o lo torcido de su pensamiento. Ella dio la vuelta para afrontarlo y rodeó su cuello con sus brazos, uniendo sus dedos detrás de su cabeza. Ella apoyó su cuerpo contra el suyo, sus pechos se frotaban firmemente contra la toalla mientras levantaba su cara hasta su garganta y lo besó. Su corazón sentía como si derritiera en su cuerpo cuando él simplemente se quedo allí un largo momento como si se sobresaltara por su acción. Entonces colocó sus brazos alrededor de ella, apretándola contra él – y esto se sentía como el hogar.
    Sé que no pedí permiso para tocarlo, pero no pude evitarlo. Ella empujó deliberadamente una nota de burla, de travesura en su mente. Sé lo importante que estas reglas son para ti, pero está en particular es muy difícil para mí y puede que me tome algún tiempo obedecerla completamente. Le pido paciencia.
    Sus manos inmediatamente se deslizaron por su espalda a su trasero desnudo, moldeando y amasando los firmes músculos allí. La levantó un poco inclinando su cadera de manera que se frotara contra su gruesa erección. "Tal vez voy a tener que pasar por alto su necesidad de tocarme."
    Las mariposas tomaron alas en su estómago, por la pequeña nota de felicidad que bordeaba su voz. Gracias, Zacarías. Tengo la gran necesidad de tocarle a menudo. Sé que olvidaría siempre pedir permiso primero. Aprecio que relajara su regla. “Apenas una,” él precisó, una indirecta de risa se arrastraba en sus ojos. Su corazón tartamudeó. Por un breve momento, allí en el cuarto de vapor, con la luz suave de las velas, sus ojos, siempre tan negros, parecían de color zafiro oscuro. A medida que su sonrisa se desvanecía, también lo hizo el color profundo y real de sus ojos. Ella había estado mirando al Zacarías real como debería haber sido antes de que el mundo lo llevara a ser una máquina para matar.
    Ella lo sostuvo apretado, reclinando su cabeza contra el ritmo constante de su corazón. Él no parecía en lo más mínimo impaciente, la mantuvo simplemente cerca. Ella esperó hasta que las emociones tontas que la estrangulaban estuvieran firmemente bajo control antes de levantar su cabeza. Debo vestirme. Necesito comprobar a los animales y ver qué está sucediendo.
    Enterró su cara en su cabello, frotando la parte superior de su cuero cabelludo. “Supongo que estuve de acuerdo la otra tarde cuando hablé con Cesaro. No me gusta que se ponga en peligro. Si los animales están tan viciosos como los trabajadores reclaman, dejarte alrededor de ellos es inconcebible.”
    Me gustan mis caballos, Zacarías. Tengo que montar a caballo a diario. Esto limpia mi cabeza y me hace sentir tan libre. Usted tendrá que intentarlo para que pueda entenderlo.
    Su mano frotó sus nalgas, se quedó, de modo que su cuerpo comenzó a calentarse. Ella lo abrazó más fuerte y luego se distanció.
    "Ningún caballo jamás me ha tolerado cerca y rechazo usar el control mental sobre ellos. "
    Usted no tendrá que hacerlo, le aseguró con confianza. Sé que le gustan faldas, pero cuando monto a caballo, prefiero vaqueros. Es más seguro.
    Su risa era un pequeño capricho de sus labios, pero la acción disparó su pulso. Esto también dio sus ojos el destello zafiro oscuro que le privaba el aliento. Sus ojos eran hermosos cuando eran de su color verdadero. Ella no podía parar de remontar aquella pequeña sonrisa.
    Usted es realmente hermoso, Zacarías. Él cogió su muñeca y presionó sus dedos contra su boca. Los “hombres no son hermosos. Y usted está intentando simplemente distraerme del hecho de que estás intentando romper otra regla.” Ella envió la impresión de risa en su mente. Deseo que fuera verdad. Desearía no estar tan enamorada de ti que pudiera pensar tan rápidamente en pararte los pies. ¿Vestir con una falda es realmente una de sus reglas? “Prefiero la ropa femenina. Debe satisfacerme en todos que usted haga. Vestirte en faldas es naturalmente preferible a la ropa de hombres.”
    Se acercó de puntillas y rozó un beso en su boca. Ella amaba su boca sensual. Tenía miedo de que pudiera mirarlo durante horas y sólo fantasear. Ella ni siquiera le importaba que él estuviera en su mente leyendo sus pensamientos. Podría usted sabe, sólo construir fantasías durante horas. Pero creo que la ropa de hombre puede ser muy atractiva también. Déjame tratar.
    "No vas a tener acceso."
    Ella le sonrió, frotándose contra su mandíbula sombreada. Afortunadamente, usted puede hacer eso con tu mente.
    ¿Qué cosa?
    Hacer que mi ropa se desvanezca. Me gusta mucho ese pequeño beneficio.
    "Esto es seducción, Margarita. Pura seducción para conseguir hacerlo a su manera. "Una vez más la mano moldeó su trasero. "Supongo que tendré que acostumbrarme a que de vez en cuando se salga con la suya. Los pantalones de hombres son más prácticos para montar a caballo, a pesar de que una falda pantalón podría funcionar. "
    Ella se apartó de él y deliberadamente se dirigió a su tocador, sus caderas balanceándose. Sólo me reservo mi opinión.
    Ella tomó un par de bragas de encaje, la más sexy de lo que tenía, de su cajón. La bolsita de lavanda perfumaba las bragas.
    Zacarías la siguió de cerca y le tendió la mano para inspeccionar el pequeño trozo de encaje negro. La delgada franja apenas cubriría su entrepierna, la correa encaje desaparecería entre sus mejillas y cuatro cuerdas negro abrazó a la curva de sus nalgas.
    ¿Esta es la ropa interior?
    Ella asintió con la cabeza.
    ¿Te veré vestida entre la gente y sabré que esto es lo que llevas debajo de ellas?
    Ella asintió de nuevo. La construcción de la lujuria en sus ojos envió calor corriendo por su cuerpo. Su mirada se posó en sus pechos altos, redondeados y luego barrió el triángulo de rizos negro que guarda su tesoro personal.
    Y ¿qué vas a usar para cubrir sus pechos de los ojos de otros hombres?
    Su voz raspó sobre ella y al instante sus pezones se endurecieron. Su respiración se volvió irregular, pero obediente, sacó un sujetador negro a juego del cajón. Ella no tenía nada tan atrevido como este conjunto particular que había comprado en un capricho. De encaje negro puro se extendía sobre sus pechos llenos, con bordes de raso negro. Sus pezones se mostraban bien a través de todo el encaje, asomándose en él a través de la fina tela. Los aros le daban el apoyo y al mismo tiempo empujaba sus pechos hacia arriba y afuera.
    Aceptó el sujetador y giró el material frágil una y otra vez en su mano antes de levantar la mirada a sus pechos.
    "Ven aquí".
    El comando de voz casi la puso de rodillas. Le encantaba la forma en que sonaba tan masculino. Le gustaba esa nota ronca que le dijo que le pertenecía a ella en ese momento. No había nadie más en su mundo. Todo y todos los demás desaparecían para ella cuando su voz tomaba ese tono. Sólo había Zacarías y el hambre creciente en su mirada. Le encantaba la idea de que él pudiera desearla justo después de tomarla tan a fondo antes.
    "Me agrada cuando estas excitada", dijo Zacarías, cuando se acercó.
    Sus manos fueron a sus pechos, haciendo rodar y tirando de sus pezones. Él se inclinó y la masa de su largo pelo se deslizo sobre su piel desnuda, enviando eléctricas directamente a su núcleo. Ella podía sentir que su cuerpo humedece, cultivando su humedad para él. Ella se excitó, solamente con mirarlo, con pensar en él y oír su atractiva voz. No le importó con él que ella no tuviera ninguna voz, él estaba en su mente, leyendo sus pensamientos, y la intimidad de esto la comunicación era cada rato tan sensual como el modo que sus dedos provocaban sus pezones. El borde de brusquedad sólo aumentaba su deseo, su cuerpo duro contrastando con el suyo suave.
    Zacarías no le permitió esconderse de él, no mental y ni sexualmente. Ella no sabía que era capaz de tales pensamientos lujuriosos, pero todo lo que había leído, escuchado, o imaginado, pasó por su cabeza cuando estaba con él. Ella quería que su cuerpo le perteneciera a ella sola, como sabía que el suyo era de él. La idea de otro hombre tocándola de la manera en que Zacarías lo hacía le repugnaba.
    "No puedo creer que estos restos sean ropa interior, pero voy a disfrutar sabiendo que los usan para mí."
    El definitivamente había recogido el hecho de que nunca había usado el encaje negro antes.
    Usted me desea otra vez. Era una invitación en su mente.
    "Sí. Siempre te querré, Margarita, pero antes de mis necesidades y deseos, debo poner su salud. Usted está muy dolorida".
    ¿No puedes hacer algo al respecto? Ella infunde la idea con la tentación evidente.
    "Hasta que no sepa más acerca de cómo reacciona su cuerpo, quiero ver cómo responde de forma natural. Usted es muy pequeña y estrecha. Me doy cuenta de que era su primera vez y se estiró cuando tomé su virginidad. Usted sangraba".
    Ella luchó contra el rubor que atrapaba su cuerpo. Eso es normal cuando una mujer es virgen. No le importaba hablar de sexo con ella, o la respuesta de su cuerpo, estaba agradecida. Permitía la comunicación abierta, pero aún así, ella nunca lo había hecho antes con nadie, y mucho menos un hombre que estaba convirtiéndose rápidamente en una obsesión. Sin embargo, le calentó saber que iba a negarse a sí mismo sólo para asegurarse de que había sanado por completo.
    "Le puedo ayudar a aliviar el dolor si es demasiado", ofreció.
    Ella sacudió la cabeza. Le gustaba la sensación de su posesión, pero no estaba segura de cómo le darle esa impresión.
    Él pareció entender. Tocó suavemente la marca en su barbilla con un dedo. Vestida con ropa masculina y me deja ver, cuán seductora puede ser la ropa.
    La nota de burla en su voz hizo estragos en sus sentidos. Cada terminación nerviosa la sentía viva y en estado de alerta, totalmente en sintonía con él, completamente consciente de él. Cuando inhalo, sintió como si fuera el mismo aire que respiraba. ¿Cómo había sucedido sin darse cuenta? ¿Cómo fue entrando lentamente en su cabeza y en su corazón? Ella había tenido tanto miedo al principio, al mezclarlo con sus recuerdos del vampiro. Su comportamiento no había ayudado- hasta que se había sumergido y dejó que su mente se conectarse plenamente con la suya. Habría derretido el corazón más duro si pudieran ver dentro de él. Era noble, leal, un hombre de honor. Se merecía el amor.
    "Sívamet." Susurró el cariño Cárpatos en voz alta y la empujó al fondo de su mente. "Ves a alguien que no existe. Yo desearía serlo. Daría cualquier cosa por ser ese hombre al que le has dado tal regalo. Soy un guerrero. Nada más. "
    Margarita resbaló en la ropa interior de encaje negro, tan provocativamente como ella fue capaz de hacerlo. La protesta brotó en su mente y se derramó en el suyo. Usted es más que digno- para mí, lo vales todo.
    Él negó con la cabeza, pero estaba claro que la vista de aquel pedazo de encaje deslizándose entre sus firmes nalgas bien formadas le distrajo. Se aclaró la garganta y ella sonrió mientras cogía un par de sus jeans preferidos. Ellos estaban desgastados y descolorados a un luz azul vintage, el material estaba suave y en mal estado en los muslos y sobre la rodilla, pero entran como un guante y cuando montaba, era el más cómodo de los jeans que tenía.
    Ella sintió que su reacción más de que verla. Su rostro era tan inexpresivo como siempre, aunque sus ojos estaban vivos con el calor y el deseo. Muy casualmente cerró el sujetador por delante, permitiendo que ahuecara sus pechos. Las marcas de su boca y manos eran visibles a través del lazo de encaje. Él caminó cerca de ella y dobló su cabeza al rozando primero su pecho izquierdo y entonces el derecho con un beso suave.
    ¿La lastimé?
    Usted sabe que no lo hizo. Hiciste que todo fuera perfecto para mí. Lo hizo. Había sido áspero, sí, pero se había asegurado que ella no sintiera nada más que placer .
    Margarita se sentó en el borde de la cama y se puso unos calcetines finos y sus botas de montar. Levantó cada pie en el aire para tirar de las botas de cuero curtido, tomándose su tiempo, disfrutando del hambre en la mirada. A decir verdad, el mismo acto de vestirse frente a él, que estuviera centrado completamente en ella, era sexy más allá de su imaginación.
    Ella le sonrió, señalando con los ojos negro medianoche. Se veía tan grande como la vida, su cuerpo duro y lleno de cicatrices, con buena musculatura. El fluía a través del cuarto, con los hombros llenando el espacio, sus ojos penetrantes y su boca sensual.
    Me gusta mirarle. Ella lo admitió tímidamente. Ella quería que él supiera que estaba en su mundo, sin embargo – que él no estaba solo y que había elegido estar con él por su propia voluntad.
    "Esto es una buena cosa, mi hermoso lunática, porque lo harás por mucho tiempo. "
    Se dio cuenta de las marcas alrededor de su boca. Al principio pensó que líneas, pero eran mucho más y ella sonrió para sí misma. Su hombre fuerte tenía un lado más suave después de todo. No le importaba ser su lunática. Es muy posible que lo fuera. Ella no había visto todos los aspectos de su decisión antes de lanzarse al vacío. Había saltado con ambos pies y al demonio las consecuencias, pero en este momento, mientras se ponía una fina camiseta sobre la cabeza, el estómago se apretó.
    Ella en realidad se inclinó para aliviar el dolor. Al instante la mano de Zacarías fue a la parte baja de su espalda y sintió que él se mueve a través de ella. Lo hizo tan rápido, tan fácilmente, que Margarita estuvo un poco sorprendida. Ella levantó una ceja interrogante.
    Él frotó detrás suavemente. “Hemos tenido dos intercambios de sangre, Margarita. En general, no importaría cuánto sangre le dé, tal como le di a dio Ricco, sino si hacemos otro intercambio, que comenzará a trabajar en sus órganos y en el interior de su cuerpo, reformándola a la manera de la gente cárpata.”
    Ella se enderezó lentamente para mirarlo a los ojos. ¿Usted sabía esto? Se encogió de hombros. “Por supuesto. Es la manera de compañeras.”
    Escuchó a su propio latido, su ritmo acelerado. El murmullo de las voces fuera de la casa. Los cascos de los caballos y murmullo del ganado.
    Insectos ahogaron todo, el volumen de ruido era horrendo. Margarita se llevó las manos a sus oídos, sus ojos pidiendo una explicación.
    "Me he cuidado de mantener el volumen bajo para usted, porque estaba ocupada en otra cosa, pero puede hacerlo usted mismo. Piense en ello.
    Piense en lo suave que desea que sean los ruidos de fondo. Los seres humanos lo hacen automáticamente. Sus refrigeradores suenan y ya no los escuchan, pero es el ruido está presente. Su visión y la audición serán mucho más agudas. Tienes que controlarlos conscientemente y con el tiempo lo hará inconscientemente".
    Margarita retrocedió para de encontrar algo a que aferrarse. No se le había ocurrido que su mundo cambiaría tan drásticamente. Ella se había puesto al cuidado de Zacarías, pero su cuerpo físico era humano.
    Zacarías envolvió su brazo alrededor de su cintura. Sólido. Un ancla. "Respira, sívamet, tan espantoso como parece todo esto, yo estoy a tu lado siempre. No voy a permitir que nada te haga daño. "
    Ella tomó una respiración profunda. Dime lo que esto significa para mí. No se arrepentiría de su decisión. Ella sabía que a la larga tomaría sacrificios.
    Sacrificios físicos no se le había ocurrido, pero podía tratar con ello.
    "Usted tendrá que beber agua y zumos, Margarita", le indicó.
    Su estómago se tambaleó ante la idea de poner cualquier cosa en él. Ella pasó la mano contra su vientre y sacudió la cabeza. No puedo. El pensamiento me hace sentir enferma.
    "Sin embargo, será necesario. Nada de carne, por supuesto. La idea de comer carne es repugnante para nosotros. "
    Y sin embargo, usted es dueño de un rancho de ganado. Ella le envió una sonrisa, tratando desesperadamente de encontrar un equilibrio. Ella aceptó la responsabilidad de lo que había hecho, y sabía que habría consecuencias. Ella podía vivir sin carne. Millones de personas lo hacían todos los días, pero la idea de tomar sangre como medio de subsistencia era inquietante para ella.
    "Te ayudaré cuando necesites comer o beber algo."
    No podía imaginar haciéndolo en ese momento así que se limitó a asentir con la cabeza. Se humedeció los labios, frotándose los brazos un poco. ¿Qué otra cosa significaría tener su sangre? Tenía que ser capaz de salir al sol, pero su piel se sentía extraña con el pensamiento. Estaba segura de que era su imaginación, pero antes, con Julio, su piel había estado sensible y sus ojos le dolieron por la claridad. ¿Con su segundo intercambio de sangre, empeoraría?
    ¿Qué había querido decir cuando dijo que llegaría a ser como él? El pánico comenzó bordear sus pensamientos.
    ¿Voy a cambiar dentro de mi cuerpo? ¿Llegaré a ser como usted? Se frotó los brazos de arriba abajo con sus manos con más fuerza, como si ella pudiera cambiar la composición de su piel. ¿Si yo soy como tú, el sol me hará daño?
    Él asintió con la cabeza lentamente. "El sol la quemará. No de la manera que lo hace conmigo, pero usted no puede exponerse, sin gran peligro. Se ampollaría, y la quemadura podría ser grave. No te va a matar, como a mí. Tendrás que cubrir su piel y los ojos todo el tiempo. "
    Su corazón casi dejó de latir. Ella en realidad se sentía débil. Ella amaba los caballos. Le encantaba los de Raza Peruana de Paso. Había sido antes de su obsesión por Zacarías y no podía imaginarse nunca volver a volar sobre el suelo, saltando cercas y sentirse uno con los caballos. Le gustaba su personalidad, sus peculiaridades y su temperamento suave. Ella amaba cada cosa de ellos. Sólo verlos la llenaba de alegría. No podía imaginar que no pudiera cuidar de ellos, montarlos, pasar su tiempo con ellos.
    El Paso mantuvo su marcha natural, heredada, cuando tantas otras razas se habían diluido. Se había mantenido fiel a su linaje. En su experiencia, sus caballos le habían pasado su marcha al cien por ciento de su descendencia. Su raza mantenía su centro de gravedad casi inmóvil. Paso llano, una marcha entrecortada que era un toque rítmico y armónico, era muy suave, agradable y muy confortable. Podía montar su caballo durante horas, moviéndose en armonía a través de la tierra sin cansarse o conseguir llagas.
    No había considerado que podría ser sensible al sol. Su respiración se sentía atrapada en sus pulmones. La garganta obstruida por las lágrimas. Nunca montar de nuevo. Nunca sentir la increíble experiencia, el intercambio entre el caballo y el jinete. El Paso también posee un ritmo único bien llamado término. Para Margarita, no hay nada más elegante. El movimiento fluido, cuando las patas delanteras rodaban desde el hombro hacia el exterior cuando el caballo se adelantaba. Formaba parte de los caballos y que ellos eran una gran parte de ella.
    Zacarías estudió su cara volteada. El fondo de su mente se había ido de repente a un lugar tranquilo y entonces ella se había retirado por completo de él. El mundo a su alrededor se apagó al instante -había color, sí, pálido y gris. El hielo se vertió en sus venas, en su corazón. Su salida repentina lo dejó más solo de lo que alguna vez había estado – o jamás había concebido. Llenó su cuerpo con el calor y la luz, con el color y las emociones y en el momento en que se fue, también lo hizo el calor radiante. Una vez fue capaz de ver en colores vivos y sentir la experiencia real, la calidez y brillo que llenó todos los espacios rotos, irregulares y sombreados, echando hacia atrás esa fea, dura y triste existencia lo que lo hizo ahora completamente insoportable.
    Se dio cuenta de lo que su padre había vivido. Su madre había llenado los espacios roto con su calor y luz brillante. Sin ella que residía siempre en su interior, el color y la emoción en su padre se habían desvanecido como lo había hecho con Zacarías. El contraste era fuerte, feo e imposible de sobrellevar, no después de tanta alegría. Dio un paso hacia ella, incapaz de resistirse a ese faro luminoso cuando su mundo se había vuelto tan frío. Su alma en realidad se estremeció.
    "No intentes dejarme." Lo dijo claramente, mucho más duro de lo que pretendía. Sus dedos mordieron su muñeca, sujetándola a él.
    Jaló su cuerpo cerca del suyo. El olor de un depredador rondando a su presa impregnaba la habitación. Ella se puso tensa, mirándolo como si le hubiera golpeado.
    No sé por qué duda. Estoy ajustándome a las cosas que estás revelando y admito que me asusta, pero yo soy una mujer de palabra. Me entregué a usted libremente y lo dije en serio. Independientemente de lo que me depare el futuro, voy a encontrar una manera de lidiar con ello y ser feliz.
    Él sintió su determinación, pero aún así, estaba solo. Infierno de mujer, ella no lo entendía. Él no estaba dispuesto a suplicarle, o a tomar lo que se le negaba. ¿Caería tan bajo? Él la jaló aún más, forzando su barbilla de modo que sus ojos se encontraran.
    "Usted no me va a dejar de nuevo." Él le dio una pequeña sacudida. La dejó ver al asesino en él, esa fuerza oscura que era más de su alma que de cualquier otra parte. ¿Me entiendes?
    Margarita parecía confundida. Tenía que darle crédito, era valiente cuando la mayoría de los hombres ya estarían de rodillas. Ella lo miró a los ojos sin pestañear. Consideró primero llegar, casi tentativa a él y el alivio fue enorme, casi lo puso de rodillas. Su calidez se deslizó en su mente, en busca de respuestas. Sintió que el flujo caliente lo llenaba, y reparando los circuitos rotos, restaurando los colores vivos. Las emociones vertieron en él
    El miedo ascendió a terror. ¿Suyo? Tenía que ser su miedo. Él no conocía al miedo.
    El sabor del terror estaba en su boca. La terrible emoción golpeó en su corazón, e invadió sus pulmones de modo que su aliento se quedo atrapado allí.
    "Está bien. Respire. "Apenas podía pronunciar las palabras.
    Margarita negó con la cabeza, sin apartar la mirada de la suya. Yo no tengo miedo, Zacarías. Temo defraudarte, pero nunca que puedas hacerme daño. Sus ojos nunca vacilaron, fijos en él, forzando la verdad en su mente. Temía perderla. Temía convertirse en vampiro. El – temía.
    Zacarías se quejó en voz alta. El sol la queme. Ella realmente lo iba poner sobre sus rodillas. Lo había reducido a esto. Él no había conocido el miedo, y ahora lo consumía. Nunca había tenido nada que valiera la pena perder. Ciertamente, no su propia vida. Pero Margarita con su cuerpo suave y su brillante luz y que llenó su mente con su vida valía la pena todo. Un tesoro que no, no -no podía-perder.
    Él sabía que la iba mantener muy apretada. Sofocándola. Él no tenía cabida en un mundo donde las mujeres toman decisiones por sí mismas, llevaban ropas de hombres y se atrevían a mirar a un depredador como él con un coraje aterrador.
    Una lenta sonrisa iluminó sus ojos increíbles. Aquel champagne brillante girando a un chocolate caliente invitador. Usted no es prehistóricos, tonto. Así como tengo que aprender sobre su mundo, usted tiene que aprender acerca del mío. Es una aventura que continuaremos juntos y que espero con impaciencia.
    Ella lo hizo ver todo tan simple cuando él sabía que no era así. Conocía cómo era, incluso si ella encontró un lado amable en él, la gobernaría con mano de hierro. Una mujer humana no podría tener ni idea de los peligros del mundo en que vivía. Cada vampiro en todo el mundo intentaría encontrarla sería su objetivo ante la insistencia de Ruslan. Ruslan sabía de las sombras en él. Puede ser que no supiera como trabajaba, pero él sabría que Margarita hacía a Zacarías increíblemente vulnerable.
    Su mano resbaló en la nuca en su cuello, sus dedos que se curvaron alrededor de aquel tallo frágil. Él podría oír los latidos de su corazón. El aire en sus pulmones. Él inhaló su fragancia femenina, y ella suya. Dobló su cabeza despacio hacia el suya. Ella no apartó la mirada. No se estremeció. Su mujer, con más corazón y valor que sentido común. Sus dedos resbalaron al frente de su garganta. Él podía sentir su pulso latiendo en la palma de su mano.
    Él podría aplastarla simplemente apretando sus dedos, pero ella se apoyó en él, confiando en él, de esa manera lo desarmó derritiendo su corazón poniéndolo en un charco a sus pies. Su aliento silbó hacia fuera molesto y de todos modos ella no retrocedió ante él. Dobló su cabeza a la suya. Ella miró fijamente directamente a los ojos y el cayó en ella, no al revés. Él podía sentir el calor ahora familiar crecer abrasador, quemándose por sus venas, extendiéndose como un reguero de pólvora, rugiendo en su vientre e instalándose como una bola de fuego en su ingle.
    Su boca tomó la de ella. No hubo ninguna suavidad, fue demasiado lejos para eso, atrapado en la maraña de emociones que necesitaba clarificar. Él alimentó su adicción a ella, deseando su sabor, necesitando su sumisión, su rendición, su necesidad de entregarse a él sin reservas. Ella había vuelto su mundo al revés. Trajo recuerdos que mejor estaban enterrados, a la superficie. Ella lo había colocado en una situación intolerable para un cazador.
    Me gustaría poder decir que lo siento por querer que te quedes conmigo, por impedir que busques el alba. Yo debería sentirlo y me da vergüenza pero no puedo dejarte ir. Necesito que te quedes conmigo.
    Su voz era suave y un poco triste, volcando su corazón. Sus delgados brazos se deslizó alrededor de su cuello y ella inclinó todo su cuerpo refugiándose en los suyos. Era una forma de paraíso para un hombre que nunca había conocido la felicidad. O la alegría. Se llenaba de alegría sólo abrazándola. Su lengua bailaba con la de ella, investigado y explorado y reclamándola. Sus dientes tiraron de su labio inferior, mordiéndolo suavemente, lo suficiente para sentir su respiración antes de la capturarlo y besarla una y otra vez. Se tomó su tiempo devorándola. Besó a su fondo su cuello, dejando decenas de marcas de mordidas pequeñas, diminutas picaduras que aliviaba con su lengua y media docena de fresas que dejó sólo porque podía hacerlo.
    Él levantó la cabeza y esperó a que levantara sus pestañas, para poder mirarla a los ojos. Así sabría que quiso decir lo que dijo. "No me habría perdido estar con usted por nada en el mundo. Pase lo que pase en las noches por venir, Margarita, nunca pienses que yo me arrepentiré de cualquier momento que pase contigo. Espero que sean cientos de años, pero si no, no me arrepentiré de que me mantuvieras vivo".
    Gracias por eso.
    Ella le sonrió, con los labios hinchados por sus besos, su cuello y la garganta roja con sus marcas de posesión, y la felicidad brillando en sus ojos.
    Le tomó la mano. Venga a conocer a los caballos.
    Él no tenía el corazón a decirle que no habría reunión con sus queridos animales. Él exploró el rancho para asegurarse que no hay vampiros cerca y salió en la noche con ella. Las estrellas brillaban en lo alto y la luna derramó su luz plateada a través de la hierba. Zacarías renuente la siguió hacia el establo. Era un edificio largo, bien hecho. Mientras se acercaba, él podía oír a los caballos patear y resoplar, moviéndose en sus casilla, conscientes de que un depredador estaba cerca. En la entrada, no hubo dudas que él causaba estragos en el temperamento de los animales. Varios se encabritaban, rastrillando el aire con sus patas delanteras y sacudían sus cabezas, rodando los ojos. Zacarías cogió su brazo. “No más allá. Usted no entrará allí con esos animales.”
    Él sintió a su mente expandirse, llegar y conectarse con los caballos. Era una sensación extraña, no muy diferente de lo que experimentó cuando él tomó la forma de otra criatura, pero más aún, como si estuvieran unidos no sólo en la mente, sino en espíritu.
    Le hueles como un depredador. No eres malo para ellos. O contaminado.
    Había encontrado sus temores, una vez más y trató de no reaccionar con ira. Nunca busco de cerca el por qué los animales no lo aceptaban. No lo hacían. Era un hecho. Cualquier otra cosa que simplemente lo apartaba. ¿Qué le importaba el por qué? No sabía si era cierto que él temía que encontró mal y estaba contaminado, pero si veía en él, lo más probable es que estuvieran allí. Estaba descubriendo secretos que incluso escondió a sí mismo. Cuanto más encontraba, más reacio estaba que encontrara más, pero no podía vivir sin su mente por completo conectada a la suya y lo que le daba acceso a todo lo que era- y todo lo que había sido.
    "No importa por qué no me aceptan, sólo que no lo hacen", señaló.
    Ella apretó sus dedos. Lo aceptaran tal y como me aceptan a mí. Después de todo, somos uno, ¿no?
    Su corazón dio un salto en su interior y se maldijo por ser tan tonto. Eso era imposible. Él sabía que los caballos no lo dejarían acercase y sin embargo en algún lugar dentro de él- creía en ella.

CAPITULO DOCE

   
    Zacarías jaló a Margarita en un abrupto fin, con el simple hecho de que dejara de moverse. Estaban de pie junto a las puertas abiertas de la cuadra. Los caballos rodaban los ojos y sacudían las cabezas, mirando la puerta con terror creciente.
    Huele a amenaza. A mí me parece muy sexy, pero los animales tienen miedo. Dame un momento para la calmarlos para que puedan comunicarse con usted del mismo modo que yo.
    La diversión suave, la caricia "me parece muy sexy" se deslizó en su mente como un masaje de sus dedos sobre su cuerpo, pero se negó a ceder ante ella.
    El peligro era el peligro, sin importar de donde o quien la amenaza venía. La bloqueó a su lado.
    "No voy a permitir que entres en ese edificio con los caballos de desquiciados. Ya has visto lo que pasó con su amigo Ricco".
    Ella frotó su mejilla contra su brazo como un gato. Sería más fácil que los calme adentro, cerca de ellos. Tardaría solamente un momento. “Dije que No.” Había acero en su voz, en su corazón. Él le daría la luna si ella se lo pidiera. Caminaría a través del fuego, pero esto-esto-nunca. Ella podría suplicarle, mirarlo con esos ojos increíbles y serviría solamente para endurecer su resolución. Su seguridad era suprema. En este momento, él quería lanzarla sobre su hombro y arrastrarla detrás al interior donde ningún daño podría llegar a ella.
    La diversión embromó sus sentidos. Él sentía que su pene agitarse y a sus terminaciones nerviosas en vivo. Un susurro de risa, no oído, pero se sentía, siempre lo despertaba.
    ¿Estaba usted vivo durante los días de las cavernas? Puedo verlo vistiendo con pieles de animales, arrastrando a su mujer a la cueva por su pelo. Sus bromas siempre serían erótica para él. Cuando un hombre nunca había tenido tales cosas, se convertían en tesoros cuando las encontraba. La risa nunca había sido parte de su mundo, ni las bromas ciertamente. Ella no luchó contra sus órdenes. No puso mala cara ni siguió enojada. Rió suavemente y se frotó a lo largo de su cuerpo con la suyo, tal como si ella sintiera esas chispas eléctricas de la misma manera en que él lo hacía.
    "No me tientes, mi hermosa lunática. Arrastrarla a su cama por el pelo no está fuera de cuestión. "Su voz salió brusca, ronca incluso, no del todo amenazante como era su intención.
    Su suave risa, provocó su ingle casi por completo. El dolor dulce impregnaba su cuerpo, su temperatura subió algunos grados. Era un Cárpatos y siempre en control, pero lo que le hacía a su cuerpo era tan exquisito, que permitió que las sensaciones fluyeran a través de él, saboreando cada dolor, cada grado de deseo en aumento.
    Quisiera que usted permaneciera en mi mente silenciosamente. Sienta la manera en que me vierto en los caballos. La hago muy lentamente, un calor suave, como esto… Su cuerpo entero se estremeció cuando ella entró dentro de él. No solo en su mente, sino invadiendo su alma. Su presencia estaba de lejos más íntima de lo que ella pensaba, pero, la misma hambre y necesidad que la arañaba, atizaba ya en él. Su presencia era luz, casi delicada, pero con él, muy sexual. “Preferiría que solamente sientas esta conexión conmigo-de hecho lo exijo.”
    Una sombra oscura se levantó girando a la superficie. Sus dientes se alargaron y algo mortal se levantó con la sombra. No hizo ningún intento de ocultárselo. Ella tenía que saber con lo que se había atado. La vida estaba llena de momentos inesperados, y esto fue una sorpresa para ambos, pero no menos letal.
    Todo en él se calmó. Por primera vez, desde que podía recordar, se sintió al depredador creciendo. Se sentía la amenaza mortal propagando y la construcción de hielo para cubrir sus emociones, para borrar todos los sentimientos, haciendo de él un asesino mucho más eficiente.
    Por supuesto que no siento lo mismo por cualquier persona o cualquier otra cosa. Los únicos sentimientos sexuales que he tenido han sido hacia usted. No sé lo que me has hecho, pero los sentimientos son muy fuertes y difíciles de controlar a su alrededor. Cuando estoy dentro de ti, no puedo evitar querer estar contigo de cualquier manera. Lo siento si eso te molesta. Me comprometo a tratar de hacerlo mejor.
    Ella luchó por darle la impresión correcta en su mente y corazón. Ella era muy sincera, y estaba muy preocupada por él. Una vez más, no hubo miedo, ni alejamiento. Ella no se inmutó ni lo miró con desprecio o ira.
    La palma de su mano se movió hasta su pecho. Ella lo miró fijamente a los ojos. Lo que usted necesite, Zacarías, proveeré. Si eso significa que la hora de hacer esto, es hasta que comprendas que eres mi único y, a continuación, es lo que vamos a hacer. Sólo dime.
    Podía sentir su intensa necesidad de mostrarle la verdad, a pesar de que la avergonzaba un poco. El valor total en ella, la manera en que cuidó sus palabra, entregándose a él plenamente y sin reservas en todas las situaciones sin importar el costo para ella, lo dejó atónito.
    Zacarías sabía cuánto le gustaban los caballos. Él podía sentir la alegría en ella cuando hablaba o pensaba en ellos, aún así estaba dispuesta a dar vuelta y volver a la casa con él si era lo que él necesitaba. Ella lo humilló con su regalo. Con su serenidad. Con sus esfuerzos por ponerlo primero. Ella simplemente estaba de pie frente a él, silenciosamente esperando su decisión.
    Zacarías la hizo entrar en sus brazos y enterró su cara en la masa gruesa de su pelo – el pelo que ella había dejado salvaje y enmarañado solamente para él. ¿Cuán pequeña cosa era para él permitirle tranquilar a los animales, sobre todo si él era el que los inquietaba y quizás incluso los hacía peligrosos?
    "Usted me avergüenza, Margarita. "
    ¡No! Ella sacudió la cabeza violentamente y dio un paso atrás para mirarlo a los ojos de nuevo. No hagas eso. No vuelvas a hacer eso. Usted es mi elección, tal como eres. No estoy pidiendo cambios. Voy a hacer lo que quieras.
    Ella no pedía nada para sí misma por lo que él podía ver. Es verdad, que ella había pedido la vida de un amigo. Él había salvado al hombre, porque ella se lo pidió, pero sus motivos no eran egoístas.
    Hizo un gesto hacia el establo. "Continúe. Y no se preocupe por cómo se siente. Me gusta que cuando estemos juntos se excite por mi”.
    Ella le sonrió. Me excitó por el mero de pensar en ti, Zacarías. No tienes que estar presente. Efectivamente soy patética y te has convertido en una obsesión.
    Él frunció el ceño. "No eres patética. Estoy contento. "
    Margarita estudió su rostro como si buscara algo, tranquilidad, tal vez. Estaba seguro de que ella no quería verlo furioso y destruyendo a sus caballos en un ataque de celos.
    Una vez más que la dulce diversión se deslizó en su mente. Nunca se me ocurrió que harías una cosa así.
    Allí estaba. Su ingenuidad, su inocencia que no le permitía imaginar la verdadera profundidad del monstruo al que se había atado a para siempre.
    Se negó a mentirle. Apartó su mirada. "Me siento muy capaz de semejante acción, dada la provocación correcta."
    Ella frunció el ceño. ¿Cuál sería?
    Él enderezó los hombros. Ella tuvo el coraje y se merecía la verdad. "Celos. Una amenaza para mí – para usted. Para nosotros. "
    Allí. Fuera entre ellos. La verdad de lo que era. Deje que trate de fingir que no está horrorizada, incluso asqueada, deseando que poder huir como el resto del mundo hizo-y deberían hacerlo. Vio su rostro expresivo y transparente de cerca. Al mismo tiempo, se sostuvo todavía en su interior, queriendo saber cada pensamiento en su cabeza.
    Margarita suspiró y se llevo su mano a su boca, besándole los nudillos marcados con cicatrices. Usted tiene una visión muy torcida de quién es y de lo que es capaz, Zacarías. Es una buena cosa que puedo ver dentro de ti. Pienso que estás intentando deliberadamente de asustarme. ¿Veo que es capaz de una gran violencia? Por supuesto. Tengo acceso a su memoria-todo ellas -incluso a las que rechazas volver a ver. ¿Eres capaz de asesinar? ¿De matar por matar? No. Sólidamente No. firmemente No. Todos los argumentos de este mundo no cambiarán lo que sé que es verdad. Él se oyó gemir. Se inclinó, su frente firmemente contra la suya. “No tengo idea de qué voy a hacer contigo, Margarita.” Su suave diversión llenó otra vez su mente, trayendo ese calor que siguió creciendo y moviéndose a través de él, persiguiendo a las sombras y substituyéndolas por luz.
    Afortunadamente para ti, tengo todo tipo de ideas. Deja que te lleve a los establos, Zacarías. Quiero compartir esto contigo. Es la única cosa que tengo para darte – un regalo. Mi regalo para ti.
    Ella le hizo sentir como si pudiera hacerlo todo. ¿Era esto amor? ¿Esto era lo que había estado buscando por todo el mundo, a través de los siglos, sin saber si tal cosa existía realmente? Sentía que podía soportar el calor del sol, siempre y cuando la tuviera a ella. Había llevado los verdaderos colores a la vida.
    Tal vez no había nada que ella no pudiera hacer, no hay milagro que no pudiera lograr. Tal vez los caballos lo aceptarían en el establo, siempre y cuando ella estuviera a su lado.
    "Si significa tanto para ti, sívamet, entonces vamos a intentarlo".
    Su rostro se iluminó y sintió que todo en él se arreglaba de nuevo. Le tomó la mano, entrelazando sus dedos con los suyos. Déjese llevar. Permanece dentro de mí. Sentirás lo que tienes que hacer tarde o temprano.
    Una vez más, sintió que se vertía en él, todo el calor y el fuego, toda esa luz fascinante fluyendo a través de él como un millón de velas. El fuego se volvió líquido, extendiéndose lenta y profundamente a través de su mente y cuerpo, hasta que sintió esa profunda conexión. Espíritu. A menudo salía de su propio cuerpo y se convertía en nada sino en espíritu con el fin de curar a un compañero guerrero. Había hecho eso mismo para salvar a Margarita cuando el vampiro le había arrancado la garganta meses antes. Debería haberlo sospechado, sin embargo, fue una sorpresa.
    Margarita era completamente humana, pero que poseía una fuerte habilidad psíquica. Su relación con los animales y sus primeras conexiones con él-habían sido de espíritu a espíritu. Se deshace de su propio yo, de qué y quién era, y se convierte en un ser de luz acogedora. Incluso para un Cárpatos, deshacerse de lo que es, desprendiéndose de su cuerpo físico, era una tarea difícil, pero ella lo hace tan bien y con tanta facilidad, no se había dado cuenta que, dentro suyo, ella se vinculada con él.
    Su espíritu. Él era muy consciente de ello como él nunca había estado. Sintió que lo bañaba en calor abrasador, disipando las sombras más profundas que habían tomado su asimiento en él. Ellos escapaban ante ella como si los fuera a destruir con su resplandor. Él se sintió ligero. Diferente. A salvo. Pero sabía que su salvación duraría sólo mientras estuvieran conectados.
    Cerró los ojos, entendiendo ahora lo que su padre había sufrido a través de los siglos, tratando de encontrar un equilibrio para mantener a su compañera cerca de él, sin embargo, a salvo del peligro. Al final, él la había matado, poniendo su vida en peligro, llevándola con él en la búsqueda de un maestro. Debía haberlo sabido mejor.
    Zacarías le había suplicado a su padre, luchó con él. Se había ofrecido a ir, pero que dejara a su madre atrás. Había culpado a su padre por su muerte. Había sido responsable. Ella debería haber estado a salvo. Ese era su derecho, su deber para con su compañera. Su padre la había tomado y había sido superado. Su madre había pagado el precio y, en última instancia, su padre, también.
    Y tú, Zacarías.
    ¿Entiendes ahora?, Susurró, con ganas de salvarla.
    No todo, pero estoy en eso.
    "Voy a enfrentar las sombras y el frío antes de que yo le permita estar en peligro." Fue una promesa. Una amenaza. Una declaración sí se atrevía a tratar de desafiar sus órdenes.
    Ella no le dio la simpatía, no exactamente, sino una conexión más fuerte, como si vertiera más de sí misma en él. Sentía su calor invadiendo su corazón y él la agarró por los hombros y le dio una pequeña sacudida.
    "Ella lo amaba demasiado. No debería haber ido con él.
    No hay cosa tal como amar a alguien demasiado, Zacarías. Lo que sucedió, sé que no fue porque se amaban demasiado. Le he dicho que le obedeceré, pero no puedo obligar a mi corazón que deje de amarlo. Usted no puede pedirme eso.
    Él dejó escapar el aliento, sin saber que había estado conteniendo el aire en sus pulmones. Cogió su cara entre las manos y tomó posesión de su boca.
    No había nada que decir. Él ya había perdido. Si esto era amor, había ido demasiado lejos para tomar un camino diferente. Él la pondría por encima de sí mismo y de sus propias necesidades. Nunca la colocaría en peligro sólo para que él pudiera dejar fuera el frío, ver los colores y sentir emociones. Él podía manejar estar completamente solo, si eso significaba que ella estaba fuera de peligro. Se juró a sí mismo que siempre sería lo suficientemente fuerte como para poner su seguridad primero.
    La besó largo y duro, haciendo un cuidadoso trabajo en ella. No tenía nada que decirle, no había manera de tranquilizarla. No había esperado su conexión. Ni que la emoción pudiera ser tan intensa, y ciertamente no había tenido la intención de sentir algo tan cercano al amor por ella y temía que eso era exactamente lo que estaba sucediendo. Cuando levantó la cabeza, su mirada quemaba sobre ella. Sus ojos estaban muy abiertos y un poco vidriosos, pero ella lo había besado de nuevo sin reservas.
    "Voy a hacer esto con usted, pero si digo que nos vamos, no me hagas preguntas".
    Ella asintió con su cabeza y dio un paso por la puerta abierta. Los caballos los miraban curiosamente, pateando de vez en cuando, pero ella los había tocado, de espíritu a espíritu varias veces y ellos la conocían, usando aquella fuerte conexión. Confiaban en ella. Como sintieron el espíritu de Zacarías mezclado con el suyo, los caballos estaban más curiosos que alarmados.
    Criamos los mejores caballos, incluso con temperamento y brío, la evasiva cualidad se muestra en la arrogancia y la exuberancia de cada movimiento. Mírelos. Cómo se mueven, los pasos que dan, como sacuden sus cabezas. Tienen una firme mirada y pasos hermosos. Son leales y trabajadores muy resistentes. Colocarán su cuerpo entre un enfurecido buey y un jinete caído. Tienen mucho coraje, Zacarías.
    Llevó a Zacarías más lejos en los establos. Nunca había estado tan cerca de un caballo, no sin que se encabritaran y descendieran vertiginosamente, arrojando a su jinete y corriendo a toda velocidad alejándose de él.
    Las personas los juzgan mal, porque no son caballos realmente muy grandes. Están entre los catorce o poco más de quince palmos de altura, que no es terriblemente alto, pero nunca deben subestimarlos. Ellos tienen cabezas tan nobles.
    Estaba empezando a sentir lo que quería decir sobre el espíritu o el brío del Caballo Peruano de Paso. Margarita se acercó a un puesto donde una hermosa yegua de color castaño nos observaba con atención. Ella no apartó los ojos de Zacarías, sus sorprendentes y grandes ojos llenos de inteligencia.
    Ella tiene un nombre oficial largo pero la llamo Chispa. ¿No es magnífica?
    Zacarías no podía apartar la mirada de la yegua. Estaba a poca distancia y la yegua no había protestado relinchando y pateando la puerta del establo, con los ojos en blanco de terror. Se encontró con que su mano estaba temblando. Nunca había entendido por qué había estado tan atraído por esta especie de caballo. A menudo los había visto corriendo libremente sobre el terreno, las crines al viento, los músculos fluyendo, el cuello extendido, y los cascos de tronando sobre la tierra y era una de las pocas cosas que le traían algo semejante a la paz.
    Miró a Margarita. ¿Todos eso siglos, habían estado allí? Un susurro en su alma que lo mantenía de caer en ese oscuro abismo
    No entendía cómo podía ser así, pero esa mirada embelesada de alegría en su rostro cuando observa a los caballos, se hizo eco en su propio corazón. Los caballos.
    Criaturas simples, pero complejas al mismo tiempo. Cada uno tenía su propia personalidad. La mayoría tenía un espíritu salvaje que entendía y ahora, con su espíritu en conexión con los caballos en el establo, se dio cuenta de que no estaban tan lejos de él, después de todo.
    “Gracias, sívamet. Usted me ha dado otro regalo inconmensurable."
    Estamos muy lejos de terminar. Hay mucho más. Venga conmigo.
    Él no quería arruinar el momento perfecto. Se puso de pie justo detrás de Margarita, su brazo alrededor de su cintura desde atrás, su espíritu flotando junto con el suyo a través del establo y mezclándose con el espíritu de los caballos. El viaje era emocionante, y sí, porque estaba fuertemente tejida con el espíritu de Margarita espíritu, era incluso sensual. Todos sus sentidos estaban alertas y vivos. Olía lo que olían los caballos. Sentía lo que ellos sentían. La libertad salvaje de simplemente ser, y el cariño que brotaba de ellos para Margarita-y ahora para él. Él estaba entrelazado fuertemente con ella, los dos convirtiéndose en uno y los caballos que aceptaban su presencia.
    "Usted ha hecho por mí más de lo alguna vez pensé que fuera posible", le susurró al oído, acariciándola, sus dientes jalando de la oreja sensible. "Eres mi milagro. "
    Su suave diversión rozándolo como una caricia. Yo soy su lunática, recuerdas, por lo que digo que hay mucho más. Y yo quiero mucho más para ti. Déjame darte esto, Zacarías. Confía en mí. Me pongo en tus manos, como te pusiste en las mías.
    Su brazo apretó alrededor de ella. Ella le había dado ya tanto que él no podía imaginarse qué sucedería si ella le diera más. Estar vivo era extraordinario. La alegría de la sensación era inmensurable. Su mundo había sido de un gris embotado. Los colores de los caballos brillaban radiantes, casi como diamantes. El olor del heno y el estruendo de los cascos se grabaron en su alma para siempre. Él siempre tendría este momento, Margarita se lo había dado. Si las cosas iban mal, nada podría estropear esta perfección.
    Rozó su boca contra su oído, respirando calidez contra esa pequeña concha perfecta. "Entonces, continúa. Voy a seguirte donde me lleves. "
    Él se tomó tiempo otra vez para explorar el rancho en busca de vampiros, algún signo de sombras, o manchas aún en blanco donde el no- muerto intentara cubrir sus pistas, pero si Ruslan estuviera cerca, o si hubiera enviado a sus peones menores en su busca, ellos no estaban en ninguna parte cerca del rancho.
    Margarita abrió la puerta de la casilla y entró en pleno, cerca de la yegua. Zacarías descubrió que estaba conteniendo su aliento otra vez. Ella parecía muy pequeña al lado del caballo. Ella tenía razón, el animal no era particularmente alto, pero ella exudaba poder y se sostuvo noblemente. Ella hocicó a Margarita con su nariz y, si Zacarías no hubiera intervenido, justo detrás de ella, el toque apacible podría haberla hecho retroceder. Sus brazos le dieron la vuelta a su cintura para sostenerla con su talle más alto y fuerte.
    Sus manos se acercaron a acariciar esa nariz inquisitiva. Se dio cuenta de que con cada movimiento de sus dedos, ella hizo lo mismo en su mente, rozar su espíritu contra el espíritu del caballo cariñosamente.
    Margarita se agachó, tomó su mano entre las suyas, y la llevó al cuello arqueado de la yegua. Su cuerpo quedó inmóvil al sentir la palma de su mano presionando contra el cuello caliente y suave. Por primera vez en toda su existencia sin fin, en realidad estaba tocando un caballo. Él se había negado a controlar a los animales a través de los siglos. Si se negaban a darle su lealtad, entonces prefería no acercarse a ellos.
    Su mano temblaba. Su vientre anudado. Un millar de mariposas revoloteando en su estomago. Él había estado en todo el mundo, navegó los mares, corrió a través de prados y campos de flores y había residido en cuevas enormes, hermosas, pero nunca había hecho una cosa tan simple como tocar un caballo. La enormidad de lo que Margarita lo estaba dando a él lo sacudió. ¿Qué había hecho por ella? La había asustado casi hasta la muerte y la había puesto su vida en peligro por atarlos juntos.
    Para, tonto. Margarita frotó la parte de atrás de su cabeza contra su pecho mientras ella acariciaba lentamente su mano sobre el cuello del caballo. Usted mismo ha dicho que no obedezco muy bien. ¿Crees que me gustaría hacer algo así, cambiar mi vida si no estaba plenamente comprometida? ¿Que no era lo que quería? Que te quedaras aquí conmigo. Quédate a mi lado y deja ir todo lo demás.
    Él le acarició el cuello y luego la mordió suavemente. ¿Acabas de llamarme tonto? No creo que en toda mi existencia, me hayan llamado de manera tan irrespetuosa".
    ¿En serio? Ella le lanzó una mirada ardiente por encima del hombro, con una ceja arqueada y picardía en sus ojos brillantes. Tal vez los demás no lo conocen en la misma forma en que yo hago.
    Él la mordió de nuevo, esta vez con un pequeño pinchazo para poder bañar su pulso con la lengua.
    ¿Quieres dar un paseo?
    Su corazón dio un brinco. ¿En un caballo? ¿Crees que me va a tolerar?
    ¿Sientes el miedo en cualquiera de ellos ahora? Lo conocen de la misma forma en que yo lo hice, de espíritu a espíritu, y lo aceptan como yo lo hago.
    Él estaba más preocupado por Margarita ahora, no por arruinar el momento-Margarita encima de un caballo, volando sobre las cercas de noche. Un pequeño agujero en el suelo puede causar un mal paso y romper la pata del caballo, y enviarla volando al suelo. Un millar de posibilidades se agolparon en su mente. Se había convertido en esencial para él como la rica tierra en la que rejuvenecía.
    Apoyó la cabeza contra su pecho, apretándose contra él. Tengo que montar.
    Su primer pensamiento fue que no le importaba. Necesitar es una palabra que no entiendes ¿verdad? sabía lo que significaba y que no era el sueño de montar un caballo. Necesidad era elemental. Necesitaba la capacidad de sentir emociones y sentirse vivo. A Margarita para siempre en su mente, iluminando todas las sombras, conectando los caminos rotos para que pudiera sentir la vida corriendo a través de su cuerpo, sentir con cada respiración que tomaba. Él siempre había sido condenado a una especie de infierno. Ella lo había sacado y, por todo lo que era santo, no quería -no podía, volver allí. Eso era necesitar. Verdadera necesidad.
    Zacarías la sintió crecer aún. Ella no se apartó-o protestó. Oyó su corazón acelerarse. Se había puesto a su cuidado, bajo el gobierno de un dictador. Él sabía mejor que ella que tan dictador sería. Ella no hizo ningún intento de influir en él, simplemente esperó su decisión. Una parte de él quería ver su reacción si se negaba. ¿Se pondría de mal humor? ¿Argumentaría? Se enojaría con él y trataría de tomar represalias.
    Mira en mi mente, Zacarías, ella ofreció. No en mis palabras. Sabía que no iba a ser fácil para ninguno de nosotros. Le pedí que hicieras un gran sacrificio. ¿Esperabas menos de mí?
    Infierno de mujer, definitivamente lo va a poner de rodillas. Envolvió sus brazos a su alrededor más fuerte, amenazando con aplastar a sus frágiles huesos femeninos, humanos. "Usted es imposible. Y que no tiene sentido común. Si deseas montar, entonces montaras. Pero Margarita, si su vida corre peligro de cualquier manera, voy a matar a todo lo que la ponga en peligro. Y no te pondrás en mi contra. ¿Tenemos un acuerdo? "
    Sus pestañas revolotearon. Ella sabía lo que quería decir, podía verlo en sus ojos. Ella se volvió hacia él, sus dedos tocando su cara con la más ligera de las caricias, pero él sintió que tocaba todo hasta sus mismos huesos, como si lo marcara con su nombre, con su espíritu Ella asintió con la cabeza.
    No habrá necesidad, Zacarías.
    Se encogió de hombros. Si uno de sus queridos caballos la amenazaba, no habría ninguna duda en cuanto a lo que iba a hacer. Del mismo modo, si uno de sus amados trabajadores lo hacía. Hombre o animal, destruiría a todos los enemigos. Eso es en lo que era bueno. Este-encontrar un equilibrio con una mujer era un propuesta diferente por completo.
    Pero agradable, señaló.
    "Muy especial", se hizo eco de él. "Más de lo que pueda expresar." A pesar de que otra mujer podría haber convertido esto en una guerra mental para un hombre tal como Zacarías, un retroceso a la Edad Media.
    Más lejos, mi hombre, mucho más lejos. Intente el troglodita, ella le tomó el pelo mientras abría el puesto de al lado de la yegua. Este es Truenos. Se mueve como si tuviera alas. No hay ningún mejor caballo sobre el rancho para montar.
    Él podría sentir su orgullo. Ella le ofrecía uno de sus mayores placeres. Sus ojos brillaban otra vez como el champán. Si él nunca hubiera querido para montar a caballo, lo habría hecho, solamente por aquella mirada. Él empujó sus preocupaciones por su seguridad atrás de su mente. Él era poderoso y podría mirar con cuidado, un pequeño precio para darle a ambos este momento especial.
    Usa tu conexión con Truenos para dirigirlo o decirle lo que deseas. No hay ninguna necesidad de silla o brida. Solamente monto a caballo a pelo pienso donde quiero ir y ellos me llevan. Si solamente estoy montando a caballo por la belleza de la equitación, les dejó ir a sus sitios favoritos sobre el rancho. Les gusta compartir el control.
    A Zacarías no gustaba compartir el control con alguien o algo. Él asintió con su cabeza y puso su mano sobre el cuello de Trueno. Al instante él sintió el espíritu del caballo rozar contra el suyo. Él sabía que él no podría hacer nada para ocultar su naturaleza del animal. Él había nacido para conducir, y si el caballo no aceptara el predominio de él, sería una decepción para Margarita.
    Su suave diversión se deslizó en su mente. Ya estamos otra vez. Usted hace caso omiso de sus propios sentimientos. La decepción será tuya. Quieres hacer esto. Trueno lo sabe y va a hacer lo que quieras. Quiero esto para ti, porque lo quieres, no para mí. Está bien si lo que quieres es ver mi paseo.
    "No hay posibilidad. Yo estaré a tu lado a cada momento en el que estés fuera y expuesta al peligro. "No pudo evitar el borde duro en su voz-lo que debería haberle dicho que no debería dejarlo a un lado.
    Margarita se rió de él, cogió el cuello del caballo y saltó sobre él en un movimiento fácil, experto. Él podía ver como sus vaqueros masculinos eran un activo. En el momento en el pensamiento entró en su cabeza, hizo memoria de su cuerpo envuelto en nada más que en encaje negro. Una gruesa erección no iba un activo en la parte posterior de un caballo y quiso que la imagen erótica saliera de su mente. Fue bastante fácil deslizarse sobre Trueno, después de todo, él era un Cárpato y podía levitar, pero podría no ser tan fácil librarse de la imagen del cuerpo Margarita, tan solo cubierta por los cordones pequeños de encaje, la nube de pelo negro azulado cayendo como una cascada hasta la cintura. Él levantó la cabeza y la miró. Sus ojos se encontraron, llenos de malicia, de oscuro deseo sensual, oscilando en sus profundidades.
    Ella era tentación. Y era diversión. Su suave entretenimiento que frotaba ligeramente como dedos su espíritu con el suyo, era sugestiva, sensual, erótica, envolviendo con su mente su gruesa polla como un puño y acariciándolo. Sus ojos se transformaron en chocolate negro derretido, llenos de lujuria por él.
    Su caballo dio vuelta precipitadamente y salió los establos. El caballo y el jinete fluyeron sobre la tierra, en un paso no particularmente rápido, comiendo la tierra en cuatro tiempos [3]-su paso era impresionante. Él impulsó a Trueno a seguirla, y el caballo respondió inmediatamente, sacándolos del establo. Zacarías se sintió casi como si estuviera flotando en el aire. Sintió cada músculo del animal poderoso debajo de él, la alegría en el caballo al trotar, sobre el suelo, se impulsó y voló por encima de la valla detrás de la yegua.
    Conectado como estaba su espíritu al espíritu de Trueno, sintió la forma en que la tierra parecía levantarse para encontrarse con los danzantes cascos, sintió la fiereza cuando el viento hizo volar la melena en la cara del caballo mientras trotaba. Volaron por el campo y luego al siguiente, viajando en el borde de la selva tropical donde la maraña de helechos, y las flores silvestres se enredaban en los troncos añadiendo belleza al momento.
    Él impulsó Truenos al lado de Chispa de modo que los caballos se movieran en perfecta armonía. Margarita le envió una risa y su polla se agitó de nuevo. La luna se derramó como un resplandor de plata sobre ella, empujando rayos de luna en su pelo. Su piel era preciosa, y su espíritu estaba vivo en el suyo, todo tan caliente fluyendo como magma, corriendo lento abriendo camino en su mente y más profundo, en su alma. Llenó los huecos vacíos e ásperos con su brillo.
    Buscó a su sonrisa. Observó detenidamente el creciente deseo en sus ojos. Esperó a que la luz de la luna brillara a través de los hilos de seda de su cabello. Momentos de belleza. De puro deleite. Nunca había conocido tales cosas y ahora, en ella, todo lo que necesitaba estaba allí, en esta extraña mujer humana. Estaba empezando a darse cuenta de la vida con otro se vivía en un momento. Latidos del corazón del tiempo, y este era uno de ellos. Un momento perfecto. Le duraría siglos, guardados en su mente los sacaría una y otra vez como si fueran nuevos.
    Ella se acercó a él y unió su mano con la suya. Anduvieron los caballos a lo largo de la línea de la cerca y se encontró con que estaba en completa paz.
    El sonido de los cascos golpeando la roca y el suelo añadió a la belleza rítmica de la marcha fácil de los caballos. El viento soplaba suavemente y las estrellas se disputaban el espacio en el cielo.
    "Tú sigue dándome regalos incomparable, Margarita. ¿Qué te he dado? "
    Ella guardó silencio un momento, sus ojos oscuros se mueve sobre su rostro. Tú. Tu vida. Te quedaste conmigo en contra de todo lo que te decía que era tiempo de irte. Te quedaste cuando te lo pedí. Sabes mejor que yo el futuro al que nos enfrentamos juntos. Que estabas cansado ​​ de luchar, y, sin embargo, cuando te lo pedí, te quedaste. Gracias.
    "Yo quería decir cada palabra de unión de los votos rituales. Yo te aprecio y te coloco por encima de todos los demás. Yo soy un ser dominante, no puedo cambiar lo que es fundamental en mí, Margarita, no importa lo mucho que ninguno de nosotros lo desee, pero voy a ver por su felicidad. "
    Veo en tu corazón, Zacarías. Sé que lo harás.
    "Las cosas que exijo de usted no siempre serán fáciles", advirtió.
    Yo era consciente desde el momento en que me di cuenta que no eras vampiro y que te condené una vez más a este mundo. Me tomé el tiempo para ver quién eras. Sé que no eres un hombre moderno y que le preocupa que algún día me rebele contra las cadenas que pones en mí. Sus dedos se cerraron alrededor de él y las miradas trabadas . Si es lo que necesitas, realmente necesitas, mi obediencia a tu voluntad en ese momento, será lo más importante en el mundo para mí. No importa qué tan duro sea. Quise decir lo que dije cuando te pedí que te quedaras. Te sirvo por voluntad propia. Quiero tu felicidad.
    Él sabía la verdad de sus palabras. Ella estaba preparada para su dominio, pero también se dio cuenta de cosas que él no hizo antes. Ella había tenido en cuenta sus sentimientos por ella. No reconoció las emociones el noventa por ciento de las veces, si las reconocemos, sin embargo, ella sabía que estaban allí y que sus sentimientos iban creciendo a cada momento en su compañía.
    Lo intentó una vez más, para hacerle saber lo que sería con él. "Rara vez dejaré su mente, Margarita. Nunca estarás sola, nunca habrá un pensamiento que no sepa. Cada vez que respires en tu cuerpo, lo voy a sentir. Sabré dónde estás, con quién hablas. No habrá ningún lugar al que pueda ir sin que yo esté contigo.
    Ella sonrió y le soltó la mano para inclinarse hacia adelante y acariciar el cuello de su caballo. Estoy cada vez más acostumbrada a sentir sus ojos en mí y me siento sola cuando estoy sin ti en mi mente. No me había dado cuenta de lo realmente sola que se puede estar hasta que yo te sentí dentro de mí.
    Zacarías tomó el control de los caballos, guiándolos hacia el establo. Quería estar dentro de algo más que su mente. Él quería ver su cuerpo sin el jeans abrazando su piel con tanto cariño. Necesitaba la sensación de sus manos en él, el terciopelo caliente de su boca ajustándose fuertemente sobre él. Él la miró, sabiendo que ella podía ver el hambre en la mirada ardiente.
    Su respuesta fue una pequeña sonrisa misteriosa, muy sensual que burló su polla y la hizo endurecerse. Instó a Trueno adelante, necesitaba a Margarita.
    Le había dado esta noche, un regalo, y quería más. Tal vez él siempre quisiera más.
    Margarita contempló los pensamientos de Zacarías ya que rápidamente friccionó los caballos y los condujo a sus puestos con una pequeña mezcla de heno y alimento para agradecerles antes de dar la vuelta y afrontar a su hombre. La excitación había estado construyendo en ella desde el momento que se había deslizado la ropa interior de encaje directamente frente a él. Había sido algo atrevido de hacer y se humedeció sólo al pensarlo.
    Las imágenes eróticas en la cabeza de Zacarías hicieron aquella humedad convertirse en una humedad distinta. Él no podía fallar en oler su llamada de bienvenida, pero ella se tomó su tiempo, dejando a la tensión sexual estirarse justo allí en el establo mientras se lavó sus manos y las secó con cuidado antes de que diera vuelta.
    ¿Cómo puedo satisfacerle? Ella amó el sonido de la pregunta, que el interrogatorio suave sumiso. Ella no necesitaba una voz o palabras para indicar que quería sus manos y boca sobre él, quería conocer todos y cada uno de sus deseos- por ella.
    "Quiero que usted me toque. Explore mi cuerpo como exploré el suyo. "
    Su voz era fascinante, el mando en su tono de voz tan masculino. Ella no entendía por qué sentía la necesidad de aliviar su carga de la forma en que lo hacía, pero había un impulso en ella para satisfacer cada necesidad. Este hombre había luchado solo durante siglos. Entera y completamente solo. Fue herido en lugares donde nadie podía ver y en toda su vida solitaria, sólo dejó a una persona lo suficientemente cerca como para ver dentro de él-ella.
    Su corazón tartamudeó con placer, sabiendo que él encontraba consuelo en su cuerpo, que encontraba la paz. Ella haría cualquier cosa para traerle eso y encontraría su propio disfrute en cada acto, cada cumplimiento.
    Justo como esto su ropa se fue y ella jadeaba por el tamaño y la forma de su pesada erección. Él era tan grueso y largo, mucho más de lo que creyó posible en un hombre. Le resultaba imposible no tocarlo. Sus manos tenían vida propia y realmente, después de todo, él había dado su permiso.
    Diversión se deslizó en su mente. "Más que pedir permiso, mi hermoso lunática, te lo ordeno. Compláceme.
    Ella no podía haber rechazado aquella nota embromadora, o el borde de hambre que sintió empujar contra su mente. Sus dedos se deslizaron encima de su muslo, todo el rato ella miraba su cara y mantuvo su mente firmemente plantada en suya. Ella quería sentir cada reacción. Quería observarlo también. El aliento que salía de sus pulmones con prisa era un afrodisiaco. Ella le tocó la ardiente cabeza, una gruesa protuberancia redonda con solo una perla que se fugó. Ella usó la punta de su dedo para lubricar la cabeza hasta que brilló. Sus ojos quemaban con calor.
    Confío en que nadie se acerque. A pesar de que ella expresó su temor, ella obedeció a la presión de sus manos sobre sus hombros, deslizándose a sus rodillas.
    Podía sentir su satisfacción por la mera visión de verla arrodillada delante de él, el pelo se derramado violentamente por su espalda, sus ojos brillantes, los labios ligeramente separaron. "Eres hermosa, Margarita. Me gustaría ver a esos jirones de encaje que cubren su cuerpo. Pensé en ellos en nuestro viaje juntos y cómo su cuerpo estaría cubierto con esos pedacitos de encaje".
    Ella sabía y había ayudado a alimentar aquellas fantasías con algunas propias. Ella medio rió, su atención sobre su pesada erección tan cerca de su cara. Ella envolvió su mano alrededor del grosor e inclinó su cabeza hacia él. ¿Cómo es posible que usted quepa dentro de mí? ¿Cómo podría posiblemente tomar todo eso en su boca como ella lo vio en su mente?
    Su camiseta desapareció como si nunca hubiera estado y el aire fresco de la noche tenso sus pezones a través del encaje negro en sus picos gemelos. Ella se encontró arrodillada sobre algo suave y el aire burlaba su trasero desnudo cuando sus jeans y botas desaparecieron del mismo modo en que su camiseta lo hizo. Nunca se había sentido más sexy. Él era tan hermoso para ella, su cuerpo masculino todo músculo duro y definido.
    “Solo lo hago. Me crearon para usted.” Su mano se deslizó a la parte posterior de su cabeza. Ella sentía la respiración atrapada en sus pulmones mientras que él la instó a seguir. Ella no se opuso, solamente su mano sin prisa exploró el tamaño y su forma, disfrutando de la textura y del calor. Ella se inclinó y le dio un pase experimental con su lengua. Él sabía a su té preferido. Él debe haberlo probado cuando la había besado en la cocina y lo había recordado.
    Complacida y sorprendida de que él había tomado la precaución de agregarlo para su placer, ella era lo más honesta posible. Nunca he hecho esto, Zacarías. No quiero que estés decepcionado. Ella estaba temblando mientras lamía alrededor de esa amplia cabeza de seda. En el momento en que lo sintió temblar, el placer que irrumpió a través de él, la sostuvo.
    Su puño aferrado en el pelo, y su mente firmemente en él, podía ver lo que necesitaba. Lamiéndolo con su lengua acariciando desde la base hasta la cabeza para humedecerlo. Ella rápidamente estaba desarrollando un gusto por lo exótico por la mezcla de té rico y Zacarías. Su boca se deslizó sobre la ancha cabeza, el arremolinar de su lengua, el ajuste apretado y caliente…
    Sin advertir él de repente la apartó de él por su pelo. Esto dolió, en su tierno cuero cabelludo, pero más la trastornaba que él la rechazó su contribución. Su cara era una máscara inexpresiva, sus ojos que brillaron casi rojos.
    Convertidos en hielo, glaciares de ellos, barreras impenetrables que la bloquearon fuera. Ella fue rechazada tanto física como mentalmente. Él prácticamente la había lanzado lejos sin decirle lo que había hecho mal. Sobresaltada y humillada, ella se dejó caer sobre sus talones, luchando por no llorar.

CAPITULO TRECE

    Zacarías arrastró a Margarita a sus pies, la vistió con rapidez con la ropa que prefirió, una falda larga y una blusa que cubrió la tentación de su cuerpo. Sus dedos se cerraron sobre sus brazos, como prensas individuales y la obligó a mirarle a los ojos.
    "Usted va a hacer exactamente lo que te digo, Margarita. Tú eres mi mayor vulnerabilidad, la mayor responsabilidad para mí. No puede haber nada tuyo dentro de mí.
    No debe quedar ni rastro. Ningún olor. Nada. Una vez que me retire, no puedes llegar hasta mí, no importa el tiempo, o lo que ocurra. "Él le dio una pequeña sacudida. ¿Me entiendes?
    Ella sacudió la cabeza, nadaba en lágrimas. No podía importarle. No podía mirar a sus lágrimas, ni el dolor en su interior. Sólo podía haber hielo y roca, ningún rastro de esta mujer que tenía el potencial de conseguir que matara a miles de personas, tanto Cárpatos y como humanos. No podía haber ningún rastro de ella en él o de él en ella. Tenía que deshacerse del perfume de sus queridos caballos también.
    Margarita parpadeó varias veces, el shock y el dolor en sus ojos. Que él había puesto allí, pero no podía consolarla. No podía ser parte de ella. Ella aún no era Cárpatos y no entendía la forma en que su mundo funcionaba. Miró a su alrededor, como si saliera de un sueño, aturdida y confusa.
    Él no podía culparla, todo su cuerpo se sentía como si hubiera sido consumido por las llamas. Había sido muy afortunado que estuviera atento al peligro.
    Los caballos se encabritaron y patearon el aire, recluidos tras las puertas de sus casillas, relinchando protesta. Margarita se volvió hacia los caballos, su cara palideció.
    Su respiración se atoró en su garganta. ¿Usted siente eso? Están asustado-pero no de usted. Hay algo más, Zacarías, algo más profundo. Hay un hilo, un zarcillo… Él reaccionó inmediatamente, dándole la vuelta de un tirón Margarita para hacerle frente, mientras la sacudía, sus dedos mordieron sus hombros como una prensa. "No traté de seguirlos.
    Se trata de vampiros. Los no – muertos han extendido su tentáculos y está llegando a usted incluso ahora a través de sus muy queridos animales. "
    Voy a sonar la alarma y los chicos ayudan a combatir.
    "Activará la alarma que les dice que busquen refugio. Estarían en mi camino y serían testigo de una batalla que sólo los hará temerme más. "
    Las lágrimas se desbordaron y el miedo brillaba en sus ojos enormes. Nada te puede pasar. Ellos podrían ayudar. Yo podría ayudarte.
    Él le dio una pequeña sacudida. "Harás lo que te digo sin lugar a dudas. Te llevaré a la casa rápidamente. "Envolvió su brazo alrededor de su cintura y levantó sus pies del suelo. "Usted se quedará allí hasta que yo venga por ti, no importa el tiempo que me tome. No me hables. No te conectes conmigo. Espero vuestra obediencia en esto".
    Sintió la urgencia que lo consumía, lo que le dijo que la batalla estaba cerca. Tenía que tejer salvaguardas sobre las casas y los establos para evitar la destrucción de vidas y bienes, que los vampiros eran propensos a hacer sólo por diversión. La mayor parte de lo que tenía que hacer era desterrar todo vestigio de Margarita de su mente y de su cuerpo, de su corazón y su alma. No puede haber ningún indicio de ella, donde el enemigo podía atrapar hasta el más débil de los olores.
    Voló a una velocidad vertiginosa, enmascarándola mientras la llevaba a la casa. El siguió adelante hasta la habitación principal, las paredes allí eran más gruesas así que la empujó a un apretado nicho contra la pared. "No te muevas. Si lo haces, Margarita, habrá graves consecuencias. "
    Ella flexionó sus rodillas, asintió, envolviendo sus brazos alrededor de sus rodillas para sostenerse apretada. Su cara cubierta de lágrimas, pero el miedo en sus ojos era todo para él, no porque él podría decidir castigarla si ella lo desobedecía.
    Zacarías no podía pensar en el sabor de su aliento, o como ella se vertía en su mente, él tenía que cerrarse completamente y hacerse vacío, un guerrero solo y sin nada que perder. Le dio la espalda y se apresuró hacia fuera para tejer salvaguardas más fuertes sobre cada edificio de la propiedad. Esto tomó fuerza para sostener tales tejidos tan fuertes que fueran resistentes ante los vampiros que se aproximaban.
    Él inhaló la noche. Tres de ellos. Ruslan no enviaría los mejores en el primer ataque en absoluto, pero enviaría a vampiros experimentados. Venían a partir de tres direcciones, intentando encajonarlo dentro y escoger el campo de batalla. Zacarías los quiso lejos de su mujer y todo lo que ella amaba. Él tomó el aire, rayando hacia el extremo lejano del rancho de los De La Cruz, en donde la selva tropical encontró el claro, donde Ruslan había intentado infiltrarse con su planta venenosa y fijar una trampa para ayudar a sus vampiros de avance.
    Un juego de estrategias entonces. Ruslan era un amo de la estrategia y él haría su mejor esfuerzo para manipular a Zacarías hasta una trampa. Este ataque sería la táctica de abertura para probar su fuerza y resolución. Él había permanecido demasiado tiempo en un lugar así que Ruslan asumiría, puesto que él no había seguido adelante, que Zacarías había sido mortalmente herido en la batalla de Brasil. Habría sido divulgado que había gotitas de sangre en el aire. Los perros de Ruslan habrían seguido el rastro de la sangre a Perú, hasta la hacienda de los De La Cruz. Ruslan estaría pensando que su recuperación era lenta y que él estaba vulnerable.
    Zacarías era vulnerable, pero no por las razones que creía Ruslan. Se aseguró de que se quitó todo aroma de su cuerpo, y todos los rastros de su mente. La soledad era un duro golpe, casi insoportable, ahora que sabía lo que era tenerla dentro de él, llenándolo. Sin su conexión, el mundo se tornó gris y aburrido. En todas partes que veía, el vivo color se había ido. El verde brillante vibrante de la selva tropical, las ráfagas de colores de las flores que envolvían a los troncos de los árboles, incluso los tonos de los helechos de encaje todo había desaparecido para ser reemplazado por un gris monótono.
    Con resolución, él giró su mente lejos de Margarita. Esto tomó mucha disciplina para hacerlo así. Los compañeros se necesitaban el uno al otro. Una vez aquellos hilos fueron tejidos, eran irrompibles, y su mente siempre procuraría tocar el suyo. Añada a esto la necesidad de ver en colores, la capacidad de sentir sólo cuando ella estaba unida, y él sintió la enorme necesidad. Por suerte, él era un guerrero antiguo, y su prioridad por encima de todo era la seguridad de Margarita.
    Él dio la espalda a las estructuras humanas, las casas que le quisieron decir tanto. Él nunca había entendido esto antes. Él era un nómada, continuamente en movimiento por el instinto de conservación, incluso no permitiendo que sus hermanos supieran su lugar de descanso o sus guaridas secretas. Él tenía docenas en todas partes de Sudamérica, sitios donde él podía retirarse y descansar cuando fuera necesario, pero ahora, él entendió que era una casa. No la estructura. No el lugar. La mujer.
    Él tomó al cielo, una corriente delgada de vapor, que va a la deriva con la brisa leve, montando las corrientes de aire, a tientas, buscando la posición exacta de su enemigo. En la distancia, él podía ver que una nube sola negra revolverse como un loco, dirigiéndose hacia el pasto donde la manada estaba acostada para pasar la noche. Los furiosos límites rojos de los relámpagos alumbraban los bordes de la turbulenta caldera negra.
    Él marcó la nube, pero seguía a distancia de ella. Ruslan habría entrenado a sus vampiros. Él los advertiría de la personalidad de Zacarías. Él era un luchador y a diferencia de Ruslan, él no vacilaba en hacer frente a su enemigo. El maestro vampiro les habría dicho a sus peones que Zacarías no correría, que de hecho, iría derecho a los problemas. La nube de tormenta gigante, parecía tan malvada en el cielo, de otra manera claro, era simplemente una tarjeta de visita para llamarlo fuera-y era algo débil en eso.
    Envió una ilusión rayando hacia la nube, una mera réplica de sí mismo que era más aire que sustancia, pero él estaba integrado en esta vaga forma, al igual que un maestro en todas las ilusiones. Sintió que la marioneta de sí mismo, le pegaba a algo invisible, algo sólido y fuerte. Su ilusión destrozada.
    Al instante creció una uña largo y rasgó una herida en su muñeca. Llamó a una suave brisa y sacudió las gotas de sangre en el viento, enviándolo al campo de batalla que había elegido, ese campo donde Ruslan tan cuidadosamente había organizado una trampa con su planta asquerosa.
    Su sangre era poderosa. Él era Cárpato antiguo, incuestionablemente uno de los cazadores con vida más poderosos. El olor de su sangre atraería a los vampiros como sabuesos. Ellos olerían aquellas gotitas y el poder contenido en una gota sola de sangre sería un premio para luchar por ella. También transmitirían triunfalmente a su amo que Zacarías de verdad estaba herido y que ellos habían anotado el primer golpe con su simple trampa. Ruslan creería que Zacarías todavía estaba lastimado, pero él sabría que la astucia de una nube tormentosa no lo había sacado fuera.
    Él se cernió sobre el campo, permitiendo a la brisa tomar más gotitas de sangre en el aire y dispersarlos ampliamente. Esto era una llamada que sería irresistible. Un vampiro recién hecho ya habría avanzado lentamente de los arbustos para tratar de encontrar una cuenta preciosa y lo bebería a lengüetadas rápidamente antes de que le fuera arrebatada. El hecho que no había ninguna agitación de inmediato le dijo a Zacarías que Ruslan había enviado a luchadores experimentados detrás de él.
    Los instintos se elevaron. El hambre principal por la lucha. Él vivía para ello. Conocía la fiebre tan íntimamente como la matanza. Él esperó con paciencia infinita nacida de miles batallas. Esto tomó siete minutos y el primero de los tres vampiros se mostró. Se asomó solamente dentro de la selva tropical más cerca de la valla que se marchitó, se volvió marrón y encogió lejos de lo poco natural de los no – muertos cuando separó las hojas largas y miró detenidamente el campo.
    Zacarías había visto a este antes, sólo unos años antes, o quizás fue más tiempo – el tiempo pasaba y ahora no significaba nada, – pero aun así, antes de que el Cárpato se hubiera convertido, Zacarías sabía que ya había perdido el honor. Zacarías lo había evitado, como lo hacía con todos los Cárpatos. Era un cazador, no amigo de ninguno de ellos. Él no quería conocerlos antes de que él tuviera que matarlos. Este no tenía más que quinientos o seiscientos años de edad y alguien que se convertía a esa edad estaba por debajo incluso desprecio. ¿Qué podría conducir a un Cárpatos que no habían sufrido de lleno los estragos de tiempo alejarse del honor?
    Zacarías permitió a la brisa cesase, de modo que el aire se volviera muy quieto, la potencia de su sangre aumentaba el olor cada vez más. El hombre sin honor se encogió detrás de los helechos que se marchitan, giró su cabeza primero a un lado y luego al otro, cauteloso, un gesto animal, antes de que él volviera a encontrar el coraje para sacar la cabeza.
    Zacarías estudió el campo de batalla. Nada más se movía. Ni una brizna de hierba, ni las hojas de los árboles. Dos de los peones no -muertos de Ruslan tenían la disciplina suficiente para resistir el llamado de la sangre tan potente. Ellos creían que estaba herido, pero aún así, fueron lo suficientemente pacientes para esperar que él se mostrara, y lo suficientemente inteligente como para utilizar a su compañero más impacientes como cebo.
    Zacarías reconoció que su trampa podría convertirse en fácilmente una para él. El hielo enfrió más, un glaciar azul que agregaba capas mientras el juego de ajedrez progresaba. Éste era su mundo. Él lo entendía. Él miró al hombre sin honor arrastrarse al abrigo de los densos arbustos, una mera sombra desplazándose a través del campo. En su estela, la hierba en tonos luminosos se convirtió en un marrón oscuro mate, creando una estela de destrucción que el vampiro no advirtió. Él estaba tan atrapado recogiendo las gotas de sangre con su lengua que había olvidado cómo la naturaleza se rebelaba contra un ser tan poco natural, creando un camino que apuntaba directamente a los no-muertos.
    La sombra se extendía cuando el vampiro se deslizaba sobre su vientre, lamiendo las hojas de hierba, ansiosos por la poderosa fiebre dándole una peligrosa euforia. Cuidando de mantener todos los movimientos tan pequeños que fuera imposible que los dos vampiros ocultos detectaran la agitación del poder, Zacarías envió un repentino y tremendo viento a través del campo de hierba. Al mismo tiempo, afiló las cuchillas individuales, dando vuelta sobre la hierba viendo al vicioso.
    El vampiro gritó y dio una vuelta, sosteniendo su boca ensangrentada con mil cortes rayaban su lengua y sus labios ennegrecidos. Zacarías no se tomó la molestia de mirar su obra, él estudió el terreno, los árboles e incluso el cielo. Una sombra se movió en las raíces oscuras de una Ceiba, solamente el más leve de los movimientos, pero era suficiente. Zacarías cerró la herida sobre su muñeca y quitó todo el olor de sangre. Él permitió a los vientos que cambiaran y lo llevaran en dirección de la selva tropical, derecho a aquel árbol alto, imponente alzándose como un centinela encima del pabellón que surge en el cielo nocturno.
    Ningún murciélago aferrándose a sus raíces. Ni pájaros que descansaran en las ramas. Las hojas caían y se estremecían. No había ningún indicador de savia corriendo por el tronco, ningún indicio de cáncer en el árbol, solamente el movimiento vago que había cogido por el rabito del ojo. El viento había cesado a una suave brisa y se dejaba llevar a la deriva derecho a esa jaula de raíz grande. El hedor asqueroso le dijo que estaba cerca de su presa.
    Una vez en el refugio del amplio recinto, fue minuciosamente cuidadoso, se quedo muy quieto. En el piso de tierra había excrementos de murciélagos y pequeños frutos esparcidos por la tierra. Él estudió el sistema radicular. Podía ver que los no-muertos había entrado. Tan cuidadosos como lo había sido él de no tocar el árbol en sí, había rozado una de las raíces gruesas extendidas en el suelo del bosque, ligeramente ennegrecida. La plaga de la raíz era débil, lo que indicaba que el vampiro era astuto y mucho más cuidadoso que la mayoría.
    Zacarías sabía que él estaba en un pequeño espacio confinado con otro depredador, uno malo y astuto, uno que prefería sacrificar a su compañero de caza, para matar a un cazador Cárpato. Un movimiento incorrecto y él estaba muerto, con todo no tenía miedo, ninguna aprehensión. Estaba en la modalidad de guerrero completo. Él entendía que era matar o morir-y él no incurría en equivocaciones. Tenía una paciencia infinita. Tarde o temprano, este vampiro se incitaría a comprobar qué sucedía en el campo. Él vería a su compañero arrastrarse a través de la hierba de la sierra, cortando sus piernas y vientre. Ahora, que el hombre sin honor había tenido el gusto de la sangre poderosa de Zacarías, la compulsión sutil estaría trabajando en él, creciendo su adicción hasta que no le importara nada más que el sabor de esa sangre.
    Zacarías esperó allí en la oscuridad, tratando de no aspirar el hedor del no – muerto a carne putrefacta. El árbol gimió, el único otro sonido era el del llanto continuo del hombre sin honor mientras se arrastraba por la tierra, siguiendo a las gotitas evasivas de sangre. El vio la hierba cortar sus manos, sus brazos y el vientre, inclusive su cara y su lengua, pero la compulsión estaba sobre él ahora, la necesidad terrible por más de aquella sangre preciosa.
    Una cuidadosa agitación a la izquierda de Zacarías entregó la posición del enemigo. La criatura se movía silenciosamente hacia delante con el fin de obtener una mejor visión del campo. Estaba cada vez más cansado de esperar. Zacarías supo que estaba empezando a cuestionar si él estaba realmente allí. No había corrido hacía la nube de tormenta como Ruslan les había dicho que haría. No se había mostrado. Habían seguido el rastro de sangre y olido la sangre fresca.
    Zacarías pudo haber huido a encontrar otro lugar para sanar de lo que más probable fuera una herida mortal.
    Como un cazador de los Cárpatos, Zacarías lo había visto todo, conocía el funcionamiento de la mente de sus oponentes. La paciencia nunca fue un punto fuerte de los Nosferatus, aunque, hasta ahora, el tercer conspirador no se había entregado. Se trasladó a la posición detrás del vampiro con mal olor, cuidando de no perturbar el aire en la jaula ahora parado entre las raíces. El aire estaba tan quieto, la menor corriente podría advertirle a su enemigo. Una vez en el lugar perfecto, colocó el puño a una pulgada escasa de la parte posterior del no muerto y lo estrelló a través del hueso y los tendones, directo al corazón. Al mismo tiempo, que atrapó a la garganta del vampiro, impidiéndole gritar.
    La sangre acida, gruesa y negra, se vertió sobre su mano y brazo mientras extraía lentamente el latido del órgano marchito. Los dedos de su otra mano clavada en su garganta, arrancando la laringe, para que ningún sonido pudiera salir y de traicionar a su presencia.
    En lo alto, en el cielo, relámpagos azotaban comenzaron a golpear el prado, cruzando el campo abierto, donde el hombre sin honor se arrastraba. Cientos de golpes hicieron temblar el suelo, rayos llovían desde el cielo, grandes espadas dentadas golpeaban una y otra vez, un ataque vertiginoso que estaba en todas partes. Era imposible de ver donde caía cada golpe, el rango era muy amplio, sin embargo, no hizo explotar ningún árbol, sólo caía cerca de ellos.
    Uno de los relámpagos golpeó el corazón fuera de la jaula de raíces donde Zacarías lo arrojó. El corazón se incineró inmediatamente. Sin piedad, Zacarías arrojó el cadáver de vampiro entre las barras de las raíces gruesas leñosas, permitiendo al relámpago quemar esto también. Él aclaró sus manos y brazos en la energía candente limpiadora, permitiendo a la tormenta de relámpago seguir unos momentos más sobre el campo, para no entregar su posición.
    Todo quedo absolutamente silencioso de nuevo. El cielo se despejó, las estrellas brillaban arriba, y sólo una ondulante masa de turbulencia indicaba que había problemas. La hierba apareció ennegrecida en algunos puntos y hubo pocas hojas pequeñas ardiendo enviando chispas junto con espirales de humo negro en el aire. El fuego saltaba y bailaba, multiplicándose rápidamente, sólo pequeñas llamas enviaban ese humo negro tenue en el aire. Varios incendios saltaron a la vida alrededor del hombre sin honor.
    Zacarías permitió que la brisa se deslizara sobre la canopia de modo que las hojas de los árboles crujieran y se agitaran a lo largo del límite de la cerca, a un centenar de metros de distancia donde se encontraba. Al instante la tierra se abrió cerca del árbol con las hojas brillantes, la inmundicia elevándose como un géiser, una enredadera de parra explotó hacia arriba, envolviéndose alrededor del árbol, estrangulando el tronco y el subiendo cada vez más alto, hacia el pabellón, sofocando todo lo que tocaba, todos reaccionaban. La herida más fuerte y más estricta, fue ahogando al árbol de modo extrae la corteza en tiras y con fuerza alarmante, jalando el árbol. Ramas crujían bajo el peso, finalmente se rompieron en pedazos y la cayeron al suelo del bosque.
    El vampiro había golpeado con rapidez y precisión, pero no había cedido su posición. Impresionante. Ruslan había enviado a uno que posiblemente fuera un digno oponente. Zacarías permitió a la brisa ampliarse y soplar sobre el campo para que las columnas de humo comenzaran a estirarse más de la zona y unirse en conjunto, parcialmente oscureciendo la visión. Él fue a deriva en el humo, del mismo color que el humo, nada más que negro grisáceo, casi transparente, el vapor se fusionó cada vez más y reuniendo a los incendios pequeños hasta que el humo se convirtió en un velo sólido, casi impenetrable, oscureciendo toda la visión.
    Debajo de él, hombre sin honor lloraba, sus lágrimas quemaban las hojas de hierba, pero aún así, continuó, frenético ahora, deslizándose como el más bajo gusano, desesperado por encontrar más de la sangre poderosa. No podía vivir sin ella ahora, y nada más le importaba, ciertamente, no Ruslan y sus amenazas y sus vacías promesas. Sólo la sangre. Necesitaba la sangre. Él gemía y babeaba, indiferente ahora de los miles de cortes en su cara y cuerpo, al parecer inconsciente de que la hierba tenía fuerte bordes dentados que cortaba más y más en él. Sólo la sangre importaba, sólo aquella siguiente gota.
    El hombre sin honor no se dio cuenta de las llamas en el suelo o el humo con capas de espesor por encima de su cabeza. El olor del tesoro -el maravilloso, el asombroso, el poderoso tesoro que sólo él podía tener. Nunca lo compartiría y le haría invencible, imposible de matar, más poderoso aún que Ruslan- después de todo, este cazador solitario, era al único Cárpatos que Ruslan temía por encima de los demás. Él sería el gobernante de los vampiros y, finalmente, de los Cárpatos. Los seres humanos no serían más que títeres, ganado para él.
    Aspiró el aire. ¿Era una gota encima de su cabeza? Se dio la vuelta, su lengua tratando frenéticamente de encontrarla en el aire lleno de humo. Si el Cárpatos se mostrara, él le arrancaría el corazón y lo devoraría, y ​​luego consumiría cada gota de sangre, que el cazador tenía en él. Necesitaba la sangre.
    Su lengua no encontraba nada, pero su nariz olía más. Rica. Tentadora. Las gotas habían caído directamente en las heridas en el pecho y el vientre. El Cárpatos tenía que estar cerca y estar sangrando.
    Sus uñas agudas se alargaron a garras afiladas como navajas de afeitar y él comenzó a desgarrar su propia carne, rasgando y pelando para llegar a aquellas preciosas gotas de sangre. Los sonidos eran horrendos, chillidos, llanto de agonía, quejidos desesperados de hambre y necesidad que resonaban durante la noche. Los caballos en el establo reaccionaron, dando patadas y pisando muy fuerte, en una tentativa frenética de evitar el sonido. El ganado en los campos distantes se puso de pie, casi todos al mismo tiempo como si una descarga eléctrica hubiera traspasado la manada.
    A lo lejos, Zacarías escuchó la whop-whop de las hélices del helicóptero. Maldiciendo en su lengua nativa golpeó duro y rápido, extrayendo el corazón de hombre sin honor y arrojándolo lejos en el campo. Se trasladó al amparo del humo, con cuidado de flotar con el viento y no dar su posición al tratar de apresurarse. Él sabía que el otro vampiro atacaría a su compañero gritón, Zacarías estaba en algún lugar en el humo al lado de él. Una vez más, un rayo iluminó el cielo, las rayos del mismo, buscando a todo el mundo como una zona de guerra moderna, las lanzas de candente energía golpeando a la tierra.
    Un rayo cayó en el corazón, incinerándolo, y luego saltó infaliblemente sobre el cuerpo del vampiro, destruyéndolo también.
    Si el ganado se va a estampida. El vampiro se daría cuenta de inmediato que la gente en el helicóptero trabajaba para la familia De La Cruz. Los rancheros saldrán de sus casas a pesar de la orden de permanecer en el interior, sus instintos para salvar a la manada anulando el comando. Más de cebo para el vampiro-que espera que Zacarías los proteja.
    Zacarías llegó a la nube turbulenta que el vampiro había tejido para usar como una trampa, rodando y dando vueltas en el cielo. Estaba cargada de humedad, girando más grande y creciendo destacando encima de los árboles, un embudo oscuro malévolo girando de rabia. Zacarías abrió las compuertas, lo que le permitió a las atrapadas gotas caer sobre el campo y apagar todas las llamas. El humo negro se mezcló con vapor gris, creciendo denso y batiéndose con el viento salvaje hasta que el aire estuvo lleno de humo, polvo y escombros.
    Él atravesó la bruma hacia el helicóptero, maldiciendo mientras lo hacía. El vampiro seguramente atacaría a la primera nave. Era mucho más fácil ser un Cárpatos guerrero indiferente a cualquier cosa, pero matar a su enemigo. La protección de los seres humanos añadía un factor de riesgo enorme y su mente daba vueltas resueltamente hacia la razón. Lo cerró rápido y duro, pero un nudo comenzó a crecer en la boca de su estómago.
    Se deslizó en el helicóptero justo detrás de Julio. Salgan de aquí rápido. Un vampiro está aquí.
    Tan pronto como había empujado la advertencia en la mente de Julio, se fue, arrojando un anillo de protección alrededor de la nave. El ataque llegó justo cuando esperaba, un misil rayo el aire, dejando tras de sí una estela de vapor. El proyectil golpeó el anillo de protección y explotó. Lea, la piloto del helicóptero, gritó y se ladeó rápidamente. No había visto a Zacarías, ni era consciente de la advertencia. Mirando debajo, no podía dejar de ver el humo espeso.
    "Sácanos de aquí, Lea", exigió Julio.
    "Estoy tratando", gritó de nuevo, a pesar de que ambos llevaban una radio.
    El helicóptero se tambaleó cuando algo explotó muy cerca de ellos.
    "Alguien está disparando contra nosotros", exclamó.
    "No, es una explosión del fuego. ¿Puede ver? ", Preguntó Julio.
    "El humo es tan espeso", respondió Lea. "¿Cómo puede ser tan espeso en todas partes?"
    Zacarías podía oír la discusión de los humanos desesperados mientras seguía la trayectoria del misiles hasta el origen. El vampiro se había movido rápidamente cuando lanzó el ataque, con la esperanza de derribar el helicóptero, pero su movimiento de huida dejó un rastro. Y Zacarías podía seguir cualquier rastro no importa cuán leve fuera. Él cruzó el camino exacto de vapor dejado por el proyectil, utilizando la línea de trayectoria para explorar abajo.
    Arriba, atrapados en el humo, el helicóptero parecía estar en problemas. El vampiro alimentaba el humo, vertiendo más en el cielo y el campo para que fuera denso, casi impenetrable. Zacarías se fue tras él. Si él se quedaba y trataba de ayudar a los dos en el helicóptero, los hombres saldrían de sus casas para llegar a la ganadería que estaría en peligro. Tenía que parar al no muerto.
    El vampiro ha sido muy inteligente, ocultándose casi a la intemperie. Una vez justo encima del escondite, Zacarías pudo ver donde había utilizado el terreno natural, como se sumergió por debajo de la línea de la cerca en la pendiente. Los arbustos eran finos allí, pero se había manejado en la escasa vegetación, sin tocar una sola hoja. La hierba donde había estado estaba encogida y de marrón opaco, algunas hojas temblaban, atestiguando el hecho de que no muertos había abandonado recientemente su escondite.
    El vampiro circuló al amparo de la espesa humareda, se apresuró a cambiar de posición, pasando cerca del puesto de cubiertas de viñedos en la valla exterior. Las hojas y la maraña de arbustos retrocedieron sutilmente. Zacarías siguió ese camino débil. A lo lejos, se oía el miedo en el berrear de los bovinos y los sonidos de los hombres precipitándose a los caballos. Los no-muertos tenía un objetivo. La estampida de la manada, con lo que tendrían muchas víctimas potenciales, lo que le daría ventajas.
    Por encima de Zacarías el helicóptero se tambaleó torpemente cuando otro proyectil estalló contra el anillo de protección. Calmó el viento salvaje, enviándolo fuera y lejos de la nube de embudo para dispersar el humo, para que el piloto del helicóptero tuviera una manera de ver un lugar abierto para que el pájaro de metal tocara el suelo de forma segura.
    Los hombres fluyeron de las casas, saltando sobre los lomos de los caballos, en carreras salvajes hacia los campos donde el ganado había estado semi abrigado por las suaves pendientes que se levanta y los altos árboles de sombra. Sacarías como un rayo se colocó delante del vampiros, levantando una barrera para el no-muertos que golpeó y rebotó, encontrando a sí mismo sentado en el centro del campo quemado.
    Zacarías se materializó una distancia de él. "Yo te conozco. Usted debería haberlo sabido mejor, que tratar de darme caza. "
    El vampiro se levantó lentamente, quitándose el polvo de sus ropas con un cuidado meticuloso. Hizo una profunda reverencia, y luego se paró derecho y alto. ¿Quién podría resistir picar el ingenio enfrentando al gran y todopoderoso Zacarías de la Cruz? Eres la cosa de leyendas. Cualquiera que le derrotara sería conocido por todos los tiempos. "
    "Y usted es el hombre indicado para hacerlo", dijo Zacarías suavemente. Él mantuvo su tono de voz bajo y melodioso, incluso, un marcado contraste con el vampiro que tuvo que trabajar para modular su voz. Todo el tiempo escuchaba los sonidos de los hombres desesperados tratando de calmar a la inquieta manada.
    La acumulación de electricidad en el aire le dijo que el vampiro intentaría usar los relámpagos para animar al ganado a salir en estampida. Zacarías agitó una mano casual hacia el cielo luchando contra la carga eléctrica. El aire se calmó, todas las nubes desaparecieron.
    "Un viejo truco, " dijo el vampiro. " Pero usted no puede proteger a todos ellos de mí. "
    Insectos estallaron de la tierra, miles de ellos, una plaga de bichos hambrientos, desesperados por alimento. Ellos tomaron al aire, volando directamente hacía Zacarías, la migración se dirigía al ganado, a los caballos y los hombres detrás de él. Él parecía un pequeño obstáculo en su camino.
    Zacarías se encogió de hombros. Permaneció calmado, sin moverse cuando los insectos se acercaron a él. ¿Qué me importa eso a mí? Tengo un objetivo. “Uno. "
    Él rió cuando el viento cambió, recogiéndolos, y alejándolos de él enviándolos directamente al vampiro. Las hojas serradas de la hierba se clavaron por el aire como mil cuchillos. Los insectos trataron de devorarlo en el aire, la fuerza del viento los hizo volar hacia atrás junto con la hierba. Las hojas golpearon al vampiro con tal fuerza que atravesó su cuerpo antes de que él se diera cuenta que estaban ocultas en la masa de insectos. Cientos de hierba se clavaron como lanzas lo empalaron de la cabeza a los pies. Inmediatamente los insectos lo cubrieron, desesperados por alimentarse de sus heridas.
    Zacarías se materializó a pulgadas delante del vampiro, golpeando su puño a través de huesos, músculos, y de la sangre ácida. Insectos llovieron en la tierra, muriendo cuando tocaban la sangre horrible poco natural de los no muertos.
    " Destruyo a los vampiros, " susurró Zacarías, mirándolo directamente a los ojos, su mirada fija desapasionada que lo dijo todo. " Es mi objetivo." Él extrajo el corazón ennegrecido, marchito y lo lanzó en la masa en movimientos de los agonizantes insectos.
    El relámpago se bifurcó a través del cielo y se cerró de golpe en la montaña de cuerpos, incinerando el corazón así como a los insectos. Zacarías dio un paso atrás con calma y permitió al cuerpo caer de modo que la energía pudiera incinerar los restos.
    Se quedó por un momento, permitiendo que el aire fresco de la noche a tomará el hedor de los no muertos de su nariz antes de voltearse para determinar si el helicóptero había aterrizado a salvo. Julio corría por el campo abierto, justo frente al hangar, la mano de Lea en el suya, ambos se dirigían al establo, supuestamente para ayudar con el ganado.
    A pesar de la forma en que el suelo tembló bajo los golpes de los cascos del ganado que comenzaron a correr sin pensar, la mirada de Zacarías fue tirada infaliblemente, incluso compulsivamente, hacía la hacienda. Ella estaba allí. Margarita. Acurrucada en su interior. Sola. La había abandonado sin piedad, y lo volvería a hacer una y otra, y otra vez. Él pasó sus dedos por la masa de pelo grueso.
    No había luces encendidas en la casa principal-la única estructura todavía a oscuras en la propiedad. Tan pronto como la alarma sonó salieron de prisa para custodiar al ganado que necesitaba ayuda, todas las casas en la propiedad habían cobrado vida-con excepción de la casa de Margarita. Podría haber tocado su mente- sin duda cada célula en su cuerpo la necesitaba, necesitaba la profunda conexión – pero él se negó.
    En el momento en que la tocara, sentiría. El miedo de que terror se arrastre a través de su cuerpo- miedo de que ella se arrepintiera de su decisión y quisiera romper los lazos entre ellos. Solo en el medio del campo vacío, quemado, no tenía que sentir nada.
    Detrás de él oyó gritar Cesaro. La masiva manada sonaba como un trueno acercándose. Cesaro, Julio y otros dos estaban tratando de dar vuelta a los animales que corrían. Los bueyes eran animales grandes, musculosos, la cabeza baja, los ojos en blanco, corriendo hacia la valla que separaba a Zacarías del peligro.
    Cesaro disparó su rifle en el aire en un último esfuerzo para convencer al ganado. Se estrellaron contra la valla con el pecho amplio, rompiendo la madera como si fueran ramitas. El ganado bramó y gritó, el polvo se levantaba en nubes cuando atravesaron la valla.
    Zacarías podía oír los gritos de Cesaro y su hijo, advirtiéndole que corriera. Se volvió hacia los novillos enormes, con una mano en el aire. Permitiendo que el depredador saliera la superficie, siseó una advertencia en el aire entre ellos, impregnando el olor de un depredador peligroso en ella. Él envió una amenaza intimidatoria en una línea recta, una larga pared de disuasión a sólo unos pies de él.
    Los desbocados animales se volvieron bruscamente, girando alrededor en un semicírculo, de repente con más miedo de lo que estaba delante de ellos que de los animales fuertes detrás de ellos. Más animales se abalanzaron sobre él, pero el olor de peligro era abrumador. No pasó mucho tiempo para que el ganado confundido berreara, y lentamente diera la vuelta, lo que permitió a los vaqueros tomar el control.
    Julio montó más de cerca. El caballo bailando hacia los lados, tratando de acercarse a Zacarías. "La piloto, Lea Eldridge, no es uno de nosotros. Vio cosas que no puedo explicarle. "
    Zacarías asintió con la cabeza. Julio permaneció inmóvil, controlando su caballo con las rodillas y las manos. Zacarías arqueó una ceja en interrogación.
    "Es sólo que ella salvó la vida a Ricco y ella es amiga de Margarita".
    La voz de Julio le dijo a Zacarías mucho más de lo que Julio estaba dispuesto a dar. Se podría decir que la mujer no tenía cabida en su mundo, pero en secreto, deseaba que lo hiciera.
    "Voy a tener cuidado de los recuerdos que quite cuando llegue el momento", dijo Zacarías.
    ¿Está usted bien?
    ¿Por qué lo preguntas?
    Julio dudó. "Sus ojos, señor, están brillantes. ¿Tiene necesidad… "
    Zacarías negó con la cabeza. La destrucción de los no-muertos pasaba factura a todos los cazadores. La pérdida de vidas no se hacía a la ligera o sin consecuencias. Julio ya le temía, todos los trabajadores, incluso Cesaro. Pero no podía explicar los peligros a que enfrentaba cada vez que tomaba una que la vida-incluso la de un vampiro. La extracción de sangre era una tentación, muy peligrosa después de la pérdida de vidas. Él inclinó la cabeza en agradecimiento, y luego se alejó del hombre. En verdad, se retiró lejos de la vista del caballo nervioso.
    Margarita había señalado que el Caballo Peruano de Paso, por lo menos los que se crían en su rancho, fueron criados por su temperamento, así como sus habilidades. Ellos era reconocidos por su naturaleza estable frente a la adversidad. Finalmente había sido capaz de montar, que fluyendo sobre la tierra, su espíritu conectado a los animales, sin embargo, ahora, el caballo ni siquiera reconocía que era la misma persona. El asesino estaba demasiado cerca de la superficie.
    Zacarías se alejó del campo de batalla, el humo y el olor persistente de la muerte a la deriva, y regresó a la casa principal, de nuevo a ella.
    A Margarita. Susu – no su lugar de nacimiento, pero era la casa de la mujer que llamó päläfertiil-compañera. El único lugar en el que realmente podía encontrar la paz estaba con ella. La única vez que realmente cobró vida fue con ella. La única manera de dejar el mundo de la mitad de las sombras fue llenando sus espacios vacíos con su brillante luz. Margarita era sivam és sielam-su corazón y su alma. No había que reconocer el hecho de que sin su espíritu rozándolo, no tenía corazón o alma, simplemente lugares que estaban como tamices, llenos de millones de agujeros que ya no se conectaban o cualquier cosa que valiera la pena salvar.
    No había querido esto. Había ido demasiado lejos mientras buscaba a los no muertos, un cazador solitario, que vive en un aislamiento estricto, el mundo hacía tiempo que había pasado a su lado. No entendía las formas modernas. Tantos siglos de caminar por la tierra cazando la presa, le había mantenido a distancia, eliminado de otras especies. No sabía nada de los seres humanos y, ciertamente, nada de mujeres, pero después de sentirla dentro de de él, de estar dentro de ella, no había vuelta atrás.
    Se acercó al deteriorado camino de los escalones en la entrada, vio las flores y los arbustos. Todos eran de un gris opaco, sin colores brillantes para él hasta que entró y unió a su mente a la de Margarita. Una parte de él se resistió a esta nuevo camino, pero ya era una droga en su sistema, una adicción contra la cual no podía defenderse. Necesitaba a los colores vivos, las prisas de la emoción, el placer que nunca había experimentado. Margarita era la risa y la frustración. Ella era un intrigante rompecabezas que no podía resolver.
    Subió las escaleras, un acto sencillo, pero algo dentro de él, algo duro y nervioso parecía arreglarse. Él sintió su cierre. Ella todavía estaba cerrada a él y no permitía que su mente buscara a la suya. Tenía que ver a su cara para saber si podía aceptar esta parte de él. Él era un conocido depredador de animales. Sabía que su rostro estaba afilado por la batalla, áspero y grabado con la estampa de un asesino. Sus ojos aún estarían brillantes, sus caninos afilados y un poco extendidos.
    Ella tenía que verlo como es. Era difícil aceptar a los Cárpatos, pero a un cazador era aterrador. No tenía idea de qué haría si lo rechazaba. Llevarla fuera a su guarida y tratar de encontrar una manera de hacerla feliz, ¿tal vez? Imposible. Él negó con la cabeza, con la palma de su mano apoyada en la puerta, sólo a la altura de la cabeza. Esta era una situación imposible. Por todo lo que era santo, ¿Qué estaba pensando el destino? Una mujer de los Cárpatos, una antigua habría tenido dificultades con él. Pero ¿un ser humano? Una mujer sin experiencia con un hombre duro, dominante, que iba a gobernar sin ternura. Sin las cosas que una mujer necesita ¿Cómo le sería posible hacerle frente?
    Tuvo cuidado en eliminar todas las salvaguardas. Los hombres de los Cárpatos podían salir de sus casas, pero volver a estar en el interior era difícil – doloroso – y peligroso. Abrió la puerta y entró. Normalmente, dentro de una estructura, se encontraba con dificultad para respirar. Fuera, el viento le mantenía al tanto del peligro. En el interior, el olor de los humanos y la forma en que vivían hacia caso omiso de todo lo de valor para él. Ahora, cuando se inhalaba, olía a -Margarita.
    Su fragancia era de toda una mujer. Suave y sutil. Olía como un milagro. Limpia y fresca que pertenecen a la lluvia en el bosque. El silenció sus pasos por el pasillo, no queriendo darle tiempo para prepararse. Tenía que verlo como era y tenía que ver su cara, su verdadera expresión. Tocar su mente le diría todo, pero una vez que su mente estaba en la suya, el vínculo se haría cargo de su compañera y enmascaría sus miedos y su verdadera reacción inicial a él.
    Entró en su dormitorio. La habitación estaba completamente a oscuras. Las cortinas permanecieron cerradas, bloqueando la luna. Margarita estaba amontonada en una esquina, en el suelo. Su rostro estaba surcado de lágrimas, sus manos estaban apretadas sobre las orejas. Por supuesto que había oído los sonidos de la batalla, los gritos de sus queridos caballos y los berridos de los bovinos. No podía dejar de saber que el rebaño había salido en estampida, no con el estruendo, los truenos y los cascos golpeando contra el suelo. Su sangre había aumentado todos sus sentidos.
    Su largo cabello estaba suelto, todos los hilos de seda, e incluso ahora, en su peor estado depredador, pudo ver que la masa espesa era un negro auténtico, brillante, sin siquiera la luz para mostrar el tono azuloso oculto. La miró durante un largo rato, prolongando la espera, no queriendo saber la verdad, pero necesitándola, al mismo tiempo. Tomó aliento, la dibujo en sus pulmones y su tomo su voluntad para que mirara hacia arriba.

CAPITULO CATORCE

    Ahora. Mírame ahora. Empujó la compulsión en la habitación y contuvo el aliento mientras Margarita levantaba la cabeza.
    Sus ojos estaban empapados en lágrimas. Enormes, hermosos, ojos color chocolate. Su mirada clavada en él, y la vio recuperar el aliento. Sus pechos se levantaron y cayeron en un movimiento suave y femenino. Ella tragó como si algo se interpuso en su garganta. Se retorcía los dedos tan estrechamente juntos que estaban blancos. Pero fue su cara se centró en el.
    Ella lo miró fijamente durante lo que pareció la eternidad. Muy lentamente se puso de pie, subiendo por la pared, con los ojos muy abiertos, moviéndose sobre él pulgada a pulgada, en busca de daños. Con cuidado lo inspeccionó. Cuando su mirada volvió a su rostro, cruzó los pocos pasos para estar de pie delante de él. Sus manos enmarcaron su rostro y luego se deslizaron sobre él, un toque de sus dedos, ligeros como una pluma, pero la obvia caricia envió una sacudida a través de su cuerpo.
    Una mezcla de emociones cruzó su cara, tan fácil de leer. Ella no podía hablar, pero sus sentimientos eran transparentes. Alivio. Alegría. Miedo. Todo estaba ahí, pero su corazón tomó un golpe rítmico cuando incluso no se había dado cuenta que balbuceaba, junto con su respiración entrecortada.
    Envolvió su mano alrededor de su nuca y la atrajo cerca de su cuerpo, sosteniendo su cabeza contra su pecho, deslizando su brazo alrededor de ella para sentir su cuerpo contra el suyo. Ella se fundió en él, sus brazos rodeando su cintura. Ella lo sostuvo como si él necesitara consuelo, consolarse a ella misma. O tal vez los dos necesitaban consuelo. Apoyó la cabeza en la parte superior de su cabeza y dejó filtrar la paz en su mente y corazón. Ella no lo había visto como si fuera un monstruo. Tenía miedo, pero por él, no de él. Tal vez tener a esa hermosa lunática por compañera era la solución perfecta para un hombre perdido como él. Ella no sabía lo suficiente como para temerle.
    Sostenerla no era suficiente. Él la necesitaba dentro de él. "Ven a mí, sívamet. Te necesito dentro de mí. "Susurró la invitación a la nube de color azul medianoche y negro de su cabello.
    Ella levantó la cabeza y lo miró a los ojos. Él sintió que caía. El suelo bajo sus pies cambiaba. Entró en él lentamente, como tibia melaza, gruesa y perfecta, llenándolo con su brillo, llenando los huecos en su corazón y el alma, la reducción las conexiones rotas y la conduciendo las sombras fuera de él. Ella lo llenó con-ella. Su espíritu se movió contra él. Su alma la reconoció. Ella se convirtió en el ritmo de su corazón.
    Zacarías nunca había necesitado nada ni a nadie. Ahora ya no podía vivir sin ella. Ella lo hizo tan vulnerable como un recién nacido. Él sabía que sería para siempre.
    Había vivido siempre, pero ahora, con ella, con Margarita, todo era diferente. Siempre que no iba a ser ni siquiera de cerca suficiente con ella. Él parpadeó varias veces, los colores de la habitación a oscuras tan vivos y brillante que lastimaba los ojos. Margarita era el color, todas las tonalidades intensas, hermosas que estallaban frente a sus ojos cuando ella estaba en él.
    Con la mano envuelta alrededor de su garganta, obligó a la cabeza de modo que sus ojos negros se vieron obligados a cumplir con los suyos. Su corazón tartamudeó en su pecho. Su cuerpo se estremecía. Sentía como si hubiera sido golpeado por un tsunami y que estaba siendo arrastrado, ahogándose. Tal vez se había estado ahogando siempre y nunca se había dado cuenta de la sensación hasta que su mente conectó todos los puntos, pero ahora, sabía que el agua se había cerrado sobre su cabeza y que estaba debajo.
    Sólo estaba Margarita en su mundo. Margarita con su piel suave y la luz que vierte en su alma oscura. Era una cosa extraña para un hombre que había pasado la vida completamente solo sin necesidades. Era incómodo y desconocido, pero la necesidad era mayor que cualquier otra cosa en este mundo. Ella era tan frágil, tan vulnerable. Él podía aplastarla fácilmente, sin embargo, ella tenía todo el poder.
    Ahogándose en sus ojos, una ráfaga de fuego se extendió por él. La necesidad se convirtió en física, saltando de su mente a su cuerpo, una llama peligrosa, tan caliente y tan cruda, todos los músculos tensos cuando la sangre caliente corriendo como el fuego desde todos los puntos en su cuerpo para llenar la ingle con una demanda terrible, arañando. La lujuria quemando profunda y desgarradoramente. Mientras que antes, su necesidad había sido el hambre, ahora era Margarita. Todos lo de ella, su sangre, su cuerpo, su mente y su corazón y alma. La necesitaba.
    Ella le dio vida. Ella le hizo experimentar lo que no podía. Dolor. Placer. Pesar. La risa. Ira. Alegría. Ella era la vida. Ahora era su vida. Su todo. No podía vivir sin las emociones y los colores que le trajo, o la diapositiva suave de su mente contra la suya, el calor que derretía todo ese hielo en sus venas. La necesitaba.
    Ella le acarició su mandíbula sombreada con los dedos y un toque ligero, ese susurro de una caricia ardiente, algo que encendió crudo y primitivo en lo profundo de él. La lujuria y el hambre golpeó con un brutal puñetazo, una necesidad feroz desgarraba en el estómago, llenando su ingle hasta que dolía más allá de toda razón.
    Levantó la barbilla y tomó su boca sin más preámbulos. No hay beso suave. No hay ternura apacible. Él tomó lo que era suyo, reclamando su boca con la suya.
    "Tengo que estar dentro de ti. Profundamente dentro de ti. ¿Entiendes, Margarita? "
    Era una pregunta imposible. ¿Cómo iba a entender? El mundo en que vivía en y el que ella le ofrecía estaban en total contraste el uno con el otro. Él entendió que el uno necesitaba al otro. Para un cazador de los Cárpatos, que necesitar era la peor obsesión posible.
    Su beso se volvió áspero cuando las emociones ocultas lo llenaron, un volcán, reprimido durante mucho tiempo, edificando y construyéndose dentro de él. Enfurecido con ella por tener tal poder sobre él. Le había dicho que no era bruja, pero el hechizo era más fuerte que cualquier otro que hubiera encontrado, la red más bonita, pero no menos letal que cualquier trampa alguna vez surgió para él. Fue capturado. Por esto. Por ella. Margarita. Sus dedos se clavaron en sus hombros y la sacudió un poco por la ira del momento.
    Ella lo había arrastrado lejos de su eterno descanso, le obligó a enfrentarse a su pasado, a los recuerdos largamente enterrados – y olvidado. Había puesto las cosas en una bóveda y encerrados a cal y canto para nunca para volver a verlos. Abrió las compuertas y el sol le abrasó, era adicto a ella y las vivas e intensas emociones que le permitía sentir.
    Se dio cuenta pocos momentos después de matar a los vampiros, cuando los caballos lo rechazaron, cuando el ganado dio la vuelta, huyendo de él, prefiriendo lo desconocido que acercarse a él, que había estado muerto de miedo. No había conectado los sentimientos hasta que ella se vertió en él, pero ella lo había reducido a esto. Un guerrero más allá de toda medida, y que había sido llevado casi hasta ponerse de rodillas por el pensamiento de que pudiera alejarse de él.
    Su boca tomó la de ella una y otra vez, prologando el calor, besos bruscos. Él no le dio oportunidad de respirar, de alejarse, de ser otra cosa que lo que quería que ella fuera. Suya. Suya únicamente. Toda suya. Ella se apoyó en él, dándose a sí misma, pero no fue suficiente para él. Podía oír los gruñidos en su garganta, pero no podía parar. La fuerza dentro de él le exigía que le diera todo.
    Él usó las manos para deshacerse de su ropa, su enorme fuerza, para brutalmente rasgar la blusa y desgarrar la falda para llegar a su suave piel. Él se convirtió en un loco frenético, desesperado por eliminar todas las barreras entre él y su cuerpo. Ella no le pregunto, pero se mantuvo quieta bajo sus ásperas manos, hasta que la había dejado desnuda.
    Hizo una pausa por un momento, para mirar su cuerpo desnudo, todas las curvas suaves y el calor femenino. Esta mujer era su única salvación, la única manera de seguir viviendo y mantener la cordura. Ella era su cordura, su vida, y él demanda cosas imposibles de ella, pero no podía renunciar a ella, no importa que pudiera ser lo más honorable de hacer. Estaba demasiado lejos. Con un gemido y un pequeño movimiento de su mano se quitó su ropa y tomó su boca otra vez.
    Se hundió en el calor y la promesa de seda. Su lengua se deslizó a lo largo de ella. Le llenó la boca de la manera en que quería llenar su cuerpo, con fuerza y profundamente, sosteniéndola todavía para asaltar a los sentidos. Besó un camino bajando por su rostro hasta su garganta, la lengua chasqueando sobre las mordeduras que fue dejando a lo largo de su piel, un rastro de su posesión. Su mano encontró el peso suave de su pecho y ahuecó el paraíso en la palma de su mano, con los dientes, la lengua y los labios para encontrar el camino a la elevación cremosas.
    El lamió su pulso frenético. Lo sintió crecer todavía, su cuerpo temblaba. Lamió su pezón y lo mordió con cuidado con sus dientes, luego con más fuerza, tirando, excitándola, enviando relámpagos a través de su cuerpo. Sintió la reacción, y la levantó, gruñendo, desesperado por ella.
    "Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura y cruza tus tobillos. Ponga sus manos alrededor de mi cuello. "Su orden brusca apenas fue audible.
    Ella contuvo el aliento, sabiendo cuan abierta estaría para él, pero ella obedeció sin titubear. Cerró los ojos, sintiendo su calor, deslizándose por su vientre. Ella impulso contra él y sintió el tirón de respuesta de su polla. Estaba desesperado por estar dentro de su refugio, encerrarse y bloquearse a sí mismo allí, lejos del resto del mundo. Lejos de la sangre y la muerte. Eligió la vida y él eligió a Margarita.
    Sus dedos flexionados en sus caderas, fue su única advertencia, y él la colgó en la erección creciente. Él era tan grueso y duro, se condujo a través de sus pliegues apretados. La sensación explotó a través de él, la luna levantándose sobre el río, esparciéndose a través de su cuerpo para hacerse cargo de todas las células. Su vaina tenía un calor abrasador, abrasando su alma, expulsando todas las sombras, el exquisito placer golpeando por sus venas. Él la sostuvo, sus manos impulsándola a bajar sobre él sin piedad, sus caderas se levantaron para hacer frente a ese paraíso ardiente tan suave como terciopelo. Se había perdido por un tiempo, perdido en el éxtasis, palpitando en ella, volteando así el podría apoyarse de espaldas contra la pared y seguir conduciéndose como un martillo neumático, sintiendo cada movimiento a través de su cuerpo, cada ondulación de suyo.
    Su aliento se convirtió en jadeos desiguales, sus senos rebotando contra él los pezones frotándose encima de su pecho. Su pelo estaba en todas partes, rozando más su piel en una caída sensual. Se dejó ir, dejó al monstruo reinar, le dio el poder. Él la tomó salvajemente, tomando todo para él, su placer, su necesidad de manejarlo.
    Él le acarició el cuello, quería más, pero no pudo llegar a ella con su cabeza apoyada en su hombro. Ponga su cabeza hacia atrás, él ordenó.
    Ella lo hizo así inmediatamente, echando su cabeza atrás. Sus senos sobresalían hacia él, una hermosa vista, rebotando con cada duro empuje. No tenía otra opción, sólo montarlo, él rechazó darle un respiro, incluso cuando su cuerpo se contrajo alrededor de suyo, una y otra vez. Él simplemente la condujo más alto. Tomando de ella sin inhibición. Necesitando esto. Necesitando – todo, queriendo sentir su orgasmo una y otra vez, deseando que el placer estallara detrás de sus ojos y corriera por sus piernas hasta el centro en su ingle.
    Más. Dame más. Una vez más, Margarita. Una vez más.
    Su cabeza estaba llena de lujuria erótica, la necesidad de manejar lo necesario. Se las arregló para recordar deslizar la lengua por el cuello antes de que él la mordiera profundamente. El sabor explotó en su boca, en su mente y se precipitó como una bola de fuego en su ingle. Su cuerpo se fue a otro orgasmo, uno detrás de otro, su vaina lo apretaba con tanta fuerza que lo estaba estrangulando. Podía oír sus jadeos y súplicas en alguna parte de su mente, pero no fue suficiente. Él necesitaba más. No podía salir de aquel infierno de placer puro, sin adulterar. Su cielo. Se había perdido allí. Sin sentido.
    Él quiso consumirla, ser parte de ella, vivir dentro de su piel. Sentir esto. El lugar perfecto, el momento perfecto, con sus súplicas por la misericordia y su cuerpo entregándose a él, dándole más placer del que ella nunca había soñado o imaginado. Sabría siempre que era suya. Nadie más le haría nunca esas cosas a su cuerpo. Le haría sentir como él hizo.
    Esta era su obsesión. Su marca de propiedad. Esto era amor. La realización de lo que estaba haciendo lo invadió. Lo impresionó.
    Totalmente sorprendido. Él era su amante. Tratando de decirle sin palabras la intensidad de lo que él sentía por ella. ¿Cómo podría decirlo cuando no reconocía la sensación? Estaba solo aquí, profundamente en su cuerpo, cuando supo la absoluta verdad desnuda, cruda. Esto no era un castigo por haberle dado la vida. No era propiedad, posesión u obsesión. Esto era amor. Su amor, tan áspero, crudo y salvaje como lo era él. La rabia dentro de él, manando como un volcán, amenazando con estallar y destruirlos ambos – era su amor por ella. Lo decía con su cuerpo ya que no sabía decirlo con palabras. Él la adoraba. Dándose a ella, consumiéndose en su fuego.
    Pasó la lengua sobre la fresa brillante en su cuello y levantó la cabeza para mirarla a los ojos mientras sentía el volcán llevarlo, barriéndolo como el estallido de un cohete, matándolo con el salvaje y caliente placer, así que volvió a nacer, rehecho. Como un ave fénix que renace de las cenizas. Insolándolo, debería haber sido más cuidadoso con ella.
    Su amonestación suave se deslizó en su mente. Ámame de cualquier manera que quieras, Zacarías. Siento su amor en todo lo que me haces. No son necesarias las palabras. No necesito que seas suave. Sí, a veces tengo un poco de miedo, pero sé que nunca me harías daño. Apoyó la cabeza en su hombro, su cuerpo alrededor de suyo, casi fundiéndose con él de modo que se sintiera como si tuvieran la misma piel. Su cabello estaba húmedo. Así como su piel.
    Él la abrazó hasta que su corazón se desaceleró de un ritmo peligroso a uno más controlado. La besó en el punto ideal, la unión entre su cuello y hombros, una y otra vez y luego se arrastro por el cuello hasta encontrar a su boca.
    Él nunca había pedido disculpas a cualquier persona en su vida. Lo siento, debería haber sido más cuidadoso contigo. Fue más fácil empujar las palabras en su mente, en lugar de decirlas en voz alta. Se sentía tan parte de ella, su polla aún muy dentro de ella, aún palpitaba, mientras que su cuerpo pulsaba alrededor con réplicas continuas.
    Sus manos acariciaron sus oídos, y ella levantó la cabeza para mirarlo antes de que iniciara otro beso. Sus labios se deslizaron por los suyos, con su lengua encontró la costura de su boca, provocándolo para entrar. Él la dejó tomar control, la dejó explorar su boca, amando la manera en que ella se daba incondicionalmente a él. Estaba adolorida. Él había sido un salvaje, su polla un martillo neumático. Él había pasado un largo rato, sin sentido perdido en ella. Amé cada segundo. Siéntete libre en cualquier momento. Puede ser que mañana este adolorida, pero se siente maravilloso saber que me hacías el amor a mí. Se amaron a fondo. Él había dado todo que él era a ella. Y no exigió menos de ella. Y parecía más fácil referirse a sus cuerpos que a sus corazones.
    Sus dientes tiraron de su labio inferior. Sintió su diversión mientras lentamente permitió que su cuerpo se separara de ella. Muy suavemente, bajó sus pies al suelo, sosteniéndola hasta que estuvo seguro de sus piernas estaban lo suficientemente estables como para sostenerla. A lo lejos, fuera de la casa, se oyó pasos.
    "Tenemos compañía", dijo Zacarías. "Tu amigo Julio y la mujer que voló el helicóptero." Ahuecando sus pechos, reacio a renunciar a hasta unos pocos minutos con ella. Él quería que esta noche fuera para sí mismo.
    Lea Eldridge. Margarita colocó sus manos en su pecho desnudo y lo empujó. Voy a tener que salir lo más rápido posible. Ella no puede verte. Su hermano y su amigo están demasiado interesados ​​ en ti . Vete. Date prisa, Zacarías, mientras me visto.
    Él sonrió, su palma moldeando su garganta, inclinando su cabeza levantándola hacia la suya. “Soy su protector. Me quedaré y conoceré a esta mujer.” Su cara palideció, sus ojos se obscurecieron y se abrieron par en par por el shock. Él no pudo resistir inclinar su cabeza para rozar sus labios entreabiertos con los suyos. Ella parpadeó, y luego sacudido su cabeza desesperadamente.
    Es demasiado peligroso dejarle verte. Si ella accidentalmente mete la pata y avisa a su hermano que estás en la residencia, le dirá a su horrible amigo.
    En serio, no te quedes de pie allí riéndote de mí, tienes que irte.
    Miró a su alrededor buscando su ropa, presionando con ambas manos su boca cuando un rubor recorrió todo su cuerpo. Sus ropas estaban en ruinas, destrozadas por sus manos ante su urgencia. Le encantaba la forma en que veía, impotente y vulnerable. Ella era toda la piel suave y generosas curvas, su pelo salvaje cayendo en todas direcciones alrededor de su cuerpo, las hebras de seda capturaron sensualmente los pezones y viajaban en ondas hasta la curva de su trasero, muy sexy. Las marcas de su posesión estaban por todas partes, en su piel, señales rojas, manchas oscuras, sus huellas dactilares, marcas de mordeduras. Ella era hermosa para él. Él no pudo resistirse a barrer sus manos sobre sus pechos cremosos, observando a su aliento quedar capturado en sus pulmones.
    Le encantaba la forma en que los músculos de su estómago se contraían bajo su palma cuando el descendió más abajo, la forma en que amplió su postura para dar cabida a la búsqueda de su mano haciéndole saber que aceptaba la posesión de su cuerpo. Ella estaba caliente y resbaladiza de hacer el amor y olía a él. Él estaba grabado profundamente en ella ahora, y ese conocimiento le agradaba. No importaba que viviera en los tiempos modernos, el era un retroceso y las maneras de su mundo siempre serían una parte de él. Él quería que otros hombres supieran que le pertenecía, y que estaba protegida y tomada.
    Sus dedos se adentraron un poco más profundo, en aquel paso caliente, húmedo y sus caderas corcovearon en la respuesta. Su cuerpo temblaba. Le encantaba sentir el escalofrío de necesidad moverse a través de su mente y cuerpo. Inclinó la cabeza para provocar su pezón, tomándose su tiempo, haciéndole saber que le pertenecía a él y que poco le importaba lo que el resto del mundo estaba haciendo mientras él tomaba su placer. Y le daba placer ver sus pequeños jadeos, el color extendiéndose en su piel y la mirada aturdida en sus ojos. Le encantaba el deseo ardiente allí, la necesidad y el hambre por él.
    Empujó dos dedos profundamente en todo ese calor abrasador. Pensó que la apretada vaina de fuego era suya. Todo para él. Todo el deseo intenso y necesidad reunida en sus ojos era para él. Su boca entreabierta. Esa mirada vidriosa de asombro. Su respiración entrecortada. Su pulgar encontró su punto más sensible, rozándolo moviéndolos rápidamente, mientras sus otros dedos entraban profundamente. Dejó un rastro húmedo con sus dientes, lengua y labios por su cuello y pecho hasta su destino final.
    Él no pudo resistirse a meter el pecho en su boca y morder el pezón con una precisión exquisita. Todo su cuerpo saltó y se estremeció. Él iba y venían entre sus pechos, tomándose su tiempo, indiferente a la llamada de la puerta, perdido en un mundo de placer, su boca iba de pico a pico. Sus dedos entraban y salían, y luego se enterraban de nuevo, mientras que el pulgar golpeaba y tiraba de su botón de ahora lleno de sangre.
    Ella explotó, su aliento como un silbido, su cuerpo corcoveaba, ondulando, sus músculos agarrándolo fuerte cuando la sumió en otro orgasmo.
    El golpe en la puerta fue cortés pero persistente. Le echó un vistazo, mientras sostenía su peso cuando sus rodillas se doblaron. Él se rió de ella, complacido con el intenso rubor y su pelo revuelto. Parecía una mujer que le habían hecho el amor a fondo. Ella levantó una mano a la masa de pelo y le agarró la muñeca y la tiró hacia abajo.
    "Déjalo. Me gusta como se ve. Voy a abrir la puerta mientras usted va a la cocina y preparar un refrigerio para nuestros invitados. "
    Ella frunció el ceño, todavía luchando por respirar y pensar de manera lógica. Estoy desnuda. Y Lea no puede verte. Por favor, Zacarías. Apenas puedo pensar con claridad.
    "No hay necesidad de pensar. Haz lo que te digo. "
    Tengo que limpiarme.
    Miró a la mezcla de su semilla y su crema brillando en sus muslos y la V intrigante de rizos en el cruce de sus piernas. "Yo le pedí que fuera a la cocina y preparara comida para nuestros huéspedes, no que discutieras conmigo. Se trata de una solicitud relativamente sencilla, Margarita. Como es habitual, pareces encontrar difícil seguir las instrucciones. "
    Ella apretó los labios. Él vio el destello de fuego en sus ojos. Alzó el mentón. Sin mediar palabra, le dio la espalda y se alejó, desnuda, descalza, su larga cabellera acariciando la curva de su trasero. Sintió que su corazón saltaba. Ella tenía el coraje – y fuego. Y cumplió su palabra no importando cuán difícil fuera.
    "Margarita". Dijo que su nombre suavemente.
    Ella dio media vuelta, su seno izquierdo, rojo y cubierto con sus marcas, su pezón que seguía estando tenso y duro, se asomaba a través del velo de su pelo largo.
    "Olvidaste tu ropa".
    Ella frunció el ceño, desconcertada, mirando a las tiras de tela despedazadas en el suelo. Él esbozó una sonrisa y agitó su mano. Sus pies permanecieron descalzos, pero una falda larga cayó con gracia hasta los tobillos y una blusa campesina suave se adhirió a sus pechos, el escote suelto cerca de los hombros. Un cinturón ancho ceñía su cintura. Oro brillaban en sus orejas y alrededor de una muñeca.
    Tocó el brazalete. Es hermoso. Gracias. Sus manos se alisó la falda sobre las caderas. Umm. Zacarías. Usted olvidó mi ropa interior.
    Le mostró sus dientes. Una sonrisa lobuna. "No olvide – nada."
    El rubor subió por su cuello a la cara. Ella sacudió la cabeza, retirando la mirada. Fue a la cocina sin otra protesta. Le gustaba burlarse de ella. Disfrutaba de sus destellos de genio que él llamó a fuego lento en sus ojos-en su mente. Como si alguna vez le permitiría que otro hombre mirara su cuerpo. No iba a pasar y ella debería haberlo sabido.
    El calor inundó su mente, la risa suave. Yo lo sabía. En el momento que di la vuelta y me dirigí a la cocina y sentí tu risa y tu engreída, satisfacción del hombre arrogante. Entonces supe que me estabas tomando el pelo.
    Pequeña y lunática mujer. Yo soy demasiado posesivo con usted, para que otro hombre vea lo que es mío. Debiste haberlo sabido inmediatamente. Me gusta ver que te alejes de mí desnuda. Es para mí un gran placer.
    Envió un soplo de aire fresco a través de toda la casa, y añadió velas perfumadas ardiendo suave. Habría dejado la ropa destrozada de Margarita en el suelo, pero la habría avergonzado. Ningún visitante fallaría al notar que había hecho el amor con Margarita. La prueba estaba en todo su cuerpo. En cualquier caso, no les tomaría mucho tiempo darse cuenta de que le pertenecía a él, porque pensaba dejar eso muy claro.
    Él abrió la ancha puerta y Julio jadeó y dio un paso atrás, poniendo su cuerpo entre Lea Eldridge y Zacarías. "Yo no sabía que estaba aquí, señor, "dijo, con tono de disculpa.
    "Adelante Margarita prepara té y una especie de pastel que huele maravillosamente", saludó Zacarías, y dio un paso atrás para permitirles la entrada.
    Julio parecía más confundido que nunca y dio una sacudida breve con su cabeza, ligeramente señalando con la barbilla hacia Lea. Su instinto de protección hacia la familia De La Cruz lo pateó. Él había nacido en una familia que guardaba de su relación simbiótica con cuidado de todos los forasteros.
    Lea se asomaba sobre los hombros de Julio, sus ojos se agrandaron. Zacarías podía leer la emoción en sus ojos, el reconocimiento y el completo y puro miedo.
    Ella puso sus dedos en el bolsillo trasero de Julio, un gesto que Zacarías estaba seguro ni siquiera sabía que lo había hecho. Le dijo varias cosas sin penetrar en su mente. Que ella sabía que él era un De La Cruz y que estaba muy interesada en Julio Santos.
    Zacarías hizo un movimiento de su mano hacia el interior, y Julio se volteó y tomó la mano de Lea entre la suya, antes de entrar en el interior.
    "Señor De La Cruz, esta es Lea Eldridge. Ella nos hizo un gran favor esta noche, volando para llevar a Ricco Cayo al hospital. No tenía idea de que estaba aquí. ¿Cuándo llegó?
    Julio pescaba en Zacarías para establecer lo que debía decir y cómo actuar.
    Él estaba muy contento por la mirada de asombro de Julio. Zacarías se había casado con ella, del modo de la gente de los Cárpatos, y era mucho más vinculante que cualquier otra ceremonia que conocía. No podrían vivir ahora, él uno sin el otro. Margarita era su esposa en todos los sentidos de la palabra.
    Lea quedó sin aliento. "No se puede estar hablando de Margarita".
    "Por supuesto Margarita", dijo Zacarías sin problemas. "Ella la señora aquí."
    "Pero-" Lea presionó sus dedos contra su boca como si estuviera tratando de detener la pregunta. Pero la soltó de todos modos. ¿Por qué no me lo dijo? Yo soy su amiga. ¿Por qué no le diría nada a nadie aquí? No puede estar casado con ella.
    "Os aseguro, Sra. Eldridge, que ella es mía." Zacarías habló en voz baja, pero su tono no admitía discusión.
    Lea miró a Julio, herida, ofendida, y emocionada todo al mismo tiempo.
    Julio se encogió de hombros, en un esfuerzo por parecer casual. "Se puede entender que no sería una buena cosa divulgarlo. Margarita tiene que ser protegida. La familia De La Cruz tiene una gran cantidad de dinero y los secuestros tienen lugar muchas veces. Es mejor si nadie lo sabe. "
    Lea le lanzó una mirada de enojo puro, pero fue intimidada por Zacarías, obviamente, y no dijo una palabra más hasta que se encontraban en la cocina.
    Zacarías entró primero y se detuvo a mirar a Margarita. Estaba de pie junto a la estufa, echando agua en la tetera que su madre había hecho. Para él, no hay espectáculo más hermoso en el mundo. Los colores de la falda eran vivos y brillantes, su piel brilló y su cabello era una cascada brillante de seda negro azulado. Sus movimientos eran elegantes y fluidos. Sabía que su sangre había mejorado su aspecto que ya era bello, mientras los humanos la miraron tal vez con temor, como si la vieran por primera vez. Podía ver a la apreciación en los ojos de Julio. Tendría que enseñarle a su vez a pasar de su encanto.
   

    Su sangre también había mejorado sus sentidos. Ella no pudo dejar de escuchar la conversación, no con la sangre de los Cárpatos corriendo por sus venas, y su cara estaba muy quieta mientras lo miraba a él, no a sus invitados. Fue a su lado y levantó la mano izquierda, recordando la tradición humana de usar un círculo de oro. Levantó su mano y besó el anillo que había formado para ella.
    Ella apretó los labios y frunció el ceño un poco, mirando la banda. ¿Qué estás haciendo, Zacarías? ¿A qué juego estás jugando?
    Detectó daño en su voz. Había hecho algo para lastimarla. Sus dedos se cerraron en torno a ella y tiró de ellos, jalándola al refugio de sus brazos, indiferente lo que sus invitados podrían pensar. Envolvió sus brazos alrededor de ella por la espalda y la mantuvo apretada contra él.
    ¿Tienes el té listo para nuestros invitados?
    Había hecho de que el calentador de agua hirviera por lo que no habría esperas. Se rozó su boca en la parte superior de su cabello. El contraste entre su brillo y la forma en que se veían Julio y Lea era sorprendente. Lea era una mujer atractiva y él podía verla a color, pero sus colores eran aburridos en comparación. Los colores de Julio estaban allí, pero de nuevo no eran ricos y vibrantes, y pudo ver su corazón latiendo, las arterias corriendo como un mapa de carreteras a través de su cuerpo. El corazón de Lea y las arterias estaban allí, pero mucho más débiles.
    Diversión suave se vertió en su mente. Objetivos, mi hombre. Usted los identifica como objetivos. Él es un amigo, no un objetivo. Así es como siempre ve a todo el mundo. Incluso a mí al principio. Usted no los ve como personas, todos son enemigos potenciales.
    Se dio cuenta de que era verdad. No había pensado en alguien como humanos o Cárpatos desde hace siglos. Vivía en un mundo de matar o morir. La piel de Julio y sus características eran más torpe porque era la mayor amenaza potencial. Con las conexiones rotas que Margarita había llenado, las sombras, muchas, por lo general, a través de su mente, y los puentes que le había facilitado, le había permitido reconocer que Julio era más que un enemigo potencial. Él era un hombre. Tal vez no fuera un amigo, Zacarías tenía pocos en el mundo, pero alguien a quien podía respetar.
    Zacarías se dio cuenta de cómo veía el mundo sin Margarita. No había sabido ni siquiera que identificaba a otros como objetivos, y que estaba tan arraigado en él. Él conocía cada punto de presión sobre un cuerpo, todos los lugares en que podría asestar un golpe mortal. Él había estado desconectado de la civilización.
    Las manos Margarita de repente las cruzó con fuerza, como si lo sostuviera. Ella estaba leyendo la emoción de la que él no era consciente. Buscó que. Vergüenza. Le daba vergüenza que hombres como Julio, hombres buenos y valientes habían luchado por su familia, algunos murieron por su familia, y nunca lo había reconocido. Ni una sola vez. No a sí mismo.
    Por favor, siéntense y cuéntanos cómo está Ricco, invitó Margarita por escrito.
    La mirada de Julio saltó a la cara de Zacarías y él dio un paso hacia atrás, hacia la puerta como si fuera a huir, aumentando su control sobre Lea.
    Zacarías volvió a respirar hondo para dibujar olor Margarita en sus pulmones. Él no necesitaba ningún otro en su vida, pero lo hizo. Hizo un esfuerzo para sentir sus emociones hacia Julio y Lea. Que eran importantes para ella, por lo que los hizo importante para él.
    "Sí, por favor, siéntense." Señaló una silla, mirando directamente a Julio. Fue una orden clara, expresada en palabras corteses.
    Julio de inmediato sostuvo una silla para Lea y se hundió en la que estaba al lado de ella.
    Trate de no sonar tan intimidante, Margarita le aconsejó.
    Que el sol los queme a los dos, mujer. Están robando mi tiempo contigo, dijo, pero había una nota juguetona en su voz que sorprendió a ambos.
    El jalo una silla con la punta del pie y se sentó a horcajadas mientras Margarita ponía té y pasteles sobre la mesa. Ella comenzó a sentarse frente a él, pero Zacarías la agarró por la muñeca y tiró de ella a su lado. Ella se ruborizó cuando Julio levantó una ceja.
    ¿Qué estás haciendo? Esta no es una buena idea. En serio, Zacarías, no debería estar aquí y no debe dejar que nadie supiera que estamos… No es seguro para ti.
    Tienes suerte que no te haga sentar en mi regazo, donde puedo sentir su suave cuerpo contra el mío, bromeó con maldad. Más bien disfrutado de esta parte de la compañía. Su mujer no estaba avergonzada a su alrededor, pero era tímida acerca de su relación frente a los demás. Eso no tenía sentido para él, pero disfrutaba de su quejas por él.
    ¿Por qué no me dijiste que estabas casada, Margarita?, Preguntó Lea, con dolor en su voz. "Pensé que éramos buenas amigas lo bastante buenas para que pudieras haber confiado en mí. Y dejaste que Esteban pensara que estabas disponible. "
    Margarita sacó el bloc de notas con ella y comenzó a escribir. Zacarías puso su mano sobre la libreta en el momento en que vio la disculpa.
    "Sé que usted no desea que Margarita pida disculpas por algo que es un problema de seguridad. Su hermano nunca consideró seriamente la idea de cortejarla, y ella lo sabía. Yo soy un hombre muy rico y tengo muchos enemigos. Margarita se lo hubiera dicho si hubiera podido. Si usted necesita estar enojada, por favor, enójate conmigo. La puse en la posición de mantener el secreto. Y por cierto, Julio no tiene la culpa. Él sabía que yo estaba en la residencia, pero no estaba al tanto de nuestro matrimonio. "
    No estamos casados.
    Zacarías encendió una sola mirada, desafiándola a renegar de él. Había una promesa de venganza en su mirada. Si ella no reconoció lo que él era para ella…
    No hemos estado de pie ante un sacerdote.
    No entiendo. Estamos casados. Dije las palabras rituales que nos unen.
    "Déjame ver tu anillo", dijo Lea, para perdonarla.
    Zacarías frunció el ceño. Margarita no había hecho nada malo, y el tono magnánimo Lea le molestaba. Antes de que pudiera reaccionar, Margarita puso su mano con suavidad en su muñeca en advertencia.
    Es una cosa humana. Por favor, déjalo pasar.
    No acababa de entender, pero no importaba, cuando podía hacer algo tan sencillo para ella. Exigiría mucho de ella y las pequeñas cosas que significó mucho para ella, – como esto, que obviamente lo hacían-era bastante fácil dárselas.
    Margarita deslizó su mano sobre la mesa para mostrar su anillo a Lea. Este era el oro en realidad trenzado, una antigüedad del Renacimiento, enrollada en varias trenzas forjadas juntas. Intrincado, cuando uno lo miraba estrechamente, había palabras antiguas en una voluta en un hermoso trabajó en el oro.
    Margarita frotó su dedo sobre las letras. Sívamet andam. Sielamet andam.
    ¿Qué dice? Preguntó Julio, mirando con el ceño fruncido a las palabras desconocidas.
    "Te doy mi corazón. Te doy mi alma, " tradujo Zacarías. "Lo he hecho así, y una vez dado, un De La Cruz nunca los toma de vuelta. Ambos pertenecen a Margarita y están siempre a su cuidado. "
    Lea hizo una especie de ruido de aprobación, sonriéndole.
    "Felicitaciones, señor." Julio hizo un esfuerzo para mirar a Zacarías directamente a los ojos, pero no pudo sostener su mirada, mirando el anillo en su lugar.
    "Margarita es muy querida en el rancho. ¿Usted planea alejarla de nosotros? ", Exigió Julio.
    Zacarías sintió el shock transmite a través Margarita. No había pensado en eso. ¿Qué había pensado? ¿Qué iba a ir y venir como siempre lo había hecho? Poco importaba. ¿Dónde fuera, Margarita estaría con él. Se había entregado a su custodia y cuidarla es lo que haría.
    Margarita apretó los labios con fuerza, pero sentía el miedo en su mente brillando. Este era su hogar, su mundo. Estas personas. Los caballos.
    El rancho. Él no estaba apegado a alguien o a cualquier lugar ni podía imaginarse que alguna vez se sintiera de esa manera. Su mirada se volvió una y otra vez a Margarita.
    Estaba en casa con él y una parte de él no quería competir con personas, animales y lugares para ella. Él quería llevársela lejos de ellos, para que siempre se dirigiera a él para que cubriera cada necesidad. Ser todo para ella.
    Tú eres todo para mí. Había tranquilidad en ella. Aceptación. Su espíritu se movió contra él, un roce, una suave caricia que lo debilitó. Si quieres salir de este lugar, yo no te voy a mentir, Zacarías, sería difícil y doloroso, pero te eligiría sobre este lugar en un instante y no me arrepentiría de mi decisión.
    Su corazón martilló en el pecho por un par de compases antes de asentarse en un ritmo constante. Había verdad en su declaración tranquila. Era un hombre que no confiaba y un código de honor de siglos que lo había mantenido con vida, pero solo. Ella estaba cambiando todo eso. Su verdad se estaba siendo suficiente para él.
    ¿Por qué? ¿Por qué estás tan segura, Margarita? Puedo ser muy difícil.
    Llegó a él, allí mismo, delante de los demás, su corazón en sus ojos. Usted me necesita, Zacarías. Veo su yo real, y lo amo con todo mi corazón. No puedes ver sin mí.
    Así que ella sabía. Él debería haberse dado cuenta que no podía ocultarle la verdad, más de lo que podía ocultarle su memoria. Sus dedos se arrastraban encima de su cara y los atrapó, llevando la mano a su corazón.
    Lea agachó la cabeza, mirando a Julio. No fue tan difícil de leer la nostalgia en su rostro. Zacarías forzó una sonrisa, esperando que pareciera amistosa, no lobuna.
    ¿Piensa quedarse en nuestro pequeño rincón del mundo, Lea? Margarita disfruta de su compañía y tenemos la intención de hacer de este rancho nuestra base de operaciones, a pesar de que tendrá que viajar a veces. "Podría darle mucho a Margarita.
    Lea puso su taza de té en el platillo y asintió con la cabeza. "Espero poder. Mi hermano tiene previsto irse antes, pero he estado haciendo los arreglos para quedarse. Me gusta aquí".
    "Usted no puede quedarse sola", se opuso Julio. Tu hermano no te dejara sola, ¿verdad? ¿Quién te protegerá?
    Lea hizo una mueca. "Yo no necesito protección. Soy una niña grande. "Envió a Margarita una pequeña sonrisa de disculpa. "No estoy casada con uno de los más ricos y evasivo hombre en el mundo".
    "Usted es una mujer", murmuró Julio, su cara oscura. ¿Qué clase de hermano es te dejaría a tu suerte?
    Lea levantó barbilla. Ella miró con frialdad a Julio por encima de su taza de té cuando la llevó hacia su boca. Zacarías detecta el leve temblor. Era tan sutil que dudaba que Julio lo hubiera notado, pero Lea Eldridge estaba un poco más nerviosa de estar sola en un lugar extraño de lo que demostraba.
    "Mi hermano no disfruta estar aquí, es demasiado lejos para él. Pero me gusta, y quién sabe, si su piloto de helicóptero no se presenta, tal vez pueda tener su puesto de trabajo. Ya hice la entrevista por él. "
    ¿Dónde está el piloto del helicóptero?, preguntó Zacarías antes de Julio podía hacer otra réplica.
    Julio suspiró. Se pasó la mano por la cara y miró ansiosamente a Margarita. Ella sacó el bloc de notas hacia ella, pero una vez más, Zacarías puso su mano sobre él.
    "Te pregunté a ti, no a Margarita", dijo en voz baja, una vez más, un comando de voz.
    "Charlie Díaz tiene un problema con la bebida, señor. Está bien durante meses y luego cae de nuevo, se marcha y permanece borracho por tres o cuatro meses antes de volver. "
    Zacarías entrecerró los ojos. ¿Sabiendo esto, lo mantuvo Cesaro? Él es un peligro para todos ustedes. Ricco Cayo habría muerto sin atención médica. Si no hubiera estado la Srta. Eldridge aquí para volar y llevarlo a un hospital, lo habríamos perdido. "Había censura en la baja voz, tan alarmante como la frialdad en sus ojos.

   

CAPITULO QUINCE

    Margarita sintió que la tensión subía en la cocina. Zacarías parecía más intimidante que nunca. Lea se acercó un poco más a Julio y parecía como si ella pudiera llorar. El aire de la habitación se hizo muy pesado. Ella enroscó los dedos con Zacarías y le sonrió a Julio en un intento de aliviar la tensión repentina.
    ¿Qué está mal?
    La mirada de Zacarías siguió enfocada en Julio, exigiendo una respuesta.
    El rostro de Julio se ensombreció. "Mi padre y yo hemos tenido muchas conversaciones acerca de Charlie y la mejor manera de manejar su situación. Pensamos que era tiempo. "Se pasó una mano por el pelo. "Nadie lo ha visto desde hace días."
    ¿Y ni usted ni su padre pensaron que esto podría ser algo que debería saber? La voz de Zacarías era muy tranquila.
    No delante de Lea. No hagas esto, Zacarías, Margarita declaró. Julio estaría más avergonzado que nunca contar que su jefe le leyera la cartilla sobre algo que él sabía que estaba mal en frente de ambas Lea y Margarita. Julio es un hombre orgulloso y muy leal a usted…
    Él es leal a su compañero de trabajo. Y pone en peligro a las dos.
    Zacarías no quitaba la mirada depredadora de la cara de Julio, mirándolo directamente a los ojos, fijos en él, enfocado y muy atemorizante. Margarita sintió que su estómago comenzó a revolverse. No se había dado cuenta de lo tensa que se estaba poniendo.
    "Sí, señor, debería habérselo dicho. Charlie tiene una familia, niños. Teníamos la esperanza que el período de sequía funcionara esta vez. "
    "Son responsables de todos en este rancho. Cesaro debería haber sabido esto. "
    El rostro de Julio enrojeció, a casi carmesí. "Él es consciente de ello."
    "Quiero que hallen a este hombre, y lo traigan a mí."
    Lea se aclaró la garganta. "Mi hermano habló con un hombre llamado Charlie que conoció en un bar."
    Corrió un escalofrío por la espina dorsal de Margarita. Su mirada saltó a Julio. Si Charlie bebía mucho y si estaba hablando con el hermano de Lea en el bar, ¿habría estado el amigo de Esteban allí también – el que estaba tan interesado en la familia De La Cruz?
    Unida tan profundamente con Zacarías, no podía dejar de leer su preocupación. Su mente se deslizó contra la suya en una caricia de que le sorprendió. Él no solía mostrar ternura y el gesto se sintió justo como eso -tierno y cariñoso.
    "Háblame de esa conversación," ordenó Zacarías, su voz de terciopelo, bajo una suave persuasión.
    Margarita reconoció la obligación enterrada. La sangre que fluía de los Cárpatos en sus venas aumentó todos sus sentidos y ella supo inmediatamente que Lea sería incapaz de resistirse a ese suave empujón para obedecer a Zacarías. Ella no estaba segura de cómo se sentía acerca de la manipulación, pero sobre todo, quería a Zacarías seguro por lo que apretó los labios para no protestar.
    Lea se frotó las sienes, como si tuviera el inicio de un dolor de cabeza. Margarita en realidad sentía la presión poco a poco ejercía sobre ella. Zacarías estaba tratando de ser amable, un concepto nuevo para él, se dio cuenta. Por lo general habría arrancado la información de la cabeza de Lea y nunca miraría hacia atrás. Su suave toque fue en deferencia a Margarita.
    Ella lo miró. Se veía tan increíblemente guapo y peligroso. No es de extrañar que tanto a Julio como Lea estuvieran intimidado por él. Incluso tratando de ser amable, Zacarías parecía lo que era y estaba en control total. Nadie podría dejar de fijarse en él.
    Él le envió una ola de tranquilidad, pero mantuvo su mirada en Lea, deseando que recordara detalles que probablemente no pensaba que fueran importantes.
    "Esteban llegó muy tarde, sobre las tres de la mañana, y había estado bebiendo, más de lo que nunca he visto. Simplemente no lo hacía. Tuve que ayudarle a entrar en la casa. Porque no podía subir las escaleras del porche. DS acababa de empujarle fuera del coche.
    ¿Usted estaba esperando a su hermano?, Preguntó Zacarías.
    Lea asintió con la cabeza. "Yo estaba preocupada."
    Ella se frotó las sienes otra vez, y luego se torció los dedos con ansiedad. Julio se acercó y le cubrió las manos con la suya en un gesto de comodidad. Sus ojos se encontraron con los de Margarita. Él sabía exactamente lo que Zacarías estaba haciendo y le daba vergüenza, haber puesto a Lea en esta posición. Cesaro y Julio controlaban el rancho. Los hombres y su conducta eran su responsabilidad. Charlie había sido una responsabilidad durante mucho tiempo, pero para el bien de su familia, lo habían protegido.
    Me senté al aire libre en los escalones del porche esperando. Dan-DS-se rió cuando se detuvo el coche y me vio sentada allí. Me puse de pie y comenzó a detener el coche, DS se inclinó sobre el asiento, abrió la puerta del coche y empujó a Esteban al suelo. Podía oír su risa y miró hacia mí… Ella se calló, temblando.
    Más. Dilo todo, Zacarías empujo implacable.
    Margarita no pudo evitar fruncirle el ceño. Lea tenía miedo, obviamente, del amigo de Esteban. Cualquiera podía ver eso. Ella comenzó a llegar al bloc de notas, frustrada porque no podía encontrar una manera de consolar a su amiga. Muy casual, la mano de Zacarías llegó allí antes que la suya. Se metió el bloc en el bolsillo haciendo sentir a Margarita que estaba separada de los demás en la habitación y un poco herida. El bloc de notas era su único medio de comunicación y Zacarías acababa de declararla fuera de los límites para ella.
    Lea se aclaró la garganta y retorció los dedos con los de Julio como para agarrar fuerza. "DS se agarró la entrepierna y me gritó “más tarde”. Sacó la lengua e hizo varios gestos sugestivos. Dudé, no quise ir demasiado lejos de la casa en caso de que tuviera que correr, pero él se marchó riendo. "
    Es evidente que ella se siente humillada por tener que decirnos esto, para ahora.
    Zacarías le lanzó una mirada de advertencia. Sus ojos se centraron por un momento en ella. No había indicios del color rojo rubí cuando el depredador lo montaba con fuerza. Ni el color zafiro medianoche que publicaba su amor, sólo había brillantes diamantes negros fijos en ella. Corrió un escalofrío por su columna vertebral. Ella no entendía la necesidad de interrogar a Lea, pero nada iba a detenerlo, ciertamente no Margarita.
    Trató de no sentirse herida. Ella no entiende todavía. Él nunca había respondido a nadie y creía que ella debía confiar en él y seguirlo en todas las cosas, pero no entiende las reglas cortés de la sociedad y cómo lo que estaba haciendo podría afectar a Lea y Julio. Ella temía que nunca se volvieran a sentir cómodo mirándose él uno al otro si continuaba tratando de forzar las cosas de Lea. Al final, Julio siempre se molestaría y desconfiaría de Zacarías y sería prejuiciosa su relación con él.
    Margarita miró a su taza de té. No tenía ganas de beber té cuando siempre lo había amado. Nada la tentaba, distinto del agua, en los últimos días. Estaba perdiendo su mundo y entrando en el de él, poco a poco. Ella había tomado esa decisión, pero no estaba dispuesta a renunciar a todo lo que amaba tan rápido.
    "Mi hermano estaba en el suelo, boca abajo en la tierra. Podía oír su risa y lo que realmente me molestaba. Estoy bastante segura de que no veía a DS, y probablemente no lo escuchó, pero no me gustaba su risa, no cuando yo había estado tan asustada ", admitió Lea.
    Julio cambió su cuerpo hacia ella. "Por supuesto que tenías miedo. ¿Quién es este hombre, DS? "
    Lea sacudió la cabeza. "No te acerques a él, Julio. Él es una mala noticia. Desde que mi hermano lo encontró, no hemos tenido más que problemas. Él convence a Esteban de hacer las cosas que están mal. "Agachó la cabeza-, evitando el contacto visual. "Apenas he logrado mantener a Esteban fuera de la cárcel más de una vez".
    "Esa noche", le pidió Zacarías, manteniéndola en el camino. Su voz era aguda muy baja, una persuasión de terciopelo que nadie podía resistir.
    "Ayude a Esteban a entrar en la casa. Él estaba muy borracho y no dejaba de hablar de Charlie y de la forma en que DS lo había reclutado. Él le compró todas las bebidas esa la noche. Esteban se jactó de cómo se mantuvo con Charlie, golpeándole la espalda. No dejaba de hablar locuras, que no tenían sentido en absoluto. Jugaron algunos juegos locos. Uno de verdad o reto. "
    ¿Qué quieres decir, con habló locuras?
    A Margarita la boca se le secó. De repente, su corazón empezó a latir con fuerza. Ella estaba muy, pero muy asustada. Era el ronroneo en la voz de Zacarías, el movimiento de un peligroso depredador, quien claramente había cogido el olor de la presa y fijo su objetivo.
    Tómate el té, mica emni kuηenak Minan, mi hermosa lunática. Deja que su corazón siga el ritmo del mío. Zacarías se movió un poco, el movimiento sutil y probablemente imposible para cualquiera de rastrear, pero su cuerpo estaba más cerca de ella, su calor se filtraba en el frío de su piel. No hay necesidad de tener miedo. Tu amiga está a salvo de mí. No hay maldad en ella.
    "Cosas locas. " Lea se frotó las sienes otra vez. Estacar vampiros. Él siguió llamándose Van Helsing. Este es un nombre del libro Dracula. Él dijo que se iba de caza. Que necesitara una estaca y el ajo. Y luego se reiría como un maníaco y me decía que hiciera collares de ajo. Ella se cubrió la cara con sus manos, sacudiendo la cabeza. A la mañana siguiente, actuó como si no se acordara de nada, pero entonces me dijo que no le dijera nada a DS que había dicho algo acerca de los vampiros, ajos y las estacas, así que sabía que me estaba mintiendo otra vez. Miró a Julio un poco suplicante.
    Honestamente, la locura no corre en nuestra familia. Estaba borracho. No tengo idea en que está metido, pero Esteban le gusta la idea de sociedades secretas y gángster. Él es muy susceptible a las malas influencias".
    ¿Qué les dijo Charlie? Zacarías persistió.
    Margarita sintió que las lágrimas le quemaban en sus ojos. La pena por la traición era la muerte. Cada uno sabía esto. Uno podía pedir irse y los recuerdos podían ser borrados, pero si eres parte de las familias que sirven a los De La Cruz por generaciones, la barrera en la mente, el escudo que protege el cerebro de la invasión estaba presente desde el nacimiento y retirarla era una cosa difícil de soportar. Charlie había hablado borracho con Esteban y su amigo DS.
    Lea frunció el ceño y esta vez rozó las pequeñas líneas sobre su frente como si esto le ayudaría a recordar. El poder se movía en el espacio. Era así de fuerte, Margarita se sorprendió que ni Julio ni Lea pareció notar el crujido de la energía en el aire.
    “Esteban dijo que Charlie dibujó mapas de las cámaras de dormir y sería fácil estacar los vampiros durante el día porque no podrían moverse.” Ella parpadeó rápidamente y miraba alrededor de la mesa, desconcertada. “Él estaba realmente borracho y no tenía sentido.”Una vez más Margarita sintió que Zacarías sondeaba a Lea para asegurarse que era inocente y no investigando por más información. Ella no creía en vampiros y pensó que DS y su hermano habían tomado probablemente drogas junto con las bebidas. Ella estaba segura que Charlie estaba teniendo alucinaciones por la ebriedad. Se sentía humillada y no entendía por qué no podría parar el hablar de un tema muy doloroso a ella. Ella quería ir a casa y tirar los cobertores sobre su cabeza.
    "Gracias, Lea", dijo Zacarías reservado. "Yo sé que fue difícil. Charlie es el responsable de las vidas de sus compañeros de trabajo y necesitábamos saber que tan mal está realmente. "
    Margarita contuvo el aliento. Oyó una suave nota en la frase pronunciada. Charlie era simpático cuando no estaba bebiendo, ¿pero cómo le decías a un hombre como Zacarías eso? Zacarías había vivido siglos en una existencia dura, de insoportable soledad, pero con honor, nunca rompió su código. Él no entendía la debilidad. En su mundo, los débiles no sobreviven.
    Zacarías de repente se acercó y la rodeó con sus brazos, llevándola junto él, bajo la protección de su hombro. Su silla estaba a su lado tan rápido, sin que nadie se enterara de que él se había trasladado de nuevo para cubrir la corta distancia entre ellos.
    Mi mundo es difícil para usted. Lo siento, Margarita. No tienes que saber estas cosas. No puedo esconderlas de ti. Charlie dio a mi familia a este hombre. Habló de nuestras cámaras para dormir y reveló varios lugares de los ranchos. Me aseguraré antes de destruirlo, pero él ha puesto a mi familia entera – y a ti- en peligro. No voy a permitir eso. No es confiable.
    Ella lo sabía. Sabía que algunos de los miembros de las principales familias-Chevez, Santos, Fernández y Díaz-todos sabían que ellos dormían en cámaras que habían debajo de varias salas en las haciendas. Sólo se usaban cuando la familia De La Cruz guardaba las apariencias de ser humano y vivir en la sociedad humana. Zacarías era el único miembro de la familia, que rara vez se mostraba en cualquiera de los ranchos, sin embargo, si Charlie había dado algunos detalles prohibidos – y sonaba sospechosamente como si lo hubiera hecho-Zacarías estaría en peligro por culpa de ella. Él sólo se quedaba en la hacienda porque ella estaba allí.
    Tienes que irte, Zacarías. Será más seguro para usted.
    Podía sentir sus ojos quemándola. Él no le haría caso. Ella sabía que no se iría. Él cazaría a sus enemigos. Lo intentó de nuevo.
    Ya tienes vampiros cazándote.
    Muy suavemente ahora, sabiendo Lea fue empujado muy cerca de su límite, Zacarías murmuró suavemente en su mente. Dime qué otra cosa su hermano y DS han discutido.
    Lea presionó los dedos contra su boca, guardando un secreto. Ella miró con aire de culpabilidad a Margarita. Avergonzada.
    Margarita podía sentir el triunfo aumentando en Zacarías. Él no lo sintió, sólo se mantuvo presionando a Lea, pelando las capas hasta dar con el secreto que guardaba con tanto cuidado.
    "Lo siento, Margarita. Esteban nos hizo venir aquí por ti. No era sólo porque esta hacienda es propiedad de la familia De La Cruz. Me siento como un fraude. De acuerdo con mi hermano, es una agencia mundial llamada Morrison, o algo así… "
    El corazón de Margarita dio un vuelco. Ella presiono la mano fuerte sobre su boca. Mi padre se enteró de ese lugar hace varios meses. Ponen a prueba de la capacidad psíquica. Pensaba que mi regalo con los caballos era un talento psíquico.
    Estaba en lo cierto. ¿Ellos lo probaron?
    He llenado el cuestionario, pero nunca continúe, ya que murió mi padre y yo… Margarita se tocó la garganta llena de cicatrices. Perdí mi voz y ¿cómo podría explicarlo de todos modos? Tienes que sentir la conexión. No hay otra manera.
    "Sabemos de la agencia", dijo Zacarías. "Margarita, inicialmente, comenzó el proceso de entrevistas, pero no fue más allá de rellenar un cuestionario.
    ¿Qué es lo que le importa a tu hermano?
    Margarita se dio cuenta que Zacarías respondió por los dos, que parecía saber todo sobre ella, como si hubiera compartido todos los detalles de su vida con él.
    Lea parecía confundida. "No estoy exactamente segura, pero es la razón por la que elegimos esta zona remota. Esteban evitaba a la ley, pero yo nunca había oído hablar de este lugar. Yo lo escuché en el teléfono hablando de Margarita y de esta Agencia Morrison y él estuvo de acuerdo con el que estaba hablando para… "
    ¿Era este personaje DS?, Exigió Julio.
    Ella asintió con la cabeza. "Creo que sí. Pensaba que era probable que si Margarita tenía un talento psíquico, entonces las posibilidades que un De La Cruz apareciera eran mucho más alta que en cualquiera de sus otras propiedades. Esteban iba a salir primero y entablar una amistad con ella. "
    "Así que en realidad no eran amigos de ella." La voz de Julio se volvió dura. Miró a Lea.
    Las lágrimas inmediatamente saltaron a sus ojos. Eso no es verdad. Lea extendió la mano hacia Margarita en tono de súplica. Le juro, que la amistad entre nosotras es real. Me sentí como en casa. Por primera vez en un largo tiempo, me sentí feliz. "
    Margarita le cogió las manos, agitando su mirada a Zacarías. No tengo mi bloc de notas. Por favor, asegúrale que estamos bien, que yo entiendo y que soy su amiga.
    Zacarías le sonrió a Lea, un mero desnudar de sus dientes que se supone, obviamente, sirviera como una sonrisa. "Margarita sabe que su amistad es real.
    No tiene que preocuparse. "Empujó una compulsión pequeña a la mujer.
    No entiendo lo que Esteban querría conmigo solo porque llené un cuestionario. ¿Qué significa esto?
    Voy a explicarle más adelante.
    "Me pareció tan tonto", continuó Lea. "Sabía que eras buena con los caballos, pero en realidad ¿psíquica? No me importaba por qué habíamos venido, sino que lo hicimos.
    Incluso Esteban parecía feliz por un rato, hasta que apareció DS. No pasa mucho tiempo antes de que arruine todo. Ahora nuestra casa es simplemente aterradora. "
    "No debe volver a esa casa", dijo Julio a Lea. Miró a Margarita, de forma significativa incitándola a invitar a Lea a quedarse.
    "Usted es bienvenida a quedarse, Lea", dijo Zacarías por ambos, sorprendiendo a Margarita. Se llevó la mano a su boca y le rozó con los labios ligeramente sobre los nudillos. No se quedara aquí. Ella todavía cree que puede salvar a su hermano.
    Pero no creo que pueda.
    Lo siento, sívamet. Él está demasiado lejos.
    No lo sabemos. Pero lo hacía. Zacarías había estado en el mundo por mucho tiempo. Había visto a demasiados amigos, miembros de la familia, seres humanos caer. Ella lo vio todo en su mente. Ella sintió su inmenso dolor como un peso presionando sobre su pecho, sobre su corazón, sin embargo, se negaba a reconocerlo.
    Cerró los ojos, permitiéndose asumir, el peso que nunca lo abandonaba. ¿Cómo sería ser como él? ¿Pasar sus días cazando a la gente que había significado algo para él en cierto tiempo? ¿Tener que matar a la gente que le importaba? Saber que nunca podría hacer un amigo, tener a alguien de confianza, el amor de cualquier persona o ser amado? Quería entenderlo y lo hizo aquí, con esos dolorosos recuerdos que se negaba a reconocer, que encontraría el coraje para defender a este hombre.
    "Llévame a casa, Julio, " dijo Lea. " Es muy tarde y necesito dormir. Me alegro que Ricco vaya a estar bien. "
    Margarita gracias con un ademán y sopló un beso.
    Julio se levantó con ella. Gracias por el té, Margarita.
    Zacarías mantuvo su mano sobre el hombro de Margarita cuando se levantó, también. Yo los acompañaré. Tengo que quitar los recuerdos de nuestra conversación sobre Díaz. Podría ponerla en el peligro.
    Ella se sorprendió de que se hubiera añadido esa última frase tras una breve vacilación. En sus recuerdos, nunca había encontrado un caso en el que se explicara sus acciones a cualquier persona.
    Yo soy un aprendiz rápido. Sé que necesitas que te asegure que tu amiga va a estar bien.
    Se sentía como si él la hubiera envuelto en una capa protectora de calor-más que calor-le rodeaba con protección y llenó su mente de amor. Ella se abrazó, tratando de no sonreír. Ni siquiera estaba segura de si él estaba al tanto de lo que sentía por ella, pero ella lo sabía y, en ese momento, cuando se sentía un poco fuera de su área, lo necesitaba justo de la manera en que era.
    Margarita recogió las tazas y los platos del postre y los llevó al fregadero para lavarlos. Mirando las migas la hizo pensar en hambre, pero ella no lo sintió. El pensamiento del comer algo era inquietante. Ella bebió el agua, esperando que aliviara su creciente sed. Había un extraño palpitar en sus venas, un latido que rechazaba irse, una llamada suave insistente que cada vez se hacía más fuerte. Una necesidad. Un ansia. Un hambre.
    Durante todo el tiempo que había pasado con Lea y Julio, había estado intranquila y se había convencido de que era debido al miedo de lo que podría decir o hacer Zacarías. Pero aquí, sola en la cocina, sin nadie como testigo, ella podía admitir a sí misma, que era la llamada de su corazón, el flujo constante de la sangre en sus venas. Ella podía oírlo, y aunque hubiera bajado el volumen como Zacarías le había ayudado a aprender a hacer, se encontró con la tentación golpeando en sus propias venas – latiendo en las venas de Zacarías, en su mente y corazón.
    Nunca se detendría, no mientras su mente estuviera sumergida en la Zacarías, siempre y cuando la llenara en la forma en que lo hacía. El hambre no dejaba a Zacarías, no cuando él podía oír la llamada que latía en un pulso, no cuando se podía oler el fuerte aroma de la sangre fresca. Ese era su mundo y uno tenía que acostumbrarse a eso.
    Cuando se quedó sola, tratando de analizar cómo se sentía acerca de la extracción de sangre, el humano en ella se asustó y lo rechazó incluso por completo. Curiosamente, después de estar primero aterrada, Zacarías había convertido de alguna manera, el acto de donar o recibir sangre en algo natural e incluso bello, una distribución de la esencia misma de la vida, siempre y cuando estuviera con ella.
    Margarita supo el momento exacto en que Zacarías entró en la habitación. Él se movió en absoluto silencio, pero ella inmediatamente estuvo consciente de él, cada uno de sus sentidos cobraban vida. Su cuerpo cantaba. Su corazón se agitaba y un millón de mariposas revoloteaban en su estómago.
    Se le acercó por detrás, tan cerca que sentía su calor, el calor de su aliento en la nuca, donde retiró el pelo y se inclinó para rozar sus labios sobre su piel. Un susurro, una caricia, pero, ella se estremeció en reacción, su sangre giró caliente – dándole la bienvenida a su cuerpo.
    "Yo sé que fue difícil para ti, así como para tu amigo, y lo siento de verdad."
    Ella se dio la vuelta. Él no retrocedió. Quedo atrapada entre el fregadero y su cuerpo. Inclinando su cabeza, su mirada encontró la suya. Ella le sonrió. ¿Usted sabía que cuando estamos solos y me estás mirando como ahora, sus ojos son un zafiro profundo, oscuros, como el azul del cielo a la medianoche? Él besó la punta de su nariz. “Si eso es verdad, usted es la única persona que ve mis ojos en color. Los he visto solamente obscuros, como la sombra de la muerte.” Ella rodeó su cuello con sus brazos, entrelazando sus dedos en su nuca mientras que ella se inclinó en él. Le aseguro que, son de un azul hermoso cuando usted me mira esa manera. ¿Qué manera es ésa? Con cariño. Ella no atrevía a decir amor, pero se sentía como amor.
    Él tomó su barbilla para que no pudiera apartar la mirada de él. ¿Te parecerá esto amor cuándo te lleve lejos de todo lo que conoces? ¿De todos a los que amas?
    Esto nunca fue su decisión, Zacarías. Fue la mía. Insistí en que vivieras. Le pedí que se quedara conmigo. Le escogí. Siempre le escogeré.
    Sus ojos miraron fijamente los suyo. Toda del azul medianoche. Tan hermosos que su corazón revoloteó.
    "Usted me humilla. "
    Ser humana y mujer no me hace estúpida. Estudié esto detenidamente desde cada ángulo. No sólo salté en ello con ambos pies. Tuve toda la noche solamente para pensar. Sé que será difícil para nosotros combinar nuestros dos mundos. Sé a veces esto será desgarrador. Pero Zacarías, usted me dijo que me harías feliz. Prometiste que lo harías y yo te creó. Absolutamente creo que lo vas a hacer.
    "Te gobernaré. " Él lo dijo crudamente, sombras se deslizaban en el azul de sus ojos.
    Esperó que decididas hacerlo con amor. No puedo imaginarme ser feliz y sentirme querida si usted no está pensando en lo que me gusta. La vida está lleno de opciones, Zacarías. Yo escojo y decido ser feliz. Cuando la tierra tiemble y esté aterrorizada, pienso agarrarme muy fuerte.
    Una lenta sonrisa suavizó el borde duro de su boca. "Voy a esperar que mantengas tu palabra. No vuelvas a esconder el miedo o la ira de mí. Quiero todo de ti. "
    La risa se derramó en su mente. Pregúntale a Julio y Cesaro antes de pedirme eso. Tengo muy mal genio. No sucede a menudo, pero no soy razonable cuando alguien es tan tonto como para empujarme demasiado lejos sobre el borde.
    Zacarías miró a los ojos de color chocolate derretido, y sabía que estaba perdido. No era un hombre que confiara, sin embargo, confiaba en su palabra. Ella estaría junto a él. Tomó la mano y tiró, llevándola a la habitación principal de la casa.
    “Quisiera que vinieras conmigo, Margarita. Quiero mostrarle nuestro mundo.” Él sonrió hacia ella, sus ojos más azules que nunca. “Con usted, estaré viéndolo por primera vez.” Ella bosquejó un signo de interrogación. “En color. Usted proporcionará los colores y la emoción. Nunca he visto la noche y la selva tropical a la luz de la luna y en color vibrante.” Parecía un milagro que ella pudiera hacer eso para él. Simplemente al estar con ella le dio un mundo totalmente diferente. Había vivido en una especie de vacío. Un infierno que era espantoso, estéril y muy feo. Los colores vivos e incluso las emociones-ambas malas y buenas-de hecho todo era una clase de milagro.
    Ella le había dado tal regalo, permitiendo que él montara a caballo con ella, explorando el rancho, fluyendo sobre la tierra, uno con el animal, y él podría darle esto. Él esperaba cortejarla un poco, hacerle la corte, demostrarle que tenía algo que dar también. Está cerca el amanecer, Zacarías, ella le recordó suavemente. Lo qué deseo demostrarte requiere el amanecer. La noche era suya, lo poco que quedaba de ella. Su mundo. Su dominio. Importaba poco que por siglos hubiera sido un infierno. Ella ahora estaba con él. Margarita. El otro lado del infierno eran paraíso y él la llevaría allí, lo encontraría con ella, lo experimentaría con ella. A través de ella.
    Margarita no vaciló. Ella apretó sus dedos con los suyos y le recordó suavemente. No estoy usando ninguna ropa interior. ¿Necesito una ropa diferente? Él gimió. Había estado haciendo caso omiso a tentación de su cuerpo. Él quería pasar tiempo con ella, darle algo además de su continua hambre. “te mantendré caliente.” Su mirada resbaló posesivamente por su cuerpo. Él amó su figura de reloj de arena, todas esas curvas exuberantes solo para él. “Usted es una mujer hermosa.” Ella se ruborizó, brillando intensamente. Su sonrisa era un poco como la luna creciente y las estrellas juntas. Él salió por la puerta antes de que perdiera su control y no salieran de la casa. Ella parecía tener ese efecto en él.
    Él envolvió su brazo alrededor de su cintura y la llevó el cielo. Ella jadeó y se aferró. Él rió suavemente y enterró su cara en todo ese pelo. Los filamentos de seda estaban por todas partes. Ella intentó domesticarlo firmemente sosteniéndose con el brazo que la trababa a él y alcanzándolo cautelosamente con su otra mano para agrupar la masa torciéndolo en un nudo grueso llevándolo luego a su nuca. “Realmente tienes que abrir los ojos para apreciar esto,” le susurró.
    Explosión de alegría a través él. Fuegos artificiales. Colores vibrantes. Luz que se apresura y pasa rápidamente a través del cielo. Un país de las maravillas brillante extendido debajo de él
    Margarita estaba en su mente, compartiéndolo todo con él. Ella era más que un milagro, ella era un trocito de cielo. Que importaba si él hubiera visto esto sin ella. Esto no había querido decir nada en absoluto. Ahora… su selva tropical… su país – era todo, porque ella estaba allí.
    Él sintió sus dedos clavándose en su brazo. Inclinó su cabeza para poner su boca contra su oído, aunque no usara palabras. Quería la forma más íntima de comunicación. Él sintió cada aliento que tomó. Sintió cada latido de su calor. ¿Muéstreme su confianza, mica emni ku? enak minan.
    Siseo, aunque él sintió su risa, nerviosismo y el entusiasmo al mismo tiempo, llenando su mente. ¿Usted acaba de llamarme lunática otra vez, verdad? Bien, él se burló, usted está volando a través del aire sobre el pabellón de la selva tropical conmigo. Usted tiene que estar un poquitico loca para hacer eso. La llamé hermosa sin embargo. Y mia. ¿Eso la compensa? Ella abrió los ojos. Debajo de ella había todos los matices del verde en el espectro de color, con la brillante luz plateada de la luna que se derramaba sobre el pabellón. En vez mirar desde el cielo el piso del bosque, ella lo miraba a él. Un jadeante suspiro de asombro llenó su mente. Se dejo caer rápidamente, colándose a través de las ramas, para mostrarle el hallazgo espectacular que encontró años antes.
    Pocas personas, si hubo alguien, que alguna vez haya visto esta vista. He venido aquí una vez al año para ver estos guacamayos. Temprano por la mañana ellos acuden en masa juntos para su conmovedora reunión matutina, justo antes de alba. Encontré una pequeña cueva cerca de este punto y vacié una cámara, solamente para poderlos verles alzar el vuelo.
    Él sintió la maravilla de aquella visión desde hace mucho, y sabía ahora por qué había vuelto año tras año para asegurarse que la bandada estaba todavía allí. Él no había sentido la prisa en aquel entonces, pero él lo sintió ahora, la belleza y la majestuosidad de las aves de gran tamaño al posarse en los huecos de la arboleda. Había tantas, grandes e imponentes aves.
    Él siempre se había sentido como en casa en la selva y había sentido más afinidad con los animales que los que tenía con las personas que pueblan el mundo.
    Como yo, Margarita confirmó. Es por eso que conectamos de manera rápida y profunda, Zacarías, los dos tenemos un parentesco con los animales.
    La impresión de su risa suave burla de su mente. Por supuesto que eres más como un felino grande, todo dientes y garras, y yo soy más como el colibrí zumbando alrededor de las flores.
    Ella lo miró, sus ojos brillando de alegría, por la emoción de lo que estaba compartiendo con ella. Deliberadamente le mostró los dientes, dejando al descubierto los suyos al igual que un animal salvaje. Más risas se derramaron en su mente. Todo melaza como miel caliente vertiéndose en él, una especie de oro fundido, llenando las grietas y los espacios y alejando aún más las sombras.
    Su brazo se apretó alrededor de ella. ¿Cómo había pasado de estar completamente solo a estar completamente ocupado por una mujer? ¿Una mujer humana en esto?
    Más risas derramaron su brillo a través de él. Un mujer lunática.
    Mi lunática, acordó, se descubrió sí mismo sonriendo.
    Ella había cambiado su mundo. Lo trajo a la vida. Trajo al mundo a su alrededor para vivirlo. No pudo resistir burlarse de ella. ¿Sabía que los colibrí luchan todo el tiempo. Son pequeñas criaturas viciosas.
    Tal vez por eso tengo tanta afinidad con usted.
    Se echó a reír a carcajadas. El sonido lo sobresaltó, le agradaba. Había oído la palabra diversión, pero realmente no había entendido el concepto que hasta hace un minuto. Compartir con Margarita era muy divertido.
    ¿Tienes frío? ¿Había detectado un pequeño temblor?
    Me mantienes muy caliente, gracias. Estoy emocionada. Es tan hermoso, Zacarías. He visto guacamayas, pero no tantas asomando la cabeza fuera de los huecos de los árboles.
    En todas partes se veían, cabezas curiosas de dos en dos miraban a través de los agujeros en los árboles donde anidaban.
    Una bandada de guacamayos normales, dependiendo de la especie, eran alrededor de treinta o menos. Todos ellos paseaban en la mañana juntos. La envergadura de unos buenos tres pies, nada como el águila arpía, pero cuando todas ellas estaban en el aire, era un espectáculo como ningún otro. En unos momentos serás testigo de su vuelo.
    Él sentía su entusiasmo, fluyendo a través de ellos. Ella lo había despertado después de siglos de oscuridad. Una parte de él se preocuparía siempre solamente de lo qué ella había logrado despertar. Sus sentimientos por ella eran demasiado intensos y mezclados para sacarlos fuera y examinarlos. Entonces no lo hagas. Déjelo ser, Zacarías. Esta madrugada en la selva tropical es gloriosa. La luna derrama su luz sobre nosotros, las guacamayas despiertan y extienden sus alas, todas azules, doradas y escarlatas. Es asombroso y usted me ha dado esto. Me encantan.
    Bajó la mirada hacia el derroche de color, todas las plumas brillantes de las guacamayas poco a poco se extendieron y se pavonearon, preparándose para estar listas para su reunión temprano por la mañana cuando la luna descendía y se levantaba el sol.
    ¿Cómo llegaste a ser tan sabia?
    Las mujeres son muy sabias, Zacarías. Deberías escucharlas más a menudo.
    Él dio un resoplido burlón y sintió su risa fluir en su mente. Lo inundó con la felicidad. Ella apretó sus dedos alrededor de su muñeca, su cuerpo vibrante de emoción cuando las aves revolotearon sus alas y, casi como un cuerpo, tomaron el aire. Los rayos de luz se filtraban entre los árboles, golpeando los vibrantes colores vibrantes de sus plumas iridiscentes. Los colores casi lo cegaron, tan vivos e intensos, haciéndolo sentir un poco de vértigo. Él había visto esa visión antes, pero no a todo color vivo. No como esto. Y no con ella.
    Margarita. Él respiró su nombre, un suave susurro en el viento, llevándolo a través de la selva tropical hacía las guacamayas.
    Las grandes aves bordeaban el aire, una demostración llena de gracia como un despliegue de fuegos artificiales, una demostración espectacular de naturaleza en su más hermosa expresión.
    Zacarías apenas podía respirar con la avalancha de emociones como una ola gigante. Por ella. Por Margarita. Él la había traído a este lugar especial para compartir este momento. Un regalo para ella, pero al final, el regalo había sido de ella. Los colores. La intensidad. El puro sentimiento.
    Tengo que estar dentro de ti. Ahora mismo. De esta manera.
    En el aire, en la selva tropical, al aire libre donde él pertenecía – justo en este momento cuando la noche se convertía en día y su corazón latía en ambos sitios.
    Ahora sé por qué olvidaste mi ropa interior.
    Ella lo acarició con amor, profundamente dentro de su mente, las suaves caricias quemaron su piel y los huesos, lo marcaron en algún sitio que pensó que hacía mucho tiempo se había ido. Ella rompió la apertura y se vertió dentro de él, llenándolo con su luz.
    Ella dio vuelta, allí en sus brazos, y él quitó la ropa de ambos, de modo que fuera su piel la que se deslizara contra su cuerpo, todo caliente, suave y exuberante cuerpo ya maduro para él. Él dobló su cabeza para encontrar su boca mientras ella enrollaba una pierna alrededor de su cintura, presionando su apretada e invitadora entrada contra él.
    Ella supo a inocencia y pecado. Él cogió un puñado de pelo en su mano y tiró su cabeza hacia atrás, entonces podría besarla una y otra vez, su lengua explorando todo ese sexy calor.
    Sus caderas se mecían de manera incitante contra las suyas. Él se maravilló de que ella no vacilara, no le negara nada, incluso cuando estaba equilibrada a treinta pies [6] en el aire con una alfombra de guacamaya extendidas debajo de ellos y las ramas a su alrededor llenas de monos. Ella le regreso el besó, aparentemente olvidándose de todo menos de él. Confiando en él, dándose sin reservas.
    Él tuvo que dejar ir su pelo para levantarle su otra pierna y colocarla alrededor de él. Ella se apalancó usando las manos sobre sus hombros, deslizando su calor abrasador de su cuerpo sobre su vientre para colocarse a justo encima sobre la suave cabeza de su polla. Él se cerró los ojos, saboreando la sensación exquisita cuando ella lentamente se empaló a si misma, deslizándose en un movimiento insoportablemente gradual, tomando su respiración en pequeños rondas y la manera que su ajustado cuerpo a regañadientes se estiró alrededor de su gruesa longitud.
    Ella echó su cabeza y comenzó un lento paseo diseñado para conducirlo a la locura. Sus músculos lo sujetaron y acariciaron, la fricción construyéndose como un lento fuego cuando el calor feroz ya lo rodeaba. Ella se sentía como un suave terciopelo, húmeda y apretada. Demasiado apretada. Lo estrangulaba. Enviaba relámpagos explotando por su cuerpo. Cada una de sus terminaciones nerviosas sentía el movimiento más diminuto que ella hacía; cuando se elevaba, o su cuerpo se deslizaba sobre suyo, ajustado como guante, una segunda piel, y luego hundiendo de nuevo sobre él, tomándolo profundamente.
    Su pelo volaba por todas partes, cubriéndolos por un momento y deslizándose lejos al siguiente revelando sus cuerpos entrelazados. La dejó marcar el ritmo, observando cada expresión en su rostro, sus ojos, su felicidad, el placer, la lujuria, pero sobre todo, se encontró mirando el amor. Estaba allí en sus dulces ojos. En la forma en que lo tocaba. En el modo de moverse, ese paseo lento, perezoso, en espiral, como si quisiera disfrutar de cada momento que pasaba con él, sacándolo a fuera para siempre. Ella lo saboreó.
    Se dio cuenta de que había abierto la presa de sus emociones, y para ella, cada sentimiento era más intenso, más todo. Su mundo se centra en ella. Este mundo. El que tiene color. Emoción. Con amor.
    Conmigo. Este es el mundo real, Zacarías. Cuando estás conmigo. Vive aquí, conmigo. Cuando vas al otro, sólo estas cazando en él. Pero vive aquí conmigo.
    Sus manos alisaron su piel, los labios de repente le rozaron el hombro y se retiró de nuevo cuando dejó caer su cabeza hacia atrás y sus ojos se encontraron con los suyos.
    Siempre, avio-päläfertiilam mi compañera. Siempre voy a vivir contigo. No hay otro camino. Él tomó el control de nuevo, sumergiéndose en ella una y otra vez, cada trazo largo y profundo, cada uno diciéndole lo que ella era para él. Él la condujo alto ascendiendo e inclinándose sobre el borde, ella se lo llevo con ella. Se elevaron en el cielo, un viaje vertiginoso, unidos, compitiendo con el sol mientras se abrían camino a casa.

CAPITULO DIECISEIS

    El ruido sordo era persistente, unos molestos tambores se introdujeron en sus sueños. No importaba cuántas veces Margarita arrastró la almohada sobre su cabeza, presionando sus oídos, los golpes no sólo continuaban, sino que se hacían más fuertes y mucho más exigentes. Deseaba desesperadamente dormir. Estaba tan cansada que no podía encontrar la energía para moverse. Sus brazos y piernas parecían de plomo. Incluso sus párpados no quería cooperar.
    Se quedó un largo rato, escuchando los latidos de su corazón. El sonido era muy fuerte, haciendo eco a través de su cabeza. Podía oír el torrente de la sangre en sus venas, y los sonidos de los insectos fuera de la casa en el campo. A pesar de todo el golpeteo era persistente. El que estaba en la puerta principal no iba a desaparecer pronto-a menos que ella estuviera teniendo una extraña pesadilla.
    La idea de una pesadilla no la alarmaba, pero la idea de que los ruidos que escuchaba con tanta facilidad se encontraban fuera de las paredes de la casa lo hacía.
    Zacarías le había explicado, pero si escuchaba, podía oír el murmullo del ganado y era a más de una milla de la casa. Procedentes del establo eran los caballos e incluso la conversación de dos de los hombres que trabajan allí. Uno estaba muy preocupado por Ricco.
    Un grito extraño y más golpes en la puerta la convencieron de que debía levantarse. Experimentó, trató de levantar un brazo. Se las arregló para levantarlo solo unas pulgadas, con un suspiro, ella se dejó caer sobre el colchón. Tomó un poco de esfuerzo, pero se dio la vuelta para mirar a su ventilador de techo girando lentamente sobre su cabeza.
    Más golpes en la puerta y su mente perezosa empezó a funcionar más rápido. ¿Y si algo le había sucedido a Ricco? Tal vez esa fuera la razón por la que los trabajadores lo estaban discutiendo. Tendría que haber espiado en lugar de retirarse como un niño asustado.
    ¿Qué has hecho conmigo?
    Zacarías se encontraba en el suelo mucho más allá de la gestión diaria de un rancho, mientras ella estaba a la entera disposición de todos y de llamada. Era muy bueno para dar órdenes, para demandar que se quedara en casa, tratando de obligarla a dormir durante el día, pero había mucho trabajo por hacer y el rancho requería que tomara parte-una parte importante.
    Determinada ahora, Margarita forzó a su reacio cuerpo a sentarse. La luz que se filtraba por la pequeña rendija entre las cortinas de la ventana la golpeó en el rostro como una bofetada. Sus ojos le ardieron, un punzante dolor instantáneo que le revolvió el estómago inquietantemente y trajo lágrimas que fluían por su rostro.
    Alzando el brazo para proteger sus ojos, se levantó de la cama, las piernas y el cuerpo temblando con el esfuerzo por encontrar sus huesos. Ella quería deslizarse hasta el suelo. Le tomó un mayor esfuerzo echarse agua fría en la cara y cuello, y enjuagarse los ojos, pero se sintió mucho mejor después. Con su cerebro todavía lento, y su cuerpo en sintonía con otro mundo, pudo por lo menos arrastrarse en su ropa, sin caerse de cara.
    Su pelo era un lío salvaje y ella hizo todo lo posible por domesticarlo mientras ella se apresuraba por la casa con los pies descalzos para llegar a la puerta principal. El problema con las instrucciones exactas de Zacarías en cuanto a los salvaguardas sobre la casa, era que como ella no tenía ninguna voz, no podía llamar para preguntar quien estaba afuera, por lo tanto tenía que abrir la puerta para ver quien estaba allí. Ella trató de echar una ojeada por la ventana, pero el sol casi la cegó.
    La quemadura de sol fue exactamente como antes, hombre mío, declaró vehementemente en su cabeza, una especie de diversión enferma entró sigilosamente. ¿Dónde estaba el hombre cuando ella se quedó hacer frente a los problemas que había creado? Ella iba a preguntarle apenas la bella durmiente se despertara.
    Con cautela entreabrió la puerta. Lea estaba afuera, con el rostro hinchado, un ojo cerrado y el otro caído, los labios agrietados y sangrando.
    Las lágrimas corrían por su rostro. Ella sacudió la cabeza cuando Margarita abrió la puerta y llegó hasta ella. Apretando las manos contra su boca – sollozó.
    Margarita la agarró del brazo. La luz era tan deslumbrante, con los ojos sensibles se veían tan rojos como los de Lea, ardor y lagrimeo en el momento en que el sol la golpeó.
    Incluso la piel le picaba, como si se encogiera lejos de la luz. Dio un paso atrás instintivamente, llevándose a Lea con ella. Lea hizo un sonido, a medio camino entre un gemido y un grito sollozante. Detrás de ella, un hombre apareció, su rostro con una mueca triunfal, y golpeó duro con su mano en la espalda de Lea, forzándola a entrar en la casa, empujándola sobre Margarita. Las dos mujeres cayeron al suelo, en una maraña de brazos y piernas, Lea fijando a Margarita al suelo.
    El extranjero salto a través de la puerta. “De prisa, apresúrate,” llamó a Esteban. Su cara estaba torcida en una máscara demoníaca, sus ojos miraban rápidamente alrededor de él adentro de una especie de terror móvil incluso cuando saltó sobre las dos mujeres en el piso y giró alrededor en un esfuerzo para ver el interior todo a la vez. Esteban pasó como un rayo después de él, cerró de golpe la puerta y la bloqueó. Un olor asqueroso impregnó el aire el momento que los dos hombres entraron. Una mezcla de ajo pesado, miedo y de drogas exudaba de sus poros, poniendo cerca de las nauseas a Margarita.
    El desconocido se agachó y cogió Lea por su pelo rubio y tiró. Lea agarró sus muñecas en un esfuerzo por aliviar la presión sobre su cuero cabelludo, luchando por ponerse de pie, mirando a su hermano, la ira mezclada con miedo.
    "Levántate, puta", le espetó el forastero.
    Margarita suponía que era la puta, considerando que Lea ya estaba de pie. La calma se apoderó de ella. Sólo podía haber una razón para que estos hombres estuvieran aquí. Esteban llevaba una mochila, y era pesada. Charlie Díaz, en su estado de embriaguez, había traicionado a la familia De La Cruz, y el tonto collar de ajos colgado alrededor del cuello de Esteban y el olor a asqueroso a ajo que despedía el extranjero le decía que planeaban matar a Zacarías. Dependía de ella evitar que estos hombres llegaran a su lugar de descanso.
    Se tomó su tiempo, fingiendo dolor mientras ella luchaba por ponerse de pie. Había un botón de pánico a unos pies de ella, colocado cerca de la puerta. Si ella lo golpeara, sus hombres vendría corriendo, armados hasta los dientes, pero ellos no podrían entrar si ella no les abriera la puerta. Tragó con fuerza – y no fue tan difícil mirarlos asustada – ella se puso de pie, balanceándose un poco, subió una mano hasta su garganta llena de cicatrices, otra busco la pared como si buscara sostenerse.
    Zacarías. ¿Puede oírme? Estamos en problemas. Usted tiene que despertarse y oírme.
    El botón de pánico estaba a varios pies de ella, pero al menos ella tenía su mano sobre la pared y todos ellos compraban su miedo. Ahora que estaban en la casa, estaban menos inquietos y un poco más arrogantes.
    DS lanzó a Lea contra la pared al lado de Margarita y contoneándose para colocarse delante de ellas, tan cerca que su condenado aliento a ajo sopló sus caras en bocanadas calientes, cuando habló. Él invadió deliberadamente su espacio como táctica de terror. Margarita encontró, que después de hacerle frente a un vampiro y a Zacarías, DS no la asustaba tanto como ella pensó que podía hacerlo. La comprensión de que estos hombres no podrían sostenerle una vela a los seres peligrosos con ella había tratado hizo que bajara su temor una muesca más, lo que le permitió mantener su respiración uniforme e incluso estable. Su corazón paró la palpitación y su mente calmada se convirtió en una máquina lógica, trabajando en encontrar una solución y un plan de reserva para su actual lío.
    Zacarías. Ella lo intentó otra vez, esta vez permitiendo a esa parte suya enviara a su espíritu a que se elevaba libremente para encontrarlo. Él entró en ella rápido, fusionando sus espíritus, fuerza y coraje y un total consuelo. No había ningún pánico en él, ningún pensamiento, sino la destrucción del peligro para ella. Ningún pensamiento para sí mismo – sólo ella.
    Margarita abrazó aquel conocimiento y esto reforzó su coraje aún más. Ella no estaba tratando de controlar una situación imposible.
    Te necesito para deshacerme de las salvaguardas en las puertas y en las ventanas para que Cesaro y los demás puedan entrar. ¿Es posible?
    Ella trató de no reaccionar de forma exagerada cuando ella metió su mano en su bolsillo y sacó su cuaderno de notas y pluma. A toda prisa, y en lo que ella esperó fuera con una temblorosa mano, garabateó su pregunta.
    ¿Quién es usted? ¿Qué quiere?
    "Usted sabe, " espetó DS. " Lo estas ocultando. Sabemos que él está aquí. "
    Lea humedeció sus labios hinchados. “DS piensa que Zacarías es un vampiro. Él planea matarlo. "
    Margarita frunció el ceño, sus cejas reunidas en perplejidad. Ella escribía más en el bloc de notas, tomándose su tiempo, dejando que Zacarías evaluara a sus enemigos a través de ella.
    Se ha ido. Se fue ayer por la noche. Nunca permanece mucho tiempo.
    DS le dio una bofetada dura, tan dura, que la parte posterior de su cabeza conectó con la pared. La velocidad fue tan aterrante y el golpe tan inesperado, que Margarita se encontró desorientada por un momento. Bajo sus pies, una ola levantó el piso. Las paredes temblaban.
    "No me mientas, perra. Tú eres su guardián. Sé que está aquí y usted nos va a llevar a su lugar de descanso”.
    Llama a Julio, Zacarías, y permite que sus hombres entren. Margarita hizo lo mejor para conseguir que su petición le llegara. La sacudió el salvajismo de la reacción y del fanatismo evidente de DS.
    Esteban rió nerviosamente, un sonido agudo, casi histérico. Él no creía necesariamente en vampiros, era mucho más que evidente para ella, pero DS proporcionaba las drogas y una forma de vida inusual, llena de adrenalina. Él anhelaba el poder que DS tenía, y necesitaba la asociación, para sentirse como si estuviera en el círculo íntimo. Margarita no estaba del todo seguro de que la evaluación era la suya o la de Zacarías.
    Estoy muy débil, sívamet. Voy a golpear cuando pueda para matarlos. Podría alertar a Julio y Cesaro, pero tendrá que descifrar las salvaguardas y es muy peligroso. Si les ayudo, puede que no tenga la fuerza para atacar cuando sea necesario. Estoy muy cerca de la oscuridad, más que la mayoría de mi clase y el sol cobra un peaje en mí que no es igual para los demás.
    No podía oír ninguna nota de ansiedad en su voz, solo esa especie- de hecho -manera con que hablaba de todo, pero estaba unida fuertemente a él, sintiendo sus emociones cuando él ni siquiera podía, y su ansiedad era todo para ella.
    Un Cárpato tan cerca a la oscuridad como Zacarías sufría el peso del sol como plomo mucho más que otros. El sol estaba en su punto más alto. El DS había elegido muy bien su tiempo. Debía haber estudiado-y creído-todo las leyendas de vampiro. Dejó que su aliento saliera lentamente. Zacarías temía que tuviera solamente una ocasión de golpear a través de ella. Mientras que ella sostenía la conexión entre ellos, no él. Él no gastaba su energía cuando ella era capaz y esto solamente le dijo cuan grave le resultaba realmente el sol de tarde para él.
    Margarita hizo un espectáculo al presionar su pluma al papel otra vez, tomándose su tiempo, dejando que su mano se sacudiera, mientras su mente corría. No tenía oportunidad de parar a estos hombres hasta puesta del sol. Ellos eran tan conscientes como ella en qué posición el sol estaba. Ella iba a tener mantenerlos lejos de Zacarías. Charlie lo había traicionado, pero era evidente que no sabían la posición exacta de Zacarías. Solamente podrían imaginárselo. Sólo aquellos que servían dentro de la casa sabían donde las cámaras del sueño estaban localizadas.
    Digo la verdad. El señor de La Cruz se marchó ayer en la noche para ir a una de sus otras residencias. Él no se queda en un lugar mucho tiempo.
    Ella sabía que habría un toque de verdad. Charlie tenía que haberles dicho eso, por eso, no habían esperado. Era obvio que Lea habían sido brutalmente golpeada y sin embargo no había delatado a Margarita.
    Recordando el anillo y las palabras en la lengua antigua grabada en el oro viejo, ella metió la mano izquierda en el bolsillo de su falda. Ella necesitaba quitarse el anillo, pero Zacarías, y sabiendo quien y que era, lo había hecho del tamaño exacto para que encajara perfectamente en su dedo. Tomaría unos pocos tirones para sacárselo.
    ¿Puedes hacer eso por mí?
    Ella sintió su vacilación. No quería perder la energía.
    Puedo pararlo por un tiempo para darle tiempo de recuperarse. Esto me dará una pequeña posibilidad de convencerlos de que no está aquí.
    Ella ya sabía que no iba a tomar su palabra y, tarde o temprano, después de un espectáculo de golpes, tendría que darles algún lugar para que pudieran cavar. Si ellos tuvieran algo de cerebro, le verían el cuello y sabrían que nunca les daría su ubicación, no importaba lo que le hicieran.
    Sí, usted lo hará. No voy a permitir que pongan otra mano encima. Díselos.
    Como el infierno, que les diré.
    Su corazón se sacudió. Ella lo sintió. Aquella rabia tranquila ardiente construyéndose como un volcán bajo la tierra. Usted me obedecerá en esto.
    En realidad, no, no pienso hacerlo. Puedo manejarlos. Si conseguimos mantenerlos lejos, usted puede destruirlos, pero tengo armas en todas partes de la casa. Solamente necesito conseguir una posibilidad con ellos.
    Prohíbo esto.
    Prohibir fuera. ¿Realmente pensó que lo entregaría a estos locos fanáticos?
    Le entregó la nota a DS. Él lo leyó, maldito, lo arrugó y se lo lanzó a su cara. Su puño golpeo la pared al lado de su cabeza.
    Sintió que se aflojaba el anillo en su dedo y se deslizaba en su bolsillo. El alivio fue instantáneo. Zacarías podría estar enojado con ella, pero aún así extendió para protegerla lo mejor que pudo. Incluso ese pequeño empuje de energía lo drenó. Podía sentir su debilidad y su frustración. Él se mantuvo alerta, no discutiendo con ella, leía su determinación tan fácilmente como podía leer su ira y la silenciosa promesa de represalias.
    Extrañamente, eso la hizo temblar, asustándola más que DS y Esteban. Pero no lo suficiente para dejarlos llegar a Zacarías. Ella tomaría las consecuencias, siempre y cuando salvara su vida.
    ¿Crees que estoy bromeando contigo? Yo te puedo hacer daño como nunca has sido herida".
    Lea extendió la mano y tomó la mano de Margarita en silenciosa camaradería. "Lo siento. No había ninguna forma de advertirle".
    "Cállate", espetó DS. Empujó Lea hacia la gran sala familia. "Entren ahí. Las dos. "
    Esteban cogió la bolsa y lo siguió. Su rostro perlado de sudor, el olor que impregna la sala hacía que Margarita quisiera vomitar. Ambos hombres se asustaron, pero estaban tan drogados y exaltados ante la idea de conducir una estaca en el corazón de Zacarías que no podían estar quietos.
    "Míralas", espetó DS.
    Él merodeó por la casa, inspeccionando cada rincón y hendidura, prestando especial atención al suelo y los armarios, abriendo cada la puerta. Margarita mantenía la casa en perfecto orden. No había marcas en cualquiera de los pisos que indicara que los muebles habían sido movidos o trampas fueron instaladas. Los pisos parecía sin costuras, incluso cuando DS quitó las alfombras. Ella trató de no hacer una mueca de dolor cuando se enteró que las cerámicas se rompían en el suelo, o los platos eran lanzados cuando su frustración y cólera crecieron.
    El corazón le dio un pequeño golpe en protesta cuando la acechó en la habitación, con furia en su rostro. Sus ojos se fijaron en ella mientras marchaba hacia ella con determinación. Lea dio un chillido de miedo y se acercó a Margarita como si pudiera protegerla. Margarita se retiró inmediatamente de Zacarías, no queriendo que fuera testigo o sintiera lo que se avecinaba. Oyó el eco agudo de su protesta, pero ella rompió el contacto de todos modos.
    Él ya estaba molesto con ella por no revelar su ubicación, por lo que ¿qué importa si ella podía ahorrarle esto?
    Su rostro era una máscara retorcida. "Usted me va a decir lo que quiero saber, pequeña perra del demonio". La saliva voló de su boca. Sus ojos eran maniáticos.
    DS llovió golpes en Margarita sin misericordia, su cara, su estómago, cada parte desprotegida de su cuerpo hasta que ella cayó al piso y él la pateó en varias ocasiones. Margarita estaba agradecida de que no pudiera gritar. Ningún sonido emergió, no importa cuánto gritó de dolor. Ella hizo todo lo posible por cubrir su cara y su cuerpo mientras los golpes continuaban, se acurrucó en posición fetal. El ataque le pareció que duraba para siempre. Perdió la noción del tiempo, su mente en una nube de dolor.
    "Usted la va a matar", gritó Esteban, corriendo hasta DS.
    "Bueno. La perra se lo merece. "DS arrancó el brazo de Esteban y le dio otra patada en la cadera.
    "Ella no lo sabe o se lo hubiera dicho."
    "Ella lo sabe. Ellos protegen a sus amos. Son como perros, los cuidan, sin una mente propia. ", Continuó la lluvia de golpes y patadas, golpeaba en cualquier lugar que podía, las piernas, caderas, brazos y espalda, incluso la cabeza.
    Esteban jaló a DS de nuevo, tirando lejos de ella. "No va a ser capaz de llevarnos al lugar de descanso y no conozco a nadie más. Para el momento en que rompamos el suelo, el sol se habrá puesto. "
    El DS empujó a Esteban lejos de él con bastante fuerza para enviarlo dando tumbos. DS pasó su mano por su cara como si despejara su mente. La mirada salvaje en sus ojos retrocedió. Él escupió a Margarita y se paseo a través del piso. Había solamente el sonido de su respiración desigual pues él trabajaba para obtener mantenerse bajo control. Él finalmente sacó un frasco de plata y vertió el polvo blanco en la pequeña mesa en la esquina del cuarto. Los ojos de Esteban se iluminaron. Él se acercó a DS pero le hizo un gesto para que se alejara. “Vigílalas.” “Ellas no van a ningún lado,” Esteban gimoteó. Se lamió los labios.
    Lea se deslizó por la pared, con movimientos muy cuidadosos y se colocó al lado de Margarita. Se inclinó hacia Margarita, coloca sus labios en su oído y le susurró tan suavemente como pudo, ¿Estás bien?
    Margarita no podía respirar. Había tantos lugares en su cuerpo que le dolían y sus costillas y quemaban, robándole todo el aire. Las lágrimas inundaban sus ojos, ocultando su visión, o tal vez era sangre. Ella podía saborearla en su boca. Sus labios estaban hinchan y dolían. Ella se acurrucó un poco más fuerte en respuesta, rezando por que DS se mantuviera alejado de ella.
    Lea le puso la mano en el brazo Margarita en un gesto de consuelo, las lágrimas corrían por su rostro. Ella miró suplicante a su hermano. Sus ojos estaban en el polvo blanco que DS cuidadosamente cortaba en línea recta sobre la mesa. Él se acercó más, lamiéndose los labios en varias ocasiones, le temblaban las manos por la excitación y la necesidad. Lea cerró los ojos con disgusto.
    "DS, lo necesito, vamos", declaró Esteban, su voz temblaba.
    DS se dio la vuelta y juró. "Te comportas como una perra en celo, lo quieres tan mal, arrástrate hasta mí, en tus manos y rodillas. Muéstrale a tu alta y poderosa hermana que tan perra eres. "
    " No hagas, Esteban, " suplicó Lea en un susurro. " Mira lo que te hace. "
    Esteban no giró. Él tenía ojos solo para el polvo blanco. Deliberadamente, DS tomó su paja de plata y sorbió una línea entera por su nariz.
    Él volteó su cabeza y aulló, como si fuera un lobo, que aúlla a la luna. "Demonios, esto es una mierda buena. "
    Esteban tropezó hacia adelante, e inmediatamente la expresión de DS cambió del éxtasis al desprecio puro. Él pegó con la mano a Esteban y lo empujó. "¡Aléjate de mí, perra. ¿Lo quieres? te lo tienes que ganar. Arrástrate a través de la sala de rodillas delante de tu puta hermana. "
    Un sollozo escapó de Lea cuando Esteban bajó lentamente en sus manos y rodillas y se arrastró por delante de DS que lo vio triunfante, sus ojos brillando, su cara torcida impregnada de alegría. Riendo, le escupió a Esteban, la saliva golpeó su mejilla y poco a poco goteo hasta la barbilla.
    DS le dio una patada cuando Esteban trató de limpiarse la cara. "Déjalo. Para que recuerdes quien está a cargo. Y no interfieras de nuevo. "Él se volvió atrás y aspiró otra línea del polvo.
    Esteban estaba agachado en el suelo a sus pies, miraba con desesperación. Hizo un solo sonido de súplica en la parte posterior de la garganta y trató de deslizarse hasta DS.
    "Vuelve. No has rogado correctamente todavía. Siéntate y ruega. Vamos, perrito. A sentarse y a mover la cola como una buena mascota. "
    Margarita se desplazó, el más sutil de los movimientos. Cuando cayó, se aseguró a caer cerca de la mesa baja, donde un cuchillo se mantenía pegado bajo el pequeño cajón. Dejó que su mano fluyera muy lentamente por la madera, no queriendo llamar la atención de DS. Él se centró en atormentar a Esteban y parecía, por el momento, haberla olvidado.
    Le dolía moverlas. Toda herida, solo el acto de levantar el brazo era doloroso, como si hubiera pequeñas grietas en el hueso. Estaba segura de que los daños eran todas contusiones graves, pero que el movimiento pequeño, sutil seguía enviando relámpagos de dolor a través de su cuerpo.
    Las pestañas de Lea se agitaron. Ella le frunció a Margarita y sacudió lentamente la cabeza, por temor a repercusiones, pero, a pesar de que claramente no entendía lo que Margarita estaba haciendo deslizándose tan sigilosamente hasta la pata de la mesa baja, ella valientemente cambió su cuerpo lo suficiente como para bloquear la visión de DS si la buscaba. Sus ojos se agrandaron cuando el puño de Margarita salió de debajo de la mesa con el cuchillo. La hoja era de cuatro pulgadas larga y afilada con un fuerte filo, metido dentro de una funda de cuero suave. Margarita empujó el cuchillo tan profundamente en el bolsillo de su falda, como le fue posible.
    Sus ojos se encontraron con los de Lea. Se suponía que se veía tan mal como su amiga. Se dio cuenta de que su ojo se hinchaba, y que tenía lastimada la boca. Ella se tocó con la lengua el labio partido e hizo una mueca de dolor. Había provocado deliberadamente a DS. Sería sospechoso que de repente entregara a Zacarías sin luchar. Ella necesitaba que le proporcionara una auténtica razón para tener miedo. Pensó que si Lea podía sobrevivir a la paliza, ella también podía. Había sido un poco más entusiasta de lo que había contado.
    Sintió la agitación repentina en su mente, un vertido de hielo en su cuerpo. Ella se estremeció, pero rápidamente llegó al encuentro de Zacarías hasta la mitad, tratando de asumir la carga de energía a partir de él.
    ¿Qué estás haciendo? Su voz estaba muy calmada, demasiado calmada. Se sentía el borde, aunque ella no podía oírlo.
    Dios. No esperaba que pudiera conectarse con ella tan pronto. No podía ocultarle el dolor de sus heridas. Tuvo que sentir cada golpe en su cuerpo. Viendo dentro de él y sentir sus emociones, ella sabía que era mucho peor para él yaciendo indefenso bajo el suelo mientras ella estaba en peligro. Era la peor situación posible para un macho dominante, protector, como Zacarías. Estaba atrapado. Sus enemigos habían elegido el momento perfecto para atacar cuando su cuerpo era de plomo y no podía hacer otra cosa que mantenerse en contacto con Margarita mientras DS y Esteban hizo lo que querían con ella.
    Pienso que puedo detenerlos más tiempo, mientras más cerca estemos de la caída de sol y esto le permitirá mucho más fuerza. Esto era un plan lógico, el mejor que ella tenía. Puesto y puesto otra vez. Fue en todo lo que pudo pensar. Girarlos el uno contra el otro. Independientemente de lo que esto tomara.
    He declarado que prohíbo esto. No le dejaré hacerse más daño. Condúzcalos hasta mí inmediatamente.
    Margarita suspiró. Usted sabe que no puedo hacer esto, ella dijo tan con cuidadosamente cómo fue posible.
    Zacarías no respondió. Ella sintió su rabia que ardía, enterrada profundamente, amenazando con estallar, pero él no se molestó en discutir. Como ella, él estaba enrollado apretadamente con su mente, y él podría leer su determinación.
    No tienes que entender. Margarita suspiró de nuevo y trató de no dejar que su desaprobación le hiciera daño. Esta fue su decisión para hacer-no la suya-su vida para arriesgar. No había duda en su mente que iba a arriesgar su vida por ella sin siquiera considerar cualquier otra alternativa.
    Es diferente. Es mi derecho y mi deber protegerla.
    Casi podía verlo romperse los dientes como un lobo hambriento, impaciente con lo que él consideraba su desafío. No pudo razonar con él. Estaba fijo en su camino, seguro de que tenía razón, y ella no podía, ni debía-ceder ante él. Se puso nerviosa con la silenciosa promesa de represalia sintió ese hierro absoluto que sabía que no podría moverse, pero él había puesto en contra de ese lado de ella que era tan determinado y tan segura de que estaba justificado.
    Zacarías, pudiste obscurecer el cielo y emerger antes de la puesta del sol, para salvar a Ricco. Estaba cerca el ocaso, pero todavía faltaba para que hubieras sido capaz de hacerlo. Y cuando le encontré esa mañana. Ella odió traer a colación esa mañana. Él había elegido una muerte honorable y ella había interferido. Había estado tan enojado con ella. Usted debería haber muerto ya, incinerado totalmente, el sol ya había salido un poco mientras se exponía. Pienso que eres más resistente a él de lo que crees. Si los detengo y mi plan no funciona, y llegan a su lugar de descanso, usted será aquel mucho más fuerte.
    Le he prohibido ponerse en peligro.
    Ella suspiró. No había forma a través de una pared de ladrillo. Vamos a tener que acordar estar en desacuerdo.
    Siempre y cuando usted entienda que todas las consecuencias son también de su elección.
    Ella se estremeció, parpadeando para contener las lágrimas cuando cometió el error de morder el labio hinchado. Usted está haciendo esto peor para mí.
    Ella necesitaba a retirarse, para que le permitiera concentrarse en engañar a DS y Esteban. Se armó de valor y Zacarías podría minar su valor más rápido que nadie. Margarita sintió al instante el rechazo instintivo de Zacarías por su evaluación.
    Lea la agarró por la muñeca, distrayéndola. Su mirada saltó a Esteban como se puso de rodillas, sus brazos curveados en la clásica posición de pedir.
    "Saca la lengua, fiel Fido"- se rió DS. Volvió por tercera vez, aspirando la mayor parte del polvo.
    Esteban gritó y se lanzó hacia adelante, empujando su cara sobre la mesa con desesperación. Un solo sonido salió de Lea, un sordo lamento de protesta. Se cubrió el rostro con las manos, incapaz de ver a su hermano humillarse por la droga.
    Margarita sacó su bloc de notas de su bolsillo y cuidadosamente garabateó un mensaje a Lea. Este no podía caer en manos de DS o de Esteban.
    Hay un botón de pánico en la parte superior de la escalera debajo de la foto de mi padre. Si puedes abrir la puerta principal, aprieta el botón. Todos los hombres vendrán corriendo. Pero no pueden entrar en la casa si la puerta no está abierta.
    Margarita coló un vistazo rápido a DS, que se estaba riendo histéricamente de Esteban. Ella continuó, escribiendo tan rápido como pudo, su cuerpo cubriendo los movimientos.
    Usted no puede golpear el botón para llamar a los hombres si no logra abrir la puerta para ellos. Sería demasiado peligroso.
    Ella deslizó el papel a través del piso boca arriba debajo de la mano de Lea, para que pudiera leerlo. Lea miró detenidamente entre sus dedos en la nota. Sus ojos se ampliaron y ella asintió. Antes de que Margarita pudiera recuperar el papel, ella lo desmenuzó en su puño y se lo llevó a su boca. Margarita le sonrió. Ellos guardarían para siempre ese momento de total camaradería y comprensión. Ella podía contar con Lea. Estaban juntos en esto. Vivas o muertas.
    La risa maníaca de D se cortó bruscamente. Margarita sintió cada músculo tensarse cuando su mirada se posó en las dos mujeres.
    ¿Qué hacen tiradas en el suelo? Levanten sus culos. Si usted quiere que esta perra sobreviva los siguientes cinco minutos, debes decirme donde está él. "Acechó a través del espacio y arrastró a Lea a sus pies, empujando su arma contra su ojo izquierdo.
    Margarita luchó para ponerse de pie, haciendo un espectáculo tratando de escalar la pared, jadeando y apretando sus costillas. Miró a su alrededor en busca de ayuda, y luego se derrumbó cuando presionó la boca del arma contra el ojo de Lea.
    Margarita indicó la cocina con su barbilla, su mirada deslizando lejos de forma intimidada. DS se acercó a ella, cogiéndola del brazo, jalándola cerca de él. El olor de la droga brotaba de sus poros lo que le daban ganas de vomitar. Ella se encogió para alejarse de él, levantando el otro brazo como escudo, como para protege su cara maltratada.
    La agarró con más fuerza, sus dedos se clavaban en su piel, con ganas de dejar contusiones, queriendo que sintiera su fuerza. Comprendiendo con qué delicadeza Zacarías la tocaba e inundaba su mente, trayéndole un calor que ella abrazaba. La fuerza de Zacarías era diez veces mayor que la de este hombre, sin embargo, una vez que él aprendió que los seres humanos eran de hecho muy diferentes a los Cárpatos, el cuidado siempre había sido superior en su mente. Aun cuando él era un poco brusco durante las relaciones sexuales, marcando su cuerpo, se tomaba el tiempo para aliviar cualquier dolor después que descubrió las respuestas de su cuerpo.
    DS era un hombre que disfrutaba infligiendo dolor y humillación a los demás. DS era el monstruo que Zacarías creía ser. Zacarías jamás prolongaría el sufrimiento solo para verlo. Impartían justicia. Erradicaba el mal, pero no le gustaba su trabajo. Él simplemente lo hizo a lo mejor capacidad.
    "Esteban, consiga mover su culo del piso."
    Por primera vez, Margarita vio al hermano de Lea. DS había lanzado el polvo restante de la mesa al piso.
    Esteban estaba muy ocupado tratando de conseguir cada mota. Su rostro, cuando levantó la vista, estaba salpicado de blanco. Su corazón estaba con Lea, que hizo un suave sonido del dolor.
    DS la oyó y se echó a reír, divirtiéndose aún más. "Sí, Lea, míralo. Su hermano mayor, todo lo que importa es él. No usted. Que le sigue por todo el mundo. ¿Sabes lo que hace? El contrabandea armas para mí. Trafica con mujeres. Con niños. Hace lo que pido. Vendería su alma por esta droga. Y ésta… "Sacudió a Margarita como una muñeca de trapo. "Ella le sirve al diablo. Realmente necesitas tener un mejor juicio".
    Escuchó su voz. Él está muy enojado con ella. Obviamente, pertenecía a la sociedad que creía en vampiros y había marcado a mi familia para morir, pero había mucho más que esto.
    El corazón de Margarita dio un vuelco. No sabía que Zacarías se encontraba todavía en su mente, tranquilo y atento, observando esa presencia, pero ella debería saberlo. Una vez que estuvo en peligro, estuviera ella sosteniendo el puente entre ellos o no, él no la dejaría sola. Él era ese tipo de hombre. Su mente trabajaba rápidamente para captar lo que estaba diciendo.
    Lea estaba en graves problemas, tal vez más que Margarita. DS era un fanático de los vampiros, pero esto no era todo acerca de Zacarías. DS había buscado a Esteban por una razón, lo había controlado por ira. Se trataba de Lea.
    Él debe haber tratado de hacer un movimiento sobre ella primero, antes de todo esto. Ella tiene una capacidad natural de reconocer el mal. Probablemente no es consciente de ello, pero definitivamente se opondría a cualquier avance, ya que su subconsciente la protegería. Él se siente atraído por la luz y la inocencia y por su necesidad de corromperla y destruirla. Él la quiere. Usted puede usar esto. No va a querer matarla. Lastimarla, sí, pero no matarla.
    Margarita se horrorizó. Yo no voy a ponerla en peligro.
    Hubo un breve momento de calor deslizándose por el hielo en su mente. Tonta. Usted quiere que corra hasta la puerta y la abra para Cesaro y sus hombres. Le estoy diciendo que no la van a matar. Eso debería aliviar su mente, no hacerla sentir culpable. Realmente eres una lunática un poco ilógica.
    Ella sabía que él estaba tratando de distraer su atención de miedo. El miedo paralizaba a alguien, y con DS arrastrándola hasta la cocina, su corazón latía con fuerza, acelerado fuera de control. Podía degustar el sabor cobrizo de su propia sangre en la boca. Este plan tenía que funcionar. Zacarías la había hecho sentir un poco mejor. Por lo menos no estaba enojado con ella, empeorando la situación.
    Tropezó varias veces, cada pequeño retraso era un segundo que contaba a favor de Zacarías. Señaló a regañadientes la puerta de sótano con una mano temblorosa. En el momento en DS le soltó el brazo, se apresuró a sacar su bloc de notas.
    Él me va a matar por la traición.
    DS arrebató el bolso de las manos de Esteban. "Él va a estar muerto cuando yo le clave una estaca en su corazón, le corte la cabeza y llene su boca con ajo. "
    "No puedo creer que Zacarías de la Cruz está durmiendo en el suelo", estalló Lea a cabo. "Estás loco para pensar eso".
    Margarita le tocó la muñeca y con urgencia negó con la cabeza, pero Lea continuó, su voz llena de desprecio.
    "Es un hombre de carne y hueso, como nosotros. Lo he visto. Él es demasiado elegante para haber dormido alguna vez en la tierra. No tienen colmillos y me senté en una mesa con él, bebiendo té y comiendo torta".
    DS reaccionó de inmediato, salvajemente, balanceándose la mochila pesada golpeó en el estómago de Lea, doblándose encima de ella. Lea cayó contra la pared, golpeando duro la parte posterior de la cabeza. Deslizándose hasta el suelo. DS le pateó la cadera y la escupió. Agarró a Margarita por su largo pelo y la arrastró hasta la puerta de la bodega.
    "Tú primero, perra, por si acaso esto es una trampa."
    ¿Ha muerto? ¿Podría decirme? Frenéticamente, mientras abría la puerta de la bodega, le preguntó a Zacarías. Tendría que haberse esforzado más para detener Lea de burlarse de DS. Lea no parecía darse cuenta de que ella era el detonante.
    Gira tu cabeza .
    Ella sintió que Zacarías se movía en ella y durante un momento su visión fue extraña. Ella sostuvo su aliento cuando DS de un tirón la hizo girar y casi la empujó por las escaleras. Ella palpó la pared, encendiendo la luz. La escalera era estrecha y escarpada. Sólo una persona a la vez podría bajar por ellas.
    Está viva. Yo vi su pecho moverse.
    El alivio barrió en ella. Soltó su aliento y comenzó el descenso hasta el sótano. Ella tomó cada tramo de la escalera cautelosamente, tratando de contar diez segundos entre cada paso, consciente de la posición del sol como nunca lo había estado antes. Todavía faltaba demasiado tiempo antes de que se ocultara permitiendo a Zacarías su libertad.
    "Esteban, trae a tu hermana aquí. Si ella se niega a caminar, arrástrala hacia abajo por sus pies. "
    Esteban se echó a reír. "Usted es un maldito hijo de puta, Dan"
    "Ya le dije que nunca me llames así", espetó DS.
    Furioso, empujó Margarita entre los omóplatos, la envío volando por la escalera. Cayó duro boca abajo, en la tierra, el viento golpeándola. DS se acercó a ella y miró a su alrededor con satisfacción. El suelo estaba todo lleno de tierra. El lugar era fresco y oscuro, un ambiente perfecto para los vampiros. Miró su reloj antes de tocar con la punta del pie a Margarita.
    "Quédate allí, contra la pared, lejos de las escaleras."
    Ella se apresuró a salir de su alcance, haciendo una mueca cuando Lea gritó. Ella estaba orgullosa de su amiga por no suplicarle a Esteban. Era evidente que estaba perdido para ellos, en las garras de la droga y profundamente bajo la influencia de DS. Lea se sentó a su lado y se tomaron de las manos, los pliegues de la falda de Margarita escondiendo el pequeño acto de camaradería.
    ¿Qué sucederá cuando no encuentran nada?, susurró Lea con miedo.
    Margarita se encogió de hombros sin poder hacer nada. Ella sentía el miedo en la boca. Tendría que actuar para salvar a Zacarías. Nunca se daría por vencido.
    Ella no lo había traicionado con el vampiro y menos lo haría con una criatura tan mala como DS.
    Ambos hombres comenzaron a palear la tierra tan rápido como pudieron. El suelo era bastante flojo en la parte superior y fácil al principio, pero a medida que iba más allá que se volvió más difícil, lleno, apretado, duro, casi como el cemento.
    ¿Ves, Esteban? Este es su lugar de descanso o no sería así. La emoción impregnada la voz de DS.
    Es condenadamente difícil, se quejó Esteban.
    "Simplemente sigue cavando."
    Margarita nunca había sabido que ninguno de sus suelos pudiera ser tan difícil y lo que sólo la hacía suponer que Zacarías había utilizado su energía para cambiar su composición.
    No lo hagas. Tienes que mantener tu fuerza sólo en caso de que falle, lo reprendió.
    Yo soy de la tierra y la Madre Tierra protege a sus suyos lo mejor que puede.
    La respuesta críptica no le ayudó mucho con la ansiedad. Una hora y media se arrastró. Ambos hombres hacía mucho se habían despojado de sus camisas, sudando y maldiciendo.
    La tierra se abría como un monstruo haciendo señas, el agujero tenía unos buenos seis pies de profundidad.
    DS se limpió el sudor de la cara y miró a Margarita, su rostro una vez más, una máscara de furia. "Usted me mintió."
    Esteban gritaba, el sonido con un tono alto y asustado. Señaló hacia el agujero, retrocediendo.

CAPITULO DIECISIETE

    Ratas. Ratas pequeñas excavando la tierra. En las profundidades de la tierra fértil, Zacarías pudo escuchar a los dos hundiendo sus palas en la tierra. Raspando.
    Rebanar. Destrozando la tierra, cavando como las ratas que eran. El sonido resonó a través de las capas de suelo, extendiendo como una enfermedad, sin fin rasgando y desgarrando. La Madre Tierra se estremeció ante el ataque feroz y la sintió llegar a él, rodeándolo con sus brazos seguros.
    Su cuerpo era de plomo, pero su mente corría, tratando de encontrar una manera de superar la maldición de su especie. Nunca en su vida se había sentido tan completamente indefenso. Tan frustrado. Él siempre aceptaba la debilidad que era el precio por una gran fuerza y ​​poder. La noche les pertenecía a los de su tipo y el día pertenecía a seres humanos. Esa era la forma de su mundo y era tanto una parte de él como vivir de la sangre.
    Todos esos siglos y nunca había arremetido ni una vez contra la ley, pero había sido el único en situación de riesgo. Sólo él. Su vida había sido una de deber y aceptación. Si lo hubieran encontrado antes, le habría importado poco. Pero no se trataba de él. Esto era diferente. Todo era diferente.
    Su mujer – su compañera – estaba en peligro y no podía hacer absolutamente nada. No tenía ningún control sobre la situación. Ningún control sobre Margarita.
    Ninguna capacidad para destruir a los hombres que la amenazaban. Se vio obligado a yacer indefenso mientras sufría y esto era mucho más difícil de soportar que, si alguien le hubiera clavado una estaca en su corazón.
    DS había puesto sus manos sobre ella – un delito que se castiga con la muerte- e incluso lo había hecho peor. La había golpeado. Zacarías sintió cada golpe que aterrizó en su suave cuerpo. Se permitió sentir, para absorber el dolor que ella experimentaba. Los golpes parecían toda una vida, una lluvia de golpes en el rostro, sus pechos, y luego las costillas. Las patadas la golpearon en la cadera, las piernas y los brazos. El aliento había dejado sus pulmones en un estallido, abandonándola en un ardor desesperado por conseguir aire.
    Furia barrió a través de él. Una rabia más profunda que cualquier cosa que jamás había conocido. Le había prohibido ponerse en tal peligro, y sin embargo le había desobedecido. Había llevado a sus enemigos deliberadamente lejos de su lugar de descanso. Habían estado cavando por un largo tiempo y se podía decir por la desaceleración de las palas que su creencia estaba empezando a disminuir. Que a su vez, girarían su furia en Margarita y sería incapaz de detenerlos.
    Convocando a toda la fuerza que poseía, envió su creciente voluntad a la tierra.

***

    ¿Dónde diablos está? Exigió DS, tirando la pala con disgusto. Miró a Margarita. "Será mejor que me lo diga, o le juro, que te voy a enterrar viva aquí abajo. "
    Poco a poco se puso de pie y escribió en su cuaderno de notas. Te dije que nunca se queda mucho tiempo. Este es el único lugar que conozco adonde va.
    DS golpeó el papel de la mano de Margarita, y lo tiró lejos y la arrastró hacia la tumba abierta.
    Margarita se arrojó al agujero enorme y señaló arriba frenéticamente.
    ¿Usted me lleve allí esta vez, o por el contrario, me entiende?
    Él estaba enojado lo suficiente como para enterrarla viva, pudo ver eso. Ella asintió con la cabeza frenéticamente. Profundamente dentro de su mente podía oírse gritando en contra de lo que estaba a punto de hacer. Ahora o nunca. Ella tenía que terminar esto, o morir en el intento.
    No. Margarita, tráelo a mí. No hagas esto.
    Por primera vez, en realidad sintió el pánico en Zacarías. Él nunca lo entendería, pero sentía que no tenía otra opción. Te amo. Lo siento, pero lo haré. Nunca me rendiré. Nunca. Nada me induciría a hacerlo. Por favor, no te quedes conmigo en esto.
    "¡Alto! Detén esto ahora mismo. "Lea saltó a sus pies y se precipitó contra DS. "Estás loco. Absolutamente fuera de tu mente. "Ella se dejó caer en DS, golpeándolo en su espalda.
    Esteban se rió, alejándose del hoyo para apoyarse en la pala, riendo. "Parece que tienes problemas con las mujeres, DS. ¿Alguna vez consideraste que no existe tal cosa como un vampiro? "
    DS empujó duro a Margarita y se volvió hacía Lea. ¡Maldita perra!. Usted pudo haberlo tenido todo. Agarró la parte delantera de la camisa y la rompió, dejando al descubierto sus pechos.
    Margarita abrió la boca y metió la mano en el bolsillo, buscando la presencia tranquilizadora de la navaja. Ella no tenía otra opción ahora. Tan enojado como estaba D S, violaría a Lea justo en frente de ellos.
    DS lanzó a Lea al suelo, dando un paso entre sus piernas abiertas, sus manos cayeron sobre la cremallera de sus pantalones. Esteban se limpió la boca y se volteó hacia el pozo, con la mirada apartándola de los ojos de su hermana en el suelo bajo un hombre que seguramente la violaría. Se aferró a su pala y la hundió en lo profundo. A la vez la tumba entró en erupción con pequeños cuerpos meneándose, un millar de ellos, vertiendo desde el fondo y de los cuatro lados. Gritó, saltó hacia atrás y lanzó su pala.
    DS se dio la vuelta cuando Esteban se tambaleó hacia atrás, gritando lejos de la tumba vacía. Esteban corrió hacia las escaleras. DS susurró una advertencia, su control sobre Esteban era lo suficientemente fuerte como para detenerlo, pero no lo suficiente como para traerlo de vuelta a la orilla del hoyo profundo.
    Margarita se dejó caer junto a Lea, y se apoderó de su mano. Ambas mujeres retrocedieron lo más que podían, tratando de no llamar la atención de DS. Lea lloraba silenciosa junto a su oído, pero con su fino oyó otra cosa, un susurro, como si miles de piernas rozaran la suciedad.
    ¿No había cometido un error? Sin duda, Zacarías le habría dicho si hubiera cambiado su lugar de descanso. Necesito saber que estás a salvo.
    Por un momento hubo silencio, y se atascó el puño en la boca para no llorar. Sus ojos ardían. Lea puso su cabeza en el hombro de Margarita para mayor comodidad, tratando de mantener unidos los bordes de la blusa rasgada juntos.
    Al igual que yo y necesito saber que estás a salvo. Y no lo estás.
    La mordedura de su voz hizo hacer una mueca de dolor, pero al menos ella no tenía la sensación de peligro inminente. Lo que estaba en ese agujero no era Zacarías.
    DS se acercó con cautela y miró hacia abajo. Donde la tierra había aparecido de color marrón antes, ahora estaba salpicada de puntos negro.
    Las arañas se arrastraron por los lados del agujero, desde el fondo, y empezaron a llenar la tumba mientras observaban con horror. Los cuerpos se movían de un manera fascinante, con las piernas un poco abiertas arrastrándose los unos sobre otros para llegar a la cima de la pila que se retorcía, la construcción se puso más alta a medida que más se unían las arañas.
    "Él está aquí", gritó alegremente DS. "Nos estamos acercando a él. Él tiene que utilizar a los insectos para protegerse. "
    No me acerco a ellas, declaró Esteban. Se sentó en el escalón inferior, empujando sus manos temblorosas por su pelo. Ellas parecen hambrientas y, si suben por el agujero, salgo aquí. "
    Usted hará lo que digo. DS estudió la masa de cuerpos. Las arañas surgían de agujeros diminutos a los lados de la tumba, y comenzaron a avanzar lentamente hacia arriba como buscándolo.
    Se estremeció y se dio la vuelta para mirar a Margarita y a Lea. Margarita sabía que su cara estaba pálida. Podía ver la cripta horrible llena de insectos y todo su cuerpo retrocedió. Ella apretó los labios con fuerza, tratando de no mostrar que en cualquier momento podía levantarse y correr. Ella tenía más miedo de las arañas de lo que le tenía a DS.
    Ella trató de estar agradecida porque Zacarías las había enviado. DS creían que este era su lugar de descanso. Como una táctica dilatoria, que era genial. Pero ella les tenía miedo a las arañas. Cerró los ojos y quiso que todas se fueran.
    DS la agarró por la muñeca y tiró de ella hacia arriba. Ahora que sabemos dónde está, en realidad no la necesitamos, ¿verdad?, Comenzó a arrastrarla hasta el borde de la tumba abierta.
    Luchó como un gato salvaje, patadas y puñetazos, haciendo caso omiso de sus puños, que ya llovían sobre ella. Se las arregló para llevarla al lado del agujero enorme pero ella se separó, ahora histérica, incapaz de conseguir que su mente funcionara. Ella no podía bajar en ese pozo con las arañas. Ella no sobreviviría. Su corazón latía tan fuera de control que hasta temía que tuviera un ataque al corazón.
    Mantén la calma. No te harán daño.
    No puedo. No puedo hacer eso. Has que desaparezcan.
    DS se la arranco de encima y le dio una bofetada con bastante con fuerza para atontarla. Usted entrara. Tenemos que averiguar si ellas son venenosas, y tengo proyectos para pequeña Lea. Él la levantó y la arrojó en el hoyo incluso mientras Lea se lanzó, luchando entre sus piernas, conduciéndolo sobre el borde del agujero profundo con Margarita. Los tres cayeron pesadamente, aplastando arañas, DS y Lea empujaron a Margarita en el mismo centro del enjambre de arañas moviéndose bajo el peso de los dos cuerpos humanos.
    Margarita sintió a las horribles araña en sus piernas, miles de ellas, arrastrándose sobre su piel, su pelo, en su boca. Ella había abierto para emitir un silencioso grito y las arañas se abalanzaron sobre ella como si fuera carne fresca. No podía respirar, tenía miedo de tragar. Cerró los ojos tan fuerte como fue posible, dispuesta a desmayarse. El zumbido en sus oídos era muy fuerte, el grito en su mente fuerte y largo, un grito de terror.
    Sívamet. Respira conmigo. Las arañas nunca le harán daño. Confía en mí. Ven a mí y yo te mantendré salvo.
    Desesperada, ella se entregó a él, siguiendo el camino de su mente, su espíritu dejando su cuerpo a las arañas y al caos, dándose al cuidado de Zacarías. Al instante se sentía tranquila y centrada. Aún más caliente. Ella ni siquiera sabía que había estado muy fría. Él la rodeó con su ser, sosteniéndola, protegiéndola contra la pesadilla horrenda en que se encontraba atrapada.
    El grito de Lea la trajo de vuelta. Sus ojos se abrieron de golpe, cuando su espíritu fluyó de nuevo en su propio cuerpo. Esteban empujaba frenéticamente la tierra en el hoyo encima de todos ellos, con la intención de enterrar a las arañas, indiferente de que su hermana, Margarita y DS estaban atrapados en el pozo. Empujó grandes montones de tierra desde el borde del agujero tan rápido como podía.
    Lea gritó y comenzó a sacarse la suciedad de su cabello. DS maldijo a Esteban y dio un salto, tratando de aferrarse a los bordes de la fosa. Esteban le rompió los dedos con la pala y siguió empujando histéricamente la tierra sobre todos ellos. DS, lleno de rabia, cogió a Lea envolviendo sus manos alrededor de su garganta y comenzó a estrangularla, cortando sus gritos, sacudiendo a medida que aumentaba la presión.
    Margarita consiguió mover sus pies debajo de ella, hundiendo su mano en el profundo bolsillo de su falda, sacando el cuchillo. Arrojó la envoltura lejos, intentando no ver a las arañas arrastrarse por todas partes, corriendo por su brazo y aferrándose en su pelo. Ella tropezó hacia DS, sintiendo a las arañas crujir debajo de sus pies. Su estómago saltó. La tierra llovía sobre su cabeza y sus hombros. Tuvo que limpiar sus ojos para sacarse la arena. Se mantuvo centrada enteramente en DS, haciendo un túnel con su visión, sabiendo que tenía momentos antes de que él matara a Lea. Le tomó tres pasos, cerrar la distancia, insegura de donde hundir el cuchillo. Estaba de espaldas a ella y nunca había considerado tener que matar a otro ser humano.
    Él es el mal.
    La voz estaba totalmente en calma. Goteaban carámbanos. Ella se acercó más. Lea tenía los ojos desorbitados. Su rostro era de color rojo escarlata. Los dedos se hundieron profundamente, cortando aire. Otra lluvia de tierra se vertió sobre ellos, a la derecha sobre la cabeza y los hombros. DS no aflojó a su presa ni por un instante.
    Margarita respiró hondo. La fuerza se vertió en ella. Hundió el cuchillo tan duro como pudo, con cada onza de miedo que había en ella, lo condujo a través de su piel y músculo, hasta el fondo en los riñones de DS.
    Gire la hoja. La orden fue dada con una voz calmada.
    Presionó los labios, e hizo lo que Zacarías le indicó. Fue mucho más difícil de lo que pensó que sería, incluso con tal poder atravesando su cuerpo.
    Ahora sáquelo.
    Ella sabía que la sangre se derramaría al sacar la hoja. Ella estaba matando a este hombre. Tragando saliva, obedeció. La sensación de la hoja cortando la carne era horrenda, sensaciones que sabía que nunca olvidaría, pero torcerlo y luego quitarlo era mucho peor. Ella dio un paso atrás, asfixiándose con la bilis.
    DS se puso rígido. Sus ojos se agrandaron cuando volvió la cabeza para mirarla. Sus manos se alejaron de la garganta de Lea. Lea deslizó hasta el suelo cubierto de arañas del agujero, tosiendo, desesperada por aire. DS se tambaleó hacia atrás, dio media vuelta hacia Margarita. Alargó una mano hacia ella cuando Esteban lanzó otra palada de tierra sobre ellos.
    Margarita caminó alrededor de DS, y tiró del brazo de Lea. Tenía que levantarla. Sabía que tenía que poner a Lea sobre sus pies o nunca saldrían de la tumba. No podía correr el riesgo de que la tierra las encarcelara.
    Lea se tambaleó en sus pies en el momento exacto que DS se sentó bruscamente. Él alzó la vista a ambos con el shock sobre su cara. Margarita se dio cuenta que todavía tenía el cuchillo y casi abrió la mano para dejarlo caer. Guárdelo. Usted puede necesitarlo. Esteban intensificó las paleadas con tierra. Usted puede ayudarse a salir del agujero. Ella quería salir desesperadamente. DS se moría delante de ella. Las arañas fluyeron encima de su cuerpo, cubriendo cada pulgada de él hasta que ella no pudo ver su cara. Era como una escena de una película de terror. Ella no podría mirarlo-o las arañas. Ella miraba hacia arriba a Esteban. Tal vez Lea pudiera llegar a él.
    Esteban parecía decidido a enterrarlos vivos, de enterrar a las arañas. Mirándolo, pensó que no había muchas esperanzas. Tenía una extraña expresión con la boca abierta y sus movimientos se había vueltos mecánicos. Lea abrió la boca para gritar, tosió y se agarró a la garganta.
    Margarita negó con la cabeza, advirtiéndole que permaneciera en silencio. Algo estaba terriblemente mal con Esteban. No parecía que supiera siquiera lo que estaba haciendo. Mientras empujaba la tierra de nuevo al pozo, se encontró que si se ponía a un lado y permitía que la tierra se apilara más alta, creaba una salida para ellas. Temía que si Lea lo distraía, podría tratar de encontrar otra forma de matarlas.
    Con el tiempo algunas de las arañas se dirigieron a la superficie. En vez de dispersarse, se arrastraron hasta Esteban. Él no parecía darse cuenta siquiera.
    Llenó su pala y arrojó el polvo y regresó por más como un robot. Las arañas se movieron sobre sus botas y piernas, un flujo constante de ellas, silencioso y en sigilo, un número cada vez mayor. A su lado, Lea contuvo el aliento y agarró el hombro de Margarita.
    "Tengo que advertirle," susurró ella, las palabras apenas audibles. Su voz sonaba ronca y de inmediato tuvo otro ataque de tos.
    Margarita negó con la cabeza, temiendo que Esteban intentaría golpearlas en la cabeza con la pala. No podía imaginar tratando de apuñalarlo. El cuerpo de DS se vino abajo, una acción en cámara lenta que llamó la atención, a pesar de su determinación de no mirar. Las arañas parecían ser una manta en movimiento con una segunda corriente constante escalando el hueco para trepar sobre Esteban. Su estómago se sacudió y ella se alejó de la horrible visión.
    Esteban de repente frunció el ceño y se miró a sí mismo. Las arañas ya estaban subiendo por su cuello y cara. Cada parte de su cuerpo estaba cubierto, sobrecargado por la enorme masa de cuerpos pequeños. Cientos o miles daban vueltas. Dejó caer la pala y gritó. En el momento en abrió su boca, las arañas se metieron, corriendo por su garganta, abarrotándose adentro, llenando sus ojos y su nariz. Esteban cayó de espaldas, su talones golpeando contra el suelo.
    Detente. Tienes que parar. Lo estás matando.
    Por supuesto que sí. Zacarías estaba tan tranquilo. ¿Creías que permitiría que un hombre así viviera?
    Él es hermano de Lea.
    Ella está mejor sin él. Tengo que descansar. Alerta a Cesaro.
    Él ya había desestimado a Esteban de su mente. Sabía que era inútil discutir, pero lo intentó de todos modos. No tenemos el derecho de tomar su vida. Es un asesinato.
    Él trató de matarlas a las dos. Permitió que su amigo las golpeara tanto a usted como a su hermana y él se habría mantenido al margen y permitido que su hermana-y posiblemente usted fueran violadas antes de ser asesinadas. No voy a discutir con usted.
    Él se había ido. Ella sintió la pérdida de inmediato. Después de estar llena con él, el aislamiento, la sensación de estar completamente sola era abrumadora.
    Afortunadamente, Esteban salió de la vista y el continuo golpeteo de las botas se desvaneció en el silencio. Las arañas habían abandonado tanto a Lea como a Margarita por los dos hombres, dejando a las mujeres un poco aturdidas, confusas y un poco enfermas.
    "Tenemos que salir de aquí", dijo Lea con su voz ronca. Las lágrimas corrían por su cara hinchada. "Tenemos que ayudarlo".
    Margarita limpió la sangre de DS de la hoja y puso el cuchillo en la vaina, metiéndoselo en el bolsillo por si acaso. Escupió para asegurarse de que no tenía arañas en la boca y inclinó la cabeza hacia abajo y la sacudió, pasando sus manos a través de la masa espesa para asegurarse que habían desaparecido de su pelo, también.
    Ella se subió a la pila de tierra que Esteban había hecho. Había una pequeña raíz serpenteada justo encima de su cabeza y tiró de ella de forma experimental. Parecía aguantar. Ella la agarró y tiró con fuerza. Lea se movió y entrelazó los dedos para darle a Margarita un punto de apoyo. Margarita levantó la cabeza sobre el borde con cautela. El cuerpo de Esteban, estaba igual que el de DS, había una manta en movimiento pululando sobre él.
    Se tragó la bilis y trato de encontrar un lugar en el borde del agujero para agarrarse. Le tomó un esfuerzo levantarse. No se había dado cuenta de lo débil que estaba después de que la adrenalina se había evaporado. Se sentía agotada, su cuerpo demasiado pesado para moverse. Se dejó caer sobre su estómago y se arrastró fuera del borde, luchando por no llorar. Ella y Lea tenían un largo día por delante y un montón de preguntas por responder. Había matado a un hombre. Todo lo que quería hacer, era llorar.
    Arrastrándose hasta el borde, se inclinó para ayudar a Lea a subir. Una vez más, fue una lucha. Lea estaba tan débil como ella. En el momento que Lea llegó a la superficie corrió hasta su hermano, tratando de quitarle las arañas de su cara. Era obvio que no estaba respirando, pero Margarita no la detuvo. Ella se sentó en el escalón inferior y permitió que las lágrimas rodaran por su cara sucia.
    Lea finalmente se hundió sobre los talones, levantó la cara hacia el techo y gritó, un sonido indefenso y sin esperanza. Hundió la cara entre sus manos y sollozó. Margarita se unió a ella, pero no había ningún sonido y profundamente dentro de ella, añadió su grito impotente.
    Ninguna tenía idea de cuánto tiempo estuvieron sentadas llorando en el espacio débilmente alumbrado, pero tarde o temprano, tenían que levantarse, Lea se puso de pie y fue hasta Margarita.
    Estaban de pie, sosteniendo la una a la otra en una tentativa de consolarse antes de que Lea se retirara y limpiara su cara rayada por suciedad.
    Tenemos que llamar las autoridades.
    Margarita agarró su cuaderno de notas. Zacarías es la autoridad aquí. Él volverá pronto. Otra hora más o menos. Tenemos que conseguir Cesaro.
    Lea asintió con la cabeza. Las mujeres subieron las escaleras, sin mirar hacia atrás, ambas todavía con lágrimas en sus rostros. Margarita golpeó la alarma para llamar a los hombres y abrió la puerta. El aire fresco entró a raudales, junto con la luz del sol. Aunque le dolían los ojos y parecía quemar su piel, ella levantó el rostro hacia el cielo y abrió los brazos. No estaba segura de si nunca sería capaz de entrar de nuevo. Había matado a un hombre.
    Los caballos entraron en el patio en una carrera mortal. Julio venció a Cesaro por unos pocos centímetros, saltando de su caballo, rifle en mano, mirando a las mujeres. Lágrimas y la suciedad cubrían la cara de ambas. Estaban cubiertas de moretones, los ojos hinchados, los labios partidos y magulladuras estropeaban su piel. La blusa de Lea estaba rasgada por el frente. Tenía un golpe en el pecho izquierdo. Julio se quitó su chaqueta mientras subía las escaleras de dos en dos para llegar al porche, y bloquear con su cuerpo el de ella de los otros hombres que llenaban el patio.
    "Margarita, ¿estás bien?" Exigió mientras cubría con su chaqueta a Lea.
    Ella sacudió la cabeza y se metió en sus brazos, llorando. Lea tomó el otro hombro, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, llorando al unísono con Margarita de nuevo. Cesaro pasó junto a él, señalando a sus hombres que entraran en la casa. Tocó el hombro de Margarita. Fue Lea quien respondió.
    "Abajo en el sótano." Ella se atragantó con las palabras. "Están muertos".
    Julio se echó hacia atrás para examinar la garganta inflamada, los moretones. ¿Quién le hizo esto?
    Margarita estaba muy contento de que no pudiera hablar, dejando a Lea que contara la historia. Recuperando su compostura se sentó a la sombra en el porche, agradecida por las gafas oscuras que Cesaro le llevó. Doblo las pierna y se meció mientras Lea le contaba a los hombre todo lo que había pasado. Lea, por supuesto, pensaba que Zacarías estaba fuera de la finca y los dos Cesaro y Julio asintieron con la cabeza por la forma en que había salvado ellas mismas-y Zacarías-a pesar de que Lea no sabía que lo había hecho.
    "Vamos a tener que llamar a las autoridades aquí para que hablen con el señor De La Cruz. Él se hará cargo de todo ", aseguró Cesaro a Lea. "Él hará todos los arreglos necesarios. "
    Margarita se estremeció. No podía imaginar Zacarías hablando con las autoridades. Lo más que probable es que él hablara y los hipnotizara con su voz para que hicieran exactamente lo que quería. No tendría ningún reparo en manipular la mente para que creyeran lo que él deseaba que creyeran.
    En ese momento, no le importaba. Esperó allí hasta la puesta del sol, los hombres dando vueltas y el hasta el mismo comandante iría a la hacienda si un De La Cruz hiciera una llamada urgente.
    Ella supo el momento exacto en que Zacarías se elevó. No toco su mente, no entró en ella para aliviar el terrible aislamiento y el miedo. Cuando lo tocó, porque ella no pudo evitarlo, no podía parar la necesidad, él había puesto un glaciar entre ellos. Su calidez no parecía suficiente para penetrar el hielo azul, grueso y duro e impenetrable.
    Margarita se estremeció y se frotó las manos arriba y abajo por sus brazos. Venía y tenía una furia helada. Sentía el más mínimo temblor en el suelo. En el establo, los caballos comenzaron a inquietarse. Por encima de ellos, el cielo se volvió un tono más oscuro y las nubes rodar desde el sur. Un viento llevó hojas y escombros por el patio. Los hombres intercambiaron una mirada rápida, inquieta.
    El temor construyó un agujero en la boca de su estómago. Ella sintió que su ira cargaba el aire hasta que las nubes oscuras se convirtieron en gigantes imponentes que se ciernen sobre sus cabezas.
    El ligero viento refresco, cogiendo velocidad, estremeciendo el aire. Truenos. Rayos se bifurcaban dentro de las nubes produciendo sombras, grandes relámpagos golpeaban en todas direcciones, aún así, nunca tocaron la tierra. Sin embargo, todos sintieron la carga ominosa y el frío cortante del viento.
    Su aliento. Su mente. Todo el hielo. Turbulento y tormentoso, pero se mantuvo bajo estricto control. Al igual que la tormenta estaba controlada, así era Zacarías, caminando hasta la casa, alto y peligroso, los hombros anchos y el pecho fuerte y musculoso. Las heladas llamas azules brillaban en sus ojos negros medianoche. Él era el hombre más intimidante que había visto, y la policía y los trabajadores del rancho deben haber sentido lo mismo. Se quedó en silencio mientras se acercaba, mirando algún otro con inquietud.
    Llevaba el peligro con él en la postura de sus hombros, la manera fluida en se movía, su imponente quijada y el hielo en sus ojos. Él se veía como lo que era-un peligroso depredador-y tal como inquietaba a los animales, así lo hacía con los seres humanos. Él se trasladó en completo silencio mezclándose con su entorno, pero aún así ordenó el espacio a su alrededor, llenándolo totalmente con su poder.
    Él sólo la miraba a ella. Centrado. Bloqueado. Esas llamas glaciales azules saltaron más alto, brillando como zafiros oscuros de hielo puro. Los hombres reunidos en la parte delantera de la casa se separaron sin decir una palabra, dejándole el camino libre hacia el porche delantero hacia Margarita. Se le secó la boca y el estómago dio un salto mortal. Sus dedos encontraron la tela de su falda y la estrujó en su puño. Si ella pudiera gritar, lo haría.
    Él bloqueó a todo y extendiendo su mano hacia ella. Parecía un gesto solícito, pero lo sabía mejor. Su mano tembló en la suya cuando la puso de pie, frente a él. Ella quería que tirara de ella hasta sus brazos y la abrazarla. Para consolarla. Pero su expresión era tan remota como sus ojos. El hielo fluía por sus venas y formó un glaciar en su mente demasiado grueso para penetrar.
    Él se centró por completo en ella; ella sentía su concentrada atención como una lanza que pasaba a través de su corazón. Para Zacarías, nadie más existía. No le importaba nada, ni los hombres parados como estatuas en su patio. Estaba solamente Margarita-y su desobediencia. Su mano se movió sobre su cara, las yemas del dedo rozaban cada contusión, su ojo hinchado y el labio partido. Su aliento silbó, una larga y lenta amenaza, que envió otro escalofrió que recorría su espalda. Su corazón se aceleró y él lo oyó, pero no la calmó. El dolor en su cara y cabeza disminuyó con su toque-pero ese roce como pluma de sus dedos había sido a distancia, en absoluto personal.
    El sol ha quemado su piel.
    La desaprobación por sus acciones cayó como un duro golpe en su corazón. Ella sabía que le había prohibido hacerlo y que estaba enojado, pero esto era más que ira. Su lejanía la cortaba hasta los hueso. Incluso el alma y el corazón. Él estaba cuidando de ella, pero no había consuelo en sus acciones.
    Ella tragó saliva y trató de llegar a él. Yo no podía permanecer en el interior con los cuerpos y las arañas. Era demasiado.
    Las llamas azules saltaron, y por un momento sus ojos parecían brillar con un fuego extraño y aterrador. Los cuerpos han sido retirados y las arañas se han ido. Ve adentro ahora. Voy a ver al comandante.
    Margarita se negó a llorar. Sabía en lo que se estaba metiendo y Zacarías se separó de sus emociones. Él tenía todo el tiempo, siglos de existencia. Ella le había puesto en contacto con los sentimientos, lo que le permitió explorarlas. Había sufrido, tendido, atrapado debajo de la tierra mientras ella estaba en peligro. Había elegido su propio camino, desobedeció sus órdenes directas, algo que probablemente nadie hizo. Ella le había dicho que se ponía a sí misma bajo su cuidado, y el orgullo y el honor no le permitían llorar.
    Ella asintió con la cabeza y pasó junto a él, la cabeza levantada, alejándose de la multitud, a sabiendas de que pensaban que Zacarías era tan atento con ella.
    Zacarías fue junto a Lea, dándole el mismo roce como pluma de sus dedos, y murmurando en voz baja, con una voz hipnótica, aliviando su dolor un poco, así como el dolor de los golpes a manos de DS. Margarita lo oyó asegurando a la chica que iba a hacer todos los arreglos y que Julio la llevaría a su casa y se quedaría sólo por si acaso, para velar por ella.
    Luego vino la voz baja para convencer al comandante de todo lo que quería que el hombre creyera. Por supuesto, el comandante estuvo de acuerdo con todo, medio cediendo a Zacarías, el evasivo multimillonario había oído mucho sobre. Él tendría derecho a presumir, se reunió con él en persona y la leyenda de los De La Cruz sólo crecería.
    Con el tiempo todos se irían y la casa quedaría oscura y silenciosa. Margarita se quedó para hacer frente a Zacarías sola. Ella lo quería allí, y sin embargo tenía mucho miedo de lo que iba a hacer. Le había advertido en numerosas ocasiones que se enfrentaría a las consecuencias. No podía imaginar que golpeara a una mujer. Simplemente no era su estilo. Le había quitado el dolor de su rostro, por lo que no quería que sufriera físicamente, ¿verdad? Ella tenía que estar en lo cierto.
    Ella se retorcía las manos. Esperando. ¿Dónde estaba? Era peor la espera en la oscuridad esperando que apareciera y dictara sentencia sobre ella que no saberlo. Se sentó durante unos minutos, golpeando su corazón y el sabor del miedo cada vez mayor. Incapaz de estarse quieta, se dirigió a la puerta y miró hacia afuera.
    Él estaba allí, tan grande como la vida, mirando fijamente la noche.
    Volvió la cabeza y la miró de frente. Por supuesto, que había sabido que estaba allí. Sus ojos la quemaban a través de la cortina, ardía como acero en su corazón. Dio un paso atrás, su mano se movió a la defensiva a su garganta. Las líneas de su rostro estaban grabaron más profundas de lo habitual y su mandíbula estaba rígida.
    No había piedad en el rostro oscuro e inexpresivo. Su boca sensual parecía un poco cruel, y sus ojos no tenían nada más, que llamas azules heladas.
    Él se dio la vuelta en un movimiento fluido y rápido, fue a ella en un solo latido del corazón. La pantalla no abrió y cerró. Se quedó un momento, sosteniendo su mirada, bebiendo su terror, su mente cerrada a ella, en cuerpo y alma a distancia-tan lejano que no podía llegar a ellos. Este no era su Zacarías. Este era el depredador.
    Soy ambos, y es hora de que aprendas la lección.
    Sin más preámbulos, le agarró por los brazos, arrastrándola con él, sus dientes hundiéndose en su cuello. El dolor cortó a través de ella, el dolor que poco a poco dio paso a un calor puramente erótico. Luchó por un momento, todavía con miedo, sabiendo que su control se había deslizado peligrosamente. Ella no pudo conectar, se negó a dejarla a entrar en él, sin embargo, él estaba allí en su mente, al mando exigiendo-que se entregarse a él. Esta vez, temía lo que le estaba pidiendo.
    El creciente temor no cesaba, incluso cuando el calor se extendió por su cuerpo y sus pechos dolían por él, su núcleo se calentó y lloró por él. Él no paró. No redujo la velocidad. Ella se encontró hundida en ese lugar, esa clase de subespacio en la mente donde Zacarías se convertía en su mundo. Donde solamente estaba su cuerpo fuerte y fuerza fenomenal, su necesidad y su hambre. Era un lugar primordial, forjado por su voluntad, más viejo que el tiempo, donde las leyes de la selva se aplicaban.
    En medio de todo el calor sensual un escalofrío comenzó en alguna parte y comenzó a aumentar. Tenía frío. Un frío cada vez mayor, como si el hielo en sus venas hubiera derramado dentro sus venas y poco a poco se estaba extendiendo por todo el cuerpo. Sus piernas se volvieron de goma, muy inestables, como si ella no pudiera soportar por más tiempo su peso. Ella se agarró del cuello de Zacarías para anclarse, pero sus brazos estaban demasiado débiles para sostenerse.
    A pesar de que ella se cayó, con el brazo la mantuvo contra él, manteniéndola de pie, pero él no se detuvo. Tenía la sensación de flotar, pero sus ojos se negaron a abrirse. Presa del pánico, trató de luchar.
    Detente. Es demasiado. Tienes que parar.
    Yo digo cuando es demasiado.
    Margarita escuchó el suave siseo de la amenaza, la necesidad de dominación y su voluntad de hierro que fue implacable. Ella no tenía ninguna posibilidad de salvarse. Vida o muerte. Vivir o morir. Le incumbía a él. Se entregó por completo, ya no lucho, ni siquiera en su mente.
    Elegir, entonces. No tenía más fuerza a la izquierda para luchar contra él. Estaba tomando la sangre de su vida, como si fuera imposible saciar su hambre. Hubo un borde en su alimentación, tanto sexual como peligroso, como si hubiera tomado la decisión de no dar marcha atrás y de no alejarse. La resolución corrió tan profundamente, tan oscuro, que no podía encontrar una manera de llegar a él.
    Ya te tengo.
    Las palabras debieron tranquilizarla, pero envió otro temblor puro por su cuerpo. Fue la forma en que lo dijo, el glaciar puro frío que goteaba como carámbanos de su voz. La llevó hasta el dormitorio principal y la acostó en la cama, su cuerpo cubrió el de ella, al mismo tiempo que drenaba su preciosa sangre. Sintió que se desvanecía.
    Usted se quedará conmigo. Ven a mí, Margarita. Ahora. Ven a mí.
    Ella estuvo demasiado cansada, demasiado débil, hacer otra cosa que obedecer. Su espíritu alcanzado el suyo y él la rodeó, la sostuvo cuando su cuerpo quiso escabullirse en otro mundo que ella no reconoció.
    Sólo entonces golpea su lengua a través de los pinchazos y abre su camisa para cortar su pecho.
    Usted se alimentará.
    Era un comando absoluto. Él estaba en control, su espíritu trabado con el suyo. Su mano cogió la parte posterior de su cabeza, forzándola a beber ésa sangre cárpata rica oscura. Su boca se movió contra él. Esta vez, él no se distanció del acto. La sangre fluyó en ella, su misma esencia, acometiendo para hacer su trabajo, para reclamarla para siempre, para hacerla suya irrevocablemente. Ella sabía que era lo que predominaba su mente. Ésta era la consecuencia de sus acciones. Su reclamo. Ella luchaba por entender. Él los había atado juntos en la manera de su pueblo. ¿Por qué tal satisfacción? ¿Por qué esta demostración particular de dominación?
    La fuerza estaba regresando, pero él mantuvo cautivo su espíritu hasta que había tomado suficiente de su sangre para considerarlo satisfactorio. Su cuerpo seguía cubriendo el suyo mientras levantaba la cabeza y la miró a los ojos.
    Faltaba algo. Algo importante. Se veía muy expectante. Todavía frío y distante, pero alerta y vigilante. Ella tocó con la lengua sus labios. La grieta y la hinchazón habían desaparecido. Su cara no le dolía, pero había una nueva, extraña palpitación en su cabeza. Ella no sólo podía oír los latidos de su corazón, sino que sentía, cada movimiento, el chasquido de su sangre, bajando y fluyendo. Una ola de dolor se movió a través de su cuerpo y se le revolvía el estómago.

CAPITULO DIECIOCHO

    Margarita miró fijamente a Zacarías con sus enormes, aterrorizados y acusadores ojos. Ella parecía muy pálida, su pelo oscuro, de seda extendido alrededor de ellos. ¿Qué has hecho? Zacarías cambió su peso. Entonces comenzó. Su conversión. Su sangre estaba trabajando para cambiar su cuerpo, reformando sus órganos, para traerla completamente a su mundo. La satisfacción por la misma estaba grabada en las líneas fuertes de su cara. “No seré forzado nunca más por mi propia compañera para yacer desamparado debajo de la tierra mientras que ella se pone en peligro deliberadamente. Usted me ha desobedecido por última vez, Margarita.”
    Sus dientes blancos se encajaron en ella, todavía alargados levemente. Las llamas en sus ojos oscilaron, y todavía esa masa mortal, caliente de rabia volcánica hervía en su vientre. Horas, había yacido debajo de la superficie, despojado de todo poder, mientras que ella arriesgaba su vida y su alma. ¿Para qué? No podía haber una razón lo suficiente buena para tal decisión de su parte. Lo deshonrarían para siempre. Ella incluso sabía la verdad sobre él. Ella había visto su secreto más oscuro, que había protegido por siglos-su herencia de oscuridad. Su propio padre se había convertido en vampiro momentos después de la muerte de su madre. Eso le habría sucedido. Si DS hubiera tenido éxito matándola, Zacarías se habría levantado vampiro y acabado con todo el rancho.
    “Que el sol te queme, mujer.” Él escupió la maldición, cuando la furia golpeó a través de sus venas, rompiendo a través del hielo, una explosión volcánica. Él no podía osar tocarla. No podía permanecer cerca para inhalar su fragancia. Su mujer. Su compañera. Traidora. Arriesgándolo todo solo por el capricho infantil de demostrar que ella era su igual en fuerza y poder. Corriendo riesgos con él. Arriesgándolos a ellos. Arriesgando a sus hermanos y a su familia. Él salió de la cama y acechó a través de la habitación, como un felino merodeando, letal y todavía con mucha rabia. La tensión en el cuarto se estiraba, pero él no podía encontrar una manera de recobrar su gélido control. Su cólera había quemado un paso a través del enorme glaciar y sus emociones eran tormentas de fuego que rabiaban fueras de control.
    Siempre había sabido que él no entendería a una mujer moderna. Él había aceptado que su compañera no llegaría nunca a él, nunca lo aceptaría como era. Había estado más que preparado para ir con honor a la próxima vida. Ella había cambiado todo eso, destruyó todos sus planes y debería haberse dado cuenta de la enormidad de lo que había hecho. No tenía derecho a arriesgar su alma – nunca. Ni nunca. No en este año y menos en cien años desde ahora.
    Margarita se retorcía, sus ojos se ampliaron por el shock, sus manos volaron a su estómago. Una oleada de inquietud se deslizó por su espalda. Su mirada saltó hacia ella.
    Toda la atención se centró en ella. Claramente, tenía dolor. En todos sus siglos, nunca había visto una conversión en humanos. Él simplemente no se asociaba estrechamente con ellos. Sus hermanos lo habían hecho, pero nunca se había tomado la molestia de preguntar acerca de lo que ocurrió. Tres intercambios de sangre eran necesarios y debía tener cuidado con eso, siempre y cuando ella fuera psíquica, que claramente Margarita lo es.
    La aprehensión se convirtió en un nudo en la boca del estómago. Seguramente nada podría ir mal. Tenía una sangre poderosa, pero la oscuridad corría profundamente en él.
    Las sombras se deslizaron en el cuarto oscuro, en su mente, inquietantes, obsesionándolo con posibilidades que no había considerado. ¿Había cometido un error?
    ¿Qué pasa? Exigió.
    Ella dobló sus piernas, rodando de lado en posición fetal, su cara se retorcía por el dolor. Ella cerró sus ojos, como si verlo fuera insoportable. De improviso, un dolor cortó por su corazón. Él probó el miedo en su boca.
    ¿Qué pasa? Cuando le pregunto quiero una respuesta.
    No podía esperar, no cuando ella comenzó a retorcerse de dolor, las lágrimas corrían por su rostro y su cuerpo se contorsionaba violentamente. Por primera vez en su vida, el pánico lo colmó, una sensación aterradora. Esto no tenía que suceder. El alcanzó su mente, la necesidad de sentir lo que sentía, de compartir su misma piel, para saber lo que le estaba sucediendo. Llegó, pero se topó con una pared.
    Ella lo rechazó. Le negó. Su compañera. Su mujer. No sólo le desobedeció, allanando el camino para el desastre total, pero ahora, rechazaba sus trayectoria más íntima, privada. Ella le había bloqueado y, a juzgar por la fuerza de la puerta, se necesitaría un ariete para abrirlo.
    Ella tenía una barrera natural, él sabía eso, pero ella siempre le había permitido pasar. Ahora, con su sangre fluyendo en sus venas, aquel escudo era aún más fuerte de lo que había sido. Él había tenido miedo de dañarla antes; ahora, si él destruía aquella barrera, no tenía ni idea de que le pasaría.
    Y el único modo en que ella iba a dejarlo entrar consistía en derribarlo.
    "Déjame entrar. "
    Ella no dio ninguna respuesta, tercamente doblando sus rodillas contra su pecho, meciendo su cuerpo, su pelo se derramó alrededor de su cara, dejándolo fuera. Ella tenía dolor – era mucho más de lo que era evidente. Fue a través del espacio en un instante, colocando su mano sobre su estómago. Había más de un modo de conseguir la información que buscaba.
    Ella respiró hondo estremeciéndose, como si el dolor estuviera disminuyendo, y volteó la cabeza, sus ojos oscuros lo miraron. Mechones de pelo le caía sobre su mejilla, húmeda de sudor ahora. Su cuerpo estaba cubierto por un brillo fino. Cuando la palma y sus dedos entraron en contacto con su piel, se estremeció y trató de dar golpearlo en el brazo.
    ¡Aléjate de mí. Lo digo en serio. No quiero que estés aquí!
    Margarita no podía creer que le hiciera esto a ella. Todo el mundo, todos los que lo conocían, incluso los caballos-sabían el monstruo que era, todo el mundo excepto ella. Él era indiferente, un depredador oscuro y peligroso sin ningún sentimiento real. Todo lo que había creído de él había sido una fantasía. Había destrozado su corazón, y ella no tenía nada más sino orgullo. No podía soportar mirarlo y ella no lo iba a dejarlo entrar su mente, nunca más volvería voluntariamente a compartir con él. Tendría que tomar lo que quería de ella. El dolor de su corazón destrozado era mucho peor que el dolor físico
    Se introdujo en ella.
    Zacarías se sorprendió. No había esperado el rechazo absoluto, pero ella le impidió entrar su mente, y ahora ella pensaba que podía evitar que tocara su cuerpo. Antes de que pudiera decir nada más, vio construirse de nueva ola, barriendo su cuerpo, cada músculo rígido, la respiración escapando de sus pulmones. Sus ojos se ensancharon, vidriados por el dolor. Su espalda se encorvaba, luego se arqueaba, su cuerpo convulsionaba, casi tirándola de la cama.
    Él la agarró, la mantuvo firme, con miedo a que se lastimara más. Sus manos se deslizaron sobre su piel, ahora ardiendo de fiebre. Cada órgano se retorció y amenazó con estallar dentro de ella. Su piel estaba tan caliente que casi apartó la mano. Él trató de enviar el calor sanador a través de su piel, pero parecía empeorar las cosas. Su cuerpo se sacudió casi en una posición sentada, los dientes apretados como en rigor mortis antes de que ella cayera de nuevo contra el colchón.
    Su respiración salió precipitadamente en protesta silenciosa, incluso cuando sintió que la onda retrocedía. En el momento en que su mirada se fijó en él, se lanzó lejos de él, y de la cama, poniéndola entre ellos. Ella intentó arrastrarse lejos de él, su cuerpo que destellaba con sudor, su pelo enmarañado en la parte posterior de su cuello y detrás en su espalda. Débil, ella cayó contra su estómago. Zacarías estuvo con ella en un instante, su corazón más rápido que el suyo, realmente estaba asustado por ella ahora. Él tenía que averiguar lo que estaba mal y cómo ayudarle.
    "Déjame ayudarte, Margarita." A pesar de su miedo por ella, él mantuvo su voz suave.
    Su mano se colocó alrededor de su tobillo. Margarita le dio una fuerte patada con el otro pie y hasta sus manos y rodillas para escapar.
    "Ya está bien. No quiero tener que forzar su obediencia. "Su temor lo monto con la idea de perderla. Algo andaba muy mal y había que solucionarlo.
    ¿Por qué no? Se dio la vuelta, su cara empapada de sudor y con cuentas con diminutos puntos rojos. Sus ojos mostraron tanto acusación como dolor. Yo estaba tan mal acerca de usted. Usted es exactamente lo que me dijo-un monstruo. Y sus palabras de unión eran una mentira. Usted mintió. No significan nada.
    Margarita apenas podía respirar, cogida entre el dolor y las tinieblas. Ella había amado esas palabras que él le había susurrado a ella, las palabras obligatorias, le había dicho. Él se había casado a la manera de su pueblo con palabras como querer, corazón y alma. Las cosas que dijo como siempre a mi cuidado. Él le había robado su corazón con los atisbos de un hombre que necesitaba desesperadamente salvarse, y con esas palabras tiernas, increíbles que de alguna manera los había unido. No hay cuidado. Nada como querer ciertamente. Tome sus palabras vacías y guárdeselas. No las quiero.
    Zacarías recuperó el aliento, la acusación contra él lo rompió con la visión de sus lágrimas, de color rosa. En este momento no hay nada que podía importarle a él, sino su condición física. Tenía que encontrar una manera de ayudarla. Se centró en encontrar un camino a través de la barrera de su mente.
    "Margarita," dijo en voz baja, suave terciopelo, rozando la hipnosis. "Podrías estar en problemas, sívamet. Tienes que dejarme ver lo que está sucediendo".
    Vete y déjame en paz con esto. Puedo conseguirlo por mí misma. No quiero nada que ver con…
    Se interrumpió bruscamente. Sus ojos se agrandaron y su boca abierta en un grito silencioso. El horror se extendió por su cara. Su estómago parecía vivo, ondulando, y contrayéndose, sus músculos se anudaban en sus brazos y piernas.
    Zacarías la alcanzó otra vez, la necesidad en él ahora bordeando la locura total. ¿Qué estaba mal? ¿Cuál era el problema? Esto no tiene sentido. Claramente, estaba en agonía. No tenía ningún control, su cuerpo luchando para expulsar las toxinas, para reformar los órganos y cambiar su cuerpo de humanos a Cárpatos. Él estaba seguro de si podía compartir su mente, él asumiría el dolor, pero incluso en lo alto de la ola, su barrera contra él nunca vaciló. Necesitaba otra forma de entrar sin hacerle daño.
    Esperar que la oleada de dolor pasara era una agonía para él. Sopló a través de él, tratando de tomar aire suficiente para los dos. Se dio cuenta de cada combate duraba más tiempo y parecía más duro. Él esperó hasta que pudo ver el reconocimiento en sus ojos antes de intentarlo de nuevo.
    "Margarita. No puedes seguir así. Es cada vez peor. Déjame entrar te puedo quitar el dolor. "
    Su genio ardía en sus ojos. Yo no quiero su ayuda. Prefiero sufrir. No quiero olvidar nunca, nunca olvidare esta lección suya.
    Él necesitaba que siguiera hablando. La comunicación telepática iba directamente desde su mente a la suya. Él encontró su hilo y se utilizando un toque muy delicado, tejió el hilo al suyo.
    "No quise que esto fuera una lección, Margarita. Tú sabías que yo te iba a traer a mi mundo. Esto fue el resultado. Para proteger a los dos. A fin de proteger a mis hermanos de tener que darme caza. Para proteger a su familia aquí de un monstruo como ningún otro. "
    Puedo hacerlo yo misma. Puedes decir que no es un castigo, pero lo quisiste de esa manera.
    Se metió las dos manos por el pelo. "Tú sabías que yo te iba a traer a mi mundo y usted consintió", reiteró, manteniendo su voz muy baja, casi conteniendo la respiración mientras él con cuidado y suavidad se envolvía más de sí mismo en torno a ese pequeño hilo que utilizaba para acceder a su mente.
    Pensé que me prepararías con amor y cuidado, no de una manera tan fría e insensible. No con tanto dolor. Ella abrió la boca otra vez, con sus manos volando a su estómago. Yo no te quiero. Váyase.
    Una vez más se dio la vuelta, luchando para mantenerse con sus manos y sus rodillas. El vómito fue explosivo, horriblemente doloroso ya que expulsó a todas las toxinas de su cuerpo. Su cuerpo se convulsionó nuevamente, retorciéndose, llevándola hacia delante hasta que chocó contra la pared, y se volcó de nuevo, levantando las piernas contra su vientre.
    Horrorizada por su falta de control enterró el rostro entre las manos cuando se dio cuenta del lío por todas partes. Por favor, vete.
    Tenazmente tejió el hilo entre ellos cada vez más fuerte con cada contacto. Era sólo cuestión de tiempo antes de que pudiera meterse en su mente y tomar el control sin su consentimiento.
    ¿Has olvidado lo que ocurriría si hubieras sido asesinada, Margarita? se preguntó en voz baja. "Conoces mi legado. Usted descubrió mi secreto que pocos saben, mi secreto más oscuro, y sin embargo todavía persiste en su desobediencia. "
    No pudo evitar que el dolor de la traición aumentara. Él hizo todo lo posible para no sentir, para distanciarse de nuevo de todas las abrumadoras emociones, pero ahora que la presa se había roto, fue incapaz de contener la marea. No le importaba nada el resto del mundo. Para él, todos y cada uno estaba aún separado de él, perdidos para él, a menos que pudiera sentir a través de ella. Pero Margarita era diferente. La vio a todo color, vívido.
    Él ya sentía a través de ella, sus emociones, todo estaba perdido para él. Aquellos siglos- tantos buenos como malos.
    Se había convertido en su mundo y había creído en ella. Creía en sí mismo, a causa de ella, por primera vez pensando que en realidad podía vivir una vida con otro. Él había pasado siglos viviendo sólo en el honor y, sin embargo, con una sola decisión, podía haber destruido y anulado todo lo que había hecho-todo lo que había sido.
    Él no recordó a su padre como el hombre que había levantado y había formado su vida. Él lo recordó sólo como un no muerto, aquel podrido y desalmado vampiro que habría matado a sus propios hijos. Margarita lo habría hecho que la misma manera para sus hermanos – estos habrían tenido que cazarlo y matarlo. Era más que posible que él hubiera asesinado a sus propios hermanos.
    Un sonido único de desesperación se escapó de la parte posterior de su garganta. Se pasó la mano por su cara como si pudiera quitar el conocimiento de que ella lo traicionó tan fácilmente.
    Solamente abandóneme a esto.
    Había cansancio en su voz. Ella se estaba debilitando, la lucha entre humanos y Cárpatos le estaba pasando factura. Pero incluso con su recordatorio, no parecía entender la terrible traición que había sido. No podía permitirse el lujo de pensar en sí mismo en estos momentos. Estaba en problemas y él quería – no necesitaba ayudarla a través del cambio. Este episodio terrible, traumático no podía continuar.
    "Usted sabe que no puede." Silencio, él quería que ella le contestara. Cada vez que lo hacía, ella abrió su mente un poco más, dándole un mayor control sobre el hilo que le permitiría hacerse con el control sin hacerle daño.
    Estoy demasiado cansada para discutir. Haz lo que quieras. Lo que yo quiero, obviamente, no te importa.
    El cansancio de su voz lo alarmó. Si él sabía algo sobre ella con certeza, era que era una luchadora. En aquel momento, él sintió que ella se rindió, su vida, él, todo esto. Ella estaba dispuesta a permitirle todo para escabullirse.
    Él estaba tan enfocado en ella que él vio la onda acercarse casi antes de que ella lo hiciera. Esta vez era aún más intensa. Manos invisibles la levantaron y la lanzaron como una muñeca de trapo. Ella cayó sobre su espalda, sus manos volaron a su garganta. Zacarías tuvo que agarrar su cuerpo que se retorcía y voltearla para impedir que se ahogara.
    Zacarías no podía engatusarla, o suplicar más. Él necesitaba que esto parara casi más que ella. Agitando sus manos, él quitó todos los rastros de vomito y toxinas expulsadas de su cuerpo y del piso. Una brisa limpió el espacio de todo el olor. Las velas aparecieron, trayendo la fragancia suave de lavanda por la casa entera.
    En la desesperación, él tomó el mando, siguiendo aquellos hilos directamente detrás en su mente. El caos completo reinaba. Miedo principalmente. Daño. Su sentido de traición era casi tan fuerte como suyo. Su motivación para desobedecerlo no había tenido nada que ver con igualdad, o afirmar su independencia. En parte ello había sido un voto imprimido desde el nacimiento, la obligación de compañera y su propio carácter que rechazó permitirle arriesgarse y poner su vida en el peligro.
    Ella había desobedecido por amor a él.
    Zacarías gimió en voz alta, tratando de comprender la enormidad de lo que eso significaba. Todavía no entendía de verdad aquella emoción. La había sentido hace mucho tiempo – pero mucho tiempo, pero la emoción la había removido tanto tiempo atrás que ya no la reconocía por lo que era. Margarita sabía amar. Ella había se había entregado a su cuidado, confiando en él para hacer lo mejor para ella.
    Su amor lo envolvía. Lo inundaba. Lo levantó. Una vez más, el calor se vertió a través del hielo de su mente y cuerpo, buscando las sombras, llenando las lagunas donde las conexiones deberían haber estado. Él la sentía dentro de él- donde pertenecía y consolidados juntos con su amor. Con la esencia de lo que era ella.
    Ella había tomado una mala decisión al negarse a obedecerle, sí, pero ella no entendía la magnitud de las repercusiones. Él podría decirle, pero conocimiento no era el mismo que el suyo. Sabía que el mal andaba en el mundo, sabía lo que podía hacer, porque lo había combatido durante siglos. Ella había sido criada en un ambiente de amor donde los vampiros eran leyendas. Sí, ella se había enfrentado a uno, y tuvo el coraje para desafiarlo, pero nunca había visto la destrucción que podía causar a una escala masiva.
    Zacarías no tenía tiempo para examinar las revelaciones en su mente. El terrible peaje en su cuerpo tenía que ser detenido. Apartó todos los pensamientos sobre sí mismo y sus propias reacciones por la forma en que su mente trabajaba, la profundidad de su capacidad de dar y sentir. Esto no podía importar. Sólo se detener el aplastante dolor. Él se deshizo de su cuerpo, fluyendo como espíritu puro en el suyo, usando ese delicado hilo para encontrar su camino.
    Al igual que en su mente, el caos reinaba en su cuerpo. Podía ver claramente lo que estaba sucediendo, la reforma de su cuerpo, los cambios que se necesitaban para convertirse en Cárpatos. Debió comprender que sería una experiencia cercana a la muerte, ella tendría que morir como humano para renacer como Cárpatos. Y ella lo estaba combatiendo. Negándose. Eso también era algo inesperado.
    No había venido a confortarla cuando lo necesitaba. Él había agregado al trauma en vez de tomarla entre sus brazos y consolarla. La rechazó de manera tan firme como ahora se aferraba a ella. Ella le había cerrado el acceso a su mente deliberadamente, sabiendo que sufriría, no quería su ayuda para su paso. No deseaba más su consuelo o a él.
    Había pensado que era una loca por verlo como algo más que un depredador peligroso, había pasado demasiado tiempo en las sombras, su alma ya estaba ennegrecida, traspasada por un millón de pequeños agujeros, hasta que fuera imposible repararla. Y, sin embargo, había visto más allá de la sombra oscura del hombre aferrándose a la vida en algún lugar en los bordes. Perdido. Había estado tan perdido. No sabía nada más que para cazar y matar. Ella había se le había entregarse libremente, confiando en que honraría su voto del ritual de unión.
    Zacarías llamó a su energía hasta que todo fue poder y luz de sanación. La remodelación de órganos podría acelerarse, pero la única manera de detener el dolor era tomarlo sobre sus hombros lo más que pudiera. Compartirlo con ella. Sentirlo con ella. Ella se resistió. Sabía que podía hacerlo, pero estaba débil, y él era fuerte y su sangre escuchó su llamado.
    "Descanse tanto como sea posible entre las ondas", dijo suavemente, cuando el dolor se alejaba de su cuerpo. Mantuvo ese hilo, su único vínculo con ella.
    Suspiró y volvió la cabeza lejos de él cuando la levantó en sus brazos del piso. La habitación se sentía y olía a limpio, el olor de la lavanda y la manzanilla a la deriva a su alrededor. La cama tenía sábanas frescas con el aroma en su tejido ligeramente. Él la colocó en el centro exacto y se colocó a su lado, abrazando su cuerpo para darle un ancla.
    "Sé que no quieres que te ayude a pasar por esto, Margarita", dijo suavemente, rozando el pelo húmedo de su cara. Sus pestañas eran en dos gruesas medias lunas, completamente negras sobre la piel blanca, casi transparente. Ella se estremecía continuamente, sin control. Incluso sus dientes rechinaban. "Pero tengo que hacerlo. Sé que en este mismo momento no lo puedes entender, pero no tengo otra opción. "
    El pensamiento apenas salió de su boca antes de la revelación la siguiera. ¿Era posible? Tal vez Margarita no tenía ninguna opción, tampoco. Aquel amor que ella sentía, tan fuerte, tan profundo, compartiendo partes de él, que ni siquiera podía ver o tocar sin ella, podría haber hecho su vinculo mucho más profundo de lo que él pensaba.
    Ella estaba en él. En su mente, sí, pero ella aprovecho para meterse en su alma. Vio cosas en él que él no veía. Y aquellos rasgos en los que ella había confiado tenían que estar allí, si no ella no podía haber sentido una emoción tan fuerte por él.
    Volvió la cabeza hacia él. Sus pestañas revolotearon y lo miró directamente a los ojos. El impacto de su mirada lo golpeó como un puñetazo. Podía ver ya el cambio en sus ojos, el color profundo y más rico. Antes de que pudiera hablar, sus ojos se agrandaron. Sintió la onda, que la consumía, más rápido y más duro, un golpe a su cuerpo cuando había sido siglos desde que se había conocido un dolor real.
    La sensación de mil cuchillos que apuñalan en los interiores de su cuerpo, reduciendo y cortando de una vez quemaba a través de él. Su interior se sentía despedazado y enredado, atado en gruesos y apretados nudos. El aliento dejó su cuerpo y llegó el golpe, una ola como un ariete, golpeando a través de él. Su cráneo era de repente demasiado pequeño para su cerebro, una explosión de metralla estallaba en su cabeza enviando ondas de choque a través de su cuerpo.
    A su lado, el cuerpo de Margarita convulsionó. Él la abrazó junto a él, piel con piel, compartiendo la agonía, montando la cima de la ola con ella, su cuerpo sudaba pequeñas gotas de sangre a juego con las que salpicaban su cuerpo
    Él no lo sabía. ¿Cómo pudo incluso no preguntar a sus hermanos? Cada uno de ellos habría compartido la información, le habría dicho que tan mala la conversión podría ser.
    "Se está desvaneciendo, sívamet", susurró. Al compartir el dolor con ella, al menos, había disminuido la violencia de los ataques. "Trate de respirar de manera uniforme.
    Su corazón está latiendo demasiado rápido. Deje que su cuerpo siga el ritmo del mío. "
    Él emparejó deliberadamente los frenéticos y acelerados latidos de su corazón, sus jadeos, la respiración entrecortada de su cuerpo, y muy lentamente, aferrándola a él, comenzó a disminuir su velocidad. Su mirada se aferró a la suya. Su corazón tartamudeó por un momento. Ella parecía derrotada, en absoluto como la Margarita que entró sola a la selva tropical de noche con un depredador acechándola. La Margarita que le sonreía cuando estaba en su peor momento. Margarita. Él respiró su nombre, manteniéndola cerca de él, dentro de su mente.
    Ella no luchó contra él en esta ocasión, estaba demasiado débil como para dar sentido a mucho de lo que le estaba sucediendo. Se acostó junto a ella y escucho la lluvia cayendo sobre el techo, ampliando lo suficiente para que ella pudiera oir el suave sonido a través de los ruidos en su cabeza. Deliberadamente añadió pequeña ráfagas de brisa para cambiar el patrón del sonido en las ventanas y paredes.
    Junto a él, poco a poco Margarita se relajó, aliviando la tensión de sus músculos doloridos con nudos, lo suficiente para que le permitiera respirar la relajante mezcla de lavanda y esencias de manzanilla. Ella no luchaba contra él de nuevo y Zacarías encontró que el nudo terrible en sus propias entrañas se alivio.
    Él le acarició el cabello en una suave caricia y murmuró cosas sin sentido en su propia lengua. O tal vez no era una tontería, tal vez él dio un toque en aquellos sentimientos extraños que moraban profundamente dentro de él, sabía que él no podía perderla, no por la carga para su alma, sino por la aplastante emoción que brotaba como un tsunami y podía parar.
    Ella posiblemente no podía saber lo que él estaba diciendo, él apenas lo sabía. Pero cuando la siguiente ola golpeó, ella giró su cabeza y lo miró, centrada en él, en lugar de alejarse. Sus ojos se ampliaron, ausentes, cuando el dolor la golpeó. Esta vez, Zacarías estaba preparado y sabía exactamente como tomar la mayor parte de ella. Limpió su cuerpo de todas las toxinas y en camino a convertirse totalmente en Cárpatos. A medida que el dolor retrocedía, él lo sintió que sería seguro ponerla en la tierra curativa.
    “Te enviare a dormir, Margarita. Cuando despiertes sentirás hambre y la necesidad de sangre, pero no tendrás dolor. ”
    Su mirada saltó a la suya mientras que su palma limpiaba esos puntos minúsculos de sangre en su frente.
    “Usted despertará completamente Cárpato.”
    Su lengua tocó su reseco labio inferior en un intento por humedecerlo. No importa. Solamente quiero terminar con esto.
    Él detestó la derrota en ella. Margarita era todo fuego para su hielo, no por fuera, no en el sentido del temperamento o la elección de las luchas, de hecho, era justo lo contrario. Pero ella era apasionada en lo que creía y a quién y a que amaba. Ella se entregaba totalmente en todo lo que hacía, tal como se había entregado completamente a él.
    Ella estaba extenuada, su cuerpo y su mente agotada. No podía culparla. Se sentía exprimido y no había sufrido tanto como ella.
    "No quiero que piensen que estoy haciendo cualquier otra cosa sin su conocimiento." Esperó, pero ella no respondió. "Voy a ordenar su primer sueño, y después de eso, su cuerpo lo asumirá y el dormirás solo cuando tu lo mandes. Tienes mi sangre corriendo por tus venas. Es una sangre antigua, muy poderosa, y usted aprenderá rápidamente a ejercer ese poder. "Había que darse prisa antes de que el dolor de la siguiente oleada llegara.
    "Usted sabe que la tierra la rejuvenecerá." Él hizo la declaración.
    Sus pestañas revolotearon y el miedo se reflejó en sus ojos, pero ella asintió. ¿Qué debo hacer si me encuentro atrapada debajo de la tierra?
    La acarició una vez más su pelo porque tenía que tocarla, porque estaba en su cara. "Usted se moverá.
    Lo ordenará. Imagine el suelo en su mente, haciendo lo que usted desea. Puede tomarle un par de veces, pero si usted no se preocupa y piensa como un humano, que esta enterrado en vida, entonces estarás bien. "
    Su corazón se aceleró cuando usó esa frase, enterrado vivo, pero asintió.
    "Yo estaré con ustedes para facilitar su camino", le asegurado.
    Ya viene. Ella no le suplicaba que se la llevara. No había ninguna pregunta, ninguna suplica. Margarita dejó claro, incluso en su estado de agotamiento, que ella no estaba pidiendo nada.
    Sintió el oleaje al igual que ella lo hizo y él tomó el mando de inmediato, exigiendo que fuera al sueño profundo, la curación, el rejuvenecimiento del sueño de su pueblo.
    Los Cárpatos cerraban su corazón y los pulmones y quedaban como muertos, mientras que la Madre Tierra utilizaba sus ricos nutrientes y minerales para ayudar a una recuperación total y fuerza. Le detuvo el corazón y los pulmones a Margarita lo más suavemente posible.
    La levantó en sus brazos, sosteniendo suavemente contra su pecho, le ardían los ojos y su corazón estaba destrozado. Ella yacía inerte, su pelo largo echado a un lado, dejando al descubierto la curva de sus mejillas y sus largas pestañas. Se veía tan joven e inocente, una mujer hermosa, devastada por la conversión, desilusionada por el hombre que juró amarla y protegerla.
    Zacarías la llevó por toda la casa hasta el dormitorio principal, agitando la mano para mover la cama del camino. La alfombra tejida a mano siguió y el piso se abrió a la cámara del sueño muy por debajo de la estructura. Otro gesto de su mano abrió el suelo señalado, casi negro de arcilla rica en minerales. Él sintió que la tierra la alcanzaba mientras flotaba a ambos al suelo en ese capullo cálido de su entorno.
    Muy suavemente la posó, con cuidado de su pelo, agachándose para rozar su boca con la suya. Ella no lo sentiría, no sabría lo tonto que actuaba cuando ella estaba en un sueño profundo, pero se sintió libre para acariciarla con los dedos, su brazo hasta su mano. Entrelazo sus dedos los suyos, la ternura brotando inesperadamente.
    ¿Podría haberla perdido? Ella se había alejado de él. Lo había rechazado. Lo hirió. Simple y llanamente, su rechazo había sido tan completo, cuando lo había necesitaba más. Ella más bien, habría sufrido que permitirle entrar en su mente, fusionar sus espíritus. Su negativa a entrar en el mundo moderno podría haberle costado todo.
    Se acostó a su lado, con los ojos ardientes, el pecho dolorido. Mantuvo la posesión de su mano, sus dedos acariciando los suyos. Había tenido todo en Margarita. Ella le había ofrecido un mundo que apenas podía concebir, había estado solo por mucho tiempo. Él no supo cuanto lo quiso. Ni su pueblo, ni los amigos, ni él mismo lo sabía. Él era un solitario, pero pudo tolerar a los demás por amor a ella. Tendría que haber prestado atención a los rituales de unión, al significado de las palabras. Su felicidad. Su cuidado.
    Él era un hombre seguro por una razón. Él no podía empujar su responsabilidad sobre Margarita. Si él esperaba que ella lo siguiera a donde él la llevara, tenía que colocar la culpa donde pertenecía. Nada de esto habría sucedido si hubiera tomado la sangre de Solange, cuando se le había ofrecido. Él no quería nada que tuviera que ver con el nuevo mundo y sus formas modernas. Quería quedarse donde estaba cómodo. No habría tenido ningún problema para tomar el mando de la situación y proteger a su compañera. No tenía las herramientas disponibles debido a su completa terquedad.

    Él gimió y sacudió la cabeza. Tenía los medios justo frente a él para proporcionarle a su mujer la protección y la felicidad, pero había sido demasiado arrogante, demasiado lleno de orgullo y honor para tomar ventaja de los dones que les fueron entregados. No más.
    Él era un luchador. Eso es quien él era y Margarita Fernández era una mujer por la que valía la pena luchar. Él era el que estaba destinado a caminar a su lado. Zacarías llevó sus dedos a su boca y le besó la mano, besos de mariposa, su corazón dolía por dos.
    Quédate conmigo, mica emni kuηenak Minan, mi hermosa lunática. Te lo prometo, que seré un hombre mejor, un mejor compañero para usted. Te diste una vez a mí. Hazlo de nuevo. He aprendido lo que significa cuidar. Y le quiero.
    Él le besó la mano otra vez y respiró hondo, cerró la Tierra sobre ella y salió de la cámara para salir a la noche. Su mundo. Pertenecía allí. Por primera vez sintió su afinidad por él, el parentesco fuerte de su tipo por la misma noche. Nubes atenuaban la media luna. La lluvia era una suave melodía, estable y apacible, una música a él. Los insectos y las ranas proporcionaron un estribillo a la sinfonía. Él haría a este mundo de Margarita, también. Pero él necesitaba al menos-para ella-tomar algunos pasos en el mundo que ella amaba.
    En su vida nunca alguna vez había pedido ayuda a cualquier otro. No sus hermanos, ni a los suficientemente valientes como para llamarlo amigo. Pedir ayuda iba en contra de su código, sin embargo, para Margarita, por su mujer, él sabía que tenía que hacerlo. Bajó del porche en la lluvia nocturna, escuchando los familiares y confortantes sonidos de las criaturas de la noche. Sin Margarita en su mente, y reuniendo todas las conexiones rotas y llenando todas las sombras, ya no veía en color, pero el recuerdo de la emoción era fuerte en él. ¿Cómo podía no ser así? Ella estaba en su mente, en su corazón, conectada a su alma, y ​​sentía su amor por ella, si no otra cosa.
    Zacarías envió su llamado en la noche. Tengo una gran necesidad, Dominic. Ven a mí. Es de suma urgencia.
    Una parte de él se avergonzaba de llamar al Cárpatos, que él libremente considerado como un amigo. Los hombres como Dominic y él no tenían exactamente amigos.
    Zacarías no estaba del todo seguro de lo que en realidad la palabra abarcaba. Moriría por proteger a Dominic, pero que era su forma de vida, no amistad.
    Tengo que ir a las montañas de los Cárpatos, tan pronto como sea posible. Tenemos noticias que debemos llevar al príncipe.
    La respuesta fue débil, como si hubiera una gran distancia. Pero al menos había sido escuchado, lo que significaba que Dominic estaba dentro del rango para poder reunirse con él y sin embargo, es posible que estuviera a una distancia de una noche de Margarita.
    Nos encontraremos. Dame un rango. Tengo necesidad de un intercambio de sangre.
    ¿Estás herido?
    Había una parte de él que no quería compartir que tenía una compañera. Margarita era demasiado importante y temía que todos los enemigos vinieran en pos de ella si se corría la voz. Y él tenía muchos enemigos. Cerró los ojos un momento y se obligó a confiar. Mi compañera se despertará con la necesidad en pocos días y seré necesario para protegerla en todo momento. Ya ha estado en peligro por mi rechazo al don de Solange.
    Sintió una descarga de Dominic incluso con gran distancia, que casi le hizo sonreír. En ese momento, aunque aceptó que él siempre sería diferente, sin la presencia Margarita, nunca sentiría como lo hacían los otros, estuvo a punto de sentir verdadera diversión por la reacción de Dominic.
    Esta noticia es – inesperada- pero bienvenida.
    Dame tus coordenadas. Yo te encuentro y espero que pueda estar de regreso antes de que la noche termine. No puedo dejarla sin protección. Ya hemos tenido un enfrentamiento con cazadores de vampiros humanos. Si uno vino, existe la posibilidad de hayan más.
    Zacarías estaba seguro de que Ruslan estaba en el área, pero no se había mostrado, y los pequeños ataques en el rancho eran meros sondeos. Era posible que Ruslan estuviera planeando atacar al príncipe, incluso con su ejército disminuido, y los ataques a la hacienda no fueran más que una diversión, así fuera él no quería correr riesgos.
    Domingo envió la información necesaria, y Zacarías tomó al aire.
    Nos encontraremos, dijo Dominic. Mi tiempo es muy limitado ya que mi mensaje es muy urgente, pero no debe ser más que un par de horas fuera de nuestro camino. Sabemos lo que hemos experimentado, Zacarías, y aunque podemos caminar en la luz del sol temprano en la mañana y el de la tarde, todo depende de la posición del sol. No estamos sin nuestras necesidades Cárpatos. Su cuerpo todavía será plomo cuando el sol está llegando a su pico más alto. Se mantendrá de esa manera durante varias horas. Todavía estamos vulnerables y hay un gran peligro de ser atrapados en el sol, cuando experimentamos. Creo que entre más cerca estamos de convertirnos, cuando tomamos la sangre, menos trabajara.
    Dominic le estaba advertía, pero Zacarías estaba dispuesto a arriesgarse. Él no tenía deseos de afrontar la luz del día. Sería el mundo de Margarita, y él estaría en su lado el mayor tiempo posible, con la esperanza de disfrutar su felicidad. Por el momento, sabía que era necesario volver a la tierra, a acompañarla. Él nunca sería como otros Cárpatos, cómodos en el mundo humano o Cárpatos. Nunca sentiría por los demás como ellos lo hacían. Su mundo sería Margarita, tal como el mundo de su padre había sido su madre.
    Seré cuidadoso y aprenderé mis limitaciones, Dominic. ¿Están mis hermanos bien?
    Preocupados por usted. Quizás debería pensar en llevar a su mujer para verlos. Ellos han esperado mucho tiempo por este día.
    Zacarías supo que debía hacerlo. Una parte de él aún quería la reunión, pero sabía que no sería lo que sus hermanos esperaban y en realidad no quería defraudarlos. Había perdido demasiado en los largos siglos de estar solo. Margarita lo llenaba, le permitía aprovechar sus sentimientos, ver a color, pero incluso ahora, mientras volaba sobre la selva, todo era gris y aburrido. Los colores y las emociones no se quedarían mucho tiempo sin ella cerca.
    Su padre había sido incapaz de soportar su ausencia después de un tiempo, por lo que había llevado a su madre a las batallas. Ahora, Zacarías sabía algo de lo difícil que debería haber sido, sobre todo después de tener hijos y no sentir por ellos a menos que su compañera estuviera lo suficientemente cerca como para conectarse con él. Zacarías envió una oración silenciosa a cualquier poder superior que pueda estar escuchando, que tuviera la fuerza para resistir siempre y no poner a Margarita en peligro, que él siempre mantuviera su seguridad por encima de sus propias necesidades. Nunca me dejes cometer el error de arriesgarla por mi propia debilidad.
    Él hizo el largo viaje con Dominic volando hacia él, en menos de dos horas, lo que significa que apenas regresaría a Margarita al amanecer. Ellos se saludaron a la manera formal de los guerreros de los Cárpatos, agarrando los antebrazos de cada uno.
    "Bur-tule ekämet kuntamak bueno es verte, hermano-mi familia," saludó Zacarías.
    "Eläsz jeläbam ainaak que puedas vivir largo tiempo en la luz", respondió Dominic, esos penetrantes ojos escrutando a Zacarías con cuidado.
    Zacarías negó con la cabeza. "Usted no va a ver lo que usted desea ver. Margarita me permite ver en color y sentir la emoción. Sin ella en mí, estoy completamente solo en un mundo duro, gris. "sabía que en algún lugar cercano, la mujer del guerrero Dominic, Solange, estaba dispuesta a defender a su compañero elegido.
    Ella era una fuerza a tener en cuenta, y podía sentir los pelos de la nuca que le advertían del peligro.
    Dominic suspiró, bajó los brazos y dio un paso atrás. "Lo siento, amigo mío."
    Zacarías se encogió de hombros. "Se ha convertido en el centro de mi universo y me acepto y estoy muy agradecido por la oportunidad que nunca imagine. Por ella, hago esta cosa".
    Domingo apartar los ojos de Zacarías. ¿Ustedes están dispuestos a intercambiar sangre conmigo?"
    Cazadores donaban sangre cuando era necesario, pero un intercambio significaba que un cazador podría seguir al otro con facilidad. La idea era repulsiva para Zacarías. Él era un solitario. Un hombre aparte y la seguridad era primordial. Solitario, evasivo, que tenía mucho cuidado de no dejar rastro cuando no quería que lo siguieran.
    Por Margarita tendría que extender esa confianza. Él asintió con la cabeza.
    Domingo sonrió. "No es necesario." Se dio la vuelta e hizo señas a su compañera. Salió de debajo de la cubierta, una letal mujer que no dudaba en matar si era necesario. Se veía feliz de ver a Zacarías.
    Ya sentía una sensación de hormigueo extraño en el estómago. Necesitaba volver para a estar con ella-Margarita. Estar completamente solo era algo que ya no podía soportar. Tomó la muñeca extendida y una vez que bebió de la poderosa mujer. Dominic, también, donó para él, dándole una mezcla de sangre de gran alcance que podría pasar a su mujer.
    Me he alimentado de su mujer antes, Dominic, y aún el sol me quema. ¿Crees que esto funcionara para mí así como yo estoy?
    Domingo se encogió de hombros. "El efecto se hace más fuerte cada vez que se toma la sangre, pero hay límites y la única manera de saberlo es intentarlo. Zacarías, necesitas una red de seguridad a su disposición. Sea cauteloso. "
    Zacarías asintió con la cabeza. "No puedo estar lejos de ella. Gracias a los dos. Que el viento le conceda un viaje rápido". Agarró los antebrazos de Dominic duro y saludó a Solange antes de tomar el cielo una vez más. Su corazón se disparó. Margarita. Pronto estaría con ella.

   
   
   

CAPITULO DIECINUEVE

    Él se sentía inquieto. Cuando un cazador, como Zacarías de la Cruz se sentía inquieto, era un buen momento para ir en busca de problemas, ya que tenían que estar cerca-o acercándose.
    Tres noches. Tenía que ser tiempo suficiente para que Margarita sanara completamente. Durante tres largas noches había permanecido a su lado, sosteniéndola en sus brazos, y sin embargo aun así, el mundo era horrible sin ella llenado los espacios vacíos en él. Estaba entumecido. Crudamente solo. Cuando uno estaba acostumbrado a tal cosa, cuando las emociones y el color se desvanecían lentamente, era más fácil de soportar, pero, perderlo todo tan rápido, un momento su calor estaba llenándolo, expulsando las sombra, y al siguiente estaba completamente solo, era mucho más difícil de lo que había esperado.
    Sin embargo, Zacarías se encontraba fuera paseando en la noche donde podía respirar la información de la noche en lugar de despertar una vez y otra vez a Margarita. La noche se estaba desvaneciendo, pero aún así se negó a traerla a la superficie. Algo estaba un poquito fuera de centro. No lo podía encontrar, no con el viento y ni con los insectos. Todo parecía normal, pero no era así. Él sabía que no estaba. Salió del porche y se trasladó al patio, a la caza con su vista aguda, ahora en busca de una diferencia pequeña que lo alertara de peligro.
    Él la necesitaba. Zacarías de la Cruz que nunca necesitó a nadie en su vida, necesitaba a Margarita. Y la necesitaba feliz, entregándose a él, su alegría, su calor, su cuerpo suave y dulce. ¿Estaba imaginando cosas porque tenía miedo de afrontarla? El miedo era una emoción y sin Margarita él no tenía tales complicaciones. No, había algo aquí, algo no está bien. Era sólo cuestión de tiempo.
    Su cuerpo se puso en alerta, listo para cualquier cosa. Sus caballos corcoveaban sin descanso en los establos. La extrañaban. Como él lo hacía. Se apartó del patio hacia la selva bordeando su tierra, atraído por un estremecimiento desconocido de alerta, escuchando la noche. El coro de Insectos, las ranas intervinieron, murmuró el ganado y el casco de los caballos. Sin embargo – allí estaba esa advertencia-o la falta de una. Tal vez era sólo él. Se sentía mal. Algo que no estaba bien en la boca del estómago.
    La preocupación por la seguridad Margarita predominaba en su mente. Las cosas habían estado relativamente tranquilas en el rancho ya que Esteban y DS había muerto. Incluso Cesaro se había mantenido lejos de la casa principal. Le había dado sangre cada vez que Zacarías había venido a él, e incluso parecía un poco más a gusto con él, pero Zacarías no le había buscado por compañía, sólo para su sustento. Caminó alrededor de la línea de la cerca en la parte posterior de la propiedad, todos los sentido en alerta.
    Zacarías escaneaba la zona en busca de puntos en blanco que podrían indicar que un vampiro estaba cerca. Absolutamente todo parecía en su sitio, perfecto, demasiado perfecto.
    No lo creía. Un ataque era inminente, pero ¿en qué dirección? ¿Se trata de otra prueba, o real? Alas revoloteaban en los árboles.
    Sin mover la cabeza, dejó vagar su mirada hacia la línea gruesa de los árboles que vigilaban la selva tropical. Ojos brillaban hacia él.
    La calma se apoderó de él como un manto. Estiró sus sentidos. Era real, entonces. Constante movimiento anunciado cada vez más reunión de aves. Quería llevar la lucha lo más lejos posible de la hacienda, no estaba dispuesto a arriesgar Margarita, a los trabajadores o a sus queridos caballos.
    Estaba agradecido que estaba debajo de la tierra, que no le había traído a la superficie donde un vampiro podría detectar su presencia.
    Por lo que cualquiera de sus enemigos sabían, él no tenía ninguna compañera. Él no sintió las emociones como la mayor parte de los cazadores Cárpatos experimentaban una vez que ellos encontraban a la otra mitad de su alma, así que en ese sentido, él era tanto afortunado como desafortunado. La falta de emoción lo ayudaría en su batalla. Él siguió moviéndose, usando el mismo paso lento, fluido, sintiendo que sus músculos se aflojaban preparándose. Su aliento era uniforme, su corazón estable y fuerte.
    El viento se levantó, el más sutil de los movimientos. Las copas de los árboles se balanceaban un poco más, las hojas aleteando. A lo largo de la tierra la hierba ondulaba en una onda lenta. Este era la táctica de inicio. La batalla siempre lo sentía como una partida de ajedrez. El combate era su mundo y entendía todos sus matices.
    Zacarías continuó su paso casual, acercándose a la valla y a los árboles. La selva parecía tranquila y oscura. La lluvia caía de manera constante, gotas suaves que cambió un poco cuando el viento las llevó de los árboles, hacia la hacienda. El terreno se inclinaba ligeramente, la hierba un poco más alta cerca de la línea de la cerca. Zacarías caminó a lo largo de la valla, a la vez que mantenía un ojo en reunión de las aves en la oscuridad de la selva tropical. Incluso mientras caminaba, sus brazos se balanceaban naturalmente, a los costados, con las manos tejiendo un patrón sin costuras.
    Apenas se daba cuenta de la lluvia. Agua fría goteando constantemente desde el cielo, las nubes rodaban encima de su cabeza. Una gota golpeó su cuello, quemado a través de su piel. Apagó el dolor por instinto, lanzando un escudo tejido sobre su cabeza mientras corría hacia la valla y el bosque para llevar la lucha lejos de ellos y lejos de Margarita.
    Un diluvio abierto de pequeñas gotas de ácido llovían desde el cielo, aun cuando el viento empezó a soplar. Su escudo le protegió la cabeza, pero el viento que soplaba las gotas hizo que lo quemaran en la espalda y en los muslos mientras corría por la cubierta de la arboles. Bolas de fuego se estrellaban contra la tierra a su alrededor, varías golpearon su escudo con fuerza alarmante. En lo alto, una altísima y oscura nube se arremolinaba con una masa de fuego de hilos rojos y naranjas.
    Zacarías dio un paso más y se abrió la tierra, una fisura larga irregular, profunda y abierta. Se desplomó en ella, su escudo cayó a cierta distancia lejos de él. La lluvia ácida y los dardos de fuego cortaba a través de él. La tierra se estremeció y se movió, cerrando esa brecha de pies de ancho. Zacarías se disolvió en pequeñas moléculas, acelerando hacia el nivel del suelo, tratando de vencer el cierre de la fisura. El tronar de los dos lados de roca y tierra cuando se unieron fue horrible, haciéndose eco a varios kilómetros. Las aves chillaban y tomaron el aire. Los grandes depredadores se lanzaron en un frenesí, en busca de presas.
    El suelo se estremeció, un temblor sacudió los mismos cimientos de los establos y de la hacienda. Zacarías se elevó en el aire. A la vez los pájaros gritaban en exaltación, los ojos programados para encontrar las pequeñas moléculas a través de la lluvia y el viento, el buceo entre ellos como si rayara la superficie del agua para sumergirse por debajo por los peces.
    Zacarías no tenía otra opción, a menos que quisiera ser despedazado y consumido por las aves. El pasó como un rayo hacia ellos, haciendo frente al ataque, pasando de las moléculas a un dragón que escupe fuego, algo que rara vez hacía, pero ahora mismo, tenía que librar al cielo de las aves rapaces. Le disparó directo a su filas, mientras rasgaban sus flancos, picoteando como locos de modo que las gotas de rojo rubí goteaban de él.
    El olor de la sangre añadió locura a los pájaros. Se volvió y se ladeó, volando por encima de ellos, enviando una corriente de fuego barriendo por las masas. El hedor de la carne quemada impregno la noche cuando los cuerpos ennegrecidos cayeron del cielo. Las aves restantes siguieron llegando, abalanzándose sobre el dragón, cientos multiplicándose en miles, picoteando y rompiendo con afiladas garras, cavando a través de la piel dura para tratar de llegar al interior del Cárpatos.
    El enorme peso de las aves enviadas al dragón lo hicieron caer a la tierra. Desgarrado y ensangrentado, Zacarías exploto al dragón antes de que tocara el suelo, la mayoría de las aves que montaban el gran cuerpo pararon en el suelo, desgarrando en una especie de furia. Llamando al cielo, él usó la nube las revueltas masas de llamas rojo-naranja, arrastrándolas hacia abajo para golpear a las aves con grandes bolas de fuego. Gritos, las feroces criaturas trataron de elevarse en el aire, pero largas lanzas y dardos diminutos de llamas saltaban de una a otra hasta que estuvieron todas sumergidas en el fuego.
    ¿Deseas mantener esta charada estúpida, Ruslan? preguntó Zacarías, cuando se colocó en el pequeño claro justo al otro lado de la valla, en selva tropical misma. Continuó hasta el borde más bajo del dosel de los árboles, llevando la lucha más lejos de Margarita.
    Un trueno retumbó en respuesta. Las nubes se batieron e hirvieron. La negra nube irrumpieron hacia arriba, una torre de fuego y azufre que enturbiaba con ira el cielo.
    El viento se precipitó a través de los árboles, sin embargo, no movió las nubes en lo alto. Las ramas se balanceaban, los grandes brazos de madera llegando casi hasta el suelo del bosque, como si hicieran una reverencia-o en busca de agarrar a alguien con sus dedos huesudos.
    Una figura oscura, con capucha salió lentamente del tronco de un árbol de ceiba grande. Se movía lentamente, sin ninguna señal de prisa. Era un testimonio del poder de un maestro que el árbol y el terreno circundante no retrocediera en su presencia. La naturaleza no podía soportar la abominación de los no muertos, sin embargo, un verdadero maestro era tan experto en la ilusión, por períodos breves, que aun la Madre Tierra podía ser engañada.
    Ni una hoja o lámina de hierba se marchitaron. La figura era alta, imponente, tenía los hombros amplio y andaba con total confianza. Entró en la arboleda donde el pabellón protegía el piso forestal, se quitó rápidamente su capucha. La melena suelto era tan negra como la noche, su cara joven brutalmente hermoso. Él rió y ofreció su mano a Zacarías.
    "Hijo. Nos encontramos otra vez en circunstancias más agradables, espero. "
    Zacarías frunció el ceño. ¿A qué jugaba Ruslan? ¿Probándolo para ver si él tenía emociones? ¿Si él tenía un compañera? Cada uno de los hermanos de De La Cruz encontró su compañera. Ruslan los odiaría tanto más por eso. ¿Él se creyó superior a todos los ellos-así que porqué no debería él tener mujeres? Zacarías y su familia eran indignos de tales cosas. “Pensé más de usted, Ruslan. Esto es un truco cansado. Muéstrese y acabemos de una vez.” Él comprendió por primera vez que no sentir emoción sin Margarita trabado en él podían ser más que una maldición. Ruslan no podría poner en peligro lo que él no sabía.
    Zacarías movió su mano con verdadera naturalidad, como si la imagen perfecta de su padre no le molestara en absoluto, y en verdad, él no sentía nada en absoluto con la visión del hombre que había sido su héroe de infancia. Su onda quito la ilusión y revelo la verdadera forma de Ruslan. Por un segundo se puso de pie despojado de la cortesía, su cuerpo podrido, con un millar de gusanos arrastrándose a través de él. Su cara estaba salpicada de agujeros, con los ojos hundidos y su dientes ennegrecidos y aserrados, puntiagudas como picahielos que sobresalían a través de sus encías.
    En el tiempo que tardó Zacarías en parpadear, la imagen cambió, como si nunca hubiera existido. Ruslan estaba delante de él como lo había hecho hace tantos siglos.
    Joven. Viril. Su rostro sin líneas, casi hermoso más bien guapo. Zacarías parecía áspero y mayor, en comparación, las líneas de grabadas en su rostro y algunas cicatrices que se cruzan aquí y allá.
    "Ya veo que tu vanidad no ha cambiado en absoluto", saludó Zacarías. "Realmente amas su cara bonita. Supongo que es la mitad de la razón por la que optó por convertirse en vampiro. "
    Ruslan se echó hacia atrás su larga melena. "Por lo menos aún eres bastante de feo. Durante mucho tiempo te he vigilado, viejo amigo. Usted se niega a unirse a nosotros y se niegan a morir. En todos los siglos nunca ha estado en un mismo lugar más de una sola noche o en el mejor de los casos dos. Sin embargo, aquí te quedas. "Barrió el brazo hacia la hacienda y el viento cambió de rumbo, después de dirección, llevando consigo decenas de bolas de fuego pequeñas que llovía en todo los pastos y las estructuras.
    Zacarías envió la lluvia en un diluvio rápido, la extinguiendo los incendios pequeños de inmediato. Él flexionó los hombros, ahora quemado hasta los huesos con miles de marcas de la lluvia ácida y las bolas de fuego pequeñas, del tamaño de guijarros como las que Ruslan estaba utilizando en contra de la hacienda.
    Podemos hacer esto toda la noche, ¿pero no pensaste seguramente que tales juegos infantiles me impresionarían? Los juegos con sus marionetas, no son realmente digno de mi atención. Pensé que por fin podría tener un rival de mérito.
    Usted no cura sus heridas.
    ¿Hubo una pisca de impaciencia en el tono de Ruslan? Zacarías se encogió de hombros otra vez. No siento tales cosas, así que no es necesario en realidad. Él observó a Ruslan de cerca, mirando las fosas nasales del vampiro llamear y su lengua lamiendo continuamente sus labios. ¿El olor de mi sangre le molesta?
    Ruslan negó con la cabeza. La sacudió de nuevo. Al igual que una contracción que no podía parar. El se lamió los labios continuamente de manera compulsiva. "No más que el olor de toda la sangre que consumí. No se ha alimentado esta noche. Le ofrezco mi sangre. "
    ¡Qué caballero es usted! Zacarías dio una corta reverencia burlona. ¿Qué quieres, Ruslan? Me canse de tus juegos. ¿Has venido para que te libere? ¿Por justicia? Estaré más que feliz de enviarte a la tierra, si eso es lo que deseas.
    La justicia es una buena palabra para que use un traidor de la amistad. De la hermandad. Usted nos cambió e hizo una alianza con ese mocoso del príncipe. Él es peor que su padre antes que él. Ruslan escupió un bocado de gusanos blancos retorciéndose.
    Zacarías se encogió de hombros. ¿Qué es entonces?
    Yo pensé por mucho tiempo que se uniría a nuestras filas, pero que nunca llegaste. Entonces tú, me has enviado como un insulto, la destrucción de mi ejército hasta la última marioneta.
    "Ellos eran meros peones que enviaste para ponerme a prueba. Esperabas que los matara. Carne de cañón, Ruslan, nada más. Su tonto complot para matar al príncipe no funcionó. Tenías que comprobarlo para saber que es así.
    "Nunca se supuso que estarías allí." Ruslan elevó la voz a un tono más alto. Su hermosa máscara se deslizó un poco. Los árboles se estremecieron cuando el chilló con creciente ira. Él apenas podía contener su rabia, sus dedos se curvaron en apretados puños. Nunca pasa tiempo con sus hermanos. Usted nunca se queda en un solo lugar. ¿Por qué? ¿Por qué cambió su forma de ser después de tantos siglos? ¿Lo has hecho sólo para molestarme?
    "No te hagas ilusiones, Ruslan. No le doy tanta importancia como crees, mientras usted me da el crédito. Yo soy un cazador-nada más y nada menos. "
    Todo el tiempo que habló, Zacarías no se centró totalmente en Ruslan. El vampiro tenía trampas a la espera de ser soltadas. Se dio cuenta de todos los detalles, incluyendo el viento creciente. Era sutil, pero la hierba se inclinó un poquito más hacia él. Las hojas revoloteaban y se tornaron de un extraño color gris cuando habían sido de un aburrido y fangoso color marrón verdoso.
    El viento sacudió el suelo alrededor de sus pies, agitando las hojas y la vegetación en el suelo del bosque. Vides estranguladoras se estremecieron. Flores caían de los troncos de los árboles perdiendo sus pétalos. A Zacarías le parecía ceniza blanca grisácea cayendo al suelo del bosque.
    "No me has dicho por qué te quedas aquí, viejo amigo," lo engatusó Ruslan. "Es un comportamiento extraño para usted."
    Zacarías se encogió de hombros, aflojando los músculos. "Estuve un poco lesionado, pero nada de qué preocuparse. Mucho sustento listo, mientras me recuperaba. No tengas ninguna preocupación, estoy en mejor condición ahora".
    Ruslan chasqueó la lengua. "Eso no fue lo que se me informó. Mis hombres tienen mucho que responder. Me dijeron que sus lesiones eran todavía muy graves".
    "No creas esos cuentos. No quiero que te preocupes, Ruslan, por su viejo amigo. Soy muy capaz de llevar la justicia a todos los no-muertos que caminan en esta tierra. "
    Llamas saltaron a la vida en los ojos de Ruslan. Hizo una mueca y una vez más la hermosa máscara se deslizó revelando los dientes ennegrecidos, serrados y las fangosas retracción de sus encías. Sus dedos se crisparon, y después se cerraron una vez más en un puño apretado. El viento sopló más duro sobre los escombros en el piso del bosque. Zacarías sintió un pinchazo de dolor, que al instante contuvo mientras que algo grande pasó a través de su pierna. Echando un vistazo abajo él vio vides de la enredadera creciendo y retorciéndose juntas, enrollándose alrededor de su pierna, comenzando a partir de su pie y tobillo. Crecieron juntos, y a través de su carne, conduciendo como las lanzas para tejerse dentro y fuera de su pierna, haciéndole de él una parte de la nueva planta.
    Las viñas estaban cubiertas de escamas parecidas al musgo con pequeños ganchos. Cada nivel se había encajado a presión mientras serpenteaba hacia arriba y en medio de su pierna, enganchadas en su carne. Intentó cambiar y encontró que pierna su pierna fue retenida rápido, cuando las vides crecientes través pierna le bloqueaban.
    Inmediatamente supo que algo vivo le estaban inyectando a él, cuerpos diminutos corriendo por debajo de su piel, agujereando en el músculo y el tejido, la excavando aún más profundo. Hizo caso omiso de la sensación. Es más que probable que el objeto fuera debilitarlo, hacerle sangrar, hasta que fuera incapaz de luchar eficazmente contra Ruslan mientras la vid, literalmente, lo mantiene en su lugar, convirtiéndose en parte de su estructura.
    El maestro vampiro tenía demasiada experiencia para retarlo directamente en un combate cuerpo a cuerpo. Intercambiaría golpes a distancia y continuaría su plan de batalla pellizcando a Zacarías, haciendo picaduras en él hasta estar seguro que el cazador no podía defenderse. Sólo entonces se movería para matarlo.
    La estrategia tenía un defecto. Zacarías era un cazador con una sola cosa en mente. Su cuerpo no significaba nada para él. Sólo la muerte le importaba e iba a matar Ruslan Malinov. Nada más en este momento podía preocuparlo. Haciendo caso omiso de la vid, que subía por la pierna, casi en su muslo, él levantó sus manos hacia la selva y llamó su propia arma.
    El viento cambió hacia Ruslan, un cambio rápido, sin darle tiempo para regodearse. El cielo se oscureció alrededor del vampiro, como miles de pequeñas moscas que pululaban sobre y dentro de Ruslan. Cada agujero podrido era siempre una entrada, la boca, los ojos y las fosas nasales. Las ilusiones no importaban, sólo vieron la carne podrida.
    Como pequeños misiles que torpedeaban profundamente en el cuerpo de Ruslan, engendrando tanto como podían, depositando larvas y reproduciéndose a un ritmo rápido. Las moscas se multiplicaban, mientras atacaban. Ruslan se desgarró el pecho, las uñas afiladas acuchillando su rostro abriéndolo, dándole a Zacarías el tiempo necesario para estudiar la vid que crecía a través de su pierna.
    Era una trampas bastante simples, utilizaba la que ya estaban en el lugar. Las plantas estaban muertas, al igual que las hojas y la vegetación que yacían en el piso del bosque. Para respirar vida en ellas, Ruslan tuvo que poner una cierta pequeña parte de él en esas plantas muertas. Las hojas en el piso del bosque continuaron alimentando las vides, de modo que todavía lo agujereaban a través de la piel y del músculo más profundamente hasta que emergían en el otro lado.
    Zacarías dejó de lado su ser físico para que su espíritu entrara en su cuerpo. Las viñas que serpentean a través de su cuerpo, punzante y como arpones a través de carne y hueso se acercaban a una cosa: la pequeña luz de su espíritu en él. Por supuesto, sin Margarita, la luz era pequeña, pero estaba allí, manteniendo su honor. Los diminutos insectos que consumían sus entrañas se sostenían también por esa luz. Zacarías tomó una respiración profunda y deja ir la vida. Toda la vida. El detuvo su corazón por un momento, se negó a permitir a entrar el aire a través de sus pulmones. La planta lo soltó de inmediato, pero cuando forzó su cuerpo a trabajar una vez más, los insectos continuaron la fiesta.
    Zacarías era sobre todo oscuridad. Sombras y manchas, corrompido de una manera que muy pocos o ningún otro cazador estaba. Es la oscuridad era lo que le permitía ignorar estas heridas, el dolor insoportable por ejemplo. Ya era parte de ese mundo. Su padre había sido legendario con impresionantes habilidades en la batalla, pero él era el único de los Cárpatos que Zacarías supiera, que llevó las sombras en su alma, hasta que su hijo nació.
    Ahora, deliberadamente, Zacarías llegó a las sombras – las abrazó- dejó ir toda la luz, basándose en la oscuridad que parecía constituir gran parte de él por ayuda. En el momento en que se extinguió toda la luz en su interior, Las plantas comenzaron a morir. Las sombras eran demasiado oscuras para mantenerlas con vida. La planta perdió su capacidad de seguir creciendo, y su asimiento se aflojó ya sobre él, Zacarías fue capaz de cambiar el rumbo de las ramas externas, dejando las vides todavía dentro de su cuerpo.
    Tenía que haber una fuente para llevar a las hojas muertas y a las vides a la vida. Zacarías era un cazador y olió a los no- muertos de inmediato, una pequeña rebanada de Ruslan dio vida a su creación. Ruslan no pudo sostener estar en dos lugares al mismo tiempo, no mientras luchaba contra el ataque de las moscas diminutas. Le tomó unos pocos minutos matar a esa fuerza oscura y tomar el control de la vid dentro de su cuerpo. Haciendo caso omiso del grito de furia y las promesas de venganza de Ruslan, Zacarías cambió las moléculas de las plantas restantes, remodelando, absorbiendo, utilizando las gruesas viñas en su interior para reemplazar a los músculos y el tejido perdido. Él no podía hacer nada acerca de la pérdida de sangre, pero cualquier cosa natural y de la tierra estaba dentro de su capacidad de manipular.
    En el momento en que su cuerpo estuvo sanado, atacó sin vacilar, un movimiento borroso, corriendo a través de la distancia entre el vampiro y sí mismo, cerrándola rápidamente. Ruslan chilló y se abalanzó sobre él. Los truenos tronaron. Hicieron temblar la tierra. Los rayos chisporroteaban en el cielo en grandes relámpagos cuando los dos se estrellaron juntos.
    Zacarías condujo profundamente su puño, perforando el pecho podrido. Sangre acida se vertía sobre él, ardiendo a través de la piel hasta el hueso. Él golpeó algo sólido, bruscamente parando su ataque, impidiéndole alcanzar al ennegrecido corazón. El choque subió por su brazo, y una prensa quemaba alrededor de su brazo enviando ondas de dolor que cortó. Las pequeña y punzante moscas tomaron el aire en un negro enjambre, cerrando tanto alrededor del vampiros y el cazador. Era difícil no respirarlo en los pulmones. Garras le desgarraron el pecho, arrancando grandes trozos de piel y músculos.
    Zacarías se disolvió, permitiendo que el viento lo separara de Ruslan, dándose tiempo para temporalmente sanar las heridas y para evitar, tanto como fuera posible que más sangre cayera en el suelo. Ruslan se lamió sus dedos, su lengua larga y obscenamente gruesa, se bifurcaba, como una serpiente. Su rostro no llevaba ya la máscara de la belleza. El verdadero vampiro fue revelado.
    Zacarías había visto su parte de cuerpos en descomposición, pero nada igualaba a Ruslan Malinov. La carne se despegaba de él. Los gusanos se arrastraban a través de enormes agujeros en su carne. La boca no era más que un gran agujero, sin labios, sus ojos hundidos. Todos los seres vivos se retiraban de él, la hierba se marchitaba, helechos y musgos se volvían marrón oscuro. Incluso los insectos salían corriendo. Sólo las negras moscas persistían, alimentándose de la carne podrida y depositando sus huevos, tan numerosos como fuera posible en los órganos ennegrecidos.
    "Usted realmente se dejó llevar, viejo amigo", observó Zacarías. "Creo que su brazo está a punto de caerse."
    Ruslan rugió, la amenaza retumbó por el bosque, sacudiendo los árboles. Él levantó sus brazos, arriba y abajo, las palmas de las manos apuntando el cielo. Todo alrededor de Zacarías las hojas crujiendo, cobraron vida, girando y volando con el caos que Ruslan había creado. Era imposible ver por las hojas que azotan cuando se apilaron y formaron una criatura detrás de otra.
    Él extendió sus brazos y cerró los ojos, eliminando la distracción de un miles de hojas girando alrededor de él. Él alcanzó sus otros sentidos para encontrar la amenaza dentro de los escombros en movimiento. Las figuras rodearon el área entera, formando un anillo flojo y añadiendo en números dentro del círculo hasta que el bosque estuvo poblado con grandes monstruos todos avanzando hacia él. Las sombras en él llamaban a la oscuridad en ellos. Ruslan había aprendido rápidamente.
    Temo que importa poco como me veo ante ti, Zacarías. A mi pequeño ejército no le importa, tampoco. No tengo ninguna necesidad de gastar energía en sus últimos momentos. Usted debería habérseme unido. De verdad, siempre tuviste la oscuridad en ti – mucho más de lo que yo alguna vez la tuve. Esta era su herencia, el mayor regalo de su padre aún cuando rechazó abrazarla. "Había verdadero desprecio en la voz de Ruslan. " Tenía la grandeza para a usted, pero decidiste ser un mártir, sufriendo solo mientras yo tengo lo que quiero. "
    Zacarías despacio abrió sus ojos, sonriendo, sabiendo que sus dientes blancos eran un contraste duro con los ennegrecido de Ruslan, al abrir la boca y que el pequeño detalle pincharía la vanidad de Ruslan como nada más podría.
    "No puedo temerle, Ruslan. No puedo sentir lo que me haces a mí. No me importa nada que no sea tu destrucción. Usted cree que tiene la ventaja, pero en realidad, yo la tengo. Deseas continuar con su existencia miserable. Buscas el poder. Deseas gobernar el mundo. Para destruir al príncipe. Para matarme a mí. "
    La sonrisa de Zacarías se tornó frío como el hielo. "Así que son muchos deseos, cuando yo sólo tengo uno. Su muerte. Usted está kuly-nada más, un gusano intestinal, un demonio que devora las almas. Usted realmente es hän ku vie elidet-un ladrón de la vida y por eso, dictaré sentencia en ti. "
    La vegetación muerta y en descomposición, recopiladas a lo largo de cientos, quizás miles de años entraron en un frenesí, agitando los brazos y cultivando dientes cuando se arrastraban hacia él. Zacarías envió el viento, pero las criaturas de hojas en absoluto fueron afectadas, manteniendo su propia batalla contra la ráfagas.
    La risa de Ruslan rallado en los oídos de cualquier en el rango dentro de la audiencia. Con alegría bailaba alrededor. "No creo que vaya a ser yo quien muera esta noche, cazador.
    Las criaturas se acercaron, haciendo que el aire estancado y opresivo, oliera a cosas muertas, podridas. Él necesitaba algo completamente opuesto para oponerse a las fuerzas de Ruslan, dándole el tiempo necesario para matar al vampiro. Deliberadamente Ruslan se había alimentado de sus peores secretos, esas sombras cortaban a través de su cuerpo, tomando su alma.
    Ahora no era tiempo para el orgullo. O para el miedo. Él era un cazador y él no tenía ninguna otro opción, sólo usar cada recurso posible. Ruslan Malinov era la amenaza más grande para el pueblo Cárpato. Sin él, el ejército de vampiros disminuiría, dándole a Mikhail, el príncipe, tiempo para juntar a su gente y reforzar todas sus defensas.
    Él hizo lo impensable. Margarita. Usted debe despertar.
    No podía permitirse pensar en ella y lo que podría pasar cuando despertara debajo de la tierra. Ella era un ser humano y ya había exigido mucho de ella. Este vampiro se encargó de llevar al pueblo Cárpatos casi hasta la extinción. No podía escaparse sin importar el costo para el cazador o para su amada compañera.

***

    Profundamente debajo de la hacienda, Margarita se dio cuenta de dos cosas: que estaba enterrada viva, y que Zacarías estaba en problemas. Ella se despertó al instante, el conocimiento inundando a lo largo de su cuerpo con un hambre terrible desgarrando y rastrillado su vientre. Mantuvo los ojos bien cerrados, determinada a no entrar en pánico. Ella sabía que tendría, si estaba enterrada viva, simplemente despertar, pero sentía a Zacarías.
    Curiosamente, podía oír los latidos del corazón, pero no parecía haber aire circulando a través de sus pulmones. El sonido resonó extrañamente en la cabeza. Ella se concentró en Zacarías, ignorando su necesidad de gritar sin pensar, a sentir el peso de la tierra empujando hacia abajo sobre ella. Suavemente, con gran sigilo, encontró el camino a su mente. El dolor la envolvió -salvaje-un cruel dolor, una agonía que empujó en todo su cuerpo fácilmente rivalizando con lo que había pasado a través de la conversión. Se deslizo fuera él antes de que pudiera alejarse, o desmayarse por el horror y el dolor de lo que él sufría.
    ¿Qué le había dicho a ella? Él le había dicho cómo mover el suelo de su lugar de descanso. Visualiza, Margarita, se recordó. Y harás que suceda.
    Su primera tentativa no la llevó a ninguna parte, apenas el pánico filtrándose adentro. Resuelta, ella lo empujó lejos. Utilice su voluntad. Su padre siempre dijo que eras lo suficientemente obstinada para mover montañas si quería hacerlo realmente, así que mueva este pequeño pedacito de tierra, ella se ordenó. Su mente gritó al momento de mover sus dedos y estaba más consciente que nunca que estaba debajo de la tierra, pero mantuvo sus ojos se cerrados, bien apretados y forzó a su mente para representar la tierra dividiéndose como el Mar Rojo, empujando hacia arriba y a cualquier lado. Cuando pudo recobrarse, miró hacia arriba el techo del compartimiento, se limpió el sudor de su cara y se incorporó.
    Estoy aquí.
    Ven a mí. Dentro de mí – a su manera. Si esto sale mal, sal inmediatamente.
    Ella no lo dudó. No importa cuán enojada o herida había estado, un hombre como Zacarías De La Cruz nunca le pediría una cosa así en medio de una batalla a menos que fuera necesario. Ella encontró al animal primitivo ya familiar en él y consiguió entrar, deslizando muy suavemente en él. La oscuridad le cortó la respiración. Salvajismo puro, matar o morir. Cada parte de él parecía oscuro y en sombras, las paredes de hielo puro, bloques de lo mismo, llenando su mente, hielo en sus venas.
    Su interior estaba devastado. El dolor, era insoportable, aunque de algún modo él fue capaz de bloquearlo, algo que ella no entendió, pero estaba agradecida por eso.
    Ella no quiso saber cómo todo el daño había ocurrido, o como él podría permanecer de pie, se enfocó por entero en la destrucción del mal. Ella fluyó calor en él. Amor. Todo lo que ella era. Ella se dio a él, llenándolo, forzando a la oscuridad a retroceder, derramando su resplandor a través de cada sombra.
    Él no hizo ningún movimiento para conectar con ella, pero ella lo sintió aprovechar ese flujo de calor de empatía y comprensión. Envió una llamada a la bosque tropical. Ella sintió la convocatoria. No, no era exactamente una convocatoria, más una solicitud, como ella la haría. No había ningún comando. Ni arrogancia. Ningún indirecta de eso. Sólo esta petición de ayuda.
    Los muertos en el bosque tenían que ser destruido por la vida. Le sorprendía que supiera tales cosas-cómo trabajaba su mente tan rápidamente rodeado por seres empeñados en desgarrarlo. Necesitaba un camino claro a Ruslan y que era lo único que le importaba en ese momento.
    Margarita respiró hondo cuando las figuras de hojas lo atacaban, balanceando a Zacarías, cortando la piel y el hueso mientras giraba en el centro entre ellos, utilizando todos los medios posibles para mantenerlos a raya. Fuego. Viento. Nada funcionaba en contra de ellos y todo el rato, Ruslan reía, un risa aguda, estridente que le hizo apretar los dientes al borde.
    Se obligó a tratar de permanecer desconectada de lo que estaba sucediendo a Zacarías. Estaba muy tranquilo, su mente trabajando. Todo esto era una distracción. Ella no veía cómo iba a ayudar en absoluto, pero no podía ayudar si entraba dentro del temor, incluso cuando ella estaba aterrorizada por él. Él no trató de ocultarle la verdad a ella, que estaba en su mente, pero él no sobre su mente. Ella estaba en él sólo porque necesitaba un arma, y ​​no reconoció que era una mujer de carne y hueso, su mujer. No tenía miedo de sí mismo o por ella. Sólo sentía la necesidad de destruir el mal.
    El dosel del bosque se onduló con la vida, los monos cayeron de las ramas de los árboles sobre las espaldas de las criaturas, derribándolas, desgarrándolas en partes y saltando a la siguiente. Le tomó un momento o dos a Margarita darse cuenta de que las criaturas que fueron destruidas, eran las que bloqueaban el camino al exultante Ruslan.
    Zacarías se apresuró a través de la apertura que los monos había tallado para él, todo su ser concentrado en una sola cosa. Sabía exactamente dónde estaba parado Ruslan y donde se encontraba su corazón. Él tuvo tiempo para evaluar el obstáculo que había encontrado en su ataque anterior y sabía cómo entrar en esa capa protectora de la armadura para llegar al corazón marchito.
    Él estaba en Ruslan antes de que el vampiro tuviera tiempo para darse cuenta de que era vulnerable. Zacarías volvió a cambiar las moléculas de su cuerpo, cambiando en el último momento para conducirse a través por aquel recubrimiento, utilizando una fracción de segundo para abrir el puño y agarrar el corazón. Sus dedos excavaron a través de los tendones y los músculos, desgarrándolos en un esfuerzo por llegar al órgano.
    Ruslan gritó, rociando a Zacarías en la cara del hedor asqueroso de la putrefacción corrompida. Hundió las manos en el vientre de Zacarías, rasgándolo, derramando su sangre en el suelo, loco de rabia, metiendo la cabeza en el contenido, tratando de comer al cazador viva con sus dientes salvajes, de sierra.
    Zacarías arrancó el corazón del pecho, girando para tratar de quitarse el vampiro de encima. La poderosa sangre del Cárpato derramada sobre el rostro y la barbilla de Ruslan, mientras que su propio veneno negro quemaba a través de la mano de Zacarías y del brazo hasta el hueso. Zacarías arrojó el corazón lejos de él y sujeta con sus dos manos la cabeza de Ruslan y dio un tirón, rompiendo el cuello y arrojar al vampiro lejos de él.
    Se sujeto con ambas manos su vientre abierto, sus piernas saliendo de debajo de él. Él aterrizó sobre sus rodillas, respirando profundo, capeando el dolor antes de que pudiera empujarlo lejos de él. Ruslan aterrizó a unos metros de él y rodó, con la cabeza colgando obscenamente a un lado.
    Zacarías gimió cuando vio que Ruslan había caído sobre su corazón extraído. El vampiro alcanzó su corazón y tomó el aire, sangre negra caía y chisporroteaba a lo largo de la tierra. Él se lamió sus dedos en el aire, intentando extraer cada pedacito de la sangre cárpata de su brazo y mano antes de alejarse.
    En el momento que Ruslan había sido atacado, había sacado de su energía del ejército de los muertos, de modo que las hojas y ramas cayeron de nuevo al suelo del bosque. Monos revueltos entre los árboles. Zacarías se dejó caer, mirando la lluvia. Una vez más se trataba de una llovizna tierna, dándole en la cara. Le tomó un gran esfuerzo despertar la energía al rojo vivo para librarse del veneno del vampiros. Tan pronto como estuvo fuera de él, dejó caer sus brazos con cansancio a los costados.
    Voy con usted. Margarita hizo una declaración, no una pregunta.
    Se encontró sonriendo. Su hermosa lunática. Ella tenía todo el derecho a despreciarlo, todas las razones para temerle, pero si él hubiera ordenado que se quedara lejos, ella le habría desafiado y hubiera ido a él, de todos modos. Nada pudo parar a una fuerza tranquila y estaba demasiado lejos para intentarlo. Ella nunca parecía molestarse en discutir. Ella sólo hacía lo que creía correcto. Su sangre se filtraba por el suelo y su curación iba a ser una tarea difícil.
    No te olvides de la ropa. Cesaro vendrá en cualquier momento. Yo tendría que matarlo y no estoy seguro de que este a la altura.
    Trató de reír, tendría que concederle eso. Su diversión llegó a través de sus lágrimas. Ella lloraba por él, y él sabía que iba a estar haciendo lo mucho en los años venideros. Debería haberte convertido con amor, Margarita. Con cuidado. Haberte sostenido cuando tenías tanto miedo. Yo estoy tan lejos en la oscuridad, tal vez no hay manera de que me traigas de vuelta.
    No quiero que traerte de vuelta. Sólo quiero que te salves. Hay una diferencia. Usted tendrá que hacer usted mismo la ropa. No puedo conseguirlo. Había impaciencia en su voz. Y ella estaba mucho más cerca de lo que había estado.
    Zacarías levantó la cabeza. Su yegua querida corrió hacia él con Margarita a horcajadas sobre su espalda, y gracias al buen Dios que el caballo tenía un suave andar. Ella estaba completamente desnuda. Él negó con la cabeza. Fue poco a poco llenándolo de nuevo con su luz, empujando a la oscuridad. Podía ver que su sangre era roja, derramándose en el suelo a su alrededor.
    Ella se bajó del caballo y corrió hacia él cuando agitó la mano para vestirla. Estuvo a punto de tropezar con su falda mientras corría hacia él. Uso ambas manos y puso un paño suave que llevaba contra su vientre. Lo acostó. Simplemente relájese por un momento. Y no entres demasiado lejos en mi mente. No quiero que sientas esto.
    Se permitió a hundirse hacia abajo, para ver su cara, su rostro amado con tanta preocupación estampada en ella. Tanto amor-el amor que no merecía. ¿Qué quiso decir cuando dijo que no quería traerme de vuelta de la oscuridad, que sólo quería salvarme? Es lo mismo.
    Ella sacudió la cabeza, cavando en el suelo para encontrar la más rica tierra no contaminada que pudo encontrar. Ella utilizó su propia saliva para hacer una pasta. En realidad, no es lo mismo. La oscuridad en ti, que desprecias tanto es un regalo precioso y del que usted ha llegado a depender. Que le permite cazarlos a su manera. Y te mantiene vivo cuando otros mueren.
    Ella se estremeció visiblemente como ella llenó sus heridas apretando con la pasta fangosa que ella había hecho. Él tocó sus labios con dedos suavemente. Usted piensa esto es un regalo ¿no sentir? ¿Estar así cerca de la oscuridad que cada momento que existo es una lucha?
    Sí. Porque esta oscuridad le permite instintivamente saber dónde va a ir su presa después, estar un paso delante de ellos. Aguantar estas clases de mortales heridas que matarían a alguien más. Usted ya se cura, Zacarías. Y usted ya está pensando en donde el vampiro se ocultará hasta mañana por la noche. Está cerca el alba y usted sabe que él buscara un lugar donde descansar Esto es lo qué aquellas sombras hacen por usted.
    Ellas le permiten vivir y hacer lo que realmente le gusta y que nadie más puede hacer. Por lo tanto, no, no quiero tomar eso de usted.
    Pero usted teme que yo no vuelva. "
    Ella extendió su muñeca para él. El hambre la vencía, pero era mucho más importante darle todo lo que pudiera para sostenerlo y ayudarlo a sanar lo más rápido posible. Es tan bueno haciendo a un lado los recuerdos que una pequeña parte de mí piensa, que algún día se olvidará recordarme después de la batalla.
    Le tomó la muñeca y con mucho cuidado hizo el corte, permitiendo a su sangre vivificante fluir hacia él. Era la sangre de un antiguo Cárpatos ahora.
    Poderosa y fuerte, porque su sangre corría por sus venas. Sintió su alcance en su cuerpo, en cada órgano, en todos los músculos y tejido, en cada célula.
    Yo siempre volveré a ti, siempre, pero sólo puedo ser quien soy, Margarita. Yo quiero ser suave para usted. Quiero darle todas las cosas que se merece. Yo siempre espero que siga mi ejemplo…
    Sus cejas se alzaron. Con la mano libre se alisó el pelo. ¿Crees que no se eso sobre ti? Yo le quiero, Zacarías, pero espero que cumplas con los votos que me juraste. Quiero ser querida. Que tengas en cuenta mi felicidad cuando tomes sus decisiones. Y usted tiene que saber que siempre voy a ser yo. Voy a tomar mis propias decisiones cuando sienta que estás mal.
    La miró a la cara, una sonrisa en sus ojos. No puedo concebir que me equivoque. Bien hubo una vez…
    Su risa se derramó en su mente. ¿Una? Voy a dejar eso atrás, porque después de esta batalla usted podría estar un poco fuera de su mente.
    Cerró con su lengua el corte en la muñeca. "Cesaro viene. Él le dará sangre y usted tendrá que tomarla, Margarita. Tengo que irme. "
    Se quedó sin aliento. ¿Irse? No entiendo. ¿Ir a dónde? Tienes que ir a tierra y sanar eso es lo que tienes que hacer y puedo estar contigo.
    "Tengo que cazar a Ruslan".
    Ella negó con la cabeza firmemente. No. Usted no puede hacer eso, no esta noche. Es casi el amanecer y podrías quedar atrapado en el sol.
    "Ya has visto mis recuerdos de Dominic y su mujer, que compartieron su sangre conmigo."
    Sí, pero yo también le vi advertirle que tienes que ser cauteloso, probar sus límites. No has hecho eso y usted dijo, que entre más fuerte la oscuridad, menos un Cárpatos puede tomar el sol. No hagas esto, Zacarías. Por mí. No hagas esto.
    Él extendió la mano y con mucho cuidado acarició la longitud de su largo pelo. "Este vampiro en particular es un amo, diferente a cualquier otro. Yo no conseguiría esta posibilidad otra vez, en otros diez mil años. Te estoy pidiendo que no me exijas esto a mí. Justo en este momento, yo le daría lo que quiera incluso esto, Margarita. Por eso necesito que no me hagas esta petición. "
    Ella cerró sus ojos con fuerza. Durante un momento sintió que no podía respirar. Ella tenía que dejarle ir. Él no podía ser nada más lo que él era – un cazador. Ella le pediría ser algo que él no era. Ve que tienes que volver en una pieza.
    Zacarías se puso de pie, su ropa en andrajos sangrientos. Las laceraciones y heridas entrecruzaban su cuerpo. El paño sangriento cayó de su vientre, pero la herida estaba cerrada. Flexionó sus músculos. "Usted tomará la sangre de Cesaro de su muñeca. Él la cuidará mientras este lejos. "
    Enmarcando su rostro con las manos, Zacarías se inclinó para besarla en la boca hacia arriba. Ella se aferró por un momento, sin importarle que los estuviera viendo Cesaro. A regañadientes, Zacarías se hizo a un lado y tomó el aire. En el momento en que estuvo lejos de ella, la despidió de su mente, eliminándola, confiando en que ella se quedara fuera. Sólo podía haber una oportunidad en esto. Ruslan Malinov era un adversario demasiado peligroso para dejarlo escapar.
    Zacarías cogió el olor del hedor asqueroso del vampiro y él siguió, usando las gotitas como una guía. Él había pasado siglos patrullando hasta las fronteras del Amazonas cruzando de país en país. Conocía cada cueva, cada lugar que un vampiro pudiera escoger como lugar de descanso. Él sabía donde su enemigo probablemente iría. Más que esto, Margarita estaba en lo correcto al decir que la oscuridad en él le permitía pensar como los no – muertos.
    Ruslan querría llegar lo más lejos de Zacarías como fuera posible, pero le gustaría ser capaz de alimentarse con la mayor facilidad posible. Había muy pocas ciudades y ranchos en el área cerca de las cuevas. Zacarías conocía cada uno de ellas. Estaba convencido de Ruslan elegiría la de más difícil acceso, tan sólo una grieta en la roca que le permitía un cambia formas aplanar su cuerpo lo suficiente como para deslizarse en el interior de ese túnel estrecho y empinado que conducía a las entrañas de la Tierra. Ruslan se resguardaría muy bien, como sólo un maestro vampiro podía hacer, por lo tanto o Zacarías llegaba antes que él, antes del amanecer y se ocultaría en el interior para esperarlo-o le podría tomar horas desentrañar las salvaguardas y podría quedar atrapado bajo el sol.
    Ruslan tenía ventaja sobre Zacarías, pero era astuto y él sabe que su sangre estaba en el viento y un cazador como Zacarías seguiría su olor como un lobo. Usaría pistas falsas, daría marcha atrás, todos los trucos que había aprendido para ocultar su verdadero destino de los Cárpatos, y eso le llevaría tiempo. Ruslan intentara utilizar el sol en contra de un cazador, sólo iría a tierra en el último momento así que no habría riesgo de que un cazador pudiera cogerlo en su guarida. Zacarías tenía que tomar una decisión -seguir su presentimiento – dependiendo de lo que él detestaba en sí mismo-o seguir el rastro. Ambas podían costarle su presa.
    Margarita había dicho que la oscuridad en él era un regalo. Ella confiaba porque era una parte de él. Él pensaba que eso era malo. Lo único que recordaba de su padre cuando era malvado, nunca antes. Era como si en un momento hubiera negado la vida entera de su padre, los siglos de honor y deber. Su padre le había dado clases con cada habilidad que poseía. Él había balanceado a su compañera en el aire y había reído fácilmente con ella. Se había alegrado cuando cada hijo nació y estuvo de luto, llorando lágrimas de sangre sin vergüenza cuando una hija había perdido su batalla por la supervivencia. Su padre no había sido malvado toda su vida.
    Así, pues, que la oscuridad le guiara. Abandonó el rastro y optó por la cueva más profunda en la tierra, ahora apresurándose para llegar antes a su presa. Si se había equivocado, habría perdido su oportunidad, pero estaría a salvo del sol.
    Zacarías pasó sobre la repisa rocosa donde la roca agrietada era la única señal de una entrada al estrecho túnel. Utilizó el sigilo, lo que permitiendo que una ligera brisa fluyera a la deriva, examinando el área desde todos los ángulos. Ruslan no parecía haber alcanzado el lugar de descanso antes que él. Se movió más cerca, cuidado de no molestar tanto como una piedra, probó la entrada. No había nada que le impidiera entrar.
    Como humeante vapor, Zacarías se deslizó dentro de la montaña, abriéndose paso a través de la larga grieta en el estrecho y pequeño túnel. Él siguió más y más profundamente debajo de la tierra. El sonido de las gotas de agua creció en volumen a medida que se acercaba a la pequeña cámara. El túnel se había reducido por lo que sólo un pequeño animal podía atravesar hasta la más grande y ahuecada caverna.
    Ruslan no había estado allí antes de él. Había un cierto olor a vampiro, uno que aún un amo podría enmascarar pero no para siempre. Esto significaba ¿Qué él nunca había encontrado esta cueva en particular? No había más tiempo para explorar. Tenía que confiar en su experiencia. Se tomó su tiempo, examinando la pequeña cámara, encontrando varias grietas que atraviesan el techo y paredes. El agua goteaba regularmente de la pared del norte, pero la pared del sur era principalmente roca. Él escogió una de las más pequeñas grietas para esconderse en ella.
    Su cuerpo necesitaba desesperadamente ir a la tierra. El cambio llevó energía, e incluso con sangre de Margarita, él sabía que no tenía mucho tiempo antes de se convertiría en crítico curarse en el suelo o sería demasiado tarde. Pocos Cárpatos serían capaces de sobrevivir a las heridas mortales que tenía y seguir cazando. Sabía que la oscuridad dentro de él le permitió no reconocer lo que le estaba sucediendo a su cuerpo. Luchó, se curó a sí mismo y lo hizo sin dolor ni agotamiento. Pero con el tiempo su cuerpo se desmoronaría. Si Ruslan elegía esta cueva, Zacarías no podía pensar en la hora que el colapso vendría.
    Los minutos pasaban. Él sabía la posición exacta del sol y que estaba muy cerca el amanecer. Podía sentir su presencia como una lámpara encendida presionada estrechamente contra él. Sabía que la luz siempre llegaría a él, aunque la sangre real de Solange en realidad le permitía un par de horas más del día para moverse. Él nunca se sentiría cómodo, pero sí esto hacía a Margarita más feliz con él, lo soportaría, al igual que él soportaría a sus compañeros humanos.
    Una roca rodó en el polvo. Algo rayaba a lo largo de la pared del estrecho túnel afuera de la cámara. Zacarías permaneció relajado, no gastando ninguna de su preciosa energía. Él estaba en malas condiciones y si él mismo se delataba demasiado pronto, y Ruslan fuera capaz de luchar, los dos iban a morir esta noche. El hedor a carne podrida fluyó en la cámara.
    Inmediatamente, la familiar calma se extendió por Zacarías. Nada más importaba, no él, ni cualquier cosa, sino la destrucción de este vampiro quien había causado al pueblo Cárpatos tanto dolor y daño. Esta fue la razón por la que Zacarías había nacido y había sido criado para pelear. Esta es la razón, por la cual la oscuridad corría tan profundamente en él, para la defensa de su pueblo en contra de la más mala y vil criatura imaginable.
    Él se quedó aún quieto, paciente, mirando como Ruslan preparaba sus salvaguardas y se tambaleó a su lugar de descanso. Su cabeza