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Peligro Oscuro

Peligro Oscuro

Аннотация

    Dominic Buscador de Dragones -uno de los más poderosos de los linajes Carpatos- está desesperado por llegar al corazón del campamento enemigo y enterarse de sus planes. Sólo hay un modo de hacerlo: ingerir la sangre con parásitos de un vampiro. Sabe que es una misión de la que no regresará. Sin apenas tiempo antes de que la sangre surta efecto, conseguirá la información que necesita, se la entregará al Príncipe de los Carpatos y morirá luchando. No hay modo más honroso de morir.
    Solange Sangria es uno de los últimos miembros del clan de los jaguares, pura sangre real, una especie en vías de extinción que no puede recuperarse de las malas decisiones tomadas cientos de años atrás. Lleva muchos años sola, luchando para salvar a los cambiaformas que quedan de las garras de Brodrick el terrible: su propio padre, que asesinó a su familia y a todos aquellos a quienes amaba. Herida y cansada, planea participar en una última batalla con la esperanza de detener al hombre que ha formado una alianza con los vampiros, aceptando que no saldrá viva de ello.
    Son dos guerreros que han vivido en soledad. Ahora, cuando sus días tocan a su fin, se encuentran… un obstáculo que ninguno puede ignorar.


Christine Feehan Peligro Oscuro

    Nº 21 de la Serie Oscura-Carpatos

Capítulo 1

    Estuve medio vivo durante mil años.
    Para entonces había abandonado toda esperanza de que nos conociéramos.
    Demasiados siglos. Todo desaparece
    mientras el tiempo y la oscuridad roban el color y la rima.
    De Dominic para Solange

    Los machos Carpatos sin compañera no soñaban. No veían en colores y ciertamente no sentían emociones. Dolor, sí, pero no emoción. ¿Entonces por qué había estado soñando durante los últimos años? Era un antiguo, un guerrero experimentado. No tenía tiempo para la fantasía, ni para la imaginación. Su mundo era duro y árido, una necesidad para combatir a un enemigo que inevitablemente había sido un amigo o miembro de la familia.
    Durante los primeros cien años más o menos después de perder sus emociones, tuvo esperanza. Con el paso de los siglos, la esperanza de encontrar a su compañera se desvaneció. Había aceptado que la encontraría en la próxima vida y estaba llevando a cabo con resolución su último deber para con su gente, pero aquí estaba, un antiguo de gran experiencia, Dominic de la línea de los Cazadores de Dragones, un linaje tan antiguo como el tiempo mismo, un hombre de sabiduría, un guerrero renombrado y temido, tumbado bajo la tierra rica despierto, soñando.
    Los sueños deberían sentirse insustanciales y al principio el suyo lo había sido. Una mujer. Sólo una idea vaga de su aspecto. Tan joven en comparación con él, pero una guerrera por derecho propio. No era su concepto de la mujer con la que se uniría, pero cuanto más sustancial se volvía ella con el paso de los años, más se daba cuenta Dominic de cuán perfecta era para él. Él había luchado durante demasiado tiempo para deponer la espada. No conocía ningún otro estilo de vida. El deber y el sacrificio estaban impresos en sus huesos y necesitaba una mujer que le pudiera comprender.
    Quizás los sueños fueran eso. Nunca había soñado hasta hacía algunos años. Nunca. Los sueños eran emociones y él las había perdido hacía mucho tiempo. Los sueños eran en colores, aunque el suyo no. Pero se percibían en colores a medida que los años daban forma a la mujer. Ella era un misterio, confianza absoluta cuando luchaba. A menudo tenía magulladuras y heridas frescas que dejaban cicatrices en su piel suave. Había llegado a examinarla cuidadosamente cada vez que se encontraban, sanarla se había convertido en su saludo tradicional. Se encontró sonriendo por dentro al pensar en cómo ella era enteramente lo contrario a segura de sí misma cuando se trataba de verse a sí misma como mujer.
    Durante unos pocos momentos, contempló el por qué debería estar sonriendo por dentro. Sonreír era igual a felicidad y él no tenía emociones para sentir tales cosas, pero sus recuerdos de emociones se estaban agudizados hacia el final de su vida, en vez de oscurecerse como había esperado. Porque cuando convocaba el sueño, sentía una sensación de consuelo, de estar bien y feliz.
    Con el paso de los años ella se había vuelto más clara para él. Una mujer jaguar. Una guerrera fiera con exactamente los mismos valores que él enarbolaba: lealtad, familia y deber. Nunca olvidaría la noche, hacía sólo una semana, en la que había visto sus ojos en color. Por un momento no pudo respirar, la miró maravillado, sorprendido de poder recordar los colores tan vívidamente para poder atribuir un color verdadero a sus ojos felinos.
    Los ojos eran hermosos, resplandecían en algún lugar entre el oro y el ámbar con débiles insinuaciones de verde que se oscurecían cuando él se las ingeniaba para robarle alguna risa. Ella no reía a menudo ni fácilmente y cuando lo hacía, él sentía que era más triunfo que cualquiera de las batallas que hubiera ganado.
    Aunque los sueños continuaban, y sólo ocurrían cuando estaba despierto, siempre parecían un poco desenfocados. Pero esperaba verla. Se sentía protector hacia ella, como si su lealtad ya se hubiera columpiado hacia la mujer de su sueño. Le escribió canciones de amor, expresando todas las cosas que deseaba decirle a su compañera, y cuando ella se negaba a descansar, él la tumbaba colocándole lacabeza en su regazo, le acariciaba la espesa melena y le cantaba en su idioma. Nunca se había sentido más contento, ni completo.
    Se revolvió, perturbando la tierra rica que lo rodeaba. En el momento en que se movió, el dolor lo atrapó, miles de cuchillos le rasgaron de dentro a fuera. La sangre contaminada del vampiro que había tragado deliberadamente estaba llena de parásitos y ahora se agitaban en él reproduciéndose, buscando tomar el control de su cuerpo para invadir cada célula, cada órgano, y por muy frecuentemente que purgara algunos para mantener su número bajo, ellos parecían trabajar más duro para multiplicarse.
    Dominic siseó un aliento entre dientes mientras se forzaba a alzarse. No era todavía completamente de noche y él era un antiguo Carpato con muchas batallas y muertes a sus espaldas. Generalmente los antiguos no se alzaban antes de que el sol se hubiera puesto, pero él necesitaba el tiempo extra para explorar a su enemigo y orientarse en esta tierra de mitos y leyendas.
    En lo profundo de la cueva que había escogido en la selva del Amazonas, movió la tierra suavemente dejando que se asentara a su alrededor mientras se despertaba, queriendo mantener el área tan tranquila como fuera posible. Viajaba sólo de noche, como hacían los de su raza, escuchando el cuchicheo del mal, iba tras el rastro de un vampiro maestro, uno que estaba seguro tenía conocimiento de los planes para destruir a la especie de los Carpatos de una vez para siempre. Su pueblo sabía que los vampiros se estaban reuniendo bajo la regla del cinco. Al principio los grupos habían sido pequeños y dispersos, los ataques fácilmente defendibles, pero últimamente el cuchicheo de la conspiración había crecido hasta un rugido y los grupos eran más grandes, más organizados y extensos de lo que habían creído al principio. Estaba seguro de que los parásitos de la sangre contaminada eran la llave para identificar a todos los que fraguaban una alianza con los cinco maestros.
    Había deducido esto durante sus días de viaje. Había puesto a preuba la teoría varias veces, encontrando tres vampiros. Dos eran relativamente novatos y ninguno tenía los parásitos, fue fácil para un cazador experimentado matarlos, pero el tercero había satisfecho sus preguntas. En el momento en que se acercó, los parásitos entraron en un frenesí de reconocimiento. Había escuchado al vampiro jactarse durante la mayor parte de la noche, hablándole de las legiones crecientes y de cómo los emisarios se estaban reuniendo en el Amazonas, donde tenían aliados entre los hombres jaguar y una sociedad humana que no tenía la menor idea de que se estuvieran acostando con los que intentaban destruirlos. Los maestros utilizaban tanto a humanos como a hombres jaguar para cazar y matar Carpatos. Dominic había matado al vampiro, una extracción rápida del corazón y llamando al relámpago, lo incineró. Antes de dejar la zona había tenido mucho cuidado de eliminar cualquier huella de su presencia.
    Sabía que el tiempo se acababa rápidamente. Los parásitos estaban muy ocupados trabajando, cuchicheándole, murmurando malvados incentivos, incansables en su búsqueda de que él se uniera con los maestros. Era un antiguo sin compañera y la oscuridad ya era fuerte en él. Había aceptado que su compañera vendría en la próxima vida y había dedicado su vida a ayudar a su pueblo. Su amada hermana había desaparecido hacía cientos de años, ahora sabía que estaba muerta y que sus hijas estaban a salvo con el pueblo Carpato. Podría hacer ésta última tarea y terminar su árida existencia con honor.
    Se levantó de la tierra rica, tan rejuvenecido como alguien con parásitos en la sangre podría estar. La cueva en lo profundo de la tierra evitaba que el sol tocara su piel, pero lo sentía de todos modos, sabiendo que estaba justo fuera de la oscuridad, esperando para abrasarlo. La piel picaba y ardía con anticipación. Atravesó a zancadas la cueva con confianza absoluta. Se movió con la fácil seguridad de un guerrero, fluyendo sobre el desigual suelo en la oscuridad.
    Cuando empezó a trepar a la superficie pensó en ella, su compañera, la mujer de sus sueños. No era su verdadera compañera por supuesto, porque entonces la vería en vívidos colores, no sólo sus ojos. Vería las variadas sombras de verde en la selva tropical, pero todo en torno a él permanecía en tonos grises. ¿Estaba encontrando consuelo en un engaño? ¿Eran sus canciones a ella, su amor por su compañera un engaño? La anhelaba, necesitaba evocarla a veces para pasar la noche cuando su sangre estaba ardiendo y le comían vivo desde el interior hacia fuera. Pensó en la piel suave, una sensación que parecía asombrosa cuando él era como un roble, hierro duro, la piel tan dura como el cuero.
    Cuando se acercó a la salida a la cueva pudo ver la luz que se derramaba en el túnel y su cuerpo se encogió, una reacción automática después de siglos de vivir en la noche. Adoraba la noche, sin importar dónde estuviera o en qué continente estuviera. La luna era una amiga, las estrellas a menudo luces con las que se guiaba para navegar. Ahora estaba en un territorio que no le era familiar, pero sabía que los hermanos De La Cruz patrullaban la selva tropical, aunque había cinco de ellos para cubrir un territorio muy grande y estaban diseminados. Tenía la sensación de que los cinco que estaban reclutando vampiros menores contra los Carpatos habían escogido deliberadamente el territorio de los De La Cruz como su sede.
    Los hermanos Malinov y los hermanos De La Cruz habían crecido juntos, siendo más que amigos, reclamando un parentesco. El pueblo Carpato los había considerado dos de las familias más poderosas, guerreros a los que no muchos podían superar. Dominic pensó en sus personalidades y del compañerismo que se había convertido en rivalidad. Tenía el presentimiento de que los hermanos Malinov habían escogido establecer su sede bajo la nariz de aquellos que estuvieron tramando con ellos maneras hipotéticas de apartar a la línea Dubrinsky del gobierno del pueblo Carpato, y al final habían jurado lealtad al príncipe. Los hermanos Malinov se habían convertido en los enemigos más encarnizados e inexorables de los hermanos De La Cruz.
    El razonamiento de Dominic fue confirmado por el vampiro que había matado en las Montañas Carpatos, un vampiro menor muy hablador que quiso jactarse de todo lo que sabía. Él había avanzado, sin tomar prisioneros, por así decirlo, sorprendido de cuan fantástico sistema de alarma eran los parásitos. A los hermanos Malinov nunca se les ocurriría que algún Carpato se atreviera a ingerir la sangre e invadir su campamento.
    Al acercarse a la entrada, fue golpeado primero por el ruido, sonidos de pájaros, monos y el zumbido incesante de los insectos a pesar de la lluvia constante. Hacía calor y el vapor se elevaba del suelo justo fuera de la cueva mientras la humedad se vertía de los cielos. Los árboles colgaban sobre las orillas hinchadas del río, sus raíces eran grandes jaulas nudosas, los zarcillos gruesos serpenteban sobre el suelo creando ondas de aletas de madera.
    Dominic era insensible a la lluvia o al calor, podía regular su propia temperatura para permanecer cómodo, pero esos diez metros desde la entrada de la cueva a la seguridad relativa bajo el tupido dosel iban a ser un verdadero infierno y no lo esperaba con ansia. Viajar bajo el sol incluso bajo otra forma era doloroso, y con fragmentos de vidrio desgarrándole el interior a trozos, ya tenía bastante a lo que enfrentarse.
    Fue difícil no tratar de alcanzar el sueño. En compañía de ella, el dolor se aliviaba y el susurro en su cabeza cesaba. El constante murmullo, los parásitos trabajando para que aceptara a los maestros y su plan, era agotador. El sueño le daba consuelo a pesar de saber que su compañera no era real.
    Sabía que había construido lentamente a su compañera en su mente, no su aspecto sino sus características, los rasgos que eran importantes para él. Necesitaba una mujer que fuera leal más allá de todo, una mujer que protegiera a sus hijos con fiereza, que estuviera con él sin importar lo que se les viniera encima, sabría que ella estaría a su lado y no tendría que preocuparse de que no pudiera protegerse a sí misma o a sus hijos.
    Necesitaba una mujer, que, cuando sólo fueran ellos dos, siguiera su liderazgo, que sería femenina y frágil y todas esas cosas que no podría ser cuando tuviera que luchar. Y deseaba ese lado de ella completamente para él. Era egoísta, quizá, pero nunca había tenido nada para sí mismo y su mujer era sólo para él. No quería que otros hombres la vieran del modo en que él lo hacía. No quería que ella mirara a otros hombres. Ella era sólo para él y quizá eso fuera lo que significaba verdaderamente el sueño, la construcción de una mujer perfecta en la mente cuando sabías que nunca tendrías una.
    Conocía muy bien las habilidades luchadoras de ella. Había visto las cicatrices de las batallas. La respetaba y admiraba cuando caminaba a su lado, pero en realidad no podía retener su imagen durante mucho tiempo. Venía a él como si en sueños estuviera protegida por un tupido velo, intercambios de imágenes más que de palabras. A cualquiera le costaba mucho tiempo revelar cualquier parte de sí mismos a otro guerrero. Habían construido la confianza entre ellos lentamente y a él le gustaba eso en ella. La mujer no entregaba su lealtad fácilmente, pero cuando lo hacía, la daba por completo. Y eso le gustaba.
    Otra vez se encontró sonriendo por dentro ante una fantasía tan ridícula a su edad. Debía ser un signo del empeoramiento de su mente. La senilidad se había impuesto. Pero cómo la echaba de menos cuando no podía traerla a él. Ella parecía más cerca allí en el calor de la selva, con la lluvia cayendo en capas plateadas. El velo de humedad le recordó la primera vez que había logrado mirar detenidamente a través de la neblina de su sueño y vio su cara tan claramente. Le había robado el aliento. Parecía tan asustada, como si se hubiera revelado deliberadamente, corriendo el riesgo al fin, pero temblaba, esperando que él la juzgara.
    Él se había sentido más cercano al amor verdadero de lo que jamás estuvo. Trató de comparar el sentimiento con lo que había sentido por su hermana Rhiannon, en los primeros días cuando todos eran felices y él todavía tenía sus emociones. Había guardado el recuerdo de ese amor todos esos siglos, pero ahora, cuando necesitaba el sentimiento para completar su sueño, antes de salir a luchar, el sentimiento era enteramente diferente.
    Sentimiento. Dio vueltas a la palabra una y otra vez en su mente. ¿Qué significaba? ¿Recuerdos? ¿O realidad? ¿Y por qué eran sus recuerdos tan nítidos de repente aquí en la selva? Olió la lluvia, inhaló el aroma de ésta y hubo un borde de placer en la sensación. Era frustrante captar casi el sentimiento y aún así, que le eludiera. No era simplemente un subproducto de ingerir la sangre de vampiro, había empezado a “soñar” mucho antes. Y los sueños sucedían mientras estaba despierto.
    Dominic sospechaba de todas las cosas que no tenían sentido. No era un hombre propenso a los sueños o a las fantasías y esta mujer mítica se estaba convirtiendo en una gran parte de su vida, en una parte de él. Se estaba engañando al pensar que era una verdadera compañera, realidad en vez de un mito, mas aquí en la tierra donde mitos y leyendas volvían a la vida, casi podía convencerse de que ella era real. Pero incluso si lo fuera, era demasiado tarde. El dolor continuo que le arañaba el vientre le decía que su tiempo se había acabado y que tenía que llevar a cabo su propósito de infiltrarse en el campamento enemigo, conseguir sus planes, enviar la información a Zacarías De La Cruz y luego matar a tantos vampiros como pudiera antes de sucumbir. Había escogido salir a luchar por su pueblo.
    Cambió, tomando la forma del señor de los cielos, el águila hharpía. El pájaro era más grande de lo normal y las hharpías eran grandes aves. La envergadura de las alas era de unos buenos dos metros, las garras enormes. La forma ayudaría a protegerlo cuando entrara a la luz del sol antes de alcanzar el refugio relativo de la canopia. Se alzó desde el suelo a la luz del sol. A pesar del aguacero, la luz le quemó. El humo se elevó de las plumas oscuras, emanando incluso de la forma del pájaro. Había sufrido quemaduras y su cuerpo quedó destrozado por las cicatrices aunque éstas se habían aliviado con el tiempo, pero nunca olvidaría ese dolor. Estaba grabado en sus huesos.
    Aspirando el aliento bruscamente, se forzó a levantar el vuelo y subir hacia esa masa horrorosa de ardiente calor. La lluvia crepitaba sobre él, escupiendo y siseando como un gato enojado cuando el gran pájaro despegó, batiendo las alas con fuerza para ganar altura y llevarle a los árboles. La luz casi lo cegó y dentro del águila se encogió lejos de los rayos, sin importar como se tamizaran con la lluvia. Pareció que cruzar los diez metros duraba una eternidad, aunque el pájaro estuvo en los árboles casi inmediatamente. Le llevó unos pocos momentos darse cuenta de que el sol ya no estaba directamente sobre sus plumas. El siseo y los escupidos cedieron una vez más al llamamiento de los pájaros y los monos, esta vez en aguda alarma.
    Debajo de él, un puerco espín dejó caer los higos que había estado cenando cuando la sombra del águila pasó sobre su cabeza. Dos monos arañas hembra, borrachos por las frutas fermentadas, lo miraron fijamente. La selva del Amazonas atravesaba ocho fronteras, extendiéndose a través los países con sus propias formas diversas de vida. Un oso hormiguero que trepaba a las ramas de un árbol se detuvo para mirarlo con una ojeada cautelosa. Los guacamayos de brillante rojo y azul gritaron advertencias cuando pasó por encima, pero los ignoró, expandiendo su círculo más ampliamente para abarcar cada vez más territorio.
    El águila se movía silenciosamente por el bosque, tan alta como el dosel lo permitía, sin emerger por encima, cubriendo kilómetros. Necesitaba el refugio de los miembros retorcidos y el tupido follaje para bloquear la luz. Con los ojos del águila hharpía podía ver algo tan pequeño como de dos centímetros a casi dos metros. Podía volar hasta ochenta kilómetros por hora si estaba en un espacio abierto y dejarse caer con mareante velocidad si era necesario.
    Ahora bien, la vista era la razón principal para haber escogido la forma del águila. Divisó cientos de ranas y lagartos punteando las ramas y troncos mientras hacía barridos. Las serpientes estaban enrolladas entre los miembros treorcidos, ocultas entre las flores empapadas por la lluvia. Un margay se encogió más profundamente en el follaje de un alto kapok, con sus grandes ojos fijos en la presa. El águila se hundió más, inspeccionando la vegetación llena de maleza. Bloques de piedra caliza yacían medio enterrados en escombros, como si hubieran sido esparcidos por una mano voluntariosa. Un cenote brillaba con agua azul, testificando un río subterráneo.
    El águila continuó expandiendo su círculo, abarcando cada vez más kilómetros hasta que encontró lo que buscaba. El pájaro se posó en lo alto de las ramas de un árbol alto al borde de un claro hecho por el hombre. Un edificio grande de acero y con cerrojos había sido introducido pieza a pieza y construido en el último año. Se había favorecido el crecimiento alrededor de él, presumiblemente con vistas a ocultarlo, pero no había habido suficiente tiempo para que el bosque recuperara el terreno perdido.
    Algo había volado un agujero desde el exterior y había comenzado un fuego. El olor a humo no podía evitar que el hedor a carne podrida se elevara hasta hacer que su piel se erizara incluso en lo profundo de la forma del pájaro. Vampiro. El olor estaba allí, aunque desvaído, como si se hubieran sucedido muchos alzamientos desde que el no muerto había visitado este lugar. Aún así, el lamento de la muerte se alzaba desde los terrenos de los alrededores.
    El lado derecho del edificio estaba ennegrecido y un agujero ofrecía vistazos del interior. Una batalla muy reciente, quizás en el último par de horas, había tenido lugar aquí. Los ojos agudos del águila pudieron ver los muebles volcados dentro, un escritorio y dos jaulas. Un cuerpo yacía inmóvil en el suelo.
    En el exterior dos hombres, humanos, estaba seguro, se encontraban fuera del edificio con el equipo de combate, grandes fusiles atados a los hombros. Uno inclinó una botella de agua en su boca y luego retrocedió al refugio relativo de la puerta, tratando de evitar la lluvia constante. El segundo aguantaba estoicamente, el agua lo empapaba, mientras decía unas pocas palabras al primer guardia, antes de moverse para rodear el edificio. Ambos permanecían vigilantes y el guardia de la puerta se protegía la pierna izquierda, como si hubiera resultado herido.
    El águila miró, inmóvil, oculta entre las ramas gruesas y retorcidas y bajo el paraguas de las hojas por encima del claro. No pasó mucho tiempo antes de que un tercer hombre apareciera saliendo del bosque. Desnudo, tenía un ancho pecho, con piernas cortas y fornidas y brazos muy musculosos. Llevaba a un segundo hombre sobre el hombro. La sangre le bajaba por el hombro y espalda, aunque era imposible decir si era del hombre inconsciente o de él. Se tambaleó un poco antes de alcanzar la puerta, pero el guardia no se movió para ayudarlo. En vez de eso, se apartó a un lado, levantó apenas el cañón de su arma, pero lo suficiente para cubrir a los recién llegados.
    Hombres jaguares. Cambiaformas. No cupo duda en la mente de Dominic. Alguien había atacado este complejo y producido un daño considerable. Obviamente el guardia humano recelaba de los hombres jaguar, pero les permitió entrar en el edificio. El segundo guardia se había colocado detrás y cubría a los dos cambiaformas, con el dedo en el gatillo. Estaba claro, había una tregua inquieta entre las dos especies.
    Dominic sabía que los hombres jaguar estaban al borde de la extinción. Él había visto el declive unos pocos cientos de años atrás y sabía que era inevitable. En esa época, los Carpatos habían tratado de advertirles de lo que se avecinaba. Los tiempos cambiaban y una especie tenía que evolucionar para sobrevivir, pero los hombres jaguar rehusaron el consejo. Quisieron seguir con las viejas costumbres, viviendo en lo profundo de las selvas, encontrando una compañera, impregnándola y trasladándose. Eran salvajes y de mal temperamento, siempre incapaces de asentarse.
    Los pocos hombres jaguar con los que Dominic había pasado algún tiempo tenían un tremendo sentimiento de derecho y superioridad. Veían a todas las demás especies como inferiores, y sus mujeres no significaban para ellos mucho más que un recipiente para portar a sus crías. La familia real tenía una larga historia de crueldad y abuso contra sus mujeres y niñas, una práctica que los otros machos vieron como ejemplo y la siguieron. Unos pocos y raros hombres jaguar intentaron de convencer a los demás de que debían valorar a sus mujeres y niñas, en vez de tratarlas como a una propiedad, pero se les había considerado traidores, habían sido rechazados y ridiculizados, o peor, asesinados.
    Al final los Carpatos habían dejado a los hombres jaguar a sus propios medios, sabiendo que la especie estaba condenada. Brodrick X, un raro jaguar negro guiaba a los machos como su padre y sus antepasados habían hecho antes que él. Se le consideraba un hombre difícil y brutal, responsable de matanzas de aldeas enteras, de los híbridos que creía no aptos para vivir. Se rumoreaba que había hecho una alianza con los hermanos Malinov así como con la sociedad de humanos dedicados a aniquilar vampiros.
    Dominic sacudió la cabeza ante la ironía. Los humanos no podían distinguir la diferencia entre un Carpato y un vampiro, y su sociedad secreta había sido infiltrada por los mismos que estaban intentando destruir. Los Malinov estaban usando a ambas especie en su guerra contra los Carpatos. Hasta ahora, los hombres lobo no se habían inclinado por ningún lado, permaneciendo estrictamente neutrales, pero existían, como había comprobado Manolito De La Cruz con su compañera.
    Dominic levantó el vuelo y se acercó, afinando su audición para captar la conversación dentro del edificio.
    – La mujer está muerta, Brodrick. Saltó desde el precipicio. No pudimos detenerla. -Había fatiga y aversión en la voz.
    Una segunda voz, llena de dolor agregó:
    – No podemos permitirnos el lujo de perder a más de nuestras mujeres.
    La tercera voz fue más baja, un gruñido de puro poder, impresionante por la autoridad absoluta que portaba.
    – ¿Qué has dicho, Brad? -La voz transmitía una amenaza clara, como si el pensamiento de que cualquiera de sus peones tuviera ideas propias de alguna manera los convirtiera en traidores.
    – Necesita un médico, Brodrick -intervino la primera voz apresuradamente.
    Dominic vio cómo un hombre grande vestido con vaqueros flojos y una camisa abierta surgía de la casa. Llevaba el cabello largo, desgreñado y muy espeso. Dominic supo instantáneamente que estaba mirando a Brodrick, el gobernante de los hombres jaguar. Su príncipe había decretado que los Carpatos debían dejar la especie a su propio destino, si no se habría sentido tentado de matar al hombre allí mismo. Brodrick era directamente responsable de las muertes de innumerables hombres, mujeres y niños. Estaba consumido por el demonio, borracho de su propio poder y la creencia de que era superior a todos los demás.
    Brodrick miró a los dos guardias despreciativamente.
    – ¿Qué coño hacéis perdiendo el tiempo en la puerta? Se supone que estáis trabajando.
    El segundo guardia mantuvo su fusil apuntado en dirección de Brodrick incluso mientras los dos humanos se movían en círculos opuestos, el que había estado refugiándose en la puerta, cojeando bastante, confirmando la creencia de Dominic de que había resultado herido. Brodrick frunció el ceño a la lluvia, dejando que se vertiera sobre su cara. Escupió con repugnancia y caminó por el costado del edificio donde se había producido el fuego. Agachándose, buscó por el suelo. Fue muy minucioso, se inclinó para olfatear, utilizando todos los sentidos para recoger el rastro de su enemigo.
    De repente se recostó sobre los talones, tensándose.
    – Kevin, sal aquí -llamó.
    El hombre jaguar que había llevado al herido salió fuera corriendo, descalzo, pero en vaqueros y poniéndose una camiseta por el pecho.
    – ¿Qué pasa?
    – ¿Conseguiste echar una buena mirada a quienquiera que irrumpió y liberó a Annabelle?
    Kevin negó con la cabeza.
    – Fue un intento cojonudo. Eliminó a dos guardias, las balas fueron muy seguidas, todos pensaron que sólo se había disparado un tiro.
    – No hay ningún rastro. Ninguno. ¿Dónde coño estaba? ¿Y cómo supo el lugar preciso donde volar el edificio para liberar a Annabelle? No había ventanas.
    Kevin miró hacia los guardias.
    – ¿Crees que alguien le ayudó?
    – ¿Qué sucedió allí? -Brodrick hizo gestos hacia el bosque.
    Kevin se encogió de hombros.
    – Perseguimos a Annabelle. Corrió por el bosque hacia el río. Pensamos que quizá fuera su hombre, el humano del que habló, viniendo para tratar de salvarla. No necesitábamos armas para luchar contra él, así que cambiamos. Seríamos más rápidos que Annabelle viajando por el bosque, incluso si cambiarba.
    Había sido un pensamiento lógico, concedió Dominic desde su alta percha encima de ellos, pero habían perdido a la mujer.
    Brodrick sacudió la cabeza.
    – ¿Cómo dispararon a Brad? ¿Y dónde está Tonio?
    Kevin suspiró.
    – Encontramos su cuerpo justo al otro lado de las cuevas. Se había enredado con otro gato. Brad estaba arrodillado a su lado y lo siguiente que supe fue que estaba en el suelo y fuimos inmovilizados. Yo no tenía armas y cambié de forma para tratar de dar un rodeo y encontrar al tirador, pero no pude hallar ningún rastro.
    Brodrick juró.
    – Es ella. Ella hizo esto. Sé que fue ella. Por eso no encontraste ningún rastro. Subió a los árboles.
    Ninguno dijo quién era ella. Dominic quería saber quién podía ser la mujer misteriosa a la que obviamente odiaban y temían. Alguien a quien no le importaría conocer. Cuatro de los cinco hermanos De La Cruz tenían compañeras. ¿Podría ser la mujer evasiva una de sus compañeras? Era posible, pero lo dudaba. Los hermanos De La Cruz no querrían a sus mujeres en la batalla. Eran hombres con naturalezas violentamente protectoras, y venir a esta región sólo había incrementado sus tendencias dominantes. Tenían ocho países para patrullar, y los hermanos Malinov sabrían cuán imposible sería cubrir cada centímetro de selva. Ellos nunca, bajo ninguna circunstancia, enviarían a sus mujeres solas. No, ésta tenía que ser otra persona.
    El águila abrió las alas inmensas y levantó el vuelo. El sol comenzaba a desaparecer, haciéndole sentir un poco más cómodo, pero el cuchicheo de los parásitos se volvió más fuerte, tentando, empujando su hambre a un nivel voraz, hasta que apenas pudo pensar claramente. Era sólo la forma del pájaro la que mantenía su cordura mientras trataba de ajustar el creciente nivel de tormento. A medida que la noche se acercaba, los parásitos pasaron de la pereza a la actividad, apuñalando los órganos internos mientras la sangre del vampiro quemaba como ácido. Debía alimentarse, pero cada vez estaba más preocupado por esa locura que le estaba atrapando y por si no encontraba la fuerza para resistir la tentación de matar mientras se alimentaba.
    Cada alzamiento se despertaba vorazmente hambriento, y cada vez que se alimentaba, los parásitos se volvían más fuertes, empujándole a matar, exigiendo que sintiera la ráfaga del poder, la legítima ráfaga del poder, la promesa del dulce frescor en su sangre, un sentimiento de euforia que apartaría cualquier dolor de su cuerpo fatigado.
    Se mantuvo bajo la sombra del dosel mientras expandía su exploración, dirigiéndose al lugar de la batalla, esperando que el águila pudiera divisar algo que los hombres no. Encontró las entradas a las cuevas, muy pequeñas y hechas de piedra caliza, pero estas no parecían curvarse bajo tierra para formar el laberinto de túneles del sistema de cuevas que había a kilómetros de distancia. Sólo había tres pequeñas cámaras y en cada una, encontró arte maya en las paredes. Las tres cuevas mostraban signos de ocupación, breve pero violenta de alguna manera. Había lugares con sangre seca en todas ellas.
    Se dirigió al cielo otra vez, con una vaga intranquilidad en el estómago. Eso le molestó. Había visto sitios horribles de batalla, tortura y muerte. Era un guerrero Carpato y su falta de emoción le servía bien. Sin una compañera para equilibrar la oscuridad en él, necesitaba la falta de emoción para permanecer cuerdo tras más de mil años de ver crueldad y depravación, pero la vista de la sangre en esa cueva y saber que las mujeres habían sido llevadas allí por los hombres jaguar para ser utilizadas como ellos desearan, le enfermaba. Y eso nunca debería suceder. Intelectualmente, quizás. Una reacción intelectual era aceptable y el honor en su interior se alzaría para aborrecer tal conducta, mas una reacción física era completamente inaceptable e imposible. Pero…
    Inquieto, Dominic expandió su búsqueda para incluir los precipicios encima del río. La lluvia continuaba, aumentando en fuerza, convirtiendo el mundo en gris plateado. Incluso con las nubes como cobertura, sentía el calor brillante que lo invadía todo mientras irrumpía en el claro sobre el río. Había un cuerpo desplomado y sin vida en el río, atrapado entre las piedras, golpeado y olvidado. El largo y espeso pelo estaba extendido como un alga, un brazo inmovilizado en la grieta que formaban dos grandes rocas. Estaba boca arriba, los ojos muertos miraban fijamente al cielo, la lluvia caía sobre su cara como una inundación de lágrimas.
    Maldiciendo, Dominic dio una vuelta y se dejó caer. No podía dejarla así. No podía. No importaba cuántos muertos hubiera visto. No la dejaría, una muñeca rota, sin ningún honor ni respeto para la mujer que había sido. Por lo que había captado de la conversación entre Brodrick y Kevin, tenía una familia, un marido que la amaba. Ella, y ellos, merecían más que un cuerpo azotado por el agua, abandonado para hincharse, descomponerse y convertirse en pienso para los peces y carnívoros que se darían un banquete con ella.
    El pájaro se decidió por la roca que había justo encima del cuerpo y cambió de forma, cubriéndose la piel con una capa pesada con capucha que ayudó a proteger su cuello y cara mientras se agachaba y le agarraba la muñeca. Era fuerte y no tuvo problemas para sacarla del agua y cogerla en brazos. La cabeza le colgaba sobre el cuello y vio las magulladuras que le estropeaban la piel y las impresiones alrededor del cuello. Había círculos, negros y azules en torno a las muñecas y tobillos. Otra vez le conmocionó su reacción. Pena mezclada con rabia. Una pena tan pesada en el corazón que borró lentamente la rabia.
    Respiró y exhaló. ¿Estaba sintiendo las emociones de otra persona? ¿Amplificaban los parásitos las emociones en torno a él, añadiéndose al pico que el vampiro recibía del terror que su víctima sentía, el que proporcionaba la sangre con adrenalina? Era una posibilidad, pero no podía imaginarse que un vampiro pudiera sentir pena.
    Dominic llevó a la mujer a la selva, cada paso incrementaba su pena. En el momento en que entró en los árboles, olfateó sangre. Aquí había sido donde la segunda batalla había tenido lugar y Brad había resultado herido. Encontró el lugar donde el tercer hombre jaguar había soltado su ropa y había salido de caza, esperando dar un rodeo y atrapar al tirador.
    Había pocos rastros que mostraran el paso del jaguar, un pequeño pedacito de piel y una huella parcial que la lluvia había llenado, pero en poco tiempo encontró el cuerpo del felino. Había habido una batalla aquí, entre dos gatos. Las huellas del felino muerto se veían más pesadas y más extendidas, indicando que era más grande, pero el más pequeño era obviamente un combatiente veterano, había matado con una mordedura en el cráneo, después de una lucha violenta. El follaje estaba empapado en sangre y había más en el suelo.
    Dominic sabía que los jaguares volverían para quemar al gato caído, así que tras estudiar con cuidado el suelo para proteger las huellas del jaguar victorioso en la memoria, llevó a la mujer al lugar más exuberante que pudo encontrar. Una gruta de piedra caliza cubierta de enredaderas de flores sería su único indicador, pero abrió la tierra profunda y le proporcionó un lugar donde descansar. Cuando la tierra se cerró sobre la mujer, murmuró la oración de la muerte en su lengua materna, pidiendo paz y que el alma de la mujer fuera bienvenida a su siguiente vida, así como pidiendo que la tierra recibiera su cuerpo y diera la bienvenida a la carne y los huesos.
    Se quedó un momento mientras los rayos del sol lo buscaban a través de la cobertura del dosel y la lluvia, quemando a traves de su pesada capa para levantarle ampollas en la piel. Los parásitos reaccionaron, retorciéndose y chillando en su cabeza, el interior de su cuerpo era una masa de cortes, así que escupió sangre. Expulsó a algunos de ellos de su cuerpo por los poros. Había descubierto que si no aligeraba su número, los cuchicheos se volvían más fuertes y el tormento imposible de ignorar. Tuvo que incinerar a las sanguijuelas mutantes que se retorcían antes de que se deslizaran en el suelo e intentaran encontrar un modo de regresar con sus maestros.
    Movió la vegetación del suelo para cubrir cualquier rastro de la tumba. Los hombres jaguar regresarían para eliminar todas huella de su especie, pero a ella no la encontrarían. Descansaría lejos de su alcance. Era todo lo que le podía dar. Con un pequeño respiro, Dominic verificó una última vez, cerciorándose de que el lugar escogido parecía prístino, y luego cambió de forma una vez más tomando la del águila. Tenía que descubrir a dónde había ido el jaguar victorioso.
    A los ojos agudos del águila no les llevó mucho tiempo divisar a su presa a varios kilómetros del lugar de la batalla. Simplemente siguió los sonidos del bosque, las criaturas se advertían unas a otras de la cercanía de un depredador. El águila se deslizó silenciosamente a través de las ramas de los árboles y se posó en una rama ancha en lo alto del suelo del bosque. Los monos aullaron y chillaron advertencias, llamándose unos a otros, tirando ocasionalmente ramitas al gran gato con manchas que se abría camino entre la maleza hacia algún destino desconocido.
    El jaguar era hembra, la gruesa piel dorada estaba salpicada de oscuros rosetones y a pesar de la lluvia, con sangre. Cojeaba, arrastrando ligeramente la pata de atrás donde parecía estar el peor de los desgarros. Tenía la cabeza gacha, pero parecía letal, un flujo de manchas que se deslizaban dentro y fuera del follaje, así que a veces, aún con la vista extraordinaria del águila, era difícil distingirla contra la vegetación del suelo del bosque.
    Se movía en completo silencio, ignorando a los monos y los pájaros, caminando a un ritmo constante, los músculos fluían bajo la piel gruesa. Dominic estaba tan intrigado por su persistencia obstinada en viajar a pesar de sus severas heridas, que le llevó varios minutos darse cuenta de que los cuchicheos horribles de su mente se habían calmado apreciablemente. En todas las veces que había drenado los parásitos para darse algún alivio, éstos nunca habían cesado con el asalto continuo a su cerebro, pero ahora, estaban casi silenciosos.
    Curioso, echó a volar, dando vueltas arriba, permaneciendo dentro del dosel para evitar los últimos rayos del sol. Notó que cuanto más se alejaba del jaguar, más fuertes se volvían los susurros. Los parásitos cesaban su actividad cuanto más se acercaba a ella, incluso los afilados fragmentos de cristal que le cortaban en el interior permanecían inmóviles, y durante un corto momento tuvo un respiro del dolor brutal.
    El jaguar continuaba moviéndose constantemente hacia el bosque más profundo, lejos del río, entrando en el interior. La noche cayó y siguió viajando. Él comprendió que no la podía abandonar, que no tenía deseos de dejarla. Comenzó a comparar sopesar la extraña calma de los parásitos ante ella, así como las constantes emociones extrañas. La rabia había amainado hasta una pena y angustia inexorables. Tenía el corazón tan pesado que apenas podía funcionar mientras se movía en lo alto.
    Abajo, grandes bloques de piedra caliza aparecieron medio enterrados en el terreno. Los restos de un gran templo maya yacían agrietados y rotos, los árboles y las vides casi habían arrasado lo que quedaba de la una vez impresionante estructura. Dispersos durante los siguientes kilómetros estaban los restos de una civilización de hacía mucho. Los mayas habían sido granjeros, cultivaba maíz dorado en medio de la selva tropical, susurraban con reverencia a los jaguares y construían templos para unir el cielo, la tierra y el inframundo.
    Divisó el cenote y debajo las aguas frescas del río subterráneo que en el que había reparado antes por la tarde. El jaguar continuó sin detenerse hasta que llegó a otro emplazamiento maya, aunque éste había sido utilizado más recientemente. El crecimiento de árboles y gruesas enredaderas lo fechaban en casi veinte años atrás, pero estaba claro que habían habido casas más modernas aquí. Un generador hacía mucho tiempo oxidado y envuelto en gruesa lianas y brotes verdes yacía de costado. El terreno lloraba con los recuerdos de batallas y matanzas que habían sucedido aquí. El dolor era tan pesado ahora, que Dominic necesitaba aliviar la carga. El águila hharpía voló por el dosel alejándose del jaguar y quedó inmóvil, mirando cómo el jaguar avanzaba a través del antiguo campo de batalla, como si estuviera conectada a los muertos que gemían allí.

Capítulo 2

    Mi vida era una angustia, mi familia me fue arrebatada.
    Mi rabia me ha sustentado. Había perdido la esperanza.
    Mis lágrimas cayeron en la selva, y mi corazón sangró en la tierra empapada en sangre.
    Mi padre me traicionó. Apenas podía soportarlo.
    De Solange para Dominic

    La lluvia caía firmemente, empeorando aún más el calor miserable. Un aguacero implacable, nada de llovizna ligera, sino sábanas de lluvia interminable y cegadora. Los pájaros se ocultaban en las ramas gruesas y retorcidas de los árboles, bien alto en la canopia, con la esperanza de hallar alivio. Las ranas arbóreas punteaban los troncos y ramas mientras los lagartos utilizaban las hojas como paraguas. El aire permanecía inmóvil y sofocante sobre el suelo del bosque pero en lo alto, en la canopia, la lluvia parecía inclinada a empapar a las muchas criaturas que allí vivían.
    A través de la lluvia gris y el calor húmedo, el jaguar caminaba silenciosamente sobre la vegetación putrefacta y los árboles caídos, y a través de la variedad de helechos gigantes como encajes que brotaban de cada hendidura o grieta concebible. El pequeño arroyo que estaba siguiendo conducía desde el río amplio y rápido, pasando por los límites exteriores de la selva hasta el profundo interior. Había trotado por este sendero dos veces al año durante los últimos veinte, recorriendo el camino de vuelta a donde había comenzado todo, una peregrinación a realizar cuando estaba cansada y necesitaba recordar por qué hacía lo que hacía. No importaba cuánto hubiera cambiado el bosque, no importaba cuánta vegetación nueva hubiera emergido, ella conocía el camino infaliblemente.
    Las flores estallaban con sus colores llamativos, serpenteando hacia arriba sobre los grandes troncos, ensortijándose alrededor de las ramas, con los pétalos empapados y goteando agua, con su belleza vívida que pasaba a través de los diversos tonos de verdes que subían hacia arriba en la selva. Las raíces de apoyo emergentes de los árboles gigantes que atravesaban la canopia, predominaban sobre el suelo del bosque. Las formas retorcidas y elaboradas proporcionaban sustento al igual que apoyo a los árboles más altos de la selva. El sistema de raíces era enorme y las había de todas las formas, colores y tamaños; laberintos oscuros y retorcidos que proporcionaban refugio a criaturas lo bastante desesperadas como para desafiar a los insectos que cubrían como una alfombra los estratos de hojas en descomposición, compartiendo ese espacio con pequeños murciélagos diurnos que hacían de la enorme red de raíces del impresionante árbol Kapok su hogar.
    A gran altura sobre el jaguar, siguiendo su progreso, volaba una gran águila harpía mucho más grande de lo normal, con las alas oscuras extendidas de par en par unos buenos dos metros. Se movía en silencio, manteniendo el paso en el cielo, serpenteando a través del laberinto de ramas sin dificultad. Con dos depredadores al acecho, los animales se agachaban, temblando miserablemente. El águila miró hacia abajo con atención, ignorando la visión tentadora de un perezoso y una bandada de monos, para examinar el progreso del jaguar a través de la maraña de vegetación sobre el suelo del bosque mucho más abajo.
    Las raíces culebreaban a través del suelo, buscando nutrientes y convirtiendo el suelo en una masa de obstáculos a veces impenetrable. Enroscadas alrededor de troncos enormes había miles de plantas trepadoras de naturaleza variada, que utilizaban los árboles como escaleras hacia el sol. Lianas leñosas, tallos e incluso raíces de enredaderas colgaban como enormes cuerdas o se entrelazaban, de árbol en árbol, proporcionando a los animales una autopista aérea. Lianas y enredaderas, retorcidas en marañas, estaban llenas de hendiduras y surcos, escondites ideales para los animales que se refugiaban arriba y abajo de los troncos y en las ramas.
    El jaguar dudó, consciente de que la gran ave de rapiña viajaba con ella. La noche caía con rapidez y aunque el gran pájaro continuaba rastreando su progreso, algunas veces se deslizaba en círculos en lo alto y otras veces se zambullía entre los árboles, alborotando a la vida salvaje hasta hacerla caer en un estrépito frenético y tan fuerte, que el jaguar consideró rugir una advertencia. Decidió ignorar al pájaro y seguir sus instintos, moviéndose hacia su meta.
    Las colinas y cuestas estaban plagadas de riachuelos y corrientes de agua dulce, que fluían sobre rocas y vegetación mientras se apresuraban hacia los ríos mayores. Ríos de aguas espumosas llenos de sedimentos, que parecían del color del café cremoso. Llenas de vida, las aguas eran el hogar de los raros delfines de río. Los ríos de aguas negras parecían claros y tal vez más invitadores, ya que estaban libres de sedimentos, pero casi no tenían vida, sus aguas eran innaturalmente claras, con un tinte marrón-rojizo y envenenadas por los taninos que rezumaban desde el suelo a causa de la vegetación putrefacta. El jaguar conocía la caza en las aguas ricas de los ríos espumosos, de donde sacaba fácilmente el pescado de los bancos cuando estaba hambrienta.
    Arriba abundaban las garrapatas y sanguijuelas, afrontando el calor y la lluvia con frenesí y necesitadas de sangre, buscando cualquier presa de sangre caliente. El jaguar ignoró a los fastidiosos chupasangres, que se veían atraídos por su calidez y la herida abierta en su costado izquierdo. El trueno retumbó sacudiendo los árboles, un amenazador portento de problemas. Un perezoso se movía con lentitud infinita, su pelaje verde cubierto de algas ayudaba a camuflarle con las hojas del árbol en el que actualmente cenaba. Pero el jaguar era muy consciente de lo que pasaba en lo alto, como era consciente de todo en la selva… consciente del águila harpía que continuaba siguiendo cada uno de sus movimientos, alta en el cielo, a pesar del avance de la noche. En vez de molestarla, esta presencia inusual la consolaba, aquietando el creciente temor y el absoluto cansancio mientras andaba con paso pesado a través del laberinto de vegetación.
    La maraña de lianas se hizo más espesa cuando el jaguar avanzó silencioso a través de la vegetación, sobre troncos caídos y a través de hojas como paraguas que goteaban agua. Se movía con absoluta seguridad, un mar de puntos fluían a través de la pesada maleza a pesar de su obvia cojera. El sonido del agua era ensordecedor cuando se aproximó a las cuestas donde el agua atravesaba el banco y se volcaba en el río de abajo.
    Mientras el gran felino atravesaba la selva y el ave de presa flotaba en el cielo, los monos y pájaros gritaban a los pecaríes, venados, tapires y pacas una advertencia de que tales depredadores podían considerarles comida. Los aulladores gritaban asustados, llamándose unos a otros. El mordisco de un jaguar podía romper sus cráneos como si de una avellana se tratara. Trepando a los árboles o nadando con una habilidad similar, podía cazar en tierra, en los árboles o en el agua. El águila harpía podía arrancar fácilmente a la presa de una rama, dejándose caer silenciosamente desde una posición aventajada para arrebatar una víctima incauta.
    Bajo el pelaje liso y moteado del jaguar ondeaban cuerdas de músculos. Sus rosetones tenían más manchas que las de un leopardo, y su pellejo era a la vez del color de la noche y de las sombras del día, permitiéndole moverse como un fantasma silencioso a través del bosque. La marta dorada estaba marcada con rosetones, algunos consideraban su pelaje un mapa del cielo nocturno y la cazaban por semejante tesoro.
    Se movía con nobleza a pesar de su obvia herida, recorriendo sus dominios, exigiendo respeto a todos los demás ocupantes de la selva. Constituida para el sigilo y la emboscada, tenía garras retráctiles y una visión seis veces mejor que la de un humano. Los animales se estremecían a su paso, gritando advertencias y vigilando con ojos cautos, pero ella seguía trepando, sorteando la fina tira de tierra que apenas cubría lo alto de la cascada, sabedora por viajes pasados de que el fino puente cubierto de plantas era un peligro traicionero, a la espera de que el incauto diera un paso equivocado. Siguió la ruta más indirecta, abriéndose paso a través de la maraña viscosa y oscura de raíces y enredaderas, hacia el interior aún más oscuro.

* * *

    Plumas negras color pizarra cubrían las alas y la espalda del águila harpía. El manto blanco estaba rayado del mismo negro, y una banda negra rodeaba el cuello de la poderosa ave de presa, haciendo que la cabeza gris destacara con la pluma doble que la coronaba. El negro y blanco de las patas conducían hasta las enormes garras casi del tamaño de las de un oso gris. Con las alas extendidas de par en par, parecía imposible que el poderoso depredador maniobrara por los estrechos pasadizos de la canopia, con sus ramas nudosas y retorcidas y sus lianas colgantes, pero el águila lo hacía con majestuosa facilidad, manteniendo el paso del depredador del suelo.
    El jaguar continuaba atravesando la selva, y su cojera se había vuelto más pronunciada al intentar aliviar el peso de las heridas del flanco izquierdo. La sangre endurecida había comenzado a correr con la infusión de agua sobre su pellejo, bajando por la pata y goteando sobre el suelo del bosque. El jaguar mantenía el mismo paso firme, con la cabeza baja, los costados exhalando mientras se movía con un dolor creciente a través de la retorcida red de raíces y enredaderas, decidida a alcanzar su meta. El cielo sobre la canopia se volvió oscuro y la lluvia finalmente disminuyó.
    Los murciélagos alzaron el vuelo y el suelo de la selva volvió a la vida con millones de insectos. Ella seguía moviéndose, tejiendo su camino a través de los árboles. Dos veces tuvo que tomar la autopista aérea, utilizando las ramas para pasar sobre el agua en rápido movimiento. Podía nadar, pero estaba exhausta y la lluvia habían hinchado los bancos hasta de los arroyos más pequeños, así que el suelo entero parecía explotar de agua. Todo el rato el águila siguió acompañándola, proporcionándole la fuerza para continuar su viaje.
    Caminó durante la mayor parte de la noche hasta que llegó a la primera marca que reconoció, los restos quebrados de un antiguo templo, una estructura impresionante a pesar de las ruinas, que unía el cielo, la tierra y el mundo subterráneo. La estatua de un jaguar hecha de caliza guardaba los restos, gruñendo hacia ella con los ojos bien abiertos y mirando fijamente, juzgando su valía. Ahora mismo, exhausta y demasiado cansada, no se sentía muy valiosa.
    Bajó la cabeza y pasó escabulléndose de la estatua, dejando caer por primera vez la barbilla, evitando esos ojos fijos mientras avanzaba silenciosa sobre las piedras antiguas y se internaba más profundamente en la maleza. Unos pocos kilómetros más y la noche pareció más oscura, los árboles se juntaron más. La vegetación se enroscaba a lo largo de cada tronco y ocupaba cada espacio disponible, apiñándose tanto que requirió esfuerzo atravesarla hasta los bloques de caliza rotos, esparcidos y medio enterrados en la espesa vegetación que cubría lo que una vez fue un claro.
    Hacía tiempo que los árboles habían alcanzado el lugar donde la tierra fue despejada para abrir el camino hasta un pequeño pueblo y una granja. Hacía mucho que había desaparecido el maíz, pero el jaguar lo recordaba, las hileras de tallos verdes brillante alzando las cabezas hacia el sol y la lluvia entre la neblina del bosque circundante. Calabazas y judías bordeaban las hileras, cuando su gente había vuelto a las viejas costumbres, utilizando la misma mezcla de polvo de caliza, maíz y agua para su harina, como hicieron sus ancestros en este mismo lugar.
    Podía sentir la sangre, corriendo como el gran río subterráneo que circulaba bajo sus pies, fluyendo, empapando permanentemente la tierra. Sus ancestros habían muerto aquí -y hacía veinte años, su familia y amigos. Siempre oiría los sonidos de sus gritos, conocería el terror y el miedo del auténtico mal.
    En lo alto, el grito del águila harpía lanzó a los monos durmientes a una oleada de aullidos, el sonido resonó a través de la selva, aunque el ruido la tranquilizó. El águila, señora de los cielos, aterrizó en la canopia, plegando las alas y estudiando al jaguar. Ella reconoció su presencia alzando la cabeza, mirando hacia arriba a través de la espesa vegetación. Era inusual para el gran depredador cazar de noche, y debería haber sido inquietante. Cualquier cosa fuera de lo normal en este bosque, donde las leyendas y pesadillas volvían a la vida y caminaban en la noche, la intranquilizaba, pero sentía un extraño compañerismo con el pájaro.
    Jaguar y águila se miraron fijamente el uno al otro un largo rato, sin parpadear ni ceder terreno. El jaguar estudió al depredador del cielo, preguntándose vagamente qué significaba que un cazador diurno se estuviera moviendo por la noche en medio de la lluvia constante. Estaba demasiado cansada para tener mucho interés en la respuesta, y fue la primera en romper el contacto ocultar. Este lugar, las ruinas de dos pueblos masacrados, donde fantasmas gemebundos aullaban pidiendo venganza, no era sitio para encontrar el descanso que tanto necesitaba. Continuó su viaje, escogiendo su camino a través de las piedras rotas y los cimientos medio enterrados del alto árbol Kapok donde el águila estaba posada.
    El pájaro majestuoso se alzó en el aire, rodeó las ruinas mayas y se dejó caer más bajo para estudiar lo que quedaba de los cimientos de la destrucción más reciente. Los ojos agudos examinaron el terreno mientras volaba por encima, luego se dejó caer incluso más abajo, casi rozando al jaguar antes de alzarse bruscamente, la gigantesca extensión de alas llevó al gran depredador de vuelta a la cobertura de la canopia.
    El jaguar sintió el golpe de esas poderosas alas cuando pasaron tan cerca de ella. Alzó la cabeza y observó hasta que el águila estuvo fuera de la vista, su única reacción antes de subir a un árbol, utilizando sus garras para ayudarse en el ascenso. Se quedó allí un momento mirando al cielo vacío, sintiéndose absoluta y totalmente sola, su pena era una pesada carga. No podía permitirse sentir pena. Necesitaba este viaje para revitalizar su furia; no, furia no… ella no era suficiente para sustentarla cuando estaba sola, exhausta y herida. Necesitaba un pozo de rabia, un arma horneada durante años de luchar con el mal, luchando por mujeres que no podían luchar por sí mismas.
    Encontró una bifurcación confortable en una rama amplia, aposentó su cuerpo dolorido escudándolo de la implacable lluvia y apoyó la cabeza sobre sus patas bajando la mirada a las ruinas de su pueblo. Las ruinas se retiraron y se encontró mirando a la destrucción de lo que una vez había sido su hogar. La maleza crecida desapareció en su mente, y el lugar sagrado ya no fue un cementerio bañado en sangre sino un lugar vivo con cuatro pequeñas casas, un campo de maíz y un huerto.
    Al momento pudo oír el sonido de risas, de niños jugando en la tierra despejada, pateando un balón de acá para allá. Sus hermanos pequeños, Avery y Adam, ambos se parecían tanto entre sí como a su amado padrastro. Él había sido tan alto y guapo, su cara siempre sonreía, la levantaba alta en el aire y la hacía girar como un trompo, haciéndola sentirse como una princesa aquí en medio de la selva. Luego estaba su mejor amigo. Marcy, al igual que el hermano de Marcy, Phin, era un chico alto y serio que adoraba leer. Marcy siempre podía salirse con la suya con su sonrisa ganadora y sus grandes ojos verdes. Sus padres…
    El jaguar parpadeó, intentando recordar los nombres de los padres de Marcy y Phin. ¿Cómo podía haberlo olvidado? Nunca olvidaría a esa gente. Ella era la única persona que quedaba para marcar su existencia. Agitada, se alzó, con los costados exhalando, jadeando, la lengua colgando mientras luchaba con su cerebro lerdo para recordar a dos personas que habían sido tan buenas con todo el mundo en la pequeña aldea. Annika y Joseph.
    Respirando pesadamente, se echó una vez más sobre la rama. La tercera casa pertenecía a la tía Audrey, la hermana menor de su madre, con sus hijas Juliette y la pequeña Jasmine, su prima más joven. Ella estaba muy encariñada con Juliette, ya que las separaba menos de un año e iban y venían entre las dos casas todo el tiempo. La cuarta estructura contenía a la mayor parte de los niños… cuatro chicos y dos chicas, todos huérfanos, Benet y Rachel los habían tomado a su cargo.
    Vivían, trabajaban y jugaban en lo profundo del bosque, lejos de otras civilizaciones, y se les adiestraba para ocultarse en cavernas cercanas y túneles subterráneos.
    Desafortunadamente las cavernas con frecuencia se inundaban, y tenían que tener cuidado de no verse nunca atrapados dentro cuando así sucedía. Pero aún así, cada pocos días sus padres realizaban simulacros, corriendo rápido, sin mirar atrás, atravesando el agua sin dejar ningún rastro.
    Phin era el mayor de todos, y ella lo había perseguido con frecuencia, acribillándolo con preguntas sobre el mundo exterior y por qué, a veces, tenían que ocultarse tan callados. Él parecía triste y dejaba caer la mano sobre su coronilla, diciéndole lo especial que era. Y que todos tenían que cuidar de ella.
    El jaguar suspiró. La lluvia caía y alzó la cara, permitiendo que las gotas le lavaran las lágrimas del morro. No hacía ningún bien llorar por el pasado. No podía cambiar lo que había ocurrido, sólo podía intentar evitar que otros sintieran su mismo dolor y pérdida.
    Bajó la vista a las ruinas, la risa de los niños se convirtió en gritos cuando los hombres brotaron de la jungla, y con ellos, los grandes felinos, con las garras rasgando y arañando, desgarrando las gargantas de los chicos. Adam y Avery fueron capturados en medio del campo de maíz. Los tres estaban jugando al escondite y de repente los grandes hombres jaguar los rodeaban. Golpearon las cabezas de sus hermanos sin piedad, salpicando materia gris y sangre sobre el suelo y pisoteando el maíz. Ella intentó correr, pero fue atrapada por uno de los enormes brutos y llevada al claro donde se encontraban Phin y el padre de ella, espalda con espalda, intentando evitar que los hombres sacaran a rastras a la madre de ella de la casa.
    De la garganta del jaguar brotó un sollozo, un gemido estrangulado que no pudo evitar. Jadeó, con la cara hacia el cielo, las lágrimas ardiendo mezcladas con las gotas de lluvia. Adam y Avery había desaparecido para ella, brutalmente lanzados a un lado, sus cuerpos tirados como basura. Recordaba el vertiginoso paseo cuando se la habían echado bajo un brazo y cruzaron a la carrera el campo, con el maíz golpeándole la cara y sangre salpicando por todas partes. Vio a un hombre con un machete matar a Bennet y luego a los cuatro chicos tras el cuerpo del padre caído, incluso al menor: el pequeño Jake, que sólo tenía dos años. Rachel luchó por contenerlos utilizando un arma, disparando a los hombres para mantenerlos lejos de sus tres pequeñas. Uno de ellos usó una escopeta, y Rachel cayó rota y sangrando en el umbral de su casa. Los hombres pisotearon su cuerpo mientras sacaban a las chicas aullantes de dentro.
    Había tanta sangre. Tanta. Corrió roja y luego negra y brillante cuando salió la luna. Alguien comenzó un fuego, quemaron sus hogares y jardines hasta los cimientos. Phin giró la cabeza y la miró directamente mientras uno de sus hombres jaguar le clavaba un cuchillo en el riñón. Se miraron el uno al otro, la boca de él abierta en un grito silencioso, igual que la de ella. Su captor la lanzó al suelo junto al cuerpo acurrucado de Phin y ella observó con horror cómo la vida abandonaba sus ojos.
    Su padrastro luchó valientemente, intentando proteger a su madre. Ella perdió la cuenta de las puñaladas que le asestaron en el pecho y la espalda. Un hombre grande le cortó la garganta, terminando con la lucha, y su madre fue arrastrada fuera de la casa por el mismo hombre cuyas manos estaban cubiertas por la sangre de su marido. Golpeó a su madre repetidamente en la cara y la empujó hacia los hombres antes de ir hacia cada cuerpo para asegurarse de que ningún hombre o niño permaneciera con vida. Y luego se giró hacia las chicas.
    Dentro del jaguar su corazón palpitó, y saboreó el miedo y el comienzo de la rabia. Rabia. Se estiró hacia ella. La necesitaba. Intentó desesperadamente dejar que encharcara su interior cuando el hombre horrible la cogió por la espesa melena y la arrastró a través de la sangre y hasta la casa donde llevaron a cada una de las pequeñas.
    Debían haber acechado al pequeño pueblo, porque los hombres fueron a buscar a Audrey, Juliette y Jasmine. Afortunadamente, las tres habían salido a conseguir provisiones, haciendo una caminata hasta el río para encontrarse con el bote de suministros, cuando los atacantes habían golpeado. Sus atacantes eran hombres jaguar… cambiaformas buscando mujeres que todavía pudieran cambiar a forma animal. Muchas habían hecho como su madre, encontrar a un hombre humano que se quedaría y las amaría… creando una familia con ellos. Pero eso había debilitado a la especie cambiante, y ahora cada vez menos hembras podían dar a luz un cambiaforma. Algunos de los hombres, conducidos por un raro jaguar negro, habían comenzado a forzar a las mujeres a la servidumbre, utilizándolas esencialmente como yeguas de cría. Cualquier niño incapaz de cambiar era purgado.
    Solange Sangria bajó la vista al suelo empapado con la sangre de sus ancestros… y la de su familia. Sólo podía volver aquí en la forma del jaguar, incapaz de enfrentar la pérdida en forma humana. Podía llorar con la lluvia empapándole la cara y el corazón destrozado, recordando haber mirado a los ojos de esa gran bestia negra, de grandes ojos verde-amarillentos que sopesaban su valía. Su padre… Brodrick el Terrible. El hombre que se había emparejado a la fuerza con su madre porque ella era de pura sangre y luego, cuando ella escapó, la persiguió incansablemente. Finalmente la había encontrado y asesinado a su marido e hijos y al resto de los que residían en su pequeño pueblo, niños y padres a los que él consideraba indignos de caminar sobre la tierra.
    Siempre recordaría esa mirada que no parpadeaba. Fría. Cruel. Un hombre que debería haberla amado como a su hija, pero al que sólo le importaba si podía engendrar exitosamente a un cambiaforma.
    Las chicas fueron atadas y luego comenzó la tortura. Una por una. Las chicas fueron obligadas a ver como a las otras se les producía pequeños cortes y luego otros más grandes, repetidas veces, en un esfuerzo por provocar que un jaguar emergiera para proteger a la niña.
    Una por una, cuando no emergía un felino, delante de las otras, el líder… su padre… las declaraba sin valor. La chica era asesinada y su cuerpo tirado fuera de la casa al claro, junto con los otros.
    Entonces fue su turno… la última chica. El hombre que la había engendrado trabajó meticulosamente en ella, utilizando una hoja larga, su furia helada crecía mientras intentaba provocarla para que se revelara. El dolor fue atroz. Le hizo cortes en las piernas hasta que sangró, hasta que su madre suplicó y luchó y finalmente cambió a la forma de un jaguar hembra sólo para ser noqueada y contenida por los hombres. Se habían llevado a su madre, dejando a Solange sola para enfrentar a su despiadado padre de mirada acerada. Le llamaban Brodrick el Terrible por alguna razón.
    Pasó horas torturándola, seguro de que podía cambiar, ya que su madre y él procedían del linaje más poderoso de hombres jaguar. Un linaje reverenciado por los demás. Ella le había ocultado firmemente su felino, obedeciendo a su madre, sabiendo que su padre era malvado. Para sobrevivir al dolor había llenado su mente joven de pensamientos infantiles de venganza. Yació durante horas… días. Las noches y días se mezclaron, y el hombre que la había engendrado fue paciente, sin preocuparle su incomodidad, haciendo cortes diminutos en su piel, atizando, como si con su cuchillo pudiera pelar su piel humana y encontrar su forma jaguar.
    Ella no decía nada. Al final, no había llorado. Ni siquiera cuando él la agarró del cabello enredado y ensangrentado y la tiró de la cama al suelo, sacudiendo la cabeza con disgusto.
    – Una hija engendrada por mí y no vale para nada -pronunció-. Verdaderamente inútil.
    Vio la garra enorme llegar a su garganta y desgarrarla y no se apartó, no intentó esquivarla, lo miró directamente a los ojos, desafiante. Nunca olvidaría el horrible dolor que la había atravesado, la sangre saliendo a borbotones cuando él tiró su cuerpo descuidadamente entre los muertos del suelo empapado.
    Solange no tenía ni idea de cuánto tiempo yació inconsciente, pero cuando despertó era de día. Estaba sedienta y sentía cada hueso de su cuerpo como si hubiera sido roto. Los hombres jaguar se habían ido y todo a su alrededor eran cuerpos de sus amigos y familia. Se puso en pie tambaleante y vagó a través de lo que parecía un matadero. La tierra estaba roja y húmeda, y ya abundaban los insectos sobre los cuerpos.
    No tenía ni idea de por qué estaba viva todavía cuando tenía la garganta abierta y manchada de sangre coagulada, pegajosa y húmeda. Acudió a cada cuerpo, intentando despertarlos, una niña de ocho años sola en el bosque con todos los que conocía y amaba muertos… asesinados. La sed la condujo a la depresión donde corría el río subterráneo bajo la caliza. Bebió y de nuevo se tendió para dejar que la oscuridad se la llevara. Despertó ante el sonido de gritos. El corazón le golpeó con fuerza en el pecho y el terror la dejó congelada. ¿Habían vuelto? ¿Ese hombre horrible con ojos fríos y muertos que la juzgaba sin valor?
    La tía Audrey salió de la jungla con Juliette a su lado, siguiendo el rastro de sangre hasta la depresión. Corrían lágrimas por la cara de Audrey y Jasmine lloraba en sus brazos. Cayó de rodillas junto a Solange, empujando a su sobrina a un abrazo, y las cuatro lloraron interminablemente por todos los que amaban.
    El jaguar se estiró, aliviando su peso de la pata herida, parpadeando mientras los ojos le escocían y el corazón se le retorcía con un terrible dolor. Tantas muertes más que no podía evitar y estaba tan cansada. Tan cansadísima. ¿Cómo mantenía vivo el odio? ¿Y cómo podía continuar alimentando la rabia de forma que pudiera continuar con su misión? Lo más importante de todo, ¿cómo permanecía una completa y totalmente sola?
    Su prima Jasmine estaba embarazada, y Juliette estaba emparejada con un macho Carpato. Podría decir que esos hombres eran el azote de la tierra, pero en realidad se alegraba por Juliette. Y Jasmine estaba ahora a su cuidado. Amaba a Juliette y a Jasmine como a hermanas y no quería esta vida para ellas, aunque alguien tenía que rescatar a las mujeres de los monstruos que las acechaban en la selva.
    Descansó el morro sobre las patas y dejó que sus ojos se cerraran, convocando a su única compañía. Un mito. Un sueño. Juliette y Jasmine se reirían si supieran cómo la Solange que odiaba a los hombres sobrevivía a los terrores de su vida. Se extendió en busca de su amante de ensueño, el único hombre que conseguía que soportara cada acontecimiento horrible. Esta noche le necesitaba desesperadamente, Dios sabía que era cierto. Se estiró en su mente, conociendo el sueño muy íntimamente ahora. Su voz primero… tan amable e irresistible. ¿Cuántas noches le había cantado él para que durmiera? Adoraba su canción, esa melodía fantasmal que nunca olvidaría mientras viviera.
    El Amazonas era un lugar donde las leyendas y los mitos volvían a la vida, donde realidad y sueño se encontraban. Donde cielo, tierra y subsuelo se unían junto a los grandes templos de sus ancestros. A lo largo de la historia los chamanes habían reverenciado el espíritu del jaguar, sabiendo que los cambiaformas cazaban como hombre y animal, día o noche, haciéndose dueños de lo desconocido. Hacía mucho, cuando estuvo profundamente internada en una caverna de caliza con heridas severas y la esperanza decayendo, había conjurado a un compañero -una leyenda que cobró vida en su mente. Tal vez había estado delirando, y tal vez, como ahora cuando le necesitaba, todavía lo hiciera.
    Tenía que ser un guerrero, por supuesto. Tenía que ser capaz de respetarlo. Lo había soñado, algunas veces de noche, algunas veces durante el día, permitiéndole tomar forma lentamente en su mente. Era alto, con cabello negro flotante, hombros amplios, brazos fuertes y una cara varonil. Había luchado en muchas batallas y, como ella, estaba cansado de estar solo, pero sabía que sólo la tendría en sus sueños. Venía a ella tras sus batallas y yacía en sus brazos, encontrando solaz en ella.
    Nunca podía decidirse del todo respecto al color de sus ojos. Adoraba hacerlos intensamente azules, pero luego algunas veces eran como el verde esmeralda. Siempre quedaba fascinada con los ojos de su amante de ensueño. Nunca iguales, siempre impredecibles, reflejando el misterio del hombre.
    Tenía alma de poeta. Era muy amable, su voz era hipnotizante, melódica y bastante hermosa. Con frecuencia le cantaba, cuando el dolor le nublaba la mente y yacía sola en la oscuridad con el corazón palpitante y el sabor del miedo en la boca, hasta que ella se dormía.
    No se atrevía a soñar con él cuando estaba en forma humana, o si había alguien alrededor. Él era sólo suyo, y necesitaba protegerlo, así que sólo le permitía invadir sus sueños cuando estaba en la forma del jaguar. Profundamente dentro de la forma animal, no podía murmurar en voz alta donde otro pudiera oír hablar de él. Él era su debilidad secreta -o su fuerza- dependiendo de qué humor estuviera para ver su sueño volver a la vida.
    Se había asegurado de que tuviera todos los atributos de un hombre noble, alguien como su padrastro, que tomó una esposa y una niña y las amó con todo lo que tenía. Nunca la había tratado de un modo distinto, ni siquiera cuando nacieron sus hijos. La amaba y la trataba como a una princesa, incluso la malcriaba. Ella lo había amado mucho, y si alguna vez tenía un hombre propio, lo cual sabía era imposible, éste tendría que tener ése espíritu leal y generoso.
    Una pequeña parte de ella sonrió. Había proporcionado esos atributos al hombre de sus sueños. Y le necesitaba ahora, cuando el pasado estaba tan cerca y todo había ido tan mal. Cuando había fallado y una mujer había muerto.
    Te necesito. Ven a mí esta noche. Estoy tan cansada. No pude salvar a la mujer antes de que la cogieran y ella se suicidó, lanzándose al río. Los seguí durante semanas y luché por recuperarla, pero llegué demasiado tarde. Algunas veces siento que siempre llego demasiado tarde.
    Lo visualizó, construyéndolo centímetro a centímetro en su mente. Los muslos fuertes, la cintura estrecha y los ojos ardientes, muy verdes esta noche. Últimamente, cuando lo llamaba, él mostraba más cicatrices, algo extraño en un sueño donde ella era la que conjuraba y aún así no podía recordar haberle atribuido más cicatrices. Algunas marcas de quemaduras en el costado izquierdo del cuello y la cara que se extendían hacia abajo por el hombro, empeorando en el brazo. Tal vez como ella tenía heridas, su amante de ensueño también.
    Escogió una caverna de caliza profundamente bajo tierra para encontrarse con él, un lugar seguro donde los hombres jaguar no podrían encontrarlos si les buscaban. Sacó la acogedora caverna de su memoria, un lugar que utilizaba con frecuencia para recuperarse, y añadió un fuego cálido y unos pocos asientos suaves. En su sueño podía permitirse ser femenina aunque no fuera hermosa como Juliette o Jasmine, su cuerpo soportaba demasiadas cicatrices y hacía mucho que había olvidado cómo sonreír -menos cuando estaba con él. Incluso aunque deseaba verse a sí misma hermosa en su mundo de ensueño, era imposible. No podía imaginarse con una piel lisa e inmaculada o un cuerpo esbelto.
    La parte agradable de su hombre de ensueño era que a él no le importaba que no fuera perfecta ni lo bastante femenina. No le importaba que a veces llorara, o le mostrara lo que no podía mostrar al resto del mundo. Y nunca la traicionaría, nunca la decepcionaría, podía susurrar sus temores más profundos y sus peores secretos y aún así él la aceptaría. Él sabía cosas sobre ella que nadie más conocía.
    Visualizó la caverna, el arte maya decoraba las paredes, historias de vidas largamente desparecidas, un mundo en el pasado distante donde la luna y las estrellas estaban cerca y los jaguares caminaban erectos por la noche, hombres a respetar y reverenciar, no a rehuir y despreciar. Un tiempo mucho más feliz. No podía imaginarse a sí misma con un vestido, una vestimenta suave y femenina como las que llevaba Juliette, pero desde luego tendría tan buen aspecto como pudiera. Su top favorito, suave y ajustado, que algunas veces la hacía sentir un poco tonta. Nunca lo llevaba en público, ni siquiera con sus primas, pero cuando quería sentirse femenina y tal vez un poco guapa, se lo ponía… sólo un momento.
    Por supuesto llevaba vaqueros, nunca una falda, porque él vería las cicatrices que recorrían sus piernas. Sabía que no le importaría, pero quería tener el mejor aspecto posible. Había considerado probar con pendientes, y una vez MaryAnn, una mujer a la que conocía y admiraba, le había pintado las uñas, lo cual por alguna extraña razón la hizo sentir más femenina, aunque también estaba demasiado avergonzada para intentar conjurar ese detalle en sus sueños.
    Se sentó junto al fuego, descalza, con el mejor aspecto que podía y el corazón palpitando, esperando por él. En realidad era tonto invertir tanto en un hombre que no era real, pero no tenía nada más. Se pasó una mano por la espesa melena. Era más del color de las manchas oscuras del pelaje del jaguar que del leonado dorado de su pellejo. Casi una marta, era casi inmanejable la forma en que crecía.
    No había mucho tiempo disponible. Era imposible seguir luchando y no acabar muerta. Unos pocos centímetros más y su última herida la habría matado. Y vivir en el campamento jaguar era mucho peor que morir. Si tenían éxito en sus intentos de capturarla -y sabían de ella ahora y la buscaban activamente- encontraría una forma de acabar con su propia vida.
    No digas eso. Ni siquiera lo pienses. Yo acudiría a ti. Te sostendría. Y encontraría una forma de liberarte.
    El jaguar cerró los ojos más fuerte, como si así pudiera retenerlo con ella. Lo vio venir hacia ella, emergiendo de las sombras lanzadas por los bordes del fuego. Adoraba la forma en que se movía, esa confianza tranquila, esas largas zancadas. Siempre era así, tan confiado en sí mismo que nunca alzaba la voz o parecía estar molesto, hasta cuando la reprendía por su cobardía.
    Cobardía no, objetó él, fluyendo a través de la habitación con su gracia acostumbrada hasta que se irguió ante ella, elevándose sobre ella, haciéndola sentir pequeña y femenina en vez de una amazona. Ella no era alta de todos modos; era compacta, pero desde luego no esbelta como dictaba la moda. Era extraño tener una confianza en sí misma tan completa y absoluta como guerrera, y ninguna como mujer.
    Estás cansada, csitri, eso es todo. Ven a tenderte en mis brazos y déjame abrazarte mientras descansas. Pero primero, debo ver tu herida.
    Con frecuencia la llamaba su csitri, su lengua acarició la palabra. No tenía ni idea de lo que significaba, pero esa simple palabra hacía que un enjambre de mariposas volara en su estómago. Levantó la mirada hacia él, temiendo moverse o parpadear, aterrada de que pudiera desaparecer, de que su sueño perfecto se hiciera añicos. No quería que él viera su herida. En su sueño se suponía que no tenía heridas. Siempre había sido capaz de controlar su sueño, pero últimamente la realidad se arrastraba hasta ellos cada vez un poco más.
    Él le aferró la barbilla con la mano y le giró la cara hacia la luz del fuego oscilante, con un pequeño ceño acomodado en su cara inexorable. Tu cara está magullada.
    Esas magulladuras no deberían haber estado allí. ¿Qué pasaba que ya no podía mantener sus heridas fuera de sus sueños? ¿Tan cansada estaba? Leyendo sus pensamientos, como hacía siempre, su guerrero le apartó el cabello de la cara con dedos gentiles.
    Nunca pronuncias mi nombre. Incluso mientras empujaba las palabras a su mente, movía los dedos sobre las magulladuras.
    Al instante Solange sintió que el dolor en su cara magullada decrecía. Dudó. ¿Cómo explicarlo sin herir sus sentimientos? Esto es un sueño. Yo te he imaginado. No tengo un nombre para ti que sienta correcto.
    Él le sonrió, con los ojos muy, muy azules. ¿Alguna vez has considerado que tal vez yo te inventara a ti? ¿Que tú eres mi sueño?
    Le encantaría ser el sueño de alguien, pero dudaba seriamente que alguna vez fuera así. En la vida real era abrasiva, era su única protección cuando siempre sentía tanto. Algunas veces parecía ir por ahí con el corazón destrozado todo el tiempo. De algún modo creo que alguien como tú habría inventado un sueño mejor.
    ¿Alguien como yo? Soy un guerrero que ha pasado mil años buscando a su compañera. No sé quién es ella exactamente y qué cualidades tiene.
    Solange suspiró. Esta conversación se acercaba demasiado a tener que admitir sus defectos. No quería recordarle en absoluto las veces en que había lloriqueado por estar sola, tener miedo y estar cansada. Te hice Carpato. No fue mi intención, sabes. Respeto a los maridos de Juliette y MaryAnn.
    Compañeros, corrigió él amablemente. Cuando nos unimos alma con alma nos llamamos compañeros. Ese vínculo va de una vida a la siguiente.
    Ella le sonrió y se dejó caer sentada junto al fuego. Él llenaba la caverna con su fuerza masculina. Es un concepto hermoso. Juliette es muy feliz con Riordan, su compañero. Es mandón, pero en realidad, tras observarles, pude ver que haría cualquier cosa por hacerla feliz.
    Como haría yo por ti. He esperado demasiados años, csitri, y mi tiempo en esta tierra se dirige a su final. He ingerido sangre de vampiro con la esperanza de internarme en el campamento de nuestro mayor enemigo y espiarles. Seré incapaz de acudir a ti. La sangre ya me está consumiendo, tal vez más rápido de lo que yo creía posible. Sólo tendré unos pocos alzamientos para completar mi tarea antes de que deba buscar el amanecer, o perecer luchando. No pude encontrarte en esta vida, pero espero que sí en la siguiente.
    Su corazón casi dejó de latir. El pánico estalló. Un pánico en toda la extensión de la palabra. Los sueños no terminaban así. Las pesadilla sí. Él no era real, pero era la única realidad para ella cuando la vida se cerraba y no tenía ningún otro sitio adónde ir. Se había enamorado de él, por estúpido que sonara. Este hombre con sus cicatrices de guerrero, la cara de un ángel y un demonio, todo en uno, este hombre con el alma de un poeta.
    No. Me niego a dejarte marchar. No lo haré. Eres todo lo que tengo. No puedes dejarme sola.
    Él le tocó el cabello, frotando las hebras sedosas entre los dedos. Créeme, pequeña, preferiría quedarme contigo en nuestro mundo de ensueño. Tantas veces me has ayudado a superar momentos que encontré no poco preocupantes. Pero tengo un deber para con mi gente.
    La garganta se le cerró con lágrimas inesperadas. Si soy la compañera de la que hablas, ¿tu primer deber no es conmigo?
    La sonrisa de él era triste. Si hubieras sido mi auténtica compañera, al oír tu voz me habrías restaurado los colores y emociones.
    Te sientes triste. Puedo verlo en tus ojos y oírlo en tu voz.
    Simplemente un truco, csitri. Deseo esas emociones y las saco de recuerdos. Tú me has sostenido estos pocos últimos años, y te lo agradezco.
    ¡No! Me niego a rendirme contigo. Era egoísta por su parte. Él tenía derecho a su nobleza y sacrificio. ¿No había ella sacrificado su vida entera por las mujeres de su especie? Pero entregarlo a los vampiros…
    En su desesperación, sin pensar realmente en su decisión, Solange cambió, justo allí en la bifurcación del árbol Kapok, y, aferrándose a la rama, gritó al único hombre que le importaba. Solange Sangria, la mujer que nunca había necesitado… o deseado… a ningún hombre. De sangre real, poderosa por derecho propio. Una guerrera renombrada y temida.
    En su forma humana, con su propia voz, nacida de la desesperación y la necesidad, aterrada porque su amante de ensueño pudiera ser real y fuera a ponerse en peligro para sacrificar su vida por su gente, alzó la voz a los cielos, permitiendo que estos la llevaran a lo alto y lo ancho. Se humilló ante los moradores del bosque para salvarlo… para salvarse a sí misma.
    – ¡No me dejes! -El grito fue arrancado de su garganta, de su alma, su angustia se derramó como la sangre de su familia sobre el suelo donde todos a los que amaba habían sido asesinados y donde se había quedado sola… la última esperanza de justicia para las mujeres y niños de su especie.
    El sonido de su voz espantó a los pájaros de la canopia y se extendió a través del bosque como el viento, llenando el espacio vacío, su pena era tan aguda que los mismos árboles se estremecieron y los animales lloraron con la lluvia.

Capítulo 3

    Pero entonces más allá de toda esperanza, entraste en mi sueño…
    Ojos encendidos como los de un gato, pero la necesidad aguda de una niña.
    Tu leal corazón guerrero. Tu angustia, "No me dejes".
    Tu cabeza en mi regazo: ¡Csitri! Fuerte y salvaje.
    De Dominic para Solange

    Los pájaros se quedaron en silencio. Los monos suspendieron cualquier sonido. Incluso los insectos contuvieron el aliento. Todo en el bosque se quedó inmóvil. El color estalló tras los ojos de Dominic, cegándolo incluso dentro del cuerpo del águila, de forma que por un momento todo lo que pudo ver fueron colores vívidos y agudos, cada tono de verdes, rojos y violetas deslumbrantes, las flores en los árboles estaban empapadas de agua y brillantes más allá de toda imaginación. Su estómago se tensó y se quedó rígido, la náusea afloró como una ola gigantesca, los colores eran tan brillantes que golpearon su mente tras siglos de ver en tonos de gris.
    Pensó que el águila sería una protección, pero los colores salían de todas partes, no había forma de dispersarlos tras los ojos del pájaro, le golpeaban, llenando su mente, abrumándolo con variados tonos de brillo. Los guacamayos se posaban en las ramas, mirándolo con curiosidad mientras él navegaba hasta el suelo y cambiaba a su propia forma. Dominic se tambaleó, presionándose una mano contra el estómago revuelto y levantando la otra para protegerse los ojos. No había forma de detener los colores… era como si una represa hubiera estallado en su cerebro y cada tono y tinte concebible, cada matiz, se mezclara y luchara por la supremacía.
    El pesar vivía en él, respiraba en él. Arrepentimiento. Miedo. Sorpresa. Cada emoción que hubiera podido sentir lo golpeaba a cada ola de ataque. Cayó sobre una rodilla, intentando procesar, ordenar lo que sentía y lo que sentía ella, las emociones eran tan abrumadoras que lo dejaban desorientado y vulnerable. Su compañera estaba viva… estaba aquí en alguna parte de esta selva. La mujer de sus sueños, la mujer a la que había cortejado tan lentamente, construyendo la confianza entre ellos, era real, no el mito sin materia que creía que era.
    No. Su negación fue baja, su llamada destrozada en respuesta a la de ella.
    Esto no podía estar pasando. Ahora no. No después de tantos siglos. No cuando se había rendido y comprometido con una senda que los destruiría a ambos. Ella no podía ser real. Esto no podía estar pasando. Sólo le quedaban días de vida. Si la tocaba, si la reclamaba, los uniría, la condenaría a su destino.
    Quedaré destruida si me dejas. La voz de ella llenó su mente, los tonos suaves y tan dolorosamente familiares. ¿Por qué no había considerado el que ella fuera real? La había tenido delante todo el tiempo y no la había reconocido.
    Durante mil años caminó por la tierra buscándola. Compañera. Podía saborear la palabra en su boca, sentirla en su alma. Llevaba tanto tiempo solo, recorriendo un sendero honorable, uno que había escogido, pero la había deseado… no, necesitado. La oscuridad llamaba a su alma. Miles de hombres, muchos de sus amigos y parientes, habían encontrado la muerte a sus manos. No había ningún solaz, ningún lugar hacia el que volverse, sólo el recuerdo del honor y la esperanza mortecina de que ella acudiría a él.
    ¿Cuántas veces había caminado en la noche necesitado? Sálvame. A veces se había creído loco. La soledad persistente, la llamada del mal siempre tirando de él, y la necesidad de sentir algo… cualquier cosa… era tan abrumadora como los años interminables que se extendían en aislamiento implacable.
    Te necesito. La angustia en la voz de ella lo desgarró.
    ¿Qué había hecho? Rendirse. Había perdido toda esperanza y había dado los pasos para abandonar este mundo mientras su honor todavía estuviera intacto. La decisión había estado arrellanada en la nobleza, una forma apropiada para que un Buscador de Dragones abandonara su existencia, pero aún así un acto de cobardía. Había llegado a un punto donde sabía que estaba demasiado cerca de la oscuridad, la necesidad de sentir era tan fuerte que había arraigado en su fuerte linaje. No quería arriesgarse a ser el primer Buscador de Dragones en sucumbir a la llamada del vampiro. Se había negado a arriesgarse a entregar su alma, y siendo así, cuando el riesgo se había vuelto agudo y agonizante, tomó la decisión de terminar con sus días.
    Quédate. Quédate conmigo. La angustia de ella le arañaba.
    ¿Cómo decirle que era demasiado tarde? Se cubrió la cara con la mano, llorando lágrimas de sangre. Su decisión de ingerir la sangre del vampiro y terminar con su vida le había costado el último jirón de su sueño. Peor aún, le había costado a ella. Su mujer. Su mujer tan fuerte, pero tan frágil. ¿Qué había hecho? La había traicionado como habían hecho todos los demás machos en su vida.
    La conocía… conocía sus miedos más íntimos. Sus pensamientos. Ella se los había contado, pero él no había escuchado, no como un compañero. Debería haberlo sabido, pero se había rendido, desesperado volvió la espalda a la persona más importante de su vida.
    No fue ninguna traición.
    La resignación matizaba el tono de ella. Aceptación. Eso dolió casi tanto como saber que se había rendido de intentar encontrarla. En el momento en que tuvo el primer sueño extraño, un sueño despierto, debería haber renovado sus esfuerzos por encontrarla. Al contrario que los Carpatos más jóvenes, él había oído las extrañas historias que algunos de los mayores contaban sobre cómo la llamada de las compañeras podía oírse a través de grandes distancias y podía manifestarse en gran variedad de modos extraños. Había caído en la misma trampa que tantos de los suyos sin comprenderlo. Había perdido la esperanza, y eso lo había dejado abierto y vulnerable a la tentación del vampiro. Ella no lo llamaba traición, pero para él, un hombre de honor, cuando el honor era todo lo que tenía, era el peor pecado que podía haber cometido.
    Tal vez otro podría no entenderlo. Yo he abandonado la esperanza muchas veces. Cuando todo lo que tenemos es honor, cuando nos erguimos solos contra horrores tales como los que hemos visto, algunas veces la desesperación es todo lo que nos queda.
    Ella lo avergonzaba y lo hacía sentirse orgulloso. Una mujer que permanecía a su lado. Sabía lo que él había hecho. Se lo había contado. Sabía lo que era un Carpato, lo que podría ocurrir si se desviaba, incluso por un momento, del camino. Y tenía que saber lo que significaba eso cuando la había informado de que había ingerido la sangre del vampiro e iba a internarse en su terreno para espiar.
    A su alrededor la selva se había convertido en otro mundo. El sonido de la lluvia era un ritmo suave, música que tamborileaba a la par que su corazón. El gris se había convertido en una neblina plateada, increíblemente hermosa, cada gota era un prisma de cristal reluciente. Sintió las gotas individuales sobre su piel, y por primera vez, la sensación fue sensual. Abrió la boca y saboreó la lluvia, mirando alrededor con maravilla mientras abría la mente para compartir el precioso don que ella le había proporcionado. La oyó jadear cuando comprendió la enormidad de lo que les unía. Era una comunión que él nunca había esperado experimentar y la presencia de ella incrementó la reacción de su cuerpo.
    Respiró profundamente cuando la sangre se precipitó a su ingle, cuando cada terminación nerviosa de su cuerpo se puso en alerta y su piel pareció crepitar sólo con el toque de la lluvia. Extrañamente los parásitos estaban callados, casi como si estuvieran tan hipnotizados por la presencia de ella como él. Los horrendos susurros de su mente cesaron completamente.
    Se permitió a sí mismo sólo sentir, beber de la presencia de ella, disfrutar de ese momento de no estar solo. Compartían la misma mente, y por una vez, todo en él se asentó, estuvo en paz. También podía sentir la corrección en ella, aunque sabía que estaba horrorizada por las cosas que le había revelado sobre sí misma en sus sueños compartidos. A ella le avergonzaba que la hubiera visto tan vulnerable, que hubiera visto un lado de sí misma que mantenía oculto a todos los demás.
    Me siento a la vez honrado y privilegiado por conocerte tan completamente… por conocer a la mujer, no sólo a la guerrera.
    Una parte muy masculina en él se alzó, dominante, protectora, un indicio de celos ante la idea de que otro hombre descubriera su vulnerabilidad. La mujer le pertenecía sólo a él… como él a ella. El mundo podía ver al guerrero en ambos, pero el hombre y la mujer disfrutaban de una intimidad que nadie más necesitaba conocer.
    En lo alto, la última luz palideció dejando a la tierra en sombras y en completa oscuridad. Todo se quedó inmóvil… la selva contenía el aliento. No había ningún viento, aunque una nube oscura se movió con rapidez a través de la canopia, un revoloteo de alas ruidosas en la quietud de la noche que caía.
    Murciélagos. Dominic siseó una advertencia en su mente. El no muerto se alza…
    Desde la red de cavernas formadas por las raíces como aletas del árbol Kapoc emanaron miles de murciélagos diminutos, respondiendo a la llamada de sus amos. La tierra escupió garrapatas y ejércitos de hormigas, que treparon sobre los árboles y rocas.
    Tendrán hambre. Cambia y ocúltate, ponte a salvo. No es seguro comunicarse de este modo. Cualquier oleada de poder les alertará.
    Él ya estaba en pie, moviéndose con rapidez, deslizándose al personaje familiar del guerrero insuperable. Ser un compañero era nuevo para él, pero esto… esto sabía cómo hacerlo. Alzó el vuelo estirándose hacia el cielo, una nube oscura entre nubes oscuras, con la forma de un millar de murciélagos, con colmillos y garras, todos rabiosamente hambrientos… como él. Permitió que su hambre se amplificara, oyó al viento aullar en lo alto del dosel, protestando por las cosas antinaturales que viajaban cruzando el cielo. Cualquier cosa que se cruzara en su camino sería destruida. Los animales guardaban silencio, los depredadores nocturnos se pusieron furtivamente a cubierto. El relámpago cruzó el cielo nocturno, dividiéndolo con látigos de ardiente electricidad blanca. El trueno retumbó, sacudiendo la tierra.
    Ven a mí, Dominic. Había una orden en la voz masculina.
    Una voz profunda y suave de autoridad… un hombre acostumbrado a la obediencia instantánea. Dominic reconoció la voz. Había pasado tanto tiempo. Fueron algo así como amigos, guerreros unidos en los viejos tiempos. Respetaba mucho al hombre y sus asombrosas habilidades para la lucha.
    Zacarías. Abandona este lugar.
    Te ayudaré. Se me ha informado de lo que has hecho. Necesitarás toda la ayuda posible para semejante tarea. Estoy al sur, un viejo caminando solo junto al río.
    Dominic sintió la vieja camaradería emanando de la nada. Moriría en este alzamiento o en el siguiente y aun así su compañera le había dado este poderoso don de la emoción. Podía sentir, no sólo recordar, cuánto había apreciado a Zacarías con su inteligencia rápida y sus feroces habilidades para la lucha. No se planteaba que algún vampiro pudiera imitar al mayor de los hermanos De La Cruz, la resonancia era demasiado perfecta… nadie podía retratar adecuadamente el poder del hombre con sólo su voz.
    Estaría bien verte, viejo amigo, pero es peligroso. Si los cinco pudieran ponerte las manos encima, probablemente se alegrarían más que si se las arreglaran para capturar al Príncipe. Dominic envió la advertencia, seguro de que Zacarías era bien consciente de que los que lideraban el alzamiento de los vampiros eran los hermanos Malinov. Una vez, los hermanos De La Cruz y los Malinov estuvieron tan unidos como una familia, ahora los hermanos Malinov odiaban a los De La Cruz con toda la malicia y la traición que sus almas negras podían conjurar.
    ¿Sabes si los hermanos que quedan están aquí? Dominic giró hacia el sur. Lo hizo más que nada para proteger a Zacarías. Si el no muerto lo divisaba habría una pelea. No dudaba de las capacidades de Zacarías en la lucha, pero los no muertos parecían haber crecido significativamente en número, e incluso un guerrero con la habilidad de Zacarías podía ser derrotado.
    Los persigo. Parecen ser varios de los no-muertos menores, recientemente reclutados, y unos pocos más con mayor experiencia. He divisado a dos maestros, pero ninguno son los Malinov. Han fijado su objetivo en mis hermanos, Dominic. No tengo más elección que cazarlos.
    Ese era Zacarías. Sus hermanos siempre lo primero. Le importaba poco su propia vida, pero sobreviviría para eliminar cualquier amenaza hacia sus hermanos pequeños. Lo cual era risible. Los otros cuatros hermanos De La Cruz eran guerreros más que capaces, cada uno altamente cualificado, entrenados por Zacarías, con la experiencia de miles de batallas.
    Los murciélagos giraron en el cielo, un revoloteo negro de alas que giraban más apretados para conseguir una mejor visión del suelo. Lejos, más abajo, caminando a través de los árboles, había un viejo encorvado que utilizaba un bastón con aspecto muy vulnerable, una tentación para cualquier vampiro que se preciara. Dominic sonrió para sí mismo. Zacarías no era propenso a mucha charla. Atraía a su enemigo y disponía de él sin fanfarria o bravata.
    Tomó tierra a una distancia segura, sólo porque la prudencia dictaba precaución en medio de territorio enemigo. El viejo permaneció a unos pocos metros de él. Se estudiaron el uno al otro. Zacarías continuaba aparentando edad, pero no había forma de confundir esos penetrantes ojos acerados. El cabello alborotado estaba veteado de gris, pero Dominic sabía que era tan negro como el ala de cuervo sin el disfraz.
    – Arwa-arvod mäne me ködak, que tu honor perdure en la oscuridad -saludó Dominic, adelantándose a zancadas. Estrechó los antebrazos de Zacarías con el antiguo saludo de más alto respeto entre dos guerreros.
    Zacarías le agarró con fuerza, recordando el afecto.
    – Arwa-arvo olen isänta, ekäm… el honor te sostenga, hermano -devolvió formalmente-. Ha pasado mucho desde que oí nuestro idioma. Hablamos portugués o español por regla general. Algunas veces alemán. Tenemos que adaptarnos al país en el que buscamos vampiros. Es un continente grande para que cinco de nosotros patrullen y los Malinov lo saben.
    Se separaron y se evaluaron con la mirada el uno al otro. Dominic sonrió.
    – Ha pasado mucho tiempo, Zacarías.
    Zacarías asintió con la cabeza.
    – Mucho he permanecido en la lucha, sustentado por el honor. Mis hermanos han encontrado a sus compañeras y mi tarea casi ha concluido.
    Dominic lo miró agudamente.
    – Has abandonado toda esperanza de encontrar una compañera propia.
    – Estoy cansado de esta vida, Dominic -estuvo de acuerdo Zacarías-. Y ya no puedo cambiar para encajar con los tiempos. Las mujeres son diferentes, han crecido más allá de todo lo que conocíamos. He vivido demasiado tiempo como un hombre dominante, mi palabra es ley, todo se hace a mi manera. Las mujeres que he observado no estarían contentas viviendo bajo las restricciones que yo les impondría, no puedo ser otra cosa que lo que soy. -Sacudió la cabeza-. No puedo lamentar lo que no conozco. Puede que no sirva para ser compañero. Esos días hace mucho que pasaron.
    – No tan rápido, viejo amigo -dijo Dominic, sacudiendo la cabeza-. Yo me rendí y escogí entregar mi vida por mi gente. Es demasiado tarde, tomé la sangre y ésta me come desde dentro. Pronto mi cerebro se pudrirá, y no tendré más opción que revelarme ante aquellos a los que pretendo espiar. Caeré luchando, pero dejo atrás a mi compañera. La encontré al fin, en mi última hora. No traiciones a tu mujer como yo a la mía.
    Se produjo un largo silencio. La mirada fija de Zacarías nunca abandonó la cara de Dominic.
    Dominic asintió con la cabeza.
    – Veo en color. Siento emoción.
    – Y acudes al mismo corazón de la guarida del enemigo.
    – Así es. El pesar es una piedra pesada que cargar -admitió Dominic-. Y la culpa. La encontré y aún así debo dejarla. Si la reclamo, ella me seguirá.
    La apariencia de Zacarías no vaciló ni una vez. Su impresión de un anciano humano era impecable. Parecía, olía e incluso mantenía el cerebro para la exploración de un vampiro, con los pensamientos de un hombre colocando cámaras nocturnas. Pero detrás de la fachada era el hombre que Dominic había conocido hacía tanto tiempo.
    – Debemos encontrar un modo de intercambiarnos de lugar. Inféctame y luego dirígete a los sanadores para ver si pueden salvarte.
    Dominic quiso sonreír ante la exigencia en la voz de Zacarías. Tal vez el hombre tuviera razón al decir que había sido durante demasiado tiempo un depredador dominante. No había vuelta atrás. Sus experiencias formaban quienes y qué eran y en qué se convertían. Zacarías no encajaba con una mujer moderna. Un compañero se dedicaba a hacer feliz a su otra mitad. Él sólo conocía su camino.
    El pesar por el hombre y sus muchas vidas de servicio presionaban con fuerza sobre Dominic. Zacarías, como si leyera los pensamientos de Dominic, se encogió de hombros.
    – No hay necesidad de sentir emoción por mí, Dominic, cuando yo no puedo sentirla por mí mismo. Estoy aquí en primer lugar para recuperar a un miembro díscolo de la familia, y en segundo, para descubrir dónde están los Malinov. Me ha llegado la noticia de que podrías necesitar ayuda con tu plan. Que tome tu lugar tiene sentido si ciertamente es posible.
    Dominic frunció el ceño.
    – ¿Un miembro díscolo de la familia? -No podía imaginar a ningún miembro de la familia de Zacarías que no se sometiera a su control.
    Zacarías inclinó la cabeza.
    – Solange Sangria. Es jaguar. Su prima Juliette es compañera de Riordan, y la hermana de Juliette, Jasmine, está bajo el cuidado y protección de nuestra familia. Solange es un problema, una pequeña gata salvaje. Tengo que admitir… reluctantemente… que tiene mi respeto como guerrera, pero la matarán si continua por la senda que ha escogido. Sus dos primas se acongojan por ella y temen, con razón, por su vida.
    Dominic sintió su corazón retorcerse. Solange Sangria. El nombre era hermoso. El sonido resonaba en su alma. Ella era suya. No de Zacarías, ni de su familia; pertenecía solamente a Dominic. Solange Sangria era la única persona… la única cosa… en el mundo entero que deseaba para sí mismo. Abrazó el nombre, sabiendo con absoluta certeza que Solange era el nombre de su compañera. Sonaba auténtico, el corazón de una guerrera, su feminidad oculta al mundo, pero ahí sólo para él.
    – Ella es mía.
    Los ojos de Zacarías parpadearon.
    – Debería haber sabido que sería Solange. Esta mujer es astuta y tan salvaje como los felinos de la selva. A pesar de eso, Dominic, es una mujer de valía para el mundo y una pareja digna de un guerrero de tu talla. Ha visto demasiado horror y masacre. Vive para la batalla. Me temo que no se retirará de esta lucha. Necesitará cuidados, Dominic. Razón de más para tomar tu lugar.
    – Ingerir la sangre y abrirme paso hasta el campamento enemigo fue mi decisión -replicó Dominic-. Ésta es mi batalla, Zacarías. Fue mi elección y no tengo más opción honorable que llevar mi carga hasta el final.
    – Tu compañera puede que sienta otra cosa.
    – Si es mi auténtica compañera, entenderá que no puedo hacer otra cosa que continuar con este curso de acción. No esperaría que otro, sin importar cuán generosa fuera la oferta, ocupara mi lugar. Sería perjudicarlo a él y a su compañera. No puedes fallar a tu mujer, Zacarías, rindiéndote antes de tiempo.
    Una sonrisa débil tocó la boca de Zacarías, pero fracasó en suavizar sus rasgos impertérritos o alcanzar el acero frío de sus ojos.
    – Le fallé hace mucho, amigo mío. No puedo cambiar. No puedo ser lo que este siglo dicta como apropiado, y no quiero serlo. No puedo exigir a una mujer que viva según mis reglas. -Se encogió de hombros-. Hace tiempo que llegué a un entendimiento con esto.
    – Tal vez ella escogería hacerlo, entregándose por propia voluntad.
    – A eso me refiero. ¿Qué voluntad propia tendría conmigo? Tú y yo sabemos que ninguna.
    – No puedes saberlo hasta que ocurra -dijo Dominic-. El mundo cambia. Ahora no sientes nada, pero si una mujer restaura tus emociones…
    – La sujetaría demasiado fuerte. Soy demasiado viejo, Dominic, demasiado apegado a mis costumbres. Mis demandas serían absolutas.
    – Entonces tu compañera tendrá que ser una mujer extraordinaria que encontrará un modo de tratar contigo -predijo Dominic-. No estés tan ansioso aún por arrojar la esperanza por la borda. Los compañeros están destinados, Zacarías. No los encontramos en cualquier parte. Sólo hay una para completarnos, y aún así no creo que sea siempre fácil, creo que el vínculo sólo se produce con el que es la otra mitad de nuestra alma.
    Zacarías se encogió de hombros, sin estar convencido. Sin más preámbulos, se desgarró la muñeca con los dientes y la sostuvo ofreciéndosela a Dominic.
    – Necesitarás sangre fuerte para hacer esto, hermano mío. Toma lo que ofrezco libremente. Acudiré a tu llamada y te sostendré a lo largo de esta prueba.
    Dominic se llevó la muñeca a la boca y bebió, el embate de sangre fuerte y ancestral lo golpeó como una bola de fuego, apresurándose a través de su sistema para empapar e infectar órganos. Los parásitos reaccionaron con un frenesí de dolor apuñalador. Podía sentirlos en sus venas, arañando bajo su piel, desgarrando y dando zarpazos en su intestino. Cerró la herida en la muñeca de Zacarías e inmediatamente empujó a tantos parásitos como fue posible a través de sus poros, sangrándolos para mantener el daño a su sistema tan mínimo como fuera posible.
    Zacarías evaluó a las mutaciones que se retorcían con interés.
    – Riordan me habló de tales cosas. ¿Así es como identifican a los que trabajan con los Malinov?
    Dominic alzó la mano para llamar al relámpago, incinerando a las viles criaturas.
    – Sí. Debo mantenerlas dentro de mí y se multiplican muy rápido. Gregori atrajo nuestra atención sobre ellas cuando las encontraron en Destiny, la compañera de Nicolae. Gary, un macho humano que trabaja con él, comparó estos parásitos con los que tengo desde la ingesta y descubrió que los nuevos son más fuertes. No está seguro de lo que significa eso, sólo que Xavier los mutó aún más. Creo que vuelven loco a su anfitrión. Susurran continuamente… -Su voz se interrumpió y sus ojos se encontraron con los de Zacarías-. Cuando estaba cerca del jaguar, las voces cesaron. Los parásitos dejaron de moverse dentro de mí, casi como si tuvieran miedo, como si se ocultaran.
    – ¿De qué? -preguntó Zacarías-. ¿De tu mujer?
    – Si temen a una hembra, no podrían haber infectado a Destiny -señaló Dominic.
    – Tal vez, con Solange cerca, el dolor simplemente sea más fácil de ignorar.
    Dominic negó con la cabeza. Las cejas de Zacarías se dispararon hacia arriba.
    – Aunque aprecio tu actual disfraz de vampiro, los parásitos que se retuercen cerca de tu ojo son un poco exagerados.
    Dominic apartó de un golpecito a la ofensiva criatura y observó como se incineraba. El relámpago se horquilló a lo alto y los árboles temblaron.
    – Se están acercando, Zacarías.
    Zacarías lo evaluó con ojos fríos.
    – ¿Crees que he viajado toda esta distancia para huir cuando el enemigo se aproxima? Me quedaré aquí y haré mi papel como investigador encorvado para instalar estar cámaras nocturnas con las que captar al elusivo jaguar. Incluso tengo un permiso adecuado para mi trabajo y credenciales. He descubierto que es un buen cebo para los malignos.
    – ¿Tus hermanos están cerca?
    – No permanezco cerca de ellos. Su felicidad es lo que trato de asegurar, pero estar cerca de ellos es perturbador en modos que no puedo explicar. -Dibujó otra sonrisa sin humor-. Irrito a sus compañeras con mis exigencias. Parece que no tengo derecho a preocuparme por su seguridad.
    Dominic rió, sin preocuparse de que sus dientes afilados de vampiro brillaran negros y atroces en la noche.
    – No puedo imaginarme cómo suenas para esas mujeres.
    Zacarías se encogió de hombros.
    – A ninguna de ellas debería permitírsele hacer lo que hacen. Hasta Rafael se ha ablandado.
    Un ejército de hormigas emanó y cubrió el tronco caído justo detrás de Zacarías. En un momento el tronco estaba cubierto de musgo y hongos y al siguiente era una alfombra en movimiento de negro y rojo vertida sobre él. Dominic apartó a Zacarías del tronco, lanzándolo detrás de él, una reacción instintiva para proteger al otro hombre. Incluso mientras lo hacía, alzaba una mano al cielo, llamando a varios tridentes de relámpago.
    La luz blanca, ardiente y brillante, golpeó el árbol caído. Las hormigas estallaron en llamas, chasqueando y humeando, algunas saltaron en el aire, otras se arrastraron hasta la vegetación que cubría el suelo del bosque, rodeando los pies de Dominic para llegar a Zacarías.
    El aliento de Dominic siseó entre sus dientes. Vampiro. Viene a por ti.
    Entonces seguramente deba esconderme tras de ti acobardado. Había casi un borde de humor áspero en la voz de Zacarías, como si vagamente recordara la ironía y el humor.
    El relámpago siguió al enjambre de hormigas, varios golpearon, pero la masa se extendió por el suelo rodeando a Zacarías. Los dos guerreros retrocedieron más y más, barriendo la tierra a su alrededor con fuego para despejar los restos.
    – Muonìak te avoisz the… Te ordeno revelarte -ordenó Dominic, con voz baja, pero el tono fue de una autoridad absoluta.
    Las palabras ancestrales utilizadas con el poder del antiguo guerrero cargaban tanta fuerza como el relámpago.
    La masa de insectos onduló, era una alfombra viva que comenzó a convertirse en una sombra oscura que se arrastró por el suelo. Obviamente intentando resistir, la sombra comenzó a oscilar entre una sombra insustancial y miles de hormigas.
    – Veriak ot en Karpatiiak, muonìak te avoisz agbaainad ès avoisz te ete kadiket… por la sangre del Príncipe te ordeno que tomes tu auténtica forma y te reveles ante los instrumentos de la justicia -exigió Dominic.
    Un gemido chirriante, como uñas sobre una pizarra, reverberó a través de los árboles. El bosque respondió con gritos doloridos. Los monos lloriquearon, enroscando las colas, con la cabeza baja, las manos sobre las orejas.
    La sombra insustancial creció hasta convertirse en un cuerpo alargado, los brazos del vampiro se extendieron hacia Zacarías, con los dedos de las manos huesudos y nudosos, las uñas afiladas y ligeramente curvadas como garras. El vampiro alzó la cabeza desafiante, revelando piel tirante sobre el hueso, desgastada en ciertos lugares parecía que la carne hubiera sido arrancada, con gusanos saliendo de los agujeros abiertos. Escupió a Dominic.
    – Traidor. Eres uno de nosotros. Comparte a este tonto. -El vampiro enterró las uñas en el suelo y se arrastró más cerca de Zacarías, con la atención centrada en el “investigador humano”. Emitía gruñidos mientras hablaba, sus cuerdas vocales estaban oxidadas y tensas. Sonaba más animal que hombre. Sus rodillas huesudas se hundían profundamente en la tierra, y bajo su cuerpo la tierra gemía y pequeños gusanos blancos y feos se contorsionaban y contoneaban cuando los dejaba caer. Su cuerpo largamente podrido indicaba que llevaba muchos años siendo vampiro, posiblemente siglos, aunque no era un maestro.
    Dominic golpeó rápido, como era su costumbre. Hacía mucho que se había rendido con las bravatas y la charla. Estaba allí sólo con un propósito… destruir al no-muerto. No había razón para hablarles a menos que fuera para conseguir información, y sabía que había más de ellos en la zona. Éste estaba demasiado cerca de Zacarías y podía llevar cuentos a los demás.
    Golpeó mientras el vampiro todavía se arrastraba sobre la barriga hacia Zacarías, quien permanecía absolutamente inmóvil, la imagen perfecta de un humano horrorizado por una pesadilla vuelta a la vida. El puño de Dominic atravesó la espalda del vampiro, desgarrando músculo y hueso, penetrando profundamente, buscando el corazón.
    La sangre del vampiro salpicó su mano y su brazo, negra y brillante en la oscuridad del bosque. Quemaba a través de la piel. Todo ello mientras los parásitos en el interior de Dominic chillaban y gritaban impotentes en protesta, apuñalando sus entrañas de forma que sentía como si hubiera tragado cristal. Un fuego ardiente se cerró alrededor de su muñeca y brazo cuando las sanguijuelas del no-muerto intentaron protegerlo, envolviéndose alrededor de la carne de Dominic y mordiendo rápido. Dominic empujó más profundamente ignorando el dolor.
    Sintiendo que el cazador estaba cerca de su corazón, el vampiro desesperado rodó con rapidez, aullando, sus dientes aserrados chasquearon contra Dominic mientras la otra mano se extendía a por el tobillo de Zacarías. Dominic fue hacia la tierra que había bajo el putrefacto cadáver andante, su mano empujó infaliblemente a través de los parásitos atacantes incluso mientras los de dentro de su propio cuerpo reaccionaban con agitación, apuñalando y arañando, desgarrando sus órganos para controlarlo.
    Zacarías eludió la mano tanteante del vampiro, desvaneciéndose para reaparecer a unos cuantos pasos de distancia, con sus ojos fríos estudiando el cielo y la tierra en vez de la lucha entre cazador y presa. A unos cuantos pasos de distancia la savia corría como sangre negra rezumando del tronco de una higuera. Las hojas se arrugaron y gotas de savia golpearon el suelo con un goteo lento, humeando y quemando un agujero entre la espesa vegetación que rodeaba el árbol. Un pequeño puercoespín disparó sus púas en posición erecta, escabulléndose lejos del árbol, dejando caer de sus patas la fruta.
    Un mono gritó y saltó de las ramas más altas a las del siguiente árbol como si quemara. Varios pájaros alzaron el vuelo y una serpiente alzó la cabeza, con la lengua horquillada extendiéndose hacia la savia oscura y rezumante. Ranas y lagartos abandonaron las ramas y los insectos llevaron a cabo un éxodo masivo.
    Zacarías se acercó fluyendo sobre la tierra, moviéndose rápido, buscando el árbol justo cuando el enorme tronco se abrió y expelió a la horrenda criatura que lo envenenaba. Al instante el hedor a huevos podridos se mezcló con la carne en descomposición arrojada al aire inmóvil. Flotó sobre los árboles circundantes y los arbustos se marchitaron. Las flores cerraron sus pétalos y se encogieron lejos de la abominación.
    – Drago, viejo amigo. Veo que has venido a visitarme -dijo Zacarías gentilmente-. Hace mucho que te emití una invitación, pero te negaste. Qué bien que finalmente hayas optado por la justicia. Bastante retrasada.
    Drago gruñó, retirando los labios en una mueca que reveló unos dientes horrendos, puntiagudos y negros, manchados con la sangre de las muchas vidas que había tomado. Acariciaba el aire bajo su mano, como si acariciara a una criatura invisible, cada toque era preciso.
    – Estúpidos advenedizos. Están tan ocupados luchando por un pedazo de comida, que no reparan en el premio que tienen ante ellos. -Cuando habló, Drago gruñó cada palabra, tan precisas como los movimientos de su mano.
    – Pero tú sí -dijo Zacarías amablemente. Sus ojos fríos continuaban barriendo los alrededores. Drago nunca se enfrentaría a él tan tranquilamente a menos que pensara que tenía ventaja.
    Tras él, Dominic era muy consciente del segundo vampiro en escena, pero a su alrededor brotaban tentáculos corriendo por el suelo del bosque, buscando una presa. Alejó al vampiro de un empujón, dándole la vuelta y metiéndole la cara podrida en la tierra entre los tentáculos, incluso mientras su puño empujaba a través de la masa de parásitos que se retorcían para llegar al corazón.
    Los tentáculos rodearon inmediatamente el cuello y el cráneo del vampiro, pero tiraron de sus piernas y brazos en un intento de arrastrarle bajo tierra. Las puntas de los dedos de Dominic alcanzaron el corazón frío y marchito. El no-muerto chilló y redobló sus esfuerzos para apartar a Dominic. El silencio absoluto del cazador era enervante. El vampiro no tenía ni idea de si Dominic era uno de sus colegas reclutados por el maestro, como indicaban los parásitos en su sangre, o si era un cazador muy hábil, como indicaba su orden de antes. Dominic había invocado el nombre del Príncipe, algo que ningún vampiro haría jamás.
    Los dedos de Dominic se enterraron alrededor del órgano ennegrecido, sintiendo cómo más parásitos se retorcían contra su palma mientras encerraba el premio en su puño y comenzaba a extraerlo del cuerpo del vampiro. Los tentáculos luchaban con él por la posesión. En lo alto, el relámpago se horquilló con presteza. El trueno resonó amenazadoramente. El sonido fue horrendo, la succión de la sangre ácida del no-muerto que intentaba retener desesperadamente el corazón, el chillido agudo del vampiro y el gemido del los parásitos que salpicaban fuera del cuerpo, abandonando a su anfitrión.
    Los tentáculos tiraban frenéticamente del no-muerto en un esfuerzo por arrastrarlo bajo tierra, fuera del alcance de Dominic, pero Dominic se alzó con el corazón en el puño, goteando parásitos y ácido en la tierra mientras saltaba lejos, llamando al relámpago. El rayo golpeó el cuerpo antes de que los tentáculos pudieran salvarlo. Tiró el corazón a la llama de un blanco ardiente y dirigió la energía por la tierra ennegrecida hasta que cada tentáculo y cada parásito estuvieron incinerados. La mano y el brazo le ardían, la carne casi había sido comida hasta el hueso. Se enjuagó la carne en los bordes de la luz para eliminar la sangre y matar a cualquier parásito remanente que pudiera haber quedado sobre su piel.
    Profundamente dentro de su cuerpo, en las venas y órganos, los parásitos se apresuraron a ocultarse del calor cegador, proporcionándole, por un momento, un alivio temporal de la tortura agonizante y constante. Ni una vez permitió que su apariencia pasara de su personaje de vampiro a la del cazador Carpato. Sólo cuando terminó levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Drago. Él gruñó, retirando los labios para revelar dientes manchados de sangre y serrados, su gruñido de desafío.
    – Es con mi comida con la que estás jugando -exclamó y avanzó a zancadas entre los árboles para poner su cuerpo entre Zacarías y la nueva amenaza.
    Sabe quién soy, advirtió Zacarías. Nunca me habría desafiado abiertamente si no tuviera alguna sorpresita asquerosa en la manga.
    – No tienes ni idea de quién es éste -gruñó Drago-. Es un premio más allá de toda comparación.
    – Te recuerdo de los viejos tiempos -aguijoneó Dominic-. Drago, un cobarde llorón y quejica. Siempre desapareciendo en la batalla.
    Drago sonrió burlonamente.
    – Me las arreglaba para vivir otro día mientras tantos otros caían.
    Dominic estudió a su enemigo. La mano de Drago continuaba con esas caricias precisas, bajando lentamente cerca de su cadera, como si estuviera acariciando a un perro. Su tono tenía una cadencia extraña, cada palabra separada, casi como si puntuara cada una con una parada después de pronunciarla. Dominic había visto muchas trampas en sus siglos de luchar con el vampiro, pero aquí estaba en un territorio nuevo.
    Dio otro paso más cerca del no-muerto en un esfuerzo por ponerse en una posición donde cerrar rápidamente la brecha y terminar con el vampiro antes de que la trampa se accionara.
    Drago sacudió la cabeza.
    – Eres uno de nosotros, jurado ante los cinco maestros. Éste es Zacarías De La Cruz, enemigo jurado de nuestros líderes. Lo querrán vivo.
    Dominic se encogió de hombros.
    – No puedes atribuirte el mérito habiéndolo encontrado yo.
    Zacarías flexionó los hombros, evaluándolos a ambos con ojos fríos.
    – No he sido capturado aún, ni creo que ninguno de los dos tenga la habilidad para derrotarme en la batalla, solos o en equipo, pero bienvenidos sois a intentarlo.
    Dominic resopló burlón.
    – Cazador, quédate quieto mientras me ocupo de este estúpido. -Permitió que su mirada recorriera el bosque circunstante, prestando atención a los árboles más cercanos.
    Drago había viajado evidentemente a través de la tierra y entrado en la higuera por las raíces, emergiendo del tronco cuando lo creyó seguro. Si viajaba con otros… y por su confianza, Dominic estaba seguro de que así era… podían estar utilizando los árboles como escondite.
    Mantente lejos de los árboles, advirtió Zacarías.
    Zacarías debía haber tenido la misma idea, porque ya estaba cambiando de posición, intentando asegurar un punto desde donde pudiera mantener un ojo en los árboles de alrededor. Dominic agradecía tener al cazador cubriéndole la espalda. Podían parecer depredador y presa, pero habían luchado juntos muchas veces en el pasado, en los viejos tiempos, cazando al vampiro y a los enemigos de humanos y Carpatos por igual. No había ningún otro al que hubiera escogido como compañero en la lucha.
    Los dedos de Drago se alzaron y cayeron sobre su compañero invisible.
    – Éste cazador será entregado a los maestros.
    Dominic arriesgó una mirada a Zacarías. Era en cada centímetro un cazador Carpato, hombros amplios, largo cabello fluido y ojos fríos bajo el fuego, aunque minutos antes había sido un anciano encorvado, toqueteando sus cámaras en los árboles. ¿Cómo supo quién eras? El disfraz de Zacarías no había tenido ningún fallo.
    No tengo ni idea.
    – Yo soy un maestro -gruñó Dominic, manteniéndose en el papel de fanfarrón y matón, como tantos de los no-muertos-. Tú no puedes decirme lo que debo hacer con mi presa. Lárgate o encontrarás el mismo destino que ese tonto que me desafió.
    Drago escupió en el suelo del bosque, y los pequeños parásitos se retorcieron obscenamente en las hojas secas y podridas. Sus ojos brillaron de un rojo profundo, echó la cabeza hacia atrás y aulló. Un árbol a la izquierda de Dominic se estremeció. Una larga serpiente que estaba retorcida alrededor de las ramas alzó la cabeza y reptó a lo largo del tronco, desenroscando su largo cuerpo mientras descendía a la tierra y reptaba hasta los pies de Drago. Su larga lengua probó el aire y luego la pasó sobre los parásitos antes de levantarse, tomando su autentica forma horrorosa, irguiéndose en pie a unos centímetros de su compañero.
    Los dedos de Drago continuaban acariciando el aire bajo su palma mientras la tierra justo detrás de Zacarías estalló y arrojó a un tercer vampiro. Un cuarto emergió de las ramas retorcidas de la higuera ennegrecida de la que había salido Drago, y Dominic lo etiquetó automáticamente como el eslabón más débil. Su cara todavía era medio reconocible, la carne todavía cubría los huesos encogidos. Dominic se había tropezado con él cuando todavía era un cazador, ni siquiera un antiguo, aunque fue incapaz de controlar su deseo de emoción y obviamente había capitulado ante el susurro de oscuridad. Su nombre había sido Roberto, pero Dominic pensaba en él como un gusano.
    Zacarías miró a los cuatro vampiros que les rodeaban. Podríamos tener un problemilla aquí.
    Dominic envió la impresión de una sonrisa burlona. Justo como en los viejos tiempos. Como a mí me gusta.
    Siempre estuviste un poco loco. Te encanta la batalla. El tono de Zacarías era seco.
    ¿Y a ti no? Había risa en la pregunta.

Capítulo 4

    a
    Pero entonces más allá de toda esperanza, entraste en mi sueño.
    Tu melodía embrujadora, tu amable voz sanadora.
    El alma de un poeta, el gran corazón de un guerrero.
    Tú se lo diste todo a tu gente. ¡Déjame a mí darte los sentimientos!
    De Solange para Dominic

    ¿Qué había hecho? Solange estaba bajo la lluvia, cubriéndose la cara con las manos, con la garganta dolorida y el corazón atronando en su pecho. Le había contado todos sus secretos. Había creído que estaría a salvo, que él no era real. Le había expuesto cada debilidad. ¿Habían sido los sueños alguna clase de truco? Gimió y se acarició la garganta para tratar de aliviar el terrible dolor. Sus cuerdas vocales estaban destrozadas… igual que su corazón.
    Un guerrero Carpato. Ella lo había imaginado. Había construido su imagen detalle a detalle… ¿o no? Había reconocido entonces, cuando comenzaron sus visiones, que había abandonado toda esperanza y llegaba al final de sus días. Su guerrero había sido lo único que la había sostenido a través de todas las batallas y todas las horribles matanzas con que se había encontrado. Brodrick el Terrible estaba decidido a purgar cada gen diluido de jaguar que pudiera encontrar. Sólo aquéllos que pudieran cambiar serían perdonados… varón y hembra.
    No había forma de detener el mal en el interior de su padre. La enfermedad había comenzado centenares de años atrás: tratando a las mujeres como esclavas, como reproductoras, los hombres seguían los actos de la familia real. Habían sido indulgentes consigo mismos, depravados, ansiando el poder y fomentándolo, alentando los peores rasgos de su especie en vez de tratar de convertirse en algo diferente. Brodrick disfrutaba matando. Y se rodeaba de hombres como él.
    La lluvia familiar se sentía como un seductor desconocido, burlando sus sentidos, recorriendo el valle entre sus senos y bajando por su vientre hasta la unión entre sus piernas. Extrañamente excitada por la sensación, Solange levantó la cara hacia la lluvia, captando algunas gotas en su boca, permitiendo que bajaran por su garganta para aliviar el dolor. No había alivio para el dolor entre sus piernas.
    Colores tan brillantes como el sol se arremolinaban frente a sus ojos, casi cegándola. Cada emoción estaba exagerada mil veces. Humillación. Vergüenza. Pesar. Furia. Un terrible hambre sexual, cruda y volátil, un deseo que nunca había experimentado. La lluvia goteaba de las puntas de sus senos, ahora tensos, floreciendo en duros picos gemelos. Miró hacia su propio cuerpo y las lágrimas ardieron detrás de sus ojos.
    Esta necesidad, este deseo era más fuerte que cualquier celo que alguna vez hubiera experimentado. Tomó aliento y recuperó su cordura. La pasión no sólo afectaba a su cuerpo, cada una de sus partes, corazón y alma, parecía sentir un deseo abrumador de estar con él. Compañeros. Había visto la devoción que el compañero de su prima Juliette mostraba hacia ella. Él prestaba atención a la más mínima cosa, parecía completamente enfocado en ella en cada momento… y esa clase de concentración haría que Solange enloqueciera. Llevaba sola demasiado tiempo. Pasaba semanas sin ver o hablar con otra persona. ¿Cómo le iba a ser posible mantener una relación? No sabía cómo. Ella no sabía nada acerca de compartir su vida o… o cualquier otra cosa.
    Aterrorizada apenas podía respirar, sus pulmones ardían por la falta de aire. Nunca podría ir hacia él. Nunca. Apenas había un lugar en su cuerpo que no estuviera lleno de cicatrices. No tenía piel suave que ofrecerle, ningún aspecto suave en la mujer angulosa que se había convertido en poco más que una máquina de luchar. La mujer del sueño había sido una ilusión. MaryAnn, la compañera de Manolito, era lo más cercano a una amiga que tenía, e incluso MaryAnn la había regañado por su cabello agreste y su falta de feminidad. Había fingido que no le importaba no ser femenina, y por aquel entonces no le importaba. Pero ahora… ahora que él estaba en su vida, ahora que él había venido, este hombre entre hombres, este guerrero que era claramente superior al resto…
    Gimió y se presionó los puños contra los ojos. No era una mujer que llorase. O ansiara a un hombre. O lo necesitara. Pero en cierta forma, en el transcurso de los últimos meses todo eso había cambiado. Ella había cambiado… llevada hasta el borde de la destrucción por el horror interminable de la vida que había escogido. No había habido respiro… excepto él. El Carpato. Su Carpato.
    Inspiró profundamente y en silencio admitió que necesitaba al Carpato, aunque fuera sólo para compartir sus últimos días. Él nunca se acobardaría ante lo que percibía como su deber ante su gente, no más de lo que lo haría ella. Esto era un tremendo lío y llegaba en el peor momento posible. Finalmente había encontrado a Brodrick. Sabía dónde estaba, pero también sabía que no se quedaría allí demasiado tiempo. Y normalmente viajaba con sus soldados más violentos.
    A su alrededor el aire se detuvo. Todo ruido cesó en el bosque. Su jaguar se quedó congelado, empujaba cerca de su piel como para protegerla. El vello de sus brazos se erizó y un escalofrío de miedo bajó por su columna vertebral. Los insectos inundaron la tierra, hormigas y escarabajos salieron en tropel, cubriéndolo todo a su paso. Los vio fluyendo como un río negro sobre los troncos caídos, moviéndose hacia ella. En lo alto, el cielo se llenó de murciélagos que se movían rápido a través de la canopia, una siniestra nube oscura, negros presagios de cosas por venir.
    Los vampiros se habían alzado. Se levantó rápidamente, dejando que el cambio la tomara. Los no muertos se alzarían hambrientos y buscando su presa. En su forma humana los atraería fácilmente. Su forma de jaguar podría introducirse en el dosel y esperar hasta que pasaran.
    Murciélagos. La voz del amante de sus sueños siseó la advertencia en su mente. Los no muertos se levantan.
    Ella ya había vuelto a los árboles, el jaguar había trepado por el recodo de una rama a lo alto, bajo un paraguas de hojas gruesas. Se quedó muy quieta.
    Tendrán hambre. Cambia y escóndete, alcanza una zona segura. Es arriesgado comunicarse así. Cualquier oleada de poder les alertará.
    Su cola se sacudía por el malestar. ¿Se creía que no sabía qué hacer? No era estúpida. Manolito y Riordan les habían enseñado a ella, a Juliette y a Jasmine cómo matar a un vampiro si era necesario. Recientemente, en las últimas semanas, su entrenamiento le había salvado la vida repetidas veces. Ante todo ella era una guerrera. Siempre. No se arriesgó a responder porque sabía que su Carpato tenía razón y los no muertos podrían sentir la oleada de poder que requería comunicarse telepáticamente. Probablemente podría hacerse sin que lo supieran, pero no era lo suficientemente experimentada, y Solange nunca corría riesgos innecesarios.
    Mantuvo la cabeza entre las patas y vació su mente mientras los murciélagos giraban y se zambullían en el aire, algunos capturando insectos voladores mientras los otros se ocupaban de la fruta en los árboles. Podía ver a otros gateando en la tierra en busca de presas de sangre caliente. Permaneció muy quieta, deteniendo incluso la punta de su cola hasta que, lentamente, los murciélagos se fueron a un nuevo territorio. Sólo entonces se levantó y se estiró a la manera lánguida de un felino.
    Tenía trabajo. Había tendido una trampa y sabía que Brodrick y sus hombres caerían en ella. Nunca esperarían que regresara. A estas alturas sabrían que estaba herida. Se creían a salvo de ella. Y Brodrick había formado una alianza inestable con los vampiros. Los no muertos podían controlar las mentes de los jaguares con sangre diluida e incluso con sangre pura, pero seguramente no de la de un miembro de la familia real. Mientras Brodrick obtuviera lo que quería de los vampiros, continuaría relacionándose con ellos. Era un pacto forjado en el infierno en cuanto a ella se refería. Brodrick estaba en proceso de destruir a cualquier jaguar incapaz de cambiar de forma. Los vampiros habían jurado ayudarlo a alcanzar su meta, así que él había accedido a ayudarlos a ellos.
    El enorme laboratorio construido por la sociedad humana, un grupo de gente dedicada a cazar y aniquilar vampiros, se utilizaba supuestamente sólo para investigación, pero ella había estado dentro y sabía que el edificio servía para propósitos muchos más demoníacos. Los enemigos eran atados y torturados allí. A menudo se llevaba allí a las mujeres jaguar para ser usadas por Brodrick y sus hombres. Pero el verdadero propósito del edificio era bastante más estrafalario. Ella había visto los bancos de ordenadores. Los vampiros no tenían la capacidad de sentarse durante horas ante un ordenador copilando información, pero tanto humanos como hombres jaguar podían hacerlo, y los vampiros necesitaban que llevaran a cabo para ellos la tarea de construir una base de datos de mujeres psíquicas en el mundo.
    Los hombres de Brodrick parecían encargarse de la mayor parte de los detalles y ella estaba segura de que compilaban una lista de personas, particularmente de mujeres que llevaban sangre jaguar. No había podido confirmarlo, pero a menudo se quedaba en las ramas de los árboles durante horas vigilando la instalación, ciertamente era un riesgo terrible, aunque uno que esperaba que produjera al menos una pieza de información importante.
    Segura ahora de que los vampiros habían continuado su búsqueda de sangre, Solange comenzó a abrirse paso de regreso hacia el acantilado sobre el río donde la mujer, Annabelle, se había lanzado desde las rocas antes de ser capturada de nuevo por los hombres que la perseguían. Trató de apartar de su mente el rostro de la mujer desesperada. Solange había cambiado de forma y gritado, se había expuesto a sí misma para detenerla, pero Annabelle estaba tan desesperada que se negó a correr el riesgo cuando los hombres empezaron a disparar sus armas contra Solange.
    El jaguar negó con la cabeza. Los muertos a menudo se levantaban para recriminarla. Algunas veces pensaba que podría ahogarse en sus gritos, en las terribles crueldades cometidas contra ellos. Solange sabía que el tráfico de humanos se había convertido en un problema grave en otros lugares, pero aquí, en su mundo, llegaba siglos sucediendo gracias a los líderes de su gente. Las mujeres eran objetos, nada más. Contenedores y posesiones. Los hombres poseían tales prerrogativas, creyéndose ellos mismos por encima de todas las leyes, incluso de las leyes de la decencia común. Las mujeres estaban ahí sólo para servir a sus brutales necesidades sexuales y darles niños.
    Solange caminó suavemente a lo largo del laberinto de ramas entrelazadas que formaban la carretera arbórea. Animales y aves, todavía acobardados por el paso del mal, tan sólo temblaron cuando ella pasó junto a ellos dirigiéndose hacia su destino. Se movía velozmente, había cubierto muchos kilómetros durante el día para llegar a su hogar de la infancia, y ahora tenía un largo camino de regreso. Era más rápido usar la canopia para viajar, pero algunas veces se vio forzada a bajar al suelo del bosque.
    La herida de su cadera se abrió, rezumando más sangre. No podía permitirse dejar ese olor en el aire. Con un resoplido de impaciencia, se abrió camino hacia uno de sus muchos alijos a lo largo del bosque. Profundamente metida en el interior de una jaula de raíces, había escondido una pequeña caja impermeable. Un juego de ropa, armas, munición, comida desecada, agua limpia y un botiquín la esperaban. Tenía que cambiarse y remendar la herida.
    En la selva tropical siempre era importante limpiar y cerrar una herida, aplicando una crema antibiótica… y ésta no era una excepción. Las infecciones eran incontrolables, fáciles de obtener y fácilmente mortales. Por regla general, ella era meticulosa con las heridas, y el hecho de que hubiera viajado hasta el lugar de la matanza de su familia sin cuidar de las laceraciones le decía bastante acerca de su estado mental. Necesitaba encontrar una salida o iba a morir pronto. No le quedaba nada que dar… y eso la avergonzaba.
    Cambió de nuevo a su forma de jaguar. Era más fácil manejar la profunda emoción que amenazaba su cordura cuándo estaba amortiguada por su animal, especialmente ante la constatación de que no habría fin para las depravaciones de Brodrick. Había tan pocas mujeres en la selva tropical, ni siquiera viviendo en sus bordes, que Brodrick había recurrido a usar la base de datos de los vampiros para encontrar mujeres jaguar en otros países. Las secuestraba y las traía hasta él. Así fue como trajeron a Annabelle. Su marido era humano, por lo que Solange había entendido, pero eso no había detenido a los hombres que Brodrick había contratado para secuestrarla.
    La sociedad humana estaba en buenos términos con Brodrick, aunque Solange había notado que todos los hombres que protegían el laboratorio le tenían miedo. Como debía ser. Brodrick era tan cruel y depravado como cualquier vampiro e igual de astuto. Conocía el bosque pluvial, era su territorio natal. Su reputación había aumentado con los años, y a estas alturas él sabría que había una cambiaformas hembra de pura sangre haciendo estragos en sus planes. Él despreciaba la desobediencia y sus castigos eran rápidos y brutales. Exigía sumisión completa, especialmente de una hembra. La quería viva… una ventaja para ella. Los varones con que se encontrara se veían obstaculizados por su intención de llevársela a Brodrick todavía respirando.
    Se apresuró ahora, trotando ocasionalmente. Quemarían el cuerpo del hombre jaguar al que había matado esta noche para mantener oculta su presencia. Querrían que el cuerpo de Annabelle ardiera igualmente. Con un poco de suerte, Brodrick estaría allí para dirigir la operación personalmente, pero en caso de no ser así, ella lograría enviarle otro cuerpo o dos y él se quedaría para cazarla. Brodrick nunca podría aceptar una bofetada en la cara como ésa de una hembra. Removería cielo y tierra para encontrarla. Ella se lo permitiría y lo mataría. Esperaba morir, pero no sola. Libraría al resto de mujeres jaguar de tan malvada presencia aunque significara pagarlo con su muerte.
    Podía oír el rumor del río y se tumbó sobre el vientre, escuchando, inhalando el aire por la nariz, buscando también señales en los animales. Olfateó la presencia de al menos dos machos, hombres jaguar, pero no en sus formas animales. Sus sentidos estarían un poco más embotados, su audición menos aguda. Los rodeó por el sur hasta que alcanzó otro de sus pequeños escondites, otra vez protegido de los elementos por las raíces de un árbol. Esta caja era más larga y contenía sus armas cuidadosamente limpias y abundante munición. Cambió de forma y se vistió rápidamente, se colgó un cuchillo, una ballesta, flechas adicionales y su rifle. No era la mejor con una pistola, aunque tampoco mala, pero a distancia era condenadamente buena disparando tanto con rifle como con ballesta.
    Atravesó el bosque guiándose por las huellas de los animales. Tenía la ventaja de ser pequeña y compacta, lo que le permitía meterse en espacios donde los machos jaguar, más grandes, no podían ir para captar su olor. Gateó sobre sus manos y sus rodillas parte del tiempo y otras veces se deslizó sobre su vientre hasta llegar al sitio que había escogido para su ataque.
    Echó una buena mirada a su alrededor, olfateando el aire antes de trepar al árbol. Era bastante más difícil pasar a medio humana, medio felino, pero había usado la técnica a menudo a lo largo de los años, así podía ascender a la canopia rápidamente, incluso acarreando las armas y las ropas que pudiera necesitar.
    Se acomodó en un recodo del árbol escuchando los sonidos que llegaban desde la orilla del río. Un motón de juramentos. Refunfuños. Entornó los ojos, mirando con atención a través de las hojas para examinar las rocas. Desde ese ángulo no podía ver ningún cuerpo. Tenían que haberlo movido, o quizá el cuerpo se había desprendido de las rocas hasta el agua y había sido arrastrado corriente abajo. Evidentemente esa fue la conclusión a la que llegaron los dos hombres.
    – Deberías haberla remolcado hasta la orilla, Kevin -se quejó uno.
    Ella reconoció al que hablaba. Le había herido. Tenía la esperanza haber hecho un mejor trabajo, pero ya caminaba por su propio pie.
    – Estaba demasiado ocupado arrastrando tu culo de regreso al laboratorio para detener la hemorragia. Habrías muerto aquí afuera si no lo hubiera hecho, Brad -replicó Kevin.
    Los hombres jaguar tenían fama de mal carácter. Ni uno ni otro querían seguir el río durante kilómetros con la esperanza de encontrar el cuerpo, pero no tenían elección. Era una ley con la que todos vivían, destruir toda prueba de su especie. Los dos hombres anduvieron mirando por la orilla y luego expresaron, casi simultáneamente, su evidente repugnancia. Solange se mordió los labios con fuerza, furiosa porque se mostrasen tan irrespetuosos con la mujer a la que tan brutalmente habían usado… la mujer a la que habían llevado al suicidio. Puso el rifle en su hombro, tomó aliento, apoyó el dedo en el gatillo y colocó a Kevin directamente en su punto de mira.
    Siempre había un momento en que se preguntaba si podría hacer esto, si vacilaría y los alertaría de su presencia, permitiéndoles matarla primero. Nunca sería capturada viva. Había rescatado a demasiadas mujeres y visto de cerca lo que les hacían a sus víctimas y nunca se permitiría caer en sus manos. Jasmine, su prima, fue capturada por estos mismos hombres. Solange los detestaba. Merecían morir. Cada uno de ellos había cometido asesinatos, matando a hombres, mujeres y niños. Incluso… Sintió que ese horrible momento se extendía frente a ella. ¿Podía hacerlo de nuevo? ¿Cuánto de sí misma perdería aunque fuera por justicia? El coste de tomar vidas se había vuelto tan elevado que ya no tenía la seguridad de estar dispuesta a pagarlo.
    Apretó el gatillo. Kevin cayó y el sonido del disparo reverberó a través del bosque mientras el cuerpo se encogía lentamente, con un agujero en la parte de atrás de la cabeza. Brad giró en redondo, saltando en el aire mientras intentaba localizar la fuente del sonido incluso mientras ella hacía el segundo disparo. La bala le dio en el hombro, haciéndole girar mientras empezaba su caída desde el borde del acantilado al río rugiente de abajo. Se movió en el aire, intentando frenéticamente rasgar sus ropas mientras caía en picado en el agua agitada.
    La bilis se agitó en el estómago de Solange, subiendo hasta su garganta mientras se secaba el sudor de la cara. El segundo hombre probablemente vivía, pero estaría fuera de combate por algún tiempo. Tendría que cazarlo más tarde. Y ya nunca podría mantener bajo vigilancia a otro cuerpo de nuevo: estarían esperándola. Ya estaba guardando automáticamente las armas para el descenso, temblando todo el tiempo pero moviéndose a base de pura experiencia y reflejo. Tenía que moverse rápido y salir de la zona. Brodrick viajaba con un grupo de guerreros y ella no estaba de ningún modo en condiciones de esquivarlos. El sonido viajaba en la noche y habrían oído los disparos.
    Un pájaro chilló. Ella saltó de la rama, con la mano extendida, atrapando las gruesas y nudosas lianas que colgaban de todos los árboles y meciéndose con fuerza, usando su impulso hacia adelante para conducirse hacia la siguiente liana. Sus brazos casi se dislocaron cuando arrojó su cuerpo a través del espacio abierto hacia el siguiente árbol. Logró lanzarse sobre una rama, cambiando su peso para permitirse un mejor salto hacia las lianas que colgaban entre los siguientes dos árboles.
    Miró por encima del hombro mientras saltaba y vio el enorme jaguar negro corriendo por las ramas del árbol que acababa de dejar. Su corazón golpeó con fuerza en su pecho, sacando el aliento de sus pulmones. Brodrick el Terrible. Por un momento fue una niña aterrorizado otra vez. La niña de ocho años con su familia muerta a su alrededor y el hombre, imponente, que la miraba con ojos planos, yermos, empujando la punta del cuchillo contra su piel para provocar a su felino y que se revelara.
    No cedas al pánico, se regañó a sí misma, forzando a su cerebro a trabajar mientras se movía entre los árboles. Cambió de trayectoria sutilmente, siempre un paso por delante de ese feroz y enojado felino. Él era demasiado pesado para usar las lianas, se veía forzado a ir saltando por las ramas. Su ventaja era el aire y ella iba por los árboles sin ramas entrelazadas, obligándolo a ralentizar su persecución, haciéndolo bajar al suelo del bosque para seguir su avance. Debajo de ella, estaba enfurecido, corriendo, gruñendo, su rugido llenaba la noche.
    Después de esa primera sacudida inicial, Solange mantuvo su terror bajo control. Conocía esta parte de la selva, probablemente mejor que Brodrick. Él no tenía ni idea de que ella era su hija, la que pensaba que había asesinado y descartado como si fuera basura tiempo atrás. Tenía alguna ventaja si mantenía la calma. Atrapó la liana que la haría pasar al árbol más cercano al caudaloso río. Crecido por la lluvia interminable, el agua inundaba ambas orillas, se agitaba y rodaba entre las rocas, creando una serie de rápidos. Se movió a través de los árboles sobrevolando el río.
    Brodrick rugió otra vez y brincó hacia la gruesa liana justo cuando ella la asía, para avanzar balanceando la cuerda vegetal hacia su destino. Solange sintió el tirón y el corazón le saltó a la garganta. Su cuerpo se estrelló contra la rama con fuerza, sus manos trataron desesperadamente de agarrarla. Falló con la izquierda pero su derecha atrapó firmemente la nudosa rama. Logró agarrarse con la izquierda y mantenerse en movimiento, usando su peso como un péndulo para mecerse a sí misma sobre la rama.
    Corrió a lo largo de las ramas, encajando una flecha en la ballesta. Brodrick trepó precipitadamente por el tronco y aterrizó detrás de ella, con suficiente fuerza como para sacudir el árbol. Lo enfrentó y se mantuvo firme, mirando dentro de esos malvados ojos amarillos. Él se la quedó mirando, inmóvil, agazapado, preparado para abalanzarse. Ella sintió la atracción de su hipnótico poder, aquella mirada abrasadora sobre sí, marcándola como presa.
    Sostuvo la ballesta apoyada en la cadera, apuntándola con soltura y lo miró fijamente a los ojos. Dejó que viera su repugnancia. Lo despreciaba. No le tenía ningún respeto. No cedería ante este monstruo. Y no le temería. Nunca volvería a demostrar miedo ante él. Los labios de Brodrick se retrajeron ante su insubordinación. Hombres jaguar adultos y combatientes experimentados reconocían su superioridad, pero allí estaba ella, una humilde mujer sosteniéndole la mirada, sin apartarla, atreviéndose a desafiar su autoridad.
    Solange se aseguró de que pudiera ver su desdén. Su desafío. Su completa repugnancia ante todo lo que representaba. Mofándose de él. Lo conocía. Lo había estudiado. Exigía completa reverencia, y la obtenía por medio de la crueldad y la intimidación. Todos debían inclinarse ante él, especialmente las mujeres. Odiaba a las mujeres que llevaban vida en sus cuerpos pero se negaban a seguir su voluntad. Habían sido puestas en esta tierra para servir a los hombres, para ser usadas de cualquier manera que los hombres creyeran conveniente, y aún así ellas huían de la selva tropical y de su autoridad para encontrar machos humanos. Las despreciaba, eso era una bofetada en su cara. En cada oportunidad que se le presentaba, las castigaba de manera brutal y degradante. Solange sabía que su desafío lo enfurecería y quería que estuviera furioso.
    Se miraron fijamente durante un buen rato, ninguno parpadeaba. Observó la fuerza en la contracción de sus músculos, en la violencia desnuda de su mirada.
    – Cuánto tiempo sin verte… padre. -Solange escupió la palabra.
    El jaguar se quedó inmóvil, con los músculos poniéndose rígidos. Había desviado su ataque. Le mantuvo la mirada, en un juego de vida o muerte.
    – Quieres sangre real. ¿Soy la única a la que no has logrado destruir?
    Vio su vacilación, su perplejidad. Quería una hembra cambiaformas de sangre pura, pero ¿de dónde había salido ella? ¿Y con sangre real? Entre todos los cientos de niñas que había destruido, no recordaría a una. Querría mantenerla con vida. Sabía que era una cambiaformas y que era rápida para transformarse. Quedaban tan pocas mujeres que pudieran hacerlo.
    Esperó pacientemente, respirando. Inhalando. Exhalando. Esperando a que escuchara lo que le había dicho. No sólo sangre pura. Sangre real. Observó el momento en el que lo comprendió. Padre. Real. Sí, había caído en la cuenta. Negó con la cabeza, claramente conmocionado, con la mirada fija en su rostro.
    Ella le enseñó los dientes.
    – ¿No vas a darme la bienvenida a casa… papi?
    Era una provocación. Un reto. Una hembra desafiándolo.
    Él gruñó y comenzó a cambiar, como ella sabía que haría. Tenía sólo unos segundos. Era rápido, más rápido de lo que había imaginado que pudiera ser. Levantó la ballesta y disparó una flecha directamente hacia su garganta en transformación. Girándose, dio un brinco hacia el próximo árbol, moviéndose con rapidez, sabiendo que si no lo había matado, iría tras ella.
    Escuchó el rugido, pudo ver las salpicaduras de sangre sobre las hojas a su alrededor y siguió adelante. El jaguar estaba furioso, y un felino herido era doblemente peligroso. Algo grande chocó contra el árbol detrás de ella y lo sacudió entero, casi haciendo que se soltara. Precariamente, se arrojó hacia la siguiente rama, trepando a lo largo de su inestable longitud. Ranas arbóreas saltaron fuera de su camino. Una lagartija surgió debajo de unas hojas y salió corriendo. Ella captó el movimiento por el rabillo del ojo pero no se detuvo, saltando hacia el siguiente árbol, aterrizando en cuclillas para girarse rápidamente y lanzar una segunda flecha.
    El jaguar negro se veía espantoso, todo dientes, con sangre corriéndole por el cuello hasta el amplio pecho. Allí, en la oscuridad, sus ojos tenían un brillo rojizo, fijos en ella, coléricos y decididos; aplanó las orejas al ver la ballesta cargada. La flecha le dio en la parte alta del hombro y rugió su ira, el sonido reverberó a través de la selva.
    Los pájaros chillaban, salían volando desde la copa de los árboles a pesar de la oscuridad, elevándose al cielo para evitar la venganza del enfurecido jaguar. Solange tenía la suficiente experiencia como para saber mejor que la mayoría con cuánta fuerza podía golpear el gran gato, y cuando Brodrick saltó hacia ella, se tiró en picado hacia el siguiente árbol. Sus manos no alcanzaron a sujetarse y el corazón le dio un vuelco. Una rama delgada golpeó contra sus brazos extendidos. Escuchó un crack, pero se agarró por pura desesperación. Sus dedos se cerraron alrededor de la ramita mientras el jaguar aterrizaba pesadamente sobre su espalda, rasgándole la carne con sus garras.
    Sintió el aliento caliente sobre su cuello cuando el jaguar intentó morderla en el hombro. La rama se rompió y cayeron juntos. Solange trató de girar lo suficiente como para encajar la ballesta contra un flanco del jadeante felino, pero fue imposible. Su columna era demasiado flexible y giraba con ella, evitando que se librara de él. El cuerpo de Solange golpeó contra una rama y la rompió por la mitad, lo que envió al pesado jaguar de un bandazo contra el tronco y finalmente lo apartó de encima de ella.
    Solange miró hacia abajo, a las aguas revueltas y luego hacia arriba, al jaguar que se recuperaba, preparándose para volver a saltar. Dio un salto mortal, lanzándose de cabeza desde la rama a las aguas embravecidas. El bramido del jaguar la siguió en su caída. Trató de entrar al agua en línea recta, con los pies por delante. El impacto del frío sobre su cuerpo fue sobrecogedor cuando las aguas oscuras se cerraron sobre su cabeza, lanzándola dando volteretas río abajo. Dio vueltas una y otra vez, le ardían los pulmones. Perdió el rifle y la ballesta de inmediato, las armas le fueron arrancadas de las manos cuando la atrapó la corriente feroz.
    Exhausta, con el cuerpo entumecido, Solange luchó por salir a la superficie a tomar una bocanada de aire antes de que la corriente la sumergiera otra vez. Recogió las piernas contra el pecho e intentó sobrellevarlo, sin luchar contra el ímpetu de la corriente, dejando simplemente que la fuerza del río la llevara lejos de su enemigo. Tenía que tomar aire cuando podía, y se golpeó dos veces contra las rocas. Su superficie era demasiado resbaladiza como para sujetarse a ellas, así que fue girando río abajo otra vez.
    En la profunda oscuridad vislumbró un jaguar de color tostado tendido sobre la orilla, extendido cuan largo era; pasó tan rápido junto a él que no pudo distinguir si estaba vivo o muerto. Intentó permanecer en silencio, suprimir sus resuellos en busca de aire, los sollozos que intentaban escapársele cuando le ardían los pulmones. Estaba tan exhausta que comenzaba a hacérsele difícil mover los brazos o tratar de mantener el cuerpo derecho, los pies delante de sí. No podía ver las rocas hasta que estaba sobre ellas, y no tenía oportunidad de arrastrarse fuera del agua.
    Durante sólo un momento se le ocurrió dejar que el agua se la llevara. Estaba cansada de luchar y tenía el cuerpo magullado y lleno de cardenales. Apenas podía mover los brazos, menos aún encontrar la fuerza necesaria para arrastrarse fuera del agua. Y sangraba por varias heridas punzantes y mordeduras. No podía nadar, no podía ver, y las ropas le pesaban arrastrándola hacia el fondo. Podría simplemente dejarse ir… pero estaba el problema de su Carpato.
    El agua la lanzó alrededor de una curva y algo grande apareció frente a ella. El corazón le dio un vuelco. Un árbol caído yacía atravesado parcialmente sobre el río, con las ramas extendiéndose en todas direcciones. Si no se mataba al golpearse la cabeza contra el tronco, podría tener una oportunidad. Volvió a tomar control sobre sí misma mientras se acercaba a las ramas extendidas. El impacto fue más fuerte de lo que esperaba, la madera maciza le comprimió las rodillas contra el pecho, arrebatándole la pequeña cantidad de aire que tenía en los pulmones. Cuando el río la arrastró hacia el fondo, extendió las manos hacia arriba y consiguió enganchar el brazo alrededor de una rama. Elevando una silenciosa plegaria por que fuera lo suficientemente fuerte para aguantarla contra del arrastre del agua, hizo acopio de fuerzas para el próximo paso.
    Antes de que pudiera arrastrarse sobre las ramas, escuchó un ruido escalofriante. Apenas captó el sonido por encima del estruendo del río y sus propios latidos atronándole en la cabeza, pero era una voz característica, una mezcla de gruñido y vocales humanas. Por un terrible momento casi perdió el agarre sobre la rama, conmocionada al no encontrarse sola y porque la voz era definitivamente jaguar. Temblando continuamente, se mantuvo quieta, intentando no dejar escapar su aliento irregular.
    – No puede estar viva -gruñó la voz mientras se acercaba-. Se ha vuelto loco.
    Solange intentó meterse entre la maraña de ramas. No quería dejarse ir. Sabía que se ahogaría. Mientras avanzaba muy lentamente dentro del laberinto de ramas, su espinilla golpeó contra un grueso tronco bajo la línea del agua y rápidamente envolvió las piernas a su alrededor. Tenía que soltarse del agarre mortal que tenía sobre la rama más alta. Era aterrador siquiera considerar tal locura, y le costó varios segundos obligarse a sí misma a dejar que sus dedos resbalaran a lo largo de la rama, para que su cuerpo no estuviera tendido a plena vista. Cerró los ojos y se relajó, usando cada poquito de fuerza que tenía para sujetarse con las piernas.
    La corriente la arrastraba, con una fuerza poderosa que intentaba librarla de su agarre para llevársela a toda velocidad río abajo. Pero se resistió, acercando de nuevo lentamente la parte superior del cuerpo contra las piernas. Apartó las hojas y pequeñas ramitas con las puntas de los dedos. Se esforzó con ahínco y consiguió entrelazar los dedos alrededor de la rama, bajo el agua. Luchando por respirar sin hacer ruido, intentó permanecer en calma. Estaba en una posición precaria, agotadas sus fuerzas. El árbol se sacudió y supo que algo pesado había saltado encima. Los latidos de su corazón atronaban más fuerte que el estruendo del río.
    – Recibió dos flechazos -dijo una segunda voz-. Si regresamos sin ella, es probable que nos mate a ambos.
    – Quizás deberíamos largarnos durante una temporada, ir a investigar río abajo y no regresar por unos días. Va a enviar a esos guardias holgazanes a registrar la ribera y descargará en ellos su frustración.
    – Ella mató a Kevin.
    Solange cerró los ojos e intentó no temblar. Estaba justo encima de ella, en su forma humana, pero olía a gato mojado. Se preguntó si ella olía de la misma manera. Probablemente más bien como una rata ahogada.
    – Ha matado a muchos de nosotros, Brett -continuó la segunda voz desde la orilla-. Y si no la atrapamos, matará a unos cuantos más.
    – Sí -respondió Brett con un pequeño suspiro-. Ya me di cuenta de eso.
    – Brad está hecho un desastre. Apenas pudo arrastrarse de regreso al laboratorio. Dijo que Brodrick los utilizó como carnada. Se le ocurrió que la mujer podría intentar ir a por ellos cuando volvieran a quemar los cuerpos, pero Brodrick no les advirtió a ninguno de los dos que ella podría tenderles una emboscada.
    – Brodrick está loco -dijo Brett por lo bajo.
    – ¿Qué? -siseó la otra voz en un leve hálito de miedo.
    – No va a descansar hasta encontrarla, o hasta encontrar su cuerpo, Steve -dijo Brett-. Está obsesionado.
    Steve se acercó, parándose sobre el enorme árbol caído. Solange sintió la vibración bajo el agua. Ahora temblaba de forma continua. Si no se alejaban pronto, perdería la capacidad de sostenerse en las ramas. Ya no podía sentir los dedos, sin embargo el cuchillo era un peso reconfortante en su costado, aunque no pudiera llegar a empuñarlo.
    – Esto solía ser divertido. Podíamos tener todas las mujeres que queríamos, de cualquier manera que las quisiéramos -dijo Steve-. Será difícil encontrar otro lugar donde podamos hacer lo que se nos antoje, donde podamos tomar a quien queramos. Pero tal vez deberíamos irnos, Brett. Largarnos de aquí. Podríamos ir a Costa Rica, o algún otro lugar.
    Brett caminó hacia Steve, pisando con cuidado sobre el tronco del árbol. Solange contuvo el aliento. Estaba justo encima de ella. Podía olerlo. El oscuro pelaje que se encontraba justo por debajo de la piel, su violencia y depravación.
    – No me importaría marcharme, pero si lo hacemos, me gustaría encontrar a esa pequeña dulce virgen que tuvimos. Podríamos llevárnosla con nosotros para acompañarnos durante las noches -se rió suavemente-. Era una pequeña luchadora.
    – Toda garras y dientes -agregó Steve-. Sí… yo tampoco me la puedo sacar de la cabeza, pero no hay modo de acercársele. Brodrick dice que está bajo la protección de los hermanos De La Cruz. Nunca conseguiríamos aproximarnos a ella. -Había especulación en su voz.
    – Intentarlo sería un suicidio, probablemente -estuvo de acuerdo Brett-. Su miedo me espoleaba. Aquello era tan excitante. Me pongo duro de solo pensar en ella.
    – Estás duro todo el tiempo -Steve se rió entre dientes.
    Solange sabía exactamente de quién estaban hablando. Su prima Jasmine había sido tomada prisionera por los hombres jaguar. Solange y Juliette se las habían arreglado para rescatarla, con la ayuda de Riordan. El rescate casi le había costado la vida a Juliette. Riordan había convertido a Juliette en Carpato para salvarla. Pero habían llegado muy tarde para mantener a Jasmine fuera del alcance de los hombres jaguar y había quedado embarazada.
    Solange apretó los dientes intentando evitar que le castañetearan. La furia tomó el lugar del agotamiento. Quería salir fuera del agua y clavar el cuchillo en la garganta de Brett. Recordó el rostro de Jasmine, golpeado y lleno de moratones, los ojos muy abiertos por la conmoción. Nunca más sería aquella chica despreocupada. Ahora existían sombras donde antes sólo había habido luz. El odio vivía y respiraba en Solange y detestaba encontrarse débil e indefensa, encogida en el río desbordado, aferrándose como una cría a las ramas del árbol. Pero estaba herida y exhausta. Le era imposible luchar contra ninguno de los dos hombres en ese momento, menos aún con ambos a la vez.
    Steve saltó del árbol de vuelta a la orilla.
    – Yo digo que nos larguemos antes de que Brodrick nos mate a todos. No puedo soportar a los estúpidos humanos con los que trabaja.
    – Han encontrado mujeres para nosotros -dijo Brett. Siguió a Steve, aterrizando agazapado sobre la orilla, con la mirada perdida sobre el río-. Deberíamos encontrar una pequeña isla que nadie conozca y comenzar una colección. Podríamos adiestrarlas para hacer lo que sea que quisiéramos.
    Steve se relamió.
    – Esclavas sexuales. Brodrick tenía una habitación llena de ellas hasta que se volvió tan brutal que las fue matando una a una. Maldito maníaco. Me pasé un montón de tiempo con sus pequeñas esclavas.
    – ¿No le importó?
    Steve negó con la cabeza.
    – No le importaba un comino. Le gustaba mirar, especialmente si les hacía daño. Causarles dolor le vuelve loco.
    Brett sonrió.
    – A mí también.
    Steve se rió.
    – Eres un completo desquiciado.
    – No oí que te quejaras cuando estábamos compartiendo a esa caliente zorrita.
    – Demonios, no me importa si te gusta marcarlas. Todo lo que me importa es follármelas. -Se cogió obscenamente la ingle-. Es para lo único que están aquí.
    – Ahí es donde se equivoca Brodrick. Quiere cachorros. Olvídalo -gruñó Brett-. Úsalas y abusa de ellas. La mitad de la diversión está en encontrarlas, acecharlas y sacarlas de sus intrascendentes vidas seguras. Me encanta ver a una mujer bailando en un bar, sabiendo que puedo llevármela en cualquier momento que quiera y justo delante de las narices de quienquiera que ella ame. Puedo matar a su novio, a su amante o a su marido y tomarla ahí mismo al lado del cuerpo.
    Expuso otra amplia sonrisa.
    – Es aún mejor cuando obligo al hombre a mirar. Me gusta hacer que la perra me ruegue que la tome de cada manera posible justo enfrente de él, mostrarle lo completamente inútil que es y mostrarle a él que ella es una puta.
    – Estás muy jodido. -Steve bufó de risa.
    – Salgamos disparados de aquí -dijo Brett-. Muy lejos de este lugar. Pero te digo, Steve, que quiero a esa chiquita. La quiero en nuestra colección.
    Jasmine. Solange sintió las lágrimas aflorando en sus ojos y reprimió con firmeza sus emociones. No podía darse el lujo de sentirlas. De alguna manera encontraría la energía necesaria para cazar a esos dos. Cualquiera que amenazara a su prima, iba a morir. Era sólo cuestión de tiempo. Pero estaba tan cansada. Hizo a un lado, implacable, el cansancio que sentía.
    Tenía momentos de debilidad, eso le estaba permitido. Sentir lástima, no. Había escogido esta vida. Se había entrenado para eso. Sabía que no habría vuelta atrás una vez que se hubiera puesto en camino. Había demasiada maldad y no podía ser ignorada. Las leyes de la civilización aún no habían llegado a la selva tropical, y hasta que lo hicieran, había sólo unos pocos que se mantuvieran de pie entre los depredadores y sus presas.
    Las voces se apagaron en la noche. Esperó tanto tiempo como se atrevió, y luego comenzó a intentar desplazarse hacia la ribera. Otra vez,temió soltarse de su asidero, pero estaría en una mejor posición para trepar entre la masa de ramas debajo del agua si pudiera lograr mover su cuerpo, que sentía pesado como el plomo.
    Aflojó primero la mano, flexionando los dedos bajo el agua antes de extenderlos hasta una de las ramas justo sobre la superficie. Se agarró firmemente de la rama y dejó de agarrarse con la otra mano. Muy lentamente contó hasta tres, reuniendo cada poquito de fuerza que le quedaba. Dejó de sujetarse con las piernas y pataleó con fuerza para propulsarse hacia arriba. A duras penas sacó la cabeza y el torso completamente fuera del agua para tenderse sobre el lecho de ramas.
    No tenía idea de cuánto tiempo estuvo allí tendida, pero aparte del constante estruendo del río, la selva se encontraba en silencio. Para cuando fue capaz de encontrar las fuerzas necesarias para levantar de nuevo la cabeza y arrastrarse el resto del camino sobre el laberinto de ramas hasta la solidez del tronco, los insectos zumbaban otra vez, las ranas croaban y la lluvia había amainado hasta ser una fina llovizna plateada.

Capítulo 5

    Cuando me encuentras,
    Me completas
    Me devuelves a la vida nuevamente.
    De Dominic para Solange

    Dominic observó lentamente a los cuatro vampiros que les rodeaban. Decir que era muy extraño que tantos no-muertos se reunieran sería ponerlo muy suavemente. Aun quedaba la cuestión de la adulación de Drago. Dominic no hizo mucho más que mirar a Zacarías, pero el otro Carpato tenía nervios de acero. Podía sentir el hambre vertiéndose de los vampiros. Se habían levantado con un apetitos voraz y él suponía que los humanos del laboratorio estaban estrictamente fuera de los límites, si querían mantener la fachada de que estaban ayudando a perseguir y matar vampiros, se suponía que los Carpatos eran los vampiros. Eso significaba que Zacarías sería comida para todos ellos.
    Drago hizo una mueca.
    – Creo que estás superado en número.
    Dominic enarcó sus cejas.
    – ¿En serio? -Flexionó sus hombros-. El premio es mío. Le reclamo y nadie, absolutamente nadie lo alejará de mí.
    Un gruñido se alzó entorno al círculo. Dominic les proporcionó un poco de espacio, sobre todo para que él y Zacarías pudieran luchar espalda con espalda. Normalmente Dominic habría preferido golpear sin ningún tipo de juego previo, pero sospechaba que había otro vampiro que aún no se había unido a la fiesta, lo cual significa continuar con su actuación de vampiro indignado.
    – ¿Crees que viajando con esta manada me intimidas Drago? Éste -Dominic señaló al vampiro de baja estatura con quien se había encontrado en los campos de batalla-, es un gusano, arrastrándose sobre el vientre en todas las batallas. No te será de ninguna utilidad. -Su voz estaba llena de desprecio-. Y luego está ése. -Dominic indicó al mejor vestido del grupo. Era más alto y más musculoso, incluso todavía mantenía limpia su forma, los dientes aserrados apenas estaban ennegrecidos-. Jason, un petimetre que prefiere la ropa de colores en vez de hacer el trabajo. Me diviertes, Drago, con tu elección de guerreros. No puedes luchar tú mismo y no tienes buen ojo para los que te ayudarán en la batalla.
    Se alzó un murmullo de protesta, pero ninguno de ellos se atrevió a atacar, no sin permiso, y no cuando Dominic parecía tan confiado. Una explosión de saliva brotó de la boca de Drago cuando gritó una protesta. Su mano se aferraba fuertemente a algo en su cadera, las uñas afiladas y puntiagudas se clavaban profundamente en lo que había estado acariciando.
    El hombre que surgió de las sombras era alto, con hombros anchos y largo cabello ondulado, con la piel sin defectos y su ropa inmaculada. Sus oscuros ojos se fijaron en Dominic por un breve instante, se deslizaron sobre Zacarías y luego volvió a Dominic. La imponente figura de poder, claramente un maestro, no era uno de los hermanos Malinov. De alguna manera, contra todos los pronósticos, los hermanos unidos habían logrado reclutar a un gran maestro.
    Demyan, del linaje Tiranul. Hermano de Dimitri. Pensamos que había muerto hacía años. Dominic identificó al maestro avisando a Zacarías. Crecimos con él. Es un maestro en la batalla.
    Las nuevas emociones eran difíciles de controlar, había sido amigo de Demyan. Viajaron juntos durante un tiempo, luchando contra el enemigo, matando a cualquier vampiro con el que se encontraran. El dolor lo llenó, intenso, sacudiéndolo por un momento. La familia Tiranul había sido famosa como maestros de la espada, y estaba seguro de que Demyan nunca renunciaría a su amor por la hoja. Los no-muertos inclinaron la cabeza.
    – Veo que estás disfrazado y estos imbéciles no te reconocieron. -La voz era hipnotizadora. Su tono bajo.
    Dominic había olvidado el poder en esa cautivadora voz. Cambió sus rasgos ocultando toda cicatriz de forma que se pareciera al que Demyan recordaba. Dominic sabía que había sido un hombre guapo en todos los sentidos, mucho antes de que se hubiera quemado en la lucha para salvar al príncipe. Permitió que su cabello largo y negro fluyera limpiamente por la espalda en una cola de caballo, atado con el cordón de cuero fino, siempre un arma si uno la necesita.
    – Mucho mejor. Dominic Buscador de Dragones.
    Dominic inclinó la cabeza con aire regio.
    – Estos… -Movió la mano en un círculo despectivo para indicar a los vampiros que lo rodeaban. No se molestó en mirar a los ofensores, su gesto y el tono de voz lo decía todo-. Interrumpieron mi noche.
    – Tontos de ellos. Pero bueno, no les has permitido saber quién eres realmente.
    Dominic se encogió de hombros.
    – No considero que mi identidad sea necesaria para intimidar a los de su calaña.
    Drago gruñó, pero cedió cuando Demyan le lanzó una fría mirada.
    – No he oído la noticia de que uno de los Buscadores de Dragones se hubiera unido a nuestras filas y eso sería una gran noticia, pero tu sangre llama a la mía.
    Dominic le envió una sonrisa enigmática.
    – Puedo caminar entre los Carpatos, sin temor a sus sospechas. Es útil, aunque a veces tedioso. Éste -indicó a Zacarías, con un gesto indolente- reconoció mis intenciones antes de que pudiera matarlo. -Inhaló profundamente, aspiró el tentador aroma de la poderosa sangre en sus pulmones, y lanzó a Zacarías una sonrisa satisfecha, permitiéndose, sólo por un pocos segundos, mostrar en sus ojos el resplandor rojo rubí cuando se volvió de nuevo hacia Demyan-. Su sangre es… poderosa.
    Por un momento Demyan perdió su compostura, el atractivo de la sangre antigua era una tentación que estaba más allá de su control. La piel se estiró y crispó, y luego se dividió en partes, dejando ver una masa de gusanos que se retorcían. Sus labios se afinaron y se retrajeron para revelar unos dientes puntiagudos, horribles agujas ennegrecidas encerradas en una boca abierta y hundida. El cráneo hundido, a los huesos se pegaba a la poca carne, al igual que el deformado, retorcido y ennegrecido corazón. El maestro vampiro olfateó el aire, un perro de caza desesperado por la sangre antigua rica y poderosa.
    Los vampiros menores reaccionaron, salivando, siseando, acercándose a Zacarías. Dominic levantó las manos hacia el cielo y se calmaron de inmediato.
    – No entiendes -dijo Demyan, su voz era ronca ahora, pero se las arregló para recuperar su compostura, la ilusión de belleza regresó a él-. Éste debe ser llevado al laboratorio. Puedes usarlo tantas veces como desees para tu sustento, pero no puedes matarlo.
    Dominic dejo caer las manos a los costados poco a poco, como si el maestro vampiro le estuviera arrullando con su voz.
    – Lo puedo usar aquí sin compartirlo -señaló Dominic.
    Se deslizó un pequeño paso más cerca de Demyan, Zacarías se movía con él para que la acción fuese tan sutil que aquellos que los rodeaban no lo percibieran.
    – Es el enemigo más odiado de nuestros líderes. Se nos premiará a todos en gran medida por su captura.
    – Quieres decir que soy el más temido. -Por primera vez habló Zacarías, con un látigo de desprecio-. Me teme, todos lo hacen. -Hizo una pausa-. Justo como deben.
    Demyan siseó.
    – Tú eres alimento para los cinco. Te arrastrarás ante ellos.
    Los ojos de Zacarías estaban muy negros.
    – Creo que ya no son cinco. Un par de ellos buscaron y encontraron la justicia.
    – ¿Piensas que puedes burlarte de ellos? ¿Que puedes insultarlos? Vas a sufrir mucho antes de que te permitan morir.
    Zacarías extendió los brazos.
    – Han enviado a muchos tras de mí, siglo tras siglo he sido cazado, y todavía estoy vivo.
    – Yo soy el que engañó a Zacarías. -Declaró Dominic su propiedad-. Nadie más.
    – Buscador de Dragones. -Zacarías escupió su disgusto-. No tienes derecho a usar ese título. Lo deshonras. Te kalma, te jama ni?kval, te apitäsz arwa-arvo. No eres más que un cadáver ambulante con larvas infectadas, sin honor. -Inclinó la cabeza hacia Dominic regiamente-. Sé que buscas la justicia que te mereces y una vez que estos gusanos con los que viajas se hayan ido, terminaremos nuestro pequeño baile.
    Drago no pudo contenerse. Voló hacia Zacarías con los dientes expuestos, gruñendo y escupiendo. Tanto Demyan como Dominic se giraron hacia él, levantando una mano. El vampiro menor se estrelló contra una barrera invisible y salió disparado hacia atrás.
    Dominic emitió una risa corta, sin humor.
    – Veo que tu mascota necesita un poco más de entrenamiento, Demyan. No obedece todas tus órdenes.
    Demyan se encogió de hombros.
    – Es difícil conseguir ayuda decente en estos días. Creen que saben más de lo que saben. No tengo paciencia para enseñarles cómo matar a un cazador.
    – ¿Por qué molestarse? No necesitas a alguien como éste -Dominic hizo un gesto hacia Drago, con evidente desprecio.
    Demyan, como la mayoría de los vampiros, se regodeo con la alabanza.
    – Son útiles, como averiguarás. Estás acostumbrado a trabajar solo, pero descubrirás que tener gusanos para servirte tiene sus ventajas, sobre todo en una posición como la mía. Únete a nosotros.
    – Sí, hän ku lejkka wäke-sarnat, traidor, mentiroso. Arrástrate hacia tu nuevo amo -instó Zacarías.
    Demyan se volvió hacia él.
    – Puedes cacarear todo lo que quieras pero tu sangre pronto alimentará a nuestras filas.
    Dominic carraspeó.
    – Un pequeño detalle, Demyan. -Esperó hasta que el maestro vampiro se volvió hacia él-. Su sangre me pertenece a mí, y yo nunca he creído en compartir… -Sonrió y se produjo un claro desafío en su sonrisa.

* * *

    Solange se empujó sobre las manos y las rodillas y miró cuidadosamente alrededor. Inhaló el olor de los dos hombres-jaguar. Quería recordarlos para poder reconocerlos en cualquier lugar, para recordar a los hombres responsables de robar la luz de los ojos de su amada prima.
    Reunió toda la fuerza que pudo, se arrastró a lo largo del tronco hacia la orilla y se dejó caer al suelo, en el fango y la hierba. Jaulas de raíces gigantes hacían que la selva tuviera un aspecto extraño, oscuro y misterioso, donde las criaturas podían mirarla con ojos llenos de miedo o hambre. Se puso de pie y se cayó dos veces, así que se arrastró más profundamente en el bosque. Podía cambiar, pero tenía tantas lesiones, que dudaba que el jaguar fuera mejor que su forma humana.
    Usó una liana para levantarse otra vez, y tambaleándose, se dirigió en dirección a las cinco pequeñas cuevas de pierda caliza. Cada una de ellas parecía ser de una única pequeña cámara, pero había descubierto años antes, en una de ellas, una entrada que llevaba a una red de cavernas más profundas bajo tierra. Más de una vez se había retirado a ellas cuando necesitaba sanar las heridas y estar a salvo. Nunca se le ocurría acudir a sus primas, o a cualquier otra persona. Estaba herida y vulnerable. Nunca correría el riesgo de guiar a un enemigo a las puertas de su familia. Eso simplemente no estaba en su código.
    Envolvió los brazos alrededor de su cintura y continuó el viaje. Era peligroso moverse a través de la selva tropical de noche, sangrando por una media docena de heridas, pero no se atrevió a tratar de examinar su cuerpo. Ardía con cada paso y sabía por experiencia cuánto daño podían hacer las garras y los dientes, pero por regla general se curaba rápidamente. Brodrick podría haberla matado, pero no lo había hecho. Estaba enojado, pero quería su sangre real y su capacidad de cambiar de forma. Era tan depravado como para pensar que podría darle un hijo real.
    Se pasó la mano por el cabello enmarañado y desaliñado. Se lo cortaba frecuentemente cuando estaba fuera de control. Su cabello era espeso como lo era el de la mayoría de la gente-jaguar, y crecía rápidamente. Cuanto más se lo cortaba, más rápido parecía crecer. El color era negro como la noche, al igual que el pelaje de su jaguar, con unas pocas vetas doradas. Si hubiera alguna característica que pudiera ser considerada hermosa en ella, habría sido el cabello. Ahora no tanto.
    Sus ojos de gata le permitían ver el camino en la oscuridad a través de los árboles y arbustos, el bosque de helechos gigantes y la maraña de raíces que serpenteaba por el suelo. Se limitaba a poner un pie delante del otro. Había estado aquí antes, herida, dolida, cansada y lo estaría de nuevo. A veces, como esta noche, no había victoria para nadie. Annabelle había muerto, no volvería a casa con su marido. Probablemente ni siquiera sabía por qué esos hombres la habían secuestrado de su casa en Francia.
    Solange cerró los ojos brevemente y luego los abrió de golpe, inhalando profundamente, consciente del silencio de los insectos. El zumbido era continuo por regla general, un ruido de fondo que nunca cesaba, sin embargo, esta parte del bosque estaba anormalmente silencioso. Algo peligroso se escondía aquí. Algo no natural. No era un jaguar. Ningún depredador que caminara por la noche y fuera familiar para los habitantes de la selva tropical. El peligro tenía que ser el no-muerto.
    Se fundió en los árboles, con el cuerpo cerca del tronco. Buscó a su jaguar para comprobar la noche. Su corazón comenzó a latir con fuerza. No uno, sino varios, justo delante. Sintió la reacción familiar y muy extraña en sus venas. La adrenalina corrió por su cuerpo. Se giró para alejarse lentamente y captó un olor familiar.
    De La Cruz.
    Reconocería ese olor en cualquier lugar. Juliette lo llevaba encima, al igual que Mary Ann. Maldijo en voz baja. Estaba exhausta, pero él era de la familia y la familia era sagrada. Trató de despejar su cerebro y pensar con claridad. En este momento estaba débil, desvalida no podía entrar en batalla contra los vampiros sin un plan o la cabeza despejada. En algún lugar cerca de ella había un escondrijo, pero… Se dio la vuelta en todas direcciones, tratando de sacudirse el cansancio en preparación para la batalla.
    Los vampiros eran difíciles de matar. Podía arrancarles el corazón como jaguar, pero no podía incinerarlos. Los no-muertos tenían sus armas especiales. Riordan y Manolito habían trabajado con ella, perfeccionando sus habilidades, y tenía que admitirlo, proponiendo armas especializadas que le dieran alguna ventaja, justo lo que necesitaba en estos momentos. Eran criaturas monstruosas.
    Se dirigió unos metros al norte, trotando, ignorando el dolor de su cuerpo. Nada importaba sino proporcionar ayuda a cualquier hermano que estuviera en problemas. Encontró su escondrijo justo al lado de la senda que conducía a la primera cueva de piedra caliza. Nunca entraría dentro de una de las cueva, siendo consciente de que los vampiros y los Carpatos iban bajo tierra para descansar. Sacó las armas que necesitaba, masticó varias hojas que ayudarían a aliviar el dolor y el ardor de su cuerpo pero que no nublarían su mente, y corrió hacia el campo de batalla.
    Entró a favor del viento, atrayendo la fuerza de su jaguar cuando se temía no poder seguir adelante. Cuando sintió las piernas demasiado parecidas a goma para sostenerla, se tumbó boca abajo y se deslizó a través de la vegetación, ignorando el enjambre de insectos atraídos por sus heridas. Usando los dedos y los codos, se acercó un poco más al grupo de hombres que se reunían bajo los árboles.
    Podía oír el gemido de los árboles y el gemido de la hierba mientras los no muertos pisoteaban los helechos y la maleza, aplastando flores y hojas, envenenando todo lo que tocaban. El hermano De La Cruz era fácilmente reconocible. Todos tenían ese sello impresionante de autoridad absoluta, hombros anchos y rostro apuesto. Éste tenía que ser el escurridizo Zacarías, el mayor de los cinco hermanos. Había visto una vez a Nicolás, y conocía a Riordan, Rafael y Manolito. Zacarías parecía tranquilo y confiado, en lo más mínimo preocupado por estar rodeado de vampiros.
    Se quedó sin aliento cuando el hombre que estaba delante de él se giró ligeramente y lo vislumbró. Su Carpato, el hombre de sus sueños. No tenía cicatrices, pero era sin duda el que venía a ella en sus peores momentos. El único ante el que ella feliz y estúpidamente se había desahogado y derramado sus lágrimas como un bebé quejica. Era aún más guapo en la vida real de lo que lo era en su imaginación, lo cual hacía peor que le hubiera contado sus más oscuros secretos.
    Dejó salir su respiración lentamente, maldiciéndose a sí misma por reaccionar como una mujer en lugar de como una guerrera. Él no necesitaba una mujer ahora, necesitaba sus habilidades de lucha y eso era lo que podía darle. Ese podría ser el único regalo que jamás tendría para él, pero lucharía con cada aliento de su cuerpo para salvarlo del círculo de carne podrida que lo rodeaba.
    Se acercó más, y se detuvo bruscamente cuando captó el destello de los ojos del alto Carpato. Su mirada se deslizó sobre ella, sabía que estaba allí. Estaba segura de que él lo sabía. Él dio una pequeña sacudida con la cabeza, la cual Solange tenía toda la intención de ignorar. Zacarías miró en su dirección y sintió el peso de su desaprobación. Eso aligeró considerablemente su estado de ánimo. Él siempre la había desaprobado, y esa constante en su vida le dio un nuevo impulso de energía. Realmente encontraba un placer secreto en molestar a los hombres autoritarios.
    Apartó esos pensamientos tan satisfactorios y utilizó sus últimas reservas de fuerza.

* * *

    Dominic sintió el repentino cambio en su sangre, todo quedó en silencio e inmóvil. Los parásitos habían estado frenéticos, tratando de matarlo de adentro hacia afuera, pero ahora se retiraban como si de un enemigo mortal se tratara. Cada terminación nerviosa de su cuerpo se puso en alerta. Olfateó el aire, pero no había ningún olor delator. Eso no importaba. Lo sabía. Su compañera estaba cerca. Demasiado cerca.
    Zacarías levantó repentinamente la cabeza en alerta, su mirada oscura barrió el bosque de los alrededores antes de tocar la cara de Dominic.
    Tenemos compañía.
    El poder estalló a su alrededor mientras Demyan mantenía a los vampiros menores bajo control. No tenían forma de saber que los Carpatos se esabantcomunicando.
    Mi compañera.
    Avísala.
    Dominic nunca cambió de expresión. Solamente miró a Zacarías, manteniendo su atención dirigida hacia Demyan. Nunca abandonarías a tu compañera, Zacarías, no en un combate. No eres capaz de eso, ni ella tampoco.
    Es una mujer.
    Es mi mujer y es una guerrera como conviene a mis necesidades.
    Zacarías emitió un sólo sonido que significaba muchas cosas. Indignación. Desaprobación. Desacuerdo. Solange estaba bajo su protección, pero los compañeros tenían prioridad sobre todo lo demás. En todo caso, conocía a la mujer por su reputación. Era tan terca como una mula.
    ¿Y qué pasa si la matan? Te suicidarás.
    Estoy en una misión suicida, respondió Dominic. Ya estoy muerto.
    Zacarías suspiró. Que así sea, viejo amigo.
    Los vampiros menores oscilaron, los pies se movieron en una pauta muy similar al redoble de un ritual ceremonial. El poder crujió en el aire. El trueno retumbó a lo lejos. Un látigo de relámpago resplandeció en lo alto.
    – Veo que empiezas a impacientarte, Demyan -dijo Dominic.
    – No estoy acostumbrado a la interferencia -espetó.
    Sabía al igual que Dominic que la demora sólo le hacía parecer débil ante los ojos de sus seguidores, pero era reacio a atacar a un Buscador de Dragones.
    – Nunca he conocido a nadie lo bastante estúpido para interponerse entre yo y lo que es claramente mío.
    – ¿Piensas detenernos y evitar que llevemos a este traidor ante los maestros? -gruñó Demyan.
    Una vez más sus labios retrocedieron y los dientes ennegrecidos y puntiagudos fueron una burla contra su imagen hermosa.
    Horrorosos gruñidos y murmullos de protesta provinieron de los cuatro vampiros menores. Se separaron, apostándose en un semicírculo flojo alrededor de Dominic. Los insectos se arremolinaron sobre los troncos de los árboles y sobre los troncos caídos. Los murciélagos se zambulleron y giraron en el aire por encima de ellos. Una serpiente resbaló por la rama del árbol más cercano y brillantes ranas diminutas miraron fijamente con oscuros ojos redondos. Demyan había formado a su ejército.
    Dominic se alejó un poco de Zacarías para dar al Carpato espacio para luchar. Dominic iría a por Demyan, la mayor amenaza. Tendría que confiar en Zacarías para mantener a los demás lejos de él. No sería fácil, pero podría hacerse.
    – Quizá tú llames maestro a otro, Demyan, pero yo no lo haré.
    Drago dejó escapar un chillido de indignación.
    – Lo ha jurado. Su sangre llama.
    – Hago lo que me conviene. No me conviene entregaros mi premio a vosotros y luego ver cómo los tres os alimentáis de lo que me pertenece.
    Demyan les recordó deliberadamente que de los cinco hermanos Malinov que habían empezado la campaña para destruir al pueblo Carpato, ahora sólo quedaban vivos tres. Los hermanos de Zacarías habían contribuido en gran parte a destruir a los maestros vampiros.
    – El sol está cerca de aparecer y estoy cansado de este pequeño juego. ¿Quién comenzará el baile entonces, Dominic? -preguntó Demyan tranquilamente.
    El silencio cayó. El bosque contuvo la respiración. Los vampiros se balancearon de atrás hacia delante.
    Solange surgió de las sombras, el arma sujeta hacia abajo, ya apuntada hacia el vampiro vestido a la última moda. Lo había marcado como fácil de matar, y Dios sabía que necesitaba uno fácil.
    Dominic no se giró ni la miró. La mirada de Zacarías fue fría, sin reconocimiento. Los vampiros que se balanceaban se pararon durante un momento, murmurando y mostrando dientes negros. La ceja elegante de Demyan se disparó hacia arriba y luego sonrió, una sonrisa afectada, lenta y malvada.
    – Me gusta bailar -anunció ella y disparó la flecha directa hacia Jason, el vampiro coloridamente vestido, apuntando al lugar perfecto en el pecho cubierto de seda. La flecha se encendió poco antes de desgarrar la carne para encontrar el corazón reseco, incinerándolo con la llama candente.
    Jason no tuvo tiempo de reaccionar, ningún tiempo de chillar ni vengarse. Implosionó, el fuego estalló a través de la piel y el hueso, rociando sangre llameante y gusanos ennegrecidos al suelo.
    Zacarías giró para golpear y hundir el puño profundamente en el pecho del vampiro más cercano, conduciéndose directamente al corazón. Lo arrancó, la acción sucedió tan rápidamente, que el no muerto bien vestido todavía no había logrado caer al suelo. Zacarías llamó al relámpago para incinerar el corazón mientras se giraba para enfrentarse al siguiente adversario. Drago era el discípulo de Demyan, el vampiro menor era un peón para el maestro, pero mientras Drago viviera, Demyan permanecería y lucharía, creyendo que tenía una mejor oportunidad de supervivencia contra un cazador. Era imprescindible mantener a Drago ocupado y entretenido hasta que Dominic maniobrara hasta colocar a Demyan en una posición óptima para matarlo.
    Dominic estuvo sobre Demyan antes de que el maestro vampiro pudiera reaccionar, saltando la distancia en un esfuerzo por terminar la batalla antes de que comenzara realmente. El vampiro había tenido siglos para perfeccionar sus habilidades y adquirir conocimientos, volviéndose más poderoso con cada siglo hasta puder parecer hermoso y limpio, manteniendo a los demás vampiros como sus esclavos. Los Carpatos envejecían de la misma manera, pero la astucia sólo llega ba cuando estaban cerca de convertirse. Dominic quería parar el combate antes de que empezara.
    Los ojos de Demyan se abrieron por la sorpresa. Estaba claro que había creído que los parásitos en la sangre de Dominic le controlarían, evitarían que atacara a uno de los suyos, como deberían haber hecho. Giró fuera de su alcance poco antes de que el puño de Dominic penetrara en su pecho, buscando el corazón. Sus ojos se volvieron salvajes y Dominic logró hacer retroceder la mano cuando unas cuchillas giraron cerrándose alrededor de Demyan, creando un traje móvil blindado.
    – Debería haber sabido que utilizarías la pericia de tu familia -dijo Dominic, estudiando las cuchillas giratorios.
    Nunca se había topado con nada parecido en todas sus luchas con los no muertos. No parecía haber un patrón evidente que pudiera detectar, las hojas giraban en torno a Demyan a diferentes velocidades, de forma que era imposible introducir el puño a través de la armadura sin cortarse el brazo.
    – Deberías haber sabido que era mejor no desafiarme -corrigió Demyan.
    Dominic archivó la insinuación del ego del vampiro para un futuro uso. Las hojas giraron y oscilaron, destellando como plata en la noche oscura. Dominic captó el brillo de una hoja larga, sólo un destello rápido, su única advertencia. Se las arregló para formar su propia espada y encontrarse con el balanceo de la hoja de Demyan. Las chispas llovieron alrededor de ellos cuando el metal se encontró con metal con tal fuerza que el bosque se sacudió. El sonido reverberó entre los árboles. Los pájaros chillaron. Un éxodo en masa siguió cuando las espadas se estrellaron una y otra vez.
    La espada de Demyan descendió con un golpe directo sobre la cabeza de Dominic. Él apenas logró levantar la hoja para parar el golpe y alejarlo, con los brazos levantados al nivel de su cabeza para evitar que la espada cayera sobre ella. En el momento que levantó los brazos, las hojas giratorias más pequeñas se lanzaron hacia él, como disparadas por un arma, cientos de cuchillos lanzados simultáneamente. Dominic barrió la espada a través de su cuerpo, golpeando y alejando a la mayor parte, pero una se alojó en su muslo y otra en el pecho.
    Las hojas habían sido ideadas con la habilidad Carpato, forjadas por un maestro, y cortaron limpiamente carne y músculo, enterrándose profundamente. Dominic no tuvo más elección que disolverse en vapor para deshacerse del metal. Las hojas cayeron a tierra, pero Demyan era demasiado experimentado para permitir que ese breve respiro lo detuviera. Siguió las gotitas de sangre, el olor, y como un sabueso, se introdujo en la nube de vapor, cortando con su espada.
    Dominic se materializó, respondiendo, empujando el dolor al fondo de su mente mientras se enfrentaba a cada uno de los movimientos de Demyan, su cerebro trabajaba para encontrar la pauta de los cuchillos que se arremolinaban. Debía anticipar cada uno de los movimientos de Demyan y adelantarse a él.
    Cuando Dominic saltó para atacar a Demyan, Solange se giró y disparó a Robert, el gusano, con un suave movimiento. La flecha voló, atravesando el pecho para perforar el corazón, estallando en el mismo calor candente que incineraba todo aquello con lo que entrara en contacto. El agotamiento era algo que ni siquiera su fuerza de voluntad podía vencer. Las piernas se le doblaron y se encontró sentada en el terreno ondulante. A su alrededor el suelo gimió. Comenzaron a tejerse amplias grietas a través del suelo del bosque, pequeñas fracturas que se ampliaron lentamente hasta que los escombros comenzaron a caer en ellas.
    – Aléjate -gritó Zacarías mientras se apresuraba hacia Drago-. Ponte a salvo.
    Ella le lanzó una mirada ardiente. ¿Parecía estúpida? Ya estaba poniéndose en pie y saltaba hacia las ramas más bajas de un árbol joven. Como refugio no ofrecía mucho, se doblaba bajo su peso pero la alejó del suelo que se fragmentaba.
    Oyó el choque de metal contra metal y giró la cabeza para ver cómo llovían chispas. El corazón le saltó a la garganta. Casi se levantó en la rama débil del árbol, el temor por su Carpato la atravesó inesperadamente. No tenía la menor idea de cuánto había invertido en el hombre al que había inventado. Lo miró fluir como agua sobre el suelo desigual, evitando raíces de árboles mientras bailaba alrededor del maestro vampiro. Las hojas giratorias hipnotizaban y se vio forzada a concentrar su atención otra vez en Zacarías. No había manera de que pudiera ayudar a su Carpato, pero si Zacarías podía derrotar a Drago, él podría ayudar a vencer al poderoso vampiro.
    Zacarías y Drago se juntaron, dos combatientes violentos elevándose sobre el suelo, cerniéndose en el aire durante sólo un momento. Zacarías introdujo el puño en la pared del pecho e instantáneamente miles de murciélagos se dejaron caer desde el cielo para cubrir su cuerpo, los dientes le desgarraron la carne, lo alejaron del vampiro menor. Tropezó bajo ese peso, cayendo a tierra, donde los murciélagos lo empujaron hacia bajo.
    Solange soltó una tercera flecha mientras Drago se precipitaba al frenético festín de los murciélagos, pensando obviamente en matar a Zacarías mientras las criaturas nocturnas le tenían atrapado. La flecha se hundió en el hombro de Drago, estallando en llamas cuando golpeó la carne. El hombro del vampiro explotó de dentro afuera. El hombro, el brazo y el costado del cuello se volvieron negros y se convirtieron en cenizas. Drago chilló, la cabeza giró con brusquedad, esos agudos ojos rojos la encontraron en el precario refugio del árbol.
    A Solange, el corazón le golpeó con fuerza en el pecho. Se agachó, preparada para saltar, mientras encajaba otra flecha en la ballesta. Aullando, Drago lanzó el brazo sano hacia el cielo para que las oscuras nubes hirvieran y el relámpago se bifurcara por los bordes. El rayo se estrelló contra el árbol mientras ella saltaba a las ramas del siguiente árbol, aterrizando con fuerza, sujetándose con una mano, las garras estallaron de la mano izquierda para agarrarse el tronco mientras su mano derecha agarraba su arma. Pocos de su clase podían realizar una proeza tan difícil en medio de una batalla, utilizando una parte de su cuerpo en forma de jaguar y la otra en forma humana.
    Se arrastró por la rama, levantando el arco para conseguir otro disparo. Zacarías se puso de pie, girando tan rápidamente su fornido cuerpo que pareció emborronarse, arrojando a un lado a los murciélagos, dejando su ropa destrozada y ensangrentada. Se inclinó ligeramente cuando se movió a la derecha, forzando a Drago a moverse también.
    – Veo que has aprendido un truco o dos de tu maestro.
    Drago retiró los labios para mostrar los espantosos dientes.
    – Lamentarás tu desprecio.
    Zacarías sonrió.
    – Creo que no.
    Los dos adversarios se precipitaron hacia adelante otra vez, dos gladiadores chocando mientras el trueno retumbaba sobre sus cabezas.
    Alrededor de Solange los árboles gimieron y se inclinaron mientras la agitación masiva continuaba. Desde su posición podía ver el centro de la red, con las grietas que se abrían hacia fuera, estirándose como hilos sedosos, buscando…
    Jadeó. Era un ataque contra una persona específica. Su Carpato. El suelo se hinchaba y las grietas se estiraban para encontrarlo. Podía ver las enormes líneas en la tierra desviándose en todas direcciones, alejándose de Zacarías y el vampiro contra el que luchaba.
    Las hojas giraban demasiado rápido, haciendo que disparar una flecha fuera casi imposible. Era buena, pero la coordinación era imposible. Con el corazón en la garganta, miró a su Carpato. Él parecía estar anticipando cada movimiento que el vampiro hacía, su espada se encontraba con la del otro, choque tras choque llameante. Desde su atalaya podía ver que el vampiro trataba de maniobrarlo a una posición, pero el Carpato parecía capaz de evitar las trampas. Por dos veces vio que su hoja penetraba los cuchillos giratorios, un tajo que barrió limpiamente a través del blindaje y se hundió hondo en el vampiro.
    La sangre negra se esparció a través de las hojas giratorias, siseando cuando el ácido golpeó el suelo. Demyan escupió sangre a su Carpato y se tocó la cabeza a modo de saludo simulado. Su Carpato cortó una segunda vez, golpeando a través del blindaje, y los ojos de Demyan se volvieron locos, la neblina roja de matar se reflejó en ellos. Atacó con fuerza, haciendo retroceder al Carpato, temeroso ahora de permitirle el ataque, ya que de algún modo su oponente había averiguado cómo calcular el giro de las hojas.
    Las grietas se ampliaron, atrayendo la atención de Solange otra vez, ahora eran de varios metros de largo, el terreno se abría unos buenos centímetros. Era imposible ver cuán profunda era cada grieta.
    ¡Ten cuidado! Apestaba que ni siquiera conociera su nombre. En el suelo, una trampa. No sabía qué clase de trampa, pero se acercaba a él, anillo tras anillo de grietas de telaraña. Envió la imagen detallada a su mente.
    Dominic. El nombre le fue entregado en un tono calmado y objetivo, incluso mientras la espada paraba empuje tras empuje, el vampiro trataba claramente de llevarlo hacia los agujeros que se ensanchaban y se abrían en el suelo del bosque. Soy Buscador de Dragones.
    Solange frunció el entrecejo, la adrenalina corría salvajemente, la sangre en sus venas bombeaba en una feroz y casi violenta reacción a los parásitos en la sangre del vampiro. Podía sentir realmente la reacción dentro de ella, como si su sangre se alzara para luchar contra la sangre del vampiro con repulsión absoluta. Todo en su interior se sentía salvaje e incontrolable, pero él era justo lo contrario. Dominic. Eso fue todo. Como si estuviera paseando por una pradera de flores y no en el combate de su vida.
    Respiró, observando como el maestro vampiro lo guiaba, retrocediendo, atrayéndolo, girando a la izquierda, luego a la derecha, atacando, retrocediendo, pero manteniendo la atención de Dominic en él mientras esgrimía con habilidad su espada. Esa terrible hoja afilada cortó el pecho de Dominic, destrozando la ropa elegante y dejando tajos profundos en su piel.
    El maestro vampiro y Dominic anticipaban los movimientos uno del otro, un ballet muy violento que era tan aterrador como hipnotizador, ella no podía apartar la mirada. Todo mientras esos anillos seguían rodeando a Dominic, acercándose más y más. Para su horror, unas arañas comenzaron a salir de las grietas. Las reconoció inmediatamente. Las arañas brasileñas eran sumamente venenosas y agresivas. Las piernas larguiruchas se expandieron unos buenos doce centímetros y parecieron detenerse, se levantaron para mirar a Dominic con sus ocho ojos, los dos más grandes resplandecían con el mismo odio maníaco de color rubí que exhibía Demyan. Mostraron unas mandíbulas rojas, una señal de ira, la evidencia de su prontitud para atacar.
    Solange sabía por experiencia que los Carpatos podían expulsar el veneno mortal de su sistema, pero con múltiples mordeduras terriblemente dolorosas, Dominic tendría problemas para luchar contra el maestro vampiro. Ella no podía rociar el suelo con fuego para incinerarlas, pero quizás podía interrumpir el plan de batalla de Demyan. No tenía la menor idea de cómo atravesar esas hojas giratorias pero estaba dispuesta a intentarlo. Antes de que tener oportunidad de dejárselo saber a él, sintió la conmoción en su mente.
    Distráelo con tus flechas y yo llamaré al relámpago para quemar estas criaturas. Mira el débil borrón debajo de su corazón. Atacaré con fuerza. Tendrá problemas para mantener los cuchillos en varias pautas. Ése es su punto vulnerable.
    Debería haber sabido que él tendría el mismo plan que ella. En sus sueños a menudo discutían las batallas en las que habían participado y pensaban definitivamente de forma semejante. Apuntó con cuidado, respirando profundamente para calmarse, con los ojos fijos en el lugar justo debajo del corazón de Demyan. Los cuchillos eran terribles, destellando, arranques plateados que nunca parecían mostrar una apertura. Esperó con una completa fe en que Dominic maniobraría hasta colocar al maestro vampiro en su línea de tiro. Conseguiría lanzar una, quizá dos flechas y él la atacaría. Tenía que estar lista para abandonar su asidero, pero no iba a bajar al suelo, no con esas arañas por todas partes. Ella no tenía la capacidad Carpato de expulsar el veneno de su sistema.
    Dominic, tan tranquilo como siempre, ignoró los miles de ojos que lo miraban fijamente y se deslizó cerca de Demyan, entrando en ángulo y forzando a Demyan a dar un paso a un lado o ir hacia atrás. Por un segundo diminuto su blindaje vaciló, repitiendo la pauta, y Solange dejó volar la flecha. No estuvo cerca de ser un disparo mortal, pero se hundió en el lugar bajo el corazón y estalló. El aire se cargó rápidamente, el cabello se le puso de punta. Saltó.
    Instantáneamente, el mundo alrededor de ella estalló con calor y una gran explosión de luz. La fuerza la impulsó hacia atrás en el aire. Utilizó su flexible espina dorsal felina para girar, sus manos buscaron una rama. No tuvo más elección que dejar caer la ballesta para salvarse. Necesitaba ambas garras para agarrarse a lo que surgiera y evitar golpear el suelo, ahora en llamas, las arañas ardían y saltaban con horrorosos chillidos, un hedor asqueroso que penetró en el aire, haciéndola toser.
    Arrastró su cuerpo árbol arriba, su fuerza disminuía. Vio a Zacarías mirar a Dominic, quien hizo un asentimiento imperceptible. Su corazón dio un salto. Se comunicaban y planeaban un ataque supremo. Zacarías se condujo a través de las defensas de Drago con una facilidad que le hizo darse cuenta de que había estado manteniendo deliberadamente al vampiro menor vivo por alguna razón que ella no podía entender. Golpeó el puño y atravesó la pared torácica, casi levantando al no muerto en el aire con su fuerza.
    Hubo un horrible sonido de succión cuando extrajo el corazón y lo lanzó a las llamas que Dominic había convocado. Al mismo tiempo, Dominic calculó su tiro, introduciendo su hoja directamente entre los cuchillos. Las chispas se convirtieron en fuegos artificiales, las hojas afiladas se detuvieron, rompiéndose y cayendo para revelar el cuerpo de Demyan veteado de sangre.
    El maestro vampiro rugió su odio, asimilando cómo el cuerpo de Drago se convertía en cenizas, su mirada saltando hacia Zacarías. El conocimiento de que los dos cazadores trabajaban unidos lo golpeó. Solange vio la sorpresa en su cara. Instantáneamente unas lianas se dejaron caer desde los árboles, enrollándose como serpientes vivas alrededor de Dominic mientras éste empujaba el puño hacia el pecho de Demyan. Solange se despojó de su ropa apresuradamente, arrancándose la blusa y empujando los vaqueros a un lado. Saltó del árbol al suelo que ondulaba, cambiando con una velocidad experta. Las enredaderas se envolvieron, apretando a Dominic, sujetando un brazo y cubriendo su boca y nariz. Una serpenteó por su cuello, apretando con fuerza alrededor, mientras otra se convertía en la cabeza de una víbora y retrocedía, exponiendo los dientes para golpear en el ojo.
    El jaguar aguantó la repentina agitación del suelo debajo de ella, asentándose, esperando. En el momento que la hinchazón bajó, cargó contra Demyan, apresurándose hacia él desde atrás. Su atención estaba fijada en Dominic, dirigiendo las enredaderas que lo encarcelaban. El jaguar golpeó el maestro vampiro con fuerza, hundiendo los dientes en la nuca. Las mandíbulas poderosas sujetaron su cráneo mientras el ímpetu del ataque del jaguar lo conducía hacia adelante hasta empalar el pecho en el puño extendido de Dominic.
    Cuando Solange saltó hacia atrás, Zacarías recogió la espada desechada de Dominic y, con un balanceo violento, cortó el cuello de Demyan. La cabeza salió volando y Solange se giró, incapaz de observar el espectáculo de una cabeza rodando por el suelo, directa al fuego. Sus chillidos la arañaron por dentro e incluso en su forma de jaguar, sintió subir la bilis. Dominic tiró el corazón a las llamas y los dos Carpatos se enderezaron, con las cabezas gachas, respirando con dificultad, mientras en torno a ellos el suelo ardía con fuego y la sangre de vampiro quemaba a través de la piel hasta el hueso.
    Solange se dirigió al árbol donde había dejado su ropa desgarrada, sin mirar atrás. Sabía que los dos machos Carpato estaban concentrados en sus heridas, curándose a sí mismos como mejor podían antes de tratar de limpiar el área y eliminar toda la sangre de vampiro así como los parásitos, para ayudar a la recuperación de bosque.
    Se vistió detrás de la maleza, considerando el huir, pero estaba demasiado cansada para intentarlo. No podía ayudar con la limpieza general. Tendría suerte de encontrar un lugar seguro donde dormir. Armándose de valor, cuadró los hombros y se giró, casi chocando contra… él.

Capítulo 6

    Mi amante soñado y compañero,
    Conoces cada parte de mí.
    De Solange para Dominic

    Solange alzó la vista, la subió más. Dominic era mucho más alto y grande en la realidad de lo que parecía en su sueño. Ésta no era una imagen en sombras, sino un hombre verdadero de carne y hueso ante ella. Era una figura imponente, los hombros más anchos, el pecho más musculoso, todo más. Su mirada viajó arriba por su cuerpo, notando cada herida, viendo las caderas estrechas, la cintura delgada y las ondas de músculos sobre el vientre plano. Los pulmones se negaron a respirar. No tenía la menor idea de cómo reaccionar.
    Sus ojos se quedaron pegados en la boca de él. Tenía una hermosa boca con los labios muy esculpidos. Allí estaba ella, con el corazón palpitando desenfrenadamente, la mente chillando, mirándole a la boca, incapaz de apartar los ojos o ver aún más arriba por su cara. Se sentía pequeña e insustancial a su lado. Femenina. Como una chica. Una chica joven y tonta que no tenía la menor idea del mundo entre hombres y mujeres. Estaba en desventaja.
    Era probable que dejara escapar algo insultante. Apartaba a las personas cuando se sentía vulnerable, y nunca se había sentido más vulnerable en toda su vida. Este hombre podría romperle el corazón. Lo sabía estando simplemente en su presencia, y cuando el corazón estaba implicado ella era más letal. Las puntas de las garras tenían veneno. Podía ser muy malvada, capaz de cortarlo en pedacitos con palabras ofensivas. Había perfeccionado su actitud sarcástica e indiferente hasta que convertirla en un medio de expresión artística.
    Ya lo había perdido y no había ni abierto la boca. No podía hacer esto. Podía luchar cualquier batalla que le pidieran, caminar sin temor hasta el corazón del campamento enemigo y sacar a una mujer bajo la mirada de todos para liberarla, pero no podía hacer esto. Apretó los labios con fuerza, las piernas le temblaban, se habían convertido en gelatina, quería correr. Saboreó el temor en la boca. Temor. Ella. Solange Sangria, atemorizada de un hombre. Detestó el sentimiento.
    Solange con un hombre. Por primera vez en su vida adulta estaba aterrorizada. Absolutamente aterrorizada. No podía hacer esto. No podía enfrentarse a esto, a la única persona sobre la tierra a la que le había dado su alma. Abierto su alma, contado cada deseo secreto, cada temor, todo. Las mujeres jaguar eran naturalmente sumisas a sus machos. Luchaban hasta que el más fuerte, el más agresivo se atrevía a aparearse con ellas y se sometían al macho. Estaba preprogramada para ese baile de lucha y sumisión entre macho y hembra, eso la aterrorizaba. Nunca podría reconocer ese lado de su personalidad. Nunca podría someterse, pero parte de ella lo deseaba, así que empujó esa parte profundamente, la sumergió totalmente debajo de la luchadora, oculta a todos los ojos, a todos excepto a los de él.
    Tiritó o tembló; honestamente no lo sabía. Él le agarró el mentón entre el pulgar y el dedo en un puño firme. Los pájaros revolotearon en su estómago. Su toque era tal y como había imaginado, suave pero imposiblemente firme, el toque de un hombre en completo dominio de sí mismo, o de ella.
    – Mírame, Solange.
    Su voz era tan suave como su toque. Una caricia baja, como terciopelo contra la piel. Tierna, pero una orden no obstante.
    Luchó contra su naturaleza, contra el calor entre ellos, la necesidad en ella misma por un alma gemela, por alguien con quien compartir su solitaria vida, una necesidad tan fuerte que apenas podía pensar en desear ser todo lo que él deseara. Alguien como ella podía perderse en alguien como él. Otro hombre, uno menos… sólo menos, y podría salvarse. El otro lado de ella, violento y orgulloso, el que le era más familiar, en el que se refugiaba y se consolaba, nunca respetaría a un hombre menor.
    El silencio se estiró entre ellos. Era una completa agonía obedecer. Era peor no hacerlo. Él dejó la decisión en manos de ella, pero la fuerza de su personalidad intimidaba.
    – ¿Requiere valor, entonces, mirarme, kessake, gatita? -Esa voz suave que acarició sus terminaciones nerviosas la sacudió.
    Sonó tan engañosamente apacible, pero le había visto arrancar el corazón a un maestro vampiro. Realmente temblaba.
    – Creo, que si hay una mujer con valor en esta tierra, esa es mi compañera.
    La mirada de ella saltó a la de él. La clavó en esos fríos ojos verdes. No, se volvían lentamente azules como el agua más profunda, cambiando de color mientras el guerrero en él cedía paso al hombre. El estómago le dio un salto mortal. El corazón se le contrajo.
    Él sonrió, una sonrisa lenta y sexy que le robó el aliento. Le mostró los dientes, perfectos y rectos. La recta nariz aristocrática, incluso las cicatrices realzaban más que restaban a su potente aura masculina. Todo en él parecía tan perfecto. Estaba allí, empapada, tiritando, el cabello colgando en húmedos mechones, salvaje y fuera de control, su cuerpo cubierto de cicatrices, magulladuras y desgarros, veteado con sangre y apestando a sudor en vez de a perfume.
    Él le deslizó el pulgar sobre los labios, la más suave de las caricias. Le enmarcó la cara con la palma. La miró como si no hubiera ninguna otra mujer en el mundo. Una ilusión, pero la calentó cuando estaba fría por dentro.
    – Hola.
    Ese sencillo saludo acompañado de esa intensa mirada azul ardió sobre ella, esa sonrisa lenta y sexy y su oscura y emotiva voz la volvieron del revés. Se humedeció los labios queriendo contestar, pero ningún sonido salió. Sólo pudo quedarse allí mirándolo impotentemente, deseando ser Juliette o Jasmine. Cualquiera excepto Solange Sangría.
    – Debo inspeccionarte, sívamet, mi corazón.
    El corazón saltó otra vez. ¿Inspeccionarla? ¿Para qué? ¿Para ver si era suficientemente buena para un hombre como él? Mil feos comentarios sabelotodos brotaron, pero no pudo pronunciar una palabra, ni siquiera podía mirarlo. Mudamente, sacudió la cabeza. Las lágrimas ardieron detrás de sus ojos. No soportaría ninguna inspección si buscaba a la mujer perfecta.
    El cabello voló por todas partes, lleno de barro y desaliñado. Estaba cubierta de agua de río y sangre. Intentó imaginarse qué le parecería a él su cuerpo. No iba a quitarse la ropa. Los jaguares no eran modestos, pero ¿delante de él? ¡De ninguna manera! Eso no iba a suceder. Por un horrible momento se imaginó desnuda ante de él, con las manos detrás de la cabeza, presentándosele. Tenía muslos gruesos. No quería pensar en las caderas o en su culo. Bueno, tenía unos senos bonitos y una cintura estrecha, pero tenía cuerdas de músculo por todas partes. Era demasiado pesada…
    El pánico la atrapó. Casi hiperventiló. Las manos de él eran suaves sobre su piel y cerró los ojos, tragándose un sollozo. No huiría como una cobarde. Era de la realeza, aunque Juliette a menudo dijera que era un real dolor en el culo, lo cual era verdad. ¿Cómo manejaban esto las demás mujeres?
    Los dedos de Dominic bajaron por los brazos rozándolos y luego se detuvo. El corazón de Solange saltó. Él la giró y bajó la cabeza hacia la mordedura del hombro, la única que todavía rezumaba sangre. Inhaló llevando ese olor a los pulmones, así reconocería al hombre que la había asaltado en cualquier parte, simplemente por el olor.
    – Quédate quieta, kessake.
    No podría haberse movido aunque lo hubiera querido. Se sentía como un animal salvaje acorralado sin ningún lugar al que huir. Dominic pasó la lengua con saliva curativa sobre las perforaciones. La sensación de ese roce de terciopelo contra la piel desnuda le robó el aliento. Él apartó la camisa fuera de su camino y siguió con las heridas de la espalda.
    Por supuesto. No había querido inspeccionar su cuerpo para ver el aspecto de su compañera. Se sintió avergonzada de nuevo, rezando para que él no hubiera leído su mente rebelde. Le sorprendió que se tomara su tiempo para ver sus heridas, relativamente secundarias, cuando la suya había sido más grave. Él incluso examinó las punzadas de la mayor parte de las magulladuras. Solange nunca había tenido realmente una experiencia sensual, pero la sensación de esos dedos y boca sobre su piel convirtió su cuerpo en un montón de terminaciones nerviosas en carne viva, palpitantes.
    – Necesitas sangre.
    La voz la asustó y se apartó de un tirón de Dominic, bajándose la camisa. Zacarías. ¿Cómo se había olvidado de él? Ella casi… Bien, vale, había estado pensando en cosas eróticas, olvidando que no estaban solos. ¿Qué demonios le pasaba? Nunca se había ruborizado antes, pero él había presenciado su total humillación y podía sentir el color que pintaba cara en un rojo feo. Parpadeó rápidamente tratando de romper el hechizo que Dominic había tejido alrededor de ella.
    Le llevó un momento darse cuenta de que la forma más grande de Dominic había a Zacarías bloqueado la vista de ella. Por alguna razón tonta el conocimiento de que Dominic la había protegido de ojos curiosos en su momento de debilidad la hizo sentirse cálida y aliviada.
    – Como tú -respondió Dominic. Se giró entonces, manteniendo a Solange cerca de él, con la mano en su brazo.
    Ambos hombres la miraron. El corazón le palpitaba frenéticamente. Había visto a Juliette dar sangre a Riordan. Zacarías estaba desgarrado y era de la familia. Era de su familia y por lo tanto bajo su protección. Pero esto… Nunca había considerado que tendría que dar a un hombre su sangre alguna vez.
    – Es nuestra costumbre, kessake. -La voz de Dominic fue de un tono bajo, pero el sonido se movió dentro de ella, esa caricia suave, de terciopelo, serpenteó seductoramente hasta su mente.
    Solange se mordió el labio con fuerza, temblando, queriendo hacer esto por él, una petición tan pequeña, pero enorme en su mente. ¿Por qué importaba si ella le complacía? Nunca le había interesado lo que nadie pensara de ella, pero allí estaba como una imbécil, muda, incapaz de decir que no cuando todo dentro de sí exigía que corriera. Estaba temblando, desesperada por huir, pero estando como estaba en guerra con su propia naturaleza no se podía mover.
    Dominic era su elegido. Poco importaba si había creído que no era real. Estaba allí ahora, más hombre que ningún otro que conociera, más respetado y más poderoso. Quería ser esa mujer que él necesitaba y Dominic necesitaba esto de ella.
    Atreviéndose apenas a respirar, observó acercarse a Zacarías, cuyo cuerpo sangraba por mil desgarros de los murciélagos del vampiro; los dientes y las garras le habían arrancado la carne por orden de Drago. El estómago se le revolvió. La bilis subió. Él iba a hundir los dientes en su piel y ella iba a quedarse allí, estremeciéndose con aversión, atrapada en el hechizo de Dominic. Tenía que encontrar la fuerza para resistir la locura que se había apoderado de ella, convirtiendo su cuerpo en plomo.
    Tragó con fuerza y alzó la mirada hacia Dominic. Inmediatamente sus ojos azules atraparon su mirada y la sostuvieron cautiva. La sonrisa era tierna, sólo para ella, como si le leyera la mente y supiera de su aborrecimiento por este acto, sabía que estaba a punto de huir y que era solamente el puro poder de su personalidad lo que la mantenía allí. Atrajo su cuerpo contra el suyo, la espalda contra él, un brazo bajo los pesados senos, un agarre tan suave que ella no se dio cuenta al principio que estaba sujeta contra él con su enorme fuerza, incapaz de separarse si quería hacerlo. La otra mano extendió inexorable pero lentamente el brazo hacia Zacarías en invitación.
    – De la muñeca y se suave -advirtió.
    Se estremeció otra vez cuando el macho Carpato se acercó. Dominic bajó la cabeza y le cuchicheó suavemente en su propio idioma.
    – Solange. Emnim. Tõdak pitäsz wäke bekimet mekesz kaiket. Te magköszunam nä ŋamaŋ kać3 taka arvo. Solange. Mi mujer. Sabía que tenías valor para enfrentarte a cualquier cosa. Gracias por este regalo inapreciable.
    Su aliento le resultaba cálido contra el cuello y apretó los labios sobre el pulso frenético. Los dientes rasparon de acá para allá, suaves, más que seductores, hasta que su corazón latió rápidamente y su respiración fue jadeante. Era consciente de él con todas y cada una de las células de su cuerpo.
    Cerró los ojos y absorbió el sonido de su voz, el placer que había en ello, el modo en que la hacía sentir como si supiera que estaba alimentando al otro macho por él, sólo por él. Nunca lo podría haber hecho sin su voz seductora en la oreja, ni su cuerpo duro contra el de ella. Se sintió como si se ofreciera a él, dándole todo lo que era y aún así fue otro hombre el que le tomó la muñeca.
    En el último segundo, cuando ese aliento caliente le tocó la piel y vio la longitud de esos colmillos, sintió pánico y casi apartó el brazo de un tirón. Antes de que pudiera moverse, Dominic la mordió en el cuello y el dolor se convirtió instantáneamente en un placer tan intenso que gritó, su cuerpo reaccionó con una ola de puro fuego. Había experimentado el celo de su gata muchas veces, un viaje estrictamente físico que no la tocaba más allá de lo abstracto. Pero esto, esto lo abarcaba todo. Cada terminación nerviosa se sentía en carne viva por el deseo.
    Su matriz sufrió espasmos. El calor se elevó entre sus piernas y sus pezones se convirtieron en picos duros y desesperados. El fuego le quemó la piel, quemó su interior, se vertió como oro fundido por su cuerpo hasta que se retorció contra él incapaz de controlarse. Solange, que tenía tanto control. Solange, que despreciaba a los hombres, entregaba cuerpo y alma a este hombre y sus necesidades, no sólo necesidades, sus deseos. Se le escapó un pequeño.
    Dominic nunca se había imaginado que algo pudiera ser tan erótico como tomar la sangre de su compañera. Para él, el acto de tomar o dar sangre siempre había sido mundano, una necesidad sin ningún sentimiento en particular conectado a ello, ni siguiera antes de haber perdido sus emociones. No estaba preparado para la necesidad que le golpeó con fuerza, un duro puñetazo de excitación que sacudió su calma mortal como nada lo había hecho jamás. Era disciplinado y controlado. Nunca se le había ocurrido que una vez que tuviera a Solange en sus brazos y los dientes les conectaran, el acto de tomar su sangre sería tan íntimo como tomar su cuerpo o su mente.
    Estaba en tal estado de excitación que sintió como si la compartiera con otro hombre en un acto muy íntimo, algo que nunca haría. Era suya para protegerla, amarla y quererla. No quería que otros hombres la vieran vulnerable, atemorizada o sexy y justo en ese momento, él la encontraba el ser más sensual de la tierra. Esa parte de ella le pertenecía únicamente a él. Si hubiera sabido cómo sería tomar su sangre, nunca, bajo ninguna circunstancia, la habría forzado a darle sangre a Zacarías.
    Y la había forzado, o por lo menos obligado. Sabía que ella encontraba la idea repugnante, pero Zacarías era familia. Ella vivía bajo su sentido del código, su honor, su deber. No se habría perdonado negársele en un momento de necesidad. Habría meditado sobre su negativa en las horas largas del día cuando Dominic no pudiera consolarla. Él tenía un código también, y ese código era proporcionar a su compañera todo lo que necesitara, incluso si eso significara estirar sus límites más allá de lo que pensaba que podría manejar.
    Pero esto estaba estirando sus propios límites más allá de lo que podía manejar. Para Zacarías ella era una guerrera, pero Dominic la había visto vulnerable. Para él su vulnerabilidad era hermosa y que ella se la mostrara era un honor. Sacó a la luz todos sus instintos protectores y la bestia que rondaba dentro de él rugió por ella. Exigía no simplemente el emparejamiento físico, sino la perfección de lo que era una compañera. Ella necesitaba. Él proporcionaba. Él necesitaba. Ella proporcionaba. Cada uno se dedicaba únicamente al otro.
    Pero esto, esta reacción sorprendente de cuerpo y mente lo estaba casi deshaciendo. La sangre de Solange entraba en su cuerpo y los parásitos se encogían ante ella, más de lo que lo habían hecho con la sangre pura cárpata de Zacarías. Se retiraron, se calmaron, ocultándose de la sangre real jaguar como si tuvieran miedo de la feroz gata guerrera. Mientras la sangre se extendía por su sistema, el fuego interno comenzó, una gran tormenta que ardió rápidamente y fuera de control.
    Ella movió el cuerpo contra el suyo, inflamando la ingle ya dura como una piedra. No quería parar, su mano acarició la cara inferior del seno, aunque lo que deseaba, no, lo que necesitaba, era sentir la piel sedosa contra la suya. Su pequeño sollozo lo detuvo en seco. Se restauró el control. Orden. Un conocimiento de dónde estaba y lo que sucedía a su alrededor. Había estado tan atrapado en las ansias de la locura que se asombró cuando le lamió lentamente las perforaciones y siguió las gotas rojo rubí de sangre por el hombro. Se enderezó lentamente, aspirándola, absorbiendo la sensación de su pequeño cuerpo curvilíneo apretado contra él. Nada jamás se había sentido tan correcto.
    Consciente de del temor creciente de ella, apretó la boca contra el pulso, deseando sólo calmar y consolarla. Su pequeña gata salvaje tenía un lado femenino que ella consideraba sumiso y eso la aterrorizaba. Era cosa de él mostrarle que esa parte de ella era tan importante como su parte de guerrera, y que ser una mujer no restaba valor a lo que era.
    – Pesäd te engemal, estás a salvo conmigo. -Susurró las palabras contra el pulso frenético, arremolinando la lengua allí, sosteniéndola mientras se calmaba.
    Su naturaleza salvaje era evidente. Solange había vivido su vida en los márgenes de la sociedad, nunca en medio de ella. Las leyes no se aplicaban a su mundo. Ella no necesitaba aprender las sutilezas de la vida en la ciudad, ni siguiera de la vida dentro de una comunidad. Su mundo era de sólo supervivencia, muy similar a como había sido el de él.
    Zacarías fue a deslizar la lengua sobre el desgarro para cerrarlo cortésmente, pero Dominic atrajo la muñeca a su boca. Tomó un sorbo, sintió la bola de fuego rodando por su cuerpo y luego cerró él mismo la herida.
    – Gracias -dijo Zacarías.
    Dominic supo que el cazador Carpato le daba las gracias a él, no a Solange. En los tiempos antiguos, las compañeras eran sagradas y los demás no hablaban con ellas sin permiso expreso. Zacarías era de esa vieja escuela, y quizás, si era enteramente veraz consigo mismo, Dominic también.
    Levantó la cabeza para encontrar la mirada de Zacarías.
    – El alba se acerca.
    Zacarías asintió.
    – Kolasz arwa-arvoval, que mueras con honor. -Esperó un momento-. Ha pasado mucho tiempo desde que oí hablar en nuestro propio idioma. Por un momento, sentí la llamada de nuestra patria.
    – Veri olen piros, ekäm, que la sangre sea roja, hermano -contestó Dominic. El significado era claro. Encuentra tu compañera.
    Zacarías miró de él a Solange, su ropa y piel manchados de sangre. Sacudió la cabeza.
    – Mi tiempo para eso ya ha pasado. El mundo ha cambiado y me dejó atrás. Te ayudaré cuando llames, viejo amigo.
    Desapareció simplemente, el vapor se unió con el humo del fuego agonizante. Hubo silencio. Solange no giró la cabeza para mirar a Dominic por encima del hombro, simplemente esperó su dirección, manteniéndose muy quieta, aunque él podía sentir los temblores que le atravesaban la espina dorsal.
    Por encima de su cabeza, él sonrió, la tensión desaparecía de su cuerpo ahora que no había machos cerca de ella y estaban solos. La atrajo hacia él.
    – Nos llevaré a un lugar seguro donde podamos bañarnos y descansar.
    Quiso soltarse, caer al suelo y destrozar algo. ¿Se sintieron las otras mujeres así? ¿Queriendo complacerlo, hacer lo que pedía? Se sentía tan aterrorizada que no podía respirar ¿Y qué le pedía él? Una cosa sencilla. Bañarse y descansar. No había dicho nada más. Ella no podría darle su cuerpo, nunca. No a él. Un estremecimiento le atravesó el cuerpo. Silenciosamente, sacudió la cabeza.
    Se escuchó rápidamente tomar aliento cuando la levantó.
    – Valor -le susurró él contra la nuca.
    Ella no temía el método de viaje que había escogido, él lo sabía. También sabía que no le temía, no a Dominic el guerrero. Confiaba en él o nunca habría entrado en la batalla con él. Era a Dominic el hombre al que temía y éste era quien debía ganarse su confianza. Por encima de todo, lo deseaba todo de ella. Sabía que su necesidad era egoísta, pero había tenido muy poco brillo en su vida, y Solange relucía como la más brillante de las estrellas. La llevó a los cielos acercando sus cuerpos.
    Solange se metió el puño en la boca para evitar protestar. No quería hacer nada equivocado, pero si no tenía ni la menor idea de cómo actuar, estaba destinada a cometer un error. Su gata rondaba de aquí para allá, en un momento ronroneaba con satisfacción y el siguiente siseaba y gruñía como si presintiera su terror creciente.
    ¿Cómo iba a despojarse de su ropa delante de él? ¿Por qué no había escuchado a MaryAnn cuándo intentaba ayudarla a que aprendiera a ser más femenina?
    Él se inclinó sobre ella y acarició con la lengua el lugar exacto donde había tomado su sangre. La mente de Solange perdió su tren de pensamientos. El calor la inundó entre las piernas. Los músculos del estómago se contrajeron debajo de la palma de Dominic y los senos se sintieron de repente llenos y doloridos. Encima, iba a reaccionar como una gata en celo. A menos… nunca podría yacer con él, jamás se entregaría porque él se la tragaría, la dejaría sin nada.
    Dominic le acarició el cuello con la nariz. Deja de pensar y permítete disfrutar de lo que queda de noche. Relájate en mí.
    Estaba tensa, aterrorizada de sentir su inmensa fuerza, petrificada por el compromiso que significaba acompañarlo. ¿Cuánto más lejos llegaría para complacerlo? ¿Perdería su sentido de ella misma?
    ¿Es tan difícil, kessa ku toro, mi pequeña gata salvaje, relajarse para mí?
    ¿Lo era? Se estaba comportando como una tonta. Respiró hondo y lo dejó escapar el aliento. Obligó a sus ojos a abrirse y observó la noche. Estaban fuera del pesado dosel, en el cielo abierto. Arriba. Más alto de lo que jamás había estado antes. Nunca había estado fuera de la selva tropical. Nunca había volado en un avión. Por un momento se asustó y se aferró en él.
    Abre los brazos, minan, mía
    Tragó con fuerza. Había un ronroneo bajo en su voz, como si todo lo que ella tuviera que hacer fuera estirar los brazos como alas y eso le complacería más que cualquier otra cosa. ¿Era tan sencillo? Tenía que confiar en él para no caerse. En la batalla había confiando implícitamente en él. Por supuesto que la mantendría a salvo. Era ridículo pensar que no lo haría. Y tendría la experiencia de volar, quizá por única vez en su vida.
    Dejó escapar el aliento y levantó cada dedo del brazo de él. Sólo entonces se dio cuenta de que había estado colgando de sus antebrazos con las garras. Soltó un suave grito inarticulado, avergonzada.
    No te preocupes, gatita. Sólo déjate ir y vuela conmigo.
    Fue un cuchicheo seductor. Sintió que el calor del aliento en el cuello le daba tranquilidad de algún modo. Para complacerle, para decir que lamentaba haberlo herido inadvertidamente, se soltó y abrió los brazos al viento como si fuera un gran pájaro. El viento le tocó la cara y la despeinó. Encima de ella había un mar de nubes girando turbulentas, pero tan hermosas. Alrededor estaba el cielo abierto. Debajo las partes superiores de los árboles, algunos se disparaban más allá de la espesa cobertura para surgir triunfantemente entre la multitud. La tierra de abajo le deslumbró los ojos. Nunca se había sentido tan libre en su vida.
    La boca de Dominic le acarició el cuello, un roce en realidad, pero sintió su toque como una marca. Nadie jamás la había hecho sentir así, mareada, importante, toda su atención se centraba en ella. Con sólo un toque. Y él había preguntado. Podía unir fácilmente su mente con la suya, los Carpatos lo hacían todo el tiempo, una invasión, ella siempre lo había pensado. Algo equivocado. Nadie debería tener acceso a los pensamientos privados de uno. Y aún así…
    No es necesario.
    Ella no podía detectar desilusión, pero aún así, ¿por qué no podía decir que sí sin más? Él le estaba proporcionando una experiencia tan hermosa, una que dudaba que muchas personas tuvieran la oportunidad de conseguir. ¿Tanto le costaba permitirle ver cuánto apreciaba este momento? Él no la estaba haciendo sentirse culpable; era ella. ¿Era realmente tan cobarde? ¿Qué podría suceder si sólo por este momento dijera que sí?
    Respiró, sabía que las manos de él lo sentían, esa rápida inhalación, tan cruda y jadeante. No me importa.
    Me honras.
    Y entonces estuvo ñel dentro de su mente, una penetración lenta que envió mil dardos de fuego ardiente sobre su piel y profundamente a su interior, enviando una quemadura lenta por el estómago a su centro más femenino. Le sintió en ella, como si compartieran la misma piel, unidos tan profundamente que no sabía dónde comenzaba él y dónde ella.
    Se dio cuenta de que le estaba mostrando sus inseguridades, su frágil asidero en el valor, la necesidad terrible que tenía de él, el temor horrendo y casi insuperable a defraudarlo.
    Shh, minan, mira la noche conmigo. Eso es todo. Comparte la noche.
    Su murmullo sedante, casi una caricia, calmó sus pensamientos salvajes y concentró su atención en la espectacular sensación de elevarse por el aire. Encontró el milagro mucho más especial cuando era compartido. Él los llevó en un gran círculo sobre el río y ella divisó los raros delfines rosa. Por supuesto que los había visto antes, pero no así, donde podía ver su asombrosa velocidad en el agua. Rió. Con sus mentes unidas, el arranque de felicidad de Dominic la regocijó. Era como un niño que experimenta todo por primera vez después de cientos de años sin emoción, y eso aumentó su placer.
    Giró la cabeza hacia él y se encontró queriendo acariciarle con la nariz el cuello en una demostración rara de tímido cariño, pero no podía atreverse a tocarlo, así que inhaló su olor, tomó su esencia masculina en los pulmones y la retuvo allí, como si se abrazara a ella.
    Uniré las manos alrededor de la cintura, Solange. Asómate y déjame tomar tu peso para que puedas sentir el verdadero vuelo.
    El corazón le tartamudeó ante la idea. Empujaba realmente sus límites de confianza, pero él parecía ignorante de ello. ¿O lo era? No podía ser. Estaba dentro de su mente. Conocía sus temores. Se humedeció los labios, el pulso le palpitaba de forma atronadora en las orejas. Como antes, él permaneció silencioso, no repitió la petición. Simplemente esperó su elección.
    Ella se lamió los labios de repente secos. Su vida estaría en sus manos. Con los brazos extendidos, su cuerpo caería hacia adelante como si realmente volara, no tendría la oportunidad de colgarse a él. Dudaba que fuera lo bastante rápida para cambiar, para girar y agarrarse con las garras si la dejaba caer. ¿Podría hacerlo? ¿Le desagradaría si ella no lo hacía? ¿Importaría? Trató de tocar su mente, pero él simplemente esperaba.
    Podía sentir el peso de su mirada sobre ella. Tan resuelta. Toda su concentración solamente en ella. Sintió lágrimas ardiéndole detrás de los ojos. Quería dárselo. Era todo lo que podía darle. Momentos como éste. Sabía que no había ninguna otra mujer para él. No era que la amara. O deseara. No tenía elección, pero estaba dispuesto a darle elecciones a ella. Era sólo que su personalidad era tan abrumadora.
    Cerró los ojos y asintió.
    Él le rozó la coronilla con un beso, desencadenando un revoloteo raro en el estómago. Contuvo la respiración cuando la boca llegó a la sien y luego apretó los labios fríos y firmes en la oreja.
    Mi mujer.
    El corazón se le contrajo. La matriz se apretó y sintió una inundación de calor húmedo entre las piernas. Dos palabras y se fundía. ¿Qué decía eso de ella? ¿Estaba tan desesperada por su aprobación que todo lo que tenía que hacer él era sonar feliz con ella y haría todo lo que deseara?
    Él esperó que cambiara de posición por sí misma. Casi deseó que la hubiera movido primero, pero no lo hizo. Lentamente, con cuidado, comenzó a inclinarse sobre las palmas para columpiarse, lejos del consuelo sólido de su cuerpo. El viento aumentó y ella no pudo evitar que sus manos se agarraran a las muñecas. Instantáneamente él la atrajo de vuelta contra él y… esperó.
    Sabía que esperaba que reuniera valor y pusiera su confianza en él. No había fingimiento en que estaba demasiado agotada, él sostenía todo su peso. Todo lo que tenía que hacer era colgar allí en el cielo mientras la magia de la noche la rodeaba. Él le estaba dando un regalo de gran importancia. No había habido regalos desde que su familia fue masacrada, hasta ahora, hasta este momento. Parecía un brujo oscuro al que no podía resistirse, especialmente cuando le ofrecía una experiencia tan rara y fenomenal.
    El tiempo fue más despacio. Podía sentir cómo le palpitaba el corazón. Él la hacía sentir importante cuando nunca se había sentido así, para nadie. El aire parecía frío, la noche una manta fresca. Cerró los ojos, respiró hondo y se soltó. Extendió los brazos lejos del cuerpo. Él apartó las manos y ella supo que éste era el momento, ahora o nunca. No reuniría esta clase de valor, ni confianza, otra vez. Se permitió caer hacia adelante. La sensación quedó atrapada en el estómago y por un momento tuvo miedo de que no la agarrara, pero allí estaban sus palmas y se encontró suspendida en el aire con nada excepto sus manos bajo ella.
    Muy lentamente abrió los ojos. El aliento se le quedó atascado en la garganta mientras se elevaba, se hundía y rodaba con la libertad de los pájaros. Otra vez experimentó ese éxtasis mareante que era físico, la adrenalina se vertió en su corriente sanguínea como oro oscuro, espesándola, esparciendo calor a través de ella. Sintió a Dominic con ella, en ella, compartiendo los momentos deslumbrantes. Era pura magia, él era pura magia.
    El viento le arrancó lágrimas de los ojos. Después de uno de los peores días de su vida, perdiendo a Annabelle, matando a dos hombres y casi siendo capturada o muerta por su propio padre, luchando contra vampiros y teniendo que encarar a su compañero, estaba abrumada por la pura alegría mientras volaba por el aire. Era demasiado y no deseaba que terminara todavía.
    Dominic la atrajo, girándola para que apretara la cara sobre su corazón. El ritmo constante la consoló, ayudándola a evitar sollozar en voz alta. Lloró silenciosamente, los dedos enterrados en el frente de su camisa. No le importaba nada más en ese momento. A dónde iban ni lo que sucedería cuando llegaran. Él tenía un destino en mente y era evidente que no la dejaría caer, así que se entregó a su cuidado.
    Dominic sintió el momento exacto en que se dejó ir y se entregó a él. Apretó los brazos en torno a ella, sosteniéndola cerca. Era muy frágil y tan vulnerable. No simplemente su ser físico, sino la mujer que ocultaba del resto del mundo. Estaba agotada y se habría ido a un refugio húmedo a lamer sus heridas a solas y tratar de recuperarse antes de enfrentarse al enemigo otra vez.
    No esta vez, mi gatita. Esta vez yo me encargaré de tu cuidado.
    Ella no contestó, pero el llanto, esas lágrimas que le rompían el corazón, disminuyeron. Escaneó meticulosamente el área en busca de signos del no- muerto antes de bajarla al suelo del bosque, a la entrada del refugio favorito de ella. Lo había visto una docena de veces cuando se encontraban en su mente, esa pequeña cueva cómoda en lo más recóndito del laberinto de piedra caliza. Las imágenes eran muy detalladas. Ella no tenía la menor idea de cuánta información podía extraer de su mente en segundos cuando era necesario. Y ambos necesitaban esto.
    Descubrió que la entrada era demasiado pequeña para llevarla en brazos y de mala gana la bajó, anclándola firmemente a él con el brazo.
    – ¿Cómo sabías…? -Solange echó una mirada alrededor, tenía las pestañas húmedas, los ojos brillantes y ligeramente sorprendidos.
    – Soy tu compañero -indicó, su voz suave-. Este lugar te consuela.
    Ella se dio la vuelta y entró agachándose, parpadeando contra las lágrimas. Él dudaba que nadie la hubiera consolado en años. La siguió, notando el movimiento fluido de su cuerpo, como la gata que era tan parte de ella. Tenía un olor salvaje e indomable que le atraía más que cualquier otro perfume que jamás hubiera olido. Pertenecía al bosque, y se movía con silenciosa cautela en la oscuridad, aún en forma humana.
    El túnel se dirigió hacia abajo, a lo profundo de la tierra. Ella se detuvo en lo que pareció ser un callejón sin salida y se agachó para mover varias piedras grandes. Dominic la apartó suavemente del camino y levitó los grandes bloques de piedra caliza y los puso aparte, con una reverencia le indicó que le precediera.
    Vaciló, parándose muy cerca de él en los pequeños límites del túnel. Él pudo oír su corazón, el ritmo era demasiado fuerte. Estaba asustada pero aún así se ponía en sus manos, su valor lo humilló. Para animarla, le tomó la mano y se la llevó a la boca. Le acarició la muñeca con dedos largos, donde Zacarías había tomado sangre, mientras presionaba un beso en el centro exacto de la palma.
    Solange se quedó sin aliento, su mirada saltó a la cara de él y luego rápidamente la alejó.
    – Tienes que arrastrarte para entrar en la cámara, y los hombros…
    Él mantuvo la posesión de su mano, los dedos contra la boca.
    – Puedo convertirme en vapor -recordó con una sonrisa en su voz.
    Sintió su agudo desconcierto por no haberlo recordado. El cuerpo de Solange se inundó con calor e inmediatamente se tensó. Comenzó a apartar la mano, pero él se negó a renunciar al control. En vez de eso, se llevó los dedos al calor de la boca y los chupó. Un temblor atravesó el cuerpo de ella cuando atrajo los dedos a los labios y le mordisqueó suavemente las puntas.
    – Estás muy cansada, Solange. Agradezco tu preocupación.
    Una vez más su mirada voló a la de él. Parecía tan insegura que quiso aplastarla contra él. En vez de eso, le soltó la mano y le posó la suya sobre el hombro, poniéndola de rodillas en silencio. Por un momento, saboreó la sensación del aliento cálido en su miembro duro como una roca a través de la tela de los pantalones. Sería tan fácil quitárselos. La idea de su boca sobre él lo sacudió, pero no permitió que sus propios placeres se impusieran al cuidado de ella. Apretó suavemente hasta que se puso a gatas y se arrastró por el túnel estrecho y apretado que llevaba a la cámara.
    El canal le recordó a la madriguera de un conejo. Fluyó por él fácilmente, siguiendo a su mujer hasta la cueva. Ella la había transformado de alguna manera en un hogar y el corazón se le paró en el pecho cuando se dio cuenta de que Solange nunca había compartido este lugar sagrado, su único refugio verdadero, con nadie más. Solange fue a la pared norte para buscar la linterna, pero él encendió las velas con un gesto de la mano. Inmediatamente la suave luz lanzó sombras sobre todo.
    Agradeció el rico suelo de tierra. En un rincón había una alfombra tejida a mano y unos pocos tazones de madera. El sonido de agua era música de fondo mientras se deslizaba por la pared en la zona este para llenar la charca, una ancha piscina que ocupaba un rincón de la cámara. El techo era alto, dando la ilusión de espacio cuando en realidad la caverna era cómoda.
    Notó que ella permanecía a bastante distancia de él, silenciosa, los felinos ojos verdes seguían cada movimiento mientras él exploraba. Se tomó su tiempo, permitiendo que el silencio se estirara, escuchando el ritmo de su corazón, esperando a que ella se calmara. Vio libros y recogió varios para estudiar los títulos. La mayoría eran sobre cómo hacer armas y sobre las plantas del Amazonas. Hojeó uno de los volúmenes y encontró destacadas muchas de las plantas curativas.
    Cuando se acercó más, Solange reaccionó cómo una gata salvaje acorralada, retirándose con los ojos abiertos de par en par, casi hipnotizada por él. Mantenía la cabeza baja, la cara apartada ligeramente, pero lo miraba todo el tiempo. Fue a una pequeña pila de artículos cuidadosamente colocados en un estante de piedra dentro de un pequeño nicho, y la tensión en ella pareció aliviarse un poco más. Su corazón se ralentizó a un ritmo casi normal.
    Había una manta harapienta, muy vieja, que alguien había hecho con cariño para un niño. De ella no, adivinó por el color azul. Un chico. Alguien a quien ella amaba, por lo que parecía. Una foto borrosa de una mujer en un marco hecho de madera, una mujer que debía haber sido su madre, sentada en un estante. Tenía sus mismos ojos asombrosos. Un peine tallado a mano de la madera más fina. Tocó cada artículo. Leyó los recuerdos impresos allí. Un hermano, no, dos hermanos. El peine había sido hecho por su padre. Frunció el entrecejo. No su padre de nacimiento. El hombre al que amaba como un padre. Todos se habían ido. Cada uno de ellos.
    Levantó la cabeza y la miró, su mirada chocó con la de ella.
    – Ven aquí conmigo, Solange. Aquí mismo. -Señaló a un lugar delante de él.
    Parecía asustada. Los ojos se le oscurecieron. El corazón le comenzó a palpitar desenfrenadamente otra vez, llenando la pequeña cámara con su ritmo frenético.

Capítulo 7

    ¿Puedes llegar a confiar en un hombre otra vez?
    ¿Puedes llegar a amar a un antiguo como yo?
    Deja que mis brazos fuertes te protejan, déjame cantarte para que te duermas.
    Deja que mi canción te cure, como la tierra y el mar.
    De Dominic para Solange

    El corazón de Solange estaba a punto de estallarle fuera del pecho. Pequeños temblores recorrían su cuerpo y gélidos dedos de terror se deslizaban por su columna vertebral. Dominic llenaba la habitación con su poder. No podía mirar su cara, no a esos ojos penetrantes que podían cambiar de color como una tormenta. Ella simplemente se retorcía las manos. La distancia entre ellos parecía ser kilómetros, aunque sólo era de unos pocos pasos. No se suponía que los hombres fuesen como él… excepto en los sueños. Podía manejarlo en los sueños, pero esto era una locura. ¿Qué quería de ella?
    Él esperaba. Siempre parecía esperar con paciencia a que ella se decidiese. Nunca elevaba la voz, el tono era suave y convincente. Ella le clavó la mirada en el pecho durante mucho tiempo antes de poder hacer que su pie congelado diera un paso adelante. Uno. Contó para sí. Dos. Él parecía amenazadoramente más grande que nunca. Tres. Podía ver los músculos moverse por debajo de la camisa. Cuatro. Bajó la cabeza y negándose a encontrarse con sus ojos, dio el último paso para pararse en el lugar exacto que él le había indicado. Era lo mejor que podía hacer por él.
    – El amanecer está muy cerca, parafertiil… compañera. Tengo que asegurarme de que he cuidado adecuadamente de ti.
    Su estómago dio un salto mortal. ¿Qué significaba eso, “he cuidado de ti”? Ella se lamió los labios, tratando de obtener suficiente humedad para hacer algo más que chirriar. Sería perfectamente capaz de cuidarse por sí misma si pudiera encontrar la manera de moverse. Se sentía paralizada.
    Él le agarró el borde de la camisa y simplemente se la sacó por la cabeza antes de que ella tuviera oportunidad de detenerlo. Jadeó y se cubrió los pechos generosos con las manos, la cara le pasó del rojo brillante al blanco casi translúcido.
    – Tu baño, Solange -le recordó.
    Ella tragó dos veces.
    – Puedo desvestirme sola -espetó. Era una mentira evidente. No podría quitarse la ropa delante de él ni para salvar su vida.
    – ¿Y me niegas el placer de hacerlo por ti?
    Ella se quedó mirándole en silencio el pecho. La vería. No había ningún lugar donde esconderse en la pequeña caverna. Él le agarró las muñecas delicadamente, le bajó los brazos y se los apartó del cuerpo. Un rubor se propagó desde los dedos de los pies hasta su cara. Podía sentir el calor corriendo bajo su piel y peor aún, la humedad reuniéndose entre las piernas. El aire frío de la caverna excitó los pechos desnudos, a tal grado que sus pezones reaccionaron formando duras y diminutas protuberancias que atrajeron la atención de Dominic.
    Él inhaló, su mirada se movió sobre ella con un indicio de posesión.
    – ¿Por qué me ocultarías tus pechos? ¿No son parte de mi mujer? ¿No me pertenecen tal como me pertenece ella? ¿No es tuyo mi cuerpo?
    Ella oyó un sonido estrangulado salir de su garganta, pero era el único sonido que podía salir. Se sentía fascinada por él, aquí de pie temblando mientras Dominic se acercaba, tan cerca que sintió el roce de su pecho contra los pezones sensibles. Con cada respiración Solange arrastraba el aroma de él dentro de sus pulmones. Si levantaba el cuello, sabía que vería esos feroces ojos verdes en lugar del azul tranquilizador. Estaba tan excitado como ella, su calor la hacía estallar en llamas. Cerró los ojos cuando las manos de él cayeron en la parte delantera de los pantalones vaqueros.
    – No soy hermosa -logró advertirle, esperando que si lo decía primero, él no se decepcionaría demasiado.
    Sus manos se detuvieron.
    – Solange.
    Ella respingó. La voz era severa. Todavía en un tono bajo, pero muy severa.
    – Mírame.
    Ella quería mirar a cualquier parte excepto a Dominic, pero no pudo evitar levantar los ojos hacia los de él. Era pura compulsión. Todo su ser se encogió ente el disgusto liso y llano de su rostro.
    – Esta es una regla muy importante, Solange. Mi compañera es la mujer más hermosa en este mundo para mí. Cualquiera que diga lo contrario la insulta, lo cual es una ofensa capital y me insulta también a mí. No creo que quieras hacer eso, ¿verdad?
    Ella negó con la cabeza. Para su horror las lágrimas le quemaban detrás de los ojos. No podría hacer esto. Odiaba decepcionarlo, ¿pero qué sería peor? ¿Dejar que lo descubriera por su cuenta o tratar de contárselo?
    – Estaba tratando de ser honesta.
    La mano de él le acunó el costado de la cara, su gentileza fue casi la perdición de ella. El pulgar le acariciaba la mejilla y la mandíbula.
    – Kessake… mi pequeña gatita. No te angusties. Cuando un hombre ha esperado mil años por la única mujer que es sólo suya, ella es la definición misma de la belleza para él. Lo que los demás ven no puede tener importancia. Sólo lo que yo veo importa. Y quiero que tú te veas a través de mis ojos. Deberías ver a la mujer que yo veo.
    Sus dedos bajaron arrastrándose por la garganta hasta la clavícula y luego hasta el montículo de los pechos.
    – Mírate. El epítome mismo de una mujer. -Los dedos le tocaban los pezones.
    Ella inspiró y contuvo la respiración, conmocionada por la electricidad que chisporroteaba entre los pechos y el vientre, bajando más aún para atormentar sus muslos con la excitación y prender fuego al centro mismo de su ser.
    Abruptamente sus manos cayeron a los vaqueros otra vez, para empujarlos hacia abajo sobre las caderas. Solange contuvo el aliento de nuevo, cerrando los ojos mientras obedecía a la presión de la mano para salir de la ropa. Los jaguares no podían usar ropa interior por regla general porque no podrían salir de ella lo suficientemente rápido cuando cambiaban. Estaba de pie delante de él absolutamente desnuda, agradecida por el efecto suavizante de las velas, incapaz de mirarlo. Mantuvo los brazos donde él los había ubicado y se mordió con fuerza el labio para evitar decir impulsivamente cualquier otra cosa que pudiese decepcionarlo.
    Sin importar lo que él dijera sobre que era hermosa, no se sentía así. Y quería ser bella para él. Ella iba morir pronto. No había forma de sobrevivir a una pelea con Brodrick; él era demasiado fuerte. Había aceptado que tenía un tiempo limitado disponible y en cierto modo, lo agradecía. Estaba tan cansada de los días como éste, días de fracaso, de matanza. De no tener a nadie…
    Quería estos últimos momentos con Dominic. Lo respetaba por encima de todos los demás hombres. Nunca había sido capaz de aceptar a otro hombre. Pero quería tanto pertenecer, por una vez siquiera en la vida. Ser cuidada. Ser una mujer, no una guerrera. Esta era su oportunidad, ahora al final de sus días… si podía soportar que él mirara su repulsivo cuerpo lleno de cicatrices.
    – Solange.
    Ella respingó. Definitivamente le leía la mente.
    Dominic negó con la cabeza.
    – No tu mente. Tu expresión. -La rodeó con un lento círculo.
    Ella tenía un fuerte deseo de cambiar a su jaguar, pero ahora era algo así como un desafío. ¿Decía la verdad? ¿Era un hombre honorable? Necesitaba saberlo. Era la primera persona en quien había confiado lo suficiente para permitirle estar al frente. Ni siquiera se había permitido nunca que sus amadas primas hicieran eso.
    Volvió a pararse frente a ella y las piernas de Solange casi cedieron. Estaba desnudo. Magníficamente. No había manera de respirar. Su mente se detuvo hecha pedazos. No había nada pequeño en torno a Dominic y ahora mismo, no había duda de que estaba excitado… por ella. Él inspiró profundamente y ella supo que podía oler su propia excitación. Los ojos de él se volvieron verdes oscuros.
    – Adoro la forma en que te sonrojas -dijo-. Tan seductora. No tenía idea de que mi pequeña gata salvaje sería tan sexy.
    Se sentía mareada. Débil. Desfalleciente. La habitación se inclinó.
    El la recogió en sus brazos, acunándola contra su pecho.
    – No olvides respirar, kessake. Eso ayuda.
    Estaba casi convencida que nada iba a ayudar, pero respiró de todos modos.
    – No puedo… -Gesticuló vagamente. No iba a tener sexo. No podría ir tan lejos, ¿verdad?
    – Yo tampoco puedo -respondió él, con diversión en la voz.
    Se relajó un poco, reconfortada por su humor. Se parecía mucho al hombre que había conjurado. Paciente. Relajado. Contento con quién era él y quién era ella.
    – Parece como si pudieras -señaló.
    Su mirada se movió sobre Solange y había cierta diversión en ella.
    – Me siento como si pudiera. Tú no estás preparada, no importa lo que tu cuerpo diga. Y yo tengo viles parásitos en el mío. No puedo correr el riesgo de pasártelos.
    Él entró en la fuente de agua.
    Ella se aferró a él.
    – El agua está fría.
    Los ojos de él se volvieron de un esmeralda profundo.
    – ¿Dejaría a mi compañera sentir frío cuando está exhausta y herida? Me ocupo de tus necesidades, minan, en todo momento.
    Se hundieron en el agua dichosamente caliente. A ella no le importaba cómo lo había conseguido, sino que cada célula de su cuerpo se lo agradeció. El calor la rodeaba, aliviando la terrible tensión de sus músculos que había producido el esfuerzo físico del día, así como la tensión de encontrar al hombre al que ella había creído había inventado. Metió la cabeza debajo del agua, pero cuando emergió y trató de alcanzar el champú que guardaba escondido en un pequeño saliente rocoso, la mano de él llegó allí antes que la de ella.
    – Permíteme. Me da placer.
    Tal vez si no sonase tan completamente sexy todo el tiempo ella podría manejar el estar con él. Era el tono de la voz. Su elección de palabras. Placer. Podía ver sus manos, grandes y fuertes como el resto de él. Él traficaba con la muerte, precisamente como hacía ella, pero había conocimiento en sus ojos… conocimiento de ella, de lo que ella anhelaba y nunca creyó que tendría.
    Dominic ocupaba tanto espacio. Llenaba la cámara entera con su presencia. Se sentía pequeña su lado, y era una mujer robusta. Él hacía que sus curvas pareciesen exuberantes y sexys en lugar de excesivas. Todo lo que hacía era deliberado y preciso. La ubicó tal cual la quería, de espaldas a él, acomodándola en su regazo a fin de que la cabeza pudiera descansar contra su pecho. Podía sentirlo, duro como una piedra, largo y grueso, desvergonzado contra sus nalgas.
    Solange trató desesperadamente de no pensar en sexo. Su gata no estaba próxima a entrar en celo y ella nunca pensó que un hombre la tocaría. Sería inconcebible permitir las manos de uno sobre su cuerpo después de todas las cosas terribles que había visto hacer a los hombres. No obstante, yaciendo en el agua, con el cuerpo ardiente y rodeado de líquido caliente, con la cabeza hacia atrás y los pechos flotando y su erección evidente en la mente, tenía que luchar para sacarse los pensamientos eróticos de la cabeza.
    Él le frotaba suavemente el champú sobre el cabello. Colocó los dedos sobre el cuero cabelludo, comenzando un masaje lento y mágico que hizo que su cuerpo entrara dentro de un estado casi hipnótico de relajación. Sentía el hormigueo de su cuero cabelludo propagarse a través de ella, una sensación agradable que se convirtió en puro gozo. Él se tomó su tiempo para enjuagarle el cabello a fondo antes de dejar caer las manos sobre el cuello, esos dedos fuertes y maravillosos masajearon cada nudo y músculo tenso.
    Solange suspiró, sorprendida por lo bien que se sentía. El agua caliente, las manos de él y la sensación de limpieza aliviando la mayor parte de su tensión.
    – Además de la cuestión de estar toda desnuda, ¿por qué es tan difícil hablar contigo? -Oyó su propia voz filosofando en voz alta y se escandalizó levemente de sí misma. Eran sus manos mágicas, que ahora trabajaban en los hombros, que parecían hacerla menos inhibida-. Antes hablaba contigo todo el tiempo.
    – Estabas a salvo. El hombre al que creíste conjurar no podía esperar nada de ti.
    Eso la hacía parecer una cobarde. ¿Era una cobarde? No lo creía. Pero tenía miedo. Él le sacó el brazo del agua para empezar a usar los fuertes dedos en aliviar la tensión de esos músculos también. Músculos bien marcados. Los cordones de músculos por debajo de la piel llena de cicatrices. Ella podía ver los cientos de mellas blancas, las diminutas que le recordaban las dolorosas puñaladas del cuchillo de su padre mientras trabajaba sobre todo su cuerpo en su empeño por provocar que su gata se diera a conocer.
    Odiaba mirarse el cuerpo. Odiaba esas cicatrices como lunares que le arruinaban la piel. No podía mirarse sin recordar la masacre. Si cerraba los ojos,podía oler la sangre recorriendo toda la casa y saliendo al exterior. Los cuerpos de sus hermanos tirados descuidadamente a un lado, brazos y piernas abiertas, el pequeño Avery yaciendo parcialmente sobre Adam como en un basurero. La bilis subió y luchó para no marearse. Sus amigos. Su familia. Emitió un único sonido inarticulado y trató de apartar bruscamente el brazo de él.
    Él no lo soltó. La mirada de Dominic saltó a su cara.
    – No te alejes de mí, Solange. Compartimos esto. La masacre de tu familia. La masacre de los míos.
    Las palabras suaves le permitieron respirar apartando las imágenes.
    – ¿Deseas eliminar la evidencia de tu piel?
    Hizo la pregunta en voz baja, con voz tan tierna que ella apartó la mirada porque no podía evitar que las lágrimas brotaran. Nunca había sido tan emocional. O tal vez lo había sido cuando había hablado con él pensando que no era real. Se había sentido lo suficientemente segura como para llorar delante de él. Había sido su única salida. Juliette y Jasmine a menudo la habían ayudado con los rescates, Juliette más que Jasmine, ya que ambas trataban de protegerla. Pero ellas confiaban en Solange y ella cuidaba de ellas con feroz proteccionismo. Se culpaba a sí misma de haber estado ausente cuando el hombre jaguar encontró a su tía Audrey y la arrastró lejos. Habían montado un rescate pero… El daño ya estaba hecho. Al igual que con Jasmine.
    Trató desesperadamente de detener los pensamientos. Estaba en un baño de vapor con un hombre escandalosamente guapo… más grande que la vida… y ella estaba tan sensible que casi había olvidado ese pequeño detalle.
    – ¿Solange? -Los dedos continuaron obrando su magia por el brazo-. ¿Lo harías si pudieras? ¿Eliminar estos tributos?
    Cerró los ojos y le dejó echarle la cabeza hacia atrás hasta ésta que descansó sobre el pecho de él mientras le levantaba el otro brazo y comenzaba ese masaje lento y tranquilizador. Nunca había pensado en las cicatrices como medallas o un tributo. ¿Lo eran? Había pensado en las cicatrices con odio y furia, un recordatorio de quién era su padre, de qué sangre corría por sus venas. Nunca, ni una vez, había considerado los pequeños puntos blancos como algo bello… un tributo a su amor por su madre, por su familia.
    – ¿Podrías eliminarlas? -¿Era acaso posible?
    – Tal vez. -El tono era evasivo.
    Solange no intentó mirarlo; simplemente se relajó, su cabeza descansaba sobre el pecho mientas él le masajeaba el brazo, sabiendo que esperaría con infinita paciencia la respuesta. Había amado esa calma en él, la falta de ira y necesidad de venganza. Ella estaba impulsada por ambas emociones destructivas y necesitaba desesperadamente esa calma en medio de la furia salvaje que la guiaba con tanta fuerza. Cuando estaba cerca de él así se sentía más estable. Segura. Reconfortada. Podía estar desequilibrada, pero mientras pensara en términos de pareja, podía deponer la pelea y simplemente estar quieta.
    Él acercó la boca a su hombro donde habían estado las heridas de pinchazos.
    – Casi te alcanzó hoy.
    Ella asintió con la cabeza.
    – Estaba aterrorizada. No quiero me vuelva a poner las manos encima. Me metí en el río, tal como hizo la pobre Annabelle. -Presionó los dedos en la sien y negó con la cabeza-. La dejé allí. En el río. Para tentarlos. Sin preocuparme por el hombre jaguar, él podía pudrirse allí. No me la puedo sacar de la cabeza. Debería haber intentado encontrar su cuerpo.
    – Yo encontré su cuerpo y lo enterré profundamente donde ningún humano, animal y jaguar la encontrarán jamás. Eliminé todo aroma del área. Está a salvo de ellos.
    El alivio fue abrumador. Solange se reclinó y apoyó la cabeza sobre su pecho otra vez.
    – Gracias. Nunca he dejado a una mujer sola en su muerte. Hago todo lo que puedo por ella, aún si no la puedo salvar. Me habría obsesionado que no hubiese sido enterrada o incinerada adecuadamente.
    Sus brazos la rodearon, justo por debajo de los pechos y la abrazó.
    – Está hecho, sivamet… mi corazón. Ahora puedes descansar.
    Se sintió relajada, la tensión por fin había desaparecido por completo de ella. Sus brazos se sentían seguros y cuando cerró los ojos se permitió ir un poco a la deriva y simplemente disfrutar de la sensación de él abrazándola. Esto, entonces, era lo que las otras mujeres sentían. Ser parte de otro. Sentirse cuidadas.
    – No querría -murmuró.
    – ¿No querrías? -repitió él.
    – Eliminar mis cicatrices. Son parte de mí, parte de quién soy ahora. No me gusta estar enojada y el asesinato me enferma. Después de un rato me pregunto si soy tan mala como ellos, pero en cierto modo, tienes razón acerca de las cicatrices. No me quebré. No le permití utilizarme y convertirme en algo débil e indefenso. Honré a mi madre y la memoria de mi padrastro, así como también a nuestros amigos y a mis dos hermanos pequeños. -Se pasó los dedos sobre los brazos y por primera vez vio su piel de manera diferente. Un homenaje, no algo tan feo.
    – Tú eres un regalo, Solange. Un regalo asombroso y de gran valor. -Él le apartó el cabello mojado y le rozó el cuello con un beso.
    Sin otra palabra la levantó en sus brazos y salió de la charca. Ella abrió la boca para protestar. El agua había sido un capullo de calor. Por primera vez que pudiese recordar se sentía aliviada y reconfortada y no quería que terminara. Pero había algo implacable en su expresión. Las arrugas estaban profundamente grabadas. Los ojos eran azules oscuros otra vez, había un indicio de posesión allí que la hizo sentir secretamente emocionada.
    La caverna debería haber estado fría y Solange estaba preparada para tiritar, pero el aire era caliente. Él había mirado por su comodidad otra vez. La puso de pie delante de él, produjo una suave toalla del aire, a la manera extraordinaria en que los Carpatos podían crear ropa, y empezó a frotar suavemente las gotitas de agua de su cuerpo. Ella se encontró intolerablemente tímida de nuevo.
    Estaba tan cerca que su calor la envolvía, su mirada le vagaba sobre el cuerpo como si le perteneciera. ¿No había utilizado él realmente esas palabras? Fue lento y metódico, tomándose su tiempo, utilizando la esquina de la toalla para frotarle los brazos y secárselos, pero entonces se inclinó de repente y lamió con la lengua una gota de agua de la punta del seno. Solange saltó mientras unos rayos de fuego se precipitaban a su vagina, desencadenando un espasmo de deseo. Dominic movió la boca sobre la marca del mordisco que le había curado anteriormente. Las perforaciones estaban selladas, pero esta vez lamió el tejido dañado hasta que ella ya no sintió la marca.
    – No tienes que hacer eso. -Tiritó, no de frío, sino por su toque sensual.
    – Estás equivocada, kessake -corrigió-. Ningún otro hombre puede poner su marca sobre mi mujer. No la puede dañar de ninguna manera. Tengo que curarte o no podría vivir conmigo mismo.
    Le dejó. No sabía por qué se lo permitía. Su toque debería ser perturbador, y quizás, porque era excitante, lo era… pero no le importaba. Nunca antes había experimentado la atención de nadie, mucho menos permitido que un hombre se concentrara tan completamente en su bienestar. La hacía sentirse especial y hermosa, casi como una frágil flor de la selva tropical. No lo era y ambos lo sabían, pero durante esos pocos minutos que le estuvo prodigando tales cuidados, no quiso que el momento terminara.
    Un cuento de hadas. Cerró los ojos y se rindió a la experiencia. El hombre perfecto, un guerrero de ojos cambiantes, la calma absoluta en el centro de una tormenta. Él pensaba que era hermosa cuando ella era un lío perfecto y espantoso. Pero él lo pensaba. De algún modo, Dominic lo hacía.
    Prestaba atención a los detalles, y cada vez que encontraba una magulladura o un rasguño molesto bajaba la cabeza y utilizaba la boca para sanarlo. El acto era erótico, aunque adivinaba que él no lo pensaba así. Estaba concentrado en su salud, no en su cuerpo. La lengua encontró una herida de perforación en la parte baja de la espalda, más cerca de las nalgas. Las manos le sostuvieron inmóviles las caderas mientras se ocupaba de cada herida por separado.
    Solange intentó con fuerza controlar la respiración. Agradecía que se hubiera trasladado a su espalda para no tener que admirar su físico, porque, para ella, él era la perfección. No tenía la menor idea de lo que podría suceder tras este encuentro con él, pero aceptaría el momento y lo guardaría en su corazón para siempre. Él trazó un círculo completo hasta que se detuvo delante de ella otra vez. Esta vez se inclinó y le rozó la boca temblorosa con un beso.
    Cayó bruscamente de rodillas delante de ella. Solange no se podía mover. No podía respirar. ¿Qué estaba haciendo un hombre como Dominic de rodillas ante ella? Esto estaba tan equivocado. Podía luchar lado a lado con él, y se consideraría su igual, sin importar que él fuera un guerrero insuperable. Pero ella no era su igual aquí. No cuando estaban a solas. Quiso protestar, retirarse, servirle, pero no tenía la menor idea de cómo.
    – No puedo hacer esto -logró decir. Su voz no era la suya, sólo un hilo de sonido tembloroso que podría tomarse por temor.
    Él alzó la mirada con ojos oscurecidos con deseo. A Solange se le contrajo con fuerza el corazón en el pecho. Había algo tan irresistible en el modo en que la miraba. Ella era jaguar, acostumbrada a las miradas fijas, pero ésa era la mirada concentrada de un depredador. Dominic la miraba como si fuera la mujer más deseable del mundo, era suya. Solange sacudió la cabeza, mordiéndose con fuerza el labio inferior para evitar disgustarle otra vez diciendo sin querer que no lo era.
    – Mereces… -Los dedos de Solange tocaron tentativamente los mechones sedosos de ese cabello tan negro como el ala de un gran pájaro brillando en el cielo-… mucho más. No puedo ser lo que necesitas.
    – Te merezco a ti -dijo, con la voz tan suave como siempre-. Necesito esto. -Se inclinó hacia adelante y capturó las gotitas de agua que bajaban por la cadera derecha, sobre la herida dentada y fea.
    Solange gritó, el golpe de la boca sobre ella envió ondas de calor por todo su cuerpo. El roce del pelo contra los muslos envió mil rayos de ardiente excitación por sus piernas, se habría caído si no se hubiera agarrado a sus hombros. Lo sintió sólido, como una roca, alguien en quien podría apoyarse si se permitiera romperse. Y quizá eso era él después de todo.
    Dominic abrió las manos sobre sus muslos. No dijo ni una palabra, simplemente la colocó con las manos. El aliento la tocó primero. El sonido del corazón resonó en la caverna. Le lamió cuidadosamente todos y cada uno de los desgarros, cada rasguño, y cuando encontró una vez más las heridas perforadas en la espalda y las nalgas, ella quiso llorar por el cuidado que se tomó.
    – ¿Qué sucedió?
    Solange tuvo que buscar para encontrar sus cuerdas vocales. Dominic no la había tocado sexualmente, no en realidad, pero su cuerpo ya no era suyo. Maleable y suave le pertenecía a él, ella le pertenecía. No sabía qué clase de reclamo hacían los Carpatos sobre sus compañeras, pero se sentía reclamada. Sintió como si la cuidara como a una joya rara y preciosa. Nunca antes nada había estado tan cerca de esa sensación.
    – Tendí una trampa y él me esperaba. Sacrificó a sus hombres, los dejó a campo abierto y disparé. Estaba a punto de huir cuando cayó de la nada. Es difícil engañar a mi jaguar. Está muy alerta, especialmente con cualquier macho en el área. Tiene que estarlo. Pero él estaba allí y ahora tiene el olor de mi sangre.
    – ¿Quién es él? -Dominic bajó la cabeza para depositar un beso sobre las perforaciones, el cabello la hacia estremecerse cuando se rozaba contra la piel.
    – Le llaman Brodrick. Brodrick el Terrible. Es mi padre.
    Dominic se quedó silencioso un momento, tomándose su tiempo para levantase. Le envolvió el cuerpo en la toalla tibia y la atrajo a sus brazos.
    – Háblame de él.
    Solange descansó la cabeza contra su pecho y se permitió el placer de rodearle la cintura con los brazos. Podía oír el ritmo constante del corazón, un ritmo tranquilizador. ¿A dónde habían ido todos los hombres como Dominic? Dudaba que mereciera a este hombre, no cuando ni siquiera sabía cómo ser una mujer. Pero había tantas otras mujeres en el mundo, buenas y amorosas, que cuidarían, alimentarían y se unirían a un hombre. ¿Cómo había sucedido esto? ¿Un error? Quizás, pero estaba dispuesta a aceptar el regalo que le había sido entregado. Su tiempo había pasado y quizá el de él también.
    – Ha matado a personas que mis primas y yo amábamos. Mata a cualquier mujer o niño que no pueda cambiar. Mata a cada niño jaguar macho que tenga sangre humana en las venas. Los hombres que le siguen no son de la realeza, pero todos cambian, y le ayudan a matar a nuestra gente.
    – ¿Por qué trabaja con humanos si los desprecia tanto?
    – También ha hecho una alianza con los vampiros. Creo que están reuniendo una base de datos de mujeres con capacidad psíquica. Se concentra en mujeres que cree que tienen sangre jaguar. Son raptadas en todo el mundo y traídas aquí. Si puede cambiar, tratan de inseminarla, si no puede, es violada, torturada y asesinada. Toda la alianza está construida sobre una red de engaños. Los humanos no se dan cuenta de que trabajan con vampiros que los utilizan para matar a la gente que les protege. Brodrick no puede ser influenciado por los vampiros, así que se cree a salvo de ellos. Y los vampiros tratan de utilizarlos a todos para aumentar sus filas y derrotar a los Carpatos. Quieren matar a todas las mujeres para que no pueda haber compañeras para los Carpatos. Por lo menos, eso es lo que creo.
    – ¿Cómo demonios has averiguado todo eso? -Levantó la mano para sujetarle el pelo.
    – Sólo recientemente he conseguido entrar, así que parte de lo que acabo de contarte es conjetura. Paso mucho tiempo reuniendo información antes de dar un golpe. No tengo ninguna ayuda y planear un rescate con sólo una persona es muy difícil.
    – Creía que tus primas…
    – Tienen compañeros. Sus hombres no quieren que corran riesgos. La verdad, yo tampoco. Jasmine está embarazada, y Juliette es demasiado suave para esta clase de vida. -Suspiró y levantó la mirada-. Eso no está bien, Dominic. Es demasiado buena para esto. Hay un brillo en ella y no deseo que se desaparezca jamás. Al principio estuve aterrorizada por ella cuando conoció a Riordan, pero puedo ver que la hace feliz. Estoy agradecida con él. Cuidará de ambas.
    Los ojos de Dominic se oscurecieron.
    – Piensas matar a Brodrick. -Hizo que sonara como una declaración, ni buena ni mala, ningún juicio en su tono, sólo un hecho.
    – Sí. -No había nada más que decir. No tenía elección. Él nunca se detendría. Sin él, los demás hombres se dispersarían. No eran hombres buenos y causarían problemas, pero sin dirección serían manejables. Si salieran de la selva tropical, la ley finalmente los encontraría.
    Dominic le entregó un vaso de agua.
    – Bebe.
    De dónde había sacado el agua, no tenía la menor idea, pero la tomó sin protestar, y mientras bebía él abrió el suelo.
    – Necesitaré la tierra para curar mis heridas completamente -dijo-. He colocado medidas de protección alrededor de tu cueva y nada nos perturbará mientras dormimos.
    Solange miró al agujero profundo. Unos buenos tres metros. Su gata quizás podría saltar si era necesario, ¿pero dormir en la tierra? Quería estar cerca de él, pero…
    Él le sonrió, esa sonrisa lenta y sexy que de algún modo hacía que todo en su interior se fundiera en una piscina de calor. ¿Cómo hacía eso?
    – Debes confiar en mí.
    Confianza. Él era un guerrero respetado. Había vivido mil años con absoluto honor. Su palabra era su honor. Si decía que ella era suya, que era hermosa, que era la única que deseaba, ella debería aceptarlo sin todas esas dudas. Y sobre todo, debía confiar en él.
    – Creo que la confianza es un regalo -dijo en voz baja-. Un hermoso regalo que tantas mujeres tienen naturalmente. Lo quiero, Dominic. Más que nada, deseo ese regalo, pero… -Las palabras se desvanecieron. ¿Era capaz de confiar?
    Dominic colocó los dedos en su nuca.
    – Tu confianza en mí es profunda, Solange. No confías en ti misma, mujer. Te ves como dos seres. Uno, la guerrera: segura, increíble en su resolución, indiferente a como el mundo la ve siempre, que puede salvar a las mujeres de su especie de la brutalidad de los hombres. Vives en un mundo de engaño y violencia y comprendes y aceptas esas reglas. El otro ser es éste, el que compartes conmigo, tu verdadero compañero. Eres la otra mitad de mi alma. Eres la luz de mi oscuridad. No puedes verte así porque tienes que vivir a oscuras. La has enterrado profundamente, a mi mujer, pero lo que no comprendes, sívamet, es que yo aprecio eso en ti. No deseo que los otros te vean como yo lo hago. No quiero compartir a esa mujer con nadie más, hombre o mujer. Ese lado de Solange es mío solamente.
    Ella negó con la cabeza, pero tomó cada palabra en el corazón y las sostuvo cerca de ella.
    – No te equivoques, la guerrera y la mujer no son dos entidades separadas. Son una y te veo claramente. Sé que tengo que compartir a la guerrera. Ese rasgo es fuerte, y no voy a negártelo. Los acontecimientos formaron lo que ya era el espíritu de una luchadora, lo afilaron y lo perfeccionaron en los fuegos de la agonía. Para sobrevivir y asegurar la seguridad de las mujeres que amas, las mujeres que sólo te tienen a ti para sobrevivir, tienes que suprimir la luz en ti. Pero la luz está allí y yo puedo verla. Si soy el único que lo hace, eso es todo lo que importa.
    Que Dios la ayudara, cada palabra le tocaba el alma. Dominic la veía. La conocía. La conocía mejor que ella misma. Quería ser todo para él, esa mujer que vivía en la luz, por lo menos durante los momentos que podía pasar con él. Quería darle todo lo que él deseara.
    Ambos tenían tan poco tiempo. Ella aceptaba eso y él también. Estaban comprometidos con sus senderos individuales. Pero éste era su momento, quizá su único momento. Ella levantó la mano hasta su cara, trazando esas arrugas grabadas tan profundamente, esa líneas que lo hacían parecer un hombre duro y despiadado. No había rasgo de muchacho en ningún sitio. Era todo hombre. Él no se alejó de su exploración tentativa, ni la apresuró en su decisión de entrar en ese agujero de oscuridad, de rica tierra, con él. Se quedó quieto bajo esos dedos y permitió que ella grabara su cara en la memoria.
    – ¿Quieres que duerma a tu lado?
    – Te quiero ni a centímetros de mí, minan. Te necesito este día.
    Solange se tragó todo el temor y levantó el mentón.
    – ¿Cómo sabrás que estoy allí? -Iba a concederle esta pequeñez. ¿Qué importaba? Era todo lo que él le permitiría que le diera. Ella no podía tocarle el cuerpo, no podía aliviar esa violenta excitación. Él daba y daba y ella…
    – Recibo placer al darte placer, Solange. Y tú siempre eres lo suficientemente amable para compartir cada momento conmigo, aunque permitirme entrar en tu mente te aterroriza. Sabré que estás conmigo.
    – No comprendo por qué no me permites… -No podía articular lo que deseaba, así que simplemente dejó caer la mano alrededor de su erección gruesa y dura como una piedra.
    Él siseó.
    – No es seguro. -Muy suavemente quitó los dedos y atrajo la palma a su corazón-. Es suficiente con compartir tu placer.
    Ella lo dudaba, pero estaba demasiado insegura de sí misma en ese momento. Tendría que pensar en su declaración un rato. ¿La sangre del vampiro? ¿Quizás perdería el control y la convertiría? Sabía, de hablar con Juliette, que la conversión era violenta e implacable cuando el macho ataba a su compañera a él, pero Dominic no había mostrado signos de necesitar atarla a él, ni querer convertirla. ¿Qué significaba eso? Si ella aceptaba su palabra de que era todo lo que él deseaba, entonces había otra razón.
    Dominic pasó el brazo alrededor de la cintura de Solange y los llevó al borde del agujero profundo. Poco antes de que los pies de ella tocaran la tierra, un pequeño y delgado edredón cubrió un lado del suelo de tierra. Sus pies desnudos aterrizaron sobre el material. Él se hundió en la tierra y dejó salir un suspiro.
    – Juliette trató de describirme a qué se parece el ser rejuvenecido por la tierra, pero no pude entender el concepto.
    – ¿Te gustaría que compartiera la experiencia contigo, kessake? -Se acomodó en la cuna de oscura y rica tierra y le tendió la mano.
    Ella la tomó y permitió que la empujara a su lado. Se acomodó contra él, curvándose como la gata que era lanzó una mano descaradamente sobre su pecho.
    – Sí. -Deseaba cada experiencia que pudiera tener con él.
    Probablemente nadie sabría jamás sobre Dominic, su amante de sueño. Era sólo suyo y quizá esa era la manera en que se suponía que tenía que ser. Había hecho muchas cosas terribles en su vida, cometido muchos pecados. En la selva tropical, se dijo, era matar o morir, pero la verdad era que ella era la que decidía quién vivía y quién moría. Si tenía a dos hombres jaguar a la vista, lo intentaba con ambos, pero el primero era siempre el que consideraba más peligroso y violento. Estos momentos robados de felicidad con Dominic compensaban una vida sin nada.
    Él le rozó la coronilla con un beso y luego ondeó la mano. Otra colcha se asentó sobre ella.
    – Mientras duermo podrías despertar, no quiero que tengas frío.
    Ella tocó la colcha exquisita con símbolos tejidos. El material era suave, verde oscuro como su bosque, con animales bordados en cuadrados al lado de los símbolos. Se encontró trazando cada uno con un dedo.
    – Es hermosa.
    – La mujer de Gabriel las hace para nosotros. Teje lo que se necesita. Quería una para consolarte y traerte tranquilidad. Pareceré muerto, Solange, sin ningún aliento ni latido del corazón. No puedes asustarte.
    Ella sonrió ante la orden de su voz.
    – No me asusto fácilmente. Bueno, no generalmente. Tú definitivamente me sorprendiste.
    – ¿Siendo real?
    – Sí.
    Él se rió suavemente.
    – Tú me sorprendiste también. Tenemos mala coordinación, päläfertiil. Quizá la peor coordinación de cualquier pareja en la historia.
    Ella le dio vueltas a las palabras en la mente.
    – Necesitaba tiempo para crecer, Dominic. Había tanta ira en mí, tanto odio hacia los hombres que mataron a mi familia, los que han estado cometiendo genocidio sistemáticamente contra nuestra propia gente porque creen que las líneas de sangre deben ser puras. Odié durante tanto tiempo, y no podía distinguir entre esos hombres que han destruido nuestra especie y otros hombres. No fue hasta que Juliette encontró a su compañero y vi honor en él, que acepté mi rabia.
    Él le apartó el pelo de la cara con dedos suaves. Ella recordó esas mismas caricias tiernas de su hombre de los sueños y el corazón le revoloteó en el pecho. Era tan parecido a la imagen que había evocado y aún así daba un poco de miedo. En su mayor parte porque quería darle la misma paz y alegría que él le traía.
    Él le acarició la coronilla con la nariz y unió al mismo tiempo su mente con la de ella, captando los siguientes pensamientos no tan altruistas, la necesidad de darle la misma liberación que él le había dado a ella.
    Dominic suspiró interiormente. No correré ese riesgo contigo.
    Podía sentir cómo la necesidad la arañaba, vio las imágenes eróticas en su mente, pero él nunca habría podido encontrar el control para evitar reclamarla con su cuerpo y su alma. La anhelaba. Una necesidad oscura que crecía cuanto más tiempo pasaba con ella.
    Su primer deber era protegerla, incluso de sí mismo. Tenía sangre de vampiro corriendo por las venas, y en ese veneno ácido había miles de ávidos parásitos trabajando para consumirlo de dentro afuera, aunque… las criaturas viles estaban quietas. Ninguna se movía en su interior. No había órdenes susurradas y no había apuñalamientos, dolores implacables, no desde que estaba cerca de su compañera. ¿Por qué? ¿Cómo podía ser? ¿Podrían las compañeras proporcionar tal consuelo aún para uno ya perdido?
    Respiró hondo. La noche se había ido. El sol se alzaba a ritmo constante por el cielo. Estaba en lo profundo de la tierra, pero todavía podía sentir los efectos en su cuerpo. Pronto sería un peso plomizo y el corazón le dejaría de latir. Sintió la aguda inhalación de Solange y supo que estaba experimentando la urticante sensación en su piel, la sensación ardiente bajo la piel y en todos los nervios.
    Se relajó en la riqueza de la cama de tierra. La tierra le dio la bienvenida, le susurró, la abundancia de minerales se le filtró inmediatamente a través de los poros, enriqueciendo su cuerpo, apresurando la curación de cada herida, los largos cortes causados por la espada que se había hundido profundamente en su carne. Zacarías había ayudado a apresurar la curación, pero era aquí en la tierra donde encontraría la medicina natural para los de su especie.
    La maravilla de Solange le encantaba. Ella puso la mano en la tierra entre ellos y la dejó resbalar entre los dedos.
    – No tenía la menor idea. Todo este tiempo la he pisado y aún así no la sentía viva, viviendo y respirando, sanando. Incluso si no es para los de mi especie, es un milagro lo que la tierra hace para la tuya.
    – Nos da la bienvenida como a sus hijos. -Trató de ponerlo en palabras para que ella pudiera comprender, aunque podía sentir su aceptación.
    Los cubriría con tierra, pero no los rostros. A diferencia de él, Solange necesitaría el aire para respirar. Se movió, y las doloridas demandas de su cuerpo se movieron con él.
    – Podría… -Ella se detuvo cuando él le puso la mano en la cabeza y la retuvo contra su pecho.
    – No puedes tentarme, Solange. Combato con mi honor. El honor es importante para mí. Y tú… tú eres mi regalo más precioso. Nunca podría vivir conmigo mismo si mi egoísmo te pusiera en peligro. Dormir y tenerte en mis brazos será suficiente.
    Él le había cantado en sus sueños compartidos y también lo hizo ahora, su canción, la melodía inolvidable, todas las cosas que él siempre había querido decir a su compañera.

    Estuve medio vivo durante mil años.
    Para entonces había abandonado toda esperanza de que nos conociéramos.
    Demasiados siglos. Todo desaparece
    mientras el tiempo y la oscuridad roban el color y la rima.

Capítulo 8

    ¿Puedes encontrar belleza en esta tosca mujer?
    ¿Puedes llegar a amar a una cambiaformas como yo?
    De Solange para Dominic

    La hembra de jaguar olió sangre. Tenía la esencia en sus fosas nasales y apresuró el paso, abriéndose camino entre las ramas, con cuidado de no tropezar. Ignoró a los animales que luchaban por apartarse de su camino. No tenía tiempo de cazarlos, todo lo que le importaba era llegar hasta su madre. Finalmente, después de cuatro largos años, había recogido el rastro. La tía Audrey estaba con ella, y Juliette las seguía, cuidando a Jasmine que todavía era muy joven.
    Solange había discutido con su tía durante horas, después de todo solo tenía doce años y Audrey era la adulta. Sabía que no deberían haber traído a Jasmine a la misión de rescate, pero no tenían ningún lugar seguro donde dejarla. Audrey tenía razón en eso, pero la presencia del cachorro duplicaba el peligro para todas ellas.
    Ya el jaguar de Solange era un luchador feroz y ella había aprendido a manejar armas, particularmente pistolas. Practicaba día y noche. Había acabado cientos de rondas de municiones, las cuales eran difíciles de conseguir. Cuando no estaba disparando armas, arrojaba cuchillos. Y en el bosque practicaba el sigilo y el rastreo, en algunas ocasiones acercándose tanto a los jaguares machos, que podría haberlos tocado con solo estirar la mano sin que se enteraran nunca de que ella estaba allí. A menudo Audrey la castigaba por ello, pero a Solange no le importaba. Éste había sido el motivo de todo. Este momento. Recuperar a su madre.
    Solange saltó de una rama a la otra, y finalmente al suelo del bosque. El olor del jaguar macho era fuerte en toda la zona. Le latía el corazón a toda velocidad. Su madre. Solange la amaba intensamente y había jurado, de pie ante su padrastro y hermanos, que la llevaría de regreso. Había salido a hurtadillas infinidad de veces, desapareciendo en el interior de la selva tropical para rastrear a los hombres jaguar durante días. Se trasladaban constantemente, y sabía que esta vez había captado el olor de su madre, si perdía esta oportunidad nunca la rescatarían.
    Audrey se había sentido dividida entre proteger a las niñas y recuperar a su hermana. Al final, Juliette y Solange la habían persuadido, o tal vez había sido el saber que Solange habría ido sola. Su infancia había terminado en aquel claro, rodeada por los cuerpos de sus seres queridos. Nunca se iba a dormir sin sentir los gritos de los muertos o moribundos, o el sonido de la angustia de su madre cuando los hombres jaguar le arrancaron a su hija de los brazos para arrastrarla dentro de la casa y torturarla.
    Ahora sabía a dónde llevaba el rastro. Los hombres trasladaban a los prisioneros a menudo, pero cuando estaban mudándose usaban edificaciones existentes. Había una vieja choza en las cercanías, construida en los árboles por encima del suelo del bosque. Raramente se utilizaba, pero los jaguares la conocían y era muy probable que la usaran. Su jaguar, que aún era pequeño, se movió por el bosque a lo largo de los senderos de caza, deslizándose por debajo de las grandes hojas con forma de sombrilla mientras se acercaba certeramente a los dos árboles que sostenían la construcción.
    En algún lugar detrás de ella estaba su tía Audrey, lista para protegerlas si Solange estaba en lo cierto y su madre era retenida cautiva en esa casa. Al abandonar la seguridad del follaje y dirigirse hacia los árboles una vez más, le latía el corazón ruidosamente, demasiado ruidosamente. En las ramas por encima del refugio de madera, divisó un centinela. Había un jaguar que yacía a la sombra de la cubierta forestal, soñoliento, casi adormilado, moviendo únicamente de forma ocasional la punta de la cola.
    Solange avanzó lentamente a lo largo de la rama retorcida, manteniendo un ojo avizor en él. Estaba temblando por el miedo y la expectativa. Soñaba con este momento, rezando para que se produjera, había pasado los últimos cuatro años preparándose para ello. Ahora que había llegado apenas si podía controlarse. Necesitó de cada gramo del sigilo que había adquirido para mantener el lento avance centímetro a centímetro típico de su especie, evitando apartar la vista del centinela. Cuanto más se acercaba a la diminuta casa, más se llenaban sus pulmones con el olor de su madre.
    Se arrastró un metro escasamente cubierto para llegar al porche. Ahora estaba fuera de la vista del centinela. Se incorporó y se asomó a la ventana sucia. Una mujer estaba medio sentada, medio desparramada en el suelo, con un collar alrededor del cuello, y las manos atadas detrás del cuerpo. Tenía el rostro hinchado y un ojo cerrado. De un corte en el labio fluía sangre y tenía contusiones en el rostro, el cuello y los brazos.
    Al principio Solange no la reconoció. Estaba flaca como un esqueleto, su cabello que una vez fuera glorioso caía en rastas enmarañadas. Levantó la cabeza lentamente y abrió el ojo sano. Se miraron fijamente una a la otra, Solange temía que se le destrozara el corazón. Hacía tiempo que la pasión había abandonado a su madre, dejando solo el cascarón roto de una mujer.
    Solange paseó la mirada por la habitación. Su madre estaba sola. Era ahora o nunca. Se deslizó dentro y se apresuró a cruzar el espacio. Usó los dientes en las sogas que sujetaban a su madre. Sabine Sangria sacudió la cabeza, y las lágrimas cayeron de sus ojos.
    – No deberías haber venido, pequeña -susurró.
    Solange empujó a su madre con la cabeza, que era la única forma que tenía de transmitirle su profundo amor. Debían apresurarse. No había tiempo para arrojarse a sus brazos. Debían irse antes de que los otros regresaran. Observó a su madre luchar para ponerse en pie y renquear lentamente a través del suelo en dirección a la puerta. Ambas miraron hacia fuera. Solange comenzó a salir de la habitación, pero su madre dejó caer una mano sobre su hombro, frenándola. Solange se detuvo y la miró.
    – Nunca dejes que te atrapen con vida, Solange. ¿Me entiendes? Son peor que monstruos, y no puedes permitir que te pongan las manos encima.
    Solange asintió. Las había visto. Había visto a demasiadas mujeres después de que pasaran por las manos de los hombres jaguar como para no darse cuenta de la brutalidad de estos hombres.
    – ¿Audrey? ¿Las niñas? -había ansiedad en la voz de Sabine.
    Solange le indicó con la cabeza que estaban esperando fuera. Sabine asintió y Solange se deslizó por la puerta, con el corazón casi estallando de alegría. No veía la hora de rodear a su madre con los brazos simplemente para abrazarla estrechamente. Había pasado cuatro años trabajando exclusivamente para ese momento y estaba tan cerca. Se obligó a cruzar lentamente el espacio abierto.
    Se volvió para observar a su madre cambiar. Apenas podía soportar apartar la vista de su madre. Fue chocante ver el esfuerzo que le costaba el cambio, el dolor tanto para la humana como para el animal. ¿Tendría su madre algún daño interno? ¿Huesos rotos? Solo ese tipo de dolor podía afectar a la felina. Solange intentó mantener la vista sobre su madre mientras juntas cruzaban cuidadosamente ese espacio prácticamente abierto sobre la rama y se abrían camino sigilosamente a través de la canopia hacia la libertad.
    Cuando pusieron un kilómetro y medio entre ellas y el centinela jaguar, Solange permitió que la alegría hiciera explosión a través de ella. Lo habían logrado. Finalmente llevarían a su madre a casa. Quería llorar de alegría. De repente el pequeño cachorro chilló y cambió a su forma humana, y Jasmine casi se cae de la canopia. No hizo ni un sonido, era una niña que ya estaba muy bien enseñada en cuanto a la necesidad de guardar absoluto silencio. Nunca había sido capaz de mantener la forma de jaguar durante mucho tiempo. Su padre había sido humano. Si hubiera estado en la aldea el día que Brodrick llegó, hubiera sido asesinada con los demás.
    Aguardaron mientras se arrastraba torpemente para subirse a la espalda de su hermana, y debido a que tenía forma humana y era demasiado peligroso continuar desplazándose a través del la canopia, se abrieron camino hasta el suelo del bosque. Audrey tenía las armas guardadas en un bolso que colgaba alrededor de su cuello, pero de todas formas avanzaban rápido. A cada paso Solange sentía el corazón más ligero. Su madre. De noche soñaba con ella, despertándose más de una vez llamándola. Apenas podía creer que realmente se las hubieran ingeniado para encontrarla.
    Un súbito silencio en la cubierta forestal hizo que se detuviera en seco. Un mono centinela gritó una advertencia. Un pájaro chilló. Casi se le para el corazón. Reaccionó inmediatamente, a pesar de que seguía siendo una niña ya era la más experimentada. Se transformó inmediatamente, agarró el bolso con las armas del cuello de Audrey e hizo señas a Juliette para que corriera con Jasmine. Juliette se metería en el agua para evitar dejar huellas. Audrey y Solange retrasarían a los que las seguían para darle a Juliette y a la pequeña Jasmine una mejor oportunidad de escapar.
    Se dejó caer al suelo y rápidamente metió la mano en el bolso y sacó un arma. La mano de su madre sobre su muñeca la detuvo. Ella, también, había cambiado a su forma humana. Muy suavemente tiró del arma que Solange tenía en la mano. Solange sacudió la cabeza obstinadamente, aferrándola.
    – Dámela, cariño -dijo Sabine.
    Solange miró a su madre, observando las magulladuras y cicatrices. La caja torácica deformada, las señales de las brutalidades que había soportado esos últimos cuatro años.
    – Ahora ve con tu tía.
    – No. Ve túe con ella. Soy buena tiradora.
    – No puedes dispararles a todos. Haz lo que te digo. -Sabine la abrazó con fuerza durante unos breves segundos-. Nunca dejes que te atrapen con vida, Solange -susurró-. Te amo, cariño. Ahora ve con tu tía. -Empujó a Solange hacia su hermana-. Gracias, a todas.
    El entendimiento atravesó a Solange. Su madre iba a luchar contra sus atacantes para darles al resto la posibilidad de escapar. Y moriría aquí. Sacudió la cabeza y abrió la boca para gritar una protesta, pero Audrey le puso la palma de la mano sobre la boca con una fuerza sorprendente, le rodeó la cintura con un brazo, se giró y corrió con ella.
    Solange, gritó y gritó. Ningún sonido salió de su garganta. Oyó los disparos del rifle y luego el horrible sonido de jaguares luchando. Volvió a gritar, llamó a su madre. Seguía sin salir sonido alguno, nada. No podía llorar. No podía mirar a nadie. El dolor era tan profundo que no había forma adecuada de expresarlo.
    Solange se encontró a sí misma meciéndose hacia atrás y hacia delante, apretando el edredón contra sí, sus recuerdos se negaban a retroceder, como siempre ocurría cuando los evocaba. Mamá, susurró suavemente, desearía haber ido contigo.
    Ese día había nacido la Solange despiadada. La hija de su madre estaba muerta. Nunca había podido volver a abrazar a su madre, ni siquiera su cuerpo. Lo quemaron sin dejar siquiera un rastro que Solange pudiera señalar. Se daba cuenta de que ese día algo había muerto en su interior, algo que nunca podría recuperar. Después de eso comenzó a entrenarse a diario para convertirse en lo que ahora era… una asesina. Para poder seguir adelante, había alimentado su ira a diario.
    Pero Solange ya no existía. La habían matado esa calurosa tarde, tan cierto como habían matado a su madre. Estaba sola. Era imposible que alguien pudiera entender el cambio que había tenido lugar en ella ese día. Había hecho un voto, había jurado sobre la sangre de su madre y luego nuevamente cuando hizo el peregrinaje de regreso a la aldea, había jurado sobre el resto de su familia… que no volvería la espalda a las demás mujeres que la necesitaban. Permanecería sola.
    Fél ku kuuluaak sívam belsoamada. La voz se agitó en su mente. Suave. Tierna, incluso. Ya no estás sola. Te veo. Siento tus gritos y comparto tu angustia.
    Solange oyó el timbre de sinceridad en la voz de Dominic. Él compartía sus recuerdos. Tan violentos y vívidos como eran, cada detalle había quedado grabado para siempre en su mente, había perturbado su sueño, imprimiendo esos recuerdos en él sin notarlo. En el caso de Dominic, su amada hermana y el compañero de esta le habían sido arrebatados. Pasó varias vidas intentando encontrarla, solo para terminar descubriendo que hacía tiempo que había sido torturada y asesinada. Sí, él comprendía la angustia y el dolor que llevaba dentro, la lenta muerte de todo lo bueno.
    Apretó el edredón contra su boca, aún meciéndose lentamente. Si miraba en la oscuridad, podría verlo con sus ojos de felina pero no quería mirar a la muerte, verlo yacer tan quieto, sin pulso y sin aliento, no cuando la muerte de su madre estaba tan cerca. No podría soportar verlo de esa forma. Ahora no. No con el pasado tan cerca y su vida cerrándose sobre ella.
    Muerto no, avio päläfertiil… compañera. La tierra me sostiene en sus brazos y me sana. A su manera me da sustento. Esto es vida, solo que en una versión diferente de la que tu conoces.
    – Debo salir afuera y respirar. -No podía dormir. Necesitaba perderse dentro de su felina, merodear por el bosque pluvial y buscarlo… a él.
    No lo creo, gatita. Si necesitas cambiar, por supuesto debes hacerlo, particularmente si eso relaja tu mente, pero no puedes salir a cazarlo en tu estado de ánimo actual. Te matarán. Estas buscando la muerte.
    – Puede que sea cierto -dijo, dispuesta a admitir únicamente que existía la posibilidad de que tuviera razón acerca de que estuviera buscando la muerte-. Pero lamentablemente para ti, estás aquí tendido muerto o no muerto, y no puedes hacer nada para detenerme.
    La diversión llenó su mente. Soy un antiguo Carpato, minan, y mucho más poderoso de lo que puedes concebir. Soy tu compañero y es mi deber ocuparme de tu bienestar. No creas que porque soy amable contigo, carezco de la habilidad para hacerme cargo de tus necesidades.
    Si cualquier otra persona le hubiera hablado así, Solange se hubiera burlado de ella, pero Dominic era un Carpato, y había visto y sentido su poder. Y tenía algún tipo de poder sobre ella. Uno que no terminaba de entender.
    Claro, que puedes intentarlo, Solange, pero si lo hicieras sería en contra de mis deseos y me decepcionarías. Nuevamente no había censura en su tono de voz, no había enfado. Simplemente esperaba que ella tomara la decisión.
    El corazón se le encogió en el pecho. El dolor era tan real que estrujó el edredón que tenía firmemente aferrado entre los puños contra su dolorido corazón y bajó el rostro hacia el reconfortante material. No estaba llorando. Estaba en forma humana.
    Dominic movió el brazo. Ella lo sintió. Él le toco el cabello y ella percibió el tremendo esfuerzo que suponía. Nunca he tenido el placer de yacer junto a un jaguar.
    Eso fue todo. Una simple oración, pero Solange cerró los ojos, agradecida por algo, por cualquier cosa, que ahuyentara sus recuerdos. Tomó aliento y se obligó a mirarlo.
    Era tan hermoso. Cada músculo estaba cuidadosamente esculpido, el grosor de los brazos y el pecho la hacían sentir pequeña en comparación… casi femenina. Se reclinó sobre él y le rozó el pecho con los senos, prácticamente se arrastró sobre él para poder estudiar su rostro. Sus ojos estaban cerrados, pero sintió que la veía. Quizás solo estaba en su mente, pero no se sentía así. A ella le parecía como si su poder llenara la habitación y la rodeara con calidez, con aceptación.
    No la menospreciaba porque llorara. O se encolerizara. O asesinara. Lo aceptaba todo en ella. Dudaba que pensara mal de ella si intentaba salir, y no le cabía duda que ni ella ni su jaguar encontrarían la forma de salir de la habitación. No iba a desperdiciar su fuerza intentándolo. No quieres decepcionarlo, la provocó su lado guerrero.
    Se sentó a horcajadas sobre él, se inclinó hacia delante y le enmarcó el rostro con las manos. Era tan increíble, el único hombre que nunca pensó encontrar. No sabía que pudiera existir alguien como él. Podía ver su mente, sabía que era el tipo de hombre que protegería a una mujer, que lucharía a muerte por ella. Acarició levemente sus fuertes facciones. No era un niño. Era un rostro poderoso, para un hombre poderoso. Había elegido el deber hacia su gente, algo que ella podía entender. Pensaba que iba a morir.
    – Hay tantos hombres terribles en el mundo, Dominic, hombres que hacen cosas horribles a los más débiles solo porque tienen el poder de hacerlo. Ya no entiendo nada. ¿Por qué fuiste elegido tú para una misión tan terrible, y no uno de ellos?
    Yo elegí, fél ku kuuluaak sívam belso… amada. No sabía que tú estabas en este mundo. Iba a ir al siguiente con la esperanza de encontrarte.
    Obviamente era conciente de sus manos sobre él. Ella suspiró y salió de encima de él, temiendo estar demasiado necesitada de su contacto, de su sabiduría. De su compañía.
    – ¿Siendo así habrías elegido no emprender esta misión? ¿Si hubieras sabido de mi existencia hubieras permitido que otro tomara tu lugar?
    Una imagen de Zacarías acudió a su mente. Él se ofreció. Quería que fuera a un sanador e intentara extraer la sangre. Dijo que iría en mi lugar.
    Su corazón se contrajo cuando él repasó el intercambio en su mente.
    – ¿Porque soy su familiar? Lo despreciaba. Es tan… dominante. -Estaba avergonzada-. No tenía idea de que pudiera hacer una cosa así por una mujer que nunca ha conocido.
    Ama a sus hermanos. El recuerdo de ese amor y de su honor lo han sustentado todos estos largos e interminables años, Solange. Cree que no puede vivir con una mujer, que se sentiría agraviada por su autoridad. Tiene poca cosa aparte de servir a los que ama.
    Ella se presionó firmemente los ojos con las palmas de las manos.
    – ¿Por qué no aceptaste? -mientras esperaba la respuesta, le latía el corazón con fuerza.
    Yo tengo la mejor oportunidad de luchar contra la atracción del reclamo de la lujuria de sangre. Soy un Buscador de Dragones. No le pasaré este trabajo a otra persona, en beneficio de mi propio placer. Emprendí este camino y debo seguirlo.
    Ella dejó escapar el aire. Por supuesto que haría lo adecuado. Era honorable.
    – Cuando Juliette encontró a Riordan en ese laboratorio, se llevaron a Jasmine. Lograron atrapar a mi madre, a mi tía y a la pequeña Jasmine, aunque yo había jurado protegerlas… especialmente a ella. Había un jaguar que podía cambiar parcialmente. Nunca había visto algo como eso. Ninguna de nosotras podía hacer eso, ni mi madre ni mi tía Audrey. Cuando vi eso comprendí cuan fuertes eran.
    Guardó silencio y él simplemente esperó a que continuara. El silencio se extendió un largo rato, pero él nunca se agitó, ni siquiera en su mente. Ella podía sentir su presencia allí, pero no la presionó. Si deseaba compartir la escucharía, pero no la obligaría a hacer confidencias.
    Solange suspiró. Nunca había necesitado a nadie, y contarle sus secretos era atemorizante pero liberador a la vez. Respetaba sus habilidades como guerrero. Deseaba matar a Brodrick. No deseaba morir en vano dejando a su padre biológico para que continuara con su despreciable depuración de cualquier casta de jaguar que no fuera pura.
    – Comencé a practicar. A correr y a transformarme. A saltar de los árboles y a transformarme. Sobre todo a transformarme parcialmente, y me volví muy buena haciéndolo. Los de sangre pura pueden hacer cosas que otros jaguares no pueden. Mi sangre es pura, Dominic, pero también es real. Por lo que sé solo quedan dos personas en el mundo con mi tipo de sangre.
    Llevó la mano hacia atrás y se tocó las marcas de mordiscos que casi habían desaparecido de su hombro, gracias a los cuidados de Dominic.
    – Soy mucho más rápida de lo que él piensa. Tal vez tan rápida o más rápida que él.
    Así que planeas enfrentarte a él.
    Prestó atención buscando la censura en su voz, pero como siempre sonaba estrictamente neutral.
    – Es lo último que él esperaría. Y ahora sabe que soy su hija, que tengo sangre real. Por vil que parezca, creerá que soy su última oportunidad de tener un heredero. No es el tipo de hombre que permita que un detalle menor como el incesto le detenga.
    Crees que dudara en matarte, que buscará incapacitarte de alguna forma.
    – Lo que representaría otra ventaja.
    Él te hundió los dientes, las garras.
    – Pero me mordió el hombro, no el cuello.
    Levantó la mano para acariciar las cicatrices que tenía allí, donde tanto tiempo atrás las garras de Brodrick se habían hundido en su cuello en un intento de matarla. ¿Se había movido ella lo justo para que resultara mucho más superficial de lo que él se había propuesto? No tenía idea de qué la había salvado. Recordaba su rostro, retorcido de asco, salpicado de sangre, y esos ojos malignos mirándola. La había agarrado por el cabello, la había sacudido, le había golpeado el cuello con la garra y luego, al igual que había hecho con las otras chicas antes que ella, la había arrojado fuera de la cabaña hacia el claro con los otros cuerpos que consideraba basura.
    Entonces intentará mantenerte con vida, y si no tienes éxito en tu intento de matarlo y te captura, te forzará a engendrar a su hijo, tal como el mago forzó a mi hermana a portar el suyo.
    Su corazón se condolía por él. No había tomado en consideración que la situación era muy similar a su pasado. Su tono de voz no evidenciaba nada, pero de todas formas, la censura estaba allí, en sus palabras. Deseaba poder tranquilizarlo, pero no le mentiría.
    – Encontraré la forma de suicidarme antes de que pase eso.
    Sabes que eso es inaceptable.
    Ella rió burlonamente y se extendió suavemente, con el estiramiento lánguido de un gato perezoso.
    – Tú deberías saberlo. Tú plan es igual de estúpido.
    Eres muy valiente cuando no puedo moverme.
    Se encontró sonriendo. Con esto era con lo que estaba más familiarizada. En la oscuridad, podía fingir que él era un sueño en vez de un hombre de carne y hueso. No tenía inhibiciones con ese hombre. Podían jugar su partido de ajedrez mental toda la noche y estaría completamente a salvo. Cambió a su forma de jaguar y la felina se acurrucó alrededor de él, protegiéndolo, retando a cualquiera a que intentara hacerle daño.
    Absolutamente, coincidió, segura en su gran forma felina. Pero eso no significa que lo que digo sea menos razonable. Planeas ir al campamento enemigo, escuchar sus planes, transmitírselos a Zacarías y salir de allí luchando. ¿No es lo mismo?
    Durante un momento él permaneció en silencio, y en la profundidad del cuerpo del jaguar, Solange sonrió. Ahora se sentía bien. Él la había desequilibrado con su absoluta masculinidad y su flagrante sexualidad, pero ahora ella regresaba al juego. En igualdad de condiciones.
    No es lo mismo. Cuando ingerí la sangre de vampiro no sabía que existías. No obstante, tú sabes que yo existo.
    Eso hizo que se incorporara instantáneamente. ¿Estás pensando en morir debido a la sangre de vampiro? ¿Es por eso que no intentarás salir del campamento sin que ellos sospechen que has estado espiando? Eso no lo había considerado. Debería haberlo hecho. Era evidente que pensaba que al final la sangre lo convertiría en la misma cosa que combatía.
    Ningún sanador será capaz de extraer los parásitos de mi cuerpo. Hubo una joven que vivió con ellos durante años, pero no habían mutado a la forma en que se encuentran ahora. Son fuertes y se multiplican rápidamente.
    Ella no podía oír remordimiento en su voz, y esa era una de las cosas que más admiraba en él. No perdía tiempo en lamentarse. Había emprendido un camino y tenía intención de llegar hasta el final, a pesar de las circunstancias que lo habían cambiado todo.
    Tomó aliento y a salvo dentro del cuerpo de su felina, reveló la verdad. El más terrible y maravilloso secreto. El secreto que sabía atraería a todo vampiro, así como también a todo miembro de la raza Carpato.
    Mi sangre mata a los parásitos.
    Le ofreció la verdad como un regalo. Sólo Dominic apreciaría la enormidad del coste que implicaba para ella esa admisión. Nunca había confiado a nadie esa noticia que había descubierto accidentalmente, ni siquiera a Juliette. Su sangre resistía el reclamo de la sangre del vampiro, sus hipnóticas sugestiones. Sabía que había algo en ella que también atraía a los magos. No se trataba de que fuera un jaguar de sangre pura; era su linaje real, el linaje que su padre había logrado destruir. Sabía que si alguien se enteraba, la encerrarían en un laboratorio y nunca volvería a salir.
    Brodrick no se había dado cuenta aún de la importancia de lo que buscaban los magos, los vampiros e incluso los humanos. Estaba empeñado en su campaña de destruir a todos los de su especie que no podían transformarse, a los que juzgaba impuros.
    ¿Cómo puedes saber eso?
    Incluso dentro de su cuerpo de jaguar el corazón le latió alarmado. No había diferencia en su voz, pero había algo…
    Recavo información todo el tiempo. Me siento en los árboles fuera del laboratorio y escucho a los guardias, a los hombres jaguar, a los magos e incluso a los vampiros. Nunca notan mi presencia. Me di cuenta que raramente eran concientes de la presencia de Brodrick hasta que él se hacía ver, sin embargo los vampiros y la mayoría de los magos siempre parecen saber cuando los demás hombres jaguar están cerca. Así que debía haber algo diferente en Brodrick y en mí.
    Dominic se agitó en su mente, inundándola con calidez como solía hacer en sus intercambios cuando a ella le resultaba difícil decirle algo. Era un pequeño empujón para darle ánimo. Pero esto… esto era monumental y ella lo sabía.
    Unas pocas semanas atrás, irrumpí en su laboratorio. Oí que Annabelle había sido raptada y a menudo llevan allí a sus prisioneros. Cuentan con una seguridad impenetrable y pocos prisioneros han logrado escapar. Necesitaba conocer la disposición del edificio. Y quería echar un vistazo a sus ordenadores.
    Había tenido que ir sola. Juliette la ayudaba cada vez menos y sólo si Riordan estaba con ellas. Demasiadas mujeres estaban escurriéndose por las rendijas. No podía culpar a Riordan. Él y sus hermanos tenían tanto territorio que proteger que no podía estar en todos lados al mismo tiempo, como tampoco podía estarlo ella.
    Había ido sin decírselo a Juliette ni a Jasmine. Cada vez más a menudo se alejaba durante largos períodos de tiempo, evitando los ranchos de los De La Cruz y sus muchas casas desperdigadas a lo largo de los países que bordeaban la selva tropical. Debía aprender a valerse solamente por sí misma. Se había vuelto muy buena en esconderse justo bajo las narices de los humanos e incluso de los hombres-jaguar. Los magos y los vampiros la aterraban hasta que se dio cuenta de que ninguno podía percibir su presencia.
    Me las ingenié para entrar en el laboratorio a través de una ventana que habían enrejado, cuyos barrotes no estaban muy bien soldados. Pude hacer palanca hasta soltarlos y luego hice parecer como si estuvieran intactos. Comprobé sus cámaras de seguridad y encontré las habitaciones donde retenían a sus prisioneros. Los ordenadores fueron difíciles, en realidad no los entiendo mucho, pero encontré un lugar en la habitación donde podía esconderme. Me quedé allí durante horas.
    Dominic permaneció en silencio, pero en su interior podía sentir a la bestia alzándose, un macho Carpato viendo a su compañera en extremo peligro. Ella no le había contado cómo se había hecho lo más pequeña posible ni como había permanecido absolutamente quieta, con los músculos acalambrándosele al punto que tuvo miedo de no poder volver a caminar, pero él captó las imágenes y el miedo real de ser atrapada que emanaba de ella. Al cambiar, no tenía ropa, una mujer sola y desnuda en el mismo corazón del campamento enemigo.
    Su valor lo aterraba y sin embargo su orgullo y respeto por ella se intensificaron. Tenía nervios de acero, no obstante ante él se mostraba abierta y vulnerable. No había esperado amarla. Respetarla, admirarla, protegerla y cuidarla, sí; incluso sentir lujuria por ella. Pero ver esa imagen de ella, acurrucada, prácticamente doblada en dos, obligándose de todas formas a recoger la información necesaria para ayudar a las mujeres de su especie, le hizo sentir una emoción abrumadora que hizo erupción a través de él como un volcán. No podía abrazarla mientras se lo contaba, pero podía rodearla con su calidez y así lo hizo, envolviéndola con su amor.
    Oí a los técnicos conversando entre ellos. Al principio realmente no entendía, pero finalmente me di cuenta que estaban investigando sobre genética, buscando a mujeres con poderes psíquicos. Los jaguares tienen habilidades psíquicas, y así supe cómo encontraban a las que estaban en otros países y las marcaban para ser secuestrados. A algunas las ponían en una lista para ser asesinadas y a otros en otra lista para que las trajeran al laboratorio.
    Eso tenía sentido. Dominic debía apoderarse de esas listas. Entraría en el laboratorio y extraería las listas antes de destruir los ordenadores.
    Un mago entró mientras yo estaba allí y quiso que subieran los linajes de jaguar. Dijo que su amo necesitaba un linaje en particular. Hablaba sin sentido. Cuando le preguntaron qué estaba buscando, murmuró algo acerca de un libro sagrado y sangre. Me bajaron escalofríos por la columna vertebral, algo que me ocurre cuando me cruzo con algo importante.
    Por supuesto. Los jaguares eran psíquicos. Ella tenía un radar. Dominic conocía el libro, que le fuera robado a Xavier, el mago que había iniciado la guerra con los Carpatos en primer lugar. El que había secuestrado, utilizado y finalmente matado a la hermana de Dominic. El libro estaba ahora a salvo en las manos del Príncipe. Dominic había oído decir que el libro no podía ser abierto, pero que debía ser destruido. Nadie sabía cómo. Eran noticias inesperadas, y como Solange, sintió instantáneamente que esto era importante.
    ¿Cuánto se te acercó el mago? No debería preguntar. Ya estaba temblando interiormente. Quería ser el hombre que la protegiera de todo, de cualquier daño, de cualquier dolor, especialmente del tormento de su pasado, pero sólo podía yacer allí impotente, como muerto, mientras le contaba lo que había hecho. Ni siquiera la podía abrazar ni ofrecerle el refugio de sus brazos.
    Dominic no podía imaginar lo que había sentido ella, al saber que una persona poderosa había entrado a la habitación estando ella sin armas, indefensa si la encontraban. La encadenarían en una de sus celdas y los hombres jaguar la tendrían cuando quisieran.
    Debes haber sentido terror a ser capturada. Y si no lo había sentido, él lo sentía por ella.
    El miedo tiene un olor. Me dije a mi misma que era invisible. En el bosque pluvial, a menudo me digo eso a mí misma cuando un macho jaguar se acerca demasiado. Algunas veces creo que lo soy. El mago estaba tan cerca que si extendía la mano podía tocarlo. En realidad la tarea más difícil fue controlar mi respiración. Él estaba enfadado porque no podía encontrar lo que estaba buscando. Quería a alguien del linaje de Brodrick, pero de alguna forma la sangre de Brodrick estaba manchada para sus propósitos. Por su depravación, dijo el mago. Pero no encontraron a nadie más.
    Porque tú estabas muerta. Dominic se dio cuenta que era verdad. Brodrick había matado a su inútil hija hembra. Sabine y Audrey tenían la misma sangre real, la última de su linaje. Ambas se habían emparejado con humanos y en sus hijos esa estirpe pura estaba diluida.
    Tu madre nunca más quedó embarazada, en todos sus años de cautiverio. Seguramente Brodrick lo intentó con ella.
    Y también con mi tía Audrey. La capturó un par de años después. La retuvieron cerca de dos años antes de que la encontráramos, y estaba embarazada. Ella y el bebé murieron en el parto. Pienso que para un jaguar, la presión del cautiverio es demasiado. Él las golpea frecuentemente, y con saña. Creo que odia a las mujeres.
    Dominic le dio vueltas a la información en su mente una y otra vez. Así que todos estos años Brodrick te creía muerta, por eso nunca fuiste ingresada en su base de datos. Ni los magos, ni los vampiros, ni siquiera los jaguares se enteraron nunca de tu verdadera identidad.
    Ahora lo sabe. He puesto las cosas en movimiento. Ahora Brodrick vendrá a buscarme.
    Su reacción instintiva fue una violenta protesta, pero se mantuvo en silencio, instándola a hablar de las propiedades de su sangre.
    Comencé a pensar en por qué los vampiros y los magos no podían detectarme. ¿Qué había de distinto en mí y en Brodrick? Soy mujer, él es hombre; ambos somos jaguares, pero de diferente sexo. Pero luego se me ocurrió que todo, tanto para vampiros como para magos, se centra en la sangre, al menos, rectificó, para los magos que siguen a Xavier.
    Él ha muerto. La noticia me llegó hace una semana.
    ¿Xavier? Así que fue eso lo que sacudió a todo el mundo. Sabía que algo grande había sucedido. Por aquí la actividad fue desenfrenada.
    ¿Cómo descubriste lo de los parásitos? Incitó, casi temeroso de preguntar. Porque debía haber hecho algo muy, muy peligroso.
    Desde el primer momento que había comenzado a hablar con ella en sueños supo que era una mujer increíble, pero entonces, como ahora, cuando estaba en forma de jaguar, no podía oír su voz. Debería haber sabido que era su compañera porque comenzó a sentir emoción, pero había sido un lento emerger en lugar del estallido habitual. No se dio cuenta de lo que estaba pasando porque estaba muy por encima del reino de lo posible.
    Había pensado que la mujer que conjuraba para hablar era una intrépida guerrera porque sólo otro guerrero podría entenderle. Ahora sabía que era real. Ella sentía miedo… simplemente lidiaba con ello porque no tenía otra opción si quería tener éxito. Igual que ahora estaba lidiando con su miedo a entregarse completamente a él. Sabía que probablemente debía tenerle más miedo a él que a un vampiro.
    Luché contra un par de vampiros con Riordan cuando cayeron sobre nosotros de forma inesperada. Dijo que eran vampiros menores o recientes y que todavía no tenían un control total sobre sus poderes. Él había estado trabajando con nosotras sobre la forma de matarlos, así que mientras él estaba ocupado…
    Te dijo que te mantuvieras apartada. No, De La Cruz nunca habría querido que una mujer de su familia se pusiera en peligro. Hasta el más joven debía estar influenciado por su hermano, el macho más dominante que Dominic hubiera conocido.
    Solange le envío el equivalente mental de un encogimiento de hombros. Puede que haya dicho algo así. ¿Quién escucha cuando están lanzando órdenes todo el tiempo? No es mi compañero.
    No, Dominic era su compañero, y tenía que ligarla a él de tal forma que prefiriera seguir sus mandatos. Debía ser elección de ella. Solange lucharía contra una jaula. Necesitaba la libertad de ser quien realmente era, y debían encontrar un equilibrio entre sus instintos y los de ella. Le llevó un momento darse cuenta de que los términos en los que estaba pensando eran como si fuera a permanecer con vida.
    Se quedó muy quieto. La creía; su sangre era valiosa para toda su especie y podía detener la infección de parásitos que se extendía y ya fluía violentamente por su cuerpo. Tenía una posibilidad de vivir… con ella. Durante un momento, a pesar de la hora del día, su corazón aleteó, el sonido sonó alto en la habitación. Sintió el asombro de ella. La felina se agitó y levantó la cabeza, mirando cautamente a su alrededor.
    ¿Qué sucede?
    Oyó el valor en su voz. La voluntad de protegerlo. Arriesgaría la vida por él. Pero cuando se diera cuenta de que ninguno de los dos iba a morir, temería el poder que tenía sobre ella. Era un tenue hilo que podía romperse muy fácilmente. Ella no se entregaba fácilmente, y era una de las cosas que más admiraba en ella.
    Todo va bien. Ningún vampiro saldría a esta hora del día, y no siento a ningún jaguar en las cercanías. Háblame de los parásitos. Muéstrame. Necesitaba ver la batalla, ver cómo había manejado su primer encuentro a solas con un vampiro.
    Sintió su vacilación y supo que temía su desaprobación. Sintió cierta satisfacción en ello. Evidentemente, a Solange no le importaba lo que pensara ninguna otra persona… salvo él.
    No es una crítica, kessake. Es esencial para mí entender como piensas durante una batalla.
    La honestidad era crucial en cada encuentro con su compañera. Si iban a tener un futuro, ella debía conocerlo tanto como se conocía a sí misma, y por primera vez, creía que realmente podrían tener un futuro.
    Dos vampiros atacaron a Riordan. Él es rápido. Verdaderamente rápido. Observé como intentaban atraerlo con un patrón hipnótico, Juliette tuvo que apartar la vista, pero no pareció afectar a Riordan, ni a mí para el caso. Giró sobre sí mismo y fue tras el más grande y agresivo. El vampiro engañó a Riordan de forma que le diera la espalda al segundo vampiro.
    Pudo ver toda la batalla en su mente. Ella tenía ojo para los detalles. Podía ver el río brillando a través de los árboles, hasta podía oír el torrente. No llovía, pero había niebla suspendida opresivamente entre los árboles. Riordan luchaba ferozmente, rodeando al vampiro, deslizándose como solían hacer los hermanos De La Cruz cuando entraban en batalla. El cabello largo le caía en cascada por debajo de los hombros y sus ojos eran feroces detectores acerados.
    Vio al segundo vampiro ponerse en posición y supo inmediatamente que los dos no-muertos habían luchado juntos antes. Reconoció la maniobra como una de las preferidas de los Malinov. Riordan también la reconoció. Había luchado lado a lado con los Malinov durante siglos. Estos dos vampiros menores eran discípulos de uno de los hermanos.
    Solange irrumpió desde los árboles, corriendo directamente hacia el vampiro, interceptándolo antes de que pudiera descargar el puño sobre la espalda de Riordan. Riordan ya había desaparecido, moviéndose entre la niebla, reapareciendo detrás del vampiro más grande. Solange obviamente utilizó la velocidad y el poder muscular del jaguar, golpeando al vampiro con la fuerza del gran felino. Vio al vampiro gruñir y aullar, y luego le vio desgarrarle el hombro y el cuello con sus garras.
    Ella saltó alejándose, con el brazo hasta el hombro cubierto de sangre negra y cáustica y con su propio cuerpo sangrando sangre roja. En la garra, sostenía el corazón marchito y ennegrecido.
    – ¡Riordan! -gritó su nombre y tiró el órgano muerto en su dirección.
    El relámpago iluminó el cielo y un rayo golpeó directamente el corazón, y luego saltó hacia el vampiro que ya se estaba derrumbando en el suelo. Solange no podía permitirse el lujo de quitarse la sangre de vampiro bañándose en la energía candente; eso la hubiera matado.
    Corrió hacia el río y sumergió el brazo dentro del agua, enjuagándolo. Vio que los parásitos salían de las heridas que el vampiro le había desgarrado en la piel. Deberían haberse enterrado en las laceraciones, pero en vez de ello parecían estar huyendo a la mayor velocidad posible. Cayeron al suelo y la sangre de ella goteó sobre ellos. Dominic pudo ver claramente a los pequeños gusanos retorcerse, y luego comenzar a desaparecer lentamente, cuando esas gotas color rojo rubí los consumieron.

Capítulo 9

    ¿Puedes llegar a confiar en un hombre otra vez?
    ¿Puedes llegar a amar a un antiguo como yo?
    De Dominic para Solange

    Dominic supo el momento exacto en que el sol se ocultó. Había pasado siglos bajo tierra esperando ese momento en que su cuerpo cobraba vida y la tierra lo devolvía de vuelta al mundo. Había esperado con impaciencia a que su hora llegara. Solange se había retraído en silencio tras su revelación. Sabía que ella sentía que le había dado demasiada información, y lo más importante, que le había proporcionado una forma de que ambos sobrevivieran.
    Solange era muy inteligente. Tenía que haber sabido que le daba una llave para un futuro, y después había desaparecido en el interior de su jaguar, ocultándose de él, ocultándose de sí misma y sobre todo, ocultándose de las repercusiones de su admisión. La confianza se tambaleaba en el borde de una navaja muy afilada. Si él hacía la jugada equivocada, lo perdería todo. Solange era un premio demasiado grande para perderla por una conducta descuidada.
    Solange Sangria era un milagro en más formas de las que Dominic había pensado. Revivió la imagen de la pelea con el vampiro una y otra vez en su cabeza. Ella no debió notar algo tan pequeño, pero él había observado durante mucho tiempo la tierra donde muchos de los parásitos habían caído cuando huyeron de su corriente sanguínea. Sin saberlo, ella había extendido su otra mano para limpiarse la sangre del vampiro, esparciendo más de la suya propia por encima del ácido negro que ardía a través de su piel… o así debería haber sido.
    La sangre ácida había ardido atravesando la carne, pero en el instante en que llegó a hacer contacto con las venas de ella, la sangre de vampiro se secó y cayó de su carne. Ella estaba ocupada lavándose en el río, y no se había dado cuenta. ¿Qué había en su sangre? ¿Era ella aquella a la que Xavier había estado buscando por su sangre? Y si era así, ¿qué tenía ella que ver con el libro que el príncipe protegía tan cuidadosamente?
    El sonido de los latidos de su corazón llenó la caverna. Sus ojos se abrieron de golpe. El jaguar yacía a través de su cuerpo, obviamente en guardia. Enterró una mano en el espeso pelaje. Era sedoso, como el suave cabello de Solange, las hebras estaban surcadas de un color suave y leonado que parecía transformarse en remolinos en su pelo. Acarició con los dedos el pelaje y subió hasta su cabeza.
    El jaguar bostezó perezosamente.
    – Has estado levantada todo el día. Tenía poderosas salvaguardas rodeándonos. -Se enderezó-. Transfórmate.
    Estabas en guardia contra los no muertos y los magos. Tus salvaguardas funcionan también con humanos y con otros animales, pero no estoy segura de que funcionen con Brodrick. No quiero que él te encuentre incapaz de defenderte porque me esté persiguiendo.
    Él esperó. Tenía una paciencia interminable. Ella no quería afrontarlo, pero cuanto más tiempo permanecía en la forma del felino, más aterrador se volvía el enfrentarse a él. Dominic ya había estado en su mente muchas veces. La información fluía de uno a otro y comenzaba a saber cómo pensaba ella. Si no tenía mucho cuidado, huiría, más asustada por su conexión, que crecía tan rápidamente, de lo que lo estaba por cualquier batalla.
    Le llevó algunos minutos. El felino suspiró, el cálido aliento explotó en su mejilla.
    Quisiera algo de ropa, por favor. Sería… más fácil.
    – Por supuesto. -Aunque la prefería desnuda. Desafortunadamente ella era una tentación a la que sería difícil continuar resistiéndose. La pasión corría intensa en ella. ¿Cómo podría no ser así? Era apasionada con su causa, apasionada con su familia y sería apasionada con su compañero en la cama. Mezcla ese fuego con su clara vulnerabilidad hacia él y tienes un afrodisíaco claramente intoxicante. Sonaba somnolienta. Él sabía que había permanecido despierta la mayor parte del día, preocupada por si Brodrick encontraba su lugar de descanso. Acarició con sus dedos el espeso pelaje, masajeando esos músculos fuertes.
    – Quédate como estás y yo regresaré enseguida. Puedes dormir mientras cazo.
    Mmmmm.
    La nota adormecida en su voz era más Solange que jaguar, y su cuerpo se tensó instantáneamente. El suave sonido le provocó un fuerte pinchazo en la ingle, tal como esperaba. Pero que la bestia se alzara ferozmente, exigiéndole que reclamara a su compañera, no sólo era impactante sino también inquietante. No era la sangre del vampiro en sus venas; era su sangre Carpato. Había encontrado a su compañera después de esperar durante siglos y tenía la oportunidad de un futuro con ella. Su alma clamaba por la de ella y de pronto la oscuridad era mucho más densa y fea. Su árida existencia le resultaba insoportable ahora que había estado en la mente de ella… ahora que podía sentir de nuevo.
    Ondeó la mano y la capa de tierra que él mismo había permitido que le cubriera cayó, mientras extraía cuidadosamente su cuerpo de debajo del jaguar somnoliento. Mientras lo hacía, murmuró una orden, empujándola suavemente hacia el sueño.
    Sintió cómo se estiraba lánguidamente en su mente. Eso no va a funcionar conmigo.
    Él soltó una carcajada, sorprendido. El sonido llenó la caverna de felicidad.
    – Sólo era un experimento, kessake, para ver si estabas atenta.
    Por primera vez sintió la caricia de su diversión y la intoxicante sensación explotó sobre él. Se había relajado lo suficiente como para responder a su broma. No era mucho, pero era un principio. Ella le había ofrecido su revelación, y estaba aterrorizada por las consecuencias, pero él todavía se las arreglaba para atravesar sus defensas y hacerla reír.
    – No tardaré -prometió y debido a que adoraba la sensación de todo ese pelaje suave y sedoso, y sabía que ella se escondía en lo más profundo de la forma del felino, recorrió deliberadamente con los dedos toda su columna vertebral.
    Sintió el temblor de ella en respuesta, pero el jaguar no levantó la cabeza y le dedicó una mirada penetrante. Mantuvo la cabeza sobre las patas. Él flotó hacia la superficie de la caverna y se disolvió en el túnel como si fuera vapor, escaneando el área que rodeaba su lugar de descanso antes de desentrañar las salvaguardas. Las reemplazaría, pero si ella estaba en lo cierto sobre Brodrick, no podría garantizar su seguridad frente al macho jaguar. Eso significaba que no podría viajar demasiado lejos de ella y que tendría que estar especialmente alerta hacia el depredador.
    En el momento en que estuvo a buena distancia de Solange, los parásitos empezaron sus susurros llamándolo para que sintiera la ráfaga de la matanza. No estaban tan activos, la sangre de Solange todavía los dominaba, pero cuanto más se alejaba de su compañera, más gusanos mutantes despertaban, arañando y dando zarpazos a sus entrañas, exigiéndole que eliminara toda huella de sangre Carpato o de la familia real jaguar y las reemplazara con la sangre ácida del vampiro, el ambiente donde prosperaban las criaturas.
    Ignorándolos, continuó saliendo de las cavernas. El vapor se derramó en el terreno abierto, por abajo, paralelo al suelo, subiendo más alto una vez que alcanzó el bosque más frondoso. La niebla gris se movió hasta que se apiló sobre sí misma, tomando la forma de una águila harpía, volando en círculos a gran altura por encima de la zona mientras aseguraba las salvaguardas alrededor de la serie de acantilados que ocultaban las cavernas de caliza, todo mientras usaba la mirada penetrante para detectar cualquier movimiento en la base que indicase que el macho jaguar estaba sobre su rastro.
    La selva tropical era un estallido de colores, flores coronando los troncos de los árboles, grandes salpicaduras de rosa, púrpura y brillante rojo rubí. Captó todos y cada uno, saboreando los hermosos colores que no había visto en siglos. De nuevo podía apreciar el mundo en lugar de simplemente recordarlo. En verdad, incluso sus recuerdos habían palidecido en el último siglo. Ahora podía mirar hacia abajo desde el círculo en expansión y absorber la imagen de los árboles cubiertos de flores, la explosión de colores, el verde vívido de los árboles y los matices brillantes de los hongos. Las cascadas y los estanques que punteaban el paisaje junto con el caudaloso río que serpenteaba dentro y fuera del bosque, abriéndose camino entre el terreno escabroso, eran hermosos para él.
    No encontró ninguna señal de Brodrick por ninguna parte. Aliviado, volvió sobre sus pasos hacia el lugar donde habían luchado contra los vampiros. Sabía que Zacarías se encontraría con él allí si fuera posible. Debajo de él divisó el laboratorio. Alguien ya había empezado las reparaciones en el costado del edificio. Dio vueltas en lo alto, intentando captar el olor de Brodrick. Si encontraba al tipo, lo mataría. Sabía que Solange tenía intención de enfrentarse a su padre biológico, pero lo que realmente importaba era que él fuera incapaz de continuar su matanza de aquellos que consideraba impuros y sus secuestros y brutales asaltos a mujeres.
    Una carga repentina se formó en el aire circundante y Dominic se posó en los árboles, plegando sus alas y vigilando mientras una alta e impresionante figura emergía de la niebla que rodaba la tierra a la altura de sus rodillas. El hombre se quedó en pie un momento, el cabello plateado bajaba por su espalda, su constitución era fuerte y musculosa. Se giró y Dominic lo reconoció de los viejos tiempos. Giles. Un viejo amigo. En su familia habían sido artesanos. Dominic siempre admiró a Giles. Era preciso y controlado en el combate, un buen hombre para tener a la espalda en una pelea. Nunca hubiera esperado ver a Giles como vampiro.
    Tenía buen aspecto, su rostro era impecable, sus dientes blancos y su notable encanto se distinguían incluso con la distancia que había entre ellos. Tenía que haber sido un vampiro durante mucho, mucho tiempo para adquirir la habilidad necesaria para cubrir toda evidencia de carne purulenta y alma ennegrecida. Giles dio unos golpecitos con el pie, el único movimiento que indicaba que podría estar molesto. Obviamente estaba esperando algo y estaba impaciente porque ese algo o alguien se retrasaba. Y eso era todo lo que Dominic necesitaba saber. Giles era un maestro vampiro, experimentado tanto en las artes oscuras como en la batalla. Estaba acostumbrado a estar en la cima de la cadena alimenticia. Y si estaba involucrado en la conspiración de los Malinov para derribar al Príncipe, ésta era mucho más peligrosa de lo que nadie había supuesto. Ningún maestro del calibre de Giles se prestaría a prestar servicio a otro. Los vampiros estaban evolucionando. De algún modo, los Malinov habían logrado encontrar la forma de controlar la vanidad de los vampiros y su ansia por la destrucción temeraria.
    Dos figuras más fluctuaron, transparentes durante algunos momentos antes de revelarse completamente, algo que usualmente ocurría cuando alguien se había transportado rápidamente. Ambos estaban despeinados, aunque cuando emergieron del todo bajo la luna, se recompusieron. Giles ya fruncía el ceño ante su falta de habilidad para mantener su apariencia en todo momento. Los recién llegados no eran vampiros menores, otro punto para Giles. La mayoría de los maestros podían mantener cerca sólo a los más nuevos, para servir como peones mientras aprendían las costumbres de los vampiros, pero ambos hombres tenían habilidades obvias.
    – Ambos llegáis tarde -acusó Giles. Entrecerró los ojos, fijando esa mirada rojo rubí en el hombre a su izquierda-. Ibas a escoltar a Demyan y sus secuaces hasta esta posición. No los veo. Espero que tengas una buena explicación, Beau. -Giró la cabeza lentamente, un movimiento de reptil que hizo que el segundo hombre diera un paso atrás-. Y tú, Fabron, no los veo contigo tampoco.
    Un estremecimiento traspasó a Beau.
    – Fuimos al lugar señalado para encontrarnos con ellos, Giles, pero no estaban allí. Registramos la zona. Algunos kilómetros al este había señales de una batalla. Creo que el mayor de los hermanos De La Cruz está en esta zona y los atacó.
    El aliento de Giles siseó entre sus dientes.
    – Ese gusano humano que torturamos nos mintió. Debería haberlo mantenido con vida más tiempo. Dijiste que escaneaste su cerebro…
    – Los hermanos protegen a los que les sirven -le recordó Fabron.
    Instantáneamente el aire crepitó y algo golpeó con fuerza la mejilla de Fabron. Las chispas cayeron, en un despliegue deslumbrante. Giles ni siquiera parecía haber alzado su mano. Dominic estudió al vampiro con más cuidado. Era refinado. Muy rápido, sus acciones eran demasiado veloces para ser seguidas por el ojo humano, pero Dominic había visto el movimiento como un borrón. Por un momento pensó que había parpadeado, pero Giles realmente se había movido, había usado un gesto de su mano para empujar la carga eléctrica hacia sus secuaces. No era sorprendente que estuvieran acobardados. Él debía parecerles como un mago, capaz de hacer cosas que nadie más podía.
    – ¿Crees que Zacarías ha destruido a Demyan y a sus secuaces?
    Fabron y Beau asintieron ambos vigorosamente.
    – Hubo una batalla. No pudimos leer la tierra. Ahora la selva tropical contraataca.
    En lo más profundo del cuerpo del águila harpía, Dominic sonrió. Él y Zacarías habían acertado en que al borrar toda huella de la sangre vampira de la tierra y los árboles, la selva tropical podría repararse a sí misma. Dominic incluso se había acordado de estimular el crecimiento del bosque antes de permitirse cuidar de su compañera. Ella le había parecido tan bella, allí de pie como el guerrero feroz que había combatido justo a su lado, mirándolo con los ojos de una mujer vulnerable.
    No esperaba la marea de emoción abrumadora. Se había sentido protector hacia ella. Deseaba tanto acogerla en sus brazos y sostenerla cerca. La confianza lo era todo con una mujer como Solange. Él tenía que ganarse su lealtad y su respeto, y sobre todo su amor. Entendía que era un regalo y la apreciaba aún más por su reserva. No era un hombre que hubiera compartido alguna vez a su mujer y esa faceta de ella, suave y vulnerable, le pertenecía sólo a él.
    Estudió a su enemigo. Había esperado entrar en ese campamento y finalmente morir. Ahora, había ocurrido un milagro. Podía librar su organismo de los parásitos y reclamar a su compañera. Había un futuro para él, para los dos, y eso lo cambiaba todo. Tendría que ser mucho más cuidadoso. Tenía todos los motivos para vivir ahora. Antes, cuando entraba en batalla no había nada que perder. La vida cambiaba dramáticamente cuando uno encontraba la otra mitad de su alma. Quería vivir. Quería pasar tiempo con ella. Podría alzarse cada noche durante el resto de su existencia, mirándola directamente a los ojos.
    De repente Giles levantó la cabeza y echó una ojeada rápida a su alrededor. Un rápido y penetrante sondeo embistió a Dominic, un ataque veloz y poderoso dirigido a la zona circundante, un empujón para atraer y sacar a la luz al enemigo. Dominic sintió el dolor lacerante, descartándolo; tranquilizando al pájaro mantuvo los patrones del cerebro equilibrados para no alertar al enemigo de su presencia. La sonda pasó lentamente, pero él permaneció en el interior del águila, manteniéndose inmóvil. El pájaro tenía hambre, buscaba comida, su aguda mirada acechaba en busca de una presa antes de que cayera la noche. La sonda volvió, más dura, más profunda, una lanza dolorosa y precisa. El pájaro extendió sus alas y luego se recolocó mientras Giles continuaba, satisfecho de que no hubiera enemigos alrededor.
    – ¿Dónde está Etienne? -exigió Giles.
    – Estaba buscando huellas, esperando averiguar dónde podría haber ido Zacarías.
    – ¡Stupide! ¡Imbécillité! -siseó Giles con desagrado-. No tiene ni una posibilidad de matar a Zacarías. Ya estará destruido. -Con un gesto de repugnancia, Giles escupió en la tierra. Los diminutos parásitos blancos se agitaron y se retorcieron.
    – Los demás deberían estar aquí en pocos días -dijo Beau, claramente esperando que Giles permitiera un cambio de tema.
    – Si hemos perdido a Demyan y a sus secuaces, somos pocos para desarrollar los planes. Represento a los maestros. Necesitamos organizar a nuestra gente para un golpe contundente contra el Príncipe. Debe ser puesto de rodillas.
    Los tres hombres se dirigieron hacia el laboratorio. Mientras se aproximaban a los guardias humanos, Giles extendió su mano hacia los otros y susurró una orden.
    – Dejadlos. Sois humanos.
    Dominic estaba impresionado por la forma en que los vampiros asumieron inmediatamente la conducta de un humano, manteniendo los ojos hacia el suelo en lugar de mirar la tentación de la carne y sangre humana. Sentían un desdén absoluto y despreciaban a los hombres humanos con quienes trabajaban, pero no cayeron sobre ellos y se deleitaron con ellos como normalmente harían. Dominic sintió el hambre voraz, la llamada de la sangre, los parásitos que chillaban de deseo por la sustanciosa y cálida tentación, al mismo tiempo que la necesidad de mostrarles cuán inferiores a ellos eran. Pero los vampiros simplemente ignoraron la llamada.
    Los maestros habían hecho un buen trabajo imponiendo su voluntad a los vampiros menores. Sólo eso ya representaba un peligro. El comportamiento había evolucionado hacia la inteligencia real. Los vampiros siempre habían sido astutos y letales, pero un grupo coordinado con inteligencia y estrategia a sus espaldas, con habilidad para controlar a esas criaturas mortíferas y poderosas, era impresionante e incluso aterrador.
    Los hermanos Malinov habían congregado un ejército compuesto de jaguares, humanos y vampiros. Tenían un plan y éste tenía una semblanza de disciplina. Para Dominic, era la disciplina lo más problemático. Observó a los vampiros desaparecer en el interior del edificio antes de extender sus alas y dirigirse hacia el cielo para encontrar a Etienne. El vampiro no regresaría con su amo, pero sería Dominic quien contribuiría a la feroz reputación de Zacarías.
    El águila harpía atravesó la canopia con una velocidad asombrosa, moviéndose rápidamente para cubrir la distancia antes de que Etienne encontrase el lugar de descanso de Zacarías. Dominic sabía que el cazador tenía casas de verdad en la zona. Era posible que hubiera ido a una de ellas. Siglos atrás los hermanos De la Cruz habían establecido una relación con una familia humana que los protegía durante el día, velaba por sus tierras y ayudaba a mantener la ilusión de que eran humanos. Habían construido un imperio, sus ranchos de ganado eran bien conocidos, pero sus enemigos a menudo iban también tras los miembros de la familia. Zacarías tendría fuertes salvaguardas, pero si el vampiro lo rastreaba hasta su casa, los humanos correrían peligro. A esta hora, Zacarías estaría fuera cazando.
    Divisó el lugar donde había tenido lugar la pelea con Demyan y sus vampiros menores. A primera vista, la zona parecía estar tranquila, pero cuando descendió en picado más abajo, pudo ver la vegetación marchita donde se había contraído bajo la antinatural abominación que pisó la tierra cuando Etienne y los otros vampiros fueron en busca de Demyan. Una parte del césped se había marchitado donde los no muertos habían pasado.
    El águila harpía voló hacia el río tomando una ruta directa. Dominic estaba repentinamente preocupado por lo que pudiera encontrar. En las lindes de los árboles, el extenso rancho de los De la Cruz estaba enclavado en el valle entre las colinas circundantes. Estaba rodeado de bosque, pero meticulosamente conservado para que el ganado pudiera vagar libremente por la tierra exuberante. La casa de estilo español con gruesas paredes y frescas terrazas tenía forma de U con un patio en medio. El verdor del patio proporcionaba una especie de oasis, con diversos arbustos y flores de todos los colores.
    A lo largo del pasillo de piedra, los penetrantes ojos del águila divisaron la brillante y roja sangre. El arroyuelo era estrecho y avanzaba lentamente entre las piedras en una delgada línea de color carmín. Dominic descendió, tomando su forma humana mientras se inclinaba sobre el hombre caído. Había luchado, pero el vampiro casi le había cercenado la garganta. Ya estaba muerto, y Dominic le dejó, encaminándose hacia la casa. La puerta había quedado abierta, proporcionándole una buena vista de la amplia y sombreada habitación.
    Escuchó un gruñido y una palmada proveniente de otro cuarto.
    – ¿Dónde está? -exigió Etienne, su voz escupía y siseaba, alertando a Dominic de que estaba perdiendo el control rápidamente.
    – Nunca te lo diré.
    Una voz femenina. Bastante joven. Aterrada. Justo como les gustaba a los vampiros. La descarga de adrenalina en la sangre actuaba como una droga inundando su sistema.
    – Así que morirías por él.
    – Sí. -La voz tembló, pero las palabras eran firmes.
    Dominic irrumpió por la puerta tan dramáticamente como le fue posible, esperando desequilibrar al vampiro. Etienne giró mientras descargaba el golpe mortal, lanzando un golpe directo contra la garganta de la mujer, rompiendo arterias, cuerdas vocales y carne. La sangre salpicó por todo el cuarto. La mujer se sujetó la garganta con ambas manos y cayó de rodillas mientras Dominic saltaba la distancia, golpeando con fuerza al no muerto, alejándolo de la mujer.
    Un rugido anunció la llegada de Zacarías. Estalló por la ventana, rompiendo cristal y adobe. Los escombros llovieron sobre ellos mientras Dominic agarraba al vampiro con una mano y conducía la otra al pecho. Etienne se disolvió, tratando de salir del cuarto a través de la ventana abierta. Las gotitas de sangre se arrastraron detrás, revelando su presencia en el banco de niebla.
    Zacarías se dejó caer de rodillas al lado de la mujer y le apartó suavemente las manos de la garganta. Era joven, aún para años humanos, quizás a principio de los veinte. Ojos castaño oscuro, muy grandes, enmarcados con largas pestañas negras. Podía ver cómo la luz retrocedía en ellos, pero ella parecía contenta de verlo vivo. Por alguna razón, esa pequeña ondulación de reconocimiento le afectó trastantos siglos de vacío. La familia de ella había servido a la suya durante generaciones. Su padre había caído muerto en su patio y esta joven mujer se moría en el suelo del dormitorio, tratando obviamente de proteger su morada.
    Le envolvió las manos alrededor de la garganta y presionó calor sobre la piel, brillante y caliente y doloroso para ella, lo sabía. No podía evitarle el dolor, no con la vida drenándose de su cuerpo tan rápidamente. La garganta estaba aplastada. Se envió fuera de su cuerpo y entró en el de ella, trabajando tan rápidamente como podía para reparar el daño de la arteria, para contener el flujo de preciosa sangre. Confiaba en Dominic para que mantuviera al no muerto lejos de él mientras trabajaba en la mujer, dejó su cuerpo vulnerable al ataque mientras cauterizaba meticulosamente la arteria, cerrando y sellando la enorme herida.
    Sin pensar en las consecuencias, Zacarías se cortó la muñeca y la sangre goteó en la boca de la mujer, acariciando hasta que ella tragó por reflejo. Tuvo que guiar la sangre a través de la garganta desgarrada para que empapara las venas y las células de su cuerpo. Reemplazó lo que había perdido, sin pensar en quedar demasiado débil para moverse. No había suministro de sangre para él, no con la sangre de Dominic tan contaminada. En este momento no le importaba.
    La familia de esta mujer había hecho mucho por la familia De la Cruz y no iba a perderla. La había visto un par de veces moviéndose por la casa, limpiando, siempre a lo lejos. Rara vez se juntaba con alguien estos días. La llamada de la oscuridad había llegado a ser fuerte en él estos últimos años y pasaba la mayor parte de su tiempo solo, lejos de la tentación. Raramente utilizaba esta casa, hasta estas últimas semanas. Sus hermanos tenían compañeras y eso sólo aumentaba la oscuridad en él mientras se sentía separado de ellos, tanto tiempo solo. No conocía otro modo de vida, así que había venido aquí para poner distancia entre él y sus hermanos. Pero al hacerlo así, había puesto en peligro a estas personas que estaban bajo su protección.
    Zacarías logró poner los pies debajo de sí mismo e inclinándose, tomó el ligero peso de la mujer en sus brazos, acunándola contra el pecho. Él era fuerte, pero se había despertado hambriento y el olor a sangre sólo aumentaba su necesidad. Darle su sangre le había debilitado aún más. La llevó por la casa al dormitorio principal, situado sobre su guarida. La trenza era larga y gruesa, una masa de cabello negro azulado ahora manchado de sangre. No tenía la menor idea de si viviría o moriría, pero había hecho todo lo que podía. La tumbó en la cama y cubrió su cuerpo con una manta antes de volverse hacia el sonido de la batalla.
    Gruñidos horribles erupcionaban mientras Etienne luchaba contra la trampa en la que Dominic lo había encerrado, haciéndole imposible permanecer en forma de vapor. La sangre manchaba la cara de Dominic y el hombro. Marcas de garras salvajes le habían cortado el pecho en dos lugares, rasgando la ropa cuando el vampiro trató de llegar al corazón del cazador. Etienne no era un aficionado en la batalla, y luchaba con magia y habilidad, sabiendo que estaba frente a un antiguo, un experto en destruir no muertos.
    Etienne parecía peor que Dominic, la sangre negra veteaba su cuerpo. Había perdido su capacidad de mantener la apariencia, la piel apretada contra el cráneo hacía que pareciera un esqueleto andante. El pelo una vez oscuro era ahora sucios mechones grises, largos, como colas que sobresalían de un cráneo en su mayor parte calvo. Los ojos eran hoyos hundidos de odio, y los dientes habían tomado su forma aserrada y puntiaguda, cubiertos con la sangre de sus muchas víctimas.
    Dominic cogió velocidad, agarró la cabeza entre las grandes manos y desgarró, alejándose con rapidez cuando Etienne arañó otra vez con garras afiladas y manchadas de sangre. Hubo un crujido audible y Etienne chilló, girando tan rápidamente que se convirtió en una mancha, se lanzó sobre Dominic y llevándolo al suelo, alargó la cara en un morro de colmillos goteantes. Abrió las mandíbulas y se dirigió al cuello de Dominic.
    El capataz de Zacarías, Cesaro Santos, entró en el patio con tres de sus hombres tras él, todos con rifles. Se detuvieron con un patinazo cuando vieron al no muerto desgarrando a Dominic, mitad esqueleto y mitad animal. Antes de que cualquiera se pudiera mover, un jaguar pasó a toda velocidad ante los tres hombres para golpear con fuerza contra la espalda del no muerto, golpeándolo con tanta fuerza que dio un salto mortal y aterrizó con fuerza varios metros más allá.
    Dominic ya se había disuelto bajo él, deslizándose con la intención de arrancar el corazón del vampiro, pero ya no estaba en posición. El siguiente golpe del jaguar llevó a Solange directamente a la espalda del vampiro. Los dientes crujieron sobre la cabeza y la sacudió como una muñeca de trapo. El cráneo se agrietó como un fruto seco, los huesos aplastaron el cerebro. Uno de los hombres que estaba junto a Cesaro se llevó el rifle al hombro, pero Zacarías estuvo allí antes de que pudiera apretar el gatillo, empujando el cañón hacia el suelo. Cesaro se abrió la camisa, exponiendo el cuello a Zacarías.
    – Tome lo que necesite -ofreció.
    Zacarías podía oír el latido del corazón. La tentación era demasiado. Nunca podría parar, no en el calor de la batalla cuando estaba tan hambriento. Sacudió la cabeza y dio un paso para alejarse, los colmillos explotaron en su boca. No pondría en peligro a los que le servían, los que estaban bajo su protección. Mejor encontrar el amanecer que sucumbir ahora.
    Lo siento. Dándose cuenta de su error, Solange se disculpó ante Dominic, mientras trataba de retroceder ante el no muerto.
    Etienne la desgarró, un golpetazo afortunado que le rompió la piel del vientre. La atrapó en el aire, lanzando a la gran gata con su enorme fuerza. Aterrizó con fuerza a distancia. Él se arrastró hacia ella, tambaleando la cabeza, derramando las tripas.
    Ningún problema, contestó Dominic con su infalible calma. Aprenderemos a coordinar nuestros ataques con el tiempo. Muévete a la derecha un poco, lo bastante lento como para que crea que puede atraparte, pero que estás rodeándole para otro intento. Cuando me mueva, salta lejos rápidamente.
    Dominic sintió su tranquila seguridad. Solange sabía cómo luchar, y con un vampiro él era el experto. Ella era demasiado inteligente y experimentada como para no reconocer eso. Si no hubiera interferido, él ya habría conseguido el corazón del no muerto. Era una lección y ella aprendía rápidamente. Respetaba el hecho de que ella no se castigara por los errores. Simplemente hacía lo que había que hacer.
    El jaguar hembra empezó a trazar un círculo, los ojos verdes brillaban mientras se fijaba en su presa. Con la cabeza abajo y las orejas giradas hacia atrás indicando agresión sin temor, empezó a acechar lentamente, sin apartar nunca los ojos de la presa.
    Los humanos retrocedieron con el odio en sus ojos mientras miraban cómo el jaguar rodeaba al vampiro, los rifles listos. Lo único que les impedía disparar era el deseo de su jefe o jefe [1], dependiendo de en qué idioma estuvieran pensando. Detestaban a ambas especies. Durante demasiado tiempo habían aguantado que los hombres jaguar abusaran de sus mujeres. Siempre tenían que proteger a las mujeres con cuidado, reduciendo su libertad cerca del bosque. El vampiro era una amenaza siempre presente que colgaba sobre sus cabezas y amenazaba a su jefe así como a sus familias. Bien versados en las maneras de matar a un vampiro, cada uno de ellos estaba armado con una estaca, una antorcha y una cruz, así como con rifles.
    Zacarías no se atrevió a alejarse de ellos, sabiendo que era su presencia solamente lo que impedía que mataran al gato, y que si lo hacían, Dominic los mataría a todos. El Buscador de Dragones estaba en movimiento, su cuerpo fluido y elegante era algo hermoso, tan rápido que fue una mancha, golpeó con fuerza a Etienne mientras el jaguar saltaba hacia atrás fuera de alcance.
    Etienne chilló, un extraño sonido bestial que asustó al ganado que dormía a lo lejos. La manada se puso en pie, mugiendo y dando pisotones inquietamente. Cesaro hizo un gesto con la mano hacia atrás, señalando hacia las colinas ondulantes, y sus hombres se marcharon corriendo. Otros salieron de las casas dispersas de las colinas, lanzándose sobre los caballos, precipitándose a calmar al ganado asustado.
    El vampiro giró, moviéndose rápidamente como un tornado, girando y arremolinándose, tratando de utilizar los pies como una broca, excavando en la tierra, esperando escapar así del cazador implacable. Dominic giró con él, fuera de la vista en los escombros, mezclado en el tornado que iba de la tierra al cielo. Fluyó con los vientos turbulentos, implacable en su resolución de destruir al no muerto.
    El aire comenzó a cargarse. El vello de los brazos se le erizó. Zacarías gritó una advertencia a Solange mientras arrastraba a Cesaro al suelo, cubriéndole con su cuerpo. Solange saltó lejos del aire que se cargaba y casi aterrizó en una fuente. Se aplastó tan cerca del suelo como le fue posible justo cuando el relámpago golpeó, el rayo subió desde la tierra al cielo y volvió a caer otra vez. Etienne chilló horrorosamente. El olor a carne descompuesta y podrida se convirtió en humo, penetrando en el aire con un hedor asqueroso.
    Zacarías sólo podía oler sangre a su alrededor mientras yacía encima del capataz. El olor estaba por todas partes, pesado en los pulmones. Los colmillos se negaban a retroceder. El sonido de corazones latiendo se convirtió en un tambor de deseo palpitando por su cráneo. La carne caliente era atrayente, el cebo de sangre caliente fuerte, el pulso justo bajo su boca. Tan cerca. Tan tentador. El susurro era insidioso en su oreja. Esta vez nada más.
    La boca casi tocaba ese pulso. Las orejas se le llenaron del sonido, el reflujo y el flujo de la fuerza de la vida en el cuerpo de Cesaro. Su mente se negaba a funcionar, inundada ahora con la necesidad. Esta vez nada más. Podía oler el delicioso temor. La adrenalina que circulaba por las venas. Movió la cabeza hacia atrás, su vista se estrechó ante esa tentación.
    El jaguar le golpeó con fuerza, alejándolo del cuerpo de Cesaro. Rodó y se levantó, su mente era una neblina roja de necesidad e ira. Los ojos rojo rubí se clavaron en Solange, furioso porque le hubiera robado la presa. Ella merodeaba de acá para allá entre Zacarías y Cesaro, manteniéndole lejos de esa sangre caliente y picante que su cuerpo necesitaba tan desesperadamente. Siseó su ira, los dos depredadores atrapados en la mirada, cada uno esperando el ataque del otro.
    Cesaro se movió lentamente, con cuidado, tratando de no atraer la atención del gran gato. Sus dedos estaban a centímetros del rifle y, palmo a palmo, lo atrajo hacia él. Don Zacarías necesitaba y él proveía, como su familia había hecho siglo tras siglo. Si era su sangre lo que Zacarías necesitaba, Cesaro se la daría. Los dedos atrajeron el rifle a la mano y cerró el puño a su alrededor. Respiró hondo y se puso de pie, con la culata del arma bien ajustada contra el hombro, y la vista sobre el gato. Muy lentamente el dedo encontró el gatillo y comenzó a apretar.
    Detrás de ellos, manchado de sangre, con la camisa y el pecho destrozado, Dominic rugió un desafío a Zacarías mientras con una mano le arrancaba el rifle a Cesaro y lo golpeaba para alejarlo con la otra. El golpe fue tranquilo, pero tan fuerte que hizo volar a Cesaro contra la casa.
    – Ocúpate de a la mujer -ordenó Dominic, su voz fue una orden baja que no toleraba discusión. Señaló y el hombre se puso lentamente de pie, con aspecto aturdido, los ojos mostraban su confusión.
    Cesaro estaba protegido de la compulsión, así que fue sólo la pura fuerza de la personalidad de Dominic la que invalidó la lealtad arraigada del capataz por proteger a Zacarías.
    – Está en el dormitorio y necesita atención médica inmediata. -Eso incitó al hombre a la acción. Corrió a la casa, dejando a los dos Carpatos uno frente al otro. Dominic tenía las manos a los lados-. Zacarías. -Sólo el nombre. Una llamada.
    Zacarías sacudió la cabeza. Los cuchicheos se negaban a parar, golpeando como un redoble en lo profundo de sus venas, en su mente, hasta que estuvo consumido con el deseo oscuro por sangre.
    – Vete. Vete mientras puedas, viejo amigo. Sálvate.
    – Ekam. Hermano. Anaakfel. Viejo amigo. -Había angustia en la voz de Dominic, en su corazón y en su mente-. Ésta no es tu elección. Tu elección es servir a tu gente. Te necesito. El Príncipe te necesita. Tenemos que conseguir esta información para él. -Mientras hablaba, Dominic se deslizaba en posición, el corazón tan pesado que apenas podía evitar las ardientes lágrimas que le atravesaban la garganta. Había una bola de ellas alojadas allí. Zacarías. Un hombre noble más allá de la imaginación de cualquiera. Matarlo se sentía como un sacrilegio.
    Voy a cambiar, Dominic. Necesito ropa.
    La voz de Solange lo asustó. Estaba tan tranquila. Su absoluta serenidad le sorprendió. La sintió en su mente, supo que sentía su amor por Zacarías. Eran antiguos. Habían sido amigos de niños. Pasaron siglos luchando contra el mismo enemigo, a veces lado a lado, otras veces solos, pero siempre habían estado en el mundo compartiendo el mismo destino. El corazón se le rompería cuando matara a Zacarías, pero lo mataría. Le ahorraría la humillación de perder su honor. El pueblo Carpato lo recordaría como al héroe que fue de verdad.
    Déjanos, Solange.
    Dominic flexionó los dedos. Había recibido una paliza al matar a Etienne. El antiguo había sido un combatiente hábil y Dominic había sufrido varias heridas. Zacarías era uno de los mejores guerreros, de los más experimentados con que se había encontrado jamás. El amor de Dominic por él, su respeto, sería difícil de vencer. No quería a Solange en ningún lugar cerca de esta batalla. Estaba seguro de que mataría a su amigo, pero también existía la posibilidad de que Zacarías lo matara a él.
    Hay una oportunidad de salvarlo.
    Su primera reacción fue ordenarle que se alejara, pero la absoluta certeza de su voz le hizo tambalearse. Más que nada, la deseaba protegida. Pero Zacarías era lo más cercano a un verdadero amigo que jamás llegaría a tener, y Dominic no quería tener que matarlo.
    Ella no esperó a que se decidiera, sino que cambió de forma a su izquierda. Él la vistió con su ropa normal, vaqueros desteñidos y una fina camiseta que era perfecta cuando se movía por el bosque. Había surgido más cerca de Zacarías de lo que le gustaba y sabía que era deliberado.
    – Soy tu familia, Zacarías -dijo, dirigiéndose al cazador Carpato.
    Con varios siglos de edad, Zacarías era más que intimidante bajo circunstancias normales. Pero estaba cerca de convertirse, gruñía, los ojos ya le estaban cambiando, revelando la neblina roja del vampiro que intentaba poseer su mente.
    Dominic se puso en posición de golpear. Necesitaría cada gramo de velocidad y fuerza que poseía para atravesar la pared del pecho de Zacarías y extraer el corazón antes de que éste pudiera vengarse. El ataque tendría que ser una completa sorpresa si quería tener alguna oportunidad de terminarlo todo rápidamente. La idea le enfermaba, pero repasó meticulosamente cada movimiento en la cabeza. Solange había unido su mente con la de él. Sabía que veía el ataque en su mente, pero continuó intentándolo, dando otro paso hacia el cazador.
    Mientras Dominic extendía una mano para detenerla, Zacarías dio un paso fuera de su alcance y sacudió la cabeza.
    – Tómala y vete mientras puedas, Dominic. -Su voz fue poco más que un gruñido.
    – Mírame -insistió Solange-. Soy tu familia. Tu hermana. ¿Realmente destruirías lo que has protegido tanto tiempo? El olor a sangre, tanta muerte, te llama, pero yo me ofrezco libremente, como tu hermana, como alguien que está bajo tu protección…
    El aliento de Dominic siseó entre dientes, el corazón le palpitaba desenfrenadamente. Ella le estaba leyendo la mente, viendo las costumbres tradicionales y muy formales de los Carpatos. Su vida por la de él. No, Solange. No aceptaré eso.
    Por ti, no por él. Esto es un regalo para ti. Deseo quererle y verlo como tú lo haces. Tú ves honor y yo quiero ver eso también. Permíteme darte lo que puedo ofrecer de mí misma. Esto es para ti.
    No a riesgo de tu vida.
    Tú arriesgas la tuya para matarlo. Déjame arriesgar la mía para salvarlo.
    Si no la había amado antes, lo hacía ahora. La fuerza de la emoción le estremeció cuando Solange extendió la muñeca hacia Zacarías. Todo mientras miraba como Zacarías les vigilaba. Zacarías era más depredador que cazador. Quizás ambos en ese momento. Ambos eran seres peligrosos. Pero Solange se había enfrentado antes al peligro impávidamente. Respiró y permitió que una uña se deslizara sobre su piel, abriéndose la vena. Manaron unas brillantes gotitas rojo rubí, pequeñas y hermosas gemas, brillando como joyas.
    – Ven, hermano -dijo suavemente-. Aliméntate y luego acude a la tierra. Esto pasará. Ha sucedido antes. Eres fuerte y te necesitamos.
    Zacarías no podía apartar los ojos de la sangre.
    – No de este modo. Nunca así. Es demasiado peligroso, Dominic. Aléjala de mí.
    – Honraré tus deseos si vas demasiado lejos -prometió Dominic, con el corazón en la garganta junto con el nudo de lágrimas sin derramar-. Eres mi hermano. Nuestro hermano. Bebe. Mantendrás el control. -Intentó un pequeño empujón para ayudar a Zacarías, pero al final, era su elección. Él tenía que luchar contra la bestia, encontrar ese último pedazo de fuerza para superar esta nauseabunda crisis.
    Solange se mantuvo firme. De todos, ella era la más tranquila. Extendió la muñeca hacia Zacarías. Si él daba un paso adelante para aceptar la ofrenda, se expondría completamente a Dominic. Ella se había colocado como cebo. Los tres lo sabían.
    Vida o muerte.
    Escoge la vida, imploró Dominic en silencio.
    Zacarías se deslizó a través del espacio entre ellos, tomando la muñeca que Solange le ofrecía, con el pecho y el corazón completamente expuesto y vulnerable a Dominic. Deliberadamente mantuvo un brazo lejos del cuerpo mientras con la otra mano tomaba la muñeca de Solange.
    Ella no pudo evitar el estremecimiento que le atravesó la mente, o el cuerpo, pero se mantuvo firme mientras la boca de Zacarías le cubría la muñeca y bebía.

Capítulo 10

    Deja que mis suaves brazos te acaricien,
    deja que nuestras canciones se fundan.
    Permíteme estar a tu lado,
    déjame liberar tu corazón.
    De Solange para Dominic

    Dominic se acercó un poco más a Zacarías, sabiendo cuan rápido era el otro Carpato. Había luchado a su lado en innumerables batallas y conocía cada movimiento. Como bailarines en la sombra, se observaron el uno al otro, Zacarías se agachó sobre la muñeca de Solange. Parecía vulnerable, pero Dominic no se engañaba. Solange era la compañera de Dominic y era la más vulnerable de todos. Zacarías la podía matar en segundos. Eso sacudiría a Dominic lo bastante para darle a Zacarías una pequeña ventaja.
    La tensión se elevó. Solange estaba muy quieta, con los ojos fijos en la cara de Dominic. No miraba como Zacarías extraía la preciosa sangre de su cuerpo. Salió de la mente de Dominic, pero éste se deslizó en la suya, oyendo sus chillidos silenciosos, viendo el temor convertirse en terror. Pero sorprendentemente, nada de ello se le mostró en la cara, ni en los ojos. Si no hubiera estado conectado con ella, Dominic nunca habría sabido cuan aterrada estaba.
    Su mujer. Su compañera. Su valor le aterraba. Quería apartar a Zacarías de un tirón. Podía ver la avidez, la necesidad desesperada, el peligro creciente. El tiempo se estiró. El sonido de Zacarías tomando sangre era horroroso, la vista intolerable, pero se forzó a quedarse tan inmóvil como Solange y aguantar. El sudor brotó en su cuerpo, se deslizó por el pecho para mezclarse con los desgarros desiguales de la carne. Para un Carpato saber que su compañera estaba no sólo en peligro, sino que sufría, era una de las peores cosas posibles.
    Dominic comenzó a revolverse, pero sintió la resistencia de Solange.
    Por favor, dale tiempo para recuperarse. Está tratando de retroceder.
    Ella lo sabría. La boca de Zacarías estaba sellada a su vena, extrayendo mucho. Estaba pálida, fría, pero no se resistía. Dominic se dio cuenta de que eso era lo que mantenía a Zacarías bajo control, su falta de resistencia. Ella había ofrecido su vida. Era su familia, bajo su protección y para Zacarías el honor lo era todo. Ella le hacía recordar. Le forzaba a escoger el honor. No habría escape para Zacarías esta noche. Su vida continuaría, árida, fea y sin esperanza.
    Cuando diga basta, no discutas, corre. Su voz fue implacable.
    Si crees que es demasiado tarde, respetaré tu decisión, estuvo de acuerdo ella.
    La tensión es estiró hasta casi romperse. Dominic luchó contra sus instintos, tratando de dar a su amigo el tiempo que necesitaba para retroceder del borde precipicio, pero ver la boca tragando la sangre de su compañera era peor que cualquier cosa que jamás hubiera soportado. Ella estaba estoica, pero asustada y su propia disciplina estaba cerca del límite.
    Pareció pasar toda una vida antes de que Zacarías lograra conquistar a la bestia que crecía en su interior. Pasó la lengua por la muñeca de Solange e hizo una profunda reverencia, un gesto de su respeto más profundo. También él debía saber cuan asustada estaba ella. Su sangre había estado aderezada con adrenalina, otorgándole una bola de fuego ardiente a través de las venas, pero el valor de Solange había desafiado toda la lógica, su gran sacrificio por un guerrero tan cercano a convertirse. Zacarias parecía avergonzado de estar en compañía de Dominic, y más avergonzado aún de estar en la de ella.
    Dominic dejo escapar el aliento, la emoción le sacudía, sabiendo el coste que había supuesto esto para su amigo y su compañera.
    – Me disculpo, Zacarías. No podía permitir que te fueras. Sé que es difícil, pero no puedo entregarte. Solange lo sabía. Es mi debilidad, no la suya.
    Se estiró y agarró a Zacarías por los antebrazos, guerrero a guerrero, mirándose fijamente a los ojos. Los dos sabían que el gesto era de hermandad, respeto, y para comprobar que Zacarías había conquistado a su enemigo una vez más. El rojo rubí en sus ojos había retrocedido junto con la neblina. Sus colmillos se retrajeron blentamente. Le tomó un momento responder, agarrando los antebrazos de Dominic en un puño firme.
    – No hay nada débil en ti, Buscador de Dragones. Ocultas tu naturaleza violenta bajo ese encanto tranquilo, pero aquellos que te conocemos sabemos que eres completamente consciente del poder que esgrimes. Esperaré tu llamada. Voy a la tierra ahora para mantener a mi gente a salvo.
    – Si necesitaras sangre -dijo Solange-, llámanos.
    Dominic no protestó, pero no iba a permitirle correr tal riesgo otra vez. Luchar contra vampiros era una cosa, pero caminar hacia los colmillos de un Carpato a punto de convertirse era algo enteramente diferente. El corazón todavía le palpitaba sin control, el sonido le atronaba en las venas. La miró, a esta mujer que era tal milagro para él.
    Solange parecía tan joven pero tan intensamente vital. El cabello oscuro era espeso y veteado de rojo y oro, como si el sol la hubiera besado. Los rayos rojos representaban el fuego y la pasión que corrían en lo profundo de ella. Y ese espeso cabello oscuro brillando a la luz de la luna era su valor, afilado y terrible, y tan interminable como los ríos que cortaban a través del bosque. La necesitaba, necesitaba atarlos juntos, tenerla cerca, reclamarla como suya.
    Quería arrastrarla a sus brazos y besarla para siempre. Quería ponerla sobre sus rodillas y castigarla por asustarlo. No sabía qué hacer con ella, pero iban a resolver esto de una manera u otra, porque no podía pasar por una prueba tan dura otra vez. Con siglos de enfrentarse a los no muertos, con la experiencia de innumerables batallas, de enfrentarse a la muerte cada día, nada le había preparado para la vista de su compañera ofreciendo su vida.
    Por él. En su nombre. Su regalo para él. Un único sonido surgió de lo profundo de su garganta y giró sobre los talones y señaló hacia la morada, necesitando que ella escapara del otro Carpato. Zacarías podría encontrarla, llamarla a él, quizás convertirla en una víctima involuntaria. Siempre sería una amenaza para ella mientras estuviera sin compañera.
    – Debemos ver si podemos ayudar a la joven.
    Zacarías inclinó la cabeza.
    – Gracias. Trata de salvarla por mí, Dominic. Lo consideraría un gran favor. Iría yo mismo, pero ya no confío en mí para estar cerca de mi gente. Se sacrificarían por mí. -Se inclinó otra vez hacia Solange-. La infusión de la sangre de tu compañera ha calmado los cuchicheos oscuros, pero debo alejarme de aquí.
    – ¿Aguardarás mi llamada?
    Zacarías asintió.
    – Oiré cuando llames o necesites sangre. Puedes confiar en que pasaré la información. -Se fundió en vapor y se alejó flotando.
    Con el corazón pesado, Dominic hizo gestos a Solange para que le precediera a la casa. Ella dio un paso cauteloso, como si probara las piernas. Parecía un poco mareada, pero él no la tocó, en su lugar miraba a Zacarías. La quería lejos del cazador Carpato lo más rápido posible, y debía permanecer alerta.
    Zacarías estaba tan cerca de convertirse que ambos sabían que le quedaba poco tiempo. El peligro era doble ahora. Una vez Zacarías decidiera que ya no era necesario después de esta crisis, escogería el alba o sucumbiría a la oscuridad. La pérdida de tal amigo era casi inconcebible, una piedra en el pecho de Dominic, pero no iba a arriesgar más a Solange. Habían hecho lo que podían por Zacarías. Ahora era asunto de él.
    Al lado de Dominic, Solange se movió un poco más cerca, como si le consolara, pero no lo tocó. Cuando lo miró y vio su mirada sobre ella, apartó los ojos. Todavía estaba incómoda a su alrededor en cualquier otro modo aparte del de guerrera. Él no habló, permitiendo que el silencio se extendiera entre ellos. Estaba orgulloso de ella, pero molesto. Disgustado. Tenía anudados con fuerza los músculos del estómago. Sintió el impulso de sacudirla, o de inclinarse y sostenerla tan fuerte que no pudiera respirar. Se sentía como si bajara de un pico de adrenalina que le dejaba nervioso y enfermo, condiciones con las cuales no estaba familiarizado.
    Dominic arrastró a Solange detrás de él, indiferente a que ella estuviera molesta porque la protegiera, pero había terminado de poner su cuerpo en peligro. Zacarías había tomado tanta sangre que se sentía débil, y a causa de los parásitos, él no podía proveer. Ella tropezó dos veces y había tratado de cubrirlo, pero él no podía dejar de notarlo. Llamó cortésmente a la puerta abierta que llevaba al dormitorio principal. Estaba seguro de que Zacarías tenía una guarida abajo, pero no la utilizaría, no se arriesgaría a tan cercana proximidad con su gente, no con su fuerza disminuyendo. Nunca los pondría en peligro a sabiendas.
    – Zacarías quería que viera si puedo ayudar -saludó Dominic cuando Cesaro se dio la vuelta. El hombre parecía desaliñado. Con la cara retorcida de pena.
    – No sé lo que puede usted hacer por ella -contestó, alejándose de la cama para proporcionar espacio a Dominic-. Está viva, pero la garganta… -Se calló.
    Dominic tomó su lugar, notando que en vez de apresurarse al lado de la joven, Solange iba a las ventanas, moviéndose como una sombra silenciosa por el cuarto, verificando el exterior.
    – Su padre está muerto. Afuera en el patio. No tiene madre. Ninguna otra familia.
    – Tiene a Zacarías y sus hermanos, y te tiene a ti -dijo Dominic-. Zacarías desea que se haga todo lo posible y que considere esta casa como su casa.
    Cesaro asintió.
    – Él es así. Siempre nos cuida.
    – ¿Cómo se llama? -preguntó Dominic. Necesitaba un momento para respirar ante la vista de la joven, tan pequeña e indefensa, apenas ondulando el gran edredón, rota como estaba, con la trenza oscura y gruesa llena de sangre y la cara casi gris. El recordatorio de la destrucción que un vampiro podía causar en segundos se añadió a su resolución de limitar el valor de Solange sólo un poco, lo bastante para que él pudiera vivir con ello.
    – Marguarita -contestó Cesaro. Se limpió la cara con la mano-. No sé que voy a decirles a los demás.
    Dominic se inclinó sobre la joven. El aliento apenas atravesaba sus pulmones. Hazle salir de la habitación, Solange.
    Solange no vaciló.
    – Necesitamos que patrulles el terreno con tus hombres. Si tienes que quitar el cuerpo de su padre del patio, hazlo, pero podría haber otro ataque. Van tras Zacarías. Es una amenaza inmensa para ellos.
    Dijo lo correcto. Cesaro corrió a proteger la propiedad de su jefe y dejó a la mujer moribunda con ellos. Dominic confió en que Solange vigilaría su cuerpo vulnerable mientras estaba fuera de sí mismo y enviaba su energía a Marguarita.
    Inmediatamente pudo ver que Zacarías había hecho un milagro en el corto espacio de tiempo del que había dispuesto. El Carpato se había despertado hambriento, pero aún así le había dado su sangre y la energía que tenía para tratar de salvar a alguien que le era leal. ¿Sabía que había sido atacada porque se negó a revelar su morada? Su mente estaba protegida y el vampiro no pudo abrirse camino entre las salvaguardas que Zacarías había tejido para cada uno de los que trabajaban para él.
    La sangre Carpato se había precipitado a cada célula, tratando de reparar el terrible daño. Sus cuerdas vocales estaban casi destruidas. Dominic retomó las reparaciones donde Zacarías las había dejado, esforzándose por cerciorarse de que pudiera respirar y tragar apropiadamente. Los músculos desgarrados fueron conectados. Por suerte, Zacarías le había dado la sangre que necesitaba. Dominic no se la podía suministrar, y no había manera de saber si la sangre de Solange era compatible. Hizo cuanto pudo, dándose cuenta de que no se había alimentado cuando regresó a su cuerpo débil y oscilante.
    – Llevas mucho tiempo trabajando-dijo Solange, tendiéndole la muñeca-. Necesitas…
    – ¡No! -Levantó la mano-. Creo que he tenido bastante de tus sacrificios para toda una vida. Cazaré mientras tú la vigilas.
    Solange respingó, pero dejó caer la muñeca a un lado sin protestar. Tenía la cara ruborizada y la apartó.
    Sus palabras habían sido más agudas de lo que pretendía, la necesidad de sangre, la de ella, lo abrumaba. Quería más que su sangre. La bestia estaba todavía demasiado cerca, necesitaba llevársela, mantenerla segura. Tenía toda la intención de dar órdenes de una manera que su compañera pudiera comprender, pero en este momento, cuando todo su cuerpo estaba todavía conmocionado por el terror de esos dientes en sus venas y los ojos de color rojo rubí del casi vampiro marcándola como su presa debajo de su nariz, no podía encontrar dentro de él la forma de ser suave con ella.
    – ¿Va a vivir?
    ¿Había un temblor en esa voz? Le agarró el mentón y le levantó la cabeza hasta que sus ojos se encontraron.Temblaba como un pajarito. Le rozó los labios suaves con la yema del pulgar.
    – Vivirá. Su gente cuidará de ella. Yo soy el único que cuida de ti y no estoy haciendo un trabajo muy bueno.
    Ella frunció el entrecejo, sus pestañas revolotearon. Parecía confusa, el color se precipitó en su cara.
    – ¿Por qué deberías cuidar de mí? Cometí un error, pero me di cuenta inmediatamente. No hay necesidad de que te preocupes por mí. Siento haber apartado al vampiro de ti de un golpe. Debería haber sabido que tenías un plan. -Sus palabras salieron atropelladamente, una explicación jadeante, casi dolorosa. Apenas podía forzarse a mirarlo.
    – Eres una guerrera de gran habilidad y no tengo queja del modo en que me has ayudado en este alzamiento. Evitaste que mataran a Cesaro y que Zacarías se deshonrara mientras yo estaba matando al vampiro. -Reconocía que estaba en deuda-. Me sentíorgulloso de ti.
    Ella tragó con dificultad, los ojos de él eran un verde profundo, casi esmeralda. Las largas pestañas revolotearon y apartó la mirada. No estaba acostumbrada a los cumplidos ni a la atención. Dominic apartó la vista de la vulnerabilidad de su transparente cara. Ella sólo se lo daba a él. Era un privilegio, un tesoro, y aún así, una gran responsabilidad.
    – Estás molesto conmigo. -Lo hizo sonar como una declaración.
    – No contigo, kessake. Estoy molesto conmigo mismo. Permanece alerta. Los no-muertos viajan en grupo. No he tenido tiempo de borrar todo rastro de su presencia.
    Ella abrió la boca y luego la cerró bruscamente, asintiendo una vez antes de concentrar su atención en Marguarita.
    Dominic no tocó a Solange como deseaba. Salió a zancadas del cuarto y entró en el dormitorio más pequeño donde Etienne había interrogado a Marguarita. Este era el cuarto de ella. Mantenía la casa para el propietario ausente mientras su padre y Cesaro recorrían el gran rancho de ganado. Probablemente nunca se había encontrado con Zacarías, pero la lealtad estaba tan inculcada en las familias desde el nacimiento, el secreto de los Carpatos confiado a su linaje, que todos morirían antes que traicionar su honor.
    Suspiró mientras reparaba meticulosamente el daño de la estructura y borraba toda evidencia del ataque. El maestro de Etienne sabría que estaba muerto y querría saber dónde había sucedido y cómo. Si venía a mirar, no encontraría evidencia de Zacarías ni de Etienne en este lugar. Recordaría a Cesaro que tuviera cuidado con el cuerpo del padre de Marguarita. Sería mejor incinerarlo. Los no muertos repletos de parásitos a menudo los dejaban atrás en las heridas desgarradas y éstos llamarían a sus maestros. Marguarita no tenía ninguno en la sangre, ya que Dominic había interrumpido el ataque antes de que el vampiro tuviera tiempo de inyectarle sus pasajeros.
    Miró en torno al cuarto. El cuarto de una mujer. ¿Tenía Solange un cuarto femenino escondido en algún lugar? Lo dudaba. Se avergonzaría de reconocer ese lado de sí misma. Consideraba a la guerrera fuerte y a la mujer débil. Les ocultaría su lado más suave a todos los que la conocían. Su cuerpo reaccionó contra ese pensamiento. A él no se lo ocultaría. Apartaría las capas hasta que la mujer quedara expuesta y entregada exclusivamente a él. Suya. Como Solange, él nunca había tenido nadie suyo. Nunca había pertenecido a nadie. La idea de que ella fuera suya y solamente suya, que nunca quisiera ser de nadie más era un pensamiento intrigante.
    Mientras trabajaba rápidamente en el cuarto, reparó en todo: los cepillos, los espejos y las botellas de perfume. Todo en el cuarto sugería que Marguarita era ultrafemenina, y que había tenido una base de acero, negándose a entregar a su empleador para que se enfrentara a la muerte. La tortura de la horrorosa y vil criatura no la había roto. Las mujeres podían ser muchas cosas. Eran de todas las formas y tamaños, con personalidades infinitamente diferentes, pero no importaba lo que hubiera en la superficie, era lo que yacía debajo lo que contaba para él, como para todos los Carpatos. Podían ver en el interior de la mente, y lo que había allí, junto con el corazón y el alma de las mujeres, era lo que las hacía hermosas, no la parte exterior del paquete.
    Ahora conocía a Solange lo bastante bien como para saber que si le decía que a un carpato no le importaba el exterior del paquete, lo tomaría por el lado equivocado. Sentiría que era su modo de decirle cortésmente que veía su cuerpo como ella, poco atractivo, y eso estaba muy lejos de la verdad. Trazó de nuevo los pasos de Etienne, destruyendo toda evidencia de su paso. Se encontró en el patio. El cuerpo había sido apartado, pero la sangre seguía manchando los parterres de flores, las losas del paseo de piedras y la tierra oscura y rica. Varias plantas se habían marchitado, los efectos de la naturaleza en contacto con la abominación de los no-muertos. Los vampiros divisarían fácilmente ese signo revelador desde el cielo.
    Otra vez fue meticuloso al borrar toda huellas de la presencia del no-muerto y de la pelea que había tenido lugar. Si se sabía que Zacarías había estado aquí, esta hacienda y todos los que vivían en ella serían objetivos. Las cosas tenían que parecer mundanas, como si nadie tuviera ninguna idea de la presencia de vampiros. Estaba hambriento cuando terminó. Supo el momento en que Cesaro se acercó, lentamente, casi de mala gana, por detrás de él.
    Dominic se giró.
    – ¿Tiene preguntas?
    Cesaro sacudió la cabeza.
    – Don Zacarías me mandó recado de que puede usted necesitar sangre. Pidió, como un favor, que satisficiera sus necesidades. Le di mi palabra. Me pidió que siguiera cualquier instrucción que usted me diera.
    – ¿Le aseguró que yo no le haría daño?
    No había modo de hacerlo fácil, estando las salvaguardas de Zacarías sobre el hombre. Sabría que Dominic tomaba su sangre, y aún así, valientemente, había seguido órdenes. No, orden no, una petición.
    – Ha sido una noche traumática para todos vosotros -dijo Dominic con un pequeño suspiro-. No quiero hacerlo peor. Desafortunadamente el cuerpo del padre de la señorita debe ser incinerado. Los no-muertos dejan pequeños parásitos que llamarán a sus maestros y les atraerían a este lugar. Estoy borrando toda evidencia de la batalla, pero no puedo permitir que nadie hable de esta noche, ni mencione las heridas de Marguarita. Es por la seguridad de todos.
    Cesaro inclinó la cabeza.
    – Se nos ha entrenado bien en qué hacer. Ya estamos preparando el cuerpo.
    – Sé que preferiríais quemarlo vosotros mismos como muestra de respeto, pero mi manera será más rápida, limpia y asegurará que no escapen los parásitos. Así tampoco proporcionará una baliza para los no muertos.
    – Esta es una noche mala -suspiró Cesaro-. Dígame honestamente si Marguarita vivirá.
    – Vivirá. Pero no sé si hablará otra vez. Hemos hecho cuanto hemos podido, pero su garganta estaba muy desgarrada. Tendrá este lugar y todos los Carpatos la honrarán por su sacrificio.
    Cesaro se frotó la sien, como si tratara de aliviar un dolor de cabeza persistente.
    – Nuestra gente siempre ha estado con los De La Cruz. Luchamos para ellos, les protegemos y nos sentimos honrados de morir a su servicio. Marguarita no es diferente. Cuidaremos de ella. -Inhaló, exhaló-. Sería un honor cumplir los deseos del Jefe.
    – ¿Estás seguro? -preguntó Dominic, este hombre le gustaba cada vez más.
    – Eso creo.
    Dominic no perdió el tiempo. Cada célula de su cuerpo gritaba pidiendo sustento. Había utilizado tanta energía para curar a Marguarita y para borrar todo rastro de la batalla, que había palidecido. Se movió hacia el hombre en vez de forzar a Cesaro a caminar hacia él.
    – Mi pueblo subsiste con la sangre, así como el tuyo subsiste con la carne de animales. Nosotros no matamos. Sólo el vampiro lo hace.
    Cesaro tragó de forma audible. Asintió con la cabeza.
    – Don Zacarías nos lo ha explicado. Es… difícil, pero deseo hacer esto por usted.
    – Si me lo permites, te ayudaré a no sentir nada. Retendrás el recuerdo sin temor.
    Cesaro frunció el entrecejo, pero sacudió la cabeza.
    – Quiero saber lo que se siente al servir a los que han sido tan buenos con nuestras familias durante estos largos años.
    Dominic prefería tomar la sangre del cuello, como todos los Carpatos, pero no deseaba que el corazón de este hombre estallara. Podía oír la inquietud en su valiente petición y la aceleración del fuerte corazón. Era todo lo que podía hacer para respetar los deseos del hombre y no calmarlo.
    Pasó la lengua sobre la muñeca que le ofrecía para entumecer la piel y luego hundió los colmillos a fondo en la vena, casi en un movimiento continuo. Cesaro emitió un único sonido, pero no se estremeció ni trató de apartar el brazo. Dominic comprendió por qué la familia De la Cruz creía en estos humanos. Eran leales en extremo e igual de valientes. La sangre caliente fluyó a su cuerpo, empapando las células, los músculos y el tejido, proporcionando fuerza instantáneamente, reabasteciendo su energía.
    Tuvo cuidado de no tomar demasiado, pero cuando pasó la lengua sobre los agujeros gemelos, cerrándolos, Cesaro se balanceó y Dominic lo ayudó a sentarse.
    – No ha dolido como pensé que haría -murmuró Cesaro. Le lanzó a Dominic una pequeña sonrisa-. Uno lo construye en su cabeza hasta que tiene miedo, pero ha habido poco dolor.
    – Puede ser peligroso -recordó Dominic-. Cuando hemos vivido tanto tiempo y matado tantas veces, ya no hay emociones.
    – Don Zacarías me dijo eso. Dijo que usted y su mujer me habían salvado. Y a él.
    Dominic sacudió la cabeza.
    – Quizás hicimos su elección más fácil. Limpiaré el campo de batalla mientras bebes muchos líquidos. Luego debes llevarme donde el cuerpo y alejar a los otros.

* * *

    Solange apartó el cabello de la cara de Marguarita. Parecía una muñeca rota allí tendida, tan quieta y pálida. Había círculos oscuros bajo sus ojos y dos medialunas de espesa pestañas oscuras abanicaban sus mejillas. Era una mujer hermosa y vital sólo horas antes. Solange suspiró suavemente. Había tanta violencia en el mundo, especialmente contra las mujeres, le parecía. ¿Qué le había hecho esta mujer a nadie? Había estado viviendo su vida, feliz. Ahora, su padre yacía muerto y la garganta de ella estaba aplastada. A Solange todo le parecía tan insensato. Había pasado casi cada día de su vida trabajando para evitar tales atrocidades, y aún así le parecía fallar en cada vuelta.
    – Siento no haber estado aquí -murmuró suavemente. A veces se sentía como si siempre llegara tarde, siempre se quedaba un poco corta, y el último par de días habían sido malos.
    Le quitó los zapatos y calcetines y le echó una manta por encima. Sería trabajo de la gente de la hacienda cuidarla ahora.
    – ¿Cómo van a explicar esto?
    – Tienen médicos en la familia -dijo Dominic por detrás de ella.
    Se dio la vuelta con un gruñido. Nadie se le acercaba sigilosamente. Era una gata. Olfateaba la presencia de otros, pero allí estaba él, llenando el cuarto con los hombros anchos y la forma poderosa.
    – ¿Cómo has entrado?
    – Utilicé otra forma. Parecía más fácil que tratar de permanecer invisible ante los trabajadores. ¿Estás lista para marcharnos?
    Habló con esa misma voz suave, pero ella sabía que había un tono de urgencia. Lo había habido desde que le dio su sangre a Zacarías. Trató de averiguar qué había hecho mal. Hacía mucho desde la última vez que había pasado tanto tiempo en compañía de cualquiera, y especialmente en compañía de un hombre. ¿Cómo podría ser ella lo que él deseaba cuando apenas podía forzarse a hablar con él? ¿Se suponía que una relación era tan difícil, o era ella la que la volvía así? No tenía la menor idea de cómo actuar. Qué sentir o pensar. O decir. Especialmente qué decir.
    Solange quería decirle que sabía que podía ser todo lo que él jamás podría necesitar, pero ella misma no lo creía. No quería que otra mujer lo tocara, compartiera su tiempo, su vida, su risa o su conversación. Sabía que de algún modo había dado un paso irrevocable cuando le contó la verdatenia miedo de las consecuencias. Una n entregaba su corazón a un hombre para que éste se lo guardara, eso no se hacía. Pero no podía dejar de desearlo.
    Él se llevaba la soledad absoluta que había soportado la mayor parte de su vida. Se dijo que no era real, que él había sido su sueño y que le había dado al hombre real las características del hombre de su sueño, pero lo sabía. Dominic era… Dominic. Era también Buscador de Dragones y eso le daba más en qué pensar que el hecho de que fuera un hombre.
    Había oído el nombre de Buscador de Dragones. El título había sido cuchicheado, una leyenda. Un mito espantoso. Incluso los hermanos De la Cruz bajaban inadvertidamente las voces al hablar del Buscador de Dragones. Había pensado que no era real, que no era más una historia que se contaba en la sociedad carpato, un gran guerrero, un combatiente feroz, tan fuerte que nadie en su linaje se convirtió jamás en vampiro. Había visto el respeto que Zacarías le mostraba y Zacarías respetaba a pocos. Sabía que Zacarías tenía una reputación violenta también, pero había retrocedido ante Dominic.
    Era difícil comparar al hombre que la trataba tan suavemente con la leyenda de la que se susurraba. Le echó un vistazo rápido a la cara. Podía ver el sello de la dureza en esas líneas grabadas tan profundamente. Él le había proporcionado los mejores momentos de su vida en el corto tiempo que llevaban juntos, pero ¿a qué precio? No era alguien a quien pudiera intimidar jamás y ella tenía un temperamento llameante. ¿Qué sucedería cuándo abriera la boca y saliera la cosa equivocada?
    – ¿Solange? -animó-. ¿Estás preparada? -Le tendió la mano.
    El corazón le saltó en la garganta. Ella nunca podría tomarle la mano en público. ¿Y si alguien la veía? Parecería femenina… débil. Su pulso se descontroló. Frenético. Él la miró simplemente con esos ojos siempre cambiantes, instigándola a dar un paso adelante y a poner la mano en la suya. Las mujeres lo hacían todo el tiempo, les tendían la mano a sus hombres. Se frotó las palmas por los muslos agitadamente.
    Él no dejó caer la mano, sólo siguió mirándola. Ella olfateó el aire y se lamió los labios de repente secos, su mirada voló a la puerta, comprobando que no hubiera nadie cerca.
    – Mírame -instruyó Dominic-. Sólo a mí. No importa lo que nadie piense o sienta. Sólo yo.
    – Es sólo que… -Las palabras se desvanecieron bajo su mirada abrasadora.
    ¿Por qué no podía hacer una cosa tan sencilla? ¿Qué pasaba con ella ella? Se encontró sacudiendo la cabeza, alejándose un paso, sabiendo que estaba estropeando la única oportunidad que tenía de felicidad, pero incapaz de alcanzar esa mano.
    Él no gesticuló. No dejó caer el brazo. Torció el dedo hacia ella.
    – Soy consciente de la ubicación de cada persona en esta hacienda y consciente de tus temores. ¿No confías en que te cuide?
    Quiso sollozar ante la mirada en esos penetrantes ojos azules. Por supuesto que él sabía dónde estaban todos. No debería haber tenido que recordárselo. Sabía que él no iba a dar ese paso hacia ella. Iba a tener que hacerlo ella. Miró a la mujer, tan silenciosa y pálida en la cama. Marguarita podría haberlo hecho y no se lo habría pensado dos veces.
    ¿Era el orgullo estorbando? Su orgullo ya estaba hecho jirones. Cerró los ojos, tomó aire y dio un paso adelante, colocando la mano sobre la de Dominic. Inmediatamente sus dedos se cerraron alrededor de los de ella, haciéndola sentir pequeña y demasiado vulnerable. La atrajo hacia él, tan cerca que el cuerpo de ella casi le tocaba. Podía sentir el calor que irradiaba de él.
    – Esta es mi gatita.
    La aprobación en su voz la calentó, y eso la asustó. Nunca había necesitado ni buscado la aprobación de nadie. ¿Por qué era tan importante para ella? Estaba molesta consigo misma por no haber preguntado nunca a Juliette ni a MaryAnn cómo se sentían cuando sus hombres estaban molestos o felices con ellas. ¿Era ella normal? ¿A quién quería engañar? No había nada normal en ella.
    Él se llevó su mano a la boca. Ella pudo sentir el calor del aliento, ver el calor en sus ojos, aunque apenas podía mirarlo. No iba a estropear esto. El estómago le revoloteó y su matriz sufrió espasmos cuando él le mordisqueó las puntas de los dedos.
    – ¿Estás preparada? -preguntó otra vez.
    ¿Preparada para estar a solas con él otra vez? ¿Estaba lista para eso? Lo dudaba, pero ¿qué iba hacer? Era preferible no decir nada. Asintió con la cabeza.
    Él la soltó, parte de ella estuvo agradecida mientras otra parte tonta deseó que todavía la sostuviera cerca. Dominic se inclinó sobre Marguarita y ella saboreó la amargura en la boca. La gata le golpeó con fuerza contra la piel y, al mirarse en el espejo, vio que los ojos se le habían vuelto completamente jaguar. Se giró lejos de esa muestra de celos femeninos. Estaba triste por la pobre Marguarita, su vida había cambido para siempre, pero también estaba preocupada porque Dominic pudiera compararlas. Marguarita fue una mujer hermosa, esbelta, con curvas y piel perfecta, mientras que ella era… todo músculos vigorosos.
    Dominic se dio la vuelta y esta vez fruncía el entrecejo.
    – No me gusta tu comparación poco halagüeña de mi mujer con otra.
    El corazón le dio ese salto ahora familiar. Suspiró. Quizá no deberías leer mis pensamientos sin mi conocimiento. No pudo evitar que el pensamiento le viniera a la mente y respingó, esperando que no lo hubiera oído. Aplastó todas las cosas bordes que quería decir y se mordió el labio con fuerza. No podía imaginarse qué haría él cuando le fuera con esa actitud, lo cual era inevitable. Incluso su prima más joven Jasmine, que la adoraba tanto, decía que tenía un problema de actitud.
    – Pareces estar teniendo problemas al censurar lo que piensas. -Había diversión en su voz. No esperó su respuesta, sino que se adelantó por el patio.
    Cesaro estaba sentado en una silla en la galería delantera. Parecía cansado y agotado, pero se las arregló para ofrecer una pequeña sonrisa.
    – Enviaré a mi esposa con Marguarita. Se quedará con ella hasta que el llegue médico. El médico es mi hermano, así que no tema, no habrá nadie que hable de esta noche terrible. Y gracias por matar al monstruo.
    Dominic le ofreció una pequeña reverencia formal y siguió alejándose a zancadas de la hacienda, hacia los árboles. Solange levantó la mano, y sin hablar, siguió a Dominic hasta que el bosque se los tragó completamente. Caminaron en silencio durante unos minutos, Solange permanecía unos pocos pasos atrás y a su izquierda, dándole sitio de sobra para maniobrar si se topaban con un enemigo.
    – ¿Cuán lejos debemos ir? -preguntó.
    Él se paró y se giró, su mirada pensativa vagó sobre ella.
    – La distancia a nuestra guarida -reconoció. Y esperó.
    Ella siseó entre dientes. Instintivamente supo lo que deseaba de ella, y esa parte terca suya no quería ir por ahí. No iba a pedirle que la llevara. ¿Qué era ella? ¿Una niña? Podía andar. Podía caminar toda la noche si tenía que hacerlo. Quizá cambiaría a gata para hacerlo más fácil…
    – No. -Los ojos permanecieron fijos en los de ella, negándose a permitirle que apartara la mirada.
    Ella se mordió el labio con fuerza.
    – ¿Qué quieres?
    – Creo que tú deberías contestar a esa pregunta.
    – No lo entiendes. De verdad. No. -Frustrada, Solange se pasó los dedos por el cabello, enredando la gruesa masa más de lo que ya lo estaba-. Crees que me conoces, pero no. Si abro la boca arruinaré todo esto.
    Una sonrisa lenta y sexy suavizó el duro borde de la boca de Dominic e hizo que a Solange le revolotearan mariposas en el estómago.
    – Lo dudo mucho, Solange. Eres mi compañera. No funciona así. No puedes arruinarlo y yo tampoco. Encontraremos el camino el uno al otro. Sólo que tú no has escogido comprometerte con nuestra relación todavía.
    Ella negó con la cabeza.
    – Lo he hecho. Te hablé de mi sangre, que podía deshacerse de los parásitos. No perseguí a Brodrick cuando te fuiste. Eso es compromiso.
    – ¿Entonces por qué encuentras tan difícil pedirme una cosa tan sencilla como que te lleve de vuelta a nuestra guarida?
    Cuando lo ponía así, sonaba tonto. Pero no tenía costumbre de pedir favores. Era más honesta consigo misma que eso. Bien. No era por los favores. No quería mostrar debilidad. O pedirle algo. Odiaba que tuviera razón. Era sobre confianza, pero ¿cómo hacía uno para volverse diferente? Quería ser diferente. No podía superar el terrible muro que había construido alrededor de sí misma para sobrevivir.
    – No sé cómo hacerlo, Dominic. -Había desesperación en su voz-. No puedo hablar contigo. -Comenzaba a sentir el impulso de huir y ella nunca había huido de nada en su vida.
    – No tenías problemas para hablar conmigo en nuestros sueños.
    Era implacable. Y tranquilo. Sintió el impulso de abofetearlo. Esto no era un sueño.
    – Entonces no eras real. Te podía decir cualquier cosa y no había… -Se calló, intentando encontrar la palabra correcta-. Repercusiones. Tienes que saber que es diferente. ¿No lo sientes diferente? -No podía evitar el tono de súplica de su voz. Deseaba que comprendiera.
    – Completamente diferente -estuvo de acuerdo-. Mejor. Siento emociones que no he sentido en cientos de años. Sé qué es el amor. Sé lo que es estar celoso y feliz. Puedo mirar a mi mujer y sentir las demandas de mi cuerpo. Doy la bienvenida incluso a la posibilidad de sentir dolor. Sé lo que es no sentir, Solange, y aceptaré la emoción y los riesgos que vienen con esa capacidad.
    Ella levantó el mentón. Sabía que sus ojos eran felinos pero no podía evitar la agitación de ira ante la implícita reprimenda.
    – Yo he sentido demasiado toda mi vida, Dominic. Pena. Dolor. Rabia. Tanto si quieres admitirlo como si no, es un riesgo.
    Él abrió los brazos, con la mirada calmada.
    – Entonces tienes que decidir por ti misma si valgo la pena el riesgo.
    Ella siseó.
    – Me devuelves al rincón. Soy una luchadora. No me gusta ser acorralada.
    Esos brillantes ojos nunca abandonaron su cara. Dominic sacudió la cabeza.
    – Estás tratando de encontrar una razón para huir porque tienes miedo, Solange. ¿Por qué tendrías miedo de mí?
    – Porque -contestó, sintiéndose desesperada-. No sé qué hacer.
    En el momento que las palabras salieron, quiso recuperarlas. Sonaba tan tonto. Era una mujer adulta y debería poder manejar una conversación sencilla con un hombre, pero ese era el problema. Ella nunca había sido una mujer. No sabía cómo serlo. Sabía que no podía ser la mujer que él deseaba y más pronto o más tarde se alejaría de ella.
    Se quedaría destrozada. Completa y totalmente destrozada. Era demasiado riesgo. Podría ser una cobarde en éste caso, porque era supervivencia. Esperó su indignación, que desapareciera simplemente como podían hacer los carpatos.
    Dominic dio un paso adelante y le enmarcó la cara con las manos obligándola aencontrar su mirada.
    – Todo lo que tienes que hacer, kessake, es pedirme que volvamos a nuestra guarida, a nuestra casa. ¿Es eso realmente tan difícil?
    Utilizó esa voz, la que se arrastraba en su interior y se envolvía alrededor de su corazón, apretando hasta que quería llorar. Le deseaba tanto. Quería pertenecerle. ¿Cómo podría creer jamás que ellafue digna de él? ¿Que realmente la escogería a ella sobre todas las mujeres que podía tener? ¿Cómo podría él amar a una mujer como ella?
    Él no la incitó otra vez y ella supo que no lo haría. Sólo se quedaría allí hasta que ella asintiera. Sabía que podía oír cómo le palpitaba el corazón. Saboreó el miedo en la boca. ¿Por qué no era fácil? Tomó aire. Lo dejó escapar.
    – ¿Nos llevarás a casa, Dominic? -Con esa oración, arriesgó todo lo que era o jamás sería.
    La aprobación en los ojos de Dominic envió una ráfaga de calor por todo su cuerpo. Estaba tan perdida en él ya. No importaba lo que sucediera en el futuro. Ya era demasiado tarde para ella, podía decirlo por su reacción a esa mirada en la cara de él. Quería complacerlo cuando nunca había tenido interés en complacer a nadie. Y eso le decía que era demasiado tarde para ella.

Capítulo 11

    Cuando me encuentras, me completas.
    Me devuelves a la vida otra vez.
    De Dominic para Solange

    La caverna estaba iluminada con antorchas, proyectando un suave resplandor danzante sobre el techo. Brillantes telarañas de plata adornaban las paredes con diversos patrones. Alfombras tejidas se extendían sobre el suelo y dos sillones de respaldo alto y mullidos estaban ubicados a uno y otro lado de una mesa pequeña. Una canasta de frutas frescas se veía apetitosa encima de la mesa junto a una bandeja con queso y pan. Solange echó una mirada a las pequeñas mejoras que Dominic había agregado a su santuario. La comida hizo gruñir a su estómago, pero estaba demasiado ocupada mirando la reluciente charca de agua en la depresión de la roca.
    En el centro del agua resplandecía una llama parpadeante de color rojo anaranjado. Los colores hacían parecer al agua aún más acogedora y se acercó a la piscina para darse tiempo de ordenar sus pensamientos. Había tomado la decisión de llevar esto a cabo, ahora sólo tenía que encontrar la manera de sortear su paso a través de las dificultades. Si al menos él no fuera tan sexy. O un combatiente tan bueno. Si pudiera encontrar un equilibrio con él podría manejar esto.
    – ¿Te gustan los cambios? -preguntó él.
    Asintió con la cabeza.
    – Mucho. -Él no había tocado nada suyo, simplemente había agregado a lo que ya tenía y eso la hizo sentirse un poco mejor. Deseaba que a él le gustaran las pocas cosas que había logrado reunir a lo largo de los años.
    – ¿Cómo es posible que hagas que parezca que hay una llama dentro del agua? -Se volvió hacia Dominic y pegó un salto cuando su cuerpo casi chocó contra el de él.
    Estaba tan cerca. En silencio. Y su perfume no la alcanzó hasta que él no lo decidió. Inspiró y su aroma le llenó los pulmones. El calor de su cuerpo la rodeó. Estaba tan cerca que la pesada erección le rozaba el estómago. Apenas podía obligarse a levantar la vista del cuerpo alto, posándola en la boca tentadora, sin atreverse a ir más arriba para ver la mirada en sus ojos.
    Su cuerpo reaccionaba a él, volviéndose suave y flexible, sus terminaciones nerviosas estaban cercanas a la superficie. Nunca reaccionaba físicamente a los hombres, ni siquiera cuando su gata estaba en celo. La necesidad la atrapaba con fuerza, su gata alimentaba el impulso de procrear, pero en el momento en que estaba cerca de un hombre, simplemente no podía sentirse físicamente dispuesta. Ni siquiera su gata gruñona y nerviosa podía sobreponerse a la aversión hacia los hombres. Sin embargo, con Dominic parecía no poder mantener bajo control sus alteradas hormonas.
    Sabía que él se daba cuenta de la reacción de su cuerpo, al igual que ella era consciente de la de él, pero de alguna manera su falta de control la avergonzaba. Desear a un compañero era perfectamente natural, sin embargo…
    – Eres muy dura contigo -le dijo.
    La voz de Dominic era esa mezcla sexy que sólo se sumaba a su creciente deseo. Tragó con fuerza.
    – De verdad que no sé lo que estoy haciendo.
    – ¿Y eso es en realidad tan malo? -Sus dedos bajaron rozándole el cabello, le puso un mechón detrás de la oreja con exquisita suavidad-. ¿Tienes que ser perfecta en todo momento? Imagino que eso sería más bien agotador.
    La yema del dedo le recorrió la boca, yendo y viniendo hasta que abrió los labios. Empujó dentro de ella e instintivamente Solange cerró los labios alrededor del dedo; su lengua estaba dándole golpecitos y chupándolo antes de poder detenerse a sí misma. Un rubor ardiente azotó su rostro y trató de girar la cabeza, pero la mano de Dominic le abarcaba la garganta, manteniéndola inmóvil, con la cabeza ligeramente echada hacia atrás como si disfrutara de la sensación de la boca alrededor de su dedo. Le acarició a lo largo del nudillo con la lengua y siguió mientras él poco a poco lo retiraba, por lo que le mordisqueó la yema del dedo antes de que él volviera a recorrerle los labios.
    – ¿Lo haces, Solange? ¿Tienes que ser perfecta todo el tiempo?
    – Por supuesto que no. -Apenas podía hablar.
    – Sólo conmigo entonces. -Inclinó la cabeza y rozó su boca con la suya.
    La sobrecogedora sacudida azotó violentamente todo su cuerpo con la fuerza de un rayo. El toque había sido tan leve, pero una bola de fuego se disparó a través de ella para instalarse profundamente en su vagina.
    – Quieres complacerme. -Él lo afirmó.
    Asintió con la cabeza, temerosa de hablar. Temerosa de que se moviera. Temerosa de que no lo hiciera.
    – Así es como debe ser. ¿Se te ha ocurrido que yo también deseo complacerte?
    Levantó la vista, su mirada chocó con la de él. Se le veía tan poderoso. Un depredador cerniéndose sobre su presa. Ella era jaguar y no tenía miedo de nada… con la excepción de su compañero… y ¿no era eso una locura?
    Compañero. Saboreó la palabra.
    – Solange. -Se negó a permitirle apartar la mirada de él-. Cuando hago una pregunta, necesito una respuesta.
    El color en la cara de ella fue del rosado al rojo carmín.
    – Sí, lo siento. Se me ha ocurrido. Es simplemente difícil de creer. Sin embargo, me acostumbraré a ello. -Tal vez-. Sólo necesito un poco de tiempo.
    Le sonrió, esa sonrisa lenta, sexy y derrite-corazones que parecía sentirse hasta en los dedos de los pies. Le encantaba verle esa mirada en el rostro. Esa luz en sus ojos.
    – No ha sido tan difícil, ¿verdad? Decirme como te sientes. ¿Cómo te complaceré si no me dices las cosas que necesitas?
    Le rozó un beso sobre los labios otra vez. Los labios de ella temblaron en respuesta. La bola de fuego en su núcleo irradiaba tanto calor que tenía miedo de que pudiera arder espontáneamente. La vagina le dolía por él, y entre las piernas podía sentir la caliente humedad extendiéndose.
    – He puesto varias prendas de ropa en el vestidor para ti. Me complacería enormemente si, cuando estemos solos, usaras una para mí.
    Una vez más su corazón comenzó a acelerarse. Su pulso latía frenéticamente, llamando la atención de Dominic. Le retiró suavemente el cabello de la nuca y se inclinó hacia ella. Solange se quedó absolutamente inmóvil. El aliento de él era cálido contra su piel. Un estremecimiento de deseo comenzó una oleada de temblores. Ella se frotaba las manos sobre los muslos cubiertos por los vaqueros… su coraza.
    Tuvo que mojarse los labios dos veces antes de poder decir una palabra y entonces fue un graznido.
    – ¿Dónde?
    Él giró e hizo señas hacia la pequeña alcoba donde ella había escondido ropas y armas de repuesto. Necesitando poner espacio entre ellos, obligó a sus temblorosas piernas a atravesar la pequeña y abovedada caverna de roca, donde pudiera esconder el rostro acalorado de él. Había un espejo de cuerpo entero que no había estado allí antes. Pudo verse la sorpresa y la excitación en el rostro. Los ojos de él estaban brillantes, casi verde esmeralda. La respiración era agitada, llamando la atención hacia sus pechos llenos… más que abundantes. No era delgada como dictaba la moda, por todo el ejercicio que hacía. Era… robusta. Compacta y robusta.
    Solange estaba agradecida de que no la hubiera seguido. Se sentía abrumada por él. De algún modo, había logrado armar un pequeño ropero para colgar varias prendas en un rincón. Tocó la tela del vestido largo más cercano. Al menos, pensaba que era un vestido o algún tipo de traje de noche. Era largo y apostaba que le encajaba perfectamente, pero era un vestido… y ella no tenía vestidos. Hecho de un encaje elástico negro, se ajustaba en la parte superior con finos tirantes. El delantero caía escandalosamente corto, apenas cubriendo la uve entre las piernas, y la espalda era una larga cola que llegaba a los tobillos. El encaje era finísimo. Transparente. Sólo unas pocas tramas más oscuras de tela trataban de ocultar algo y provocaban más de lo que ocultaban. Si se ponía la cosa, estaría exhibiendo su cuerpo curvilíneo. No había bragas o sujetador.
    Se aclaró la garganta.
    – ¿Quieres que me ponga esto?
    – Cuando estemos solos.
    Esa misma voz suave e irresistible. Sin exigencias. Sería su decisión. Pero él había dicho que eso le agradaría. ¿Querría hacerlo por él? ¿Podría? Sus dedos tocaron el encaje con una especie de veneración. No era el tipo de mujer que podía hacerlo, pero…
    Solange extrajo el siguiente para ver si tal vez ese le daría más confianza. Era un trozo de tela de un rojo metálico brillante que caía hasta el suelo. Al principio, dejó escapar un suspiro de alivio, pero cuando lo investigó, se dio cuenta de que la tela se estiraba y encajaría como un guante sobre sus pechos, le ceñiría con fuerza la cintura y destellaría hasta el suelo con el frente completamente abierto desde la cintura hacia abajo. Una generosa porción de sus pechos estaría expuesta por el escote en uve. Dio un paso atrás, tragando saliva.
    – ¿Has oído hablar de la ropa interior? -se atrevió a preguntar porque no podía verlo.
    – Me encantaría que mi mujer estuviera disponible para mí cuando estemos solos -contestó con esa misma voz tranquila. Pero la forma en que ese tono bajó cuando dijo “disponible para mí” hizo que otra oleada de violenta excitación la atravesara.
    Ella respiró hondo y miró el siguiente. Esta vez estaba más preparada, pero aun así se sorprendió cuando vio el vestido… si se le podía llamar así. No era más que velo y tiras, un vestido cortísimo anudado en el cuello, con una parte delantera transparente que apenas existía y la espalda no era más que pedazos de tiras finas todo a lo largo, ciñendo la figura de tal modo que los propios bordes de su trasero asomarían con cada paso. Habría más piel que tela en la parte posterior.
    – Nunca he usado algo así en mi vida. Ni siquiera ha visto nunca algo semejante.
    – No estás cómoda con tu cuerpo, kessake. Vistiendo de esta manera no sólo me complacerás, sino que te hará muy consciente de lo sexy que realmente eres.
    Solange tragó saliva y se obligó a mirar el vestido verde esmeralda. Una vez más, era cortísimo. Hecho para ceñir su curvilínea figura y lucirla, la tela se estiraba y se pegaba a la piel. Éste también tenía tiras finas, que sobresalían del bajo en la parte delantera. Una uve de tiras recorría la parte delantera y trasera del vestido, revelando la piel desnuda. La mayor parte de su pecho estaría desnudo y lo que estuviese cubierto podría ser visto claramente a través de la fina tela. Debido a las tiras, el vestido estaba tan abierto en la parte delantera como en la espalda.
    Ella se miró ceñuda en el espejo.
    – He estado en una batalla. Necesito…
    – ¿Darte un baño? El agua está caliente. Y luego puedes ponerte tu elección y venir a comer.
    Ella se estremeció. Otro baño delante de él. Pero si podía hacerlo, entonces seguramente podría usar uno de los vestidos de Dominic.
    Se obligó a quitarse la camiseta, a la vez que se miraba en el gran espejo de cuerpo entero. Sus pechos eran altos y llenos, los pezones se le pusieron de punta con el frío de la caverna. Su cabello era salvaje y con sus ojos rasgados de gata se veía… exótica… si no se miraba con demasiada severidad. Nunca había sido tan consciente de sí misma como mujer… y ése era, ése era el problema, se dio cuenta con un jadeo. Dominic Buscador de Dragones la hacía sentirse completa, extremada y absolutamente femenina cuando estaba a solas con él.
    Se quitó los pantalones vaqueros y se quedó mirando su cuerpo. Era bajita, pero tenía una figura de reloj de arena. Juliette una vez la había descrito como una “Venus de bolsillo” y ella lo había buscado. Para su sorpresa, la descripción había sido la de una mujer voluptuosa y hermosa. Bien, no era hermosa, pero definitivamente era voluptuosa.
    – No tengo maquinilla de afeitar. -No quería caminar desnuda delante de él y no podía encontrar mucho para envolverse-. Y necesito una bata. -En el momento que las palabras salieron de su boca, se mordió con fuerza el labio. Él le había pedido que no se cubriese el cuerpo y esa era la primera cosa que buscaba hacer. Pero honestamente, ¿las mujeres de verdad se paseaban desnudas delante de sus hombres? ¿Sin afeitarse las piernas primero? Debería haber hecho esa pregunta a Juliette o a Mary Ann, también.
    Dominic apareció de repente detrás de ella en el espejo, unos buenos centímetros más alto que ella. Parecía dominar el pequeño espacio y no sólo por su físico, sino por el poder que emanaba de él. Tenía poder en los ojos y en la voz, obligándola sin fuerza física a hacer lo que él quería. O tal vez era ella en realidad, demasiado desesperada por mantener esa mirada que amaba muchísimo en el rostro de él.
    Por reflejo, trató de cubrirse los pechos con las manos, pero él atrapó las muñecas y le mantuvo los brazos extendidos, lejos del cuerpo.
    – Mira lo hermosa que eres. Sólo para mí. ¿Tienes alguna idea de lo atractivo es esto para un hombre que no ha tenido nada propio durante siglos? Eres mi otra mitad y te encuentro increíblemente sexy.
    Ella le sostuvo la mirada en el espejo. Había lujuria oscura allí, un atisbo de hambre extrema y en carne viva que la hizo temblar con anticipación. Su pesada erección, la evidencia de que en verdad la encontraba sexy, se apoyaba caliente contra la parte baja de su espalda desnuda a través de la delgada tela de los pantalones. Había algo muy decadente en estar desnuda, mirándose fijamente en el espejo, con los brazos extendidos y con Dominic completamente vestido, observándola con mirada depredadora y pegado a ella.
    Sus brazos la rodeaban aún cuando las manos subieron para acunar el peso de los pechos llenos en las palmas. La miraba en el espejo. Ella podía ver sus propios ojos volviéndose felinos, somnolientos, las pestañas cayeron cuando el cabello de él le rozó el hombro desnudo.
    – Quédate así para mí -murmuró él en voz baja mientras bajaba la cabeza al pulso que latía tan frenéticamente en el cuello-. Abierta y dadivosa. Mi mujer.
    Ella sintió el roce de la lengua, una caricia de terciopelo que envió un temblor a través de su cuerpo.
    – ¿Eres mi mujer?
    Era una pregunta. Cuando él hacía una pregunta necesitaba una respuesta, sin importar lo difícil que fuera ésta. Ella estaba temblando, su cuerpo estaba necesitado sólo por la forma en que esas manos levantaban sus pechos tan posesivamente.
    – Sí. -Fue apenas un susurró, pero se las ingenió para contestar.
    – Tu piel es tan suave, mi gatita. Al igual que el pelaje de tu jaguar, sólo que mejor. Suave como la seda.
    Los dientes de Dominic le rasparon a lo largo del pulso y el aliento salió de prisa de los pulmones. Los pechos levantados, los pezones tan duros que eran pequeñas cuentas. Los pulgares rozaban contra ella ligeros como una pluma y a continuación sus uñas enviaron un rayo de fuego desde los pezones y a través del vientre, hasta alojarse con un calor al rojo vivo en su clítoris.
    – Dime que deseas esto -murmuró. Una tentación-. Dilo por favor. Pídemelo.
    Ella se tragó el nudo de la garganta. Su mente ya estaba aceptando… no, no aceptando, anhelando… el erótico mordisco. Los dedos acariciaron los pechos, luego hicieron rodar y tironearon de los pezones hasta que creyó que podría desplomarse. No podía apartar la mirada de la imagen de él. Tan apuesto. Todo ese cabello negro cayendo como una cascada brillante e intensa en la noche más oscura. Sus ojos ardiendo de pasión, de deseo, sus brazos tan fuertes alrededor de ella. Nunca había visto una visión más erótica que esta de los dos en el espejo.
    – Pídemelo -la apremió, sus dedos pellizcaron ligeramente, enviando rayos de fuego por sus venas.
    Ella apenas podía respirar y mucho menos hablar, pero deseaba este momento tanto para sí misma como para él.
    – Quiero que tomes mi sangre -susurró Solange.
    Él esperó. Un latido. Dos.
    Su útero se tensó. Su vagina sufría espasmos. Por un momento pensó que estaba al borde de un orgasmo. Estaba tan cerca, cabalgando en el filo, y él no había hecho más que tocarle los pechos y darle pequeños pellizcos sobre el pulso. Estaba húmeda y necesitada, la presión aumentaba a una proporción alarmante, empujándola más lejos y más rápido de lo que nunca había ido. Su felina siempre había impulsado sus necesidades sexuales y este anhelo era aterrador pero imposible de ignorar.
    – Por favor toma mi sangre -susurró, sabiendo que su necesidad era tan grande como la de él.
    Los dientes se hundieron profundo y ella gritó cuando el placer y el dolor se fundieron, atravesándole el cuerpo como una estrella explosiva. Le bailotearon luces blancas detrás de los párpados. Su cuerpo se volvió de gelatina, por lo que se sintió como si se fundiese dentro de él. Los dedos de Dominic estaban en los pechos, pero ella los sentía entre las piernas, acariciando, penetrando profundamente. ¿O era su lengua acariciándola en lo más profundo de su ser? La presión aumentaba y aumentaba, a la vez que el placer ardiente la consumía.
    No quería que él se detuviera jamás. El fuego rugía en su útero y se diseminaba por el cuerpo. Su cerebro pareció detenerse, hasta que no hubo nada en su mente excepto puro placer. Todo pensamiento desapareció, toda vergüenza. Sólo existía Dominic, su boca mágica y sus manos. Sólo existía el fuego ardiéndole a través del cuerpo. Sintió las primeras oleadas de un orgasmo y jadeó, sin emitir sonido. La acometida era fuerte, las ondas cobraron fuerza, reuniendo velocidad e ímpetu, atravesaron su cuerpo como un terremoto masivo y desgarrador. Ella oyó su propio sollozo sofocado de placer como si fuera lejano. Sus piernas se debilitaron, pero la fuerza de Dominic la sostuvo.
    Abre los ojos para mí.
    La orden suave fue un susurro pecaminoso imposible de ignorar. Las pestañas se agitaron una vez hasta que ella logró encontrar la capacidad de levantarlas. Se encontró clavando la mirada en el espejo. Su cuerpo estaba placenteramente excitado. Tenía la boca abierta, los ojos vidriosos y brillantes, los pechos inflamados y acunados en las grandes manos de Dominic. Detrás de ella, él surgía amenazadoramente grande y poderoso, rodeándola con los brazos, con la boca contra el cuello mientras el cabello largo caía en una brillante cascada de seda.
    ¿Ésa era ella? ¿Sexy y desinhibida con el hombre más sensual de la tierra? Podía sentir la pesada erección presionar con fuerza contra ella. ¿Ella había hecho eso? ¿Llevar el cuerpo de él a semejante estado? Su útero casi se convulsionó ante una visión tan erótica. Solange nunca se había considerado un ser sensual, pero Dominic la veía de ese modo, y mirándose en el espejo, no tuvo más remedio que verse de la misma manera.
    La lengua se deslizó sobre los pequeños pinchazos, cerrándolos. Dominic apoyó la barbilla en su coronilla y la observó en el espejo, sujetándola mientras los temblores se moderaban en su cuerpo.
    – Mira lo hermosa que eres, Solange.
    – Así es como tú me ves.
    – Así es como eres. Veo la realidad.
    Ella no podía reunir suficiente ánimo para preguntar en voz alta, pero quería darle la misma clase de placer. Apartando la mirada y dejándola caer en el espejo, logró utilizar la manera más intima de comunicación. No tengo ni idea de cómo ocuparme de tus necesidades del modo que tu te ocupas de las mías, pero me gustaría intentarlo… por favor.
    Él gimió suavemente y rozó un beso sobre su cabeza.
    – Éste es tu momento, kessake. Cuando llegues al punto en que mi necesidad sea tu necesidad, te enseñaré todo lo que necesitas saber. La belleza está en dar. Tú necesitas esto en este momento, sentirte cómoda con quien eres realmente, no darme placer a mí. Eso es sólo una complicación adicional para ti y una cosa más por la que estás nerviosa. No quiero que tengas miedo de quién eres, no cuando estás conmigo.
    – ¿Quién crees que soy?
    Él sonrió y el mundo de ella se tambaleó.
    – Eres una mujer sensual y apasionada en todos los sentidos. Sólo necesitas tiempo para descubrirlo.
    Ella no estaba segura de cómo se sentía, una mezcla de desilusión y alivio. Él, en efecto, había permitido que se relajara un poco ahora que sabía que no se esperaba nada de ella, pero aún así existía la dolorosa presión continua e implacable y la acogedora humedad que no parecía desaparecer. Y, si era honesta, el deseo de explorar el cuerpo masculino. Quería ser la mujer que le pudiese dar placer.
    Dominic tendió una mano, todavía manteniendo la posesión de su pecho izquierdo con la otra, el pulgar rozaba, casi perezosamente, el pezón. Mientras ella temblaba contra él y las réplicas le recorrían el cuerpo, una túnica larga apareció en la palma de la mano de él.
    – Para ti, Solange.
    Adoraba su voz, ese tono bajo y sexy que la hacía sentirse tan especial. Lo contempló mientras la envolvía en los suaves pliegues. La túnica cubrió su cuerpo. Sensual. Transparente. Casi inexistente. Podía verse el cuerpo, cada curva, a través del azul medianoche de la tela a pesar de la constelación de estrellas plateadas en forma de dragón diseminadas por ella. La túnica realzaba y enfatizaba sus curvas en vez de esconderlas.
    – Gracias, Dominic -murmuró, pasándose rápidamente la mano por el muslo.
    Se sentía tímida. Un poco avergonzada por su conducta lasciva. Una vez más, pasó un momento difícil para mirarlo a los ojos. Los jaguares no tenían problemas para sostener una mirada y en toda su vida nadie, hombre o mujer, había podido mirarla a los ojos y no apartar la mirada primero. Con Dominic no parecía poder encontrarse con su mirada directa.
    Ella no sabía qué pensar sobre su propia apariencia. Él la hacía sentirse tan diferente de sí misma. Era difícil no quedar atrapada en el hechizo que tejía. Se sentía no sólo femenina, sino sensual. Su cuerpo estaba muy sensible, cada terminación nerviosa estaba en carne viva y concentrada en él.
    – Ha sido un placer.
    Dominic dio un paso atrás, permitiéndole pasar. Era extraño caminar con la túnica transparente, la luz danzante se derramaba sobre la constelación de manera que el dragón brillaba como si estuviese en el cielo nocturno. Podía sentir sus ojos sobre ella y cada paso que daba hacía que más calor se precipitara veloz por su cuerpo. Estaba tan húmeda que sabía que la evidencia de su necesidad le brillaba entre las piernas. Él era carpato; no podría dejar de olfatear su excitación.
    Se obligó a continuar caminando, y si había un bamboleo agregado a sus caderas no podía detenerlo, iba a echarle la culpa a la túnica. ¿Quién podría usar algo semejante y no sentirse particularmente sexy, sobre todo bajo la ardiente mirada de Dominic y con sus elogios dándole vueltas y vueltas en la cabeza?
    Llegó al borde de la charca y se quitó la túnica con un encogimiento de hombros, casi a regañadientes. Tal como los pantalones vaqueros y las camisetas eran su armadura de pelea, la lencería sensual la hacía sentirse femenina y atractiva. La tela parecía esconder tanto como revelar. Se sentía perfecta llevándola, pero en el instante en que se la quitó, se sintió extrañamente expuesta.
    La mano de él se extendió por encima del hombro en busca de la túnica y ella la dejó caer, sabiendo que la prenda sería una de sus favoritas sin importar lo que sucediese. Al llevarla puesta, por primera vez en su vida se sentía deseada como mujer. Se sentía sexy e incluso hermosa. La túnica era tan mágica como Dominic. Allí de pie tan cerca, con él detrás, era consciente de su calor, del absoluto control que parecía tener sobre los dos y de su enorme fuerza. Como hembra jaguar, buscaba esas cualidades en un compañero y él las tenía en abundancia.
    Se deslizó dentro del agua humeante y agradecida se hundió profundamente. El calor alivió el dolor de sus músculos.
    – Dominic, esto se siente tan bien.
    Él se movió hacia las sombras, sentándose en uno de los dos sillones, casi oculto de ella. Una vela titilaba con suficiente llama para arrojar luz ocasionalmente a su cara. El rostro de un guerrero. Oscuro. Misterioso. Demasiado duro. Era hermoso para ella. Solange metió la cabeza bajo el agua y se enjuagó el cabello. Curiosamente, incluso esa acción tan familiar parecía sensual.
    Dejó descansar la cabeza contra el borde de la piscina de roca. Sabía que Dominic la observaba. La luz se derramaba directamente a través de ella, probablemente haciendo resaltar sus pechos debajo del agua transparente. La llama convertía el agua en prismas de colores, atrayendo la mirada, pero con Dominic en las sombras era casi como en sus sueños, cuando él venía a hablar con ella.
    – Me alegro de que estés disfrutando de tu baño. Podía ver que aún estabas dolorida por tus heridas.
    Ella esbozó una sonrisa pequeña y vacilante.
    – Realmente aliviaste lo peor de ellas. Sólo tengo unos pocos achaques y dolores. Nada serio -titubeó ella.
    Él esperó.
    Ella acunó un poco de agua y la observó correr entre los dedos.
    – Me haces sentirme cuidada.
    – Estás cuidada.
    La mirada de Solange saltó a la de él. Su estómago se agitó por el impacto de encontrarse con esos ojos oscuros y misteriosos.
    – Gracias.
    – Si pudieses vivir en cualquier parte del mundo, ¿dónde sería?
    Ella frunció el ceño.
    – Nunca he estado en ningún otro lugar. Nunca. Sólo he vivido aquí, en la selva tropical, pero solía soñar con viajar. Me habría encantado ver todas las diferentes selvas tropicales del mundo. Mi tía algunas veces hablaba de lugares lejanos. Yo solía fingir que era una princesa como en los cuentos que ella nos leía y que un príncipe vendría y me rescataría. -Se encogió de hombros-. Dejé de necesitar ser rescatada hace mucho tiempo.
    – Tal vez -murmuró él-. O quizás simplemente pusiste los pies en la tierra.
    – ¿Y tú? ¿Dónde te gustaría vivir si pudieses hacerlo en cualquier lugar?
    Escuchó el sillón moverse levemente, como si él hubiese cambiado de posición. Solange levantó la mirada y vio sus ojos entornados vagando sobre ella. Instantáneamente, fue consciente de su propio cuerpo otra vez. Era la mirada en esos ojos, decidió, lo que la hacía sentirse tan sexual. Su gata no estaba en celo, pero ella sí. El ardor entre las piernas sólo continuaba aumentando como si su cuerpo nunca estuviese completamente saciado. El deseo ardiente por él parecía no tener fin.
    Él quería que se reconociese como una mujer y que las necesidades de él llegaran a ser las suyas. Se acercaba rápidamente al punto de necesitarlo. Pensó que se había sentido aliviada cuando él le había dicho que no esperaba nada de ella, pero ahora le picaban las palmas por las ganas de tocar su piel. Se encontraba sentada en el baño caliente y fantaseando un poco sobre tomarlo en la boca, sólo para saber cómo sabría y sobre todo lo que sentiría al tenerlo dentro de ella, aliviando el dolor implacable.
    – He viajado por todo el mundo, he ido a las cumbres más altas y a las selvas más espesas. Los Carpatos siempre serán mi patria, pero mi hogar es una mujer. Solange Sangria. Para mí tú eres mi hogar. Tu cuerpo es mi hogar. Tu mente. Tu corazón y tu alma. Me importa poco dónde estemos.
    Ella inhaló bruscamente. Ahora deseaba poder verle el rostro con mayor claridad.
    – ¿Estás diciendo que podríamos vivir en cualquier parte del mundo que yo quisiera?
    – Sólo tienes que desearlo.
    No había manera de ocultar la conmoción en su cara y supo que él la vio por su suspiro.
    – ¿Te crees menos que yo?
    – ¡No! -Absolutamente no pero…
    Él negó con la cabeza.
    – Ya veo. Pensabas que yo creería que eras menos que yo.
    Estaba avergonzada.
    – Lo siento. -Percibió la desilusión de Dominic por su falta de fe en él y eso dolió más que si le hubiese gritado. Dominic nunca le había dado motivos para pensar que la creyera menos-. Pienso que la mayoría de los hombres… -Se fue apagando cuando él levantó la mano para detenerla.
    – Sólo hay un hombre en tu vida, Solange. Únicamente tienes que preocuparte de lo que yo pienso y siento, no de los demás hombres.
    Su voz como siempre era completamente serena, pero percibió el filo en ella, y acercándose las rodillas, se las rodeó con los brazos por debajo del agua, donde se sentía caliente y segura.
    – ¿Entiendes?
    Ella asintió con la cabeza. Él esperó.
    – Sí -dijo en voz alta, casi tartamudeando-. Realmente no tuve intención de acusarte de… -¿De qué había estado acusándolo? ¿Qué pasaba con ella? ¿Por qué importaba tanto que pudiese haberle hecho daño?
    – Creíste que te daría órdenes -terminó por ella-. Somos iguales, Solange, en todo el sentido de la palabra. Como tu compañero, tu felicidad y tu salud importan más para mí que las mías, pero los compañeros están uno en la mente del otro. Yo sé lo que necesitas. Creo que algunas cosas son difíciles de ver o de admitir para ti y es mi trabajo asegurarme de que obtengas todo lo que necesitas.
    Ella bajó la vista.
    – ¿Qué hay de tus necesidades?
    – Nos ocuparemos de ellas en su momento. He esperado siglos para encontrarte. En ese tiempo he adquirido paciencia. Antes que nada, necesito tu confianza. Tu absoluta confianza en mí… y en ti misma. Tienes que saber que eres la única mujer que siempre querré o necesitaré. Y tienes que saber que está en ti conocer todos mis deseos, tal como yo conoceré los tuyos.
    – ¿Qué ocurre si no soy buena en el sexo? -Ella expresó la cuestión principal que tenía en mente y se sonrojó de un profundo carmesí cuando lo hizo. Su cuerpo se calentó y estuvo muy agradecida de que el agua humeante ayudara a disimular su vergüenza.
    – Entonces tu profesor habrá fallado y comenzaremos de nuevo.
    Ella tragó saliva.
    – ¿Es eso lo que estás haciendo? ¿Enseñándome sobre sexo?
    Los dientes blancos destellaron a la parpadeante luz de la vela y luego estuvo completamente en las sombras.
    – Aún no hemos empezado tu instrucción en el sexo.
    – Oh. -Su corazón saltó y luego latió salvajemente en su pecho.
    – Saca la pierna del agua para mí.
    Solange abrió los ojos de par en par cuando él se puso de pie y se deslizó hasta el borde de la charca. Sus movimientos eran tan fluidos que supo que no había otra forma de describirlo. Se cernió sobre ella, los hombros anchos y el pelo oscuro cayendo. Solange vaciló, indecisa de lo que quería de ella. Si se escabullía cerca del borde entonces su pierna estaría fuera del agua y ella tendría que recostarse y probablemente hundirse en el agua. Él no dijo nada, simplemente esperó.
    Solange se escabulló hacia adelante lo más lejos que pudo y respiró hondo, reclinándose mientras obediente sacaba la pierna del agua. Para su sorpresa, su espalda y cabeza fueron instantáneamente sostenidas.
    Dominic tomó el tobillo en las manos, su toque era suave. Le sonrió.
    – Esa es mi kessake. Tu confianza en mí está creciendo.
    No estaba segura de que fuera su confianza en él tanto como su deseo de complacerlo. Quería esa sonrisa y la mirada de aprobación en sus ojos.
    No podía apartar la mirada de él, consciente del aspecto que debía tener con sólo el agua humeante para cubrirla. El agua le lamía los pechos, atormentando las curvas suaves y femeninas. Una pierna estaba doblada, el pie en el suelo de la laguna mientras las manos de él le sujetan el tobillo de la otra como si fueran grilletes. Dominic subió las palmas por la pantorrilla hasta la rodilla, una caricia larga, lenta y muy tranquila. Su cuerpo sintió el toque en lo más profundo. Si fuera posible ponerse aún más mojada y acogedora allí en el agua, se las arregló para hacerlo. Le llevó un momento darse cuenta de que él le había quitado el corto vello de la pierna.
    La mano continuó subiendo por el muslo. Se le escapó un pequeño gimoteo. Se mordió con fuerza el labio para impedir más sonidos. Los dedos pasaron rozando la entrada, atormentaron los labios durante unos pocos momentos, antes de que la palma cubriera el montículo, conmocionándola. Casi se apartó, pero los ojos de él la mantuvieron quieta.
    Tragó con fuerza mientras los dedos se movían sobre su cuerpo, explorando cada sombra, cada hueco, hasta que no pudo dejar de retorcerse, su cuerpo ya no era suyo.
    – No entiendo lo que estás haciendo -dijo, jadeando las palabras, sintiéndose un poco desesperada. Nunca había imaginado que una mujer pudiese desear tanto a un hombre.
    – No habrá nada entre mi boca y tu cuerpo. Quiero que sientas absolutamente todo lo que te haga.
    Ya lo sentía. ¿Cómo iba a sentir más sin que eso la matara? Él volvió a colocarle la pierna suavemente y dobló un dedo. Solange le dio su pierna izquierda y cerró los ojos, tratando de respirar a través del exquisito placer. ¿Podía una mujer tener orgasmos una y otra vez sin que el hombre realmente la penetrara? Evidentemente Solange podía, porque estaba al borde de uno. Las manos de él obraron su magia y cuando terminó, le bajó la pierna cuidadosamente como si ella estuviese hecha de la más fina porcelana.
    Esta vez, en lugar de pedirle que levantara la pierna, Dominic se metió en el agua y le ancló el tobillo derecho, empujando la pierna hacia él. Ella estuvo agradecida. Se sentía casi débil, incapaz de moverse, fascinada por el aspecto de su rostro. Las arrugas estaban marcadas profundamente. Los ojos estaban oscurecidos por la lujuria. Parecía tan concentrado en ella que Solange casi tenía miedo de respirar.
    Pequeñas gotitas de agua le bajaban por la pierna, revelando la piel suave y sedosa. Él agachó la cabeza y lamió las gotas de agua del muslo.
    La respiración de Solange produjo un sonido sibilante.
    – ¡Dominic!
    Él sonrió y le soltó la pierna con la misma delicadeza con que la había levantado.
    – Creo que empiezas a entender.
    Lo único que entendía era que él era el hombre más asombroso del mundo. Esta vez cuando él tendió la mano, no vaciló en cogerla. La arrastró fuera del agua y Solange estuvo de pie, completamente expuesta para él. Y ahora, cuando la mirada de Dominic se movió sobre ella, Solange permaneció quieta para él sin intentar cubrirse.
    – Te ves hermosa. -La calidez en su voz la hizo sonrojarse.
    – Tú me haces sentir hermosa -contestó. Y lo hacía. La mirada en sus ojos la hacía sentir la mujer más deseada del mundo.
    ¿Cómo sería tener el amor y el respeto de un hombre como Dominic? ¿Estar a su cuidado? Ella era una mujer que sólo había respondido ante sí misma.
    Dominic la envolvió en una toalla caliente y la secó completamente. Se tomó su tiempo, prestando atención a los detalles, asegurándose de atrapar cada gota de agua. Le frotó los pechos, el vientre e incluso entre las piernas. Le separó las rodillas y se aseguró de que los muslos y las nalgas estuviesen completamente libres de humedad. No fue en absoluto impersonal como ella había esperado. Las caricias eran deliberadamente provocativas, la hacían contonearse. Podía oír el cambio en su propia respiración cuando las manos de él se demoraban. Una vez dobló la cabeza y atrapó una gota de agua que le bajaba corriendo por el muslo.
    Todo su cuerpo estaba excitado y vivo, muy consciente de Dominic. Le deslizó las mangas de la túnica del dragón sobre los brazos y se la ató ala cintura. La tela de araña se deslizó sobre la piel desnuda como seda viva. Permaneció quieta mientras él le secaba el cabello con la toalla. Para su asombro, comenzó a soplar aire caliente sobre él mientras usaba los dedos para acomodar las ondas rebeldes. Sólo cuando acabó le indicó la silla.
    Le sonrió, asombrada por su cuidado.
    – Mi tía me acogió cuando tenía ocho años, Dominic, pero estábamos siempre huyendo. Nos escolarizó en casa y aprendimos sobre armas y pelea, pero aquello era… -Miró alrededor de la confortable habitación. Él había hecho todo esto para ella-. He sido responsable de mis primas desde los catorce años. No sé cómo hacer para devolverte esto.
    La mano de él se curvó en torno a la nuca de Solange y la acercó a él, bajando sucabeza hacia la de ella. A Solange se le quedó la respiración atascada en la garganta cuando los labios de Dominic rozaron los suyos. Quedó aturdida por el impacto de ese leve toque. La electricidad crepitó por encima y a través de su piel, enviando un chisporroteo caliente por sus venas. Sus pechos se hincharon, los pezones se volvieron sensibles, sufriendo por atención. El fuego ardía aún más abajo, en lo profundo de su sexo, mientras ella latía y palpitaba de deseo.
    Él se enderezó, la agarró de los hombros y la llevó hasta la silla.
    – Necesitas comer.
    – ¿Comer? -Lo miró-. Ni siquiera puedo respirar.
    Él rió suavemente, el sonido la llenó de una repentina alegría. Solange no había conocido la alegría. No había sabido que un hombre pudiera ser como Dominic.
    – Entonces yo respiraré por ti.
    Probablemente lo haría también. Ella tomó una naranja, demasiado impresionada por él para preguntarse de dónde la había conseguido.
    – Tengo tanto miedo de decepcionarte. No soy muy buena con las relaciones. Pregúntale a mi prima. Sólo me aguanta porque estamos emparentadas.
    – Te aguanta porque te ama -corrigió Dominic y tomó la naranja de sus manos temblorosas para pelarla.

Capítulo 12

    Me descubres. Luego me sanas
    de todas las cicatrices y conflictos.
    Y cuando mi vida caía en picado,
    me agarraste.
    Había olvidado cómo sonreír,
    pero tú me volviste a enseñar.
    De Solange para Dominic

    Solange trató de regularizar su respiración, sabiendo que él la estaba observando de cerca. Carraspeó y trató de sonar tranquila.
    – No creo haber pasado tanto tiempo con otra persona en años.
    Minan… mía. Las palabras fueron un susurro suave y tierno en su mente. En voz alta, con su tono sereno, agregó:
    – Ni yo tampoco. -No le dio la naranja pelada, sino que tomó un gajo y se lo acercó a los labios-. Hacemos este recorrido juntos.
    Todo en Solange se estabilizó. La mente se calmó y se encontró con que podía respirar. Simplemente tenía que emparejarse con el ritmo básico de los pulmones de él. Dentro y fuera. En realidad no era tan difícil. Estaban en esto juntos, para bien o para mal. A él no parecía importarle que titubeara torpemente con las palabras, que no tuviera ni idea de lo que estaba haciendo. Dominic parecía aceptarla con todos sus defectos.
    Abrió la boca y aceptó la fruta fresca. Reventaba de sabor. La naranja era una de sus frutas favoritas y difíciles de conseguir. Sabía que él la había creado especialmente para ella. Él parecía pensar de ese modo, encontrar en algún pequeño rincón de su mente las cosas que ella más amaba y proveérselas. Pasó la mano por encima de la túnica exquisita. Podía verse la piel sedosa y tersa a pesar de las pequeñas cicatrices blancas, esos puntitos que ella siempre había detestado y ocultado estaban expuestos ahora como si no tuviesen importancia. Un poco inconscientemente los frotó a través del material de encaje.
    – Cuando la luz de la vela juega sobre los puntos, parece como si estuvieran vivos, bailando por encima del muslo. Es un espectáculo sumamente erótico, Solange y me hace desear seguirlos con mi lengua. Saborearé cada centímetro de ti y esos deliciosos puntos me enseñaran el camino hacia el banquete.
    Ella se sonrojó de nuevo. No había manera de controlar el arrollador color así que abrió la boca cuando él le deslizó otra rodaja de naranja entre los labios. Las palabras de Dominic otra vez habían le llamado la atención sobre su propio cuerpo. Las estrellas dispersas no hacían nada por ocultar la hinchazón de los pechos o sus anchas caderas. Se retorció un poco, deseando que la silla estuviera más en las sombras, como estaba la de él. Solange cruzó las piernas.
    – Preferiría que estuviesen abiertas para mí.
    Su voz era tan suave. No fue una orden, sólo una simple declaración. No había pretendido cerrarse a él… Levantó la mirada a su rostro. Dios, qué hermoso era.
    – ¿No preferirías que fuese un poco modesta?
    Lo cual, cuando uno pensaba en ello, era divertido. Los felinos por regla general no eran recatados. Cuando se transformaba, iba desnuda. Eso era todo lo que había, no obstante esto parecía tan diferente.
    – Esperaría que mi mujer fuera sólo para mí y que estuvieras lo suficientemente cómoda… y que confiaras lo bastante en mí… para recrearte en tu sexualidad. Eres naturalmente apasionada y sensual. Me gusta mirarte, verte deseándome. Cuando siento tus ojos moviéndose por mi cuerpo y cuando puedo mirar tan abiertamente lo que es mío, es para mí un gran placer.
    Sonaba tan sencillo, no obstante llevó un gran esfuerzo por su parte descruzar las piernas para proporcionarle la vista de una mujer lasciva y necesitada. No podía evitar sentirse sexy y un poco malvada, pero aún así era una de las cosas más difíciles que había hecho. Peor aún, envió otra oleada de calor que le brilló entre las piernas. Él inspiró, arrastrando el aroma de su excitación a los pulmones.
    Solange sabía que su reacción a la solicitud de Dominic sólo lo estaba animando a sacarla de su cascarón… y estaba un poco asustada de hacia dónde podía conducir esto. Esa simple sonrisa de agradecimiento, para ella era el elogio más grande que él le podría concederle. Era impactante lo gratificante que resultaba complacerlo, cuando nunca había tratado de complacer a nadie.
    – Esa es mi mujer.
    Él le hizo una pequeña y cortés reverencia que hizo que una ola de placer la atravesara. Sus modales eran tan del Viejo Mundo, al igual que su lenguaje ceremonioso, pero parecía encajarle y lo hacía, en su opinión, tanto más atractivo.
    – ¿Cuál es tu plan?
    Su ceja subió rápidamente y ella se sonrojó.
    – No eso -dijo Solange-. El campamento del vampiro. Me dijiste que habías ingerido sangre del vampiro para que te reconocieran como parte integrante de su conspiración. ¿Crees que los parásitos en tu sangre por sí solos tu granjearán su aceptación?
    – Los vampiros que he conocido hasta ahora han creído en la llamada de los parásitos, pero éstos nunca están en actividad contigo alrededor. También tomé tu sangre hace poco. -Le sostuvo otro gajo de naranja en los labios y esperó hasta que Solange clavó los dientes en él-. Conque si estás pensando en acompañarme de algún modo, no funcionará.
    Ella lo miró ceñuda.
    – Por supuesto que voy a guardarte las espaldas. No puedo imaginarme que no estés pensando ya en formas de matar a Brodrick.
    – Naturalmente.
    Ella olvidó todo excepto vestir su armadura guerrera. Sus ojos verdes se volvieron felinos y le frunció el entrecejo.
    – Nunca cometas el error de creer que no sé lo que estoy haciendo. Si hablabas en serio cuando dijiste eso de ser socios, lo del respeto y la igualdad de condiciones, sabiendo quién soy realmente, entonces tienes que saber que voy a estar cuidándote la espalda.
    Apartó de un empujón la silla, olvidando la túnica como telaraña mientras se paseaba inquieta por el suelo de la caverna, su jaguar merodeaba cerca de la superficie.
    – O me aceptas como soy o no. No puedes tener ambas alternativas. Nunca sería capaz de quedarme salvo esperando mientras tú estás en peligro.
    Sólo el sonido del agua cayendo en la piscina llenaba el cuarto. Solange era consciente de su respiración ruda y agitada, del ritmo cardíaco acelerado, de la oleada de adrenalina en su cuerpo. El silencio de Dominic se prolongó hasta que la tensión fue casi insoportable. Simplemente la miraba con esa mirada oscura, insondable y muy directa que lo decía todo.
    Ella levantó la barbilla y le devolvió la mirada. Proteger a aquellos que amaba era su esencia. Si el creía que podría transformarla en algo o en alguien distinto con unas pocas vestimentas eróticas, estaba muy equivocado. Ella no servía para este tipo de mierda, de ningún modo. Simplemente volvería a ser un jaguar y encontraría un lugar en el bosque. Sintió la familiar picazón recorrerle la piel y la llamada de la naturaleza se embraveció dentro de ella. Huir… era la única salida.
    – Eres una combatiente feroz, Solange. Cuando no puedes ganar una batalla, ¿qué haces?
    Ella contuvo a su jaguar para tratar de poner en funcionamiento sus cuerdas vocales.
    – Me retiro y planeo una forma diferente de hacerlo.
    – No puedes ganar una batalla conmigo. Ni tú. Ni tu jaguar. Ambos perderíamos si te empeñases en tal acción.
    – ¿Qué es exactamente lo que estás diciéndome? Porque no vas a darme órdenes.
    – Andas buscando pelea y me niego a unirme a ti. Tienes la mala costumbre de sacar conclusiones precipitadas y pensar lo peor de mí.
    Ella abrió la boca y la volvió a cerrar, esforzándose por respirar y apartar el pánico. Y era presa del pánico. Quería, hasta necesitaba escapar antes de que él llevara esto más allá. Hasta que ella lo deseara con cada célula del cuerpo e hiciera cualquier cosa por retenerlo. Tenía más amor propio que eso.
    Dominic se acercó a ella, ignorando la mirada de advertencia en los ojos de Solange, una mano le abarcó la garganta, dejándola sentir su inmensa fuerza. Más que fuerza física, ella podía ver el poder y la confianza que los siglos le habían otorgado. La mirada en esos ojos la estremeció. Censura. Censura pura y sin adulterar. Y dolía. Tal vez se lo merecía, pero en verdad dolía.
    – No puedes mentirme a mí o a ti, Solange. No lo permitiré. Quieres huir de mí, no por tu amor propio, sino por cobardía. No quieres confiar en mí con tu cuerpo o tu corazón y me estoy acercando demasiado a ambos.
    – Me romperías en mil pedazos -se defendió ella-. ¿No lo ves? No soy esa mujer que deseas.
    – ¿Cómo sabes lo que quiero cuando te niegas a mirar… o escuchar? Estabas esperando tu oportunidad y creíste encontrarla. ¿No te dije que te respetaba como guerrera? ¿Que creía que eras mi igual y una socia? ¿Crees que te mentiría? Soy Dominic Buscador de Dragones y el honor de un Buscador de Dragones nunca ha sido puesto en duda, ni una sola vez en miles de años. -Ahora había un filo en esa voz normalmente tranquila.
    Solange sintió las lágrimas reunirse detrás de sus ojos. Por supuesto, había jodido las cosas. Era demasiado bueno para ser verdad. Tal vez simplemente no podía manejar el ser feliz después de tantos años de furia y amargura.
    El movió la mano hacia la nuca y de repente los dedos estuvieron haciendo un masaje tranquilizador.
    – Respira, Solange. Simplemente toma aire.
    Los pulmones estaban ardiendo en busca de aire y ella ni siquiera se había dado cuenta. La verdadera vergüenza, una emoción que ella no había conocido hasta ahora, era más amarga que la furia. Dominic se había puesto a sí mismo en la línea de fuego. Ella realmente no le había dado una oportunidad, no en su corazón. La mente lo había intentado y el cuerpo ciertamente lo deseaba, pero había tanto miedo de que le desgarrara el corazón que realmente no se había comprometido con él. Estaba lista para huir ante la primera señal de peligro proveniente de él.
    – ¿No ves? No puedo hacerlo -dijo-. Voy a seguir lastimándote. Nunca he vivido en una casa con personas. Nosotros vivimos en campamentos y aprendemos a defendernos. No he tenido un hogar desde que tenía ocho años. -Solange no sabía si estaba implorando compresión o rogándole que la dejase marchar.
    Los dedos continuaron ese lento y seductor masaje.
    – Entonces quizá es hora de que tengas un hogar, Solange. Quiero ser tu hogar. Dame tu confianza. Sé que podemos hacer esto.
    – Necesitaríamos un milagro -dijo Solange, sacudiendo la cabeza-. Quiero hacer esto, Dominic, de verdad que quiero, pero simplemente no creo que sea capaz. Miro dentro de tus ojos y una parte de mí sabe que estaré a salvo si me entrego a ti, pero me aferro a la seguridad con tanta fuerza que no creo que pueda dejarme ir y enamorarme. Eres como ese héroe increíble, más grande que la vida, que ha entrado en mi pesadilla personal y yo simplemente nunca he creído en héroes.
    Él rozó las lágrimas de sus ojos con los dedos, las atrapó en las manos y ejerció presión. Ella contuvo la respiración cuando las abrió. Brillantes gemas de color rojo y verde engarzadas juntas con eslabones de oro yacían en la palma de la mano.
    – Verde por tus ojos y rojo por tu temperamento, tengo mucha debilidad por ambos.
    Solange habría retrocedido si él no la hubiese sujetado en el lugar.
    – Tienes demasiado poder para cualquiera, Dominic. -No podía evitar el temblor de su voz.
    – Dices que necesitamos un milagro. -Dio golpecitos en la mano de Solange hasta que la abrió. Dejó caer el brazalete en la palma-. Tenemos un milagro, Solange. Tú y yo juntos podemos ser un milagro. ¿Cuáles son las posibilidades de que te encontrara aquí después de tantos siglos de estar solo, en este lugar donde vine para mi batalla final?
    Los dedos de Solange se cerraron alrededor de las gemas y las pegó a ella.
    – Quiero ser la mujer que necesitas, Dominic, pero estoy demasiado asustada de perderme.
    – ¿Cómo harías eso?
    – Me preguntaste que hago cuando no puedo ganar una batalla. ¿Cómo podría ganar alguna vez contigo? Eres demasiado fuerte. No sólo fuerza física. Podría ser capaz de oponerme a eso. No son ni siquiera tus dones. Es el poder en ti. El poder absoluto que percibo irradiando de ti.
    Él le sonrió y peinó hacia atrás la caída de ondas suaves alrededor de su cara.
    – Ese poder te pertenece, Solange. Está ahí para tu protección. Para tu felicidad. Para tu uso. Te pertenece. Tú aún no lo comprendes, pero eres inteligente y una luchadora. No luches contra mí. Lucha por nosotros. Lucha por mí. Sin ti, no puedo sobrevivir. ¿Puedes hacer eso? -Él se inclinó y le rozó los labios con un suave beso-. Eres una mujer fuerte, Solange. ¿Me salvarás? Eres la única que puede.
    El corazón de Solange se contrajo.
    – No me necesitas, Dominic. Eres tan… tan absoluto. Podrías tener cualquier mujer que quisieras. Esto tiene que ser un extraño error.
    Él negó con la cabeza.
    – En muchos sentidos los carpatos parecen ser una especie superior y es cierto que tenemos muchos talentos, pero en verdad, como cada especie, tenemos debilidades. Los jaguares y los humanos pueden formar pareja con cualquiera y a menudo confunden atracción física con una relación duradera. Para los carpatos sólo hay una. Eres mi otra mitad. No hay equivocación, Solange. Fuiste hecha para mí. Si optas por no comprometerte, estaré perdido.
    Solange parpadeó para contener las lágrimas y abrió la mano para mirar el brazalete, las fogosas gemas rojas anidadas en su palma.
    – Tengo muy, muy mal genio -le advirtió-. Y una boca muy soez.
    Muy suavemente, él tomó el brazalete de la mano y se lo abrochó alrededor de la muñeca. Se inclinó y rozó esos labios respingones con otro beso antes de deslizarle la túnica del cuerpo con mucha delicadeza.
    – Entonces tendremos que enseñarte otros usos para tu boca. Sueño con eso a menudo.
    El cuerpo de Solange reaccionó, inundándose de calor. Él inclinó la cabeza hacia ella, un movimiento lento y seguro que sólo parecía aumentar la expectativa de ella. Las piernas le temblaban y se levolvieron de gelatina. Jadeó cuando él la levantó en brazos y cuando se giraron había una alfombra gruesa y tejida a mano que recubría el banco. Ella tuvo tiempo para un breve pensamiento… ¿cómo lo hace?
    – Creo que necesitas relajarte. Estás temblando otra vez.
    La colocó boca arriba en la mesa acolchada. Ella clavó la mirada en el techo de la caverna. Era como si hubiese lanzado su túnica azul medianoche encima de ella y hubiera esparcido asombrosas estrellas plateadas por el cielo nocturno. Reconoció la constelación del dragón. Este dragón estaba ardiendo, como si las estrellas no se hubiesen descolorido con el tiempo y todavía tuvieran las alas.
    – Voy a darte un masaje en el cuero cabelludo. No tienes que preocuparte por nada, Solange. No estoy esperando o pidiendo nada de ti en este momento. Sólo para relajarse.
    Los dedos de Dominic eran fuertes, pero tan suaves. La voz gentil e hipnótica acariciaba su piel como terciopelo mientras los dedos trabajaban su magia.
    – Quiero que te sientas cálida, kessake. Y segura. Porque siempre estás a salvo bajo mi cuidado. ¿Sabes lo que es el ritual de unión? ¿Te habló tu prima de ello?
    La voz descendió una octava. Solange escuchaba el sonido, concentrándose en cada cadencia y ritmo de su tono mientras contemplaba los ojos ardientes y afilados dientes del dragón en lo alto.
    – En realidad no. No entendí lo que dijo.
    Su mente estaba un poco nublada por el placer absoluto que producían esas manos. No había manera de que pudiera no relajarse, no con sus grandes manos quitándole la tensión.
    – El macho de nuestra especie tiene grabadas las palabras de unión desde antes del nacimiento. Una vez que se las decimos a nuestra compañera, ella está atada, alma con alma, a nosotros. Creemos que el alma se dividió. El varón es la oscuridad y ella la luz.
    A pesar de la pura magia de los dedos, ella respingó.
    – Seguramente se cometen errores. Ya te lo he dicho antes, queda muy poca luz en mí. Yo mato, Dominic. Planeo un ataque y lo ejecuto con precisión y sin vacilaciones.
    Él esperó en silencio, Solange se mordió el labio y luego levantó la mano izquierda en el aire para poder mirar el brazalete. La luz de las velas atrapó los rubíes y las esmeraldas y resplandecieron a la vida.
    – Tal vez esa no sea exactamente la verdad. Últimamente, he estado titubeando. -La confesión salió con una queda y pequeña prisa. No quería mentirle-. Las últimas veces que he sabido que iba a matar a alguien, me sentí enferma por dentro. Pero si no lo hago, sé que dañarán a otra mujer en algún momento, en algún lugar y que no hay nadie más para detenerlos.
    – Sé que eso fue difícil de admitir para ti misma, ni que decir para mí.
    La aprobación en su voz la calentó. Se alarmó al verlo surgir amenazadoramente por encima de ella, pero las manos comenzaron a trabajar en los hombros, esos dedos fuertes penetraban en cada músculo tenso y ella cedió bajo su magia.
    – No puede haber error. Cuando oí tu voz, mis emociones regresaron. Después de siglos de vivir de los recuerdos, fue un poco difícil no sentirse abrumado. Mi primer pensamiento fue encontrarte y llevarte conmigo a la fuerza, como creo que habrían hecho mis ancestros. Veo el color. Tu cabello, todo ese cabello suave y sedoso con tantos colores mezclados. -Frotó las hebras entre los dedos-. Tan hermoso.
    Ella trató de ahogar el pequeño gemido de placer que suscitaban sus elogios. Intentó concentrarse en la boca del dragón mientras esas manos mágicas continuaban el masaje a lo largo de la clavícula. La sensación era como si sus huesos se derritieran. Su cuerpo comenzó un delicioso cosquilleo, como si sus terminaciones nerviosas hubieran comenzado a excitarse una vez más. Debería haberse alarmado, pero estaba demasiado relajada bajo sus servicios para protestar. La hacía sentirse hermosa y cuidada. La hacía sentirse como si realmente fuera su compañera protegida y a salvo.
    – ¿Por qué no me llevaste a la fuerza? -preguntó ella.
    La voz de Solange sonaba lejana, somnolienta. Tal vez incluso un poco sexy. De ninguna manera realmente ella.
    Las manos le acunaron los pechos. Los músculos del estómago se apretaron cuando él comenzó un lento y delicado masaje y esta vez había aceite en sus manos. El corazón de Solange latía con fuerza, llamando la atención de Dominic hacia su pulso acelerado.
    – Llevarte a la fuerza no sería adecuado para ti. Para algunas mujeres, sí, pero tú, mi kessake, mi gatita… precisas seducción. Delicadeza. Amor. Tengo que ganarme tu confianza y no lo querría de ninguna otra manera.
    La mirada de Solange saltó a su cara cuando él tironeó e hizo rodar los pezones entre los dedos índice y pulgar. Dejó tras de sí un aceite de menta que comenzó a generar calor en las propias puntas de los pechos.
    – ¿Se siente bien, Solange? Tu cuerpo es sexy, una tentación que se vuelve cada vez más difícil de resistir. Eres muy receptiva y eso es muy tentador para mí.
    Bajó la cabeza y la larga cascada de cabello sedoso y negro medianoche se derramó sobre su pecho, atormentándole los sentidos mientras le chupaba el pezón en lo profundo de la boca y lo acariciaba con la lengua. Ella se oyó gemir, un sonido suave y entrecortado que se acercaba a una súplica. Él le acunó ambos pechos, giró la cabeza y encontró el otro pezón, tristemente descuidado y se lo metió en la boca, dándole al pecho izquierdo la misma atención, pausada y tierna. El placer era tan intenso que Solange se estremeció, sus caderas se movieron impacientes.
    Las manos bajaron acariciándole las costillas y el vientre. Él encontró los pequeños y tensos músculos y comenzó un masaje lento y acompasado.
    – ¿Entiendes, Solange, que eres la única mujer en mi mundo? La única mujer que puede elegir entre la vida y la muerte para mí. Eres el centro de mi universo y siempre lo serás. Cuando te digo que tu placer es el mío, lo digo literalmente. Puedo sentir la respuesta de tu cuerpo. Puedo sentir tu mente relajándose tal como lo hacen tus músculos y me complace ser el único, el único que puede hacer eso para ti. Yo soy el hombre al que tu cuerpo responde y tu mente acepta.
    Los dedos resbalaron hacia el pubis, masajearon muy delicadamente, acariciaron superficialmente su sexo húmedo y se movieron hacia el interior de los muslos. La respiración de Solange estalló en una ráfaga irregular mientras las manos continuaban ese masaje que le derretía los huesos y sus músculos tensos. Todo a lo largo de sus pantorrillas hasta los pies, él continuó amasando y acariciando hasta que ella simplemente se derritió allí, sobre la mesa.
    La mano sobre el hombro la instó a darse la vuelta. Apenas pudo reunir las fuerzas, estando ya a la deriva en un estado de excitación y relajación. Giró la cabeza hacia un lado cuando él le extendió los brazos a los costados y comenzó a trabajar sobre los hombros con sus dedos sagaces.
    – ¿Por qué dijiste que no te puedo acompañar cuando vayas a la reunión de los vampiros, cuando sabes que no seré capaz de mantenerme al margen? -Ella susurró las palabras, las pestañas cayendo mientras las manos iban hacia la espalda.
    Estaba usando un aceite de algún tipo. Olía un poco a menta y cuando se lo aplicaba, frotándoselo sobre los músculos, el calor se esparcía. No estaba segura de si era el aceite, las manos o la respuesta de su cuerpo, pero en su interior más profundo, la temperatura se elevó. Él trabajó en cada brazo y luego por la parte baja de la espalda hasta que ella casi ronroneó. Un jaguar puro no podía ronronear, pero su especie podía, gracias a Dios y ahora mismo podría ser un momento apropiado.
    – No puedes estar cerca de mí… o de ellos. En el momento en que los parásitos te perciban se tranquilizarán y sabrán que tú o Brodrick estáis cerca. Vamos a necesitar un buen plan.
    Ella frotó la mejilla contra el suave acolchado de la mesa.
    – Eso era lo que estabas tratando de decirme, pero saqué conclusiones de manera prematura.
    – He analizado cómo lo expresé. Quizás pude haber escogido mis palabras más cuidadosamente.
    Las manos en la parte baja de la espalda se sentían maravillosamente bien.
    – Creo que estás siendo quien eres, Dominic. Fuiste nombrado correctamente. Posees tendencias dominantes. Por desgracia, aunque dudo que naciera con ellas, yo las he desarrollado.
    – Tus habilidades de lucha son extraordinarias, como lo es tu coraje en la batalla -reconoció él.
    Su elogio envió un cálido rubor a través de ella. Las manos se movieron más abajo, hacia las nalgas, trabajando profundo en el músculo, amasando a conciencia hasta que el cuerpo estuvo flojo. Se tomó unos pocos momentos para acariciar con ternura las curvas exuberantes antes de que las manos le separaran los muslos. Ella pensó en protestar; ya estaba excitada más allá de lo que pensaba que podía soportar. Pero esta vez él comenzó con los pies, así que se sometió, creyéndose a salvo.
    Cuántas veces había cojeado en su camino de regreso a esta fría cueva, ensangrentada y dolorida y había deseado justamente esta única cosa… un masaje. Se recordaba contando a su hombre de ensueño cuan a menudo fantaseaba con un masaje. La enterneció que él recordara y se preocupara lo suficiente como para brindarle esta asombrosa experiencia. Nunca se había sentido tan mimada en su vida.
    Las manos se abrieron camino firmemente subiendo por las piernas y la respiración de Solange se quedó atascada en la garganta cuando él empezó a presionar y masajear por encima de las rodillas. Las caricias ascendieron más arriba, hacia la unión de las piernas y ella no pudo detener el flujo de húmeda y reveladora excitación. Realmente podía sentir su vagina latiendo, vacía y necesitada. Se le escapó un pequeño y se metió el puño en la boca. Debería haberle pedido que se detuviera, pero se sentía como en el cielo.
    – Entonces, ¿qué crees que deberíamos hacer? -Intentó mantener su mente en la batalla, en cualquier distracción, pero era tan consciente de esos dedos fuertes que se acercaban más y más al lugar donde ella más lo necesitaba.
    – Creo que tenemos un par de días antes de que la gran reunión se lleve a cabo. Hay más vampiros en la zona. Quiero asegurarme de que se mantengan alejados de la gente de Zacarías.
    Ella frunció el ceño.
    – ¿Puedes hacer eso?
    – Voy a intentarlo. Será una salvaguarda difícil de proyectar y necesitaré sangre para hacerla.
    – No me importa que tomes la mía -dijo Solange y se dio cuenta de que era verdad. Prefería proveerle ella antes de que lo hiciese cualquier otro. Al final, cuando había logrado superar el miedo a ser conquistada, lo había encontrado una experiencia erótica.
    El dedo bajó por su trasero, trazando la carne firme y se deslizó por su sexo muy húmedo. Ella respiró bruscamente y se dio la vuelta. No podía aceptar un momento más de esas manos sobre ella. Nunca en la vidase había sentido tan necesitada. Dominic retrocedió y la ayudó a sentarse. Estaba demasiado floja para estar de pie.
    – No sé si es seguro para mí tomar tu sangre, para cualquiera de nosotros. No hasta que consigamos la información necesaria de los vampiros.
    – ¿Para cualquiera de nosotros? -Solange encontraba difícil mirarlo. Era tan hermoso y ella estaba tan desnuda, la piel ruborizada, la respiración casi ronca. ¿Cómo no había quedado tan afectado por tocarla como ella por su toque?
    – Tu sangre puede matar a los parásitos y yo los necesito -explicó él-. En cuanto a ti, el acto de tomar tu sangre es muy sensual y no me arriesgaría a perder el control y convertirte. ¿Cómo te sientes ahora?
    – Me siento mejor. Gracias.
    – ¿Más relajada?
    Ella se mordisqueó el labio. No quería mentirle. Él había resultado ser un montón de problemas para ella.
    Dos dedos le levantaron el mentón.
    – ¿Qué pasa, kessake ku toro sívamak… amada gatita salvaje? Pensé que habíamos acordado que cuando hago una pregunta, requiero una respuesta. ¿No es así de fácil?
    Ella negó con la cabeza e intentó una sonrisa.
    – No tan fácil como lo haces sonar.
    – ¿Qué te da miedo decirme?
    Ahora estaba avergonzada de estar sentada delante de él completamente desnuda, con el cuerpo tan insoportablemente excitado que apenas podía pensar con claridad y mucho menos encontrar las palabras correctas para hablarle. Se sentía vulnerable una vez más. ¿Por qué debía ser tan difícil expresar sus necesidades sexuales? ¿Qué más quería de él? La forma en que había dicho que tomar su sangre era sensual y el tono de la voz cuando pronunció las palabras había enviado a su cuerpo ya excitado a un aterrador frenesí de deseo. Se tranquilizó; a pesar de su cuerpo embravecido, desesperado por el orgasmo, no estaba segura de que su mente le permitiese recibirlo sin luchar. Tan típico del jaguar y tan difícil de explicar.
    – Es embarazoso y no quiero decepcionarte. -Vamos. Ella le había dicho la verdad. Bien. Tal vez había susurrado, pero logró decir las palabras sin tartamudear.
    – Sólo me decepcionas cuando no confías en mí lo suficiente como para compartir tus necesidades.
    ¿Cómo podría describir el lento… creciente, ardiente e implacable dolor que se negaba a darle descanso? El silencio se prolongó entre ellos. Él no se movió, el cuerpo inmóvil, los ojos en los de ella, negándose a permitirle apartar la mirada.
    – Estoy muy… -La voz de Solange se desvaneció y negó con la cabeza-. Siento como si me estuviese quemando viva. Me duele.
    Una sonrisa lenta jugueteó brevemente en la boca de Dominic. Los ojos se caldearon.
    – ¿Por mí? ¿Yo puse ese dolor aquí? -Los dedos se deslizaron por su estómago desnudo hacia el suave montículo. Las yemas hicieron un lento masaje-. ¿Yo te pongo así? ¿Es toda esta humedad una bienvenida para mí?
    Ella cerró los ojos, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras Dominic la acariciaba. En lo profundo, su cuerpo empezó a latir.
    – Por supuesto que para ti. No sabía que podía sentirme de esta manera.
    – Nunca deberías esconderte de lo que eres, Solange. O de tus necesidades. Ciertamente nunca deberías tratar de esconderlas de mí. Soy el único que puede satisfacerte. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo? Solo yo. Quiero que te aceptes a ti misma como una mujer, como mi mujer. Nunca he entendido por qué una mujer debería estar insatisfecha sexualmente o de cualquier otra forma. Los compañeros deberían confiar uno en el otro lo suficiente como para compartir sus necesidades.
    Muy suavemente, él le presionó la mano contra el hombro y la obligó a tumbarse de nuevo en el banco.
    – Sólo relájate otra vez y déjame ubicarte donde te quiero.
    Ella se tragó su aprensión y le dejó moverle el cuerpo, con lo que su trasero quedó en el extremo del banco y las piernas flexionadas. Le separó los muslos, tendiéndola allí, con los pies apoyados en el suelo.
    Su primera reacción fue cerrar las piernas, pero la mano de Dominic se asentó sobre el interior de la rodilla tan, pero tan suavemente que descubrió que no podía moverse. Trató de respirar de manera uniforme. Él no estaba reteniéndola físicamente, pero aún así, el poder de su mente lo hacía. No quería que se detuviera, pero se sentía absolutamente vulnerable. Su cuerpo estaba abierto ante él, su centro más íntimo. Ella era una mujer y tendría que aceptar la invasión.
    Se le escapó un pequeño sollozo. Invasión. ¿Era así cómo veía ella el sexo? ¿El hacer el amor? ¿Qué pasaba con ella? ¿Y cómo podía él soportar él que estuviera tan absolutamente aterrorizada de un acto tan natural? Le deseaba. Lo necesitaba. Estaba excitadísima, tanto que sabía que su aroma impregnaba el aire. Pero no se movió. No podía moverse.
    Dominic se cernía totalmente vestido sobre su cuerpo desnudo, y ella encontraba la situación aún más excitante, especialmente cuando la mirada de párpados pesados iba a la deriva tan posesivamente sobre ella. Podía ver que estaba duro, grueso y listo para ella. Ella había hecho eso. Solange Sangria, con su cuerpo no tan perfecto, sus estúpidos balbuceos y los millones de errores que había cometido en la relación. Había sido ella la que había provocado esa tremenda erección en un hombre tan sorprendente, poderoso y tan sensual.
    – Cuando dejas escapar esos pequeños y entrecortados sollozos, Solange, debería ser por estar fuera de ti de placer, no porque estás molesta con tus pensamientos. No estás lista para unirte a mí todavía. Cuando lo estés, querrás ocuparte de mis necesidades. Eso será la única cosa que tengas en mente. Dejarán de existir otras preocupaciones aparte de complacerme, como yo hago contigo ahora. Así es como debe ser.
    Los dedos trazaron los pechos y luego simplemente bajó la cabeza y tomó posesión de su boca. La sacudida de placer envió una corriente de electricidad directamente a su vagina. Ella gemía mientras la lengua se enredaba y se batía en duelo con la de ella. Nunca había besado a un hombre así. Ni siquiera una vez. Nada la había preparado para Dominic arrastrándola a un mundo sensual y deslumbrante, donde su propio cuerpo se negaba a ser de ella. Su reclamo era la cosa más dominante que jamás había experimentado.
    Esa boca se adueñó de la de ella e insistió en su obediencia. Ella no podría haberse detenido si hubiera querido. Además de la naturaleza apremiante y seductora de Dominic, podía saborear la lujuria oscura en él, la pasión que manaba por ella, tan fuerte como un río salvaje. Él parecía alimentarse de su boca, besándola una y otra vez, las manos fuertes enmarcándole el rostro mientras la devoraba.
    Justo cuando los brazos de Solange comenzaron a rodearle el cuello, él le mordió el labio inferior con la cantidad suficiente de fuerza para aguijonearla, enviando un dardo de fuego que pasó como un rayo de sus pechos a su sexo. Gimió otra vez cuando él trazó un camino de besos hasta la redondez de los pechos. Allí, la acarició con la nariz por un momento mientras el corazón de Solange saltaba y las caderas se volvían aún más inquietas.
    – Adoro cómo suenas. Tan sexy -murmuró contra el pezón.
    Antes de que ella pudiera responder, arrastró el pecho dentro de esa caldera extremadamente caliente que era su boca, chupando con fuerza, la lengua dando golpecitos y lamiendo, alternando con los dedos mientras tironeaba y hacía rodar el pezón. Ella oyó su grito roto y las caderas se agitaron. No sabía que pudiera ser tan sensible. Arqueó la espalda dándole mejor acceso, le rodeó la cabeza compulsivamente con los brazos. Trató de ahogar los pequeños sollozos de necesidad que surgieron cuando toda disciplina y pensamiento la abandonaron. Pequeñas luces explotaron detrás de sus ojos y la sensación la abrumó.
    Él le prodigó atención a los pechos. Sintió el roce de los dientes y oyó el cambio en la respiración de Dominic… por ella. Todo por ella. Él estaba en su mente, lo que aumentaba su placer, mostrándole a ella el de él. Amaba sus pechos. Podría pasar horas chupando allí, agasajando, jugueteando y atormentando. Algunas de las imágenes de la cabeza de Dominic eran chocantes, pero a pesar de ello muy eróticas, y en ese momento estaba dispuesta a darle cualquier cosa si acababa de aliviar la terrible y creciente urgencia de su cuerpo.
    El pelo rozó el estómago de Solange mientras bajaba besándola, deteniéndose sólo un instante para atormentar el ombligo antes de moverse aún más abajo.
    – Por esto -murmuró contra el desnudo montículo- no quiero nada entre mi boca y tu piel. Quiero que sientas todo lo que puedo darte.
    Las manos le acunaron el trasero y le levantó las caderas hacia su boca, la lengua pasó rápidamente sobre ella con un lánguido y casi perezoso lengüetazo. Pegó un salto y su grito la escandalizó. Ese sonido desesperado y necesitado no podía haber salido de ella.
    – Mmm. Delicioso. Sabes a néctar para mí. Espero que lo disfrutes, kessake, porque tengo el presentimiento de que este será uno de mis pasatiempos favorito.
    Se tomó su tiempo al principio, un tormento tierno y lento mientras besaba, lamía y exploraba hasta que ella estuvo retorciéndose debajo de su boca. La lengua se hundió profunda y la respiración de Solange salió de forma sibilante. Y entonces le acarició esa dura y pequeña protuberancia donde cada terminación nerviosa se concentraba. Ella casi convulsionó de éxtasis.
    Dominic se dio un festín, exactamente como si este fuera su pasatiempo favorito. La lengua experta nunca se detuvo y cuando golpeteó y luego chupó el clítoris, los gritos rotos se convirtieron en súplicas. Se tomó su tiempo, hundiendo los dedos profundamente mientras bebía a lengüetazos de su crema. Los temblores la atravesaban mientras gemía entrecortadamente, desesperada por lograr la liberación. El corazón de Solange latía desenfrenadamente, casi al mismo ritmo con la pulsación de su matriz. Su cuerpo serpenteaba más y más apremiante hasta que la sensación fue casi insoportable. Trató de empujarse sobre la boca; sacudiendo las caderas descontroladamente. El hambre dentro de ella aumentaba más y más sin un final a la vista. Tenía miedo de estar perdiendo la razón, moviéndose agitadamente sobre el tapete, los gritos y las súplicas llenaban la habitación.
    La boca implacable no se detuvo, la lengua chasqueó sobre la diminuta protuberancia inflamada, rápido y lento, luego hundiéndola profunda para extraer más néctar, empujándola más allá de cualquier límite que ella nunca hubiese considerado, más allá de cualquier fantasía. Sollozó, imploró y le prometió cualquier cosa si simplemente le permitía llegar al orgasmo. Las caderas se levantaron empujando contra la boca impotentemente. El tormento era exquisito, un placer tan profundo que rayaba con el dolor.
    – Dominic, por favor -suplicó-. Necesito…
    A mí. Me necesitas a mí.
    Las palabras resonaron en su mente. Él levantó la cabeza con ojos centelleantes, casi rojos rubí, una promesa feroz y oscura que por poco le detiene el corazón. Entonces Dominic bajó la cabeza y chupó otra vez en su punto más sensible, golpeteándolo con la lengua fuerte y rápido. Dos dedos la penetraron y ella se atragantó, gritando mientras su cuerpo se apretaba como un torno, el orgasmo recorriéndola rápido y duro, tanto que la espalda se le arqueó y las caderas se restregaron contra las manos.
    Las lágrimas le rodaban por el rostro y cuando levantó la mano para enjugarlas, él se movió sobre ella. Le quitó el sudor de la piel como si nunca hubiese estado allí, saboreando sus lágrimas como si fueran un vino fino, retirándole suavemente el cabello húmedo mientras ella bajaba de las impactantes ondas de puro éxtasis. Fue infinitamente tierno, tan amoroso que se sintió envuelta en un capullo de amor cuando hacía mucho tiempo había olvidado que tal cosa existía. Él le estaba dando algo que no tenía precio y no era el éxtasis de su cópula. Le hacía sentir esperanzas otra vez.
    La voz tranquilizadora de Dominic le murmuraba al oído diciéndole lo hermosa que era. Cuando encontró energía levantó la mano y recorrió las arrugas en su cara, el pequeño cordón de cicatrices que le llegaba hasta el hombro.
    – Me siento como si estuviera en medio de uno de esos cuentos de hadas que mi tía solía contarnos. -La voz era inestable, las pestañas estaban húmedas y puntiagudas y le temblaba la boca-. ¿Eres real, Dominic? ¿Me arriesgo a creer en ti?
    Él la levantó en brazos, acunándola cerca de su pecho.
    – Sí.
    Solange clavó la mirada en esos ojos autoritarios. Él no se movió ni habló. Sólo esperó. Estaba empezando a conocerlo ahora. No le importaba el tiempo que llevara que ella entendiese las cosas. Si necesitaba tiempo, él se lo daría. Algo cambió dentro de ella. Se sentía un poco expuesta; ese trocito de confianza se afianzaba y la hacía demasiado vulnerable a él. Nunca se había permitido necesitar a nadie, era muy fácil que la muerte se los llevara. Había aprendido esa lección a una edad muy temprana. Nadie estaba a salvo. Ni los padres, ni los hermanos recién nacidos. Ni los mejores amigos. Nadie. Si se atrevía a amarlos, pronto le eran arrancados.
    – No me has dejado devolvértelo -susurró ella.
    – Me has dado más que lo que puedas saber, kessake. Estás agotada. Descansaremos ahora y mañana comerás correctamente.
    Sonrió, demasiado cansada para decirle que sonaba como si estuviese dándole órdenes. Y tal vez lo estaba. Pero en este momento necesitaba desesperadamente irse a dormir. Ni siquiera le importó que él abriese la tierra y que descendieran suavemente dentro de ella mientras la abrazaba.

Capítulo 13

    Mi amante de ensueño y compañera,
    Conoces cada parte de mí.
    Estamos ligados para siempre, alma con alma.
    Sostienes mi corazón.
    De Dominic para Solange

    Dominic yació sin aliento un instante y luego al siguiente su corazón empezó a latir apresuradamente, el aire fue empujado a través de sus pulmones y sus ojos se abrieron de repente. Totalmente alerta, dejo caer los dedos sobre el grueso y suave pelaje que lo cubría. En algún momento durante el día, Solange había cambiado a su forma de jaguar. Algo la había molestado lo suficiente para que sintiera la necesidad de tomar la forma de su animal para protegerlos mientras él dormía.
    Minan, ¿estás despierta? Vertió amor en su voz. El sol no se había puesto aún, pero estaba cerca. Su cuerpo sentía el cosquilleo de la conciencia que le advertía que la noche no había descendido aún pero estaba cerca para que mantuviera su piel protegida.
    ¿Los oyes?¿Es lo que te despertó? Han estado trabajando alrededor de la entrada de la cueva durante algún tiempo, pero tus salvaguardas se sostienen. Brodrick no está con ellos.
    El jaguar femenino levantó el hocico y se estiró lánguidamente, como sólo un felino podía hacer, pero no saco sus garras para comprobarlas. El conjunto de lisos músculos ondeó bajo la lujosa piel de rico color rojizo y oscuros rosetones.
    No había necesidad de que te levantaras aún, ella añadió. Puedo alejarlos si están demasiado cerca. He estado estudiando la situación y sé a dónde los llevaré.
    Ésta era su mujer. Calmada. Flemática cuando se enfrentaba a la muerte. Podía manejar una temible batalla con mucha facilidad y cuando se enfrentaba a él era una mujer, era tímida y vulnerable. El contraste de sus dos lados era una de las muchas cosas que lo tenían intrigado. Ella era solo su mujer, ningún otro hombre vería alguna vez su atractivo y suave cuerpo, ruborizado, tan excitado, sólo para él. Nunca le mostraría su mirada aturdida, confusa a nadie más. La Solange que el mundo veía era sólo un lado de ella; él tenía ambas y esto lo complacía enormemente.
    Esperaba despertarte con un beso esta mañana. La diversión se desbordaba en su voz.
    El jaguar giró la cabeza hacia él, había travesura en sus brillantes ojos verdes. Su larga lengua salió y le raspó la cara. Él se echó a reír. El jaguar le sonrió abiertamente, muy contento con su trabajo. Dominic la empujó, usando su enorme fuerza, cayendo el gato lejos de su cuerpo en el rico suelo, luego se lanzó sobre ella.
    Solange se retorció quitándose de su camino de modo que él aterrizó de cuclillas a centímetros de ella. Siguió rodando, se puso de pie y se lanzo sobre él. Él se disolvió en vapor.
    Eso es trampa, le acusó, los ojos de su gata miraban la corriente de vapor que salía del profundo pozo hasta el suelo de la caverna. Sabía que a ella no le importaba. Ella tenía sus propias habilidades. Podía saltar unos seis metros y correr a casi cincuenta kilómetros por hora. Tenía una columna vertebral flexible y un radar que decía que él estaba… Su suave risa se burlaba de ella. Estaba buscando en el lugar equivocado.
    Ella saltó a la superficie detrás de él, mirando alrededor. Lo podía oler pero no verlo. Alzo la vista. Dominic cayó del techo aterrizando a horcajadas sobre su espalda, enredándole las piernas alrededor del vientre y los brazos fuertemente envueltos alrededor del cuello. Ella giró al instante, repetidas veces, hasta que sintió que aflojaba su agarre. Utilizando su enorme fuerza, ella saltó unos buenos tres metros en el aire, bajó la cabeza hacia la tierra y lo lanzó sobre su hocico. Él aterrizó de espaldas y antes de que pudiera volver a disolverse, Solange se abalanzó sobre su pecho.
    Riéndose, él literalmente la levantó, arrojándola por el aire, dio un salto mortal y se puso de pie. Ella era rápida y fuerte y él podía sentir la alegría estallar por su cuerpo ante el juego áspero y rudo. Casi había olvidado como jugar.
    Solange giró en medio del aire, atravesó el cuarto y cargó, levantándose sobre sus patas traseras en el último momento cuando se juntaron, apoyó las grandes patas delanteras sobre sus amplios hombros, con las manos de Dominic sobre sus patas. Bailaron en círculo, cada uno ejerciendo su fuerza sobre el otro, tratando de empujarlo. Dominic se encontró de repente más cerca, vientre contra vientre, envolviéndola con sus brazos, anhelándola de improviso.
    Cambia. Quiero sentirte cambiando en mis brazos. Él sabía que había seducción en su voz. Su cuerpo era implacable ante su necesidad de ella, las urgentes demandas eran cada vez más difíciles de ignorar, aún con sus siglos de disciplina. Quería excitar su suaves y exuberantes curvas, aunque no pudiera tenerla todavía. Necesitaba besar la perfecta boca, y si había usado inconscientemente su voz hipnótica, que tenía poco efecto en su real… línea de sangre, no podía evitarlo.
    Ella se rió suavemente, el sonido tarareó por cada terminación nerviosa del cuerpo de Dominic. Él sintió el deslizamiento de la mente de ella en la suya. Estabas pensando “real dolor en su culo”, pero cambiaste de opinión por si acaso yo escuchaba ¿verdad?
    Él frotó su cabeza contra el grueso y rico pelaje del hocico del jaguar. Estaba pensando en tu hermoso trasero, es cierto. Cambia, ahora mismo mientras te sostengo. Esta era una maniobra muy difícil, como lo era el cambio corriendo.
    ¿Me retas? Puedo hacerlo, lo sabes.
    Él la sintió brillar ante su seguridad. Su mente se torno más suave, más íntima, abriéndose más a él, como si su aprobación le permitiera relajarse en su compañía solo un poco más.
    Seré de más ayuda cazando de esta forma.
    Es verdad y puedes volver a cambiar cuando nos vayamos, pero ahora mismo me gustaría abrazar a mi mujer y darle las buenas noches. Lo cual era totalmente cierto, aunque él quisiera trazar un mapa de su cuerpo con las manos y la boca, además de aprenderse de memoria cada curva y cada valle para siempre.
    Él sintió el movimiento en su mente primero, ese impresionante momento cuando la mujer alcanzaba su forma; la mente rápida e inteligente, el suave y casi temeroso principio de su sensualidad, de su conciencia; la vacilación al descubrirse desnuda en sus brazos; la rápida reunión de valor para realizar lo que él le había pedido, porque adoraba complacerlo. Ansiaba la aprobación en sus ojos, en su mente, y la pequeña sonrisa que él siempre le otorgaba cuando hacia lo que le pedía. Lo cual no solo era humillante, sino también una tremenda responsabilidad.
    Sintió el tirón de sus huesos, el estallido y el crujido de la transformación de un cambiaformas. La piel retrocedió a lo largo de sus brazos y pecho. El hocico se retrajo. El jaguar giro la cabeza apartándola de él, dejando caer la barbilla para proteger su garganta expuesta.
    Mírame. Mírame a los ojos. No podía perderse la intensidad del momento. Verla viniendo a él. Necesitaba este momento. Tenía que examinar los ojos de su gata y ver aparecer a su mujer. Surgir solo para él. Porque ella nunca haría tal cosa con nadie más, dejar que alguien atestiguara su total vulnerabilidad en ese instante, cuando estaba completamente a su merced, incapaz de protegerse como jaguar o humana.
    Esos asombrosos ojos verdes brillaron para él. Toda inteligencia. Mirándolo a él, a su interior. Él mantuvo la mirada fija en la de ella, sosteniéndola en su momento más indefenso, viendo el miedo desgarrador, inhalando su lucha por confiarle su vida, con la misma esencia de quien ella realmente era. Sabía que ella luchaba con su propia naturaleza, esa naturaleza evasiva y salvaje que insistía en que permaneciera sigilosa, escondida del mundo. Pero por él, luchaba para exponerse en su posición más débil. Sus ojos cambiaron de manera sutil, todavía rasgados, todavía enormes, pero mucho más humana. Parecía casi aterrorizada, pero no apartó la mirada, tampoco se separó cuando su forma menuda se deslizó contra la de Dominic.
    Dominic sostuvo las suaves y sedosas curvas apretadas contra la dureza de su cuerpo, mirando la expresión cambiante de esos ojos, del miedo a la alegría. Sus largas pestañas se agitaron y la dulce timidez asomó en esos brillantes ojos verdes, una mirada que sacaba apresuradamente a la superficie cada instinto protector de él. Todavía sosteniendo su mirada inclinó la cabeza hacia la suya, tomándose su tiempo, lentamente centímetro a centímetro, queriendo verla encontrar su natural sensualidad. Necesitaba que ella lo deseara tanto como él necesitaba el suelo que día a día lo rejuvenecía.
    Los ojos de ella se volvieron somnolientos, atractivos. Sus labios se separaron con anticipación. La dejó sin aliento cuando sus labios se apoderaron de los de ella. Sus manos se deslizaron hacia las curvas de su real trasero y la levantó por la cintura, mientras tomaba posesión de su boca.
    Estaba muy duro; su erección llena y dolorosa, y por un momento la entrada acalorada descansó sobre la punta palpitante de su miembro, tentándolo más de lo que podía soportar. Pero ella tenía que saber a ciencia cierta lo que quería, por mucho que él no quisiera admitirlo para sí mismo, ella todavía no confiaba plenamente en él. No se había entregado completamente a él.
    Poniéndola sobre la manta tejida, sus manos le rozaron el cuerpo mientras la besaba. Cuando levantó la cabeza, ella parecía un poco aturdida, confundida y hasta decepcionada.
    – Buenas noches, Solange -saludó.
    La medio sonrisa de Solange se convirtió en un ceño fruncido cuando posó la mirada sobre la pesada erección que rozaba su estomago.
    – No entiendo. Claramente me deseas.
    – Sí. -Le sonrió, deslizaba el pulgar por el pequeño ceño fruncido de su cara.
    – .Te deseo.
    – Un poco. No lo suficiente. Solange, tienes dudas.
    Ella lo recorrió con su mirada, solo un pequeño y rápido movimiento, pero fue bastante para decirle que tenía razón. Solange sacudió la cabeza.
    – Realmente te deseo. Mi cuerpo está en un constante estado de excitación.
    Fue difícil para ella confesarlo. Podía ver que había tenido que hacer un tremendo esfuerzo para decirle la verdad. Pero se sentía victorioso porque lo hubiera hecho. Estaba mucho más cerca de aceptarlo de lo que él pensaba.
    – Como está el mío -estuvo de acuerdo él-. La diferencia es, kessake, que debo cuidar de tus necesidades. Tú también quieres cuidar de tus propias necesidades.
    Ella abrió la boca para protestar y luego la cerró de repente, su ceño se hizo más profundo. Le estudió la cara y luego su mirada se desvió hacia su desvergonzada y gran erección.
    – ¿No se supone que debe ser mutuo?
    – No para mí. Necesito sentir tu aceptación Solange. En tu mente, en tu corazón, en tu misma alma. Cuando ardas por complacerme, cuando sea la única cosa que te importe, entonces sabré que me aceptas.
    – Realmente te acepto Dominic. -Bajó las pestañas y su labio inferior tembló ligeramente.
    Él acarició con sus dedos su infinitamente suave mejilla.
    – Cuando tome tu cuerpo, Solange, no puede haber ninguna duda en tu mente. Pase lo que pase, te pida lo que te pida, debes confiar en mí para hacerlo sin dudar porque sabrás que cada pensamiento que tengo es para ti. Tu seguridad. Tu salud. Tu comodidad. Si yo te hiciera el amor ahora, satisfaría tu cuerpo, pero todavía te preguntarías si te amo por ti misma o porque tengo que hacerlo.
    Ella se estremeció. Definitivamente la había leído correctamente. Estaba preocupada por eso. No entendía como él podía estar enamorado de ella. No creía que fuera posible.
    – No soy una persona agradable, Dominic.
    Él le agarró el mentón con la mano y le levantó la cabeza hasta que su mirada verde se encontró con la suya.
    – Ni yo, Solange. No es así como me vería la sociedad. Tomo vidas, como haces tú. Tomo decisiones de vida o muerte cada día y lo he hecho durante siglos. No dudo de mí como tú, quizás porque llevo mucho tiempo persiguiendo a los no-muertos.
    – No es lo mismo. Los hombres jaguar son mi gente.
    – Maté a mi mejor amigo mientras aun tenía mis emociones, Solange. Habría matado a Zacarías si no hubieras interferido. Le salvaste la vida.
    Ella suspiró.
    – Simplemente no quiero que tengas una falsa impresión de quién soy.
    Él rió suavemente.
    – Examino tu mente y veo un alma hermosa. Brillas para mí. Ahora ponte uno de tus vestidos y come algo. Cazaremos más tarde.
    Ella respiró hondo y soltó el aire, cuando se giró sus dedos rozaron la pesada erección. La pene se sacudió. Cada terminación nerviosa se incendió. Ella le sonrió descaradamente y se dirigió a la pequeña alcoba, sus caderas tenían un balanceo definitivamente atractivo. Él no podía quitarse su sonrisa predadora.
    Miró mientras sacaba el largo vestido rojo metálico.
    – El verde. Quiero ver si hace juego con tus ojos.
    – ¿El verde?
    Había un pequeño hipo en su voz. No estaba completamente lista para ponerse un micro mini-vestido y desfilar delante de él sin otra cosa que la ajustada y ultra reveladora prenda. La estaba empujando fuera de su zona de confort, con fuerza, pero él no estaba seguro de cuánto tiempo más podría resistir. Había pasado de querer su confianza a necesitarla.
    Solange se humedeció los labios, pero no se dio la vuelta. Vaciló, pero se las arregló para obligarse a dejar el vestido y sacar el verde de tirantes. Le costó un poco de meneo conseguir que pasara por sus caderas. El material elástico se amoldó a cada curva. Las tiras, hechas de pequeños y delgados tirantes, se arrastraban por delante y por detrás, dejando desnuda la mayor parte de su piel. Los finos tirantes se ajustaron a sus hombros como si hubieran sido hechos para ella, como, se dio cuenta, así había sido. Esto le dio un poco más de confianza.
    Se cepilló el cabello espeso y ondulado antes de mirarse de verdad en el espejo de cuerpo entero. El vestido no solo hacía juego con sus ojos, sino que lucía su cuerpo. Las tiras exponían sus pechos, la tela apenas cubría sus pezones. Como era casi transparente, podían verse los pezones de punta a través del material. Las tiras formaban una V hacia el dobladillo del vestido de modo que mostraba su ombligo entre las delgadas tablillas y hasta vislumbró su pubis cuando se movió. Se giró para mirar por encima del hombro. Su espalda y trasero solo estaban cubiertos con las delgadas tiras. Podía ver la mitad inferior de su trasero asomando por el material.
    Se contempló, impresionada de cuan excitada se sentía solo vistiendo tal revelador atuendo. Era sexy, y más sabiendo que Dominic lo había hecho para darle la confianza de llevarlo puesto. Quería que él estuviera en tal estado de urgente necesidad que la próxima vez que encontrara una oportunidad, no fuera capaz de resistírsele.
    Cuando entró en la caverna las luces suaves jugaban sobre las paredes, la llama ardía sobre la laguna y había puesta una mesa con velas. Él vestía un traje. Alto. Hermoso. Magnifico. Estaba de infarto con su cabello largo recogido con una cinta de cuero y sus ojos cambiantes de un intenso azul turquesa. Sus amplios hombros y estrechas caderas estaban hechos para un elegante traje. Parecía más que nunca del Viejo Mundo. Muy galantemente le tomó la mano y con una pequeña reverencia besó sus nudillos, metió los dedos en el hueco de su codo y caminó con ella hasta la mesa. Le retiró la silla y esperó a que se sentara.
    – Puedo oír el latido de tu corazón -le murmuro inclinándose, con la boca en su oído mientras empujaba la silla-. Sigue el ritmo del mío.
    Para sorpresa de Dominic y su placer, Solange le sonrió y había seducción en su sonrisa. Ella se movió solo unos centímetros, pero los pechos se estiraron contra las pequeñas tiras delgadas del material, captando su atención. Los dedos de Dominic vagaron sobre la tela elástica deteniéndose un instante en los pezones.
    – Me complaces, Solange, haciendo lo que te pedí. Gracias.
    – Quería ver esa mirada en tus ojos -confesó, apartando la mirada.
    Él abrió la mano y le mostró unos pendientes de rubíes y esmeraldas que hacían juego con su pulsera.
    – ¿Puedo?
    – Por favor. -Ella se quedó quieta mientras se los ponía en las orejas. Esperaba que doliera, pero no fue así. Se tocó uno-. Combinan con el verde del vestido.
    – Las piedras hacen juego con tus ojos -corrigió suavemente-. ¿Qué mirada en mis ojos?
    Caminó hasta el otro lado de la pequeña mesa y se sentó frente a ella. Tomó una botella y vertió un líquido brillante en su copa y uno mucho más oscuro en la propia. La luz de la vela jugaba sobre la cara de Solange, acariciando su piel suave e iluminando sus ojos felinos. El deseo golpeó de forma malvada, un asalto inmediato y bastante brutal a su cuerpo. Era tan hermosa por dentro y por fuera, tanto si ella lo creía como si no.
    – Me gusta el modo en que me miras -dijo-, como si estuvieras contento conmigo cuando hago algo tan simple como llevar puesto lo que me pides. -Pasó la mano a lo largo de su muslo-. Es un vestido hermoso. ¿Pero no estás preocupado por los jaguares que están cazando cerca?
    La mirada de Dominic siguió la nerviosa progresión de la palma cuando ella se acarició el muslo desnudo. El vestido era muy sexy, su cuerpo estaba impresionante bajo las suaves luces parpadeantes. Adoraba cómo jugaban las luces sobre su cara. Ella no era experta en ocultarle sus pensamientos, así que se encontró casi volando cuando tocó su mente y vio el deseo de complacerlo, que hacerle feliz la excitaba. Estaba empezando a verse como él la veía: femenina, atractiva y totalmente suya.
    Le indicó que tomara un bocado de su filete. Esperó hasta que hizo lo que le pidió antes de contestar.
    – En realidad, dudo que nos estén cazando. Parecen nerviosos, no están cazando. Demasiados vampiros en un área significan que alguien de sangre caliente está en peligro.
    Ella empujó los pequeños bocados a un lado del plato.
    – Cómo has logrado todo esto, nunca lo sabré.
    – Nunca me he sentado en una mesa y compartido una comida -dijo él-. Es una experiencia nueva y muy agradable para mí.
    Descubrió que no podía apartar los ojos de ella. Todo lo que ella hacía le encantaba. La forma en que masticaba y tragaba. Sus miraditas nerviosas. La mano que bajaba para tirar del dobladillo imposiblemente corto del vestido. Cada vez que se movía en la silla, su trasero desnudo se deslizaba sobre la madera pulida y él vislumbraba la cautivadora tentación entre sus piernas.
    Se inclinó sobre la mesa y esperó a que alzara las pestañas.
    – Sueño con tomar tu cuerpo una y otra vez, mientras estás húmeda y caliente con tu néctar sabor a caramelo. Adoro oír el modo en que gimes y lloriqueas, una música tan hermosa, mi gatita. Quiero oírte rogar que nunca abandone tu cuerpo.
    Él mantuvo el mismo tono, como si estuvieran hablando de jaguares y vampiros. Los ojos de ella se abrieron de par en par. Su cuerpo se ruborizó y se movió inquieta en la silla. Él captó la esencia de su excitación. La pequeña lengua de ella salió disparada como una flecha para lamerse nerviosamente los labios. Bajo la delgada tela verde, los pezones se le endurecieron.
    – No puedes decirme cosas como esas.
    – Es cierto -señaló con la cabeza hacia el cuenco de fruta-. También necesitas comer algo de eso.
    – No puedo comer cuando dices cosas como esas. -Se apartó el pelo de donde se le había enredado alrededor de la cara. Las manos le temblaban-. Creo que desde que hemos llegado a casa, he estado en un constante estado de excitación.
    – ¿Eso es malo? -Los ojos de ella le intrigaban, pero había una pequeña reprimenda en su voz que envió una onda de calor a través de su cuerpo.
    – Lo es cuando se supone que tendríamos que estar concentrándonos en planificar cómo vamos a sobrevivir al irrumpir en una reunión con quién sabe cuantos vampiros, cuando a todos ellos les encantaría desgarrarte y darse un festín con tu sangre.
    – Antes de considerar el intentar sobrevivir a los vampiros, tengo que resolver un modo de sobrevivir a este implacable dolor que has puesto aquí. Se niega a irse, Solange. -La mano bajó deliberadamente hacia sus inmaculados pantalones, llamando su atención sobre el grueso bulto de allí-. Y tú lo pusiste ahí.
    Los ojos de ella cambiaron. La mujer dolorosamente triste desapareció, solo para ser reemplazada por una seductora. Mostró una sonrisa pequeña y bastante orgullosa mientras cogía el vaso de chispeante champán a la vez que cambiaba de posición de nuevo en la silla, atrayendo la atención de él a sus exuberantes pechos.
    – Es muy gratificante saber que no soy la única que está sufriendo.
    – ¿Estás sufriendo? -la voz de él bajó una octava.
    Ella se lamió las gotas de champán de los labios.
    – Sabes que sí.
    – ¿Por qué?
    – He tenido algunos sueños por mi cuenta -señaló ella-. Mientras tú dormías, he pensado en todas las cosas que me gustaría hacerte.
    – Ahora tienes toda mi atención. -Se sentó en la silla, con el corazón palpitante. Por fin. Estaba pensando en él y en la mejor manera de darle placer. Podía ver la determinación en su expresión y en esa sexy e intrigante inclinación de su boca.
    – En realidad -le corrigió ella, jugando con el pie de la copa-, siempre tengo toda tu atención, tu completa y absoluta atención. Me haces sentir no sólo hermosa, sino importante y sexy y todo lo que tú necesitas. Me haces sentir importante.
    – Eres todas esas cosas.
    Ella comió otro bocado de su bistec con un pequeño ceño de concentración en la cara.
    – He tenido mucho tiempo para pensar en cosas mientras estabas durmiendo, y me he dado cuenta de que en realidad todo tiene que ver con el valor. Tengo que encontrar el valor de ponerme a mí misma totalmente en tus manos. -Entonces levantó la mirada hacia él, los ojos mostraban la misma determinación, pero esta vez mezclada con temor-. Eso es lo que me estabas diciendo, ¿no?
    Él asintió. En ese momento de auto-descubrimiento, ella estaba más hermosa que nunca para él.
    – Quieres que reconozca que esta parte de mí es absolutamente tan importante como la luchadora.
    – No sólo importante para mí, Solange -estuvo de acuerdo él-, sino también para ti.
    – Es mucho más fácil considerar todo esto cuando estoy en mi forma de jaguar. Me siento segura.
    – Quiero que te sientas segura conmigo.
    Su ceja se alzó.
    – Sí y no -señaló ella, demostrándole que era tan astuta e inteligente como él había sospechado-.Te gusto un poco desequilibrada. Tengo el presentimiento de que enredarme contigo es un poco como jugar con fuego. -El pulso del lateral de su cuello palpitó-. No quiero quemarme.
    Él le mostró una sonrisa depredadora.
    – Solo tú puedes decidir si vale la pena entregarte a mi cuidado. Solo tú puedes decidir confiarme tu corazón, Solange.
    Ella dio un bocado a la manzana con expresión pensativa.
    – Si hacemos esto, Dominic…
    – Cuando -la corrigió él-. Cuando hagamos esto. Porque kessake, no hay duda de que me perteneces. Llegarás a aceptarme finalmente. -Estaba tan cerca. Podía sentir cómo su mente se extendía hacia él, queriendo entregarse, pero el temor de una traición la mantenía paralizada. Le gustaba que estuviera trabajando en ello, analizando cada paso cuidadosamente, como haría su gata. Su reticencia la hacía quererla incluso más.
    Ella tomó aire.
    – Cuando hagamos esto, tendremos un futuro. ¿Qué significa eso para ti?
    – Te uniría a mí, por supuesto -dijo él, clavando su mirada en ella para que no fuera capaz de apartar la vista.
    Ella tragó casi convulsivamente.
    – Está bien, entendí eso. ¿Pero luego qué?
    – Tomaré tu sangre… y tu cuerpo… y te haré completamente mía. -No había ningún compromiso en su voz, o en sus ojos.
    Sus pechos subían y bajaban mientras respiraba de forma irregular. Dejó el tenedor y cogió una vez más la copa aflautada.
    – Siempre haces que todo suene tan simple.
    – Es muy simple, Solange. Cuando estamos en una batalla, confías en mí con tu vida, al igual que yo hago contigo. Aquí, cuando estamos solos, tienes que otorgarme la misma confianza. Ya tengo tu total sinceridad, y eres más leal que nadie que haya conocido nunca. Yo te daré esas mismas cosas a ti todo el tiempo.
    Solange se humedeció los labios de nuevo.
    – Confío en ti -dijo. Había vacilación en su voz.
    Él le sonrió.
    – Estás empezando a confiar en mí, y encuentro eso un asombroso regalo. Gracias por creer en mí. Estás sentada ahí llevando un vestido que hice para ti porque quieres complacerme. Y haces mucho, mucho más.
    Ella se ruborizó ligeramente, el color resaltaba el verde de sus ojos.
    – Dominic, ¿qué hay de después? Juliette fue convertida. Mary Ann, también. ¿Todas las compañeras se convierten?
    – Por regla general, pero es una elección. Si escogieras no hacerlo, envejecerías y morirías, y entonces, por supuesto, yo escogería envejecer y morir cuando tú dejases esta vida por la siguiente.
    La llama de la vela titiló, lanzando una sombra oscura en la pared. Dominic se incorporó inmediatamente. Ningún enemigo podía penetrar sus salvaguardas. Lo sabía. Hasta ahora… Se giró lentamente, rastreando la oscura sombra.
    Lo vislumbró justo un momento. Se camufla dentro de la oscuridad mientras cesa todo movimiento.
    Solange se quitó el vestido por la cabeza y lo depositó cuidadosamente sobre la parte trasera de la silla como si fuera precioso para ella. No había ni rastro de pánico en sus movimientos, y Dominic quiso sonreírle. Era la mujer idónea para él, sin lugar a dudas. Toda eficiencia. Cualquier otra cosa se dejaba a un lado, todas las dudas y temores se desvanecían, allá iba su fuerte guerrera, espalda contra espalda con él, contra cualquier adversario.
    ¿Vampiro? ¿Jaguar? Él no podía oler un enemigo, pero cada instinto le decía que ya no estaban solos.
    No lo creo. Mi jaguar puede sernos de más utilidad.
    Cambió sin preguntarle si podía, confiando en sus propios instintos como siempre había hecho en la batalla. A pesar del peligro, él sintió el primer atisbo de inquietud ante la idea de perderla. Ella había sido la única en preocuparse por qué ocurriría si algo le sucedía a él, pero en estos extraños momentos, sabía que no querría afrontar la vida sin Solange. Sin su espíritu fiero y luchador y la sensual, tímida mujer que estaba llegando a conocer.
    Déjame ir delante de ti.
    Cada músculo en el vientre de Dominic se retorció sobre sí mismo en un apretado nudo de protesta. No sabía con lo que estaban tratando. Ella no le había preguntado en realidad, ni siquiera le había dicho que necesitara tenerlo cerca y el guerrero decía que sí mientras que el hombre decía no. Descubrió que estaba en guerra con sus propios instintos.
    Mi gata está furiosa. Sabe que tenemos compañía.
    Ella no hizo ninguna petición, simplemente esperó. Dominic no podía obligarse a dar un paso tras el gran animal, por lo que se deslizó por el lateral. Ella se sentó sobre los cuartos traseros y levantó el hocico.
    Le gusta la oscuridad. Ilumina la habitación.
    Dominic lo hizo sin vacilación y percibió un destello de algo que pasaba rápidamente por las paredes a la grieta de la cercana charca, donde manaba el agua. No pudo identificarlo, pero ahora que se había fusionado con Solange, sus sentidos se volvieron diferentes y pudo “sentir” a la criatura. No tenía la misma sensación de ello que Solange. Ella y su gata eran una y la misma, y ella podía dar sentido al patrón del jaguar en su mente
    Nunca he encontrado algo como esto.
    Dime.
    Parece muy pequeño, algo así como un gato doméstico, pero lleno de sombras, como si no tuviera sustancia del todo. Entró a través del agua, por lo que nada.
    Él había visto cuatro patas nítidas, por lo que era un animal, o al menos lo había sido. ¿Garras? ¿Pies palmeados, quizás?
    Dominic inhaló profundamente y notó que el jaguar confiaba en el oído y la vista. Había un leve olor a engaño en la criatura, por lo que él no pudo identificarla de esa manera.
    Quizás ambos. Se ha metido en la oscuridad antes de que pudiera obtener una impresión. He oído el roce de pelaje contra las paredes de la cueva. Sólo un susurro, le informó ella.
    ¿Nos está cazando?
    Esta cazando algo. No huelo miedo. ¿Y tú?
    No. Ahora que sabía dónde estaba escondida la criatura, se disolvió en vapor, atravesando la sala como un rayo para verterse dentro de la grieta. Un aullido llenó la caverna y la cosa se lanzó a través del aire, con las garras extendidas, apuntando a los ojos del jaguar.
    Solange se retorció en el último segundo, y las garras de la criatura le dejaron profundos surcos a lo largo del cuello y bajando por su costado mientras caía al suelo. Dominic, fusionado como estaba con Solange, sintió la quemadura en carne viva, el ardiente dolor mientras el gato sombra atacaba. Ella se revolvió y desgarró al intruso. Sus enormes garras atravesaron directamente a la insustancial criatura. Le llevó un segundo saltar y salir disparada hacia el interior de las sombras cerca de las rocas y de la entrada de la cámara, una vez más reducida al tamaño de un pequeño gato doméstico.
    ¿Estás bien? Él mantuvo la preocupación alejada de su voz. No sería bueno para ninguno de los dos. Ella podía manejarse en una pelea… incluso contra vampiros. Esa… cosa… no la alteraría.
    Ella le dedicó el equivalente mental de un encogimiento de hombros, reforzando su creencia en ella. ¿Qué es?
    Algo muy peligroso. Dominic apareció de nuevo otra vez a su lado. Aléjate de mí, pero déjate bastante espacio por si ataca de nuevo.
    ¿Crees que me está cazando? Una vez más la voz de ella estaba muy calmada.
    Probaremos esa teoría. Le dejaré entreverme.
    La oyó contener la respiración, pero no protestó, confiando en que él sabía lo que estaba haciendo. Dominic se movió para bloquear la visión que la criatura tenía del jaguar, llenando la caverna con su poder y presencia, aumentando su estatura. Solange permaneció muy pequeña tras él agachándose cerca del suelo aunque, según notó Dominic, alejada de las paredes, donde tendría espacio para maniobrar.
    Dominic se concentró en intentar alcanzar a la criatura con su mente. No había nada en absoluto. Ni vacíos como los que los no-muertos o una abominación de la naturaleza podrían dejar; realmente nada, como si la criatura no fuera real. Lo consideró. ¿Una alucinación compartida con Solange? Sabía que podía ser posible, aunque improbable. Era un antiguo y difícil de engañar. Y la sangre que manchaba el pelaje del jaguar era muy real.
    El sonido de polvo cayendo de las paredes de la caverna fue su único aviso. Giró la cabeza y captó un atisbo de una sombra escabulléndose rápidamente a lo largo del techo sobre su cabeza, pareciendo una veta de negro, alargándose con cada salto.
    Llegando a ti, la advirtió mientras saltaba al aire para intentar poner sus manos sobre la cosa.
    Sus palmas se encontraron, pasando a través del gato sombra, pero sintió una respiración caliente, y justo cuando la criatura saltó a su lado, el roce de piel áspera.
    Solange encontró al gato en el aire, esta vez clavando profundamente su amplio hocico y una boca llena de dientes en la cavidad torácica. De nuevo, atravesó al gato, pero éste se dio la vuelta cuando ella empezaba a caer, agarrándose a su espalda con las garras y hundiéndole los dientes en el cuello, derribándola. Rodó sobre sí misma, rugiendo, mientras los dientes profundizaban, buscando la vena.
    Dominic golpeó con fuerza, arrancando al gato de la espalda de Solange y arrastrándolo lejos de ella. Sintió pelaje, fuertes músculos y gotas de sangre sobre su cara, y entonces la criatura se volvió insustancial de nuevo, escurriéndose de su agarre para ser una vez más nada, sólo una sombra.
    Solange. ¡Háblame!
    La respiración de ella siseó en una silenciosa agonía. Cambió, apretándose el cuello con la mano. La sangre caía entre sus dedos. Dominic giró y la atrajo hacia él, presionando la palma sobre la herida para cauterizarla y parar el flujo de preciosa sangre.
    La criatura surgió del suelo, una vez más volviéndose sustancial, bebiendo ferozmente a lengüetazos la sangre del suelo.
    Cierra los ojos. Como precaución protegió los ojos de ella él mismo, poniéndole la mano sobre la cara.
    Saltaron llamas de la vela de la mesa, uniéndose con la que se alzó del fondo de la charca. Una luz blanca irradió por toda la caverna, un resplandor cegador que golpeó a la criatura antes de que pudiera escabullirse. Ésta dio un alarido y estalló en llamas azul-violáceas, extendiéndose a través de la sala, creciendo hasta ser una sombra gigante con una boca enorme y abierta llena de dientes afilados. Las piernas se le quedaron rígidas y la columna se le dobló.
    Dominic pudo ver una pequeña extremidad en forma de tubo dentro de la boca llena de sangre… sangre de Solange… y su corazón se saltó un latido cuando la comprensión despuntó instantáneamente. El gato sombra había sido enviado para recolectar su sangre. Alguien más sabía de su sangre real y la quería para sus propios propósitos maléficos.
    Los ojos de la criatura se fijaron en Dominic por primera vez, aparentemente percatándose de su presencia. Los ojos giraron, de negro a rojo, idos y vacíos. De repente, por un momento de los que paran el corazón, fueron de plata brillante, contemplando con inteligente malicia la sala, buscando.
    Antes de que esos ojos pudieran centrarse en ellos, Dominic llevó a Solange directamente al suelo, cubriendo su cuerpo con el suyo, la mano todavía sobre los ojos mientras la boca grotescamente abierta se ensanchaba y los ojos plateados barrían la habitación.
    Dominic sacudió su mano hacia el fuego, abanicando el aire en un turbulento torbellino que convirtió las llamas en una furiosa bola ardiente. Los ojos de plata regresaron al vacío azul-violáceo. La boca se abrió aún más, emitiendo un desgarrador alarido de horror mientras las llamas consumían a la criatura. En medio de las llamas Dominic pudo ver una diminuta esquirla negra de una sombra que intentaba separarse desesperadamente y escabullirse hacia el agua. Dominic dirigió la bola de fuego hacia ella, contemplando con satisfacción como el último vestigio se convertía en ceniza, completamente incinerado. Una nauseabunda fetidez impregnó el aire, y una vez más envió el viento a romper contra la caverna para ventilarla.
    Bajo él, Solange estaba extremadamente quieta. Le levantó la mano de sus ojos y le apartó el pelo, él corazón atronando con fuerza.
    – Háblame, minan.
    Ella se movió, levantó los párpados hacia él… y sonrió. El corazón de él tartamudeó. Había sangre por toda su mano, cubriendo el cuello y el hombro de ella, había profundos arañazos que rasgaban su piel a lo largo de las costillas y bajaban por su cadera izquierda, pero le sonreía. Los ojos verdes estaban totalmente lúcidos. Podía ver el dolor reflejado en ellos, pero aún así se sentó, levantando una mano para tocarle la cara.
    – No me mires de esa forma. Estoy bien. Las he tenido peores. Gracias por parar el sangrado. Puede que no hubiera sido capaz de hacerlo por mí misma.
    Tiritó y él instantáneamente la envolvió con una manta, el edredón con todos esos símbolos sanadores. Solange sacudió la cabeza.
    – No quiero llenarlo de sangre. Es demasiado bello y odiaría estropearlo.
    – Déjalo -le pidió él, manteniendo el cobertor en su sitio-. Puedo quitarle la sangre. Simplemente siéntate aquí un minuto, Solange, mientras te limpio. Estas en estado de shock.
    – No, simplemente estoy conmocionada porque esa cosa haya conseguido atravesar tus salvaguardas y entrar bajo nuestras narices. Podría haberme matado. Estaba succionando mi sangre rápidamente, más que intentar acabar conmigo. ¿Qué era? -su voz era débil y ronca, como si su cuello hubiese sido dañado en el ataque. Carraspeó varias veces y tosió, llevándose la mano hacia la boca para cubrirla.
    Dominic le bajó la mano. La palma estaba manchada de sangre. La levantó y abrió la tierra, haciéndoles flotar hacia el interior dela fértil tierra. La envolvió en el edredón.
    – Voy a curarte, kessake. Simplemente descansa. Lo discutiremos en el próximo alzamiento. Mientras tanto, salvaguardaré incluso nuestra agua y las muchas rendijas de las rocas.
    Ella tocó su cara de nuevo.
    – De veras que estoy bien, Dominic. -Las pestañas se agitaron y bajaron a la deriva.
    Dominic sintió el suave susurro del temor arrastrándose hacia abajo por su columna, un susurro que creció en aras del miedo cuando la respiración de ella se volvió dificultosa. Solange ¡No me dejes! El dolor fue agudo y terrible y por ello inesperado. Ella se había enroscado apretadamente en su corazón. Emitió la orden con cada gramo de fuerza que tenía y se puso a trabajar frenéticamente en ella. Hizo falta que saliera tres veces de sí mismo y entrara en ella antes de localizar las diminutas gotas de veneno dejadas por el gato sombra asesino.

Capítulo 14

    Mi amante soñado y compañero,
    Conoces cada parte de mí.
    Estamos unidos para siempre, alma con alma.
    Sostienes todo mi corazón.
    De Solange para Dominic

    Solange volvió en sí lentamente, poco a poco en vez de repentinamente como hacía normalmente. Podía oír su corazón latiendo con fuerza en su pecho y el pulso rugiéndole en los oídos. Sentía la mente lenta y confusa y el cuerpo dolorido. Estaba muy desorientada y no podía mantener los ojos abiertos, lo cual la aterrorizaba. Comenzó a luchar tratando de abrirse camino y salir del sueño, sabiendo que nunca estaba a salvo y que la vigilia era uno de sus momentos más vulnerables.
    – Estoy contigo, Solange.
    La voz de Dominic penetró las capas de miedo que sentía por no ser capaz de funcionar correctamente y se calmó, consciente de que estaba en sus brazos. Inmediatamente se sintió segura y protegida, una sensación con la que no estaba familiarizada del todo. Podía oler su aroma masculino e inhaló para atraerlo más profundamente a sus pulmones. La tensión retrocedió aún más.
    Se humedeció los labios secos y buscó su voz.
    – ¿Qué pasó? -Tenía la garganta muy irritada y mucha sed.
    – Fuiste atacada por una criatura de las sombras. -Sus manos peinaron hacia atrás su cabello-. Trata de abrir los ojos para mí, hän sívamak, amada. Me has asustado un poco y he de dcir que eso que no me hace feliz.
    Ella no pudo evitar la sonrisa ante el filo de su voz. Que lo había asustado era evidente, y que no le gustaba. De algún modo eso la caldeó aún más.
    Él se inclinó más cerca, con los labios contra su oído.
    – No pareces complacida después de haber estado luchando por tu vida en estos dos alzamientos. Soy muy capaz de castigarte por asustarme.
    Sus pestañas revoloteaban y contuvo la oleada de risa con todas sus fuerzas ante la irritación masculina de su voz, que no era propia de Dominic. Al parecer lo había llevado al límite de su paciencia y ni siquiera había sido consciente.
    – Si me castigas cada vez que te asuste, creo que vamos a tener problemas.
    Encontró la energía para levantar las pestañas. La cara de Dominic quedó enfocada. Todos esos bordes duros y fuertes. Ese magnífico rostro. Sus ojos, azul medianoche, oscuros por la preocupación. Podía ver la tensión donde antes nunca había estado. En realidad parecía agotado. Las horas tratando de salvarla se habían cobrado su precio y no parecía que la tierra le hubiera rejuvenecido mucho.
    – Lo siento, Dominic.
    Él la besó, un largo, un lento e increíblemente tierno beso. Las lágrimas brotaron de sus ojos y ella parpadeó para alejarlas. Podía sentir cómo el cuerpo de Dominic temblaba contra el suyo.
    – De verdad que lo siento. No parecía que la herida fuera gran cosa -reiteró-. Sabía que tú podías detener la hemorragia, así que no estaba preocupada.
    – La criatura inyectó tres gotas de veneno en tu torrente sanguíneo. Costó varias sesiones de curación encontrarlas. Sabía que algo andaba mal, estabas alejándote cada vez más de mí.
    – ¿Veneno?
    Él sacudió la cabeza.
    – No creo que la intención fuera matarte. Has sufrido una reacción al veneno. Si la intención hubiera sido esa, la criatura de las sombras te habría inyectado una dosis letal.
    Ella le indicó que quería sentarse. Él se movió, sujetándola, permitiendo que se enderezara con mucha cautela. Solange sintió unas pocas nauseas, pero después de inhalar profundamente unas cuantas veces, logró contenerlas.
    – ¿Qué fue?
    – Si tuviera que adivinar, diría que era muy parecido a los trucos de un mago experto. Xavier ha sido destruido, sé que es cierto, pero le estudié durante años. Usaba criaturas para espiar. En todos mis siglos, nunca me he encontrado con nada parecido, pero he tenido tiempo de considerarlo. Las salvaguardas no lo detuvieron porque llegó a través del agua como una sombra. Deben haber conseguido una muestra de sangre, algún modo de rastrearte a ti específicamente.
    Ella respiró hondo.
    – Brodrick. Su jaguar me mordió y me arañó. Mi sangre estaría por todo su cuerpo. No he visto magos con demasiada frecuencia en esta área, pero de vez en cuando alguno se presenta. Debe haber utilizado uno para rastrearme.
    – La criatura tomó más de tu sangre para llevarla a quien quiera que la envió. Creo que el veneno era para paralizarte, de esa manera serías incapaz de resistirte en caso de que volvieran para cogerte prisionera.
    La voz de Dominic era sombría y bajo las pestañas ella le echó un rápido vistazo. Le frotó la mandíbula con la mano donde un músculo palpitaba, revelando su subyacente estado de ánimo de furia contenida.
    – Dominic, no importa dónde estemos, vamos a tener enemigos. Ambos. Debes haber hecho muchos en tus siglos de existencia, y aquí, desde luego, yo tengo. Independientemente de lo que tuvieran intención de hacer conmigo, no sucedió. Tú lo impediste.
    – Te atacaron en nuestra casa, delante de mis narices.
    – Nuestras narices -le corrigió suavemente. Clavó la mirada en él-. ¿Qué te molesta en realidad, Dominic?
    Él siseó y sus ojos se convirtieron en verde glaciar.
    – Te di mi palabra de que estarías a salvo conmigo cuando estuviéramos solos. Alguien casi te mata y no sólo me asustó como el infierno todas esas horas intentando desesperadamente encontrar lo que se me estaba escondiendo, mientras te alejabas de mí centímetro a centímetro, sino que tuve que afrontar el hecho de que te fallé.
    Una lenta sonrisa iluminó la mirada de Solange y se inclinó para rozarle el cuello con la nariz.
    – Dios mío, Dominic, no eres perfecto. ¿Tan terrible es eso? -Rió suavemente-. Me mantuviste a salvo. No estoy muerta ¿verdad?, si la situación hubiera sido al revés dudo que yo hubiera podido salvarte. No tengo tu capacidad de sanar.
    La envolvió entre sus brazos aplastándola contra él. Por un momento ella pensó que corría peligro de que le rompiera todas las costillas, pero se derritió contra él sin resistencia, reconociendo su necesidad de sostenerla tan cerca como fuera posible. Cuando él suavizó su fuerza y permitió unos centímetros entre ellos, ella inclinó la cabeza para mirarlo a la cara.
    La noche había hecho mella en él. Su imperturbable hombre tranquilo en todas las circunstancias, había estado muy angustiado por ella.
    – Vamos a rastrear cualquier pista del remitente -sugirió ella-. Mi jaguar no será de demasiada ayuda al principio, no a través del agua. Voy a tener que dar la vuelta a la fuente, pero tú puedes seguirlo a través de las grietas por donde entra el agua.
    – ¿Cómo se rastrea a una sombra? -preguntó él en voz alta.
    – Es un truco de magia, ¿verdad? -preguntó-. Así que hay una huella. Sólo tenemos que encontrarla. Tú lo sabes mejor que yo. Estás un poco conmocionado en este momento. Buscamos olores y pistas tras las que ir, pero tú puedes bloquear la ilusión del mago. -Vertió su confianza en él con su voz y su mente-. ¿Puedes?
    Su sonrisa tardó en llegar. El verde de sus ojos brillaba hacia azul turquesa.
    – Creo que sería posible. Me miró, justo antes de que lo destruyéramos.
    Solange no puntualizó que ella no había tenido nada que ver con la destrucción del gato sombra, que todo había sido obra de él. Habría perdido la vida si no hubiera sido por él.
    – Los ojos estaban vacíos y entonces, sólo por un momento, cambiaron, se volvieron inteligentes y plateados.
    Ella sintió la preocupación en su mente, aunque parecía ser sólo la misma especulación de su voz.
    – ¿Qué significa eso?
    – Algunos magos, muy pocos, pueden poseer otro cuerpo, dejando fragmentos de ellos tras de sí. No es lo mismo que un lazo de sangre, lo que los Carpatos utilizan para rastrear a quién nos pueden traicionar. Una vez dentro del huésped, el mago puede forzar al cuerpo a hacer su voluntad. Hasta donde sé, ningún vampiro lo ha logrado jamás. Y ningún carpato decidiría hacer una cosa tan repugnante.
    Todo en ella se inmovilizó. Incluso el aliento en sus pulmones.
    – ¿Podría hacerlo alguien como yo? ¿Un jaguar? -Podía oír el rugido de su propio corazón en los oídos.
    – ¿Brodrick?
    Ella se mordió nerviosamente el labio.
    – Le dije que yo era su hija. No me dio el mordisco mortal en el cráneo cuando aterrizó sobre mi espalda, y pudo hacerlo. Fui muy vulnerable durante un momento, y eso era todo lo que habría necesitado, pero dudó. Me mordió y tenía mi sangre sobre él. Tal vez no estaba seguro de que dijera la verdad, pero su jaguar debería haberlo sabido, de modo que no tiene sentido.
    – Tendría que ser un mago entrenado para realizar tal hazaña. No sería fácil, y dudo que se haya tomado el tiempo necesario para un entrenamiento tan complejo -dijo Dominic.
    Ella dejó escapar un suspiro de alivio.
    – Pero tienen la sangre que llevaba él para rastrearme, así que por lo menos conoce al mago, y tiene que ser un mago el que ha enviado a esa criatura. Brodrick sabría de su cooperación. Cambió la sangre por algo de valor.
    – Sabemos que tiene una alianza con los vampiros.
    Solange se apartó el pesado cabello mientras suspiraba.
    – Los otros hombres jaguar no están protegidos de los vampiros o de los magos por su sangre.
    – Sabemos que tú tienes algo extraordinario en tu sangre -estuvo de acuerdo Dominic-. He tenido un montón de tiempo para estudiar lo que estaba pasando en mi cuerpo, así como en el tuyo. Tal vez los magos tienen necesidad de ella por alguna razón, y cualquiera dispuesto a forzar el cuerpo de otro que esté a sus órdenes no debe tener acceso a tu sangre.
    – Vamos a ello entonces. Nunca esperará que seamos capaces de rastrear a su criatura de vuelta hasta él. Cualquier persona lo suficientemente arrogante como para tomar posesión del cuerpo de alguien creerá que es demasiado poderoso para ser capturado.
    De repente, ella fue consciente de su cuerpo. Había estado tan a gusto con él que no se había dado cuenta de que había despertado desnuda. Se sentía bien no estar preocupada por lo que él pudiera pensar de ella. Ella ya lo sabía. No tenía vergüenza o deseo de esconderse de él. En todo caso, se sentía un poco sexy y muy cuidada. Él le había dado una confianza en sí misma que nunca creyó que tendría. No odiaría más sus cicatrices. No le importaba ser demasiado curvilínea para los estándares de la sociedad moderna. Sobre todo apreciaba que sin importar si llevaba vaqueros y camiseta, lista para luchar con él, o si estaba desnuda después de la transformación, o solamente juntos cara a cara como un hombre y una mujer, no tenía que ocultarle quién era.
    Él le había dado el regalo de la libertad, de la aceptación, y, alzando la vista a su cara, le abrió el corazón y lo acogió en su interior. Su momento de revelación fue despertarse en sus brazos para verlo castigarse a sí mismo por lo que pensaba que era una imperfección.
    – ¿Por qué me miras así, kessake? -preguntó.
    Ella pudo ver aparecer el conocimiento en sus ojos y sonrió.
    – Creo que estoy locamente enamorada de ti, mi amigo Buscador de Dragones.
    – Amante -corrigió el.
    Ella le ofreció una sonrisita.
    – Todavía no. -Se estiró lánguidamente como sólo un gato podía hacer. Se estiró sensualmente como sólo una mujer segura de sí misma podía hacer-. Vámonos de caza.
    Él gimió.
    – Eso ha sido simplemente malvado.
    La sonrisa de ella se convirtió en una sonrisa completamente arrogante.
    – Ahora finalmente estás viendo a la Solange real.
    – Me gusta la Solange real.
    – Bueno, nadie ha certificado que estés cuerdo, ¿verdad? Sácanos de aquí.
    La envolvió en sus brazos y flotaron fuera de la tierra profunda.
    – Te estás convirtiendo en una cosita mandona. Puedo ver que te he dado un margen demasiado amplio, mujer.
    Ella no iba a poner a prueba la amenaza de su voz. Él tenía un lado decididamente malvado, definitivamente muy sexual, y ella no iba a meterse a sí misma en problemas. Su confianza crecía con cada minuto que pasaba en su compañía, pero tenía la sensación de que él sabía mucho más sobre su cuerpo que ella, y de que utilizaría esos conocimientos en su beneficio. Le acarició el cuello con la nariz.
    – Siempre hueles tan bien.
    – No debería dejar que escaparas distrayéndome.
    Ella le rodeó el cuello con los brazos y levantó la boca hasta la suya, su primer riesgo audaz de iniciar cualquier tipo de contacto físico real entre ellos. Se sentía muy valiente, y su corazón casi estalló cuando los labios de Dominic se movieron bajo los suyos, separándolos para atraer la lengua de ella a su boca. No había ninguna vacilación, sólo la misma impaciencia ardiente que sentía ella. Sus besos la hacían estremecer, la enviaban a otro mundo de sensaciones puras donde se perdía a sí misma, donde su cuerpo ardía en llamas.
    Se apretó con fuerza contra él. Le dolían los pechos, y como siempre, estaba mojada y dispuesta para él. No le molestaba que lo supiera. Quería que lo supiera. Se enorgullecía de su reacción ante sus besos inflamados y ardientes.
    – Eres tan guapo -murmuró contra su boca-. Realmente, verdaderamente guapo, Dominic. Gracias por salvarme la vida.
    Los dedos de Dominic enterrados en su pelo le echaron la cabeza hacia atrás. Su matriz se apretó en respuesta a la repentina agresión.
    – Muchísimas de nada. Pero hablaba en serio cuando lo dije. Nunca vuelvas a asustarme así. Si lo hace te meteré en una burbuja impenetrable.
    Ella se rió a carcajadas.
    – Probablemente podrías hacerlo. Vamos. Estoy un poco preocupada por si ese mago te vio, podría identificarte ante los vampiros. Si está aliado con Brodrick podría muy bien estar también en estrecha relación con los vampiros y haría volar tu tapadera.
    – Protegiéndome de nuevo, ya veo.
    Ella se encogió de hombros.
    – Funciona en ambos sentidos. Yo no podré elaborar una burbuja impenetrable, pero puedo encontrar otra cosa.
    Él le alborotó el cabello, masajeando su cuero cabelludo donde había sido tan rudo antes.
    – Apuesto ‹ que podrías, mi pequeña mujer guerrera. Cuando tengamos hijos, hazlos todos niños. Pequeñas niñas correteando sin temor será demasiado para mi corazón.
    Solange se alejó un paso, girando la cabeza apresuradamente. Sabía que nunca sería capaz de ocultar la conmoción que sus burlas habían producido. El corazón le latía con tanta fuerza que temió que pudiera estrellarse con su pecho. ¿Niños? ¿Plural? Una familia. Se mordió el labio con fuerza. Supuso que era la progresión natural de una relación comprometida. Dominic siempre iba cinco pasos por delante. Ella todavía estaba de puntillas con lo de tenerle dentro de ella y él ya estaba pensando en niños.
    – Estas hiperventilando. -Había diversión en su voz. Una diversión masculina satisfecha y ronroneante.
    Solange lo fulminó con la mirada.
    – Lo has dicho a propósito.
    Definitivamente la mantenía desequilibrada, y en cierto modo era estimulante. Nunca podría estar con un hombre al que pudiera pisar, y mucho menos con alguien que no estimulara su inteligencia. Le gustaba que él jugara. Había olvidado la risa y la burla. Había olvidado cómo jugar y con él esto era pura diversión. Había olvidado vestirse con su ropa sexy. Era una experiencia nueva para ella, un tesoro y nunca jamás se lo contaría a sus primas.
    Dominic se encogió de hombros.
    – Sin embargo, es cierto.
    – Por eso voy a tener diez hijas. Dos a la vez. Y ya que no tengo ni idea de cómo criar niños y tú estás tan bien informado, te dejaré a ti la crianza. -Se las arregló para sonar como si le estuviera haciendo un gran favor, pero la parte de “cierto” había hecho que su estómago se revolviera otra vez.
    Él se rió y le dio un codazo.
    – Aceptare tus términos. Sobre todo porque nunca cumplirás con ellos. Eres muy obstinada.
    – He estado muy tranquila estos últimos días.
    – Alzamientos -la corrigió automáticamente-. Estoy en tu mente, nunca lo olvides.
    Intentó no sonrojarse. Si estaba en su mente vería bastantes cosas espantosas, sobre todo en los dos últimos alzamientos.
    – Deberíamos irnos antes de que el rastro se vuelva demasiado débil.
    La sonrisa de él le dijo que sabía que estaba cambiando de tema deliberadamente.
    – Supongo que tienes razón, aunque encuentro esta conversación muy interesante. Una vez quite las salvaguardas, espera a que explore la zona y me cerciore de que está despejado antes de salir de la cámara.
    Ella puso los ojos en blanco.
    – Creo que soy perfectamente capaz de decidir cuándo es seguro emerger. No es como si esta fuera mi primera vez.
    – Casi mueres. Te guste o no, vas a tener que soportar estar sobreprotegida un rato.
    Secretamente no le importaba su lado protector porque ella iba a hacer lo que fuera para ganar cada batalla, y con un poco de suerte siempre pensarían igual, pero era agradable tener a alguien que se preocupaba por ella.
    Le lanzó un beso y cambió, sorprendida de hacerlo con tanta facilidad, segura de él ahora. Le gustaba eso, estar tan segura de él. Dominic realmente confiaba en ella en la lucha, y había descubierto con que podía recurrir a sus experiencias de combate, lo que le daba una visión de la forma en que él trabajaba, y también información valiosa cuando se enfrentara a sus enemigos.
    – Voy a seguir el agua hasta la fuente y ver si puedo recoger algunas “huellas”.
    Esperaré en el bosque al lado de la corriente donde creo que es más probable encontrar una salida. En algún punto tuvo que ser más que una sombra. Cada vez que atacaba, tenía que convertirse en carne y sangre, por lo que habrá rastros. En esta forma, puedo rastrear cualquier cosa sólida.
    Esperó agazapada a los pies de Dominic, aprovechando la oportunidad de examinar su magnífico cuerpo. Realmente era magnífico, aunque encontraba su ruda masculinidad un poco intimidante. Estaba bien dotado, y tenía que admitir que se encontraba mirando a una parte de su anatomía más que a cualquier otra, absorbiendo la forma, la circunferencia y la longitud. Nunca se había sentido intrigada por el falo masculino, ciertamente nunca, la verdad. Ahora se sentía casi obsesionada, con ganas de tocarlo, probarlo, conocerlo tan íntimamente como él la conocía.
    Oculta en el interior del jaguar, donde estaba a salvo, suspiró reconociendo que ahora esto era esencial para complacerlo. Ansiaba darle placer. Ella. Ninguna otra mujer. Quería ser la única en enviarlo hasta las nubes, y no sabía nada sobre hacer el amor con un hombre. Ella no hacía ese tipo de cosas con los hombres. Generalmente los mataba.
    Dominic dejó caer la mano sobre la cabeza del jaguar.
    – Se ha dicho que el sol se esconde en el interior del jaguar por la noche. Después de encontrarte, Solange, creo que podría ser verdad. Te miro, en cualquier forma que elijas mostrarte, y veo la luz brillante que me conduce a través de un laberinto de oscuridad. Sé que nuestra unión ha sido difícil para ti y te agradezco que seas tan abierta a mí.
    Solange sintió una curiosa fusión en la región del corazón. Era tan bueno haciéndola sentir hermosa e importante para él. Quería devolvérselo y estaba decidida a aprender.
    No habría renunciado a estar contigo por nada del mundo, admitió con timidez. Segura en el cuerpo del jaguar, donde a menudo se ocultaba para contarle a su amante de ensueño sus secretos más profundos, encontró más fácil admitir la verdad ante él.
    Él frotó los dedos entre su pelaje durante unos momentos más.
    – No hay nadie cerca, kessake. Estás a salvo.
    Tú también. Saltó por delante de él, deseosa de continuar con la caza. Demorarse en si iba a ser buena en la cama o no, era deprimente y aterrador. Cazar algo o a alguien peligroso, era vigorizante y natural.
    Avanzó lentamente por el laberinto de túneles serpenteantes, torciendo para emerger en el bosque. En el momento que sintió el aire de la noche en su hocico se sacudió, la felicidad estalló a través de ella. Le encantaba el bosque. En el suelo, el aire era rico y tranquilo, con los niveles de oxígeno tan altos que se sentía llena de energía. La selva tropical era vibrante y estaba viva, siempre cambiante y sin embargo siempre la misma. Podía contar con el ciclo de la vida del bosque, todo vivo, respirando, creciendo y muriendo. La muerte y la podredumbre que venían después, a veces rápida a veces lentamente, pero siempre nutriendo y enriqueciendo el ciclo de la vida.
    Adoraba la selva tropical durante el día, pero la noche siempre le parecía especial. Éste era su mundo. Puede que quisiera viajar, pero sobre todo quería ver otros mundos como el suyo mientras todavía existieran. El tiempo de la gente jaguar había pasado. No había forma de salvarlos, ya no. No con el liderazgo de Brodrick, que convertía a los hombre en bestias que elegían vivir con la violencia hacia las mujeres, que participaban en la masacre de mujeres y niños a los que consideraban inaceptables.
    Como pocos sabían de su especie, no hubo ninguna ley a lo largo de los siglos que protegiera a las mujeres, y sin un líder que reconociera su importancia, la especie quedó condenada. Suspiró y empezó a zigzaguear entre los árboles hacia el pequeño arroyo que había encima de su cueva y que alimentaba la pequeña cascada. Escuchó los murmullos de los animales en el dosel sobre su cabeza. Oyó el revoloteo de alas y a los monos deslizarse de una rama a otra, aún no completamente listos para la noche. Los murciélagos daban vueltas y se zambullían cazando insectos, mientras pequeñas ranas saltaban a lo largo de las ramas de los árboles.
    Ya las canciones de cada especie de ave estaban dejando paso a la llamada de las cigarras. Las ranas comenzaron su coro nocturno, cantándose mutuamente desde varios charcos en el suelo del bosque, mientras las ranas arbóreas croaban de forma mucho más suave y armoniosa. Polillas del tamaño de platos se dispersaban por todo el cielo. Los murciélagos frugívoros se aferraban a la fruta suculenta. Las luciérnagas se hacían señales una a otra en breves destellos, como luces de neón.
    Solange tomó nota de todo mientras caminaba con pasos suaves a través de la espesa vegetación, de vez en cuando encontraba un puercoespín dándose un festín sobre una fruta caída. Una serpiente atacaba a un ratón, detectando el calor de la pequeña criatura mientras correteaba muy cerca del silencioso depredador. Sobresaltó a una salamanquesa cuando surgió de su escondrijo para cazar. La hambrienta criatura corrió hasta un árbol, sus ojos brillanban rojos en la noche mientras la miraba entre las hojas.
    El jaguar ignoró a los animales nocturnos y mantuvo su rumbo, moviéndose un poco más rápido ahora que estaba lejos del sistema de cuevas. Por encima de la cabeza los hongos fluorescentes parecían suspendidos en el aire, creciendo en los troncos de los árboles que se fundían con la noche. Una débil luz brillaba aquí y allá desde los hongos luminosos que salpicaban el suelo del bosque.
    Mantuvo un buen ritmo durante varios kilómetros, abriéndose camino por las pendientes más pronunciadas, saltando sobre los troncos en descomposición y bordeando montones de termiteros. El sonido del agua corriendo sobre las piedras era constante. Asustó a una pequeña familia de tapires. El herbívoro, familia de los caballos y elefantes, parecía un cerdo con un hocico más largo. Los adultos eran más oscuros de piel con la punta de las orejas blancas y la garganta amarilla, pero la única cría que corría con ellos tenía la piel roja con rayas y manchas. Cómodo en el agua, el tapir a menudo pastaba en ríos y arroyos.
    Se acercaba a su destino y comenzó dividir el área, tomándose su tiempo, buscando rastros de alguien que hubiera pasado por el mismo camino. El gato sombra tenía que haber llegado en su verdadera forma. Cualquiera que fuera la criatura, incluso un híbrido, debería haber dejado evidencia de su paso.
    Fue cuidadosa al examinar los árboles, segura de que la criatura era un felino y que se afilaría las garras con frecuencia. Dejaría detrás sus marcas olfativas. Alguien podría haberlo criado, pero había ciertas características impresas en la naturaleza de un felino que nunca podrían ser erradicadas. Buscó señales de hojas dispersa, marcas de arañazos, yendo hacia atrás y adelante a lo largo de los senderos.
    La ruta de los tapires era muy utilizada y conducía al arroyo. Cruzó varias veces el desgastado sendero, localizando un nuevo aroma muy débil que ya se desvanecía. La lluvia estaba siempre presente casi todos los días en esta época del año y ayudaba a eliminar los rastros de animales que pasaban por las rutas de los animales, pero este olor era diferente porque nunca se lo había encontrado antes.
    Siguió el olor y encontró setas aplastadas allí donde un gato grande había dado un paso sobre los frágiles hongos, la cabeza tenía impresa una huella parcial. Encontró marcas de arañazos en lo alto de una higuera y un rasguño sobre una raíz donde el jaguar había cazado un kinkajou, un pequeño animal con un ligero parecido al hurón, pero que era de la familia de los mapaches, el favorito de los jaguares para cazar. El gato sombra había rociado generosamente un helecho, donde había localizado el olor de un jaguar macho, desafiando a los demás machos por el territorio. El gato sombra parecía estar en la flor de la vida y no temía desafiar a ningún macho, claramente agresivo incluso en territorio extranjero.
    Siguió los pequeños trozos de información, hojas machacadas, una piedra volcada, un desgarro sobre la rama de un árbol y otra huella parcial al lado de unos riachuelos que desembocaban en el arroyo que alimentaba su charca subterránea. Estaba segura de que había encontrado el rastro del gato sombra. Se sentó cerca de la orilla del arroyo y esperó, con la cabeza sobre sus patas, el cuerpo inmóvil, las rosetas la ocultaban entre la maleza y las hojas moteadas.
    Una rama se rompió. Los grillos cesaron su coro durante un breve momento. Se quedó muy quieta, deseando haber elegido un lugar en los árboles desde donde pudiera ver qué, o quién, se acercaba. No era Dominic. Ella sabía dónde estaba él en todo momento. No era un vampiro. No había la sensación de miedo que los muertos vivientestraían consigo. El bosque no se había retraído, horrorizado por la depravación de tal abominación de la naturaleza.
    Hubo una súbita dispersión de los monos sobre su cabeza. Un jaguar entonces, y había subido a los árboles. Probablemente había captado el olor del gato sombra y había venido a cazar al macho que había sido lo bastante agresivo para desafiarlo. Tenía que localizar su ubicación exacta sin revelar que ella estaba en algún lugar cercano.
    Dominic. Si puedes oírme, no salgas a campo abierto cuando surjas de las rocas. Hay un jaguar aquí. No sé si es inofensivo o está cazando.
    Puedo oírte. La voz de Dominic llegó de inmediato, deslizándose en su mente de forma íntima. ¿Estás en peligro? Había un borde severo en su voz, como si, al haberse puesto ella una vez más en peligro, él fuera a tener que llevar a cabo su promesa de ponerla en una burbuja.
    Solange se esforzó por mantener la diversión fuera de su mente, sabiendo que él no encontraba la situación divertida. Llevaba estado en peligro toda su vida. Hoy no era diferente. Ésta era la vida en la selva y lo que significaba ser jaguar significaba. Estoy perfectamente bien por el momento.
    ¿Qué has encontrado?
    Ella avanzó poco a poco a una posición mejor, mirando los árboles. Él habría elegido unas ramas bajas por lo que podría saltar fácilmente sobre su presa. Esto reducía un poco sus opciones. Él querría las ramas más cercanas al arroyo. Había caminos de tapires marcados claramente por los frecuentes viajes desde el bosque hasta el agua. La orilla estaba fangosa y las pisadas indicaban que varios tapires habían llegado para alimentarse en el agua recientemente.
    El gato sombra definitivamente llegó por aquí. No he visto la huella de este mago antes, cada una es única para cada usuario. Pero lo conoceré si me encuentro por casualidad con él. ¿Estás cerca?
    Justo detrás de ti. Voy a la deriva con el vapor que sale del suelo de la selva. ¿Has localizado su ubicación?
    Ella captó la punta de la cola retorciéndose en el árbol de su derecha. Una pata barrió sobre el agua y el jaguar se agazapó, muy quieto, excepto por la cola que a menudo traicionaba el entusiasmo, con los ojos fijos en alguna presa en el agua que ella no podía ver.
    No estoy lo suficientemente cerca para saber si es totalmente animal o uno de mi especie. No puedo oler al hombre en él. De cualquier manera iba a ser peligroso moverse. Ella estaba en su territorio, e independientemente de si era animal u hombre jaguar, estaría interesado en una hembra.
    El vapor de agua en el suelo del bosque comenzó a espesarse e ir a la deriva hacia arriba, oscureciendo lentamente la visión mientras el vapor gris se esparcía, una espesa niebla que se mantenía a lo largo de la orilla y los árboles circundantes. Capa tras capa se hizo más profunda hasta que el suelo del bosque y el arroyo ya no fueron visibles. La densa niebla se envolvía alrededor de la higuera, subiendo lentamente por el tronco como lianas. El jaguar comenzó a toser. Solange escuchó una serie de gruñidos y el susurro del pelaje a lo largo del tronco. Una llamada aguda vino de la lejana orilla, un tapir llamando a un miembro de su familia sonaba como un pájaro.
    Oyó el estrépito del pesado macho al caer a tierra, a no más de diez metros de ella. Se quedó muy quieta, dejando que pasara a su lado en la espesa niebla. Capas de bruma la rodeaban, y en el interior del cuerpo del jaguar Solange sonrió. Dominic había logrado envolverla en una burbuja. El jaguar macho no iba a olerla, verla u oírla.
    No me habría encontrado.
    No voy a correr riesgos hasta que la visión de tu cara pálida, tu cuerpo sin aliento, me abandone. Y eso puede llevar algún tiempo.
    Realmente tienes tendencia a insistir, ¿verdad? La mujer en el interior del jaguar se estiró, sonrió, una alusión a su oculta naturaleza sensual. No podía dejar de burlarse de él, especialmente cuando estaba a salvo en lo profundo del jaguar, donde él no podía encontrar un modo de tomar represalias.
    Tengo tendencia a mantener mi palabra, y tú podrías recordarlo, kessake, cuando te estás sintiendo tan cómoda y cálida ahí, a salvo en tu pequeña guarida.
    La suave risa de Solange se derramó sobre él. Ella sintió su reacción, y por un momento el corazón le latió más rápido y su mente se caldeó. El primer intento de fundir a Solange la mujer y a Solange la guerrera fue emocionante y la había hecho sentirse muy valiente, lo cual, teniendo en cuenta que había estado a punto de luchar contra un jaguar, era vagamente divertido para ella.
    Esperó mientras Dominic empujaba al jaguar fuera de su camino usando una mezcla de densa niebla y un impulso compulsivo leve.
    Estás haciendo trampas. No estoy seguro de que esto se califique como una batalla justa. Puede haber un problema moral.
    La mente de Dominic inundó la de ella con cariño, burla, una diversión sexy que hizo que un calor se precipitara por sus venas. La caza era mucho más divertida con un compañero. Se sentía un poco más segura, y ayudaba que él fuera inteligente y experimentado. No sentía como si tuviera que protegerlo. Incluso podía reconocer que él pudiera sentir la necesidad de protegerla a ella. Dominic tenía bastante arsenal para utilizar, y sinceramente, en la batalla, en lo que a ella se refería cualquier cosa que se usara para ganar era justa.
    Ahora está despejado, le informó Dominic. Me desharé de la niebla.
    Solange volvió a la orilla del arroyo mientras la niebla se evaporaba despacio, Dominic estuvo de pie a su lado con una mano en su pelaje, sus dedos masajeando su cuello. A su jaguar le gustó esto, y le frotó la cabeza contra el muslo en respuesta.
    Se fue por ahí. Solange dio un par de pasos, segura ahora de las huellas del felino. Incluso con el jaguar macho en la zona y sus huellas cubriendo las del gato sombra en algunos lugares podía distinguir fácilmente entre los dos. El gato sombra había entrado en el agua directamente en la entrada al laberinto de piedra caliza. ¿Por qué se arriesgó a ser rastreado cuando podía tomar la forma de una sombra?
    – Es una excelente pregunta -murmuró Dominic en voz alta-. ¿Su maestro tiene que estar cerca de él para mantenerlo como sombra? Si es así, deberíamos ser capaces de averiguardónde lo esperaba su amo.
    Vino de ésa dirección. Solange lo llevó de vuelta a través del bosque hasta donde había encontrado las primeras huellas por casualidad. Sabemos que entró en el agua y nunca volvió a salir, pero su maestro debe haber estado lo suficientemente cerca para recoger la esencia de mi sangre.
    Podía sentir el ceño de Dominic y los dedos aferrados a su piel, pero él no reaccionó, simplemente dio un paso atrás para permitir que ella lo guiara a través del bosque, retrocediendo ahora. Una vez estuvo sobre el rastro del gato sombra ella se sintió más segura de sí misma, moviéndose más rápido, serpenteando entre los árboles, alejándose de la corriente y del interior.
    Ningún gato iría en esta dirección, a menos que se alimentara de ganado. Esta zona está muy patrullada por hombres con armas de fuego. Protegen el ganado duramente, y a menos que un jaguar sea viejo o este herido, se quedaría aquí cazando en el bosque. Tal vez estaba buscando una comida fácil.
    A Solange no le gustaba acercarse demasiado al enorme rancho que estaba justo en los bordes exteriores de la selva. Por lo general los hombres disparaban un tiro de advertencia, intentando conducir al felino vagabundo de vuelta al bosque, pero con la misma frecuencia alguno podría ser de gatillo fácil. Había notado la reacción de Cesaro ante su gata. Era casi instintiva. Los ganaderos consideraban que su deber era mantener el ganado a salvo, y los felinos eran depredadores a los que no querían cerca de los ranchos.
    – ¿Estamos en la propiedad De La Cruz? -Dominic sonaba serio.
    Sí. Es bastante grande. Todos sus lugares son enormes. Son muy ricos. Emplean a mucha gente que les son muy leales. Cuidan bien de sus trabajadores, y las familias que se quedan con ellos a lo largo de los años parecen volverse en ricos también. Muchos de los lugareños les son ferozmente leales.
    – Solange, quienquiera que manipule al gato tiene que estar en ese rancho.
    El corazón le dio un salto. Tal vez no. Tal vez estaba buscando comida. Pero sabía que él tenía razón. Tenía sentido. El rastro conducía directamente a una carretera. Y en la carretera había huellas de neumáticos. Las había visto a menudo en sus vagabundeos. Los camiones usados por los trabajadores de los De La Cruz eran todos iguales, al igual que las huellas claras de los neumáticos en el barro. El pesado gato había saltado desde la parte posterior del camión. Las huellas eran profundas detrás, donde el vehículo había sido aparcado.
    Dominic se agachó para examinar el terreno.
    – Hay huellas de botas aquí. Debe haber habido una jaula de algún tipo en la parte trasera del camión y él lo soltó.
    No un vampiro.
    – Definitivamente no un vampiro. ¿Qué crees que está pasando aquí, Solange?
    Una sensación de revoloteo tonto en la boca del estómago le dijo lo mucho que le importaba que él le pidiera su opinión. Le dio vueltas una y otra vez en su cabeza al pequeño fragmento de información que habían averiguado. Tal vez no seamos nosotros el objetivo aquí Dominic. Ellos no saben de ti aún. ¿Y qué amenaza sería yo para ellos? Zacarías es la mayor amenaza que tienen en esta parte del mundo. Es el más temido de todos los hermanos De La Cruz. Tiene la mayor parte del poder y es el más influyente con los líderes de por aquí.
    – Todo eso es cierto, pero ¿por qué necesitan tu sangre? ¿Qué tendría esto que ver con Zacarías?
    Sea lo que sea, apuesto a que no contaban con que le diera mi sangre a Zacarías. No soy conocida por mi generosidad en ése área.
    – Por lo tanto, ¿si no es un vampiro? -Dominic ya estaba siguiendo las huellas de la camioneta por el barro, sabiendo que les llevaría de regreso a la hacienda De la Cruz-, entonces, ¿quién enviaría un jaguar tras de ti? ¿Y quién tiene esa clase de habilidad de magia negra de poseer el cuerpo de otro, ahora que Xavier está muerto?
    ¿Son todos los magos aliados de los vampiros? ¿Todos ellos seguían a Xavier?
    – No, los magos se han dispersado por los cuatro rincones del mundo. Muchos eran experimentados. Xavier retuvo a Razvan durante siglos, y en ese tiempo él vio muchas cosas terribles hechas a jóvenes magos, hombres y mujeres. Unos pocos magos fanáticos lo adoraban y siguieron sus enseñanzas. Odian a los Carpatos y quieren limpiar la tierra de ellos al igual que los vampiros.
    Así que sabemos que quienquiera que enviara al gato tiene que ser mago, no necesariamente aliado con los vampiros. Puede tener su propio plan. Y utiliza a alguien del rancho de Zacarías. Si lleva allí desde hace algún tiempo, consiguiendo establecerse, debió molestarse mucho cuando Zacarías se presentó. Él rara vez viene por aquí.
    Estaban de pie en el borde del bosque, con la vista fija en la barrera despejada entre el bosque y el extenso rancho de ganado. Las huellas del camión seguían el camino directamente hacia la propiedad De La Cruz.
    Solange cambió y se quedó desnuda al lado de Dominic, riendo un poco por la respuesta inmediata del cuerpo de él a ella.
    – Podrías dar una pequeña advertencia, así podría tener preparada la ropa -dijo él.
    Ella levantó una ceja.
    – Creo que estás un poco fuera de juego, Buscador de Dragones. Esperaba la ropa. Tal vez debería ir a visitar a nuestros vecinos justo así. Definitivamente, nos abrirían la puerta.
    Al instante su cuerpo estuvo vestido con los familiares pantalones vaqueros y camiseta. Ella se rió de él. Incluso su pelo estaba recogido en una coleta alta.
    – Sí, eso es lo que yo pensaba. Vamos a ver quién quiere mi sangre.
    Dominic le tendió la mano. Solange sólo vaciló un segundo antes de poner la mano en la suya y caminar con él por la fangosa carretera hacia la casa del extenso rancho De La Cruz.

Capítulo 15

    Nunca podré traicionarte.
    Nunca podrás separarte de mí.
    Eternamente enamorado, en esta vida y la siguiente.
    Eres mi mismo corazón.
    De Dominic para Solange

    Cesaro vio venir a Dominic y Solange y salió a su encuentro en un caballo negro. Con el equipo de gaucho completo, era una vista impresionante. El caballo debajo de él hacía cabriolas. Esbozó una sonrisa cautelosa en señal de saludo.
    – ¿Va todo bien? -llamó.
    Dominic negó con la cabeza.
    – Podemos haber descubierto un complot contra Zacarías, Cesaro. No estamos seguros, pero me gustaría discutirlo contigo. Sabes más acerca de este rancho y del pueblo que cualquier otra persona, me imagino.
    Cesaro se bajó fácilmente del caballo, conservando las riendas.
    – Por supuesto. Sólo tiene que decirme lo que necesita.
    – Los no-muertos están reuniéndose cerca de este lugar y su gente está en peligro. Los no muertos buscarán sangre cada noche. Debido a que hay muchos, se llevarán muchas vidas. Pueden tomar cualquier forma, hombre o criatura, incluyendo murciélagos. ¿Cómo de preparados estáis en caso de que vengan?
    – Cada casa está protegida, pero hay que proteger el ganado -dijo Cesaro.
    – Entraron en la casa la otra noche -le señaló Solange a Dominic, sin querer desmentir la declaración de Cesaro y herir su orgullo. Como mujer, a él no le gustaría que la protesta viniera de ella.
    – Perdóname -Dominic se inclinó ligeramente-, pero ¿cómo hizo el vampiro para entrar en la casa principal la otra noche? Atacó a la joven Marguarita. ¿Hiciste averiguaciones?
    Cesaro frunció el ceño, se quitó el sombrero y se rascó la cabeza.
    – No puedo creer que tal cosa sucediera. Ella nunca invitaría a nadie a entrar en la casa, y sabía que estaba a salvo dentro. Don Zacarías ha dado instrucciones precisas y todos las seguimos exactamente. Cada familia que reside aquí sabe que es cuestión de vida o muerte. Nadie abriría la puerta a los no-muertos. A cualquiera.
    Zacarías también los habrá protegido a todos de la compulsión, razonó Solange. Todos los hermanos protegen así a sus familias. Alguien abrió la puerta y dejó entrar al vampiro. Alguien de aquí está trabajando para los vampiros.
    Dominic dio vueltas a la declaración de Solange una y otra vez en su mente. Todavía no se sentía todo correcto. Le faltaba algo.
    – Me gustaría examinar a Marguarita, y discutir esto contigo, Cesaro. Tal vez podrías presentarme a las personas que trabajan aquí.
    La ceja de Cesaro se alzó. Él era responsable de los hombres y mujeres que trabajaban para los hermanos De La Cruz.
    – ¿Cree que tenemos un traidor?
    Dominic eligió cuidadosamente sus palabras. La mayoría de las personas que trabajaban en los ranchos De La Cruz estaban relacionadas de alguna manera.
    – Sólo quiero asegurarme de que todo el mundo esté a salvo.
    Cesaro volvió la cabeza y lanzó un silbido. Inmediatamente un adolescente saltó y tomó las riendas, con los ojos curiosos, pero no hizo preguntas. Cuando Cesaro le hizo un gesto para que se alejara pareció decepcionado, pero se llevó el caballo hacia los corrales.
    Dominic bajó la mirada a la cara de Solange y a la pregunta en sus ojos. Ella había estado en su mente cuando tocó al muchacho. Había podido ver la barrera de Zacarías firmemente en el lugar. Si un mago se las hubiera arreglado de algún modo para tomar posesión de uno de los trabajadores, habría tenido que atravesar aquella barrera.
    ¿Marguarita? ¿Podría ella haber sido poseída y que le hubiera abierto la puerta?
    Dominic negó con la cabeza. El no muerto trató de entrar en su cabeza y no tuvo éxito. La interrogó y aunque yo sentí la fuerza de la compulsión en su voz, ella se negó a darle información.
    Siguieron a Cesaro a la casa. Dominic se deslizaba en lugar de caminar, a pesar de que parecía estar caminando con su paso fácil, fluido y grácil, y prestó atención a Cesaro mientras éste identificaba a los trabajadores que pasaban. No quería correr el riesgo de que pareciera que estaba examinando la mente de todas las personas del rancho. Todo el mundo parecía protegido.
    La casa onduló cuando entraron. Dominic se detuvo bruscamente.
    – ¿Ha estado Zacarías aquí?
    – No quiso irse estando los no-muertos caminando en la noche. El ganado está inquieto y anoche perdimos varios por los chupasangres. Cayeron desde el cielo. Dos de mis hombres apenas escaparon con vida. Zacarías regresó inmediatamente después de eso y reforzó la protección en cada casa. Nos dijo que no vale la pena morir por el ganado y que quería a sus hombres en el interior por la noche.
    – Y, sin embargo, es de noche y estáis vigilando al ganado.
    Cesaro frunció el ceño.
    – No podemos dejar que sean sacrificados. Esto es lo que hacemos. Lo que somos. Estamos tomando precauciones. Si hay una perturbación, todos volvemos al interior de inmediato. Tenemos instalados albergues para nuestra protección.
    Dominic intercambió una larga mirada con Solange. Estos hombres eran feudales a su propia manera. Tenían un trabajo del que se enorgullecían y no iban a abandonar su ganado con los vampiros arrasando cerca de sus hogares.
    – Marguarita ha empeorado -dijo Cesaro-. Le subió la temperatura y apenas podía respirar. Don Zacarías debió sentir que se estaba muriendo y vino para tratar de sanarla otra vez. Pasó mucho tiempo con ella y luego se marchó. Él no descansa aquí. Dijo que sería demasiado peligroso para todos nosotros.
    – Tal vez tenga razón -reconoció Dominic. Había un toque de culpa en la voz de Cesaro, como si estuviera avergonzado de que Zacarías pensara que no podían protegerlo mientras dormía-. Los no muertos le temen y ellos no saben que yo estoy aquí. Creen que él es el único que se interpone entre ellos y lo que quieren. Intentarán matarlo por cualquier medio. -Miró a Cesaro a los ojos-. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo? Lo hace porque sois su familia. Hará todo lo posible para protegeros, incluso de sí mismo.
    Cesaro exhaló un suspiro.
    – Entiendo. Es nuestro deber servirle y protegerlo también. Esto no me parece correcto.
    – Tiene suerte de tenerte -dijo Dominic con una pequeña reverencia.
    Pregúntale si alguien los visita regularmente, tal vez alguien que no trabaja para Zacarías pero que coge prestados sus vehículos de vez en cuando, solicito Solange.
    Dominic empujó una sonrisa en su mente. Por supuesto que ella daría con la pregunta correcta. La amaba aún más cuando entendía el modo en que estos hombres pensaban y actuaban, y no se molestaba por ello. Se sentirían mucho menos inhibidos discutiendo el funcionamiento de la hacienda con un hombre que con ella. Él era un carpato, como la familia para la que trabajaban, y sabían que era amigo de Zacarías. Ella era una cambiaformas, una gata que para ellos equivalía a una enemiga. Cesaro era respetuoso pero se sentía incómodo en su presencia.
    No me importa lo que otros piensan de mí, le dijo Solange. Sólo tú.
    Él pudo sentir la verdad de sus palabras y esto lo calentó. Ella le pertenecía, quería estar sólo con el. Sabes que te valoro por encima de todo. Su opinión, sus habilidades, sobre todo el amor que comenzaba a asomarse en sus ojos felinos.
    El corazón de Dominic se disparó un poco más con esa mirada tímida y muy nueva. A veces, cuando ella lo miraba, su expresión enviaba a su cuerpo a un estado violento, casi brutal, de excitación. Ella era tan nueva a la idea de compartir su vida con alguien, y sin embargo estaba intentando con todas sus fuerzas encontrar un camino a través del absoluto terror para llegar a él entera. A Dominic le encantaba la experiencia de verla luchar por aceptarlo no sólo a él, sino a su creciente amor por él. Era un viaje inesperado que nunca pensó que experimentaría, y se encontró amándola aún más por ello.
    – Cesaro. -Dominic se detuvo fuera de la habitación de Marguarita-. ¿Tienes algún vecino al que se le permita usar los vehículos De La Cruz? Tal vez alguien que estaba aquí el día del ataque, y hace dos noches.
    Cesaro se quedó congelado con la mano en la puerta de Marguarita. Se volvió lentamente, con la cara completamente pálida. Sus ojos se eran duros como el diamante.
    – Hay un hombre, ha estado intentando cortejar a Marguarita. La familia De La Cruz ha sido buena con él. Compró la finca que limita con la nuestra hace aproximadamente un año. Le quedó poco después de la compra y lo hemos ayudado varias veces.
    – Dices que está cortejando a Marguarita.
    – Intentándolo. Nosotros lo encontrábamos divertido. Marguarita, como ha visto, es muy hermosa, pero es joven y un poco salvaje. No con los hombres, no me malinterpreten. Es una buena chica. Pero le gusta su independencia. Cocinaba y limpiaba para su padre y escogía los caballos. Ama los caballos y es buena jinete. Ése hombre no podría domarla. Su padre y yo tuvimos muchas noches de diversión con ese cortejo. Marguarita ni siquiera parecía darse cuenta de lo que él estaba haciendo con sus flores y dulces. Ella le sonreía, como hace con todos los trabajadores, y le daba las gracias en nombre de su padre, quien disfrutaría de sus ofrendas. Actuaba como si pensara que él traía esas cosas porque se le permitía coger prestado el equipo.
    – ¿Ha mostrado él su enojo por el rechazo?
    – Nadie puede estar enojado con Marguarita. Ella es un encanto.
    Dominic indicó que abriera la puerta. En el momento en que entró, supo que la muerte había estado muy cerca. Si Zacarías no se hubiera levantado, esta joven una vez vibrante habría muerto. Se veía tan pálida, estaba casi translúcida. Dominic se acercó a la cama. Echó un vistazo a Solange. Ella asintió con la cabeza con comprensión. Él abandonaría su cuerpo y entraría en Marguarita para examinarla, se aseguraría de que sobreviviera y en esta ocasión comprobaría en busca de las astillas de posesión. Solange tendría que cubrirle las espaldas.
    – Sería mejor -dijo ella suavemente-, si pudiera usted abandonarnos sólo durante un momento, Cesaro. Y luego nos gustaría mucho conocer al hombre que ha visitado y utilizado uno de sus camiones.
    Cesaro asintió y salió de la habitación. Dominic sabía que estaba al lado de la puerta con una mano en el arma. Ya fuera para protegerlos a ellos o a Marguarita, poco importaba. El hombre tenía un deber según lo veía él y estaba preparado para defender la propiedad De La Cruz y a todo el mundo en ella.
    – Gente muy leal -dijo Solange.
    Dominic sabía que la lealtad era una cualidad que Solange admiraba muchísimo. Echó un vistazo a su cara. Cesaro era un hombre guapo.
    Solange se echó a reír.
    – Tú eres muy masculino.
    Él le envolvió los brazos alrededor de la cintura y la atrajo contra sí.
    – Muy macho -confirmó el-. Y guardo lo que es mío.
    Solange puso los ojos en blanco.
    – Es evidente que estás sintiéndote un poco inseguro esta noche. ¿He hecho algo para hacerte pensar que miro a otro hombre?
    – No me estabas mirando.
    Su suave risa era como un afrodisíaco para él, sexy, provocadora y totalmente femenina.
    – Yo siempre te estoy mirando, Dominic. -Su voz cambió, cayó a un tono provocador, y fue pura honestidad-. Tú llenas tanto mi visión que no hay lugar en mí para ver a otro hombre, nunca. Sólo te veo a ti, Dominic.
    Él curvó la mano en su nuca y bajó la cabeza para degustarla otra vez. Ella era como la mejor mezcla de miel y especias, nunca conseguía bastante de ella.
    – Podría besarte para siempre -susurró contra sus labios. Sabía a guerrera y a mujer, y era una mezcla potente.
    – No tenía ni idea de que besar podría ser tan adictivo -dijo ella. Por un breve momento su cuerpo se fundió en el de él, suave, flexible y acogedor. Miró a la mujer pálida-. ¿Crees que el vecino la marcó deliberadamente para morir a manos de un vampiro porque ella no cooperó?
    Él vio el cambio en su mente, las depravaciones de los hombres jaguar, y supo que tales pensamientos la ponían enferma. Le movió la cola de caballo con la mano, jugueteando suavemente con las gruesas hebras.
    – Hay hombres buenos y hombres malos en todas las razas y especies, Solange. Vivir aquí, haciendo el trabajo que haces, te ha hecho ver a todos los hombres bajo un aspecto desfavorable. Cesaro nunca golpearía a su mujer. Una vez seas capaz de escanear las mentes podrás ver por ti misma que existen muchos hombres buenos en el mundo.
    Ella se estremeció levemente y él supo que su referencia a su ser plenamente carpato la molestaba un poco. Ella había sacado el tema una vez de una manera indirecta, pero él sabía que no estaba preparada para ir por allí todavía, y respetaba su necesidad de adaptarse, muy lentamente, a cómo sería su vida juntos.
    Dominic se volvió hacia Marguarita y se despojó de su cuerpo físico para convertirse totalmente en espíritu. No tenía dudas de que Solange protegería su cuerpo de daños mientras trabajaba en la curación de la joven cuya garganta estaba tan destrozada. Zacarías le había dado sangre, más de la que probablemente podría haber donado. Lo interesante fue que encontró rastros de la pura sangre real de Solange. La sangre de los carpatos era por lo general predominante, y ahí estaba, pero su linaje era muy distintivo y de algún modo se había conectado a la sangre carpato, totalmente compatible, pero sin tomar el control. Su sangre era muy singular y tenía propiedades sanadoras definidas.
    No había manera de reparar las cuerdas vocales totalmente. El no-muerto había utilizado afiladas garras que despedazaron las cuerdas vocales. Tanto Dominic como Zacarías se habían concentrado en los músculos de la garganta que se usaban para respirar y tragar. Ella viviría, sería tan hermosa como siempre, pero probablemente nunca volvería a hablar, o si lo hiciera, no sería nada más que un ronco susurro. Pero viviría. Habían hecho todo lo posible por ella.
    Examinó su mente, sus recuerdos, pero no había astillas oscuras de posesión. Ella no había abierto la puerta al vampiro. Había oído la advertencia de su padre moribundo y lo obedeció, retrocediendo a su habitación y esperando a que llegaran los trabajadores. Estuvo llorando por su padre, sabiendo que estaba muerto, pero no fue a la puerta.
    Y esto quería decir que había habido alguien más en la casa sin su conocimiento. Ese alguien había sido lo suficientemente familiar para entrar sin que lo detectaran y las salvaguardias no le afectaron. No se le consideraba un intruso.
    Dominic se retiró para volver a introducirse en su cuerpo, balanceándose un poco sin tener ni idea del paso del tiempo. Solange iba y venía de ventana a ventana como un gato inquieto. Lo miró por encima del hombro.
    – ¿Estás bien? Estás ves pálido. ¿Necesitas sangre?
    – Tuya no. Estás matando a los parásitos y los necesitamos. Preguntaré a Cesaro quién es el hombre más fuerte aquí.
    – Él insistirá en que tomes su sangre.
    Dominic le sonrió.
    – Lo sé.
    Ella cubrió a Marguarita con cuidado y apartó mechones de pelo de su cara pálida.
    – Estará traumatizada por esto. Y si un amigo la traicionó, todo será peor. Tal vez deberíamos pedir a MaryAnn que venga a visitarla. -Levantó la mirada y había confianza en sus ojos-. Tal vez podrías sugerirle a Cesaro que manden a buscarla.
    Conociendo su necesidad de ayudar a las mujeres maltratadas por los hombres, asintió con la cabeza.
    – Creo que sería una buena idea.
    Dominic la guió a la puerta. Todavía tenían que añadir protección a estas personas, así como localizar al vecino. Y los no-muertos estaban ejerciendo presión. Probablemente los encuentros significaban que tenían que estar lo más fuerte posible.
    Cesaro giró la cabeza cuando atravesaron la puerta.
    – Marguarita duerme tan plácidamente como es posible -dijo Dominic-. Creo que ha sobrevivido a la crisis y está en camino de recuperarse. ¿Conoces a todos los hermanos De La Cruz?
    Cesaro asintió con la cabeza.
    – Vienen por aquí de vez en cuando. Los hermanos comparten los ranchos.
    – La esposa de Manolito, MaryAnn, sería una muy buena opción para ayudar a Marguarita a superar esto. Tal vez si envías por ella, vendría.
    – Esto nos daría otro hombre para defender el rancho -reconoció Cesaro, sabiendo que Manolito vendría con su compañera-. Gracias. -Se inclinó ligeramente hacia Solange, como si supiera de quién había sido la idea-. Voy a hacerlo de inmediato.
    – Háblanos de tu vecino.
    – Su nombre es Santiago Vázquez. Tiene aproximadamente treinta años y sólo tres hombres trabajaban para él. Casi nunca veo a nadie cerca de su casa. El rancho está muy abandonado. Necesita dinero para reconstruirlo, y hay poco dinero que ganar en un rancho recién comenzado.
    – ¿Hay algún hombre saludable y fuerte que trabaje para ti que pueda estar dispuesto a donar sangre esta noche? Tengo mucho que hacer y no puedo ir de caza.
    – Yo estoy en buena forma -dijo Cesaro-. Por favor, es un honor. Usted está haciendo mucho para ayudarnos y no tengo miedo de donar.
    – Lo acepto con gratitud -dijo Dominic y se acercó al hombre de inmediato, una vez más sin querer darle tiempo para que sintiera miedo.
    Solange se miró las manos y él tocó su mente, aun cuando su cuerpo sentía el flujo de energía que la caliente sangre proporcionaba. Ella estaba molesta porque él no tomara su sangre y eso alimentaba su tonta ansiedad de ser inadecuada. Extendió la mano y le rozó la mejilla con la yema del dedo pulgar. La mirada de ella saltó a la suya. Él deslizó su mente íntimamente contra la de ella.
    Tu sangre es superior a la suya, kessake. Y preferiría tomar la de mi mujer, pero todavía tengo que entrar en el campamento del enemigo.
    Lo sé. Es solamente que yo nunca satisfago ninguna de tus necesidades. Ni una sola. Y tú siempre estás haciendo cosas por mí. Quiero ser la que te de todo lo que necesites. Otra mujer…
    Nadie podría complacerme del modo que tú lo haces
    Él sintió el breve parpadeo de una sonrisa, aunque la expresión de ella no cambió. Cortésmente cerró las dos heridas punzantes y se inclinó ligeramente antes de comenzar la intrincada red de salvaguardas que se añadirían al trabajo de Zacarías. El rancho estaría doblemente protegido contra los no muertos.
    – No permitas que se te acerquen desconocidos. A menudo los no muertos se muestran hermosos. Si son muy poderosos pueden controlar su aspecto y forma de hablar, y con frecuencia toman la forma de alguien que conoces. No pueden tomar nada de tu mente, pero estudiarán a los que viven aquí y tratarán de parecerse a uno de ellos. Sus ojos pueden traicionarlos, y a menudo, cuando caminan sobre la hierba, ésta se marchita o se seca. Los animales estarán intranquilos cuando ellos andan cerca y ningún perro puede soportarlos.
    Cesaro asintió con comprensión. Sintiendo que no podía hacer más para protegerlos, Dominic indicó a Solange que era seguro salir de la casa. Salieron a la noche, inhalando profundamente para expulsar el hedor del miedo, de la enfermedad y la muerte de sus pulmones.

***

    Caminaron hasta que se perdieron de vista y estuvieron bajo la cubierta de árboles. Dominic tomó a Solange en brazos y se elevó hacia el cielo. Ella levantó la cara para que el viento le soplara encima. Se relajó por completo en sus brazos, confiando en que él la mantendría a salvo sin importar cuán rápido o alto volaran.
    Adoro esto, le confió ella. Hay algo muy liberador en volar, como en correr a lo largo de las ramas como jaguar. Se rió suavemente y le acarició el cuello con la nariz. Me has dado algunas de las mejores experiencias de mi vida.
    Quiero darte muchas más, Solange.
    Le encantaba la alegría en su voz. Tanto si ella lo sabía como si no, su confianza en él crecía a cada momento que pasaban juntos. Se había fusionado totalmente con él. La mujer y la guerrera estaban unidas. Su confianza en su atractivo para él también estaba ganando fuerza. Inclinó la cabeza y le mordió suavemente el cuello, justo por encima de su pulso tentador. Definitivamente iba a ir a la reunión el siguiente alzamiento, así podría librar su sangre permanentemente de los parásitos y no tener ninguna preocupación para unirse con ella, si podía resistir.
    Dio vueltas por encima del pequeño rancho que se extendía por las colinas encontrándose en el extremo sur de la propiedad de los De La Cruz. Donde los campos habían estado limpios y bien cuidados, las cercas robustas y el ganado en buena forma en el rancho de La Cruz, aquí era todo lo contrario. La charca era asquerosa y el ganado estaba en el espeso barro, con las cabezas agachadas en la miseria. El bosque había comenzado a invadir el terreno, enredaderas fuertes derribaban las vallas en varios puntos. No había habido ningún intento de reparar las cercas recientemente, aunque Dominic vio varios lugares donde los pastos habían sido limpiados algún tiempo antes.
    Compró unos terrenos que habían sido trabajados, señaló él.
    Pero no los ha mejorado en absoluto.
    Dominic bajó a la tierra dentro de la línea de árboles.
    – Cambia, Solange. Yo entraré primero.
    – Tengo un alijo de armas cerca. Te cubriré con una pistola. Él es humano no jaguar, y tengo una extraña sensación. Creo que voy a necesitar que mi intelecto sea más agudo que mis garras esta vez.
    Su oscura mirada vagó sobre ella. Ella no le estaba preguntando, solamente declaraba su opinión. No se le ocurrió que él podría decidir hacer caso omiso de ella. A Dominic le encantaba su confianza cuando interpretaba un escenario peligroso.
    – De prisa, Solange. Estamos perdiendo mucha noche.
    Ella asintió y salió corriendo. Le llevó unos buenos cinco minutos, pero regresó con una pequeña caja cubierta de tierra.
    – Creo que lo haré mejor en los árboles, justo por encima de la casa. Trata de mantenerlo centrado en las ventanas o, mejor aún, fuera. Debería ser capaz de cubrirte si tiene compañía. ¿Captas a más de una persona?
    – En la casa, no. Está solo en este momento, pero hay alguien en el edificio más pequeño detrás de la casa principal, y parecer haber un tercer hombre en el granero.
    – Debería ser capaz de cubrir las tres posiciones. Mi jaguar está inquieta, Dominic. Hay algo muy inquietante para ella en este lugar. Ten cuidado.
    Él sabía que esto la pondría en un aprieto, pero se inclinó, le enmarcó la cara con las manos y la besó profundamente.
    – Recuerdas lo que dije sobre asustarme.
    Se frotó la mejilla contra él como la gata que era.
    – No te preocupes. Llévame hasta las ramas del árbol. Será más rápido que si yo trepo.
    Él levantó la vista. La rama estaba a unos buenos cinco metros del suelo. La mayoría de la gente estaría aterrada por la altura, y aun más en una noche con poca luna. La lluvia había comenzado a caer otra vez, apenas una llovizna, pero sería suficiente para volver la rama resbaladiza. Sin decir palabra, le envolvió el brazo alrededor de la cintura y la llevó a la rama.
    Dejarla fue más difícil de lo que pensó. Confiaba en su juicio y si su gata estaba inquieta, algo pasaba en el rancho. Esperaba encontrar un hombre que hubiera sido poseído, pero sabía que Solange esperaba algo más también, y por primera vez no tenía ni una pista de a qué se enfrentaban o por qué. Había algo en la sangre de Solange que la hacía especial, y estaba empezando a pensar que eran los únicos en estar siendo cazados ahora y por su sangre. Pero, ¿quién estaba detrás de ella? ¿Los vampiros? ¿Brodrick? ¿Alguien más?
    Dejó escapar el aliento en un largo y lento siseo de frustración.
    ¿Realmente importa eso? La voz de ella fue suave en su cabeza, casi tierna, rozando las terminaciones nerviosas que casi se sentían en carne viva. Es mi modo de vida y la elegí hace mucho tiempo, tal como tú escogiste tu vida. No nos están esperando a los dos. Creen que se enfrentan a un jaguar hembra solamente, y cometerán un error, si no lo han hecho ya.
    Él pensó en aquellos ojos plateados. Poseer otros cuerpos, tomar el control sin consentimiento y obligar al cuerpo a hacer la voluntad de otro era un crimen abominable y vil. Incluso con todo lo que él había visto en sus largos siglos, no podía imaginar por qué alguien estaría dispuesto a cruzar esa línea de humanidad, alguien que no fuese Xavier, el jefe de los magos que había comenzado la guerra con el pueblo carpato tantos siglos atrás.
    La respuesta de Solange fue tranquilizadora. Ella era práctica sobre encarar la muerte y su tranquila aceptación de su modo de vida permitió que su mente volviera a la tarea que tenía entre manos. No era una mujer que se asustara, o peor aún, que se pusiera en peligro innecesario para demostrar algo. Era experimentada e interpretaba correctamente las situaciones, tenía una paciencia infinita y sabía cuándo retirarse sin involucrar a su ego. Era una buena compañera. Cuando hubiera necesidad, estaría a su espalda, o su lado, sin dudar. Había algo atractivo en tener una compañera con quien pudiera contar.
    Ella sabía que los instintos protectores de Dominic entrarían en juego y lo aceptaba, como hacía con todo lo demás en su vida en común. De alguna manera, su Solange se había convertido en su mundo y había realzado todo lo mejor en él, incluyendo la entrada a la batalla.
    Quienquiera que estuviera en el granero está ahora en la casa con Santiago Vázquez. Conseguí echarle una buena mirada y no lo reconocí. Conozco a la mayor parte de los humanos que trabajan en el laboratorio, así como a la mayor parte de los hombres jaguar. Ese hombre no es de por aquí.
    Él llegó al porche sin alertar a nadie de su presencia. Alguien se movía por el interior y pudo oír una voz que provenía de la parte posterior de la casa. El hombre que asumió era Vázquez contestaba en alto, con la voz muy enojada.
    – Ella está viva. He estado allí y todavía está viva.
    Dominic estaba de pie en el porche, escuchando. Tenían que estar hablando de Marguarita.
    – Prometiste que la matarías si yo hacía lo que me dijiste. Lo he hecho todo. La pequeña zorra provocadora todavía está viva y no hay ninguna diversión en estar en este agujero infernal.
    El hombre con la voz más baja murmuró muy suavemente, pero su tono llevaba un orden.
    – Ella no tiene ninguna importancia para nosotros ahora.
    – Era importante para mí. Era mi entrada a la familia De La Cruz. Traté de tenerla a solas para comprometerla, pero ni siquiera iba a cabalgar conmigo.
    El hombre con la voz baja suspiró.
    – Su familia te habría matado si hubieras hecho algo tan estúpido, y entonces todo por lo que hemos trabajado habría desaparecido. Ella no es nada, Santiago. Hay muchas mujeres, y podremos atrapar a alguna de ellas una vez que estemos en posesión del libro y la sangre del jaguar real. Concéntrate en lo que es importante. Si logramos estas dos cosas, lo tendremos todo. Poder. Mujeres. Riqueza más allá de los sueños. Y los vampiros, los carpatos y los hombres-jaguar se doblegarán ante nosotros. Podremos gobernar donde queramos.
    ¿Los has oído, Solange? Dominic había repetido la conversación en su mente para que ella pudiera seguirla
    – Maldito Brodrick. Es tan jodidamente malvado que ahora hasta su sangre está contaminada. Lo ha arruinado todo con su enfermedad -se quejó Santiago-. Su mente está podrida como lo está todo su cuerpo.
    – Vamos a encontrarla -tranquilizó la segunda voz.
    Entonces son magos, dijo ella. Y tienen su propio plan. ¿Por qué es tan malditamente especial mi sangre? ¿Y por qué no serviría la sangre de Brodrick? Obviamente, tienen que tener algún tipo de conexión con él y deben saber que tiene el mismo linaje.
    De alguna manera su depravado estilo de vida de asesinato y violación ha arruinado la pureza de su sangre, respondió Dominic. No tenía idea de cómo, pero no podía haber otra explicación.
    Los dos hombres de dentro de la casa estaban juntos en el complot. Uno quería la vida de un rico hacendado y el otro quería el poder. Santiago era probablemente el eslabón más débil, y la persona cuyo cuerpo fue poseído por el otro, aunque Dominic estaba seguro de que estaban relacionados. Los dos olían como hermanos.
    Voy a dar la vuelta al cobertizo para ver quién está ahí fuera. No tienen a nadie aquí que no forme parte del plan.
    No puedo cubrirte desde este ángulo, objetó Solange. Puedo ver a los dos hombres ede la casa a través de las grandes ventanas, pero desde aquí no puedo ver dentro del cobertizo.
    Estaré en otra forma. Se encontró sonriendo mientras se movía alrededor de la terraza hacia la parte posterior de la casa, como una corriente muy débil de vapor.
    Al acercarse al cobertizo se convirtió en una lenta corriente fina, casi flotando alrededor del pequeño edificio de madera. Podía sentir la fuerza de energía latir desde el interior. Las paredes deformadas apenas podían contener el pulsante poder atrapado en su interior.
    ¿Sientes esto?
    Él sintió la repentina inhalación de Solange.
    Sal de ahí, Dominic. No te acerques demasiado.
    Donde no había ninguna brisa, el suelo de la selva tropical estaba inmóvil bajo el dosel de ramas; sin previo aviso, el viento golpeó en un frenesí, recorriendo la línea de árboles que rodeaban la finca por tres lados y directamente hacia Solange. Una explosión estalló en el cobertizo. Dentro algo resplandecía de un blanco anaranjado, brillando a través de las grietas de la madera retorcida por la edad.
    Algo grande golpeó la puerta de la nave lo suficientemente fuerte para sacudir todo el edificio. La puerta se astilló a mitad de camino de romperse, abultándose.
    ¡Sal de ahí, Solange!, ordenó Dominic.
    ¿Tengo escrito estúpida en la frente? mitad risa, mitad exasperación y un poco de miedo sano afilaron su voz. Ella sabía que lo que había en ese cobertizo había olido sangre, su sangre, y que venía a por ella.
    Dominic contrarrestó la dirección del viento, apartándolo de Solange para que la criatura, o lo que fuera, no pudiera encontrarla por el olor. El cobertizo tembló una segunda vez cuando el enorme animal golpeó la puerta. Esta vez la madera cedió por la mitad, rompiéndose y expulsando fragmentos irregulares.
    Dos hombres irrumpieron desde la parte posterior de la casa, corriendo por el terreno irregular y fangoso hacia el cobertizo. Los dos eran exactamente iguales y ninguno tenía ojos plateados. Ambos se detuvieron bruscamente a mitad de camino, giraron y poniéndose espalda contra espalda, levantaron las manos. Uno divisó los zarcillos de niebla y de inmediato susurró algo a su hermano gemelo.
    – ¡Alistair! -gritó Santiago cuando la enorme criatura se arrojó contra la puerta del cobertizo por tercera vez, derribándola. Un enorme felino negro saltó fuera, corriendo directamente hacia el bosque.
    Dominic reconoció la voz de Santiago, sabía que estaba en problemas y pasó como un rayo a través del jardín.
    Dispara al felino, Solange.
    La puerta trasera del cobertizo estalló y un tercer hombre salió corriendo, con las manos en alto también. Santiago se dio la vuelta, hombro con hombro con su hermano, y simultáneamente ambos hombres cerraron de golpe las manos directamente en la niebla. Detrás de ellos, Alistair, con los ojos plateados, añadió su poderosa energía a los otros dos. Por un momento pareció como si se hubieran fusionado en un solo ser.
    La luz brotó de las yemas de sus dedos, explotando directamente hacia el vapor que se alejaba como un rayo de ellos. El sonido de un disparo retumbó en el bosque. Un agujero floreció en el centro de la frente de Santiago. El segundo hombre cayó al suelo, rodando para cubrirse. La fuerza de la explosión golpeó a Dominic y lo lanzó al cielo.
    Sonó un segundo disparo y el hombre del suelo gritó. Dominic chocó contra un árbol duro y apenas logró aterrizar en cuclillas. Todo su cuerpo ardía y le llevó un momento evaluar el daño. Solange roció de balas el suelo delante de él, haciendo retroceder cualquier ataque de los hermanos magos.
    El felino estaba fuera de la vista, pero corriendo a toda velocidad a por Solange. Dominic tuvo que escoger entre destruir a los magos y proteger a Solange. En realidad, no había opción. Persiguió al enorme felino. Construido como un tigre dientes de sable, con músculos enormes, el gato negro podía convertirse en una sombra insustancial y sólo se le podía matar cuando se encontrara en forma sólida.
    Mientras corría tras el felino, Dominic tomó el mando de los cielos. Los truenos retumbaron, siniestras nubes oscuras aparecieron de la nada. La lluvia cayó. Un rayo se bifurcó en el cielo, reuniendo electricidad y energía en una masa aterradora. Los relámpagos golpearon la tierra una y otra vez, sacudiendo todo el patio entre la casa y el cobertizo. Uno de ellos alcanzó el cobertizo y lo hizo explotar en astillas de madera ennegrecida, derramando su contenido al exterior.
    Dentro había pequeños cachorros en distintas etapas de miseria, algunos medio formados, algunos gritando de dolor mientras sus cuerpos se retorcían mitad sombra mitad sólidos. Los maullidos lastimeros y los gruñidos se podían oír por encima de los truenos que hacían temblar el suelo. El mago no herido corrió hacia uno de los gatos en fuga, gritando una orden. Medio crecido, con parte de su cuerpo transparente y ojos brillando de un ardiente rojo, el gato giró en redondo, siseando y escupiendo, luchando contra la compulsión de volver con el mago.
    El rayo golpeó la tierra de nuevo, y grandes explosiones al rojo vivo estallaron en torno a los felinos mutilados, incinerándolos tan rápidamente que no pudieron sentir la oleada de calor. Sólo el medio crecido permaneció, agachado, tratando de escabullirse del mago.
    ¡No lo mates! Solange parecía destrozada. Podía oír su llanto en lo profundo de su mente. Su jaguar hembra se indignó y lucho por emerger. Podemos salvar a ese, Dominic. Por favor. Por favor, no lo mates.
    Dominic mantuvo los relámpagos en lo alto, alejando al mago lejos del felino mientras sintonizaba su mente con la del gato. No estaba del todo seguro de que fuese una buena idea tratar de salvar a un cachorro mutante programado para ir tras la sangre de Solange, pero no podía resistirse a la suplica de su voz o a las lágrimas en su mente.
    ¡Corre! ordenó al cachorro. Prueba por el río y te ayudaré de ser posible.
    El gato, con la ayuda adicional de Dominic, se liberó del hechizo de restricción del mago, se dio la vuelta y corrió hacia el bosque.
    Solange disparó varias veces mientras el gran gato negro desgarraba el tronco del árbol, despedazando la corteza al trepar para atraparla. La cosa era pesada, y ella subió más alto, a las ramas más delgadas, pero estaban cubiertas de hojas y perdió de vista a Dominic. Podía ver al felino sin embargo, un animal enorme, con los músculos tensos mientras se agarraba con las garras y trepaba lentamente por el árbol, los ojos fijos en Solange. Si Dominic volaba al animal podría derrumbar el árbol, y a Solange, a no ser que el cronometraje fuese perfecto.
    El gato brilló, casi translúcido, y efectuó un enorme salto a las ramas inferiores más pesadas. Sus gruñidos retumbaron horribles y fuertes, de modo que las criaturas del bosque se quedaron en silencio, agazapadas en sus guaridas. Incluso las siempre presente musicales cigarras guardaron silencio. El bosque parecía contener la respiración mientras el felino arrastraba su cuerpo hasta el siguiente nivel.
    ¿Estás lista? preguntó Dominic, con el corazón en la garganta.
    ¿Era posible que ella se despojara de su ropa y cambiara al mismo tiempo si el árbol desaparecía? Él sabía que era rápida, pero… Apartó el pensamiento. Necesitaba una clara zona de ataque. Solange estaba esperando, intentando conseguir un tiro claro a través del denso follaje. No tenía margen de maniobra y su posición era precaria. No sólo la rama era débil, sino que el peso del gato balanceaba las copas de los árboles.
    Dominic actuó con rapidez, tratando de cubrir la distancia para cogerla de ser necesario, pero todos sus sentidos estaban centrados en el felino. El gran animal seguía mirando hacia arriba, a Solange, gruñendo y babeando.
    ¿Puedes alcanzar su mente? Solange sonaba tranquila. Mucho más tranquila de lo que él se sentía con el animal rasgando el árbol para llegar a su compañera.
    El otro felino había estado protegido por el mago con una fuerte barrera. Dominic empujó con fuerza en la mente de este felino. La criatura existía para un único propósito, llevar la sangre de Solange a su amo. Los sentidos del animal transformado estaban todos programados para un olor, para una persona. No habría ninguna parada, arrastrarla de los árboles y transportarla hasta el mago.
    Él inhaló y entrecerró los ojos, concentrándose en el espacio que había debajo de Solange. Era el único espacio abierto.
    Estate preparada, cariño.
    El gato saltó sobre ella. Dominic lo derribó, atrapándolo en el aire, pero el rayo golpeó a través del enorme cuerpo, estrellándose contra el árbol. El animal se desintegró en ceniza y el árbol cayó con terrible estrépito.
    Solange calculó el salto usando la mente de Dominic. Saltó cuando el rayo traspasó al felino, brincando fuera y lejos del árbol que caía. Sin soltar el fusil, no hizo ningún intento de cambiar, simplemente confiando en que él la cogería. Dominic se las arregló para rodearla con los brazos cuando ya había caído las dos terceras partes del camino. En ningún momento sintió pánico en ella.
    Pero él se sintió presa del pánico, el corazón le atronaba en el pecho mientras la sostenía lo suficientemente fuerte para que apenas pudiera respirar. Ella no trató de retorcerse, simplemente le permitió su momento de alivio.
    Se abalanzó sobre el rancho. El cadáver de Santiago permanecía tendido en el suelo. Un rastro de sangre conducía a donde había estado aparcado un vehículo. El mago de ojos plateados y su hermano se habían ido hacía mucho tiempo. Dominic cambió de dirección, dirigiéndose al río. El cachorro más pequeño paseaba por la orilla, aullando de angustia. Recogió a la criatura y la dejó en los brazos de Solange.
    Ella lo cogió por debajo de las patas delanteras, sujetándolo lejos de ella, de frente, meciéndolo suavemente. La cabeza del gato se inclinó a un lado y al instante se durmió.
    Genial. Ahora tenemos un pequeño gatito amistoso. ¿Qué vamos a hacer con eso? preguntó Dominic con disgusto.
    La suave risa de Solange lo calentó como nada más podría hacer. Tenía la sensación de que en su vida juntos, rescatar niños, animales y posiblemente, adultos se iba a convertir en algo común.

Capítulo 16

    Nunca podré traicionarte.
    Nunca podrás separarte de mí.
    Eternamente enamorados, en esta vida y la siguiente.
    Eres mi mismo corazón.
    De Solange para Dominic

    Solange despertó con el cuerpo fuertemente envuelto alrededor del de Dominic. Por primera vez no había dormido en su forma jaguar. Había deseado yacer a su lado, piel contra piel, y despertar mirando su cara, tocando su cuerpo. Antes soñaba con él, a veces de a noche, a veces durante el día, pero ahora Dominic siempre ocupaba su mente. A veces parecía el centro de su mundo y no sabía cómo o cuándo se había apoderado él de sus pensamientos.
    A veces, como ahora, se sentía como si fuera a la deriva en un mar de necesidad, ansiando la forma en que sus hermosos ojos se movían sobre ella con aquella mirada de tan intenso deseo que apenas podía respirar. Esta tarde, al despertar, se sentía casi poseída por la necesidad de estar con él, como si él verdaderamente fuera la mitad de su alma. Había pasado su vida sola, independiente, y era extraño despertarse con Dominic como su primer pensamiento. Quería ser todo lo que él necesitara tanto como él era todo lo que ella necesitaba.
    Dominic había despertado a la mujer en ella. Por primera vez en su vida se sentía atractiva y viva. Disfrutaba de la forma en que la miraba cuando se paseaba por el refugio con las ropas que él le había pedido que llevara. Descubrió que le gustaba vestirse para él, ver la oscura lujuria construyéndose mientras su mirada la seguía por la cámara.
    Se sentó lentamente y lo miró. Las pestañas de él se levantaron en el momento que ella se movió, los brazos subieron deteniendo su avance. Los senos desnudos rozaron su duro pecho mientras la sostenía en el lugar. Tenía pestañas imposiblemente largas que en otro hombre habrían parecido femeninas, pero la negra medialuna solo servía para resaltar el color de sus ojos. Su lenta y atractiva sonrisa le derritió el corazón y la hipnotizó ligeramente.
    – Bésame, kessake. Bésame ahora antes de que esa pequeña bola de pelos caiga botando sobre nosotros y estropee mi buen humor -gruñó él. Deslizó la mano hasta su cabello para cerrarla allí, sin darle ninguna opción excepto obedecer.
    Solange se inclinó sobre su cuerpo, inconscientemente sensual deslizando su piel contra la de él sólo por el puro lujo de tocarlo. Era tan físicamente hermoso para ella, su cuerpo afilado por la batalla, un guerrero en la flor de la vida, todo lo que atraía a su gata. Pero la inesperada dulzura en él, la forma en que miraba por sus necesidades, la forma en que se concentraba tan completamente en ella como si todo lo que ella dijera le importara, atraía a la mujer.
    Se tomó su tiempo para bajar la cabeza, saboreando la forma en que se sentía, esa deliciosa y caliente necesidad que se derramaba sobre ella, mezclándose con un terrible, aterrador y aplastante amor que le robaba la cordura. En el momento que sus labios rozaron los de él, el fuego comenzó, rodando por ella abrasadoramente y fuera de control. La mano de Dominic mantuvo la presión constante en la nuca mientras se tomaba su tiempo para explorar su boca, largos y tóxicos besos que le derritieron los huesos.
    Las manos de él acariciaron cada curva, inflamando las terminales nerviosas aún más, hasta que su cuerpo se estremeció de deseo. Una mano se arrastró más abajo, el pulgar rozando suavemente, casi con tiernas caricias sobre su montículo y más abajo a su sexo. Él capturó su respiración jadeante con la boca, manteniéndola cautiva mientras se tomaba su tiempo besándola hasta que cayó contra él como una gelatina que no pudiera moverse.
    Dominic la envolvió con los brazos, y con la boca soldada a la de ella los hizo flotar desde la rica tierra al suelo de la cámara. Dejó al pequeño cachorro enroscado en una pequeña bola de piel, que todavía dormía encima del suelo sanador.
    Solange sintió la manta tejida bajo sus pies desnudos cuando él la bajó, pero su cuerpo ya no le pertenecía. Más que nada se sentía caliente y necesitada y tan enamorada que apenas podía encontrar las palabras. Sólo podía mirarlo con el corazón en los ojos. Dominic Buscador de Dragones. La leyenda. El hombre. Suyo.
    La sonrisa de él fue lenta y segura.
    – ¿Baño o comida?
    Ella aplastó la necesidad de decir “tú”. La confundía tan completamente que no podía hablar. Echó un vistazo a la invitadora agua caliente y le sonrió, esperando que se uniera a ella.
    – Adoras bañarte -dijo él con su mirada ardiente quemando sobre ella.
    Solange asintió. Era muy consciente de él a su espalda mientras se dirigía hacia la piscina burbujeante. El agua se cerró sobre su piel, hormigueando, levantando burbujas, la espuma sensibilizabasus terminaciones nerviosas de tal manera que el aliento se le quedó atrapado en la garganta y cerró los ojos, dejando que la sensación se precipitara sobre ella.
    Dominic la siguió a la charca, encontrando un lugar en la roca lisa de modo que sólo su pecho y cabeza estuvieran fuera del agua. Solange hundió la cabeza bajo el agua y dejó que él la empujara contra sí de forma que pudiera lavarle el pelo. Le encantaba la sensación de sus fuertes dedos masajeándole el cuero cabelludo. El agua lamía su barbilla mientras él le aclaraba el cabello.
    – He estado pensando en el pequeño cachorro -se aventuró ella, tratando de no parecer tímida. Su reciente descubrimiento de cuán profundamente estaba enterrado él dentro de ella la hacía sentirse más vulnerable que nunca-. Si le das tu sangre carpato, ¿crees que podrás arreglarlo? Es tan lindo, Dominic. ¿Es posible? ¿Darle tu sangre una vez los parásitos se hayan desaparecido?
    El cachorro era sólido por el frente y detrás, pero en el medio era sombra, lo cual hacia difícil, sino imposible, que el gato comiera.
    – Tal vez. Honestamente no sé qué se puede hacer por el pequeño -él le hundió la cabeza debajo del agua para enjuagar la sedosa y larga masa.
    Había pena en su voz y Solange frunció el ceño. Esperó hasta que hubiese terminado y luego rozó la palma de su mano sobre los fuertes músculos de su pecho.
    – Pensaba que la sangre carpato podía curarlo casi todo.
    – Esto es magia retorcida, Solange -dijo, capturando su mano y presionándose su palma sobre el corazón-. Quiero ayudar, pero no veo cómo podemos deshacer este daño.
    Ella suspiró y sin darse cuenta se inclinó hacia delante para lamerle una gota de agua que le bajaba por el pecho.
    – No tuvieron tiempo de programarlo para que necesitara mi sangre. Es una cosita dulce, pero tenemos que encontrar una solución rápido o morirá de hambre. ¿En qué estaban pensando?
    – Dudo que les importara si el gato estaba hambriento, mientras hiciera lo que ellos quisieran.
    – Tenemos que hacer algo. Mantenerlo dormido es la única manera de impedir que muera de hambre, pero es una solución temporal.
    Ella le creía. Él había dicho que quería ayudar pero que todavía no sabía cómo. Ahora conocía a Dominic profundamente, la esencia de quién era, lo que defendía, y no permitiría que el gatito sufriera. Prestaba atención a los detalles, sin importar lo que fuera.
    Se dio la vuelta completamente en sus brazos y tentativamente estiró la mano hacia él para explorarlo. Era tan sagrado para ella, casi creía que debería pedirle permiso para tocarlo. Se sentía muy atrevida al recorrerle el pecho con la palma de las manos. Él no hizo ningún movimiento para detenerla y su reticencia se desvaneció. Siguió los esculpidos contornos, memorizando cada músculo definido, tratando de absorber la forma y la sensación de él a través de las yemas de los dedos mientras acariciaba su cuerpo. Oyó el cambio en su respiración, sintió la inquietud en su cuerpo, el deseo que se alzaba. Permaneció tranquilo, mirándola con la aprobación que ella ansiaba en su mirada.
    Sus dedos trazaron cada costilla, su afinada cintura, extendiéndose sobre su vientre plano, duro. Apreció cómo reaccionaba el conjunto de músculos bajo su mano. Ya estaba duro, muy excitado, grueso y largo y estirándose hacia sus manos, pero entonces él se movió, suspirando suavemente.
    – Tenemos que ser cuidadosos, Solange. Necesitas comer.
    Su voz era firme y ella dejó que la protesta muriera en su garganta. Necesitaba comer, pero le necesitaba más a él. Se tocó los labios con la lengua y asintió, apenas atreviéndose a respirar por si la cosa mala saliera. Como una protesta.
    Se suponía que esta tarde no iba de ella y de lo que necesitaba, quería que fuera de él, pero no estaba segura de cómo proceder.
    Él la secó con una toalla suave y caliente, como siempre teniendo cuidado de que estuviese resplandeciente y fresca antes de hacer lo mismo con él. Solange no se movió, lo miraba sin parpadear, con temor a perderse la más mínima señal proveniente de él. Dominic se puso su habitual ropa elegante ondeando la mano con facilidad de una forma que ella encontraba impresionante.
    – ¿Qué túnica? -Su voz era baja y ronca, dando por supuesto que ella querría uno de los vestidos que él había hecho para ella, los vestidos que él prefería que vistiera cuando estaban solos.
    – La túnica del dragón -dijo ella, incapaz de mirarlo a los ojos. Adoraba esa túnica. Su corazón palpitaba con fuerza y saboreó el miedo y la excitación en la boca. Cuando llevaba la túnica Buscador de Dragones se sentía no sólo hermosa, sino además como si verdaderamente le perteneciera.
    Dominic tendió la mano y el exquisito encaje elástico descansó en su palma. Galantemente sostuvo la túnica para que ella pudiera deslizar los brazos dentro. Le anudó el cinturón él mismo, de modo que se ajustara en el medio, revoloteando sobre sus caderas, pero dejando el frente abierto. La tela se pegaba a los costados de los senos, dejándolos desnudos del encaje sembrado de estrellas.
    Le ahuecó los pechos en las manos levantando el peso suave, sus ojos se calentaron. El aliento de Solange le explotó en los pulmones cuando él se inclinó y le chupó el pezón profundamente en su boca, tirando y haciéndolo rodar con la lengua y dientes hasta que fue una pequeña punta. La boca se movió al pecho izquierdo y repitió la misma atención, tomándose su tiempo, excitando y acariciando hasta que los suaves gemidos se convirtieron en quejidos y lloriqueos de deseo.
    Ella jadeaba mientras él seguía prodigándole atenciones a sus sensibles pezones. Sentía los pechos hinchados y calientes y su cuerpo tenso porun dolor impaciente y familiar. Sacudió la cabeza con la mirada nublada y el pelo derramado sobre sus hombros en completo desastre.
    – Se suponía que esto era para ti -susurró ella.
    Él sonrió y le levantó la cara.
    – Es para mí -Dejó caer mano hacia abajo por la túnica abierta para encontrar su sexo. Deslizó un dedo dentro de ella-. Estás tan caliente y mojada para mí, Solange. Tan lista. Para mí.
    Ella se estremeció, jadeando por el impactante calor que le recorrió el cuerpo.
    – Esto es definitivamente para mi placer -susurró él-.Todo para mí. Quiero tocarte, Solange. Y necesito saber que das la bienvenida a mi toque en cualquier momento. -Empujó dos dedos en su interior e emitió un sonido de apreciación en lo profundo de su garganta.
    Ella sintió que ese sonido resonaba a través de todo su cuerpo. Todo en ella se calmó. Haría cualquier cosa para su placer. Si era importante para él que ella estuviera excitada, se enorgullecería de estar preparada para él.
    – Adoro cómo te sientes -susurró él, sus ojos oscureciéndose más-. Suave como la seda -se llevó los dedos hacia la boca -. Pero aún más, me encanta la forma en que sabes.
    El corazón de Solange se sacudió. Se perdió en sus ojos, en sus oscuras y ardientes profundidades, se fundió hasta que el violento mundo alrededor de ella se alejó y no pensó nada más que enél. Un temblor le recorrió el cuerpo mientras Dominic se chupaba los dedos, sus ojos eran oscuros y calientes. Se le escapó un pequeño gemido mientras un disparo de lujuria recorría todo su cuerpo.
    Él sonrió, con satisfacción masculina muy evidente.
    – Ven conmigo, Solange. Necesitas comer.
    ¿Comer? ¿Realmente había dicho él comer? Su cuerpo estaba caliente y necesitado y ¿él quería que comiera? Se lamió los labios y tomó su mano extendida. Él la condujo a la mesa iluminada con velas y sostuvo para ella la silla de respaldo alto. Esta pequeña caverna era su mundo, y a él le gustaba la elegancia y las galas. Los platos sobre la mesa eran hermosos, como lo era la vajilla de plata. Todo lo que Dominic hacía tenía un toque elegante. Era del Viejo Mundo y galante, y la hacía sentir especial mas allá de cualquier cosa con la que hubiese fantaseado alguna vez. Solange empujó la incómoda sensación de no pertenecer. Ella pertenecía aquí, con Dominic.
    Se puso la servilleta en el regazo, los dedos se deslizaron sobre el suave material. Bajo la mesa se retorció los dedos en una agonía de necesidad. Él le había dado todo esto. Un hogar. Un hombre que la trataba como una igual. Un hombre que la escuchaba y dirigía sus miedos con respeto y amor. Ella nunca había imaginado que una relación pudiera ser tan buena y la entristecía la pérdida de su gente. Todas las mujeres que habían sido brutalmente usadas y tiradas a un lado porque Brodrick rechazaba reconocer que eran buenas para algo aparte de para dar crías.
    Dominic era lo opuesto a todo lo que ella despreciaba en un macho. La alimentaba con carne, un pequeño mordisco a la vez, carne, cosa que él encontraba repulsiva y aún así reconocía que su gata lo necesitaba. Podía ver el esfuerzo que había hecho él por estudiar qué comida satisfaría mejor a su cuerpo, y el resultado estaba todo allí. A Dominic le importaba su salud y bienestar. Le importaba su tranquilidad.
    Solange se mordió con fuerza el labio inferior, las lágrimas brillaron en sus ojos. Parpadeó para alejarlas con la esperanza de que él no las hubiese visto, pero Dominic lo veía todo cuando se trataba de ella, cada pequeño detalle.
    – ¿Qué pasa? -Le tomó la barbilla en la mano y levantó su cara hacia él-. Dime.
    Él podría haber examinado fácilmente su mente, pero le gustó que no lo hiciera. Que esperara. Esto le permitía reunir el coraje que necesitaba cuando era demasiado tímida o estaba avergonzada. Al final, sabía que lo superaría y que comprendería completamente que todo lo que ella sentía y decía era importante para él.
    – Me conmueves -ella no podía encontrar las palabras-. La forma en que me amas, me conmueve. -Luchaba para que las palabras pasaran a través del grueso nudo en su garganta. Ella no era como él. No podía encontrar elogios fácilmente, pero esto no quería decir que no sintiera las emociones tan profunda e intensamente como él.
    La sonrisa de Dominic hizo que su mundo se enderezara nuevamente. Su corazón revoloteó y se encontró devolviéndole la sonrisa, respirando fácilmente, como si sus pulmones siguieran el ritmo de su voz.
    – Quiero hablar de la conversión contigo, Solange. Tenemos que examinar cada ángulo antes de tomar una decisión. No tenemos ninguna idea de lo que esto le hará a tu sangre, o a ti, y eso me preocupa. Tu jaguar es fuerte y puede haber repercusiones.
    Ella continuó comiendo, contemplando su cara a la luz parpadeante de las velas mientras le daba vueltas y más vueltas a la idea en su mente. Conversión. Convertirse en Carpato. Vivir en la tierra. Tomar sangre en vez de comida. Podría hacer todas esas cosas mientras estuviese con él, pero no podría abandonar a la otra mitad de quien era. Ella era jaguar. Siempre sería jaguar.
    – ¿Qué pasa si no me convierto?
    Él se encogió de hombros, con un movimiento fácil y casual.
    – Ya te lo dije. Ambos envejeceríamos y moriríamos juntos.
    – ¿Te quedarías conmigo?
    – Tú eres mi compañera. Eres la mujer que amo. No hay ninguna otra respuesta. Y Solange -se inclinó hacia ella, de modo que su mirada fuera sostenida por la suya-, nunca habría arrepentimientos.
    Le creyó. Eso cambió las cosas instantáneamente para ella. Él dejaría todo por ella sin arrepentimientos. Todo en ella lo amaba, lo anhelaba, deseaba desesperadamente darle todas las cosas que él le había dado a ella. Se sentía un poco impotente al no saber lo que las mujeres hacían por sus hombres, pero aunque no lo supiera se forjaría su propio camino, como él parecía estar haciendo con ella.
    Cogió un trozo de mango.
    – ¿Destruiría a mi jaguar?
    – No tengo la respuesta para eso. ¿Qué pasó con tu prima?
    – Dijo que su jaguar hizo difícil la conversión, pero que siente a su gata con ella, aunque no del mismo modo.
    – ¿Tú sangre es diferente a la de tu prima?
    Asintió.
    – Su madre era de la realeza, pero no su padre. El linaje está ahora casi exterminado. Sólo estamos Brodrick y yo. Sé que soy la última de mi clase. No puedo salvar a nuestra gente. Lo he sabido durante algún tiempo y por muy triste que sea, es la verdad. Nuestro tiempo pasó -tomó aire-. Quiero proteger a mi jaguar. Ella es tanto yo como la guerrera y la mujer. ¿Hay algún modo de meterla despacio en el mundo carpato y ver si acepta?
    – Una vez sea capaz de reunir la información que necesitamos podemos intentar un intercambio de sangre para ver qué tal se lo toma. Ahora mismo, si yo tomara tu sangre mataría a los parásitos restantes en mi cuerpo, y los necesito para ganar la entrada al conclave de los vampiros que ocurrirá en el próximo alzamiento.
    Ella trató de respirar regularmente, de evitar que su corazón latiera con fuerza.
    – Deberíamos probar a qué distancia tengo que estar de ti para que los parásitos no reaccionen a mi presencia. Soy una buena tiradora y puedo disparar desde una buena distancia, pero no con la ballesta. Necesito eso para matar vampiros.
    Él asintió.
    – Pensé que tu ballesta era ingeniosa.
    – Me gustaría atribuirme el mérito, pero Riordan, el compañero de Juliette, me ayudó a crearla. Mezcló este gran acelerante para mí porque los vampiros parecían mostrarse cada vez más en esta área. Sabíamos que Brodrick había hecho una especie de alianza con ellos. Me tomó un tiempo entender el por qué. Todo el mundo pensaba que estaba controlado por los vampiros, pero yo sabía que no. Sabía que ellos no podrían influir en él.
    – Pasé un tiempo difícil intentando comprender por qué un hombre vendería a toda su especie sin que un vampiro controlara su mente, porque él tiene que saber que los vampiros están influyendo en sus hombres jaguar, que no tienen esa particular marca de protección.
    – Es totalmente malvado -dijo Solange, bajando la voz inconscientemente. Tembló, recordando la mirada en los ojos de Brodrick mientras acuchillaba la garganta de su amiga de seis años porque no podía cambiar-. Disfruta de su poder sobre las mujeres. Mi tía me contó como arrastró a mi madre fuera de la casa por el pelo después de matar a sus padres, luego la retuvo cautiva durante meses. Estaba muy rota cuando la dejó ir. Ella sólo tenía diecisiete años entonces y él fue terriblemente cruel. Disfruta haciendo daño a las mujeres, y en su posición como líder de la gente, los hombres abrazaron su filosofía de que las mujeres estaban para servir cada uno de sus deseos y que podían tratarlas como quisiesen. Brodrick cree que todas las mujeres son menos que él, y que tiene todo el derecho de hacerles daño para su propio entretenimiento.
    Dominic cogió un trozo de mango y lo sostuvo ante su boca hasta que Solange le dio un mordisco. Ella sabía que le preocupaba que no comiera lo suficiente, podía leerlo en su mente. Así que se comió la fruta y sintió un pequeño júbilo estúpido cuando un destello de aprobación le iluminó los ojos.
    – Su padre antes que él era igual, lo mismo que el padre de éste. Algo ocurrió hace mucho tiempo que provocó esto, ya fuera que naciera enfermo y retorcido, o que algún suceso lo volviera así, probablemente nunca lo sabremos, pero Brodrick fue criado por su padre para disfrutar cazando mujeres.
    – No tenía que seguir con lo que fue antes. Al final, todos somos responsables de las elecciones que hacemos -discutió ella-. Él permitió la extinción de una raza entera por seguir sus depravadas inclinaciones. Odio que su sangre fluya por mis venas.
    Él le pasó la mano por el cabello, para consolarla.
    – Eres una mujer increíble, Solange, y para nada parte de él.
    Ella sintió el revoloteo en su corazón y levantó la vista, sin preocuparle que él pudiera ver las estrellas en sus ojos. Dominic la hacía sentirse como una princesa de cuento de hadas, hermosa cuando sabía que no lo era, especial cuando era ordinaria, sexy cuando no tenía ni idea de cómo ser una mujer. Dominic era su Príncipe Azul y siempre lo sería. Cada día con él le parecía un regalo, una fantasía que nunca podría haber invocado por sí misma.
    En todos aquellos días en los que inventaba un compañero de fantasía, su “perfecto hombre ideal”, nunca había comprendido lo perfecto que podía ser él para ella. Era un hombre, y ella nunca había sido capaz de obligarse a confiar en un hombre. Después de conocer a Riordan y a Manolito De La Cruz, de observar a los dos con sus primas y su amiga MaryAnn, había deseado confiar en ellos y llegar a quererlos por quienes eran, pero… suspiró. Había sido Dominic quien le había permitido encontrar su fe en los hombres.
    – Quiere la base de datos de las mujeres psíquicas que los vampiros han reunido -dijo Solange-. Están buscando a toda mujer con puntuación alta en habilidades psíquicas, y haciendo preguntas sobre sus antecedentes, son capaces de reunir suficiente información para rastrear quiénes son descendientes de la gente jaguar. Esencialmente, Brodrick utiliza la base de datos como lista de objetivos para matar a las que cree que no pueden producir un cambiaformas y criar con aquellas que pueden.
    – Obtendremos los datos, Solange, protegeremos a las mujeres y destruiremos el laboratorio y todos sus ordenadores -le aseguró.
    Parecía una tarea imposible. Ella llevaba años intentando averiguar cómo llevarla a cabo, pero había sido incapaz de idear un plan.
    – No soy buena con los ordenadores -admitió ella-. No tengo ni idea de como copiar la información. Al final, simplemente me figuré que sería mejor volarlo todo y esperar que los datos desaparecieran también. Tracé un plano del edificio para poder colocar explosivos y echarlo abajo.
    Dominic se inclinó y lamió el zumo de mango de sus labios. Su útero se tensó y los músculos de su estómago se contrajeron.
    – Creo que podemos conseguir la información. Tengo un amigo dispuesto a ayudar con el problema de los ordenadores. Me dio instrucciones precisas.
    Para Solange, ese lametón sensual había hecho que le subiera la temperatura y se volvió agudamente consciente de su cuerpo una vez más. Él parecía excesivamente consciente de ella también.
    – ¿Qué amigo? -preguntó, intentando mantenerse en el tema.
    Con la yema del pulgar él le trazó lentamente la línea de la clavícula hasta la punta del pecho. Ella contuvo el aliento bruscamente. El pulgar continuó bajando hasta el estómago desnudo y más abajo.
    Una pequeña sonrisa tiró de la boca de Dominic.
    – Se le considera un chico punk, aunque no es mucho más joven que tú en años humanos, pero es muy hábil con los ordenadores. Quería venir, pero no podía arriesgarme a que se creyera capaz de luchar con un vampiro. Su nombre es Josef, y a veces creo que la mayor parte de los machos Carpato, incluido yo mismo, hemos considerado enviarlo con los vampiros sólo para acabar con sus travesuras. El chico es muy moderno y está un poco descontrolado. Está esperando junto a su ordenador para tomar el control de los del laboratorio al igual que de su red.
    Ella rió.
    – Nunca había considerado que los Carpatos pudieran tener problemas con sus hijos. Y éste parece inteligente.
    – Te sorprenderías. Yo mismo fui bastante salvaje. Una vez casi cambié en medio de una enorme piedra sólo para presumir.
    La ceja de ella se arqueó.
    – ¿Salvaje? ¿Cómo de salvaje?
    La sonrisa de él bordeó una mueca burlona.
    – No tanto como pretendía ser.
    Su cuerpo se estremeció cuando él le acunó el sexo, acariciando y rozando con un largo dedo. La mirada de él había caído hasta sus pechos, haciéndola una vez más muy consciente de su cuerpo. Podía hacerlo tan fácilmente, sólo rozarla con la mirada y cada célula respondía. El rubor comenzó en algún lugar cerca de los dedos de los pies y se arrastró hacia arriba. Olvidó de qué estaban hablando, todo desapareció de su cerebro dejándola abierta de par en par.
    Tomó un profundo aliento y admitió la verdad ante él.
    – No puedo pensar de lo mucho que te deseo.
    La mirada de Dominic saltó a la de ella.
    – ¿Confías en mí lo suficiente, Solange? No sólo deseo tu cuerpo. Quiero que te entregues completamente a mí. Cualquier cosa que te pida. Cualquier cosa que necesite. Incluso si te asusta un poco, si confías en mí, podemos tenerlo todo. No va a haber marcha atrás una vez que nos comprometamos. Nos uniré y no hay retirada de esa posición. Nuestras almas estarán unidas y no habrá salida para ninguno de los dos. No puedes cometer un error. Mis necesidades serán las tuyas. Cada momento de tu vida estará dedicado a mí. A mi placer y comodidad. Te entregarás a mi cuidado, tu salud y felicidad, toda a mi cargo.
    Ella se tragó el miedo que se estaba alzando. Se negaba a ser derrotada en esto, su única posibilidad de felicidad.
    – Porque tu cuidado está en mis manos.
    Ella quería que él viera que entendía lo que estaba intentado decirle. Todo lo que pensaba, todo lo que le importaba, era importante para él… y él quería ser igual de importante para ella.
    Él asintió lentamente. La habitación parecía muy tranquila y extremadamente silenciosa, como si incluso su guarida contuviera la respiración. La mirada de él permaneció firme en la de ella.
    Solange tomó un aliento y sonrió, el martilleo de su corazón se tranquilizó buscando encontrar el ritmo del de él. Nunca se había sentido tan segura de nada.
    – Te deseo con todo mi corazón, Dominic. Puede que tenga miedo a veces, pero confío en que me prestarás ayuda. Y te lo prometo, haré todo lo posible por hacerte feliz.
    Los ojos de él se volvieron de un azul profundo y penetrante. Su voz descendió a una nota baja y seductora con la que Solange había llegado a familiarizarse.
    – He esperado mucho tiempo para oírte decir eso.
    Sus dedos le acariciaron el pecho. El pezón se tensó y se inclinó hacia delante para capturarle el pecho en el caldero hirviente de su boca.
    Ella gritó, arqueando la espalda, subiendo las manos para acunarle la cabeza. El cabello sedoso de él fluyó por sus brazos y echó la cabeza hacia atrás mientras el fuego la envolvía y ardía en su interior. Dominic tenía una boca mágica, ardiente y tan talentosa.
    Se sintió un poco aturdida cuando él la levantó de la silla y la llevó al medio de la cámara. Un ondeo de su mano cambió la habitación entera. Las velas volvieron a la vida a lo largo de las paredes, con llamas tan altas que sólo un suave brillo lanzaba luz por la habitación. La alfombra pareció espesarse bajo sus pies desnudos, aunque en realidad todo lo que Solange veía era al hombre que estaba de pie frente a ella.
    Muy suavemente él le deslizó la bata de gasa del dragón de los hombros, dejando que la tela elástica se amontonara alrededor de sus pies. El aliento se le quedó atascado en la garganta cuando sintió el trozo de encaje bajar por su piel desnuda. Él la cogió por los hombros, bajando la mirada a su cara girada hacia arriba. El corazón de Solange atronaba en su pecho, casi hipnotizada por el control absoluto de él, por su enorme fuerza, pero sobre todo por el calor de sus ojos. Se estremeció bajo su toque, incapaz de apartar la mirada de la creciente intensidad de esos ojos. Él deslizó las manos por los brazos hasta las muñecas, estudiándola con toda su atención.
    La miró a los ojos unos momentos más, manteniéndole la mirada cautiva mientras entrelazaba gentilmente sus dedos con los de ella y le apartaba los brazos del cuerpo. Muy lentamente, su mirada cayó en una larga inspección del cuerpo femenino.
    Ella sintió como se ruborizaba y los pezones se pusieron de punta bajo tan hambrienta mirada. Donde antes podría haberse sentido avergonzada, ahora que podía ver la apreciación en esos ojos, el deseo absoluto, se sentía más sensual que nunca. Más mujer que guerrera. Se enorgullecía del hecho de excitarlo.
    – Me encanta la forma en que tu cuerpo se humedece por mí -dijo él, inhalando su fragancia de bienvenida.
    Ya le había dicho esto muchas veces, pero esta vez lo sentía diferente, sabiendo que le estaba diciendo la pura verdad. Se ruborizó hasta un tono más profundo de rosa. Estaba húmeda por él. Dispuesta. Él no la había tocado y su cuerpo había respondido con una necesidad urgente, tensándose, sus terminaciones nerviosas ardientes y en carne viva. Descubrió que también estaba orgullosa de lo excitada que él la ponía cuanto estaba cerca de él. Dominic necesitaba que respondiera… y ella lo hizo.
    – No puedo evitarlo -respondió-. Mirarte me hace sentir así.
    Él le sonrió, una sonrisa lenta y sexy que hizo que el corazón se le tensara en el pecho. Dominic tiró de su cuerpo desnudo, lenta e inexorablemente, hasta el suyo completamente vestido.
    – Desvísteme, kessake.
    Ahí estaba, todo lo que había estado esperando… anhelando. Los ojos de él se habían vuelto negros con una mezcla potente y muy intensa de amor y lujuria. Sintió la respuesta instantánea de su propio cuerpo, ya completamente concentrado en el de él. Podía contar las pulsaciones del corazón de Dominic. Conocía el fluyo y reflujo de la sangre en sus venas. Conocía su mente y su corazón. Por fin tenía la oportunidad de conocer su cuerpo, de memorizar cada músculo, cada zona erógena.
    Le deslizó la elegante chaqueta de los hombros, doblándola cuidadosamente y colocándola casi reverentemente sobre el pequeño asiento junto a la charca. Una ráfaga de calor le coloreó la piel cuando deslizó las manos hacia abajo por la camisa y luego fueron hacia los botones. Apenas podía respirar mientras abría cada uno para revelar el pecho desnudo. Una vez más le apartó la tela de los hombros. Sostuvo la seda blanca contra su cara, inhalando la fragancia profundamente a los pulmones antes de doblarla y colocarla pulcramente en el banco.
    El calor explotó a través de su cuerpo cuando pasó las manos por el pecho y bajó por el plano estómago antes de caer en la parte delantera de los pantalones pulcramente planchados. Estaba de pie descalzo, con los zapatos colocados bajo el banco como si los hubiera puesto allí ella misma, lo que le permitió arrodillarse ante él mientras le bajaba los pantalones por las piernas largas. Él le colocó la mano gentilmente sobre el hombro mientras salía de ellos, una pierna cada vez.
    El aliento de Solange se le quedó atascado en la garganta cuando la pesada erección se liberó. Estaba grueso y lleno, cada centímetro tan hipnotizante como el resto de él. Dobló los pantalones casi ausentemente, con la mirada fija en él. Apenas fue consciente de que la tela abandonaba sus manos para unirse a la pila de ropa sobre el banco. Sólo podía mirar, hipnotizada, irresistiblemente atraída por la prueba de su excitación por ella.
    Acunó su pesada bolsa en las palmas y se inclinó hacia adelante para lamer casi impotentemente la pequeña gota perlada que brillaba en la amplia cabeza de su miembro. El aliento abandonó los pulmones de Dominic en una ráfaga explosiva mientras su pene tironeaba con las feroces sensaciones que le atravesaban. Ella se inclinó hacia delante y le arrastró profundamente a la boca, sintiendo satisfacción cuando todo el cuerpo de Dominic se estremeció de placer.
    Adoraba lo increíblemente ardiente y liso que lo sentía contra la lengua, el peso que llenaba su boca, deslizándose, oh, tan lento, un poquito más adentro cada vez. Él le permitía controlarlo todo, dejándola acostumbrarse a su tamaño y sensación. Terciopelo sobre acero, llenándole la boca con su calor y su fuego, con su deseo por ella. Se tomó su tiempo, deseando conocerlo íntimamente, cada pulso de su dura carne.
    Él gimió profundamente en su garganta cuando ella le pasó la lengua sobre la cabeza amplia y procedió a retirarse para lamer delicadamente una vez más. Lo recorrió con la mirada y la satisfacción se disparó ante la tensa excitación que llevaba tallada en la cara. Él le aferró el cabello en el puño, una luz roja titilaba en las profundidades de sus ojos mientras le empujaba la pene contra la boca. Ella le acarició la cadera desnuda con una mano mientras con la otra trazaba círculos en la base de la pesada erección, y deliberadamente curvó la lengua alrededor de la base de la amplia cabeza.
    Él dio un tirón contra su boca y el aliento le abandonó los pulmones en una ráfaga áspera. Un gruñido de advertencia retumbó en su pecho y garganta. De nuevo, la satisfacción la atravesó. Ella siempre había prestado atención al detalle. Podía hacer esto bien. No iba de ella, iba de él y su placer, e iba a averiguar cómo darle placer.
    Lo miró a los ojos, observó los músculos de su mandíbula mientras, con infinita lentitud, tomaba la sensible cabeza de su pene en el hirviente calor de la boca. Las caderas masculinas saltaron involuntariamente, desesperado por que le acogiera más profundamente. Sintió el pellizco erótico de dolor en su cráneo donde los dedos de él apretaron como acto reflejo, y gimió. La vibración atravesó su boca directamente hasta la carne dura y sintió el tirón de respuesta. Permitió que la dura longitud se hundiera en la boca y fue recompensada con un tirón de sus caderas y el sonido de su respiración áspera llenando la cámara.
    Las velas titilaron, la suave luz lanzaba sombras a lo largo de las profundas líneas talladas en la cara de él. Su pecho subía y bajaba, brillando como bronce a la luz. Él le ajustó el ángulo de la cabeza para poder deslizarse un poco más profundamente, utilizando pequeños y casi indefensos empujones. Ella sabía que él controlaba sus movimientos, pero adoraba la forma en que no podía estarse quiero, necesitando el ardiente apretón de su boca.
    Él latió contra su lengua, y ella adoró la cruda sensación, la textura lisa y el calor ardiente y sexy. Sabía a hombre, un sabor especiado, erótico y muy masculino al que sabía que sería adicta para siempre. Sabía a Dominic, pasión y deseo, amor y aceptación. Le acarició por encima y alrededor, volviéndose más descarada mientras sentía su reacción. Mantuvo la mirada fijada en la de él, observando cada signo de placer, y cuando vio brillar sus ojos, los párpados cayendo pesadamente, aplanó la lengua y frotó el sensible punto justo bajo la corona, el cual había descubierto por puro accidente.
    Movió la cabeza, una retirada lenta, todo el rato observando el calor en sus ojos, juzgando su placer mientras acariciaba con la lengua pasándola a lo largo de ese punto dulce. Se detuvo por un momento con la punta entre los labios, observándole contener el aliento, cómo sus ojos se volvían de un azul más profundo, casi negro medianoche, y muy lentamente lo tomó de nuevo. Ardía por la necesidad de complacerlo, de darle el placer exquisito que él le había dado a ella, el mismo cuidado concentrado.
    Observar su cuerpo, sus ojos, sentir como crecía la sensación, era tan afrodisíaco para ella. Sintió la respuesta de su propio cuerpo, la presión ardiente entre sus piernas, el dolor en sus pechos y la necesidad que se alzaba tan urgentemente por él. Había una aguda satisfacción en su propia respuesta, pero se mantuvo concentrada solamente en complacerle.
    Incrementó la succión, lenta y luego rápida. Dura y luego suave, todo el tiempo su lengua jugueteaba y danzaba. La voz ronca y musical de él se volvió gutural, excitándola. Su empuje se volvió un poco más profundo mientras él patinaba al borde del control. Lo tomó un poco más profundamente y succionó más fuerte, provocando un gemido áspero.
    Solange se quemaba viva, por dentro y por fuera. Sentía la boca ardiente, pero entre las piernas estaba en llamas con la urgente necesidad. Deseaba… necesitaba… el cuerpo de él dentro del suyo. Su cuerpo anhelaba el de él, el anhelo era tan abrumador que deseaba saborearlo para siempre en su boca, el cuerpo de él impreso en el suyo para siempre.
    La mirada de Dominic se fijó en la de ella, manteniéndola cautiva mientras comenzaba a asumir el control del ritmo, empujando un poco más profundamente. Ella apretó la boca alrededor de él, incrementando la succión, desesperada por él. El empujón rápido y duro le quitó el aliento, pero mientras él penetraba más profundamente ella aprendió rápidamente cómo respirar cuando podía porque no quería parar… ahora no, ni nunca. Adoraba lo que le estaba haciendo, adoraba poder arrebatarle así el control y reemplazarlo con un placer tan descontrolado que no podía concentrarse en nada más.
    Él gimió, con la respiración acelerada.
    – Basta, kessake, no puedo aguantar.
    La mano en su cabello comenzó a tirarle de la cabeza hacia atrás, aunque las caderas se negaban a cooperar, utilizando estocadas rápidas y duras para empujar profundamente en la apretada boca.
    Pasó la lengua danzando sobre él, acariciando y rozando, llevándolo al borde mismo de su control. Él apretó la mandíbula y la obligó a echar la cabeza más hacia atrás.
    – Esto es demasiado peligroso, Solange.
    Ella lo soltó a regañadientes, respirando con dificultad, confusa.
    – No entiendo. Deseabas esto. Me deseabas…
    – Deseo -corrigió él con los dientes apretados-. Te deseo. Pero no puedo ponerte en peligro. Tengo parásitos en mi sangre que podría pasarte.
    – No pueden hacerme daño -señaló ella, frustrada y sintiéndose más molesta por momentos. Se dejó caer al suelo y lo fulminó con la mirada-. Tú comenzaste esto.
    – Pensaba que podría mantener el control lo bastante para separar los parásitos y evitar que entraran en contacto contigo, pero se quedan inmóviles cuando estás cerca y no puedo pensar con claridad. Lo siento, Solange. Creí que haría el amor contigo este alzamiento.
    Ella levantó el brazo, sus dedos acariciaron la dura y larga erección, observando con una mirada ardiente el estremecimiento que recorría el cuerpo masculino.
    – ¿Alguna vez has oído hablar del condón? ¿Los Carpatos no tenéis condones? Porque se me ocurre que si estás tan preocupado, un condón podría ser justo la solución.
    La sonrisa fue lenta en llegar.
    – No había pensado en eso. Por norma general los Carpatos no necesitan tales cosas.

Capítulo 17

    Mírame… ahora mírate a través de mis ojos.
    Mírate: la más hermosa sobre la tierra.
    De Dominic para Solange

    Dominic extendió la mano hacia Solange. Su cuerpo ardía por ella. Apenas podía razonar por la necesidad de su toque, la necesidad de su piel suave deslizándose contra él. Necesitaba desesperadamente estar dentro de ella. Su alma le rugió para que la atara a él, para que reclamara lo que le pertenecía. Para que se unieran por siempre. Su disciplina estaba agotada y nada se interponía entre él y la mujer que amaba.
    La levantó en brazos, acunándola. Amada Solange. Ella parecía excitada, sexy y temerosa a la vez. Cada instinto protector de él emergió a la superficie. La mezcla de mujer sensual, tan desesperada por él como él lo estaba por ella, combinada con la inexperiencia inocente sólo se añadía a su necesidad de ser tierno. Había esperado que con la intensidad de su celo felino, ella fuera muy experimentada en hacer el amor, pero estaba claro que no lo era.
    El amor era casi abrumador, amenazaba con ponerlo de rodillas. Ella no tenía noción de lo bella y atractiva que resultaba para él. Los carpatos veían lo que había en el interior. El cuerpo era simplemente una cáscara. Quizás porque podían cambiar a cualquier forma que eligieran, el exterior les importaba poco. Pero él podía ver dentro de su corazón y de su mente, y se había enamorado profundamente. Solange era la mujer perfecta para él, con su lealtad feroz, su valentía a toda prueba y su sensualidad natural.
    Había esperado durante tanto tiempo, tantos siglos, hasta que toda esperanza por esta única mujer se había desvanecido. La sostuvo acunándola contra su pecho desnudo, apenas capaz de asimilar que ella por fin era suya. Su cuerpo sufría por ella, la sangre caliente palpitaba en su ingle, el pene sufría un dolor constante y fuerte que se negaba a remitir. Su piel, toda esa suave extensión de seda y satén, lo llevaba al borde de la locura. Había sido paciente, esperando a que ella se entregara, que confiara en él lo suficiente, pero los demonios que rabiaban en los machos Carpato nunca se habían calmado, nunca lo dejaban en paz, exigiendo que la atara a él, que la reclamara como suya.
    Ella pasó las manos sobre su torso, levemente, sólo el susurro de un toque mientras él la acostaba suavemente en la cama. Estaba tan alterado por la necesidad, que casi se olvida de la cama. Atrapó su corto gemido en la boca mientras la besaba, su sedoso cabello agarrado en el puño. Se permitió el lujo de perderse en las sensaciones de Solange mientras la besaba una y otra vez. Seda caliente, una promesa de las cosas por venir. Esa fantástica boca se movió contra la suya, toda miel, especias y únicamente ella.
    Una fiebre de amor y deseo rugía en su cuerpo. Dominic Buscador de Dragones, perfectamente controlado y disciplinado, no podía controlar durante más tiempo su propia temperatura. La deseaba tanto que apenas podía respirar. Disciplina y control eran su modo de vida. Era una experiencia única arder por dentro y por fuera, tener el corazón martilleando en el pecho y el pene temblando de pura necesidad por una mujer… la necesidad de una compañera.
    Adoraba el aspecto que ella tenía bajo él, los ojos tan aturdidos y hambrientos, el deseo desnudo en su rostro. El rubor que se extendía por su cuerpo le encantaba. Los pechos eran preciosos bajo la luz de las velas, una tentación a la que no podía resistirse. Bajó la cabeza, el pelo se deslizó por su cuerpo de tal modo que ella se retorció bajo él, con las terminaciones nerviosas ya inflamadas.
    Sus pequeños gemidos entrecortados lo volvían loco y deseaba, necesitaba, más. Cerró la boca alrededor de la suave elevación de su pecho y atrajo dentro el pezón. Un temblor la recorrió y gritó, un pequeño sonido, suave y roto, que casi hace añicos los últimos vestigios de su control. Adoraba los suaves y tentadores pechos, y más aún adoraba su reacción cuando tironeaba y hacía rodar el pezón con sus dientes y dedos. Ella estiró el cuerpo hacia él, se retorció bajo su asalto, y él no pudo evitar fundir las mentes y así sentir cada sensación que manaba de su cuerpo. Debajo de él, el estómago y los músculos de ella se tensaron, meneaba la cabeza salvajemente sobre la almohada. Las caderas se agitaban, buscando su cuerpo.
    Él succionó, alentando los suaves gemidos de placer indefenso. El calor se precipitaba por sus venas y ya sentía las contracciones en la matriz de ella.
    – Dominic. -Susurró su nombre, una y otra vez, con los puños apretados en el pelo de él, sujetándolo hacia ella.
    El sonido necesitado en su voz le elevó la temperatura unos cuantos grados más hasta que pensó que quizás sería posible arder de dentro afuera. Se tomó su tiempo, prodigándole una tierna atención a los pechos, atormentando y tironeando, la lengua danzando, tirando con fuerza con la boca y pasando la lengua con delicadeza, dando diminutos mordiscos y calmando el escozor con un golpe cariñoso de lengua.
    Una mano se deslizó sobre el estómago plano, sintiendo cómo los músculos de allí se tensaban y contraían de excitación. Su corazón repiqueteaba bajo la boca, un frenético y rítmico latido que llamaba a su sangre. Los colmillos le llenaron la boca espontáneamente, la tentación invalidó toda disciplina. La lamió a lo largo de la cremosa elevación de su pecho y la mordió con delicadeza. Ella se quedó completamente inmóvil.
    Él levantó la cabeza para capturarle la mirada con la suya. Sus ojos de gata habían pasado del verde al dorado. Le cubrió el sexo con la mano, el calor húmedo lo llamaba tan fuerte como el latido de su corazón. Expuso los colmillos, dejando que los viera, sabiendo que el demonio en él estaba cerca de la superficie; le brillaban los ojos. Nada importaba excepto su aceptación… su total confianza.
    La respiración de Solange salió en una ráfaga explosiva mientras él empujaba dos dedos profundamente dentro de su caliente vagina. Abrió la boca y los ojos de par en par.
    ¡Dominic!
    Quédate conmigo, kessake. Esto será bueno para ti.
    La acarició con delicadeza, sintiendo los temblores que le recorrían el cuerpo. Inclinó la cabeza y le lamió el pecho cremoso justo a lo largo de la dulce elevación.
    Le encontró el clítoris con el pulgar mientras le hundía los colmillos. El cuerpo de ella casi se convulsionó. Sintió la explosión que la sacudió, tensando los músculos bajo los dedos de él. Su cuerpo casi se encorvó. El dolor del mordisco dio paso al éxtasis erótico. Sabía que no podía tomar mucho, pero deseaba darse un festín con ella de todos los modos posibles. Era deliciosa, su sabor meloso y especiado llenó sus sentidos. Su pene latió y ardió. Ella se retorcía bajo él, la necesidad urgente ardía candente y brillante, rugiendo a través de sus venas como una tormenta de fuego. Solange gimió suavemente y el cuerpo de Dominic reaccionó con agresividad salvaje, hinchándose tanto, que el dolor se volvió un suplicio brutal.
    Le pasó la lengua por los pequeños pinchazos y bajó a besos hasta la barriga, en una ráfaga casi frenética. Quería el control y lo intentó, pero en el instante que agarró su trasero y levantó las caderas hacia la boca, en todo lo que pudo pensar fue en darse un festín. Se obligó a comprobar el estado de su mente sólo una vez, su mirada clavada en la de ella. Los ojos relucían con conmocionada excitación.
    Solange inspiró ante la pura sensualidad grabada en el rostro de Dominic, y el hambre en sus relucientes y siempre cambiantes ojos. No podía negar que estaba perdiendo el control, y aunque estaba aterrorizada, su cuerpo estaba entusiasmado. Se sentía como si hubiera estado esperando este momento toda la vida. Él se detuvo, la contempló con los párpados medio cerrados, las gruesas pestañas intensificando el vívido azul de sus ojos.
    Con la mirada fija en la suya, él pasó la lengua lentamente a través de los suaves pliegues aterciopelados. El cuerpo entero de ella se estremeció. Su jadeo fue fuerte en el silencio de la habitación. Se agarró a los amplios hombros, intentando encontrar un ancla cuando ya era demasiado tarde. Él hizo un sonido, un bajo y primitivo gruñido, antes de darse el gusto. Y esto era un gusto. Se dio un banquete con ella, extrayendo el líquido caliente de su núcleo con caricias de la lengua. La lamió y acarició. La chupó y mordisqueó. Con las manos le controlaba las caderas mientras ella me sacudía impotente, gritando por el orgasmo, rogándole que parara, que no parara nunca, mientras él la llevaba más y más alto hasta que se sintió al borde de la locura.
    La fiebre ardió caliente y intensa, y aún así ella no podía alcanzar el orgasmo que necesitaba sin importar lo alto que creciera la presión. No podía parar de empujar hacia él, retorciéndose, meneando la cabeza, agitando las caderas, tan fuera de control como parecía estar él. Dominic hacía sonidos, profundos gruñidos animales mientras la devoraba, la lamía, la succionaba, de modo que su matriz se contrajo, llorando y tensándose, derramando más de la crema caliente que él necesitaba para intentar saciar el hambre feroz.
    El placer onduló por el vientre de Solange, se extendió por sus muslos y se concentró en lo más profundo de su ser, fuertes olas ondeantes que le estremecieron todo el cuerpo y tensaron cada músculo y célula. Oyó su propio y desesperado grito mientras él le chupaba el sensible clítoris una última vez antes de alzarse de rodillas sobre ella.
    – Espera. -Ella apenas pudo sisear la orden. Su cuerpo todavía temblaba con los efectos secundarios y su mente se negaba a despejarse.
    Aún así, Dominic, siempre consciente de sus necesidades, se quedó quieto, los ojos le brillaban casi de un rojo rubí, la lujuria y la impaciencia estaban estampadas en su rostro sensual rostro. Pero no se movió, la respiración llegaba en irregulares y ásperos jadeos mientras la observaba luchar por hablar.
    Solange inspiró profundamente, intentado despejar lo bastante su mente para confesar. Era necesario. Debería hacerlo hecho días antes.
    – Dominic. -Apenas fue capaz de decir su nombre, pero tenía que contárselo. Tenía que saberlo-. Nunca he estado con un hombre. -No podía calmar sus inquietas caderas que le buscaban, mientras él se arrodillaba tan cerca, a sólo unos centímetros de su cuerpo hambriento.
    Él frunció el ceño.
    – Por supuesto que sí. Eres un jaguar. He visto las imágenes. El hombre desnudo, tú… -Su ceño se intensificó. Obviamente no quería hablar del pasado sexual de ella-. No importa.
    – Importa. Estoy tratando de decírtelo.
    – No necesito saber. He visto las imágenes en tu mente. Solange. Cada vez un hombre distinto cuando tu felina estaba en celo. Estuviste con ellos…
    Ella cerró los ojos, avergonzada.
    – Lo siento, sé que te dejé creer eso, todo el mundo lo piensa, incluso Juliette y Jasmine, pero no es verdad. Lo intenté. Mi gata me arrastra con sus necesidades, pero ni siquiera pude dejar que me tocaran. Cada vez, entraba en pánico. El pensamiento de permitir que un hombre me tocara me ponía enferma. Es sorprendente cómo los vómitos les matan las ganas a los hombres.
    – Dime que estás segura, Solange.
    – Sabes que sí. Te deseo. Deseo esto.
    – Necesito oírtelo decir.
    Ella no apartó la mirada, la suya firme, pero apenas pudo expulsar las palabras, la respiración áspera e irregular. Estaba ardiendo de necesidad y estaba más que desesperada por él. Una parte de su ser deseaba tirar de sus caderas hacia las de ella y que se clavara en su interior.
    – Más que nada, Dominic, confío en ti. Quiero que estemos juntos a tu manera. Tengo miedo, pero sólo por lo desconocido, no por ti o por nosotros. Estoy segura.
    Él dejó caer las manos hacia los muslos y los abrió todavía más, levantándolos sobre sus brazos. Se inclinó sobre la mujer, forzándola a subir más las piernas para brindarle un mejor acceso. Su erección se frotó contra la sensible entrada y ella gritó cuando dardos de fuego le atravesaron el cuerpo. Cerró los ojos, con miedo de lo que iba a venir, pero tan desesperada porque él aliviara esa terrible hambre creciente que parecía no poder saciar. Temía que nunca consiguiera suficiente de su placer. Sus manos y boca eran tan increíbles, no podía imaginarse de qué era capaz su cuerpo.
    – Solange, sigue mirándome. -Sus ojos brillaron con determinación y firmeza-. Te avio päläfertiilam, eres mi compañera.
    No sólo le dijo las palabras; las cantó. La musicalidad de su voz siempre la había atraído. Sentía cada palabra mientras las pronunciaba en su idioma natal y luego las repetía en el idioma de ella para que pudiera entender lo que significaban. Su corazón empezó a latir incluso más rápido cuando notó la punta ancha de su pene empujar dentro de ella.
    – Éntölam kuulua, avio päläfertiilam, te reclamo como mi compañera.
    Las palabras vinieron de algún lugar en lo profundo de su interior y resonaron profundamente dentro de ella. Adoraba ser reclamada, pertenecerle exclusivamente a él. Lo quería con cada aliento que entraba en sus pulmones. Necesitaba su placer más de lo que necesitaba el propio. Y pertenecerle era tan correcto.
    Las manos de él aferraron las de ella con más fuerza, obligándola a mantener el contacto visual. Ella nunca había estado tan excitada, o cachonda, en su vida. Adoraba alzar la mirada hacia él, sentir la gruesa y dura pasión estirándola mientras la invadía. Se sentía vacía por dentro y necesitaba ser llenada por él, con su esencia.
    – Ted kuuluak, kacad, kojed, te pertenezco.
    El cuerpo de Solange se inundó una vez más con una oleada de pura pasión. Notó la resbaladiza humedad entre sus muslos, la excitación le tensaba los músculos del estómago. Él le pertenecía. Cada centímetro. Y ella se ocuparía de su cuidado… de su felicidad y de su placer. Dominic empujó dentro de los apretados pliegues otro centímetro, estirándola hasta que ardió, justo al límite de la incomodidad.
    – Élidamet andam, ofrezco mi vida por la tuya.
    Ella entregaría su vida por la de él, pero eso no era lo que esas palabras significaban exactamente, era muchísimo más. Cada aspecto de su vida estaba en sus manos. No podía evitar que sus caderas se movieran, intentando atraerlo más profundo, aún cuando lo notaba demasiado grande para encajar. Él parecía saber lo desesperada que estaba, pero también lo estirada que se sentía. Permaneció quieto, esperando que el cuerpo se adaptara a su tamaño.
    – Pesämet andam, te doy mi protección.
    Sabía que él siempre, siempre, tendría su protección a cambio, y podía vivir con eso. No la trataba como si no pudiera ocuparse de sí misma. Respetaba su habilidad para luchar contra un enemigo. Él siempre la protegía, incluso esperando a que el cuerpo se le adaptara a la invasión del suyo.
    – Uskolfertiilamet andam, te ofrezco mi lealtad.
    Las lágrimas ardieron. La mayor parte de su vida se había sentido sola, luchando por una causa que no podía ganar. Se hizo cargo de Juliette y Jasmine, y de cientos de otras mujeres. Este hombre siempre estaría a su lado, sin importar lo que ocurriera, su primera lealtad sería con ella. Empujó más hondo y se detuvo cuando ella gritó estremeciéndose ante el terrible ardor. Le sentía enorme, imposible de acomodar en su estrecha vagina. Pero aún así, su cuerpo no parecía saberlo, desesperado como estaba por su invasión.
    Una vez más él esperó, respirando profundamente, luchando por controlarse. Los dedos apretados con los de ella. Sus ojos eran increíbles, intensos, cambiantes, hermosos.
    Respira para mí. Relájate.
    Ella tomó aliento, siguiendo el ritmo de los pulmones de él, haciendo un esfuerzo consciente por relajar los músculos tensos. Había tenido más miedo del que pensaba, cerrándose sobre él. En el instante que su cuerpo lo aceptó, Dominic se deslizó otro centímetro dentro de ella.
    – Sívamet andam, te ofrezco mi corazón. Sielamet andam, te ofrezco mi alma. Ainamet andam, te ofrezco mi cuerpo. Sívament kuuluak kaik että a ted, tomo los tuyos a mi cuidado.
    Solange sintió la diferencia profundamente en su interior, diminutos hilos los entretejían, como si su corazón y alma fueran uno con los de él. Él había alcanzado su barrera, la delgada membrana que la protegía, esa línea que no había permitido que nadie atravesara para poseerla. Las lágrimas le bajaron por el rostro. Ya no tenía miedo de confiar en él; había dado ese salto de fe y se había entregado a su cuidado sin reservas.
    – Ainaak olenszal sívambin, tu vida será apreciada por mí para siempre. Te élidet ainaak pide minan, tu vida será puesta por encima de la mía siempre. -Su voz se hizo más grave. Más firme.
    La intensidad de su declaración la hizo temblar. Sus ojos resplandecían de un cálido turquesa. Él bajó la cabeza, le lamió el pulso y hundió los dientes en ella mientras sus caderas avanzaban, rompiendo la barrera. El dolor fue una aguda quemazón casi cubierta por la conmoción de los colmillos. Se detuvo de nuevo mientras ella respiraba, alejando la sensación de quemazón y estiramiento. Muy lentamente levantó la cabeza de nuevo para mirarla a los ojos, con sus cuerpos unidos.
    – Te avio päläfertiilam, eres mi compañera. Ainaak sívamet jutta onleny, atada a mí para toda la eternidad. Ainaak terád vigyázak, siempre a mi cuidado.
    Se inclinó y se apoderó de su boca durante un breve y vertiginoso momento, luego le soltó las manos y empezó a moverse, un lento y largo deslizar que hizo que cada terminación nerviosa ondulara por la sensación. El fuego la atravesó. Solange jadeó, con los ojos abiertos de par en par por la sacudida.
    Se retiró y avanzó, más fuerte, más rápido, la fricción enviaba relámpagos que se arqueaban sobre ella. Nunca había soñado que nadie pudiera volar tan alto o sentir tanto placer. Era aterradora la pérdida de control, y aún así excitante. Clavó las uñas en sus bíceps, intentado encontrar una manera de anclarse dentro del creciente remolino de ardiente pasión.
    El cuerpo de Dominic se movió de nuevo y ella apretó los músculos, oyéndole jadear.
    – Estás tan apretada, Solange, calor ardiente.
    ¿Eso era bueno? No lo sabía, pero él se estremeció contra ella, su respiración se volvió incluso más áspera que antes, y cada vez que ella se levantaba para encontrarlo, sus fuertes manos la animaban. Se sentía tan bueno, esas largas y profundas caricias de fuego abrasador. No quería que se detuvieran, y aún así temía quemarse viva si no lo hacían. Él no se detuvo. Sus primeras caricias delicadas dieron paso a un ritmo más fuerte, más rápido, que le quitó la respiración y la envió a escalar más alto de lo que se imaginó que fuera posible.
    Él se sumergió profundamente y ella gritó, un bajo y casi maullante sonido. La presión creció y creció, sin aflojar mientras él se fundía más profundamente y perdía todo el control. El fuego se extendió por el cuerpo de Solange. Calor ardiente que se precipitó por sus venas. La tensión estiraba sus nervios hasta el punto de quebrarse, y más lejos aún, hasta que se esforzó por lograr la liberación, las lágrimas le bajaban por el rostro, una tormenta de fuego la consumía. Siempre entrando en ella, terciopelo sobre acero, entre sus muslos, cabalgándola duro, penetrándola muy profundo.
    El ritmo feroz siguió una y otra vez hasta que sólo pudo jadear, la aprensión la llenaba, su cuerpo ya no le pertenecía. Se retorció impotente, meneándose bajo él, sacudiendo la cabeza salvajemente, mientras él la sujetaba, su cuerpo llevándola más y más alto. Ella abrió la boca para gritar pero no salió ningún sonido. Cada uno de sus sentidos estaba concentrado entre sus muslos, centrado en la profunda y dura fuerza que se enterraba en su cuerpo una y otra vez.
    Rachas de fuego se volvieron feroces llamas y la tensión se enroscó más fuerte mientras el frenético movimiento todavía profundizaba más. Dominic. El nombre fue un grito agudo en su caótica mente.
    Déjate ir para mí, la convenció.
    ¿Podía ella volar así de alto sin morir? Abrió los ojos y miró su amado rostro. Las líneas de lujuria y amor grabadas tan profundamente, la sensualidad y la feroz intensidad de sus ojos, la boca perfecta, y esas manos fuertes que la agarraban con tanta firmeza. El largo cabello caía alrededor de su rostro como un ángel caído.
    Él se movió ligeramente y la fricción sobre su sitio más sensible envió su mente a un descontrolado placer. Ella jadeó, se tensó, clavó la mirada en la de él mientras todo su cuerpo se apretaba alrededor del pene, sujetándolo casi violentamente, apretando y ordeñándolo mientras sensación tras sensación desgarraba su cuerpo. El orgasmo ardió en su interior, una tormenta de fuego fuera de control, llameando en su estómago, extendiéndose a sus pechos y a sus muslos. Gritó mientras el pene crecía aún más y él se vaciaba, el condón la mantenía a salvo. Podía sentir el calor abrasador, cada terminación nerviosa estaba viva de placer.
    Dominic se derrubó sobre ella, luchando por respirar, sujetándola con fuerza, tenía las piernas femeninas todavía atrapadas sobre los brazos, su cuerpo todavía estaba enterrado en el de ella. No quería dejarla jamás. En el momento que tuvo fuerza, la atrajo a sus brazos y rodó colocándola encima como si fuera una manta, con la cabeza en su pecho yla oreja sobre su palpitante corazón.
    Por primera vez en su vida se sentía completo. Durante demasiados siglos se había sentido completamente solo y ahora nunca más lo estaría. Abrazarla se sentía correcto. Permitió que su mano se deslizara por la curva de la espalda hasta la redondeada curva del trasero. Ella era suya y se había entregado a sí misma libremente, sin reservas, abriéndole mente y corazón. Lo había aceptado en su cuerpo, su cielo privado, su santuario.
    Enredó la otra mano en su abundante cabellera. Adoraba sentirla, toda seda y satén. Su suave piel parecía fundirse en él, convertirse en parte de él. Se movió ligeramente, sintiendo la reacción instantánea en el interior de los muslos de ella, cómo le agarraban y latían en torno a él, abrazándolo como si no quisiera que abandonara su cuerpo.
    Sus sentimientos por ella eran tan abrumadores que no pudo hablar durante un momento. Sabes que te amo, Solange, lo hizo sonar como una afirmación, porque no había manera de que ella pudiera no saberlo.
    Sintió su sonrisa. Solange hizo un esfuerzo por levantar la cabeza lo suficiente para lamerle el pulso, un lento y lánguido movimiento que un compañero de vida haría naturalmente. Su cuerpo respondió con una sacudida de su miembro. Quería, no, necesitaba, sentir su mordisco, intercambiar sangre en la forma carpato.
    Ella depositó un beso sobre el latido que palpitaba frenéticamente. Sí, puedo sentir que me amas, su voz se tornó tímida. Espero que sientas lo mucho que yo te amo a ti.
    La rodeó con sus brazos y la apretó contra él, esperando hasta que la sintió acurrucarse contra él. Gracias por tu confianza. Siempre la guardaré como un precioso regalo.
    Ella frotó la barbilla contra su pecho y luego le acarició la garganta con la nariz.
    – Dices cosas que me vuelven del revés, Dominic -tragó con dificultad-. No sabía que un hombre pudiera ser como tú.
    – Me parece perfecto que pienses así. -Y se lo parecía. Su mujer era sólo suya, y le gustaba que nadie más hubiera visto nunca este lado de ella. Ella reservaba su confianza y fe para él.
    – No creo que pueda ser capaz de moverme de nuevo -dijo ella, mientras deslizaba una mano por su pecho para curvarla en su garganta-, ¿se vuelve mejor que esto? Porque si es así, no lo soportaré.
    Él se rió suavemente.
    – Vivirás. Veré que lo hagas. Porque es mi intención repetir esta experiencia tanto como sea posible.
    – Claro que sí.
    – Pero sin condón. Quiero sentir cada centímetro de ti envolviéndome. -Permitió que su cuerpo se separara de ella.
    – Te dije que los parásitos evitarían entrar en contacto conmigo.
    – Me niego a correr el riesgo.
    El silencio saludó su declaración, aunque él detectó un pequeño mohín en sus labios.
    – ¿Acabas de poner los ojos en blanco? -preguntó él.
    Ella rió suavemente.
    – Pudo haber pasado -admitió.
    Rodó sobre ella abruptamente, inmovilizando su cuerpo bajo él, su expresión se mostró severa mientras le estudiaba el rostro sonriente. Le enmarcó el rostro con las manos y la besó. No era lo que quería hacer, pero no pudo evitarlo. Era tan hermosa para él, tan milagrosa. Solange Sangria Buscador de Dragones. Suya.
    Adoraba su boca, su sabor, su calor, los largos y adictivos besos que ella nunca rechazaba. Ella se abrió a él, besándolo una y otra vez hasta que ambos se quedaron sin aliento y volvió a derrumbarse sobre ella.
    Su risa burbujeó y Solange empujó su cuerpo pesado.
    – Me estás aplastando.
    – Lo sé, pero no puedo moverme.
    Intentó empujarlo, pero la risa retumbaba en el pecho de Dominic y no pudo moverse. Él le acarició el cuello con la nariz.
    – ¿Estabas intentando moverme?
    – Estoy despertando al gatito y él saltará sobre tu trasero desnudo.
    Él rodó de nuevo, con más rapidez que gracia. La idea de las garras del gato sombra acercándose a ciertas partes de su anatomía era suficiente para asustar a cualquier hombre, incluso a un guerrero carpato.
    Sonrió.
    – Eres todo un bebé. Déjame levantarme. Tenemos que despertarlo y resolver cómo vamos a alimentarlo.
    Él permitió a regañadientes que sus brazos se separaran, dejándola libre. Solange se levantó con piernas temblorosas, sonriéndole. Esta mujer le robaba el aliento. Su cuerpo brillaba con un fino brillo tras hacer el amor. Le gustaba que no intentara cubrirse. Sus pechos se levantaban orgullosos y podía ver las marcas dejadas por sus dientes, boca y manos. Su pelo estaba salvajemente despeinado y su boca un poco hinchada por los besos. Parecía que le hubieran hecho minuciosamente el amor, pero quería ver su semilla bajando por el interior de esos muslos.
    – Adoro mirarte -dijo él, levantándose.
    – Lo sé -respondió ella, con un ronroneo de satisfacción en la voz. Se metió en la piscina y se enjuagó.
    Dominic, totalmente vestido, la esperó con una toalla tibia.
    – Debo ir a cazar -dijo-. Y reconocer el terreno un poco.
    – Iré contigo, pero quiero encargarme antes del cachorro.
    – Esta noche no hay necesidad -refutó él-. Puedo mirar y calcular la distancia a la que tienes que estar alejada de los vampiros para mantener a los parásitos en silencio.
    Restregó las gotas de agua de su piel, queriendo lamerlas. Su cuerpo ya estaba agitándose. El apretado agarre de su cuerpo combinado con su calor abrasador era adictivo, y nunca se saciaría, sin importar cuántas veces la hiciera suya. Y tenía intención de hacerla suya un millón de veces.
    Solange se vistió con el corto y ajustado vestido verde esmeralda. A él le encantaba la forma en que la tela ajustada se pegaba a los costados del pecho aunque los mantuviera alejados de él. No pudo resistirse a acariciar el ligero peso sólo para sentir esa suavidad contra la palma. Hizo rodar los pezones entre los dedos y tironeó hasta que se convirtieron en pequeñas puntas duras.
    – Vas a hacer que me humedezca y me vuelva deseosa otra vez -advirtió ella.
    – Te quiero así. Si pudiera, te tendría en un estado continuo de excitación. Cuando todo esto termine, estate preparada para pasar un largo tiempo de esa forma. -Deslizó la mano bajo el corto dobladillo para acunar su desnudo montículo. Su pulgar trazó círculos sobre el clítoris con una lánguida habilidad. A Solange se le quedó atascado el aliento en la garganta y él se inclinó para capturar el gemido entrecortado en su boca-. Adoro la forma en que suenas -confió él-. Me complaces, Solange. Mucho.
    – Me alegro, Dominic. Quererte es muy fácil.
    Cuando ella comenzó a montar su mano, él sacó abruptamente los dedos y los lamió, con los ojos fijos en el rostro de ella.
    – Continúa deseándome.
    – No creo que eso sea un problema.
    Se sentó al otro lado del cuarto, lejos de ella, queriendo verla con el cachorro. Los maullidos se alzaron cuando Dominic hizo un gesto con la mano y levantó el hechizo de dormir. El gatito se estiró antes de levantar la cabeza, su mirada se movió rápidamente en torno al cuarto hasta que encontró a Solange. Corrió rápido hacia ella y se restregó arriba y abajo por su pierna.
    Ella dejó caer la mano en el pelaje y se arrodilló a acariciar con su nariz a la criatura gimiente.
    – Debemos llamarle de alguna manera.
    Dominic se encogió en su interior.
    – Probablemente sea mejor mantener las distancias -aconsejó.
    – Necesita un nombre -insistió Solange.
    Dominic suspiró. No quería darle un nombre al animal, no cuando dudaba de poder salvar a la criatura. ¿Cómo podía uno convertir la sombra en materia? Ella ya estaba medio enamorada del pequeño bulto de pelaje y garras, y no podía soportar romperle el corazón. Ya había tenido suficiente sufrimiento en su vida. Él había curado heridas terribles, algunas hasta mortales pero esto… Suspiró de nuevo.
    – Hän sívamak, si te apegas y no puedo salvarlo, vas a llorar la pérdida.
    – Darle un nombre no supondrá ninguna diferencia, Dominic -respondió ella, sus ojos revelando tristeza-. Ya estoy enamorada de él.
    El gatito dio brincos por el cuarto, el extraño gruñido ronroneante resonaba en su pecho. El gato-sombra probablemente pesaba alrededor de 20 kilos, y era todo músculo, pero no podía mantener su forma sólida. Dominic podía ver evidencia de rosetones en el lustroso pelaje negro, prueba de que los magos habían usado un jaguar en sus experimentos para producir al gato sombra.
    – Sombra -dijo él.
    Ella rió suavemente.
    – Muy imaginativo.
    – ¿Cómo lo llamarías tú? -la desafió.
    – Sombra, por supuesto -dijo ella.
    El gatito empujó el rostro contra el de Dominic y le lamió la cara, se retiró, y después dio brincos para golpearlo juguetonamente con la pata. Podía ver porque Solange quería salvar a esta cosita. El rostro del cachorro era mono. Hizo una mueca ante la palabra.
    La suave risa de ella ondulaba en su mente mientras el gatito se daba por vencido con él y saltaba a través del suelo hacia ella.
    – Adorable. Es adorable.
    – Vas a coleccionar todo tipo de criaturas a lo largo de nuestra vida juntos -Gimió en voz alta, pero muy en el fondo se encontró riendo. Debía haber sabido que ella tenía un corazoncito blando. Había pasado una vida entera protegiendo a las mujeres y cuidando a sus primas. La áspera y peligrosa Solange se derretía a la vista de cachorros y gatitos.
    Ella estaba rascando las orejas del cachorro.
    – Soy peligrosa, Buscador de Dragones, y harías bien en no olvidarlo. Y no vayas a contarles a mis primas tus pequeñas teorías sobre mí.
    – No he tenido todavía el placer de conocerlas -dijo él, manteniendo un tono especulativo-. Creo que tendremos conversaciones muchas largas.
    Le lanzó una mirada amenazadora.
    – He trabajado muy duro en ser hosca. No vas a arruinar mi reputación, especialmente con el compañero de mi prima.
    Él elevó sus cejas.
    – ¿No quieres que te vean tan femenina?
    Ella hizo una mueca de dolor, apretando los dientes.
    – No soy femenina.
    El gato sombra la golpeó tan fuerte que casi se cae hacia atrás. Tuvo que agarrarlo por el cuello para sujetarse. Inmediatamente el gatito puso la cabeza sobre su hombro y soltó su gruñido ronroneante.
    – Eres femenina, toda suave y blanda por dentro -se burló él.
    Parecía horrorizada, aún mientras calmaba al gato sombra, inconsciente de la imagen que daba, la mirada de preocupación que tenía en la cara mientras mimaba al animal. Dominic sentía el corazón tan estúpidamente suave y blando como acababa de etiquetarle a ella. Solange era tan hermosa para él, tan compleja y misteriosa como la flor más hermosa que hubiera visto jamás.
    El gato se soltó y corrió por la habitación, abalanzándose sobre cualquier cosa que pareciera moverse. La risa de Solange lleno el cuarto, suave y musical, sus ojos seguían las travesuras del gatito mientras éste correteaba por la caverna. Sombra abrió los ojos de par en par y presionó sus orejas hacia adelante, invitando a jugar. La acechó a través de la habitación, con el lento paso congelado de un gato, y luego se abalanzó sobre ella. Pero ella saltó a un lado, evitando el choque. El gatito rodó sobre sí mismo, el impulso le hizo sobrepasarla. Se levantó unos metros más allá, sacudiendo su cabeza.
    Dominic vio la mirada formándose en los ojos de Solange, y antes de poder protestar, ella ya había echado a correr por la cámara y emboscado al gato. Rodaron juntos, una y otra vez, Solange con su casi inexistente vestido y el gato con garras y dientes letales.
    Con el corazón en la garganta, Dominic agitó la mano, formando la imagen de ropa, gruesa y protectora, alrededor de Solange: vaqueros de grueso algodón y un top de manga larga con un chaleco como escudo. Los dos rodaron por el suelo, gruñendo, bufando, levantándose, separándose y luego juntándose en una feroz batalla fingida, rodando una vez más.
    El gatito se detuvo, arqueando la espalda. Con su larga cola enroscada, esquivó a Solange y luego rodó de costado. Mantuvo la cola en una posición de gancho, indicando que quería jugar. Riendo, ella lo aceptó.
    Dominic se dio cuenta que ella estaba comprendiendo al gatito, aprendiendo sus fortalezas y debilidades, tratando de hacerse una idea de lo andaba mal en su interior. ¿Por qué la mitad de su cuerpo estaba atrapada en la forma de sombra? Se arriesgó y salió de su propio cuerpo, sabiendo que el animal era importante para ella y que lo quería salvar de una lenta inanición.
    Los hermanos magos habían estado obviamente presentes cuando Xavier mutó especies para sus propios propósitos retorcidos. Dos de los dientes en la boca del gato eran tubos para extraer y almacenar sangre. El gato había sido criado con un propósito, obtener sangre para los magos. Su aparato digestivo y estómago estaban marcados y llenos de bultos, como si la combinación de ADN de gato y magia negra hubiera chocado y se hubiera formado tejido cicatrizal. La sombra revestía la mitad del gato, evitando que sus órganos internos funcionaran. No podía ver cómo sería posible, pero si el gato podía esperar, podía intentar darle sangre después de que hubiera expulsado los parásitos.
    Sintió los músculos del gato abultándose, listo para otro salto, y salió rápidamente para reentrar en su propio cuerpo. Vio el borrón de movimiento cuando el gato saltó por el aire, sobre la cabeza de Solange. Su garra trasera rozó su sien, rasgando la piel y empujándola contra la charca rocosa. El corazón de Dominic casi se detiene cuando escuchó el fuerte y siniestro crujido.
    Solange se deslizó hasta el suelo, con ojos vidriosos. Estuvo a su lado al instante. La sangre se derramaba por la parte trasera del cráneo. Entró de inmediato en su cuerpo, sin importarle que el gato pudiera atacarle en su cuerpo indefenso. No había fractura de cráneo, sólo una inmensa y desagradable herida. La reparó de adentro hacia fuera antes de regresar a su propio cuerpo. Levantándola, hizo un intento poco entusiasta de mover al gato con el pie, pero cuando éste no se movió, la llevó a la cama.
    – Háblame.
    Con el humor destellando en sus ojos, respondió:
    – ¡Ay! ¡Un gran ay!
    El alivio lo inundó.
    – Me has quitado unos pocos años de vida.
    – Buena cosa que seas inmortal. Debo estar volviéndome lenta. Debí haber apartado la cabeza. Él es torpe pero rápido y fuerte. -Miró hacia el gato y su risa se apagó-. ¡Sombra! Detente. Esta lamiendo la sangre, Dominic.
    Dominic se giró para detener al gatito, casi agitando la mano para quitar la sangre, pero advirtió un punto sólido, justo en el medio del gato, donde antes no estaba. El ritmo de su corazón se aceleró.
    – Solange. -Se paró a corta distancia del cachorro, sin hacer ningún intento de evitar que lamiera la sangre-. Mira.
    Ella se sentó con cautela.
    – ¿Qué estoy mirando?
    Dominic ya había limpiado la sangre de su cabeza y piel y hecho desaparecer el dolor de cabeza. Cuando él decía que la cuidaría, se lo tomaba literalmente.
    – Tu sangre actúa como una especie de arma contra la magia negra.
    Dominic apenas podía creer la revelación. Con razón Xavier la había estado buscando.
    – Tu sangre no sólo mata a los parásitos. Xavier creó los parásitos con magia negra pero aquí están, a la vista, y se vuelven inofensivos, de vuelta a su forma original.
    – Eso es imposible -se levantó, sacudiendo la cabeza-. Revisa su interior, Dominic. Asegúrate de que mi sangre no le daña.
    Al instante Dominic estuvo a su lado, pasándole un brazo firme brazo alrededor de la cintura, pero sus ojos estaban en el cuerpo del gato. Había escuchado rumores sobre una sangre, sangre real, que podía vencer a la magia negra, pero en todos sus siglos y en todos sus viajes, el rumor nunca había sido demostrado. Poco a poco, Brodrick y sus ancestros habían asesinado a la misma cosa que podía haberlos protegido.
    Dominic hizo lo que ella le había pedido. El masivo tejido cicatrizal estaba reparándose lentamente y las capas de sombra estaban dando lugar a tejido y células que pertenecían al interior del gato. Fusionó su mente con la de ella para que pudiera ver la evidencia por sí misma.
    – Eso no tiene sentido.
    Solange dio un paso hacia el gatito. Ya una buena parte de su lado izquierdo era sustancia. El pelaje era más delgado y todavía había lugares donde la sombra se mostraba, pero su sangre estaba expulsando a la magia.
    – Xavier necesitaba tu sangre para abrir el libro porque era lo único que podía hacer después de hechizarlo. Nadie lo entendía -murmuró Dominic, más para sí mismo que para ella-. Xavier era demasiado listo incluso para sí mismo. Selló su libro para que ningún mago pudiera utilizar sus hechizos. Estaba volviéndose paranoico, estaba ya enfermo y tratando desesperadamente de mantenerse vivo utilizando la sangre carpato para sustentarse. Pero tenían que estar surgiendo jóvenes magos, que creían en poder, así que selló su libro de hechizos. Después tampoco él no pudo abrirlo. Esa es la razón por la que tu sangre sea tan importante.
    Solange se estremeció. Dominic le frotó los brazos con las manos para calentarla.
    – Xavier se ha ido de este mundo, Solange. No te puede dañar. Los magos que lo crearon -movió su mano hacia Sombra-, se fueron hace mucho. Abandonaron el rancho junto a la propiedad de los De la Cruz.
    Ella frunció el ceño hacia él.
    – ¿Cómo sabes eso?
    – Los carpatos se envían noticias entre sí al levantarse. Zacarías envió un mensaje.
    Solange se arrodilló junto al gatito, rodeando su cabeza con sus brazos y sonriendo hacia Dominic.
    – Si mi sangre ha hecho esto, entonces me alegro. Nunca he estado particularmente orgullosa de mi linaje, pero si puede hacer todo éste bien, entonces lo conservaré.
    Dominic frunció el ceño, pero no dijo una palabra. No quería arrebatarle este momento por nada, ni siquiera para explicarle lo que pasaría durante la conversión.

Capítulo 18

    Mírame… ahora mírate a través de mis ojos
    Mírate: el hombre perfecto de mis sueños
    De Solange para Dominic

    Solange contuvo el aliento mientras observaba a Dominic caminar a zancadas a campo abierto hacia el laboratorio, con su aire de confianza y superioridad. Ella no tenía más opción que permanecer escondida en los árboles, por lo menos a ciento diez metros de él. Entonces, los parásitos se calmaron. Habían desaparecido todavía, pero definitivamente habían puesto fin a sus tentadores y dolorosos susurros. Ella quería estar más cerca, donde pudiera sentir que tenía una oportunidad de protegerlo, pero una vez dentro Dominic sólo podría compartir sus pensamientos con ella mediante la unión de mentes.
    Con el corazón en la garganta, mantuvo la mirada fija en él. Podía ver a tres guardias humanos. Dos estaban en la puerta del laboratorio y uno cerca de la esquina sur. Los guardias le observaron con inquietud, pero nadie lo desafió. Retrocedieron bajo la impactante mirada de los penetrantes ojos de Dominic.
    Identificó a los dos hombres jaguar, mantenían un ojo cauteloso sobre el grupo de vampiros que estaban dando vueltas por el patio abierto. Ambos permanecían cerca del bosque, donde podían cambiar fácilmente y desaparecer en el dosel de la selva en caso de que lo necesitaran. Estaban fuertemente armados, algo que rara vez se veía en los hombres jaguar. La mayoría confiaban en su felino para protegerse, pero estos obviamente no querían arriesgarse al encontrarse con vampiros y humanos.
    Un pequeño grupo de vampiros impecablemente vestidos estaba a la derecha de la puerta, hablando, tratando de parecer humanos, pero los guardias habían notado su falta de naturalidad y se mantenían lo más lejos posible de ellos. De vez en cuando uno de los vampiros miraba hacia un humano y sonreía, dándose un festín con los ojos y babeando. Era una provocación deliberada y el hecho dijo a Solange que incluso los vampiros estaban de los nervios. Una reunión de este tip